Estudios Bíblicos

EL DESCARRIADO

 

Tres son los significados que se despliegan de la palabra descarriado/a al buscarla en un diccionario:
1.     Apartar algo o a alguien del camino que debe seguir.
2.  Apartarse del camino razonable, o separarse de la protección o las buenas compañías.
3.      Apartar del rebaño una o varias reses.

Desde estos significados podemos entender quién es aquel que, diciéndose seguidor del Mesías, entra con los días  en los cánones de esta palabra.
Primero, una persona descarriada es alguien que una vez disfrutó las bendiciones y el favor del Eterno Dios, tal y como si fuera un hijo primogénito de Sión.
Caminó ante el Señor con un corazón devoto, humilde y amable.
Le encantaba orar y escudriñar la palabra de Dios.
Juraba, todo el tiempo, delante de los que lo admiraban: «Siempre serviré al Señor, con todo mi corazón.» Y por cierto tiempo, buscó del conocimiento del Señor fielmente.
Dejó sus malos caminos y se deleitó en la comunión que encontraba con otros santos en cada asamblea festiva del Eterno Dios.
Pero luego, de un día para otro, algo comenzó a alejar el corazón de este creyente del Señor. Ya no tenía manifestaciones de un amor genuino. Al contrario, la rebelión entró a su corazón. Pronto perdió tanto el amor como el temor de Yahvéh. Ya no temblaba en la presencia del Señor. Lentamente, su corazón se enfrió.
Hoy, este descarriado se ha rebelado contra el camino estrecho y se ha vuelto a las cosas del mundo. Se ha cegado completamente, se ha vuelto necio, sin entendimiento. Ya no busca del
Señor ni se vuelve a su palabra. Todo deseo de orar se ha ido. Ya no asiste a las asambleas del Eterno.

¡Se ha alejado completamente de la presencia de Dios y va camino a la apostasía!Como podemos ver, y tal como sabemos, el cuadro del hermano descarriado no es un cuadro agradable: su sal ha perdido su sabor … su luz se ha apagado … ha vuelto al camino ancho … ahora edifica su casa sobre la arena … ha desamparado a sus compañeros en el Señor … ya no lleva fruto bueno sino fruto vergonzoso (Rom. 6:21) … otra vez es una oveja perdida, es como el dinero perdido y el hijo pródigo (Luc. 15) … es como las cinco vírgenes insensatas … esconde su talento … dejó de correr la carrera … ya no pelea la buena batalla … es como el perro que volvió a su vómito y como la puerca lavada que volvió a revolcarse en el cieno.

De acuerdo a lo que las Sagradas Escrituras describen acerca de las consecuencias que sufre un descarriado, podemos resumirlo en tres principales:
1.     Acarrea Yugos y Ataduras.
2.     Se queda postrado en el desierto.
3.     Es visitado siempre por malas noticias.
Miraré con Uds. por unos momentos algunos detalles destacados de estas tres consecuencias, dejándoles a cada uno de vosotros la misión de ahondar en ellas con la guía del Espíritu Santo.

1.     Acarrea Yugos y Ataduras.
Dice el profeta Jeremías:
«Mis pecados los ha
visto el Señor;
       me han sido atados por él mismo,
    y como un yugo pesan sobre mí:
       ¡acaban con mis fuerzas!
    El Señor me ha puesto en manos de gente
       ante la cual no puedo resistir».
(Lamentaciones 1:14)

El descarriado lleva yugos sobre sus hombros como consecuencia de los pecados no confesados ante el Señor.
Dichos yugos se vuelven una carga tan pesada que conducen al descarriado a experimentar debilidad en cada área de su vida. Desde allí, lo único que querrá por ver en acción será el desastre que causa el desánimo.
A eso debe sumarse el detalle de que el mismo Eterno es quien coloca las circunstancias del descarriado a merced de otros seres humanos que le van ocasionando sólo callejones sin salida en el Camino.

