Enseñanzas

La Esencia de la Kedushá (Santidad)

Por P.A. David Nesher

“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron:
Haremos todo lo que Yahvéh ha dicho.
Y llevó Moshé a Yahvéh las palabras del pueblo. Y Yahvéh dijo a Moshé:
He aquí, vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo y también te crean para siempre.
Entonces Moshé comunicó a Yahvéh las palabras del pueblo.
Yahvéh dijo también a Moshé:
Ve al pueblo y consagrarlos hoy y mañana, y que laven sus vestidos y que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Yahvéh descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Y pondrás límites alrededor para el pueblo, y dirás: «Guardaos de subir al monte o tocar su límite; cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá. Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá.» Cuando suene largamente la bocina ellos subirán al monte.”

(Éxodo/Shemot 19:8-13)

El Eterno aparecería a Israel de una forma espectacular; y antes de que esto pudiera pasar, el pueblo debería prepararse para ese momento sobrenatural. La gente de las doce tribus debía estar alistado física y espiritualmente para que este encuentro con la divinidad de Yahvéh les permitiera elevarse al plano de las todas las posibilidades de la existencia misma (el 99%). Una vez que sus almas vibraran en esa dimensionalidades metafísicas, cada uno de los israelitas lograría lo que se conoce como Bilá HaMavet LaNétzaj, que se traduce aproximadamente así: «la eliminación el final del dolor, sufrimiento y muerte para siempre«. Este nivel sería el que tenía Adam HaRishón e Ishá en el Gan Eden, antes de la caída. Es el nivel donde se puede saborear el Árbol de la Vida.

Discerniendo esto, el pueblo de Israel contestó por la tarde el segundo día del tercer mes cuando Moshé había bajado del monte. En la mañana siguiente, el tercer día de siván, Moshé subió de nuevo al monte con la respuesta del pueblo: la propuesta divina había sido aceptada sin discusión ni preguntas.

Me gustaría invitarlos a que noten que el texto señala que Moshé convoca a los ancianos, pero quien responde es el Pueblo en su conjunto, y en unanimidad. De este modo se asegura la participación de todos en la Alianza Matrimonial con el Eterno que estaba a punto de acontecer.

El pueblo contestó a una: “…Haremos todo lo que ha dicho el Eterno…”!

Al llegar a esta expresión, los sabios de la codificación hebrea explican que, para ese momento todos los miembros de Israel habían llegado a la plenitud de pureza de Adam antes de su pecado, al punto de asemejarse a los ángeles. Antes de la entrega de la Torah, YHVH había curado a todas las enfermedades del pueblo así como defectos físicos, [Midrash, Pág 163-164].

Lo primero que se nota al decir «el pueblo contestó a una» es que en ese momento, ya no había mudos entre ellos, evidentemente había sido sanados en la trayectoria hacia Sinaí al revelarse YHVH Rafáh. Así mismo leemos que, en el cap. 20, vers. 18, está escrito que todo el pueblo vio las voces (cf. 19:11), lo que muestra que ya no había ciegos entre ellos. Más adelante, en el capítulo 24, verso 7 está escrito que todo el pueblo dijo que iba a escuchar, lo que muestra que tampoco había sordo entre ellos. Evidentemente, las murmuraciones de la primera parte del camino habían quedado atrás y ahora hay una aceptación del diseño del propósito divino para ellos, sin escatimar nada.

Así el Eterno, había preparado a Israel como una Esposa, a fin de «presentársela a sí mismo como una asamblea gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa y perfecta» (Efesios 5:27). Y ahí estaban, al pie del monte Sinaí cerca de tres millones de israelitas, a la espera de escuchar las Palabras celestiales que los elevaría a la misma naturaleza divina que el Adam HaRishón había perdido en su caída (Génesis cap. 3).

La Santidad Verdadera es un Poder divino para poner límites, no una condición de moralidad suprema.

Entonces ya sabemos que en el tercer día del tercer mes (llamado Siván), Yahvéh le comunicó estas palabras a Moshé en la cima del Monte Sinaí. Luego Moshé bajó y habló con el pueblo, y luego subió otra vez con las palabras del pueblo el cuarto día del mes. Esto significa que Moshé tenía que ver que el pueblo se santificara durante el cuarto y quinto días del mes tercero. [A modo de dato, les diré que según la tradición de la exégesis judía la Torah fue entregada el día 6 de Siván]. Aunque fue el día seis del mes, el Eterno está usando la expresión “tercer día” en alusión a la resurrección del Mesías en la cual también manifestó su gloria de una manera extraordinaria.

Un asunto se destaca aquí, y debemos considerarlo con suma atención. El Eterno prometió revelarse a Sí mismo en el Sinaí, pero para ello, Él dijo a Israel: «Guardaos de respetar los límites«. ¡Así es, el Eterno reveló que existían límites que no se podían cruzar! Israel debía de mantener su distancia detrás de dicho límite, y la penalidad por errar en mantener su distancia era la muerte. Cualquier persona o animal que haya sido muerto por acercarse demasiado debía ser tenido como impuro, de tal forma que no se le podría tocar, por lo que ellos debían ser ejecutados con piedras o saetas.

Con esto el pueblo entendió que la santidad (hbr. kedushá) implica reconocer los límites que definen una vida con propósito. Ellos debían aceptar la verdad de que los límites son los que santifican la vida de cualquier ser humano.

Con este método pedagógico Israel comprendió que Santidad (kedushá) significa hacer una división o separación entre una cosa y otra. Es decir que Kedushá es hacer discriminación entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, lo conveniente de lo que no conviene. Para lograr esto hay que aprender a definir toda situación. Poner límites es la esencia misma de toda definición.

En el Reino de los Cielos hay muchos límites, como hemos visto en relación con la escalera de Yaakov. Hay niveles, límites. Cuanto más santa sea una persona, más podrá acercarse al Eterno. La santidad tiene que ver con acercamiento al Olam Azilut (Mundo de la Emanación).

El pueblo no podía traspasar esos límites. Es muy grave traspasar los límites que el Eterno marca. Siempre trae graves consecuencias. El pueblo no había aprendido esta lección y el Eterno le insta a Moshé varias veces a advertir al pueblo para que no traspase los límites.

El pueblo sólo se podía acercar cuando Dios los invitara, y la trompeta señalaba que la invitación estaba abierta. Al sonar de la trompeta ellos podían llegar al límite de la barrera, pero no podían ir más allá. La palabra hebrea que ha sido traducida como “bocina” o «trompeta» es yovel, que significa “cuerno”, especialmente cuerno de carnero. Según la tradición, este cuerno está representado por uno de los que Abraham tomó del carnero que fue sacrificado en lugar de Yitzjak.

Un Ser Humano con Límites es un Ser Humano verdaderamente Libre.

Volviendo al hilo de nuestra reflexión, entendemos que si hay algo básico sobre la naturaleza humana, es la de una necesidad de límites. Al poner estos límites y al traer la pena de muerte al quebrantarlos, Yahvéh le mostró a Israel que la obediencia es más importante que sus sentimientos. No dudamos de que algunos intrépidos Israelitas sintieron el ir más allá de los límites, pero ellos tuvieron que someter sus sentimientos a la obediencia.

Así Israel entendió el objetivo de su vocación: ser una nación santa (v.6). Lo que caracterizaba a Yahvéh a los ojos de los hebreos era, sobre todo, su santidad, atributo que significaba, además de la incontaminación y pureza, la idea de trascendencia. Esto pues hacía entender que, si Israel quería trascender los planos históricos-físicos, debía acercarse al Eterno e intimar con Él. Ahora bien, para que Israel logrará con éxito este acercamiento y pudiera gozar de la plenitud de dicha intimidad, debía también santificarse, purificarse espiritual y moralmente, llevando unas costumbres más puras que los otros pueblos.

La propuesta dejaba todo bien claro. Como pueblo escogido, Israel tiene que ser santo:

”Porque yo soy Yahvéh su Dios, ustedes se santificarán; y serán santos, porque yo soy santo. No se contaminen por causa de ningún reptil que se desplaza sobre la tierra.

(Levítico 11.44)

”Me serán santos, porque yo, el SEÑOR, soy santo y los he separado de los pueblos para que sean míos.”

(Levítico 20:26)

Por todo esto, el Eterno será llamado “el Santo de Israel”, es decir, el Ser Trascendente, que, a pesar de Su excelencia, e incontaminación, tiene relaciones íntimas con el Pueblo Elegido, para que este pueda cumplir plenamente su misión en la Historia de la Salvación.

Los hebreos entendieron el llamado divino: es necesario apartarse del pecado e incluso de la rutina diaria para dedicarse a indagar en los secretos del Cielo revelados en la Instrucción (Torah) del Eterno.

Evitar el contacto con todo lo que pueda corromper el alma humana es la clave para trascender el mundo ilusorio de la sensorialidad, y penetrar los lugares celestiales para lograr la manipulación de todas las leyes extrasensoriales. Eso es la esencia misa de la Kedushá (Santidad).

Espero que en esta tarde puedas apartarte para romper el estrés del día a través del uso de tu kedushá.

Siempre a tu servicio: P.A. David Nesher

Bitácora Relacionada:

¿Qué es Kedushá y cómo Practicarla?

¿Ley de Talión o Ley del Amor?

Por P.A. David Nesher

 

 

“ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.”

(Éxodo/Shemot 21:24-25)

 

Lamentablemente, al leer sin comprensión adecuada, la mayoría de las personas quedan expuestas a sacar conclusiones distorsionadas sobre la naturaleza de la «Justicia», como enseña la Torah, y de hecho permitir falsas suposiciones sobre la naturaleza de Yahvéh, el Autor de la moralidad que la Torah enseña.

Para muchos estudiosos cristianos de la Biblia, estos versos parecen exigir una interpretación literal y expresar una actitud de venganza que ha sido llamada justicia «ojo por ojo» o Ley del Talión. Es decir que, si el autor ha causado la pérdida de un ojo (pie, mano, etc), su castigo es ocasionarle violentamente la pérdida su ojo (pie, mano, etc). A este tipo de justicia también se la denomina Justicia Talibán.

Sin embargo, al leer el Talmud Bava Kama en la sección Masejet (capítulo HaJovel , «El que hiere«), logramos encontrar la interpretación correcta. Este texto explica la verdadera posición de la Torah con respecto a la sanción de las personas que causan a otros a perder sus extremidades o la utilización de sus órganos sensoriales.

Entonces, según el Talmud, la Torah aquí no se refiere a tomar los órganos del otro en recompensa por un daño hecho. Más bien, la Torah está legislando el hecho de pagar con dinero el valor del miembro dañado, según la disminución del valor de la persona en comparación con una persona intacta, en el caso de que hubiese sido vendida en un mercado. Por ejemplo, si una persona, trabajando con dos manos y dos pies, ganaba 100 y, después de la pérdida de alguno de sus órganos, sólo podrá ganar 40, el agresor tendrá que indemnizarle el 60% durante el resto de su vida, para recompensarle la pérdida.

Insisto en esto: la Torah no enseña esta ley para que se entienda de manera literal sino desde una interpretación muy diferente. No se trata de la amputación de algún miembro del victimario, sino más bien de una compensación económica. La palabra “ por” de “Ojo por ojo”, es el hebreo tajat, que significa también “a cambio”, “en sustitución”. Según esto, el responsable tiene que pagar una indemnización económica en caso de mutilación o daño físico.

Para lograr entender esto, debemos saber que la Torah exige un castigo monetario clasificado en cinco partes, que consiste en:
⚖ Nezek, el pago por la reducción en el poder adquisitivo,
⚖ Tzaar, el pago por el dolor sufrido,
⚖ Ripuy, el pago de gastos médicos,
⚖ Shevet, Compensación «desempleo» y
⚖ Boshet, el pago de la vergüenza y la humillación.

Para entender este procedimiento jurídico tomaremos un ejemplo. Supongamos que la víctima era un pianista virtuoso, y la lesión implicó la pérdida de su mano derecha, los pagos podrían ser calculado de la siguiente manera:

Nezek, una estimación que se hace de su potencial de ganancias futuras como pianista, ahora perdido para siempre con él. Así, suponiendo que hubiera realizado un centenar de conciertos adicionales durante el resto de su carrera, ganando $ 100.000 por cada uno, la pérdida sería de $ 10.000.000.
Tzaar, el pago para el dolor, la cantidad dependerá de la estimación del Bet Din (Casa de Justicia) de su tolerancia al dolor. En este caso, la estimación podría ser $ 1.000.000.
Ripuy, el pago de los gastos médicos, suponiendo una operación de emergencia inicial, treinta pagos para la rehabilitación y veinte pagos para el montaje y la fijación de una mano artificial: $ 950.000.

Shevet, seguro de desempleo, para el período de tres meses, cuando estaba «de espaldas», y ni siquiera podía trabajar por el salario mínimo: $ 3.000.

Boshet, el pago por la vergüenza, la estimación se realiza, según el Talmud, que corresponde a la persona que avergonzó y el que fue avergonzado. Puesto que un artista intérprete o ejecutante artístico suele ser bastante sensible, el monto de este pago podría ser de alrededor de $ 20.000.000.

El pago total, por lo tanto, sería de aproximadamente 31.953.000 dólares, una suma grande de dinero, pero no es grande en comparación con la pérdida de una carrera, y la pérdida de la mano.

La primera de las cinco clases de compensación, por daño físico (nezek), es empleada, de por vida, en el caso de que una persona tenga pérdidas en su trabajo por ese daño.

Vemos así que la Torah intenta castigar al culpable, pero por medio de una indemnización económica; se trata de reparar el daño de alguna manera, hacerse responsable por el perjuicio ocasionado, pero no mediante caminos violentos y vengativos. Se insiste en reparar el daño.

Por lo tanto, lo que la Torah busca al dar esta mishpá es la compensación del agraviado.

Nadie en su sano juicio creerá que al sacarle un ojo sano al que causó la pérdida, causará que el agraviado vuelva a tener un ojo, o que al sacarle un diente al que hiere, se producirá que el agraviado pueda volver a comer como antes, de hecho, es imprescindible conocer el contexto.

