Doctrina Sana

El “Día del Señor”: ¿Es el Domingo o el Sábado?

“Recuerda el Shabat para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es un día de reposo para YHVH tu Elohim: no hagas ningún trabajo –tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día; por eso bendijo YHVH el día del Shabat y lo declaró sagrado.»

Éxodo 20:8-11

Estoy absolutamente convencido que  Éxodo 20 es uno de los pasajes más conocidos en la historia teológica de la fe (junto al Salmo 23 y Juan 3:16, entre otros). Especialmente hoy resulta muy leído entre las comunidades de creyentes en el Mesías. La mayoría de los creyentes concuerdan en que los Diez Mandamientos son el fundamento más importante para llevar una vida piadosa e íntegra ante el Eterno Creador. Pero a pesar de esta certeza difundida por el propio Espíritu de Dios en la mente y corazón de cada hijo, la problemática siempre es la misma: de los diez solo se observan unos pocos. Por ejemplo, ¿por qué muchos sólo observan nueve, y obvian la ordenanza de guardar el día de reposo (shabat), cambiándolo por el domingo?
A través de toda la Escritura, vemos que el día señalado por Yahvéh para tener reposo e intimar con Él por medio del estudio de las Escrituras es el Shabat, el cual corresponde al sábado (séptimo día) en nuestro calendario semanal. ¿Por qué? Veamos las respuestas que nos da la misma Escritura (Biblia):
“Para el séptimo día había concluido Elohim la obra que estaba haciendo, y cesó en el séptimo día de toda la obra que había hecho. Entonces Elohim bendijo al séptimo día y lo declaró sagrado, porque en él cesó Elohim de toda obra de creación que había hecho.”
Génesis 2:2-3
El relato nos muestra con claridad que Yahvéh, desde la creación misma, bendijo y apartó el día séptimo, como su tiempo simbólico de la eternidad en comunión con lo creado. Todos estamos seguros que el Creador no necesita reposar; Él es Elohim Omnipotente y no necesita descanso. Él no se cansa, ni desmaya (Isaías 40:28). Entonces, si el mismo Creador, siendo el Todopoderoso,reposó en el séptimo día, ¿cuánto más nosotros?  Más bien el escogió reposar para darnos un mensaje.

“Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se
hallará.”
Éxodo 16:26 (RV1960)
En este versículo vemos que Yahvéh ordena al pueblo de Israel a guardar el día de reposo cuando les suple el maná (vea el capítulo 16 completo para obtener todos los detalles). Incluso, les dice que recojan doble porción durante el día sexto, pues durante el día de reposo o Shabat no habría provisión. Nuevamente, ¡hasta el mismo Creador escogió reposar el séptimo día! No porque tuviera necesidad de hacerlo, sino porque quería enviar un mensaje al pueblo de Israel por medio de su ejemplo.
“Háblale al pueblo israelita y dile: Estos son mis tiempos señalados, los tiempos señalados de YHVH, que deberán proclamar como ocasiones sagradas. Seis días se puede trabajar, pero el séptimo día será un Shabat de completo reposo, una ocasión sagrada. No deben hacer ningún trabajo; será un reposo de YHVH en
todos sus establecimientos.”
 (Levítico 23:2-3)
El capítulo completo de Vayiqrá/Levítico 23 nos habla acerca de las fiestas o convocaciones que Yahvéh ordenó a su pueblo celebrar. Mucha gente ha creído aquello que la teología gnóstica-masónica alega: que estas convocaciones son solamente de y para los “judíos” y que no nos competen a los occidentales cristianos. Sin embargo, la Escritura no dice que son las “fiestas de los judíos”; ella es bien clara en afirmar que son las fiestas de Yahvéh. Si decimos que somos su pueblo, debemos perseguir sus intereses, los cuales están plasmados claramente en la Escritura. Aquí percibimos que a Yahvéh si le interesa que su pueblo guarde el Shabat, tal y como Él lo estableció en Su Instrucción (Torah). De hecho, ¡es la primera convocación festiva establecida por su perfecta voluntad, según en este capítulo y el resto de las Escrituras!
“Si te abstienes de pisotear el Shabat, de encargarte de tus negocios en mi día santo; si llamas al Shabat ‘delicia’, al día consagrado a YHWH “honorable”; y si lo honras y no sigues tus propios caminos ni te ocupas de tus negocios, ni buscas tu propia conveniencia, entonces podrás buscar el favor de YHVH. Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te haré disfrutar la heredad de tu padre Yaakov –porque la boca de YHVH ha hablado.”

(Isaías 58:13-14)
¡Qué hermosa promesa para aquellos que guardan el Shabat según su Palabra! El mismo Creador nos exhorta a llamar al Shabat delicia. No hay duda alguna, que dentro de ese período de horas que conforman el séptimo día se esconde un poder espiritual de origen divino que permite al alma humana vibrar en las bendiciones de los lugares celestiales (Efesios 1:3)
 Entiendo que la idea de guardar el día de reposo resulta al principio algo tedioso para muchos de aquellos que lo intentan. De hecho, tengo que confesar que, cuando comencé a guardar este maravilloso día Shabat, me resultaba difícil, pues no estaba acostumbrado. Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo en Su Palabra y obedeciendo sus instrucciones, empecé cada semana a anhelar la llegada del Shabat. Ahora, tanto yo como mi familia, esperamos con ansias la llegada de ese hermoso día; esto es verdaderamente una delicia.
“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.”
(Isaías 56:2)
Una vez más, vemos en este verso (y el resto del capítulo 56, el cual habla también sobre los extranjeros) que el Creador promete bendición para aquellos que guardan el Shabat, no importando su procedencia. Podemos ver claramente aquí que ésto no es sólo para los “judíos”, sino para todo aquel ser humano de las naciones, que acepte su pacto, obedeciendo así su Palabra.
“El pueblo israelita guardará el Shabat, observando el Shabat a través de los siglos como una alianza perpetua: será una señal perpetua entre el pueblo de Yisrael y yo. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó.” 
(Éxodo 31:16-17)
En estos versos encontramos dos datos muy importantes:
  • El primero, es que el Shabat es un día
    festivo que debe celebrarse de generación en generación, por pacto perpetuo. Entendemos que algo perpetuo es algo perdurable, que se mantiene a través del tiempo, no importando lo que suceda, lo cual confirma que esta ordenanza aún está vigente en nuestros días, y continuará así por el resto de las generaciones (Isaías 66:23).
  • El segundo dato importante es que el Shabat es una señal que distingue al Pueblo del Eterno Dios, de todos los demás. En otras palabras, aquellos que son pueblo de Yahvéh deben guardar el Shabat como señal al mundo de que, efectivamente, son Su Pueblo.
Ahora bien, después de considerar estos lineamientos bíblicos acerca del sábado, lo invito a ir a las pautas escriturales que nos hablan del domingo… Bueno,… me temo que el viaje escritural durará poco, …mejor dicho nada, pues en ninguna porción de la Escritura nos encontramos con la idea de que el domingo haya pasado, por orden divina, a sustituir al sábado (Shabat) como día del Señor.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo es que este día está hoy considerado por la masa de la cristiandad como el día de adoración que los apóstoles y las primeras comunidades guardaban?¿Será que la fundamentación de esto que no encontramos en la Escritura pueda esconderse en algún hecho histórico? ¿Cómo se llevó a cabo el cambio, sustituyendo el domingo por el sábado como el día de culto? Considerando que el Shabat es un estatuto perpetuo, ¿por qué muchos no lo guardan hoy día? Todo esto es, posiblemente, una de las más inquietantes preguntas religiosas entre la forma de pensar cristiana de hoy. Multitudes incontables, conformadas por hombres pensantes, se han preguntado cuándo, cómo y por qué el cambio se produjo.
He escuchado varias razones por las cuales algunos sectores han escogido no guardar el Shabat, de las cuales la más común es que “Jesús (como erróneamente le llaman) abolió el Shabat y estableció el domingo como el nuevo día para congregarse. Sin embargo, esto es totalmente incorrecto, como veremos a continuación.
Muchos insisten en asegurar que el Shabat fue abolido por Yeshúa ya que él dijo que era “señor del sábado” (Marcos 2:28) y que, al resucitar domingo, él estableció ese día para recordarlo y celebrarlo. Sin embargo, ésto está muy lejos de la Verdad.
En primer lugar, Yeshúa NO resucitó domingo, sino durante la tarde del Shabat, antes de ponerse el sol. Por otro lado, cuando Yeshúa dijo que era dueño o “señor” del sábado, bajo ningún motivo estaba aboliendo el Shabat como día de reposo. Si leemos el contexto de este pasaje, esta frase fue una respuesta a los fariseos que criticaron a los discípulos por recoger espigas durante el Shabat, pues tenían hambre. Yeshúa se oponía a la manera estricta e inhumana que tenían los fariseos y otros líderes religiosos de interpretar y aplicar la Torah referente al sábado, y éste es un vivo ejemplo de ello. En otras palabras, Yeshúa recriminó a los fariseos por poner sus dogmas de hombres por encima de la necesidad humana, y demostró la forma correcta de seguir las instrucciones dadas por Yahvéh. De hecho, ¡que mejor día para atender la necesidad humana y traer reposo a los oprimidos que el mismo día de reposo! En adición a ésto, más que abolir la observancia del Shabat con esta frase, Yeshúa estaba anunciando al mundo que ni aun la muerte lo iba a retener durante el Shabat. Por otro lado, si Yeshúa hubiese tenido en mente abolir el Shabat, ¿por qué él mismo lo observó?
Claramente lo dice la Escritura:
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.»
 (Lucas 4:16)
Era costumbre de Yeshúa, desde su niñez, y como todo judío practicante de Israel, reposar el séptimo día y acudir a la sinagoga, ya sea para escuchar la exposición de las Escrituras, o para él mismo enseñar.
Luego de la muerte de Yeshúa, sus discípulos siguieron observando el Shabat:
“Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.”  (Hechos 13:14)
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les
rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas.” 
(Hechos 13:42)
“Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo
predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” 
(Hechos 15:22)
Incluso, el mismo Pablo guardó el Shabat durante toda su vida y ministerio:
“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.” 
(Hechos 16:13)
“Y de acuerdo con su costumbre, Pablo entró a reunirse con ellos, y por tres Shabatot (sábados) discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y demostrando que era necesario
que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos. Él decía: ‘Este Yeshúa, a quien yo les anuncio, es el Mesías’.”
(Hechos 17:2-3)
Entonces, y regresando a la cuestiones del domingo, si los discípulos y Pablo aun guardaban el Shabat durante el primer siglo, luego de la muerte de Yeshúa, ¿en qué momento se dejó de observar?
Un estudio cuidadoso de las fuentes históricas existentes en los siglos primero al quinto revela el hecho sorprendente de que la transferencia de la santidad del verdadero sábado bíblico al domingo fue un proceso largo y gradual.
 
El Dr. Kenneth Strand, profesor de Historia de la Iglesia, en la Universidad de Andrews, en Berrien Springs, Míchigan, categóricamente afirma, “Hasta el segundo siglo no hay evidencia concreta de una celebración cristiana semanal del domingo, en ninguna parte. Las Primeras referencias específicas durante ese siglo, vienen de zonas de Alejandría y Roma que ya habían rechazado la observancia del séptimo día sábado desde muy temprano.” (The Sabbat in Scriptures and History, pág. 330, Review and Herald Publishing Association, 1982).
La contestación la encontramos en las reformas de Constantino I. Aunque una discusión acerca de quién fue Constantino I y su influencia sobre la iglesia moderna está fuera del alcance de este escrito, sí les puedo asegurar que fue uno de los más grandes antisemitas de todos los tiempos, y sus imposiciones y reformas han afectado negativamente la realidad de las Escrituras hasta hoy.
 A continuación citaré un artículo de Wikipedia en español sobre el emperador Constantino I:
«Las leyes de Constantino mejoraron en muchas facetas las de sus predecesores, aunque también son un reflejo de una época más violenta. Algunos ejemplos de estas leyes son… el domingo fue declarado día de descanso [énfasis añadido], en el cual los mercados permanecerían cerrados, así como las oficinas públicas (excepto para el propósito de la liberación de esclavos). No había restricciones para el trabajo en las granjas».
De modo que no fue Yeshúa, ni los discípulos, ni Pablo, quienes abolieron la observancia del Shabat, sino Constantino I, quien fundó las bases de la religión llamada cristianismo.
Sin embargo, como ya hemos visto a través de las Escrituras, este diseño de celebración no fue lo que Yahvéh estableció en su Palabra. La observancia del domingo como “día del señor” está fundamentada en la adoración al sol, en especial el mitraísmo (adoración a la deidad Mitra) romano, lo cual nuestro Creador condena. Ni siquiera me atrevería a llamar al domingo “día de reposo”, pues la verdad es que nadie reposa como tal ese día; la mayoría de la gente asiste a la iglesia y luego siguen su día de trabajo realizando diligencias como cualquier otro día.
Para concluir, cabe mencionar que el Shabat será celebrado en el reino venidero:
“Porque como el cielo nuevo y la tierra nueva que voy a hacer perdurarán por mi voluntad –declara YHVH– así perdurará la simiente y el nombre de ustedes. Y novilunio tras novilunio, y Shabat tras Shabat, vendrá toda carne a adorarme –dijo YHVH.”
Isaías 66:22-23 (VIN)
Si finalmente el Shabat será observado en el reino venidero, ¿qué sentido lógico hace que Yahvéh haya establecido el Shabat como estatuto perpetuo en la antigüedad, para luego abolirlo a través de Yeshúa, para finalmente volverlo a restaurar? No hace sentido; más bien da una imagen errónea de un ser Supremo que no tiene firmeza en su propia palabra, o está indeciso, o no planifica su obra. ¡No, de ninguna manera! ¡Ése no es Yahvéh, el Poderoso y Fiel! Su Palabra permanece para siempre, y nunca cambia. Lo que Él dijo ayer, sigue estando
vigente hoy, y permanecerá así por siempre.
“Él no es un hombre para ser caprichoso, ni un mortal para cambiar de opinión. ¿Hablará él para no actuar, prometerá para no cumplir?” 
(Números 23:19)
De modo que, si somos Su Pueblo, debemos guardar sus mandamientos procurando ser fieles a todo lo que originalmente Él ha revelado. Ellos son una delicia para nuestra vida, y nos traen bendición y vida eterna.
“…si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”  
(Mateo 19:17)

La verdadera María una sencilla mujer judía que anhelaba la Redención de Yahvéh

Mientras conducía mi automóvil, escuchaba una conocida radio local (en frecuencia FM). En medio de una charla amena y variada, un grupo de comunicadores se propuso contribuir al consciente
colectivo aportando un dato erróneo que la gran mayoría de los católicos romanos lo portan en sus almas. El diálogo se centró en el axioma de que el árbol de navidad se arma por costumbre el 8 de diciembre por ser la fecha en la que Jesús fue concebido en el seno de María.  Esa sería la causal de que en dicha fecha se celebra el dogma de la inmaculada concepción. Así, y tal cual, lo dijeron y aportaron. Así, y tal cual la gran masa católica cree que el dato encaja con el día.
En verdad, me asombra como la masa de gente perece por falta de conocimiento (Os.4:6). Ignorancia que abarca aún a sus errores y herejías. Digo esto por que el día 8 de diciembre no se celebra la concepción de Jesús, sino más bien, el momento en que fue concebida María (madre de Jesús) en el vientre de su madre.

