Estudios Bíblicos

La Gran Batalla: ¡Jametz contra Matzáh!… ¡Despojémonos de todo peso!

Por P.A. David Nesher
 
En el primer mes (Abib o Nisán) en el día quince, en la peregrinación de Pésaj, el Eterno Dios, nuestro Abba, nos comandó comer Matzah (Pan Ácimo) sin Jámetz (levadura), esto es debido a que el Jámetz es símbolo del Yétzer Hará (tendencia al mal o concupiscencia), el Instinto Humano Destructivo, es decir la arrogancia y vanidad del ego humano.
 
 
Con el fin de entender los misterios revelados en esta festividad procederemos a considerar las raíces hebreas de su propuesta.
 
 
Matzáh se escribe con las letras: Mem, Tzadik y Hei; Jámetz se escribe con las letras: Jet, Mem y Tzadik. Como vemos la única diferencia en su escritura es la línea que une a la letra Hei de Matzáh para convertirse en la letra Jet de Jámetz. Esta línea simboliza a la lengua y nos exhorta que no debemos hablar Lashón Hará (lengua diabólica), es decir,cualquier cosa dicha o escrita que pueda causar daño físico monetario o emocional a alguna persona (calumnia o difamación), sino más bien Lashón HaKódesh (lengua santa) para que el Tzaráat (la lepra) espiritual no nos invada y destruya. Lashón HaKódesh (lengua santa) tiene que ver con la manera de expresarnos vocalmente hacia las personas (y cosas) en buenos términos, aunque lo acentuamos sobre el sentido de hablar palabras que tienen que ver con la santidad y la pureza, y que siempre bendicen al que oye.
 
El Jámetz simboliza la inclinación al mal (o mal instinto – Yétzer Hará); por lo tanto, la búsqueda del Jámetz y su eliminación representa la lucha del hombre por vencer esta inclinación. El Jámetz es más sabroso que la Matzáh, es de apariencia más agradable y de mayor tamaño. Ello también es cierto respecto de la «mala inclinación» que arrastra a la persona hacia los placeres mundanos, los hace más atractivos a sus ojos, y que parezcan más importantes de lo que realmente son. Este es el Jámetz que el hombre debe eliminar por completo.
 
 

La Matzah es el símbolo de la Providencia y las bendiciones del Santo y Bendito Abba en nuestras vidas, pero el Jámetz representa a aquello que nos estorba y nos nos deja apropiarnos de
ellas.

 
¡Saquemos el Jámetz de nuestra vida a tiempo, no vaya a ser que nos destruya!
 
 ¡Desechemos lo que nos estorba!
Bitácoras que conviene también estudiar y meditar para aprender a kosherizar las casas:


¿Quién es Rabino en el diseño mesiánico del Eterno?

“Pero vosotros no dejéis que os llamen RABÍ; porque uno es vuestro RABÍ y todos vosotros sois hermanos.”
Mateo 23:8

¡Estamos siendo testigos de días proféticos maravillosos! Uno de los detalles más gloriosos que estos tiempos tienen es el asombroso movimiento del Espíritu del Eterno aleteando sobre las aguas (millones de vidas humanas) y conduciéndolos hacia una reforma que les está revelando los diseños mesiánicos de la Luz Infinita (Or EinSof).
En medio de todo ese movimiento espiritual de la Verdad divina está manifestándose también la obra misma de la iniquidad reptiliana llamada falsificación. Así pues, mientras el Espíritu del Señor va conduciendo todo para que la Iglesia del Mesías se manifieste en su nombre verdadero, Israel, muchos hombres (y mujeres también) están apareciendo con apariencia de piedad y están enredando a los santos escogidos del Señor en el bosque de la confusión causado por tantos vientos de doctrinas judaizantes. Hoy, y tal como le aconteciera al apóstol Pablo, debemos estar vigilantes ante aquellos que se presentan con tantos títulos sacados de la letra muerta y no activados por el espíritu vivificador que se encuentra en las Sagradas Escrituras.
De ese modo, no solamente nos encontramos con falsos apóstoles y falsos profetas en esa pandemia babilónica llamada «apostolitis», sino que también desde el movimiento judaizante-kabbalístico abundan cada día más los falsos maestros que se hacen llamar «rabinos».
Pues bien, la bitácora de hoy apuntara a aclarar qué significa el término rabino desde su origen etimológico como funcional.
Primeramente dejaremos en claro que los rabinos son los líderes de la colectividad judía presente en cada nación del mundo. Se trata de maestros que, gracias a sus estudios, se encargan de la interpretación de los textos considerados sagrados por esta comunidad. El conocimiento profundo de los textos sagrados judíos es imprescindible no sólo para la enseñanza y difusión desde lo literal: el rabino debe estar en condiciones de aplicar aquellos textos milenarios en el día de hoy, encontrando en las palabras de la Torá la solución de problemas.
Reconoceré que una característica especial del judaísmo es el trabajo de exposición y de interpretación de la Torah escrita, es decir de la revelación divina hecha a Moisés en el Monte Sinaí y transcrita en el Pentateuco (y en sentido más amplio, presente en toda la Biblia hebrea). Este trabajo de de investigación (en hebreo midras, del verbo daras «buscar») comenzó de forma sistemática durante el destierro en Babilonia (586-536 a.C.), cuando el pueblo judío había perdido la Tierra y el Templo. Fue justamente en esos 70 años de exilio que comprendieron que sólo una amorosa fidelidad a la Torah podía garantizar su identidad y su continuidad. El sacerdote Esdras será quien dará cuerpo a esta comprensión leyéndole la Torah de Moisés al pueblo que habría regresado del destierro, y esforzándose especialmente en explicarle su sentido (Neh. 8:8). Los que prosiguieron históricamente esta obra, a los largo de 500 años, fueron primero los escribas, y luego los fariseos hasta concluir en los rabinos.
Es importante señalar aquí que el continuo cambio de situaciones en que llegaban a encontrarse los judíos planteaba de forma muy problemática la tensión entre la inmutabilidad sagrada de la Torah escrita y la necesidad de continuas adaptaciones en la praxis a los diversos ambientes y circunstancias. A diferencia de los sacerdotes y de los saduceos, que quedaron más ligados al culto del templo y al carácter literal de lo expresado en la Torah escrita, los fariseos se emplearon en una laboriosa obra dirigida a acercar la Torá al pueblo, haciendo posible en concreto vivir de la misma.
Los comentarios interpretativos (midrasim) de los fariseos fueron adquiriendo a lo largo del tiempo fuerza y autoridad. Los mismos se movían en dos direcciones:
  • una narrativa (haggadá),
  • la otra moral-jurídica (halaká).

A finales del siglo II d.C., estos comentarios se recogieron y transcribieron en la obra que se conoció como Mishná («repetición«, «enseñanza por repeticiones«), que fue considerada como el corpus de las tradiciones orales de la Torah. Por causa de esta última razón también ellas fueron atribuidas a Moisés -lo mismo que la Torah escrita- dado que consideraban que eran su desarrollo y su explicitación, capaces de ofrecer las indicaciones útiles para los siglos venideros. Será interesante que sepan que también la Mishná fue estudiada y comentada sistemáticamente en Palestina y en Babilonia, hasta finales del siglo V d.C.; así es como se originó la obra conocida con el nombre de Talmud («estudio«), cuyo equivalente arameo, en Babilonia, era la Gemará.

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Cuando las tensiones sociales, económicas, políticas y religiosas condujeron a las crisis del 70 y del 135 d.C., la represión de las sublevaciones por parte de los romanos llevó al ocaso y a la desaparición de los saduceos, que eran considerados -cual autoridad- como los responsables de las rebeliones, y de la clase sacerdotal, ligada funcional y económicamente al templo, destruido el año 70 d.C. Fueron entonces los fariseos, y ante todo los maestros fariseos llamados rabinos, quienes asumieron la función de reorganizar la vida del judaísmo, que no podía contar ya con el Templo ni con la autonomía territorial. Como solución esta secta determinó que el eje de la religión judía sería entonces la oración, el estudio y la práctica de la Torah (escrita y oral), junto con las obras de misericordia.
Como vemos, el título  de rabino comenzó a ser utilizado por la cátedra apóstata que usurpó la jefatura del Templo de Jerusalén. Fue esta la que forjó nuevos lineamientos dogmáticos que comenzaron a regir la fe de los judíos en el primer siglo.
La línea farisaico-rabínica, fortalecida por estos hechos históricos, impregnó y organizó el judaísmo en Israel, conduciendo con sus dogmas a la Casa de Judá en la Diáspora de estos dos milenios. La única desviación a esto se produjo en el siglo VIII en Mesopotamia, con los karaítas (del verbo kará, «leer«), que rechazaban la Torah oral y todas las tradiciones exegéticas; consideraban normativa sólo la Torah escrita, sosteniendo su estudio filológico y la libre interpretación personal.
Durante el siglo I d.C. y comienzos del II, los rabinos eran «ordenados» mediante la imposición de manos, después de un largo período de formación junto a un maestro reconocido (la edad canónica para la ordenación eran los 40 años). Después de que, en el 135 d.C., los romanos prohibieron las ordenaciones bajo pena de muerte, los candidatos eran simplemente «proclamados» rabinos: de esta manera se les confería la autoridad de juzgar en el terreno civil y en el religioso.
 En el judaísmo de la diáspora, el rabino es el responsable de la vida religiosa de una comunidad judía, que tiene su punto de referencia en la sinagoga: cuida del culto y de la instrucción religiosa, organiza la enseñanza escolar y juzga, según los lugares, en materia matrimonial. A partir del siglo XIX se instituyeron seminarios rabínicos, en los que los candidatos se forman en la Escritura, en la Misná, en el Talmud, en la codificación y en las respuestas; una vez completado el ciclo de estudios (que actualmente dura de ocho a diez años), reciben el título de rabino.
La palabra רַבִּי (rabino) que usualmente solemos entender como «mi maestro» significa literalmente persona de gran autoridad, gran importancia, abundancia, e incluso con grandeza indescriptible. En otras palabras, רַבִּי (rabino) es una persona que tiene mucho que dar y puede aportar a otros desde su grandeza.
רַבִּי (rabino) proviene de la palabra hebrea de רַב (rav) que significa «mucho, gran cantidad, numerosos, o grande» y la letra yod (י) al final indica un sufijo de posesión «mi«. Así que literalmente los judíos de hoy dicen que se puede traducir רַבִּי (rabino) como «mi gran maestro«.
Pero quiero invitarlos a que realicemos juntos una mirada más profunda en la historia bíblica misma y comprenderán que la significación de esta palabra es más amplia y peligrosa. En las Escrituras, frecuentemente רַב (rav) es una medida de cantidad numérica o longitud. En la Torah, la nube del Señor descansó sobre el tabernáculo durante יָמִים רַבִּים (yamim rabim) «muchos días» (Nm. 9:19). En otras oportunidades la palabra רַב (rav) significo autoridad. En el hebreo antiguo, רַב בַּיִת (rav bayit) indicaba mayordomo y רַב הַחֹבֵל (rav haJovel) el capitán de barco. El rey Nabucodonosor otorgo a Daniel el título de רַבִּי (rabino) que en arameo significa el «gran gobernador, gran oficial o gran jefe, el gran señor» (Dn. 2:48).
En los tiempos de Yeshúa, la palabra «rav» era utilizado, desde ese matiz babilónico, y por lo tanto se refería al amo de un esclavo, o al amo de un discípulo. Por lo que el término rabí literalmente significa «mi amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Teniendo en cuenta lo antes dicho, la palabra rabino en realidad significa «mi gran amo» y era un término de respeto usado ya sea por un esclavo para dirigirse a su amo, o por un discípulo para referirse a su maestro. Cuando Yeshúa empieza su ministerio, vemos que era reconocido por todos, o mejor dicho toda clase de personas se dirigían a él como rabí. Veamos algunos ejemplos:
  • Mateo 19:16, un hombre rico lo llamaba rabí,
  • Mateo 22:35-36, un abogado (experto en la Torá) lo llamaba rabí,
  • Lucas 12:13, una persona común lo llamaba rabí,
  • Lucas 19:39, un Fariseo lo llamaba rabí,
  • Lucas 20:27-28, un Saduceo lo llamaba rabí.

Algo típico de los rabinos del primer siglo era que viajaban de un lugar a otro enseñando, y dependían de la hospitalidad de las personas. Ellos enseñaban en las afueras o campos, en los pueblos, en las casas, en las Sinagogas y hasta en el Templo. Cientos y hasta miles de rabinos circulaban en la tierra de Israel en el primer siglo. La mayoría de las veces enseñaban en las plazas de los pueblos, o bajo un árbol, y otras veces en las casas. Aunque Yeshúa la mayoría de las veces enseñó en las casas (Lucas 10:38-42), en las sinagogas (Mateo 4:23) y hasta en el Templo (Mateo 21:23), también lo vemos enseñar en las afueras o campos (Mateo 14:13; 15:29).


Otra práctica de los rabinos era el hacer discípulos, ellos estaban interesados en cambiar la vida de sus discípulos, de enseñarles como ellos decían «a tomar el yugo de la Torá» que en términos rabínicos quería decir «aceptar el reinado del Eterno en la vida de uno«. Vemos que Yeshúa también utilizó éste término (Mateo 11:29-30). «Hacer muchos discípulos» es uno de los tres dichos más antiguos que encontramos en el Talmud (Avot 1:1). Ellos escogían y seleccionaban a un número de discípulos para entrenarlos en el estudio de la Torá. Se dice que el maestro de Pablo, Gamaliel, tenía hasta 1.000 discípulos que estudiaban con él. Un rabino podía tener diferente tipos de discípulos, los que estudiaban con el rabino por un corto tiempo y los que estudiaban por largo tiempo con el rabino, para estos últimos significaba viajar constantemente por caminos polvorientos. Por eso encontramos en el Talmud un comentario que dice:

«Que tu casa sea un lugar de reunión para los sabios,
cúbrete con el polvo de sus pies y bebe de sus palabras sedientemente«. (Avot 1:4)

«Cúbrete con el polvo de sus pies«, se decía no sólo porque el discípulo al caminar junto con su rabino prácticamente se llenaba del polvo que el rabino levantaba al caminar, pero también porque era costumbre sentarse a estudiar a los pies del rabino. Una persona sentada a los pies de un rabino significaba que era un discípulo del rabino, por ello vemos que Yeshúa le dice a Marta que María había elegido lo mejor, es decir de ser una discípula de Yeshúa (Lucas 9:38-42). De allí surgió la práctica de invitar a alguien a tu casa y lavarle los pies.

¿Cuál es el orden pedagógico en la Nueva Alianza según el mismo Mesías?

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Según la enseñanza apostólica paulina, nuestro Señor Jesús entregó «domas» (hombres-dones) a la Iglesia que ejercitan el servicio desde el diseño del «corazón pastoral» de Yahvéh (Jer. 3:15). Estos hombres regalos se manifiestas en cuatro oficios de dicho corazón: apóstol, profeta, evangelista, pastor-maestro (Efesios 4:11). Éstas órdenes sagradas de nuestro amado Mesías tienen una clara respuesta ante esta oleada de «rabinos» que pululan por todos lados con la pretensión de enseñar los códigos de la Torah a los escogidos.  Por mucho que traten de tergiversar y torcer las Escrituras, estas son las palabras divinas que deberán ser pronunciadas tal como allí están escritas. Por lo tanto, el término neotestamentario para maestro es el griego «didáskalos» que tiene su equivalente hebreo en «moreh«, así es como (Concordancia Strongs: 04176) Por lo tanto moreh significa maestro, y éste es el término que se debe utilizar para aquellos que pretenden enseñar la Torah.

 Podemos ver claramente la razón por la cual Yeshúa prohibió este título. El mismo, por su misma definición de poder y grandeza, crea una gran arrogancia en los seres humanos. Hoy, día vemos una oleada de ex-pastores cristianos evangélicos viniendo al mesianismo que enseguida se cambian su título de pastor, que es el correcto y escritural, al de «rabino» que es el título prohibido por nuestro Señor. Pero ellos son gente que necesitan este bastón para sentirse importantes, para poder actuar como dictadores de la fe que obnubilan las consciencias de los hombres.
Hoy vivimos en tiempos muy peligrosos. Son los días de rampante apostasía. En ellos HaSatán está utilizando muy efectivamente a miles de falsos maestros,  a quienes tiene estratégica- y sigilosamente colocados a lo largo de todo el Camino que el Mesías le ha trazado a Su Pueblo para que peregrine al cumplimiento pleno del propósito eterno. El adversario, como buen cazador, ha colocado lazos para engañar aún a los escogidos.  Lo hace con la intención expresa de destruirlos, desviarlos, detenerlos o cuando menos retardarles la llegada a la meta,  seduciéndolos con doctrinas basadas en la Torah de Yhwh pero no obstante «hechas a la medida» del gusto individual de cada uno de los oyentes con comezón de oír. Por esto, estoy convencido que el judaísmo mesiánico pertenece a parte de esta artimaña de la Gran Ramera.

El judaísmo mesiánico no cumple lo que promete.   Por su nombre, el «Judaísmo Mesiánico«, a simple vista,  pareciera indicar que se basa fundamentalmente en la Verdad original del Mesías Yeshúa, quien lógicamente era judío de estirpe, por nacimiento y por crianza.  Pero esta religión «de última moda» para tantos, no se adhiere ni enseña el Camino de Yeshúa que tanto proclama.  Por el contrario, enseña el judaísmo rabínico que usurpó los diseños sacerdotales establecidos por Yahvéh en la Antigua Alianza.

 El judaísmo mesiánico es una religión que basa su doctrina en las mismas enseñanzas rabínicas que nuestro amado Mesías, y sus fieles discípulos, tanto lucharan y sufrieran por erradicarla de la vida Su Pueblo. El judaísmo mesiánico no va tras las «raíces hebreas» de la Verdad de forma fiel y consistente, tal y como asegura, sino que va en pos de las raíces judío-rabínicas y lo suele hacer de forma bastante descarada— a través de hombres desobedientes que se apropian para sí el título de rabino que el Eterno solamente autoriza aplicar a Su Hijo.