2. Se queda postrado en el desierto.
 «…los rebeldes habitarán en el desierto».
(Salmo 68:6)

El Eterno mismo conduce la vida de un descarriado a dónde sus malos deseos anhelan: una vida de soledad y sin progreso alguno (comparar con Romanos 1:28-32).

3. Es visitado siempre por malas noticias.
«El rebelde sólo busca el mal, y un cruel mensajero se enviará contra él».
(Proverbios 17:11)

La palabra mensajero se traduce del hebreo malak, que significa también ángel y embajador, por lo que se entiende que el rebelde es una persona que no camina sola sino que está siendo asistida por un embajador del Eterno que lo conduce día a día a experimentar un mensaje correctivo de parte del Señor.

Ante todo esto surgen en nosotros los siguientes cuestionamientos:
¿Qué hacemos, pues, con él? ¿Cuál es nuestra obligación? El descarriado ha caído … anda cojo … ¿debemos amputar la pierna quebrantada? Heb. 12:12,13 dice: «Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado»… el soldado que ha caído en batalla no es fusilado por ser herido. Lo necesario es enderezar y unir el hueso fracturado (significado puro y propio de la palabra «restaurar») «un miembro dislocado del cuerpo espiritual». Debe ser  sanado, no amputado.

Hacer retornar a su posición original al descarriado es una obra muy importante. En la epístola del apóstol Santiago (el hermano del Señor Jesús) encontramos:

«Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino.» 
(Sant. 5:19, 20)

¿Qué hace? ¿Qué tan importante es esta obra? salva de muerte un alma y cubre multitud de pecados. ¿Cómo los cubre? No con excusas, no buscando pretextos, no emblanqueciendo los pecados, sino convenciéndolo que debe arrepentirse, confesar su pecado y volver al Señor.

 

Y la Biblia tenía razón: ¡el Corazón tiene Mente!

De cuerdo con la Biblia, el corazón del ser humano revela su verdadera naturaleza y motivación. En Jeremías 17:10, la Biblia dice que Dios «busca el corazón y examina la mente» y después recompensa a la gente por lo que merece su conducta.
El Mesías Jesús resaltó cuando observó la ofrenda de la viuda, que el significado verdadero de toda acción es ser conducidos por el corazón (Lucas 21:1-4). Jesús dijo que la viuda le daba más al templo dando dos monedas (todo lo que tenía) que aquellos que ponían mucho más en el tesoro del templo debido a lo que estaba en su corazón .

Desde la teología babilónica siempre se enseñó que cuando las Escrituras mencionaban el corazón, nosotros, los hombres de los grandes descubrimientos científicos, debíamos interpretarlo como una analogía, una romántica comparación de escritores ignorantes del sistema nervioso central y las funciones intelectuales del cerebro. Se nos decía que aquellos hombres, si bien eran inspirados por el Espíritu Santo, estaban condicionados al escribir por la escasez de conocimiento científico. Pues bien, ¡hoy, parece que la ciencia volvió a perder su batalla contra el Creador!

 