Un 8 de Diciembre de 1854 se decretó desde el Vaticano el Día de la Inmaculada Concepción de María, y fue el Papa Pío IX, el que proclamó el dogma denominado «Inmaculada Concepción» que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción. Para que se entienda bien esta aberración doctrinal, totalmente anti-bíblica y por ende anti-Dios, leeremos con atención lo que en su bula «Ineffabilis Deus«, el papa Pío IX  dijo: «…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…»

Ante todo este manto de error que hoy cubre las naciones de tinte romano diremos que si bien nuestra fe reconoce que María fue la más extraordinaria de las mujeres que en las Escrituras se menciona, es apropiado inyectar, especialmente hoy, una palabra de precaución contra la tendencia común de enaltecerla demasiado. Ella era, después de todo, una mujer, no una semidiosa o una criatura de forma cuasi-deidad que de alguna manera trasciende al resto de su raza.
El punto de su «bendición» no es ciertamente que debemos pensar en ella como alguien a quien podemos apelar para bendición; sino que ella misma fue supremamente bendecida por el Eterno Dios. Ella nunca es retratada en las Escrituras como fuente o dispensadora de la gracia. Sino que es ella misma es destinataria de la bendición de Yahvéh, nuestro Dios. Es su Hijo, no María, la fuente de la gracia (Salmo 72:17). Él es la tan esperada simiente de Abraham de los cuales habló la promesa del pacto: “En tu simiente todas las naciones de la tierra serán bendecidas” (Génesis 22:18).
Las tradiciones religiosas extrabíblicas y muchas mentes supersticiosas han beatificado a María haciéndola un objeto de veneración religiosa, imputándole diversos títulos y atributos que pertenecen sólo al Eterno Dios. Una larga tradición de almas demasiado entusiastas a lo largo de la historia erróneamente la han exaltado al estatus divino. Por desgracia, incluso en nuestra era, María, no Cristo, es el punto central de la adoración y afecto religioso para millones. Ellos piensan en ella como más accesible y más simpática que Cristo. Se le venera como la Virgen perfecta, supuestamente sin ser tocada por el pecado original, una virgen perpetua, e incluso corredentora con Cristo mismo.
Toda esa veneración de María es totalmente sin justificación bíblica. De hecho, es completamente contrario a lo que la Escritura enseña expresamente (Apocalipsis 19:10). Pero la tendencia a hacer a María un objeto de culto no es nada nuevo. Incluso durante el ministerio terrenal de Jesús, por ejemplo, hubo quienes mostraron reverencia indebida a María por su papel como Su madre. En
una ocasión, la Escritura dice, una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo a Jesús:
«Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que te
criaron». Su respuesta fue una reprensión: «Por el contrario,
bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la guardan
«.
(Lucas 11: 27-28)
Con esta exhortación, el Mesías dejó bien establecido que aún su madre estaba obligada a escuchar la Torah (Instrucción) del Eterno y obedecerla. Es que no hay humano que escape a la herencia del pecado (Romanos 3:23), salvo nuestro amado Mesías (Hebreos 4:15).
María misma era un alma humilde que mantiene un perfil bajo consistentemente
en los relatos evangélicos de la vida de Jesús. Toda la Escritura neotestamentaria desmiente
expresamente algunas de las principales leyendas sobre ella.
La idea de que ella permaneció virgen perpetua, por ejemplo, es imposible de
conciliar con el hecho de que Jesús tuvo medios hermanos que se nombran en las
Escrituras junto a José y María con sus padres: «¿No es éste el hijo del
carpintero? No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y
Judas?
«(Mateo 13:55). También leemos que José se abstuvo de
relaciones sexuales con María sólo «hasta que dio a luz a un hijo primogénito» (Mateo 1:25). En cualquier lectura natural del sentido normal de las Escrituras, es imposible
apoyar la idea de la virginidad perpetua de María.
La inmaculada concepción de María y de su supuesta falta de pecado son
igualmente sin ningún fundamento bíblico alguno.. La primera estrofa del
Magníficat de María habla de Dios como su «Salvador«, dando así
testimonio implícito, de los propios labios de María, que ella necesitaba redención.
En tal contexto bíblico, podría referirse sólo a la salvación del pecado. María
estaba en efecto confesando su propia maldad.
Si María estaba libre de todo pecado y culpa, como ese dogma romano lo afirma, entonces no tenía inmundicia; y por lo tanto, no tenía porque purificarse. Sin
embargo, y le pese a Roma y sus secuaces, María al dar a luz quedó inmunda según la Ley (Torah) y tuvo que cumplir con
el rito de purificación como cualquier mujer de su tiempo. La Biblia dice lo
siguiente cuando José y María presentaron a Jesús: “Y cuando se cumplieron los
días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a
Jerusalén para presentarle al Señor
” (Lucas 2:22)Fueron a presentar a Jesús, de acuerdo a la Ley (Torah) que se describe aquí:

 “Habla a
los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será
inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al
octavo día se circuncidará al niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días
purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario,
hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación
.”
(Levítico 12:2 al 4)

Es palabra de Dios, nada que hacer. Como discípulos de Cristo que ama a Dios no puedo
creer en una doctrina que no se sustenta en Su perfecta Palabra, y que incluso,
al contrario, la rechaza.

Ana, supuesta madre de María, embarazada.
La Biblia no menciona nada de este supuesto hecho que, según el catolicismo, es importantísimo para todo cristiano. Resulta que no existe en toda la Biblia un solo pasaje que haga referencia a la Inmaculada Concepción de María. En ninguna parte se menciona que María fue una persona distinta a todo el resto de la humanidad, en el sentido de haber sido una persona que nunca pecó en toda su vida.  ¿Se equivocó el Eterno Dios? ¿Si la inmaculada concepción es verdad, porque Dios no lo describió por inspiración en las Sagradas Escrituras (Biblia)?
La Biblia es la suprema, perfecta y completa Palabra de Dios. En las Escrituras, el Eterno Dios no dejó absolutamente nada al azar. En la Biblia Dios nos habla todo lo que necesitamos saber acerca de la salvación y la vida eterna.
Cuando tenemos que buscar información externa a la Biblia, estamos diciendo que la Biblia no es perfecta; que está incompleta. Sin embargo, sabemos que el Eterno Dios es perfecto y que por lo tanto Su Palabra también lo es.
Me parece muy interesante aportar el dato de que uno de los inspiradores de los fundamentos católicos romanos. el famoso San Agustín (354-430),obispo de Hipona y doctor de la iglesia combatió la idea de que María hubiera nacido sin mancha del pecado original (en Psalm 34,sermón3) dice:»María murió por causa del pecado original transmitido desde Adán a todos sus descendientes«. Y en su escrito De Peccatorum Meritis, declara que la carne de María era «carne de pecado» y que María que descendía de Adán, murió a consecuencia del pecado.
Desde el punto de vista bíblico y objetivo, podemos
decir que el dogma de la Inmaculada Concepción de María no es de Dios.
Surgen interrogantes como: ¿Por qué el catolicismo romano se empeña en que sus
fieles se acerquen a María en vez de a Jesús directamente?
Detrás de todo esto podemos ver
una maquinación para que se pierda el horizonte y la meta a la cual pretendemos
llegar. Nuestra mirada no tiene que estar en un hombre o una mujer, nuestros
ojos tienen que estar en Jesús:
 “Puestos los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios
”
(Hebreos
12:2)
De hecho, lejos de representar a María con un halo y una mirada seráfico en
su cara, su Escritura la revela como una chica promedio joven de medios comunes
de la ciudad de campesinos en una región pobre de Israel, desposada con un
novio de la clase obrera que se ganó su vida como carpintero. Si usted hubiera
conocido a María antes de que su Hijo primogénito fuera concebido
milagrosamente, no podía haberla notado en absoluto. Ella difícilmente podría
haber sido más sencilla y sin pretensiones.
María nació con una naturaleza pecaminosa como cualquier otro ser humano caído. Ella era una pecadora al igual que cualquier persona humana que desde Adán ha habitado este planeta. Según la Biblia, todos somos pecadores terribles. Lo que sucede es que, adormecidos por el mismo pecado, tendemos a pensar que no estamos tan mal, porque nos comparamos con otros hombres que consideramos más pecadores. Sin embargo, la vara de medir  precisa y verazmente es la Palabra de Dios. Si nos comparamos con la revelación de la Escritura, entonces vamos a ver lo sucio y perverso que en realidad somos los ojos de Dios:
“Pero todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades, como el viento, nos han quitado.” 
(Isaías 64:6)

Sin embargo, y a pesar de todo, María, un día, se encontró inesperadamente en un papel decisivo en el plan redentor del Eterno Dios. Un día oportuno del propósito eterno de Dios en el que un anuncio angelical cambió la vida de María para siempre.

 

Entendámoslo bien, y proclamémoslo, sólo el Señor Jesús, el Cristo divino, nació sin una naturaleza pecaminosa. Esto se debe a que Jesús no tuvo un padre terrenal, sino que el Eteno Dios  era su propio Padre. El Mesías tenía la vida de Dios fluyendo por su sangre, no el pecado del hombre. Es decir que Jesús tenía la carne de Adán, aportada por la genética de María, pero no tenía sangre contaminada con el pecado, proveniente de Adán. Recordemos que, según la Torah, la vida está en la sangre (Levítico 17:11). Es el tipo de sangre del padre el que se lleva al niño por herencia, no el de la madre. María era simplemente un instrumento que se utiliza para la gloria de Dios y su propósito.
Por último, haz click sobre la imagen e interpreta con tu corazón el mensaje que el Eterno necesita que entiendas para tu salvación:

 

A continuación algunos textos para estudiar y reflexionar:
«Porque él, le ha hecho pecado por nosotros, que no conoció pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 
(2 ª Corintios 5:21)
 
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede ser tocado con el sentimiento de nuestras debilidades, pero fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”
(Hebreos 4:15)
 

 

La Biblioteca del Eterno

Por P.A. David Nesher

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis 20:15)

 

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. El apóstol Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar al Mesías del Eterno, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Yeshúa. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen del Mesías y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Yeshúa, HaMashiaj…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Mesías divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.

Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Yeshúa dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre del Mesías como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia del Mesías y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.

Pastor-Maestro: Un mismo Don con dos Expresiones Diferentes

«…Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice:
    Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
    Y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros»… 
(Efesios 4:7-11)
En un tiempo en el que innumerables creyentes escogidos nadan desesperados en ese mar de confusión que es hoy la teología evangélica, creo muy necesario contribuir a la reflexión acerca de una palabra usada (y hasta abusada) en la historia del cristianismo protestante-evangélico. Considero justo y oportuno que la misa debe ser conducida a un análisis escritural y desde allí colocada en las funciones  más nobles de su propósito de acuerdo al diseño original que el Señor le asignó. Estoy hablando del término «pastor«.
El uso que el término “pastor” ha tenido siempre ha sido en un contexto extra-bíblico. Es decir, que a lo largo de la historia de la iglesia evangélica, se le dio a la palabra “pastor” una significación sinónimo de máximo dirigente eclesiástico. La misma cobró este matiz cuando alcanzó vigencia después de la Reforma Protestante. Y obviamente, eso debe conducirnos hoy a un examen exhaustivo de este título o cargo pero a la luz del texto neo-testamentario de tal manera que nos permita  el redimensionamiento del ministerio pastoral en estos tiempos de reforma mesiánica que estamos viviendo.
Al considerar el texto de la epístola a los Efesios notamos que todo el argumento que el apóstol san Pablo trae desde el versículo 7 es para recordarles a los escogidos que el Señor sufrió la muerte, resucitó y subió a lo alto en un desfile de victoria llevando el botín, para de él sacar y dar dones a la Iglesia, Su Esposa y por lo tanto Su Cuerpo. Estos dones (gr. doma) realmente son personas, seres humanos, que él mismo compró con su sangre preciosa, a los cuales designó o constituyó para un servicio específico.
Estos servicios u oficios que Yeshúa (Jesús) ha designado para la Iglesia son variados, pero, como hemos dicho anteriormente, no contradicen la Unidad de Su cuerpo, sino que han sido dados para mantener el vínculo del amor que sostiene al mismo.
Antes de entrar a estudiar en detalle el servicio de pastor-maestro dado por Cristo a la Iglesia, me es necesario analizar junto a Uds. la primera parte del versículo 11: «…Él mismo constituyó…«. Siendo Yeshúa (Jesús) el Señor y Soberano de la Iglesia, quien lo llena todo con su autoridad, solamente, queda bien claro que Él tiene la facultad y el derecho de designar los servicios, dones, o ministerios, que se necesitan para la edificación de la misma. ¡Nadie puede tomarse esta prerrogativa!
En el caso del uso del término “pastor”, primero es necesario realizar una comprobación del sentido que tienen los diferentes usos del término a lo largo del Nuevo Testamento, revisando las ocurrencias en cada uno de los libros. Gracias a ese estudio se puede descubrir que si se quiere aclarar la naturaleza del “ministerio pastoral” en los días apostólicos, sólo es posible centrarse en el estudio exegético de Efesios 4:11, ya que es el único texto neotestamentario en que claramente habría una connotación de “oficio” en el uso de la palabra, ajeno al uso más bien metafórico que se impone en las escrituras griegas cristianas.
De manera que esclarecer su uso en el texto griego del Nuevo Testamento iluminará la comprensión de dicho pasaje y permitirá utilizarlo con propiedad y respeto a la sana hermenéutica en el planteamiento eclesiológico.
Lamentablemente, y debido al caos que ha causado el movimiento de la falsa reforma apostólica, hay muchas personas que creen que Pastor y maestro son dos Dones Espirituales que se encuentra en Efesios 4:11. Pero aquí  presenta las razones por las cuales realmente no son dos Dones Espirituales sino uno solo: pastor – maestro.
La exégesis de ese pasaje necesita, primero, lo que en la crítica textual se llama “establecer el texto”, es decir, decidir a partir de todos los manuscritos existentes, usando criterios muy precisos, cuál pudo ser el texto exacto escrito de puño y letra por el apóstol Pablo.
El Nuevo Testamento Griego publicado por Nestle-Aland presenta el siguiente texto para Efesios 4:11:
Kai autos edoken tous men apostolous
tous de profetas, tous de euangelistas,
tous de poimenas kai didaskalos
Considerando el griego koiné original del texto se interpreta que en realidad no se mencionan “cinco” sino “cuatro” ministerios en este pasaje.
  1. Apóstoles
  2. Profetas
  3. Evangelistas
  4. Pastor-Maestro

 

Resulta aún más interesante destacar que el último oficio mencionado no está dividido en dos aquí, sino que es una referencia a uno y mismo oficio.
Si analizamos bien el texto notaremos que cada uno de los ministerios mencionados tiene un articulo que le separa del otro, por ejemplo:  (1) “a unos… apóstoles”, (2) “a otros… profetas ”, (3) “a otros… evangelistas”, (4) “a otros… pastores y maestros”.  El último ministerio presentado no separa el oficio de ‘pastor’ y ‘maestro’ sino que son atribuidos a la misma persona.
No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. En el texto original griego el versículo  dice, “δέ ποιμένας  καί  διδασκάλους”  [tous de poimenas kai didaskalous] (otros los pastores y maestros). La conjunción kai es la que tiene el secreto de la correcta traducción. No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. Si sólo el primer sustantivo tiene el artículo entonces tanto en el primero y segundo sustantivo se refiere a la misma persona o cosa. Los dos sustantivos son plurales masculinos acusativos. El segundo sustantivo no tiene un articulo enfrente entonces los dos sustantivos son un Don Espiritual = el pastor-maestro. Por lo que entendemos que se trata de un mismo don con dos modos distintos de expresarse. Desde esta explicación, entendemos que la construcción griega indicaría la siguiente traducción: «pastores que son maestros» o también «pastores que enseñan» (comp. con 1Timoteo 3:2 “apto para enseñar”).
Es muy interesante agregar que a mayoría de los comentaristas bíblicos ponen a los pastores-maestros como un solo oficio debido a que en el original griego no aparecen separados como dos títulos distintos, sino como dos funciones relacionadas con un solo oficio. Esto debe ser así ya que el pastor tiene como principal función enseñar. A través de la exposición de la Palabra pastorea a las ovejas (Hch. 20:17,28; Jn. 21:15-17). Uno de los principales requisitos para el pastor es que sea diestro y diligente en la enseñanza. (1 Tim. 5:17; 3:6; 4:13; 2 Ti. 2:15;Tit. 1:9).
La razón por la que esto ocurre es que la manera de “pastorear” es por medio de la enseñanza ya sea de forma didáctica por medio de la Palabra (Hechos 13:1; 1 Tim. 3:2; 1 Tim. 4:5-6, 11,13, 5:17; 2 Tim. 2:24; Tito 1:9; Tito 2:1, 7; Hebreos 13:7, 17) o por ejemplo como mentores (Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; 1 Tim. 1:16, 4: 12; Tito 2:7; 1 Pedro 5:2-3).
La iglesia es edificada de esta manera espiritual y emocional por medio de las enseñanzas de sus pastores-maestros.  La tarea de enseñar debe ser hecha ‘sobre’ el fundamento que ha sido establecido por los “apóstoles y profetas” y se requiere que se haga con esmero, dedicación y mucho cuidado.
Pastores-maestros son un don que el Cristo resucitado concede a su Iglesia para el ministerio de su edificación cualitativa. En relación con el rebaño, los pastores-maestros llevan a cabo varias tareas, que son propias de su llamamiento y servicio.
  1. Alimentan a la grey (1 Co. 3:2; Jn. 10:9; Ez. 34:23).
  2. Dirigen a la congregación, como líderes responsables (Jn. 10:3, 4; Sal. 23:3b).
  3. Protegen a los hermanos, especialmente en términos morales y espirituales (Jn. 10:11–15; Hch. 20:28, 29; Sal. 23:4, 5).
  4. Restauran a los creyentes, ejerciendo una disciplina positiva (Sal. 23:3; Ez. 34:4)
Una conclusión aparece de todo esto: los ministerios mencionados en la epístola a los Efesios (4:11) son dones y no cargos jerárquicos….y además son cuatro (4) y no cinco (5) como enseñan los fraudulentos «congresos quíntuples«que la masonería, disfrazada de apostólica-profética, ha promocionado por las naciones trayendo confusión y caos que ha provocado tanta incertidumbre y divisiones.
Son cuatro tipos de hombres-dones (doma) que nuestro amado Esposo Yeshúa (Jesús) nos ha dado como dones de servicio que son necesarios para el ministerio de todos los santos.