Debemos aceptar que el concepto de rectificar y reparar (Tikún) está muy ligado al mundo de la revelación que da la Torah.

El desafío y la misión que tenemos como seres humanos, según este modelo de pensamiento, es esforzarnos por buscar, por medio de nuestras acciones, el Tikún Olam (la Reparación del Mundo) a través de la reparación de las vasijas destruidas. Por ende, reflexionando correctamente en la idea de esta mishpá, podemos pensar que cada vez que cometemos un daño a nuestro prójimo, y no me refiero solamente a un daño físico, es nuestro deber repararlo de alguna manera y de este modo tratar de corregir el mundo y lograr el Tikún Olam, es decir, la reparación del universo. Debemos pagar los daños, no con violencia y agresión sino con sensibilidad, comprensión por lo que causamos, y empatía con la persona que ha sufrido por alguna acción consciente o inconsciente que hemos realizado.

Shalom!

La Anatomía de la Torah (Mitzvot) y Su Fisiología (Mishpatim, Jukim, Edot)

Por P.A. David Nesher

“Y estas son las ordenanzas que pondrás delante de ellos.”

(Shemot/Éxodo 21:1)

Esta parashá es muy diferente de las otras cinco que hemos leído en las semanas previas, ya que no nos está contando la historia del Éxodo sino que describe, las diferentes leyes que permite al hebreo descubrir y reflexionar los secretos de la Ley Espiritual por los que nuestro universo funciona: causa y efecto. En esta parashá, el Eterno asegura que tomará de la mano cotidianamente a sus hijos primogénitos a fin de conducirlos con éxito al Olama Havá (Mundo Venidero).

La palabra hebrea que en este versículo ha sido traducida como “ordenanzas”, (“reglas” o “leyes” RV60) es mishpatim. Antes de continuar, y a los efectos de captar toda la decodificación que haremos de la parashá (porción) de esta semana será necesario dejar en claro algunos términos jurídicos que se usan en las regiones celestiales. Justamente por ello, la grandeza de las leyes o normas mencionadas en Mishpatim está en el enfoque. En lugar de afirmar que la necesidad de las leyes es meramente social, tenemos el concepto de que las leyes espirituales universales tienen un propósito para conectarnos con la Luz del Creador. Eso significa que cada vez que dañemos a nuestro prójimo nos alejamos de la abundancia del Creador. El vacío que tomará el lugar de la Luz siempre se sentirá como miseria y dolor que finalmente volveremos a experimentar ya que el universo tiene sus propios controles y equilibrios, las reglas de causa y efecto.

Encuentro conveniente hacer un alto aquí para enseñar que en las Sagradas Escrituras aparecen varias palabras que hablan de los mandamientos que el Eterno ha dado a su pueblo. El Dr. K. Blad explica que las cinco palabras más comunes para expresar esta idea son:

⚖ Torah (en plural: torot) significa “Instrucción”, “norma”, “enseñanza”, “doctrina”. La misma viene de la raíz hebrea yará, que significa “señalar”. Hace referencia a varias cosas. Estas son las más importantes:
? Una instrucción cualquiera, por ejemplo, Proverbios 3:1 “Hijo mío, no te olvides de mi instrucción (torá)…”
? Una instrucción específica en cuanto a un asunto específico, por ejemplo, la instrucción de cada sacrificio, Levítico 6:9 “esta es la instrucción (torá) del holocausto…”; Levítico 7:11 “Esta es la instrucción (torá) del sacrificio de la ofrenda de paz…”, Romanos 7:2 “la ley en cuanto al marido”.
? La Instrucción general entregada por el Eterno al pueblo de Israel (llamada también La Torá de Moshé), que son los cinco libros de Moshé, conocido como el Jumash (en hebreo) o el Pentateuco (cinco libros en griego. Dicho término ha sido mal traducido con la expresión “la ley” (por ejemplo Deuteronomio 32:26, Josué 1:7-8, Mateo 5:17, Lucas 24:44).
? Toda la Escritura hebrea inspirada divinamente: el TanaK (se pronuncia tanaj) que es un acrónimo para Torá (Instrucción), Neviím (Profetas), Ketuvim (Escrituras).

⚖ Mitsvá: significa “mandamiento” (en plural se dice mitsvot). Es el término general para todo tipo de mandamientos. Viene de la raíz tsavá que significa “ordenar”, “encomendar”, “encargar”, “mandar”.

⚖ Mishpat: (en plural mishpatim) que significa «ordenanza», “sentencia”, “norma”, “decreto”, “costumbre”, “proceso judicial”, “derecho”, “jurisdicción”, “modelo” «regla». Viene de la raíz shafat que significa “juzgar”, “hacer justicia”, “gobernar”. El sustantivo es shofet, “juez”. El término Mishpatim se refiere a las leyes racionales, es decir, comprensibles al intelecto humano. Aún si el Eterno no las hubiese dicho, los seres humanos las hubiésemos pensado y son fundamentales para tener una sociedad sana, basada en el respeto mutuo.

⚖ Jok: (en plural: jukim) que significa ”límite”, “tarea”, “porción”, “obligación”, “mandato”. Viene de la raíz jakak que significa “grabar”, “determinar”, “mandar”. La expresión jukim hace referencia a preceptos irracionales, es decir, aún después de que la Torá mandó a cumplirlos, no dejan de ser incomprensibles para la mente humana, como no comer ciertos animales (leyes de Cashrut), no mezclar lana y lino, etc.

⚖ Edá: (en plural edot), que significa “prueba”, “testimonio”. Son leyes cuyo objetivo es recordar un cierto evento a través de realizar una determinada acción, como el Shabat, que recuerda el evento de la Creación en siete días; Pesaj, recuerdo de la Salida de Egipto; Shavuot, recuerdo de la Entrega de la Torah, etc.

La relación entre estas cinco palabras la encontramos perfectamente explicadas en el libro de Devarim:

“Esta es, pues, la ley (Torah) que Moshé puso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios (edot), los estatutos (jukim) y las ordenanzas (mishpatim) que Moshé dio a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto.”

(Deuteronomio 4:44-45)

Para entender mejor este tema, podemos esquematizar lo expresado en este pasuk (versículo) de la siguiente manera:

Entonces, la Torah es la Instrucción General que YHVH mismo dio a Israel desde el cielo por medio de Moshé. Los mitzvot son todos los 613 mandamientos que determinan la anatomía de la Torah de Moshé. Existen tres diferentes tipos mitzvot dentro de estos 613 que determinan el funcionamiento (Fisiología) de la Instrucción. Ellos son: mishpatim, jukim y edot.

Entonces, el texto de la parashá que estaremos investigando esta semana encontraremos las leyes sociales que rigen la comunidad de Israel en sus áreas de convivencia. En estos mishpatim encontraremos los principios lumínicos que persiguen refinar al ser humano en sus vínculos a fin de lograr una transformación del mundo, y así asegurar el destino de propósito divino para todas las generaciones.

Estos versículos, que investigaremos, conllevan en sus códigos la idea muy importante de Yahvéh respecto a la visión que tiene la Torah sobre el jésed (“bondad” o “benevolencia”) manifestado desde el ser humano para transformar el mundo físico.

Ya se habían entregado las diez palabras de forma audible desde el monte Sinaí. Estas diez palabras o Decálogo (hebreo Aseret HaDibrot) son el resumen de todos los 613 mandamientos (mitzvot) que iban a ser entregados al pueblo de Israel.

La parashá Mishpatim empieza con la pequeña palabra hebrea «va«, que significa “y”. Esto nos enseña que lo que viene a continuación está en relación con lo que había antes. Así que estos mishpatim, leyes sociales, están relacionadas con lo que está escrito en capítulo 20. Esto significa que para entender estas normas necesitamos aceptar que los principios de la Luz están en las palabras de la Torah, y la praxis o aplicación de dichos principios se encuentran revelados en estos mishpatim. Es decir, que debemos pedir sabiduría y discernimiento de espíritu para captar la conexión entre el principio de la Torah y su mishpá correspondiente.

Esta Parashá (porción) contiene más de 50 mandamientos que son de carácter social, exceptuando algunos pocos. El Eterno entregó esto a Israel para que se abocara al trabajo de investigar la conexión de ellos con los principios celestiales que vibraban en la Torah entregada por Su Voz en sus mentes y corazones.

Después de haber recibido todas estas leyes Moshé escribió un rollo, llamado “el libro del pacto” (ver Éxodo 24:7). Los sabios discuten acerca de cuál fue el contenido de ese libro, si incluía todo desde el relato de la creación del universo, en Bereshit (Génesis) 1:1 en adelante, o si empezó desde algún otro lugar. El sabio intérprete Rashí dice que allí estaba escrito todo desde la creación hasta la entrega de la Torah.

En esta parashá, el Eterno se ocupa de las acciones de sus escogidos y sus efectos en el mundo físico. Él se propone conducir a sus primogénitos a tomar consciencia de la ley de causa y efecto, y los capacita para que puedan manipular los secretos de la misma en el mundo material, a través de la armonía en sus vínculos. Pero también revela acerca del impacto de nuestras acciones en la dimensión espiritual, preparando las recompensas que tendremos en el Olam Habá (Mundo Venidero o Milenio).

Si ellos, se disponían a meditar en los códigos de la Torah, encontrando su conexión práctica con estos mishpatim, el carácter de Mashiaj se hubiera manifestado mientras esperaban que Moshé subiera y descendiera una vez más del Monte Sinaí, trayendo la Torah escrita en las dos tablas de piedra. Sin embargo, ellos desperdiciaron su tiempo escuchando sus pensamientos de temor paralizante, elucubrando ideas que los condujeron a la fabricación de Becerro de Oro.

En Mishpatim, el Eterno nos entregó las reglas espirituales básicas para vivir. Y así, si no entendemos las enseñanzas que son reveladas en Mishpatim, en consecuencia toda la entrega de la Torah es incomprendida. Es casi como si no hubiese ni siquiera una razón para recibir la Torah. Así que aquí, el Creador realmente quiere enviarnos el mensaje de que si no entiendes algunas enseñanzas básicas de Mishpatim, no puedes entender el propósito de la entrega de la Torah. No puedes entender el propósito de la Revelación en el Sinaí. Y casi no tiene sentido tener la Revelación en el Sinaí sin estos conocimientos. Este es uno de los entendimientos de por qué Mishpatim aparece entre la entrega de la Torah… porque si esta no es una de las reglas guía de las elecciones espirituales, entonces habremos perdido todo el propósito de la entrega de la Torah.

¡Ven de Tu Esclavitud a Mi Palacio! (Parashá Bo)

Por P.A. David Nesher

 

Esta semana estamos investigando los códigos de la Luz (Or) escondidos en las tres plagas finales de las conocidas «Eser Macot» (Diez Plagas) que culminaron en la liberación de Israel de la esclavitud egipcia.

Se trata de una porción (parashá) de Torah muy especial, denominada Bo («ven ante») y recibe su nombre del primer versículo que lee:

«VaYomer Adoshem el Mosheh Bo el Paró ki ani hijadti et libo»

Traducido al español se lee:

(«Dios dijo: Ven ante el faraón porque he endurecido su corazón…»)

Encontramos esta parashá en el Libro de Shemot (Éxodo 10:1-13:16).

Como lo expresé al comenzar esta bitácora, la parashá Bo relata las tres últimas plagas de Egipto (Mitzraim):

  • la de las langostas,
  • la de la oscuridad y
  • la de la muerte de los primogénitos.

Como enseñan los comentaristas, estas plagas ya no se enfocan en el Imperio de Egipto, como ocurría con las siete primeras, sino que apuntan exclusivamente a la persona misma del faraón (en hebreo paróh).

La expresión Bo usada aquí tiene múltiples significados. Literalmente quiere decir Ven, pero también dicen los sabios de la Guemará aseguran que su significado más lumínico esta oculto en su guematría. Justamente, existe en esta porción de la Torah una maravillosa curiosidad. Es que el valor guemátrico o numérico de la expresión Bo (בא) equivalea 3:

 ב = 2
+
א = 1
_______
3

 Si nos fijamos en las dos letras que componen Bo (בא) vemos una letra Bet (ב) abierta hacia la izquierda donde está una letra Alef (א). Eso nos señala la dirección del propósito eterno de Dios para Su Pueblo.

La letra Bet (ב) significa “casa” y en este caso se refiere a Mitzraim (Egipto), que Éxodo 20:2 define como “casa de servidumbre”.

La letra Alef (א), que representa a la unidad, se refiere a la Torah, que es Una.

Bo (בא) es la porción que codifica la Intención divina: el pueblo de Israel saldría de Egipto para recibir la Torah. En Egipto eran esclavos, pero cuando hayan recibido la Torah serán un reinado de sacerdotes (Éxodo 19:6).

Lo más fuerte de esta curiosidad guemátrica es que esta parashá hay exactamente 106 versículos. Para que entiendan el sentido espiritual de esta curiosidad le diré que si asociamos este número (106) con el número 3, el valor numérico de Bo (בא), veremos que ambos se refieren a los tres componentes centrales del cuerpo humano, según las Sagradas Escrituras: cerebro, corazón e hígado.

Si sumamos las guematrías de Moaj (מח) “cerebro”, Lev (לב) “corazón” y Keved (כבד) “hígado” (48 + 32 + 26), respectivamente, obtenemos 106.

¿Cómo podemos relacionar estos tres componentes con las tres plagas de Bo (בא)?

Las langostas (ארבה) aluden al cerebro. Se ha comprobado que cuando estos insectos forman una plaga aumenta el tamaño de su cerebro.

La oscuridad (חושך) se refiere al corazón, ya que el corazón del faraón estaba oscurecido y era obstinado (Éxodo 10:1),y

La muerte de los primogénitos (מכת בכורות) al hígado, ya que Keved (כבד) pertenece a la misma raíz que Kavod (כבוד), “gloria”, y los hijos son la gloria de sus padres.

