«¿Cómo decís: «Somos sabios, y la ley del SEÑOR está con nosotros?, cuando he aquí, la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas.»
(Jeremías 8: 8)
La curiosidad con la que comenzaré esta bitácora es destacar que la Biblia es, a nuestra fecha, el libro más traducido de la historia, pues puede leerse entera o en parte en más de dos mil quinientos idiomas. Y en algunos de estos no hay una sola traducción, sino muchas.
El tema crítico es que, puesto que la Biblia fue escrita originalmente en hebreo, arameo y griego, la mayoría de las personas que desean leerla dependen de una traducción. Si en su idioma usted tiene la posibilidad de elegir, sin lugar a dudas querrá emplear la mejor traducción existente. Pero, a la hora de responder la pregunta que muchos nuevos creyentes me hacen acerca de cuál es la versión bíblica más fiel a los originales, debo contestar lo mismo de siempre: «la mejor versión es el texto hebreo y griego«.
Es más, debo también decir que las versiones más modernas son más fieles que las antiguas, en tanto que tienen más manuscritos disponibles para hacer las comparaciones. Hasta el siglo XIX, los traductores tenías muy pocos trabajos en sus manos para cotejar y traducir fielmente. A fines de aquel siglo surgió la denominada «critica textual» que consiste en ofrecer las las reglas con las que trabajan traductores e intérpretes, con las diferentes variantes del texto bíblico en los manuscritos hebreos, y particularmente griegos. Reglas que permiten identificar errores de los copistas, inserciones tardías, e incluso alteraciones intencionales sobre todo por parte de algunos papas. Un ejemplo de ello, lo hallamos en la versión del Nuevo Testamento Griego de Sociedades Bíblicas que incluye un aparato critico que explica las diferentes variantes del texto tal cual aparece en cada códice o papiro.
Sintetizando la historia, sabemos que en el año 382 d. E.C., en el Concilio de Roma, se estableció el canon del Nuevo Testamento. Es decir que cuatro siglos después de la muerte de Jesús, el Cristo, la recién instituida Iglesia Católica proclamaba tener una colección de escritos que representaban el mensaje, vida y obra del fundador de lo que ellos denominaron el movimiento cristiano o cristianismo.
Convengamos que a esta altura de la marcha, el texto original de varios de los escritos cristianos había sido alterado por los escribas. La autoría de la mayoría de estos textos no era fácil de determinar y los manuscritos incluidos en el canon no eran necesariamente los más populares o los más utilizados por las diferentes comunidades de discípulos. Esto se debía, a que hasta ese momento, el centro de toda pedagogía apostólica era la interpretación de la Instrucción (Torah) desde la cosmovisión del Mesías (su Yugo como se lo denominaba).
Además, para ese entonces, se habían perdido los textos originales de muchos evangelios. Las traducciones hechas del griego al latín en el siglo IV habían modificado los textos, ya que las autoridades eclesiásticas romanas no querían matices hebreos en los mismos Por ello, y la recopilación encargada por el Papa Dámaso I a San Jerónimo en el 382 d.C. para tratar de corregir estos problemas no había sido realizada con la rigurosidad necesaria para remediar el caos reinante.
Todo esto sin tomar en cuenta que la comunidad cristiana, aquella con base en Roma, que se convirtió en la Iglesia Católica, no representaba un consenso entre las diferentes comunidades cristianas de la época. La mayoría de las mismas tenían una interpretación particular del mensaje de Jesús y el Reinado de Yahvéh. Sin embargo, la posición greco-mitraica de Roma se impuso gracias a sus influencias políticas y capacidad organizativa. Gracias a esta imposición, la cosmovisión babilónica de Roma logró convertirse en la religión oficial del imperio. La comunidad de cristianos de Roma estableció, mediante decreto imperial, que ellos eran los únicos que tenían la opinión correcta sobre el mensaje de Jesús. Todos los demás eran herejes.
En un párrafo anterior, mencioné que en un intento por detener la alteración que sufrían los textos de los libros del canon al ser traducidos improvisadamente del griego al latín, el Papa Dámaso I (304 – 384 d.C.) le encargó al intelectual Jerónimo de Estridón en el 382 d. E.C., que recopilara los manuscritos griegos y hebreos más antiguos para producir un texto único en latín capaz de erigirse como el texto oficial aceptado por la Iglesia Católica. Este monje usó la Septuaginta como base del Antiguo Testamento, y traduciendo los libros neotestamentarios canonizados por las comunidades sujetas a Roma, obtuvo su fruto literario conocido como La Vulgata. Pese a los errores, la Vulgata Latina fue la Biblia del mundo occidental por más de 1000 años, hasta que llegó la imprenta.
Alrededor de 1.439, Johannes Guttenberg (1398-1468) empezó a desarrollar técnicas de impresión mecánica y cambió para siempre la forma en la que se reproducían los libros. El difícil trabajo que habían realizado los escribas copiando manuscritos letra por letra fue reemplazado por un sistema mecánico, que al margen de la producción masiva, permitía tener un control casi absoluto sobre la fidelidad de las copias.
La primera impresión masiva realizada por Johannes Guttenberg fue la reproducción de una edición de lujo de La Vulgata Latina que tomó seis años en completarse, desde el 1.450 a 1.456.
Al inicio del siglo XVI, un cardenal español llamado Francisco Jiménez de Cisneros (1437-1517) decidió producir una versión del Nuevo Testamento en griego. Al mando de un equipo de eruditos, Jiménez de Cisneros produjo una edición políglota de la Biblia. El Antiguo Testamento se presentó, recurriendo a los textos originales, en tres columnas: hebreo, latín y griego. El Nuevo Testamento se editó en griego porque la mayoría de manuscritos antiguos y/o originales de los textos estaban en griego.
Esta Biblia fue producida en Alcalá, España. El nombre latino antiguo de la ciudad era “Complutum”; por eso esta obra es conocida como la Biblia Políglota Complutense. Constaba de seis volúmenes y se terminó de imprimir alrededor del 1514. Su publicación fue retrasada hasta 1520 ya que siendo una producción oficial de la Iglesia Católica necesitaba la aprobación del Papa Leo X (1475 – 1521).
Después de este trabajo de traducción, e influenciado por él en gran parte aparecerá en Europa el denominado Textus Receptus.
El Textus Receptus es un término en latín que significa Texto Recibido. Dicha expresión latina hace alusión al texto griego del Nuevo Testamento editado por Erasmo de Rotterdam (Desiderius Erasmus) en el siglo XVI. Este texto representa a un conjunto de manuscritos en lengua griega del Nuevo Testamento, de los cuales los más antiguos datan aproximadamente del siglo X, y son la base de muchas traducciones clásicas de la Biblia tanto al español como a otros idiomas (versiones anteriores a 1881). Existen más de cinco mil (5.000 manuscritos) griegos del Nuevo Testamento, y casi todos ellos apoyan la lectura del Textus Receptus. Algunos de estos manuscritos disponibles en el tiempo de la Reforma fueron la base textual que utilizaron algunos eruditos para desarrollar sus diferentes ediciones griegas.
El Textus Receptus tiene su inicio en la crítica textual conservadora de parte de Erasmo, quien escogió la lectura final para su edición de 1516 entre algunos manuscritos generalmente representativos del texto Bizantino (Texto Bizantino se refiere a la mayoría de los manuscritos en los cuales se basó el Textus Receptus).
Erasmo de Rotterdam había publicado en 1522 una compilación crítica del Nuevo Testamento Griego y Latino, que sirvió como base preferencial de traducción desde el S. XVI al S. XIX. Él usó seis manuscritos. Éstos estaban muy dañados y todos databan su procedencia entre los siglos XII y XV, o sea, apenas eran antiguos.
En cuanto al inicio de la frase “Textus Receptus”, en la edición del Nuevo Testamento griego de los hermanos Elzevir del año 1633, el prefacio incluyó la siguiente oración en latín: «Textum ergo habes nunc ab omnibus receptum» (por tanto tenéis ahora el texto recibido por todos).
En la siguiente recta histórica representamos solo algunos de los nombres más conocidos de aquellos eruditos que elaboraron ediciones del Texto Recibido Griego:
Observamos que desde la Políglota Complutense de 1514 hasta la quinta edición de Teodoro de Beza de 1598, comprenden aquellas ediciones del Texto Recibido Griego que eran contemporáneas a la traducción que hizo Casiodoro de Reina en 1569 y la posterior revisión de Cipriano de Valera del año 1602. Vemos, por lo tanto, en la recta histórica, dos ediciones posteriores a 1602 que son las de los hermanos Elzevir (1624 – 1633) y la última la de F. H. A. Scrivener en las décadas de 1870 y 1880. Podemos concluir, por lo tanto, que estas dos ediciones (dadas las fechas en que se generaron), no pudieron ser fuentes consultadas por Reina y Valera.
A partir del siglo XIX, los eruditos especializados en el campo de la crítica textual, comenzaron a descubrir otros manuscritos, muchos más antiguos que los que se habían utilizado hasta el momento. Incluso copias de la Biblia del siglo IV, por ejemplo. A partir de entonces, desde luego, se han descubierto copia tras copia, muchas más antiguas que nunca. Dice Daniel Wallace, uno de los líderes en el campo:
“Tenemos ahora hasta dieciocho manuscritos del Nuevo Testamento (todos fragmentarios) del siglo II, y uno incluso del primer siglo . El 40% del Nuevo Testamento se encuentra en estos dieciocho textos.”
Por todo esto, es evidente que el Textus Receptus está hoy desacreditado y ninguna traducción seria moderna de las Escrituras lo usa, porque está fatalmente desactualizado y ha sido superado, según los hallazgos e investigaciones de las ciencias bíblicas y la crítica textual, por el el Textus Criticus, que es fruto del estudio de más de cinco mil quinientos (5.500) manuscritos del A.T. y otros tantos del N.T. que se han encontrado en los últimos siglos.
Como dije anteriormente el Textus Receptus está basado en una docena de manuscritos tardíos de los siglos XII a XIV D.C., muchos de los cuales hoy carecen de autoridad por las muchas interpolaciones, añadiduras y vacíos que presentan.
Hoy tenemos manuscritos de la Biblia completa de los siglos IV y V D.C. y en Qumrán se hallaron manuscritos de todos los libros del A.T. Muchos de estos manuscritos son del siglo II y III a. E.C. es decir, diez a doce siglos anteriores a los que constituyen el Textus Receptus. Los versículos o palabras que dicen faltan en el Textus Criticus y en las versiones modernas de la Biblia como la NVI debieron salir del texto bíblico porque no aparecen en los miles de manuscritos anteriores a los siglos VII al XII; y si solo están en los manuscritos tardíos posteriores al siglo X y no aparecen en manuscritos anteriores, es porque nunca estuvieron en el texto original y fueron añadidos posteriormente.
El problema es que las versiones tradicionales se basaron en el Textus Receptus que, como ya dijimos, hoy está superado. El texto depurado de las Escrituras más cercano a los originales es el Textus Criticus, que es el usado por las buenas versiones actuales de las Escrituras.
Entonces, y para concluir, volveré al planteo que dio inicio a esta bitácora: ¿cuál es LA versión perfecta? Sin duda, y ante estos hechos históricos es una pregunta mal formulada. Sin embargo, puedo arriesgarme a responder que las versiones más confiables, son aquellas que están basadas en el texto griego crítico y expresan bien lo que el original dice en español. Este tipo de versiones nos permite escuchar el Evangelio del Reino con un filtro especial. Así y por medio de ellas el Espíritu Santo se comunica con nuestro espíritu provocando fe al escuchar la Palabra de Dios (Romans 10: 17).
«Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, continuamente. Ofrecerás uno de los corderos por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. Además, con cada cordero una décima parte de un efa de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas; y para la libación, la cuarta parte de un hin de vino. Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su libación, en olor grato; ofrenda encendida a Yahvéh.»
(Éxodo 29: 38-41)
Después de la ceremonia de su consagración de Aharón y sus hijos como sacerdotes, el Eterno continúa su pedagogía a través de la práctica de los sacrificios diarios, uno por la mañana y el otro a la caída de la tarde. Tenía por finalidad asegurar la presencia continua de Yahvéh en medio de Israel (v. 42)
Cada día debía ser ofrecido a Yahvéh, empezando y terminando con sacrificios de gratitud y consagración. Como el nombre lo indica (korbán) se quemaba toda la víctima en honor de Yahvéh. Era el sacrificio más perfecto, porque suponía la entrega total y desinteresada de la víctima al Señor.
El mandamiento acerca del sacrificio continuo u holocausto perpetuo era llamado en hebreo korban tamíd y era una ofrenda derramada ante Yahvéh como una demostración de una completa abnegación de cada israelita al Eterno. Por eso, cada mañana a las nueve y cada tarde a las tres los hebreos tenían que sacrificar un cordero en el tabernáculo terrenal. El cordero de la mañana expiaba por los pecados cometidos durante la noche y el cordero de la tarde expiaba por los pecados cometidos durante el día. De esa manera hubo una expiación constante para los hijos de Israel.
El holocausto continuo comenzaba cada mañana con el primer cordero ofrecido en holocausto (olá, עולה). Los sacerdotes sacrificaban un cordero y lo ponían en el fuego del altar como el primer sacrificio del día. El cordero se quemaba en el fuego durante todo un día, por eso se lo llamaba el holocausto continuo. Los sacerdotes colocaban cada sacrificio posterior sobre la parte superior de la pira en la que el cordero estaba ardiendo.
Cuando el servicio concluía y los sacerdotes habían completado todos los sacrificios para ese día, traían el segundo cordero. Se sacrificaron como una olá y la colocaban en la parte superior de los restos de las ofertas del día, intercalando los servicios de todo el día entre los dos corderos de un holocausto continuo. Dejaban el segundo cordero en el altar para quemar toda la noche. A la mañana siguiente, los sacerdotes eliminaban las cenizas y era sacrificado otro cordero, se ponía sobre el altar, y comenzaba el proceso de nuevo. De esta manera, un cordero se mantenía ardiendo continuamente en el altar delante de Yahvéh.
El holocausto continuo establecía un patrón de referencia como la función más básica y regular del tabernáculo (y posteriormente el Templo). De este modo, los servicios de oración, el canto de los salmos, el encendido de la menorá, y la quema de incienso ocurrían en conjunción con la ofrenda continua. Los dos corderos de un holocausto continuo, que ofrece a las horas establecidas de sacrificio, creaban la estructura temporal para el resto de los servicios del Santuario. Gracias a este rito los israelitas pudieron conocer los tiempos propicios de oración enmarcados en las horas en que el holocausto continuo solía hacerse.
Esta ofrenda no debía cesar jamás. (Números 28: 3, 6, 10, Esdras 3:5). Era un tributo que dos veces al día debía ofrecer Israel en el altar a su Dios. No se omitía ni en los días más solemnes, en que se ofrecían al Señor otros sacrificios (cf. Núm. 28: 3-8). Se sabía que la salud integral de cada miembro de Israel estaba ligada a este korbán tamid (holocausto perpetuo).
El sabio intérprete Abarbanel recalca el hecho de que estos sacrificios no tenían carácter expiatorio, sino que eran en agradecimiento por todo lo que el hombre recibe del Eterno permanentemente: «Tamíd» (תמנד). Este exégeta agrega que todo lo concerniente a los sacrificios fue ordenado por la Torah únicamente después del episodio del becerro de oro. Los sacrificios rituales tienen por finalidad desarraigar pensamientos malos de nosotros. El ideal no es incurrir en error y después expiar el mismo por medio de sacrificio, por eso los sacrificios que se ofrecían en acción de gracias, son los que cobran mayor importancia y así los Sabios del Talmud llegan a decir que los versículos que se refieren a «korban hatamid» (קרבן התמנד) o sacrificio continuo son cada uno: «Pasuk hacolel ioter batorah» (פסוק הכולל יותר בתורה), o sea, uno de los versos más fundamentales entre todos los versículos de la Torah. La idea pues que este korbán encierra es que lo espontáneo y lo voluntario es lo más loable en la vida del ser humano.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos relata que Pedro y Juan fueron al Templo de Jerusalén a la hora novena:
«Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.»
(Hechos 3:1 RV60)
Debemos conocer que la hora novena era la hora del sacrificio diario de por la tarde (3 PM). No tenemos un relato el cual nos hable de la hora del sacrificio de la mañana. Pero fuentes extra bíblicas como Flavio Josefo, Filón de Alejandría y la Mishná (recopilación de la enseñanza oral de la Torah) indican que el sacrificio diario o continuo de la mañana era a la hora tercera (9 AM). También la Mishná muestra que el tipo de oraciones que se hacían a la hora tercera y la hora novena. Estas oraciones se conocen como la plegaria de las dieciocho bendiciones (Shemoné Esré) también conocida como la amidá y se enfocan en cuatro aspectos: la redención, el perdón de los pecados, la llegada del Mesías y la resurrección de entre los muertos. El esquema de dicha amidá sería así:
Geulá (גאולה) «Redención«. Alaba a Dios como el redentor de Israel.
Selijá (סליחה) «Perdón«. Se pide a Dios perdón
Birkat David (ברכת דוד) «Bendición de David«. Se pide a Dios que traiga pronto al descendiente de David, el Mesías judío.
Gevurot (גבורות) «Poderes«. Reconoce la Fuerza y el Poder de Dios, en donde se menciona la sanidad y la salud que vienen de Dios y la Resurrección de los Muertos «Tejiyat Hametim«.
Una vez destruido el Segundo Templo de Jerusalén, y cuando los sacrificios cesaron, la oración sustituirá a los rituales que se celebraban en el Bet Hamikdash (Templo). La «havodat hamikdash» (עבודה המקדש) o ceremonial ritual del Santuario será sustituido por «Havodah shebalev» (עבודה שבלב) o servicio a Dios con nuestro corazón, sentimiento y mente, lo que quiere decir que el sacrificio continuo (korban tamíd) reemplazados por la»tefilah» ( תפילה ) u oración de alianza. En otras palabras, la oración tratará de reemplazar por medio de la palabra, lo que el ritual de los sacrificios realizaba por medio del acto concreto.
Aunque sabemos que probablemente las plegarias de la amidá de hoy día no sean semejantes a las que hacían los discípulos del primer siglo, sí entendemos que eran hechas a la hora tercera y la hora novena, es decir a las 9 de la mañana y 3 de la tarde.
¿Cuál fue el propósito de esos sacrificios? ¿Para qué el pecado del pueblo tenía que ser expiado?
Entendemos que para que el Eterno pueda cohabitar con seres humanos pecaminosos debían éstos seguir ciertas conductas, procedimientos y normas impuestos por Él mismo. Estos lineamientos pautaban de alguna manera la pureza o limpieza redentora que Dios hace por su pueblo. De lo contrario, cualquiera que pretendiera acercarse a Yahvéh sin dicha “gracia”, moriría (Éxodo 30:21, Éxodo 28:43) y no sería posible dicha relación (redención).
La sangre de este sacrificio continuo, se salpicaba diariamente sobre el altar, proporciona un recordatorio constante de la “sangre del pacto” que Moisés aplicó al altar y al pueblo en el Monte Sinaí (Éx. 24).
Este holocausto revelaba pues que el deseo del Todopoderoso es estar cerca de sus hijos. Pero también recordaba que Él no anhela solamente estar cerca sino también vivir dentro de cada uno de sus hijos (Israel). Yahvéh quiere que su gloria llene al hombre de tal manera que Su Luz pueda irradiarse en este mundo. El anhelo más íntimo del Eterno es habitar en Su Pueblo, y desde él redimir al mundo. Y para cumplir este deseo tenía que establecer estos sacrificios expiatorios que servían para cubrir el pecado de manera que el pueblo pudiera acercarse al Altísimo que es un fuego consumidor.
Juan el Bautista, criado en casa sacerdotal y educado a los pies de los esenios, entendía perfectamente el tipo de este holocausto. Por ello, cuando estaba en el río Jordán aplicando bautismo de teshuvá y vio al Mesías, el arquetipo, hizo en su proclamación alusión al holocausto continuo cuando identificó a Yeshúa como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
La respuesta que Juan estaba anunciando revelaba que el Eterno al fin podría estar cerca del pueblo pues su Cordero había sido entregado en el primer sacrificio, bautismo en el Jordán. Sólo habría que esperar el último holocausto, su sacrificio voluntario en la cruz del Calvario.
Sabemos que las plegarias obligatorias (la amidá) eran hechas a la hora tercera y la hora novena. Pues bien, curiosamente la hora tercera y la hora novena fue el período de tiempo que duró la crucifixión de Yeshúa aquel día 14 del primer mes del calendario hebreo hace casi dos mil años. Los Evangelios relatan.