Leyendo un reportaje a Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia, me enteré que se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.
Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir.
Según esta investigadora existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.
Primera conexión:
La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Esto significa que el corazón puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.
Segunda conexión.
La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.
Tercera conexión.
La comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardíaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.
Cuarta conexión.
La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico.
Y sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.
Con todo lo hasta aquí estudiado se concluye que el circuito del cerebro del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza.
Hay dos clases de variación de la frecuencia cardíaca: una es armoniosa, de ondas amplias y regulares, y toma esa forma cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos. La otra es desordenada, con ondas incoherentes. Aparece con las emociones negativas como el miedo, la ira o la desconfianza. Pero hay más: las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardíaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. Esto último permite la conclusión de que el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente.
El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.
Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.
Es un potencial no activado, pero empieza a estar accesible para un gran número de personas. Este circuito se activa cultivando las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, el coraje… Es la práctica de pensamientos y emociones positivas. En esencia, liberarse del espíritu de separación y de los tres mecanismos primarios: el miedo, el deseo y el ansia de dominio, mecanismos que están anclados profundamente en el ser humano porque nos han servido para sobrevivir millones de años.
Algunos estarán preguntando: «¿Y cómo me libero de ellos?». Pues tomando la posición de testigos-atalayas, observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos pueden hacer sentir bien.
Desde allí practicar el arrepentimiento bíblico (Teshuvá). La Biblia dice que el arrepentimiento se mide según la persona regresa a Dios con «todo el corazón» (Deuteronomio 30:1-3). Las Sagradas Escrituras incluyen algo de variación de «regresa a mí con todo tu corazón» seis veces. En Joel 2:13, la Biblia le dice al pueblo de Yahvéh Dios «desgarren su corazón y no sus vestimentas«. En base a todo esto regresar a la iglesia no es suficiente. De acuerdo con la Biblia, a Dios le interesa más el arrepentimiento en el corazón que en las acciones.
Debemos aprender a confiar en la intuición de nuestro espíritu y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.
Cultive el silencio, contáctese con la naturaleza, viva periodos de soledad, ore sin cesar, medite en la Torah, contemple su vida frente al Propósito eterno de Dios, trabaje en grupo a favor de su comunidad, viva con sencillez y mansedumbre. Y pregunte a su corazón cuando no sepa qué hacer. Allí escuchará la Voz de Yahvéh guiándolo a la decisión correcta: el Camino de la Vida.
Ten siempre en cuenta que la motivación de tu corazón puede tener ramificaciones eternas. En Lucas 12:34, Jesús dijo que «donde está tu tesoro está tu corazón también«: Nos aconseja «ser cautelosos» al final de los tiempos «o sus corazones serán dados en la disipación, embriaguez y las ansiedades de la vida«.
El Eterno Dios desea que tu corazón se enfoque en él. Es por ello que te instruye diciendo:
«Ama a Yahvéh tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma y toda tu mente«

(Mateo 22:37)

Saberme creado por Dios no me hace Su hijo… ¿Quiénes son verdaderamente hijos de Dios?

Autor: P.A. David Nesher
 
Una de las creencias erradas que noto que se anida con seguridad en las mentes y corazones de innumerables cristianos es la de sostener de que todo ser humano es un hijo del Altísimo por el solo hecho de estar creados a Su imagen.
Pues bien, comenzaré diciendo que la Palabra de Dios nos revela que Yahwéh es el Creador del Universo y que todo lo hizo por la Palabra de su Poder. En tal sentido todo lo que existe proviene del hacer creativo del Eterno Dios, y por ende, toda la humanidad es creación de Él.
Justamente la Torah (Instrucción) divina revela que el Eterno Dios hizo al hombre a Su imagen, para que se conformara a Su semejanza (Génesis 1:21-27). Este diseño especial apuntaba, como se logra discernir en las expresiones divinas, a un proceso espiritual que le permitiera a cada integrante de la humanidad convertirse en un hijo del Divino Creador, conforme a esa imagen establecida en el interior del hombre por el evento creativo. Por eso, entendemos que más allá de que todo hombre es una criatura del Eterno, no todos los seres humanos somos hijos de Yahwéh Dios.
Estoy convencido que a esta altura del planteo, el corazón de varios lectores está dando cabida a la siguiente pregunta: ¿quiénes son entonces los hijos de Dios? Esta es una pregunta que no podemos responderla por medio de nuestro propio razonamiento, si no con lo que el Eterno Dios mismo dice en Su Palabra.
Acudiendo a la Biblia descubrimos en sus líneas las siguientes pautas al respecto:“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
(Juan 1:11-13)
Por medio de este lineamiento apostólico-profético queda bien claro que el Eterno Dios nos engendra espiritualmente sólo cuando creemos en el Mesías Yeshúa (Jesús) y confiamos en lo que hizo en la cruz del Gólgota por nosotros.
Los discípulos de las primeras comunidades proclamaban todo el tiempo que la condición para ser hijos del Eterno era recibir por la fe la obra redentora mesiánica de Jesús, el Verbo hecho carne.
El apóstol Pablo también nos da evidencia de esta chispa de la Verdad aportando los siguientes argumentos celestiales:

“Porque todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu
de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el
espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

(Romanos 8:14-17)

“para que redimiese a los que estaban bajo la
ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos,
Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba,
Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de
Dios por medio de Cristo
”.