Interesante, me resultó haber leído al filósofo judío Maimónides quien enseñó que si unimos las letras iniciales de estos tres componentes, Mem (מ), Lamed (ל) y Kaf (כ), obtenemos la expresión hebrea Melek (מלך), que significa “Rey”. Este gran sabio también nos explica en su Mishnéh Torah:

“Con tres coronas fue coronado Israel, la corona de la Torah, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza.”

Por eso, al recibirla, el pueblo de Israel dejó de ser un pueblo esclavizado en la sensualidad materialista para ser un pueblo coronado con la majestad del Eterno.

Entonces, cuando nos conectamos correctamente con la historia relatada en la porción Bo, el Eterno nos otorga, por medio de estos códigos, el poder mesiánico para presentir al Ángel de la Muerte cuando entra a nuestras vidas aprovechándose de nuestra obstinación que, nublando nuestro entendimiento, nos conduce a la pérdida de la gloria que se obtiene al tener la Presencia divina.

¿Qué ocasiona la muerte accidental o súbita en los seres humanos?

A lo largo de las Sagradas Escrituras encontramos claramente expresado que nadie muere de un ACV cerebral; nadie muere de un ataque al corazón; nadie muere de cirrosis hepática; nadie muere de algo que está escrito de un certificado médico de muerte. Ninguna de esas cosas son la verdadera causa de la muerte. La muerte es siempre causada por la manifestación de la energía negativa de la actividad del adversario (HaSatán), al cual nos hemos hecho vulnerables, por causa de no guardar los mitzvot (mandamientos) del Eterno.

Así, al ser vulnerables a HaSatán (el Oponente) y su cultura reptiliana permitimos la entrada para que el Ángel de la Muerte actúe en nuestras vidas, dentro de nuestras familias, y de nuestro mundo. Una vez que el camino de entrada ha sido abierto, entonces y sólo entonces el Ángel de la Muerte escoge las formas para ejecutar a su víctima. Él puede escoger el corazón, el cerebro, el hígado, como órganos generadores de esa energía mortal; él puede escoger la muerte en un accidente, etc. Pero esto es simplemente la forma en la cual el Ángel de la Muerte causa la muerte en el cuerpo humano. El camino fue abierto mucho antes.

¿Qué herramienta podemos usar para evitar esta actividad del Ángel de la Muerte?

Los entendidos en el hebreo, explican que hasta la quinta plaga el Faraón no estaba afectado por lo que sucedía en Egipto, es así como a partir de allí, las plagas comenzaron a tocar el interés personal del Faraón.  

No podemos olvidar que el Faraón representa nuestra falta de consciencia sobre el otro, nuestra parte egoísta. Esto nos enseña porque existe el juicio, existe porque solo a través de la afectación propia o del dolor propio comprendemos y somos conmovidos por el dolor del otro. Mientras no somos afectados por lo que sucede en lo externo, somos indiferentes a la pobreza, al hambre, a las penurias y tristezas que los otros experimentan.

Ya hemos aprendido que el Eterno revela que ocuparnos solo de nosotros obliga al sistema de las leyes de causa y efecto a ejecutar la sentencia completa del juicio. Es decir, con cada plaga el faraón tenía la oportunidad de rectificar, pero como no lo hacia entonces el juicio se profundiza aún más. Exactamente igual sucede en nuestras vidas. Si aprendemos después de experimentar el primer golpe, entonces la clemencia interviene deteniendo la sentencia, y anulando la acción ejecutora del Ángel de la Muerte sobre nuestra vida y familia. La idea de las leyes del sistema no es castigarnos, sino corregir el desorden  y caos que provocamos en él.

En otras palabras, si estar sordos y ajenos al dolor del otro profundiza el dolor al punto que abrimos una nueva dimensión de juicio en otro de los mundos, la Torah nos enseña aquí que ocuparnos del otro, tapa las arterias por medio el cual el juicio de muerte desciende. Por lo tanto, cualquier dolor que vivamos en nuestras vidas, cualquier caos, carencia o pérdida es producto de un juicio, y este se aminora o anula cuando ayudamos a los otros, que en el fondo se trata de colocarnos en el centro del Árbol de la Vida.

Por todo esto, el nivel que la parashá Bo otorga es el más básico de nuestra conciencia. Leer y meditar esta parashá nos ayudará a concentrar todos nuestros pensamientos en una dirección proactiva y positiva siempre a favor de nuestros semejantes. El altruismo divino podrá manifestarse permitiendo un mundo más humano.

Esto nos obliga a esforzarnos en la tarea maravillosa de primero conocernos a nosotros mismos. Dicho esfuerzo requiere de mucha auto-observación y auto-análisis. Solo así podemos empoderarnos, y ser el «Moisés» frente a nuestro «Faraón interno» el ego, que abre con su dureza de corazón el camino al Ángel de la Muerte.

En este primer día de la semana, te animo a estudiar esta parashá de Bo ya que en ella aprenderás en forma tácita la manera de aminorar un juicio, y evitar la muerte accidental, antes del tiempo de cumplimiento de tu propósito.

Entonces, ya aprendimos que las siete primeras plagas se refieren al mundo de las emociones, en cambio, al estudiar estas tres plagas notaremos que se toca otro mundo o nivel, que es el intelectual en el plano de lo suprarracional.

Recomiendo que escuchen esta enseñanza respecto a los lineamientos primordiales de la parashá Bo para nuestras almas.

Bitácora Relacionada:
Las 10 Plagas y los 10 «Y dijo Dios» del Bereshit

Cuatro Formas para Construir la Identidad de Israel en Egipto

Por P.A. David Nesher

«Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron (que llegan a) en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia:
Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser.
Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta.
Y José estaba en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
«

(Shemot/Éxodo 1: 1-6)

La historia del libro de Shemot (Éxodo) comienza donde la historia de Bereshit (Génesis) termina: en una gran familia con una posición crucial en el propósito eterno de Dios y su migración a Egipto.

El relato revela que los hijos de Israel, al descender a Mitzraim (Egipto), lejos de asimilarse a la sociedad egipcia dejándose encandilar por su cultura progresista, tanto en lo social, como en lo cultural y económico, prefirieron permanecer fieles a sus principios. Ellos decidieron mantener fidelidad a sus creencias y mantuvieron alta su fe a través de guardar su cultura hebrea a fin de no perder la identidad de Israel.

Los sabios intérpretes de los códigos de la Torah, aseguran que los doce patriarcas fueron redimidos de Mitzraim (Egipto) en mérito a cuatro cosas que los destacan en su fe y confianza. Estos cuatro méritos están aludidos en el primer verso y son los siguientes:

  1. No cambiaron sus nombres.
  2. No cambiaron su lenguaje, (continuaron hablando hebreo).
  3. No hubo en ellos lashón hará (hablar mal del otro).
  4. No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada (fieles al brit milá o pacto de circuncisión).

Existe un principio de interpretación escritural según el cual, cuando hay una lista de ítems, el último siempre es el que tiene mayor peso. En este caso, esto significa que haber observado el pacto sexual (brit milá) fue lo más influyente en la conservación de la identidad y hacer posible la redención. Es que las primeras dos palabras Veele shemot (“estos son los nombres”), con las que comienza el libro aluden al origen del cuarto y más importante de los méritos: abstenerse de relaciones sexuales inapropiadas. El valor de וְאֵלֶה שְׁמוֹת (Veele shemot) , es exactamente igual al valor numérico de la expresión hebrea “paz y armonía familiar” (שְׁלוֹם בַּיִת , shalom bait).

Pero a fin de lograr cambiar nuestra manera de pensar para que cambie nuestra forma de vivir (Rom. 12: 2) tal como es la voluntad perfecta de nuestra Abba, necesitamos entender la fuerza de estos cuatro méritos.

Los Nombres

En primer lugar, notamos que el versículo comienza expresándose en presente («que llegan») significando que tanto los patriarcas, como sus hijos, durante los años de permanencia en Egipto (Mitzraim) jamás se sintieron arraigados, sino como si recién estuvieran llegando. Eso significa que ellos siempre fueron conscientes de que ese no era su hogar. Evidentemente cuando alguien es Israel tiene plena consciencia de que el mundo material no es su hogar definitivo.

En segundo lugar, consideraremos la expresión: «Los nombres de los Hijos de Israel”. La mismaalude a que ellos conservaron sus nombres en señal de no permitir que su identidad se intoxicara con costumbres egipcias ajenas a su fe. Los sabios describen esto en hebreo utilizando las palabras «descendieron» y «ascendieron” (najtún y salkún). Las iniciales de estas palabras (“descender” y “ascender”,  נַ חְתּוּן y סַ לְקוּן) forman la palabra hebrea “milagro” ( נס , nes ), insinuando así que los nombres hebreos contienen el poder milagroso del Mundo de Arriba para sacar a la persona de todo exilio.

Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueulá (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la “corona del buen nombre“, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

El Lenguaje

Nuevamente nos enfocaremos en la expresión “que llegan a Egipto”. La misma también sugiere que ellos no cambiaron su lenguaje. Los comentaristas preguntan por qué el verbo “venir” está en presente y no en pasado, porque cuando el libro de Éxodo comienza los hijos de Israel ya estaban en Egipto desde hace muchos años. Esta pregunta gramatical acerca de esta palabra sugiere que por cierto alude al lenguaje. De esto aprendemos que mientras la persona conserve su lengua madre logra continuar con el sentimiento de que acaba de llegar de su patria. De ese modo, no se cae bajo la influencia de la cultura local.

Por eso, retener su lenguaje los ayudó a retener su sentido de espacio sagrado, la Tierra de Israel. Por la misma razón, el pueblo descendiente de Yaakov continuó siendo conocido como hebreos durante su exilio en Egipto, un nombre que sólo tiene significado en la Tierra de Israel (significa literalmente, “quien ha cruzado el río”, refiriéndose específicamente el Iardén o Jordán).

Habla

Cuando el versículo utiliza aquí la expresión “…con Yaakov” está en verdad aludiendo al mérito de abstenerse de hablar lashón hará (habla dañina), del hermano.

Recordemos que Yaakov es el alma arquetípica de la belleza que produce la compasión. La Torah describe a Yaakov (antes de estancia con su tío Labán) como “un hombre sincero que mora en tiendas “haciendo referencia a su prioridad de estudiar los secretos de de la Torah a fin de servir empáticamente a su prójimo.

Por eso a la virtud divinade Belleza (Tiferet) se la describe como el cuerpo en plena acción de servicio. El pueblo hebreo está asociado con el sentido del corporativismo comunitario. Esto significa que mientras que su sentido de identidad sea fuerte conscientes que todos están “con Yaakov”, no se harán daño, así como la mano izquierda no lastimará a la derecha mientras la mente funcione y ambas manos se identifiquen como parte del mismo organismo. Esto se notará en la manera de hablar unos de otros.

La Familia

Finalmente existe en el versículo una expresión clave: “cada uno entró con su familia”. Eso corresponde explícitamente al mérito de la pureza familiar que se logra al abstenerse de una conducta sexual inadecuada.

En las Sagradas Escrituras la mujer es llamada ”la casa del marido” ( בֵּיתו , beitó ). Incluso una pareja que vive en Egipto, que en hebreo significa literalmente “constricción”, simbolizan la naturaleza difícil y restrictiva que los rodea, en la medida en que permanezcan incondicional y eternamente fieles uno al otro, eventualmente emergerán con riqueza y posesiones como salió el pueblo hebreo de Egipto. Esta fue la promesa que el Eterno le hizo a Abraham avinu cuando le reveló la naturaleza del exilio de Egipto.

Por cierto, la guematría (valor numérico) de las tres palabras “cada uno entró con su familia” ( אִישׁ וּבֵיתוֹ בָּאוּ , ish ubeitó bau ) es exactamente tres veces la guematría del nombre “Abraham” (אַבְרָהָם ). Abraham es el alma arquetípica de la bondad y el amor, indicando que el amor entre marido y mujer puede sobreponerse a todas las formas de los «Egiptos» físicos y espirituales. El amor infinito entre ellos es el reflejo de su amor eterno por Yahvéh.

Los Cuatro Méritos y el Tetragramatón (YHVH)

El mensaje profético que dan estos cuatro méritos es elocuente: los hijos primogénitos del Eterno debemos enarbolar las banderas de la identidad, no sólo en la teoría retórica de los discursos, sino fundamentalmente a través de la proclamación perfecta que realiza la acción, es la única forma de luchar contra toda asimilación reptiliana.

También vale aquí comentar, que los cuatro méritos enumerados son acciones que se corresponden con las cuatro letras del Nombre (HaShem) esencial de nuestro Dios: YHVH (Yahvéh), conformado por las letras yud, hei, vav, hei.

Yud ( י ) Sabiduría: No cambiaron sus nombres.
Hei ( ה ) Entendimiento: No cambiaron su lenguaje.
Vav ( ו ) Belleza o Compasión: No hubo en ellos lashón hará .
Hei ( ה ) Nobleza (Reinado): No hubo en ellos una conducta sexual inapropiada.

(Nota: La explicación de este misterio celestial revelado en este versículo merece una bitácora aparte. Espero que se atrevan a ingresar en ella).


¿Quién es Israel?

Por P.A. David Nesher

Según el libro de Bereshit cuando Yaakov (Jacob) recibió la bendición, después de pelear con el Ángel de Yahvéh en Peniel, se le cambió el nombre por el de “Israel” (Génesis 32:22 -32). A partir de ese momento se les llamó a los hijos de Jacob, que formaron las doce tribus, “israelitas”. El nombre Israel se usa con más frecuencia a partir del peregrinaje por el desierto, cuando salieron de Egipto (Mitzraim), como alusión sustitutiva al término peyorativo de “hebreos”, que le fue dado por los Egipcios durante el cautiverio (Éxodo 32:4, Deuteronomio 4:1, 27:9).

Pero, más allá del dato histórico del relato, es interesante remarcar que, cada vez que el Eterno se dirige a su pueblo siempre le llama “Israel” (Deuteronomio 4:1, 27:9), y esto permaneció hasta que apareció la crisis que dividió el reino, después de la muerte de Salomón.

Ahora bien, es necesario hacernos una pregunta: ¿Quién es Israel?