La revelación de la Providencia Divina

“No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimento? ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por eso, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso”. 
(Mateo 6:31-32)

 
Durante el 12º mes del calendario de Yahvéh, aquellos que pertenecemos a Su Pueblo, reflexionamos y valoramos Su maravillosa Presencia en los distintos acontecimientos de nuestra historia personal. Es un mes muy importante para entender que las circunstancias de la vida humana son «máscaras» que el Eterno usa para estar siempre inmanentemente activo en la vida de sus hijos.
Los que somos escogidos en el Mesías, tenemos la absoluta convicción que nuestro Eterno Dios gobierna soberanamente todas las cosas en el universo. A este medio de poder divino lo llamamos Providencia Divina. El término “Providencia” viene del verbo latino “providére” que significa “proveer”.
Es interesante notar que en todas las religiones, ya sean estas cristianas o paganas, la fe en la Providencia, entendida en un sentido amplio, como un ser supra humano que gobierna el universo y dirige el curso de los asuntos humanos con un propósito definido y diseño beneficioso, ha sido siempre una creencia muy real y practica a lo largo de los tiempos y las naciones.
Desde la esencia de nuestra fe, la doctrina de la Providencia Divina revela y afirma que el Eterno Dios se encuentra en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 6:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y especialmente la protección de Su pueblo Israel (Salmo 4:8). Esta doctrina se levanta en oposición directa a la idea humanista anti-Dios que asegura que el universo está gobernado por la casualidad determinista de las circunstancias o el destino trazado por un «capricho» astrológico.
Sabemos y creemos que el Eterno creó el universo y todo lo que hay en él. Pero también lo preserva, lo mantiene y lo gobierna. El universo se volvería nada, es decir, volvería a su situación inicial de no existencia, si no fuera porque Yahvéh lo mantiene con su poder infinito.
La Providencia Divina custodia y gobierna las cosas del mundo y, especialmente al hombre en el mundo, su vida y su historia.
La Providencia Divina libera al hombre de las diversas formas del pensamiento fatalista.
La Providencia Divina es el cuidado que el Eterno tiene de los hombres y de todo lo creado para llevarlos al fin para el que han sido creados.
Por ello, el propósito, o la meta, de la Providencia Divina es llevar a cabo la voluntad del Eterno Dios que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:3). Esto significa que para asegurar que Su propósito eterno sea cumplido, Yahvéh, nuestro Dios, gobierna los asuntos del hombre y obra en ellos primordialmente a través del orden natural de las cosas. De este modo, surge la certeza de que las leyes naturales son nada más que una representación del Eterno Dios obrando en el universo. Así, entendemos que las leyes naturales no poseen poder inherente, como tampoco obran independientemente; son las reglas y los principios que el Eterno ha puesto en efecto para determinar cómo se desarrollarán las cosas.
Lo mismo ocurre en las decisiones humanas. En un sentido muy verdadero no somos libres de escoger o actuar fuera de la voluntad de Dios – ni aun nuestras decisiones pecaminosas (Génesis 50:20). Al final de todo, es Yahvéh quien controla nuestras decisiones y acciones (Génesis 45:5; Deuteronomio 8:18; Proverbios 21:1), pero Él lo hace de tal manera que esto no viola nuestra responsabilidad como agentes moralmente libres, ni tampoco invalida la realidad de nuestra decisión. La Confesión de Fe Westminster expone la doctrina de la providencia divina de una manera sucinta, pero que capta todos los elementos de esta doctrina:
“Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede.  Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece.” (CFW, 3.1)
El medio principal por el cual el Eterno cumple Su voluntad es a través de causas secundarias (las leyes naturales, la elección del hombre). En otras palabras, Dios obra indirectamente a través de estas causas secundarias para cumplir Su voluntad. Otra vez volviendo a la Confesión de Fe Westminster – “Aunque con respecto a la presciencia y decreto de Dios, quien es la primera, todas las cosas sucederán inmutable e infaliblemente, sin embargo, por la misma providencia las ha ordenado de tal manera, que sucederán conforme a la naturaleza de las causas secundarias, sea necesaria, libre o contingentemente.” (CFW, 5:2)
Como regla general, para preservar y gobernar el mundo, el Eterno Dios utiliza las leyes de la naturaleza. Pero sabemos que Él sigue siendo Dueño y Señor de la naturaleza. De allí que, cuando así lo decide con su Sabiduría Infinita, puede cambiar las leyes de la naturaleza: cambiar la naturaleza de las cosas creadas, aumentar o disminuir sus fuerzas, sustituir esas fuerzas por su poder divino, etc. Es decir, el Eterno puede realizar “milagros” cuando así lo decide. Nuestro entendimiento empírico sabe que existen ocasiones en que el Eterno obra directamente en la historia y las circunstancias  para cumplir Su voluntad. Esto es lo que llamaríamos nosotros un milagro (es decir, algo sobrenatural en vez de natural). Un milagro es Yahvéh obrando, por un período breve de tiempo, fuera del orden natural de las cosas para realizar Su voluntad y Sus propósitos.
Dos ejemplos del libro de Hechos deberían servir para destacar la obra del Eterno Dios obrando directa e indirectamente para realizar Su voluntad. En Hechos capítulo nueve vemos la conversión de Saulo de Tarso. A través de una luz brillante y con una voz que sólo Saulo (más tarde Pablo) pudo escuchar. De este modo tan espectacular el Eterno Dios cambió su vida para siempre. Era la voluntad de Yahvéh usar a Pablo para realizar Su voluntad, y el Señor usó un medio directo para convertir a Pablo.
Le sugiero que entreviste a cualquier persona que usted conozca que se haya convertido a la fe del Mesías, y usted con mucha probabilidad escuchará una historia parecida a ésta. Y es que la mayoría de nosotros llegamos a Cristo a través de un mensaje predicado o por leer un libro o por el testimonio persistente de un amigo o un familiar. Todos estos detalles circunstanciales se someten a la intervención milagrosa del Eterno conduciéndonos a su Salvación. Además de esto, por lo general hay circunstancias de la vida que preparan el camino,… la pérdida de un empleo, el fallecimiento de un familiar, un matrimonio fracasado, una adicción química. La conversión de Pablo era directa y sobrenatural, tanto como la conversión de todos los que hoy peregrinan el Camino.
En Hechos 16:6-10, vemos a Dios cumpliendo Su voluntad indirectamente. Esto sucede durante el segundo viaje misionero de Pablo. Dios quiso que Pablo y su compañía fuesen a Troas, pero cuando Pablo salió de Antioquia en Pisidia, él quiso ir hacia el este a Asia. La Biblia dice que el Espíritu Santo les prohibió predicar la Palabra en Asia. Luego, ellos quisieron ir al oeste a Bitinia, pero el Espíritu de Cristo les impidió, por tanto ellos fueron a Troas. Ahora esto fue escrito en retrospectiva, pero en el momento hubo probablemente algunas explicaciones lógicas por las cuales ellos no pudiesen ir a aquellas dos regiones. Sin embargo, después del hecho, ellos se dieron cuenta que esto fue el  Eterno Abba dirigiéndolos donde Él quería que fuesen. Pues bien, esta es la Providencia divina.
Un texto que revela muy bien esto es Proverbios 16:9 – “El corazón del hombre piensa su camino; Mas YHWH endereza sus pasos.” Seguramente a esta altura de la bitácora, y al otro lado de la pantalla, están gruñendo en sus mentes los que dirán que el concepto que el Eterno esté orquestando directa o indirectamente todas las cosas destruye toda posibilidad del libre albedrío. El punto existencial es: si el Eterno está en control absoluto, ¿cómo podemos estar verdaderamente libres en las decisiones que tomemos? En otras palabras, para que el concepto de la libertad sea significativo, tiene que haber algunas cosas fuera del control soberano de Dios, por ejemplo, la contingencia de la elección humana. Supongamos por caso del argumento que esto sea cierto.
¿Qué entonces? Si Dios no está en control absoluto de todas las contingencias, entonces, ¿cómo podría Él asegurar nuestra salvación? Pablo dice en Filipenses 1:6, “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Si Yahvéh no está en control de todas las cosas, entonces esta promesa es inválida (y otras promesas bíblicas semejantes también). No podemos tener la seguridad plena de que la buena obra de la salvación que haya sido iniciada en nosotros llegará a su finalización.
Además, si nuestro Abba no está en control de todas las cosas, entonces debemos concluir que Él no es soberano, y si no es soberano, entonces, no es el Dios Verdadero. Por tanto el precio de mantener contingencias fuera del control de Dios resulta en un Dios que no es Dios en nada. Y si nuestra “libre” voluntad sobrepasa la Providencia de Dios, entonces ¿quién es Dios al final de todo? Somos nosotros. Esto es, obviamente, inaceptable a cualquier persona con una cosmovisión que sea puramente bíblica. La Providencia Divina no destruye nuestra libertad. Más bien, la Providencia Divina es lo que nos permite hacer uso de esta libertad correctamente.
El famoso Agustín de Hipona enseñaba referente a esto: “El Dios Omnipotente no habría permitido que hubiese mal en sus obras si no fuese tan Omnipotente y Bueno que consiga sacar bien del propio mal”.
La verdad sobre la Providencia del Eterno Dios, constituye la fundamental y definitiva garantía del hombre y de su libertad en el cosmos.
Por medio de su Providencia Divina, el Eterno reconduce continuamente la vida del hombre y de la historia del mundo. Él nos deja actuar libremente y al apartarnos del camino que nos lleva a la felicidad eterna (por el pecado) pone a nuestra disposición la buena senda a través de Su Toráh, testimonio más perfecto de su providencial intervención amorosa.
En este última instancia de nuestro encuentro, lo invito a realizar con el corazón la siguiente oración:

ORACION

Señor, Yahvéh, el Único, 
El Que Es,
presente en todo lugar y presente especialmente
en mí, cuando me habitas con tu Gracia,
Tú que conoces todo lo que soy y lo que no soy,
lo que tengo y lo que no tengo,
lo que realmente necesito y lo que creo necesitar,
Tú que me provees todo aquello
que es necesario para mi salvación,
y todo lo verdaderamente necesario para mi diario vivir,
a Ti, Dios Amor, Omnisciente y Omnipresente,
me acojo, me entrego, en Ti me abandono,
confiando en tu Divina Providencia
por la que me das mucho más de lo que necesito
para lo verdaderamente importante,
para lo único importante,
que es mi salvación eterna adquirida en la Sangre bendita del Mesías Yeshúa.
Amén.

¿Qué es la Toráh?… ¿Ley o Doctrina?

Por P.A. David Nesher
 
 
 
 
 

Un visitante a nuestras celebraciones de Shabbat me abordó con una inquietud diciéndome: «Usted, mientras enseña, siempre usa la palabra Toráh, me puede decir ¿qué significa?».      

Entonces me di cuenta que necesitaba hacer un alto en mi peregrinación de reforma y colocarme en el pellejo de muchos de Uds. que con tanto amor y respeto siguen día a día este blog con el fin de saciar esa sed del Dios vivo que el Espíritu mismo de Yahvéh ha causado en sus almas.    

Comenzaré diciendo que la palabra Toráh, que traducida correctamente al español significa:

  • «Enseñanza» 
  • «Instrucción”
  • «Norma de Vida»
  • «Guía para dar en el Blanco»
  • «Doctrina«

  Esta palabra deriva de la raíz hebrea ירה (iará) que significa literalmente “disparar una flecha” y por lo tanto etimológicamente se refiere a aquello que “da en el blanco” o «da el propósito«. Cuando alguien le dispara al blanco, trata de dirigir la flecha, y así el significado de la raíz de la palabra Torah es «la correcta dirección» y por eso la palabra significa «enseñanza», «doctrina» o «instrucción». Un dato interesante es que la raíz hebrea para «pecado» es «errar» al blanco. De aquí que la Torah es el instrumento divino que permite vencer al pecado (1 Juan 3:4).    

Retomando el sentido de la raíz hebrea de la Torah surge la profunda reflexión que que la Instrucción del Eterno (Torah) es una ayuda para que el hombre acierte, de en el blanco, a fin de que su vida esté bien dirigida peregrinando día a día en la dirección correcta, es decir en el propósito eterno de Dios (Salmo 119:1).  

En Israel ya desde el período final de la confección las Sagradas Escrituras (conocida como Biblia), la palabra “Torah” era usada para referirse a la primera sección de la Biblia: los libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.   Estos mismos libros son llamados “Los Libros de Moisés” o “Pentateuco”, una palabra derivada (a través del Latín) del griego penta (cinco) teuchoi (libros) y que por lo tanto significa «los cinco libros».  

Ya desde el siglo I de la Era Común (es decir, después de Cristo), estos cinco libros eran escritos en un solo rollo de papel señalizando así que son una unidad. Por lo tanto esto último da la idea clara que a cada uno de estos libros debe estudiárselo en total dependencia de cada uno de los otros cuatro.  

A diferencia de lo que ocurre con otras divisiones canónicas en las cuales hay diferencias e incluso controversias, tanto judíos como cristianos aceptan en forma unánime los libros del Génesis hasta Deuteronomio en este orden y como una unidad. La unanimidad de la tradición y el lugar inicial que ocupan estos cinco libros reflejan su importancia en la vida de la verdadera fe. En Israel, la Torah posee el nivel más elevado de santidad, por encima de todos los demás libros.  

También se puede utilizar la palabra Torah para referirse a la Biblia entera (los cinco libros, los profetas y los hagiógrafos, también conocidos como «Tanák«, más la Brit Jadashá (“Pacto Renovado,» mayormente conocido como «Nuevo Testamento”).  

Es importante conocer bien el significado de Toráh puesto que se ha traducido generalmente en todas las versiones bíblicas españolas como Ley, lo cual lleva a malas interpretaciones que vienen apoyadas por doctrinas erróneas.   Ahora bien, corresponde decir que aa traducción de la palabra Torah como Ley en nuestras Biblias viene desde la versión griega conocida como La Septuaginta donde se usaron las siguientes palabras griegas para traducir la palabra hebrea Torah:

  • nomos («ley; regla»);
  • nominos («de acuerdo con la ley»);
  • entole («mandar, mandamiento, orden»)
  • y prostagma («orden; mandamiento; mandato; requerimiento»).
rollo Escritura juicio

Desde estas palabras griegas después se tradujo a los diferentes idiomas, español, inglés, francés, portugués etc., así que cuando nosotros leemos las Sagradas Escrituras nos encontramos con la expresión «Ley», y no “instrucción” o «Enseñanza», lo cual nos da una idea diferente al significado original que hemos visto con anterioridad. De esta forma, Babilonia la Grande ha contribuido a la interpretación errónea que el cristianismo ha hecho de la Torah aduciendo que dicha «Ley» ya no es necesaria para estos días de «gracia divina».

Sin embargo la cosmovisión del Eterno en la mente del Mesías era otra, y ella definía perfectamente su misión (Mateo 5:17-19). Por todo ello, debemos recordar que las mayoría de las traducciones no están hechas desde el hebreo sino desde el griego y que se usaron palabras que no eran del todo adecuadas en cuanto al significado que tenían las palabras hebreas que se tradujeron al griego, por tanto si queremos entender bien el significado de palabras tan claves como la que nos ocupa debemos ir al hebreo directamente para ver que es lo que realmente nos dice allí.    

Pero más allá de todos estos datos teológicos, debo decirles que la Torah es el Creador compartiendo Su más íntimo deseo con los seres que creó. Un ejemplo muy práctico te permitirá entender esta idea. El capataz consulta el plano de construcción y ve un edificio; el arquitecto escucha al constructor y entiende lo que verdaderamente quiere. La Torah es como el arquitecto, y es por eso que al estudiarla ella nos dice no solamente lo que es, sino lo que debería ser. La simiente de la Torah fue implantada con la experiencia del Sinaí, el Monte Santo del Eterno, y registrada en los Cinco Libros de Moisés. Pero la voz del Sinaí continúa oyéndose en cada generación cuando los que estudian la Torá revelan el ADN de esa simiente, descubriendo nuevos significados que siempre existieron, nuevas aplicaciones que siempre habían estado latentes. A fin de cuentas, la forma máxima de instrucción es aquella que eleva al discípulo a un punto de vista desde el cual es capaz de discernir su propia evaluación, usando las mismas herramientas que su maestro.    

Cuando uno se sumerge en el estudio de la Torah, su objetivo no es simplemente acumular información sino alcanzar la cosmovisión de cómo el Creador del Universo se relaciona con Sus criaturas dentro de un proyecto mesiánico. En pocas palabras, el estudio de la Torá permite pensar de una manera divina. Pensar divinamente es compartir el espíritu, hasta que las mismas preferencias y los mismos deseos respiran dentro de los dos. Los pensamientos de Él son tus pensamientos y tus pensamientos son los de Él. No existe ninguna forma de unión comparable en ninguna otra sabiduría.

¡Las Siete Cosas que la Instrucción del Eterno te aconseja dejar de hacer ya mismo!

