Estudios Bíblicos

FIESTA de las TROMPETAS: ¡Yom Teruah no es Rosh HaShanah!

En el tiempo profético de transición que los discípulos de Yeshúa que están a mi cargo, y yo, hemos experimentado en estos doce años, aprendimos que celebrar las Fiestas del Señor es el acto más efectivo que la única y verdadera Esposa del Ungido (Mesías/Cristo) está necesitando para lograr su misión: llevar a los santos a su plena manifestación como hijos primogénitos del Eterno.
 
 
En este peregrinar profético a las sendas antiguas de nuestra fe, hemos aprendido que en el libro de Vayikrá o Levítico (capítulo 23, en el versículo 24), se usa la palabra conmemoración, (mejor traducida como memorial) al traducir expresión hebrea mo’ed:

 «Habla a los hijos de Israel, y diles: las fiestas solemnes (mo’ed) de YHVH…». 

 
 
Ahora bien, en su sentido más completo y esencial la palabra mo’ed significa:
  • «una cita»,
  • «un tiempo señalado»,
  • «un ciclo o año»,
  • «una asamblea»,
  • «un tiempo determinado»,
  • «un tiempo preciso«.
 
Considerando todas estas acepciones que permite el significado de la palabra hebrea mo’ed (fiesta), podemos ver que el Eterno está precisando «un tiempo determinado o un tiempo señalado en el cual Él está haciendo una cita con la humanidad para cumplir ciertos aspectos prioritarios de la redención, y que deben mantener nuestra memoria activa a fin de evitar el letargo reptiliano«.
 
 
Desde el texto del capítulo 23 de Levítico se desprende que una de esas citas especiales es la denominada Fiesta de las Trompetas o en su expresión hebrea: Yom Teruah.
 
 
La Fiesta de Yom Teruah celebra el hecho profético del inicio de la recuperación de los reinos de la Tierra sujetos a Aquel que ha de sentarse por la eternidad sobre el Trono de David: Yeshúa el Mesías.
 
 
Yom Teruah es una fiesta profética relacionada con hechos que ocurrirán en cualquier momento. Por lo tanto, es una celebración  con características escatológicas, por lo que hemos comprendido y aceptado que no debe ser usada para celebrar una supuesta y mitológica creación de la Tierra, en un pasado remoto, como la actual Casa de Judá asegura. Más bien, esta celebración, permite a la Esposa del Mesías celebrar su anhelo constante de que Su Amado venga pronto y la siente junto a Él para reinar sobre las naciones por mil años ( ver Apocalipsis/Revelación 22:17).
 
 
Considerando esta exhortación los invito a disfrutar de los siguientes estudios bíblicos y entender las diferencias entre Yom Teruah y su deformación judía denominada Rosh HaShanah. Solamente deberán trasladarse a los siguientes enlaces de bitácoras que ampliarán más el conocimiento del sentido que tiene para un discípulo de Yeshúa esta celebración:

(más…)

Pastor-Maestro: Un mismo Don con dos Expresiones Diferentes

«…Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice:
    Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
    Y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros»… 
(Efesios 4:7-11)
En un tiempo en el que innumerables creyentes escogidos nadan desesperados en ese mar de confusión que es hoy la teología evangélica, creo muy necesario contribuir a la reflexión acerca de una palabra usada (y hasta abusada) en la historia del cristianismo protestante-evangélico. Considero justo y oportuno que la misa debe ser conducida a un análisis escritural y desde allí colocada en las funciones  más nobles de su propósito de acuerdo al diseño original que el Señor le asignó. Estoy hablando del término «pastor«.
El uso que el término “pastor” ha tenido siempre ha sido en un contexto extra-bíblico. Es decir, que a lo largo de la historia de la iglesia evangélica, se le dio a la palabra “pastor” una significación sinónimo de máximo dirigente eclesiástico. La misma cobró este matiz cuando alcanzó vigencia después de la Reforma Protestante. Y obviamente, eso debe conducirnos hoy a un examen exhaustivo de este título o cargo pero a la luz del texto neo-testamentario de tal manera que nos permita  el redimensionamiento del ministerio pastoral en estos tiempos de reforma mesiánica que estamos viviendo.
Al considerar el texto de la epístola a los Efesios notamos que todo el argumento que el apóstol san Pablo trae desde el versículo 7 es para recordarles a los escogidos que el Señor sufrió la muerte, resucitó y subió a lo alto en un desfile de victoria llevando el botín, para de él sacar y dar dones a la Iglesia, Su Esposa y por lo tanto Su Cuerpo. Estos dones (gr. doma) realmente son personas, seres humanos, que él mismo compró con su sangre preciosa, a los cuales designó o constituyó para un servicio específico.
Estos servicios u oficios que Yeshúa (Jesús) ha designado para la Iglesia son variados, pero, como hemos dicho anteriormente, no contradicen la Unidad de Su cuerpo, sino que han sido dados para mantener el vínculo del amor que sostiene al mismo.
Antes de entrar a estudiar en detalle el servicio de pastor-maestro dado por Cristo a la Iglesia, me es necesario analizar junto a Uds. la primera parte del versículo 11: «…Él mismo constituyó…«. Siendo Yeshúa (Jesús) el Señor y Soberano de la Iglesia, quien lo llena todo con su autoridad, solamente, queda bien claro que Él tiene la facultad y el derecho de designar los servicios, dones, o ministerios, que se necesitan para la edificación de la misma. ¡Nadie puede tomarse esta prerrogativa!
En el caso del uso del término “pastor”, primero es necesario realizar una comprobación del sentido que tienen los diferentes usos del término a lo largo del Nuevo Testamento, revisando las ocurrencias en cada uno de los libros. Gracias a ese estudio se puede descubrir que si se quiere aclarar la naturaleza del “ministerio pastoral” en los días apostólicos, sólo es posible centrarse en el estudio exegético de Efesios 4:11, ya que es el único texto neotestamentario en que claramente habría una connotación de “oficio” en el uso de la palabra, ajeno al uso más bien metafórico que se impone en las escrituras griegas cristianas.
De manera que esclarecer su uso en el texto griego del Nuevo Testamento iluminará la comprensión de dicho pasaje y permitirá utilizarlo con propiedad y respeto a la sana hermenéutica en el planteamiento eclesiológico.
Lamentablemente, y debido al caos que ha causado el movimiento de la falsa reforma apostólica, hay muchas personas que creen que Pastor y maestro son dos Dones Espirituales que se encuentra en Efesios 4:11. Pero aquí  presenta las razones por las cuales realmente no son dos Dones Espirituales sino uno solo: pastor – maestro.
La exégesis de ese pasaje necesita, primero, lo que en la crítica textual se llama “establecer el texto”, es decir, decidir a partir de todos los manuscritos existentes, usando criterios muy precisos, cuál pudo ser el texto exacto escrito de puño y letra por el apóstol Pablo.
El Nuevo Testamento Griego publicado por Nestle-Aland presenta el siguiente texto para Efesios 4:11:
Kai autos edoken tous men apostolous
tous de profetas, tous de euangelistas,
tous de poimenas kai didaskalos
Considerando el griego koiné original del texto se interpreta que en realidad no se mencionan “cinco” sino “cuatro” ministerios en este pasaje.
  1. Apóstoles
  2. Profetas
  3. Evangelistas
  4. Pastor-Maestro

 

Resulta aún más interesante destacar que el último oficio mencionado no está dividido en dos aquí, sino que es una referencia a uno y mismo oficio.
Si analizamos bien el texto notaremos que cada uno de los ministerios mencionados tiene un articulo que le separa del otro, por ejemplo:  (1) “a unos… apóstoles”, (2) “a otros… profetas ”, (3) “a otros… evangelistas”, (4) “a otros… pastores y maestros”.  El último ministerio presentado no separa el oficio de ‘pastor’ y ‘maestro’ sino que son atribuidos a la misma persona.
No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. En el texto original griego el versículo  dice, “δέ ποιμένας  καί  διδασκάλους”  [tous de poimenas kai didaskalous] (otros los pastores y maestros). La conjunción kai es la que tiene el secreto de la correcta traducción. No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. Si sólo el primer sustantivo tiene el artículo entonces tanto en el primero y segundo sustantivo se refiere a la misma persona o cosa. Los dos sustantivos son plurales masculinos acusativos. El segundo sustantivo no tiene un articulo enfrente entonces los dos sustantivos son un Don Espiritual = el pastor-maestro. Por lo que entendemos que se trata de un mismo don con dos modos distintos de expresarse. Desde esta explicación, entendemos que la construcción griega indicaría la siguiente traducción: «pastores que son maestros» o también «pastores que enseñan» (comp. con 1Timoteo 3:2 “apto para enseñar”).
Es muy interesante agregar que a mayoría de los comentaristas bíblicos ponen a los pastores-maestros como un solo oficio debido a que en el original griego no aparecen separados como dos títulos distintos, sino como dos funciones relacionadas con un solo oficio. Esto debe ser así ya que el pastor tiene como principal función enseñar. A través de la exposición de la Palabra pastorea a las ovejas (Hch. 20:17,28; Jn. 21:15-17). Uno de los principales requisitos para el pastor es que sea diestro y diligente en la enseñanza. (1 Tim. 5:17; 3:6; 4:13; 2 Ti. 2:15;Tit. 1:9).
La razón por la que esto ocurre es que la manera de “pastorear” es por medio de la enseñanza ya sea de forma didáctica por medio de la Palabra (Hechos 13:1; 1 Tim. 3:2; 1 Tim. 4:5-6, 11,13, 5:17; 2 Tim. 2:24; Tito 1:9; Tito 2:1, 7; Hebreos 13:7, 17) o por ejemplo como mentores (Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; 1 Tim. 1:16, 4: 12; Tito 2:7; 1 Pedro 5:2-3).
La iglesia es edificada de esta manera espiritual y emocional por medio de las enseñanzas de sus pastores-maestros.  La tarea de enseñar debe ser hecha ‘sobre’ el fundamento que ha sido establecido por los “apóstoles y profetas” y se requiere que se haga con esmero, dedicación y mucho cuidado.
Pastores-maestros son un don que el Cristo resucitado concede a su Iglesia para el ministerio de su edificación cualitativa. En relación con el rebaño, los pastores-maestros llevan a cabo varias tareas, que son propias de su llamamiento y servicio.
  1. Alimentan a la grey (1 Co. 3:2; Jn. 10:9; Ez. 34:23).
  2. Dirigen a la congregación, como líderes responsables (Jn. 10:3, 4; Sal. 23:3b).
  3. Protegen a los hermanos, especialmente en términos morales y espirituales (Jn. 10:11–15; Hch. 20:28, 29; Sal. 23:4, 5).
  4. Restauran a los creyentes, ejerciendo una disciplina positiva (Sal. 23:3; Ez. 34:4)
Una conclusión aparece de todo esto: los ministerios mencionados en la epístola a los Efesios (4:11) son dones y no cargos jerárquicos….y además son cuatro (4) y no cinco (5) como enseñan los fraudulentos «congresos quíntuples«que la masonería, disfrazada de apostólica-profética, ha promocionado por las naciones trayendo confusión y caos que ha provocado tanta incertidumbre y divisiones.
Son cuatro tipos de hombres-dones (doma) que nuestro amado Esposo Yeshúa (Jesús) nos ha dado como dones de servicio que son necesarios para el ministerio de todos los santos.

 

La salud en riesgo a causa de los tatuajes

«Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros marca alguna. Yo soy el SEÑOR».
(Levítico 19:28)
 

Tatuar consiste en hacer grabados permanentes en el cuerpo practicando pequeños orificios en la piel con un palillo, una aguja o un hueso afilado impregnado de colorantes naturales.
Todo el mundo lleva tatuajes, o al menos eso parece. Desde adolescentes hasta amas de casa, los tatuajes están viéndose día a día en todo lugar, aún, entre los cristianos. Presumen de ellos tanto estrellas de cine como famosos roqueros, deportistas y modelos. Muchos de sus fanáticos adolescentes han seguido su ejemplo y exhiben con orgullo sus hombros, manos, muñecas o tobillos tatuados.
Los tatuajes han existido por años, pero a partir de la década de los noventa ha habido una gran explosión en Occidente; tanto así que el 10% de la población mundial está tatuada.  En su mayoría, impulsados €‹por la necesidad de identidad o estética, uno de cada cuatro adultos jóvenes tienen uno. Sin embargo, los tatuajes pequeños han dejado de imponerse y han dado paso a piezas más elaboradas que cubren extensas partes del cuerpo. La adicción a estas «piezas de arte» se encuentra en una lista de los causantes del incremento de riesgos como el melanoma.El tatuaje y las perforaciones están catalogados por la medicina como una práctica riesgosa para la salud. Los médicos lanzan esa voz de alarma diariamente a lo largo del mundo. Cuando no se ha hecho caso a estas advertencias, la humanidad ha sufrido mucho por los efectos físicos que tienen muchas de este tipo de prácticas en la salud.

¿Arte peligroso?
El tatuaje consiste en inyectar profundamente productos químicos potencialmente tóxicos en la piel y entre más grande y elaborado es el tatuaje, mayor cantidad de tóxicos invaden el cuerpo.
Las agujas perforan la capa superior de la piel, la epidermis, y llegan hasta la siguiente capa, la dermis, donde se deposita la tinta. Un estudio hecho en 2012 por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Dinamarca encontró que algunas tintas contienen compuestos cancerígenos. También, se ha estudiado cómo reacciona la piel a los pigmentos y a sus químicos.
Los especialistas Colin Grant y Pete Twigg, se han adentrado en las nano-partículas de los pigmentos en la piel. Ellos aseguran que la tinta no se queda por siempre en el lugar donde se hizo el tatuaje, algunas de sus nano-partículas viajan por el torrente sanguíneo y terminan en otros órganos del cuerpo, así lo publica The Conversation.
Una investigación realizada por Desmond Tobin, profesor de Biología Celular y director del Centro de Ciencias de la Piel de la Universidad Bradford, muestra que la exposición de los fibroblastos (células que producen colágeno en la piel) a la tinta de un tatuaje reduce significativamente su viabilidad. El colágeno es el principal tejido conectivo del cuerpo, y las nano-partículas de tinta pueden incrustarse en la red de colágeno de la dermis, apareciendo posteriormente alrededor de los vasos sanguíneos.La Comisión Europea alerta sobre los riesgos de los tatuajes y piercings cuando no se toman todas las precauciones sanitarias necesarias, hasta el punto de que pueden llegar a provocar infecciones virales como la hepatitis y el sida. El análisis realizado por el Ejecutivo comunitario señala que estas prácticas pueden alentar también la aparición de infecciones bacterianas y mucosas, reacciones alérgicas, como una irritación cutánea y urticaria, lesiones malignas, melanomas, lepra y otras patologías.