«Era la hora tercera cuando le crucificaron». (Marcos 15:25 RV60)
«Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró«. (Lucas 23:44-46 RV60)
Mientras los Judíos hacían la amidá ese día el Mesías tan esperado y anhelado estaba poniéndose así mismo como expiación por los pecados del pueblo tal como fue anunciado por el ángel Gabriel:
«Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS (Yeshúa), porque él salvará a su pueblo de sus pecados«. (Mateo 1:21 RV60)
Al caminar en estos días postmodernos, la idea de un sistema sacrificial seguramente nos pareces extraña. Sin embargo, estoy convencido que podemos entender el concepto del pago o restitución de una manera fácil. Sabemos, por la revelación, que la paga por el pecado es la muerte (Romanos 6:23) y que nuestro pecado nos separa de la Gloria del Eterno. También sabemos que las Sagradas Escrituras enseñan que todos somos pecadores, que ninguno de nosotros es justo delante de Dios (Romanos 3:23). A causa de nuestro pecado, estamos separados de Dios y somos culpables ante Él; sin embargo, la única esperanza que podríamos tener es que Él nos proveyera un medio para reconciliarnos con Él. Si comprendemos esto, entonces podemos entender cuál es la razón por la que envió a Su Hijo a morir en la cruz. El Mesías murió para hacer expiación por el pecado y pagar el castigo por los pecados de todos los que creemos en Él y su obra redentora.
¡Realmente asombroso! Toda esta estructura sacrificial fue implantada como una sombra del sacrifico eterno del Mesías Yeshúa. Él fue colgado en un madero a las nueve de la mañana y entregó su espíritu a las tres de la tarde. Su muerte es necesaria para la expiación del pecado en el tabernáculo celestial para que el cielo pueda bajar a la Tierra y el pueblo pueda encontrarse con el Eterno en el tabernáculo celestial.
En el Espíritu del Mesías, el espíritu humano tiene acceso al Tabernáculo celestial (Juan 4:23-24). Aquí hay mucho que decir y a la vez todo esto es difícil de explicar. Las dimensiones y las consecuencias de la muerte expiatoria del Cordero del Todopoderoso son inmensas en cuanto a la intimidad espiritual entre el ser humano y el Creador .
La muerte y resurrección de Yeshúa abrió el camino para el servicio espiritual en el santuario celestial . Todos los que han nacido de nuevo tienen la posibilidad de servir como sacerdotes en el templo celestial. El Mesías es el Sumo Sacerdote y sus discípulos son los sacerdotes .
¡Yeshúa es el “sacrificio continuo” (aquél representado por corderos de un año de edad, que se sacrificaban tanto por la mañana como por la tarde, continuamente) en el Tabernáculo Celestial!
“… pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, SE SENTÓ A LA DIESTRA DE DIOS”
(Hebreos 10:12 – LBLA – destacado mío)
Si alguno de ustedes, después de leer esta bitácora, anhela por su cuenta profundizar en estas realidades celestiales, les aseguro que se le abrirá un mundo inmenso con influencias espirituales asombrosas tanto en las esferas celestes como en este mundo físico. La intimidad con el Eterno por medio del sacrificio del Cordero es mucho más profunda que la intimidad que se produjo en el tabernáculo terrenal. Las palabras no alcanzan para expresar las profundidades y las alturas de este ministerio sacerdotal celestial. ¡Son dimensionalidades infinitas llenas de cosas inimaginables! (1 Corintios 2: 9).
«Y respondió Moisés al pueblo: No temáis, porque Dios ha venido para poneros a prueba, y para que su temor permanezca en vosotros, y para que no pequéis.»
(Éxodo 20:20)
En los ambientes babilónicos (la religión) es popular decir: «Dios es amor y no se le debe temer”. Es cierto que al Eterno no le debemos tener «miedo» en el sentido en que hoy se usa la palabra. Ese miedo que paraliza o que impulsa a huir de Dios y evitar pensar o acordarse de Él (Génesis 3: 10). Ciertamente Dios es amor infinito (1 Juan 4:8) y nos creó para que lo amemos. Yeshúa enseña sobre los Mandamientos de Dios:
“El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos”
(Marcos 12:29-31)
Pero existe un temor de Dios que es un don del Espíritu Santificador de Yahvéh: temer ofenderlo. Con este don tememos al realizar nuestra propia debilidad y al saber que con facilidad podemos caer en pecado mortal y condenarnos.
En el pasaje de hoy leemos que después de la manifestación tremenda que hubo en el monte Sinaí, el pueblo tenía mucho temor del Eterno. Un temor de muerte les había inundado sus mentes y corazones de manera que ya no querían escuchar la voz audible del Eterno desde el cielo.
Por eso Moshé les dijo al Pueblo que no temieran , pero en la misma oración también dice que el Eterno había venido con estas manifestaciones impresionantes para producir un temor permanente en ellos a fin de guardarlos del pecado. En el texto hebreo aparece la misma palabra las dos veces. Por un lado no debían temer, pero por el otro lado tenían que temer siempre para no pecar.
Esto nos enseña que hay dos tipos de temor y que también hay un equilibrio que uno debe tener en cuanto al temor al Eterno.
Si hablamos de dos tipos de temor, podíamos explicarlos con dos palabras diferentes, miedo y respeto. No es bueno tener miedo del Eterno puesto que Él es amor y el amor echa fuera el miedo. Por otro lado hay que tenerle tanto respeto que casi se convierte en pavor.
Por eso, diremos que el arte de aborrecer el mal, es en grandes rasgos, el epicentro del temor de Yahvéh . Es ampliamente reverencia, y no miedo. El miedo viene de otro lado.
El temor a Dios no se trata de un miedo, ni distancia, sino el humilde reconocimiento de la infinita grandeza del Creador. Es temor a ofender al Eterno, reconociendo nuestra propia debilidad. El alma se preocupa de no disgustarlo, de permanecer y de crecer en el amor perfecto (Juan 15: 4-7).
La entrega de la Torah por el mismo Dios, garantiza que este arte se desarrolle en el alma. Esa fue la intención del Eterno en Sinaí con nuestros ancestros. Pero ellos, se llenaron de miedo y prefirieron huir de esa Presencia. Por eso, años después Yahvéh prometerá por sus profetas que esa Intención sería cumplida sí o sí en la era mesiánica:
» Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten del mí».
(Jeremías 32: 40)
Hablar del pacto eterno entre Yahvéh y su pueblo es innecesario, todos lo conocemos. Añadir que Él no piensa volverse atrás de lo que promete, tampoco. Sin embargo, enfatizar en que es Él quien ha puesto la reverencia (el temor) en nuestros corazones, sí es necesario. Porque nos deja en evidencia la razón y el motivo por el cual se necesita ejercitarlo y ejercerlo.
» Ahora, pues, Israel, ¿Qué pide Yahvéh tu Dios de ti, sino que temas a Yahvéh tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Yahvéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Yahvéh y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?
(Deuteronomio 10: 12-13)
Aquí el Eterno presenta sus requerimientos mediante una serie de verbos muy activos que hacen referencia a varias actitudes. Temas, andes, ames, sirvas, guardes. Los verbos denotan fidelidad a Dios y explican así lo que significa el temor a Dios, explayándose en la continuidad de este pasaje.
Por lo tanto, nosotros los creyentes en Yeshúa no debemos “tener miedo” de Dios. No tenemos razón para tenerle miedo. Tenemos Su promesa de que nada podrá separarnos de Su amor (Romanos 8:38-39). Tenemos Su promesa de que nunca nos dejará o desamparará (Hebreos 13:5). El temer a Dios significa tener tal reverencia por Él, que éste tenga un gran impacto en la manera en que vivimos nuestras vidas. El temor a Dios es reverenciarlo, someternos a Su disciplina, y adorarlo con admiración .
¡Temer sí, pero sin miedo alguno!
Que el Eterno infunda mucho temor en nuestros corazones para que no pequemos, y que no tengamos nunca temor de acercarnos a Él como nuestro Padre celestial.
Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernará.
Entonces dijeron al olivo: «Sé tú nuestro rey». Pero el olivo les respondió: «¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?
Los árboles dijeron a la higuera: «Ven tú a reinar sobre nosotros». Pero la higuera les respondió: «¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?»
Los árboles le dijeron a la vid: «Ven tú a reinar sobre nosotros». Pero la vid les respondió: «¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?».
Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: «Ven tú a reinar sobre nosotros». Pero la zarza respondió a los árboles: «Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano».
(Jueces 9,8-15)
La fábula que encabeza esta bitácora la he compartido como verán de las Sagradas Escrituras. Como verán se trata de una alegoría de carácter moralizante en la que intervienen plantas con actitudes humanas. Quien la cuenta es Jotam, el hermano menor de Abimélec, quien se había escondido para salvarse de la matanza realizada por su hermano mayor, quien con tal de acumular el poder en sí mismo había asesinado a todo su clan familiar por considerarlos peligrosos para sus planes políticos.
Pues bien, más allá de lo que haya inspirado a Jotam a relatar este diálogo entre árboles y vegetales, las líneas bíblicas continúan aportando a mi asombro, ya que lo que he leído acerca de últimos descubrimientos de la ciencia dejará a más de uno con sus maxilar inferior caído.
Parece ser que ocultos bajo la superficie, y enredados en las raíces de la asombrosa y diversa vida vegetal de la Tierra, existe una superautopista biológica que vincula entre sí a los miembros del reino vegetal. Es lo que los científicos han denominado “La Web del Bosque”, pues se trata de una red orgánica funciona muy parecido a nuestro servicio de Internet, permitiendo que las plantas puedan comunicarse, otorgándose distintos servicios las unas a las otras como el de nutrición, o el de defensa.
Esta «red vegetal» está compuesta por finos hilos de hongos conocidos como micelio que crecen por debajo del suelo y hacia el exterior, hasta unos pocos metros de su planta de asociación, es decir, que toda la vida de la planta dentro de una región puede ser aprovechada por la red y conectarse entre sí. Esta red de micelios en el suelo, es consecuencia de que todos los suelos están invadidos por miles de especies de hongos y es probable que estos (en su fase micélica) se enreden, se crucen y hagan contacto con las raíces de los árboles y otras plantas superiores
La asociación de las raíces de las plantas y los hongos se conoce como micorriza y es beneficiosa para las dos partes implicadas; las plantas proporcionan hidratos de carbono para los hongos y, a cambio, los hongos ayudan en la recolección de agua y el aporte de nutrientes como el fósforo y el nitrógeno, para su planta de asociación.
Esta red de hongos permite que las plantas se ayuden las unas a las otras en el crecimiento y florecimiento. La egresada de la Universidad de Columbia Británica, Suzanne Simard fue la primera en mostrar que los árboles como el Abeto Douglas y el Abedul Papirífero eran capaces de transferir carbono a los árboles más pequeños que pueden no estar recibiendo suficiente luz solar, lo que permite que estas plántulas crezcan a la sombra de otros árboles. Simard cree que muchas de las plantas de semillero del mundo no serían capaces de sobrevivir si no fuera por la línea de vida que esta red ofrece.
Un estudio realizado por el científico Ren Sen Zeng, de la Universidad Agrícola de China Meridional encontró que esta interconectividad también permite que las plantas se adviertan mutuamente de daños potenciales. En el estudio, el equipo cultivo pares de plantas de tomate en macetas, donde algunos de los pares fueron autorizados para formar micorrizas. Cuando las redes de hongos se habían formado, una planta de cada par fue rociada con Alternaria solani, un hongo que causa la enfermedad del tizón temprano en la vida de la planta. Bolsas de plástico hermético se utilizaron para asegurar que no hubiera interacción por encima del suelo. Después de 65 horas, el equipo trató de infectar a la segunda planta de cada pareja y encontró que aquellos con enlaces micelios fueron mucho menos propensos a contraer la plaga, y tenían niveles mucho más bajos de daño que si lo contrajeran aquellos sin micelios.
Un estudio similar hecho por el egresado de la Universidad de Aberdeen, David Johnson y un equipo de colegas, mostró que las Habas también utilizaron la red de hongos para espiarse entre sí por un inminente peligro. Cuando Áfidos hambrientos se alimentaron con las hojas de una de las plantas de haba, las plantas conectadas a través de micelios comenzaron a excretar sus defensas químicas contra áfidos, mientras que las que no estaban conectadas no tenían ninguna reacción.
Al igual que nuestro servicio de Internet, esta conectividad de hongos también es delito susceptible a la cibernética, el terrorismo, e incluso la guerra. Algunas plantas, como el Fantasma de la orquídea, no tienen la clorofila necesaria para la fotosíntesis y deben absorber los nutrientes necesarios para la supervivencia, de las plantas circundantes. Otras plantas, como el oro maravilla y los árboles de Nogal Negro americano liberan toxinas en la red para dificultar el crecimiento de las plantas de los alrededores en la lucha por el agua y la luz.
Algunas investigaciones sugieren que los animales tales como insectos y gusanos pueden ser capaces de detectar los intercambios sutiles de nutrientes a través de la red, lo que les permite encontrar más fácilmente las raíces sabrosas para alimentarse.
Estas redes de hongos hacen la comunicación entre plantas, incluyendo las de diferentes especies, más rápida y más eficaz. No pensamos en ello porque por lo general sólo podemos ver lo que está por encima del suelo. Pero se puede ver que la mayoría de las plantas están conectadas por debajo del suelo, no directamente a través de sus raíces, sino a través de sus conexiones de micelio.
Cuanto más aprendamos acerca de este fenómeno, mayor será nuestra comprensión de la vida vegetal de nuestro planeta. Tal vez un día, podamos ser capaces de trazar pacíficamente estas redes de hongos complejas para apreciarlas en su totalidad. (Leer más en: Las plantas se comunican mediante una Internet de hongos).
Por mi parte, y aún asombrado, solamente compartiré el resultado de una encuesta “Gallup” celebrada en los Estados Unidos para determinar la religiosidad del pueblo americano. La misma reveló que el 98 por ciento contestó que creía en Dios, y la primera razón que dieron los encuestados para justificar su creencia fue el orden perfecto, dinámico y armonioso del Universo. Reflexiones coincidentes con la inspirada mente paulina que afirma: “…estas obras visibles revelan al invisible Dios” (Romanos 1:20).
Ante estas investigaciones, se reafirma más el hecho ontológico de que la razón humana puede conocer a Dios por medio de la creación, pues las cosas creadas son testimonio permanente de su Autor y llevan a su Conocimiento con alcance universal.
Por eso, la ciencia de la Torah (Instrucción) capacitó por siglos a los hijos de Israel con una mente privilegiada que pudo siempre con sabiduría expresar:
«Vanos son por naturaleza todos los hombres que ignoran a y no alcanzan a conocer por los bienes visibles a Aquel-que-es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice; sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, rectores del universo.
Si, seducidos por su belleza, los tuvieron como dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de todos ellos, pues es el Autor mismo de la belleza quien los creó. Y si se admiraron de su poder y de su fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su Creador; pues, de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se llega por razonamiento al claro conocimiento de su Autor.
Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar. Ocupados en sus obras, se esfuerzan en conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a sus ojos! Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables; porque, si llegaron a adquirir tanta ciencia y fueron capaces de investigar el universo, ¿Cómo no llegaron más fácilmente a descubrir a su Señor?»
(Sabiduría 13: 1-9).
Asombrado en El Eterno y sirviéndolos a ustedes en amor, los saluda: P.A. David Nesher.
Antes de que te retires de esta bitácora te invito a ver este video de la BBC referido a este tema:
«Mira, yo te he constituido dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta».
(Éxodo 7: 1 _ RV 1995)
Estudiando el libro de Shemot (Éxodo), existe este momento del relato que sorprende a nuestro entendimiento, sometiéndolo a muchos cuestionamientos. Leemos que el Eterno, nuestro Dios, dio a Moshé un cargo extraordinariamente grande: ser un elohim (dios). Sí, tal y como lo hemos leído e interpretado, el texto hebreo dice literalmente que el Eterno constituyó a Moshé elohim – נתתיך אלהים – para el faraón.
(Nota:Antes de continuar me gustaría invitarlos a leer el estudio que escribí acerca del significado y origen del término hebreo Elohim aplicado al Eterno, nuestro Dios y Abba).
Para comprender bien este pasuk (versículo) debemos recordar que Faraón había rechazado el lidiar directamente con Yahvéh al decir:
”¿Quién es YHVH, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a YHVH, ni tampoco dejaré ir a Israel.”
(Éxodo 5:2)
Ante esta actitud ególatra de este soberano, el Eterno determinó que lidiaría con Faraón a través de Moshé. Por eso, YHVH otorgó a Moshé un cargo extraordinariamente grande. El texto hebreo dice literalmente que el Eterno constituyó a Moshéelohim para el faraón.
Ahora, bien, quiero señalar que esta es la segunda ocasión que está escrito que Moshé es elohim. Leemos en el capítulo cuatro:
«Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti como boca, y tú serás para él como Dios (Elohim)».
(Éxodo 4:16)
La palabra hebrea traducida aquí “como” es en realidad la partícula ל (letra lamed). A pesar de que esta partícula podría simplemente marcar las palabras “boca” y “Dios” como objetos directos del verbo repetido “será”, en contexto, puede ser tomada como expresando comparaciones. Es decir, aunque Moisés no era Dios como Aarón no era una boca, Moisés es comparado a Dios y Aarón es correspondientemente comparado a una boca. El término técnico usado aquí para esta forma de hablar es símil.
Un símil es una figura retórica que utiliza el recurso de la comparación o semejanza entre términos. En este caso Aarón es comparado a una boca para Moshé, y Moisés es asemejado a Dios para Aharón. Al entender que estamos frente a un símil, se logra interpretar que en esta misión divina, la relación de Moisés a Aarón se asemeja a la relación de Dios con una boca humana. Desde aquí nos queda bien claro que Moisés no es llamado «un dios», ni tampoco es llamado «Dios».
Ahora, yendo a la segunda ocasión en la que se dice que Moshé es elohim – נתתיך אלהים – para el faraón (Éx. 7:1), el hebreo dice: «Yo te he hecho Dios para el Faraón.» Por favor, nótelo bien: Yahvéh no le dijo a Moisés que él «es» Dios, sino que Yahvéh ha «constituido» o «hecho» a Moisés Dios «para el faraón.» Estas calificaciones dejan absolutamente claro que este texto ha de entenderse en el mismo sentido que Éxodo 4.16, que como hemos visto, en el hebreo es un símil. Lo que sí debemos saber, es que en este texto, la falta de partícula ל cambia la forma de hablar de un símil a una metáfora.
Una metáfora es una figura retórica del lenguaje que produce el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad estética. En la metáfora ocurre un desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad estética, en el que se hace una comparación sin el uso de la palabra “como”. En otras palabras, una metáfora es equivalente a un símil en cuanto al significado, pero con un toque estético. De manera qué, las frases: «Mi hija es como un ángel» y «Mi hija es un ángel» significan exactamente lo mismo. Cualquiera que lea la primera frase y luego poco después lea la segunda frase, no debería de tener problema en la comprensión de que la segunda frase es una metáfora. Ante lo que estamos considerando:
Símil — … “y tú serás para él como Dios.” (Éxodo 4:16)
Metáfora — … “yo te he hecho Dios para Faraón” (Éxodo 7;1)
Por eso, es a la luz del símil de Éxodo 4:16, es que se debe de entender Éx. 7:1 como una metáfora. Esto significa que debemos traducir el hebreo Elohim de Éx. 7:1 «[como] Dios» en lugar de «un dios«.
Como hemos visto, ni Éx. 4:16 ni Éx 7:1 afirman que Moisés era Dios o que Moisés era un dios. Más bien, estos textos expresan a través de un símil y una metáfora la idea de que Aarón (4:16) y el faraón (7:1) se relacionan a Moisés como si fuera Dios en relación con ellos.
Esto nos enseña que la palabra hebrea elohim – אלהים – no es un nombre personal, sino un cargo. Dicho de otra forma una función gubernamental. El título elohim destaca a unasuma de autoridad y poder. El término tiene que ver con autoridad en abundancia y un conjunto de poderes para poder afirmar su voluntad. Desde esta acepción la palabra elohim reúne en sí todas las fuerzas infinitas y eternas. Con otras palabras elohim podría ser traducido como “máximo gobernante” y “juez supremo”. Por lo tanto el atributo elohim está íntimamente conectado con la justicia. Esta será la razón por la que es uno de los títulos que el Tanak (Antiguo Testamento) emplea para referirse a los jueces de una ciudad o asamblea (Éx. 22:9; Sal. 82).
De aquí entendemos que la función de elohim implica una responsabilidad y una autoridad sumamente grandes. Como un representante autorizado Moshé tenía el poder para hablar palabras poderosísimas como el Eterno mismo. Además, tenía el poder para hacer milagros poderosas las veces que quería. Él debía de estar ante Faraón en lugar de YHVH, no solamente llevando Su mensaje, sino también acompañándolo de actos de poder para demostrar la autoridad de dichos mensajes.