 Diariamente, y desde lo más profundo del corazón, redimidos de todas las naciones me consultan acerca de cómo deben hacer para vivir una vida acorde a la intención del Eterno Dios. Considerando esas sinceras inquietudes, he dedicado un tiempo especial para responder por escrito lo que aquellos me demandan y, a la vez, servir a todos los que están en este momento conectados con estas líneas pastorales.
1.- Debes dejar las malas amistades.
«No erréis; los malos compañeros corrompen el buen carácter».
(1 Corintios 15:33)
Debemos escoger nuestros amigos de acuerdo con los principios bíblicos, porque de otra manera corremos riesgos graves. En todas las sendas de la vida deberíamos recordar la advertencia del Espíritu por medio de Pablo:
«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso» 
(2 Corintios 6:14-18)
Separarse por causa de la verdad no es aislarse. Significa asociarse con las personas adecuadas para fines correctos y en el momento apropiado. De lo contrario cosecharemos los frutos de la advertencia que por medio de Santiago nos hace Dios:
    «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» 
(Santiago 4:4).
2.- Debes dejar de No enfrentar tus problemas.
Recuerda que el propósito eterno de Dios es perfecto y Él hará que sí o sí se cumpla en ti.
Primeramente, confía en que todo está bajo el control de la maravillosa soberanía del Eterno y Su maravillosa Providencia. El Eterno sabe lo que es mejor para ti y en su corazón tiene presente tus mejores intereses. Él le dijo a Jeremías: «los planes que tengo para ti son planes para prosperarte y no para dañarte, planes para darte esperanza y un futuro» (Jeremías 29:11). José entendió esta verdad cuando les dijo a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo: «Ustedes pensaron dañarme, pero Dios lo pensó para bien» (Génesis 50:20). El rey Ezequías se hizo eco del mismo sentimiento al referirse a su enfermedad mortal: «Fue por mi propio bien que yo pasé ese tiempo tan difícil» (Isaías 38:17).
Siempre que Yahvéh te diga no a tu pedido de alivio, recuerda: «Dios está haciendo lo mejor para nosotros, entrenándonos para vivir para Él de la mejor y más sana manera» (Hebreos 12:10).
Si estás enfrentando un problema ahora mismo, no preguntes «¿Por qué a mí Dios?» Pregunta en cambio: «¿Qué quieres Señor que aprenda?«. Después confía en el Eterno Dios y sigue haciendo lo que es correcto.
«Ustedes necesitan tener fortaleza en el sufrimiento, para hacer la voluntad de Dios y recibir así lo que él ha prometido».
(Hebreos 10:36)
3.- Debes dejar de mentirte.
«Pero no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos».
(Santiago 1:22)
¿Engañarse a uno mismo? Quizás esta idea nos parezca poco probable o incluso imposible. Pero es obvio que si el Eterno Dios nos advierte es por algo. Vale la pena, por lo tanto, que examinemos cómo podríamos caer en el auto-engaño y cuáles son algunas formas equivocadas de razonar que podrían llevarnos a ello.
¿Cómo podemos evitar que echen raíces en nuestra mente razonamientos erróneos que nos conduzcan al auto-engaño? Esforzándonos en todo momento por tener claro cuál es “la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios” (Rom. 12:2).
Uno de los mejores medios para lograrlo es estudar la Biblia a diario. De este modo, también conseguiremos que se fortalezca nuestra convicción de que el Eterno siempre interviene en el momento designado (Hab. 2:3).
4.- Tienes que dejar de complacer a las demás personas.
 “Si tienes miedo de la gente, tú mismo te tiendes una trampa;
pero si confías en Dios estarás fuera de peligro.”
(Proverbios 29:25 TLA)

Cuando nos preocupamos de lo que piensen los demás, dejamos que nos controlen. Perdemos mucho tiempo y energía tratando de averiguar lo que otros quieren que seamos y luego tratar de llegar a ser como ellos quieren.
Preocuparse por lo que otras personas piensan es peligroso, porque somos más propensos a ceder a la crítica. Esto significa que no siempre hacemos lo correcto, sino que hacemos lo que todo el mundo quiere que hagamos.
Y estamos en peligro de perder lo mejor del Eterno Dios, porque estamos tan preocupados por lo que los demás quieren que hagamos que no podemos dejar de pensar en lo que Yahvéh quiere que hagamos.
Te pido que tengas en cuenta estos tres hechos:
    Hecho # 1: No se puede complacer a todo el mundo. Ni siquiera Dios puede complacer a todos. Una persona ora para que llueva, otra ora para que sea soleado. ¿A quién Dios va a contestar? Dios no puede complacer a todo el mundo. Sólo un tonto trataría de hacer lo que ni siquiera Dios puede hacer.
    Hecho # 2: No es necesario complacer a todo el mundo. Hay un mito que dice que debes ser amado y aprobado por todo el mundo con el fin de ser feliz. Eso no es cierto. No tienes que complacer a todos con el fin de ser feliz en la vida.
    Hecho # 3: El rechazo no arruina tu vida. Duele, claro. No es divertido. Es incómodo. Pero el rechazo no arruina tu vida a menos que se lo permitas.
¡Deja de tratar de complacer a todo el mundo! Recuerda que nadie puede hacerte sentir inferior a menos que le des permiso.
5.- Tienes que dejar de aferrarte al pasado.
 
«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:
olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está
delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios
en Cristo Jesús».
(Filipenses 3:13,14)

 

En este pasaje, el apóstol Pablo dice que una de las cosas que se esforzó por hacer fue “olvidar lo que queda atrás”. Seguramente Pablo trató de arreglar errores que había cometido antes y descubrió lo complicado e imposible que era. Sólo hay una cosa que podemos hacer con el pasado y es ¡dárselo al Eterno!

Cuando permitimos que Yahvéh tome control de nuestros desórdenes y los torne en milagros, el Padre tiene la habilidad de usar los errores que cometemos para nuestro bien, si sólo confiamos en Él.

Es importante dejar de pensar en el pasado para poder ver el diseño del Eterno Dios para hoy. No debes aferrarme al pasado por que entonces tu vida no podrá ver con claridad el hoy y no debes tampoco habitar con tu mente sólo en el futuro porque yo no sabes que es lo que el Eterno Dios ha preparado para ti.
¡Deja ya el pasado atrás! ¡Suéltalo!… ¡Deja que se vaya!… ¡Atrévete a decirle adiós!
6.- Deja de actuar como si todo estuviese bien. Si sientes la necesidad de llorar y desahogarte, hazlo.
 
«Bienaventurados los que lloran porque serán consolados …»
(Mateo 5:4)
Cuando los hombres de este sistema de cosas escuchan esta frase su reacción es decir, “¡qué tontería!» El llorar es algo que ellos intentan evitar. La filosofía de este mundo es: “olvídate de tus problemas. Alégrate”. El sistema de cosas está organizado para ayudar a la gente a alejarse del lloro. El entretenimiento es una de las grandes industrias. La televisión y la radio ofrecen una dieta amplia de risa. Al contrario, la Biblia dice “bienaventurados los que lloran”.
El lado opuesto de esto se encuentra en Lucas 6:25. Allá dice, “¡Ay de vosotros, los que ahora ríes! Porque lamentaréis y lloraréis”. Es una condenación de la indiferencia del mundo hacia a lo que es de suma importancia.
El Mesías Yeshúa habla de «llorar» como se llora la muerte de un ser querido. Significa llo­rar intensamente. No se refiere al «llorar» por ambiciones fallidas, ni por haber perdido riquezas, ni por haber sido avergonzado, ni por haber sido castigado por alguna maldad. No hay bendiciones para los que lloran por estas causas, a menos que se arrepienta. Tampoco promete bendición para aquellas almas pesimistas que viven lloriqueando por su mala suerte, diciendo que todo el mundo está en contra suya. Esta bendición se pronuncia sobre los que lloran:
(1) por los pecados propios,
(2) por los pecados de otros, y
(3) por el sufrimiento y la tristeza que hay en el mundo.
El llorar no es en sí una bendición, pero si produce arrepentimiento (teshuvá) y obediencia, trae bendición.
7.- Deja de quejarte y se agradecido.
“Aconteció que el pueblo se quejó a oídos del Señor… y ardió su ira. [y] consumió uno de los extremos del campamento” 
(Números 11:1)
Quejarse es una manera habitual hoy día en nuestras vidas de poder conseguir cosas o de poder creer que nos faltan cosas. Mentalmente nuestra sociedad el que no se queja no tiene.
¿A quien dañas realmente cuando te quejas?:
(a) A ti mismo. La queja conduce al enfado, a la amargura, y hasta a la depresión. El Señor te ama, y no desea que te dañes a ti mismo;
(b) A tu relación con el Eterno Dios. La queja cuestiona su carácter; de hecho es como si dijéramos: “Señor, lo has estropeado; tuviste la oportunidad de complacerme, pero al final lo has echado a perder”;
(c) A otros. Nadie disfruta siendo “miembro de la Brigada de los quejumbrosos”. Tus pensamientos negativos afectan a los que te rodean.
¿Alguna vez te has parado a pensar por qué el quejarse es tan popular, cuando en realidad no produce ningún cambio? ¡Porque ello satisface nuestra naturaleza egoísta!
Cada uno de nosotros tiene algo en su vida, acerca de lo cual ¡Dios no quiere escuchar ni una sola queja!
Es duro vivir con la adversidad, pero debes comprender esto: cuando te quejas, pierdes el derecho a la gracia divina que te permitirá sobrellevarla. La fortaleza y el gozo necesarios para experimentar la victoria están a nuestro alcance, pero si elegimos quejarnos o aferrarnos al “ídolo de una vida perfecta”, la perdemos.
En la epístola a los Hebreos, capítulo 13, versículo 17, dice que la queja no trae provecho, no trae satisfacción. En Santiago, capítulo 5, versículo 9, dice que la queja trae condenación. El murmurar, el quejarnos delante del Señor trae condenación. ¿No crees que es una actitud que deberíamos cambiar?
Hay muchas personas que darían cualquier cosa para estar en tu situación, mira a tu alrededor y aprecia y valora lo que tienes. Por lo tanto, en vez de quejarte sé agradecido. Ser agradecido es lo que moverá al Eterno Dios para impartirte fuerza.
Dice 1 Tesalonicenses 5:18 (PDT): «Den gracias a Dios siempre, esto es lo que él quiere para ustedes en Cristo Jesús.«
Dar gracias es la voluntad del Eterno Dios para nosotros. Esto es muy importante, según lo que expresa la primera carta a los tesalonicenses, Dios está esperando que nosotros como creyentes seamos agradecidos en todo momento. Entiéndelo cuando eres agradecido, estás cumpliendo con Su voluntad.
Más que nunca debemos comprender que el agradecimiento es clave para la multiplicación. El agradecimiento es clave para la extensión en nuestras vidas.
¡Los agradecidos serán los próximos líderes, prósperos, multiplicadores! … ¡De los agradecidos será todo lo prometido por el Eterno Dios!
¡Anhelo que estos tips de fe te permitan conectarte en plenitud con la Intención bendita del Eterno Dios!
¡Shalom!

David Nesher y las Pautas Proféticas para el Año 2015

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Comenzó el año solar gregoriano 2015 y los augurios fluyen desde el alma de millones se seres humanos, pero particularmente de los agoreros reptilianos que, autoproclamándose profetas del Eterno, se presentan, desde lo virtual y lo real, con susurros erróneos que disfrazados de buenos deseos «erotizan» el oído de sus seguidores.
Es 1º de enero y ya son millones los que están nuevamente dormidos bajo el sopor hediondo surgido debajo de las faldas babilónicas que cubren a tantas aguas (Ap. 17:15). Ante todo este oleaje de confusión es conveniente considerar las siguientes pautas proféticas para este 2015:

¿Por qué no decimos Feliz Año Nuevo?

Por P.A. David Nesher

Esta noche la celebración de Año Nuevo vibrará desde distintas casas paganas ubicadas muy cerca de los redimidos y primogénitos en el Mesías. Frente a esta festividad, la cuestiones que surgen en la mente de muchos santos que han despertado del sopor babilónico son: ¿Deberías yo estar involucrado en esta alegría mayoritaria? ¿Debería darle importancia al 1 de enero o más bien boicotearlo?   A fin de encontrar respuestas certeras, permítanme realizarles dos preguntas que les permitirán descubrir, desde la reflexión verdadera, las razones de por qué siento que no correspondería participar en estas fiestas.

¿Realmente es un Año Nuevo, y por qué lo es? 

Si para responder correctamente, comienzas a investigar, descubrirás que esta fiesta tiene mucho que ver con una convención relativa político-económica que surge de creencias religiosas antiguas que determinaron la existencia del calendario solar hoy existente. De hecho, el calendario romano se basa en el solsticio de invierno de esta época del año, cuando el sol comienza a alargar los días.Tal y como lees, la alegría que hoy provoca el esperar el año nuevo con ruidos de cornetas, pitos, sirenas, fuegos artificiales, etc., no es otra cosa que la manera ahora más sofisticada de la costumbre que tenían los pueblos paganos de esperar su año nuevo. Ellos prendían fogatas y hacían grandes ruidos porque creían que de ese modo podían espantar los malos espíritus y dar lugar para que los buenos espíritus volvieran a la tierra y trabajaran en forma mágica en sus vidas.

Lamentablemente la cristiandad ha adoptado como suya un número de días festivos que originaron y han “evolucionado” en las observancias religiosas ocultas y paganas. La mayoría de los cristianos profesantes que observan estos días festivos son simplemente seres humanos inconscientes de sus orígenes. Poco entienden ellos de que por debajo del barniz cristiano de estos días festivos se encuentran “misterios” que continúan dentro de las sociedades secretas, grupos esotéricos y asambleas de brujas que incluyen una historia larga y sangrienta de sacrificios humanos al dios de la muerte, Satanás el diablo.

¿Por qué eligieron comenzar el calendario en esta fecha (1 de enero)?

Para que la respuesta a esta pregunta sea la correcta, ten siempre presente que la clave para determinar si una fiesta agrada o no al Eterno Dios es fijarse en qué origen tiene (Isaías 52:11; Revelación [Apocalipsis] 18:4).

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Pues bien, esto del Año Nuevo solar tiene que ver más bien con la mitología babilónica impuesta por Nimrod y Semirámis. Fue así como el solsticio de invierno tomó suma importancia en las creencias mitológicas de la antigüedad a tal punto que el calendario babilónico se propagó a lo largo de la historia en las distintas civilizaciones anti-Dios de la edad antigua. 

Después del evento de rebeldía corporativa de Babel, este sistema se implantó en Egipto y luego, con los siglos llegó a Roma.

Fue justamente el emperador romano Julio César quien fijó el 1 de enero como día de Año Nuevo en el año 46 antes de Cristo.

Los romanos dedicaron el día a Jano, dios de las puertas y de los inicios. De este modo el mes de enero [en latín, Januarius] recibió su nombre de Jano, el cual tenía dos caras: una mirando adelante y otra hacia atrás. De este nombre mitológico deriva la expresión January con que en inglés se denomina a este mes.   Los romanos creían que Janus era el dios que cuidaba las puertas del cielo y de la tierra, por eso lo pintaban sosteniendo en su mano derecha una gran llave con la que puede cerrar la puerta del viejo año y abrir las puertas del nuevo. Al dios Janus se lo pintaba con dos caras. Debido a que los portales se abren hacia adentro y hacia afuera, Janus miraba con una cara atrás hacia el año viejo y con la otra hacia el año nuevo.  

Entonces, para el primero de Enero los romanos celebraban a Janus con una gran festival en el que se encendían fogatas, se hacía mucho ruido y se bebía hasta desmayar por las borracheras.    

Frente a las grandes puertas del templo edificado a su nombre, los romanos se divertían, se alegraban y hacían grandes procesiones en su honor. Regalos especiales eran traídos al emperador en esa fecha, con los deseos de buen augurio. Es pues de la Roma pagana que nos llega a nosotros la costumbre de desear buena suerte para el año nuevo, diciendo: Feliz Año Nuevo! Este calendario, denominado juliano en memoria de Julio César, permaneció válido durante más de dieciséis siglos. Durante todo ese tramo de tiempo, los católicos se resistieron a celebrar el principio del año en un mes dedicado a una deidad pagana. Por eso, los documentos históricos relatan que cada vez que se aproximaba este día, en las distintas parroquias cristianas se impartían sermones penitenciales en los que se avisaba a no participar en las fiestas paganas. Pero puesto que la participación de los parroquianos en las fiestas de los paganos no cesó, la Iglesia de Roma prescribió un ayuno de tres días en el año nuevo (segundo concilio de Tours, 567, canon 17), mencionándose en los decretos de sínodos posteriores la festividad del 1 de enero entre las costumbres paganas prohibidas. En el año 1270, en un procedimiento de los inquisidores para investigar a personas sospechosas de tomar parte en la idolatría y malas artes, quedó prescrito que también se examinaría a los que hubieran festejado el 1 de enero en forma pagana (fogatas, ruidos, borracheras, etc.)

Si recordamos lo que hemos hablado en otras bitácoras, en el siglo IV, cuando la festividad de la Navidad quedó instituida el 25 de diciembre, ocurrió que el 1 de enero llegó a ser llamado como la «octava de Navidad» o el «Día solemne de la Circuncisión» ya que se creía que se circuncidó a Jesús (según Lucas 2:21) de este modo se procuraba que ningún cristiano católico hiciera referencia al comienzo de un nuevo año, celebrando con la lascivia acostumbrada. Esto fue natural porque en la Iglesia Católica el año comenzaba en Navidad o el 1 de marzo, o bien el 25 de marzo o en Pascua.

En el siglo VI esta fiesta fue cambiada de nombre y se pasó a denominar «la Solemnidad de Santa María Madre de Dios» hasta hoy. Nació así primera Fiesta Mariana (en honor a María)

Esta celebración se comenzó a dar en Roma junto con la dedicación (el 1º de enero) del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano (una de las primeras iglesias marianas de Roma) y con la misma intención: fortalecer la fe y sus dogmas a fin de que los cristianos no celebraran a esta fecha como inicio de año.    

Pero ya que en la vida civil el año todavía comenzaba el 1 de enero y como todos los calendarios se adherían a este uso, la Iglesia no pudo continuamente pasar por alto tal fecha.    

El asunto lo defendió primero el clero inferior, que, sometiéndose a los incultos, ideó la caricatura de una festividad seria, en la denominada «fiesta de los locos» el 28 de dicembre, hoy devenida en el «Día de los Santos Inocentes». La idea era tener un día lleno de diversión por medio de bromas que permitiera olvidar el placer del 1º de enero.    

Hacia finales de la Edad Media los dominicos introdujeron la costumbre de «dispensar el nuevo año desde el púlpito» o «hacer resoluciones para el nuevo año«, esto es, trasmitir a sus oyentes deseos apropiados en los sermones del primer día del nuevo año.    

Los documentos históricos relatan que el sacerdote y reformador alemán Lutero también se opuso tajantemente a esta celebración. Él mismo predicó el 1 de enero sobre la circuncisión de Jesús y rechazó una celebración de comienzo del año nuevo en ese día por considerarla una fiesta de costumbre pagana. No obstante, la fiesta del 1º de enero se celebró en las iglesias evangélicas como comienzo de un nuevo año desde las comunidades luteranas a partir del siglo XIX. Más aún, es en las iglesias evangélicas donde se revivió la costumbre ocasionalmente de «dispensar al nuevo año» desde el púlpito y más énfasis se dio a la costumbre de hacer resoluciones por el año nuevo.

La práctica de hacer resoluciones de Año Nuevo se remonta a más de 3.000 años con los antiguos babilonios. Hay algo en el inicio del nuevo año que nos hace pensar en un nuevo comienzo, una nueva etapa. En realidad no hay diferencia entre el 31 de diciembre y el 1º de enero. Nada místico ocurre a la media noche del 31 de diciembre.

¿Cuándo y Cómo debe comenzar el Año de acuerdo a la Revelación divina?

Pero, si continuas investigando y profundizas en las Sagradas Escrituras descubrirás que el 1 de enero no es cuando el calendario del Eterno Dios comienza.

En realidad, el calendario divino es lo contrario al calendario gregoriano ya que, en la cosmovisión de Yahvéh, el tiempo debe iniciarse en la primavera como símbolo de la nueva vida que Él ofrece en el Mesías.      

Es el pueblo de Israel, quien desde tiempos mosaicos, ha preservado el calendario correcto del Eterno Dios teniendo en cuenta estos códigos de vida eterna (Éxodo 12:1-2).    

Este calendario está determinado por el cálculo de una combinación de los movimientos del Sol y la Luna, en oposición al calendario romano, el cual se rige solamente por el movimiento solar a fin de regir el trabajo humano sin sentido.  

Es importante señalar que el diseño de salvación del Eterno se encuentra de acuerdo a la inspiración de su calendario, es decir que Yahvéh no se manifiesta a través del calendario gregoriano, sino a través del calendario sagrado, en cada una de sus profecías pasadas, presentes y futuras.  