Sin embargo, la única regulación existente para los tatuadores es mantener limpio el lugar y las herramientas de trabajo con el fin de evitar infecciones.¿Es correcto que el joven escogido por el Eterno entre a este tipo de riesgos por participar de una moda babilónia? No, no tiene necesidad de pasar por este tipo de peligros.

Debemos glorificar a Dios también con el cuerpo. Tal vez este es uno de los aspectos menos mencionado cuando se trata de glorificar al Eterno Dios. ¿Qué hay del cuerpo? ¿El uso correcto del cuerpo se limita a la vestimenta? No, sino también al uso que le damos al cuerpo mismo. Pablo escribió, “… ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios…” (1 Corintios 6:19, 20). La enseñanza es clara, debemos glorificar al Eterno también con el cuerpo. De ahí que el cuerpo sea templo del Espíritu de Dios. También la Biblia enseña que debemos exaltar, magnificar a Cristo en nuestro cuerpo (Filipenses 1:20).

El antiguo arte del tatuaje.
El tatuaje no es una práctica moderna, ni mucho menos. En Egipto y Libia se han encontrado momias con tatuajes que datan de cientos de años antes de Cristo, y lo mismo ha sucedido en Sudamérica. Muchas de las imágenes que dichas momias tienen grabadas están directamente relacionadas con la adoración de dioses paganos. El investigador Steve Gilbert, descubrió el espíritu religioso que inspiró este arte antiguo y señaló al respecto: “El tatuaje no abstracto más antiguo que se conoce representa a Bes, que según la mitología egipcia es la lasciva deidad de la diversión”.
Es interesante notar que la Ley mosaica prohibía al pueblo del Eterno Dios hacerse tatuajes. Levítico 19:28 recoge el siguiente mandato: “No deben hacerse cortaduras en su carne por un alma difunta, y no deben ponerse marcas de tatuaje. Yo soy Yahwéh”. Los adoradores paganos, como por ejemplo los egipcios, se tatuaban los nombres o los símbolos de sus dioses en el pecho o en los brazos. Al obedecer la prohibición del Eterno respecto a los tatuajes, los israelitas se distinguían de las demás naciones (Deuteronomio 14:1, 2).
Dicho mandato da que pensar y te permite el derecho de la duda a la hora de la tentación que esta moda causa (Efesios 2:15; Colosenses 2:14, 15). Si eres un santo escogido en el Mesías Yeshúa, seguro que no deseas llevar en tu cuerpo marcas relacionadas con el paganismo o la adoración falsa, aunque sea temporalmente (2 Corintios 6:15-18). El apóstol Pablo enseñó que debemos “…procurad lo bueno delante de todos los hombres…” (Romanos 12:17). ¡Entonces esfuérzate por lo más conveniente para tu vida íntegra!
“…Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos…” 
(Mateo 5:14-16).

El dios Maozim: espíritu que inspirará al Anti-Cristo

Hoy, mientras escudriñaba las señales proféticas que están documentadas en el Manual de la Vida (La Biblia), fui impactado por el Espíritu del Señor al posar mi atención en lo dicho por el profeta Daniel acerca del anti-Cristo. Leía en el verso 38 del capítulo 11, que este hombre de pecado (como lo llama el apóstol Pablo) tendrá una adoración específica:

«En su lugar honrará al dios de las fortalezas, un dios a quien sus
padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, piedras preciosas y
cosas de gran valor».
Si acudimos a las Sagradas Escrituras, versión Vulgata latina, dice Daniel XI, 38: “Deum autem Maozim in loco suo venerabitur”, es decir, «Y adorarán en su lugar al dios Maozim«.
Investigando me enteré que en la tradición cristiana primitiva Maozim era asociado al  dios del Anti-Cristo.
En el contexto original los estudiosos aseguran que el profeta usó un gentilicio. Es decir que es muy probable que Daniel estuviera describiendo a  toda una etnia o pueblo representada por una sola figura, el nombre de su dios. Vemos, como ejemplo de esto, las sucesivas alusiones bíblicas a Gog y Magog, nombres que con el tiempo fueron adquiriendo tintes sobrenaturales. Dado el contexto de la parte del Libro de Daniel en que aparece, es posible que con «dios Mauzim» se quisiera aludir al culto helenista, que Antíoco Epífanes intentó imponerles a los judíos intertestamentarios.
Escudriñando el texto, averigüé que en el hebreo original el pasaje dice que honrará al dios Mauzim. Este nombre proviene del plural de la palabra «maoz«, que quiere decir «fortaleza«, «torre«, o «minarete«.
Añadir leyenda
Entonces, los ojos de mi entendimiento vieron en lo espiritual al culto religioso que hoy tiene, como principal característica adorar desde torres o minaretes. ¡Sí, tal como Uds. lo dedujeron, estoy hablando del Islam!
Dicen los que saben que la expresión «a quien sus padres no conocieron» es de traducción incierta, y muchos estudiosos aseguran que debería decir «por entonces» en lugar de «a quien sus padres«. Considerando esto último, sabemos por la Historia Universal que el Islam es una religión que nace y se propaga por las naciones desde el siglo VII de nuestra era común, cuando un ángel (de origen bien discernido según 2Corintios 11:14) apareció con el nombre de Gabriel a Mahoma, el Profeta de los musulmanes, trayendo consigo un nuevo evangelio o doctrina: el Corán (Gálatas 1:8).
El profeta Daniel, ya había afirmado lo siguiente:
«Y por su astucia hará que el engaño prospere por su influencia. Él se engrandecerá en su corazón, y destruirá a muchos que están confiados. Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes, Pero será destruido sin intervención humana».
(Daniel 8:25)
El Islam se llama a sí mismo la «la religión de paz«. Usando este paradigma como lema, sus seguidores se presentan a lo largo de las naciones como una propuesta pacificadora de cambios. Sin embargo, cuando se estudia detenidamente sus estrategias proselitistas, encontramos que este lineamiento justifica al engaño respaldándolo como un medio útil para lograr más fieles. Desde esto, el Islam, usando el mismo Corán, autoriza a sus fieles a mentir, fingir y aparentar la paz delante de aquellos que son tildados como paganos respecto a sus creencias.

A modo de ejemplo, los invito a ver este video y escuchando con atención notarán que el contenido esencial del mensaje islámico está lejos de la paz entre los hombres. Las palabras corresponden a un clérigo de Kuwait, Tareq Al-Auwaidan, quien le pidió al grupo terrorista Hamas que no acepte un cese del fuego:

Con todo esto, y observando las distintas noticias de nuestros días, no cabe en el corazón y la mente de los hombres duda alguna: ¡El fin de la ira del Señor contra su pueblo se acerca, así es como el final de su paciencia para con sus enemigos! Si queremos escapar de la ruina de los infieles e idólatras, la persecución supersticiosa y cruel, así como de todo lo profano que hoy inunda las naciones, hagamos de los oráculos del Eterno Dios, nuestro estándar de la verdad y de Su Torah (Instrucción), el fundamento de nuestra esperanza, y la luz de nuestro camino a través de este mundo de tinieblas. De ese modo aseguraremos con fundamentos nuestra peregrinación a la herencia gloriosa que tenemos en Yeshúa HaMashiaj.

¿Existen los «libros perdidos» de La Biblia?

Todos los santos escogidos de Yahvéh sabemos que las Sagradas Escrituras (La Biblia) de por sí son una recopilación de los libros redactados por aquellos siervos llamados por el Eterno Dios para que Su llamado de Salvación pueda llegar a todos los seres humanos y así reposicionarlos en Su Propósito Eterno.
Últimamente, se está haciendo común oír hablar de los famosos “libros perdidos” de la Biblia. Dicha expresión se aplica a un conjunto de escritos que, al parecer, existían antes de que ésta se compusiera, y en los que se basaron los autores bíblicos para redactar sus obras. Hoy, lamentablemente, dichas obras han desaparecido, y resulta imposible saber qué es lo que decían. Sin embargo, sabemos de la existencia de estos libros porque la misma Biblia los menciona. El Antiguo Testamento nombra 21 de ellos, en un total de  más de 50 citas bíblicas.
Muchos grupos esotéricos de la actualidad, han salido por el mundo, a través de los distintos medios a aprovechar la mención de estos libros para causar confusión en las masas y sembrar en los seres humanos la duda en cuanto a la inspiración divina de Las Escrituras bíblicas. Estas diversas sectas especulan con que tales libros escondían información sobre civilizaciones secretas, ciudades misteriosas y culturas fantásticas, información que hoy, según dicen, puede descubrirse oculta en el trasfondo de los relatos bíblicos. Otros, en cambio, se valen de estos “libros perdidos” para desacreditar la Biblia; como es el caso de Orson Pratt, uno de los fundadores de los mormones, que en 1852 denunciaba que la Escritura “no contiene la verdad completa, porque varios de sus antiguos libros sagrados se han extraviado”.
¿Existieron estos “libros perdidos”? 
Primeramente, debemos entender que no hay “libros perdidos” de la Biblia, ya que dicha expresión permite el equívoco que conduce a pensar en la existencia de libros que fueron quitados de la Biblia. Entendemos que hay muchas leyendas y rumores sobre libros “perdidos,” pero ninguna de estas historias es verdadera.
Cada libro que el Eterno Dios designó e inspiró para estar en la Biblia, está hoy en ella. Hay literalmente cientos de libros religiosos que fueron escritos en el mismo período de tiempo que los libros de la Biblia. Algunos de estos libros contienen relatos verdaderos sobre cosas que realmente ocurrieron (1 Macabeos por ejemplo). Algunos de ellos contienen buena enseñanza espiritual (La Sabiduría de Salomón por ejemplo). Sin embargo, estos libros no fueron inspirados por el Espíritu de Dios. Si leemos cualquiera de estos libros, los apócrifos por ejemplo, debemos tratarlos como libros históricos falibles, no como la inspirada e inerrante Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17).
Entendiendo todo lo hasta aquí explicado, veamos cuáles eran algunos de estos libros y dónde se les menciona.
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El primero y más antiguo es el llamado «Las Guerras de Yahvé» (Núm 21: 14). Es el único que figura en el Pentateuco. Parece que fue una antigua colección de poemas sobre diversas batallas de los israelitas contra sus enemigos. También sería la fuente de algunos poemas como «La Canción del Mar» (Ex 15: 1-18), la «Canción de Miriam» (Ex 15: 21), la Canción de Moisés (Dt 32) y la Canción de Débora (Jue 5).
En la historia deuteronomista (Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes), se citan otros cuatro libros perdidos: «El Libro de Yashar» o «Libro del Justo» (Jos. 10: 12-13; 2 Sm. 1: 19-27 y 1 Re. 8: 12-13); «Los Hechos de Salomón» (1 Re. 11: 41); «Las Crónicas de los Reyes de Israel» (1 Re. 14: 19); y «Las Crónicas de los Reyes de Judá» (1 Re. 14: 29).
En la llamada historia cronista (Crónicas, Esdras y Nehemías), se nombra: «Los Hechos del vidente Samuel» (1Sam. 10:25; 1 Cro. 29: 29; 2 Cro. 9: 29); «El Libro de las Palabras de Jehú» (2Cro. 20:34); «El registro de las Crónicas del rey David» (1Cro. 27:24);   «Los Hechos del vidente Gad» (1 Cro 29: 29); «Las Profecías de Ajías de Silo» (2 Cro. 9: 29); «Las Visiones del vidente Idó» (2 Cro 9: 29; 2 Cro. 12: 15); «Los Hechos del profeta Shemaías» (2 Cro. 12: 15); «El Comentario del profeta Idó» (2 Cro. 13: 22); «El Comentario del libro de los Reyes» (2 Cro. 24: 27); «El Libro de los Hechos del Rey Uzías» (2 Cro. 26: 22); «Los Hechos de Jozay» (2 Cro. 33: 19); «Las Lamentaciones» (2 Cro. 35: 25); «El Libro de las Crónicas» (Neh. 12: 23); «Las Palabras de los Videntes» (2Cro. 33:19); «El Libro de las Memorias de las Cosas de los Tiempos» (Ester 2:23; 6:1); «El Libro de los anales de los reyes de Media y de Persia» (Ester 10:2).

Finalmente, podemos agregar como dato temático que en los libros de Los Macabeos se mencionan los dos últimos libros perdidos de la Biblia. El primero es «Las Memorias de Nehemías» (2 Mac. 2: 13) y «Las Cartas de los Reyes sobre las Ofrendas» (2 Mac. 2: 13). No sabemos si eran «libros» en el sentido moderno de la palabra, o simplemente colecciones orales transmitidas de generación en generación por los israelitas.

Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento. San Pablo cita el libro «Fenómenos«, del poeta griego Arato (Hch. 17: 28). En su Carta a los Corintios (1 Cor 15, 33) menciona la famosa comedia Tais, del escritor ateniense Menandro (siglo IV a.C.). La Carta a Tito (Tt 1: 12) hace referencia a los Oráculos, del poeta cretense Epiménides (siglo VI a.C.). Y san Lucas menciona que el gobernador Festo escribió una carta al emperador romano acusando a san Pablo de criminal (Hch 25: 26).Sabemos que el apóstol Pablo escribió epístolas que no fueron colocadas en el canon escritural. Por ejemplo, existió una epístola anterior de Pablo a los corintios. Aparentemente esta carta contenía instrucciones de cómo comportarse con la gente de mala voluntad. A esta epístola se la menciona en 1Corintios 5:9, en dónde leemos: «Os escribí en carta que no os mezclarais con los fornicarios«.

Otra epístola de Pablo a los efesios. Esta carta es mencionada, aparentemente en Efesios 3:3, cuando el apóstol les dice: «que, según revelación, se me manifestó el misterio, según antes he escrito en breve«.

Existe una carta de Pablo a los laodicenses. Ésta es mencionada en Colosenses 4:16, cuando el apóstol expresa: «Y cuando hayáis leído esta epístola, haced que sea también leída en la iglesia de Laodicea, y la que recibiréis de Laodicea, leedla también vosotros«.