 

La Biblia y sus exactitudes científicas

«Toda escritura es la palabra de Dios»
(2Timoteo 3:16)
Entendemos claramente que la Biblia no es un tratado científico, pero cuando toca aspectos de este tipo se destaca no solo por lo que dice, sino también por lo que no dice.
Aunque se trata de un libro antiguo y toca muchos temas, la Biblia no contiene inexactitudes científicas.
La Biblia no es un libro de Ciencia, sino un libro de fe, para fortalecer la fe. Por lo tanto, la Biblia jamás es confirmada por la Ciencia, mas bien, la ciencia es confirmada por algunas declaraciones de la Biblia.
Numerosas declaraciones encontradas en el Libro de Dios han sido halladas científicamente exactas. Si esto sucede así, ¿Qué debiéramos pensar? ¿Fue la Biblia  escrita por un conjunto de científicos? ¡Absolutamente No!. Los aproximadamente cuarenta hombres que tomaron parte en su composición, escribieron bajo diferentes periodos de tiempo, todos ellos con notable antigüedad. El más reciente escribió su porción entre el año 95 o 100 D. C. Todavía muy lejos de nuestra era científica-espacial-cibernética. Ellos no tomaron una educación formal académica de ninguna clase. Ni la mejor de su propio tiempo. Sus ocupaciones incluyen el pastoreo, la pesca rudimentaria, el único mas destacado fue médico. Pero nadie absolutamente alcanzó la “cumbre” intelectual de las famosas universidades de nuestro tiempo. ¿De donde, pues, estos hombres sencillos obtuvieron la percepción y claridad mental para escribir lo que la Ciencia moderna ha alcanzado a revelar después de cientos de años de duro esfuerzo e investigación.
La única respuesta que puede ser lograda después de un razonamiento sobrio es que la Mente que les guío a escribir la Palabra escrita revelada (2 Cor.2:16; 2 Ped.1:21). es la misma mente que les reveló el anticipado conocimiento de estas numerosas afirmaciones las cuales podemos leer en las páginas de la Biblia:
“Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Dan.2:28)
“Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mi no hay Dios… Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir… No hay Dios sino yo, No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isa.44:6-8).
Cómo vemos solo un Ser auto-existente, trascendente y omnisapiente puede ser la causa de estas verdades. Las siguientes y asombrosas declaraciones son puestas para nuestra consideración. La exactitud con relación a los descubrimientos científicos es una evidencia mas de la validez de la Revelación e Inspiración de la Biblia como Palabra expresa de nuestro Creador.
Volvemos pues a recordar lo dicho al principio: la Biblia no es un libro científico, sino que es el libro de la fe, pero también es cierto que cuando trata asuntos científicos es exacta y acorde a la ciencia probada. Veamos algunos ejemplos en el cuadro que a continuación se publica:
exactitud científica de la Biblia

Las Tres Reglas de la Fe (Emunah)

La fe (en hebreo: emunah) es una convicción innata que el Eterno otorga en Su gracia benevolente a sus hijos (Efesios 2: 8; Heb. 11:1). Es una percepción extrasensorial de la verdad que trasciende la razón, más que evadirla. Así, la sabiduría, el entendimiento y el conocimiento pueden mejorar la genuina emunah, pero jamás conformarla.
 

Pero la más grande vitamina que uno puede proveerle a la emunah es simplemente el ejercicio. De hecho, en hebreo, la palabra “artesano” se dice umán (que deriva de la misma raíz que emunah), porque esta persona practicó su artesanía una y otra vez hasta que se volvió para ella algo natural. De la misma manera, la emunah crece y se profundiza a medida que uno se va acostumbrando a ver todos los fenómenos de la vida como manifestaciones de la presencia y la gloria del Creador. Sin embargo, la emunah se fortalece muchísimo más cuando es puesta a prueba y logra pasar esas pruebas y, mucho más, al sacrificar cosas en la vida en aras de tu emunah.

 
La expresión emunah (fe obediente) en verdad debe traducirse como certeza o convicción que produce confianza (hbr. Bitajón).En el concepto hebreo no existe ni la «fe ni el creer«, como se entiende en el occidente greco-romano, sino solo la lealtad, fidelidad, o firmeza en la verdad.
 
 
Desde esta concepción hebrea se entiende que la fe obediente se divide en tres niveles principales que denominamos las “Tres Reglas de la Fe”:
 
 
1) El nivel básico de la fe – Siempre asegura: “Así el Creador quiere”. Se trata de la firme creencia que todo lo que al hombre le sucede proviene del Creador quien ejerce Su perfecta Supervisión sobre cada una de las circunstancias, inclusive en el más pequeño y aparentemente insignificante acontecimiento.
 
 
2) El nivel intermedio de la fe – Siempre confiesa: “Todo es para bien”. Se trata de la firme creencia que la Supervisión del Creador es siempre y sólo dirigida hacia el bien, y de por sí, todo lo que le sucede al hombre y todo lo que le sucederá – “Todo es para bien” tal como lo asegura Romanos 8:28.
 
 
3) El nivel superior de la fe – Siempre consulta: “¿Qué quiere el Creador de mí?”. Se trata de la firme creencia que hay un objetivo específico en cada cosa que el Creador hace, y por lo tanto, el hombre debe buscar cómo conocer y conectarse al Eterno y Todopoderoso Dios en todo lo que le sucede.
 
 
Estos tres niveles son realmente una sola cosa ya que la fe es una totalidad. Simplemente, la fe es la convicción que “No hay nada más fuera de Él” (Deuteronomio 4:35), y todo lo que sucede en el Universo está bajo Su Supervisión Individual. Debido a que la razón principal del Creador al crear el universo es otorgar Su Bondad a todas Sus criaturas, todo lo que Él hace es para bien. El Creador no hace nada arbitrariamente, cada una de Sus obras tiene una específica razón fundamental y un objetivo: enseñar a las criaturas a conocerlo y conectarse a Él por medio de un ser humanos redimido y mesiánico.

https://youtu.be/OCpFFVJTItY

¿Qué era el Atrio de los Gentiles?

Primeramente señalaré que el término «gentiles/paganos» proviene del latín gens, de donde proviene la expresión «gentil«. Esta palabra, usada por los patricios de Roma, daba la idea de «nación extranjera» en contraposición al pueblo romano, (populus romanus). También añadiré que «gentil» o «pagano» es la traducción del hebreo goi/goyim, que aparece 561 veces en el Antiguo Testamento, y del griego ethnos/ethnê, que aparece no menos de 162 veces en el Nuevo Testamento. Ambas expresiones (la hebrea y la griega) significan «los que son del mar de gente«.
Ahora, los invito a considerar la estructura y disposición del Templo de Jerusalén, particularmente en los tiempos de Yeshúa, que es cuando el atrio de los gentiles funcionaba.
Todos ustedes saben que el primer Templo, construido por Salomón en el año 950 a.C., fue destruido por los babilonios en el año 586 a.C.
A su regreso del exilio en Babilonia, los judíos levantaron otro más pequeño, entre el 520 y el 516 a.C.
En estos dos momentos del Templo de Yahvéh no había ningún atrio de los gentiles en los planos arquitectónicos que el Eterno Dios suministró para el templo de Salomón ni en el de la visión de Ezequiel; tampoco había ninguno en el templo que reedificó Zorobabel.
El atrio de los gentiles fue edificado por Herodes el Grande, un rey edomita (descendiente de Esaú o Edom), que pretendía glorificarse y ganarse el favor de Roma, la autoridad imperial que lo había colocado como rey de los judíos por imposición.
Entre los años 20 o 19 a.C., el rey Herodes dio inicio a los grandes trabajos de renovación, casi de reestructuración, del Templo de Jerusalén, el segundo, el que fue construido después del exilio.
El historiador judío Josefo nos cuenta en su libro «Antigüedades«, que al comienzo de la obra fue necesario contratar a 10.000 obreros laicos (canteros, carpinteros, plateros, orfebres, fundidores de bronce…) y 1.000 sacerdotes adiestrados en albañilería para encargarse de los trabajos de construcción de los recintos sagrados ya que para los laicos estaba prohibido pisar esos lugares.
 El nuevo Templo resultaba grandioso. Tenía la misma estructura básica del Templo de Salomón, pero era mucho más grande era la grandeza indescriptible de mármol y oro. Construido sobre los planos del primero, de piedra blanca, realizado con placas de oro, se erguía en el centro de una explanada de 480 metros de largo por 300 metros de ancho, cubierta de mosaicos de colores, desde la que se domina toda la ciudad con sus pórticos de soberbias columnas de mármol, despertaba la admiración de todo el Mediterráneo.
Su estructura básica fue concluida después de diez años. El Templo de Herodes era tolerado por los judíos, dado que tenía señales visibles de la presencia pagana. A la fortaleza Antonia , en su esquina noroeste, era donde los sacerdotes iban a buscar sus vestimentas sagradas. Allí residía el procurador romano, y se alojaba también la guarnición romana. Además de eso, su construcción de estilo helenístico no ayudaba a su plena identidad judaica. El Templo, como veremos, se había convertido en un instrumento ideológico-religioso de la dominación económica, social y política romana.
Además de las áreas reservados a los miembros del pueblo de Israel (hombres, mujeres, sacerdotes) en este templo había un espacio en el que todos podían entrar, judíos y no judíos, circuncisos e incircuncisos, miembros o no del pueblo elegido, personas educadas en la Ley y personas que no lo eran. Aquí se reunían rabinos y maestros de la Ley dispuestos a escuchar las preguntas de la gente sobre el Eterno Dios, y a responder en un intercambio respetuoso y misericordioso. Este espacio era el atrio  de los gentiles o paganos, en latín el atrium gentium, un espacio que todos podían atravesar y en el que podían permanecer, sin distinciones de cultura, lengua o profesión religiosa, un lugar de encuentro y diversidad. Era una zona que Herodes hizo construir para congraciarse con los romanos.
Había que pasar por varios atrios o terrazas para llegar al edificio central, que era el santuario en sí. Cada uno de esos sucesivos atrios tenía un mayor grado de santidad. Entonces las terrazas incluían tres atrios:
  • El primero accesible a todos se llamaba el Atrio de los Gentiles contaba con hermosos pórticos que se llamaban Pórtico de Salomón y Pórtico Real. El primer pórtico era el lugar dónde el Mesías, y más tarde la comunidad apostólica de Jerusalén, acostumbraban a juntarse para adorar al Eterno Dios:  “Y Jesús andaba en el templo por pórtico de Salomón”(Jn. 10:23). “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (Hechos 3:11). Lo utilizaban los muchos gentiles incircuncisos que deseaban hacer ofrendas al Eterno Dios de Israel.
  • El segundo atrio, llamado Atrio Interior era reservado para los judíos que se congregaban para adorar en las distintas convocaciones divinas. SE se dividía en dos partes: El Atrio de las mujeres y el Atrio de los israelitas o judíos.
  • El tercer atrio, llamado el Atrio de los Sacerdotes era el espacio donde estaba el altar de los holocaustos. En la parte recóndita del edificio estaba el Templo o Santuario con las tres partes tradicionales: el vestíbulo, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.
Cómo podrán notar este Templo en su interior, (a diferencia del Tabernáculo que sólo disponía de un atrio), disponía de «falsos espacios comunes»: el atrio de los gentiles, el atrio de las mujeres y el atrio de los judíos. Estos servían sólo para manejar y contener a las masas, ya que el Eterno Dios había dado instrucciones precisas a Israel de cómo debían tratar a los extranjeros. Si ellos aceptaban formar parte del pueblo de Dios, aceptando las Leyes y mandamientos que les había dado, debían contarlo como uno de ellos (Exodo 12:48; 22:21 y Levítico 19:33-34).
La construcción nos muestra ya una estructuración ideológica, pues el pasaje hacia cada una de estas partes del Templo se hacía subiendo cada vez más peldaños, hasta llegar al santuario, al igual que al Santo de los Santos, lugar de acceso al Sumo Sacerdote, quien en la época de Jesús era puesto y depuesto en diferentes momentos, tanto por Herodes como por los romanos. Con esto el Templo perdió la dignidad del período asmoneo, cuando los sumos sacerdotes eran sucedidos hereditaria- mente.
Aún más. Veáse que la estructura ascendente indicaba que los sacerdotes estaban más próximos a Dios, y por eso ejercían el poder. Se trata de una mitificación religioso-ideológica que legitimaba el statu quo .
Al cruzar el atrio de los gentiles, había un muro de 1,3 m. de alto con espacios abiertos para pasar.
En la parte superior había grandes piedras que llevaban una advertencia en griego y en latín. La inscripción en griego decía: “A ningún extranjero se le permite estar dentro de la balaustrada y del terraplén en torno al santuario. Al que se le encuentre será personalmente responsable de su propia muerte”.
Cuando una chusma atacó en el templo al apóstol Pablo, se debió a que los judíos rumoreaban que había introducido a un gentil dentro de la zona prohibida.
En sentido estricto, este atrio exterior no formaba parte del templo. Su suelo no era sagrado, y cualquiera podía entrar en él. Una serie de columnatas rodeaban el atrio de los gentiles. (Juan 2:13-17; Mt 21:12, 13; Marcos 11:15-18). En el sector del atrio de los gentiles estaba el mercado de animales para el sacrificio y el cambio de monedas para las ofrendas del templo.
Los ciegos, los cojos y los gentiles incircuncisos podían entrar en el atrio de los gentiles y se colocaban preferentemente en este lugar (Mateo 21:14, 15).
Además, fue en este lugar donde Jesús en diversas ocasiones se dirigió con sus enseñanzas a las muchedumbres, y dos veces expulsó a los cambistas y a los comerciantes diciendo que habían deshonrado la casa de su Padre (Mateo 21:12, 13; Juan 2:13-22).Justamente, la purificación del Templo, con la expulsión de los vendedores y cambistas, debe ser vista en el evangelio de Mateo dentro de un orden muy intencional:
1) Mt. 21, 1-11: Jesús, el Rey y Mesías, entra y es aclamado en Jerusalén por el pueblo. Jesús, el Mesías, toma posesión de la ciudad;
2) Mt. 21, 12-17: Jesús, como Mesías y Rey, toma posesión del Templo. La purificación es un acto de posesión, pues un nuevo orden se inicia.El clima es el del Día del Señor, dado que la purificación es seguida de la curación en el recinto sagrado de los ritualmente impuros. En efecto, los ciegos y los cojos son curados, en un verdadero clima apocalíptico; es como si la revelación del Día del Señor ya comenzara a ocurrir.

Lo que era sustentado por la oligarquía religioso-política como puro tiene que ser purificado, por cuanto no lo era. Los hijos de Israel ciegos y cojos, eran clasificados como impuros por los mismos religiosos, y por eso tenían prohibido entrar en el santuario. Ahora ingresan en él y son purificados por el verdadero Señor, Jesús. Es, de hecho, el día de la visitación de Israel, de Jerusalén y del Templo, por el Señor.
El mensaje profético del Mesías es bien claro: el reino de los sacerdotes se ha apropiado de lo sagrado y de la causa del Eterno Dios para servir a sus intereses. Ellos, en nombre de Yahvéh perpetuaron la opresión y el engaño contra el pueblo al que debían servir.

El amado Señor conservará, en esta actitud purificadora y profética,  la plena vigencia la palabra de lo profetizado por Oseas:

 

“Aprende lo que significa: misericordia quiero y no sacrificio”. 