Por esa razón, la verdadera Congregación del Mesías, se rigió en sus comienzos (y hoy lo sigue haciendo) por el mismo calendario que Yahvéh reveló a Moisés, manteniendo inclusive los nombres de los meses en el idioma hebreo, debido a que encierran mucho significado, y dentro de los cuales se encuentran inmersas las Fiestas Santas de Dios, las cuales forman las siete etapas de su maravilloso diseño de salvación para el ser humano.

Es muy interesante leer la siguiente exhortación hecha por un varón muy influyente en las comunidades de discípulos del siglo III:

«Recuerden y valoren que ustedes los cristianos tienen sus propios registros y su propio calendario. No tienen nada que ver con las festividades del mundo. De hecho, ustedes son llamados a lo opuesto. Porque “el mundo se alegrará, pero ustedes estarán tristes.” 

Tertuliano (212 d.C.)  

La cita que a continuación les comparto es del libro del Dr. Troy Martin, profesor de estudios religiosos en la Universidad San Javier, de Chicago, acerca de la Epístola de Pablo a los Colosenses, y es una refutación bastante contundente del argumento tan popular como falso de que Pablo les enseñó a los cristianos gentiles a que no celebraran las fiestas santas que guardaban los judíos. Lean con atención y disciernan:

«En contraste, ellos distinguen las estaciones con festivales que obviamente no tienen ninguna connotación pagana. Reconocen los meses de acuerdo con las lunas nuevas y los nombran utilizando términos agrícolas. Marcan la semana con el sábado, y a partir de éste señalan los días con números, no con nombres, del uno al seis. Las únicas opciones que tiene Pablo y sus comunidades es o un sistema judío, o un sistema pagano o uno en el que no se marca el tiempo, y las pruebas que tenemos señalan que optan por la primera opción».Las referencias al tiempo que tenemos en la Epístola de Pablo a los Corintios reflejan exclusivamente la adopción del calendario judío. Aun en un lugar como Corinto, Pablo habla del primer día a partir del sábado ( . . . 1 Co. 16:2), no los días del sol. Él desarrolla un argumento detallado basado en los festivales de la Pascua y los días de Panes sin Levadura (1 Co. 5:6-8) para exhortar a los corintios: ‘Celebremos la fiesta’ (1 Co. 5:8)».

[Cita de “Con filosofías y huecas sutilezas: Colosenses como respuesta a una crítica cínica”], 1996; pp. 125-127).    

Ante todas estas consideraciones, preguntémonos: ¿tiene el Eterno algo que decir al respecto? De hecho, sí. Veamos con atención lo que Él mismo nos dice en su Instrucción:

«No caigas en la trampa detrás de ellos [los pueblos paganos] no consultes a sus dioses ni averigües como les daban culto dichos pueblos, para hacer tú lo mismo. Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios, porque ellos hacían a sus dioses cosas que detesta y abomina el Señor” 

(Deuteronomio 12.30-31, Nueva Biblia Española).

Asimismo, el profeta Jeremías nos advierte con respecto a las costumbres tradicionales de la sociedad que nos rodea:

“Dice el Señor:
No imitéis la conducta de los paganos… Los ritos de esos pueblos son falsos” 

(Jeremías 10.2-3, Nueva Biblia Española)

De nuevo, nuestro Mesías Yeshúa dijo:

“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” 

(Mateo 15.9)

Además nuestro Dueño y Maestro también dijo:

“Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición”

(Mateo 15.6)

Esto es precisamente lo que hacen hoy millones de personas. Desechan el mandamiento del Eterno Dios. Su mandamiento con respecto a la celebración de costumbres paganas para honrar o adorar a Dios es clarísimo: “Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios”. Sin embargo, la mayoría de la personas toman a la ligera este mandamiento y lo invalidan siguiendo la tradición de los hombres al observar las costumbres de las masas adormecidas bajo las faldas de la Gran Ramera.

¡No nos equivoquemos! El Eterno Dios nos permite desobedecer. Nos permite seguir las costumbres de los hombres. Nos permite pecar. Pero también nos advierte que habrá un día de juicio en el que ¡segaremos lo que hayamos sembrado! Yeshúa, el Mesías, fue la Palabra viviente y personal del Eterno, y la Biblia es la Palabra de Dios escrita.

¡Por esas palabras seremos juzgados para toda la eternidad! ¡Por ende, no debemos hacer caso omiso de ellas ni tomarlas a la ligera!


Te invito a escuchar esta Primera Parte de este tema:

Y aquí la SEGUNDA PARTE:


Recomiendo también leer:

El “Día del Señor”: ¿Es el Domingo o el Sábado?

“Recuerda el Shabat para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es un día de reposo para YHVH tu Elohim: no hagas ningún trabajo –tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día; por eso bendijo YHVH el día del Shabat y lo declaró sagrado.»

Éxodo 20:8-11

Estoy absolutamente convencido que  Éxodo 20 es uno de los pasajes más conocidos en la historia teológica de la fe (junto al Salmo 23 y Juan 3:16, entre otros). Especialmente hoy resulta muy leído entre las comunidades de creyentes en el Mesías. La mayoría de los creyentes concuerdan en que los Diez Mandamientos son el fundamento más importante para llevar una vida piadosa e íntegra ante el Eterno Creador. Pero a pesar de esta certeza difundida por el propio Espíritu de Dios en la mente y corazón de cada hijo, la problemática siempre es la misma: de los diez solo se observan unos pocos. Por ejemplo, ¿por qué muchos sólo observan nueve, y obvian la ordenanza de guardar el día de reposo (shabat), cambiándolo por el domingo?
A través de toda la Escritura, vemos que el día señalado por Yahvéh para tener reposo e intimar con Él por medio del estudio de las Escrituras es el Shabat, el cual corresponde al sábado (séptimo día) en nuestro calendario semanal. ¿Por qué? Veamos las respuestas que nos da la misma Escritura (Biblia):
“Para el séptimo día había concluido Elohim la obra que estaba haciendo, y cesó en el séptimo día de toda la obra que había hecho. Entonces Elohim bendijo al séptimo día y lo declaró sagrado, porque en él cesó Elohim de toda obra de creación que había hecho.”
Génesis 2:2-3
El relato nos muestra con claridad que Yahvéh, desde la creación misma, bendijo y apartó el día séptimo, como su tiempo simbólico de la eternidad en comunión con lo creado. Todos estamos seguros que el Creador no necesita reposar; Él es Elohim Omnipotente y no necesita descanso. Él no se cansa, ni desmaya (Isaías 40:28). Entonces, si el mismo Creador, siendo el Todopoderoso,reposó en el séptimo día, ¿cuánto más nosotros?  Más bien el escogió reposar para darnos un mensaje.

“Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se
hallará.”
Éxodo 16:26 (RV1960)
En este versículo vemos que Yahvéh ordena al pueblo de Israel a guardar el día de reposo cuando les suple el maná (vea el capítulo 16 completo para obtener todos los detalles). Incluso, les dice que recojan doble porción durante el día sexto, pues durante el día de reposo o Shabat no habría provisión. Nuevamente, ¡hasta el mismo Creador escogió reposar el séptimo día! No porque tuviera necesidad de hacerlo, sino porque quería enviar un mensaje al pueblo de Israel por medio de su ejemplo.
“Háblale al pueblo israelita y dile: Estos son mis tiempos señalados, los tiempos señalados de YHVH, que deberán proclamar como ocasiones sagradas. Seis días se puede trabajar, pero el séptimo día será un Shabat de completo reposo, una ocasión sagrada. No deben hacer ningún trabajo; será un reposo de YHVH en
todos sus establecimientos.”
 (Levítico 23:2-3)
El capítulo completo de Vayiqrá/Levítico 23 nos habla acerca de las fiestas o convocaciones que Yahvéh ordenó a su pueblo celebrar. Mucha gente ha creído aquello que la teología gnóstica-masónica alega: que estas convocaciones son solamente de y para los “judíos” y que no nos competen a los occidentales cristianos. Sin embargo, la Escritura no dice que son las “fiestas de los judíos”; ella es bien clara en afirmar que son las fiestas de Yahvéh. Si decimos que somos su pueblo, debemos perseguir sus intereses, los cuales están plasmados claramente en la Escritura. Aquí percibimos que a Yahvéh si le interesa que su pueblo guarde el Shabat, tal y como Él lo estableció en Su Instrucción (Torah). De hecho, ¡es la primera convocación festiva establecida por su perfecta voluntad, según en este capítulo y el resto de las Escrituras!
“Si te abstienes de pisotear el Shabat, de encargarte de tus negocios en mi día santo; si llamas al Shabat ‘delicia’, al día consagrado a YHWH “honorable”; y si lo honras y no sigues tus propios caminos ni te ocupas de tus negocios, ni buscas tu propia conveniencia, entonces podrás buscar el favor de YHVH. Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te haré disfrutar la heredad de tu padre Yaakov –porque la boca de YHVH ha hablado.”

(Isaías 58:13-14)
¡Qué hermosa promesa para aquellos que guardan el Shabat según su Palabra! El mismo Creador nos exhorta a llamar al Shabat delicia. No hay duda alguna, que dentro de ese período de horas que conforman el séptimo día se esconde un poder espiritual de origen divino que permite al alma humana vibrar en las bendiciones de los lugares celestiales (Efesios 1:3)
 Entiendo que la idea de guardar el día de reposo resulta al principio algo tedioso para muchos de aquellos que lo intentan. De hecho, tengo que confesar que, cuando comencé a guardar este maravilloso día Shabat, me resultaba difícil, pues no estaba acostumbrado. Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo en Su Palabra y obedeciendo sus instrucciones, empecé cada semana a anhelar la llegada del Shabat. Ahora, tanto yo como mi familia, esperamos con ansias la llegada de ese hermoso día; esto es verdaderamente una delicia.
“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.”
(Isaías 56:2)
Una vez más, vemos en este verso (y el resto del capítulo 56, el cual habla también sobre los extranjeros) que el Creador promete bendición para aquellos que guardan el Shabat, no importando su procedencia. Podemos ver claramente aquí que ésto no es sólo para los “judíos”, sino para todo aquel ser humano de las naciones, que acepte su pacto, obedeciendo así su Palabra.
“El pueblo israelita guardará el Shabat, observando el Shabat a través de los siglos como una alianza perpetua: será una señal perpetua entre el pueblo de Yisrael y yo. Porque en seis días hizo YHVH el cielo y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó.” 
(Éxodo 31:16-17)
En estos versos encontramos dos datos muy importantes:
  • El primero, es que el Shabat es un día
    festivo que debe celebrarse de generación en generación, por pacto perpetuo. Entendemos que algo perpetuo es algo perdurable, que se mantiene a través del tiempo, no importando lo que suceda, lo cual confirma que esta ordenanza aún está vigente en nuestros días, y continuará así por el resto de las generaciones (Isaías 66:23).
  • El segundo dato importante es que el Shabat es una señal que distingue al Pueblo del Eterno Dios, de todos los demás. En otras palabras, aquellos que son pueblo de Yahvéh deben guardar el Shabat como señal al mundo de que, efectivamente, son Su Pueblo.
Ahora bien, después de considerar estos lineamientos bíblicos acerca del sábado, lo invito a ir a las pautas escriturales que nos hablan del domingo… Bueno,… me temo que el viaje escritural durará poco, …mejor dicho nada, pues en ninguna porción de la Escritura nos encontramos con la idea de que el domingo haya pasado, por orden divina, a sustituir al sábado (Shabat) como día del Señor.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo es que este día está hoy considerado por la masa de la cristiandad como el día de adoración que los apóstoles y las primeras comunidades guardaban?¿Será que la fundamentación de esto que no encontramos en la Escritura pueda esconderse en algún hecho histórico? ¿Cómo se llevó a cabo el cambio, sustituyendo el domingo por el sábado como el día de culto? Considerando que el Shabat es un estatuto perpetuo, ¿por qué muchos no lo guardan hoy día? Todo esto es, posiblemente, una de las más inquietantes preguntas religiosas entre la forma de pensar cristiana de hoy. Multitudes incontables, conformadas por hombres pensantes, se han preguntado cuándo, cómo y por qué el cambio se produjo.
He escuchado varias razones por las cuales algunos sectores han escogido no guardar el Shabat, de las cuales la más común es que “Jesús (como erróneamente le llaman) abolió el Shabat y estableció el domingo como el nuevo día para congregarse. Sin embargo, esto es totalmente incorrecto, como veremos a continuación.
Muchos insisten en asegurar que el Shabat fue abolido por Yeshúa ya que él dijo que era “señor del sábado” (Marcos 2:28) y que, al resucitar domingo, él estableció ese día para recordarlo y celebrarlo. Sin embargo, ésto está muy lejos de la Verdad.
En primer lugar, Yeshúa NO resucitó domingo, sino durante la tarde del Shabat, antes de ponerse el sol. Por otro lado, cuando Yeshúa dijo que era dueño o “señor” del sábado, bajo ningún motivo estaba aboliendo el Shabat como día de reposo. Si leemos el contexto de este pasaje, esta frase fue una respuesta a los fariseos que criticaron a los discípulos por recoger espigas durante el Shabat, pues tenían hambre. Yeshúa se oponía a la manera estricta e inhumana que tenían los fariseos y otros líderes religiosos de interpretar y aplicar la Torah referente al sábado, y éste es un vivo ejemplo de ello. En otras palabras, Yeshúa recriminó a los fariseos por poner sus dogmas de hombres por encima de la necesidad humana, y demostró la forma correcta de seguir las instrucciones dadas por Yahvéh. De hecho, ¡que mejor día para atender la necesidad humana y traer reposo a los oprimidos que el mismo día de reposo! En adición a ésto, más que abolir la observancia del Shabat con esta frase, Yeshúa estaba anunciando al mundo que ni aun la muerte lo iba a retener durante el Shabat. Por otro lado, si Yeshúa hubiese tenido en mente abolir el Shabat, ¿por qué él mismo lo observó?
Claramente lo dice la Escritura:
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.»
 (Lucas 4:16)
Era costumbre de Yeshúa, desde su niñez, y como todo judío practicante de Israel, reposar el séptimo día y acudir a la sinagoga, ya sea para escuchar la exposición de las Escrituras, o para él mismo enseñar.
Luego de la muerte de Yeshúa, sus discípulos siguieron observando el Shabat:
“Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.”  (Hechos 13:14)
“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les
rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas.” 
(Hechos 13:42)
“Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo
predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” 
(Hechos 15:22)
Incluso, el mismo Pablo guardó el Shabat durante toda su vida y ministerio:
“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.” 
(Hechos 16:13)
“Y de acuerdo con su costumbre, Pablo entró a reunirse con ellos, y por tres Shabatot (sábados) discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicando y demostrando que era necesario
que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos. Él decía: ‘Este Yeshúa, a quien yo les anuncio, es el Mesías’.”
(Hechos 17:2-3)
Entonces, y regresando a la cuestiones del domingo, si los discípulos y Pablo aun guardaban el Shabat durante el primer siglo, luego de la muerte de Yeshúa, ¿en qué momento se dejó de observar?
Un estudio cuidadoso de las fuentes históricas existentes en los siglos primero al quinto revela el hecho sorprendente de que la transferencia de la santidad del verdadero sábado bíblico al domingo fue un proceso largo y gradual.
 
El Dr. Kenneth Strand, profesor de Historia de la Iglesia, en la Universidad de Andrews, en Berrien Springs, Míchigan, categóricamente afirma, “Hasta el segundo siglo no hay evidencia concreta de una celebración cristiana semanal del domingo, en ninguna parte. Las Primeras referencias específicas durante ese siglo, vienen de zonas de Alejandría y Roma que ya habían rechazado la observancia del séptimo día sábado desde muy temprano.” (The Sabbat in Scriptures and History, pág. 330, Review and Herald Publishing Association, 1982).
La contestación la encontramos en las reformas de Constantino I. Aunque una discusión acerca de quién fue Constantino I y su influencia sobre la iglesia moderna está fuera del alcance de este escrito, sí les puedo asegurar que fue uno de los más grandes antisemitas de todos los tiempos, y sus imposiciones y reformas han afectado negativamente la realidad de las Escrituras hasta hoy.
 A continuación citaré un artículo de Wikipedia en español sobre el emperador Constantino I:
«Las leyes de Constantino mejoraron en muchas facetas las de sus predecesores, aunque también son un reflejo de una época más violenta. Algunos ejemplos de estas leyes son… el domingo fue declarado día de descanso [énfasis añadido], en el cual los mercados permanecerían cerrados, así como las oficinas públicas (excepto para el propósito de la liberación de esclavos). No había restricciones para el trabajo en las granjas».
De modo que no fue Yeshúa, ni los discípulos, ni Pablo, quienes abolieron la observancia del Shabat, sino Constantino I, quien fundó las bases de la religión llamada cristianismo.
Sin embargo, como ya hemos visto a través de las Escrituras, este diseño de celebración no fue lo que Yahvéh estableció en su Palabra. La observancia del domingo como “día del señor” está fundamentada en la adoración al sol, en especial el mitraísmo (adoración a la deidad Mitra) romano, lo cual nuestro Creador condena. Ni siquiera me atrevería a llamar al domingo “día de reposo”, pues la verdad es que nadie reposa como tal ese día; la mayoría de la gente asiste a la iglesia y luego siguen su día de trabajo realizando diligencias como cualquier otro día.
Para concluir, cabe mencionar que el Shabat será celebrado en el reino venidero:
“Porque como el cielo nuevo y la tierra nueva que voy a hacer perdurarán por mi voluntad –declara YHVH– así perdurará la simiente y el nombre de ustedes. Y novilunio tras novilunio, y Shabat tras Shabat, vendrá toda carne a adorarme –dijo YHVH.”
Isaías 66:22-23 (VIN)
Si finalmente el Shabat será observado en el reino venidero, ¿qué sentido lógico hace que Yahvéh haya establecido el Shabat como estatuto perpetuo en la antigüedad, para luego abolirlo a través de Yeshúa, para finalmente volverlo a restaurar? No hace sentido; más bien da una imagen errónea de un ser Supremo que no tiene firmeza en su propia palabra, o está indeciso, o no planifica su obra. ¡No, de ninguna manera! ¡Ése no es Yahvéh, el Poderoso y Fiel! Su Palabra permanece para siempre, y nunca cambia. Lo que Él dijo ayer, sigue estando
vigente hoy, y permanecerá así por siempre.
“Él no es un hombre para ser caprichoso, ni un mortal para cambiar de opinión. ¿Hablará él para no actuar, prometerá para no cumplir?” 
(Números 23:19)
De modo que, si somos Su Pueblo, debemos guardar sus mandamientos procurando ser fieles a todo lo que originalmente Él ha revelado. Ellos son una delicia para nuestra vida, y nos traen bendición y vida eterna.
“…si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”  
(Mateo 19:17)

Las falacias de la Tradición contra la Verdad de la Instrucción Divina

«Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas».
(Juan 3:19)

 

Debo comenzar esta bitácora, confesando delante de Uds. que los lineamientos divinos expresados en este versículo no han cesado de vibrar, en mi mente y corazón, desde hace ya tres días.