Cerrando toda consideración hasta aquí tratada, comprendemos que ni Éxodo 4:16 ni Éxodo 7:1 afirman que Moshé era Dios o que Moshé era un dios. Más bien, estos textos expresan a través de un símil y una metáfora la idea de Moshé como Dios para Aarón y el faraón. La connotación aquí es que Moshé actuaría en representación de Yahvéh, como su embajador.
Esta idea será llevada a la praxis de los discípulos del Nuevo Pacto, especialmente cuando el apóstol Pablo escribe de que los creyentes en Mashiaj son como cartas escritas por el mismo Yeshúa, las cuales todo el mundo lee (2 Corintios 3:2-3). Las personas que no ven al Eterno nos ven a nosotros; aquellos que no leen la Instrucción (Torah) leen nuestras vidas.
Para finalizar, y buscando una aplicación práctica a nuestras vidas, entre los hijos primogénitos del Eterno debemos aceptar que aquel que ha recibido tanta confianza divina es porque ha sido aprobado en sus exámenes y ha mostrado una fidelidad extraordinaria. Cuanto más fidelidad una persona muestre al Eterno, más autoridad y responsabilidad es capaz de administrar. Moshé era fiel y Yahvéh le confió el cargo de ser elohim. De la misma manera, Yeshúa asegura que habría señales de potestad celestial que seguirían a los discípulos que en Él creyeran (Marcos 16: 17-20).
Por favor, lector/a amigo/a, sé fiel en lo poco y serás digno de confianza a los ojos de Aquel que ve en lo secreto, y se complace en recompensar en público. Usa lo que te ha dado con fidelidad y tendrás cada vez más y más, hasta recibir la corona de la Vida cuando Él venga.
“Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Cuando vio que no había prevalecido contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. Entonces el hombre dijo: Suéltame porque raya el alba. Pero Jacob respondió: No te soltaré si no me bendices. Y él le dijo: ¿Cómo te llamas? Y él respondió: Jacob. Y el hombre dijo: Ya no será tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido.«
(Génesis 32:24-28)
En su regreso a la Tierra Prometida, Yaakov estaba anticipando el encuentro que tendría con su hermano Esaú. Pero antes de encarar a su hermano, nuestro padre tenía que tener otro encuentro… Ese encuentro que tarde o temprano todos enfrentamos, y que nos cambia la vida. El conocido «Encuentro Personal con Dios«.
Yaakov estaba viviendo un momento crítico en su vida. Estaba por enfrentarse con Esav, y tenía mucho temor. Aunque había orado a Dios, pidiendo Su ayuda (v.9-12), seguía confiando en parte en su propia astucia, como lo evidencian los v. 13-21.
Yaakov, aunque contaba 97 años sobre sus lomos, todavía dominaba su propia vida. Era un hombre sumamente fuerte. Hasta ahora no había tenido la experiencia de la entrega total al Eterno. Su fuerza era él mismo.
«Y Jacob se quedó solo, y un varón estuvo luchando con él hasta rayar el alba» (32:24).
Esa noche, Yaakov había hecho cruzar el arroyo a su familia, y luego se fue a un lugar solitario para meditar y orar, y derramar su corazón ante Dios. Por fin Yaakov se quedó sólo. Allí es donde el Eterno lo quería. Quería tratar con él a solas. Él se quedó solo, y de repente fue consciente de una pelea. Una pelea que vibraba en tres planos: físico, psíquico y espiritual. Una lucha que descubrió tenía en su interior desde hacía muchos años, y que se manifestaba en cada uno de los días que había vivido (leer Romanos cap. 7). Yaakov, en su soledad, descubrió que en su interior tenía una lucha que desde su alma impedía una perfecta relación con el Eterno. Dicha batalla interior, se fundamentaba en las heridas que su alma tenía con su hermano Esav.
Lo primero que notamos es que un varón estuvo luchando él hasta el amanecer en el vado (del río Jordán) llamado Jaboc. Es significativo que el nombre Jaboc significa luchador. Hay un juego de palabras aquí con luchó y Jaboc. Entonces prestemos atención a esto.
En hebreo, la palabra Jaboc es yabok, y la palabra luchar es yaaveik. La palabra hebrea para lucha se encuentra sólo aquí y en el siguiente versículo, y en ningún otro lugar en toda las Sagradas Escrituras. Esta palabra en sí proviene de la raíz avak que significa polvo. Así que el significado básico de esta palabra es el polvo que se levanta mientras lucha. Pero, lo que hace interesante a este nombre, es que espiritualmente significa: «el hombre que lucha para dejar de ser simplemente polvo» o «el hombre que lucha para levantarse del polvo«. Es decir que esta fue una lucha que incitó al patriarca a batallar contra las tentaciones, en procura de su evolución espiritual.
En base a eso, esta escena de la vida de nuestro padre es muy relevante y trascendental, ya que en ella se describe la lucha interior de todo ser humano que quiere trascender lo material y elevarse a la plenitud de la imagen divina (Imago Dei) que se le ha otorgado por creación. Esta batalla jamás se logra ganar desde la soledad egocéntrica, sino solamente desde un Encuentro Personal con el Mesías. Por todo ello, evidentemente el nombre Jaboc se le dio al río en una fecha posterior para recordar la increíble experiencia de Jacob esa noche.
Entonces, ¿fue un hombre o un ángel el que luchó con Yaakov toda lo noche? Su identidad emerge gradualmente, y Yaakov se apresura a tomar cada pista.
No parece haber ninguna duda de que el autor de este pasaje (se cree que probablemente fue Yaakov) lo destinó para que fuera tomado literalmente. En lo que se refiere al misterioso luchador, él estaba en forma de un hombre, pero en realidad era un ángel. En cuanto a lo que la Torah nos dice acerca de la identidad del personaje, lo llama explícitamente «Ish» (32:25), que quiere decir: «varón» u «hombre«. Yaakov lo consideró como «enviado de Dios«, y no es extraña esta identificación, como antecedente tenemos que en Bereshit/Génesis 18:2 podemos leer acerca de la visión de tres hombres (anashim en hebreo, plural de ish) frente a Avraham, de los cuales luego reconocemos que son enviados del Eterno, e incluso se asume que son la misma presencia de Dios, por lo que no hay duda de que los ángeles pueden asumir las características físicas de los hombres si tienen que hacerlo. El Espíritu Santo indica que se trataba de un ángel como el SEÑOR inspiró a escribir al profeta Oseas:
«En el vientre tomó por el calcañar a su hermano, y en su vigor luchó con Dios. Luchó con el ángel y prevaleció; lloró, y alcanzó misericordia. En Bet-’El lo encontró, y allí habló con nosotros. ¡Sí, YHVH es ’Elohey Shebaot! ¡YHVH es su nombre!
(Oseas 12:3-5)!
El primer hecho misterioso de este pasaje es justamente que dicho ser espiritual apareció con forma humana. De acuerdo a lo explicado con respecto al río Jaboc, al ser contra el cual lucho Yaakov suele ser considerado como el «agente celestial de Esav/Esaú«, que es otro de los nombres del Yetzer HaRá (inclinación hacia lo negativo – carne –). Por tanto, esta historia remarca que Yaakov no peleó contra algo ajeno a él, sino contra una parte de sí mismo, que dicho ser celestial materializa. Es decir que nuestro padre luchó:
contra sus propias tendencias a apartarse del camino del Bien,
contra su deseo por prevalecer empleando métodos reñidos con la ética y moral,
contra sus apetencias irracionales,
contra su anhelo de éxito sin miramientos,
contra su ambición material,
contra su olvido de perseguir lo trascendente en lugar de lo fugaz,
contra la imagen que había internalizado, y por tanto integrado a su personalidad, de su extraviado hermano Esav.
Así, vemos que nuestro padre Yaakov llegó a un punto en su existencia en la cual por primera vez descubrió sus heridas errores y hábitos descaminados, es decir, ante el encuentro crucial con su hermano, el patriarca desnudó para sí su alma, ante el Señor, y cuando reconoció lo que no era correcto, luchó contra sí mismo junto al poder del Eterno.
En esta primera instancia, las líneas sagradas nos enseñan que cuando un escogido lucha contra esa parte perversa que compone su ser, contra lo que lo aleja de su esencia más preciosa, contra lo que abjura del Eterno. Cuando el redimido se esmera y esfuerza por crecer, en lugar de vegetar o afanarse por el triunfo vacío, entonces, la persona está haciendo lo que hiciera Yaakov. Y si vamos armados con Torah (Instrucción) y sus preceptos, junto a la voluntad de combatir hasta las últimas consecuencias, entonces, estamos en condiciones de vencer nuestro Yetzer HaRá (inclinación a lo negativo -carne-), y así vencernos a nosotros mismos. Sólo de ese modo lograremos superar nuestra antigua identidad apática y pasar a ser una nueva persona, alguien capaz de enfrentarse sin tapujos contra lo negativo, y adentrarse en lo positivo para ya nunca más fracasar.
Sin embargo, en la evaluación de Jacob, su oponente de lucha era más que un simple ángel encarnando su vieja naturaleza herida. Era nada menos que el «Ángel del SEÑOR«, es decir, el Mesías pre-encarnado, y la manifestación visible del Dios invisible.
Cuando Jacob (hebreo: Yaakov) comenzó a orar esa noche, poco sabía que como él clamó a Yahvéh por fuerza y liberación, acabaría luchando con Dios mismo. De la forma en que él luchó en la oración, fue con la sensación de que el SEÑOR estaba realmente presente con él. A medida que él gritó más y más en la oración, la presencia del Eterno se hizo más y más real para él hasta que, de repente, ¡Él era real! Los brazos levantados de Jacob en realidad estaban aferrados a YHVH mismo, Dios en forma humana. Fue una larga lucha indecisa. Pero una vez que se dio cuenta Yaakov con quien peleaba, declaró: «No te dejaré, si no me bendices«. Yaakov no estaba luchando más, sólo se estaba aferrando. Yaakov sintió que, si se soltaba por un momento, significaría que Dios le había dejado su oración sin respuesta; y así se aferraba desesperadamente, pidiendo al mismo tiempo Su bendición. Se dio cuenta de que no se llega a ninguna parte luchando y resistiendo a Dios.
Así, al ver que la fe y la comprensión de Su siervo fueron creciendo mientras se aferraba, El SEÑOR en Su gracia permitió a Jacob que se sujetara a Él. Nuestro padre Yaakov ha sido reducido al lugar donde lo único que puede hacer es aferrarse al Eterno con todas sus fuerzas. Él ya no puede pelear, pero sí puede agarrarse bien. No es un mal lugar donde estar. La única manera en que usted consigue algo con Dios es cediendo y simplemente aferrándose a Su Presencia.
Al rayar el alba, el Ángel de Yahvéh misteriosamente pidió a Yaakov: “Déjame…” (v.25). En algún momento, cuando el Señor vio que no podía dominar a Yaakov, le dio la bendición que buscaba. Al parecer, ¡Yaakov podía más que Él! No era porque Yaakov era más fuerte que el Mesías. No era que Él no podía dominar a Yaakov, sino que Él permitió a Jacob aferrarse. Las palabras del Señor se deben, más bien, a la tenacidad con la cual Yaakov ‘peleaba’, y su insistencia en seguir confiando en sí mismo, en vez de ‘soltar’ su autoconfianza, y aprender a confiar en Dios. Pero viendo que no podía con él, le atacó el encaje de su muslo, y se le descoyuntó el muslo a Yaakov mientras luchaba con él (32:25), para que recordara por siempre esta experiencia.
Esta acción no debe ser tomada como un castigo, sino como parte del discipulado del patriarca. Esto representa la manera en que a veces Dios tiene que quebrantarnos, para que dejemos de confiar en nosotros mismos, y aprendamos a confiar incondicionalmente en Él. Esto sería un recordatorio continuo de este encuentro único.
Sin embargo, Yaakov siguió luchando por la bendición, a pesar de tener el muslo descoyuntado. Esta descoyuntura en Yaakov fue su castigo por querer huir y no depender de Dios. Aquí, el Señor está contestando la oración de Yaakov que encontramos en Génesis 32:9-12. Pero antes de que Yaakov pueda ser librado de la mano de su hermano, tiene que ser librado de su propia voluntad y autosuficiencia. Yaakov pensaba que el verdadero enemigo estaba fuera de sí, o sea, Esav. En esta lucha descubrió que el enemigo verdadero era su propia naturaleza carnal, que no había sido conquistado por Dios.
El Eterno tendrá la victoria en nuestras vidas si es que nosotros dejamos nuestro ‘yo’ (ego) al gobierno de Dios. Mientras no sea así, habrá una lucha constante entre el Señor y nosotros.
El Nombre de Jacob Fue Cambiado (vv. 27-28)
Cuando el Ángel de Yahvéh le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” (v.27), no era porque no lo conocía; sino porque quería confrontar a Yaakov consigo mismo. El Señor quería llegar a ese punto en su vida, al punto de confesar quien verdaderamente era en sí mismo. Era necesario admitir que su nombre significaba lo que hasta ese momento su hermano Esav había dicho: «suplantador» o «estafador» (Gén. 25:26; 27:36), lo cual implica un reconocimiento de que había algo en él que no era agradable ante el Cielo, al ser capaz de mentir, engañar y hurtar para obtener beneficios materiales y espirituales. Fue un nombre apropiado para un hombre que siempre tomaba lo que quería a la fuerza o por medio de estrategias humanas. Pero ahora recibe otro nombre. El Ángel del Señor dice:
“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”
(Génesis 32: 28)
“Israel” este nombre significa «el que lucha con la fuerza del Principio de Dios» y así vence a los hombres (Esav y Laván).
Lo extraño de esto es que Dios le dice: “y has vencido” (v.28) en un sentido de felicitación. ¿Por qué lo felicita por eso?
Uno pensaría que la manera en que venció, tanto a Esav como a Labán, no merecía una felicitación, por parte de Dios; menos una felicitación por haber estado peleando con Dios, hasta vencerlo. Al parecer, Dios lo estaba felicitando, por su perseverancia. La perseverancia en su lucha con Dios debe entenderse en el sentido de la oración. Yaakov no estaba dispuesto a dejar de orar y clamar al Señor, hasta que Él se comprometiera a darle la victoria.
Yaakov venció en el sentido de que aguantó a través de su batalla hasta que Dios lo conquistó completamente. Cuando luchas contra Dios, solo ganas por perder y por no darte por vencido hasta que sabes que has perdido. Así es como Yaakov venció.
Esto es muchas veces lo que Dios tiene que hacer con nosotros. Tiene que llevarnos a reconocer nuestras debilidades y nuestra naturaleza pecaminosa. Lo mismo que el Eterno enseñó a Yaakov allí en Peniel, hoy nos está hablando a través del Espíritu de Yeshúa. Para poder avanzar y crecer en la vida espiritual, tenemos que ser suficientemente honestos, y reconocer quienes somos ante el Eterno cuando aún no nos sometemos a su señorío: simples pecadores.
La importancia del nuevo nombre de Jacob fue que le permitió entender su nueva pertenencia. Ahora su identidad dependía del Eterno como su único Dueño. El nuevo nombre sería para recordarle siempre su nuevo destino, y la cojera adquirida sería para recordarle siempre que vivir en el temor de YHVH sería el único secreto del éxito en su peregrinar por la vida (Proverbios 9:10).
Antes de regresar a la Tierra Prometida, Yaakov se encontró con el Eterno. Este evento fue un punto de inflexión en su vida. Para Yaakov, la victoria en la oración fue recibir la bendición de Dios. Él la pidió (v.26), y la recibió (v.29). El texto no indica en qué consistió dicha bendición. En parte, pudo haber sido su nuevo nombre; y en parte, la liberación de las manos de Esaú. Yaakov recibió un nuevo nombre que indicaba la naturaleza de su nueva relación con Yahvéh.
Finalmente, se enteró de que en el modo de hacer las cosas del Señor, la fuerza llegaría a través de la debilidad de su alma frente al poderoso Trono del Eterno. Nuestro padre Yaakov terminó débil físicamente (v.31), pero más fuerte espiritualmente. Eso lo evidencia el siguiente capítulo (Gén. 33:3), cuando él se coloca al frente de su familia, para ir al encuentro con Esav. Ya no estaba confiando en sus estrategias humanas, sino en solamente en la Benevolencia del Eterno.
«Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos:
No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.
Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito».
(Juan 19:19-22)
La anécdota con la que comenzaré puede resultar graciosa, pero también develará el espíritu de ignorancia que hoy gobierna en las mentes cristianas. Cierta vez, me encontré con un católico nominal que estaba convencido que el cartel que él leía en la parte superior de los crucifijos (INRI) ostentaba el nombre de la fábrica de procedencia del mismo. Sorprendido quedó cuando le leí esta porción del evangelio en la que queda bien en claro que esas cuatro letras son el acrónimo (palabra formada por las iniciales de otras palabras) de un paradigma de condenación redactado por Poncio Pilato. Estas iniciales eran de las palabras que informaban de la causa de la sentencia del crucificado.
El famoso título en latín que todos conocemos era INRI, pero dice el Evangelio que primeramente estaba escrito en hebreo y luego en griego y latín. Por lo tanto, lo que se leía como acrónimo era en este orden: YHVH, INBI, INRI. El uso de estas tres lenguas son por el siguiente motivo: el hebreo era la lengua oficial del templo, el griego era la lengua cultural y comercial; y el latín era la lengua oficial del imperio romano.
El letrero era este:
Sus inscripciones se espesaban en sus correspondientes idiomas así:
ישוע הנצרי ומלך היהודים (hebreo)
ΙΗΣΟΥΣ Ο ΝΑΖΩΡΑΙΟΣ Ο ΒΑΣΙΛΙΑΣ ΤΩΝ ΙΟΥΔΑΙΩΝ (griego)
Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (latín)
¿Qué era lo escrito en la cruz que ofendía la mente hebrea de los sacerdotes?
Debemos entender que los sacerdotes estaban enteramente capacitados para discernir los mensajes ocultos detrás de cada letra hebrea. Ellos conocías y manejaban perfectamente la herramienta de la gematría. Por lo tanto el ojo agudo y místico de los sacerdotes, les permitió observar una peculiar «anomalía» en el burlezco título en hebreo, griego (koiné) y latín que se encontraba en la cruz. Protestaron en gran manera a Poncio Pilato (Juan 19: 19-22), porque en el letrero le había puesto un título en hebreo que significaba que Yeshúa era rey de los Judíos. Lo inquirieron para que modificase de la cruz ese título en hebreo. Ellos querían que se pusiera que fue el propio Yeshúa el que decía que era rey de los Judíos, sin embargo ésta no era la única razón para modificar el título, sino que al estar la cruz cerca de la ciudad y al estar en el paso por donde todos subían a Jerusalén para Pesaj (Pascua), cuando se veía ese madero de tormento con la inscripción, lo que se leía de lejos era YHVH, el nombre de Elohim clavado en la cruz. Imagínense el impacto que esto significó en aquél 14 de Abib comienzo de Pésaj (Pascua) día de gran solemnidad, que en una Cruz romana estuviera clavado un hombre que se llamaba Yahvéh y que había sido crucificado a petición de ellos mismos.
Para entender mejor esto que les estoy planteando los invito a que veamos detenidamente ciertos detalles que contienen los secretos de esta tesis.
En el título puesto por Pilato sobre la cruz, encontramos que Jesús (Yeshúa) era y es primeramente Rey de los Judíos. El famoso título en latín que todos conocemos era INRI, pero dice el Evangelio que primeramenteestaba escrito en hebreo y luego en griego y latín. Comenzamos por el ultimo el latín.
INRI= Acrónimo esotérico en Latín:
INRI hemos dicho que son las siglas de la frase latina IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM, la cual se traduce al español como: «Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos».
Algunas sociedades esotéricas como los masones y los rosacruces atribuyen a este acrónimo orígenes paganos, es decir, anteriores a la cristianización. Lo interpretan como IGNE NATVRA RENOVATVR INTEGRA, que significa «Por el fuego se renueva completamente la naturaleza», era una manera de adoración al sol. Y esto Poncio Pilato lo conocía muy bien, por lo cual diseñó esta escritura con la intención de continuar burlándose de nuestro Señor y también de los judíos que gobernaba.
INBI= Acrónimo Griego:
Algunas Iglesias Ortodoxas de Oriente usan las letras INBI del texto griego de la inscripción en la cruz,Ἰησοῦς ὁ Ναζωραῖος ὁ Bασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων. Su sacerdocio cambia el título por ὁ Bασιλεὺς τοῦ κόσμου ( que signfica «El Rey del Mundo«), no implicando que esto es en realidad lo que estaba escrito, sino que eso es lo que debió haberse escrito. También otras Iglesias Ortodoxas de oriente (como la de Rumania), utilizan la abreviación INRI.
