Raíces Hebreas

¿Quién fue la Esposa de Lot?… ¿Cómo terminó ese Yugo Matrimonial?  

Por P.A. David Nesher

 

Acordaos de la mujer de Lot«

(Lucas 17:32)

«Él dio vuelta [destruyó] aquellas ciudades y toda la planicie, con todos los habitantes de las ciudades y toda la vegetación de la tierra. Pero su mujer miró por detrás de él y se convirtió en un pilar de sal.»

(Bereshit/Génesis 19:25-26)

El Malak (ángel) enviado por el Eterno para aplicar Su rigor (guevurah) en la Pentápolis (complejo de cinco ciudades) encabezada por Sedom (Sodoma), liberó a Lot y su familia poco antes del amanecer.

Enseguida llegaría la destrucción, justo en el momento de la mañana en el que tanto el sol como la luna son visibles de forma simultánea. Dicho de otra forma, la aniquilación sucede mientras la luna y el sol gobiernan en lo alto. Rashí dice que esto era significativo ya que la costumbre religiosa de Sodoma era la adoración al sol y a la luna, por lo que ninguno de los dos cultos podría afirmar posteriormente: «¡Si mi dios hubiera estado ahí, nos habría salvado!«

El Midrash advierte además que la palabra “rabbá” ha sido empleada ya anteriormente a propósito del diluvio, de lo que se entiende que los habitantes de Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra) eran reincidentes, que cometieron las mismas iniquidades que la generación del diluvio; ésta fue castigada por un diluvio de agua; y aquellas cinco ciudades por un diluvio de fuego. El Eterno destruyó Sedom con rayos solares y azufre hirviente. Todo lo que contenían las ciudades ardió; personas, cosas, así como lo que crecía del suelo.

“¡No mires detrás de ti!”, fueron las palabras de aquel mensajero celestial como advertencia para Lot y su casa (19:17). Lamentablemente su esposa desobedeció la orden. 

Es muy evidente la enseñanza de que de aquí se desprende: un pasado malsano debe quedar atrás, para salvación y bendición nuestra, de lo contrario las consecuencias nos alcanzarán. Evidentemente en el peregrinar de la vida, la familia necesita la unanimidad del matrimonio que la ha fundado. Por eso, en cierta oportunidad, el apóstol Pablo exhortó a los creyentes de Corinto acerca del peligro de enyugarse en alianzas con incrédulos:

«No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?»
(2 Corintios 6: 14)

Pues bien, este consejo es simplemente la síntesis de la verdad surgida de las mismas historias relatadas en la inspiración escritural. Uno de los ejemplos en el que el apóstol está pensando al hablar de yugo desigual es el del justo Lot.

¿Lot estaba en Yugo Desigual?

El texto hebreo nos muestra que los hombres dijeron que Lot había venido sólo a Sedom soltero, puesto que tenía muchos siervos y siervas. Esto lo prueba lo que se tradujo en el capítulo 19 versículo 9 como “… este vino como extranjero” (– en hebreo dice: haejad ba lagur – האחד בא לגור –), en realidad debería decir literalmente: “… este vino a vivir siendo uno”.

Considerado así, esto nos enseña que Lot había tomado una mujer de Sedom (Sodoma), que respondía al nombre de Adit (o Idit), según distintos manuscritos históricos. Ella era descendiente de Kenáan (Canaán) quien recordamos (ver parashá Noaj) había tratado tan perversamente a Noaj su padre cuando este se había emborrachado, y por lo tanto fue maldecido. La depravación de las mentes de los descendientes de Kenáan causó su entrega a toda clase de inmoralidades, especialmente la sexual.

Adit, no convencida del propósito de esta huida, quería ver lo que había sido de sus otras dos hijas que habían quedado en Sodoma junto a sus esposos, entonces se detuvo en el camino para ver si ellas venían, pero al igual que el suelo y los habitantes de Sodoma, fue víctima del fenómeno de petrificación sulfuro salino que se produjo en toda la región, [Midrash, pág 154]. El historiador judío Flavio Josefo narra que, antes de salir, ella quiso echar una última mirada:

«…La mujer de Lot, llena de curiosidad se volteó mirando atrás, a pesar que Dios lo había prohibido. Al momento fue convertida en un pilar de sal. Yo la he visto, todavía está ahí…»

[Antigüedades de los judíos, Tomo I, Pág 33].

Idit estaba muy allegada a su cultura sodomita, por ello su castigo fue ser convertida en una columna de sal en Sodoma, donde estaba su corazón. Mientras el Ángel exterminador no ve el rostro del hombre, no tiene ningún poder sobre él. La mujer de Lot cometió ese error y se convirtió en estatua de sal. Así explicaesto el Zohar:

«…De detrás de Lot, dado que el Ángel destructor lo seguía. Pero su mujer miró hacia atrás de él, volviendo así su rostro al Ángel destructor, y se convirtió en una columna de sal, pues mientras el ángel destructor no ve el rostro de un ser humano no lo daña…».

Rashí sugiere en su comentario que ella fue con los vecinos a pedir un poco de sal, pero que en realidad fue a chismear e inconformarse por las acciones hospitalarias de Lot:

«…Ella había pecado por medio de la sal, y por eso mismo fue también castigada por medio de la sal. Lot le había dicho: “Da un poco de sal a estos huéspedes (los ángeles)”. Pero ella respondió: “También esta mala costumbre de dar de comer a forasteros deseas imponer en este sitio”?…»

[Torah Rashí].

Lo triste de esto es que la esposa de Lot no estaba dispuesta a ser influenciada por su marido. Al leer los Evangelios notamos que Yeshúa la usa como ejemplo cuando dijo:

«En aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a buscarlas. Así mismo el que esté en el campo, que no regrese por lo que haya dejado atrás. ¡Acuérdense de la esposa de Lot!»
(Lucas 17:31-32)

¿Por qué la mujer de Lot miraría hacia atrás?

Hay dos razones que estarían explicando el por qué la esposa de Lot desobedeció la orden celestial:

En primer lugar amaba la vida cómoda de Sedom, y no quería abandonarla (Luc. 17:31, 32). Su cuerpo salió de la ciudad, pero ella sin duda dejó su corazón allí. Todos tenemos cosas y personas en esta tierra que no queremos dejar atrás. Pero cuando el Señor regrese, sabemos que las dejaremos atrás. La Palabra de Dios enseña que:

«El que procure conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les digo que en aquella noche estarán dos personas en una misma cama: una será llevada y la otra será dejada. Dos mujeres estarán moliendo juntas: una será llevada y la otra será dejada.»
(Lucas 17:33-35).

En segundo lugar, ella miró hacia atrás simplemente porque ella no creía que el Eterno había dicho que salieran de la ciudad y no miran hacia atrás. Lot creyó al Señor y no miró hacia atrás, lo mismo que sus hijas solteras, pero la señora de Lot no creyó. Ella no era creyente y no se sintió segura en la Palabra que Yahvéh había dado por medio de sus mensajeros. Ella estaba atrapada y superada por la caída de los materiales fundidos y se convirtió en un pilar de sal (19:26). Esta es una imagen de los que dan la espalda a Dios (Hebreos 10:38-39).

En honor a la verdad, esta es la situación de la mayoría de los creyentes evangélicos que creen en el amor de Dios, en Su compasión, misericordia y consideración, pero que no creen en Su Justicia.

Piensan que el Eterno atenuará el rigor de Su Palabra con respecto a su desobediencia. La mujer de Lot también pensaba así.

Los rebeldes se olvidan de que la desobediencia es una clara demostración de falta de fe en la Palabra.

A causa de eso, son verdaderas estatuas de sal dentro y fuera de las iglesias.

Según los distintos intérpretes, la mujer de Lot permanecerá en ese estado hasta la resurrección de los muertos. Los sabios judíos conocen la zona donde ella quedó petrificada [Midrash, pág 154].

El Zohar indica que las dos malvadas ciudades no tendrán parte al mundo futuro, aunque sí resucitarán para el Juicio Final. Rabí Abba añade: “…Todas las criaturas asistirán a este Juicio, pues el Eterno es clemente. Cuando los pecadores han sufrido su castigo, (la Justicia Divina) deja de perseguirlos con excesivo rigor…”.

¡Cuidado!… ¡El Yugo desigual te lleva a vibrar en la inmoralidad materialista!

A la distancia, Abraham alzaba su vista hacia las regiones de Sedom y Amora (Sodoma y Gomorra), advirtiendo un humo muy denso que se elevaba hacia las nubes. Estas ciudades estaban situadas dentro de la Tierra Prometida. Precisamente por eso, la corrupción y la perversión de sus habitantes acarrearon su destrucción. Al contemplar la región desolada del Mar Muerto y sus aguas de elevada densidad en sal, el observador advertirá la naturaleza volcánica del lugar donde estaban emplazadas aquellas ciudades tan prósperas en su época.

Ahora bien, al meditar el relato, notamos que Abraham era muy cuidadoso en la administración del linaje.  Él procuraba que su descendencia no entremezclara su simiente con los descendientes de Kenáan por la baja moral que estos tenían (ver 24:3). Sin embargo, Lot no tenía esa fuerza interior para decir no a los valores del mundo que le rodeaba. Esto le hizo ceder poco a poco ante las presiones de su esposa y los demás conciudadanos de Sedom (Sodoma). Era cierto que su alma justa sufría por causa del pecado de los hijos de Kenáan (Canaán) tal como lo comenta el apóstol Pedro:

“… si rescató al justo Lot, abrumado por la conducta sensual de hombres libertinos (porque ese justo, por lo que veía y oía mientras vivía entre ellos, diariamente sentía su alma justa atormentada por sus hechos inicuos)”
(2 Pedro 2:7-8).

Pero él no tenía fuerza espiritual para dirigir a sus hijos por el camino de la moral alta, como lo tenía Abraham nuestro padre (18:19). Esa era una de las razones por las que Abrahán tenía que apartarse de Lot.

El Eterno tenía misericordia de Lot a causa de la intervención intercesora de su amigo Abraham avinu. Por ello, lo salvó de la destrucción, pero lamentablemente Lot perdió la mayoría de su familia.  El relato cuenta que su esposa se convirtió en una estatua de sal por haberse vuelto atrás, posiblemente por su instinto materno, pensando en aquellos hijos que se habían quedado y por su amor al sistema cultural en el que había vivido desde su nacimientos.

Lot perdió también todos sus bienes y todo lo que le quedaba fueron dos hijas solteras, hijas de Sedom, cuya moral no era mejor que el resto de los descendientes de Kenáan.

Avraham rehusó dirigirse por los valores del mundo que le rodeaba, y por eso fue escogido y bendecido. Su fuerza moral sigue bendiciendo al mundo entero hoy. Pero Lot cedió ante la moral baja y perdió prácticamente todo. Sin embargo el Eterno tuvo misericordia de él y le salvó con sus hijas, porque tenía un plan maravilloso para el futuro de ellas dentro de su proyecto mesiánico.

El Yugo Desigual conduce al despropósito.

Al meditar este relato, debemos aceptar que la vida de Lot transcurría tan en despropósito, tanto como la vida de Abraham estaba llena de promesas para el devenir perfecto del propósito eterno de Dios. El capítulo anterior (18) terminó con Abraham intercediendo como profeta por los justos de Sodoma y sus ciudades aliadas, mientras que este capítulo termina con el incesto de un borracho en una cueva, y la manifestación de la simiente de la serpiente en los dos hijos que nacieron de este pecado.

pilar de sal que los judíos señalan como la esposa de Lot

Lamentablemente, debemos aceptar que este contraste lo vemos hoy en la asamblea gozosa de hijos primogénitos. Nos damos cuenta que contamos con dos tipos de creyentes hoy. Por un lado están aquellos que viven una vida fructífera, y por otra parte, encontramos a los que viven una vida de completa sequedad, sin fruto alguno. Creyentes infructuosos son los que realmente han hecho un lío de sus vidas; que han seguido enteramente fuera de la voluntad de Yahvéh, y han visto renacer las iniquidades ancestrales en sus descendientes. Yo no me atrevo a asegurar, ni por un momento que han perdido su salvación, pero sí que no conocen lo que significa disfrutar del gozo que da la misma. Como dijo el apóstol Pablo, son salvos, pero, tal como Lot lo descubriría, serán salvos, pero como quien pasa por el fuego (1 Corintios 3:15).

Por todo esto, los invito a rechazar la conducta de Lot y seguir el ejemplo de Abrahán avinu (nuestro padre). Rehusemos como él, manchar nuestras almas con el pecado del sistema reptiliano que nos rodea. Mandemos y exhortemos todo el tiempo a nuestros hijos y nietos a guardar el camino del Eterno, haciendo justicia y juicio para que ellos puedan seguir dentro de la línea de bendición otorgada en el Mesías desde el cielo. Por esto último, este consejo divino no es solamente para los que son descendientes físicos de Abrahán, sino también para todos aquellos que siguen su fe, porque todos los que son del Mesías son simiente de Abrahán y herederos según la promesa (Romanos 4:9-13; Gálatas 3:29).

Por esto te aconsejo que escuches el mensaje celestial; “¡No mires detrás de ti!” Recuerda que mirar atrás nos estanca. Mirar atrás nos produce pérdidas. Mirar atrás produce dolor en las relaciones familiares. Mirar atrás expresa el anhelo de no abandonar el pasado que desagrada a Yahvéh. Es fundamental avanzar sin temor y sin mirar atrás, pues al otro lado hay un mejor nivel de vida esperándote esperándote.

Anhelo que seas fuerte y bendecido (Jazak uvaruj) con estas palabras.

Como siempre en amor y amistad de servicio: P.A. David Nesher


Bitácoras Relacionadas:


El Aleteo del Nesher de Israel

Por Tony Gonzalez

«Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus polluelos, Extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.»

(Devarim/Deuteronomio 32:11)

​​

EL VUELO MESIÁNICO

Esta imagen que describe el cántico de Moisés, muestra al águila sobrevolando su nido, donde están sus pichones, es muy fuerte y poderosa.