 

La Violencia tratada a la Luz de la Biblia

Hacia dónde quiera que nuestra atención apunte, notamos una sola cosa, la agresividad manifestada cada vez más fuerte en los seres humanos de las sociedades actuales y de cualquier sustrato social. Los habitantes de este planeta salen, día a día, a sus actividades cotidianas con una constante actitud defensiva. Esta errada actitud sólo produce un fruto: la violencia. Ésta lo primero se manifestará en las calles de las distintas ciudades y se infiltrará sin permiso en las distintas instituciones que conforma y hasta fundamentan una sociedad: familia, Estado, escuela, etc.
Si acudimos a la Biblia en busca de respuesta este tema nos encontraremos que registra una gran cantidad de textos que señalan la oposición del Eterno Dios a la violencia, ya sea en la familia (doméstica), en la escuela (bullying), o en el trabajo (mobbing).
¿De dónde viene la violencia, según la Escritura?
No viene de Dios. La Creación es un acto de poder, no de violencia. El hombre tiene como misión, entre otras, poner orden en este mundo inacabado, imperfecto. Su dominio sobre el mundo creado tiene por objetivo que reine la paz. Pero la serpiente, HaSatán, el maligno adversario, sugiere al hombre que comiendo del fruto prohibido se hará capaz de rivalizar con el Eterno Dios. Marido y mujer no se ayudan a resistir a la tentación. Al contrario, se arrastran el uno al otro. Se dejan engañar: es el pecado.
La primera consecuencia del pecado es la violencia. Sobre un fondo de rivalidad, Caín mata a Abel. El Eterno Dios quiere parar el ciclo infernal de la violencia: protege a Caín. Pero esta se mantiene viva.
Y llega hasta tal punto que, dice la Escritura, Dios se arrepiente de haber creado al hombre. “La tierra está llena de violencia a causa de los hombres”, le dice a Noé. ¡Que la humanidad tenga un nuevo comienzo, a partir del único justo que Dios encuentra, Noé y su familia! El diluvio engulle pecadores y pecados. Dios no se venga pero no puede dejar indefinidamente que se propaguen el mal, la injusticia, la violencia, el pecado.
Al final, como signo de una nueva alianza con la humanidad, Dios suspende en el cielo un arco que reúne a la humanidad de un extremo de la Tierra al otro. El arco, arma de guerra, se convierte en símbolo de paz. Anuncia una inversión aún más radical: la muerte de Jesús en la cruz como fuente de salvación.
Israel no ha nacido en la violencia. Ha nacido de una llamada de paz: el Eterno Dios llama a Abraham y le hace salir de su país para que se desplace, con su familia y su ganado. Él mismo es un hombre de paz. Intercede ante el Eterno a favor de Sodoma, ciudad gravemente pecadora. En caso de conflicto por la utilización de un pozo en Beerseba, llega a una solución con su rival. Concluye incluso una alianza con él. Es saludado por Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), palabra que significa “paz”.
Pero si Abraham es más bien pacífico, ¿qué decir de Dios? Dios impidió a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio y esta prohibición permanecerá. En Jerusalén, el valle de Gehena está maldito porque reyes impíos creyeron atraer los favores divinos sacrificando a sus hijos e hijas. Dios condena esto, en el profeta Jeremías, “lo cual yo no mandé” (Jeremías 7:31).
El significado de la violencia en las Escrituras y su clasificación.
 

Observaremos, primeramente, que la palabra violencia en hebreo es hamas, interesante dato en días específicos en los que una organización que supuestamente lucha por los derechos palestino ostenta dicho nombre. Notaremos que este término hebreo también puede traducirse como “agravio” o “mal”, según la situación. La idea que esta expresión daba era la de «violencia, injusticia, agresión, brutalidad, atropello«.
En los libros del Antiguo Pacto, la expresión hamas aparece 60 veces y siempre connota algo negativo. Por ejemplo, en Job 16:17 y 19:7 la violencia es revelada como contraria a la pureza y a la
justicia.
Los agentes de hamas son siempre los opresores, los poderosos y privilegiados (Am. 3:10; Miq 6:11-12; Ezq 7:11,19,23-34.).
En los libros de sabiduría todo tipo de agresor será considerado como “malvados” (Prov 24:2), “enemigos” (2 S 22:49; Sal 14:48), “instigadores” (Prov 16:29) y abundantes en “transgresiones” (Prov 29:22); por esta razón, se recomienda no asociarnos con ellos (Prov 22:24). En este contexto, se aconseja no imitar esta clase de actitud (Prov 3:31).
En los libros que conforman el Nuevo Testamento (Pacto) encontramos que para hablar de violencia se usa la palabra griega bía. Con ella se señalará todo tipo de conducta violenta. Ésta únicamente aparece tres veces en Hechos (5:26; 21:35; 27:41).
En todos estos casos bíblicos, “la violencia se manifiesta como amenazadora para la vida del hombre”. Por este motivo, la agresión tendrá un fin (Is 29:20; cf. Ap 21:1-4).
Un elemento muy interesante que registra la Biblia, aplicado en nuestros días en relación al fenómeno social llamado bullying, es el insulto. Cuando el Mesías caminó en la tierra aseveró lo
siguiente:
«Habéis oído que se dijo a los antepasados: “NO MATARÁS” […]
Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y
cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable delante de la corte
suprema; y cualquiera que diga: “estúpido”, será reo del infierno de fuego
«
(Mt. 5:21-22)
Es evidente, al meditar en estas palabras, que el Señor no sólo estaba en contra de la agresión física, sino también de la agresión verbal. Para él, el insulto es un asesinato, un delito. ¡Es la transgresión del sexto mandamiento! (Éx 20:13). Aquella persona que diga algún apodo, magullando a su compañero, recibirá el castigo divino.
Por otra parte, si bien es cierto existe el maltrato, el Eterno Dios promete cuidar de los débiles. Él aborrece al que ama la violencia (Sal 11:5), pero ama a quienes son objetos de agravio (Sal 118:13). En pocas palabras, el Señor protegerá a los desvalidos y castigará a los agresivos. Lo que él desea que hagamos es confiar en él y hablar con las autoridades terrenales. El resto, él lo hará.
Para ir concluyendo este estudio, diremos que la Biblia encuentra su respuesta definitiva al problema de la violencia en el punto central de toda la historia de la Salvación divina: el Mesías en la cruz del Calvario.  Al fin de cuentas, la respuesta del Eterno Dios a la violencia fue la de asumirla en sí mismo y así derrotarla para siempre.  Cristo mismo se insertó dentro de la paradoja del mal y de la violencia y la convirtió en la paradoja de la gracia y la vida.  En la cruz él absorbió la violencia para liberarnos de su fatalidad.  Por eso el león vencedor del Apocalipsis resulta ser un Cordero inmolado (Ap. 5:5-6).  Cuando Cristo rechazó el uso de la espada y le dijo a Pilato que su reino no procedía de ese «mundo», quiso enseñarnos que el reino de Dios no viene por la fuerza sino por la vía de la mansedumbre que Él mismo manifestaría en Su Pasión.
Por eso, hoy día también, la idea que da la obra mesiánica en la cruz tiene que modelar toda nuestra vida, incluso nuestra respuesta básica a la violencia.  Después de todo, y de acuerdo a al llamado que el mismo Mesías nos hace para seguirlo, nuestro vivir es por su propia naturaleza una existencia cruciforme.  El que quiere venir en pos de mí, dijo Yeshúa, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga, porque «el que pierde su vida la hallará» (Mt 16:24-25).  Mientras los dos testigos de Apocalipsis 11 trataban de lograr el reino de Dios soplando fuego y matando gente, para responder a la fuerza con mayor fuerza y a la violencia con más violencia, fracasaron totalmente (Apoc 11:3-10), pero cuando murieron y resucitaron con Cristo, muchos glorificaron a Dios (11:11-13).  La iglesia que busca el poder está traicionando al Siervo Sufriente que se despojó de sí mismo y fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Cordero de Dios venció entregando su vida en la cruz, venciendo al mal con el bien, a la violencia con el sacrificio del amor.  Eso es central al mensaje del Apocalipsis y del NT en general.  Y aunque no da una explicación final ni una fórmula mágica para determinar de antemano todas nuestras decisiones ante la violencia y la maldad, sí nos orienta desde la óptica de Dios y nos da la orientación cristológica (podriamos decir «corderológica») para decidir y actuar hoy y mañana conforme a la verdad del Reino que él trajo desde Su victoria en la cruz.

BITÁCORAS RELACIONADAS:

La Teología del Reemplazo niega el Amor del Dios de Alianzas

P.A. David Nesher

“Y oí un santo que hablaba; y otro de los santos dijo a aquél que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora que pone el santuario y el ejército para ser hollados?”, … “Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y se derramará la ya determinada sobre el pueblo asolado. “
(Daniel 9:27,11:31, 12:11)

Como ya lo hemos estudiado en otras bitácoras, en el año 70 d. E.C. legiones romanas, bajo las órdenes del general Tito, destruyeron por completo la ciudad de Jerusalén y su Santo Templo.
La historia nos cuenta que más tarde la rebelión de Bar Kokhbá (132-135 d.C.) fue aplastada por Adriano, los judíos fueron esparcidos por todo el imperio romano como esclavos y desterrados de su patria por dos mil años. Como justificación al antisemitismo y a todas sus desgracias, se creyó que todos sus males eran causados por haber matado al Mesías. Esta idea fue propagada especialmente por los miembros de las comunidades mesiánicas simpatizantes con la filosofía griega que consideraban importante ir separando a la Iglesia de toda influencia hebrea.
De este modo, durante el siglo segundo, los llamados padres de la Iglesia comenzaron a finalizar lo que sería más tarde la base teológica de la Iglesia cristiana, donde la filosofía griega reemplazaría a la teología hebrea. Desde este movimiento en la historia eclesiástica de los siglos II y III, se verá a Roma sustituir a Jerusalén, los gentiles a los hebreos, el domingo por el sábado, las fiestas levíticas por fiestas paganas etc.  Muy pronto el sistema universal de creencias paganas y religiosas, dará paso a la Iglesia Católica Romana.
Será Agustín, quien por medio de su libro “La ciudad de Dios”, desarrollará la idea de que la Iglesia e Israel serán bendecidas por el regreso y reinado del Mesías en la tierra, pero la Iglesia reemplaza a Israel para siempre. Desde ese planteo filosófico Roma se hará el centro de la adoración, será llamada la nueva Jerusalén. El judaísmo y todas sus doctrinas serán considerados una religión imperfecta y reemplazada por el evangelio. De esta manera, todo el fundamento de la fe que instauró Yeshúa y sus discípulos, fue reemplazado por el conocimiento griego. De esta manera nace la conocida teología del reemplazo o la sustitución que enseña esencialmente que la Iglesia ha remplazado a Israel en el plan de Dios.
Un hito importante en el desarrollo histórico de la dominación de la teología del reemplazo dentro de la Iglesia ocurrió en el tercer siglo con una escuela que se formó en Alejandría, Egipto. Bajo la dirección de Orígenes, esta escuela bíblica enseñaba una mezcla de la filosofía griega y el cristianismo impulsado principalmente por la introducción de una interpretación alegórica (“espiritual” o simbólica) de la Escritura. Antes de la formación de esta escuela, no había métodos alternativos de interpretación de las Escrituras del Antiguo Testamento en la comunidad cristiana – sólo la interpretación literal. (Aunque Filón [20 aC – 50 dC] – un filósofo judío que también vivió en Alejandría – también enseñó este método alegórico para interpretar el Antiguo Testamento, no hay evidencia de que antes de Orígenes estas enseñanzas fueran de impacto dentro de la comunidad cristiana).
Esta hermenéutica (o método de interpretación de la Biblia) fue el precursor de la teología de reemplazo – o como Pablo lo llamó, los cristianos gentiles siendo “sabios en su propia opinión” (Rom. 11:25). Sión, Israel y Jerusalén se convirtieron en los términos que se refieren al pueblo redimido de Dios en general, más que tratarse de un lugar geográfico literal en el Medio Oriente.  Moab, Egipto, Asiria, Persia, Babilonia fueron entendidos simplemente como los enemigos espirituales del Israel espiritual.
La conclusión lógica del método alegórico de interpretación fue que los “hijos” de Israel eran simplemente los hijos espirituales que han “nacido de nuevo” en el nuevo pacto. (Por supuesto, esto ignora el hecho de que el Nuevo Pacto fue prometido al pueblo de Israel). Así que, en realidad, la teología de reemplazo no es una inserción al azar de su nombre en lugar de Israel al interpretar las bendiciones prometidas a ellos.  Más bien es una manifestación externa de un problema mayor: una espiritualización de las Escrituras para que estas giren en torno a mi existencia y no la del Mesías, ni tampoco el corazón fiel de Dios quien seguramente cumplirá cada promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob.
Ya para el año 325 de la d.C., el ecuménico Concilio de Nicea, adoptaba esta teología de enfoque griego, y durante 1.600 años fue utilizada para perseguir a los judíos y fundamentar su odio.
La posición anti-Israel continuó en el cristianismo hasta que surgió en el siglo XIX la teología de las dispensaciones y el pre-milenio. La mayoría de los teólogos aceptan la teología de reemplazo como válida. Con el surgimiento del estado judío en 1948, los de la dispensación consideraron el establecimiento del estado judío como una profecía de la segunda venida. Otros grupos se mantuvieron neutrales y otros antagónicos a esta profecía. En los últimos 15 años, con el  surgimiento del enfoque a las raíces hebreas, muchos grupos cristianos sean convencidos del error histórico de esta teología griega. Como podemos ver los seguidores de la teología del reemplazo se han apartado de la interpretación literal de las Escrituras, especialmente en cuanto al (mal llamado por ellos) Antiguo Testamento se refiere, y en el (mal nombrado por ellos) Nuevo Testamento generalmente re-interpretan los pasajes referentes a Israel, diciendo que en realidad fueron escritos para la Iglesia.

No hay duda alguna que el prejuicio, el odio y el celo, por tantos siglos sembrado y desarrollado son hoy obstáculos que tienen que ser destituidos para que ellos (la Casa de Judá) conozcan al Mesías. Es justamente la verdadera Iglesia la responsable de esta labor, “Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo”  (Isaías 57:14). Todo aquel que se llame seguidor de Cristo debe ser liberado de esa mentira, porque somos parte de la Casa de Israel, y por ende un solo cuerpo con la Casa de Judá.

Entonces y para que quede claro, entendemos que los adherentes de la teología de la sustitución creen que los judíos ya no son el pueblo escogido de Dios, y que el Eterno no tiene planes específicos para la nación de Israel en el futuro. Todas las perspectivas diferentes de la relación entre la Iglesia e Israel pueden ser divididas en dos campos: o la Iglesia es una continuación de Israel (la Teología de la Sustitución / la Teología del Pacto), o la Iglesia es completamente diferente y distinta de Israel (el Dispensacionalismo / el Premilenialismo).