En la epístola de Judas encontramos la mención al libro «Las profecías de Enoc«. Este libro profético, es citado brevemente por el hermano de nuestro Señor cuando escribe: «De ellos también profetizó el séptimo desde Adán, Henoc, cuando dijo: “He aquí que viene el Señor con sus santas miríadas para ejercer un juicio contra todos y convencer a todos los impíos de todas las impiedades que cometieron y de todas las crudezas que contra El hablaron los pecadores impíos” (Jd. 1:14-15).Ahora bien, ninguno de estos libros mencionados ha sido nunca un libro «bíblico», que tuviera una relevancia cultural en las comunidades de creyentes, sino literatura que los autores bíblicos conocían y citaban, porque tenía datos que les resultaban útiles o interesantes para sus obras, pero no los consideraban inspirados por Dios. Si hubiesen creído que estos libros eran sagrados, los hubieran preservado completos y no solo la referencia fragmentada de algunas frases o párrafos.Por lo tanto, entendemos que cuando la Biblia cita un libro antiguo, no es para canonizarlo, ni porque reconozca en él una inspiración divina, sino simplemente para referir una idea que en él había, y que era oportuna para los lineamientos inspirados, nada más. Otras veces lo hace para contarnos de dónde tomó el autor el material de su obra.

En consecuencia, el hecho de que no se hayan conservado hasta hoy no significa que la Biblia esté incompleta. La Escritura, tal como la conocemos, está completa. No le falta ninguna obra. Ella tiene el poder, la fuerza, el vigor y la energía capaz de transformar a cualquier persona. En todo caso, lo único que le falta a la Biblia es que nosotros la leamos, creamos en ella y vivamos sus enseñanzas.

LA TORAH: EL TESORO DEL ETERNO PARA NOSOTROS.

Por David Nesher

Muchas personas dicen: «Si me encontrara un tesoro, yo sería millonario. Podría vivir cómodo el resto de mi vida«. Otras dicen: «Si me encontrara un tesoro, lo compartiría con los más necesitados«.

¿Saben qué?… ¡Ya encontramos el tesoro más valioso del mundo! Úsalo y vivirás cómodo el resto de tus días.

En él encontrarás muchas promesas del Rey de Reyes: sanidad, vida eterna (1Jn. 2:25), provisión, cielo nuevo y tierra nueva (2Ped. 3:13), entre tantas otras promesas.

Ya que encontraste el tesoro más valioso del mundo, compártelo con los demás, compártelo con los más necesitados.

 

La TORAH (Instrucción) del Eterno es nuestro tesoro. Es la herencia que nos dejó nuestro Padre (Abba) celestial.

La TORAH da libertad. «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Cuando uno vive una vida pecaminosa, se convierte en esclavo del pecado. Cuando nos volvemos al Mesías (la Torah encarnada) y pedimos perdón, Él nos perdona. Y mientras mas leemos su Instrucción (Torah), más libres somos, porque ¡conocemos la verdad y la verdad nos hará libres!

La Palabra de Dios (Torah) es un manual. He escuchado a muchas personas decir: «Si la vida trajera un manual, no tendría tantos problemas.» «Si los hijos vinieran con un manual, todo sería más fácil.» A ellos les tengo buenas noticias… Claro que hay un manual: ¡LA TORAH! Ella nos dice cómo ser padres exitosos, hijos excelentes, esposos y esposas justos.

La Palabra de Dios (Torah) es valiosa. Para el mundo, el oro, la plata y las perlas preciosas son de gran valor. Así debe ser la Torah para nosotros. Tiene que ser extremadamente valiosa; más que el oro, la plata y perlas preciosas. Porque en la Torah del Eterno Dios encontramos TODO lo que necesitamos saber. Sal. 119:72 dice: «Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata«.

Por todas éstas razones y muchas más, ¡LA TORAH ES NUESTRO TESORO!

 «El que aparta su oído para no oír la Torah, su oración también es abominables«

 

(Proverbios 28:9).

Bitácoras Relacionadas para profundizar en la Torah:

La predicación del Moralismo contra la Proclamación del Reinado de Dios…, el desafío de la verdadera Iglesia

“que
por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de
huesos de muertos y de toda inmundicia”. 
(Mateo 23:27)

Escuchando, a través de distintos medios, las predicaciones y/o sermones que se
están dando en distintas plataformas evangélicas del mundo actual, no pude
evitar discernir un denominador común, invadiendo las conciencias como un
peligroso virus reptiliano. En el contexto actual de las congregaciones, uno de
los evangelios falsos más seductores, que domina la enseñanza desde los
púlpitos, es el moralismo.

El moralismo, coloca las
virtudes morales como la base de nuestra aceptación, ya sea delante de los
hombres, delante de mí mismo, o delante de Dios. Surge así el falso paradigma
de “si me porto bien, seré aceptado”.
La estructura básica del moralismo en
los cristianos evangélicos se reduce a esto: la creencia de que el evangelio
del Reino de Yahvéh
 puede ser reducido a simples y sencillas mejoras
en el comportamiento humano. Se enfatiza, domingo a domingo, y desde
distintos púlpitos, un mensaje saturado de contenidos que apuntan
solamente a producir arreglos en la conducta de sus oyentes.
Son demasiados los creyentes que hoy
sucumben a la lógica del moralismo y reducen el evangelio a un
mensaje de valoración de virtudes y mejoras morales de acuerdo al status quo
imperante en cada ciudad, región o nación del mundo. De ese modo millones han
quedado seducidos a creer que en realidad pueden obtener toda la aprobación
divina que necesitan por retoques personales en ciertas áreas de su
comportamiento, sin considerar la revelación de los códigos contenidos en la
Torah (Ley) del Eterno.
La anti-esencia surgida del
moralismo
 es evidente: la
creencia de que el ser humano puede lograr la justicia por sí mismo a través de
un comportamiento adecuado a las convenciones sociales de su contexto vital
.
El peligro es que las congregaciones
cristianas comunican, por medios directos e indirectos, que lo que el Eterno
Dios espera de la humanidad caída es simplemente una mejora moral. Satisfacen
la sed del alma humana con la falsa idea de que un ser humano honrado y
obediente al sistema imperante garantizará la bendición divina sobre el
planeta. De este modo, se subvierte el Evangelio del Reino de los Cielos y se
comunica un falso evangelio a un mundo caído que solamente será transformado
rindiéndose a la soberanía divina a través del señorío del Mesías implantando
la Torah (Instrucción) de Yahvéh en los corazones humanos.
En el moralismo, el buen
comportamiento viene primero y la aceptación después. En el evangelio es al
revés: primero somos aceptados por Dios, únicamente en base a los méritos de
Cristo, y debido a ese hecho ahora podemos y debemos comportarnos de cierta
manera.
A causa de este falso evangelio, los
vecinos, amigos, parientes y conocidos de un evangélico no se sienten atraídos
a acudir arrepentidos ante el Eterno, ya que ellos también son moralistas de
acuerdo a sus creencias y tradiciones. De ese modo, millones de seres humanos permanecen condenados por
creer que el moralismo es el mensaje que el Mesías encomendó a Sus
apóstoles. 
La verdadera Iglesia de Cristo no tiene
más remedio que enseñar la Palabra de Yahvéh, y ella implantada en el ser
humano por la obra mesiánica de Yeshúa, en el poder del Espíritu Santo. Toda
esta obra, absoluta y exclusivamente divina, se verá consignada al cumplimiento
perfecto de Su Pacto Renovado o Nueva Alianza que el Eterno ha hecho con sus
escogidos: colocar su Torah (Instrucción o Ley) en la mente del hombre, a fin
de escribirla diariamente en sus corazones. ¡Este es el verdadero contenido del
mensaje del Evangelio del Reino de Yahvéh!
Somos justificados por la fe solamente,
salvos por gracia solamente, y redimidos de nuestros pecados por la obra
gloriosa del Mesías solamente. El moralismo produce pecadores
que (potencialmente) se comportan mejor. El Evangelio del Reinado Divino
transforma a los pecadores en hijos primogénitos de Dios, adoptados en el
Mesías, a través del Espíritu Santo manifestando, por Gracia, Su Torah en
nuestro interior y en cada área de nuestra vida.
Se necesita nada más y nada menos que la
predicación audaz del verdadero Evangelio. El evangelio completo y
verdaderamente existencial del Reinado de Yahvéh. Esta rápida transición será
suficiente para corregir esa falsa impresión que los seres humanos tienen hoy
del contenido del mensaje de nuestra proclamación y llevar así a los pecadores
a la salvación en Jesús, nuestro Mesías y Señor.
Los dejo reflexionando en esto, rogando
que el Espíritu Santo de Yahvéh nos sostenga, nos ilumine, nos purifique, nos
transforme cada vez más para que nuestra fe se convierta cada día en más
profunda y consciente. Entonces nuestra vida no será el fruto de un moralismo
respetable, sino un verdadero y auténtico intento de rendir un testimonio de
amor al Eterno Dios que nos ha amado antes y desea por encima de toda otra cosa
unirnos a Él por medio de Su Torah encarnada en nosotros, así como fue con
nuestro amado Mesías.

¡El Nombre de Dios por fin Revelado!

 Por David Nesher

«Por eso, he aquí que en este tiempo les mostraré y les daré a conocer mi mano y mi poderío. Entonces sabrán que mi nombre es Yahvéh». 
(Jeremías 16:21 _ Versión de la Biblia “Peshitta en español”, traducción de los antiguos manuscritos arameos)

Es importante recordar que cada promesa profética era dada por el Eterno Dios refiriéndose, la mayoría de las veces, a la temporada que el Mesías inauguraría. El versículo citado arriba, testifica, según Jeremías, menciona un tiempo en el que el pueblo de Israel conocería el poderío completo de Yahvéh contemplando su mano. ¿Qué significaba proféticamente esto? ¿Qué relación tiene con la misión del Mesías de revelar plenamente al Eterno Dios?La palabra SEÑOR (LORD), representa toda en mayúscula en la mayoría de las Biblias en inglés, es conocido Como el “Tetragramaton”, y expresa la combinación de estas letras hebreas  Este nombre tiene incontables miles de años de antigüedad,  es nombre más sagrado del Eterno Dios dado a Moisés en el arbusto llameante, el que la mayoría de traducciones al inglés ponen como YO SOY,  las letras hebreas suenan así:  Yud, Heih, Vav y nuevamente Heih (YHVH)

Yud, Heih, Vav, Heih es además el Nombre olvidado de Dios, el cual los estudiosos judíos y los investigadores dicen, tiene un significado y una pronunciación que se perdió,  porque sus ancestros rechazaron pronunciarla en voz alta desde más o menos una generación antes de la destrucción romana del templo de Jerusalén.

Hoy, Yud, Heih, Vav, Heih es más a menudo pronunciado como Yahvéh cuando es dicho o escrito por cristianos y otros. Es interesante agregar que con todo este conocimiento actual y certero, todavía no es pronunciado en voz alta por los judíos ortodoxos.
Sepan que la pronunciación “Jehová” es una forma más antigua y totalmente incorrecta de estas letras, originada con los primeros traductores alemanes del idioma hebreo y sus sonidos, de ahí el sonido más dramático de “Jehová”

Investiguemos el significado ideográfico de las letras hebreas Yud, Heih, Vav, Heih. El ideograma es un símbolo que representa una idea, como los símbolos masculino y femenino que se pueden ver en las puertas de los baños públicos. Las letras hebreas han tenido significados ideográficos desde tiempos ancestrales.

Existen varios significados ideográficos para cada una de las letras. Aleph, por ejemplo, la primera letra del alfabeto hebreo, puede significar “Buey o “Toro”. Bet, la segunda letra del alfabeto hebreo representa la palabra “Casa”o “Tienda”, pero en cada caso,  las ideas representadas por cada una de las letras, están íntimamente emparentadas,

Con todo esto en mente, usando los significados ideográficos de “Yud, Heih, Vav, Heih”, aceptados más comúnmente por estudiosos judíos a través de los siglos, la traducción de las letras “Yud, Heih, Vav, Heih”, (YHWH) del nombre sagrado del Eterno Dios, simbólicamente hablando pueden traducirse exactamente como:
  • Yud = la mano,
  • Heih =  una ventana o significa “contemplar o mirar«, y
  • Vav el clavo,

Teniendo esto en cuenta puede verse que simbólicamente hablando, la combinación de estas letras puede ser traducida exactamente y con toda seguridad como: “Contemple la mano, contempla el clavo” o “Mire la mano, mire el clavo”.

Cuando consideramos que Yeshúa o “Jesús”, en hebreo este nombre significa: “Yahvéh es nuestra salvación”, entonces el significado es incluso más rico, a través de Jesús,  pues Yahweh facilitó nuestra salvación,  si no lo creéis, “Contemple la mano, contemple el clavo” cuando crucificaron a Jesús de Nazaret el hijo de Dios, el Mesías prometido.

Por último, estudiaremos la señal que Poncio Pilato hizo colocar por encima de la cruz de Jesús:

 «Y poner sobre su cabeza su acusación escrita contra él «
(Mateo 27:37)

 El cartel se escribió en tres idiomas (hebreo, griego y latín) Lo escrito en hebreo era leído así: « Yeshua HaNatzerat VaMalech Hayehudim«, o «Yeshúa de Nazaret, Rey de los Judios«. Consideraremos la primera letra de cada estas cuatro palabras hebreas:

YOD – Y – eshua,
HEIH – H-aNatserat
VAV – V-aMealech
HEIH – H-aYehudim

Descubrimos en ellas a el Nombre de Dios (YHVH) y notamos que son parte de un acróstico escondido en la acusación en contra de Jesús son los mismos = YOD, HEY, VAV, HEY – YHWH, el nombre revelado de Dios a Su Pueblo Israel.

¡YHVH reveló su poderío en la obra mesiánica de la redención sobre la cruz del Gólgota!

A continuación los invito a ver un VIDEO que permitirá compartir esta enseñanza:

El Nombre Secreto de Dios revelado from Monte Santo on Vimeo.

¿Qué es un Pacto para el Eterno Dios?

Las Sagradas Escrituras revela que al Eterno Dios le ha placido establecer Pactos con los hombres.

 Si consultamos una concordancia bíblica, se verá que la palabra pacto ocurre con frecuencia tanto en los libros de la Antiguo Alianza como en el Nuevo Pacto. Se usa para indicar las relaciones entre el Eterno Dios y el hombre, entre el hombre y hombre, entre nación y nación. Algunos ejemplos los hallamos en los siguientes pasajes: (Gén. 21:31-32; Gén. 26:28;1 Sam. 18:3-4; Oseas 12:1).