YHVH= Acrónimo Hebreo que revela al Eterno.
Pero la perla mística revelada a nuestra fe es la inscripción en hebreo cuya abreviación es el propio Tetragrama o nombre de Elohim (Dios):
ישוע הנצרי ומלך היהודים
“Yeshúa HaNotzri VeMelej HaYehudim” (YHVH), que significa lo mismo que INBI y que INRI, Yeshúa es Jesús, HaNotzri es de Nazaret, V’Melej con V , es Rey, y HaYehudim, de los Judíos.
Es decir que lo que se leía al principio de cada palabra eran la siglas YHVH, el nombre de nuestro Dios como título encima de la cabeza de Jesús clavado en el madero. Esto causó un fuerte impacto en la mente de los sacerdotes y fariseo. Significaba claramente y a simple vista que en el comienzo de la Pascua, en una cruz romana, estuva clavado un hombre que en el título o cartel sobre su cabeza tenía codificado el nombre sagrado Yahvéh. Esta situación coincidía con el cartel que se colocaba en el cuello de los corderos consagrados que cada padre de familia llevaba ese mismo día al Templo para sacrificarlo y luego disfrutarlo en familia durante la Cena de esta gran solemnidad. Cada cartel destacaba el nombre del padre que había apartado dicho cordero para la redención de su hogar. Los especialistas en códigos sagrados, discernían que cualquier judío que por allí pasara camino al Templo para adorar, vería claramente que aquel hombre verdaderamente era el Cordero de Elohim que quita el pecado del mundo, tal y como lo anunciara Su profeta Juan, el bautizante tres años antes en el Jordán (Juan 1:29).
Los sacerdotes también discernían que de esta manera se cumplía en Jesús la Escritura del libro de Éxodo donde el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) debía llevar el nombre de Elohim sobre su frente para cargar sobre sí las faltas cometidas por los hijos de Israel y a fin de que ellos reciban gracia delante de YHVH.
«Harás un ornamento de oro puro y graba en él como en un sello: ‘Apartado para YHVH.’
Átalo al turbante con un cordón azul, en la parte delantera del turbante,
sobre la frente de Aarón. Porque Aarón lleva la culpa de los errores cometidos por los hijos de Israel en dedicar sus ofrendas santas, este ornamento estará siempre sobre su frente, para que las ofrendas para YHVH sean aceptadas por ÉL.»
(Éxodo 28:36-38)
Los sacerdotes temían que cualquier varón judío, entendido en la Torah, al pasar cerca del Gólgota y ver de lejos las siglas de este cartel, se preguntara: «¿Cómo llevara el Kohen Gadol sobre su frente el Nombre de YHVH después de haberlo condenado a muerte?«. Usted, amado lector, ¿logra darse cuenta de este gran secreto mesiánico?
Entonces, como comprendemos hasta aquí las siglas de los acrónimos INRI o INBI no nos dicen nada. Solamente cumplen su rol de texto informativo. Pero, el acrónimo, en hebreo (el idioma original que fueron escritas las Escrituras, la lengua santa y el idioma con el que Dios creó el mundo), nos hacer ver que Yeshúa (Jesús) está sellado con el Nombre del Dios verdadero: YHVH. ¿Casualidad? ¿Coincidencia?… Seguros estamos que no. Poncio Pilatos, en su ignorancia escarnecedora, puso esas letras, pero fue el Santo Espíritu del Eterno quien permitió que así se revelara el nombre de Dios.
Para colmo de todo, la ira de estos líderes religiosos se aumentó exponencialmente al oír del procurador romano lo siguiente:
Pilato respondió: Lo que he escrito, he escrito.
(Juan 19:22)
Con todo esto, aquellos líderes religiosos, los testigos de esta Pasión maravillosa de nuestro Mesías, los discípulos que captaron esta señal,… lograron discernir el cumplimiento del salmo cantado por tantos años en Israel, especialmente en lo coronación de sus reyes:
(Salmo 2)
1 «¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?
2 Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra YHVH y contra su ungido, diciendo:
3 Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas.
4 El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos.
5 Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira.
6 Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte.
7 Yo publicaré el decreto; YHVH me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.
8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.
9 Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás.
10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra.
11 Servid aYHVH con temor, Y alegraos con temblor.
12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían».
Este fue el anuncio final del Eterno a Su Pueblo. Él se manifestaría corporalmente en Su Mesías. Evidentemente este mensaje resalta y sella que Yeshúa (Jesús) es YHVH. Así, y solamente así, se comprende el kerigma apostólico de las primeras comunidades: ¡Jesús es El Señor! Habiendo sido traducida las Sagradas Escrituras al latín, hoy los seres humanos solamente ven en las iglesias el termino (INRI). Con esto entendemos lo que sostengo al afirmar que las traducciones le roban el significado a la idea original de las Escrituras. ¡Toda versión es una traición!
¡Mas hoy debemos alegrarnos porque Espíritu Santo ha comenzado a restaurar la lengua que fue confundida en Babel, para traernos a todos a su conocimiento antes de que El regrese!
«Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».
(Hechos 4:12)
Importantísimo resulta para los primogénitos del Monte Santo adentrarnos en los misterios revelados del Nombre de nuestro Redentor. Y es que Yeshúa es un nombre hebreo que aplicado en la persona del Hijo unigénito del Eterno se transforma en un Nombre que es sobre todo nombre. Por ello, dedico esta bitácora para que, por medio de unos instantes de sus vidas, puedan sus almas reflexionar profundamente en los distintos secretos que Abba les revelará acerca del nombre Yeshúa.
Tenemos bien entendido que nombre en español Jesús, es una transliteración idiomática del original hebreo Yeshúa. La raíz hebrea de este nombre proviene de HO-SH-U-A que significa Salvación. Sin embargo, “la salvación” es sólo la mitad de la esencia de éste nombre. Para conocer la esencia completa del nombre de Jesús en hebreo, debemos remitirnos a la historia de los doce espías que Moisés envió para que reconocieran la tierra de Canaán. En el relato bíblico se nos dice que Moisés le dio a Hoshua(Oseas) el nuevo nombre de Ye-hoshua (Josué), que significa:Yahvé-es-Salvación.
«Y Yahvé habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Yahvé; y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. Estos son sus nombres… Samúa… Safat… Caleb… Igal… Oseas [Hoshua]… Palti… Gadiel… Gadi… Amiel… Setur… Nahbi… Geuel… Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas [Hoshua] hijo de Nun, le puso Moisés el nombre de Josué [Yehoshua]«.
(Números 13:1-16)
Vemos aquí entonces que Yeshúa (en hebreo יֵשׁוּעַ) es una forma tardía del nombre de Josué.
Al transcurrir el tiempo, el nombre de Yehoshua (Josué) llegó a ser de uso muy común dentro del pueblo de Israel. Por ejemplo, así se llamó un descendiente del sacerdote Eleazar (1 Crónicas 24:11, 2 Crónicas 31:15), un gobernador del tiempo del rey Josías (2 Reyes 23:8), y durante el tiempo de la reconstrucción de Jerusalén un sumo sacerdote (Hageo 1:1, Zacarías 3:1) y un gobernador (Nehemías 3:19).
Fue allá por el siglo quinto antes de Cristo, cuando el nombre Yehoshúa fue acortado a Yeshúa (esto podemos verlo como ejemplo en 1 Crónicas 24:11, Esdras 3:2, Nehemías 7:39 y Zacarías 6:11-12). Incluso durante el siglo primero de nuestra era, otros hombres judíos también tuvieron el mismo nombre hebreo Yeshúa, por ejemplo un falso profeta (Hechos 13:6) y un compañero de trabajo del apóstol Pablo (Colosenses 4:11). Este nombre aparece también citado en escritos seculares. En las obras de Flavio Josefo, por ejemplo, son mencionados unos veinte personajes con igual denominación.
Repasando lo que hasta aquí les he enseñado, podemos sintetizarlo en el siguiente cuadro:
Resultará muy interesante mencionar que David Flusser, un profesor de la universidad Hebrea, afirma que Yeshu era la manera como se pronunciaba aquel nombre por parte de los judíos galileos del primer siglo. Ellos no pronunciaban la letra hebrea ayin ubicada al final de las palabras y tal vez por esa razón con el tiempo empezaron a deletrear de acuerdo con esa pronunciación. “El nombre hebreo de Jesús, Yeshu, es evidencia de la pronunciación de la Galilea de la época, y no es de ninguna manera abusiva. Jesús era galileo, y por lo tanto no se pronunciaba la a al final de su nombre Yeshua”. [David Flusser. Fuentes Judías en la Cristiandad Temprana. Pág. 15. Adama Books, New York, 1987].
En el siglo primero después de Cristo, los judíos (probablemente debido a la influencia griega) redujeron la pronunciación hebrea del nombre Yeshúa dos veces más. Primero en Y’shuay luego en Y’shu. La forma Y’shu fue un intento deliberado de los judíos ortodoxos de ese tiempo para expresar su descontento con Yeshúa de Nazaret, presentándolo como si fuera una maldición compuesta por las letras iniciales de las tres palabras Immach SCHeino Vezicro, que traduce: “¡Que su nombre y memoria sean borrados!”. [aconsejo leer más de esto en Daniel Gleason. La Evolución del Nombre Jesús. Yehoshua -> Ihsous -> Iesus -> Jesús].
Para nosotros, los primogénitos en Su sangre, es muy importante entender que Yeshúa es el nombre que el Eterno prometió revelar en la Historia de la Salvación para cuando Él mismo viniera a salvarnos manifestado en carne (Isaías 52:6). Por eso, al ser el nombre del Eterno Dios, es que Yeshúa es el nombre que está por encima de cualquier otro nombre (Filipenses 2:9-10). Por lo tanto, es el único nombre en el que tenemos vida (Juan 20:31) y perdón de pecados (Hechos 4:12, 1. Juan 2:12), y es por eso que su iglesia está llamada a hacer todo en el nombre de Jesús o Yeshúa (Colosenses 3:17).
El regalo divino más maravilloso que hemos recibido es la Instrucción (Torah) del Eterno. Nuestro Creador, YHVH es Su Nombre, se encargó que este regalo fuera usado correctamente inspirando, a lo largo de unos 1.600 años, un manual de 66 rollos que hoy se conoce con el nombre de Biblia. Ella es, literalmente, la forma en la cual el Eterno mismo se revela y se comunica con la humanidad. Cada uno de sus 66 libros enseñan cómo cumplir fielmente la Torah en nuestras vidas. Todo lo que sabemos sobre nuestro Formador viene de las Sagradas Escrituras y contienen todo lo necesario para ser un hijo justo y vivir la vida según esta convicción.
Sin embargo, al mirar la cristiandad, notaremos que hay muchas cosas que los que se autodenominan seguidores de Cristo creen, y que NO SON BÍBLICAS en lo absoluto.
¿Qué explicación se le puede dar a esto? Muy sencillo. La gran mayoría de las veces, los cristianos escuchan a alguien decir algo que les gustó y les hizo sentido. Entonces se dedican a repetirlo como si fuera de parte de la revelación divina sin corroborarlo en las Escrituras, tal y como lo hacían los creyentes de Berea que escuchaban la catequesis del apóstol Pablo (Hch. 17:11). Hay algunos de estas frases y afirmaciones que han sido tan popularizadas, que hay creyentes sinceros (incluso pastores) ¡que afirman que son versículos de la Biblia!
1. “Ayúdate que yo te ayudaré.”
Comienzo con ella pues es la que más he escuchado repetir cuando estoy hablando con algún ser humano que quiere jactarse ante mí de tener su mente iluminada por la Biblia.
No existe registro en la Biblia en el que se encuentre ésta afirmación, y popularmente la gente cree que La Biblia lo dice, simplemente porque en medios de comunicación masiva y personas en su diario vivir lo han compartido.
En verdad, esta frase es anti-Evangelio. La misma promueve en la mente humana el desarrollo de una actitud de auto-dependencia y fariseísmo. Se induce a creer que por mis obras y esfuerzo, el Eterno está obligado a sorprenderse, y por ende, a ayudarme en mis metas y planificaciones. Es la actitud satánica de que “esforzándote más lo harás mejor” y llegarás a ser pleno. Justamente, esta actitud es la que siempre estorba el trabajo que el Eterno quiere hacer en la vida de un ser humano mediante la revelación de Su Hijo.
La frase «Ayúdate que yo te ayudaré» tiene su origen en escritos del obispo de Hipona del siglo IV, Agustín. Él decía: “Haz lo posible, que Dios hará el resto” y también escribió esto: “Dios ayuda a los que se ayudan», obviamente esto se interpretó como los que “se ayudan a sí mismos”. Desde aquí la herencia oral intergeneracional lo convirtió en “ayúdate”. Como es obvio pensar, Agustín había leído La Biblia y habría encontrado un texto que conlleva un mensaje similar; pero él acomodó la frase a su modo poniéndole sus propias palabras.
Veamos entonces lo que la Biblia sí afirma:
La Biblia sí afirma que debemos esforzarnos y tener valentía para obedecer lo que YHVH dice en Su Instrucción (Torah), con el fin que todo lo que emprendamos y hagamos nos salga bien.
Literalmente el texto es: «Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas»(Josué 1:7). Vemos aquí la orden del Eterno a Josué, el sucesor de Moisés, al tomar el mando del pueblo de Israel tras el fallecimiento de este último. Antes que Josué conquistara Jericó, y atravesara el río Jordán, YHVH le dio varias indicaciones para obtener la victoria, y entre ellas se encontraba ésta en particular.
Fíjense que el contexto es totalmente diferente al concepto que popularmente se tiene del “Ayúdate que yo te ayudaré”, aquí se trata es de obedecer los mandatos del libro de la Torah (los cinco primeros libros de La Biblia). Esto complementa el hecho que debemos tener la iniciativa para dejar la pereza y tener dedicación para lograr los grandes objetivos en la vida. Pero esto parte de seguir las palabras que YHVH me ha revelado en Su Instrucción.
El Eterno nos dio unas capacidades, talentos y raciocino. Pero éstos deben ser usados bajo una absoluta dependencia de Su Voluntad, que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:3) y que se encuentra revelada en la Torah. Justamente la realidad del Evangelio del Reino que Yeshúa proclamó es: que el Eterno solamente ayuda a aquellos que mueren a sí mismo y lo siguen en Su Yugo (Mateo 16:24).
¡La gracia puede hacer maravillas en el hombre que le abre su corazón al Eterno y obedece Su Instrucción (Torah)!
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2. “Dios quiere que yo sea feliz.”
Muchas personas cristianas hoy en día creen que el objetivo final de Dios es hacernos feliz. Esto es especialmente popular hoy en día en los púlpitos llenos de mensajes de la New Age, desde donde se implanta en los oyentes la idea de los derechos humanos como importantes en su relación con el Eterno. Por alguna razón, es algo común pensar en Dios como nuestro asistente personal, esperando a que nosotros pidamos algo para darnoslo. Es impresionante la cantidad de pecado que justificamos porque creemos que “Dios sólo quiere que yo sea feliz.” De ese modo este pensamiento genera esta falacias: 1. Lo que me haga feliz debe estar correcto. Lo que me haga infeliz debe estar equivocado. 2. La incomodidad, demora, riesgo, sufrimiento, inconvenientes y obstáculos no pueden ser la voluntad de Dios.
El resultado práctico de esto será que dichos creyentes comienzan a adorar a los dioses falsos del confort, el dinero, el placer, y todo lo que el sistema de cosas reptiliano les ofrece.
El problema con esta teología New Age es que a menudo otorga el permiso para hacer cosas que deshonran a la Voluntad del Eterno revelada en Su Torah. Desde allí se daña la relación de alianza con YHVH e incluso las relaciones con los demás. Eso no está bien.
El Eterno Dios nos llama a la santidad, y no a la felicidad. Después de todo la felicidad es una condición esencial de nuestro espíritu que viene en nosotros desde nuestra concepción. Lo que en verdad YHVH anhela es que nos convirtamos en Bienaventurados. La palabra bíblica (en el NT) para bienaventurado “makarios” significa “supremamente bendecido” o “exageradamente feliz”. Esta es la meta del Dios verdadero, YHVH, para nosotros, incluso cuando las cosas no van de la manera que queremos que vayan. El deseo del Eterno es hacernos santos, no sólo temporalmente feliz. La verdadera felicidad es una vida “bendecida”, y sólo llega cuando buscamos el Reino de YHVH en primer lugar, amando su justicia (Torah) por encima de todo.
Para logra esto es necesario dejarnos transformar en su proceso de santificación. Nuestro Formador quiere que lo honremos con nuestras opciones diarias y nuestro estilo de vida en general. Según la Biblia, existe el bien y el mal. Y cuando algo está mal, el Eterno nos dice “no lo hagas” desde lo que claramente ha establecido en Su Torah.
«Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia, pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo. Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo»
(1 Pedro 1:14-16).
¡El Eterno no te quiere feliz cuando tu idea de felicidad sólo se basa en las cosas de este mundo! Los aprendices de Yeshúa tienen una visión diferente de las cosas que todos los demás. Sabemos que hay más en esta vida que el aquí y ahora. Así que codiciar lo que ofrece este sistema de cosas (y tratar de encontrar total realización y felicidad en ello), es idolatría. Y nuestro Abba no quiere que adoremos ídolos, pues eso acarrea muerte y condenación.
«No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre»
(1 Juan 2:15-17).
Lo que el Eterno Dios quiere es que seamos obedientes a Él, que confiemos en Sus promesas de Alianza y que siempre esperemos sin ansiedad alguna, sabiendo que todo lo que hace obra para el bien de Su propósito eterno, aunque no nos haga sentir “felices” en ese momento (Romanos 8:28).
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3. “Todos somos hijos de Dios.”
La Biblia establece claramente, que toda la humanidad es creación de Dios (Colosenses 1:16), pero que sólo aquellos que han nacido de nuevo son hijos del Eterno Dios (Juan 1:12; Juan 11:52; Romanos 8:16; 1 Juan 3:1-10). Es decir, que sólo aquellos que se han arrepentido de sus pecados y que han puesto su fe en Yeshúa como Mesías y Señor, y a quienes el Eterno los santificó con al Torah por medio de Su Espíritu Santo pueden llamarlo “Padre” (Romanos 8:15-16).
Por lo tanto, todos los que no tienen a Yeshúa como su Mesías no son hijos del Altísimo:
“Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios”
(Efesios 2:1-2).
“Por lo tanto, podemos identificar quiénes son hijos de Dios y quiénes son hijos del diablo. Todo el que no se conduce con rectitud y no ama a los creyentes no pertenece a Dios”
(1 Juan 3:10)
En la Escritura, los que se pierden nunca son mencionados como hijos de Dios. Efesios 2:3 nos dice que antes que fuéramos salvos, “éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. El apóstol Pablo, en Romanos 9:8, dice que “…no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”. En vez de haber nacido como hijos del Eterno, nacimos en pecado, el cual nos separa de YHVH y nos sitúa al lado de Satanás como enemigos del Altísimo Dios (Juan 8:43). Un verso después, en Juan 8:44, Jesús dijo a los fariseos; “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer…”
Nos convertimos en hijos de YHVH cuando somos salvos porque somos adoptados dentro de la familia de Dios a través de nuestra relación con Yeshúa, el Mesías (Gálatas 4:5-6; Efesios 1:5). Esto puede verse claramente en versos como Romanos 8:14-17. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados.” Aquellos que son salvos son… hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26) porque Dios nos ha “…predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad” (Efesios 1:5).
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4. “Dios no te dará más de lo que puedas soportar”.
Esta frase suena agradable y reconfortante, pero, nuestro Abba nunca dijo esto. De hecho, es seguro que el Eterno te dará más de lo que puedas soportar.
Lo que sucede en realidad, es que muchos cristianos piensan que este paradigma es cierto porque confunden lo que dice La Biblia en 1 Corintios 10:13:
«Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir«.
Si leemos cuidadosamente, nos damos cuenta que el versículo habla de la tentación, no las situaciones y dificultades que afrentamos a diario. La Biblia dice que el Eterno nunca permitirá más tentación de lo que puedas soportar. Él siempre te dará una salida de la tentación. Pero la Biblia nunca dice, “Dios no te da más de lo que puedas soportar”.
La realidad es que toda la vida es una dificultad tras la otra. El propósito de que nosotros vivamos en un mundo caído no es para que intentemos con nuestras fuerzas llevar este yugo pesado, sino que nos rindamos ante el Eterno Dios. Este es un mundo caído y nuestro Abba nos diseñó para una eternidad perfecta en Él. Por eso es que Yeshúa nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Como seres humanos, naturalmente tratamos de resolver nuestros problemas con nuestra propia fuerza y habilidades. Si crees que Dios nunca te dará más de lo que puedes soportar, entonces cuando viene la crisis vas a tratar de apoyarte en tus propias fuerzas. Esto no es lo que Dios quiere para ti. Dios nos da más de lo que podemos soportar de manera que aprendamos a confiar en su poder.