El águila bate sus alas sobre el nido , no tan fuerte como para desarmarlo, pero tampoco tan suave como para no alborotar a los cómodos ocupantes de este. Hoy el Eterno hace lo mismos sobre sus escogidos.

Me imagino un enorme águila batiendo sus grandes y plumosas alas sobre su nidada, tal acción implica un fuerte soplido de aire sobre los diminutos e indefensos polluelos, que los sacude y despierta de su cómodo y confortable sueño.

Esta imagen atrae mucho mi atención, ya que desde mi parecer implica un llamado a despertar.

Este es el llamado mesiánico, para volar a la libertad y expansión.

Sobre sus alas.

«Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.»

Éxodo 19:4

Uniendo los versículos podemos comprender más ampliamente a lo que se refiere Moisés.

El águila bate sus alas sobre el nido, para despertar a sus polluelos, también es una invitación ineludible a que se apresten para que ellos aprendan a volar en las alturas. Es muy conocida la costumbre de las águilas, que ponen a sus crias sobre sus lomos (unión de las alas), para finalmente impulsar a sus polluelos a tener su propio vuelo, en medio de la expansión de los cielos.

Esto es lo que el Eterno hizo con Israel al sacarlo de Mitzraim (Egipto) el lugar de las limitaciones y estrecheces, donde al parecer por 430 años, habían estado cómodos y aggiornados a un sistema de vida totalmente erróneo.

Según este canto profético, Moisés declara que, para poseer la tierra de la promesa, Israel debía esta vez atreverse despertar, salir del nido y volar como un águila. Pero nunca olvidando que no era por sus propias fuerzas, sino por el despertar de la fuerza del Eterno en su interior.

Hoy, para nosotros el llamado es el mismo, es el aleteo del Eterno que, por medio de su Santo Espíritu, nos quiere despertar, para que no nos aggiornemos al sistema imperante (Rom. 12:2) y nos subamos a las alas de Yeshúa Ha Mashiaj y volemos con sus fuerzas a las dimensiones celestiales poderosas.

Alas y plumas

En el hebreo, “alas»: se dice Kanáf y “plumas” Ebrá, analicemos estas dos palabras, según la concordancia Strong:

Kanáf: alas

· Arista (segmento de línea donde se encuentran dos caras)

· Ala como borde de un vestido o manto, sábanas o cobijas

· Vuelo

· Cuadrante (un antiguo instrumento utilizado para medir ángulos en astronomía y navegación)

· Pináculo (Parte superior y más alta de un edificio)

· Borde

· Confín

· Postrero

· Punta.

· Regazo

· Proyectar lateralmente.

· Proyectar reflexivamente.

Ebrá: Pluma

· Elevarse

· Volar

Como vemos las palabras usadas por Moisés no solo describen la acción protectora de un ave, sino más bien expresan la profundidad profética de cada letra del idioma celestial.

En este pequeño versículo, podemos ver la promesa mesiánica del Eterno, a favor de Israel (su Primogénito).

También podemos ver proféticamente la acción mesiánica de Yeshúa Ha Mashiaj. El Hijo del Hombre, quien realmente, reúne sobre si todos los significados:

· Por Él es posible unir las caras, es decir es posible estar cara a cara con el Padre. (Juan 14:9)

· Por Él estamos bajo el manto protector del Eterno. (Juan 14:23)

· Por Él podemos dominar los bordes de nuestra vida, para nunca caer a los abismos tenebrosos. (Mateo 18:6-9)

· Por Él (la Torá hecha carne) es que podemos comprender los confines del tiempo y el espacio. (Marcos 13)

· Por Él, el postrer Adán estamos vivificados. (1ªCor. 15:45)

· Por Él, somos como la punta de una lanza, somos la vanguardia, somos cabeza y no cola. (Dt. 28:13)

· Por Él, podemos acceder cada día al regazo del Padre. (Juan 6:37)

· Por Él, podemos tener verdadera proyección lateral, es decir en la posición de 90º, esto equivale unir la tierra y el cielo. (Juan 14:6)

· Por Él, podemos tener una proyección reflexiva, desde una consciencia de luz. (Mt. 5:14; Fil. 2:15)

· Por Él podemos elevarnos hacia los planos celestiales y volar por sobre los abismos tenebrosos de la vida. (Juan 8:12; Salmos 91:12; Salmos 121:3; Prov. 3:23)

Como vimos Israel fue llevado de la chatura y aplastamiento de Egipto, a las alturas del Monte Sinaí, al encuentro con el Eterno y su Torá. Fueron llevados, sobre las alas del Águila. También, vemos que, para tomar posesión de la tierra de la promesa, Moisés habla del Águila aleteando sobre su nidal.

Tomando estos dos ejemplos, para nosotros en este tiempo, podemos decir que el Eterno nos sacó de debajo de la pesadez aplastante del pecado y del dominio de la muerte, y nos está llevando a la verdadera libertad y verdadera vida, montados sobre las alas del Águila (Yeshúa nuestro Mesías).

El Aleteo del Águila

​Antes de que el águila tome a sus crias sobre sus alas, primero los despierta. El águila es un ave de tamaño considerable, por lo cual si se posa repentinamente sobre su nido puede llegar a aplastar a sus frágiles pichones.

Podemos entonces ver que en este versículo se describe al ave sobrevolando sobre su nido, dirigiéndose hacia sus hijos como la más delicada de las criaturas, manifestando un perfecto balance y estabilidad.

​Sobrevolar o revolotear en hebreo es RAKÁF, esta palabra aparece describiendo al movimiento del Espíritu del Eterno Génesis 1:2 «… y el espíritu de Dios sobrevolaba sobre las aguas». Acá vemos que el aleteo describe la acción mesiánica del Eterno a favor de la creación.

Tanto en Génesis, como en el cántico de Moisés la acción del aleteo del Eterno es un llamado a la “teshuvá”, principio para terminar con el caos y la vaciedad. Esto es el llamado del Padre a través del Mesías y su Santo Espíritu para que la humanidad regrese al principio (Bereshit).

​Contextualizando esta palabra «sobrevolar» podemos ver entonces que estos dos pasajes en Génesis (Bereshit) y Deuteronomio (Devarím) son absolutamente complementarios. Ambos apuntan hacia el despertar de los hombres a la realidad mesiánica de retornar a la fuente esencial. ​

El Águila está sobrevolando sobre su nido, así como el Ruaj (Espíritu) del Eterno lo hace sobre los hombres, esto es como un toque casi imperceptible, que muchos lo sienten y otros no.

Este aleteo no es una fuerza invasiva, sino más bien es un suave viento soplando sobre todos. ​

Este sobrevuelo es el poder del amor perfecto (ajabá) soplando suavemente, que quiere involucrarse, sin forzar, que inspira, pero sin obligar, que llama, pero sin presionar.

El aleteo casi imperceptible del Eterno (el Águila) no trasgrede el nido (nuestro ritmo de vida), sino que permite que nosotros sus pichones ejerzamos el libre albedrío. De tal manera que nuestra alma pueda despertarse por sí misma en el deseo de ascender hacia las alturas.

El Eterno por medio de Yeshúa Ha Mashíaj, nos inspira a todos por igual, pero a la vez, paradójicamente, nos permite incorporar lentamente la nueva realidad mesiánica de acuerdo con nuestro propio ritmo individual.

​El águila y el nido

La palabra usada por Moisés para “águila» es nesher. El idioma hebreo no tiene vocales, pero al hablarlo se le agregan sonidos de vocales, por eso las palabras tienen tesoros ocultos en sus raíces y combinaciones.

Volviendo a la palabra “nesher” (águila) debemos saber que las dos letras finales forman la palabra shar, que es en el idioma hebreo el verbo «cantar». Precisamente Devarím 32 (Deuteronomio) es un cántico, por lo que me arriesgo a asumir que es “EL CÁNTICO DEL ÁGUILA”.

​Entonces notamos que el Águila cuando se acerca a su nido bate sus alas, creando un cántico, preparando delicadamente a sus pichones para su descenso sobre ellos. Que hermoso es saber que Abba a través del Mesías despierta nuestras almas, con su aleteo y su cántico mesiánico de amor incondicional.

Eso mismo nos debe animar a activarnos en la verdadera acción mesiánica, que es el aleteo y el cántico del águila sobre el nidal, para que muchos despierten de su confortable nido de muerte óntica. Por eso es fundamental que proclamemos proféticamente, tal cual lo hizo Moisés en Devarím.

Devarím 32:11 describe al águila incitando a los pichones en el nido. ​

La palabra hebrea para «nido» es Ken, que está asociada con «posesión». Esto nos habla que, para poseer las promesas, primero debo tener posesión del lugar en el que estoy.

Esto me hace reflexionar que mi posesión debe ser la Torá, cuando la posesión es la Instrucción del Padre, tengo la conciencia desarrollada en el Reino y su justicia, por lo tanto todo lo demás se me añade.

La palabra para «pichones o polluelos» es gozal, » cuya raíz es gazal, que quiere decir entre muchos significados, “desarrollar, fuerza, impulso, arrebatar”

De manera que cuando el Eterno, aletea sobre nosotros, nuestra alma desarrolla la fuerza necesaria para impulsarse y arrebatar las promesas que están en los cielos. Esto se evidencia sobre todo por la certeza a la hora de orar y proclamar la besorah del Reino (buena noticia).

Somos los pichones despertados por el aleteo del Gran Águila, para elevarnos sobre las alas mesiánicas.

Demos gracias al Eterno porque aletea sobre nuestras vidas, y nos despierta por medio de su Santo Espíritu y nos impulsa a volar a las verdaderas alturas celestiales, por medio de la Torá hecha carne, Yeshúa Ha Mashiaj.

Sean bendecidos.

Profeta Tony Gonzalez.


Bitácora Relacionada:

La Tarde y la Mañana: “Un Día” ¿De qué Duración?

Por P.A. David Nesher

 

  «Vayikrá Elohim la-or yom velajoshej kará laylah vayehí-erev vayehi-voker yom ejad.»

«Llamó Elokim a la luz “día” y a la oscuridad llamó “noche”. Fue el anochecer y fue la mañana, un día.»

(Génesis/Bereshit 1:5)

A partir de una lectura superficial y rápida del primer capítulo de Bereshit (Génesis), surge la impresión de que todo el proceso creador tuvo lugar en seis días de 24 horas. De haber sido esa la intención del autor, pareciera estar en contradicción con la moderna investigación científica, que indica que el planeta tierra fue creado hace miles de millones de años. Ante esto, muchos se preguntan si esto fue un día literal de 24 horas (como la noción que nosotros tenemos de un día) o si fue una era geológica. Por eso, es que algunos dicen que Dios creó al mundo en seis días, y otros dicen que lo creó en seis eras geológicas enormes. Ahora bien, si los días no fueron días, ¿Dios daría su aprobación a la palabra? ¿Tiene Él que ver con inexactitudes, sin importar lo edificante que son? La cuestión depende del uso y entendimiento correcto del idioma hebreo.

Por ello, y para comenzar a hablar de esto, es preciso admitir que un día de la Creación no equivale a un día ordinario de 24 horas, porque el Sol y la Luna son los que definen este lapso y ellos aparecieron hasta el Cuarto Día.

El secreto de este planteo se encuentra en el análisis de la expresión “…tarde y mañana, un día…” (vayehí-erev vayehi-voker yom ejad): Este es el fundamento del Calendario hebreo, en el que el día no comienza por la mañana, sino al atardecer. Por eso, la fraseología no debe entenderse en términos terrenales, más bien hay que apreciarla en una perspectiva divina; como un período de tiempo indefinido.

A ver un momento… alguno se estará cuestionando: «la expresión “…tarde y mañana, un día…” (vayehí-erev vayehi-voker yom ejad) con relación a los periodos de creación, ¿no indica que estos duraron 24 horas?» Pues la respuesta es: NO NECESARIAMENTE.

Según el sabio intérprete de la Torah Najmánides, las palabras vayehí erev, no quiere decir en realidad “y fue la tarde”, sino “y hubo desorden”, porque la raíz de erev, significa “caos”, “mezcla”, “desorden”. Es por eso que la noche es llamada erev, porque cuando el sol baja, la visión se hace confusa. La palabra de la Torah para “mañana” es boker, que es lo opuesto. Cuando el sol sale, el mundo se hace bikoret, es decir “ordenado”, «claro para discernir«. De esta manera se explica que los primero días son contados a base de la obra de poner las cosas en orden que antes estaban desordenadas. Cuando un elemento es transformado de desorden a orden se habla de tarde y mañana, “del caos a la armonía”.

Entonces debemos comprender y aceptar que la Torah no describe las cosas de una manera estrictamente lineal, sino más bien avanza de manera circular o espiral. Por esta razón no se debe entender estas palabras como un seguimiento de lo que ocurrió antes, sino como un resumen de lo que pasó durante todo ese día. Según la Torah, el día comienza con la noche. Primero había oscuridad y luego vino la luz. Ese es un día. El texto hebreo no dice propiamente “día primero”, en cuyo caso tendría que haber dicho yom rishon, ya que esta es la palabra para designar el comienzo de algo como puede ser: germen, brote, primero, etc., sino que lo llama yom ejad, día único. Aquí no dice que fue el primer día, porque los demás días no habían venido todavía, y por eso no se podía hablar de una secuencia de días, sino sólo de un día, por lo tanto dice “un día” o “día uno”, en hebreo yom ejad. La palabra ejad es la misma que se usa para el Eterno que es uno (cf. Deuteronomio 6:4). Ejad es una palabra masculina que se usa comúnmente en el hebreo para decir uno, en referencia a un objeto masculino. El día ejad era un día único, porque sólo durante ese día Dios era único. El término aparece así para expresar con rotundidad la absoluta unidad y soberanía del Eterno por cuanto es el único y no hay nadie más fuera de Él. De allí que tanto el Midrash y Rashí sacan la idea errónea de que los ángeles no fueron creados sino hasta el segundo día.