Sucede que he discernido en mis razonamientos la triste realidad que las congregaciones evangélicas viven hoy. Una realidad muy acorde al siglo XXI: mucha información pero cada día mayor necedad voluntaria.Los medios, globalizados en redes, y especialmente expandidos por medio de la Internet, ofrecen a cada momento un torrente de información de diversos niveles y tintes, que permiten conocer los fundamentos y las dinámicas de las distintas y variadas áreas humanas. Gracias a Internet, los seres humanos, ahora, tenemos acceso ilimitado a la información, y con ello, a millones de fuentes.

Aprovechando esta avanzada frenética de la ciencia y la tecnología, la gracia de de nuestro Dios Eterno ha permitido a todos aquellos que se dicen creyentes en Su Palabra, acceder sin límites a toda información que quieran y necesiten recibir en temas cruciales de sus prácticas de fe.Entiendo que en medio de la aventura del alma buscando el saber siempre está el riesgo de encontrarse perdido en los caminos del error que fundamenta una mentira y que, en el caso de un creyente en el Eterno, puede conducirlo a la herejía que hace caer en apostasía. Muchos de los llamados por el Padre Celestial, a veces en sus búsquedas sinceras olvidan algo: no todas las fuentes son veraces. Ante esto he sido testigos de cómo muchísimos redimidos han caído rápidamente en los lazos del engañador (diablo) y se han apartado de la fe, uniéndose al listado interminable de los condenados al juicio divino que los espera después de la segunda resurrección.

 

Sin embargo, en otras oportunidades, la comezón de oír, puede conducir a los escogidos a páginas con contenidos fundamentados en al correcta información, pero que, lamentablemente, son inspiradas por el mismo espíritu que susurró a los oídos de Hava (Eva) falacias que conducen a la rebelión que obliga al Eterno a aplicar, primeramente maldición, y luego condenación. Para que se entienda bien lo que quiero expresar, primeramente definiré lo que significa la expresión falacia. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE) una falacia es una mentira o engaño con el que se pretende dañar a una persona sin que ésta se dé cuenta. En la lógica, el concepto se utiliza para referirse a un argumento que intenta defender algo que es falso, desde la utilización de conceptos verdaderos.

 

Encabecé esta bitácora con las palabras mesiánicas que han estado invadiendo constantemente mi mente y corazón estos tres últimos días, porque he notado que la gran mayoría de los escogidos que aún habitan en medio de la Gran Ramera, lo hacen no por estar hipnotizados por los encantamientos de este sistema, sino porque voluntariamente gozan de los placeres que sus dogmas y costumbres promueven.
Si han discernido bien la enseñanza dada en este video, lo que «Voz de la Luz» (nombre del ministerio de esta mujer) expresa claramente es que existen fiestas paganas heredadas a través de tradiciones humanas. Es decir, que esta mujer reconoce que la navidad, así como otras costumbres, procede de una herencia totalmente ajena a la que el Eterno ha entregado a Su Iglesia, a través de la redención hecha en Su Hijo, nuestro Mesías. Desde esta posición de su ponencia, la «profeta» (no entiendo por qué usa título viril) da la sensación de estar de acuerdo con lo que nuestro amado Señor enseñó con respecto a la tradición de los hombres y sus efectos contrarios a la Palabra de Dios (ver S. Mateo 15:2-9), sin embargo al terminar su exposición descubrimos que esto no es así, sino que, por el contrario, para ella esta tradición debe ser simplemente «redimida» para Dios, osea robada a Satanás (según su óptica) y traída como obsequio al Eterno, nuestro Abba.

Para que esta conclusión sea aceptada y creída por sus oyentes, es interesante observar que la asumida sierva al servicio de los santos utiliza una excelente exposición de conocimientos certeros, sujetos todos a los datos históricos correctos.

De ese modo, la enseñanza transcurre primeramente por el calendario hebreo (al que ella llama judío), señalando magistralmente la fecha de concepción y nacimiento aproximadamente correcta del Mesías. Recurriendo a la explicación de los 24 turnos sacerdotales y su aplicación a Zacarías, sacerdote del turno de Abías, padre del profeta Juan, el bautista, ella deja bien en claro que la clase sacerdotal de Abías ministraba en el 4º mes (llamado por la casa de Judá, Tamuz). Zacarías, que pertenecía a este linaje sacerdotal, estaba justamente ministrando en este mes cuando recibió la noticia de que su mujer concebiría de él un hijo a partir de este tiempo (junio-julio). La misma Ana Méndez lee el evangelio de Lucas (cap.1: vs.5-13; 36) y hace asumir que, siendo este el tiempo de concepción de Juan, su nacimiento ocurriría en el mes de adar, demostrando así, por lógico conteo de meses, que el Mesías debe haber nacido en las segunda quincena del 7º mes (tishrei) aproximadamente.

Luego, y del mismo modo magistral, esta mujer aporta a sus oyentes la información, también certera del mitraísmo, religión esotérica que influenció al Imperio Romano durante los siglos II al IV, y que los mismos emperadores practicaban y promocionaban. En esta sección de su enseñanza, ella dejará constancia de que las anécdotas referentes al nacimiento del Mesías y asumidas por la cristiandad como ciertas (pesebre en una cueva, animales que rodean a un «niño dios», etc.) pertenecen en realidad al mito del nacimiento de Mitra, un falso cristo invocado en aquel entonces y que está relacionado con Tamuz, el hijo de Nimrod y Semirámis, posteriormente divinizado por distintas culturas y civilizaciones. Ella demuestra en esta marcha pedagógica cómo esta religión cristalizó la fecha del 25 de diciembre como el festival del Natalis Solis Invictus (Nacimiento del Sol Invisible o Navidad). Queda claro como, a través de Constantino, esta fiesta será una sincretización aceptada por los obispos de occidente ante las ofertas políticas que ese emperador les ofreció para dejarlos funcionar como religión oficial del Imperio.

 

También, aprovecha esta sección, para explicar las costumbres asumidas por las tradiciones navideñas provenientes de las saturnales. Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran unas importantes festividades romanas. Esta fiesta se celebraba con un sacrificio en el Templo de Saturno, en el Foro Romano, y un banquete público, seguido por el intercambio de regalos, continuo festejo, y un ambiente de carnaval que desplomaba las normas sociales. Todo esta información la profundiza esta mujer mientras enseña.Luego, la enseñanza «mendeziana» discurre por la correcta información que conecta a a esta fiesta con las tradiciones nórdicas de Europa. Es perfecta la síntesis que esta mujer realiza demostrando que el espíritu de la navidad está conectado a la actividad diabólica de la adoración falsa de las naciones bárbaras que la  practicaron. Terminará mostrando como el dios Odín, montado en la cabra (símbolo de la rebelión), cabalgaba en los cielos de esas regiones trayendo un mensaje de paz, junto con regalos a sus adoradores. Es aquí dónde esta mujer pone su punto de denuncia al consumismo, explicando claramente que esta camino reptiliano es el producto propio de esta celebración luciferina.

Por último, y como si tanta información acertada no alcanzara, Ana Mendez recurrirá al relato de sus experiencias viajeras. Entonces conduce la atención de todos a una experiencia que tuvo con otros supuestos «profetas», en una misión (dada según ella por Dios) al polo norte. Habla allí de correos navideños enviados al «palacio de Santa». Se remonta a visiones en el que aparecen troll y otras especies del inframundo. Y terminará infundiendo miedo a sus espectadores aduciendo que esos demonios visitan cada 25 de diciembre sus casas y familias trayendo maldiciones y plagas de todo clase.

Por todo esto, y ante tanta y correcta información, la conclusión de esta enseñanza se desprende libremente en el corazón de los que escuchan esto. Se denota y discierne como el espíritu pedagógico de la Verdad, está listo para manifestar su producto: hombres libres de cautividad. Sin embargo, y lamentablemente, el resultado de esta exposición, de repente se frena, y luego desviándose, termina diferente. La «profeta», con total falta de compromiso ante el llamado del Eterno, y como pretendiendo ganar más «admiradores», dirá adulando a sus oyentes que es necesario celebrar esta fiesta pero limpia de toda contaminación pagana. Para ello, justificará que estas fechas forman un buen tiempo para proclamar el evangelio de Jesús, procurando que Él nazca en los corazones de los hombres, que en esta temporada se inclinan a buscar de las cosas del Dios vivo.  Pues bien, ante este resultado, y entendiendo el significado de las palabras, debo decir que una veza más estamos ante una falacia.

Pero de repente la Escritura comienza nuevamente a vibrar en mi mente y corazón. Tengo claro en mí que cuando hay Instrucción (Torah), no es necesaria tanta visión. Entonces, me hago consciente que no hay nada nuevo bajo el sol. Entiendo que siempre el alma del hombre busca rebeldemente aquello que el Eterno le ha señalado que no es conveniente para su vida. Los hombrees tienden a elegir el camino de la muerte. Israel siempre nos es ejemplo en esto. Su historia escrita lo demuestra. Fue por esta constante actitud negativa de buscar falacias para interpretar la Torah que el Reino del Norte fue dispersado y nunca más volvió a su heredad:

«Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Yahvéh su Dios.
 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Yahvéh les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.
Dejaron todos los mandamientos de Yahvéh su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal;  e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agoreros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Yahvéh, provocándolo a ira. 

 

Yahvéh, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá».
(2Reyes 17:14-18)

No obedecer la Torah (Instrucción) produce juicios divinos, y todo juicio termina en condenación, palabra que el «mundillo evangelicoide», desde sus líderes mismos, dicen que no corresponde usar. Seguir las costumbres de pueblos ajenos a Israel es propio de la vanidad que el Santo denuncia. ¡Navidad es Vanidad!La señora Méndez, al igual que una inmensa mayoría de líderes religiosos, no quieren someterse al llamado que el corazón pastoral del Eterno tiene para aquellos que se dicen siervos de Su propósito:

 

«Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio».
(Ezequiel 44:23)

Cuando la misión pastoral se lleva en el carril correcto de su diseño no se teme la pérdida de discípulos. Al contrario, el Espíritu Santo del Eterno se está moviendo en Su Gracia sobre las aguas (naciones, muchedumbres, pueblos, etc.) permitiendo que toda esta información histórica esté saliendo a la luz de las conciencias con el fin de que el Pueblo de Yahvéh salga de las zonas de cautividad babilónica.

No estamos llamados a robar nada. No somos ladrones. Ladrón es HaSatán desde el principio. Él viene para robar, matar y destruir (Juan 10:10) y de acuerdo al contexto de esta denuncia mesiánica, esto él lo hace por medio de las estructuras religiosas que opresionan a los hombres con tradiciones y dogmas provenientes de las fauces del adversario mismo.

Los invito a escuchar esta pequeña reflexión que grabé al inicio de este mes ante esa falacia de que hemos robado la navidad, y otras costumbres al diablo, para dedicárselas al Eterno Dios:
(Nota:Aunque el video aduce que no se puede reproducir, los invito a hacer click sobre la imagen del mismo en el cartel ACEPTAR y serán redireccionados al link original. Tengan paciencia el material tarda en comenzar debido a la publicidad)

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El Origen del Árbol de Navidad

El moderno árbol de Navidad se originó en Alemania. Pero, en verdad, los pueblos nórdicos y germanos obtuvieron este elemento de los romanos, los que a su vez lo obtuvieron de los egipcios, y estos, de los babilonios, pueblo fundado por Nimrod, mentor primigenio del sistema astrológico que ha obligado a las masas a ser el sostén de la élite reptilian.

Primero dejen que les comparta una cita que demuestra lo que creían los babilonios acerca del origen del árbol de Navidad: “Una antigua fábula babilónica habla de un árbol de hoja perenne, el cual brotó de un tronco muerto. El viejo tronco simbolizaba a Nimrod muerto y resucitado. ¡El nuevo árbol de hoja perenne simbolizaba que Nimrod había vuelto a la vida en Tamuz, su supuesto hijo mesías! Entre los druidas, el roble era sagrado, entre los egipcios era la palma, y en Roma era el abeto, ¡el cual era decorado con cerezas rojas durante las Saturnalias!” (Walsh, «Curiosidades de costumbres populares», p. 242).

A través de investigar profundamente la historia, muchos de ustedes se asombrarán al descubrir que la oposición al árbol de Navidad fue intensa en los siglos pasados. La primeras comunidades de la Iglesia en el siglo III estrictamente prohibió la decoración de sus casas con ramas de hojas perennes. El decorado del árbol de Navidad sólo puso de moda a mediados del siglo XIX.

La obra «Respuestas a Preguntas«, de Frederick J. Haskin, afirma: “El árbol de Navidad es de Egipto, y su origen data de un período muy anterior a la Era Cristiana”. ¿Sabía usted esto: que el árbol de Navidad precedió por mucho tiempo al cristianismo?

Se sabe del uso del árbol, adornado y venerado por los druidas de Europa central, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de todos los elementos de la naturaleza. Estos pueblos celebraban el cumpleaños de uno de sus dioses adornando un árbol perenne, coincidiendo en cercanía con la fecha de la Navidad cristiana.

El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo), en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard y el Valhalla; mientras que en las raíces profundas se encontraba el infierno. Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado. A continuación te comparto una imagen que rescate en la web que sintetiza en su explicación el origen nórdico-germano de este elemento tan simbólico del espíritu que esta festividad pagana tiene.

Se dice que fue san Bonifacio (680-754), el evangelizador de Alemania, quien tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, quiso que simbolizara el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos.

Cabe agregar que la costumbre cristiana de colocar regalos a los pies del árbol y abrirlos en Navidad, también proviene de los celtas, quienes una vez producido el solsticio (21 de diciembre) se repartían entre las antorchas como augurio de un pronto verano.
Fue así como el catolicismo le dio al árbol pagano el siguiente simbolismo: las esferas representan los rezos que se hacen durante el período de Adviento y sus colores responden, si son rojas, a peticiones; si plateadas, a agradecimiento; las doradas son de alabanza y las azules de arrepentimiento.

Además, la estrella que se acostumbra poner en la punta del árbol representa la fe que debe guiar la vida del cristiano.
El Árbol de Navidad debe poseer entre 24 a 28 esferas, dependiendo de los días que tenga el Adviento, que se van colgando desde el 8 de diciembre hasta Nochebuena, y cada una se acompaña de una oración o un propósito.

Es interesante admitir que todos los aspectos de la Navidad no son descritos en la Biblia. Por supuesto, la razón es porque no son de Dios. No forman parte de la forma en que Él quiere que la gente lo adore.
El árbol de Navidad, sin embargo, ¡es mencionado en la Biblia de manera directa! Por favor, vaya al texto de Jeremías en el capítulo 10 (versos 2-5) y lea lo siguiente:

“Así dijo el Eterno: No aprendáis el camino de las naciones… Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder”.

Esta descripción del árbol moderno de Navidad es clara. El Eterno Dios se refiere a éste de manera directa como “el camino de los paganos”, es el nombre con el que lo clasifica y llama. De una manera igualmente directa, le ordena a Su pueblo que “no aprenda del camino de las naciones”, llamando “vanas” estas costumbres. El versículo 23 añade una declaración sobresaliente y poderosa: “Conozco, oh Eterno, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus [propios] pasos”. Es el Eterno Dios debe enseñarles a las personas cómo vivir. El hombre simplemente no puede entender los caminos de Dios por sí mismo.

No hay lugar en Jeremías 10 para creer, como algunos han tratado de sugerir, que como estos árboles no tienen poder en sí mismos, en realidad no está prohibido tener un árbol de Navidad.

¡Dios condena el colocar árboles paganos (de Navidad) con este claro mandato bíblico!

Brasil va por la legalización de la poligamia

Resulta que en Brasil, ya se está tramitando un proyecto de ley, a través del Senado, que pretende extender los mismos derechos de las esposas a aquellas amantes que han mantenido una relación extramarital con los años.
La autora de esta nueva aberración anti-Dios, es la senadora Lídice da Mata (PSB-BA), quien cree que la propuesta es para prevenir daños a las mujeres que aceptan vivir en una relación informal con un hombre casado.
“Nuestra propuesta está diseñada principalmente para cumplir con un único instrumento jurídico con toda la legislación y la jurisprudencia vigente en materia de Derecho de Familia”, argumenta Lídice.
El PL 470/2013, conocido como Estatuto de Familias, está lleno de controversia. La extensión de los derechos a los amantes también da sugerencias en los casos de unión estable, cuando no hay una formalización de casamiento.
El proyecto parece que fue bien recibido por la Comisión de Derechos Humanos. El mismo será evaluado sólo en la próxima legislatura, tras la celebración de audiencias públicas sobre el tema.
Este no es el primer tipo de proyecto que el Congreso Nacional evalúa. En 2011, una propuesta similar, fue escrita por el congresista Cândido Vacarezza (PT-SP), fue presentada.
Para muchos, sin embargo, la propuesta de la senadora es querer legalizar la poligamia. El reconocido jurista Ives Gandra, presidente de la Unión de Juristas Católicos de Sao Paulo (UJUSCASP), envió al Senado un rechazo y clasificó la propuesta como “desastrosa”, y señaló que el texto es “incorregible” e “inconstitucional” debido a que el último artículo del proyecto derogaría todo el Libro IV de la Ley de la Familia y el Código Civil Brasileño.
Con esta declaración, el UJUCASP consiguió retrasar la votación sobre el proyecto y que se realizaran más discusiones al respecto. 

Ante este tipo de sugerencias humanas, la pregunta es:
¿Aprueba Dios la poligamia?
La respuesta es no. Al instituir el matrimonio en el jardín de Edén, Dios dispuso como norma la monogamia. 
El Eterno Dios había establecido desde el principio que cada hombre tuviera una única esposa y, con el tiempo, autorizó a Jesucristo a restaurar su norma original (Juan 8:28). Respondiendo a una pregunta acerca del matrimonio, Jesús declaró:
» ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?»
 (Mateo 19:4, 5)
Más tarde, Yahvéh inspiró a uno de los discípulos de Jesús, el apóstol Pablo, para que escribiera:
«Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo».
(1 Corintios 7:2)
En Efesios 5:22-33 dice:
  •     “Porque el esposo es cabeza de su esposa…
  •     “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.”
  •     “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”
  •     “[…]cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.”

Todo en singular. Cuando habla en plural, le habla a TODOS los esposos y todas las esposas, no a los hombres con múltiples esposas.

La Biblia también indica que, para recibir responsabilidades en la congregación mesiánica, el hombre casado debe ser «esposo de una sola mujer» (1 Timoteo 3:2, 12).