El apóstol Pablo luchó contra lo que llamó un aguijón en la carne. No sabemos exactamente de qué se trataba, pero hizo que su vida y ministerio fuera un desafío. En tres ocasiones diferentes, le pidió a Dios que le quitara esta condición debilitante.
«Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. 10 Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte«
(2 Corintios 12:9-10).
Notamos que el apóstol Pablo estuvo feliz cuando sufrió porque le permitió experimentar el poder de Dios en su vida.
La verdad, de todo esto, es que creceremos más cerca de Dios en nuestros tiempos de sufrimiento y dolor, que en los tiempos de facilidad y comodidad. Esos momentos de crisis y lucha son momentos en los que podemos experimentar el poder de Dios que nos sostendrá.
Dios nos dará más de lo que podemos soportar. Cuenta con eso. Pero lo hace para que lo conozcamos mejor y para que confiemos más profundamente en su poder.
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5. “Todos adoramos al mismo Dios”.
Esta falacia surge porque muchas personas sostienen que todas las religiones son caminos igualmente válidos para llegar a Dios y descubrir el sentido de la vida. Otras muchas creen que en todas las religiones hay cosas buenas y cosas malas, y que ninguna posee el monopolio de la verdad ni puede afirmar que es la única vía que conduce a Dios.
Esas ideas son populares en la sociedad pluralista y “tolerante” de hoy. Tanto es así que a los que no las comparten suele vérseles como personas llenas de prejuicios, de mente estrecha.
Si somos sinceros, podemos desde este falso paradigma hacer algunas reflexiones. Si todas las religiones llevaran a un mismo Dios, las veríamos promoviendo la paz y unidad entre la humanidad. Pero ¿lo están haciendo? La historia demuestra que en lugar de unir a la gente, la religión ocasiona divisiones y peleas.
La conclusión es obvia. Las religiones del mundo no han traído paz y unidad y no han conducido a la gente a adorar al verdadero Dios. Al contrario, han dividido a la humanidad y han pintado un cuadro confuso de quién es Dios y de cómo adorarlo. Por consiguiente, todo el que quiera adorar al Dios verdadero tiene que elegir con cuidado el camino que seguirá. Esto está en armonía con lo que dice la Biblia. Ella indica claramente que para encontrar el camino que conduce al Dios verdadero hay que pensar con detenimiento y decidir en consecuencia. Josué, siervo del Eterno, dijo lo siguiente a la antigua nación de Israel: “Escójanse hoy a quién quieren servir, si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados que estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra están morando. Pero en cuanto a mí y a mi casa, nosotros serviremos a Yahvéh”. Años después, el profeta Elías también animó al pueblo a que escogiera: “¿Hasta cuándo irán cojeando sobre dos opiniones diferentes? Si YHVH es el Dios verdadero, vayan siguiéndolo; pero si Baal [un dios cananeo] lo es, vayan siguiéndolo a él” (Josué 24:15, 16; 1 Reyes 18:21).
Estos y otros textos bíblicos demuestran categóricamente que los que querían servir al Dios verdadero tuvieron que tomar una decisión bien pensada. Hoy día nos encontramos en la misma situación. Si queremos adorar y servir al Dios verdadero, tenemos que decidirnos por el camino correcto. Ese camino está revelado por Yeshúa, la Torah viviente del Eterno Dios.
Sí, hay un solo Dios vivo y verdadero (Deuteronomio 4:39), pero Él sólo acepta la adoración que viene a través de Su hijo unigénito, Yeshúa, … no Buda, ni Mahoma, ni ningún otro (Hechos 4:12; Juan 14:6).
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6. “Todos somos gente buena”.
Muchos seres humanos postmodernos no se quieren acercar al Eterrno porque dicen que no se explican “por qué un Dios lleno de amor, puede permitir que le sucedan tragedias a personas buenas”.
Muchas veces, ka tendencia de los seres humanos, es colocarse en el asiento del juez, determinando desde criterios relativistas lo que está bien y lo que está mal. Pensamos que una persona es más buena o más mala que otra o peor aun, que somos mejores que otra persona por cualquier razón. La realidad bíblica es que no hay ninguno bueno entre nosotros. Ni uno, dice la Escritura (Romanos 3:10). Es por esta razón que necesitamos el sacrificio de Yeshúa.
Quizá a ti te haya pasado algo malo y tu te consideras una persona buena que no le hace mal a nadie, a lo mejor pueda que estés sufriendo por la perdida de un ser querido, porque te despidieron, porque sufriste un accidente o te paso algo sumamente malo que se te hace difícil sacarlo de tu mente. Y es aquí donde tu te cuestionas.. ¿Porque un Dios bueno puede permitir que cosas malas me pasan? ¿Porque a mi si no le hago daño a nadie? Si te haces estas preguntas déjame decirte que ¡conoces muy poco a Dios! Es por eso que debes aprender lo siguiente:
«No hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»
(Romanos 12:11-12)
Ante los ojos del Eterno todos los hombres son iguales. No hay distinción de raza, clase social, sexo, sin embargo aunque parezca que el Eterno nos hizo distintos solo tenemos una cosa común y es el PECADO. Desde las personas mas ricas hasta las mas pobres han ofendido el carácter santo y justo de Dios al quebrar Su Instrucción (Torah). Eso es el pecado, nos vuelve imperfectos ante los ojos de YHVH y nos separan y condenan al Lago de Fuego.
«Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor».
(Romanos 6:23)
Debido a que todos somos pecadores, esa condición hace que “Nadie sea bueno”, ya que todos en nuestra vida hemos mentido, hemos robado, hemos codiciado a alguien etc.. y toda la vida seremos así.. no hay pecado grande o mayor.. para el Eterno tanto la mentira como el asesinato son considerados faltas graves contra su persona. Leemos lo siguiente:
«Porque el que cumple con toda la Torah pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la Torah».
(Santiago 2:10-11)
Ahora que comprendemos que para Dios no hay nadie bueno, ya que TODOS se han descarriado, podemos empezar a tener un enfoque diferente de las cosas.
«No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra«.
(Gálatas 6:7)
El fracaso emocional que estés pasando, las malas relaciones que puedas estar teniendo o algo grave por lo que estés atravesando muy posiblemente sea por las malas decisiones que has tomado tu u otras personas que te rodean, como padres y amigos. Decisiones tomadas dándole la espalda a lo que la Torah revela.
Cuando llevamos una vida en desobediencia a la Torah del Eterno, no considerando sus consejos y principios bíblicos, llegamos a tener una vida egoísta y vacía, llena de múltiples problemas y dificultades. Si conocemos poco a Dios nos podemos llegar a irritar y enojarnos con Él, echándole la culpa de nuestras desgracias, cuando ya vimos que no es así. Medita bien en esto: las malas decisiones que tomes hoy decidirán quien eres mañana, recordando que el Eterno siempre esta contigo en donde quiera que vayas.
El Eterno es bueno con todo aquel que lo busca, Él tiene un diseño de propósito perfecto para cada persona y cada circunstancia que pasa (sea buena o aparentemente mala) solo es una oportunidad que Él nos da para que vivamos por Yeshúa cada día, escuchando y obedeciendo Su Instrucción (Torah).
¡El Señor te ama, clama a Él y con paciencia el te responderá! ¡No te dejes vencer por el mal al contrario véncelo con el bien que se esconden en Su Torah! ¿Que tu fe no desmaye! ¡Cobra fuerzas en el Señor!
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7. “Cuando alguien muere, Dios gana un angelito.”
La respuesta aquí es simple y sencilla: los humanos son humanos y los ángeles son ángeles. La Torah, claramente enseña que los ángeles son seres distintos a los humanos. En el Salmo 8:4-5 de la Biblia aparece que Dios hizo a los humanos un poco menos que los ángeles. Hebreos 12:22-23 menciona que los ángeles y los espíritus perfeccionados de la gente justa se encuentran bien diferenciados en la asamblea de adoración de Abba. Esto implica que los espíritus humanos mantienen sus propias cualidades después de la muerte y no se convierten en ángeles. Esto se mantiene así hasta la eternidad.
En el caso de los niños que no alcanzaron la capacidad de razonamiento y mueren, hay que también entender que fueron creados como seres humanos. Por lo tanto, siempre serán seres humanos. Cuando mueren, no se convierten en ángeles, una clase de criatura diferente. En este mundo nosotros conocemos y amamos a los niños como seres humanos. Después de la muerte los niños siguen siendo seres humanos.
Así como Yeshúa no llegó a convertirse en ángel cuando murió y resucitó, así no se va a convertir en ángel ningún ser humano.
La Biblia incluso enseña lo siguiente: «¿no sabéis que juzgaremos ángeles?» (1 Corintios 6:3 ). Si bien este versículo puede estar refiriéndose a los ángeles rebeldes que han elegido seguir a Satanás, implica que nuestra condición después de la muerte será superior a la de los ángeles.
De hecho, a los ángeles les intriga la interacción entre el Eterno y los humanos creados a Su imagen y semejanza:
“A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.
(1 Pedro 1:12)
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8. “Todos vamos al mismo sitio cuando muramos”
Esta falacia proviene de la doctrina babilónica de la mortalidad del alma. Dicha doctrina se fundamenta principalmente en decir que el alma no muere después del fallecimiento de una persona. HaSatán ha logrado con esta falacia usar a las religiones para enseñar que los difuntos se convierten en espíritus a los que los vivos deben respetar y honrar. Según esta creencia, esos espíritus pueden ser amigos poderosos o enemigos terribles. Creyendo esta mentira, muchas personas los temen, los honran y les rinden culto. La Biblia, en cambio, enseña que los muertos están durmiendo y que solo debemos adorar al Dios verdadero, Yahvéh, quien nos ha creado y nos ha dado todo (Revelación 4:11).
Al leer La Biblia descubrimos otra cosmovisión acerca de este asunto. El libro de Eclesiastés 12:7, que en relación al final de nuestra vida dice:
“… y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Elohim que lo dio.”
Bien, la pregunta es: ¿puede aquel que muere estar consciente y saber todo lo que ocurre con sus seres queridos en la tierra a tal punto de comunicarse con ellos?, Respecto de eso, la Biblia aclara:
“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol“
(Eclesiastes 9:5 y 6)
Muchos pasajes de la biblia reafirman esta idea, es más en diversas ocasiones la muerte es comparada con un sueño:
“Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle“.
(Juan 11:11)
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él“.
(1 Tesalonicenses 4:13,14)
Quiero quedarme con esta ultima idea. La Biblia es clara, no quiere que estemos sin una esperanza, a muchos amados perderemos, pero podremos volver a abrazarles cuando el regrese, si aceptamos su salvación, ¿Quieres respuestas?, La Biblia las tiene, no siempre nos gustaran, pero créeme, Dios sabe como hace las cosas y te ama con una profundidad inimaginable.
Cuando conocemos la verdad sobre los muertos, ya no nos engañan las mentiras religiosas. Además, entendemos mejor otras enseñanzas de la Biblia, como por ejemplo, la promesa de vivir eternamente en el Milenio y desde allí el Paraíso.
Esta esperanza se vuelve muy real para nosotros cuando aprendemos que los difuntos no van a vivir como espíritus a otra parte. ¡No existe un estado intermedio con conciencia entre la muerte y la resurrección!
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9. «Dios ama al pecador pero aborrece el pecado»
¿Está esto basado en las Escrituras? Me temo que no. La verdad es que esta frase fue dicha por el abogado, pensador y político hindú Mahatma Gandhi. Tiempo después esta frase fue tomada por muchos cristianos y en sus púlpitos y sermones comenzaron a mencionarla implantándola en los oyentes como un paradigma bíblico.
La Biblia, en cambio, simplemente no dice esto. De hecho, se dice lo contrario:
«Los que se ensalzan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.”
(Salmo 5: 5)
Sé que muchos de Uds. van a protestarme aquí, pero la Biblia también dice:
«Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.
Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
aborreces a todos los que hacen iniquidad.»
(Salmos 5:4-5)
«Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días». (Salmos 7:11)
«Abominación son a YHVH los perversos de corazón; más los perfectos de camino le son agradables».
(Proverbios 11:20)
Será bueno aclarar que esto no significa que el Eterno es cruel. Él abomina al pecador porque es Justo. Las Escrituras revelan que YHVH es Juez Justo, por lo tanto, abomina al pecador. Él no mandara el homosexualismo al lago de fuego el mandara al homosexual. No mandara el robo a la condenación eterna, sino que Él mandara al ladrón. Esto no se trata de crueldad, sino de plena Justicia revelada en la Torah. ¡En La Biblia no dice que la ira de Dios se manifiesta sobre el pecado, dice que la ira divina se manifiesta sobre el pecador!
«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él».
(Juan 3:36)
«Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia».
(Efesios 5:6)
El aborrecimiento justo es una píldora difícil de tragar tal debido a la cultura auto-centrada, autosuficiente, egoísta , ególatra, y de auto-exaltación en la que vivimos. Lo que todos tenemos que entender es que en la cruz del Gólgota, sobre el cuerpo del Cordero divino, el amor y el odio santo chocaron.
Seamos sinceros; la mayoría de los cristianos profesantes de hoy adoran a un Jesús incompleto, el Jesús romano. Un falso Cristo. Por otra parte, si no entendemos el odio del Eterno, Su amor perfecto no significa mucho para nosotros. Tenemos que llegar a un acuerdo con el odio santo de YHVH. El versículo más conocido pero desconcertante en el Nuevo Testamento que nos confronta con el odio de Dios por los pecadores es Romanos 9:13- “a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Es comprensiblemente difícil envolver nuestras mentes alrededor de esto, pero si tomamos el Biblia en serio tenemos que aceptarlo y poner nuestras emociones volubles, opiniones y tradiciones de lado.
En el gran esquema de las cosas, el odio de Dios será derramado sobre los no elegidos por la eternidad en el lago de fuego. Tenemos que entender que el Eterno es perfectamente justo y bueno para sólo salvar a algunos porque todos merecemos su ira aborrecedora. Romanos 9:14-15 arroja más luz: “¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! Porque El dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión.” Cuando comprendemos y continuamente recordamos que Yahvéh nos ha salvado a los pecadores de experimentar su odio, nos hace ser personas humildes agradecidas.
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Al considerar todas estas falacias, notamos que lo paradójico del cristianismo es que por un lado enseña que la Biblia fue inspirada por Dios y es de Su autoría, y aunque usó el puño y letra de seres humanos no tiene errores en su mensaje. Pero, por el otro lado fomenta el analfabetismo bíblico en aquellos creyentes que mantiene en sus filas, permitiendo que sostengan, afirmen y declaren estas falacias como parte de la revelación de la Instrucción de Dios.
Yo quiero aconsejar al lector sincero que está leyendo esta bitácora, que en lugar de aceptar estas cosas sólo porque son populares o porque las escuchaste de un pastor o líder en la iglesia, seas como los creyentes de Berea que La Biblia describe que “día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad” (Hechos 17:10-11).
Por último, te aconsejo que a partir de ahora todo lo que confieses como paradigma de fe, esté sujeto a la revelación de Su Palabra. La Biblia dice:
“Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesús, el Cristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
(1 Pedro 4:11)
Nota:
Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.
¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!
Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor».
(Mateo 9:36)
«Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y le siguieron».
(Mateo 20:34)
Cuando recurrimos al diccionario de nuestra lengua para encontrar el significado de la palabra compasión, notamos que la define de la siguiente manera: «Sentimiento de ternura y lástima por las desgracias de los demás«. Este concepto es lo que moviliza a los seres humanos a sentir pena por alguien (sentir lástima), diciendo: «¡Ay, pobrecito!«, y… seguir caminando. Esta la compasión que alimenta el ego. Es un sentimiento en contra del diseño mesiánico ya que evita la movilización espiritual que permite socorrer al afligido y sacarlo de esa zona o nivel de cautividad. ¡Compasión no es lástima pasajera!
Sin embargo, cuando vemos a nuestro Mesías, según el relato del evangelio, sintiendo compasión por las multitudes entendemos que se trata de la verdadera. Es decir, la compasión que hace humilde. La que nace de un profundo entendimiento del orden de las cosas: cuando comprendes que tu prójimo está sufriendo para que tú seas el privilegiado de ayudarlo, entonces realmente te vuelves humilde, empatizas con él, y desde su lugar lo ayudas a elevarse y continuar derecho, adelante y hacia arriba.
La verdadera compasión nos lleva a identificarnos con el dolor del prójimo, de tal manera que hacemos nuestra su condición o situación; nos colocamos en su lugar. Eso nos motiva y nos provoca a actuar y a hacer lo que nos corresponde.
Los apóstoles supervisaban constantemente a que las comunidades de discípulos practicaran la compasión humilde. Así leemos el consejo del hermano del Señor, Jacobo, diciéndoles a sus destinatarios:
«Si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero ne les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?»
(Stg..2:15-17).
Del mismo modo el discípulo amado Juan, enseñaba que la movilización de este tipo de compasión garantizaba una equidad material en las comunidades que él presidía con su servicio pedagógico:
«El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? … No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad»
(Jn 3:17-18)
Charlando con mi esposa, licenciada en Letras, aprendía que la palabra compasión deriva de los términos, en latín, pati y cum, que unidos significan «sufrir con». Esto sumó a lo que conozco del texto bíblico. En griego, el verbo tener/sentir compasión, que leemos en el evangelio refiriéndose a Yeshúa, literalmente significa «conmoverse las entrañas». Este verbo, en griego, viene del sustantivo entrañas, vísceras, lo íntimo, oculto; la raíz hebrea, también significa, en plural, entrañas (paternas o maternas). Significa compadecerse, tener compasión íntima, profunda, entrañable, tal y como lo hace una madre y/o un padre.
En las Escrituras (Bibli), se revela que para la mentalidad hebrea las entrañas son la sede de la misericordia. Entrañas, en plural, traduce el plural hebreo rajamim; pero el singular hebreo rajem designa el útero, la matriz, seno materno. (Jer 1.5; 20.17; Job 3.11; 1 Re 3.26; Gen 43.30). Así, el significado del plural rajamim fue evolucionando, bajo la influencia del significado materno, hasta llegar a significar la matiz característico de las madres. Este verbo, aplicado al Abba-YHVH, adquiere una riqueza de significado teológico, presentando al Eterno con sentimientos maternos (Lc. 15:20). Es un verbo con gran densidad emotiva. Un Dios con entrañas de amor, misericordia y ternura, que brotan de lo hondo del vientre fecundo de una mujer. Es amor gratuito, incondicional, apasionado, constante, irremediable e invencible. Todo eso, en praxis divina, es la compasión que hace humilde.
Entonces, entendieno el origen etimológico de la palabra compasión, y profundizando la idea hebraica de esta actitud, comprendo que la compasión que nos hace humilde nos pide que vayamos a los lugares donde existe dolor, que entremos a los espacios donde se sufre, para participar de la sensación de quebranto, temor, confusión y agonía de otro. Nos llama a llorar con los que han quedado olvidados, a padecer con aquellos que sufren soledad, a agonizar por los que han perdido la esperanza. En última instancia, la compasión significa la disposición de sumergirse en pleno en la condición humana, lo que representa mucho más que simplemente ser amable o bueno.
La compasión que alimenta el ego nos coloca como meta nuestro confort. Por ello, mantiene nuestra mente en la inercia tempestuosa por un buen pasar; en avanzar, en alcanzar la distinción en lo nuestro. Nuestras almas se orientan así hacia la competencia con nuestros pares, y el mejor consejo que podemos darle a los que nos acompañan en este proceso es que tratemos, por el camino, de herirnos lo menos posible los unos a los otros. Nuestro ideal es alcanzar la máxima satisfacción personal sin causarle demasiados problemas a los que nos rodean.
Sin embargo, al estudiar el yugo que nos ofrece nuestro Mesías, entendemos que la meta que Él propone es otra: «sean compasivos como su Padre es compasivo» (Lc 6.36 – NVI). Yeshúa tenía la perspectiva divina, la de Su Padre celestial. Él sabía que YHWH respetaba y valoraba la dignidad humana de cada quien en toda su integralidad. Miraba lo que era su corazón, lo que cada cual era realmente. Veía más allá del dinero, posición social, o lo que la gente creyera. Para Yeshúa, las personas tenían un valor intrínseco, por haber sido creadas a la imagen y semejanza del Eterno.
La compasión, correctamente entendida, es la puerta por la que accedemos a la expresión más plena de nuestra humanidad, embebida en Su divinidad.
Todo el tiempo, especialmente desde los ámbitos mentales religiosos, se nos habla de pecar o no pecar. Pero, ¿qué es un pecado?