Con todo este contenido mental de cosmovisión hebrea, comprendemos que para Yahvéh al expresión “un día”no es lo mismo que lo que significa para el hombre:

«…Pues mil años en tus ojos son como día de ayer que se fue, y como una de las vigilias de la noche…».

(Tehilim/Salmos 90:4)

Por eso, es importante tener en cuenta que la palabra traducida como «día« es el hebreo yom, y tiene cuatro significados principales:

  • Día, como el tiempo cuando hay luz (aproximadamente12 horas) [cf. Génesis 1:5a].
  • Día, como jornada de 24 horas (cf. Génesis 1:5b).
  • Un tiempo más largo limitado, una época. El mismo texto de Bereshit usa el término yom traduciéndolo como «el día» refiriéndose así al conjunto de los seis días creativos (cf. Génesis 2:4; 30:14; Prov. 25:13).
  • Mil años (cf. Salmo 90:4; 2Pedro 3:8).

El historiador judío Flavio Josefo (Yosef ben Matityahu), resume lo acontecido en el primer día:

«…Al principio Dios creó el Cielo y la Tierra. Pero como la Tierra no se veía sino que estaba cubierta de espesas tinieblas y un aire recorría la superficie, ordenó el Eterno que se hiciera la Luz. Hecha la luz, consideró la mole en su totalidad y separó la luz de las tinieblas y a las tinieblas las llamó “noche” y a la luz “día”; y al comienzo de la luz y a la hora del descanso la llamó “tarde y mañana”. Y este fue el primer día que existió…».

En el Midrash Levítico (Vayikrá Rabá 29:1), leemos que Yom Teruah conmemora la creación de Adam, y que los seis días anteriores están separados de nuestro sistema de medición del tiempo.

El Talmud, por su parte, registra que los 31 versículos de Bereshit/Génesis que hablan de los 6 días creacionales son una parábola. Es decir, no son literales. La conclusión de los eruditos es que estos seis días de la Creación, no es posible contabilizarlos como días “humanos” de 24 horas, porque sus parámetros son totalmente distintos.

Sucede otra cosa interesante con el tiempo: lo percibimos de una manera muy diferente dependiendo de dónde estemos situados. Comencemos con un ejemplo sencillo: como dice la moderna sabiduría popular; pedirle un deseo a una estrella del firmamento es inútil, porque cabe la posibilidad de que esa estrella ya no exista, simplemente, su luz ha tardado tanto en llegar a nuestro campo visual que, literalmente, estamos viendo algo que existió hace millones de años. Eso significa que estamos viendo el pasado. La ciencia ha demostrado ya que la velocidad y la gravedad son factores que afectan al tiempo. Si nosotros nos moviésemos a la velocidad de la luz, o estuviésemos en un lugar con una densidad gravitacional distinta, el tiempo transcurriría bajo otros parámetros.

Encontré un comentario hecho por el Dr. Gerald Schroeder, judío ortodoxo y científico, miembro de la Comisión de Energía Nuclear de los Estados Unidos de Norteamérica, que considero de suma importancia:

«…Cuando un científico refiere que el Universo tiene casi 14 mil millones de años de antigüedad, lo está expresando desde la perspectiva del tiempo que tenemos aquí en la tierra. Si estuviésemos en otro lugar del Universo, la perspectiva del tiempo sería otra. Por lo tanto, la cifra no sería de 14 mil millones de años, sino otra, probablemente… ¡seis días! …».

Schroeder entonces regresa a la pregunta clásica: los seis días de la Creación que menciona el Génesis ¿son días de 24 horas? Y contesta: ¡Seguro que sí! Todo depende desde dónde estés observando, si desde la ubicación de Dios, o desde nuestra ubicación.

Lo cierto de todo es que, sea cual haya sido su duración, recordemos que la obra de cada día se desarrolló como resultado del mandato soberano del Eterno. Este capítulo, como ya lo expliqué en otra bitácora, no es un tratado de ciencias sino más bien un poema himno cosmogónico lleno de los misterios de Yahvéh y Su propósito eterno en el Mesías. Sin embargo, su armonía con los actuales conocimientos biológicos y zoológicos es sorprendente.

“Guedaliah: un Justo, un Ayuno, un Templo”

Por P.A. David Nesher

En las Sagradas Escrituras encontramos que el profeta Zacarías hace referencia a un día de ayuno conocido como «el ayuno del séptimo«, ya que es observado en Tishrei, el séptimo mes contando a partir de Nisán (Zacarías 7:5; 8:19).

Este ayuno conocido como Tzom Guedaliah (Ayuno de Gedaliah)  fue decretado por los sabios para conmemorar el asesinato de Guedaliah, el hijo de Ajikám, a manos de Ishmael, hijo de Netaniáh, instigado por el rey de Amón. Sucede que con la muerte de Guedaliah se extinguió la última llama de esperanza para mantener la autonomía de Judá luego de la destrucción del primer Beit HaMíkdash. Miles de personas fueron masacradas, y aquellas que sobrevivieron fueron conducidas al exilio.

Esto realmente no tiene nada que ver con los días del temor o expiación, salvo que se produce en medio de ellos. No es una ordenanza divina, sino más bien resulta de la tradición de la Casa de Judá. Este ayuno comienza temprano en la mañana, con el alba, y termina al anochecer.

La Historia que dio origen a este Ayuno.

Cuando Nebujadnetsar (Nabucodonosor) destruyó el Templo del Eterno (año 586 antes de la era común), asesinó a una gran parte de la población del Reino de Yehudáh (Judá), cuya capital era Jerusalem. También llevó como cautivos de Babilonia a decenas de miles de judíos. Y permitió que una parte de la población vencida, campesinos muy pobres, permanecieran en Israel trabajando la tierra y pagando exorbitantes tributos a Babilonia.

Flight of the Prisioners luego de la destrucción de Jerusalén

Nebujadnetsar nombró como gobernador de estos judíos a Guedaliah ben Ajiqam, que pertenecía a la familia Shafán, que vivían en Babilonia desde el exilio de Yejoniá (597 A.E.C.) y se consideraban leales al rey. Fue un gesto positivo inesperado. ¡Era todo un milagro!, que un judío fuera nombrado para cuidar de Judea.

Muchos de los judíos exiliados en Babel esperaban que Guedaliah, siguiendo las directivas del profeta Yirmiyahu (Jeremías) lograría  ganarse nuevamente la confianza del rey de Babilonia hasta que el rey, o su sucesor, accedieran a permitir que todos los judíos regresaran a Israel y eventualmente pudieran reconstruir el Bet haMiqdash (Templo Santo). Por esta razón, y llenos de esperanza, muchos judíos que habían huido a Moab, Amón, Edom, y otros países vecinos regresaron a la tierra de Judá, atendía a los viñedos que se les eran dados por el rey de Babilonia, y disfrutar de un descanso después de la opresión vivida. Así, gradualmente, más y más judíos que habían escapado de los horrores de la guerra y se habían refugiado en países vecinos, comenzaron a volver a sus hogares en Israel.

Así con Guedaliáh a cargo, la esperanza de volver a una vida normal y reconstruir el Beit HaMíkdash era ahora más real que nunca

Por toda esta situación, Ba’alis, el rey de Amón, (hoy Jordania), un reino que se alió con Egipto, hostil y envidioso de los restos de Judá envió un judío leal a sus asuntos, Ishmael Ben Netaniah, para asesinar a Gedalías. El rey Ba’alis sabía que si Guedaliah continuaba como gobernador de Judá eso significaría que le sería más fácil a Babilonia conquistar a Amón. Por ello, este malvado amonita animó a Yishhma’el Ben Netaniá a asesinar a Guedaliáh y le ofreció su ayuda.

Yishma’el era un hombre muy violento que descendía del rey David (cf. 2 Samuel 5:16). Aprovechándose de su linaje davídico se opuso a la designación de Guedaliah, justificando su oposición con el argumento que este último no pertenecía a la dinastía de David, y por eso no podía ostentar el cargo de gobernador de Judá.

Así, al comenzar el séptimo mes hebreo (Tishrí) Yishma’el y un grupo de hombres tan violentos como él, llegaron a la ciudad de Mitzpá, donde fueron cordialmente recibidos por Guedaliah con los honores debidos a un descendiente de la dinastía de David.

Guedaliah había sido advertido de la posibilidad de un atentado contra su vida, pero se negó a dar crédito a sus informantes, convencido de que un yehudí nunca mataría a otro yehudí, y además, ¿por qué alguien con un mínimo de sentido común pondría en peligro las renovadas esperanzas de la redención de Israel que se estaban cristalizando?… ¿Por qué pondría en peligro las esperanzas de redención de todo el pueblo de Israel?

Sin embargo, Yishma’el y diez de sus hombres asesinaron a Guedaliah y a los otros hombres que estaban con él en Mitzpá (ver Jeremías capítulos 41, 42, 43 y 44). Todo acerca de Yishma’el era una desgracia para el nombre de David su ancestro, quien se había soportado todo impulso ‘de asesinar para obtener el trono’ y había esperado por el tiempo de Dios y la voluntad de su pueblo. Este no era un David sino un Jehú.

Después del asesinato de Guedaliah, los judíos temieron represalias del rey de Babilonia. Pensaron en huir a Egipto para salvarse, pero dado que Egipto era una sociedad moralmente corrupta, se encontraron frente a un gran dilema – debían sopesar la amenaza física de quedarse en Babilonia versus el peligro espiritual de ir a Egipto. Por esta razón fueron donde el profeta Jeremías, quien estaba recluido haciendo duelo, para pedirle consejo.

Durante toda una semana Yirmiyahu (Jeremías) le rogó al Eterno por una respuesta, hasta que finalmente la obtuvo en Yom Kipur.

Jeremías llamó a los judíos y les dijo que debían quedarse en Israel y que todo estaría bien. Dios estaba planeando hacer que los babilonios actuasen con misericordia hacia ellos y, poco tiempo después, todos los judíos exiliados tendrían permitido volver a su propio suelo. Pero, les dijo Jeremías, si deciden ir a Egipto la espada de la que están huyendo los mataría allí.

Por desgracia las palabras del profeta no penetraron en los oídos del pueblo, y ellos se rehusaron a creer en ellas. Todos los judíos que quedaban en Israel empacaron sus maletas y se fueron a Egipto. ¡Incluso secuestraron a Jeremías y lo llevaron con ellos! Ahora la destrucción estaba completa; la Tierra de Israel estaba completamente desolada.

Puedes adivinar lo que ocurrió a continuación. Unos pocos años después, Babilonia conquistó Egipto y miles de judíos exiliados fueron asesinados. El único sobreviviente de esta masacre fue Jeremías; su profecía se había convertido dolorosamente en verdad.

La tierra de Israel permaneció por muchos años con poquísimos yehudim, y así el exilio del pueblo de Israel de su tierra alcanzó su pico más alto, y las esperanzas de volver a Yerushalayim se desvanecieron (2 Melakim/Reyes, 25:23-26).

Y así, la tierra de Israel permaneció virtualmente sin población judía durante 52 años. Y las esperanzas de regresar a Yerushalayim y reconstruir el Bet HaMiKdash prontamente se desvanecieron. Fue como revivir una vez más el exilio que tuvo lugar unos años atrás. Era como si el Primer Templo hubiese sido destruido por segunda vez… O peor, porque esta vez, el exilio fue causado por el Pueblo de Dios, al no valorar a su hermanos como piedras vivas de la Casa espiritual de YHVH …

El evento inicial (el asesinato de Guedaliah) ha sido comparado a la destrucción del Templo Sagrado; causó la pérdida de miles de vidas judías y desencadenó el fin del asentamiento judío en Israel por muchos años. Por ende, los profetas declararon que el aniversario de esta tragedia fuese un día de ayuno. Este día es el tres de Tishrei, dos días inmediatamente posterior a Yom Teruah.

Los Sabios estudiosos de la TaNaK (Antiguo Testamento) señalan respecto de este ayuno lo siguiente:

«Esto nos enseña que la muerte de un justo equivale al incendio de la Casa de Dios, ya que así como se decrete un ayuno en conmemoración de la destrucción del Beit HaMíkdash, así también se decrete un ayuno en conmemoración de la muerte de Guedaliá«.
(Rosh HaShaná 18b)

¿Cuál es el significado de este ayuno y por qué ocurre entre Yom Teruah y Yom Kippur?

La respuesta a esta cuestión la podemos encontrar en la Guemarah (parte del Talmud que contiene comentarios rabínicos y análisis de la Mishnah) que afirma que el ayuno en este día nos enseña que la muerte de un justo es comparable con la destrucción del Gran Templo. Sabemos que la muerte de un hombre justo es comparable con la tragedia de la destrucción del Templo, porque el versículo de Zacarías menciona al ayuno de Guedaliah junto con los otros ayunos que conmemoran la destrucción del Templo.

Desde este concepto, podemos considerar la historia de este tzadik (justo) y desglosarla en tres lecciones…

Tres Lecciones para el Ayuno de Guedaliah 

Lección nº 1:

El pueblo judío se había hundido hasta uno de sus niveles más bajos de la historia. El Templo había sido destruido, la mayoría de los judíos estaban exiliados y la situación parecía desesperanzadora. Pero Dios cambió las desesperadas circunstancias del pueblo e hizo que el recto Guedaliah fuese designado como líder. Sin embargo, Guedaliah fue asesinado y toda la esperanza desapareció.

Pero fue precisamente en ese momento que Jeremías le rezó a Dios para obtener algo de claridad y convicción. Esto fue durante los 10 días entre Yom Teruah y Yom Kippur. Esta historia es conmemorada para enseñarnos un importante mensaje para estos días: no importa cuán lejos estés, siempre puedes regresar y Dios te perdonará.

Lección nº 2:

Los judíos que fueron a aconsejarse con Jeremías estaban, subconscientemente, seguros de que Dios daría la respuesta que querían escuchar. Entonces, cuando Dios les respondió de una forma diferente, se rebelaron.

Pero ellos no eran personas malvadas. ¿Qué pasó?

A pesar de que estos judíos eran, en un sentido, dependientes de la voluntad de los babilonios, no estaban dispuestos a depender de la voluntad de Dios. La lección es que apegarse a Dios significa seguirlo siempre, no sólo cuando coincide con lo que buscas.