La verdadera María una sencilla mujer judía que anhelaba la Redención de Yahvéh

Mientras conducía mi automóvil, escuchaba una conocida radio local (en frecuencia FM). En medio de una charla amena y variada, un grupo de comunicadores se propuso contribuir al consciente
colectivo aportando un dato erróneo que la gran mayoría de los católicos romanos lo portan en sus almas. El diálogo se centró en el axioma de que el árbol de navidad se arma por costumbre el 8 de diciembre por ser la fecha en la que Jesús fue concebido en el seno de María.  Esa sería la causal de que en dicha fecha se celebra el dogma de la inmaculada concepción. Así, y tal cual, lo dijeron y aportaron. Así, y tal cual la gran masa católica cree que el dato encaja con el día.
En verdad, me asombra como la masa de gente perece por falta de conocimiento (Os.4:6). Ignorancia que abarca aún a sus errores y herejías. Digo esto por que el día 8 de diciembre no se celebra la concepción de Jesús, sino más bien, el momento en que fue concebida María (madre de Jesús) en el vientre de su madre.

Un 8 de Diciembre de 1854 se decretó desde el Vaticano el Día de la Inmaculada Concepción de María, y fue el Papa Pío IX, el que proclamó el dogma denominado «Inmaculada Concepción» que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción. Para que se entienda bien esta aberración doctrinal, totalmente anti-bíblica y por ende anti-Dios, leeremos con atención lo que en su bula «Ineffabilis Deus«, el papa Pío IX  dijo: «…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…»

Ante todo este manto de error que hoy cubre las naciones de tinte romano diremos que si bien nuestra fe reconoce que María fue la más extraordinaria de las mujeres que en las Escrituras se menciona, es apropiado inyectar, especialmente hoy, una palabra de precaución contra la tendencia común de enaltecerla demasiado. Ella era, después de todo, una mujer, no una semidiosa o una criatura de forma cuasi-deidad que de alguna manera trasciende al resto de su raza.
El punto de su «bendición» no es ciertamente que debemos pensar en ella como alguien a quien podemos apelar para bendición; sino que ella misma fue supremamente bendecida por el Eterno Dios. Ella nunca es retratada en las Escrituras como fuente o dispensadora de la gracia. Sino que es ella misma es destinataria de la bendición de Yahvéh, nuestro Dios. Es su Hijo, no María, la fuente de la gracia (Salmo 72:17). Él es la tan esperada simiente de Abraham de los cuales habló la promesa del pacto: “En tu simiente todas las naciones de la tierra serán bendecidas” (Génesis 22:18).
Las tradiciones religiosas extrabíblicas y muchas mentes supersticiosas han beatificado a María haciéndola un objeto de veneración religiosa, imputándole diversos títulos y atributos que pertenecen sólo al Eterno Dios. Una larga tradición de almas demasiado entusiastas a lo largo de la historia erróneamente la han exaltado al estatus divino. Por desgracia, incluso en nuestra era, María, no Cristo, es el punto central de la adoración y afecto religioso para millones. Ellos piensan en ella como más accesible y más simpática que Cristo. Se le venera como la Virgen perfecta, supuestamente sin ser tocada por el pecado original, una virgen perpetua, e incluso corredentora con Cristo mismo.
Toda esa veneración de María es totalmente sin justificación bíblica. De hecho, es completamente contrario a lo que la Escritura enseña expresamente (Apocalipsis 19:10). Pero la tendencia a hacer a María un objeto de culto no es nada nuevo. Incluso durante el ministerio terrenal de Jesús, por ejemplo, hubo quienes mostraron reverencia indebida a María por su papel como Su madre. En
una ocasión, la Escritura dice, una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo a Jesús:
«Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que te
criaron». Su respuesta fue una reprensión: «Por el contrario,
bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la guardan
«.
(Lucas 11: 27-28)
Con esta exhortación, el Mesías dejó bien establecido que aún su madre estaba obligada a escuchar la Torah (Instrucción) del Eterno y obedecerla. Es que no hay humano que escape a la herencia del pecado (Romanos 3:23), salvo nuestro amado Mesías (Hebreos 4:15).
María misma era un alma humilde que mantiene un perfil bajo consistentemente
en los relatos evangélicos de la vida de Jesús. Toda la Escritura neotestamentaria desmiente
expresamente algunas de las principales leyendas sobre ella.
La idea de que ella permaneció virgen perpetua, por ejemplo, es imposible de
conciliar con el hecho de que Jesús tuvo medios hermanos que se nombran en las
Escrituras junto a José y María con sus padres: «¿No es éste el hijo del
carpintero? No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y
Judas?
«(Mateo 13:55). También leemos que José se abstuvo de
relaciones sexuales con María sólo «hasta que dio a luz a un hijo primogénito» (Mateo 1:25). En cualquier lectura natural del sentido normal de las Escrituras, es imposible
apoyar la idea de la virginidad perpetua de María.
La inmaculada concepción de María y de su supuesta falta de pecado son
igualmente sin ningún fundamento bíblico alguno.. La primera estrofa del
Magníficat de María habla de Dios como su «Salvador«, dando así
testimonio implícito, de los propios labios de María, que ella necesitaba redención.
En tal contexto bíblico, podría referirse sólo a la salvación del pecado. María
estaba en efecto confesando su propia maldad.
Si María estaba libre de todo pecado y culpa, como ese dogma romano lo afirma, entonces no tenía inmundicia; y por lo tanto, no tenía porque purificarse. Sin
embargo, y le pese a Roma y sus secuaces, María al dar a luz quedó inmunda según la Ley (Torah) y tuvo que cumplir con
el rito de purificación como cualquier mujer de su tiempo. La Biblia dice lo
siguiente cuando José y María presentaron a Jesús: “Y cuando se cumplieron los
días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a
Jerusalén para presentarle al Señor
” (Lucas 2:22)Fueron a presentar a Jesús, de acuerdo a la Ley (Torah) que se describe aquí:

 “Habla a
los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será
inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. Y al
octavo día se circuncidará al niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días
purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario,
hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación
.”
(Levítico 12:2 al 4)

Es palabra de Dios, nada que hacer. Como discípulos de Cristo que ama a Dios no puedo
creer en una doctrina que no se sustenta en Su perfecta Palabra, y que incluso,
al contrario, la rechaza.

Ana, supuesta madre de María, embarazada.
La Biblia no menciona nada de este supuesto hecho que, según el catolicismo, es importantísimo para todo cristiano. Resulta que no existe en toda la Biblia un solo pasaje que haga referencia a la Inmaculada Concepción de María. En ninguna parte se menciona que María fue una persona distinta a todo el resto de la humanidad, en el sentido de haber sido una persona que nunca pecó en toda su vida.  ¿Se equivocó el Eterno Dios? ¿Si la inmaculada concepción es verdad, porque Dios no lo describió por inspiración en las Sagradas Escrituras (Biblia)?
La Biblia es la suprema, perfecta y completa Palabra de Dios. En las Escrituras, el Eterno Dios no dejó absolutamente nada al azar. En la Biblia Dios nos habla todo lo que necesitamos saber acerca de la salvación y la vida eterna.
Cuando tenemos que buscar información externa a la Biblia, estamos diciendo que la Biblia no es perfecta; que está incompleta. Sin embargo, sabemos que el Eterno Dios es perfecto y que por lo tanto Su Palabra también lo es.
Me parece muy interesante aportar el dato de que uno de los inspiradores de los fundamentos católicos romanos. el famoso San Agustín (354-430),obispo de Hipona y doctor de la iglesia combatió la idea de que María hubiera nacido sin mancha del pecado original (en Psalm 34,sermón3) dice:»María murió por causa del pecado original transmitido desde Adán a todos sus descendientes«. Y en su escrito De Peccatorum Meritis, declara que la carne de María era «carne de pecado» y que María que descendía de Adán, murió a consecuencia del pecado.
Desde el punto de vista bíblico y objetivo, podemos
decir que el dogma de la Inmaculada Concepción de María no es de Dios.
Surgen interrogantes como: ¿Por qué el catolicismo romano se empeña en que sus
fieles se acerquen a María en vez de a Jesús directamente?
Detrás de todo esto podemos ver
una maquinación para que se pierda el horizonte y la meta a la cual pretendemos
llegar. Nuestra mirada no tiene que estar en un hombre o una mujer, nuestros
ojos tienen que estar en Jesús:
 “Puestos los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios
”
(Hebreos
12:2)
De hecho, lejos de representar a María con un halo y una mirada seráfico en
su cara, su Escritura la revela como una chica promedio joven de medios comunes
de la ciudad de campesinos en una región pobre de Israel, desposada con un
novio de la clase obrera que se ganó su vida como carpintero. Si usted hubiera
conocido a María antes de que su Hijo primogénito fuera concebido
milagrosamente, no podía haberla notado en absoluto. Ella difícilmente podría
haber sido más sencilla y sin pretensiones.
María nació con una naturaleza pecaminosa como cualquier otro ser humano caído. Ella era una pecadora al igual que cualquier persona humana que desde Adán ha habitado este planeta. Según la Biblia, todos somos pecadores terribles. Lo que sucede es que, adormecidos por el mismo pecado, tendemos a pensar que no estamos tan mal, porque nos comparamos con otros hombres que consideramos más pecadores. Sin embargo, la vara de medir  precisa y verazmente es la Palabra de Dios. Si nos comparamos con la revelación de la Escritura, entonces vamos a ver lo sucio y perverso que en realidad somos los ojos de Dios:
“Pero todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades, como el viento, nos han quitado.” 
(Isaías 64:6)

Sin embargo, y a pesar de todo, María, un día, se encontró inesperadamente en un papel decisivo en el plan redentor del Eterno Dios. Un día oportuno del propósito eterno de Dios en el que un anuncio angelical cambió la vida de María para siempre.

 

Entendámoslo bien, y proclamémoslo, sólo el Señor Jesús, el Cristo divino, nació sin una naturaleza pecaminosa. Esto se debe a que Jesús no tuvo un padre terrenal, sino que el Eteno Dios  era su propio Padre. El Mesías tenía la vida de Dios fluyendo por su sangre, no el pecado del hombre. Es decir que Jesús tenía la carne de Adán, aportada por la genética de María, pero no tenía sangre contaminada con el pecado, proveniente de Adán. Recordemos que, según la Torah, la vida está en la sangre (Levítico 17:11). Es el tipo de sangre del padre el que se lleva al niño por herencia, no el de la madre. María era simplemente un instrumento que se utiliza para la gloria de Dios y su propósito.
Por último, haz click sobre la imagen e interpreta con tu corazón el mensaje que el Eterno necesita que entiendas para tu salvación:

 

A continuación algunos textos para estudiar y reflexionar:
«Porque él, le ha hecho pecado por nosotros, que no conoció pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 
(2 ª Corintios 5:21)
 
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede ser tocado con el sentimiento de nuestras debilidades, pero fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”
(Hebreos 4:15)
 

 

La Tentación: Decir NO, es difícil, pero que bien se siente cuando lo logras.

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: más fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar…»»
(1 Corintios 10:13)
Claramente las Escrituras nos dicen que todos los hombres, especialmente los santos escogidos, afrontamos diariamente las tentaciones.  Seguramente esto proporciona un poco de aliento cuando a menudo sentimos que el mundo está imponiéndose sobre nosotros solos.
Desde las sagradas líneas se nos alienta con el hecho de que Yeshúa, nuestro Mesías, también fue tentado: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15).
Tú, seguramente puedes sentir que una tentación es demasiado insoportable, pero déjame decirte que eso es una mentira de Satanás.
El Eterno Dios ha prometido que nunca permitirá que haya más sobre ti que lo que te pone dentro para vencerla. Él no permitirá ninguna tentación que no puedas superar.
Te sorprenderá saber que en ninguna parte de las Santas Escrituras de se nos dice que debemos “resistir la tentación”. Se nos dice que “resistamos al diablo (Santiago 4:7), pero eso es muy distinto. En cambio, se nos aconseja que volvamos a enfocar nuestra atención porque resistir un pensamiento no resulta. Sólo intensifica nuestro enfoque en lo malo y fortalece su fascinación.
Te comparto un video pequeño, simple y directo que te mostrará como actúa la tentación en el diario vivir. Obsérvalo, y escucha las reflexiones que el Espíritu Santo provocará en tu interior. Luego, continúa reflexionando conmigo en la catequesis bíblica que el Eterno me ha entregado.

 

Sin embargo, también debes hacer tu parte practicando ciertas claves bíblicas para derrotar la tentación, una de ellas es concentrar tu atención en algo diferente.
A la hora de la tentación recuerda las palabras de Cristo a Sus discípulos en el jardín en la noche de Su traición: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41).
Debes renovar tu forma de pensar como se te dice en Romanos 12:1-2. No debes pensar como el mundo piensa, o caminar de la misma manera que el mundo camina. El sabio Salomón nos dice: «No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa» (Proverbios 4:14-15). Tienes que evitar el camino del mundo que te lleva a la tentación, porque tu carne es débil y por causa de ella eres llevado fácilmente por tus propias concupiscencias a la condenación.
Cada vez que intentas bloquear un pensamiento en tu mente, lo grabas más profundo en tu memoria. Cuando lo resistes, en realidad lo refuerzas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la tentación. No la derrotas luchando contra los sentimientos que te produce. Cuanto más luchas contra un sentimiento, tanto más te consume y controla. Realmente lo fortaleces cada vez que piensas en él.
Dado que la tentación siempre empieza con un pensamiento, la manera más rápida para neutralizar su fascinación es concentrarte en otra cosa. No luches contra ese pensamiento, simplemente cambia el cauce de tu mente y procura interesarte en otra idea. Este es el primer paso para derrotar la tentación.
La batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente.
Cualquier cosa que atrape tu atención te atrapará a ti. Por eso Job dijo: “Hice un pacto con mis ojos para no mirar con lujuria a ninguna mujer joven” (Job 31:1). Y el salmista oró: “Guárdame de prestar atención a lo que no tiene valor” (Salmos 119:3).
La tentación empieza por captar tu atención. Lo que capta tu atención estimula tu deseo. Después tus deseos activan tu conducta, y actúas con base en lo que sentiste. Cuanto más te concentres en “No quiero hacer esto”, tanto más fuerte te atraerá hacia su red.
Hacer caso omiso de una tentación es más eficaz que luchar contra ella. En cuanto tu mente está en otra cosa, la tentación pierde su poder. Así que, cuando la tentación te llame por teléfono, no discutas con ella, ¡simplemente cuelga!
A veces esto significa dejar físicamente una situación tentadora. Hay ocasiones en que lo correcto es huir. Levántate y apaga la televisión. Aléjate de un grupo que está contando chismes. Abandona el cine en medio de la película. Para que las abejas no te piquen, quédate lejos del enjambre. Haz lo que sea necesario para
concentrarte en otra cosa.
Desde el punto de vista espiritual, nuestra mente es el órgano más vulnerable. Para reducir la tentación, mantén tu mente ocupada con de Dios y otros pensamientos buenos. Los pensamientos malos se derrotan pensando en algo mejor. Este es el principio del reemplazo. Vence el mal con el bien (Romanos 12:21).
Otra vez Salomón, el hombre más sabio que haya vivido jamás, te advierte: “Ten cuidado cómo piensas; tu vida está moldeada por tus pensamientos” (Proverbios 4:23). No permitas que la basura entre a tu mente indiscriminadamente. ¡Sé selectivo!
Escoge con cuidado en qué cosas vas a pensar. Sigue el modelo de Pablo: “Llevamos cautivo todo pensamiento y hacemos que se rinda y obedezca a Cristo” (2 Corintios 10:5). Soy consciente que esto requiere una vida práctica, pero con la ayuda del Espíritu Santo puedes reprogramar tu manera de pensar.

Hunky Jesus: Una fiesta de Sodoma que atrae los juicios del Eterno

«Por esa razón, Dios los abandonó a sus pasiones vergonzosas. Aun las mujeres se rebelaron contra la forma natural de tener relaciones sexuales y, en cambio, dieron rienda suelta al sexo unas con otras. Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres y, como consecuencia de ese pecado, sufrieron dentro de sí el castigo que merecían».
(Romanos 1: 26-27)
El Hunky Jesus es el nombre de un evento homosexual que se celebra en la ciudad de Mission Dóllars Park, San Francisco, California. El objetivo de dicho festival es burlarse del  centro de la fe del cristianismo eligiendo al «mejor y más atractivo Jesucristo gay» (de allí la expresión en inglés hunky).
Este evento gay persigue elegir a un «Jesús homosexual» que sea, según sus organizadores, mejor que el original e histórico.  Dicha elección se lleva a cabo haciéndola coincidir con la celebración de la Resurrección de Cristo (Pascua) tratando así de ridiculizar a todo lo que la fe del cristianismo celebra en esos días. El ganador del concurso, celebrado al aire libre, es un «Jesucristo» más atractivo para el público gay compuesto casi exclusivamente de los homosexuales provenientes de muchas partes del mundo y que se reúnen con el fin de desafiar al Eterno. 

A diferencia de otros pecados, la homosexualidad tiene un juicio severo y es administrado por el Eterno mismo. Este juicio es simple y la Biblia lo explica de las siguiente manera: los homosexuales son entregados a sus pasiones. Esto significa que Yahvéh los entrega a una mente reprobada y endureciendo así sus corazones a causa de su misma obstinación y necedad (Ro 1:18-32). Como resultado de esto, se convierten en seres humanos llenos de toda inmundicia y reciben en esta vida la retribución debido a lo que están haciendo. 