(Gálatas 4:5-7)
Ser hijo de Dios es una maravillosa posición que depende totalmente del obrar del Espíritu Santo sobre aquellos hombres (varones y mujeres) que voluntariamente se rinden por la fe a la voluntad divina que buena, agradable y perfecta.
Ser hijos del Eterno es la dinámica espiritual que comienza con la adopción que Yahvéh hace con aquellos que a Él claman en el Mesías. Ese evento se denota en los cielos por el hecho de ser sellados con el Espíritu Santo, quien nos libera del temor de la esclavitud y nos guía comunicarnos con el Creador con una certeza manifestada en un clamor: ¡Abba Padre! Esto, y solo esto, es lo que testifica a nuestra conciencia de que somos hijos de Dios.
Por todo esto, no puedo salir de este escrito sin antes comunicarme con tu mente y corazón y extenderte la siguiente invitación: acepta a Yeshúa (Jesús) como el Mesías de Dios y tu amo, y Él mismo te convertirá en Hijo de Dios.
Ya no lo pospongas más. ¡Hazlo ahora mismo!
Shalom.
P.A. David Nesher

10 Actitudes para acumular AMIGOS

Por P.A. David Nesher

«El hombre de muchos amigos se arruina, pero hay amigo más unido que un hermano».
Proverbios 18:24

Debo reconocer que este proverbio de Salomón identifica mi vida en esta área. A lo largo de mis años no he cosechado muchos amigos como tantos otros gozan en jactarse, pero, a decir verdad, no me arrepiento ya que he sido testigo de como muchos seres humanos arruinaron sus proyectos de vidas por ufanarse de contar con innumerables «amigos» que a la hora de ser necesarios brillaron por sus ausencias.

No viene mal compartirles la siguiente frase acerca de este pasatiempo maravilloso que la vida ofrece:

“En la vida, un amigo es mucho; dos,
muchísimo, y tres, casi imposible.”

—Henry Brooks Adams.
Este pensamiento indica que escasean los amigos de verdad. Mucha gente se siente sola y anhela conseguir tales compañeros, por lo que hace comentarios como: “No tengo a quién acudir”, “No puedo confiar en nadie” o “mi perro es mi mejor amigo”.
Reconozco a esta altura de mis años que nuestra calidad de vida depende a buen grado de la calidad de las amistades que obtengamos en nuestra existencia. Puedo asegurarles que los egocéntricos no son felices, pues no tienen amigos con quienes compartir lo que poseen o lo que piensan. Esta actitud es la que bien dijo Jesucristo que debe existir en el ser humano: “hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). De forma análoga, el poeta inglés George Byron escribió: “Quien quiera acrecentar su gozo, compártalo”.
Las Escrituras exhortan al hombre mesiánico a ‘ensanchar’ sus afectos (2 Corintios 6:13). Sí, es sabio, y convenientemente saludable, brindarnos a los demás. En Eclesiastés 11:1, 2 leemos: “Dale de comer al hambriento, y un día serás recompensado. Comparte lo que tienes con siete y hasta ocho amigos, pues no sabes si mañana el país estará en problemas”. ¿Qué tiene que ver este principio con las amistades? Respuesta sencilla: si entablamos muchos amigos, alguno habrá que nos ayude en tiempos difíciles.
Además, los amigos de verdad nos protegen de otro modo. Como señala Proverbios 27:6, “Más se puede confiar en el amigo que hiere que en el enemigo que besa.”. Así, aunque cualquiera puede colmarnos de elogios, solo estos compañeros nos tienen la estima necesaria para señalarnos las faltas graves y aconsejarnos de forma constructiva y cariñosa (Proverbios 28:23).
Ahora bien, ante todo lo hasta ahora compartido, hay algo que sí estoy convencido puedo aportarles a todos ustedes, y tiene que ver con las actitudes que aprendí a practicar en mi propia vida para ganar los amigos que el Eterno, en Su Providencia, me tenía señalados para edificar mi propósito mesiánico.
Si deseamos que otra persona ingrese por amor a nuestra vida, es necesario que estemos dispuestos a abandonar ciertas características destructivas de toda empatía humana. Las mismas las resumiré en diez puntos:
  1. La necesidad de tener siempre razón.
  2. La necesidad de ser el primero en todo.
  3. La necesidad de ejercer constantemente el control.
  4. La necesidad de ser perfecto.
  5. La necesidad de ser amado por todos.
  6. La necesidad de poseer.
  7. La necesidad de no tener conflictos ni frustraciones.
  8. La necesidad de cambiar a otros según nuestras necesidades.
  9. La necesidad de culpar.
  10. La necesidad de dominar.