La Teología de Reemplazo dice que Israel es imperfecta. Que no tiene las promesas y que por lo tanto ha sido reemplazado por la Iglesia. Según esta posición griega la Iglesia es la Israel espiritual, la perfecta. La que tiene todas las bendiciones y promesas. Por eso esta posición teológica asegura que Israel es maldita y esta marginada ante Dios.
Sin embargo, y según la teología de Pablo, el formador de la Iglesia en los gentiles, Israel es el olivo natural (Rom. 11) y los gentiles creyentes son injertados como una rama. Nunca Pablo enseñó que Israel sería reemplazada. La Iglesia es parte de la Casa de Israel, porque el Todopoderoso no tiene dos heredades ni tampoco dos esposas. El Eterno es fiel a las promesas y a su cumplimiento. La Iglesia es coheredera (ambos judíos – gentiles). “Ese misterio consiste en que los gentiles sean coherederos, miembros del mismo cuerpo, y participes de la promesa en el Mesías, por medio del evangelio» (Efesios 3:6).
Es evidente, y hasta lógico, que el Todopoderoso no ha rechazado a Israel. Sus promesas son eternas y el pacto es incondicional, no es transferible. La gracia del Eterno es para todos sin excepción de grupos étnicos.
Sabemos y creemos que Yahwéh es un Dios de alianzas. El hizo alianza con Abraham, Issac, Jacob y su descendencia, la Casa de Israel. Su alianza es eterna, incondicional y de amor eterno como su palabra. En el libro de Romanos, capitulo 4 y 5, Pablo declara que las promesas a Israel, fueron dadas por la fe de los patriarcas, y no sobre la base de castigo y recompensa. Si el pueblo judío existe hoy en día, sobreviviendo a  holocaustos, exilios y pogromos es porque se tienen que cumplir la Escrituras, la promesa a Abraham. Los gentiles a través del Mesías y los justos son parte de la Casa de Israel, y heredan también todas las bendiciones, no reemplazan a nadie, sino que son injertados al olivo natural.
La Iglesia no ha reemplazado a Israel en el plan del Eterno Dios. Podemos asegurar que Él no se ha olvidado de Israel, y un día la restaurará a su rol de propósito deseado para la nación que Él ha escogido (Romanos capítulo 11).
A continuación dejo las citas de distintos pasajes bíblicos que servirán para entender el planteo de esta bitácora:
“Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia,
y juicio, y misericordia, y miseraciones. “ 
Oseas 2:19
“¿Se Olvidará la mujer de lo que parió, para
dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me
olvidaré de ti. He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí
están siempre tus muros
. “
Is. 4915-16.
“Porque tú eres pueblo santo á Yahwéh tu Poderoso: Yahwéh tu Poderoso te
ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están
sobre la haz de la tierra.
 “
Deut. 7:6
“Mas tú, Israel, siervo mío eres, tú, Jacob, á quien yo escogí, simiente
de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus
principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú, te escogí, y no te
deseché.” 
Isaías 41:8-9
“Convertíos, hijos rebeldes, dice Yahwéh, porque yo soy vuestro esposo:
y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sión;
”
Jeremías 3:14
“Así ha dicho Yahwéh, que da el sol para luz del día, las leyes de la
luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte la mar y braman sus
ondas; Yahwéh de los ejércitos es su nombre: Si estas leyes faltaren delante de
mí, dice Yahwéh, también la simiente de Israel faltará para no ser nación
delante de mí todos los días. “
Jeremías 31:35-36
“Porque no dejará Yahwéh su pueblo, Ni
desamparará su heredad
; “
Salmos 94:14
“DIGO pues: ¿Ha desechado el Poderoso á su pueblo? En ninguna manera.
Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de
Benjamín. No ha desechado el Poderoso a su pueblo, al cual antes conoció
.”
Romanos 11:1-2
“Mas tú, Israel, siervo mío eres, tú, Jacob, á
quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los extremos
de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú, te
escogí, y no te deseché
.”
Isaías 41:8-9
“¿Cómo tengo de dejarte, oh Efraím? ¿He de
entregarte yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como á
Zeboím? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis
conmiseraciones. No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á
Efraím: porque el Divino soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no
entraré en la ciudad.”
Oseas 11:8-9
“Yahwéh se manifestó á mí ya mucho tiempo ha, diciendo: Con amor eterno
te he amado; por tanto te soporté con misericordia
.”
Jeremías 31:3
“ Oh vosotros, simiente de Israel su siervo,
Hijos de Jacob, sus escogidos.  Yahwéh, él es nuestro Poderoso; Sus
juicios en toda la tierra. Haced memoria de su alianza perpetuamente, Y de la
palabra que él mandó en mil generaciones. Del pacto que concertó con
Abraham, y de su juramento á Isaac; El cual confirmó á Jacob por estatuto, Y á
Israel por pacto sempiterno,
”
1 Crónicas 16:13-17
“Porque la parte de Yahwéh es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.”
Deuteronomio 32:9
“Acordóse para siempre de su alianza; De la palabra que mandó para mil
generaciones, La cual concertó con Abraham; Y de su juramento á Isaac. Y la estableció a Jacob por decreto, A Israel por pacto sempiterno
,”
Salmos 105:8-10
“El denuncia sus palabras á Jacob, Sus estatutos y sus juicios á Israel.
No ha hecho esto con toda gente; Y no conocieron sus juicios. Aleluya.
”
Salmos 147:19-20
“Porque no dejará Yahwéh su pueblo, Ni
desamparará su heredad
; “
Salmos 94:14
“Que en aquel tiempo estabais sin el Mesías, alejados de la república de
Israel, y extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en
el mundo.” 
Efesios 2:12
“Bien: por su incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe
estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme. Que si el Poderoso no perdonó á
las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.”
Romanos 11:20-21
“Esto pues digo: Que el pacto confirmado del Poderoso para con el
Mesías, la ley que fué hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga,
para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la
promesa: empero el Poderoso por la promesa hizo la donación a Abraham.”
Gálatas 3:17-18

Si tu eres cristiano, necesitas arrepentirte de todo antisemitismo implantado en ti por este sistema anti-Mesías.

En el área de la teología, necesitas repudiar la “doctrina de el reemplazo”. Esta doctrina errónea asegura que el Eterno ha terminado con el pueblo Israel, y la ha reemplazado por la «Iglesia».
A través del profeta Jeremías somos amonestados por tener una teología que niega el futuro de Israel como nación.
“¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que YHVH escogiera ha desechado? (las 2 casas Juda y Efrain) Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación. Así ha dicho el Señor: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia«.
(Jeremías 33: 24-26 )
¡Nadie puede enseñar o creer que el pueblo de Isrel se ha perdido, destruido, remplazado, substituido, echado a un lado permanentemente, o puesto eternamente en exilio de nuestra tierra!
NOTA RECOMENDADA:

El Ecumenismo: Tendencia Reptiliana que Intoxica a los Cristianos

«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios,  y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y Yo os recibiré”
(2 Corintios 6: 14-17) 

 

El Ecumenismo es la tendencia o movimiento que busca la restauración de la unidad de los cristianos, es decir, la unidad de las distintas confesiones religiosas cristianas. El objetivo es formar una única Iglesia que pueda servir como plataforma posterior para realizar el llamado al judaísmo y luego al islamismo y así configurar una única religión monoteísta que aliente luego a un única religión que englobe a todas las demás creencias expandidas en las naciones.
El Movimiento Ecuménico comenzó oficialmente con el Congreso Misionero de Edimburgo (Escocia) en 1910. Surgió en un ambiente protestante y en un contexto misionero, por la necesidad de presentar un frente unido en los países paganos. Luego, y con influencia de Illuminatis, el movimiento fue tomado por la jerarquía católico romana, quienes comenzaron a trabajar sutilmente hasta llegar a la propuesta de nuestros días.
Los ecuménicos se definen como la tendencia a «abarcar el mundo entero y sus creencias en una sola«. El ecumenismo propone que la diversidad de religiones o creencias se pueden unificar de tal forma que por más diversa o diferente que sea la creencia se tilde de igual en su propósito de fe. Es decir, le resta importancia si usted adora a Baal, Beelzebú, Bafomet, Ishtar, La reina del Cielo, Buda, Cristo, etc. Para el ecuménico, todo objeto de culto es una expresión de fe que sólo cambia el nombre de dios y cumple un mismo propósito.
Será importante analizar etimológicamente el término y luego tratar de ubicarlo en las Sagradas Escrituras. Comenzaré diciendo que el término «ecumenismo» proviene del latín, «oecumenicus» y del griego, «oikoumenikos» y éste a su vez de «oikoumenē», y significa «lugar o tierra poblada como un todo». El término ya era usado en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras por ellos conquistadas. Sin embargo, en la literatura de la época romana el término tenía un significado político-imperial que superaba el sentido geográfico: implicaba «el mundo como unidad administrativa sujeta a los paradigmas del el Imperio Romano».
Es interesante aportar ante esto que los romanos eran llamados «señores del «oikoumenē» (Plutarco, Tiberius Gracchus 9, 6). Polibio escribió: «todas las partes del mundo habitado («oikoumenē») han venido a estar bajo el dominio de Roma» (Polibio, Historias 3,1, 4). De la misma forma lo usó Dion Casio (Historia Romana 37, 1,2; 43, 14,16; 43, 21,2) y Flavio Josefo, entre muchos otros. Flavio Josefo escribió que el rey Agripa dijo: «En el mundo habitable («oikoumenē») todos son romanos» (La guerra de los judíos 2, 388).
Es interesante aportar que en los evangelios, el término «oikoumenē» es poco utilizado como tal, a tal punto que solamente aparece dos veces. Por ejemplo, en Lucas 2:1 se señala: «Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo («oikoumenē»)«. Como verán el término es usado por el autor para describir el sistema de cosas imperante en aquel momento desde Roma. También, el diablo tienta a Jesús ofreciéndole «todos los reinos de la tierra («oikoumenē»)» (Lucas 4:5). En este pasaje notamos que el mismo HaSatán, la serpiente antigua, la que usa este término aplicándolo a su jurisdicción.
Según la historia, el significado de «oikoumenē» comenzó a tornarse decididamente positivo cuando Constantino I el Grande convocó el primer Concilio ecuménico de cristianos en Nicea, en 325 d.C, con la participación de obispos de todo el «oikoumenē». Así se creó un vínculo entre el concepto de universalidad de la Iglesia (es decir, sin exclusiones) y el término «ecuménico» («oikoumenē»).
Si bien, como hemos visto, el término «oikoumenē» se utilizó desde los tiempos del Imperio Romano para expresar al mundo como unidad político-económica, en la actualidad la palabra «ecumenismo» tiene una significación eminentemente religiosa, y es usada primordialmente para aludir a los movimientos existentes en el seno del cristianismo cuyo propósito consiste en la unificación de las diferentes denominaciones cristianas, separadas por cuestiones de doctrina, de historia, de tradición o de práctica.
Es asombroso notar hoy, en el sentir de numerosas personalidades cristianas del último siglo, como el ecumenismo constituye para ellos el camino de superación de las divisiones entre los cristianos, en orden al cumplimiento del mandato de Cristo: « […] que todos sean uno […]» {Juan 17:21). Este término utilizado por Jesucristo proyecta la idea de unidad en esencia y Espíritu, es decir, así como Él y el Padre son uno, el creyente sea uno con Él y con los demás creyentes, pero no habla de ideas religiosas sino de la naturaleza divina en ellos.
Lamentablemente este término y su pensamiento está mal enfocado he utilizado erróneamente por muchos líderes de diversas religiones, ya que en sí de la única manera que algún creyente puede tener todas las cosas en común es si en sus bases fundamentales doctrinales participan de la misma esencia, la vida del Espíritu. Es imposible unir diversas religiones bajo la verdad, ya que la única Verdad es el Mesías y Su Palabra (la Torah), y las religiones, en su mayoría, niegan esto o parte de ello.
Si bien esto presenta aparentes ventajas ,el problema ha estado en que estas iglesias han tratado de enfatizar la unión en base al amor de Cristo, pero a expensas de la verdad. Lo que queremos decir con esto es que diferentes denominaciones cristianas, que a veces difieren enormemente en lo que creen ,y algunas de las cuales se han desviado de manera significativa de la verdad; han pretendido unir múltiples denominaciones bajo una misma sombrilla, lo cual es una imposibilidad.
Si bien es cierto que el Mesías oró en Juan 17:21 , horas antes de su crucifixión, «para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti…«, no es menos cierto, que nuestro Señor no estaba pretendiendo con eso unir a los cristianos a expensas de lo que es Su Verdad. En esa misma oración, en Juan 17:17 , el Mesías dijo: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad«. De manera que para lograr una verdadera unificación de las iglesias tendríamos que ponernos de acuerdo primordialmente en lo que es la verdad revelada por nuestro Amado Mesías.

¡El Cielo no espera a nadie!.. Insisto: ¡los muertos nada saben!

P.A. David Nesher
Es asombroso observar cómo millones de hermanos en la fe han sido, primeramente programados y luego aleccionados por sus líderes religiosos de que hay un premio para los creyentes al terminar sus vidas terrenas, y ese premio es el cielo. De esta manera, la mayoría de los que profesan el evangelio ven el cielo como la meta final para sus vidas consagradas al Maestro. Lo vislumbran como un lugar de bienaventuranzas y de paz nunca antes concebidas o imaginadas por hombre alguno.
Es más, asombra también el hecho que los creyentes tradicionales han creído en que sus antepasados difuntos, están ahora en el cielo como ánimas desencarnadas o ángeles que tocan el arpa
todo el día y por la eternidad. A tal punto llega esta falsa certeza que son incontables los evangélicos que creen que sus seres queridos fallecidos hasta ofician de custodios y mensajeros del Eterno Dios.
No obstante, esta creencia tradicional contradice lo dicho por nuestro Amo Yeshúa concerniente a que los muertos en el Mesías verán finalmente al Eterno y al Mesías en la resurrección del día postrero.
Los invito a considerar algunos pasajes bíblicos que han sido ignorados o pasados por alto por los maestros y líderes religiosos de Babilonia la Grande, y que enfocan el asunto en una cosmovisión muy distinta.
«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.» 
(1Juan 3:2)
Este pasaje ha sido pasado por alto por los cristianos en general, pues contradice la teología “cristiana” tradicional que dice que los cristianos verán al Mesías en el momento de su muerte, y no, en ocasión de Su segunda venida en gloria o Parusía, tal y como lo afirman las Sagradas Escrituras. Aquí, el apóstol Juan es claro al decir que veremos al Mesías tal como él es ahora (divino), únicamente cuando seamos semejantes a él. La pregunta que surge es: ¿ cuándo seremos semejantes a él? ¿Y cuándo le veremos tal como él es?¿En nuestra muerte? Claramente surge un NO por respuesta. Será en nuestra resurrección, cuando el Mesías divino vuelva nuevamente en persona a este mundo en el día postrero señalado por Abba, nuestro Padre.
El apóstol Pablo, embebido en este mismo pensamiento llegó a escribir refiriéndose al día de la resurrección de los muertos lo siguiente:
“Así es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”
(1
Corintios 15:42-45,51-53)
También aseguró:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Maestro; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Maestro, no precederemos a los que durmieron. Porque el Maestro mismo con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo serán resucitados. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Maestro en el aire, y así estaremos siempre con el Maestro. Por tanto, alentaos unos a los otros con estas palabras”. (1Tesalonicenses 4:13-18)
 
Este texto apostólico es muy iluminador, y no obstante, muy poco leído o conocido en el mundo envangelicoide. Es lógico todo esto. Es que este texto, y los otros citados arriba, contradicen abiertamente, y claramente, el postulado escatológico o teologal de la vida futura del cristianismo tradicional. En el mismo se enseña que los muertos en El Mesías están ahora disfrutando con el Maestro de la gloria celestial. Ahora bien, observemos que Pablo, el autor de estos versículos, dice que nosotros recibiremos al Mesías, ¡y no al revés!
Le ruego que por usted mismo, vuelva a leer los versos citados de 1 Tesalonicenses 4:13-18. Si en verdad los muertos “vuelan” al cielo, ¿no sería lógico que el Mesías los reciba a ellos en su morada celestial? Pero la verdad es lo opuesto, dice el texto que ¡nosotros lo recibiremos a él! ¿Y por qué? Porque él volverá a las nubes de nuestra atmósfera, y con voz de mando ordenará que los muertos creyentes resuciten y le den la bienvenida en el aire. Eso lo dice Pablo muy claramente en estos versículos de 1 Tesalonicenses 4. Además, Pablo no dice que los muertos fieles (recién resucitados) irán con él al cielo, sino más bien, que estarán juntos siempre con él. Pero: ¿dónde? Eso lo veremos en otra bitácora, si Uds. me tienen paciencia.
Ahora bien, si lo aceptado tradicionalmente fuera verdad: ¿qué sentido podría tener nuestra futura resurrección, si los muertos en la fe siguen vivos en el cielo?
Cada día me doy cuenta que definitivamente hay cosas que no andan bien con la teología tradicional, que enseña nuestra partida al cielo inmediatamente después de nuestra muerte. Usted no encontrará en las Sagradas Escrituras ningún pasaje que se nos asegure una estadía eterna en los cielos. Busque usted tan sólo un texto bíblico en donde supuestamente El Mesías  nos promete el cielo, y yo le aseguro que no lo encontrará. Si lo llegara a encontrar, por favor, le pido que me lo haga saber.
Entonces, es claro que los muertos no siguen viviendo en otra esfera o dimensión, sino más bien, siguen inconscientes en sus tumbas, sin poder pensar, amar, odiar, maquinar cosas, pecar, etc.
¡Los muertos están muertos y no vivos!
Decir que los muertos viven es como decir que el color oscuro es claro. En Eclesiastés 9:5,10 leemos: “Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol… porque en el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.”
Y el salmista David dice de los muertos, lo siguiente: “Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmo 146:4). Nótese que los muertos no piensan. Como dijo Descartes: “Pienso, luego existo”;  en consecuencia, los que no piensan… ¡No existen!… ¡Dejan de existir!
En otras palabras, los muertos están inconscientes y son incapaces de sentir, pensar y actuar. Este concepto se presenta también en otros lugares de la Biblia. Los invito a leer a modo de ejemplo en Salmos 6:5; 30:9; 88:10; 115:17 e Isaías 38:18, 19.
Deducimos en la Luz de Su Palabra que la única esperanza que tienen los hombres creyentes, es la resurrección del día postrero. El día bendito de Su calendario cuando los “no existentes”vengan a la “existencia” nuevamente.
Así lo entendió el profeta Daniel, cuando el Eterno, al anunciarle su muerte, le dice: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12:13).
Aquí es claro que el Eterno no le habló al profeta Daniel de una partida al cielo para estar con Él, después de su muerte física. Por el contrario, lo que le dijo era que reposaría (esto en la mente hebrea es igual a que moriría) y que sería después levantado (es decir, resucitado) para recibir su heredad o recompensa, al fin de los (no ‘sus’) días.
Entonces, la recompensa del fiel creyente, escogido por Yahvéh, se recibe sólo después que el Mesías haya vuelto y transformado a los vivos, y resucitado a los muertos, con inmortalidad. Pues bien, siendo que los fieles muertos no han recibido sus recompensas en el cielo, ni en ningún otro lugar, pues están muertos: ¿qué recibirán en la resurrección?. Según las mismas Escrituras lo revelan, ellos recibirán:
 1.- El Reino de Dios en la tierra (Mateo 25:31,34).
 2.- La vida eterna (Mateo 25:46).
 3.- La gloria, honra y el poder (Colosenses 3:4, 1 Pedro 5:4)
 4.- A Yeshúa  el Mesías mismo como nuestro hermano mayor (1 Tesalonicenses 4:17).