Volviendo a la primera vez que aparece este nombre, aplicándose a Yaakov avinu, notamos que hasta que el patriarca no logró vencer al Ángel de YHVH no se llamó Israel. Recordemos que «Yaakov» significa «que lo sostendrá por el talón», lo que quiere decir, el que tiene un bajo nivel espiritual.. El nombre Yaakov proviene del sustantivo «akav» que significa «talón». Lo que describe al patriarca en su vieja naturaleza, antes del encuentro en Peniel. Él estaba en su fondo, conectado completamente a su situación terrenal llena de aflicciones.

Pero cuando llega la mañana, Yaakov puede derrotar al mal, eliminando y sobreponiéndose a esa duda. Es en ese preciso instante Yaakov le pide al ángel que le bendiga, y éste le bendice diciéndole: “…ya no te llamarás más Yaakov sino que tu nombre será Israel, porque luchaste con Dios y con los hombres y has vencido…”.

El significado de la expresión “luchaste con Dios” significa que Yaakov luchó con el pensamiento de “… tal vez Dios me haya abandonado, tal vez no valió la pena todo este camino espiritual que yo elegido, tal vez no fue la elección correcta…”, pero al final por la mañana, luchó y venció, es decir, aprender a ver los acontecimientos como pruebas que vienen a despertarnos, como oportunidades de superación que se nos presentan.

El Ángel del Señor le dijo:

“Ya no te llamarás Yaakov, sino Israel”

Fue recién cuando se determinó a pasar de lo más bajo (lo terrenal) a lo más alto (la corona de lo Celestial) que desde lo alto se lo llamó Israel.

La metáfora es bien clara: «para pasar del talón a la cabeza hay que ascender con esfuerzo la distancia que los separa«. Es decir, que solamente cuando algún ser humano acepta salir de las dimensiones físicas y se propone entrar en las dimensiones espirituales, puede ser considerado Israel.

Ahora bien, es muy interesante saber que a la palabra Israel (ישראל) cuando se cambian sus letras se la puede leer de dos formas que expanden la consciencia de su significado. Esas expresiones son:

  • Yashar-El (ישר-אל-Directo a Dios)  esto es, la persona que es recta con Dios, encerrando la idea del ser humano que tiene el anhelo de agradar a Yahvéh en justicia. Señala la actitud que se opone a un dios extraño. Significa que su única intención es que todo sea directo al Creador. En otras palabras, su único pensamiento y deseo es llegar directamente a la adhesión con el Creador. Está hablando de búsqueda apasionada por el Eterno y las ganas de fundirse con Él, haciendo caso omiso al «deseo de recibir sólo para sí» (yetzer hará = inclinación al mal). La expresión Yashar-El también da origen a «shir- El«. Y por eso Yaakov se transforma en Israel “Shir- El”, el que sabe cantar y agradecer a Dios en todas las circunstancias.
  • Rosh Li (ראש לי- «Mi cabeza» o «Una cabeza para mí«) Interpretándose como «Ya soy cabeza» o «Tengo una Cabeza» haciendo alusión a un alto nivel espiritual. Esto significa que él cree que tiene una mente de Kedushá (Santidad) que le permite ascender más allá de toda potestad celestial.

Con esto, nos damos cuenta, al investigar el libro de Shemot, que la Sabiduría de lo alto revela que Israel es el Pueblo único y deseado por YHVH, que se deja conducir por Su Ungido (Mashiaj) a la redención del exilio que provoca Mitzrayim (Egipto), a la zona de verdadera libertad que representa la Tierra Prometida.

A fin de explicar mejor todo esto, necesito recordarles que la palabra Egipto en hebreo es Mitzraim, y viene de la raíz metzar que significa “angostura”, «lugar de límites por angustia«. Esta angostura se refiere a la conciencia limitada en la que vivimos, pensando que la materia controla nuestra vida, la victimización y el egocentrismo.

A su vez «israelitas» no representa una nación sino que la palabra «Israel» viene de la raíz Li Rosh que significa «yo soy la cabeza». Ser la cabeza es todo lo contrario de la angostura, ya que representa la expansión de la conciencia, el poder de la mente sobre la materia y la total responsabilidad en la vida.

Para simplificar lo dicho, la misión de sacar a «Israel de Egipto» significaba liberar a la humanidad de la ceguera espiritual que produce el materialismo, y ser un canal de consciencia espiritual.

Entonces, ¿quién es llamado Israel? Aquel ser humano que ha pasado de talón a cabeza, es decir, que ha subido por los planos espirituales directo en búsqueda de su Creador para estar totalmente unido a Él. Aquel que es capaz de meditar los secretos de la Torah (Instrucción) divina para penetrar las dimensiones celestiales,  venciendo la «zona de confort» que le impusieron sus cinco sentidos.

¿Cuál es la misión del Mashiaj?

Hacer retornar a todos los hijos hebreos, descendientes de las diez tribus perdidas, a la tierra de Israel, es decir, elevar y sublimarlos a lo más alto, hasta ser uno con el Eterno.

Este retorno lo hará ofreciendo y revelando Su Yugo (Mateo 11: 28-29) como Camino correcto para llegar al Eterno, y conocerlos como Padre (Juan 14:6).


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Estudiar Torah es el Acto más Importante de un Escogido

«Y estas palabras que te ordeno hoy, han de permanecer sobre tu corazón; y las inculcarás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y al levantarte;»

(Devarim/Deuteronomio 6: 6-7)

 

Convengamos que estudiar Torah (Instrucción) divina es un Mitzvá (Mandamiento) en sí mismo. Un redimido debe aceptar que la única razón por la que ha sido puesto en este mundo es para que aprenda los secretos de la Instrucción (Torah) del Eterno. Pero además, debe reconocer que este acto tiene sus características propias. Entre ellas podemos citar las siguientes:

La obligación es tanto de aprender como de enseñar. Como está escrito:

«…ושננתם לבניך ודיברת בם»

«Y enseñarás a tus hijos y les hablarás de ella.»

 

Es un mitzvá (mandamiento) de carácter permanente. Como está escrito:

«…בשבתך בביתך, בלכתך בדרך, ובשכבך ובקומך»

«Sentado en tu casa, cuando anduvieres por el camino, al acostarte y al levantarte.»

 

El estudio tiene por fin el cumpimiento, la puesta en práctica de aquello que se estudia. Como esta escrito en Dvarim 5:7:

«…ולמדתם אתם ושמרתם לעשתם …»

«Y la estudiarán y cuidarán de cumplirla.«

Hay un pasaje que proclama:

“Ordenaréis a vuestros hijos que los observen, cuidaos de observar todas las palabras de esta Torá… porque ella es tu vida…”

(Deuteronomio 32:46-47)

La implicación aquí es que “esta es tu vida eterna” como explica Rashi, el comentarista clásico de la Torah, respecto al versículo:

“Que un hombre debe realizar y según la cual debe vivir…”

(Levítico 18:5)

Mediante la observancia de la Torah, Yahvéh nos prometió vida eterna. Por esta razón Yeshúa explicó:

«Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesús, el Cristo, a quien has enviado.»

(Juan 17:3)

 

Shemot: La Identidad que Otorga la Redención

Por P.A. David Nesher

“Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob; cada uno fue con su familia: Rubén, Simeón, Leví y Judá;Isacar, Zabulón y Benjamín; Dan, Neftalí, Gad y Aser. Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto.”

(Shemot/Éxodo 1: 1-5)

El título hebreo para el Libro de Éxodo fue tomado de las primeras palabras: «sefer ve’eleh shemot, «…. estos son los nombres de…» (abreviado generalmente a Shemot, “Nombres”). En el lenguaje original, la primera palabra de Éxodo es ‘y’ (éstos), lo cual marca su énfasis de que los relatos de este rollo son la continuidad de todo lo relatado arquetípicamente en el libro de Génesis (Bereshit). Es decir, que con los doce hijos de Yaakov, concluye para nosotros la historia de las “individualidades”, es decir, la historia de los patriarcas y se inicia la historia de un pueblo “Am Benei Israel”, nacido de una promesa, que deberá marchar hacia su “gueuláh” (redención), y que a través de él mismo surgirá la “gueuláh” para todas las familias del planeta en todas sus generaciones.

La porción registra los sucesos que desembocaron en la decisión faraónica de subyugar y esclavizar a los israelitas debido a su explosión demográfica y a su desproporcionado crecimiento económico en comparación con el nativo egipcio (pasuk 1: 13). Yoséf Ben Matityahu (más conocido como Flavio Josefo), historiador del siglo I, E.C., nacido en cuna sacerdotal, afiliado al partido fariseo, reseña esta época del siguiente modo:

«…Sucedió que los egipcios se volvieron holgazanes hasta la exageración y se entregaron a otros placeres, en particular, al amor al lucro. Se sintieron entonces descontentos de los hebreos y envidiosos de su prosperidad. Cuando vieron que la nación israelita florecíay estos se volvían eminentes y poseían riquezas abundantes que habían adquirido por sus virtudes y su inclinación natural al trabajo, pensaron que su progreso redundaría en perjuicio de los egipcios (…) Habiendo olvidado con el transcurso del tiempo los beneficios que recibieron de Yosef, sobre todo porque la corona había pasado a otra familia, sometieron a crueles abusos a los israelitas, e idearon muchos medios para angustiarlos. Les ordenaron abrir un gran número de canales para el río, construir muros para las ciudades y terraplenes para contener el río (…) También les mandaron levantar pirámides y con todos esos trabajos los agotaron…»,

[Antigüedades de los judíos, pag 83]

El título Éxodo es una abreviatura del título original que lleva este libro en la Septuaginta (Versión de los Setenta ), la traducción griega de la Biblia realizada para la comunidad judía que vivía en Alejandría. En la Septuaginta el título completo es Exodos Aigyptou, que significa “Salida de Egipto”.

Ante esta explicación, podemos decir que no sólo será el éxodo que testimonia la traducción latina al titular al libro el tema principal del mismo. Antes de este evento, el escritor quiere dar a entender que existen nombres (shemot). Estos hablan de personas, seres humanos, que amparados y unidos a Yaakov, descienden a Mitzraim (Egipto). Allí se aventuran a vivir distantes de esa geografía profética prometida por el Eterno, Canaán. Territorio que se irá convirtiendo en anhelo de destino en sus corazones, por lo que aprenderán a vencer la distancia, sujetándose a la espera del cumplimiento de los tiempos del Todopoderoso, según Su diseño de Intención y Propósito. Estos shemot (nombres) son personas conscientes de que sus identidades están sujetas a los tiempos relatados por Yahvéh a Abraham avinu en el Bein Habetarim (Pacto de las Mitades). Ellos son conscientes que sus vidas, y sus testimonios, están conjugando los distintos lineamientos proféticos entregados por el Eterno a Abraham, al concretar dicho pacto mesiánico.

A lo largo de este séfer (libro)leeremos cómo fue el retorno de los hijos de Yaakov a Eretz Kenaán (tierra de Canaán), lo cual nos enseña que tras vivir los hijos de Yaakov en Egipto, gobernados por su propio «yétzer hará» (mala inclinación), lo conveniente era volver al Camino, y hacer teshuvá. Así pues, mientras que el vocablo “Éxodo” literalmente se refiere a la salida de la cautividad, «Shemot» apunta a un tesoro espiritual escondido durante mucho tiempo, riqueza que será útil para liberarnos a nosotros mismos de los agentes opresores y esclavizantes de nuestra vida.

Es por esta razón, que Shemot se convierte en el Libro por excelencia que habla de exilio [hbr. galut] y redención [hbr. gueulá] No existe lugar a dudas que este rollo contiene la sabiduría (jojmá) divina que permite romper con las limitaciones que impone el sistema reptiliano. Por ello, se describe perfectamente a Mitzraim (forma hebrea de referirse a Egipto).

La palabra Mitzraim proviene del término metzarim, que significa «límites», «límites de angustia«, refiriéndose a los condicionamientos y frenos que existen en el alma de cada persona programada por el sistema reptiliano imperante. Por eso, debemos entender que la idea pues del libro apunta a elevar la consciencia de un redimido a que cada día debe llevar a cabo nuevamente un símil de “salir de Mitzraim”. Es decir, cotidianamente debe superar y librarse de esas limitaciones sistémicas y brindar a su alma la libertad espiritual de expresarse de acuerdo a sus verdaderas aspiraciones, conforme a su verdadera identidad.


(Nota: Para saber más de la negatividad que se esconde en el nombre Mitzrayim, los invito a leer este Estudio: Un Nombre con Limitaciones (Mitzrayim)


Ahora bien, continuando con la enseñanza de este estudio, debo decir que en este sefer (libro) podemos aprender los caminos de la Sabiduría (Jojmáh), a través de los cuales es posible “salir de los metzarim” existentes en el plano del alma.

El segundo libro de la Torah comienza citando los nombres de los hijos de Jacob (hbr. Yaakov). Esta repetición de los nombres (ver Gén. XLVI, 8) se atribuye  al hecho de destacar que ellos se conservaban fieles a las enseñanzas de los patriarcas en medio del Egipto idólatra. De estos nombres debería surgir un pueblo que más tarde llevaría el estandarte de nuestra fe.

A partir de estos pasukim (versículos) estamos obligados a preguntarnos por qué Yahvéh menciona a los israelitas una y otra vez, a pesar de que ya los había registrado de acuerdo con sus familias.

Para lograr entender esto, me es importante señalar que en la Torah, generalmente, no existe una repetición de algo que ya haya sido compartido o revelado previamente. Además, la Torah casi siempre sigue un orden cronológico. Sin embargo, lo relatado en esta porción es diferente. La historia de Yaakov y sus doce hijos, y los otros sesenta y nueve miembros de su familia, fue relatada previamente antes del final del libro Bereshit. Así que ¿por qué hay una repetición al comienzo de Shemot y por qué no hay un orden cronológico? ¿Qué códigos de Luz están aquí disponibles para que nosotros podamos tomar de esta porción tan particular?