Una buena regla para la vida: cuando te enfrentes a un complicado problema moral, pregúntate: «¿Qué diría Dios? ¿Qué es lo que Dios quiere que yo haga?».

Lección nº 3:

Cuando un israelita asesina a otro es una tragedia terrible que puede tener enormes repercusiones históricas. Tal violencia es inexcusable. ¿Tenemos diferencias políticas y filosóficas? Debemos solucionarlas con calma y tolerancia; ésta es la única manera aceptable.

Después de dos días en que la nación entera de Israel había clamado con esperanza por un buen destino, y larga vida, sufrió una gran caída. Por ello, nosotros debemos atrevernos a usar este día para pensar y preocuparnos por nuestra devoción hacia Yahvéh. Debemos enfocar nuestras plegarias a pedirle compasión al Eterno, no sentirnos tan seguros de las plegarias que hicimos el día de Yom Teruah y pedirle a Yahvéh que nos levante del abismo al que hemos caído tras nuestros errores y que nos dé la certeza de estar construyendo un año de vida bueno para la nación.

El propósito de este, como los demás días de ayuno, es despertarnos de nuestro letargo, al conmover nuestros corazones hacia el arrepentimiento (teshuvah), recordando nuestros propios pecados así como también los de nuestros ancestros, que fueron similares a los nuestros.  Al recordar estos pecados, los cuales continuamos cometiendo, y siguen provocando calamidades similares a aquellas que nuestro pueblo ya sufrió en el pasado – somos motivados a retornar al camino correcto de la vida, como dice la Torah: «Y ellos confesarán sus pecados y los pecados de sus ancestros…» (Vayikrá/Levítico 26:40).

Cada persona debe aprovechar estos días de ayuno y reflexión para hacer un profundo auto-examen de sus acciones, puesto que el propósito esencial de un día de ayuno no es el ayuno en sí, sino motivar a la persona a arrepentirse, es decir regresar a la Fuente, y apegarse en amor a ella, sentido perfecto de teshuvah.

Es por eso que aquellos que cuidan el ayuno pero no meditan sobre los cambios internos que su realidad exige están desperdiciando el día. Ellos sólo enfatizan lo que es secundario (el ayuno) y desprecian lo que es esencial (el arrepentimiento). Sin embargo, tomar el arrepentimiento solamente, sin ayunar, es insuficiente, porque el ayunar es una orden establecida por los profetas, y todo el pueblo de Israel ha cumplido estos días de ayuno, a través de todas las generaciones.

¿Quienes están exentos de este ayuno?
  1. Es un ayuno obligatorio para todos, a partir de la edad de la Bar Mitsvá (13 años cumplidos) para los hombres y de 12 años cumplidos para las mujeres.
  2. Si el 3 de Tishrí cae en Shabat, se aplaza el ayuno al Domingo, pues, a excepción de Yom Kipur, ningún ayuno puede tener lugar en Shabat.
  3. Una persona enferma, aun si gravedad, esta exenta de ayunar en Tsom Guedaliáh. (Ver las leyes concernientes al ayuno del 17 de Tamuz).
  4. Las madres embarazadas y las que están en periodo de lactancia.
  5. Los ancianos deben consultar a su médico para hacer este ayuno.

Fuente utilizada para esta bitácora: Estudio del Tzom Guedaliah hecho por por los rabinos Arie Leiv Nivin y Shraga Simmons


El Mejor Refugio para el Alma (Torah y Mashiaj)

“Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades, junto con sus tierras de pasto.”

(Números/Bamidbar 35:7) 

Cuando Yahvéh ordenó a Moshé la repartición de la Tierra Prometida entre las tribus de Israel, los leviím (levitas) no recibieron ningún territorio. En lugar de ello se les otorgaron cuarenta y ocho ciudades a ambos lados del Jordán. Seis de ellas, tres a cada lado de este río, fueron instituidas como arei miklat (“ciudades de refugio”).

En este texto notamos como el Eterno continúa su método pedagógico que permitía a Israel entrenarse en la midot (cualidades) de la benevolencia (Jesed) en balance con la disciplina (Guevurah) a través de la práctica de la generosidad compasiva (Tiferet) para con el prójimo. Cada tribu recibió la orden de dar ciudades y tierras a los levitas dentro de sus fronteras. Es interesante ver que Yahvéh no dictó cuáles serían todas las 48 ciudades de los levitas, sino cedió a sus hijos decidir qué ciudades querían dar a los levitas. El Eterno dio a cada tribu un área de la tierra y luego cada tribu tenía que dar de lo que había recibido a los levitas.

Alrededor de cada ciudad existía un terreno de dos mil codos (1 km) en cada dirección. En el versículo 4 aparece una aparente contradicción, ya que se habla de mil codos, pero en el versículo 5 se habla de dos mil codos. El Talmud resuelve esto diciendo que los primeros mil codos fueron dejados como un espacio abierto, y los otros mil codos servían para campos y viñas.

Recordemos que el mitzvah (mandamiento) de Yahvéh sobre la santidad de la sangre era muy explícito. El derramamiento de sangre humana contaminaba la tierra en la que vivían los hijos de Israel, en medio de la que residía la Shekinah (Presencia) del Eterno, y solo se podía expiar por medio de la sangre del que la había derramado. (Gn. 9:5, 6; Nm. 35:33, 34), preferiblemente a manos del “vengador de sangre,” el pariente masculino más cercano. Así, en el caso de un asesino, cuando el vengador de la sangre le daba muerte “sin falta” (Ex. 21:23; Nm. 35:21), quedaba vengada la sangre de su víctima y se satisfacía la ley de “alma por alma”. El vengador de sangre o goel tenía el derecho y la responsabilidad de matar al asesino: “No tendrás piedad de él; sino que limpiarás de Israel la sangre del inocente, para que te vaya bien”. (Dt. 19:13).

Hasta aquí todo muy entendible, pero, ¿qué pasaba con el homicida involuntario, aquel que, por ejemplo, mataba a su hermano cuando por accidente se desprendía la cabeza del hacha al cortar leña? (Dt 19:4, 5) Para tales desafortunados el Eterno amorosamente proveyó las ciudades de refugio, donde el que derramaba sangre por accidente podía hallar asilo y protección del vengador de la sangre. (Nm. 35:6-32; Jos. 20:2-9).

Lo asombroso que aquí podemos ver, es que no hay prisión en la cosmovisión de la Torah. Evidentemente el Eterno revela que el diseño humano de las prisiones no corrige. Todos sabemos que la gente que sale de la cárcel, en su gran mayoría, sigue conectada con la mentalidad criminal y terrorista. Por lo tanto, según la voluntad divina, la persona que cometió homicidio involuntario debe ir a una ciudad de refugio. Las ciudades que fueron construidas para tales asuntos, indican la intervención directa del gobierno de Yahvéh que quiere separarlos de los demás. De esta manera el Creador mismo marca Su línea entre ellos. La persona debe vivir en esta ciudad, sin derecho a salir de ella. Si viola esta condición, puede ser muerta a manos del vengador de sangre.

Por eso, notamos que las leyes de la Torah de las ciudades de refugio son singulares. Si una persona mata a otra accidentalmente debe huir a una de estas ciudades, tres a cada lado del río Jordán. Mientras se encuentre dentro de los límites de la ciudad, ningún pariente del difunto tiene permitido dañarlo. Si quiere estar a salvo, el perpetrador de ese crimen involuntario debe permanecer en la ciudad de refugio sin abandonar sus límites hasta la muerte del Sumo Sacerdote.

Ahora bien, de las 48 ciudades de los sacerdotes y levitas había dos clases de ciudades de refugio. Todas daban refugio a los homicidas involuntarios. Pero seis de ellas también recibían a los homicidas que habían matado a sabiendas hasta que una sentencia fuese dictada. Los que huían a las 42 ciudades tenían que pagar por su vivienda y la comida mientras que los que huían a las seis ciudades tenían el derecho de una cama y comida sin costo, por la provisión de los levitas. De esta manera también los levitas fueron entrenados a ser generosos, incluso con los asesinos. Así, el Eterno proveyó una “salida celestial” para proteger a Su pueblo de asesinatos cíclicos provenientes del sentimiento de venganza que plagaban a tantas naciones circundantes. Les proveyó una respuesta para no tan sólo proteger al que accidentalmente derramara sangre, sino que también protegía a la persona que procurara la venganza.

Aunque el término “Ciudad de Refugio” pudiera dar la impresión de un lugar indulgente, en realidad era un lugar de juicio (din) divino. El homicida involuntario sólo podía quedarse allí si era declarado inocente de asesinato por premeditación y alevosía. Si la persona huía a dicha ciudad, su caso era escuchado en la puerta de la ciudad por los ancianos gobernantes. Si era hallado culpable, no se le permitía entrar y era entregado a manos del vengador de sangre para darle muerte. La ciudad de refugio estaba allí simplemente para asegurar que la persona pudiera hacer su defensa y asegurar que nadie inocente fuera muerto antes de que su caso fuera escuchado.

La vida dentro de la ciudad estaba llena de beneficios celestiales para el delincuente, además de la evidente seguridad y poder escapar de la muerte. Entendamos que estas ciudades eran administradas por los levitas, quienes proveían un ambiente educativo saludable para la persona hallada culpable de homicidio involuntario. Si el ofensor finalmente lograba regresar al mundo fuera de la ciudad, sería un mejor ciudadano y seguidor de Yahvéh. Al ser expuesto al estilo de vida en esa ciudad, podría resultar ser más sabio y mejor, obteniendo el favor de Yahvéh y muchas bendiciones que él mismo aprendía a hacer descender para rectificar un mundo mejor.

Para comprender mejor el funcionamiento de este diseño judicial, comprende poner atención a los procedimientos que se seguían. Cuando un fugitivo llegaba a una ciudad de refugio, tenía que exponer su caso a los ancianos en la puerta de la ciudad, y debía extendérsele hospitalidad. A fin de evitar que los que cometían asesinatos intencionados se aprovechasen de esta provisión, después de exponer el caso en la ciudad de refugio, el fugitivo tenía que someterse a juicio y probar su inocencia en las puertas de la ciudad bajo cuya jurisdicción había ocurrido la muerte. En caso de hallarle inocente, era devuelto a la ciudad de refugio. Sin embargo, solo podía garantizarse su seguridad si permanecía en la ciudad el resto de su vida o hasta la muerte del sumo sacerdote. No era posible aceptar ningún rescate con el fin de alterar estos términos. (Nm 35:22-29, 32; Jos 20:4-6.) Ni siquiera el altar sagrado de Jehová podía proteger a los asesinos, como se mostró en el caso de Joab. (Éx 21:14; 1Re 1:50; 2:28-34).

Nuestro Refugio Psíquico.

Para comprender los códigos mesiánicos que se esconden en este diseño divino de justicia necesitamos sumergirnos y meditar en muchos detalles que él se encuentran.

Según la explicación del Talmud se sabe que en los tiempos bíblicos existían señales de tránsito esparcidas literalmente por toda la tierra de Israel señalando hacia la ciudad de refugio más cercana. Cada cartel tenía dos palabras: Miklat Miklat. El valor numérico de la palabra miklat es 179, un número primo, que al estar dos veces suma 358. Este número (358) es también la guematría de «Mashíaj«.  De esto inferimos que la señal del camino apuntando hacia la ciudad de refugio, en realidad es una codificación que apunta a una nueva conciencia, la mesiánica. Mentalidad que era necesario que cada hebreo adquiriera a fin de acelerar los tiempos de la manifestación mesiánica que el Eterno prometiera a Avraham su simiente daría en bendición a las naciones.

Debemos saber que para dar refugio a la persona culpable de homicidio accidental, y que se salvara del vengador de sangre, se tomó una medida para asegurar que los principales caminos que conducían a estas ciudades se mantuvieran siempre abiertos. Ninguna parte del territorio de Israel estaba a más de 50 km. de distancia de una ciudad de refugio. Este era un tramo que podía fácilmente cubrirse en un día. Se proporcionaron las ciudades de refugio para proteger a una persona hasta que se decidiera adecuadamente sobre su caso. El derecho de asilo era sí o sí solamente para quienes sin intención habían tomado la vida de otro.

Como lo habrán notado más arriba, la palabra hebrea para «refugio», es miklat, aparece 10 veces en esta sección de la Torah en dos grupos de cinco. El primer concepto comparable que viene inmediatamente a la mente es el del Aseret HaDibrot (el Decálogo, también mal llamados Diez Mandamientos), los que también fueron entregados en dos tablas de 5. El hecho que la palabra miklat aparezca diez veces asocia a las ciudades de refugio con la esencia del número 10. Este número perfecto corresponde a los diez poderes del alma, que debemos rectificar e iluminar con la luz divina de nuestras almas. Debemos activar los diez poderes de nuestra alma para correr hacia la ciudad de refugio (que representa a la Torah) e incorporar Su mensaje.

Como ya he mencionado en el párrafo anterior, la palabra miklat aparece en dos grupos de cinco. El primero de estos grupos aparece al comienzo de la discusión de los asesinatos involuntarios. En este grupo, la palabra miklat aparece tres veces vinculada a la palabra hebrea ir, que se traduce como «ciudad«, y dos veces como lemiklat, que significa «al refugio«. Todas estas referencias son impersonales. A continuación de esta discusión inicial del asesinato accidental, la Torah continúa relatando las leyes de la persona que mató intencionalmente, retomando luego nuevamente la discusión de las muertes accidentales. Pero esta segunda vez miklat aparece en un contexto personal, utilizando la forma miklató, «su refugio«.