(Temas que considero será bueno tratarlos exhaustivamente en bitácoras futuras).Lo cierto es que la promesa del Eterno Dios y la esperanza del redimido en el Mesías es que el ser humano puede retornar a la vida. Esto será posible, primeramente gracias a la muerte del Señor Yeshúa en la cruz del Calvario y a Su resurrección. La Biblia presenta claramente que Yeshúa vino a este mundo de dolor y sufrimiento para pagar, primeramente, la deuda del pecador, y redimirlo de la muerte eterna. El Mesías destruirá el pecado, al autor del pecado y a todos los pecadores que no se arrepientan de su vida pecaminosa.

La esperanza del cristiano de la vida eterna está fundamentada en la resurrección (Juan 6:39, 40; Lucas 20:37). Leemos que Job declaró: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:25). Además, el salmista David dijo: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Salmos 17:15).

El apóstol Pablo también tenía su esperanza anclada en el evento culminante de la resurrección. Él expresó su gran deseo a los Filipenses de la siguiente manera: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:10, 11).

Dicha resurrección será una realidad en la segunda venida del Señor Yeshúa. Así lo expresó el apóstol Pablo:

 

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” 
(1Tesalonicenses 4:14-17).

Tamuz y la idolatría de la Cruz

Cuando hablamos de cruz, automáticamente nos viene a la mente la imagen de una línea vertical atravesada en su parte superior por una línea horizontal. Es interesante comenzar diciendo que este signo no es extraño a numerosas deidades mitológicas tales comoTammuz, Krishna, Osiris, Hermes, etc.; en general asociado a la condición de divinidades solares o de hijos del Sol (entiéndase divinidad principal en todas las religiones).
Para entender mejor el origen de este culto remontémonos a los comienzos de la nueva humanidad aparecida después del Diluvio. Noé engendró a Cam, Cam a Cus, y Cus a Nimrod o Ninus (según la expresión acadia).
Nimrod fue quien fundó Babel y la estableció como el centro político-religioso de su Nuevo Orden Mundial. La ciudad de Nínive también fue fundada por Nimrod. Me resulta interesante compartirles que el nombre Nínive significa «habitación de Ninus»).
La trinidad pagana de la adoración al Sol, símbolo de la Serpiente primigenia o Satanás la formaban los dioses: Baal (Señor, título dado a Ninus), Astarté y Tamuz.
La mitología dice que Ninus, quien tenía una esposa llamada Samárides, fue asesinado y su alma inmortal fue a residir al Sol. Allí se convirtió en BaalShaman, dios de los cielos. Después su espíritu regresó a la Tierra a través de un rayo, que encarnó en el seno de su esposa. De esta concepción milagrosa, ella dio a luz un hijo a quien llamó Tamuz, quien nació el 25 de diciembre.
Todos notarán que los dogmas babilónicos siempre aceptaron la idea de la inmortalidad del alma, y que además pensaban que al morir, iban a un planeta o estrella.
Se dice que el alma de Samárides o Semirámis al morir fue a la Luna, y desde esa morada celestial fue adorada como Ishtar o Astarté, que significa «la Benévola» o «la llena de vergüenza», respectivamente.
El mito cuenta que cuando Tamuz murió, su alma fue a la estrella de oriente, Venus. Por eso se ha relacionado siempre el símbolo pagano de la cruz con el planeta Venus.
Los paganos durante sus romerías, acostumbraban a tomar unas maderas y las ponían forma de T, cruz Tau, que simbolizaban a Tamuz, ya que su nombre empezaba por T.
A Tamuz, dios del fuego, le ofrecían todo lo primero, la primera cosecha, el hijo primogénito, etc…Colocando al hijo o la ofrenda, lo quemaban ofreciéndolo al Sol. Este es el origen de la cruz y desde el principio estuvo asociada con Venus.

La crucifixión de Jesús precisamente en una cruz era pues el mayor insulto.Y es que antes de que viviera Jesús, el signo de la cruz ya existía y era un símbolo mágico y pagano conectado con el mundo de las Tinieblas.Recomiendo tomarse un tiempo especial para considerar con el espíritu y la mente bien abiertos esta enseñanza que determinará una nueva temporada espiritual en sus vidas:

 Los invito a que tomen de un buen tiempo, y con lapicera y papel tomen nota de todo lo que en esta conferencia he compartido con discípulos ávidos del conocimiento espiritual de todos los tiempos:

 

Las bandas de heavy metal cristiano son en su mayoría ateas

 Leyendo una página web con noticias de la cristiandad, mis ojos se abrieron asombrados ante las letras de un titular que anunciaba que el cantante de una banda de heavy metal (rock pesado), quien fue declarado culpable de intentar contratar a un sicario para asesinar a su ex esposa. Lo más fuerte de toda esta desagradable noticia fue leer que este varón admitió que engañó a los aficionados y fans haciéndoles creer que era cristiano con el fin de vender su música.

«Sinceramente, yo soy ateo«, dijo Tim Lambesis, vocalista y fundador de As I Lay Dying, en una reciente entrevista al medio Alternative Press. «En realidad no fui el primero del grupo que dejó de ser cristiano. De hecho, creo que era el tercero. Los dos que permanecieron, estoy bastante seguro que también cayeron«, dijo muy seguro de cada aseveración.

La publicación señaló que su esposa, Meggan, había revelado, durante los trámites de divorcio, que Lambesis se había convertido en ateo. De ese modo, y así de descubierto, Lambesis, se vio obligado a admitir su ateísmo, exponiendo que se alejó del cristianismo cuando realizó estudios para especializarse en asuntos religiosos a través de un programa de larga distancia.
«En el proceso de tratar de defender mi fe, empecé a pensar que el otro punto de vista era el más fuerte«, dijo.

Lo sorprendente de esta desfachatez fue su afirmación de que continuaron con la banda haciendo creer que eran cristianos, como lo hicieron los demás del grupo, con el sólo fin de vender discos a los aficionados de música de rock cristiano.

También dijo que durante su permanencia en As I Lay Dying, se dio cuenta que muchas bandas que profesaban ser cristianas estaban fingiendo su fe tal como ellos.»Hicimos una gira con más «bandas cristianas» que en realidad no eran cristianas«, dijo Lambesis. Al mismo tiempo afirmó que… «en 12 años de gira con As I Lay Dying, yo diría quizás uno de cada diez bandas cristianas con las que recorrimos era realmente una banda cristiana«.

«Muchos de los padres cristianos pueden comprar un CD del grupo, porque creen que es una banda cristiana. Pero ni siquiera piensan en comprobar realmente el contenido de las letras«, declaró Lambesis.

Todas estas declaraciones movilizaron mi alma al poder de la meditación en el Espíritu de la Torah y desde mi corazón decidí arremeter contra toda potestad de tinieblas que hasta ahora ha logrado cautivar a millones de jóvenes sobre el planeta bajo las falacias de este género musical.

Cada uno de los años ministeriales que llevó recorridos en el Camino coinciden en un denominador común: la empatía que tengo con los jóvenes y sus planteos existenciales. Esto es lo que más satisfacción me da a la hora de agradecerle a Abba Su llamado. Y entre los temas que más disfruto exponer se encuentra el del poder espiritual de la música.

Siempre lo he dicho (y aún continuaré reafirmándolo) que la música es el poder más espiritual que existe en todo el Universo y aún en el cielo de los cielos.

Ya el filósofo griego Platón (427-347 AC) dice en su obra «La República» que Dios creó en el hombre la predisposición a combinar sonidos no de una manera aleatoria cualquiera, sino copiando las armonías del mundo espiritual. Su discípulo Aristóteles (384-322 AC) señala la importancia de la música en la educación de los jóvenes. En su obra «La Política» dice: «la influencia de la música es tan grande que sus distintas formas y géneros pueden clasificarse de acuerdo a sus efectos sobre el carácter del ser humano.»

A todo esto me gustaría agregar lo que expresó M.S. Bothius, un musicólogo del siglo VI, cuando escribió: «La música es parte de nuestro ser: puede enaltecerlo o actuar negativamente sobre su conducta.» También me ayuda mucho destacar lo que A.W. Tozer dice: «Si escuchas y te gusta la mala música, tu vida interior va a languidecer hasta morir» (The Closing of the American Mind, New York, Simon & Schuster, 1987, págs. 68-81).

Cada una de las expresiones compartidas simplemente sirven para confirmar lo que los hombres pensantes han captado en sus reflexiones iluminadas por la Verdad que inspiró los códigos de las Sagradas Escrituras. Es justamente la Biblia, la que al fin de cuentas tendrá el peso de la Verdad sobre nosotros referente a este tema.
Encontramos que el Eterno Señor le preguntaba a Job lo siguiente:
«¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra, alababan las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios?»
(Job 38,7)

El cuestionamiento divino aquí planteado evidencia que la música cumplió una especial misión en el momento en que el Eterno originaba nuestro planeta desde su poder creativo. Y es que la música es el idioma del corazón del Creador.Un acompañamiento melódico musical acompañó desde siempre la oración y el servicio a Dios (Gen. 4:21,31:27; Isa. 32:18; Jue. 11:34; Ecl. 2:8). El rey David, que vivió mil años antes de Cristo y fue bendecido por Dios con un talento poético muy especial, compuso sus inspirados himnos – salmos acompañándose con el laúd. David, ya coronado rey de Israel, introdujo el canto de salmos en los oficios sacerdotales e instauró oficialmente el rol y la participación de cantores y músicos en el Templo de Jerusalén. Su gran éxito se tradujo en el uso de los salmos en las celebraciones tanto del Antiguo Pacto como en los de las comunidades primigenias del pacto renovado en el Mesías, Hijo de David. Hasta hoy día, los salmos de David embellecen los encuentros de celebración de las distintas expresiones de adoración cristiana.

Será para mí también muy importante dejar en claro que la Biblia en ninguna parte condena algún estilo de música en particular. Las Sagradas Escrituras en ninguna parte declaran que alguna forma de instrumentación musical sea profana o del diablo. La Biblia menciona numerosas clases de instrumentos de cuerda e instrumentos de viento. Aunque las Escrituras no mencionan específicamente los tambores, si menciona otros instrumentos de percusión (Salmo 68:25; Esdras 3:10). Casi todas las formas de música moderna son variaciones y/o combinaciones de los mismos tipos de instrumentos musicales, tocados a diferentes velocidades o con un mayor énfasis. No existen bases bíblicas para declarar algún estilo de música en particular, como profano o fuera de la voluntad de Dios. Lo que sí será necesario considerar será el nacimiento histórico de cada estilo y su propósito original para desde allí elaborar el juicio correcto en su uso a fin de evitar todo abuso espiritual.

Es un hecho que cualquier cosa que una persona permita que ocupe su mente, tarde o temprano influirá en su forma de hablar y en sus acciones. Esta es la premisa detrás de Filipenses 4:8 y Colosenses 3:2,5 para establecer patrones saludables para la mente. Segunda de Corintios 10:5 dice que debemos hacerlo “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” Estas Escrituras nos dan una clara imagen de la clase de música que no debemos escuchar.

Ante esto y analizando lo expresado en la noticia que encabeza esta bitácora, estamos obligados a responder las siguiente preguntas: ¿Qué es el Rock? ¿Cómo se define? Será importante decir en primer lugar que los mismos promotores de él, encuentran difícil presentar una definición que exprese con certeza lo que es el Rock, o particularmente, el Heavy Metal.

Todos los compositores de rock están de acuerdo en que su música tiene una enorme influencia sobre las emociones y las mentes de sus fanáticos.

En lugar de definir el concepto, los mismos músicos, afirman que en realidad el Rock representa a cierto grupo de personas, o hechos, o actitudes; y las definen como una «generación perdida de gente que no encaja con ningún tipo de comunidad que se defina por leyes» (importante será tener muy en cuenta esta expresión). Ellos dicen que el Rock representa a los «chicos rechazados», y que, las ideas espirituales de este ritmo son: «alterar», «imponer anarquía», «hacer a tus padres orinarse de miedo, pensando en lo que sus hijos pueden estar o no haciendo».   Luego, y según las palabras de los representantes de esta música, el rock es violencia, distorsión, desenfreno y caos.

Todas las declaraciones de los músicos sobre lo que es el rock, de entrada, nos va marcando la pauta para discernir y juzgar dicha música a la luz de la Palabra de Dios.  De  acuerdo a todo esto me es necesario plantear el siguiente cuestionamiento: ¿es conveniente que el joven escogido de Yahwéh escuche música, en la que la idea central de es la distorsión, la violencia, el desenfreno, y toda clase de filosofías y prácticas ocultistas?

Para que tu respuesta puedas elaborarla objetivamente desde tu interioridad, te propongo considerar aquí las palabras de los músicos mismos:

David Bowie en la revista Rolling Stone, sorprendió al mundo de la música, cuando declaró: «…El Rock siempre ha sido la música del diablo… creo que el rock and roll es peligroso… Me siento sólo, estamos anunciando algo aún más oscuro que nosotros mismos.» (12 de febrero de 1976).

Vuelvo a hacer énfasis en que la Biblia no habla de «rock» ni de Heavy Metal, sin embargo, los distintos dichos y hechos de sus íconos y fans lo pone en evidencia como un fenómeno netamente carnal. Desde allí sí podemos llegar a entender que las Escrituras dicen: «…Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. En cuanto a esto, os advierto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios…» (Gálatas 5:19-21) . Por contenido y forma, es evidente que el rock, en sus orígenes y en sus formas es carnal. ¿Cómo sabemos esto? Porque el rock promueve la fornicación, la inmundicia, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, celos, iras, contiendas y disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes. Es un estilo musical que promueve los deseos de la carne, trabajando de manera bien influyente para arrastrar a sus oyentes a ofender al Eterno Dios con todas esas ideas vanas y huecas filosofías contrarias a Su voluntad. Por ello es que todo joven escogido debe alejarse de tal clase de música, así como todo joven que, tomando contacto con esta bitácora, ame su vida y su destino.

Obviamente, la mejor clase de música que podemos escuchar es aquella que alaba y glorifica al Eterno Dios. Hay muchos músicos talentosos en casi cualquier género de música, con un rango que va desde lo clásico, hasta el rock, rap y aún el reggae. No hay nada inherentemente malo con ningún estilo de música en especial. Es la letra la que determina si una canción es “aceptable” para que un escogido de Yahvéh la escuche. Pero si un estilo de música secular, ya sea en la música misma o en la letra, te lleva a pensar en, o te involucra en algo que no glorifique al Eterno Dios, debe ser evitada.

Saberme creado por Dios no me hace Su hijo… ¿Quiénes son verdaderamente hijos de Dios?