 

Anhelo que estas pautas les ayuden a obtener una gran cosecha de amigos. Ahora, me despido de cada uno de Uds. recordándoles que la amistad genuina es una gran dádiva que da el Dios Eterno. Refleja la forma de ser del Dios-Amor que nos creó, quien, por amor y generosidad, llenó la Tierra de criaturas inteligentes de las que podemos ser amigos. Imitaremos a Yahvéh y a su Hijo Jesucristo si nos relacionamos con nuestros hermanos les damos ánimo, los acompañamos en el ministerio y oramos habitualmente con ellos y por ellos.
Esfuércense ahora por ser buenos compañeros y hacerse amigos de quienes aman a Abba nuestro.

 

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Lo que Dios esconde, sus reyes lo encuentran

 Autor: P.A. David Nesher

«Es gloria de Dios tener secretos, y honra de los reyes penetrar en ellos e investigar su sentido».

 

Proverbios 25: 2

En estos días algunos discípulos me han consultado acerca del por qué el Eterno Dios no habla en términos más abiertos, como la voz audible, las señales visibles y otras formas rimbombantes. La respuesta específica no la poseo, pero sí puedo asegura que las Escrituras Santas indican que YHVH (léase Yahvéh) recibe más gloria cuando oculta las cosas que cuando las hace obvias; porque es más glorioso para él ocultar sus asuntos y después desafiarnos a buscar e indagar en ellos. Es bien claro este propósito en la respuesta que Jesús de Nazaret diera a sus discípulos cuando estos lo cuestionaran por su método pedagógico de usar parábolas. Él les revela que existe un deleite yahvista de ocultar la verdad, de tal modo que sólo los hambrientos de ésta puedan comprenderla (vean Mateo 13:11,18-23). A ese tipo de gente se la conoce en los ámbitos celestes cómo reyes.
Desde estas aseveraciones, podemos concluir que el Eterno por misericordia no concede la revelación a quienes no tienen hambre de la verdad, ya que si no están hambrientos de la misma es muy probable que no la obedezcan cuando la escuchen.
Debemos comprender que la revelación de la Verdad confiere poder. Y sabemos que todo poder siempre conlleva asumir una gran responsabilidad. Por ello, el hambre por la Verdad, es el que prepara nuestros corazones para soportar su peso. Por ende, al retraer la revelación de quienes no tienen hambre, en realidad Dios los está protegiendo de cierto fracaso en cuanto a la responsabilidad que él los haría asumir, de modo que la oculta aunque no de nosotros sino para nosotros.
En la ecuación de la sabiduría salomónica se destaca un hecho maravilloso: “… Es honra de los reyes penetrar en ellos (los secretos divinos) e investigar su sentido”.
Sabemos por lo que la Escritura revela que, en Jesucristo, somos hechos reyes y sacerdotes para nuestro Dios (Ap. 1:6). Haciendo una síntesis de los lineamientos escriturales considerados, es
claro que nuestra identidad regia solamente se manifiesta y brilla cuando escudriñamos los asuntos ocultos sabiendo que tenemos el permiso legal para acceder a los mismos. Las cosas grandes y ocultas del Eterno son nuestra heredad (Jeremías 33:3). Nuestra condición de reyes y nuestra capacidad para gobernar, logran su efectiva y concreta manifestación cuando buscamos a Dios
con el objetivo de dar respuesta a los distintos desafíos existenciales que plantea el sistema de cosas actual.
Retornando a las enseñanzas de nuestro amado Maestro. Retomando el cuestionamiento de sus discípulos ante el hecho de enseñar ocultando los asuntos del Reino en el recurso de las parábolas, el Mesías Jesús contestó: …“Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha
concedido»
(Mateo 13:11)
Finalizando nuestra meditación, debemos aceptar que las cámaras regias del Padre están abiertas legalmente para nosotros. Hoy, y cada día de nuestra eternidad, podemos acceder confiadamente a ellas a fin de escrutar todos los misterios celestiales allí escondidos.
¡Es así de maravilloso y también así de sencillo! Los asuntos de gobierno divino esperan día a día por nosotros. Es un desafío cotidiano usar la fe que nos ha sido dada para que esta herencia nos permita manifestarnos como respuestas mesiánicas para las naciones que hoy nos reclaman.