Además de refugio, la raíz hebrea de miklat (kuf- lamed-tet), tiene otros dos significados: absorción e integración. Ambos están incluidos en nuestra comprensión de la función de la ciudad de refugio. El proceso de absorción comienza cuando una persona ingresa a una nueva realidad absorbido por el nuevo ambiente que lo rodea. Lentamente se va familiarizando con sus nuevo vecindario, comienza a amarlo y aprende cómo funcionar alegre y efectivamente en él. Ha sido absorbido dentro de la luz abarcadora de su nueva realidad. Esta absorción es relativamente impersonal, correspondiente al primer grupo de las 5 palabras de «refugio» ya mencionado. El proceso de integración es una dinámica diferente e incluso opuesta. Integrar una nueva realidad es absorberla dentro de uno, dejándola penetrar y pernear nuestro ser. La integración es totalmente personal, ingresando dentro de la psique de la persona y cambiando su forma de vida. Esto, por supuesto, corresponde al segundo grupo de 5.

Ante todo esto, podemos deducir que cuando una persona huye a la ciudad de refugio (una nueva conciencia de Torah y particularmente su dimensión interior, la mesiánica) primero debe ser absorbida completamente y enamorarse de ella, sin querer irse jamás. En este estado inicial, la Torah rodea todo su ser, y es absorvida en su conciencia, y no es de una importancia crítica que entienda todo lo que estudia.

Cuando huimos a la ciudad de refugio (la Torah), el sentimiento interior más importante que debemos desarrollar es que se nos ha brindado luz y sabiduría divinas infinitas como un regalo inmerecido. Cuanto más se desarrolla este sentimiento, más se va absorbiendo dentro de la conciencia mesiánica de la Torah.

Entonces, para que su nueva conciencia mesiánica permanezca eternamente como parte de su ser, protegiéndolo de dañarse y de dañar a los demás, la persona debe redirigir su experiencia, integrándola conscientemente dentro de su ser.

El texto sagrado mismo explica que sólo la Torah puede rodear completamente a una persona y simultáneamente encontrarse totalmente dentro de ella misma.Esto es porque la sabiduría de la Torah es infinita. No es así el caso de la sabiduría finita mundana que la persona puede no entenderla, en cuyo caso la sabiduría lo rodea por fuera, o si por el contrario la comprende totalmente la sabiduría está sólo dentro suyo. Como es limitada, no puede rodear a la persona y a la vez estar adentro simultáneamente. Sólo la sabiduría infinita incluye ambas dinámicas de absorción e integración. Este pensamiento está reflejado en los Salmos, 1:2, que describe a la persona feliz que se conduce en los senderos de la Torah. La primera parte del versículo reza: «…su deseo está puesto solamente en la Torah de Di-s». Esta es la etapa de la absorción. La Torah es del Eterno y el único deseo de la persona es ser absorbida dentro de ella. La segunda parte del versículo dice: «y en su Torah se sumergirá día y noche». En este punto la Torah ya ha sido integrada en el alma de la persona, más todavía cuando es llamada «su Torah», del propio estudiante.

Espiritualmente, la máxima ciudad de refugio es la Torah, como Yahvéh le ordenó a Yehoshúa: «y la estudiarás día y noche» (Jos. 1:8). Cuando corremos hacia la Torah, mostramos que nuestra voluntad desea sus códigos de Luz Infinita para continuar el camino de la vida (en hebreo correr se dice ratz, semejante a la palabra «voluntad», ratzón). Expresamos así un deseo muy fuerte de sumergirnos completamente en sus profundidades, refugiándonos en sus palabras reparadoras. Cuando nuestra conciencia está completamente alineada con la Torah, ya no somos vulnerables a los daños y más importante aún, ya no estamos en una situación mental que nos posibilite o de cabida a herir a otro, incluso involuntariamente.

Cuando corremos hacia la dimensión interior mesiánica de la Torah, somos absorbidos en ella y la integramos dentro de nuestras almas. Así ingresamos a un estado de conciencia mesiánica, en a que somos uno con Mashiaj mismo. Desde este estado podemos misionar rectificando nuestras almas, y trayendo así la verdadera redención al mundo entero.

¿A Quién Mató Pinjás?

P.A. David Nesher

“El nombre del hombre de Israel que fue muerto con la madianita era Zimri, hijo de Salu, jefe de una casa paterna de Simeón.15 Y el nombre de la mujer madianita
que fue muerta era Cozbi, hija de Zur, el cual era cabeza del pueblo de una casa paterna en Madián.”

(Bamidbar/Números 25: 14-15)

Al comenzar esta sección (parashá) de la Instrucción (Torah) divina, nos encontramos con una escena un poco extraña: el nieto de Aarón, Pinjás (Finees o Fineas en español), es premiado por su acto de celosía al matar al príncipe de la tribu de Shimón, Zimrí junto a la princesa Midianita, Cozbí. La recompensa consiste en que Yahvéh le otorga un pacto de paz y la kehuná (sacerdocio) por perpetuidad. Ahora bien, no podemos comprender los códigos de esta porción en su esencia de Luz, sin previamente recordar el contexto histórico que aprendimos en la parashá anterior (Balak). Recordemos pues los mismos:

Los israelitas alcanzaron las exuberantes llanuras de Moab. En verdad, un hermoso oasis comparado con el húmedo desierto en el que habían estado vagando por cuarenta años. Descansaron un poco y se sentían bien. Los moabitas (descendientes de Lot, el sobrino de Abraham) y los malvados midianitas  (madianitas), sacaron ventaja de esta situación y se dieron cuenta que su guardia estaría baja. Entonces, implementaron el plan del malvado profeta Bilaam (Números 31:16) de inducir a los hebreos al pecado. Bilaam dijo: “Su Dios es un Dios moral. Si puedes lograr que los hebreos sean inmorales, entonces Dios se va a deshacer de ellos”.

La Torah relata el método que implementaron los Moabitas para hacer caer a los judíos:

Primero, los Moabitas enviaron a sus mujeres más bellas, lideradas por una princesa midianita llamada Kosbí, a seducir a los varones hebreos al pecado de la lujuria, y así hacerlos caer en la idolatría, que finalmente los condenaría a destrucción.

Kosbí y sus amigas llegaron a las afueras del campamento hebreo con sus dioses paganos para incentivar y/o motivar a los hebreos a fin de que los adoren y así conseguir que pequen contra el Eterno. La misión de Kosbí lo consiguió.Muchos hebreos se dejaron llevar por la belleza de estas mujeres, y empezaron a pecar contra Dios. Por ello, Yahvéh envió una fuerte plaga para los hebreos del campamento.más no para los pecadores.

Ahora bien, cuando analizamos los nombres de estas dos personas a la luz de su etimología y de la guematría, sus significados son cuanto menos sorprendentes. En el primer lugar Zimri (זמרי) puede leerse como “mi canto”, “mi canción”. Viene del verbo hebreo Zimer (זמר), que significa “cantar”. Pero, también está relacionado con la expresión Zamar (זמר) que quiere decir “cortar”. Si ahora invertimos las letras de esta palabra (zamar) obtenemos Mazar (מזר), que significa “pudrirse”, “corromperse”. Con estas concepciones de las raíces hebreas logramos captar una revelación divina encriptada en el texto.

Ahora los invito a considerar la guematria de ambas palabras (zimri y mazar) que es 247:

ז = 7

מ = 40

ר = 200

————-

247

En cuanto a Kozbí (כזבי) encontramos en ella la  expresión hebrea Kozeb (כזב), que significa “embustero”, “mentiroso”. Su guematría es 39. La misma está relacionada con algo prohibido que profana lo sagrado (por ejemplo los 39 trabajos que están prohibidos en Shabbat).

כ = 20

ז = 7

ב = 2

י = 10

———–

39

Hasta aquí seguramente nuestras mentes se elevan ante estos secretos develados. Pero lo más sorprendente ocurre cuando sumamos la guematría de Kozbí, 39, con la de Zimrí, 247. El resultado que obtenemos es 286.

Entendemos que el pecado de Zimrí y Kozbí habían causado un cortocircuito en las bendiciones que vienen de la mano del Eterno. Buscando la guematría de mano, la misma es 10, valor de la letra Yud, con la que comienza el Nombre Bendito del Eterno. (Recordemos que Pinjás recibió en el Pacto de Paz, una letra yud pequeña en su nombre.)

Entonces, si a la cifra 286 le sumamos el valor de la letra yud que es 10, el resultado obtenido coincide con mismo valor guemátrico que la palabra Acor (עכור), palabra que significa “turbio”, “siniestro”.

כזבי = 39

זמרי = 247

————–

286 + 10 = 296

Acor

ע = 70

כ = 20

ו = 6

ר = 200

————

296

De este modo vemos que con quien en realidad se enfrentó Pinjas. Él en verdad, arremetió contra HaSatán mismo y sus fuerzas destructivas. Pinjás fue contra la corrupción y la mentira, que genera lo siniestro en la mente y el corazón humano, para convertirlo en un portal del lado oscuro (Sitrah AjRá).

Nota:

Los invito a leer también:
Las Cinco Señales de Sanación y Protección de Pinjás

Las Cinco Señales de Sanación y Protección de Pinjás

Por P.A. David Nesher.

Esta porción de la Torah, llamada Pinjás, es muy particular ya que existen en ella lo que se conoce en hebreo como «simanim«, que significa señales. Esto término se refiere a una curiosidad llena de misterios que tiene la Torah, ya que ella fue escrita por Moshé, inspirado por el mismo Yahvéh. Lo cierto es que en ciertos momentos especiales del texto, el mismo se ve escrito por letras que aparecen más chicas o más grande que lo normal, o cortadas en su estructura, etc.

Pues bien, esta sección presenta cinco sinamin tales como una yud pequeña en el nombre mismo de Pinjás; una vav dividida en la palabra «shalom«; un espacio en medio del versículo; una nun sofit especialmente grande, en la palabra «mishpatan«; así como un punto sobre una vav en la palabra «isarón«. Todos estos son acontecimientos únicos y especiales, pues no es nada común que este tipo de señales aparezcan en la Torah. Esto es lo que convierte a esta sección en una fuente de información celestial, llena de códigos que señalan a la Era Mesiánica.

La Historia de Pinjás y sus maravillas encriptadas.

Pinjás es un héroe que en forma absolutamente desinteresada, arriesgando su posición personal, salva al pueblo de Israel de una terrible plaga (hbr. meguefá) propiciada por la perversa acción de Zimri, príncipe de la casa de Shimón, quien sucumbe ante la seducción de la midianita Kozbí bat (hija de) Tzur, sosteniendo relaciones sexuales públicamente, ante todo el pueblo de Israel.

Ante el riesgo de que Israel perdiera los privilegios del sacerdocio (hebr. kehunah), se nos relata que Pinjás, que no era sacerdote, tomó su lanza, que hebreo se dice rómaj, y prensó con ella a los transgresores causándoles la muerte. Sin embargo, este acto permitió que la megefá (plaga) se detuviera. Por ello, Pinjás es reconocido por el Eterno quien no sólo no le descalifica para el sacerdocio, sino que se lo otorga eternamente; a él y a sus descendientes. Resultará interesante aquí mencionar que la expresión rómaj (lanza) tiene un valor guemátrico de 248. Este número coincide con la cantidad de palabras que conforman el Shemah Israel, y con las 248 partes corporales que la cosmovisión hebrea contempla como «eibarim». Por ello, las palabras del Shemah están estrechamente relacionadas con la unificación del alma y el cuerpo.

Por otro lado, el nombre de nuestro padre Abraham, tiene como valor guemátrico 248, razón por la que esta cifra nos remite al aspecto de la misericordia y del dar del Eterno. Por ende, cuando se nos informa en la Torah que Pinjás prensó a los transgresores con su lanza (-romaj-) causándoles la muerte, en realidad se nos habla de como la fuerza del amor y la misericordia lo puede todo, derrotando al mal en su expresión más intensa, por medio del celo de Dios. Es decir, que el acto de Pinjás no fue un asesinato, sino una acción heroíca, llena de celo, que estaba poniendo en orden aquello que se había desconectado del pacto del Eterno con Abraham mismo. Pacto que estaba bien sellado y simbolizado en el brit milah o circuncisión. Entonces, debemos aceptar que Pinjás fue premiado por el Eterno a causa de esta actitud apasionada, propia de la madurez emocional, que es ejercer el celo para que las cosas transicionen del caos al mundo rectificado.

Por lo dicho hasta aquí, nos es necesario dejar a un lado el relato textual e histórico, y considerar las profundidades de la codificación de los secretos que la Torah contiene, entendemos que Pinjás es una forma de conciencia mesiánica a la que podemos ascender por medio de Yeshúa, y que se nos hace especialmente accesible en este Shabat.

¿Cuáles son las características de esta forma de conciencia llamada Pinjás?

Pinjás simboliza el potencial máximo de cada uno de nosotros. Potencial que se manifiesta al asumir nuestra responsabilidad espiritual frente a sí mismos y frente a los demás, adoptando un compromiso existencial para llevar a cabo esa responsabilidad. Esta fuerza es la que a los redimidos nos permite presentarnos en la sociedad, no sólo como gente que se porta bien, y por tanto, tiene una buena moral, sino más bien como gente ubicada en una posición totalmente pro-activa, debido a que encontró su misión de propósito, y está dispuesta a luchar por ella, arriesgando el todo por el todo.

Así como las fuerzas del mal son perseverantes e implacables, la fuerza simbolizada en Pinjás nos anima a continuar enfocados constantemente en nuestra misión inyectándole diariamente pasión, más allá de los retos que se presenten diariamente para desmotivarnos e instarnos a claudicar. A esto se lo conoce como el celo de Dios (en hebreo kinah).