Autor: P.A. David Nesher
 
Una de las creencias erradas que noto que se anida con seguridad en las mentes y corazones de innumerables cristianos es la de sostener de que todo ser humano es un hijo del Altísimo por el solo hecho de estar creados a Su imagen.
Pues bien, comenzaré diciendo que la Palabra de Dios nos revela que Yahwéh es el Creador del Universo y que todo lo hizo por la Palabra de su Poder. En tal sentido todo lo que existe proviene del hacer creativo del Eterno Dios, y por ende, toda la humanidad es creación de Él.
Justamente la Torah (Instrucción) divina revela que el Eterno Dios hizo al hombre a Su imagen, para que se conformara a Su semejanza (Génesis 1:21-27). Este diseño especial apuntaba, como se logra discernir en las expresiones divinas, a un proceso espiritual que le permitiera a cada integrante de la humanidad convertirse en un hijo del Divino Creador, conforme a esa imagen establecida en el interior del hombre por el evento creativo. Por eso, entendemos que más allá de que todo hombre es una criatura del Eterno, no todos los seres humanos somos hijos de Yahwéh Dios.
Estoy convencido que a esta altura del planteo, el corazón de varios lectores está dando cabida a la siguiente pregunta: ¿quiénes son entonces los hijos de Dios? Esta es una pregunta que no podemos responderla por medio de nuestro propio razonamiento, si no con lo que el Eterno Dios mismo dice en Su Palabra.
Acudiendo a la Biblia descubrimos en sus líneas las siguientes pautas al respecto:“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
(Juan 1:11-13)
Por medio de este lineamiento apostólico-profético queda bien claro que el Eterno Dios nos engendra espiritualmente sólo cuando creemos en el Mesías Yeshúa (Jesús) y confiamos en lo que hizo en la cruz del Gólgota por nosotros.
Los discípulos de las primeras comunidades proclamaban todo el tiempo que la condición para ser hijos del Eterno era recibir por la fe la obra redentora mesiánica de Jesús, el Verbo hecho carne.
El apóstol Pablo también nos da evidencia de esta chispa de la Verdad aportando los siguientes argumentos celestiales:

“Porque todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu
de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el
espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

(Romanos 8:14-17)

“para que redimiese a los que estaban bajo la
ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos,
Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba,
Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de
Dios por medio de Cristo
”.

(Gálatas 4:5-7)
Ser hijo de Dios es una maravillosa posición que depende totalmente del obrar del Espíritu Santo sobre aquellos hombres (varones y mujeres) que voluntariamente se rinden por la fe a la voluntad divina que buena, agradable y perfecta.
Ser hijos del Eterno es la dinámica espiritual que comienza con la adopción que Yahvéh hace con aquellos que a Él claman en el Mesías. Ese evento se denota en los cielos por el hecho de ser sellados con el Espíritu Santo, quien nos libera del temor de la esclavitud y nos guía comunicarnos con el Creador con una certeza manifestada en un clamor: ¡Abba Padre! Esto, y solo esto, es lo que testifica a nuestra conciencia de que somos hijos de Dios.
Por todo esto, no puedo salir de este escrito sin antes comunicarme con tu mente y corazón y extenderte la siguiente invitación: acepta a Yeshúa (Jesús) como el Mesías de Dios y tu amo, y Él mismo te convertirá en Hijo de Dios.
Ya no lo pospongas más. ¡Hazlo ahora mismo!
Shalom.
P.A. David Nesher

¡Dios asegura que «los muertos nada saben»!

P.A. David Nesher 

Los estados de ánimos expresados en redes sociales, tales como Facebook, se especializan en desnudar el interior de los conectados a ellas. De ese modo, y ante la pregunta “¿qué estás pensando?”, nos encontramos con un sinnúmero de emociones que expresan las creencias que les dan origen. Es así como en estos últimos años he sido testigo de emociones fundamentadas en la ignorancia. Lo más triste (y/o vergonzante) de ello es que dicha ignorancia reina abundantemente en aquellos que diciéndose evangélicos, pueblan la web con la evidencia de tener un Dios en sus labios que está muy lejano de sus corazones pues confiesan doctrinas y tradiciones humanas en vez de los lineamientos escriturales de la revelación (Mateo 15:8-9).

 Una de esos dogmas humanos y lleno de superstición es la creencia de que los muertos están presentes leyendo todo, y cada una de las palabras, que escriben sus deudos en los muros de su Facebook.
Incluso, personas que dicen habitar en el diseño del Monte Santo de Dios, quizás conducidas por un dolor causado por la deuda que aún sienten en sus conciencias, colocan una y otra vez alguna leyenda en la que le expresan a su difunto (padre, madre, hermanos, etc.) cuánto lo extraña y cómo lo experimenta todo el tiempo a su lado.
Por todo ello, y ante la evidencia que muchos de estos “cristianos” no se dejan exhortar en privado, me siento movilizado por la Verdad ha catequizar proféticamente al respecto, intercediendo para que el Espíritu Santo del Señor pueda arrancar del cautiverio a tantos prisioneros del luto.
Comenzaré dejando bien en claro que toda la estructura de la fe mesiánica descansa, desde sus comienzos, sobre un hecho histórico maravilloso: la resurrección de Jesús de los muertos y la resurrección de sus fieles seguidores en el día final.
También expondré que la cosmovisión que la Biblia presenta acerca de la muerte del hombre es diametralmente opuesta a la heredada de la Gran Prostituta.Satanás también usa a la mayoría de las religiones para enseñar que los difuntos se convierten en espíritus a los que los vivos deben respetar y honrar. Según esta creencia, esos espíritus pueden ser amigos poderosos o enemigos terribles. Creyendo esta mentira, muchas personas los temen, los honran y les rinden culto. La Biblia, en cambio, enseña que los muertos están durmiendo y que solo debemos adorar al Dios verdadero, Yahwéh, quien nos ha creado y nos ha dado todo (Apoc. 4:11).
Las primeras comunidades de discípulos sabían que el rescate del sacrificio del Mesías Yahshúa (Jesús) abrió el camino para que podamos vivir eternamente. También tenían la certeza de aquello que los escritos apostólicos prometían que “la muerte no será más” (Revelación [Apocalipsis] 21:4). Pero mientras llega ese día, todos morimos. Como dijo el sabio rey Salomón, “los vivos tienen conciencia de que morirán” (Eclesiastés 9:5).

Pero he notado, aún en mi propia vida, que cuando nos toca llorar la pérdida de seres amados, somos tentados a pensar cuestionamientos como estos: “¿Qué ha pasado con ellos? ¿Están sufriendo? ¿Nos cuidan de algún modo? ¿Podemos ayudarlos? ¿Los volveremos a ver?”.Hace muchos siglos, el fiel Job hizo esta pregunta: “Si un hombre […] muere, ¿puede volver a vivir?” (Job 14:14). En otras palabras, ¿es posible devolver la vida a quienes duermen en la muerte?También me he dado cuenta que gracias a estas preguntas que el alma realiza en el momento del duelo las religiones del mundo ofrecen distintas respuestas. Algunas enseñan que los buenos van al cielo, y los malos a un lugar de tormento. Otras dicen que pasamos al reino de los espíritus para estar con nuestros antepasados. Y hay religiones que afirman que entramos en el mundo de los muertos para ser juzgados y después nos reencarnamos, es decir, volvemos a nacer en otro cuerpo. Lo cierto es que, todas y cada una de esas respuestas persiguen un solo fin: mantener cautiva una masa humana que permita un gran porcentaje de ingresos a fin de sostener las estructuras de poder que la Gran Babilonia construye día a día para dominar los cielos (ámbitos espirituales).

 Casi todas las religiones, tanto del pasado como del presente, afirman que, de una u otra forma, continuamos viviendo para siempre y conservamos la capacidad de ver, oír y pensar. Pero ¿cómo puede ser eso posible? Los sentidos, lo mismo que el pensamiento, dependen del cerebro, el cual deja de funcionar cuando fallecemos. Nuestros recuerdos, sentimientos y sensaciones no se mantienen vivos por sí solos de algún modo misterioso. Es imposible que lo hagan, pues dejan de existir cuando el cerebro se destruye.
Pero, volviendo a los que las primeras comunidades mesiánicas creían, tenemos que entender que el fundamente de esas doctrinas provenía del Manual del Creador, las Sagradas Escrituras. En ellas leemos por ejemplo lo que Job mismo dijo referente al Redentor, cientos de años antes que Él naciera:
«Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo» (Job 19: 25).
Y ese varón de fe añade esta nota triunfante referente a al justo que muere:
«Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios»
(versículo 26).
Así mismo notamos que este mismo varón patriarcal  había revelado con anterioridad lo que le acontece a cualquier ser humano cuando fallece:
“Como una nube se desvanece y pasa, así el que desciende al Seol no subirá;
no volverá más a su casa, ni su lugar lo verá más”.
(Job 7: 9-10).
No hay duda pues que una vez que la muerte física acontece al ser humano, este queda desconectado con todo lo que haya sido de significación para él en este vida.

Las Escrituras van aún más allá. Dicen que en ocasión de la muerte el poder del hombre para pensar cesa:

 «No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.

 Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus
pensamientos.
«

(Salmo 146: 3, 4)

No debe haber ningún error aquí. No debe nadie que se autodenomine hijo de Dios permitirse caer en engaño alguno. El Creador sabe lo que ocurre en ocasión de la muerte. Y él nos dice que los muertos no piensan. Esto significa que ya no tienen forma de comunicarse con los que aquí han quedado llorándolo.
Por favor presta atención en este otro texto de las Escrituras, tal vez el más importante que hemos de leer:
«Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol«
(Eclesiastés 9:5-6)
Después de afirmar que los vivos saben que morirán, Salomón escribió que “los muertos […] no tienen conciencia de nada en absoluto”. Entonces amplió esa verdad fundamental al decir que no pueden amar ni odiar y que “no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría en el [sepulcro]” (Eclesiastés 9:5, 6, 10).
¡Ahí está! Los muertos nada saben. No pueden recordar. No pueden amar, ni odiar, ni envidiar. ¿No debe esto resolver para siempre la pregunta de lo que ocurre en ocasión de la muerte?
Según la esperanza de aquellos primeros discípulos, los muertos no han de ser llamados hasta aquel día grandioso y final cuando Jesús mismo regrese. Ese día, y solamente entonces, la muerte dará lugar a la inmortalidad, a la vida perdurable.¡Es maravilloso entender que cuando conocemos la Verdad sobre los muertos, ya no nos engañan las mentiras religiosas!

Además, entendemos mejor otras enseñanzas de la Biblia, como por ejemplo, la promesa de vivir eternamente en el ámbito de los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Esta esperanza se vuelve muy real para nosotros cuando aprendemos que los difuntos no van a vivir como espíritus a otra parte.

BITÁCORA RELACIONADA: El Cielo no espera a nadie…

Renzo Antonelli y la creencia errada de que los bebés se convierten en ángeles cuando mueren

Por P.A. David Nesher

A lo largo de los años que llevo sirviendo a las personas en el propósito de Dios, he descubierto que pocas experiencias pueden ser tan dolorosas como perder a un hijo. El desconsuelo domina de tal manera que no permite de manera alguna que se instale el consuelo. Por algo no existe término preciso que pueda describir y definir dicha situación. No hay palabra alguna que pueda expresar lo que un padre o una madre sienten ante este hecho. El lenguaje y los idiomas dicen que hay viudos y viudas cuando un cónyuge desaparece de esta vida. Denominamos huérfanos o huérfanas a aquellos que han enterrado a sus padres, pero ante la muerte de un hijo, solamente existe una pregunta: ¿cómo se nombra a un padre o madre que pierde a un hijo? Pues bien, no existe lengua o idioma que logre darle nombre. Y es así.

En esta bendita nación, la noticia del fallecimiento de Renzo Antonelli, el pequeño  de dos años de edad, al que le habían trasplantado el corazón, sacudió a todos los argentinos durante todo el día viernes. Hoy, sus restos serán inhumados en el cementerio privado Parque del Recuerdo, en su Corrientes natal.

También desde ayer los comentarios en los medios y en las redes sociales, pretendiendo mostrar solidaridad con los padres del pequeño y dar consuelos con palabras, solamente han logrado proclamar una herejía que por siempre ha conducido a millones al caos producto del error doctrinal y la mentira. Estoy refiriéndome a ese paradigma heresiarca que asegura que cada vez que muere un bebé o párvulo, el mundo debe regocijarse ya que en realidad Dios quiso crear un nuevo angelito para que ilumine el camino de los seres humanos.
Ante esto me es necesario ejercer la pedagogía profética. La misma fluirá siempre de las Sagradas Escrituras. Justamente, la Biblia nos dice que aunque un infante o bebé no haya cometido pecados personales los mismos pertenecen a la especia humana, una clase de criaturas muy especial y a la vez muy particular en sus aspectos existenciales. Por ende, los bebés y niños pequeños, son culpables ante el verdadero Dios, por la herencia e imputación del pecado.
La herencia del pecado es aquella que es transmitida por nuestros padres. El rey David enseñó lo siguiente: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). Como podemos meditar, David reconocía que aún desde la concepción él era un pecador. El muy triste hecho de que algunas veces los infantes mueren, demuestra que aún los pequeños son impactados por el pecado de Adán, puesto que la muerte física y espiritual fueron el resultado del pecado original de Adán (Romanos 5:12; comparar con 1ª Corintios 15:21-22). De hecho, las Escrituras revelan que no existe ninguna persona humana justa (Romanos 3:10-11); por cuando todos hemos pecado (Romanos 3:23). Por lo tanto, cada uno es culpable, desde su concepción, delante del Dios santo, justo sin importar cuán joven o cuán viejo es. Aún más, creer es un requisito necesario para la salvación (Juan 3:18-19; Hechos 16:31).
Ante esto no podemos negar que cada ser humano, infante o adulto, es culpable ante Dios. Cada persona humana ha ofendido la santidad de Dios. La única manera en que Dios puede ser justo y al mismo tiempo declarar justa a una persona, es cuando esa persona ha recibido el perdón por la fe en Cristo.
Sabemos, por la revelación misma de Su Palabra, que Jesucristo es el único camino para llegar al Padre.  En el evangelio de Juan se registra lo que dijo Jesús, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí” (Juan 14:6). También el apóstol Pedro declara en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” La salvación es una elección individual.
Pero la pregunta no deja de fluir en la mente de todo humano verdaderamente pensante. ¿Qué sucede con los bebés y niños que nunca alcanzaron la habilidad para hacer esta decisión personal?  Ante esto la teología ha aportado el paradigma llamado “la edad de la conciencia” Este concepto enseña que aquellos que mueren antes de alcanzar “la edad en que son responsables” son salvados automáticamente, por la gracia y misericordia de Dios.
“La edad de la conciencia” es la creencia de que Dios salva a todos aquellos que mueren antes de alcanzar la habilidad para hacer una decisión por o contra Cristo. Los trece primeros años de un ser humano, es la etapa comúnmente designada como la edad de la conciencia, basándose en la costumbre hebrea de que un niño se convierte en adulto a esta edad. Sin embargo, la Biblia no proporciona un soporte directo a la edad de los 13 años como la edad de la conciencia. Más bien, podríamos decir, que ésta varía de un niño a otro. He observado que un niño ha pasado la edad de la conciencia, una vez que es capaz de hacer una decisión de fe a favor o en contra de Cristo.
Con todo lo anterior en mente, también necesito considerar lo siguiente: la muerte de Cristo es presentada, en las Escrituras, como suficiente para toda la raza humana. La primera epístola de Juan dice que Jesús “…es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1ra Juan 2:2). Este verso es claro en que la muerte de Jesús fue suficiente por todos los pecados, no sólo los pecados de aquellos que específicamente han venido a Él en fe.
El hecho de que la muerte de Cristo fue suficiente por todos los pecados permitiría la posibilidad de que Dios aplicara ese pago en aquellos que nunca tuvieron la capacidad para creer.
El pasaje bíblico que parece identificarse con este tema de la muerte de los bebés, más que ningún otro, lo encontramos en el segundo libro del profeta Samuel (capítulo 12 vv. 21-23). El contexto de estos versos relata que el rey David cometió adulterio con Betsabé resultando ella embarazada. Dios envió al profeta Natán para informar a David que por su pecado, el Señor había decretado la muerte del niño. David respondió a esto con lamentos, aflicción, y oración por el niño. Pero, una vez que el niño murió, el lamento de David terminó. Sus siervos se sorprendieron de escuchar esto. Ellos le dijeron al rey David, “¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. Y él respondió; Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo; ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.”  Esta no es la respuesta de un padre abatido en luto. Es la respuesta de confianza de un hombre conforme al corazón de Dios. La respuesta de David puede ser vista como un argumento de que aquellos que no pueden creer están a salvo en el Señor. David dijo que él podría ir al niño, pero que él no podría traer al niño de regreso con él. También, e igualmente importante, es que David parece ser confortado con esto. En otras palabras, David parecía estar diciendo que él vería al niño nuevamente (en la resurrección de los muertos) aunque él no lo pudiera traer de regreso.
Por último queda una pregunta para contestar: ¿cuándo un niño muere, se convierte en ángel?
 