 Existe un modelo con respecto a los Pactos hallados en la Biblia. Básicamente, tal modelo es como sigue:
  1. La parte que toma la iniciativa se describe a sí misma y lo que ha hecho.
  2. Posteriormente viene una lista de obligaciones mutuas entre las partes que intervienen.
  3. Finalmente, está la sección que trata de las recompensas y castigos relacionados con el cumplimiento o el quebrantamiento del Pacto.

Los pactos son la forma como Dios se comunica con nosotros, nos redime y garantiza la vida eterna en el Mesías.

 Naturaleza de los pactos.

 Hay ciertos hechos que deben observarse en relación con los pactos en los cuales Dios ha participado.

1. Primero que todo, estos pactos son pactos literales y deben interpretarse literalmente.
2. En segundo lugar estos pactos son eternos. Todos los pactos de Israel son llamados eternos, excepto el pacto Mosaico que se declara temporal, esto es, que continuaría sólo hasta la venida de la simiente prometida (Gál. 3:19, 23-26).

El Pacto Abrahámico se llama «eterno» en Génesis 17:7,13,19; 1 Cró. 16:16-17; Sal. 105:8-11; el Pacto Davídico se llama «eterno» en 2 Sam. 23:5; Isaías 55:3; y Ezeq. 37:25; y el Nuevo Pacto se llama «eterno» en Jer. 32:40; 50:5; y Heb. 13:20. Estos pactos fueron hechos con un pueblo de pactos, Israel. En Romanos 9:4, Pablo declara que la nación de Israel había recibido pactos del Señor. En Efesios 2:11-13, él declara, a la inversa, que los gentiles no han recibido ninguno de tales pactos y por consiguiente no gozan de las relaciones de esos pactos con Dios. Estos dos pasajes nos muestran negativamente que los gentiles no gozaban de las relaciones de esos pactos y, positivamente, que el Eterno Dios había entrado en relaciones de pactos con Israel. Pero en Cristo, los gentiles han llegado a ser participantes del Nuevo Pacto (Pacto Renovado), y por consiguiente; de las bendiciones del mismo.

La palabra Pacto se traduce en los libros de la Antigua Alianza del término hebreo Berit comparable al del vocablo legal moderno de «Contrato»y «Alianza» o bien un compromiso, un acuerdo.

Dicha palabra hebrea para pacto proviene de una raíz que significa «él cortó». Al parecer Berit viene de la costumbre antigua del cercano oriente de cortar o dividir un animal en sacrificio para ratificar un pacto. Era costumbre cortar al animal en dos o tres partes. Una parte se quemaba en honor del dios, y otra parte se consumía en una comida en celebración del pacto. El libro de Génesis (Bereshit), en su capítulo 15, describe un rito de este tipo. También se menciona el mismo rito en el capítulo 24 del libro de Éxodo (Shemot). En este caso se describe con toda claridad el sacrificio y la comida celebratoria. En ciertos tratados celebrados con vasallos en el antiguo Cercano Oriente se establece que el vasallo está obligado a visitar al gran Rey anualmente con el fin de renovar el pacto. Aunque las Escrituras Hebreas no son claras en cuanto a esto, es muy probable que la misma costumbre prevaleciera en Israel. Es posible que los israelitas se juntaran en ocasión de cierta fiesta (de año nuevo) para renovar el pacto.

La práctica de cortar el animal en trozos se menciona en Jeremías 34:18 y 19 en estas palabras: «Haré que los hombres que traspasaron mi alianza y que no han cumplido las palabras del convenio que hicieron en mi presencia, [sean] como el becerro que cortaron en dos partes para pasar en medio de las mitades: A los oficiales de Judá y de Jerusalén, a los funcionarios, a los sacerdotes y a todo el pueblo del país que pasaron entre las partes del becerro».

El Diccionario de Vine dice sobre «Pacto»: El verbo más común es «cortar» [hebreo karat] un pacto, que siempre se traduce como en Gn. 15:18 «YHWH hizo un pacto (una alianza) con Abraham». Este uso parece derivarse de la ceremonia descrita en Gn. 15:9-17 (cf. Jer. 34:18), en la que YHWH se aparece como «una antorcha de fuego que pasaba por entre las mitades» (Gn. 15:17). Todos estos verbos aclaran que en todos los casos la iniciativa es de YHWH; Él es quien establece y cumple los pactos. «Pacto/alianza» es un término paralelo o equivalente a los vocablos hebreos dabar («palabra»), joq («estatuto»), piqqud («preceptos», Sal. 103:18 lba), edah («testimonios» Sal. 25:10), torah («ley» Sal. 78:10) y jesed («misericordia» Dt. 7:9). Estos términos enfatizan la autoridad y la gracia de YHWH en establecer y cumplir con el «pacto», a la vez que señalan la responsabilidad humana bajo el.

 Clasificación de los Pactos.

Los Pactos de Dios contenidos en la Biblia se clasifican en dos clases: aquellos que son condicionales y los que son incondicionales.

Un Pacto Condicional es uno en el cual la acción de Dios es en respuesta a alguna acción de parte de aquellos a quienes va dirigido el Pacto, lo cual garantiza que Dios hará su parte con absoluta certeza cuando se satisfacen los requisitos humanos. Pero si el hombre fracasa, Dios no está obligado a cumplir con su parte del Pacto.

Un Pacto Incondicional, mientras que no puede incluir ciertas contingencias humanas, es una declaración de cierto propósito del Eterno Dios, y las promesas de un Pacto Incondicional serán ciertamente cumplidas en el tiempo y a la manera de Dios. Un Pacto Incondicional se distingue de uno condicional por el hecho de que su cumplimiento esencial es prometido por Dios y depende del poder y la soberanía del propio Dios.

Desde todo esto podemos estar seguros y convencidos de que todo lo que el Eterno Dios se ha comprometido a hacer por medio de dichos Pactos, Él lo hará con toda la perfección de su infinito Ser.

En todos los casos Yahvéh toma la iniciativa: no se trata de un acuerdo entre partes iguales; el Eterno establece los términos. Los da a conocer y sólo Él garantiza su cumplimiento. Los seres humanos disfrutan de las bendiciones del Pacto en tanto obedezcan y cumplan los mandatos del Eterno Dios.

«Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos»

 

(Salmo 119:173)

Daniel, las bestias y el rastro de la Serpiente en la Historia Humana

P.A. David Nesher
Comenzaré haciéndole a Ud., amigo lector, una pregunta: ¿le gusta resolver enigmas? Si su respuesta ha sido positiva, seguramente su gusto, si es que no es pasión, se fundamenta en que para ello hay que buscar pistas que conduzcan a la solución escondidas en los distintos códigos y símbolos del enigma. Y esta sí que es la misión única y propia del espíritu humano.
Seguramente Ud. debe saber que desde tiempo inmemorial, el hombre ha observado las características y costumbres de los animales y las ha aplicado en un sentido figurado o simbólico a personas, pueblos, gobiernos y organizaciones. Así ha usado a las bestias como analogías de enigmas muchos más profundos escondidos en dichas estructuras humanas. La Biblia, considerando esta pasión humana por solucionar enigmas desde metáforas con animales, también usa este eficaz medio de ilustración.
Bestias usadas como símbolos de gobiernos a lo largo de la Historia Humana. 
La forma aramea (jêwâz) usada en Daniel describe las bestias -como representaciones de los poderes mundiales en conflicto con el pueblo de Dios (v 17)- cuyas características servían como identificaciones efectivas de las actitudes y del papel de los poderes civiles y eclesiásticos (Dan. 7.17, 23; Ap. 13.1).
En el registro bíblico se mencionan algunas destacadas potencias mundiales de la historia, y todas ellas, al igual que otras naciones, han usado animales como símbolos de sus gobiernos. En Egipto, la serpiente ocupó un lugar relevante. Por ejemplo, el ureus, el áspid sagrado, aparecía en el tocado de los faraones. Sin embargo, también se usó el toro para representar a Egipto, así como a Asiria. Medo-Persia empleó el águila (los escudos de los medos llevaban el águila dorada; los persas llevaban un águila fijada a la punta de una lanza). El mochuelo representó a Atenas, y a Roma, el águila. Hoy se representa a Gran Bretaña con un león, y a Estados Unidos, con un águila. Desde los tiempos más remotos, se ha simbolizado a China con el dragón. También resulta familiar el “oso” ruso y el “águila bicéfala” alemana.
VISIONES DE LAS CUATRO BESTIAS (Daniel 7:1-3)
El libro bíblico de Daniel contribuye mucho a descifrar el significado de las bestias simbólicas.
El capítulo 7 contiene una gráfica descripción de “cuatro enormes bestias”: un león, un oso, un leopardo y un monstruo espantoso con grandes dientes de hierro (Daniel 7:2-7). Daniel nos dice que representan “reyes”, o gobiernos políticos, que se suceden unos a otros en la dominación de grandes imperios (Daniel 7:17, 23).
Los distintos hermeneutas y exégetas bíblicos afirman que las bestias descritas representan reinos o gobiernos políticos en el ejercicio de su poder y autoridad. (Da 7:6, 12, 23; 8:20-22; comparar con Ap.16:10; 17:3, 9-12.) Un examen de los pasajes bíblicos revela que mientras que estas ‘bestias salvajes’ políticas difieren en su apariencia simbólica, tienen, no obstante, ciertas características en común. Todas se oponen al Gobierno de Yahvéh sobre la humanidad por medio del reino mesiánico. También se las representa en oposición a los “santos” de Dios, es decir, su pueblo: primero la nación de Israel (y sus dos casas) y después la congregación de primogénitos de Sión (la Nueva Jerusalén). Los reinos mencionados específicamente por nombre (Medo-Persia y Grecia) fueron potencias mundiales importantes. Los otros reinos tampoco debieron ser de menor importancia, como se infiere del tamaño que se les atribuye o de los hechos que se les imputan. (Ha de notarse que los reinos subordinados se simbolizan en algunos casos con cuernos.) A todas las bestias se las representa muy agresivas, buscando la posición dominante sobre las naciones o pueblos que se hallaban a su alcance. (Compárese con Dan. 7:17, 18, 21; 8:9-11, 23, 24; Ap. 13:4-7, 15; 17:12-14.)
Algunos intérpretes intentan limitar el cumplimiento de las visiones de las bestias del libro de Daniel de tal manera que no se extienda más allá del tiempo en que Jesucristo estuvo en la Tierra, cuando el Imperio romano era la potencia mundial dominante. No obstante, las mismas profecías indican con claridad que su cumplimiento se extiende más allá de esos días históricos. Por ejemplo, se dice que las últimas bestias siguen en existencia hasta la ‘llegada del tiempo definido para que los santos de Dios tomen posesión del Reino’ en el “señalado tiempo del fin”. Es entonces cuando el Mesías destruye para siempre esta oposición bestial (Dan. 7:21-27; 8:19-25; compárese también con Ap. 17:13, 14; 19:19, 20.)
Para finalizar, señalaré que Cristo Jesús predijo de manera explícita que la oposición al reino mesiánico continuaría hasta el tiempo del fin, de modo que los discípulos que entonces predicaran ese Reino serían “objeto de odio de parte de todas las naciones”. (Mt. 24:3, 9-14.) Es obvio que esto no da lugar a que ninguna nación quede excluida, y menos las potencias mundiales, de una posible identificación con las formas o expresiones finales que adopten estas bestias salvajes simbólicas.
Es una aventura de fe maravillosa dejarse  guiar por el Santo Espíritu de Yahvéh en el descifrado de los códigos proféticos que se encuentran bajo el enigmas de estas bestias proféticas. Lo invito a meterse diariamente en esta búsqueda sagrada.
Su Paz (Shalom) sea con Ud., su vida y su familia.

La Biblia y sus exactitudes científicas

«Toda escritura es la palabra de Dios»
(2Timoteo 3:16)
Entendemos claramente que la Biblia no es un tratado científico, pero cuando toca aspectos de este tipo se destaca no solo por lo que dice, sino también por lo que no dice.
Aunque se trata de un libro antiguo y toca muchos temas, la Biblia no contiene inexactitudes científicas.
La Biblia no es un libro de Ciencia, sino un libro de fe, para fortalecer la fe. Por lo tanto, la Biblia jamás es confirmada por la Ciencia, mas bien, la ciencia es confirmada por algunas declaraciones de la Biblia.
Numerosas declaraciones encontradas en el Libro de Dios han sido halladas científicamente exactas. Si esto sucede así, ¿Qué debiéramos pensar? ¿Fue la Biblia  escrita por un conjunto de científicos? ¡Absolutamente No!. Los aproximadamente cuarenta hombres que tomaron parte en su composición, escribieron bajo diferentes periodos de tiempo, todos ellos con notable antigüedad. El más reciente escribió su porción entre el año 95 o 100 D. C. Todavía muy lejos de nuestra era científica-espacial-cibernética. Ellos no tomaron una educación formal académica de ninguna clase. Ni la mejor de su propio tiempo. Sus ocupaciones incluyen el pastoreo, la pesca rudimentaria, el único mas destacado fue médico. Pero nadie absolutamente alcanzó la “cumbre” intelectual de las famosas universidades de nuestro tiempo. ¿De donde, pues, estos hombres sencillos obtuvieron la percepción y claridad mental para escribir lo que la Ciencia moderna ha alcanzado a revelar después de cientos de años de duro esfuerzo e investigación.
La única respuesta que puede ser lograda después de un razonamiento sobrio es que la Mente que les guío a escribir la Palabra escrita revelada (2 Cor.2:16; 2 Ped.1:21). es la misma mente que les reveló el anticipado conocimiento de estas numerosas afirmaciones las cuales podemos leer en las páginas de la Biblia:
“Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Dan.2:28)
“Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mi no hay Dios… Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir… No hay Dios sino yo, No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isa.44:6-8).
Cómo vemos solo un Ser auto-existente, trascendente y omnisapiente puede ser la causa de estas verdades. Las siguientes y asombrosas declaraciones son puestas para nuestra consideración. La exactitud con relación a los descubrimientos científicos es una evidencia mas de la validez de la Revelación e Inspiración de la Biblia como Palabra expresa de nuestro Creador.
Volvemos pues a recordar lo dicho al principio: la Biblia no es un libro científico, sino que es el libro de la fe, pero también es cierto que cuando trata asuntos científicos es exacta y acorde a la ciencia probada. Veamos algunos ejemplos en el cuadro que a continuación se publica:
exactitud científica de la Biblia

Las Tres Reglas de la Fe (Emunah)

La fe (en hebreo: emunah) es una convicción innata que el Eterno otorga en Su gracia benevolente a sus hijos (Efesios 2: 8; Heb. 11:1). Es una percepción extrasensorial de la verdad que trasciende la razón, más que evadirla. Así, la sabiduría, el entendimiento y el conocimiento pueden mejorar la genuina emunah, pero jamás conformarla.
 