  1. La yud pequeña en el nombre de Pinjás, representa a la humildad. Virtud primordial e indispensable que necesitamos para hacer efectiva la fuerza del celo en nosotros. La humildad nos deja el entendimiento de que, al abandonarnos a la buena y perfecta Voluntad del Creador, nuestro Padre, minimizando nuestra agenda personal y nuestros intereses egoístas, nos convertimos en canales auténticos para traer Luz Infinita y abundancia a nuestras vidas y a los nuestros. Nos asumimos canales del Creador por lo que toda arrogancia sostenida en distintos títulos sociales cae, ya que es sólo desde la humildad que podemos estar en el lugar que el Eterno nos quiere: recibiendo de Él para dar a nuestro entorno.
  2. La vav dividida en la palabra shalom, que significa al mismo tiempo paz, perfección y plenitud, representa a la oportunidad que nos da el Eterno para actuar como co-creadores, restaurando nuestro ser y nuestro mundo. Oportunidad que nos permite intervenir en la creación, a manera de socios. Pero, esta chance sólo se puede aprovechar cuando, ya humildes, nos presentamos al Señor con un espíritu contrito, es decir, un corazón roto que quiere convertirse de duro a blando para así experimentarse realmente como una persona humana totalmente íntegra (entera, completa). Es decir, que la unión con lo espiritual y lo físico se logra mediante un trabajo de alianza entre Yahvéh y su primogénito. Esto nos convierte en verdaderos sacerdotes
  3. El espacio dentro del versículo, después de la palabra «maguefá» (plaga) que significa epidemia. Esto nos habla de nuestra capacidad de blindaje e inoculación que tenemos en contra de las fuerzas de la enfermedad, misma que se manifiesta no sólo como un impedimento o merma en nuestro cuerpo, sino como toda forma de desconexión con el Flujo Divino, desde el enojo, la envidia, el miedo, hasta el odio, la guerra y la destrucción provocada por el ser humano.
  4. La nun sofit en la palabra «mishpatán» (27:5) es la protección ante el juicio severo y la caída (nefilah).  Nos habla de nuestra protección de una de las tendencias destructoras que acosan al ser humano: el afán de juzgar con severidad al prójimo, cuando lo vemos caído. Si esperamos misericordia y oportunidades en nuestra vida, atendiendo a la ley de causa- efecto, debemos asumirnos como seres misericordiosos, tomando en cuenta no sólo los rasgos negativos de los demás, dando oportunidad a la reivindicación de los demás. Esta nun sofit habla de nuestra vacuna contra la nefilah (caída).
  5. El punto sobre la vav, en la palabra «isarón» (28:13) nos remite a infundirnos con la fuerza del compartir. La vav representa el conducto de la Luz de abundancia, en este caso específico. Por tanto, es un llamado divino a provocar abundancia en nuestra vida, y el mundo a través de las acciones de compartir. Esta cualidad de plenitud solamente se dará cuando desarrollemos la capacidad de estar constantemente en flujo, es decir, en recibir del Eterno para dar a nuestro entorno y rectificarlo.

Así, y de acuerdo a las enseñanzas de estas cinco señales (sinanim), la parashá Pinjás encierra el secreto de la sanación y la protección. Es a través de conectarnos a la Torah en los términos anteriormente descritos que nos infundimos con una formidable energía de sanación del cuerpo y del alma, que garantiza la protección que otorga la Ira divina.

Por todas estas maravillas, quiero invitarlos a que aprovechemos este enorme regalo que el Creador nos brinda y asumamos nuestro papel de sanadores. Sanadores para nosotros mismos y sanadores para el mundo.

Meditemos en traer paz a la Tierra de Israel, sanación a las almas hambrientas por la Palabra de Dios, que anhelan la trascender del caos, la muerte, y el sufrimiento, que el sistema reptiliano les ocasiona.

Que el Eterno, nuestro Abba, nos conceda su Gracia en Yeshúa el Mesías, Su Hijo, para sanarnos de todo aquello que nos distancia de Él y que pronto veamos emerger su Gloria Suprema trayendo la Unidad y la Paz entre su pueblo Israel y entre todos los seres humanos. Amén.

En el video que a continuación les comparto, podrán apreciar las cinco sinanim en el texto hebreo de la Torah, y lograran captar más profundamente, lo que aquí les he explicado:

También los invito a ampliar el conocimiento de los códigos encriptados en este texto estudiando: 

¿A Quién Mató Pinjás?

Los 49 Portales de la Torah

Por P.A. David Nesher

 

«Habló el Señor a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia adelante del candelero. Y Aarón lo hizo así; encendió hacia la parte anterior del candelero sus lámparas, como el Señor lo mandó a Moisés. Y esta era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero.»

 (Números 8:1-4).

Aharon y sus hijos los kohanim (sacerdotes), recibieron de parte de Moshé, el secreto de que la Menorah misma revela el obrar de la Luz de la Torah en el alma del ser humano redimido.

Lo primero que ellos captaron fue que la Torah es el plano cósmico elaborado por el diálogo privado del EinSof (Infinito) en Su gloriosa eternidad, antes de la creación, y contemplado por Él para concebir Su obra. Así, ellos recibieron la revelación que el término Torah (Instrucción) está estrechamente relacionado con la expresión Oraitah, traducida muchas veces Torah de Fuego, pero que en realidad significa Enseñanza de la Luz (de aquí es que a Torah también se la traduce como enseñanza).

Aharón y sus hijos descubrieron la relevante trascendencia que tenía el simbolismo de la Menorah por lo que ella se convertía en el instrumento que alumbra el trayecto conducente a la Torah, el plano de todo el Cosmos.

La primera Menorah fue detalladamente descripta por Yahvéh a Moshé, que debía encargarse de su producción en una sola pieza grande de oro, con un mástil principal y seis brazos salidos de cada lado, con un recipiente en cada una de esas siete puntas, que recibirían el aceite que sería encendido, con adornos de flores y almendros:

«Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo. Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero. Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios. Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.»

(Shemot/Éxodo 25:31-40)

Hasta los utensilios para usar el candelabro debían ser de oro puro (el matacandela y la despabiladera). El oro, metal precioso por excelencia, nos habla de lo que es imperecedero, aquello que no se devalúa, que no se corrompe. El oro ha sido empleado desde tiempos inmemoriales como expresión de los más altos valores y prueba de ello es que en la ceremonia de casamiento se emplea un anillo de oro, denominado comúnmente alianza, para denotar la permanencia y trascendencia de las promesas que ese hombre y esa mujer están haciéndose. Así como el oro resiste las agresiones de agentes externos y hasta el mismo paso del tiempo, también el matrimonio quiere aspirar a perdurar a través de todas las pruebas y vicisitudes, siendo ese anillo la expresión de tal clase de amor.

La Menorah estaba formada por siete brazos que culminaban en siete lámparas que debían arder desde la tarde hasta la mañana (Éxodo 27:21), siendo tarea diaria del sacerdote su encendido, su suministro, realizado con aceite puro de olivas machacadas (Éxodo 27:20) y su limpieza (Levítico 24:4).

La llama del mástil central era llamada “auxiliar”, cuyo fuego servía para alimentar a los otros seis.

La Menorah tenía una característica sumamente particular, todas las lámparas estaban reclinadas hacia la del medio y alumbraban en dirección de esta vela central.

Aharón y los sacerdotes que lo sucedieron debían encender la menorah todos los días por la mañana, reemplazando el aceite y limpiando las lámparas.

La Torah: Ciencia Divina para el Alma Humana.

Con el conocimiento de este diseño, los kohanim disfrutaban de la ciencia celestial que revelaba que la Torah es el regalo divino que alumbra al mundo con sus enseñanzas. Esta es la causa por la que la Menorah estaba ubicada en el lugar central de la casa de Yahvéh, en el sitio más selecto. Así este sistema codificado nos lega un mensaje valiosísimo: «Para llegar a los secretos de la Torah, hace falta guiarse por la Luz de la Menorah, sin desviarse a diestra ni a siniestra.»

¿Cómo se logra esto?

Siguiendo las enseñanzas que emanan de la estructura de la Menorah misma.

En el rollo de Shemot, encontramos la descripción estructural de la Menorah (Éxodo 25: 31-38) con los siguientes datos:

  • 7 brazos
  • 11 flores,
  • 9 botones,
  • 22 cálices.

La altura de la Menorah, es un dato que los sabios dedujeron después de años de ardua investigación. Para lograrlo, ellos analizaron exhaustivamente el tema, reuniendo todos los testimonios posibles de quienes sabían las dimensiones de la Menorah realizada por Moshé en el desierto. Así, y luego de arduos debates, llegaron a la conclusión que la altura de la Menorah debía ser de 17 tefajim (puños).

Tomando estos cinco pormenores estructurales (es decir, cantidad de brazos, flores, botones, cálices y altura), podemos hacer una análisis escrupuloso de los códigos que se encuentran escondido en ellos, y señalan a la importancia de la Torah en el alma humana.

Los kohanim descubrieron que los siete brazos de la Menorah, aluden al Séfer Bereshit (Libro de Génesis), coinciden exactamente con la cantidad de palabras que contiene el primer versículo de este libro:

(1)Bereshit (2)Bará (3)Elohim (4)Et (5)Hashamáyim (6)Veet (7)Haáretz./

(«En el principio Creó Dios los cielos y la tierra.»)

Llegaron a la conclusión también que las once flores de la Menorah simbolizaban al Séfer Shemót (Libro de Éxodo) en sus primeras once palabras:

(1) Eleh (2) Shemot (3) Benei (4) Israel (5) Habaim (6) Mitzrayma (7) Et (8) Yaacov (9) Ish (10) Ubeitó (11) Bau./

(«Estos son los nombres de los hijos de Israel que vinieron a Egipto con Yaacov, cada uno con su casa vino.»)

Los nueve botones de la Menorah coinciden exactamente con las primeras nueve palabras del libro de Vayikrá:

(1) Vayikrá (2) El (3) Moshé (4) Vaydaber (5) A. Elav (6) (7) Meohel (8) Moed (9) Lemor.

Llamó a Moshé y Le Habló El Eterno desde el tabernáculo de reunión diciendo.

Asimismo la altura de la Menorah (17 puños) coincide exactamente con las primeras diecisiete palabras del libro de Bamidbar:

(1) Vaydaber (2) A. (3) El (4) Moshé (5) Bamidbar (6) Sinaí (7) Meohel (8) Moed (9) Beejad (10) Lejódesh (11) Bashení (12) Hashaná (13) Hashenit (14) Letzetam (15) Meéretz (16) Mitzráyim (17) Lemor.

(Habló El Eterno a Moshé en el desierto de Sinaí desde el tabernáculo de reunión, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo.)

Por último, los veintidós cálices de la Menorah simbolizan a los primeras veintidós palabras del Séfer Devarim:

(1) Eleh (2) Hadevarim (3) Asher (4) Diver (5) Moshé (6) El (7) Kol (8) Israel (9) Veever (10) Hayardén (11)Bamidbar (12) Baaravá (13) Mol (14) Suf (15) Bein (16) Parán (17) Ubein (18) Tofel (19) Belaván (20) Vajatzerót (21) Vedi (22) Zaháv.

(Estas son las palabras que Moshé habló a todo Israel en el otro lado del Yardén, en el desierto, en la llanura frente a Suf entre Parán y entre Tofel y Laván, Jatzerót y Di Zaháv.)

Al abrir nuestra conciencia a este conocimiento, logramos entonces realizar una relectura de lo que está escrito en Tehilah (Salmo) capítulo 119, vers. 130: «El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.» Es decir, que en las primeras expresiones de cada rollo de la Torah se evidencia que la voluntad del Eterno es conducir al alma humana al pleno desarrollo de su diseño original.

Atendiendo a esta cosmovisión yahvista, vale la pena realizar una lectura al siguiente versículo de los Salmos:

«¡La Suma de Tu Palabra es Verdad!«

(Salmo 119:160)

Ahora, conociendo que en la Menorah hay una codificación llena de certezas que permiten valorar el origen divino de la Torah (Instrucción), también podemos aceptar, sin duda alguna, el origen inspiracional divino que tienen el resto de los escritos de las Sagradas Escrituras (mal llamadas Biblia). Esto se demuestra realizando la siguiente contabilidad:

Contando los adornos de los 3 primeros brazos hasta el brazo central obtenemos:

  9 + 9 + 9 + 12 = 39 (treinta y nueve)

¡Los 39 (treinta y nueve) Libros que conforman el denominado Antiguo Pacto!

Y si contamos los adornos de los 3 últimos brazos que nos que nos quedan obtenemos:

   9 + 9 + 9 = 27

¡ Todos los 27 Libros del Pacto Renovado!

Aún queda un dato más para compartir y así mostrar como la menorah era en verdad un mecanismo de gran entrenamiento profético para los kohanim, y desde estos, para todos los integrantes de Israel. En el libro de Shemot (Éxodo) vemos que cada brazo de la Menorah debía tener 9 cosas (devarim, que se traduce «cosas», es la misma palabra hebrea para “palabras profeticas”) o adornos, es decir, cada brazo tendría 3 cálices con su bulbo y una flor (Éxodo 25:31-40).Pero vemos que el brazo del medio que le llama “Lámpara” (Ex 25:34) tendría 4 cálices con sus bulbos y flores, en total 12 devarim (cosas).

Pues bien, la Lámpara o Menorah era una herramienta que permitía entender el cuándo, cómo, por qué y para qué de las Fiestas del Eterno. Por ello, el brazo central representa la Fiesta de Shavuot (mal llamada Pentecostés) que fue allí donde vino el Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) sobre Israel, sellando sus almas en matrimonio con el Eterno. Más tardes, en medio de esta celebración, los apóstoles y una comunidad de 120 talmidim (discípulos) de Yeshúa, recibieron en ese bendito Espíritu del Señor la impartición de autoridad para predicar las Besorot (Buenas Nuevas, el Evangelio).

En el Yugo de Yeshúa se alude a los discípulos como luz del mundo (Mateo 5:14), cuyas lámparas han de estar siempre encendidas (Lucas 12:35). Y de la misma manera que el ministro del santuario era el encargado de encender las lámparas del candelabro, así es tarea de los ministros del evangelio encender la luz de la Palabra, al exponerla y aplicarla rectamente. Las lámparas alumbraban hacia delante (Números 8:2), a fin de iluminar los otros objetos del Mishkán (Tabernáculo); no era, pues, su propósito que su luz quedara restringida para sí, sino para alumbrar a otros (Mateo 5:15; Juan 8:12).

Entonces, considerando la maravillosa posición del sacerdocio que se nos ha entregado en el Mesías, te animo a que estés iluminando con tu conocimiento de las Sagradas Escrituras a todos aquellos que aún duermen en la ignorancia.