Debemos decir que de acuerdo a la revelación escritural hay dos tipos de creación. Dios hizo un mundo físico, material con criaturas de carne y sangre, incluyendo los seres humanos. Asimismo Dios creó seres totalmente espirituales que se nombran ángeles. Ellos no están limitados por un cuerpo material como los seres humanos. La Biblia nos dice que Dios utiliza los ángeles como mensajeros a los seres humanos y que existen para alabar y dar culto a Dios y servir a aquellos que son herederos de su promesa.
El error de todos los paradigmas falsos que se proclaman al morir un infante, surge del hecho que resultando muy difícil plasmar una representación o imaginar como son los ángeles, los pintores y los escritores los representaron semejantes a los humanos, con cuerpo y alas. Una gran mayoría de estas representaciones eran niños pequeños con alas (el dios cupido de los mitos romanos).
Los niños que no alcanzaron la capacidad de razonamiento fueron creados como seres humanos. Siempre serán seres humanos. Cuando mueren, no se convierten en ángeles, una clase de criatura diferente. Así como Jesús no llegó a convertirse en ángel cuando murió y resucitó, así no se va a convertir en ángel ningún ser humano. En este mundo nosotros conocemos y amamos a los niños como seres humanos. Después de la muerte los niños siguen siendo seres humanos.
Por tanto, creo que los seres humanos que mueren como bebés o niños pequeños reciben el don de la salvación. No se les da ese regalo porque estén sin pecado; ellos también han heredado la maldición de Adán. Se les da la salvación sobre la base exclusiva de la gracia de Dios, por medio de la expiación de Cristo a su favor.

«Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos«

(Romanos 5:18-19).

Los bebés no tenían nada que ver con el hecho de ser herederos de la naturaleza pecaminosa de Adán. Por tanto, es lógico que se les pueda dar el regalo de la salvación sin que lo hayan aceptado conscientemente. Sólo el rechazo del amor de Cristo por ellos -algo que no puede ocurrir hasta que alcancen la edad en que les sea posible pecar conscientemente- puede dar como resultado el que pierdan el don de Cristo.

Desde estas líneas y volviendo a la noticia que me llevó a esta enseñanza, quiero expresar compasión y consuelo a los padres de Renzo en este largo camino pleno de coraje y ejemplaridad para apostar a la vida. Solamente puedo abrazarlos en estas pocas palabras, para no decir nada, pero sentir juntos que no están solos en el dolor, y que el amor de Renzo vivirá por siempre en todo aquello que, sin cancelar el duelo ni el dolor, lo recordarán en los días que estuvo vivo entre nosotros. Desde allí descubrirán que la muerte no mata. Sino que desde que el Mesías se manifestó entre los hombres y llevó el pecado humano en sí mismo hasta la muerte de cruz, aquel que está bajo su obrar (en este caso un bebé) aunque esté muerto vivirá en su poder de resurrección.

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

 Por David Nesher

La Historia de la Salvación nos revela que la relación adecuada entre el ser humano y la divinidad es la adoración. En la relación de hijos que el Mesías nos da con el Padre, entendemos que hemos dado un paso significativo en nuestra vida de fe cuando nos encontramos con el hecho de que hemos aprendido a adorar al Eterno en Espíritu y en Verdad.
Entendemos que la adoración verdadera conlleva el reconocimiento de que Dios está en lo alto y nosotros estamos en lo bajo; de que Dios es santo y nosotros pecadores aceptos en Su gracia; de que Dios es inmensamente grande y sublime y que nosotros somos pequeños, casi insignificantes, un minúsculo grano en la inmensidad de la creación; de  que Dios es todo sabiduría y nosotros, la mayoría de las veces, necedad y vanidad. Ya sea por estas u otras razones, entendemos en el acto de la adoración que estamos inhabilitados para tratar a Dios directamente; es como si necesitásemos de un medio o algo que nos permita presentarnos ante Dios para ofrecer tan siquiera un humilde y tosco tributo.

Jamás hombre alguno ha podido acercarse al Dios verdadero basado y amparado en su propia virtud, sino que, desde los inicios mismos de la historia humana, el que en verdad se ha acercado a él, lo ha hecho apoyándose en una ofrenda por sus pecados, o un sacrificio sustitutivo a su favor, o en una promesa de perdón recibida de parte de Dios mismo. Y en este acercarse a Dios por parte de los hombres de la antigüedad, un elemento pleno de significados es el altar: una especie de estructura sobre la que se ofrecían a Dios ofrendas, generalmente de animales sacrificados, como un acto de adoración.

El primer altar que el hombre edificó fue levantado para adorar a Dios y esa es  la principal razón por la que nosotros también debemos edificar un altar al Señor en nuestra vida diaria. La primera vez que aparece la palabra altar en las Sagradas Escrituras es en el libro de Génesis (capítulo 8, versículo 20), cuando Noé edificó un altar y tomó de todo animal limpio ofreciéndolo en olor fragante a YHVH.
Desde ese momento, y a través de los tiempos antiguos, encontramos hombres como Noé, Abraham, Isaac, Moisés, David, Gedeón etc. construyendo altar al Señor. Entendemos que el altar era un símbolo de sacrificio, adoración y sabemos que muchas veces se construía para recordar la promesa de Dios. En el tabernáculo de reunión, y en el templo de Salomón, se construyo el altar de bronce y el altar del incienso en dónde se ofrecía el holocausto y se quemaba el incienso aromático respectivamente.
Al entrar en el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto, de acuerdo al diseño que se le reveló, el altar era lo primero con lo que el adorador se encontraba. Era lo que estaba a primera vista. Además era el objeto mas grande en el tabernáculo. De acuerdo a estos testimonios escriturales surge el siguiente cuestionamiento: ¿por qué YHVH demanda que se le haga altar? Porque el altar es un símbolo de restauración. Para los hombres de la antigüedad el altar traía el cielo a la tierra. ¡Altar es comunión con Dios!
Ahora bien, para poder entender mejor el altar, los invito a dar un vistazo a las palabras en hebreo y griego, utilizadas en la TaNaK (forma correcta de decir Antiguo Testamento) y los libros del Nuevo Pacto, para referirse a esta expresión.
En hebreo encontramos tres maneras para decir ALTAR:
  1. – MIZBEAJ: Significa «un lugar alto donde se hacen sacrificios«. Este vocablo se usa más de 400 veces en el Antiguo Testamento. Aparece por primera vez en Génesis: 8:20.
  2. – ZABAJ: significa «matar para comer» o «sacrificar«.
  3. – ZEBAJ: «Sacrificio que establece comunión entre Dios y los que comen el sacrificio«.

Innumerables son los altares que se registran en el Antiguo Testamento (TaNaK) en el devenir de la historia de la salvación: el «altar» de Noé (Gn 8:20); los de Abram en Siquem (Gn 12:7), en Bet-el (Gn 12:8) y en el monte Moriah (Gn 22:9); el de Isaac en Beerseba (Gn 26:25); de Jacob en Siquem (Gn 33:20); de Moisés en Horeb (Éx 24:4); de Samuel en Ramá (1 S 7:17); del templo de Jerusalén (1 R 6:20; 8:64); y los dos «altares» previstos por Ezequiel en el templo restaurado (Ez 41:22; 43:13–17).

altar ariel

Los hombres en la antigüedad tenían claro que el altar hablaba constantemente de la relación del ser humano con Dios, tuviese o no tuviese ofrenda sobre sí. El altar de por sí ya era una señal que proclamaba poderosamente todo un mensaje de parte de Dios para las personas. El altar era una forma de recordatorio para aquellos que estaban llamados a relacionarse con el Dios Eterno: recordaba constantemente que Dios se había manifestado a ellos, que les había dado sus palabras, que en momentos especiales se reveló a ellos comprometiéndoles para con él. Era una especie de testimonio perenne de que Dios había venido manifestándose a ellos desde hacía tiempo con fiel y santo amor.

Entendiendo que lo del Antiguo Testamento fue una sombra y figura de lo que habría de venir, hoy nosotros también somos llamados a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Al igual como eran ofrecidos los sacrificios en los tiempos antiguos (animales sacrificados), hoy somos nosotros invitados a subir voluntariamente al altar y presentar un sacrificio vivo a Dios. El Eterno Padre nos llama a edificar un altar para él en nuestras vidas. Es un llamado a invocar su nombre en la vida diaria, en nuestro lugar de permanencia (casa, sitio de trabajo, lugar de estudio, etc.). Es un llamado a reconocer nuestra vulnerabilidad y necesidad de su bendición. Es un llamado a establecer señales que tengan un real significado para las decisiones que tomamos en nuestro diario andar. Es un llamado a la fe, a la consagración, a reconocer su santidad y la necesidad de que nosotros también lo seamos, es un llamado a la esperanza y a la adoración.

A esta altura de nuestro estudio nos debemos preguntar: ¿Cómo se restaura el altar? ¿cuáles son los principios para hacerlo tal y como Abba lo revela? Para responder estas preguntas nos es necesario regresar a la consideración del significado de la palabra hebrea mizbeaj usada para altar.

En la palabra MIZBEAJ cada una de las letras  consonante que la forman tiene un significado especial (recuerde que el hebreo las vocales se suprimen) formando un acróstico que permite descifrar los códigos secretos escondidos en la palabra altar:

Cordero altar fuego

La letra M significa: Mejilá = Perdón;

La letra Z significa: Zejut = Justicia (buenas acciones);

La letra B significa: Beraka = Bendición;

La letra J significa: Jayim = Vida.

El mensaje oculto en los códigos que forma el altar nos da a entender que si nosotros restauramos cada uno de estos conceptos en nuestras vidas tendremos un altar que permitirá la activación diaria de nuestro gozo y el ejercicio excelente de nuestra fe.

Restaurar nuestro altar cada mañana, por medio de la oración matutina y el estudio de la Escritura, reactiva en nosotros Su gracia a través del poder del perdón en la sangre del Cordero. Esto manifiesta Su justicia que nos fortalece para realizar buenas obras. Por ellas, nos alcanzarán todas las bendiciones garantizadas por promesas divinas en Su Ley (Torah) y eso realmente garantiza Vida, y vida en abundancia, es decir, la que alcanza con la misericordia del Eterno, hasta la tercera generación.

¿Sumo Pontífice o Sumo Sacerdote?… That is the question!

Por P.A. David Nesher
El sonido de la expresión hoy retumbó tan fuerte en mis oídos que experimenté como se aturdía mi alma. Entonces entendí que eso mismo es lo que le pasa a la gran masa de gente que, ignorando las enseñanzas del Eterno a través de su revelación escritural, se dejan conducir por la tradición invalidante de la religión. Están sordos debido a la repetición constante de paradigmas extremadamente alejados de la Verdad. En este caso puntual estoy refiriéndome a la expresión sumo pontífice, la misma ha sido usada hasta el abuso durante una semana, pero en el día de hoy el abuso extralimitó los grados de la morbosidad psicológica, ya que los medios, usando la palabra como instrumento manipulador de emociones la repitieron sin descanso aplicándola a un hombre que, más allá de su cargo de liderazgo estatal, no se encuentra meritado por la Divinidad para tal posición y título.
Comenzaré enseñándoles que la palabra pontífice es de origen latino. Viene de pons, puente. Se sabe que en la antigua Roma había una sociedad sagrada cuyos miembros eran llamados pontífices, porque al principio eran ellos los encargados de velar por que cierto puente sobre el río Tíber estuviese siempre en buenas condiciones. Esta sociedad tenía la responsabilidad del culto a los
dioses. El jefe que lideraba este grupo era llamado con el nombre del Pontífice Máximo.
Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española veremos que nos indica que el pontífice era el “magistrado sacerdotal que presidía los ritos y ceremonias religiosas en la antigua Roma”. Este magistrado era como un puente entre los fieles y las deidades paganas. De allí el título pasó al uso eclesiástico y le fue conferido especialmente al obispo o arzobispo de una diócesis. El sumo pontífice, o pontífice máximo, es, naturalmente, el que ocupa la posición más elevada en la jerarquía episcopal. En los primeros años del siglo IV (comienzo de la religión llamada cristianismo) este era el título que se le confirió al obispo romano posteriormente Papa de la Iglesia Católica.
Ahora bien, yendo juntos hasta las Sagradas Escrituras, tenemos que saber que el título pontífice aparece en versiones castellanas antiguas del Nuevo Testamento (carta a los Hebreos, 2:17; 4:14; 5:5; 7:26; 8:1). Los autores de estas versiones fueron más bien influenciados por las traducciones latinas de las Sagradas Escrituras que regían las creencias de su época. Por ejemplo, en la versión latina llamada Vulgata se encuentran las expresiones “Pontíficem magnum” (gran Pontífice) y “habemus Pontificem”  que significa «tenemos un Pontífice» (Heb. 4:14-15. texto latino en la Versión de Felipe Scio de San Miguel).
Buscando siempre ser veraces debemos entender que en el idioma original del Nuevo Pacto (expresión correcta para Nuevo Testamento), o sea el griego koiné, el vocablo traducido por pontifex en la Vulgata, es arjiereús, que traducido correctamente significa sumo sacerdote, tal como se lee en las versiones modernas del Nuevo Testamento en nuestro idioma. Según los escritores neotestamentarios, el arjiereús, o sumo sacerdote, es Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el sacerdote por excelencia y Pontífice Máximo.
El profeta Isaías dice:
“vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro para no  oír”
(59:2)
En este oráculo ya hacía observar que la presencia de varones que se hacían llamar sumos sacerdotes no alcanzaba para establecer la perfecta comunión con Yahvéh, nuestro Dios, y así alcanzar la plena Unidad con Su propósito eterno.
Solamente Yeshúa, el Mesías manifestando el Nuevo Pacto de Dios se convierte en nuestro puente o sumo pontífice. Él es quien verdaderamente nos ha llevado a participar de la vida de Dios. ¡Él es el mediador entre Dios y el hombre! Así lo afirma san Pablo en su Primera Carta a Timoteo (2:5).
En otros documentos bíblicos, especialmente en la Carta a los Hebreos, se explica de manera amplia por qué Yeshúa, el Mesías, es el mediador, o Sumo Pontífice, entre el Eterno y nosotros.
El único  sumo pontífice que el Eterno Dios dio se llama Yeshúa HaMashiaj el Señor.
 
Nuestro Sumo Pontífice es tan humano, tan semejante a nosotros, que no se avergüenza de llamarnos sus hermanos (Heb. 2:10-18; Jn. 1:14).
Durante su ministerio terrenal Él experimentó muchas de nuestras miserias y angustias. Padeció siendo “tentado en todo según nuestra semejanza”,
aunque sin rendirse al mal (Heb. 2:18; 4:15), y en su estado de humillación aprendió, por medio de los sufrimientos, lo que significa la obediencia al Padre Celestial (Heb. 5:8-10). Él puede, por lo tanto, “ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere” (Heb. 2:17), socorrernos en la tentación (Heb. 2:18) y compadecerse de nuestras debilidades (Heb. 4:15).
Yeshúa, nuestro sumo sacerdote, es “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Heb. 7:26). Él no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes en Israel, “de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados” (Heb. 7:27; 5:3), porque
no tiene en sí mismo ningún pecado que expiar.
Siendo Yeshúa el sacerdote de carácter inmaculado, y el autor de nuestra salvación, la única conclusión aceptable es la que las Escrituras nos revelan; es decir, que no hay otro Sumo Sacerdote, o Sumo Pontífice, entre Yahvéh y el ser humano, sino Yeshúa, el Mesías, hombre (1 Tim. 2:5). El dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y a vida, nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn 14:6).
Es muy importante dejar establecido que en la Biblia el adjetivo «sumo» es excluyente. Esto quier decir que sólo puede haber un sumo pontífice en el plano de la redención.
La lógica de la Escritura es irrebatible. Se enseña en la Nueva Alianza que en contraste con el sistema mosaico, todos los creyentes en Jesucristo somos sacerdotes (1 Pedro 2:9). Todos, sin excepción, somos llamados a ofrecerle sacrificios a Dios (1 Pedro 2:4-5; Fil. 4:18; Heb. 13:15-16), comenzando por la ofrenda de nosotros mismos sobre el altar de la dedicación a Él (Rom. 12:1-2). Todos somos llamados a interceder los unos por los otros (Stg. 5:16), y a proclamar las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9-10). Todos tenemos libre acceso a Dios (Ef. 2:18; Heb. 4:16; 10:19-23).
Por supuesto, se dice también en las páginas neotestamentarias que hay personas especialmente dotadas por el Espíritu Santo para la enseñanza y la administración de la Iglesia; pero no se menciona más que un Sumo Sacerdote, o sumo pontífice: Yeshúa HaMashiaj. Él es el pastor y obispo de nuestra alma (1 Pedro 2:25), y el Príncipe de los pastores (1 Pedro 5:1-4). Solamente a Él debemos adorar, amar, servir, y esperar con singular devoción, recordando siempre que el amor a Dios tiene que traducirse en amor a todos nuestros semejantes, a quienes somos deudores del Evangelio de Su gracia. El amor incomparable de Yeshúa, nuestro sumo sacerdote, debe constreñirnos a entregarnos totalmente, en humildad, al servicio de los demás.