El intérprete del hebreo Rashé explicará esto diciendo que el hecho de citarlos varias veces viene a dar testimonio de lo preciado que es el pueblo de Israel ante Sus ojos. Los israelitas son comparados con las estrellas del cielo que son contadas cada día, como está escrito:

“…Es Él que saca con cuenta a Sus ejércitos, a todos con un nombre llama…”

(Ieshaiahu/Isaías 40:26 – Tanak Katz-).

Pero leyendo la Midrash encontré que allí se nos dice que el secreto detrás de estos 12 nombres de los hijos de Yaakov es de hecho el secreto de la Redención Final; cada uno de los doce nombres representa un aspecto de la Redención Final.

La mención aquí de los doce nombres de las tribus no es simplemente el relato de la historia; es de hecho un despertar único de la Luz. Y el despertar de la Luz representa no sólo la eliminación global del dolor, el sufrimiento y la muerte, sino también el despertar de la Luz para alejar el dolor de cada individuo.

Una cuidadosa lectura de esta porción nos ofrece perspectivas interesantes sobre la importancia de la tradición israelita con respecto a los nombres propios y de cómo éstos son otorgados. Es que en la cosmovisión hebrea, el nombre con el que una persona es llamado constituye su alma y fuerza vital. Esto significa que cuando el alma habita el cuerpo, obtiene vitalidad a través de su nombre hebreo, o sea a través de la correcta unión de las letras de su apelativo. El pueblo de Israel fue meticuloso respecto de cuidar sus nombres, porque habían sido llamados, por Yaakov, de acuerdo con sus propias esencias sagradas. En contraste con ello, el poderoso rey de Egipto, solo será nombrado aquí por su título Paroh/Faraón, que es la denominación genérica de los monarcas egipcios. La Tora no le da importancia al nombre del gobernante.

Con esa explicación en mente, convenimos en que nuestros padres venidos a Egipto (Mitzraim) llevaban un tesoro singular. No sólo eran cuerpos humanos que anhelaban saciar el hambre que los aquejaba. Ellos eran seres humanos conscientes de portar una vocación mesiánica, que le había permitido adquirir los códigos de una cultura que traería la Luz Infinita a las naciones, para realizar el tikún (arreglo de reparación) definitivo: la Gueuláh (Redención) del mundo. Por esto, ellos se saben así presencias, pertenencias, receptáculos generacionales de toda una tradición que vive, fue transmitida y habrá que volver a transmitir a las generaciones venideras.

Es así, como estos nombres, que conocemos, en detalle desde los últimos capítulos del libro de Bereshit, acuden una vez más, al principio de nuestro libro, para «sumarse a los primeros» y ser los sostenedores, transmisores y ejecutores de una fidelidad (hebreo: neemanut) que afirma una fe (emunáh) y se erige sobre los días de un patriarca como Yaakov, sobre quien fue dicho: «Titén Emet le-Yaakov«(«Concédele la Verdad a Yaakov«). Es que, sólo preservando la Verdad (una y única) puede entretejerse la fina y delicada trama de la Gueuláh (Redención), aquella del Egipto bíblico, la de nuestro tiempo, la del Egipto de la estrechez y las angustias. Por esto es que la Gueuláh resiste el adjetivo de «shelemáh«, es decir, íntegra, completa, sin resquebrajamiento alguno. Los hijos de Israel no cambiaron sus nombres, y este fue uno de los motivos excluyentes para ser salvados de Egipto. He aquí un gran secreto: ser hebreo y merecer la Gueuláh (Redención) es poder perpetuar lo recibido y transmitirlo sin fisura alguna a quienes nos suceden. Y, por sobre todo, sostener nuestro Nombre, la «corona del buen nombre«, que nos libera de cualquier exilio y esclavitud.

¿Por qué la Torah, en este pasaje (Shemot 1:1-5). además de dar el número total de setenta almas, enumera las doce tribus por sus nombres? Y además, ¿por qué setenta?

Los sabios intérpretes aseguran que es para destacar el contraste entre la única nación profética y las setenta naciones de los gentiles (goyim) en el mundo. Además, los principados que presiden sobre las setenta naciones salen de doce ejes y se extienden a todos los puntos de la circunferencia. Este es el significado de las palabras:

“Él puso las fronteras de los pueblos de acuerdo al número de los hijos de Israel”

(Devarím/ Deuteronomio 32:8)

y

“Porque Yo os he extendido por fuera como los cuatro vientos del cielo”

(Zajariyahu/Zacarías 2:6)

Con estas sentencias proféticas, Yahvéh, nuestro Dios, reveló que así como el mundo no puede ser sin los cuatro puntos cardinales, así las naciones no pueden ser sin Israel. Por esto es que los hijos de Israel son nombrados. Ellos testificaron con su manera de vivir, que eran conscientes de su misión en el propósito eterno de Dios. Por eso, no cambiaron sus nombres, en señal de que no permitieron que la cultura astrológica e idolátrica de los egipcios los asimilara.

Para poder entender esta actitud de los patriarcas, diré que las Sagradas Escrituras enseñan que el nombre de la persona es su canal con la Luz del Creador; durante toda la vida de una persona, su nombre es el canal a través del cual la Luz del Creador viene a su vida. Por ello, cuando los padres hebreos dan nombre a su hijo, sin saberlo están inspirados por una chispa de profecía, la elección de un nombre es en realidad la definición de la vocación de sus hijos y su el destino en el mundo.

Teniendo en cuenta todo lo expresado, he hallado oportuno terminar este estudio con lo que el diácono Moisés Franco compartió en el Grupo de Whatsapp donde enseño toralogía. Él, meditando en esta porción, se iluminó en los códigos del listado de shemot (nombres) que aparece en este texto, con la certeza de que allí se encuentra revelada la misión de Israel como diseño espiritual hasta el fin de los tiempos en el Mesías. La explicación de esto parte desde la significación de los nombres, y el paradigma celestial que ellos conforman cuando se los une.

  • Rubén: vean ustedes un hijo
  • Simeón: escuchar con atención
  • Leví: sujetado, unir, permanecer
  • Judá: alabanza
  • Isacar: él traerá una recompensa
  • Zabulón: habitar
  • Benjamín: hijo de la derecha
  • Dan: Justicia
  • Neftalí: mi lucha
  • Gad: Invadir, acometer
  • Aser: feliz

Juntando pues todas estas significaciones, el Cielo deja este mensaje a Israel:

«Vean ustedes un hijo que me escucha con atención y permanece unido a mí, por lo cual me puede alabar y esto le traerá su recompensa.
Habitará como mi hijo de la derecha trayendo justicia. Haciendo mi lucha acometerá contra sus enemigos y será feliz (o traerá felicidad)»


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Jacob: ¿Bendijo a su Hijos?…

Por P.A. David Nesher

 

 

 

«Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros.
Acercaos y oíd, hijos de Jacob; escuchad a vuestro padre Israel.»

 

(Bereshit/Génesis 49:1-2)

 

 

En la mentalidad hebrea existe una tendencia espiritual que consiste en terminar todo lo que se hace por medio de bendiciones. Entre esas bendiciones, la que daba un patriarca a las generaciones siguientes era de suma importancia. Por ello, Yaakov antes de morir, reúne a sus doce hijos y los bendice.

Ahora bien, aunque en las versiones bíblicas de los distintos idiomas se suele hablar de bendiciones sobre los hijos de Yaakov poco antes de morir, en verdad sólo Yosef es bendito por nuestro padre, Yehudá es alabado, mientras que Reubén, Shimeón y Leví son reprochados.

Además, como se desprende del contenido, podemos ver que estas predicciones no afectan a los hijos Yaakov personalmente, sino a las tribus de  las que son epónimos; así de alude a lugares de residencia tal como tendrá lugar después de las distribución de Canaán. Entendiendo que la lengua tiene una connotación mucho más profunda y compleja que lo que la semántica externa puede mostrar, necesitamos comprender que la expresión bendiciones trasciende la idea que, en nuestro caso, el idioma español concede. Por ende, conviene que nos sumerjamos en la codificación hebrea de la expresión bendiciones.

Así pues, Brajá se traduce comúnmente como bendición (plural barajot = bendiciones). Pero en verdad, brajá es la reflexión mental, emocional y verbal que antecede la relación del ser humano con el mundo de la kedushá (santidad). Por ello, cuando un ser humano desea recibir bendiciones, se arrodilla ante el medio que lo bendecirá.

Conviene saber que la raíz etimológica de la palabra brajá es bérej, que significa rodilla. La idea entonces es que cuando uno bendice hace “arrodillar” los recursos celestiales  (bendiciones) como quien hace arrodillar un camello, bajándolo de su altura inaccesible hacia una más cerca de nuestra realidad, y por ende más manipulable.

Pero también el término proviene de leabrij, expresión que señalaba a la actividad agrícola con la que se buscaba conseguir un nuevo árbol a partir de una rama o esqueje. Este método es el llamado «acodado aéreo«, y consiste en lograr las condiciones necesarias para que un tallo desarrolle raíces sin necesidad de separarlo de la planta madre. Una vez que ha enraizado, se lo corta para que pueda seguir viviendo de manera independiente, alimentándose con sus raíces propias.

Entonces, desde estas ideas, comprendemos que recibir una brajá significa recibir un estímulo del ámbito original del que se procede, y así recibir la fortaleza irrevocable para un nuevo comienzo a grandes cosas. La brajá servía para el bien de un potencial existente dentro de gente y cosas. Se logra así, activar por medio de la palabra, lo que existe escondido en la esencia, y permitirle manifestarse de potencia a acto. Esto permite crear una nueva situación para un mejor destino.

La bendición que pronunciamos tiene como objetivo manifestar o bajar a nuestra consciencia la dimensión más profunda de lo que tenemos entre manos. Por medio de las bendiciones, expresamos nuestros deseos, ideas y sentimientos por medio de una de tres niveles más o menos tangibles: el pensamiento, el habla y la acción.

Cuando bendecimos a alguien, lo que pretendemos lograr es tangibilizar nuestro deseo por su bienestar. El hablar de algo lo hace más tangible. Lo trae más cerca de la acción.

La brajá es el discernimiento dentro del ámbito de la kedushá (traducida como santidad). Previo al acto de acercarme a la kedushá (energía que estamos preparados para recibir y emplear positivamente) discierno y tomo conciencia del objetivo de mi deseo a través del pensamiento y la palabra del modo en que éste se expande hacia todos los ámbitos de la realidad.

Así, cuando la vida está basada en la kedushá y la brajá surge la conciencia superior, siendo que ahora el ser humano logra relacionarse con el prójimo discerniéndolo con todos los ámbitos de la realidad, previendo las consecuencias de sus actos y ya no en forma mecánica e instintiva. Entonces, nuestro discernimiento de la realidad, fundamentada en la Luz, sucede a partir de palabras; las palabras nos permiten visualizar y transmitir a otros algo que no está presente materialmente aún, pero que con certeza sucederá.

Por todo esto, la brajá (bendición) así entendida es más bien un conjunto de pronunciamientos que tejen proféticamente eventos del pasado con situaciones del presente y generan la visión del futuro como historia desde la perspectiva del Eterno y sus promesas de propósito mesiánico.

Por ello, las palabras de nuestro padre Yaakov fueron una mezcla de oráculos activadores del potencial escondido en sus hijos: Doce Tribus formadoras de una Nación. Ante sus ojos, estaba la visión profética del despliegue histórico de las doce tribus que sus hijos encabezarían como progenitores; y lo que vio lo expresó a grandes rasgos usando las berajot como recurso profético ideal de activación.  Así el nombre de cada patriarca antepasado, más bien parece desplegar el carácter y la historia de la tribu. Entonces, dichas «bendiciones» (berajot) son rasgos de las tribus en sus características amplias, que permitirían la consciencia de como Israel enfrentaría distintos acontecimientos de su historia. Estos rasgos de carácter de cada tribu, permiten hasta el día de hoy, por ejemplo, vencer las asignaciones astrológicas con las que el sistema reptiliano manipula el pensamiento colectivo de las masas.

Está bien claro, que quien propiamente bendecía era el propio Yahvéh (vv.15 y subsiguientes). Las palabras que se usan en un brajá son ante todo una mera invocación intercesora ante el Eterno. Pero por otra parte también desempeña un papel decisivo la persona que bendice, ya que se sabe apoderada por el Espíritu de Dios para comunicar o denegar la bendición divina. Yaakov y sus hijos eran conscientes que en la bendición de Yahvéh a Abraham existían unos poderse para que el ser humano la transmitiese de generación en generación.

Por último, vemos que la manera como habían vivido ser reflejó en la bendición-oráculo dicha por Yaakov. Esto nos da a entender que nuestro pasado afecta el presente y el futuro. Mañana, al amanecer, nuestras acciones de hoy serán parte del nuestro pasado. Sin embargo, ya empezaron a forjar el futuro. Por lo tanto: ¿qué acciones puedes hoy llevar a cabo, o evitar, para forjar positivamente tu futuro, y asignar propósito divino a tus generaciones? ¿Cómo estás produciendo berajot para tu descendencia?

 

Yaakov vio al Mesías…, Cruzó sus Manos Adrede…, y la Historia Se Transformó….

Por P.A. David Nesher

 Vayishlach Yisra’el et-yemino vayashet al-rosh Efrayim vehu hatsa’ir ve’et-smolo al-rosh Menasheh sikel et-yadav ki Menasheh habechor.

“Pero Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efrayim, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Menashé, cruzando adrede sus manos, aunque Menashé era el primogénito.”

 (Bereshit/Génesis 48:14) 

Yaakov deliberadamente cruzó sus manos y colocó su mano derecha sobre Efrayim y la izquierda en la cabeza de Menashéh. Yosef, creyendo que su padre se había confundido intentó corregirle la posición de sus manos.

¡Que maravilloso signo profético se esconde en este relato! El Eterno reveló de tal modo los detalles del Mundo Venidero a Yaakov, que no le quedó otra a nuestro padre que encontrar inteligentemente un gesto corporal con el cual pudiera establecer un portal profético que sus generaciones comprendieran a la hora del perfecto cumplimiento del propósito eterno de Dios en Yeshúa, el Mesías.