Pero la más grande vitamina que uno puede proveerle a la emunah es simplemente el ejercicio. De hecho, en hebreo, la palabra “artesano” se dice umán (que deriva de la misma raíz que emunah), porque esta persona practicó su artesanía una y otra vez hasta que se volvió para ella algo natural. De la misma manera, la emunah crece y se profundiza a medida que uno se va acostumbrando a ver todos los fenómenos de la vida como manifestaciones de la presencia y la gloria del Creador. Sin embargo, la emunah se fortalece muchísimo más cuando es puesta a prueba y logra pasar esas pruebas y, mucho más, al sacrificar cosas en la vida en aras de tu emunah.

 
La expresión emunah (fe obediente) en verdad debe traducirse como certeza o convicción que produce confianza (hbr. Bitajón).En el concepto hebreo no existe ni la «fe ni el creer«, como se entiende en el occidente greco-romano, sino solo la lealtad, fidelidad, o firmeza en la verdad.
 
 
Desde esta concepción hebrea se entiende que la fe obediente se divide en tres niveles principales que denominamos las “Tres Reglas de la Fe”:
 
 
1) El nivel básico de la fe – Siempre asegura: “Así el Creador quiere”. Se trata de la firme creencia que todo lo que al hombre le sucede proviene del Creador quien ejerce Su perfecta Supervisión sobre cada una de las circunstancias, inclusive en el más pequeño y aparentemente insignificante acontecimiento.
 
 
2) El nivel intermedio de la fe – Siempre confiesa: “Todo es para bien”. Se trata de la firme creencia que la Supervisión del Creador es siempre y sólo dirigida hacia el bien, y de por sí, todo lo que le sucede al hombre y todo lo que le sucederá – “Todo es para bien” tal como lo asegura Romanos 8:28.
 
 
3) El nivel superior de la fe – Siempre consulta: “¿Qué quiere el Creador de mí?”. Se trata de la firme creencia que hay un objetivo específico en cada cosa que el Creador hace, y por lo tanto, el hombre debe buscar cómo conocer y conectarse al Eterno y Todopoderoso Dios en todo lo que le sucede.
 
 
Estos tres niveles son realmente una sola cosa ya que la fe es una totalidad. Simplemente, la fe es la convicción que “No hay nada más fuera de Él” (Deuteronomio 4:35), y todo lo que sucede en el Universo está bajo Su Supervisión Individual. Debido a que la razón principal del Creador al crear el universo es otorgar Su Bondad a todas Sus criaturas, todo lo que Él hace es para bien. El Creador no hace nada arbitrariamente, cada una de Sus obras tiene una específica razón fundamental y un objetivo: enseñar a las criaturas a conocerlo y conectarse a Él por medio de un ser humanos redimido y mesiánico.

https://youtu.be/OCpFFVJTItY

¿Qué era el Atrio de los Gentiles?

Primeramente señalaré que el término «gentiles/paganos» proviene del latín gens, de donde proviene la expresión «gentil«. Esta palabra, usada por los patricios de Roma, daba la idea de «nación extranjera» en contraposición al pueblo romano, (populus romanus). También añadiré que «gentil» o «pagano» es la traducción del hebreo goi/goyim, que aparece 561 veces en el Antiguo Testamento, y del griego ethnos/ethnê, que aparece no menos de 162 veces en el Nuevo Testamento. Ambas expresiones (la hebrea y la griega) significan «los que son del mar de gente«.
Ahora, los invito a considerar la estructura y disposición del Templo de Jerusalén, particularmente en los tiempos de Yeshúa, que es cuando el atrio de los gentiles funcionaba.
Todos ustedes saben que el primer Templo, construido por Salomón en el año 950 a.C., fue destruido por los babilonios en el año 586 a.C.
A su regreso del exilio en Babilonia, los judíos levantaron otro más pequeño, entre el 520 y el 516 a.C.
En estos dos momentos del Templo de Yahvéh no había ningún atrio de los gentiles en los planos arquitectónicos que el Eterno Dios suministró para el templo de Salomón ni en el de la visión de Ezequiel; tampoco había ninguno en el templo que reedificó Zorobabel.
El atrio de los gentiles fue edificado por Herodes el Grande, un rey edomita (descendiente de Esaú o Edom), que pretendía glorificarse y ganarse el favor de Roma, la autoridad imperial que lo había colocado como rey de los judíos por imposición.
Entre los años 20 o 19 a.C., el rey Herodes dio inicio a los grandes trabajos de renovación, casi de reestructuración, del Templo de Jerusalén, el segundo, el que fue construido después del exilio.
El historiador judío Josefo nos cuenta en su libro «Antigüedades«, que al comienzo de la obra fue necesario contratar a 10.000 obreros laicos (canteros, carpinteros, plateros, orfebres, fundidores de bronce…) y 1.000 sacerdotes adiestrados en albañilería para encargarse de los trabajos de construcción de los recintos sagrados ya que para los laicos estaba prohibido pisar esos lugares.
 El nuevo Templo resultaba grandioso. Tenía la misma estructura básica del Templo de Salomón, pero era mucho más grande era la grandeza indescriptible de mármol y oro. Construido sobre los planos del primero, de piedra blanca, realizado con placas de oro, se erguía en el centro de una explanada de 480 metros de largo por 300 metros de ancho, cubierta de mosaicos de colores, desde la que se domina toda la ciudad con sus pórticos de soberbias columnas de mármol, despertaba la admiración de todo el Mediterráneo.
Su estructura básica fue concluida después de diez años. El Templo de Herodes era tolerado por los judíos, dado que tenía señales visibles de la presencia pagana. A la fortaleza Antonia , en su esquina noroeste, era donde los sacerdotes iban a buscar sus vestimentas sagradas. Allí residía el procurador romano, y se alojaba también la guarnición romana. Además de eso, su construcción de estilo helenístico no ayudaba a su plena identidad judaica. El Templo, como veremos, se había convertido en un instrumento ideológico-religioso de la dominación económica, social y política romana.
Además de las áreas reservados a los miembros del pueblo de Israel (hombres, mujeres, sacerdotes) en este templo había un espacio en el que todos podían entrar, judíos y no judíos, circuncisos e incircuncisos, miembros o no del pueblo elegido, personas educadas en la Ley y personas que no lo eran. Aquí se reunían rabinos y maestros de la Ley dispuestos a escuchar las preguntas de la gente sobre el Eterno Dios, y a responder en un intercambio respetuoso y misericordioso. Este espacio era el atrio  de los gentiles o paganos, en latín el atrium gentium, un espacio que todos podían atravesar y en el que podían permanecer, sin distinciones de cultura, lengua o profesión religiosa, un lugar de encuentro y diversidad. Era una zona que Herodes hizo construir para congraciarse con los romanos.
Había que pasar por varios atrios o terrazas para llegar al edificio central, que era el santuario en sí. Cada uno de esos sucesivos atrios tenía un mayor grado de santidad. Entonces las terrazas incluían tres atrios:
  • El primero accesible a todos se llamaba el Atrio de los Gentiles contaba con hermosos pórticos que se llamaban Pórtico de Salomón y Pórtico Real. El primer pórtico era el lugar dónde el Mesías, y más tarde la comunidad apostólica de Jerusalén, acostumbraban a juntarse para adorar al Eterno Dios:  “Y Jesús andaba en el templo por pórtico de Salomón”(Jn. 10:23). “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (Hechos 3:11). Lo utilizaban los muchos gentiles incircuncisos que deseaban hacer ofrendas al Eterno Dios de Israel.
  • El segundo atrio, llamado Atrio Interior era reservado para los judíos que se congregaban para adorar en las distintas convocaciones divinas. SE se dividía en dos partes: El Atrio de las mujeres y el Atrio de los israelitas o judíos.
  • El tercer atrio, llamado el Atrio de los Sacerdotes era el espacio donde estaba el altar de los holocaustos. En la parte recóndita del edificio estaba el Templo o Santuario con las tres partes tradicionales: el vestíbulo, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.
Cómo podrán notar este Templo en su interior, (a diferencia del Tabernáculo que sólo disponía de un atrio), disponía de «falsos espacios comunes»: el atrio de los gentiles, el atrio de las mujeres y el atrio de los judíos. Estos servían sólo para manejar y contener a las masas, ya que el Eterno Dios había dado instrucciones precisas a Israel de cómo debían tratar a los extranjeros. Si ellos aceptaban formar parte del pueblo de Dios, aceptando las Leyes y mandamientos que les había dado, debían contarlo como uno de ellos (Exodo 12:48; 22:21 y Levítico 19:33-34).
La construcción nos muestra ya una estructuración ideológica, pues el pasaje hacia cada una de estas partes del Templo se hacía subiendo cada vez más peldaños, hasta llegar al santuario, al igual que al Santo de los Santos, lugar de acceso al Sumo Sacerdote, quien en la época de Jesús era puesto y depuesto en diferentes momentos, tanto por Herodes como por los romanos. Con esto el Templo perdió la dignidad del período asmoneo, cuando los sumos sacerdotes eran sucedidos hereditaria- mente.
Aún más. Veáse que la estructura ascendente indicaba que los sacerdotes estaban más próximos a Dios, y por eso ejercían el poder. Se trata de una mitificación religioso-ideológica que legitimaba el statu quo .
Al cruzar el atrio de los gentiles, había un muro de 1,3 m. de alto con espacios abiertos para pasar.
En la parte superior había grandes piedras que llevaban una advertencia en griego y en latín. La inscripción en griego decía: “A ningún extranjero se le permite estar dentro de la balaustrada y del terraplén en torno al santuario. Al que se le encuentre será personalmente responsable de su propia muerte”.
Cuando una chusma atacó en el templo al apóstol Pablo, se debió a que los judíos rumoreaban que había introducido a un gentil dentro de la zona prohibida.
En sentido estricto, este atrio exterior no formaba parte del templo. Su suelo no era sagrado, y cualquiera podía entrar en él. Una serie de columnatas rodeaban el atrio de los gentiles. (Juan 2:13-17; Mt 21:12, 13; Marcos 11:15-18). En el sector del atrio de los gentiles estaba el mercado de animales para el sacrificio y el cambio de monedas para las ofrendas del templo.
Los ciegos, los cojos y los gentiles incircuncisos podían entrar en el atrio de los gentiles y se colocaban preferentemente en este lugar (Mateo 21:14, 15).
Además, fue en este lugar donde Jesús en diversas ocasiones se dirigió con sus enseñanzas a las muchedumbres, y dos veces expulsó a los cambistas y a los comerciantes diciendo que habían deshonrado la casa de su Padre (Mateo 21:12, 13; Juan 2:13-22).Justamente, la purificación del Templo, con la expulsión de los vendedores y cambistas, debe ser vista en el evangelio de Mateo dentro de un orden muy intencional:
1) Mt. 21, 1-11: Jesús, el Rey y Mesías, entra y es aclamado en Jerusalén por el pueblo. Jesús, el Mesías, toma posesión de la ciudad;
2) Mt. 21, 12-17: Jesús, como Mesías y Rey, toma posesión del Templo. La purificación es un acto de posesión, pues un nuevo orden se inicia.El clima es el del Día del Señor, dado que la purificación es seguida de la curación en el recinto sagrado de los ritualmente impuros. En efecto, los ciegos y los cojos son curados, en un verdadero clima apocalíptico; es como si la revelación del Día del Señor ya comenzara a ocurrir.

Lo que era sustentado por la oligarquía religioso-política como puro tiene que ser purificado, por cuanto no lo era. Los hijos de Israel ciegos y cojos, eran clasificados como impuros por los mismos religiosos, y por eso tenían prohibido entrar en el santuario. Ahora ingresan en él y son purificados por el verdadero Señor, Jesús. Es, de hecho, el día de la visitación de Israel, de Jerusalén y del Templo, por el Señor.
El mensaje profético del Mesías es bien claro: el reino de los sacerdotes se ha apropiado de lo sagrado y de la causa del Eterno Dios para servir a sus intereses. Ellos, en nombre de Yahvéh perpetuaron la opresión y el engaño contra el pueblo al que debían servir.

El amado Señor conservará, en esta actitud purificadora y profética,  la plena vigencia la palabra de lo profetizado por Oseas:

 

“Aprende lo que significa: misericordia quiero y no sacrificio”. 

 

La Misericordia divina y su significado en Hebreo

 Será muy beneficioso para nuestra fe comprender el alcance espiritual que tiene la misericordia de Yahvéh cuando se renueva cada mañana (Lm. 3: 22- 23).
Para ello, me remitiré a una nota que leí, escrita desde Israel por el Dr. Eli Lizorkin-Eyzenberg, en el que de una manera sintética explica el alcance significativo de esta palabra en hebreo y las connotaciones espirituales que la misericordia tiene de acuerdo a su etimología hebrea.
Cuando Moisés vio al Eterno Dios por la espalda, oyó también una voz que definió al Dios de Israel como misericordioso:

«Oh Eterno, oh Eterno, Dios piadoso y clemente, lento de ira y grande en misericordia y en fidelidad«

(Ex.34:6)
Necesitamos observar las raíces de esta palabra en hebreo, y de ese modo valorar los vínculos asombrosos que tenemos con Yahvéh.
Por ejemplo, el verbo LeRajem (לרחם), que significa tener piedad o compasión, está relacionado con otras palabras tales como “querido/a, adorable” o “amado/a” (רחים), lo que significa que en el medio semítico, alguien a quien amas es al final caracterizado con misericordia. ¡No se puede amar sin ser misericordioso!
Pero lo más fascinante es que la raíz de la palabra misericordia está relacionada con el embarazo. La palabra hebrea para «útero«, el cual alberga y protege el embrión, desde la concepción hasta el nacimiento, es – Rejem (רחם). Aquí, igualmente, el milagro de la concepción y protección del embrión puede ser definido como misericordia.
Estoy convencido que después de leer esto te atreverás cada mañana al despertar elevar tus plegarias al cielo agradeciendo por aquel poder virtuoso que el Eterno activa cada mañana: Su misericordia.