Sin la conciencia de su pecado, no habrá arrepentimiento ni confianza en Jesús. Sin Jesús, ellos no tendrán perdón y sin perdón no hay salvación.
El vídeo que a continuación se expone es un testimonio de cómo estas organizaciones satélites de los Illuminatis están haciendo que los libros celestiales escriban actas en su contra y aceleren los juicios celestiales sobre las regiones celestiales de San Francisco y el estado de California.
(Atencion: El video es muy fuerte se recomienda la supervisión de personas mayores de edad si hay menores presentes).
Jesús y la homosexualidad
Ciertamente no encontramos en ninguno de los cuatro evangelios al Señor Jesús hablando directamente acerca de la homosexualidad. Sin embargo, esto no es un indicador, como algunos sugieren, que no tuviera una posición al respecto. 
Primeramente vemos a Jesús afirmando como ciertas y eternas las palabras y los mandamientos que fueron dados por el Eterno Dios a Su pueblo en el Antiguo Pacto. Por ejemplo, cuando Jesús estaba defendiéndose contra las acusaciones de los fariseos dijo:
    «…la Escritura no puede ser quebrantada” 
(Juan 10:35)
Mostrando así que lo que Yahvéh había ordenado en el Antinguo Pacto, no podía ser invalidado posteriormente por hombre alguno.
Asimismo debemos considerar seriamente lo expresado por Él cuando enseñó a sus discípulos en el monte diciendo:
«No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” 
(Mateo 5: 17-18)
¿Cuál Escritura? ¿Cuál ley y los profetas? Jesús se refería al Antiguo Pacto en su totalidad, y desde su perspectiva, todo lo que decía el Antiguo Pacto en sus escritos era verdad y por lo tanto, lo que Él enseñaba se fundamentaba en esos códigos legales y afirmaba, pasajes como Levítico 18-20. Para el Mesías todo esto eran, obviamente, parte de esa Ley o Torah que Él venía a completar dándole plenitud. Es decir, que Jesús dijo que “ni una jota ni una tilde pasarían (inclusive del pasaje en Levítico 18-20) hasta que todo se haya cumplido”.
Es claro, entonces, que Jesús sí habló acerca de la homosexualidad. ¿Cuál fue su posición? Si usamos una correcta hermenéutica debemos concluir que la posición del Señor Jesús era la misma que la que el Eterno Dios reveló en la Antigua Alianza, es decir, que la homosexualidad es una abominación.
Ante esto y si Ud. es un escogido del Eterno, debe orar por la salvación del homosexual de la misma forma como oraría por otra persona en pecado. El homosexual está hecho a la imagen del Eterno Dios; aún cuando él/ella está en grave pecado. Por lo tanto, debe mostrarles la misma dignidad como a cualquier otro con quien usted está en contacto. Sin embargo, esto no significa que usted apruebe su pecado. No comprometa su testimonio por una opinión socialmente aceptable la cual, en sí, no lleva consigo piedad.

La Mentalidad de La Biblia…

Por P.A. David Nesher

«Entonces, ¿cuál es la ventaja de ser judío? ¿Tiene algún valor la ceremonia de la circuncisión? Claro que sí, ¡tiene muchos beneficios! En primer lugar, a los judíos se les confió toda la
revelación de Dios
. Es cierto, algunos de ellos fueron infieles; ¿pero acaso eso significa que, porque ellos fueron infieles, Dios también será infiel?
¡Por supuesto que no! Aun cuando todos los demás sean mentirosos, Dios es veraz. Como dicen las Escrituras acerca de él: “Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices, y ganarás tu caso en los tribunales”».
(Romanos 3:1-4 NTV)

Quizás usted es americano o europeo y está marcado por la cultura occidental. Sin embargo, debemos admitir que La Biblia fue escrita por israelitas y para israelitas. Decir que la Biblia fue escrita por israelitas es decir que fue producida por la pluma de orientales para orientales. La mentalidad oriental es muy similar a la latinoamericana original, es decir a la indígena, pero nuestros indígenas fueron occidentalizados, pues fueron forzosamente hispanizados al ser, lamentablemente, cristianizados.

Por todo esto, deberá coincidir conmigo en que no basta traducir literalmente la Palabra de Dios, sino más bien tenemos que saber qué quería decir eso que estamos traduciendo en la mentalidad con la que fue escrito. Incluso el Nuevo Testamento, aunque está escrito en griego, refleja la mentalidad hebrea para sus oyentes.

Desde esta planteo debemos quedar de acuerdo en un hecho innegable: la traducción de un Texto Bíblico es la “interpretación” que el traductor hace del mismo. No se puede evitar que la creencia del traductor influya en la manera como el texto será traducido. Obviamente el riesgo que se corre es que cualquiera que use esa traducción estará viendo el texto bíblico a través de los ojos del traductor en vez del autor original. Por eso es necesario estudiar el lenguaje Bíblico, para poder captar el texto en su estado original, ya que la mayoría de nosotros al leer la Biblia nos olvidamos que las Sagradas Escrituras son un Texto Antiguo escrito en su mayoría en idioma hebreo.

Sí, así es, el 78% de toda la Biblia fue escrita en hebreo y solamente tenemos 22% de ella en manuscritos griegos. Por otro lado, todos los evangelios que contienen aproximadamente el 50% de la escritura del Nuevo Testamento hasta Hechos 15, y al menos tres cartas, la 1ª Pedro, Santiago y Hebreos fueron escritos por judíos y para judíos, lo cual eleva a un 90% el trasfondo hebraico que tiene el “Nuevo Testamento” o mejor llamado Nuevo Pacto. El resto lo constituyen las epístolas de Pablo, cuyas copias en griego nos han llegado por más de 5.000 manuscritos diferentes, pero en dichas cartas, tenemos no menos de 167 citas del “Antiguo Testamento” o Antiguo Pacto, lo cual, si fuese retirado, elevaría a un 95% el total hebraico del “Nuevo Testamento”, dejando solamente
un 5% con características griegas.

Pero si además de todo esto recordamos que ese 5%  escrito en griego estaba traduciendo y expresando en griego conceptos hebreos, pues tiene como intención mostrar la verdad judía de la redención y de la salvación a una audiencia no judía; entonces el mensaje mismo, aunque vestido de griego, tiene un trasfondo hebraico que no debemos ignorar si queremos ser fieles al mensaje de la Biblia, pues como dijera el Mesías: «La salvación (Restauración/Liberación) viene de los judíos» (Juan 4:22).

Lamentablemente, en muchos círculos religiosos y teológicos, los hombres, se han pasado muchos años estudiando la Biblia, y sobre todo el documento conocido en Occidente como “Nuevo Testamento” con lentes de cosmovisión griegos, romanos, cristianos e incluso humanistas, y mirando con soslayo el trasfondo y el pensamiento hebreo que estos documentos tienen como cosmovisión y conforma la esencia de su mensaje.

De acuerdo con lo hasta aquí expuesto: ¿quiénes escribieron el “Nuevo Testamento”? ¿No fueron judíos?  Toda la Biblia es un documento judío, escrito por judíos y en el idioma de los judíos, y cuando encontremos que el documento conocido como “Nuevo Testamento” nos llegó en griego, no podemos olvidar que debajo de él subyace la mente, la cultura y la idiosincrasia judía como
expresión de la mentalidad hebrea.

Uno de los teólogos cristianos suizos más influyentes del siglo veinte, el Dr. Karl Barth dijo:
“La Biblia es un libro judío. Es imposible entenderla bien excepto que nos acerquemos a ella apropiadamente. La Biblia no da sentido a nadie que no sea al menos espiritualmente, un semita.” (Barth, Karl, “Church Dogmatics”)

De acuerdo con este consejo, debemos aceptar como paradigma hermenéutico que las Sagradas Escrituras demanda per se un acercamiento correcto para desde esa actitud captar con excelencia el sentido de los códigos que allí expresan ideas divinas. “Felizmente, si usamos las herramientas correctas, podemos hoy volver a escuchar a Jesús como sus contemporáneos judíos del primer siglo le escucharon” (Jesus, Rabi & Lord, Center for Judaic Studies, 1987).

¿Quiénes fueron los hebreos?
 
El primer ser humano a quien se llamó “hebreo” en las Sagradas Escrituras (Biblia) fue el patriarca Abraham:
“Uno de los que habían escapado le informó todo esto a Abram el hebreo….”
(Génesis 14:13)
La palabra bíblica para “hebreo” es ivriy que viene de la raíz hebrea  avar que significa “cruzar”, “ir al otro lado”, es decir, un hebreo es uno que “cruzó al otro lado”. El patriarca Abraham, obediente al llamado divino, dejó la tierra de los caldeos y se dirigió a Canaán. Los habitantes de esta última región (cananitas) lo apodaron con esta expresión, por el hecho de que este varón había cruzado la región de los dos grandes ríos del Asia, Éufrates y Tigris, para habitar entre ellos como extranjero, esperando algo mejor (Hb. 11:8-10). Leyendo la genealogía del patriarca, descubrimos que uno de los ancestros de Abraham era Heber (Gn. 11:14,17) y este nombre viene también de la raíz hebrea “avar” haciendo posible que su ascendiente Heber  fuera también la razón por la que a Abraham se le llamara “hebreo.”
Toda la Escritura bíblica es el relato de la historia que realiza el Eterno Dios manteniendo relación de pacto con una línea ancestral de humanos con el fin de revelar Su propósito eterno. Es el detalle histórico de cómo Yahvéh trató el linaje genealógico humano a fin de que se manifestara el código sagrado por Él mismo anunciado en Edén: el Mesías Yeshúa (Gn. 3:15). Comenzando desde Adán y sus descendientes hasta Noé, continuando desde este último hasta Abraham, notamos como el Eterno toma las generaciones humanas y las conduce al cumplimiento perfecto de su oráculo. De ese modo desde la historia de Abraham vemos cómo su hijo Isaac, y luego Jacob y su descendencia se convirtieron en la nación de Israel, conocidos también como los “hebreos.” Desde esta nación, y por los detalles históricos de su redención, la expresión hebreo hará referencia a “uno que ha cruzado al otro lado” para tener una relación de pacto con el Eterno.

Eso último está señalando el apóstol Pablo cuando escribe lo señalado en los primeros versos del capítulo 3 de la epístola a los romanos. Israel, y por ese entonces, los judíos, eran la nación que guardaba el privilegio de custodiar la pedagogía de la Instrucción (Torah): “…a los judíos se les confió toda la revelación de Dios…”. Los judíos, tenían la autoridad divina de establecer el canon sagrado de lo escritural y debían custodiar la sana interpretación de la esencia de Su mensaje mesiánico para el mundo. Veamos  también lo dicho por Pablo:
«Ellos son el pueblo de Israel, elegidos para ser los hijos adoptivos de Dios. Él les reveló su gloria, hizo pactos con ellos y les entregó su Ley. Les dio el privilegio de adorarlo y de recibir sus promesas maravillosas». 
(Romanos 9:4 NTV)

No hay duda alguna, que es solamente Israel la poseedora de los privilegios escriturales que otorga la revelación divina. Y esto es verdad hasta el día de hoy, y no es cuestión de superioridad ni nada parecido, sino de llamado divino.  Israel es la responsable de instruir a los demás pueblos, es la nación sacerdotal que fue comisionada para ser luz a las naciones  (Is. 49:6),  pues ellos son los portadores y custodios de las Sagradas Escrituras. No olvidemos lo que también nos dicen las Escrituras: «Pues los dones de Dios y su llamado son irrevocables». (Romanos 11:29 NTV).

Con todo lo expuesto, necesitamos recapacitar para entender que la Biblia es un documento hebreo, escrito por hebreos y en el idioma hebreo para ser entendida por una mentalidad hebrea.

Debemos abrir nuestros corazones y liberamos de todos los prejuicios anti-semitas que el sistema babilónico programó en nosotros y que nos impiden conocer la verdad que nos hará libres.  Sin duda alguna, estudiar las Sagradas Escrituras desde una cosmovisión hebraica nos traerá mucha luz y bendición en todas las áreas de nuestras vidas.
Por último, considero muy importante agregar que conocer la teología, la cultura, la historia, y la filosofía hebrea que vibra en las Sagradas Escrituras, son aspectos importantes de la Fe que hemos recibido por medio de  Yeshúa. Pero, ninguna de estas cosas definen al creyente verdadero; lo que lo define, es que antes de hacer nada importante, el creyente se pregunta a si mismo: ¿Cual es la voluntad de Yah en este asunto? ¿Que esta escrito en su Torah (Su Instrucción)?

No perdamos la oportunidad de lanzarnos sin temor a descubrir los tesoros que el Eterno Dios está poniendo a nuestro alcance.

Solamente desde esta mentalidad lograremos experimentar lo que el sabio rey Salomón habla de la sabiduría del Eterno expresada en las Escrituras cuando dice:
«Sus caminos son caminos agradables y todas sus sendas, paz. Es árbol de vida para los que de ella echan mano, y felices son los que la abrazan».
(Proverbios 3:17-18).

El Origen del Calendario Actual y el Poder para Redimirlo

Por P.A. David Nesher

«Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad»

(Jean de la Bruyere)    

   

Medir el paso del tiempo lineal, más específicamente el paso de las estaciones y los grandes ciclos cósmicos, ha sido una constante, compleja e ingeniosa tarea a la que la humanidad se abocó, por orden misma del Creador e incluso hasta el día de hoy.  

Un calendario es el instrumento que le permite al ser humano unirse con el tiempo, es decir, sincronizarse con el cosmos y con las leyes que rigen su naturaleza.

¿Qué pasaría si no ocupáramos calendarios?

Simplemente nuestra mente tendría que estar en el aquí y ahora, siempre en tiempo de eterno presente. La propuesta divina, del diseño original, que al final de los siglos la humanidad redimida podrá vivir en la Presencia del Eterno.

¿Cómo apareció el Calendario Actual?

Los calendarios (del griego Kalendas: el primer día de cada mes para los romanos) tal como los conocemos alrededor del mundo, se basan en los ciclos de la Luna y el Sol. La convención común de los pueblos paganos ha sido que un mes lunar es el tiempo entre dos lunas llenas, y un mes solar, es el intervalo que separa dos pasos del Sol por el equinoccio de primavera.

Los historiadores relatan que en el Antiguo Egipto, aparecieron los primeros calendarios solares, que medían el tiempo guiados por el movimiento aparente del Sol. Esta innovación permitía fechar el momento exacto de la crecida del río Nilo, fundamental para una sociedad que vivía de la agricultura. Los astrónomos egipcios sabían que el año duraba 365 días, pero no consideraron esas pocas horas adicionales que no completan un día. El calendario egipcio cargaba por tanto con siglos de desfase, y la oposición religiosa frenaba cualquier atisbo de reforma.

Calendario primitivo de Rómulo.

Durante el reinado de Rómulo (el primer monarca de la recién fundada ciudad de Roma) quedó establecido un calendario lunar que estaba dividido en 10 meses y que contaba con un total de 304 días. Esto ocasionaba problemas, puesto que cada año las estaciones, las tareas agrícolas y las épocas dedicadas a distintas actividades comerciales caían en distinta fecha.

El desfase del calendario oficial respecto al calendario natural (es decir, el de las estaciones, etc.) era de cerca de 51 días.

Calendario de Numa Pompilio.

El sucesor de Rómulo, Numa Pompilio se conoce por ser quien puso orden a las bases de la religión romana, y eso incluye a los calendarios, pues eran esenciales para contar el tiempo y los días de los sacrificios, los cultos y las festividades religiosas. Los romanos eran muy supersticiosos, y creían que los números impares daban más suerte que los pares, así que Numa Pompilio restó un día a cada mes de 30 días, reduciendo el número de días del calendario a 298.

Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que existía un ligero desajuste entre el calendario oficial y el año solar, por lo que decidieron modificar la duración del año. Februarius era un mes peculiar, puesto que constaba de dos partes, una que acababa el vigesimotercer día, denominado Terminalia, que era considerado el día que marcaba el final del año religioso. La segunda parte del mes duraba cinco días. Para ajustar el calendario al año solar, cada cuatro años los romanos añadían entre las dos partes de Februarius, después de la fiesta de Terminalia, un mes llamado Mensis Intercalaris, también conocido como Mercedonius.

Con todas estas impresiciones en su forma de medir el tiempo solar y así manipular las masas que iban conquistando, los romanos esperaban el «toque celestial» que les permitiera hacer los arreglos necesarios para sus fines imperialistas. Fue así como un científico pagano egipcio, Sosigenes de Alejandría, le sugirió,  al emperador Julio Cesar, su sistema reptiliano de medir el tiempo solar como un plan ideal para manipular las masas. Convencido Julio César de este bien materialista, ordenó que fuera puesto en efecto a través del Imperio Romano en el año 45 a. de J.C.

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Este calendario, conocido como juliano, tenía una duración de 365 días y un día adicional añadido cada tres años para compensar el desfase natural por la rotación no sincrónica de la tierra en torno al sol. Fue posteriormente César Augusto (Roma, 23 de septiembre del año 63 a. C. – Nola, 19 de agosto del año 14 d. C.) el que realizó una mejora en el calendario romano corrigiendo los cálculos, sumando este día adicional cada cuatro años y añadiéndolo como año bisiesto.     Mientras fue adoptado indicó su origen pagano por los nombres de los meses del año—nombrados por Janus, Maia, Juno, etc. Los meses tenían una gran importancia pues todas las actividades de la ciudad (la agricultura, las fiestas, la economía y la vida pública en general) giraba en torno a estas fechas concretas.    

El primer día de cada mes se consagraba a Jano. Éste era uno de los dioses de la mitología romana que se caracterizado por tener dos caras, una mirando hacia un lado y la otra girada 180º.    

Jano era el dios de las puertas, de las entradas y salidas, de los comienzos y los finales, por eso en su honor le fue consagrado el primer mes del año que del latín Ianuarius pasó como Janeiro y Janero para finalmente terminar siendo Enero. 

Es importante también subrayar la condición de “vigilante” (el que todo lo ve) que se concedía al dios en la antigüedad. Jano se erige como dios en el punto de parada obligada entre dos lugares. Es la línea divisoria entre el pasado y el futuro, principio y fin. Él está situado en la posición que la humanidad le ha concedido: el portal del tiempo donde el pasado y presente confluyen. Desde aquí Jano puede ver en ambo y tras un juicio acusatorio (es el acusador) negociar mediante ofrendas lascivas un destino con garantías beneficiosas.    

Interesante resultará considerar la opinión que un sacerdote ortodoxo del estado de Georgia (USA) expresa al enseñar sobre esta fiesta:  

“La celebración de Año Nuevo tiene sus orígenes en varias fiestas paganas de la antigua Roma. El 1 de enero era un día dedicado al dios pagano Jano, y el mes de enero [en latín, Januarius] debe su nombre a esa deidad. A Jano se le representaba con dos caras opuestas, lo que significaba que veía tanto el pasado como el presente. Se decía que quien recibiera el 1 de enero con diversión, risa y abundante comida y bebida gozaría todo el año de felicidad y bienestar. La misma superstición acompaña la celebración del Año Nuevo por parte de muchos de nuestros compatriotas […]. Durante ciertas fiestas paganas se ofrecían literalmente sacrificios humanos a un ídolo. Algunas eran famosas por las orgías, el adulterio y la fornicación. En otras ocasiones, por ejemplo durante la fiesta de Jano, se comía y se bebía en exceso, había borracheras y se practicaba toda clase de inmundicia. Si recordamos cómo hemos celebrado nosotros mismos el Año Nuevo en tiempos pasados, entonces tenemos que admitir que todos hemos participado en esta celebración pagana”.   (Periódico de la república de Georgia.)  

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 Fueron los romanos quienes interpretaron a este dios (la serpiente antigua) en su instancia de opuestos del ciclo solar y de esa manera lo representaron como dos rostros antropomorfos, opuestos y alineados meridionalmente de Norte a Sur.    