Por ello debo primeramente decir que aquí nuevamente nos encontramos con un error de traducción, pues en hebreo se utiliza las palabras sikel et-yadav (שכל את ידיו) cuya traducción correcta sería: «GUIANDO CON INTELIGENCIA SUS MANOS LAS CRUZÓ«, y no por las palabras como aparece en las versiones al castellano, incluso en la Septuaginta. Esto quiere decir que Yaakov guió sus manos con inteligencia (Binah) y sabiduría (Jokmah), las dos esferas virtuosas de la mente de Yahvéh. Esto significa que él actuó deliberadamente, sujeto al propósito de la Intención divina.

Yaakov avinu ya sabía que Menashéh era el primogénito, pero aun así no quiso colocar su mano derecha sobre él, pues debía revelar el objetivo principal de la misión redentora del Mesías.

¿Qué significado tiene esto?

Sin duda, la acción de Yaakov es absolutamente profética.

En las Sagradas Escrituras la mano derecha siempre dala idea de la posición privilegiada, porque en términos generales, la mano derecha es la mano de la fuerza y habilidad. La “mano derecha” es un símbolo de «fuerza y poderío» (Salmo 21:8). Está asociada siempre con la fuerza de Yahvéh (Éxodo 15:6) en ayuda, protección y defensa de Israel (Salmo 16: 11; 20:6).

“…Dice el Eterno respecto a mi Señor: permanece a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies…”,

(Tehilim/Salmos 110:1).

Evidentemente, la mano derecha representa al Mesías, que está a la diestra del Padre en las alturas (Marcos 14:62) . La «mano derecha» es Mashiaj, siervo del Padre. La “mano” (o poder) del Mashiaj estará sobre la cabeza Efrayim aunque haya sido esparcido entre las naciones. Esa mano le está haciendo volver a casa ahora.

Las Escrituras aseguran que Yaakov cruzó las manos adrede, sabiendo que el menor iba a ser puesto sobre el mayor, pero por sobre todo proclamando el cumplimiento del Código Sagrado o Proto-Evangelio (Gén. 3:15) a favor de las tribus que Efrayim encabezaría.

Es muy importante saber que los brazos cruzados forman la letra X que, en el alfabeto hebreo arcaico, es la letra tav. La letra tav es la última letra del alefato hebreo y significa “señal”, “sello”, “pacto”. Tav representa la culminación de todas las cosas creadas llegando a su plenitud. Es la culminación de una enseñanza, una iniciación, un paso nuevo hacia perfección. Tav es el resumen de todo en el Todo, la ciencia integral de lo absoluto, el misterio revelándose directamente al alma. Es también la cruz que simboliza el camino completo y la meta final de un propósito.

Tav es el símbolo de la verdad llegando a la perfección o culminación de un proyecto de grandes dimensiones. Viene bien aportar la curiosidad de que las tres últimas letras del alfabeto hebreo forman la palabra “rishet” que significa: entrecruzarse, mostrando la creación completa, formada y estructurada. Con todo esto entendemos la expresión del texto: «GUIANDO CON INTELIGENCIA SUS MANOS LAS CRUZÓ«.

Con toda esta significación en su mente Yeshúa aseveró que él es la «alef y la tav« [mal traducido al español como «alfa y omega» (cf. Revelación 22:13)], lo cual implica que el Mesías es el inicio y el final de la Sagrada Escritura dada del Cielo. El Mesías es la tav, lo cual también significa que él va terminando la obra del Eterno. El mismo es la señal y ha sellado el pacto entre el Eterno e Israel con su propia sangre. Así que lo que hubo entre Israel y los hijos de Yosef fue una de las señales del Mesías que ha terminado la obra del Eterno, la X, la tav. El Mesías Yeshúa es la razón por la que los hijos de Yaakov (diez tribus perdidas) nacidos en el mundo gentil pueden volver a casa y ser bendecidos por Israel.

La letra X (tav) es también el símbolo del madero donde tuvo que morir el Hijo de Yosef para reconciliar al mundo con el Padre. De esta manera vemos que entre el Padre y los hijos de Ben Yosef está la muerte del Mesías. Yaakov al hacer este gesto profético estaba proclamando que ese es el lugar de bendición para el mundo, el holocausto de Yeshúa, en el Gólgota. Ese es el lugar de reconciliación entre los hijos de Israel y el Eterno. Ese es el único lugar de reconciliación entre el ser humano y el Creador:

“ …y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio del madero, habiendo dado muerte en ella a la enemistad. Y VINO Y ANUNCIO PAZ A VOSOTROS QUE ESTABAIS LEJOS, Y PAZ A LOS QUE ESTABAN CERCA; porque por medio de El los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu.”

(Efesios 2:16-18)

En la epístola a los Colosenses, el apóstol Pablo escribió:

“… y por medio de él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su madero, por medio de él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de él.”

(Colosenses 1:20-22)

Teniendo en cuenta estos códigos mesiánicos de la Luz Infinita (Yeshúa), el escritor de la epístola a los Hebreos nos dice que la bendición de Yosef a través de sus hijos fue un acto de fe de parte de Yaakov. Y de todas las cosas que el Espíritu Santo pudo haber escogido para ser un ejemplo de fe en la vida de Yaakov, estuvo la bendición de Yosef a través de sus dos hijos. Por fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón (Hebreos 11:21 y Génesis 47:31). Yaakov moriría como un hombre de fe, porque vislumbró al Mesías acabando con la simiente de la serpiente en la Tierra.

En los tiempos del fin, el Eterno resucitará la simiente de Yosef (diez tribus exiliadas (Zacarías 8:22-23). Y con Su «mano derecha», a decir, mediante Mashiaj, los unirá a Yehudá, Binyamin y Leví en Eretz Israel. Yeshúa Melej HaMashiaj hará está función. Otra de las intenciones de bendecir a Efráyim con su “mano fuerte” (mano dereha), porque Yehoshúa Bin Nun, lugarteniente de Moshé rabenu, desciende de Efrayim y también porque Yehoshúa será el conquistador de Eretz Israel.

La Técnica de Jesús para Reformar Pecadores

«Para este tiempo estaban acercándose a él todos los cobradores de impuestos y los que vivían alejados de la Torah, para escucharle.
Y tanto los perushim (fariseos) como los soferim (saduceos) que estaban allí, murmuraban diciendo:

«Este a los que viven sin Torah recibe y con ellos come»

(Lucas 15:1-2 – Código Real)

 

Si un rabino fiel a los textos bíblicos pretendía observar la Torah, como Jesús, aplicaba, una técnica por lo cual reformaba a los pecadores otorgándoles la posibilidad de que ellos pudieran oír a un rabino. Si todos eran pecadores, en mayor o en menor medida, Jesús como buen rabino podía sentarse con todos. Posteriormente pedía el arrepentimiento. lo que no queda claro es que si el pecador ya estaba haciendo teshuvá en el mismo momento que estaba comiendo con su rabi.

Es probable que no todos los pecadores actuaran de igual manera. Algunos pretendían aprender la Torah de manos un importante rabino, como era Jesús, para después eventualmente arrepentirse; otros, cuando ya llegaron a sentarse en la mesa con el rabí, llegaban convencidos o necesitados de un cambio interior; finalmente, otros jamas alcanzarían a arrepentirse de sus pecados.

Jesús no puede juzgar al prójimo, lo que puede hacer es recomendarle el mejor camino a seguir. En conformidad con el salmo cap. 5 vers. 15. Jesús quiere corregir a los pecadores, pero desde la misericordia de Dios. Aplica el concepto hebreo de la misericordia. Ahora bien, entre los estudiosos no queda clara la posición real de Jesús frente a los pecadores. Algunos dicen que la critica de los grupos fariseos de línea dura a Jesus se produce por que el acepta la comida en común con los pecadores(que hipotéticamente aun no se habían arrepentido de sus acto). Si aplicamos el salmo 51 ya citado, podríamos llegar a la conclusión de que un rabino tenia la libertad de enseñar a los malos el camino antes de que estos se arrepintieran de su maldad.

 

Tomado de: «El judaísmo de Jesús» _ de Mario Saban

¿Cómo Ganarle al Sistema Reptiliano?

Por P.A. David Nesher

 

 

Para ser salvado de la influencia y opresión de este sistema reptiliano imperante que nos rodea hay que aprender hacer algo increíble y maravilloso…

Apenas  nacemos tenemos se activa dentro de nosotros una tendencia hacia lo negativo que se llama Yetzer Hará (inclinación al mal). Esta será la fuerza satánica que siempre intentará meternos por el camino de la perdición, que provoca la caída del ser humano, y la manifestación del caos (Génesis 4:7; 6:5; 8:21). Es lo que en los rollos mesiánicos (Nuevo Testamento según el cristianismo) es llamado pecado. Por eso, apenas nace un ser humano, las tinieblas dejan apostado junto a esa alma un demonio que busca constantemente la caída de dicho ser humano en acciones injustas, fruto del yetzer hará. Entiéndase bien, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, el yetzer hará no es una fuerza demoníaca que empuja a una persona a hacer el mal, sino más bien un impulso hacia el placer o la propiedad o la seguridad, que si se deja ilimitado, puede conducir al mal, y alimentar energéticamente a una fuerza demoníaca.

El yetzer hará tiene como propósito desintegrar la unidad entre el Eterno y el ser humano. Las Sagradas Escrituras enseñan que cuando la humanidad comenzó a multiplicarse y aumento su pecado, el Eterno expreso lo siguiente: “… Las inclinaciones del hombre son de continuo al mal” (Génesis 6:5). El termino Yetzer, significa intención, inclinación, designio, obra; incluso, pensamiento. Esta inclinación, puede ser tanto buena, como mala; aunque desafortunadamente, el pensamiento del hombre está más inclinado hacia el mal (Mateo 15:19).

Al ingresar en la primera etapa de la juventud, es decir, a los 12 años las mujeres, y los 13 años los varones, el alma humana está madura y lista para voluntariamente ascender al nivel denominado neshamá (consciencia espiritual). Es lo que algunos sabios estudiosos de la Torah denominan el alma adicional. Según estos intérpretes, con la madurez de ella, el Eterno envía un ángel positivo llamado Yetzer Hatov que custodia al alma humana joven por el Camino de la Salvación (Yeshúa HaMashiaj), siempre y cuando esta quiera por Él peregrinar.

El Yetzer Hatov, es el espíritu que sugiere los buenos deseos, las buenas acciones, la buena conciencia y la moralidad. El Yetzer Hatov, es el impulso interno que insta al hombre recordar los mandamientos del Eterno. Este Espíritu faculta al hombre a tomar las decisiones buenas, como son: amor, gozo, templanza, paz, etc., (Gálatas 5:22-24). Esta inclinación, desafortunadamente, no es tomada en cuenta por el hombre carnal, ya que este no se conduce mediante la Torah (Instrucción) del Eterno, sino por la ley que está en sus miembros (Romanos 7:23), es decir el yetzer hará.

El secreto de esto es obligar al Yetzar Hará,  a sujetarse al poder transformador de la Shekinah (Presencia divina). Según lo revelado en las Sagradas Escrituras, los adultos se distinguen de los niños por el yetzer hatov, que, bajo el dominio del Espíritu Santificador, controla y canaliza las unidades que existen sin control en el niño. Por lo tanto, los niños pueden buscar el placer y la adquisición, pero no pueden crear una relación santificada o ejercer la responsabilidad de participar en un negocio. Es decir que cuando está controlado adecuadamente por el yetzer hatov, el yetzer hará conduce a muchos resultados socialmente deseables, incluido el matrimonio, los negocios y la comunidad, con la garantía de absoluta victoria.

«El ángel del mal tiene que venir a defendernos y transformarse en el defensor de nuestra vida». Esto se consigue con la práctica diaria de la crucifixión del ego (Gál. 2:20). Así pues, cuando conseguimos que el Yetzer Hará se sujete a nuestra alma redimida (neshamá) podemos conseguir que el ángel Yetzar Hatov haga elogios de nosotros a YHVH, el Bendito sea, y así hemos ganado la partida.

Ahora bien, ¿cómo se consigue esto?

Se consigue por el mérito de haber estudiado la Torah en todos los niveles codificados de Su Luz, por medio del Yugo que ofrece en su llamado (vocación) Yeshúa HaMashiah (Mateo 11: 28-30).

El Poderoso Valor del Dominio Propio… ¿Para qué Sirve?

Por P.A. David Nesher

 

Sin embargo, José se apartó de ellos y se echó a llorar. Luego regresó a donde estaban y ordenó que tomaran preso a Simeón, y que lo encadenaran.

(Bereshit/Génesis 42: 24)

Al leer este relato de elevación de conciencia, notamos que en él se destaca que Yosef tenía que dominar sus emociones y suprimir sus propios deseos para poder estar delante de sus hermanos y hablarles duramente. Esto no le era fácil, pero a la misma vez no le era imposible. Él había estado estudiando durante trece años en la escuela del sufrimiento. Yosef había desarrollado una de las características más importantes de un tzadik (justo): el dominio propio.

Según las Sagradas Escrituras, el dominio propio es una de las características del carácter del Mesías, y aquellos que en Él creen deben procurar a diario ejercer esta característica de la Unción.

Sabemos que el primer ser humano fue creado a la imagen divina diseñada en Mashiaj, y por eso, el dominio propio es un matiz primordial en el fruto del espíritu humano que anhela una ascensión de conciencia cotidiana (Gálatas 5:23).

Las Sagradas Escrituras revelan que después de la caída en pecado, el ser humano se destaca en su vida cotidiana en la falta de dominio propio. Por eso, cuando el Eterno trata con una persona para restaurarla y volver a hacerla conforme a la imagen del Mesías, también trabaja con esta área de su carácter. Así lo hizo con Yosef en aquellos 13 años, antes de ser visir de Egipto.

Por todo esto mi querido (querida) lector (lectora) si quieres alcanzar el carácter mesiánico que ofrece el Mesías, debes tener el rasgo que implica el dominio propio. Ten presente siempre que conquistarte y gobernarte a ti mismo es más valioso que conquistar una ciudad, y/o gobernar una nación. Cuando lo logres serás una persona satisfecha, más equilibrada y sana. Si no te dominas a ti mismo cualquier cosa te dominará.