 

¡Para Dios Eres Único! (Parashá Bamidbar)

 

«Hagan el censo de toda la asamblea de Israel …»

(Bamidbar/Números 1: 2)

 

Esta semana hemos comenzado la lectura e investigación de la primera parashá (sección) del libro Bamidbar (Números), que también se conoce como «el Libro de los Números«. Los traductores primigenios le dieron también este nombre debido a que Yahvéh solicita el censar en Israel para darnos la bienvenida al número de integrantes que lo formaban en ese momento. Es usual que los derechos se ajustan a las necesidades de cada uno de los miembros que lo componen. ¿Acaso el Eterno necesita solicitar un conteo para recabar estos datos? ¡Es absurdo pensar que Yahvéh lo requiera! Entonces, ¿cuál es el objetivo de este censo?

Yahvéh, a través de Yeshúa HaMashiaj, es nuestro Padre. Todos sabemos cuánto cariño un padre dispensa a su hijo. Sin embargo, no conocemos a padres que para demostrarlo se dediquen a contar a sus hijos. Más aún, el Libro de Shemot (Éxodo) comienza a mencionar a los hijos de Yaacob Abinu (Shemot/Éxodo 1:1) Comenta Rashi: “aunque la Torá ya los había contado por Sus nombres en vida, vuelve a contarlos PESE una cola ya habían muerto con el propósito de dar a conocer el cariño que el Eterno les tiene, pues habían sido comparados con las estrellas a las que Yahvéh saca y mete por número y por sus nombres, como dice el versículo: Aquel que saca por número a Sus ejércitos, a todos llama con un nombre » [Yeshayá 40:26; Shemot Rabá 1:3].

La Torah revela que cada uno de los integrantes del Pueblo de Israel es como una piedra preciosa ante los ojos del Eterno. Es como alguien que posee un tesoro y no se cansa de contar y contemplar cada una de sus piezas, valorando desde la más pequeña hasta la más grande, ya que todas son valiosas. De igual forma, no hay diferencias ante los ojos de Yahvéh; todos sus hijos valemos por igual, todos somos parte de Su tesoro, no importa el cargo ni la posición social ni el coeficiente intelectual. Ni siquiera nuestro nivel espiritual cuenta a la hora de supervisar cada uno de nuestros movimientos. Amado es el Pueblo de Israel, pues ellos son llamados Hijos de Yahvéh.[Pirké Abot 3:14]

Él confirió a Israel las coronas de la Torah, del Sacerdocio y de la Realeza.[Rambam, Talmud Torá 3:1] Por eso, cuando ordenó contar al pueblo utilizó la palabra seú, que además del significado literal, que es “cuenten”, también significa “eleven”. Fuimos contados para que cada judío se percatara de que es un ser único y especial.  El calificativo no sólo nos enorgullece, sino que nos obliga, nos compromete a vivir en forma honesta y bajo los lineamientos que el Eterno nos dio. Con esta expresión, Yahvéh quiere mostrarnos que cada uno posee características diferentes y que cada quien tiene un valor, un propósito y una misión determinados en el mundo.[R Shimshon Raphael Hirsch; Seforno]

Debes tener presente que nunca hubo una persona exactamente igual a ti, ni la habrá hasta el final de los días. Eres una persona singular, que posee una combinación precisa de talentos. El Eterno te colocó en un hogar en un determinado momento de la historia y en un lugar exacto. Yahvéh te asignó una tarea específica. Gozas de una porción especial en la Torah. El mundo, en su totalidad, te espera. No existe otra persona que pueda cumplir tu misión particular en la vida.

La palabra Adam, que es como nombró el Eterno al primer hombre, no tiene plural en hebreo, enseñándonos así que no existe suplente para lo que cada uno debe hacer.

 

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino.

El rey fue a observar al pino y lo halló caído, porque no podía dar uvas como la vid.

El rey se acercó a la vid y la encontró agonizante, argumentando que no podía florecer como la rosa.

La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

El rey caminaba cavilando sobre la deplorable situación en la que se encontraba su jardín. Entonces encontró una planta, una hermosa orquídea que florecía e irradiaba una belleza como nunca antes había visto. El monarca se alegró y le preguntó:

_ “¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín inconforme y sombrío?”.

_ “No lo sé, su majestad”, respondió la flor. “Quizás sea porque siempre supuse que cuando usted me plantó, quería una orquídea. Si su majestad hubiera querido un roble o una rosa, los habría plantado aquí. Por eso desde el momento en que me sembró, me dije: ‘¡Intentaré ser orquídea de la mejor manera que pueda…!”.

[Historias, cuentos y reflexiones, pág 45; Nelly Kaufman K. de Klein]

Debemos aceptar que cada uno de nosotros es una personalidad importante e insustituible. Por ello, hay que procurar ser auténticos y hacer lo que realmente nos corresponde. Si buscamos imitar a otros, nunca lo conseguiremos, pues no poseemos ni las virtudes ni el permiso del Cielo para ocupar su lugar. Así, debes mostrarte tal como eres. Ten presente que el Eterno te creó con características que sólo tú posees. No existe otro en el mundo como tú.

Esto debe hacerte sentir dichoso y seguro, mas no altivo. ¿Acaso existe alguien que pueda atestiguar sobre sí mismo que se comporta de acuerdo con todos los requerimientos que debe cumplir alguien querido por Yahvéh? La persona que se considera importante no puede vestir cualquier clase de ropa sólo porque todos los demás lo hacen, ni tampoco comer en cualquier lugar público o cometer errores que quizá otra persona sí podría cometer. Por el contrario, debe ser un ejemplo en toda su vida, ya que permanentemente es observado por todos para ver su proceder. *La persona que busca comportarse como Yahvéh desea, debe estudiar el Manual de Instrucciones (la Torá), donde se detalla cuál debe ser la conducta, el criterio y la forma en que cada hebreo logre su cometido, y cuando se presente delante del Rey de los reyes, podrá decir con orgullo: “¡Misión cumplida!”.

“Cada hebreo es hijo único del Eterno.”

 

 

© Autor anónimo (me llegó por Whatsapp)


Te invito a que puedas ahora escuchar este SEMINARIO dado a líderes del Ministerio:


Herramientas Cósmicas para Prolongar la Vida

«Y observaréis sus estatutos y mis juicios, pues cumpliéndolos el hombre vivirá por ellos; Yo soy el Eterno.»

(Levítico/Vayikrá 18:5)

 

Este texto nos muestra que hay vida en la obediencia a los mandamientos. Según el sabio intérprete (exégeta) judío Rashí, esto hace alusión a la vida eterna en el Mundo Venidero (Olam HaBá), ya que en este mundo el ser humano muere en definitiva. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿Hay vida eterna en el cumplimiento de la Torah o hay una larga vida en la tierra? La respuesta es: ambas cosas. En verdad, hay mandamientos que producen una vida larga debajo del sol y hay otros mandamientos que fueron dados para dar vida eterna al hombre. Por ejemplo el mandamiento que nos ordena creer en el profeta como Moshé (cf. Deuteronomio 18:15, 18) es uno de los que dan vida eterna, como está escrito en:

“Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús (Yeshúa), y serás salvo, tú y tu casa.”

(Hechos 16:31)

El apóstol Pablo, escribiendo a los discípulos de Roma enseñaba:

“Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el Mesías es la meta de la Torah para justicia a todo aquel que cree. Porque Moshé escribe que el hombre que practica la justicia que es de la Torah, vivirá por ella. 

Además, la justicia que es de la fe, dice así:

NO DIGAS EN TU CORAZÓN: «¿QUIÉN SUBIRÁ AL CIELO?» (esto es, para hacer bajar al Mesías), o «¿ QUIÉN DESCENDERÁ AL ABISMO?» (esto es, para subir al Mesías de entre los muertos). Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Yeshúa por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”

(Romanos 10:3-10)

Pues bien, considerando todo texto en el contexto correcto de la Instrucción, podemos afirmar que no existe contradicción alguna entre Moshé (Moisés) y Yeshúa (Jesús). Si fuese así, Yeshúa sería un falso mesías. Lo que el escritor a los Romanos enseña en el capítulo 10, es lo mismo que se revela en Levítico (18:5). Hay vida para aquel que practica la Torah, porque ella lleva a la persona humana al Mesías y a la justicia de la fe, la cual está citada en la Torah (cf. Deuteronomio 30:12-14). El problema surge cuando una persona intenta usar aquellos mandamientos que no son dados para vida eterna y cumplirlos en su propia fuerza para así obtener la salvación de su alma por los propios méritos.

Otra enseñanza falsa, que existe dentro de la parte apóstata del judaísmo (como los kabalistas), es que uno tendrá el derecho de entrar en el mundo venidero si las obras buenas pesan más que las obras malas. Esos caminos son engañosos y sumamente combatidos en Los Escritos Mesiánicos por los apóstoles del Mesías. Por ejemplo, permítanme compartirles lo que dice la traducción hecha por Dr. David H. Stern de Gálatas 3:12:

“Sin embargo, el legalismo no está basado en la confianza y la fidelidad, sino en una mala interpretación del texto que dice, EL QUE LAS HACE, VIVIRÁ POR ELLAS.”

Retomando el hilo conductor de nuestro versículo, diré que en el mismo se revela que la obediencia a los estándares de Yahvéh sobre la conducta sexual es esencial para la vida, y mucho más ahora es verdad en nuestros días donde prolifera el SIDA y otras enfermedades sexualmente transmitidas.

Lo que más llama la atención es que en nuestro versículo se habla de» אדם «, «Adám«, traducido como persona humana. Esta idea incluye a cualquier hombre, sea varón, sea mujer, de cualquier confesión. Es decir que la Torah en este caso no está hablando ni a los Kohaním (sacerdotes), ni a los levíim (levitas), ni a Israel, exclusivamente, sino a toda persona humana que quisiera aceptar los enunciados de la Torah. Esta idea tocó su punto culminante cuando los sabios del Midrásh dijeron: «Afilu goi vehosók baToráh Haré Hu que-Kohén Gadól» o sea que «cuando un gentil se dedica a la Toráh, es comparable en mérito al Sumo Sacerdote de Israel«.

Así el Eterno recalca que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida según la predisposición que tenga la persona al cumplir con los mismos. Yahvéh nos enseña que existen distintas motivaciones (entre los distintos grupos de personas) para la observancia de los preceptos de la Torah; pues hay algunos que observan pensando en la recompensa material de los mismos, mientras que otros observan la Torah desinteresadamente, buscando simplemente elevación espiritual.

Por eso, cuando los versículos de la Toráh hablan de la recompensa por el cumplimiento de las mitzvot, dicen: … «para que se prolonguen tus días» … «para que vivas y tengas largos días» … ya que este lenguaje de los versículos implica distintas categorías de «vida«, todas de acuerdo con lo que correspondiere a cada cual de los grupos de personas enunciadas.

Cuando leemos «…el hombre vivirá por ellos«, debemos entender que estas palabras han servido de base inequívoca para la idea enunciada de que los mitzvot (mandamientos) son fuente de vida, y no de muerte:  «Vajai bahém, Velo Sheiamut bahém«, es decir para que viva con ellos (los preceptos) y no para que muera por ellos. Por lo tanto, todos los mitzvot pueden ser transgredidos cuando la vida humana está en peligro. Sin embargo, esta ley general está limitada por tres excepciones, a saber:

  1. ejercer la idolatría,
  2. incurrir en derramamiento de sangre, y
  3. incurrir en relaciones incestuosas.

¡Por favor, eniténdalo bien! Un mitzvá (madamiento) es una conexión entre el mundo del ser humano y una Fuerza Superior, Su Fuente, Yahvéh, el Creador. A través de un mitzvá, usted toma parte de su pequeño mundo terrenal y lo hace más elevado.

¿La meta? Obtener de la vida todo lo que la vida debe darle. Y convertir al mundo en lo que el mundo debe ser. Porque la vida debe ser hermosa y el mundo debe ser divino.

 

El Sexualidad Mesiánica frente al Sexo Reptiliano

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«No haréis según la práctica de la tierra de Egipto donde morasteis; ni obraréis conforme al uso de la tierra de Canaán, adonde Yo os llevo, ni actuaréis según sus costumbres. Cumpliréis con mis juicios y mis estatutos guardaréis, siguiéndolos; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.» 

(Levítico 18:3-4)

En el capítulo anterior hemos estudiado cómo la Torah legisla leyes y promulga mandatos cuya finalidad última era desarraigar las normas y costumbres paganas, en las cuales la humanidad en general, e Israel en particular, estaban inmersos. Pero en este capítulo 18 de Vayikrá (Levítico), la Torah enfrentará a los hebreos con leyes claras y pertinentes todo lo referente a la sexualidad del hombre y de la mujer. Leyes para salvaguardar la moral social e individual, presentadas en un estilo parenético, con la fórmula estereotipada y enfática «Yo Yahvéh» («Yo Soy el Eterno«). Con esta afirmación, el Eterno establecerá una clara separación entre Israel y el resto de las naciones, al declarar este principio: “Me pertenecen, no harán como el mundo hace.”

Este texto muestra que los hijos de Israel han sido llamados a ser diferentes a los demás pueblos del mundo, especialmente cuando los pueblos son tan inmorales como los egipcios y los cananeos.  Los persas, por ejemplo, animaban a los varones a realizar uniones maritales con madres, hijas y hermanas, en base de que dichas relaciones tenían un mérito especial delante de los ojos de los dioses.

Israel está sujeta a una vocación que proviene del Mundo de Arriba. Cada miembro de Israel debía ver en estos paradigmas jurídicos las bases de una cultura verdaderamente humana, que los comprometía a ver en estas leyes una obligación moral estrechamente relacionada con la Alianza de Yahvéh que hacía de ellos un pueblo santo diferente de los demás.