LA OFRENDA DE SHABAT: Una Expresión Física del Corazón Humano.

Por P.A. David Nesher

 

“El día del sábado ofrecerás dos corderos de un año, sin defecto, y una ofrenda vegetal de dos décimas de un efa de harina fina amasada con aceite, con su libación. 
Este es el holocausto de cada sábado, además del holocausto continuo y de su libación.» 
(Números 28: 9-10)

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Reiteradamente, por medio de mis enseñanzas, he explicado que el corazón, en las Sagradas Escrituras, representa el centro del alma, de donde emana todo lo que el hombre piensa, habla y hace. Son justamente los pensamientos del ser humano, la manera en que este intelectualiza lo que de su corazón emana, su deseo o intención (kavaná). Las palabras son la manera en que el hombre expresa sus pensamientos, los cuales como dijimos anteriormente son el resultado del discernimiento intelectual de un deseo que emana del corazón del hombre. Los actos son la labor que hombre emprende en pos de satisfacer ese deseo que emana de su corazón, su discernimiento intelectual del deseo de su corazón le dirigió sobre la manera de satisfacerlo, y por eso el hombre entiende o sabe qué acto es el que necesita hacer para satisfacer el deseo que emana de su corazón.
En resumen de lo que vengo diciendo, el acto físico solo es el resultado de un proceso de discernimiento espiritual dentro del alma del hombre, siendo entonces el acto físico la manifestación de lo que está emanando desde el corazón del hombre, el acto es el medio en que lo espiritual que emana del corazón del hombre se manifiesta en el mundo material.
Toda persona justa en el Mesías debe estar consciente que el valor de su ofrenda física se lo da el corazón con que se está presentado, de allí la importancia en que no solo nuestra educación en la Torá sino el ambiente de nuestras comunidades, deben de ser propicias para cultivar los corazones de los ofrendantes y que estos sean adecuados, y entonces sus ofrendas y oraciones sean gratas delante del Trono Celestial.
Y por otro lado debemos aprender sobre el momento adecuado para cada ofrenda, no antes y no después de lo que la Torá ha instruido, por ejemplo, la ofrenda del Shabat (séptimo día de la semana) es clave para un hijo primogénito de Dios, siendo el Shabat la puerta que une a este mundo con la perfección que viene del Creador de los cielos y la tierra. Por ello, teniendo en cuenta que en ese día nos disponemos a cerrar nuestras manos para no laborar y así buscar esa perfección, nuestra ofrenda de Shabat es de suma importancia, y por eso debe ser dada antes de iniciar mi búsqueda de esa perfección disponible en ese día santo.
Para lograr entender el espíritu profético-mesiánico de este acto ofertorio, deberemos entender el sentido de la acción de sacrificar. “Sacrificar le parecía al hombre tan ‘natural’ como orar; lo primero indica lo que el hombre siente acerca de sí mismo, lo otro lo que siente con respecto a Dios”, escribe el historiador bíblico Alfred Edersheim. Desde que el pecado entró en el mundo, ha traído consigo el dolor de la culpa, el desamparo y el alejamiento de Dios. El hombre es consciente que necesita liberarse de estos males. Es fácil de entender que cuando la gente se encuentra en esa situación desesperada piense que debe recurrir a Dios por ayuda (Romanos 5:12).
Por ello, el mismo Dios Eterno, garantizó el cumplimiento de los tiempos con el advenimiento de la «simiente de la mujer» que acabaría con la serpiente antigua y su simiente, el pecado en el corazón humano (Gén. 3:15). De ese modo reveló que en tiempo oportuno Él mismo manifestaría al Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo (Ap. 13:8). Entonces la humanidad toda tendría abierto el portal de regreso al Reposo (Shabat) del Eterno e Infinito Dios.