¿Qué es el Dominio Propio?

De acuerdo a las Sagradas Escrituras es la capacidad que permite controlarnos a nosotros mismos, sujetando nuestras emociones a la Sabiduría divina. Esto es dado por el Creador al ser humano a través de la Unción del Espíritu Santo que le permite así negarse al pecado y todo aquello que desagrada a Dios.

El dominio propio está dispuesto a suprimir las pasiones temporales para obtener un placer mayor a largo plazo.

El dominio propio sabe decir no cuando el pecado le es presentado envuelto en un paquete muy hermoso.

El dominio propio no hace lo que no se puede hacer sin permiso y autorización o sin tener cierta edad o sin haber cumplido los requisitos para ello.

El dominio propio sabe esperar y ser fiel hasta llegar a metas largas y difíciles.

El dominio propio no da rienda suelta a las emociones en el momento de presión.

El dominio propio no elimina las emociones fuertes, pero sí las domina y sólo las deja salir cuando es el momento apropiado y de propósito para ello.

El dominio propio sabe callar cuando tiene ganas de hablar.

El dominio propio no revela secretos de otros.

El dominio propio no compra un producto cuando no lo necesita.

El dominio propio gusta de la compra con crédito.

El dominio propio usa el dinero para las cosas importantes y no lo malgasta en placeres.

El dominio propio no gasta lo que no tiene.

El dominio propio no compra nueva ropa cuando aún puede usar la que tiene en buen estado.

El dominio propio no come comidas deliciosas que no nutren, ni contribuyen a la salud.

El dominio propio no come comidas prohibidas por la Torah.

El dominio propio sabe decir no a un plato de lentejas cuando tiene mucha hambre porque su precio es demasiado alto.

El dominio propio siempre mira al Invisible para saber qué debe hacer en cada momento en lugar de actuar precipitadamente.

El hijo primogénito de Dios que tiene dominio propio puede gozar fácilmente de tener lo que quieren justo en sus manos.

El dominio propio no nace de la noche a la mañana. El mismo dependerá del amor, el temor y la vida de consagración que tengas con el Eterno.

El dominio propio va más allá de nuestra voluntad es un fruto que surge de la vida de Yeshúa en nosotros.

Así pues, una persona con dominio propio o templanza reaccionará siempre de manera equilibrada a sus propias decisiones y deleites ya que goza de un considerable control sobre sus emociones y es capaz de dominar sus impulsos. Esta actitud de carácter refleja la educación y completo dominio de la voluntad humana, y permite poner límites a los deseos generalmente vinculados al hedonismo individualista.

A esta altura de esta meditación, me veo obligado a dejar bien en claor que la templanza o dominio propio sólo surge cuando el carácter de Mesías está siendo formado en el interior de una persona. Es decir, cuando la energía de la kedusháh (santidad) divina empieza a ser una prioridad en la mente y el corazón de esa alma ungida. Es decir, cuando dicha alma se está entrenando en la producción del fruto del Espíritu para Santificar el Nombre de Dios.

Ante esto, te animo hoy a que comiences a vivir la Instrucción divina tal como está escrita, y goza así de los beneficios que esta contiene. Deja que el Eterno cambie tu carácter como creyente, enseñándote a ejercer el control de las emociones, tener firmeza en la toma de decisiones, lograr calidad total de todas tus actitudes, y empoderar tu manera de hablar en la capacidad de hacer milagros con todo lo que declares.

Justamente las promesas que el Eterno te ha dado en forma de sueños y anhelos, no se cumplirán solas y de manera automática. Abba nuestro en su Palabra nos dejó lo que tenemos que hacer:

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia;«
(2 Pedro 1:3-6)

¡Ruego que el Eterno nos ayude a profundizar nuestra relación personal con Él para que se produzca el fruto de Su Espíritu en nosotros, para Su gloria!

El Hombre que no escucha primero al Eterno, no tiene nada relevante que decir al Mundo

Los animo a que forjemos nuestras ideas, nuestra conducta, y nuestros valores, a partir de las ideas, la conducta, y los valores que, acerca de nuestro Creador, modela para nosotros la Torah (Instrucción).

Esta es la finalidad de la fe verdadera o emuná: que el ser humano refleje la “imagen” de Creador asemejándose cada día más a su Padre Celestial. De este modo, así como Yahvéh vistió a Adán y a Eva, cuando se hallaron desnudos en el Huerto del Edén, así también nosotros vistamos al desnudo en el huerto oscuro del materialismo.

Así como el Creador dio de comer y de beber a los hebreos que deambulaban por el desierto, así también nosotros demos de comer y beber al que deambula por nuestras calles.

Así como el Eterno fue (en un torbellino) a visitar al enfermo (Job), así también nosotros nos apresuremos (como torbellino) a visitar al enfermo.

Así como el Eterno juzgo como perversa la inmoralidad, el materialismo, y falta de humanidad de los hombres de Sodoma, así también nosotros juzguemos como perversa la inmoralidad, el materialismo hedonista, y la falta de humanidad de nuestra perversa sociedad.

Así como el Eterno se opuso a la opresión que el injusto Faraón ejercía contra de los débiles e inocentes esclavos hebreos, de ese mismo modo nos opongamos nosotros a la opresión e injusticia que, aquellos que son lujuriosamente ricos, ejercen contra los que son irremediablemente pobres y débiles en nuestra sociedad.

Quien rehúsa vivir por esta regla, y hacer las obras de justicia que caracterizan al Eterno, se burla del Creador. Se hace su enemigo del Eterno, pues llama mentiroso al Dios verdadero que afirma haber creado al hombre “a Su imagen, para que se conforme a Su semejanza”, es decir, para que se parezca moralmente a su Creador.

Este hombre perverso, y hacedor de maldad, sera castigado con “fuego”, sin importar la fama que posea, los milagros que realice, o la religión que asegure sinceramente profesar.

El Pozo de la Envidia

Por P.A. David Nesher

 

 

«Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.»

(Bereshit/Génesis 37: 23-28)

 

 

¿Puede la envidia causarte el deseo de matar a alguien? Antes de que digas: “¡Claro que NO!”, te solicito que medites en esta historia. Diez hombres adultos, se dispusieron en complot para matar a su hermano por causa de una túnica rayada de colores especiales y un par de sueños. Su envidia se había convertido en un profundo enojo con pensamientos llenos de cosas terribles.

La túnica de colores era la señal del favor del padre. La entrega de Yaakov de esta prenda a Yosef, en reconocimiento al nivel de obediencia que este le entregaba en honra, había despertado la envidia de los hijos mayores. No hay duda alguna que los hermanos deben haber tenido un placer perverso al arrancársela a Yosef y debía haber sido particularmente doloroso para Yosef que se la arrancaran. De igual modo, a cada creyente en Yeshúa se le ha entregado la cobertura del Espíritu Santo que es garantía especial del favor del Padre (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:13-14; 4:30). Ciertamente, muchos son los enemigos espirituales que quieren arrancar del creyente la seguridad del favor del Padre. Pero uno de los más peligrosos es, sin duda alguna, la envidia.

Es asombroso ver como el maltrato de los hermanos de Yosef no disminuyó el apetito de ellos. La Torah dice que se sentaron a comer pan (37:25), mientras que Yosef les rogaba por su vida desde el pozo (42:21). Pero ellos no escucharon. Un físico podría calcular el tiempo exacto para que el grito de Yosef llegara a los oídos de sus hermanos. Pero, metafísicamente, tuvieron que pasar veintidós años para que aquel grito pasara desde sus tímpanos hasta sus corazones.

El carácter despiadado de estos hermanos es evidente. Podían sentarse y disfrutar de la comida, mientras que sus corazones estaban decididos a asesinar a su hermano. Fue justamente a esta dureza y crueldad a la que el profeta Amós se refiere, cuando dijo: “Ustedes beben vino en tazones y se perfuman con las esencias más finas sin afligirse por la ruina de José.” (Amos 6:6 – NVI). Los hermanos (que habían matado a todos los hombres de Siquem) era probable que no se molestaran con los gritos de alguien al que ellos envidiaban y por ende, ahora odiaban.

En ese momento, alzando sus ojos vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, donde Labán y Yaakov tuvieron sus enfrentamientos algunos años antes. Ellos eran descendientes de Ismael (25:13-16); llevando en sus camellos especias, bálsamo y mirra para hacerlos bajar a Egipto para comerciar (37:25). Es irónico que estos tres elementos fueran los mismos regalos que los hermanos de Yosef le llevaron cuando él ya estaba reinando junto al Faraón, en Egipto (43:11).

El relato es tan impactante como paralizante. No sabemos si debemos pensar bien de los hermanos de Yosef, ya que decidieron perdonarle la vida o pensar mal de ellos, ya que imaginaron que podían deshacerse de él y hacer un poco de dinero al mismo tiempo. La envidia los llevó a mirar tan en menos a Yosef que consideraban que su hermano sólo tenía un valor de veinte piezas de plata, menos que un esclavo.

Vemos que aquí es cuando Judá asume un papel de liderazgo en relación con el destino de Yosef. Será él quien dirá: “¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y ocultemos su sangre?… Después de todo, él es nuestro hermano, así que sólo vendámoslo como un esclavo en lugar de matarlo.” (37:26). Lo paradójico e irónico de todo, es que este será el hijo de Yaakov, que se convertirá en el ancestro del Mesías.

Desde este punto Judá adquiere un papel cada vez más destacado en la familia. Él dijo: vendámoslo a los ismaelitas, y no sea nuestra mano contra él. Sus hermanos aceptaron su sugerencia. Ellos podrían evitar el pecado de asesinato y obtener un beneficio al mismo tiempo. Los hermanos de Yosef, que hipócritamente no quisieron contaminarse con su sangre, lo vendieron a los ismaelitas, así mismo, siglos después, los judíos, que hipócritamente no querían contaminarse con la sangre del Mesías, llevaron a Yeshúa a Pilato (Juan 18:28).

Entonces, cuando pasaron los mercaderes madianitas, sacaron a Yosef de la cisterna, lo subieron y lo vendieron por veinte piezas de plata. Y llevaron a Yosef a Egipto (37:28). A causa de este incidente, más tarde, Moisés, inspirado por el Eterno, fijaría el valor de rescate de un jovencito entre cinco y veinte piezas de plata (Levítico 27:5); y el precio promedio de un esclavo en treinta siclos (Éxodo 21:32).

Lo maravilloso de esta historia es que los hermanos de Yosef no se dieron cuenta, pero cuando lo vendieron se aseguraron el cumplimiento de los dos sueños que él les había relatado. Es que la Providencia divina utiliza todas las circunstancia para beneficio del cumplimiento de su propósito eterno (Romanos 8:28).

Cabe aquí también decir que, tanto para la ley del Eterno, como para los códigos jurídicos de la época, lo que sus hermanos le hicieron a Yosef era considerado un crimen y una ofensa capital.

Tipológicamente hablando, Yeshúa y Yosef fueron traicionados a cambio de plata. Yosef fue vendido por el precio de un esclavo por su hermano Judá y Yeshúa fue vendido por el precio de un esclavo por su discípulo (talmid) Judas (forma griega de decir Judá). Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Yeshúa, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. —He pecado —les dijo—porque he entregado sangre inocente (Mateo 27:3-4a).

Volviendo al relato, notamos que a los hermanos de Yosef les preocupaba cargar con la culpa de su muerte. Por eso, Judá ofreció una alternativa que no era correcta, pero que los libraba de cometer homicidio. Nosotros también, muchas veces, guiados por el sentimentalismo, optamos por soluciones que son “menos malas” pero están igualmente infectadas de errores. Muchas de estas “soluciones” son el producto de la impulsividad que provoca la envidia que se ha desarrollado en nuestro corazón.

Tomás de Aquino dijo que “la envidia consiste en una tristeza ante el bien del prójimo, considerado como mal propio, o en cuanto se piensa que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio”. Por eso, la Torah enseña que la caridad o justicia social (hebreo tzedaká) permite que nos alegremos del bien de los demás, haciendo que la envidia se debilite y muera.

Lamentablemente la envidia es el pecado capital más difícil de reconocer por el ser humano, ya que constantemente este busca justificar su manifestación. Sin embargo, debemos aceptar que la envidia fuera de control puede crecer rápidamente y conducir a acciones pecaminosas muy serias. Mientras más tiempo el ser humano cultive la envidia, más difícil será desarraigarla de su vida. El mejor momento para comenzar a tratar con la envidia es cuando te des cuenta de que estás llevando un registro mental de lo que poseen y alcanzan los demás.

Apreciado discípulo, te invito a que en este momento eleves tu corazón al Eterno y permitas que Él lo examine en cuanto a este pecado capital (Salmo 139:23-24)

Una Túnica con Códigos de Reino

Por P.A. David Nesher

 

 
«Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.» 

(Bereshit/Génesis 37:3)

 

José (hebreo Yosef) era el primogénito de Raquel (hebreo Rajel) la esposa favorita de Yaakov devenido ahora en Israel.

Es evidente que Israel reconoció, por medio de sus dones proféticos, las cualidades de liderazgo escondidas en Yosef. Por eso, lo puso a cargo de la supervisión del pastoreo del numeroso rebaño familiar, a pesar de que era más joven que todos los hermanos a excepción de Benjamín. Todo esto, seguramente ocurrió ya que los eventos en Siquem habían sacudido mucho a Israel y ahora nos damos cuenta.

Algunos intérpretes comentan que Israel fue probablemente imprudente en favorecer a Yosef. Pero, en verdad, él tuvo buenas razones para creer que Yosef era en quien mejor podía confiar para tener tal autoridad entre los hermanos. En pocas palabras; Israel vio espiritualmente cualidades en Yosef que no discernía en sus otros hijos. Fue debido a esto, que hizo a José una túnica de diversos colores.