Yo diría que un pecado es unir un cable de energía negativa con uno de energía positiva y recibir una descarga. Sin embargo, debemos reconocer que la unión de los cables no es hecha por una Fuerza Divina, es hecha por ti y por mí. Voluntariamente decidimos hacer esa nefasta unión.
Así mismo, cuando despertamos y pensamos algo negativo, cuando decidimos en la mañana que el día está gris y las cosas no marcharán como queremos, cuando buscamos la satisfacción inmediata pasando por encima de alguien más o de nuestro bienestar, cuando nos quejamos o decimos cosas negativas en voz alta para que las entidades que nos rodean puedan escucharlas y manifestarlas: todo esto provoca un cortocircuito. Pero un cortocircuito no significa que una mano Divina vendrá a nuestra realidad y lanzará granizo y azufre sobre nosotros. Un corto circuito es causado por ti y por mí porque todos somos responsables de todo lo que hacemos, y como somos responsables, también podemos reformar todo.
La verdad es que el pecado, tal como se define en las traducciones originales de las Sagradas Escrituras, significa “perder el camino” o «errar el blanco«. El camino, en este caso, es el estándar de perfección y plenitud de vida establecido por el Eterno Dios y evidenciado por Yeshúa, Su Hijo y Mesías. Bajo esa luz, queda claro que todos nosotros somos pecadores.
Por ello, cuando asumimos la responsabilidad total de todo lo que vivimos, tenemos el poder de cambiar nuestra realidad.
Anhelo compartirles una curiosidad maravillosa de los códigos bíblicos. Me refiero a la revelación de nuestro Mesías escondida en los lineamientos de la Torah.
Al explicar y desarrollar las leyes de libertades individuales, la Torah enseña que por si alguna razón especifica una persona pierde su libertad, debe ser redimida por uno de sus parientes.
De forma especial, entre los parientes mencionados en la Torah a quienes se asigna esta obligación, están los primos: “El hijo de su tío le redimirá” (Lv. 25:49). Pues bien, permítanme contarles que la expresión hebrea para “el hijo de su tío” se escribe de esta manera בן דוד , y se pronuncia Ben Dod. Ahora bien, la coincidencia (o «dioscidencia») es que dicha expresión se escribe de la misma manera que “hijo de David” בן דוד (Ben David). Por lo tanto, y de acuerdo a las licencias que da el lenguaje hebreo, el versículo de Levítico, referido a la redención en el año de jubileo (Yobel) se puede leer, “el hijo de David lo redimirá”. Entendiendo pues que dicho precepto de la Torah escondía en forma de códigos la obra redentora de nuestro Mesías Yeshúa, el Hijo de David.
Hoy, conociendo esta verdad, nos alentamos en medio de toda opresión mental y física que ejerce la dominante cultura de materialismo en que estamos inmersos. El Hijo de David, nos libertará personal y colectivamente a través de la aceptación por fe de Su obra redentora a través de Su sacrificio en el Gólgota y el estudio profundo de la Torah que nos permita meditar sobre temas de nuestra liberación y conexión con el Mesías, el hijo de David.
Aquí les comparto un esquema a fin de que puedan copiarlo y tenerlo en sus apuntes.
“El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha.”
(1 Corintios 16:22 _RV 1909_)
Estamos viviendo días muy especiales. Son tiempos con especificidad profética en los que cada jornada se convierte en una sumatoria de señales del fin de este sistema. Día a día, el corazón de los escogidos se eleva en expectativa de fe, esperando ese Gran Día en el que el Señor, con voz de mando, con trompeta de Dios, establecerá el inicio de nuevos tiempos para esta Tierra. Por ello, he descubierto que en las naciones, el testimonio de las primeras comunidades de discípulos del Mesías acerca de la pasión con la que esperaban Su regreso, resuena hoy más sugestivo que nunca.
Es más, en el versículo final de la primera epístola a los corintios nos encontramos con la curiosidad de que el apóstol Pablo utilizó la palabra Maranatha en arameo, a pesar de que la epístola fue escrita en griego. El hecho se debe a que esta palabra ya había adquirido cierto crédito y peso de poder entre los creyentes de las primeras comunidades. La misma era utilizada como expresión de la esperanza de la Parusía de Cristo.
Muchos documentos antiguos testifican como las congregaciones de los primeros cinco siglos, en efecto, acompañaban las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathà, una expresión formada por dos palabras arameas que, según como se silabeen, se pueden entender como una súplica: «¡Ven, Señor!», o bien como una certeza alimentada por la fe: «Sí, el Señor viene, el Señor está cerca».
Referente a la composición de ésta palabra, el diccionario VINE (en su versión electrónica para E-Sword) comenta:
“La primera parte, que finaliza en «n», significa «Señor»; en cuanto a la segunda parte, los «Padres» la consideraban como un tiempo pretérito, «ha venido». Los modernos expositores la toman como equivalente a un presente, «viene», o futuro, «vendrá». Ciertos eruditos en arameo consideran que la última parte consiste en «tha», e interpretan la frase como una exclamación, «Ven, nuestro Señor», o «Oh, ven Señor». Sin embargo, el carácter del contexto indica que el apóstol está haciendo una declaración en lugar de expresar un deseo o de pronunciar una oración.”
Referente al motivo de su uso en los primeros cristianos, el citado diccionario dice:
“En cuanto a la razón de por qué se usaba esta expresión, lo más probable es que fuera una expresión corriente entre los cristianos primitivos, que incluía la consumación de sus deseos. «Al principio el título Marana o Maran, utilizado al dirigirse a Cristo y al referirse a Él, no era otra cosa que la respetuosa designación del Maestro por parte de los discípulos».
Esta expresión solamente aparece en 1ª Corintios 16:22 y parece ser que era usada como un saludo recordatorio con relación a la Segunda Venida del Señor:
Filipenses 4:5: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca”.
Santiago 5:8: “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”. (Ver también Apocalipsis 1:7).
De acuerdo a Apocalipsis 3:11, el mismo Señor Jesús afirma Su venida, confirmando de esta manera muchos de los pasajes Bíblicos que hablan de Su regreso inminente, regreso que todo Cristiano no solamente deberá anhelar y amar sino también esperar: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.
De allí que no haya que temer, porque será el momento de nuestra salvación definitiva. Será, además, el momento más espectacular y más importante de la historia de la humanidad: ¡Cristo viniendo en la plenitud de su gloria, de su poder, de su divinidad! Si hace dos mil años Él vino como un ser humano cualquiera, en su segunda venida lo veremos tal cual es, “cara a cara” (1 Cor. 13: 12).
Será el momento de nuestra definitiva liberación: nuestros cuerpos reunidos en la resurrección prometida para ese momento final. Es cierto que algunos “de los que duermen en el polvo despertarán para el eterno castigo” (Dn. 12: 1-3). Pero ésos serán los que no hayan cumplido la voluntad de YHVH en esta vida terrena, los que se hayan opuesto al Eterno Dios y a Su Instrucción (Torah). Aquellos que hayan buscado caminos distintos a los del Eterno. Es decir, ese castigo será para los enemigos de nuestro ios.
Pero los justos, los que hayan buscado cumplir la voluntad de Dios en esta vida, los que por esa razón “están escritos en el libro … despertarán para la vida eterna … brillarán como el esplendor del firmamento … y resplandecerán como estrellas por toda la eternidad” (Dn. 12: 1-3).
Es cierto, también, que ese momento será precedido por “un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo”. Sin embargo, las pruebas y sufrimientos de esa tribulación serán la última llamada a conversión para los que se encuentren en estado de pecado y será la última purificación para los elegidos. En ese sentido, esa etapa de sufrimientos es fruto de la infinita misericordia de Dios que quiere que todos sus hijos sean salvados.
Será un momento en que “el universo entero se conmoverá”, pues veremos “al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y El enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo” (Mc. 13: 24-32).
Con esta esperanza se comprende cómo desde el comienzo de la Iglesia los primeros discípulos del Mesías, deseosos de volver a ver el rostro glorioso de su Señor, se mantenían firmes y vigilantes siempre, esperando la Parusía.
Por toda esta manifestación gloriosa, el apóstol Juan, que da testimonio de todas las cosas escritas en Apocalipsis 22:20, recoge del Señor Jesús su frase de cierre: “Ciertamente vengo en breve.” Y apóstol de acuerdo le responde: “Amén; sí, ven, Señor Jesús«. Es la exclamación en la que culmina toda la Revelación de la Nueva Alianza, al término de la maravillosa contemplación que nos ofrece el Apocalipsis (Revelación) de Juan (Ap 22: 20). En ese caso, es la Iglesia-Esposa que, en nombre de toda la humanidad y como primicia, se dirige a Cristo, su esposo, no viendo la hora de ser envuelta por su abrazo: el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y plenitud de amor.
Muchos de mis lectores piensan que el día de reposo se les dio a los israelitas en el monte Sinaí, y que por lo tanto es un mandamiento que solamente ese pueblo debe guardar en obediencia y adoración al Eterno. Pero la verdad es que este día fue establecido como jornada festiva desde la creación misma, como se testifica en Génesis cap 2; vv. 1-2
«Así fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus huestes. Y en el séptimo día completó Dios la obra que había hecho, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que El había creado y hecho».
Como pueden darse cuenta El Eterno es quien bendijo y apartó el Día del Shabat ya que tiene un significado muy especial en su diseño de Reino. Las Escrituras nos revelan que cuando Él terminó Su obra creativa, decidió gozar de lo que había creado, sabiendo que ahora la Creación estaba libre del obrar de las tinieblas, por la presencia de Su diseño creativo de plenitud y reposo: el hombre en posición mesiánica. En otras palabras es el día de descanso del Eterno Dios y así también para nosotros el día de Shabat tiene que ser un día de descanso, gozo, alegría, celebración, bendición, y dedicación al propósito eterno de Dios.
Las Sagradas Escrituras explican que la Instrucción (Torah) de Dios revela que Shabat es el día más poderosos de la semana ya que el periodo del sexto día (viernes) al atardecer y Sábado al caer la noche es el único momento en que el mundo espiritual y el mundo físico están unidos bajo el poder del Mesías. Por lo que cada semana en este día podemos transformar nuestra realidad, personal y global, utilizando el poder especial de Shabat.
Para comprender bien, el espíritu (la mentalidad) que se encuentra dentro de este día, será conveniente ir al significado original de esta palabra. Etimológicamente, la palabra hebrea «Shabat« significa: «Día de descanso«, «Sábado«, y está relacionada en su origen con la palabra shvitáh, que significa «descansar« y «huelga« (o sea, un paro forzado de trabajo).
Existe, además, un significado intrínseco de cada una de las letras del alfabeto hebreo que componen esta palabra. Para comprenderlo, comenzaré diciendo que la palabra Shabat se escribe con las letras Shin (ש), Bet (ב), y Tet (ט). Miraremos el significado de cada una de ellas y luego realizaremos la síntesis de ellos:
La letra Shin (ש) significa «Poder de Dios» y también «Destrucción de lo que causa el caos».
La letra Bet (ב) significa: «casa, cuerpo, familia,».
Finalmente, la letra Tet (ט) significa: «cortar un pacto».
Si unimos estos tres significados en una unidad que se relacione con los creyentes, podemos entender que «Shabat» significa, de acuerdo a la sumatoria del significado individual de cada letra: «El Poder de Dios para destruir lo que causa el caos (las obras del diablo) en el Cuerpo del Mesías Yeshúa, y en nuestra familia, y que se concreta en sus Siete Pactos, especialmente en el último, el Pacto Renovado o Nueva Alianza«.
Por todo esto, entendemos que el verdadero significado del Pacto Renovado es: «más no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2:20), es decir, que en nosotros, nuestra falsa identidad de pecado, el yo (ego), está muerto y Yeshúah el Mesías cumple la Torah (Instrucción) de Yahvéh internamente, a través de nosotros y por nosotros. De este modo, nosotros estamos en Su reposo, descansando en Su obra redentora llena de Gracia en nosotros.
Ahora bien, sabemos, por lo escrito en la carta de 1 Tesalonicenses (capítulo 5, verso 23) que nuestro ser tiene tres partes «espíritu, alma y cuerpo«. Pablo describe esto diciendo:
«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo: y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo».
De esta escritura podemos discernir que existe un descanso, un Shabat para nuestro espíritu, un Shabat para nuestra alma y un Shabat para nuestro cuerpo. Por ello, los invito a poner toda su atención en esto, y considerar con profunda meditación la riqueza de este misterio celestial revelado a nosotros en Cristo Jesús.
Individualmente hablando, existe un Shabat para nuestro cuerpo, que es no trabajar en nuestra tarea secular en el día sábado. Así también, existe un Shabat para nuestro espíritu, que, como dijimos, es morir nuestro yo (el ego), y que Yeshúa Mesías sea el que hable y haga en nosotros a través del Espíritu Santo. En la epístola a los romanos, el apóstol Pablo llama a esto «ser guiados por el Espíritu«.
«Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios«. ( Ro. 8:11)
Hasta ahora estas dos dimensionalidades del Shabat en nuestras vidas redimidas están bien claras. Pero lo más importante para entender y meditar es la dimensionalidad del Shabat para nuestra alma. Solamente así, estaremos integralmente irreprensibles y listos para la parusía de nuestro Mesías.
El diseño dimensional psicológico del Shabat está instruido en Isaías 58:13:
«Si cambiares (la costumbre) de poner tu pie en el Shabat para hacer tu voluntad en mi día santo y llamaras al Shabat una delicia a lo que es santo para Yahvéh y glorificado y lo glorificarás y no anduvieres por tus propios caminos y de encontrar tu propio placer o no hablares (tus propias) palabras, entonces te deleitarás en Yahvéh y Yo te haré cabalgar en las alturas de la tierra, y te haré comer de la herencia de Jacob tu padre, ya que la boca de Yahvéh ha hablado«.
Por medio de estos versículos, podemos aprender varias lecciones.
La primera de ellas es cómo festejar el Shabat. No haciendo nuestra propia voluntad, sino la voluntad del Eterno Dios, que es exactamente la definición del Pacto Renovado o Nueva Alianza, dejar que Yeshúa haga la voluntad del Padre en nosotros y por nosotros. Debemos preguntar al Señor qué hacer en Su día santo y dedicarle ese día a Él.
La segunda lección que podemos aprender es que el Shabat es un preludio a la redención final, ya que habla de «delicia» (óneg) y «honor» (kavód), dos virtudes que se disfrutarán en su plenitud recién cuando estemos viviendo en el Shabat del Milenio, y finalmente, en el Shabat Eterno, unidos al Creador para siempre en el Cielo.
¡Y eso es lo maravilloso de guardar este día santo! Saber que la Biblia nos habla no solamente del descanso semanal, sino de un descanso eterno que resta para el pueblo del Eterno, del cual el Shabat es símbolo maravilloso. Leemos en Hebreos 4:9: “Por tanto queda un reposo para el pueblo de Dios”. Ese Shabat o reposo que queda para el pueblo de Dios, es la vida eterna en cuerpos glorificados donde estaremos para siempre con el Eterno, gobernando en armonía los cielos.
De modo que el Shabat tiene dos referencias: una temporal, el descanso semanal, el que realizamos durante el séptimo día o sábado, y otra permanente y profética, el descanso eterno que nos espera como Esposa del Cordero.
Y de la misma forma que cuando probamos algo delicioso, uno no puede entender realmente qué es Shabat hasta que lo experimenta por sí mismo. En resumen, la única respuesta surge a «¿Qué es Shabat?» es: ¡Inténtelo!
Según la fe católica, el aborto es un pecado tan grave que quienes lo facilitan o lo realizan incurren en la excomunión automática de esa institución religiosa. Sin embargo, Jorge Bergoglio, el argentino devenido en falso profeta bajo el título de Papa Francisco, ha encontrado la manera de que este pecado sea debilitado y sacado de la conciencia de las masas como tal ya que permitirá a todos los sacerdotes perdonar formalmente a las mujeres que hayan abortado y pidan su absolución durante el próximo Año Santo católico. Muchos aseguran que este es el último de los pasos del pontífice argentino hacia una iglesia más abierta e integradora. Yo, como profeta del Eterno, les aseguro que este varón llegó con esto a sus últimos pasos por este planeta.
La medida se aplicará durante el Año Jubileo, que comenzará desde el próximo 8 de diciembre y se extenderá hasta el 20 de noviembre de 2016. El pontífice señaló en una carta que los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea, ya que el perdón, solamente podrá ser concedido durante el Jubileo de la Misericordia o Año Santo, es decir entre los días comprendidas en las fechas señaladas.
El Año Santo es una celebración católica en la que se celebra la remisión de los pecados cada año en el que el 25 de julio cae en domingo. En este caso, se trata de un Año Santo Extraordinario, convocado por Francisco y llamado Jubileo de la Misericordia. La apertura del próximo Jubileo tendrá lugar en el 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, ocurrida en 1965. Evidentemente se trata de una celebración que vaticina nuevos cambios dogmáticos en la sede romana de Babilonia. Además, el rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de años permanece sellada. Tienen una Puerta Santa las cuatro basílicas mayores de Roma: San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María Mayor. Las cuatro serán abierta este próximo 8 de diciembre como un acto mágico que profetizará la abertura de los portales de los cuatro puntos cardinales a fin de que todas las naciones den la bienvenida al Nuevo Orden Mundial que Vaticano propondrá.
La carta fue publicada por el Vaticano este martes. En ella Francisco describió la «dura prueba existencial y moral» que afrontan las mujeres que han interrumpido su embarazo y dijo que había «conocido a muchas mujeres que cargan en su corazón con la herida de esta dolorosa y angustiosa decisión«.
Considerando lo que asegura la doctrina católica, el aborto es un pecado grave que comporta excomunión y un sacerdote sólo lo puede absolver por orden de un obispo o del pontífice. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó que la decisión del papa «no es una atenuación de la gravedad del pecado (del aborto)», así como «no quiere de ninguna manera minimizar la gravedad de ello». Sin embargo, muchos de aquellos que tenemos el don de discernimiento de espíritus, intuimos que esto último no es verdad, sino todo lo contrario, ya que se pretende minimizar a tal punto la gravedad de esto que permitirá un movimiento demoníaco que acelerará la legalización de esta práctica en innumerables naciones. El dios Moloc de los cananeos será llevado a sus altares tal y como la élite reptiliana lo había trazado.
Ante esta noticia que demuestra que el espíritu del anticristo está sutilmente propagándose por nuestro planeta desde este falso profeta, necesitamos decir algunas cosas que están claramente reveladas por las Sagradas Escrituras.
Primeramente, es importante proclamar que en ninguna parte de la Biblia se asegura como doctrina el concepto de la confesión de pecados a un sacerdote. Todos los libros neotestamentarios enseñan que no debe haber una división de sacerdotes y laicos en el Nuevo Pacto. En su lugar, las Escrituras del Nuevo Pacto enseñan que todos los creyentes son sacerdotes. El apóstol Pedro (supuesto primer papa del catolicismo romano) describe a los creyentes como “real sacerdocio” y “nación santa” (1 Pedro 2:5-9) . Luego notamos que en los finales del primer siglos las comunidades joaninas (supervisadas por el apóstol Juan) describen a los creyentes como “reyes y sacerdotes” (Apocalipsis 1:6 y 5:10) .
La mayoría de nosotros sabemos que en el Antiguo Pacto, los fieles tenían que aproximarse a Dios a través de los sacerdotes. Éstos eran los mediadores entre el Eterno y el pueblo. Los sacerdotes ofrecían sacrificios a Dios en nombre de la gente. Todo esto era sombra y figura de Aquel que habría de venir. Por eso esto, bajo la Nueva Alianza, ya no es necesario porque por el sacrificio de Jesucristo, podemos aproximarnos al trono de Dios confiadamente (Hebreos 4:16). Con la muerte de Yeshúa, el velo del templo se rasgó por la mitad, destruyendo así el símbolo de la pared divisoria que había entre Dios y la humanidad. Hoy, podemos acercarnos al Eterno directamente por nosotros mismos, sin el uso de un mediador humano. ¿Por qué? Porque Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 4:14-15; 10:21), y el único mediador entre Dios y nosotros (1 Timoteo 2:15).
¿Pero qué se puede hacer ante el aborto? ¿Puede Dios perdonar tal pecado?
Para los hijos primogénitos del Eterno, el aborto es un pecado grave que atenta contra el quinto mandamiento de la Torah. Es equivalente al homicidio directo y voluntario. Por eso, los médicos y otras personas involucradas en este crimen son ‘cooperadores’ de un asesinato que conduce a la condenación eterna. Es irónico y hasta paradójico que hasta el mismo catecismo católico asegura que el aborto directo, es un pecado grave porque “el ser humano hasta su concebimiento, debe ser respetado y protegido” en su integridad.