Los hebreos hemos sido llamados a comer de una manera integral y diferente, vestir con estilos diferentes, hablar claramente diferenciados, etc. ¿Podemos entonces mirar las prácticas de los demás pueblos y hacer lo contrario? ¿Es eso lo que Yahvéh quiere enseñarnos con esta palabra? Hasta cierto punto esto está bien, pero si vamos a dejar que las prácticas de los paganos determinen nuestra conducta, es posible que dejemos de hacer algo que Yahvéh aprueba e incluso manda. ¡No vamos a dejar de hacer algo bueno sólo porque los demás lo hacen!

Por lo tanto, sigue el versículo 4 diciendo: “…habréis de cumplir MIS estatutos y guardar MIS leyes para andar en ellos.” Dejando así bien claro que no son los paganos los que determinan nuestra conducta, sino la Torah de Yahvéh. En el camino de restauración hay muchos ex cristianos que rechazan todas las cosas que hacen los cristianos. Pero sólo por el hecho de que se hagan ciertas cosas en el mundo cristiano no es una razón suficientemente fuerte para rechazarlo. Por ejemplo, no podemos dejar de leer las Escrituras porque los satanistas las estén leyendo. Esa actitud no es sana y al final llevará a la persona a desviarse del camino recto.

Cuando Dios creó el mundo, bendijo al varón y a la mujer con la capacidad de procrearse y perpetuar su simiente en esta, nuestra Tierra (Génesis 1:28). Sin embargo, cuando la primera humanidad escuchó la enseñanza de la serpiente, le entregó a esta la potestad de manipular la sexualidad como un instrumento de degradación, que conduzca a la humanidad al caos.

Por ello, más adelante la Torah reflejará la ira divina desatada por la actitud perversa asumida por los, «Bené Elohím» («בני אלהים») , aquellos ángeles que violaron su naturaleza, y se unieron por medio de pactos chamánicos con las hijas de Caín, violando así las más mínimas normas de moral sexual, como leemos en los versículos siguientes:

«Vieron los Bené Elohim a las hijas del hombre que eran bellas y tomaron mujeres para ellos, de todas las que preferían. Dijo Yahvéh: ¡No contenderá eternamente Mi Espíritu por causa del hombre porque es carne! Serán sus días, ciento veinte años». (Génesis 6: 2-3)

El sabio exégeta judío Rambán ha entendido que en los códigos del versículo 2 estamos frente a un caso de perversión sexual donde: «…los hombres, emulando la conducta de ángeles caídos, tomaban a las mujeres en contra de la voluntad de las mismas, amén de posesionarse de mujeres desposadas«. Así, esta perversión sexual irá en aumento hasta que el Eterno traiga el Diluvio sobre la humanidad.

Por eso, en el capítulo 18 de Levítico, la Instrucción (Torah) divina prevendrá a los hebreos, explicándoles por qué los liberó de los riesgos y peligros que involucraba permanecer en la tierra de Egipto. Este imperio, a pesar de ser una nación que había llegado a la cumbre de la civilización, logrando picos en la ciencia y en las artes, habían permitido en su seno el desarrollo de perversiones y aberraciones, en lo que a la sexualidad se refiere, que lo había conducido a alcanzar lo 40 grados de degradación moral a los que puede llegar la humanidad (ya en el grado 50 no hay manera de regresar al diseño original). A tal punto era esta degradación moral que la Torah,  llama Hukót HaTohebot (normas aberrantes) a todos los paradigmas que regían las costumbre egipcias en el área de los sexual.

Lo mismo ocurría en la tierra de Quenahan (Canaán), que el pueblo de Israel se aprestaba a conquistar. El Eterno les revela con estas leyes que ellos corren el peligro de conquistar la tierra, pero a la vez, «ser conquistado» por las costumbres y normas aberrantes de los pueblos que la habitaban. Cosa que en realidad ocurrió (Véase el libro de Jueces 2:11 y subsiguientes).

Entendamos que la misma religión que estos pueblos practicaban, rindiendo culto a dioses de la fecundidad, pretendía santificar los actos sexuales desordenados, fomentando así la inmoralidad entre sus adeptos y seguidores.

Así nuestro capítulo Levítico 18 enunciará todas las uniones prohibidas entre hombre y mujer, ya sea por consanguinidad, o por la perversión que pueden generar las mismas. Por lo tanto, la existencia misma del pueblo de Israel dependerá de la capacidad que demuestre para cortar en forma clara y nítida con un pasado atentatorio contra la idea del ser humano creado por Dios para desarrollarse en nombre de Él, y lograr su bienestar rechazando perversiones y aberraciones. Para ello será necesario constituir una familia sana, que es el núcleo básico de toda sociedad.
En cuanto al futuro del pueblo, dependerá de su capacidad, de desarrollarse de acuerdo con las normas de la Torah.

Los israelitas debían mantenerse puros y apartados para Yahvéh. Él no quería que su pueblo fuera absorbido por la cultura y/o el ambiente que los rodeaba: «… ni actuaréis según sus costumbres«, les ordenó. El término «costumbres«, por supuesto, hace alusión a las perversiones sexuales vigentes en esos pueblos, y que la Torah enuncia en nuestro capítulo.

A nosotros, de igual manera, la sociedad occidental post-moderna puede presionarnos a que nos conformemos a su manera de vivir y de pensar. Sin embargo, si cediéramos ante la presión nos confundiríamos, y no sabríamos a cuál grupo pertenecemos. Además perderíamos nuestra efectividad para servir a Dios, que es al fin y al cabo nuestra vocación esencial.

Tristemente, aquellos que se llaman hoy en día cristianos a menudo toman el estándar de su conducta sexual de parte de los estándares que marca el sistema de cosas imperante, rechazando la Instrucción del Señor. Claramente ellos saben que debieran de ser diferente del mundo en su moralidad sexual, y deberían de seguir el estándar bíblico para la conducta sexual trazada por el Creador. Es paradójico, en las congregaciones primigenias, a cuyos miembros se los señalaba burlonamente como cristianos, un argumento que ellos daba para mostrar la veracidad del Evangelio del Reino era: “Pueden saber que esto es Verdad absoluta al ver a nuestras vidas, especialmente en la conducta sexual.” Hoy, ese mundillo que dice vivir como aquellos, autodenominándose  cristianos dice: “No me mires a mí, mira a Jesús.”

Por eso, es mejor que tú, que has salido de la Gran Babilonia (el cristianismo) obedezcas al Eterno y no permitas que la cultura de este sistema reptiliano afecte tus pensamientos, habla y acciones.


Bitácoras relaciones y recomendadas:

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

https://davidnesher.com.ar/herramientas-cosmicas-para-prolongar-la-vida/

La Curación del «Mal Hablado» (Leproso)

Por P.A. David Nesher

 

”Esta será la ley tocante al leproso, en el día de su purificación, cuando será llevado al sacerdote;”

(«Zot tihyeh torat hametsora beyom tahorato vehuva el-hakohen«.)

(Levítico/Vayikrá 14:2)    

 

En la parashá anterior (Tazría), la Torah nos había relatado minuciosamente las distintas afecciones y erupciones cutáneas, y el consiguiente aislamiento de la persona afectada.

Insistiré aquí en un importante detalle, el kohén (sacerdote) en modo alguno era médico, ni usaba prácticas médicas en su diario ministrar. Él sólo se limitaba a declarar impuro al afectado y hacerlo recluir, o declararlo puro y devolverlo a su sociedad y a su familia.

Ahora, la parashá que iniciamos hoy (Metzorá), se enfoca en mostrar por qué el pecado de Lashón HaRá (lengua perversa) era la causal única y principal de adquirir “lepra” (Tzaarat).

En primer lugar, les mencionará que algunos exégetas (intérpretes), basándose en el sentido literal de las palabras » en el día de su purificación» (léase: cuando el afectado ha sanado), insiste en que nadie cura al enfermo (en este caso el leproso) sino su propia decisión de curarse. Esto se lograba ya que, en su período de reclusión, el enfermo debía pensar, meditar y decidir un cambio de rumbo en sus actitudes esenciales hacia la vida, y por consiguiente, modificaba su comportamiento. Si eso ocurría, el metzorá (“leproso”) sanaba.

Por eso la Torah habla del «hish hamítaher«, que se debería traducir “el hombre que se está autopurificando”, y que está decidiendo ser otra vez el ser humano que tiene lugar en la sociedad.

Cuando leemos nuestro capítulo en lectura simple, tenemos la sensación de encontramos frente a un texto casi intrascendente, que está usando un lenguaje que nos parece poco elocuente para nuestra generación. Es por eso por lo que se debe entender la Torah, no solamente en su sentido literal, sino también en sus parábolas y alegorías. Este capítulo necesariamente debe ser entendido captando el lenguaje simbólico usado por el mismo. Es decir, que habrá de usar el sistema exegético llamado » Parshanút HaRémez», es decir, la interpretación alegórica. De este modo, veremos que los elementos intervinientes en la purificación del leproso que permitían su reincorporación a la sociedad están llenos de códigos celestiales que permiten conocer el obra de la Gracia divina a favor del ser humano. Dichos elementos o herramientas cósmicas son los siguientes:

  • ✔ madera de cedro,
  • ✔ hisopo,
  • ✔ dos pájaros puros, vivos,
  • ✔ púrpura escarlata y
  • ✔ aguas surgentes.

Esta ceremonia de purificación se realizaba de la siguiente manera: un ave era sacrificada en un recipiente de barro sobre agua que fluye. Su sangre era aplicada sobre el ave viva, a algo de madera de cedro, a algo de tela escarlata, y a algo de hisopo. Luego, usando estas cosas, la sangre era rociada en aquel que había sido limpiado de la lepra. Finalmente, el ave viva se dejaba en libertad.

Ahora veamos las analogías de estos instrumentos cósmicos, a fin de entender la codificación de Luz Infinita escondida en esta terapia celestial:

El cedro, cuando es usado simbólicamente representa la fuerza metal y corporal del hombre, y por lo tanto, la soberbia que desde ellos se desarrolla. Es innecesario citar los múltiples textos que hablan de los cedros del Líbano en este sentido.

Mientras que el «ezob» («אזב «) que aquí se traduce como «hisopo«, pero que quiere decir también «musgo que crece entre las piedras y en las paredes», representa, en el mundo de los símbolos, el punto más bajo en la escala social; o sea, a la persona carente de fuerza material, y por supuesto no afectada por el orgullo ni la soberbia. Es la humildad que puede alcanzar el alma contrita.

Por lo tanto, el «metzorah» (“leproso”) que había sido afectado en la misma piel de su cuerpo por incurrir en calumnia, soberbia, maledicencia…, para curarse debía quebrar su rigidez en pedazos, y pensar en «la modestia del hisopo o del musgo que crece en las paredes«. Entonces, el metzorah se obligaba a pensar que él, en esta vida, es sólo un trocito de madera de cedro, y no el cedro mismo. Influenciado por estas ideas, el rey David, cuando invoca a Yahvéh por su purificación, dice: «Rocíame con hisopo y quedaré purificado» (Salmos 51:9).

La púrpura escarlata simboliza, por su color, la perfidia (o deslealtad) y la mala conducta, mientras que las aguas surgentes (aguas vivas) representan la vida continua, natural y las nuevas ideas vivificantes que deben surgir de nuestra mente para curar «nuestra piel» de nuestras afecciones «cutáneas». Pero para que ello ocurra, es decir, para que encontremos esas fuentes benefactoras de aguas surgentes, habrá que «soltar el pájaro vivo para que vuele en el campo abierto». En pocas palabras tenemos que deshacemos definitivamente de nuestros hábitos corruptos, producto de nuestra mente y «nuestra lengua».

Por eso, los dos pájaros representan, la palabra irresponsable e irrestricta. Esto es porque los pájaros trinan constantemente, y este hombre fue afectado por la lepra por hablar constante e indiscriminadamente de su sociedad. Por eso, según este autor, los dos pájaros representan los lados positivos y negativos de la palabra. Por eso uno de los dos pájaros tendrá que ser inmolado, queriendo significar que habrá que desarraigar de nosotros la palabra calumniadora y destructiva.

Esta terapia penitencial demandaba grandes esfuerzos. Es que al mismo tiempo que causaba dolor por el hecho de admitir que se había dañado con la lengua, también se debía aceptar que se había incurrido en «derramamiento de sangre» (hebreo: Shefijút Damím), que en el lenguaje hebreo quiere decir también denigrar a nuestro prójimo en público y causar vergüenza u oprobio por medio del Lashón HaRá (Mal Hablar).

Esta última idea estaba representada por la sangre de uno de los pájaros que el kohen había inmolado y con el cual rociaba al pájaro vivo.

Todo lo ocurrido en este rito de purificación ritual es una tipología de la muerte de Yeshúa y su aplicación espiritual sobre nuestras vidas. Un ser “celestial” (así como un ave es “de los cielos”) muere en un recipiente de barro, mientras que permanece limpio (debido al agua que fluye). La muerte del ave está asociada con sangre y agua: la sangre está conectada con la vida (aplicada al ave viva), y luego aplicada a aquel que fue hecho limpio.

Por otro lado, el cedro es extremadamente resistente a la enfermedad y a pudrirse, y estas cualidades pueden ser la razón por la que se incluye aquí – así como una referencia simbólica a la madera de la cruz. Distintos historiadores aseguran que la cruz donde fue crucificado Yeshúa estaba hecha de cedro de acuerdo con la usanza romana.
La conexión con el hisopo es también importante. A Jesús se le ofreció beber de una rama de hisopo en la cruz (Mateo 27:48).

Después de la ceremonia de sacrificio con las aves, el leproso purificado debía de lavar sus prendas y tenía que rasurarse todo el pelo, a fin de quedar como un bebé recién nacido. Así estaba listo para comenzar de nuevo, como si fueran un bebé recién nacido. Así, por medio de este ritual, los hebreos aprendieron el concepto de ser “nacido de nuevo” para poder participar del Reino de Dios.

¡Bendito es el Nombre de Abba nuestro por las maravillas reveladas en Su Instrucción! Elevo mis plegarias para que cada uno de ustedes esté disfrutando de estas ascensiones en la emunah (fe) que hemos recibido al nacer de nuevo en Yeshúa, nuestro Dueño.

Shavuá Tov!

 

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