La Violencia tratada a la Luz de la Biblia

Hacia dónde quiera que nuestra atención apunte, notamos una sola cosa, la agresividad manifestada cada vez más fuerte en los seres humanos de las sociedades actuales y de cualquier sustrato social. Los habitantes de este planeta salen, día a día, a sus actividades cotidianas con una constante actitud defensiva. Esta errada actitud sólo produce un fruto: la violencia. Ésta lo primero se manifestará en las calles de las distintas ciudades y se infiltrará sin permiso en las distintas instituciones que conforma y hasta fundamentan una sociedad: familia, Estado, escuela, etc.
Si acudimos a la Biblia en busca de respuesta este tema nos encontraremos que registra una gran cantidad de textos que señalan la oposición del Eterno Dios a la violencia, ya sea en la familia (doméstica), en la escuela (bullying), o en el trabajo (mobbing).
¿De dónde viene la violencia, según la Escritura?
No viene de Dios. La Creación es un acto de poder, no de violencia. El hombre tiene como misión, entre otras, poner orden en este mundo inacabado, imperfecto. Su dominio sobre el mundo creado tiene por objetivo que reine la paz. Pero la serpiente, HaSatán, el maligno adversario, sugiere al hombre que comiendo del fruto prohibido se hará capaz de rivalizar con el Eterno Dios. Marido y mujer no se ayudan a resistir a la tentación. Al contrario, se arrastran el uno al otro. Se dejan engañar: es el pecado.
La primera consecuencia del pecado es la violencia. Sobre un fondo de rivalidad, Caín mata a Abel. El Eterno Dios quiere parar el ciclo infernal de la violencia: protege a Caín. Pero esta se mantiene viva.
Y llega hasta tal punto que, dice la Escritura, Dios se arrepiente de haber creado al hombre. “La tierra está llena de violencia a causa de los hombres”, le dice a Noé. ¡Que la humanidad tenga un nuevo comienzo, a partir del único justo que Dios encuentra, Noé y su familia! El diluvio engulle pecadores y pecados. Dios no se venga pero no puede dejar indefinidamente que se propaguen el mal, la injusticia, la violencia, el pecado.
Al final, como signo de una nueva alianza con la humanidad, Dios suspende en el cielo un arco que reúne a la humanidad de un extremo de la Tierra al otro. El arco, arma de guerra, se convierte en símbolo de paz. Anuncia una inversión aún más radical: la muerte de Jesús en la cruz como fuente de salvación.
Israel no ha nacido en la violencia. Ha nacido de una llamada de paz: el Eterno Dios llama a Abraham y le hace salir de su país para que se desplace, con su familia y su ganado. Él mismo es un hombre de paz. Intercede ante el Eterno a favor de Sodoma, ciudad gravemente pecadora. En caso de conflicto por la utilización de un pozo en Beerseba, llega a una solución con su rival. Concluye incluso una alianza con él. Es saludado por Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), palabra que significa “paz”.
Pero si Abraham es más bien pacífico, ¿qué decir de Dios? Dios impidió a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio y esta prohibición permanecerá. En Jerusalén, el valle de Gehena está maldito porque reyes impíos creyeron atraer los favores divinos sacrificando a sus hijos e hijas. Dios condena esto, en el profeta Jeremías, “lo cual yo no mandé” (Jeremías 7:31).
El significado de la violencia en las Escrituras y su clasificación.
 

Observaremos, primeramente, que la palabra violencia en hebreo es hamas, interesante dato en días específicos en los que una organización que supuestamente lucha por los derechos palestino ostenta dicho nombre. Notaremos que este término hebreo también puede traducirse como “agravio” o “mal”, según la situación. La idea que esta expresión daba era la de «violencia, injusticia, agresión, brutalidad, atropello«.
En los libros del Antiguo Pacto, la expresión hamas aparece 60 veces y siempre connota algo negativo. Por ejemplo, en Job 16:17 y 19:7 la violencia es revelada como contraria a la pureza y a la
justicia.
Los agentes de hamas son siempre los opresores, los poderosos y privilegiados (Am. 3:10; Miq 6:11-12; Ezq 7:11,19,23-34.).
En los libros de sabiduría todo tipo de agresor será considerado como “malvados” (Prov 24:2), “enemigos” (2 S 22:49; Sal 14:48), “instigadores” (Prov 16:29) y abundantes en “transgresiones” (Prov 29:22); por esta razón, se recomienda no asociarnos con ellos (Prov 22:24). En este contexto, se aconseja no imitar esta clase de actitud (Prov 3:31).
En los libros que conforman el Nuevo Testamento (Pacto) encontramos que para hablar de violencia se usa la palabra griega bía. Con ella se señalará todo tipo de conducta violenta. Ésta únicamente aparece tres veces en Hechos (5:26; 21:35; 27:41).
En todos estos casos bíblicos, “la violencia se manifiesta como amenazadora para la vida del hombre”. Por este motivo, la agresión tendrá un fin (Is 29:20; cf. Ap 21:1-4).
Un elemento muy interesante que registra la Biblia, aplicado en nuestros días en relación al fenómeno social llamado bullying, es el insulto. Cuando el Mesías caminó en la tierra aseveró lo
siguiente:
«Habéis oído que se dijo a los antepasados: “NO MATARÁS” […]
Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y
cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable delante de la corte
suprema; y cualquiera que diga: “estúpido”, será reo del infierno de fuego
«
(Mt. 5:21-22)
Es evidente, al meditar en estas palabras, que el Señor no sólo estaba en contra de la agresión física, sino también de la agresión verbal. Para él, el insulto es un asesinato, un delito. ¡Es la transgresión del sexto mandamiento! (Éx 20:13). Aquella persona que diga algún apodo, magullando a su compañero, recibirá el castigo divino.
Por otra parte, si bien es cierto existe el maltrato, el Eterno Dios promete cuidar de los débiles. Él aborrece al que ama la violencia (Sal 11:5), pero ama a quienes son objetos de agravio (Sal 118:13). En pocas palabras, el Señor protegerá a los desvalidos y castigará a los agresivos. Lo que él desea que hagamos es confiar en él y hablar con las autoridades terrenales. El resto, él lo hará.
Para ir concluyendo este estudio, diremos que la Biblia encuentra su respuesta definitiva al problema de la violencia en el punto central de toda la historia de la Salvación divina: el Mesías en la cruz del Calvario.  Al fin de cuentas, la respuesta del Eterno Dios a la violencia fue la de asumirla en sí mismo y así derrotarla para siempre.  Cristo mismo se insertó dentro de la paradoja del mal y de la violencia y la convirtió en la paradoja de la gracia y la vida.  En la cruz él absorbió la violencia para liberarnos de su fatalidad.  Por eso el león vencedor del Apocalipsis resulta ser un Cordero inmolado (Ap. 5:5-6).  Cuando Cristo rechazó el uso de la espada y le dijo a Pilato que su reino no procedía de ese «mundo», quiso enseñarnos que el reino de Dios no viene por la fuerza sino por la vía de la mansedumbre que Él mismo manifestaría en Su Pasión.
Por eso, hoy día también, la idea que da la obra mesiánica en la cruz tiene que modelar toda nuestra vida, incluso nuestra respuesta básica a la violencia.  Después de todo, y de acuerdo a al llamado que el mismo Mesías nos hace para seguirlo, nuestro vivir es por su propia naturaleza una existencia cruciforme.  El que quiere venir en pos de mí, dijo Yeshúa, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga, porque «el que pierde su vida la hallará» (Mt 16:24-25).  Mientras los dos testigos de Apocalipsis 11 trataban de lograr el reino de Dios soplando fuego y matando gente, para responder a la fuerza con mayor fuerza y a la violencia con más violencia, fracasaron totalmente (Apoc 11:3-10), pero cuando murieron y resucitaron con Cristo, muchos glorificaron a Dios (11:11-13).  La iglesia que busca el poder está traicionando al Siervo Sufriente que se despojó de sí mismo y fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Cordero de Dios venció entregando su vida en la cruz, venciendo al mal con el bien, a la violencia con el sacrificio del amor.  Eso es central al mensaje del Apocalipsis y del NT en general.  Y aunque no da una explicación final ni una fórmula mágica para determinar de antemano todas nuestras decisiones ante la violencia y la maldad, sí nos orienta desde la óptica de Dios y nos da la orientación cristológica (podriamos decir «corderológica») para decidir y actuar hoy y mañana conforme a la verdad del Reino que él trajo desde Su victoria en la cruz.

BITÁCORAS RELACIONADAS:

Jerusalén, el Trono del Mesías

Por: P.A. David Nesher

«Pero yo (Yeshúa) les digo que no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el Trono de YHVH; ni por la tierra, porque es la tarima de sus pies; ni por Yerushaláyim (nombre hebreo de Jerusalén), porque es la ciudad del Gran Rey.»
Mateo 5:34-35 (VIN)

Leyendo detalladamente estas palabras de nuestro amado Mesías, llegamos a la conclusión de que el Señor, en los postreros momentos de sus días, hará de  su ciudad real… ¡Su Trono!Entonces, notamos que la mayoría de los creyentes evangélicos han estado adormecidos por las fábulas de los líderes dispensacionalistas progresivos que enseñaron que cuando Cristo subió a la mano derecha del Eterno Dios, Él se sentó en el trono de David. Así ellos aseguran que:

  • (1) El Mesías ya está sentado en el trono de David; y que por lo tanto, el reino de David ha sido ya inaugurado;
  • (2) por esto, aseguran que el Trono de David está localizado ahora en el tercer cielo.

Busquemos ahora las Escrituras para ver lo que Yahvéh, nuestro Dios, dice sobre el trono de David, dónde está localizado y cuándo se sentará el Mesías en él.

“En verdad juró Yahvéh a David, y no se retractará de ello:
De tu descendencia pondré sobre tu trono Si tus hijos guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, Sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre”.
(Salmo 138:11-12)

Este pasaje del salterio habla claramente del trono de David. La pregunta que nos haremos es ¿dónde estará localizado el trono de David?

Las Sagradas Escrituras aseguran:

“Porque Yahvéh ha elegido a Sión; la quiso por habitación para sí.

Allí haré retoñar el poder de David; He dispuesto lámpara a mi ungido” 

(Salmo 132:13,17)

Es evidente que el trono de David, de acuerdo al diseño profético del Eterno, estará localizado en Sión (Jerusalén), no en el tercer cielo. Es allí, en Sión, que Dios hará que el cuerno de David aparezca.

Necesitamos primeramente comprender que, según las Sagradas Escrituras, Jerusalén es el lugar que Yahvéh la eligió para que estuviese su Nombre. (2 Cr 6:6.) Además de ser el centro de la adoración pura, también era la sede del gobierno de Israel. Se sabía y decía de los reyes que gobernaban en Jerusalén que se sentaban “sobre el trono de Yahvéh”. (1Cr 29:23.)

Continuando con nuestro estudio, iremos ahora hacia los profetas del Antiguo Pacto. Nos encontramos con lo que el profeta Jeremías dice acerca del tiempo de la restauración del Reino («en aquel tiempo«): a Jerusalén Trono de Yahvéh.