Por lo tanto, para comenzar a responder estas preguntas primeramente citaré este oráculo del Señor:
«Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados«.
(Isaías 43:25)
Según la Biblia, la CONFESIÓN DE LOS PECADOS es a DIOS solamente. Cuando el rey David se arrepintió de su adulterio confesó su pecado directamente a Dios. Sin sacerdote. Sin ritual. Sin sacramento. Sólo un hombre traspasado de dolor confesando su pecado ante su Hacedor.
» Pero te confesé sin reserva mi pecado y mi maldad; decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor, los perdonaste».
( Salmo 32:5).
La confesión directamente al Eterno Dios fue también la experiencia de Nehemías ( Neh. 1:4-11), de Daniel ( Dan. 9:3-19), y Esdras ( Esd. 9:5-10). A pesar de que Esdras mismo era un sacerdote levítico, él dijo al pueblo de Dios que se confesara «ante el Señor y Dios de sus padres» ( Esdras 10: 11).
Los verdaderos hijos de Dios, no vamos a un ser humano, sino al Padre con Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, al lado nuestro: «Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no cometan pecado. Aunque si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo, y él es justo» ( 1 Juan 2,1). Acudimos al Eterno Abba confiados en que él nos oirá: «Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de la necesidad» (Hebreos 4,16). Nos acercamos confiadamente con la promesa de Dios de que él nos perdonará: «pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad» (1 Juan 1,9 ).
Independientemente de que se esté consciente o no que el aborto se trata de dar muerte a una vida humana; Dios por su misericordia, sí lo perdona. La buena noticia es que nuestro Abba, el Eterno, te ama y desea perdonarte por tu aborto, hayas sabido o no lo que estabas haciendo. Pero antes de poder apreciar la buena noticia, hay que conocer la mala noticia. La mala noticia es que hay una culpa moral real y todos somos culpables de muchos delitos morales en contra de Dios, de los que el aborto es solo uno. “...por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El aborto es solo una de las tantas formas en que la humanidad demuestra su lejanía de la Torah (Instrucción) de Dios.
Pecar es no estar a la altura de los estándares santos de Dios. Nos separa de una relación con Dios (Isaías 59:2). El pecado nos engaña, haciéndonos creer que lo malo es bueno y lo bueno es malo (Proverbios 14:12). “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
¡La solución, entonces es acercarse a Jesucristo, el Hijo de Dios, como nuestro Dueño y Salvador!
Pablo lo afirma claramente «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús señor nuestro» (Romanos 6: 23). Y tambien Juan en una de sus cartas dice «Si confesamos nuestro pecado, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de nuestra maldad» (1 Juan 1: 9).
Muchas mujeres han experimentado este perdón y este cambio. Sus vidas han sido cambiadas a tal grado que hoy muchas de ellas son grandes agentes de cambios que aconsejan a otras mujeres en pro de la vida. Estos testimonio son poderosos y cautivantes y han salvado muchas vidas tanto de mujeres como de niños. Jesús vino a buscar a los perdidos de este mundo, ocultar nuestras culpas no resuelve nada, solo reconociendo nuestros pecados delante del Hijo de Dios podemos obtener perdón y restauración.
Jesucristo, el Hijo de Dios, nos amó tanto que se convirtió en un miembro de la raza humana para liberarnos de nuestro problema del pecado (Juan 3:16). Se identificó con nosotros en nuestra debilidad, sin ser contaminado por nuestro pecado (Hebreos 2:17-18; 4:15-16). Jesús murió en la cruz como el único digno de pagar el castigo por nuestros pecados que demanda la santidad de Dios (2 Corintios 5:21). Y se levantó de la tumba, venciendo el pecado y conquistando de la muerte (1 Corintios 15:3-4, 54-57).
Cuando Cristo murió en la cruz por nosotros, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). La palabra griega traducida como “consumado es” es la misma escrita en certificados de deuda cuando eran canceladas. Significaba “pagado en su totalidad”. Cristo murió para pagar en totalidad nuestra deuda.
La salvación es un regalo: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2: 8-9). No se puede trabajar para ganar ni alcanzar este regalo. No depende de nuestros méritos o esfuerzo; depende únicamente del sacrificio de Cristo por nosotros.
El aborto es un pecado contra Dios y contra ti misma. Reconoce tu pecado ante Dios, tu Padre. Él te ha perdonado. Él envió a su Hijo amado a cargar con tu pecado y tu culpa. Jesús pagó el precio por tus pecados al ser el inocente Cordero de Dios, al ser sacrificado para no tomar en cuenta tu pecado.
“Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas, cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”.
(Isaías 53:4-6)
Enfoca tu atención hacia la cruz de tu Salvador y contempla lo maravilloso que son el amor y la misericordia de Dios hacia TI. Cree en su promesa preciosa de perdón.
Oración para sanar el dolor del aborto.
«Oh Dios, reconozco mis pecados.
Lloro mucho mi pena.
Sé cuánto Te he ofendido y cuánto mi pecado ha herido también a otros hijos tuyos.
Perdóname.
Te pido fortaleza para seguir.
Te pido que me ayudes a perdonarme.
Oh Señor mío y Dios mío, no permitas que me aparte de Ti, no dejes que el dolor y la desesperación obstaculicen mis pasos hacia Tu camino.
Dame la fuerza que necesito para cambiar.
Ayúdame a confiar en Ti.
Quiero confiar en Tu misericordia, oh Dios.
Quiero confiar todo mi ser a Ti.
Sin Ti no soy nada.
Enséñame a conocerme.
Desde ahora en adelante me comprometo a dar lo mejor de mí, a ofrecerte mis sufrimientos, mi trabajo, mis logros para la protección de toda vida humana.
Te pido por otras mujeres y hombres que al igual que yo están en la oscuridad de este sufrimiento.
Haz que todos los que sufren las consecuencias del aborto provocado se acerquen a Ti y Te pidan perdón para que así salgan renovados en Tu amor y misericordia.
Te lo pido, mi amado Dios, mi única esperanza y fortaleza.
Haz de mí una mejor persona y ayúdame a remediar el daño que he causado.
Quiero hacer desde ahora lo que esté a mi alcance por la defensa de la vida humana.
Guárdame de todo mal y dame discernimiento, sabiduría y AMOR para poder llegar a a Ti«.
El bendito Tetragramatón (YHWH) o cuatro letras del Nombre de nuestro Dios encierra una conexión eterna y cósmica con la obra mesiánica de nuestro amado Mesías Yeshúa. Este video te explicará las dimensiones secretas y salvíficas de Su bendito Nombre.
El neurocirujano estadounidense Eben Alexander se ha desempeñado como profesor de la escuela de medicina de Harvard. Él estaba convencido que las experiencias extracorporales (separación cuerpo espíritu) eran alucinaciones causadas cuando el cerebro era dañado. Pero, tras su experiencia cercana a la muerte ha cambiado su opinión al respecto. Y es que estuvo en coma por siete días y al despertar contó que estuvo en el cielo y vio Dios.
Hace siete años (2008) despertó una mañana con un dolor de cabeza punzante. A las pocas horas, entró en un estado de coma. El neocórtex, la parte del cerebro que se encarga de todos los procesos de pensamiento que nos hace humanos, se había cerrado completamente.
Tras esa situación fue llevado al hospital, donde los médicos determinaron que había contraído meningitis y dijeron que no habían posibilidades de supervivencia.
«Yo estaba en estado de coma profundo, en estado vegetativo, y todas las funciones superiores de mi cerebro estaban desconectados. Mi cerebro no estaba funcionando pero mi yo interior todavía existía, desafiando todas las leyes conocidas de la ciencia«, cuenta Eben.
Mientras estuvo en esa situación, cuenta que su conciencia se fue en un viaje a través de una serie de reinos en un viaje más allá del mundo físico, llegando asegurar que la conciencia existe más allá del cuerpo.
Relata que vio una luz que descendía lentamente desde arriba, arrojando una especie de cuerdas de plata con un resplandor dorado. Se oía una música hermosa y celestial. La luz se abrió como una rasgadura y me sentí subiendo a través de una grieta, en un valle lleno de vegetación exuberante y fértil, donde fluían aguas cristalinas.
También afirma haber visto a Dios durante esta experiencia, aunque no fue «el hombre con barba blanca«, como todos solemos imaginarlo. «Esta deidad está más allá de cualquier palabra, hay una sensación irresistible de aquella presencia amorosa e infinita«.
«Hay registros médicos de cada minuto de mi estado de coma, y ninguno de ellos mostró ningún indicio de actividad cerebral. En otras palabras, en lo que la neurociencia puede decir que mi viaje no era algo que sucede dentro de mi cabeza«, enfatizó Eben.
«Muchos científicos tiene dificultades para aceptar estas afirmaciones. Mi experiencia socava su sistema de creencias. Pero el único lugar donde he encontrado aceptación es en la iglesia, donde mi historia a menudo coincide con las expectativas de la gente«. concluyó.
Por otra parte dice que esta experiencia le ha permitido ver la muerte desde la otra orilla y que somos más que un cuerpo biológico; habla de que se ha dedicado toda su vida estudiar el cerebro y que dedicara el resto de su vida a estudiar la conciencia para demostrar que hay algo más allá de la muerte.
El Dro. Eben dice que esta experiencia podrá dar una nueva visión científica de que en verdad el cielo existe. En base a todo esto escribió el libro llamado «Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife«, que traducido dice: «La prueba del cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la muerte«, siendo un rotundo éxito y causando gran controversia en el mundo científico. En su libro cuenta su experiencia extracorporal afirmando que la conciencia es independiente del cerebro, que la muerte al parecer es un espejismo y que la eternidad es la última frontera.A continuación pueden ver una entrevista del periodista, columnista de «The Miami Herald» y analista de CNN en Español, Andrés Oppenheimer al Dr. neurocirujano Eben Alexander, sobre su experiencia vivida en ese estado de muerte comatosa o cero actividad cerebral, cuando contrajo una meningitis bacteriana.
“Pero vosotros no dejéis que os llamen RABÍ; porque uno es vuestro RABÍ y todos vosotros sois hermanos.”
Mateo 23:8
¡Estamos siendo testigos de días proféticos maravillosos! Uno de los detalles más gloriosos que estos tiempos tienen es el asombroso movimiento del Espíritu del Eterno aleteando sobre las aguas (millones de vidas humanas) y conduciéndolos hacia una reforma que les está revelando los diseños mesiánicos de la Luz Infinita (Or EinSof).
En medio de todo ese movimiento espiritual de la Verdad divina está manifestándose también la obra misma de la iniquidad reptiliana llamada falsificación. Así pues, mientras el Espíritu del Señor va conduciendo todo para que la Iglesia del Mesías se manifieste en su nombre verdadero, Israel, muchos hombres (y mujeres también) están apareciendo con apariencia de piedad y están enredando a los santos escogidos del Señor en el bosque de la confusión causado por tantos vientos de doctrinas judaizantes. Hoy, y tal como le aconteciera al apóstol Pablo, debemos estar vigilantes ante aquellos que se presentan con tantos títulos sacados de la letra muerta y no activados por el espíritu vivificador que se encuentra en las Sagradas Escrituras.
De ese modo, no solamente nos encontramos con falsos apóstoles y falsos profetas en esa pandemia babilónica llamada «apostolitis», sino que también desde el movimiento judaizante-kabbalístico abundan cada día más los falsos maestros que se hacen llamar «rabinos».
Pues bien, la bitácora de hoy apuntara a aclarar qué significa el término rabino desde su origen etimológico como funcional.
Primeramente dejaremos en claro que los rabinos son los líderes de la colectividad judía presente en cada nación del mundo. Se trata de maestros que, gracias a sus estudios, se encargan de la interpretación de los textos considerados sagrados por esta comunidad. El conocimiento profundo de los textos sagrados judíos es imprescindible no sólo para la enseñanza y difusión desde lo literal: el rabino debe estar en condiciones de aplicar aquellos textos milenarios en el día de hoy, encontrando en las palabras de la Torá la solución de problemas.
Reconoceré que una característica especial del judaísmo es el trabajo de exposición y de interpretación de la Torah escrita, es decir de la revelación divina hecha a Moisés en el Monte Sinaí y transcrita en el Pentateuco (y en sentido más amplio, presente en toda la Biblia hebrea). Este trabajo de de investigación (en hebreo midras, del verbo daras «buscar») comenzó de forma sistemática durante el destierro en Babilonia (586-536 a.C.), cuando el pueblo judío había perdido la Tierra y el Templo. Fue justamente en esos 70 años de exilio que comprendieron que sólo una amorosa fidelidad a la Torah podía garantizar su identidad y su continuidad. El sacerdote Esdras será quien dará cuerpo a esta comprensión leyéndole la Torah de Moisés al pueblo que habría regresado del destierro, y esforzándose especialmente en explicarle su sentido (Neh. 8:8). Los que prosiguieron históricamente esta obra, a los largo de 500 años, fueron primero los escribas, y luego los fariseos hasta concluir en los rabinos.
Es importante señalar aquí que el continuo cambio de situaciones en que llegaban a encontrarse los judíos planteaba de forma muy problemática la tensión entre la inmutabilidad sagrada de la Torah escrita y la necesidad de continuas adaptaciones en la praxis a los diversos ambientes y circunstancias. A diferencia de los sacerdotes y de los saduceos, que quedaron más ligados al culto del templo y al carácter literal de lo expresado en la Torah escrita, los fariseos se emplearon en una laboriosa obra dirigida a acercar la Torá al pueblo, haciendo posible en concreto vivir de la misma.
Los comentarios interpretativos (midrasim) de los fariseos fueron adquiriendo a lo largo del tiempo fuerza y autoridad. Los mismos se movían en dos direcciones:
una narrativa (haggadá),
la otra moral-jurídica (halaká).
A finales del siglo II d.C., estos comentarios se recogieron y transcribieron en la obra que se conoció como Mishná («repetición«, «enseñanza por repeticiones«), que fue considerada como el corpus de las tradiciones orales de la Torah. Por causa de esta última razón también ellas fueron atribuidas a Moisés -lo mismo que la Torah escrita- dado que consideraban que eran su desarrollo y su explicitación, capaces de ofrecer las indicaciones útiles para los siglos venideros. Será interesante que sepan que también la Mishná fue estudiada y comentada sistemáticamente en Palestina y en Babilonia, hasta finales del siglo V d.C.; así es como se originó la obra conocida con el nombre de Talmud («estudio«), cuyo equivalente arameo, en Babilonia, era la Gemará.
Cuando las tensiones sociales, económicas, políticas y religiosas condujeron a las crisis del 70 y del 135 d.C., la represión de las sublevaciones por parte de los romanos llevó al ocaso y a la desaparición de los saduceos, que eran considerados -cual autoridad- como los responsables de las rebeliones, y de la clase sacerdotal, ligada funcional y económicamente al templo, destruido el año 70 d.C. Fueron entonces los fariseos, y ante todo los maestros fariseos llamados rabinos, quienes asumieron la función de reorganizar la vida del judaísmo, que no podía contar ya con el Templo ni con la autonomía territorial. Como solución esta secta determinó que el eje de la religión judía sería entonces la oración, el estudio y la práctica de la Torah (escrita y oral), junto con las obras de misericordia.
Como vemos, el título de rabino comenzó a ser utilizado por la cátedra apóstata que usurpó la jefatura del Templo de Jerusalén. Fue esta la que forjó nuevos lineamientos dogmáticos que comenzaron a regir la fe de los judíos en el primer siglo.
La línea farisaico-rabínica, fortalecida por estos hechos históricos, impregnó y organizó el judaísmo en Israel, conduciendo con sus dogmas a la Casa de Judá en la Diáspora de estos dos milenios. La única desviación a esto se produjo en el siglo VIII en Mesopotamia, con los karaítas (del verbo kará, «leer«), que rechazaban la Torah oral y todas las tradiciones exegéticas; consideraban normativa sólo la Torah escrita, sosteniendo su estudio filológico y la libre interpretación personal.
Durante el siglo I d.C. y comienzos del II, los rabinos eran «ordenados» mediante la imposición de manos, después de un largo período de formación junto a un maestro reconocido (la edad canónica para la ordenación eran los 40 años). Después de que, en el 135 d.C., los romanos prohibieron las ordenaciones bajo pena de muerte, los candidatos eran simplemente «proclamados» rabinos: de esta manera se les confería la autoridad de juzgar en el terreno civil y en el religioso.
En el judaísmo de la diáspora, el rabino es el responsable de la vida religiosa de una comunidad judía, que tiene su punto de referencia en la sinagoga: cuida del culto y de la instrucción religiosa, organiza la enseñanza escolar y juzga, según los lugares, en materia matrimonial. A partir del siglo XIX se instituyeron seminarios rabínicos, en los que los candidatos se forman en la Escritura, en la Misná, en el Talmud, en la codificación y en las respuestas; una vez completado el ciclo de estudios (que actualmente dura de ocho a diez años), reciben el título de rabino.
La palabra רַבִּי (rabino) que usualmente solemos entender como «mi maestro» significa literalmente persona de gran autoridad, gran importancia, abundancia, e incluso con grandeza indescriptible. En otras palabras, רַבִּי (rabino) es una persona que tiene mucho que dar y puede aportar a otros desde su grandeza.
רַבִּי (rabino) proviene de la palabra hebrea de רַב (rav) que significa «mucho, gran cantidad, numerosos, o grande» y la letra yod (י) al final indica un sufijo de posesión «mi«. Así que literalmente los judíos de hoy dicen que se puede traducir רַבִּי (rabino) como «mi gran maestro«.
Pero quiero invitarlos a que realicemos juntos una mirada más profunda en la historia bíblica misma y comprenderán que la significación de esta palabra es más amplia y peligrosa. En las Escrituras, frecuentemente רַב (rav) es una medida de cantidad numérica o longitud. En la Torah, la nube del Señor descansó sobre el tabernáculo durante יָמִים רַבִּים (yamim rabim) «muchos días» (Nm. 9:19). En otras oportunidades la palabra רַב (rav) significo autoridad. En el hebreo antiguo, רַב בַּיִת (rav bayit) indicaba mayordomo y רַב הַחֹבֵל (rav haJovel) el capitán de barco. El rey Nabucodonosor otorgo a Daniel el título de רַבִּי (rabino) que en arameo significa el «gran gobernador, gran oficial o gran jefe, el gran señor» (Dn. 2:48).
En los tiempos de Yeshúa, la palabra «rav» era utilizado, desde ese matiz babilónico, y por lo tanto se refería al amo de un esclavo, o al amo de un discípulo. Por lo que el término rabí literalmente significa «mi amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Teniendo en cuenta lo antes dicho, la palabra rabino en realidad significa «mi gran amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Cuando Yeshúa empieza su ministerio, vemos que era reconocido por todos, o mejor dicho toda clase de personas se dirigían a él como rabí. Veamos algunos ejemplos:
Mateo 19:16, un hombre rico lo llamaba rabí,
Mateo 22:35-36, un abogado (experto en la Torá) lo llamaba rabí,
Lucas 12:13, una persona común lo llamaba rabí,
Lucas 19:39, un Fariseo lo llamaba rabí,
Lucas 20:27-28, un Saduceo lo llamaba rabí.
Algo típico de los rabinos del primer siglo era que viajaban de un lugar a otro enseñando, y dependían de la hospitalidad de las personas. Ellos enseñaban en las afueras o campos, en los pueblos, en las casas, en las Sinagogas y hasta en el Templo. Cientos y hasta miles de rabinos circulaban en la tierra de Israel en el primer siglo. La mayoría de las veces enseñaban en las plazas de los pueblos, o bajo un árbol, y otras veces en las casas. Aunque Yeshúa la mayoría de las veces enseñó en las casas (Lucas 10:38-42), en las sinagogas (Mateo 4:23) y hasta en el Templo (Mateo 21:23), también lo vemos enseñar en las afueras o campos (Mateo 14:13; 15:29).
Otra práctica de los rabinos era el hacer discípulos, ellos estaban interesados en cambiar la vida de sus discípulos, de enseñarles como ellos decían «a tomar el yugo de la Torá» que en términos rabínicos quería decir «aceptar el reinado del Eterno en la vida de uno«. Vemos que Yeshúa también utilizó éste término (Mateo 11:29-30). «Hacer muchos discípulos» es uno de los tres dichos más antiguos que encontramos en el Talmud (Avot 1:1). Ellos escogían y seleccionaban a un número de discípulos para entrenarlos en el estudio de la Torá. Se dice que el maestro de Pablo, Gamaliel, tenía hasta 1.000 discípulos que estudiaban con él. Un rabino podía tener diferente tipos de discípulos, los que estudiaban con el rabino por un corto tiempo y los que estudiaban por largo tiempo con el rabino, para estos últimos significaba viajar constantemente por caminos polvorientos. Por eso encontramos en el Talmud un comentario que dice:
«Que tu casa sea un lugar de reunión para los sabios, cúbrete con el polvo de sus pies y bebe de sus palabras sedientemente«. (Avot 1:4)
«Cúbrete con el polvo de sus pies«, se decía no sólo porque el discípulo al caminar junto con su rabino prácticamente se llenaba del polvo que el rabino levantaba al caminar, pero también porque era costumbre sentarse a estudiar a los pies del rabino. Una persona sentada a los pies de un rabino significaba que era un discípulo del rabino, por ello vemos que Yeshúa le dice a Marta que María había elegido lo mejor, es decir de ser una discípula de Yeshúa (Lucas 9:38-42). De allí surgió la práctica de invitar a alguien a tu casa y lavarle los pies.