«Jano, con mayor frecuencia, porta dos llaves; son las de las dos puertas solsticiales, Ia nua Caeli (puerta del cielo) y Ianua Inferni (puerta del infierno), correspondientes respectivamente al solsticio de invierno y al de verano, es decir, a los dos puntos extremos del curso del sol en el ciclo anual; pues Jano, en cuanto «Señor de los tiempos» es el Iánitor [o «portero»] que abre y cierra ese ciclo» (René Guénon).

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 Los días no fueron nombrados sino numerados en un sistema complicado que involucraba Ides (los días 15 de los meses Marzo, Mayo, Julio y Octubre y los días 13 de los otros meses), Nones (la novena hora después de la salida del sol, o 3:00 p.m.) y Calends (primer día de todos los meses).

Basándose en el calendario solar egipcio, el emperador Julio César ordenó dividir el año en 365 días. También ordenó que definitivamente el año comenzara en enero, en lugar de en marzo.

Además, ordenó que cada cuatro años se le sumara un día a febrero para reajustar un desfase de 6 horas que había cada año. Al año en el que febrero tenía un día de más, se le llamó bisiesto.

La causa de que febrero tiene menos días que otros meses, se debe a la tradición de ajustar las incidencias que se produjeran en el calendario con febrero, porque había sido el último mes del año. La última vez que sucedió un ajuste en el mes de febrero, fue para que el mes dedicado al emperador Augusto (agosto) tuviera la misma importancia que el mes dedicado a Julio César (mes de julio). Así, para sumarle un día a agosto y que tuviera 31 días, como julio, se le quitó un día a febrero. Entonces, febrero, que tenía 29 días, quedó definitivamente con 28 días. Esta es la explicación por la que el mes de febrero sólo tiene 28 días; y por la que hay dos meses seguidos con 31 días: julio y agosto.  

No fue hasta el 321 de E.C. que los nombres de la semana de siete días fueron añadidos, cuando el Emperador Constantino (supuestamente) adoptó la fe de Cristo, y fundó el Cristianismo. De manera extraña para sus días el escogió nombres paganos que son usados todavía.  

Ahora bien, aunque el calendario juliano era bastante preciso cada 130 años se perdía un día por eso el 4 de octubre de 1582 el Papa Gregorio XIII llevó a cabo otra reforma dando lugar a lo que hoy conocemos como el Calendario Gregoriano. Este nuevo calendario solucionó el problema que planteaba el hecho de que el año juliano tuviera 11 minutos y 14 segundos más que el año solar.

Gregorio XIII, asesorado por el astrónomo jesuita Christopher Clavius promulgó el 24 de febrero de 1582 la bula Inter Gravissimas en la que establecía que al jueves 4 de octubre de 1582 le seguiría el viernes 15 de octubre de 1582. Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con respecto al año solar y así se propuso que aquellos años bisiestos que son múltiplos de 100 sólo sumasen un día si también son múltiplos de 400 para evitar que hubiese demasiados años bisiestos.  

Para inaugurar esta nueva etapa babilónica de manipulación y opresión de masas, el Año Nuevo comenzó a festejarse el 1 de enero a fin de que quedara bien diferenciado del juliano que iniciaba el nuevo año en coincidencia con la primera luna nueva (1 de marzo o 1 de abril).  

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Para entenderlo bien, en esta encíclica se fijaba que habría un año bisiesto cuando el año en cuestión fuera múltiplo de 4, con excepción de los años múltiplos de 100 (exceptuando a su vez los múltiplos de 400, que sí serían bisiestos). En total, el calendario gregoriano fijaba 97 años bisiestos cada 400 años, en lugar de los 100 que marcaba el calendario juliano.

Esta reforma gregoriana no llegó a todas partes por igual ya que por aquel entonces la fe dividía Europa. Si bien los católicos implantaron el nuevo anuario en 1582, los protestantes continuaron con el calendario juliano hasta el siglo XVIII y los ortodoxos no aceptaron la nueva fórmula hasta el siglo XX.

El calendario gregoriano, considerado como oficial a nivel global, no logra tampoco una concordancia perfecta entre año civil y año astronómico, ya que la velocidad de rotación y de traslación de la Tierra se va ralentizando y obliga a revisar las fechas una vez cada 3.000 años.

Redimiendo el tiempo se consigue libertad.

Teniendo en cuenta este proceso histórico que nos legó el calendario actual, debemos tomar una actitud correcta frente a cada año solar que comienza el primer día de enero. Entendiendo que un calendario solar persigue desde sus principios encarcelar las voluntades y los esfuerzos humanos, nosotros, los redimidos deberemos discernir este ante-diseño a fin de someterlo al poder transformador del Eterno Dios, nuestro Abba.

Por lo tanto, será muy importante captar que la exhortación apostólica que hace el apóstol Pablo cuando le dice a los santos de Éfeso, «redimiendo el tiempo, porque los días son malos…» , se obedecía en el sentido más verdadero y práctico de dicha exhortación: ser entendido en los tiempos. La expresión «los días son malos» se refiere, no tanto a la maldad humana manifestada en esas épocas, sino a la forma de conteo de los días que usaba la élite del sistema de cosas imperante.

El mismo sentido tenían las comunidades de fe residentes en Colosas, ya que el apóstol Pablo les recuerda cómo deben andar delante de los incrédulos en el tema de celebrar y guardar el calendario solar. Leemos lo siguiente:

«Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno».(Colosenses 4:5-6)

El punto importante en que las comunidades mesiánicas primigenias pensaban ante la expresión redimir el tiempo, era la idea de aprovechar bien y ganarle a la forma solar de contar bien los días en el Imperio Romano. El verbo redimir en la mentalidad hebrea significa  rescatar pagando un alto precio. Redimir el tiempo implicaba en los primeros discípulos la idea de esforzarse en no sujetarse a las costumbres y tradiciones solares que los incrédulos usaban para el conteo de los días. Aprovechar o redimir el tiempo era su responsabilidad cotidiana en el testimonio que debían presentar ante aquellos que aún estaban adormecidos en la esclavitud temporal que imponía el sistema.

Ellos tenían en sus oraciones el paradigma que dejó Moisés a Israel cuando él estaba en el final de su vida: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (Sal. 90:12). Este lineamiento los desafía a confrontar el calendario solar con las festividades de rosh jodesh (cabeza de mes) en cada luna nueva. Ellos sabían que por medio de dicho mandamiento Yahvéh había permitido al pueblo de Israel romper toda cautividad mental adquirida por someterse al calendario solar egipcio, que como vimos luego tomará Roma, primeramente con Julio César y luego con el papa católico Gregorio.

Tanto la Iglesia de Éfeso, como en la de Colosas y en todas y cada una de las comunidades de los primeros siglos, comprendían el secreto de controlar los años solares siguiendo los ciclos temporales marcados por el Eterno Dios y no por el sistema de cosas inspirado por el adversario (HaSatán). Los miembros de aquellas comunidades gozaban del privilegio que da el Mesías por medio de la Torah: ser verdaderamente libre de todo tipo de opresión.

Transitar el calendario lunar del Eterno, permite a los escogidos ser entendidos en los tiempos. Esta posición otorga la bendición de transicionar cada año nuevo solar realizando un encuentro familiar de declaración profética en la última noche de diciembre. Esto permite confrontar a los principados y las potestades de tinieblas que se liberan en cada fiesta pagana de Año Nuevo, logrando, por medio de la fe, declarar a esos 365 días solares esclavos del propósito eterno de Dios.

Redimir el tiempo consiste en aprovechar cada oportunidad favorable para ministrar vida. Esto significa ser sabio en nuestro andar, no contando los días como Babilonia la Grande lo impone, sino haciéndolo en el modo del Eterno Dios.

En esta era maligna, cada día es un día malo, lleno de cosas perniciosas que destruyen, corrompen y desperdician nuestro tiempo. Por lo tanto, tenemos que andar sabiamente con el fin de redimir el tiempo, aprovechando cada oportunidad disponible.


Aconsejo leer también: 

Si la Culpa te confronta, busca el Poder del Perdón

  • – Encuentre la fuente verdadera de su culpa. (2 Timoteo 3:16)
  • – Localice cuál es la verdad cuando sea atacado por Satanás. (Isaías 54:17)
  • – Pase tiempo renovando su mente. (Efesios 4:22-23)
  • – Entienda que Dios cumple lo que dice. (Efesios 1:7-8)
  • – Reconozca la responsabilidad de su pecado. (1 Juan 1:9)
  • – Deje de vivir en el pasado. (Isaías 43:18)
  • – Observe que Dios alinea sus sentimientos con los hechos cuando usted obedece. (Hebreos 10:36)
  • – No trate de vivir sin Cristo. (Gálatas 2:20)

LA BENDICIÓN TRIPARTITA DE JOSÉ

«…por el Dios de tu padre que te ayuda, y por el Todopoderoso que te
bendice con bendiciones de los cielos de arriba, bendiciones del abismo que
está abajo, bendiciones de los pechos y del seno materno.”
(Génesis 49:25)
Hoy, mientras meditaba en las Sagradas Escrituras con el fin de alimentar mi espíritu de oración en las pautas de la bendición de José (hebreo Yosef), hijo de Jacob (Israel), me encontré con estas maravillosas líneas que testifican las palabras de bendición que el patriarca diera a su hijo. Repentinamente una intensa expectativa de fe llenó mi alma impulsándome a conocer los códigos revelados en esta bendición tripartita. Después de un fuerte tiempo de quebrantamiento delante de nuestro Abba Kadosh, decidí compartirles las cosas que Su Espíritu implantó en mi mente y corazón.
 I. José: representante de los primogénitos mesiánicos (Hb. 12:23).
 Recordemos que José obtuvo la primogenitura de Israel porque Rubén, el primogénito de la primera esposa de Jacob (Lea), perdió ese privilegio a causa de su transgresión (1 Cr. 5:1–2). José, siendo el primogénito de la segunda esposa de Jacob (Raquel), y debido a su dignidad, era quien tenía derecho a recibir la bendición. José también recibió una bendición de su padre poco antes de que éste muriera (Gn. 49:22–26).
 Si observamos con atención, y abrimos bien nuestro entendimiento, se nos revelará que en el versículo citado Israel está bendiciendo y profetizando sobre su hijo José, y lo hace (y en él a su descendencia) con tres tipos de bendiciones:
  1. De los cielos de arriba.
  2. Del abismo que está abajo.
  3. De los pechos y la matriz
1. Las Bendiciones del Cielo.
Las Sagradas Escrituras llaman bendiciones del cielo al rocío y la lluvia. Tanto el rocío como la lluvia son símbolos de las bendiciones del Eterno Dios (Os. 14:5), y su ausencia se consideraba una pérdida (2 Sm. 1:21). Esto era considerado así, ya que estos dos fenómenos naturales son los que hacen que se fertilicen los suelos y sean muy fructuosos, permitiendo la germinación y crecimiento exitoso de toda semilla sembrada.
Israel (Jacob) le desea una bendición muy grande a José, su hijo, expresándole en estas pocas palabras que todo lo que había sembrado daría frutos abundantes. Él sabia, por su fe vivencial, que solo el Eterno Dios Todopoderoso podía bendecir de esa forma, y estaba convencido que su hijo sería blanco de esta experiencia celestial en cada área de su vida.
Aplicando este concepto hebreo a nuestras vidas, comprendemos que las bendiciones del cielo son todas aquellas que nosotros no podemos hacer, pero sí podemos provocar por medio de nuestra siembra de fe. Entendemos así, que nosotros podemos sembrar una semilla, pero quien la hace germinar y crecer es Yahvéh, nuestro Dios.
En el pensamiento hebreo el tener abundantes cosechas y tener los graneros llenos solo pueden venir del Eterno Dios Todopoderoso. Esta manifestación es la única señal de tener la Verdad Divina respaldando nuestra realidad cotidiana. Todo lo demás, es solamente palabrería religiosa.
2. Bendiciones del abismo que está abajo.
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”
(Mateo 13:44)
Nuestro padre Israel también profetiza sobre su hijo José las bendiciones del abismo que está abajo. Esta bendición seguramente es la que más llama nuestra atención ya que entendemos que en las Escrituras el abismo está relacionado con las profundidades controladas por las tinieblas.
En la Torah la palabra “tehom” es generalmente traducida como “el abismo”, y se piensa en ella meramente como otro término poético para el mar de las profundidades de la Tierra.
La primera vez que aparece esta expresión hebrea la encontramos en el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis):
«Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo»
(Génesis 1:2 _ Biblia de las Américas)
Todo era tohu va-bohu, amorfo y vacío, y lo único que existía era el caos primigenio. Ese caos es descrito por la palabra tehom, que suele traducirse por «abismo» (griego, abyssos; latín, abyssus), la idea es que este tiene forma líquida, por lo que se ha interpretado como las profundidades terrestres con sus depósitos de aguas subterráneas y también, de modo más general, como el océano primordial a partir del cual se creó el mundo. En realidad tiene asociaciones mucho más siniestras. Está etimológicamente relacionada con Tiamat, el nombre de un gigantesco monstruo marino del mito acádico-babilónico, identificado en el hebreo con Leviatán o Rahab, la serpiente tortuosa o serpiente antigua (Ap. 12: 9).
Ante esto, entendemos que cuando nuestro padre Israel está profetizando y le deseo a José las bendiciones del abismo, él sabia bien de que lo que se trataba.  El patriarca quería que el Eterno Dios bendijera a José, y su descendencia, con todo lo que sale de las profundidades del mar, los ríos subterráneos, y las minas de la Tierra. Él le auguraba riquezas provenientes de todos los minerales enterrados, poseedores de gran valor. Está soltando la bendición que da derecho a obtener y poseer todo lo que el Eterno Dios creó y los dejó escondidos en lugares profundos (oro, plata, bronce, cobre, petróleos, piedras preciosas, etc.).
Basado en esta idea patriarcal nuestro amado Mesías comparó al Reino de los Cielos como un tesoro escondido en un campo el cual fue hallado, Jesús dice que el tesoro en este caso es una bendición encontrada en el campo y fue hallado por un hombre.
A diferencia de las bendiciones del cielo que se originan como respuesta a una acción sembrada por un justo, las bendiciones del abismo que está abajo son reveladas por el Eterno a aquel redimido que las busca mediante oración y consejo escritural. Son bendiciones que Yahvéh dirá dónde están, ya que sólo pueden ser halladas.
«…y te entregaré los tesoros de las tinieblas».
(Isaías 45:3)
 
 
3. Las bendiciones de los pechos y del seno materno.
 
“Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas”.
(Deuteronomio 28:4)

Según el sabio intérprete Rashí, la palabra que ha sido traducida como “pechos”, shadayim, debe traducirse en verdad como “lanzamientos” en referencia a la emisión del semen apto para concebir. El Targum (versión aramea de la Torah) tradujo: “bendiciones de padre y de madre”. Es decir, que estas son las bendiciones relativas a las generaciones.  José sabía que esta expresión significaba augurios celestiales de fecundidad tanto en hombres como en rebaños.

En la visión profética del patriarca Israel estaba la certeza de que las generaciones de José se destacarían por la multiplicación y la tendencia constante a la expansión. Y es que en la mentalidad hebrea estaba la conciencia de que la bendición puede ser transmitida de generación en generación hasta millares de ellas (Éxodo 20:6).

En los días de José era una tremenda bendición multiplicarse a través de la simiente de sus antepasados para aumentar la familia del Eterno. Cuando una mujer daba a luz más israelitas, se consideraba como una señal de fructificación que la Justicia del Eterno otorgaba.

Estas pautas revelan que, en el Mesías, accedemos a la herencia de estos lineamientos proféticos que en los lugares celestiales el Eterno ha otorgado a los que estamos en Cristo Jesús, nuestro Dueño.
A los descendientes de José se les prometieron estas bendiciones. Hoy, entendemos que son las bendiciones vastas y eternas que vienen sobre la simiente espiritual de Abrahan a través del Mesías Yeshúa (Efesios 1:3). Jacob bendijo a todos sus hijos, pero especialmente a José, “quien fue separado de sus hermanos”. No sólo se separó en Egipto, sino por poseer una dignidad eminente y por ser más devoto hacia el Eterno Dios.
II. ¿Por qué José tuvo el privilegio de recibir una Bendición Tripartita?

La bendición que recibió Yosef de parte de Yaakov consta de 61 palabras en el texto hebreo. Este detalle la convierte en la bendición más grande e importante, pues la bendición de Yehudá contiene 55 palabras. Cuando vamos al quinto rollo de la Torah (Devarim) notamos que en la bendición que dio Moshé a las doce tribus la de Yosef también es la mayor de todas (cf. Deu. 33).

¿Por qué esto? Pues bien, existen dos razones:

Primero, porque sufrió más que todos.

Segundo, porque se había consagrado más que sus hermanos. La palabra hebrea que ha sido traducida como “consagrado” es nazir (– נזיר –) cuya raíz nazar (– נזר –) significa distanciar,  o abstener. Es la misma palabra que se usa para el voto de nazareato descripto en Números 6.

La enseñanza aquí es clara. Aquel que por la justicia es afligido, y se aparta del pecado, la impureza y lo mundano recibirá la mayor bendición en esta vida y en la resurrección.

Amados discípulos del Monte Santo, he discernido que estamos ingresando en una temporada en la que se manifestará la plenitud de las bendiciones de Yahvéh, nuestro Dios, mientras abandonamos los dolores de las elecciones pobres que hicimos en el pasado. Sé que experimentaremos el refrigerio de las bendiciones de José fluyendo en nuestras vidas. Estas se manifestarán, luego que el Espíritu de Yahvéh nos renueve y restauren nuestras relaciones interpersonales, y nos vuelva a conducir a una profunda intimidad personal con nuestro Padre. De hecho, en este día, he discernido que la plenitud de la bendición tripartita de José ya está fluyendo. Lo que dijo Jacob acerca de él es tanto historia como profecía. ¡Hoy, nuestras vidas están vibrando frente a este maravilloso umbral de tres niveles celestiales! ¡Que el Eterno nos dé fuerzas para estar gozosos en las aflicciones de este mundo por causa de la justicia y la verdad, sabiendo que producen un buen resultado con bendición tripartita!
NOTA RELACIONADA Y RECOMENDADA:

La Biblioteca del Eterno

Por P.A. David Nesher

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis 20:15)

 

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. El apóstol Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar al Mesías del Eterno, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Yeshúa. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen del Mesías y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Yeshúa, HaMashiaj…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Mesías divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.

Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Yeshúa dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre del Mesías como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia del Mesías y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.

La Biblioteca del Eterno Dios

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis20:15)

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar a Cristo, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Cristo. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen de Cristo y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Cristo…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Cristo Divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.


Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Jesús dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.