 «En aquel tiempo llamarán a Jerusalén:
«Trono del SEÑOR; y todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, a causa del nombre del SEÑOR;
y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazón».
 (Jeremías 3:17)
Es muy importante entender que el Reinado mesiánico de Dios es un proyecto que ha de concretarse en la Tierra. Nos es necesario desaprender el falso concepto de que el Reino de los Cielos es solamente espiritual. Al leer el salterio, notamos que el mismo rey David, en el Salmo 67:4, dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. Es decir, que en la mentalidad hebrea es claro que el Reinado de Yahvéh dominará también los lineamientos políticos y económicos de todo el planeta.
Al venir a los Escritos de la Nueva Alianza, encontramos que las comunidades mesiánicas del primer siglo no habían abandonado esta idea escatológica. En Revelación 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.”  Así, mismo en Revelación 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con El Mesías mil años en la tierra.
En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Dicen así estos versículos:
«Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de Yah, conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Yahwéh. Porque allá están las sillas del juicio, LOS TRONOS de la casa de David».
 Por lo tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Yeshúa dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey”
(Mateo 5:34,35).
Insisto en hacer notar que hoy, muchos creyentes enseñan que el reinado de nuestro Mesías es desde el cielo, y que este ya comenzó cuando él ascendió inmortalizado al “reino de los cielos” para sentarse en el Trono de Su Padre, a su misma diestra. Sin embargo, las misma Palabra de Dios nos dice que Yeshúa se sentará también en su propio trono, y no tan sólo en aquel que se sienta Su Padre. He aquí el pasaje clave:
«Al que venciere, le daré que se siente conmigo EN MI TRONO, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre EN SU TRONO».
(Apocalipsis 3:21)
Al leer este versículo hay una pregunta que surge inmediatamente: ¿Y dónde se sentará Jesús en su propio trono?¿En el Cielo o en la Tierra?
He aquí unos pasajes importantes que nos hablan del reino de David que será restaurado por su hijo, el Señor Jesucristo:
“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre EL TRONO DE DAVID Y SOBRE SU REINO, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Yahwéh de los ejércitos hará esto”.
(Isaías 9:7)
En esta profecía de Isaías, se nos dice que Jesús se sentará en el trono y el reino de DAVID…
Fue teniendo en cuenta esta profecía, que el ángel Gabriel predijo la misión y función regia del Mesías, en el momento que se lo anunciara a María:
 “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID su padre” 
(Lucas 1:32)
El evangelio de Lucas, remarca perfectamente en esta anunciación angelical que Yeshúa recibirá el trono de David su padre. Pero si el trono de David su padre es aquel que está localizado en el cielo, entonces debemos concluir que David reinó en el cielo y no en la Tierra, más precisamente en Jerusalén. Por supuesto, todos ustedes dirán que una conclusión semejante es una locura inaceptable. Por todo esto, debemos entonces aceptar que Apocalipsis 3:21 está refiriéndose a un trono que es propiamente del Mesías y no del Padre Eterno. Además, este pasaje apocalíptico no nos dice nada de que dicho trono del Hijo está en el cielo, al lado del Padre, o en algún otro sitio. No queda duda alguna de que ese trono estará en el mismo lugar donde se sentó el legendario rey David, es decir en Jerusalén. Y para cumplir esta profecía, Jesús deberá dejar el cielo y venir a la tierra para sentarse en el trono de su padre David en Jerusalén.
Esta es una de las doctrinas proféticas fundamentales: el trono de David será restaurado sobre Israel, en la ciudad de Jerusalén. Es decir que un descendiente de David, volverá a gobernar literalmente sobre Israel y desde Jerusalén en la tierra de Canaán.
Los invito a leer 2 Samuel 7: 10-16. Notemos que aunque David reinaba en ese tiempo, la promesa era para  el futuro, es decir que el reino del que se habla acá no estaba establecido sino que sería establecido en el futuro. Además, hace muchos años que ningún descendiente de David se sienta en ningún trono, aún en estos nuestros días es así. Dios prometió: «sera afirmada tu casa y tu reino para siempre«. Entendemos que esta promesa de reinar para siempre no era para Salomón, sino que el trono sobre el cual Salomón reinaría, sería establecido para siempre en un futuro. Esta promesa hecha a David se repite en el Salmo 89:3,4,28-37. El trono de David estaba en Jerusalén, y es allí donde el Mesías lo restablecerá de nuevo. Notemos que tanto en el vers. 29 como en el 36, nos dice que ese trono durará como los cielos y como el sol. La promesa de que el Eterno Dios establecerá a uno del linaje de David en su trono para siempre está claramente expresada en la Biblia; y todo creyente de las Sagradas Escrituras debe recibirlo y gozarse ya que el pacto es incondicional, por lo que Yahvéh no lo romperá bajo ninguna circunstancia, aunque los descendientes de David rompieran la ley de Dios y sus estatutos.
Notemos que la biblia siempre relaciona la restauración de Israel a su tierra con la instauración del trono de David: 2 Samuel 7:10-16,;Jeremías 23:3,5; Ezequiel 37:21,22,24,25. No hay duda de que Israel como nación tiene una doble promesa del Eeterno Dios, una acerca de su tierra y otra acerca de su reino: el trono de David para siempre. Estas dos promesas están unidas entre si. Israel deberá ser restaurado en su tierra, y su rey y su reino deberá ser restaurado. Estos dos eventos acontecerán al mismo tiempo. En Isaías 11:1, se describe el reino de un descendiente de David. La idea acá es de que el árbol fue cortado pero brotará un «renuevo», ahora solo queda el tronco seco y sin ramas, pero el árbol retornará en el futuro, de la casa de Isaí, el padre de David. Una rama nacerá del árbol que fuer cortado, y crecerá como un árbol mas grande de lo que antes fue, ya que sera restaurado el reino para siempre.
Una de las escrituras más importantes acerca de la restauración de Israel se encuentra en Hechos 15:13-16. Notemos que Santiago aquí, está citando a los profetas, para comprobar y afirmar que el tabernáculo o el trono de David será restaurado de nuevo. Notemos también, que esto acontecerá después que «Dios visite a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre«, lo que esto quiere decir es que la restauración del reino de David será después del conocido tiempo de los gentiles.
Ante este tema, no queda la menor duda de que la Iglesia de Cristo necesita hoy día conocer, cuál es en el plan perfecto del Eterno Dios, la realidad profética acerca del reino prometido a «la casa de Jacob«, (el Israel natural) la restauración del reino davídico, y el gobierno fuerte y de paz que Yahvéh Dios les prometió y que ellos tanto han esperado, es decir que hablamos aquí de los mil años proféticos o como se conoce: el milenio.
Es bueno, y muy importante, que conozcamos que en verdad tendremos un Reino de Paz sobre la Tierra, y que su gloria cubrirá la tierra (Habacuc 2:14; Isaías 11:9). La maldición del pecado será removida de la tierra cuando nuestro Mesías reine. (Isa.11:6-9; Isa. 35;1,6,7).
También es muy importante que entendamos que nuestro Eterno Dios no ha olvidado a Israel y su pacto con ellos; un día, todos los judíos vivos sobre la tierra serán reunidos en Canaán, y se convertirán todos al Señor, su nación será restaurada, tal y cual se les promete en una tras otra de las muchas profecías dadas a ellos.
Es bueno que sepamos también que cuando Cristo reine aquí en la tierra sobre el trono de David, en Jerusalén, los santos de Cristo de todas las edades reinaremos con Él.
Abraham y otros que murieron sin recibir la promesa, verán allí sus promesas cumplidas. En efecto, un cielo literal y glorioso se asentará sobre la tierra.
Estas son profecías gloriosas que es bueno que conozcamos perfectamente. Debemos conocer lo que la palabra nos dice sobre ese reino milenial sobre el trono de David en Jerusalén y sus maravillosas promesas y profecías. Estoy convencido de que usted le cree a la Palabra, concerniente a las profecías que de manera literal nos anuncian el reino milenial de Cristo sobre el trono de David en Jerusalén. Estas profecías se cumplirán luego de que Cristo ejecute el rapto de la iglesia, y se realicen las bodas del cordero en el cielo, y una luna de miel de siete años con su Señor en los cielos, Él descenderá y con Él, también su Esposa, para reinar sobre toda la tierra.
Veamos las palabras de Cristo hablando de ese reino: Lucas 22:15-18; Mateo 19:28, Cristo les prometió a sus discípulos doce tronos para «juzgar«, es decir gobernar sobre las doce tribus de Israel. Cristo reinará sobre Jerusalén y sus santos reinarán con Él juntamente. En Deuteronomio 30:1-6, leemos que Israel será vuelto de su cautividad y juntado en Palestina, y dice el ver. 3, que allí se convertirá Israel, el vers. 5, dice que la tierra será suya y la heredarán. En Mateo 25:31, el mismo Cristo nos dice claramente que Él se «sentará en su trono de gloria«. Su entronamiento espera su segunda venida en gloria. Entonces establecerá su reino sobre el trono de David y sobre Jerusalén.
Debemos tener la certeza, y desde ella vivir expectantes, de que estas profecías se cumplirán literalmente así como se cumplieron las de su nacimiento en Belén de Judea, de la tribu de Judá, de la descendencia de David, nacido de una virgen, que entraría a Jerusalén sobre un asno, su crucifixión, la suerte sobre sus vestimentas, y aún sus palabras: «Padre, por qué me has desamparado«. Todas estas profecías fueron cumplidas en su primera venida a la Tierra; es por esto que también debemos creer que las promesas de su segunda venida y su subsiguiente reino milenial también se cumplirán literalmente y fielmente como las primeras.

El Evangelio, solamente es buena noticia del Rey cuando se lo acepta en su mensaje completo. Por ello, simplemente cree, dejando que tu fe te llene de esperanza.

En amistad, y con amor en servicio: P.A. David Nesher

Las Guerras, Paradojas de la Religión

Sin duda alguna, la mayoría de los conflictos a lo largo de la historia, han sido por motivos religiosos, con la participación de muchas diferentes religiones. Por ejemplo, en el Cristianismo, ocurrieron (solo por nombrar algunas):
• Las Cruzadas – Una serie de campañas entre los siglos XI al XIII, con la consigna de reconquistar la Tierra Santa de los musulmanes invasores, y llegar a auxiliar al Imperio Bizantino.
• Las Guerras de Religión Francesas – Una sucesión de guerras en Francia durante el siglo XVI entre católicos y los protestantes hugonotes.
• La Guerra de los Treinta Años – Otra guerra entre católicos y protestantes durante el siglo XVII en lo que es ahora Alemania.
Esta lista no es de ninguna manera exhaustiva. Además de esto, se podrían añadir la Rebelión de Taiping, y los problemas en Irlanda del Norte. El Cristianismo sin duda ha sido un factor inspirador en muchos conflictos a lo largo de sus 2.000 años de historia humana.
En el Islam, vemos el concepto de la yihad, o «guerra santa.» La palabra yihad literalmente significa «lucha,» pero el concepto ha sido usado para describir la guerra en expansión y defensa del territorio islámico. 
La continua guerra en el Medio Oriente durante el pasado medio siglo, ciertamente ha contribuido a la idea de que la religión es la causa de muchas guerras. 
Los ataques del 11 de septiembre (11-S) han sido vistos como una yihad en contra del «Gran Satanás» los Estados Unidos, el que a los ojos de los musulmanes, es casi sinónimo del Cristianismo. 
En el Judaísmo, las guerras de conquista registradas en los libros del Antiguo Testamento (en particular el libro de Josué) bajo el mandato del Eterno Dios, conquistaron la Tierra Prometida.
Ante toda esta evidencia, ¿cuál es el testimonio de las Sagradas Escrituras (Bilblia) como la causa primaria de la guerra? Según lo que en ellas se revela, la causa primaria es la maldad del corazón humano. La religión y la ideología polítio-económica son simplemente medios a través de los cuales ejercemos la maldad de nuestros corazones en manifestación contra el otro humano, nuestro prójimo y hermano. El pensar, como muchos ateos lo dicen abiertamente, que si pudiéramos de alguna manera, eliminar nuestra «impráctica necesidad de religión,» podríamos crear de alguna forma, una sociedad más pacífica; es tener una visión equivocada de la naturaleza humana. El testimonio de la historia humana es que si quitamos la religión, algo más tomará su lugar, y que ese algo nunca es positivo. 

Entonces, ¿cuál es la causa principal? ¿Qué es ese algo nunca positivo que siempre encontrará un medio para colocar al hombre contra su hermano? La respuesta apunta lo mismo que desencadena todo el crimen , la crueldad , la pérdida de la vida, y otras cosas . Jesús nos da la respuesta muy clara:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, los robos, los homicidios , los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia , la calumnia , el orgullo y la necedad . Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre “
(Marcos 7:21-23) 
Evidentemente la causa principal de todas las guerras, es el pecado que reside en el ser humano alejado del propósito del Eterno. Consideremos las siguientes Escrituras:
«¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» 
(Santiago 4:1-3)
«Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.» 
(Mateo 15:19).
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» 
(Jeremías 17:9).
«Y vio Yahwéh que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.» 
(Génesis 6:5).
El pecado (el corazón no regenerado y lejos de la Instrucción del Eteno Dios) es la causa número uno de la guerra y de la violencia.

¡La única cura para la guerra y todo tipo de inseguridad en las naciones es el Príncipe de Paz, nuestro amado Mesías Yeshúa! Cuando Él regrese tal y como lo ha prometido, Él cerrará esta era actual, y establecerá la paz eterna, Su Shalom:

«Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.» 
(Isaías 2:4).

El Valor de la Amistad en el Reinado del Eterno Dios

P.A. David Nesher

El valor de la verdadera amistad, de la que todos nosotros tenemos conciencia en las diversas etapas de nuestra existencia, es uno de los principales tesoros con los que nos podemos encontrar en la vida, pues todos necesitamos sentirnos reconocidos y valorados por otros, aunque para ello el mejor camino es tratar de superar mi egoísmo, reconociendo y valorando a los otros.

La amistad es una de las experiencias más fundantes y enriquecedoras en la vida de las personas. En este tiempo me he dado cuenta que es en la etapa de la juventud cuando se manifiesta con toda su fuerza y vigor y, justamente, es en este momento donde se suelen forjar las amistades que van a  permanecer a lo largo de nuestra vida.

Por ello, si queremos tener amigos, es indudable que, como generalmente el otro piensa de mí lo que yo pienso de él, procuremos apreciar al otro u otros.

El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define así la amistad: “Afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato”.
El escritor C.S. Lewis define a este afecto humano así:

“La amistad no es una recompensa por nuestra capacidad de elegir y por nuestro buen gusto de encontrarnos unos a otros, es el instrumento mediante el cual Dios revela a cada uno las bellezas de todos los demás, que no son mayores que las bellezas de miles de otros hombres; por medio de la amistad Dios nos abre los ojos ante ellas. Como todas las bellezas, éstas proceden de él, y luego en una buena amistad, las acrecienta por medio de la amistad misma, de modo que éste es su instrumento tanto para crear una amistad como para hacer que se manifieste.”

Nos damos cuenta que la amistad entre los seres humanos es un lazo de poder tan maravilloso que no sólo es uno de los grandes valores humanos, sino también permite a las Sagradas Escrituras (la Biblia) expresar lo que el Eterno Dios quiere ser para nosotros: un amigo. Sin duda el Eterno Dios nos revela su amor a través de la experiencia de la amistad. Jesús mismo, en su misión mesiánica terrena, llama a amigos (y ya no siervos) a los suyos, resaltando con ello, su vínculo de amor incondicional.

La amistad es una de nuestras mayores necesidades y el afecto que se dispensa a los amigos es uno de los mejores sentimientos humanos. Es tan así de fuerte e importante este valor que en las Sagradas Escrituras Abraham es llamado amigo por el Eterno mismo (Is 41:8), así como Moisés (Ex 33:11), e incluso el pueblo (Jer 2:2). También las Escrituras nos hablan de la profunda amistad desarrollada entre Jonatán y David (1 Sam. 18:1). Estos dos hombres se preocuparon realmente el uno por el otro y se tuvieron mucha confianza. David estaba huyendo del padre de Jonatán, Saúl. Jonatán reconocía que David era inocente. Debido a la amistad verdadera que compartieron, David sobrevivió los intentos de asesinato de Saúl y llegó a ser uno de los más grandes reyes de Israel. Estos detalles de verdadera amistad marcaron tanto a estos dos varones, que hicieron que David lamentara profundamente la muerte de su amigo (2 Sam. 1:25-26).

Pero la amistad, al mismo tiempo que importante y maravillosa, es algo difícil, raro y delicado. Difícil, porque no es una moneda que se encuentra por la calle y hay que buscarla tan apasionadamente como un tesoro. Rara porque no abunda: se pueden tener muchos compañeros, abundantes camaradas, pero nunca pueden ser muchos los amigos. Y delicada porque precisa de determinados ambientes para nacer, especiales cuidados para ser cultivada, minuciosas atenciones para que crezca y nunca se degrade.

Considerando todo lo dicho hasta aquí, conviene entonces hacernos algunas preguntas que nos permitan meditar este tema a la Luz misma de la Palabra de Dios. ¿Qué hace diferentes de los demás a los amigos? ¿Qué significa tener amigos? ¿Qué clase de amistades deberíamos buscar y cultivar?

Las Sagradas Escrituras, nos invitan a buscar los modelos de amistad y a descubrir en nosotros nuestras debilidades frente nuestros amigos, por ello, los invito a reflexionar al respecto, contemplando en la Escrituras lo que se nos ha revelado de este sentimiento de amor que llamamos amistad.

Hay algunas reglas de la amistad que debemos conocer y poner por obra si vamos a disfrutar de buenas amistades. La Biblia nos enseña como ser buenos amigos. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano”. (Proverbios 18:29. La expresión «mostrarse amigo«da la idea de tener interés en el bienestar de los demás. Es tomar tiempo de escuchar a ellos relatar los asuntos de su vida. Es hacer preguntas sobre su pasado, presente y anhelos para el futuro.