¿Cuál es el orden pedagógico en la Nueva Alianza según el mismo Mesías?
Según la enseñanza apostólica paulina, nuestro Señor Jesús entregó «domas» (hombres-dones) a la Iglesia que ejercitan el servicio desde el diseño del «corazón pastoral» de Yahvéh (Jer. 3:15). Estos hombres regalos se manifiestas en cuatro oficios de dicho corazón: apóstol, profeta, evangelista, pastor-maestro (Efesios 4:11). Éstas órdenes sagradas de nuestro amado Mesías tienen una clara respuesta ante esta oleada de «rabinos» que pululan por todos lados con la pretensión de enseñar los códigos de la Torah a los escogidos. Por mucho que traten de tergiversar y torcer las Escrituras, estas son las palabras divinas que deberán ser pronunciadas tal como allí están escritas. Por lo tanto, el término neotestamentario para maestro es el griego «didáskalos» que tiene su equivalente hebreo en «moreh«, así es como (Concordancia Strongs: 04176) Por lo tanto moreh significa maestro, y éste es el término que se debe utilizar para aquellos que pretenden enseñar la Torah.
Podemos ver claramente la razón por la cual Yeshúa prohibió este título. El mismo, por su misma definición de poder y grandeza, crea una gran arrogancia en los seres humanos. Hoy, día vemos una oleada de ex-pastores cristianos evangélicos viniendo al mesianismo que enseguida se cambian su título de pastor, que es el correcto y escritural, al de «rabino» que es el título prohibido por nuestro Señor. Pero ellos son gente que necesitan este bastón para sentirse importantes, para poder actuar como dictadores de la fe que obnubilan las consciencias de los hombres.
Hoy vivimos en tiempos muy peligrosos. Son los días de rampante apostasía. En ellos HaSatán está utilizando muy efectivamente a miles de falsos maestros, a quienes tiene estratégica- y sigilosamente colocados a lo largo de todo el Camino que el Mesías le ha trazado a Su Pueblo para que peregrine al cumplimiento pleno del propósito eterno. El adversario, como buen cazador, ha colocado lazos para engañar aún a los escogidos. Lo hace con la intención expresa de destruirlos, desviarlos, detenerlos o cuando menos retardarles la llegada a la meta, seduciéndolos con doctrinas basadas en la Torah de Yhwh pero no obstante «hechas a la medida» del gusto individual de cada uno de los oyentes con comezón de oír. Por esto, estoy convencido que el judaísmo mesiánico pertenece a parte de esta artimaña de la Gran Ramera.
El judaísmo mesiánico no cumple lo que promete. Por su nombre, el «Judaísmo Mesiánico«, a simple vista, pareciera indicar que se basa fundamentalmente en la Verdad original del Mesías Yeshúa, quien lógicamente era judío de estirpe, por nacimiento y por crianza. Pero esta religión «de última moda» para tantos, no se adhiere ni enseña el Camino de Yeshúa que tanto proclama. Por el contrario, enseña el judaísmo rabínico que usurpó los diseños sacerdotales establecidos por Yahvéh en la Antigua Alianza.
El judaísmo mesiánico es una religión que basa su doctrina en las mismas enseñanzas rabínicas que nuestro amado Mesías, y sus fieles discípulos, tanto lucharan y sufrieran por erradicarla de la vida Su Pueblo. El judaísmo mesiánico no va tras las «raíces hebreas» de la Verdad de forma fiel y consistente, tal y como asegura, sino que va en pos de las raíces judío-rabínicas y lo suele hacer de forma bastante descarada— a través de hombres desobedientes que se apropian para sí el título de rabino que el Eterno solamente autoriza aplicar a Su Hijo.
“No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimento? ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por eso, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso”.
(Mateo 6:31-32)
Durante el 12º mes del calendario de Yahvéh, aquellos que pertenecemos a Su Pueblo, reflexionamos y valoramos Su maravillosa Presencia en los distintos acontecimientos de nuestra historia personal. Es un mes muy importante para entender que las circunstancias de la vida humana son «máscaras» que el Eterno usa para estar siempre inmanentemente activo en la vida de sus hijos.
Los que somos escogidos en el Mesías, tenemos la absoluta convicción que nuestro Eterno Dios gobierna soberanamente todas las cosas en el universo. A este medio de poder divino lo llamamos Providencia Divina. El término “Providencia” viene del verbo latino “providére” que significa “proveer”.
Es interesante notar que en todas las religiones, ya sean estas cristianas o paganas, la fe en la Providencia, entendida en un sentido amplio, como un ser supra humano que gobierna el universo y dirige el curso de los asuntos humanos con un propósito definido y diseño beneficioso, ha sido siempre una creencia muy real y practica a lo largo de los tiempos y las naciones.
Desde la esencia de nuestra fe, la doctrina de la Providencia Divina revela y afirma que el Eterno Dios se encuentra en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 6:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y especialmente la protección de Su pueblo Israel (Salmo 4:8). Esta doctrina se levanta en oposición directa a la idea humanista anti-Dios que asegura que el universo está gobernado por la casualidad determinista de las circunstancias o el destino trazado por un «capricho» astrológico.
Sabemos y creemos que el Eterno creó el universo y todo lo que hay en él. Pero también lo preserva, lo mantiene y lo gobierna. El universo se volvería nada, es decir, volvería a su situación inicial de no existencia, si no fuera porque Yahvéh lo mantiene con su poder infinito.
La Providencia Divina custodia y gobierna las cosas del mundo y, especialmente al hombre en el mundo, su vida y su historia.
La Providencia Divina libera al hombre de las diversas formas del pensamiento fatalista.
La Providencia Divina es el cuidado que el Eterno tiene de los hombres y de todo lo creado para llevarlos al fin para el que han sido creados.
Por ello, el propósito, o la meta, de la Providencia Divina es llevar a cabo la voluntad del Eterno Dios que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:3). Esto significa que para asegurar que Su propósito eterno sea cumplido, Yahvéh, nuestro Dios, gobierna los asuntos del hombre y obra en ellos primordialmente a través del orden natural de las cosas. De este modo, surge la certeza de que las leyes naturales son nada más que una representación del Eterno Dios obrando en el universo. Así, entendemos que las leyes naturales no poseen poder inherente, como tampoco obran independientemente; son las reglas y los principios que el Eterno ha puesto en efecto para determinar cómo se desarrollarán las cosas.
Lo mismo ocurre en las decisiones humanas. En un sentido muy verdadero no somos libres de escoger o actuar fuera de la voluntad de Dios – ni aun nuestras decisiones pecaminosas (Génesis 50:20). Al final de todo, es Yahvéh quien controla nuestras decisiones y acciones (Génesis 45:5; Deuteronomio 8:18; Proverbios 21:1), pero Él lo hace de tal manera que esto no viola nuestra responsabilidad como agentes moralmente libres, ni tampoco invalida la realidad de nuestra decisión. La Confesión de Fe Westminster expone la doctrina de la providencia divina de una manera sucinta, pero que capta todos los elementos de esta doctrina:
“Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece.” (CFW, 3.1)
El medio principal por el cual el Eterno cumple Su voluntad es a través de causas secundarias (las leyes naturales, la elección del hombre). En otras palabras, Dios obra indirectamente a través de estas causas secundarias para cumplir Su voluntad. Otra vez volviendo a la Confesión de Fe Westminster – “Aunque con respecto a la presciencia y decreto de Dios, quien es la primera, todas las cosas sucederán inmutable e infaliblemente, sin embargo, por la misma providencia las ha ordenado de tal manera, que sucederán conforme a la naturaleza de las causas secundarias, sea necesaria, libre o contingentemente.” (CFW, 5:2)
Como regla general, para preservar y gobernar el mundo, el Eterno Dios utiliza las leyes de la naturaleza. Pero sabemos que Él sigue siendo Dueño y Señor de la naturaleza. De allí que, cuando así lo decide con su Sabiduría Infinita, puede cambiar las leyes de la naturaleza: cambiar la naturaleza de las cosas creadas, aumentar o disminuir sus fuerzas, sustituir esas fuerzas por su poder divino, etc. Es decir, el Eterno puede realizar “milagros” cuando así lo decide. Nuestro entendimiento empírico sabe que existen ocasiones en que el Eterno obra directamente en la historia y las circunstancias para cumplir Su voluntad. Esto es lo que llamaríamos nosotros un milagro (es decir, algo sobrenatural en vez de natural). Un milagro es Yahvéh obrando, por un período breve de tiempo, fuera del orden natural de las cosas para realizar Su voluntad y Sus propósitos.
Dos ejemplos del libro de Hechos deberían servir para destacar la obra del Eterno Dios obrando directa e indirectamente para realizar Su voluntad. En Hechos capítulo nueve vemos la conversión de Saulo de Tarso. A través de una luz brillante y con una voz que sólo Saulo (más tarde Pablo) pudo escuchar. De este modo tan espectacular el Eterno Dios cambió su vida para siempre. Era la voluntad de Yahvéh usar a Pablo para realizar Su voluntad, y el Señor usó un medio directo para convertir a Pablo.
Le sugiero que entreviste a cualquier persona que usted conozca que se haya convertido a la fe del Mesías, y usted con mucha probabilidad escuchará una historia parecida a ésta. Y es que la mayoría de nosotros llegamos a Cristo a través de un mensaje predicado o por leer un libro o por el testimonio persistente de un amigo o un familiar. Todos estos detalles circunstanciales se someten a la intervención milagrosa del Eterno conduciéndonos a su Salvación. Además de esto, por lo general hay circunstancias de la vida que preparan el camino,… la pérdida de un empleo, el fallecimiento de un familiar, un matrimonio fracasado, una adicción química. La conversión de Pablo era directa y sobrenatural, tanto como la conversión de todos los que hoy peregrinan el Camino.
En Hechos 16:6-10, vemos a Dios cumpliendo Su voluntad indirectamente. Esto sucede durante el segundo viaje misionero de Pablo. Dios quiso que Pablo y su compañía fuesen a Troas, pero cuando Pablo salió de Antioquia en Pisidia, él quiso ir hacia el este a Asia. La Biblia dice que el Espíritu Santo les prohibió predicar la Palabra en Asia. Luego, ellos quisieron ir al oeste a Bitinia, pero el Espíritu de Cristo les impidió, por tanto ellos fueron a Troas. Ahora esto fue escrito en retrospectiva, pero en el momento hubo probablemente algunas explicaciones lógicas por las cuales ellos no pudiesen ir a aquellas dos regiones. Sin embargo, después del hecho, ellos se dieron cuenta que esto fue el Eterno Abba dirigiéndolos donde Él quería que fuesen. Pues bien, esta es la Providencia divina.
Un texto que revela muy bien esto es Proverbios 16:9 – “El corazón del hombre piensa su camino; Mas YHWH endereza sus pasos.” Seguramente a esta altura de la bitácora, y al otro lado de la pantalla, están gruñendo en sus mentes los que dirán que el concepto que el Eterno esté orquestando directa o indirectamente todas las cosas destruye toda posibilidad del libre albedrío. El punto existencial es: si el Eterno está en control absoluto, ¿cómo podemos estar verdaderamente libres en las decisiones que tomemos? En otras palabras, para que el concepto de la libertad sea significativo, tiene que haber algunas cosas fuera del control soberano de Dios, por ejemplo, la contingencia de la elección humana. Supongamos por caso del argumento que esto sea cierto.
¿Qué entonces? Si Dios no está en control absoluto de todas las contingencias, entonces, ¿cómo podría Él asegurar nuestra salvación? Pablo dice en Filipenses 1:6, “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Si Yahvéh no está en control de todas las cosas, entonces esta promesa es inválida (y otras promesas bíblicas semejantes también). No podemos tener la seguridad plena de que la buena obra de la salvación que haya sido iniciada en nosotros llegará a su finalización.
Además, si nuestro Abba no está en control de todas las cosas, entonces debemos concluir que Él no es soberano, y si no es soberano, entonces, no es el Dios Verdadero. Por tanto el precio de mantener contingencias fuera del control de Dios resulta en un Dios que no es Dios en nada. Y si nuestra “libre” voluntad sobrepasa la Providencia de Dios, entonces ¿quién es Dios al final de todo? Somos nosotros. Esto es, obviamente, inaceptable a cualquier persona con una cosmovisión que sea puramente bíblica. La Providencia Divina no destruye nuestra libertad. Más bien, la Providencia Divina es lo que nos permite hacer uso de esta libertad correctamente.
El famoso Agustín de Hipona enseñaba referente a esto: “El Dios Omnipotente no habría permitido que hubiese mal en sus obras si no fuese tan Omnipotente y Bueno que consiga sacar bien del propio mal”.
La verdad sobre la Providencia del Eterno Dios, constituye la fundamental y definitiva garantía del hombre y de su libertad en el cosmos.
Por medio de su Providencia Divina, el Eterno reconduce continuamente la vida del hombre y de la historia del mundo. Él nos deja actuar libremente y al apartarnos del camino que nos lleva a la felicidad eterna (por el pecado) pone a nuestra disposición la buena senda a través de Su Toráh, testimonio más perfecto de su providencial intervención amorosa.
En este última instancia de nuestro encuentro, lo invito a realizar con el corazón la siguiente oración:
ORACION
Señor, Yahvéh, el Único,
El Que Es,
presente en todo lugar y presente especialmente
en mí, cuando me habitas con tu Gracia,
Tú que conoces todo lo que soy y lo que no soy,
lo que tengo y lo que no tengo,
lo que realmente necesito y lo que creo necesitar,
Tú que me provees todo aquello
que es necesario para mi salvación,
y todo lo verdaderamente necesario para mi diario vivir,
a Ti, Dios Amor, Omnisciente y Omnipresente,
me acojo, me entrego, en Ti me abandono,
confiando en tu Divina Providencia
por la que me das mucho más de lo que necesito
para lo verdaderamente importante,
para lo único importante,
que es mi salvación eterna adquirida en la Sangre bendita del Mesías Yeshúa.
Un visitante a nuestras celebraciones de Shabbat me abordó con una inquietud diciéndome: «Usted, mientras enseña, siempre usa la palabra Toráh, me puede decir ¿qué significa?».
Entonces me di cuenta que necesitaba hacer un alto en mi peregrinación de reforma y colocarme en el pellejo de muchos de Uds. que con tanto amor y respeto siguen día a día este blog con el fin de saciar esa sed del Dios vivo que el Espíritu mismo de Yahvéh ha causado en sus almas.
Comenzaré diciendo que la palabra Toráh, que traducida correctamente al español significa:
«Enseñanza»
«Instrucción”
«Norma de Vida»
«Guía para dar en el Blanco»
«Doctrina«
Esta palabra deriva de la raíz hebrea ירה (iará) que significa literalmente “disparar una flecha” y por lo tanto etimológicamente se refiere a aquello que “da en el blanco” o «da el propósito«. Cuando alguien le dispara al blanco, trata de dirigir la flecha, y así el significado de la raíz de la palabra Torah es «la correcta dirección» y por eso la palabra significa «enseñanza», «doctrina» o «instrucción». Un dato interesante es que la raíz hebrea para «pecado» es «errar» al blanco. De aquí que la Torah es el instrumento divino que permite vencer al pecado (1 Juan 3:4).
Retomando el sentido de la raíz hebrea de la Torah surge la profunda reflexión que que la Instrucción del Eterno (Torah) es una ayuda para que el hombre acierte, de en el blanco, a fin de que su vida esté bien dirigida peregrinando día a día en la dirección correcta, es decir en el propósito eterno de Dios (Salmo 119:1).
En Israel ya desde el período final de la confección las Sagradas Escrituras (conocida como Biblia), la palabra “Torah” era usada para referirse a la primera sección de la Biblia: los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Estos mismos libros son llamados “Los Libros de Moisés” o “Pentateuco”, una palabra derivada (a través del Latín) del griego penta (cinco) teuchoi (libros) y que por lo tanto significa «los cinco libros».
Ya desde el siglo I de la Era Común (es decir, después de Cristo), estos cinco libros eran escritos en un solo rollo de papel señalizando así que son una unidad. Por lo tanto esto último da la idea clara que a cada uno de estos libros debe estudiárselo en total dependencia de cada uno de los otros cuatro.
A diferencia de lo que ocurre con otras divisiones canónicas en las cuales hay diferencias e incluso controversias, tanto judíos como cristianos aceptan en forma unánime los libros del Génesis hasta Deuteronomio en este orden y como una unidad. La unanimidad de la tradición y el lugar inicial que ocupan estos cinco libros reflejan su importancia en la vida de la verdadera fe. En Israel, la Torah posee el nivel más elevado de santidad, por encima de todos los demás libros.
También se puede utilizar la palabra Torah para referirse a la Biblia entera (los cinco libros, los profetas y los hagiógrafos, también conocidos como «Tanák«, más la Brit Jadashá (“Pacto Renovado,» mayormente conocido como «Nuevo Testamento”).
Es importante conocer bien el significado de Toráh puesto que se ha traducido generalmente en todas las versiones bíblicas españolas como Ley, lo cual lleva a malas interpretaciones que vienen apoyadas por doctrinas erróneas. Ahora bien, corresponde decir que aa traducción de la palabra Torah como Ley en nuestras Biblias viene desde la versión griega conocida como La Septuaginta donde se usaron las siguientes palabras griegas para traducir la palabra hebrea Torah:
nomos («ley; regla»);
nominos («de acuerdo con la ley»);
entole («mandar, mandamiento, orden»)
y prostagma («orden; mandamiento; mandato; requerimiento»).
Desde estas palabras griegas después se tradujo a los diferentes idiomas, español, inglés, francés, portugués etc., así que cuando nosotros leemos las Sagradas Escrituras nos encontramos con la expresión «Ley», y no “instrucción” o «Enseñanza», lo cual nos da una idea diferente al significado original que hemos visto con anterioridad. De esta forma, Babilonia la Grande ha contribuido a la interpretación errónea que el cristianismo ha hecho de la Torah aduciendo que dicha «Ley» ya no es necesaria para estos días de «gracia divina».
Sin embargo la cosmovisión del Eterno en la mente del Mesías era otra, y ella definía perfectamente su misión (Mateo 5:17-19). Por todo ello, debemos recordar que las mayoría de las traducciones no están hechas desde el hebreo sino desde el griego y que se usaron palabras que no eran del todo adecuadas en cuanto al significado que tenían las palabras hebreas que se tradujeron al griego, por tanto si queremos entender bien el significado de palabras tan claves como la que nos ocupa debemos ir al hebreo directamente para ver que es lo que realmente nos dice allí.
Pero más allá de todos estos datos teológicos, debo decirles que la Torah es el Creador compartiendo Su más íntimo deseo con los seres que creó. Un ejemplo muy práctico te permitirá entender esta idea. El capataz consulta el plano de construcción y ve un edificio; el arquitecto escucha al constructor y entiende lo que verdaderamente quiere. La Torah es como el arquitecto, y es por eso que al estudiarla ella nos dice no solamente lo que es, sino lo que debería ser. La simiente de la Torah fue implantada con la experiencia del Sinaí, el Monte Santo del Eterno, y registrada en los Cinco Libros de Moisés. Pero la voz del Sinaí continúa oyéndose en cada generación cuando los que estudian la Torá revelan el ADN de esa simiente, descubriendo nuevos significados que siempre existieron, nuevas aplicaciones que siempre habían estado latentes. A fin de cuentas, la forma máxima de instrucción es aquella que eleva al discípulo a un punto de vista desde el cual es capaz de discernir su propia evaluación, usando las mismas herramientas que su maestro.
Cuando uno se sumerge en el estudio de la Torah, su objetivo no es simplemente acumular información sino alcanzar la cosmovisión de cómo el Creador del Universo se relaciona con Sus criaturas dentro de un proyecto mesiánico. En pocas palabras, el estudio de la Torá permite pensar de una manera divina. Pensar divinamente es compartir el espíritu, hasta que las mismas preferencias y los mismos deseos respiran dentro de los dos. Los pensamientos de Él son tus pensamientos y tus pensamientos son los de Él. No existe ninguna forma de unión comparable en ninguna otra sabiduría.