Por ello, cuando se estableció el ritual del tabernáculo en el monte Sinaí, el Eterno ordenó que cada mañana y cada tarde se ofreciera un cordero de un año (hebcordero-altar. kebes) como holocausto por todo Israel (Ex. 29:38-42; cf Nm. 28:4), y dos el sábado de mañana y dos el sábado de tarde (Nm. 28:9, 10). Por causa de su inocencia, paciencia e inofensividad, un cordero resultó ser el mejor animal para representar a quien prometió llevar los pecados del mundo, el Cordero de Dios. Por ello, el cordero desempeñó una parte importante en el antiguo sistema de sacrificios, el cual prefiguraba el ministerio y sacrificio de nuestro Salvador. Este animal, ofrecido en holocausto, representaba el ministerio continuo de Jesucristo en favor de los pecadores. Por cuanto ésta era una «ofrenda encendida«, «ofrenda quemada«, o un «holocausto continuo [diario]» (v. 3), se la llegó a conocer como tamîd: literalmente, «continuo» o «diario«. Este término hebreo para “ofrenda quemada” significa “ofrenda de ascensión” u “ofrenda que asciende”, lo cual es pertinente porque en esta el animal degollado se quemaba sobre el altar y ascendía hacia el cielo a Dios un olor dulce, conducente a descanso (Shabat). La ofrenda quemada se distinguía de las demás en que el animal se ofrecía entero al Eterno después de haber salpicado su sangre alrededor del altar. Los sacerdotes tenían que “hacer humear todo ello sobre el altar como ofrenda quemada, ofrenda hecha por fuego, de olor conducente a descanso (Shabat) a YHVH” (Levítico 1:3, 4, 9; Génesis 8:21).
Ahora comprendemos que ley (hajalá) mosaica, con todos sus sacrificios y ofrendas, se dio a los israelitas de antaño para que pudieran acercarse al Eterno y así conseguir y conservar su favor y bendición hasta la llegada de la Simiente de la mujer prometida. El apóstol Pablo, que era judío, lo explica de este modo: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24). Lamentablemente, la nación de Israel no respondió a esa tutela, sino que abusó de su privilegio. En consecuencia, sus muchos sacrificios se hicieron repugnantes a YHVH, quien dijo por medio de su profeta: “Suficiente he tenido ya de holocaustos de carneros y de la grasa de animales bien alimentados; y en la sangre de toros jóvenes y corderos y machos cabríos no me he deleitado” (Isaías 1:11).
Teniendo en cuenta estas imágenes proclamadas en la Antigua Alianza, vemos que las primeras comunidades estaban llenas en sus conciencias de estas significaciones. Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado, decía Pablo a la comunidad de Corinto (1 Cor 5: 7). Y Pedro, en su primera epístola, invitaba a los fieles a recordar que habían sido rescatados de su vano vivir no con oro o plata, que son bienes corruptibles, sino con la sangre preciosa de Yeshúa, Cordero sin defecto ni mancha (1Pe 1: 18-19). Para la Nueva Humanidad conformada en el Mesías, Él era el Cordero del Eterno prefigurado en todos y cada uno de los corderos ofrendados en el altar del Antiguo Pacto.
Los primeros discípulos sabían que la ofrenda es tan importante delante de YHVH que entendían por qué el mismo Yeshúa se convirtió en una para salvar a los hombres del caos. Las primeras comunidades sabían que Él es el Cordero de Dios que quita nuestro pecado (Jn. 1:29) y también, quien sana la tierra. En la cruz del Gólgota, Él era el Cordero a ser sacrificado. Este recordatorio se activaba en cada cierre del ciclo semanal, durante la celebración del Shabat. Los discípulos de los dos primeros siglos, separaban de sus bienes durante las dos comidas del sábado a fin de traer a la comunidad, al iniciarse el primer día, la evidencia de su amor al Eterno y Su Torah como ofertorio. Dichas ofrendas eran usadas muchas veces como instrumentos de la tzedaká (justicia social) que la idea de Shabat les revelaba:

«Cada primer día de la semana, cada uno de ustedes ponga algo aparte, según lo que haya ganado, y guárdelo, para que no se tengan que recoger las ofrendas cuando yo esté allá.»

(1 Corintios 16:2 – RVC)
Hoy, nosotros, los hijos primogénitos que habitamos Su Monte Santo, creemos en el poder de traer nuestras ofrendas de Shabat. Entendiendo que las mismas son actos de adoración a nuestro Abba, el Eterno Dios, por medio de las que ocurren grandes cosas. Al cumplir con estos principios, se revela en todos los cielos lo que hay en nuestros corazones, y nos ponemos en posición para recibir las recompensas correspondientes a nuestra obediencia en el guardar el Shabat.
Así que debemos dimensionar la gran importancia que tiene el acto de honrar al Eterno Dios con la ofrenda encendida de Shabat, ya que el hecho más importante que nos ha sucedido, implicó el sacrificio de dar lo más valioso. Por lo tanto, al hablar de salvación inevitablemente hablamos de ofrenda de Shabat manifestándola materialmente. Nos encanta recibir el beneficio de la cruz, pero debemos entender que fue una ofrenda, un sacrificio con el cual Yeshúa otorgó Reposo (Shabat).
Al ofrendar en Shabat, manifestamos que creemos en que todo el universo opera basado en ciclos. Las mujeres tienen su ciclo mensual, la lluvia pasa por un ciclo; el Eterno creó el mundo basado en ciclos para asegurar su continuidad. Cuando uno de esos ciclos se desequilibra, se crean grandes conflictos. Al celebrar Shabat manifestamos nuestra convicción en que toda la Creación marcha al encuentro de ese «instante eterno» en que todo lo creado entrará en el Reposo de YHVH. En cada Shabat establecemos que nuestro Único Dios está en absoluto control de todas las cosas por medio de Su Mesías-Cordero. De ese modo no ha posibilidad alguna de que las tinieblas establezcan el caos en la Tierra, y desde ella, en el cosmos todo. Por el contrario, el señorío entregado por el Padre a nuestro Dueño Yeshúa realiza diariamente un ministerio continuo en intercesión a favor de los hombres y la creación misma. Dicho ejercicio ministerial garantiza una vivencia de Su Paz (Shalom) en todas las áreas del ser humano, y particularmente aquellas que tienen que ver con su economía. Tu acto de ofrendar proclamamos a todo testigo de nuestro alrededor (ángeles y hombres) que aceptamos lo que YHVH está haciendo por nosotros, aunque no lo merezcamos.
Por todo ello, necesito decirte, a ti que lees esta bitácora, que cuando ofrendas en Shabat entras en el ciclo de libertad financiera que nuestro Abba Eterno diseñó para ti. Si ofrendas estás dando testimonio de lo que recibes cada día de tu vida es de parte del Eterno Dios; entonces las bendiciones te alcanzarán (Dt. 28:1-14). Pero si recibes, y no ofrendas, te sales de ese ciclo y las maldiciones de la Torah te alcanzarán (Dt. 28:15-68).
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