“En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Verdaderamente los tiempos de angustia sirven para manifestar quienes son nuestros verdaderos amigos. En todo tiempo ellos van a estar a nuestro lado. Si angustias vienen por causa de nuestra maldad, nuestros verdaderos amigos van a estar a nuestro lado, tal vez no para defendernos sino para corregirnos, ayudarnos en aprender de la experiencia y ayudarnos en reconciliarnos con la persona ofendida y dañada. A su vez, debemos saber respetar el consejo de nuestros amigos. Si ellos nos retan, es porque nos quieren y quieren lo mejor para nosotros.

Nos conviene formar amistades entre los sabios y aprender de ellos. “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado” (Proverbios 13:20). «Anda» denota una dirección y destino comunes. Las amistades indican el rumbo que está tomando nuestra vida, y es el camino al reino de Dios el que debería determinar nuestras amistades. Nuestros amigos son para defendernos cuando sufrimos injusticias y para corregirnos cuando hacemos mal. Si no aceptamos su corrección es muy posible que perderemos su amistad. Debemos saber quienes son nuestros verdaderos amigos y aceptar su consejo aun cuando requiere que nos humillemos y que pidamos perdón.

“El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre. No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni vayas a la casa de tu hermano en el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos” (Proverbios 27:9-10). Muchas veces hay tentación de dejar a un amigo si no nos gusta su consejo.

“Las riquezas traen muchos amigos; Mas el pobre es apartado de su amigo” (Proverbios 19:4). Jamás debemos abandonar un amigo si él cae en pobreza. ¡“Un amigo se ama en todo tiempo”!

“Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da” (Proverbios 19:6). Si compramos a nuestros amigos, los perderemos cuando lleguemos al fin de nuestros recursos. Debemos estar dispuesto a compartir con nuestros amigos cuando tienen necesidades. A su vez, debemos rogar al Eterno Dios que él nos de discernimiento en saber quienes son nuestros amigos únicamente porque ellos quieren aprovecharse de nosotros, mientras estamos bien económicamente.

Evidentemente, hay personas cuya amistad no deberíamos cultivar, sin importarnos lo mucho que nos interesen en ciertos aspectos. Tales personas son descritas en forma detallada, por el apóstol Pablo, en la primera epístola a los Corintios:
«No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.«
(1 Corintios 6:9,10)

Estos son amigos indeseables. Recordemos la prevención escritural: «Las malas conversaciones [amistades] corrompen las buenas costumbres» (1 Corintios 15:33). En otras palabras, nadie puede jugar con el fuego sin quemarse.

Proverbios 18:19 en la Traducción New Living dice: «Es más difícil reconciliarse con un amigo ofendido que capturar a una ciudad fortificada». Las contiendas separan a los amigos como una puerta asegurada con barras de hierro. Cuando hemos ofendido a un amigo verdadero – ya sea por traicionar su confianza o por hablar la verdad en amor – arriesgamos perder esa amistad. Debemos tener cuidado de no traicionar la confianza. Pero cuando el no decir la verdad va a causar más dolor en la vida de nuestro amigo, debemos estar dispuestos a sacrificar nuestras necesidades por las de nuestro amigo. Esta es la verdadera amistad.

Si a veces ofendemos a un amigo sin querer, la Palabra de Dios ofrece una solución. Se llama perdón. No hay mejor ejemplo que el amor de Dios por nosotros. Es tan grande, que dio a Su unigénito Hijo, Jesucristo, para que nuestra amistad con Dios pudiera ser restaurada. Lo hizo a pesar del hecho de que lo habíamos ofendido profundamente. Hemos desobedecido Sus mandamientos, le hemos dado la espalda, y buscado nuestro propio camino. Así que la pregunta permanece: ¿Qué tipo de amigo quiere ser? La verdadera amistad cristiana perdona.

Por todo esto, no queda la menor duda que la verdadera amistad mira el corazón, no sólo al «envoltorio.» La amistad verdadera ama por amar, no por lo que pueda recibir. La verdadera amistad es desafiante y emocionante al mismo tiempo. Se arriesga, pasa por alto los errores, y ama incondicionalmente, pero también involucra ser veraz, aunque duela. La amistad verdadera, también llamada amor «agape,» viene del Señor. El Señor Jesús nos llama Sus amigos y dio Su vida por nosotros (Juan 15).

La noche que iba ser entregado y después de lavarle los pies a cada uno de ellos, les dijo, entre otras cosas: «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer» (Juan 15:15). Estas palabras llevan toda la carga emotiva del momento en que fueron dichas. Casi al terminar su ministerio, el Señor les eleva considerándoles sus amigos, no sus siervos. Ellos nunca se hubiesen atrevido a pensar de sí mismos como amigos suyos, ni siquiera ahora después de tres años y medio de estar con él. Pero él, en su grandeza y magnanimidad, los acerca tanto a sí mismo, que los llama sus amigos.

¿Qué diferencia hay entre un amigo y un siervo? Mucha, sin duda. En los tiempos bíblicos había incluso más diferencia que hoy. El siervo llegaba a la puerta de la casa del amo, y recibía órdenes que luego se apresuraba a cumplir. El amigo, en cambio, entraba a la casa, se sentaba con el amo, y compartía con él la comida, la sobremesa, y, además, sus planes y proyectos.

De acuerdo a las palabras del Señor, la diferencia entre ambos está en el conocimiento. El siervo «no sabe lo que hace su señor»; en cambio, el amigo ha sido informado de todas las cosas.

Escribió el poeta francés Claude Mermet, «Los amigos son como melones, ¿Le diré por qué? Para encontrar uno bueno, debe probar cien.» Afortunadamente, no tenemos que buscar tanto para encontrar el mejor amigo. Su vida y amor se nos revelan en las páginas de los libros del Nuevo Pacto. Él nos será fiel en todas las circunstancias.
La pregunta es, ¿estamos nosotros dispuestos a mostrarle la misma devoción?
Si cada uno de nosotros, se da cuenta de que no ha sido el amigo de Jesús que necesita ser, ¡no es demasiado tarde cambiar! Recordemos que Jesús dijo: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.» Por esto, me gustaría animar a cada uno de Uds. a que llegue a ser un verdadero amigo de Jesús, obedeciendo Sus condiciones par que sea salvo de sus pecados (Jn. 8:24; Hch. 17:30; Hch. 8:36,37; Mr. 16:16; 1 Co. 15:1,2).

«Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (vv. 13,14).

Es por eso que podemos afirmar con toda certeza que Jesucristo es nuestro mejor amigo, el único que fue capaz de dar su vida por nosotros, siendo aún pecadores. Sólo nos pide una condición: hacer su voluntad (v. 14). La verdadera amistad demanda amor y obediencia. No se puede amar sin que eso implique fidelidad, obediencia. El amor no debe ser fingido, éste debe ser sincero, sin hipocresías. De ahí que el fruto del verdadero amor es la verdadera amistad.

Amistad significa entrega, donación al otro. El amigo sabe dar gratuitamente, regalar su tiempo, su compañía, sus fuerzas, su vida entera. Los evangelistas describen a Jesús “desviviéndose” por los demás, entregando lo mejor de sí mismo a todos. No busca su éxito, su prestigio o bienestar; es el amor lo que anima su vida entera. “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos” (Mc 10:45). Su crucifixión no es sino la culminación de esa entrega. “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13:1).

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El Ayuno del 4º Mes y el Poder de la Teshuvá (Arrepentimiento o Regreso)

Por P.A. David Nesher
 
 
 
 

Existen determinados días en el calendario del Eterno en los cuales todo integrante de la Casa de Judá se abstiene de comer, en señal de duelo por las catástrofes y tribulaciones ocurridas en el pasado.  Esos días son llamados los días de taanit tzibur (ayuno público).        

Nosotros, como hijos primogénitos en Yeshúa, con conciencia de pertenecer a la Casa de Israel, nos desafiamos ante esta hajalah para sumarnos en el espíritu que dicho lapso ofrece para un alma que goza de la Alianza con Yahvéh. Por ello, debemos aceptar que el propósito de estos días de ayuno es despertarnos de nuestro letargo, al conmover nuestros corazones hacia el arrepentimiento o regreso (heb. teshuvá), recordando nuestros propios pecados así como también los de nuestros ancestros – que fueron similares a los nuestros.  

De esa manera, al recordar estos pecados somos motivados a retornar al camino correcto de la vida, como dice la Torah:        

«Y ellos confesarán sus pecados y los pecados de sus ancestros…»
(Vayikrá / Levítico – 26:40)  

Cada uno de nosotros deberá aprovechar estos días de ayuno y reflexión para hacer un profundo auto-examen de nuestras acciones, puesto que el propósito esencial de un día de ayuno no es el detalle de no comer en sí, sino motivar al penitente que lo realiza a arrepentirse, es decir ejercitarse en la herramienta profética de la teshuvá (regreso).  

Uno de esos días especiales, y uno de esos ayunos específicos, ocurre el día 17 del cuarto mes (llamado 17 de tamuz por la Casa de Judá).  

El Ayuno del 17 del Cuarto Mes es el primero de los días de ayuno en listados en las Sagradas Escrituras:  

«Así ha dicho Yahvéh de los ejércitos:  El ayuno del cuarto mes,  el ayuno del quinto,  el ayuno del séptimo,  y el ayuno del décimo,  se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría,  y en festivas solemnidades.  Amad,  pues,  la verdad y la paz».
(Zacarías 8:19)  

Este ayuno del cuarto mes conmemora la primera brecha hecha en las murallas de Jerusalén, antes de que el Primer Templo fue destruido por el ejército babilónico (año 586 a. E.C.). Cabe aquí señalar que en esta misma fecha también las legiones romanas, al mando del general Tito, también derribaron el muro jerosolimitano, veintiún días antes de destruir el Segundo Templo del Señor.  

Aplicando esto a nuestras vidas, debo decir que para nosotros, los primogénitos del Pacto Renovado, estos eventos trágicos de la historia, nos sirve para meditar cómo está nuestra muralla de salvación. Por medio de este ayuno total, y los días de restricción (ayuno parcial) intermedios, evaluamos si nuestras actitudes idóltras han conducido las circunstancias para provocar causales al enemigo que le permitan realizar vallados en nuestra muralla protectora otorgada por los méritos de la obra redentora del Mesías.  

Por causa de este lapso de máxima oscuridad, en el día 17 del cuarto mes comienzan las «tres semanas de duelo», llamadas también «días de la angostura» (Yemei bein Hametsarim, יְמֵי בֵּין הַמְּצָרִים). Este término hebreo que significa “entre ambos lados del estrecho” o “lugares estrechos”. Esta expresión surge de lo anunciado por el profeta Jeremías en el libro de Lamentaciones:

«Judá está desterrada, en postración y en extrema servidumbre. Sentada entre las naciones, no encuentra sosiego. La alcanzan todos sus perseguidores entre las angosturas«.
(Lamentaciones 1:3)

Como verán este nombre ha sido dado al periodo de duelo de tres semanas que comienza con el ayuno del 17 de Tamuz, y culmina en el 9º día del mes de Av, día declarado de duelo nacional por la destrucción de ambos templos.

Si prestamos atención a los textos proféticos, notaremos que el profeta Daniel estaba guardando estos días en su famoso ayuno:

«En aquel tiempo, yo, Daniel, hice penitencia durante tres semanas: no comí alimento sabroso; ni carne ni vino entraron en mi boca, ni me ungí, hasta el término de estas tres semanas»
(Daniel 10:2-3)

Para nosotros este período de días nos permite clamar con el poder que da el gozo de Su salvación a fin de que el Eterno nos liberé de toda estrechez y/o angostura que el enemigo ha tramado contra nuestras vidas.  

La historia de la Salvación nos refleja un evento terrible que marco también este día 17 del mes cuarto. Evento que no es sólo lo que sucedió con Jerusalén ante la invasión babilónica, sino que nos remonta a los tiempos del desierto, apenas Israel había sido liberado por Yahvéh de Mitzraim (Egipto). Por datos aportados por los sabios, se acepta que, si La Torah fue entregada entre el 6 y el 7 de Siván, y Moisés ascendió por orden del Eterno para recibir las tablas, él permaneció en el Monte Sinaí durante cuarenta días. Su demora desesperó al pueblo hebreo, dándolo así por muerto el 17 de Tammuz. Ese mismo día Moisés descendió, y cuando vio que los israelitas habían hecho el becerro de oro, rompió las tablas, y declaró juicios sobre la nación.  

Este evento de apostasía de Israel en el desierto, fue también el sello doloroso de este ayuno. Por eso el Señor quiere que hagamos memoria de nuestras rebeldías e impaciencias y convirtamos este tiempo para afligirnos y meditar en Su Palabra para que seamos hombres piadosos, temerosos y obedientes. Estas semanas de ayuno guían a que recordemos aquel acto de desobediencia, desesperanza y falta de paciencia de nuestros ancestros, pero repetido en nuestras vidas.  

Es por eso que aquellos creyentes que cuidan el ayuno en la cuestión de alimentos, pero no meditan sobre los cambios internos que su realidad exige, están desperdiciando el día 17 del Cuarto Mes, y las semanas intermedias hasta Tishá BeAv (el 9 de Av).  

Ellos sólo enfatizan lo que es secundario (el ayuno), y desprecian lo que es esencial (el arrepentimiento).  Sin embargo, tomar el arrepentimiento solamente, sin ayunar, es insuficiente, porque el ayunar es una orden establecida por los profetas, y todo el pueblo de Israel ha cumplido estos días de ayuno, a través de todas las generaciones.  

La sabiduría de lo alto que hay en la prescripción de este ayuno es que por medio de él adquirimos control del ego, aniquilándolo en sus «necesidades» y necedades. Así lograremos debilitar aquellas cosas que llevan a fortalecer las pasiones egotistas, e incrementando todo lo que alimenta al espíritu humano y lo fortalece, de modo que el cuerpo siga al espíritu y se comporte en él a fin de provocar la complacencia de Yahvéh, como nuestro Abba.   El hecho de meditar profundamente en estos trágicos eventos tiene como objetivo ayudarnos a conquistar las deficiencias espirituales que los provocaron, y así aplicar toda conclusión a la realidad de nuestra cotidianidad. A través del proceso de “Teshuváh” (introspección y compromiso a cambiar) adquirimos el poder del Espíritu Santo de transformar tragedias en alegrías.    

¡Únase a este tiempo de ayuno lleno del gozo que nos ha otorgado la Fe en el Mesías Yeshúa!