Esta prenda no era la que llevaba un hombre de trabajo, más bien, era una prenda de vestir para los privilegiados y los que tenían un mayor estatus social. Por eso, los hermanos de Yosef entendieron los códigos del mensaje que su padre les estaba dando con esta acción. La misma otorgaba a Yosef el derecho de la primogenitura a pesar de que él era el undécimo hijo. Israel estaba reemplazando a Rubén como heredero de la primogenitura a causa de su pecado con Bilha (35:22). La túnica de colores era una señal de que Israel lo había marcado para el liderazgo. Cabe aquí recordar, que tiempo más tarde, de hecho, Yosef recibirá una doble porción a través de sus hijos, Manasés y Efraín (48:1-20).

 

Sus hermanos, al ver que su padre lo prefería entre todos ellos, lo aborrecían y no le podían hablar pacíficamente (37:4). El amor de Israel por Yosef era tan ofensivo para ellos como el regalo de la túnica de colores, el talit de oración de esos días. Entendamos este asunto: cuando Israel miró a sus hijos y los comparó con Yosef, vio en él cualidades que sus otros hijos no tenían. Aunque Yosef fuera impulsivo y, probablemente un poco engreído en su juventud, sus normas morales y los intereses espirituales que el poseía eran claramente superiores a los de sus hermanos. De hecho, una vez más Yahvéh había elegido al más joven para gobernar sobre el mayor. Los hermanos de Jacob odiaban a Yosef debido a su amor por su padre. Hasta ahora todo lo que Yosef había hecho (37:2b) y recibido (37:3), sólo sirvió para alejar a sus hermanos, pero cuando él compartió sus sueños con ellos, sólo empeoró las cosas.

Pero mi intención en este estudio no es hablar sobre meros hechos que reflejan actitudes o pensamientos que dividieron a una familia. Intentaré aquí estudiar sobre la raíz del asunto. El motivo que provocó los acontecimientos posteriores. Leamos de nuevo nuestro pasuk (versículo) en cuestión:

«… Israel amaba a Yosef más que a todos sus hermanos, pues hijo de ancianidad él era para él, y le hizo a él una ketonet pasim« 

(37:3)

 

Antes de entrar de lleno en el tema conceptual de esta expresión analicemos el aspecto lingüístico del mismo. Por eso, los invito ahora a decodificar la verdadera idea detrás de la antigua frase hebreo para “túnica de diversos colores”.

Dice la Torah que Yaakov le hizo a Yosef una «ketonet pasim«. La palabra ketonet significa túnica en hebreo y aparece en varias oportunidades en el Tanak (Antiguo Testamento). Sin embargo, es bastante dificultoso precisar lo que significa el término pas del cual proviene la palabra pasim (plural de pas), y de hecho los comentaristas de la Torah están divididos respecto de la connotación de esta palabra. Citaremos algunas de las opiniones:

El Targum (versión en arameo) de Yonatán Ben Uziel y el Targum Yerushalmi traducen: túnica «con dibujos«. Rashí, basado en el Talmud, dice que significa: «de lana pura«. El Rashbam dice que es una prenda que se usa por encima de las demás. Rabí Abraham Ibn Ezra dice: «bordada con arte de telar«. El Radak explica que la túnica era rayada con rayas de distintos colores (pas: raya) semejantes a los del kashet (arco) del pacto (profanamente llamado arcoiris).

La raíz que conforma la palabra «pasim« sólo aparece en otras dos oportunidades en todo el Tanaj. La primera, en el segundo libro del profeta Shemuel (2Samuel 13:18 y 19); y en una segunda oportunidad, en el libro del profeta Daniel (5:5 y 24). De allí se puede entender que pas significa palma (de la mano). Basados en este dato podríamos decir tal vez, que «ketonet pasim« significa «túnica de manga larga rayada a colores» (que llega hasta las palmas de las manos).

Este dato nos puede enseñar que Yaacov Avinu mediante este regalo quiso distinguirlo a Yosef. Tal vez, las mangas de las ropas de los líderes o de las personas importantes que no trabajaban, eran un poco más largas que las del resto de las personas que, por tener la necesidad de trabajar, se acortaban un poco las mangas (que eran amplias en sus extremos) a través de cintas que las ajustaban un poco más arriba, para que no les molesten en su quehacer diario. Evidentemente, nuestro padre Yaakov vislumbró en Yosef al futuro líder y conductor del pueblo de Israel. Por esa razón, sintió designarlo como tal, antes de partir de este mundo.

Ahora bien, la clave en la túnica de Yosef es la palabra “RAYADA” o “A RAYAS”, y es aquí donde se encuentra u acróstico que reflejaba los detalles del destino profético de Yosef.

 

Por eso debemos aceptar que ningún detalle descripto en la Torah es por pura coincidencia o casualidad.

 

La palabra Rayas en hebreo es PASIM. La misma es un acróstico profético que contiene los códigos que detallan las personas que tendrían que ver con el destino de Yosef.

 

PASIM

P. –Potifar (oficial de Faraón).

S. –Sojarim (comerciantes, refiriendo a los midyanim-madianitas-medanim)

I. –Ishmeelim (ismaelitas)

M. –Mitzrayim (Egipto).

 

Con esto en nuestra mente, leamos los siguientes pasukim (versículos) que muestran el cumplimiento de lo anunciado en la tunica que Israel confeccionó para Yosef:

 

«Entonces dijo Yahuda a sus ajim (hermanos):

¿Qué ganaremos si mataremos a nuestro aji y taparemos su sangre?

Vamos, lo venderemos a los ishmeelim, pero nuestra mano no éste sobre él. Y lo oyeron sus ajim.

Pasaron unos hombres midyanim (madianitas) COMERCIANTES (Sojarim), lo asieron, lo subieron a Yosef del pozo, y vendieron a Yosef a los ISMEELIM (ismaelitas), por veinte monedas de plata; y trajeron a Yosef a MITZRAYIM (Egipto)…

Mientras, los MEDANIM (madianitas) vendieron a Yosef en MITZRAYIM (Egipto), a POTIFAR, oficial del Faraón, jefe de los matarifes.«

(Bereshit 37:26-28, 36)

Por eso, cuando Yaacob se entera de la supuesta “tragedia” de Yosef, actuó de la siguiente manera:

“Entonces rasgó Yaacob su manto, colocó cilicio en su n cintura, y estuvo de duelo por su hijo muchos días.

Se levatarón todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero se negó a consolarse, y dijo: *Porque he de bajar en duelo por mi hijo a la tumba*.

Y LLORÓ POR ÉL SU PADRE ITZJAC.»

Bereshit 37:34-35

 

El libro (no canónico) de Jaser narra que Itzjak todavía vivía en ese tiempo, y lo que narra el texto de Bereshit sobre porque lloraba Itzjac era por el sufrimiento de su hijo Yaakov. Es decir, que que Itzjac no entró en duelo junto a Yaakov porque sabía (mediante profecía) que Yosef vivía, pero no podía revelarlo por orden divina.

 

En la Torah se revela el gran secreto: ¡En la vida de un escogido nada es por coincidencia o casualidad, todo es para el propósito eterno de Dios!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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¿Qué significa «He sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel»?… (José busca a sus Hermanos)

Por P.A. David Nesher

 

 

“Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem. Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando. Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.”

(Bereshit/Génesis 37: 12-17) –

 

Yosef (José) fue enviado por su padre a supervisar a sus diez hermanos, los hijos de Israel. A simple vista, no parece nada extraño esta misión, con la excepción de que los hermanos de Yosef están en Siquem, el lugar donde esta familia fue influenciada y perjudicada por la cultura corrupta de los cananitas. Siquem será siempre un lugar que simboliza pecado, ya que fue la zona de desastres para la descendencia de Israel. Allí pecaron los hermanos, Dina fue violada, y se dividió el Reino (1Reyes 12:1).

Yosef estaba dispuesto a obedecer a su padre, aunque implicara el rechazo y el sufrimiento causado por sus hermanos. En este sentido la historia se hace un tipo de nuestro arquetipo Yeshúa, ya que esto es lo mismo que le pasó en su venida a la Tierra:

“Entonces el dueño de la viña dijo: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán.» Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: «Este es el heredero; matémoslo para que la heredad sea nuestra.» Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron.”

(Lucas 20:13-15)

Yosef fue enviado por su padre terrenal, al igual que Yahvéh, el Padre Celestial, envió a Su Hijo Yeshúa:

“En esto está el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.”

(1Juan 4:10).

Y vino a Su misión de amor: libre, voluntaria y alegremente. Al igual que Yosef, nuestro amado Mesías dijo:

» He aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. En la cabecilla del rollo está escrito acerca de mí.»

(Hebreos 10:7)

Debido a que Israel estaba preocupado por el bienestar de sus hijos, le dijo a Yosef:

“Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo se encuentra el rebaño, y tráeme un informe. Así lo envió desde el valle de Hebrón, cerca de treinta y dos kilómetros al sur de Jerusalén.” (37:14)

Yosef fue enviado desde Hebrón, y Yeshúa, nuestro hermano mayor, fue enviado desde el Cielo de los Cielos. Hebrón significa comunión o amistad plena, lo que apunta a la relación que el Hijo tenía con el Padre en el cielo antes de su encarnación y venir a este lugar de pecado, sudor y dolor. Él vino a los que le odiaba sin causa y querían matarlo. Del mismo modo, Yosef vivió en comunión pacífica con su padre; estaba en casa, conocido, amado y comprendido. Pero fue a un lugar lejano, a los que le odiaban sin causa y querían matarlo.

La palabra hebrea que ha sido traducida como “cómo están” es shalom que significa paz, bienestar, prosperidad, salud. Esto está revelando que el Mesías fue enviado por el Eterno para buscar el shalom de Israel, es decir, su paz, su bienestar, su prosperidad y su salud. El Mesías es el mensajero de shalom para Israel, los que están cerca:

“Y vino, y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca.”

(Efesios 2:17)

Con toda esta decodificación, interesante es saber que Shejem (Siquem) significa “hombro”. El hombro habla de soportar una carga e implica servicio o sujeción, y aquí alude proféticamente a la viga puesta sobre los hombros de Yeshúa.

Teniendo en cuenta esto, debe llamarnos la atención leer que, al salir de la comunión con su padre terrenal, Yosef llegó a Siquem. Esto presagió el camino que el Mesías hizo al salir de la comunión con su Padre celestial y venir a la tierra, a un lugar de pecado y de sufrimiento. Él se convirtió en un siervo, es decir una persona de servicio y en constante sujeción a su padre Israel quien lo comisionó en dicha tarea. Así mismo fue la actitud que hubo en el Mesías, «quien existiendo en forma de Dios, no quiso por usurpación ser igual con Dios, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo.» (Filipenses 2:6-7).

En la búsqueda de sus hermanos israelitas, en la misión de shalom, Yosef tuvo que ir a Shejem, tipificando a Yeshúa que tuvo que ir a morir en el madero.

Yosef fue obediente: » y llegó a Siquem sin demora alguna» (v. 14). Le habría tomado por lo menos dos días hacer el viaje de unos ciento veinte nueve kilómetros al norte. Esta rapidez y minuciosidad caracterizan su vida. Yosef combina todos los mejores atributos de su familia: la capacidad de Abraham, la tranquilidad de Itzjak (Isaac), la capacidad de Yaakov y el atractivo físico de su madre (véase 29:17 y 39:6). Y por esta razón sus hermanos lo odiaban. Sin embargo, más allá de estas virtudes personales, Yosef era obediente a su padre, y fue en la búsqueda de sus hermanos todos modos. El amor de su padre era más bien la motivación que él tenía, por la cual podía enfrentar el odio de sus hermanos.

“Yosef fue tras sus hermanos y los encontró” (v. 17). Después de haber estado en Shejem, que representa la muerte y resurrección, el Mesías se fue en búsqueda de los hijos de Israel hasta encontrarlos.

Al llegar en este día a esta investigación debemos atrevernos a desaprender para aprender lo correcto. Por lo tanto, los invito a deshacerse de todo dogma religioso y recepcionar la Luz que surge del texto sagrado.

Necesitamos aceptar que Yeshúa vino a la Tierra para buscar y salvar a lo que se había perdido, es decir, las ovejas perdidas de la casa de Israel (diez tribus del Reino del Norte), tal como Él mismo lo revela:

“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

(Mateo 15:24)

Nosotros hoy somos el resultado de esa búsqueda. Seguramente la gran mayoría de nosotros tenemos vibrando en nuestra genética los códigos de nuestro padre Israel repartido en esa diez tribus que se perdieron, pero que el Mesías está buscando.

La expresión: «y los encontró”, implanta la certeza de que todos los hijos de Israel (10 tribus perdidas) serán encontrados por el Mesías en los últimos días.

¡Oremos para que el Señor venga pronto con Su Reino!

Serpiente y Escorpiones: Las Armas Principales del Adversario (HaSatán)

Las trampas principales que nuestro adversario nos tiende a diario para vernos caídos y detener nuestra jornada espiritual son:

  1. La tentación, para desviar al hombre del buen camino
  2. La acusación, para traer división en la familia, en la iglesia.
  3. Dudas, para desconfiar y separarnos del temor a Yahvéh.

Nuestro amado Maestro y Mesías Yeshúa clasificó estas trampas en dos categorías de armas con el objetivo de que sus discípulos establecieran claras estrategias para vencer sobre los poderes del mal. Entonces para no sucumbir y poder pisarlos y apartarlos de nuestra vida tenemos que identificar que dichas armas son llamadas por Yeshúa: serpientes y escorpiones.

 

  CLASIFICACION ATAQUE TEXTO
Serpientes:

Veneno por su boca.

Mentira Ataca la Revelación de la Torah Números 21:5 – 6

«Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Yahvéh envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.»

Falsas doctrinas
Apostasía
Escorpión:

Ataca inicialmente a los ojos, pero su veneno viene atrás, los deseos de la carne

 

Romanos

13:13 – 14

«Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.»

Lujuria Proverbios 6:27 – 29

«¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?

¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?

Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;

No quedará impune ninguno que la tocare.»

La envidia y los celos. Ataca al Nuevo Hombre 1 Corintios 3:3

«porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?»

 

Santiago  3:14 – 16

«Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;

porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.

Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.»

La avaricia Ataca la santidad y  lleva a la idolatría Isaías 55:2

«¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?»

Las murmuraciones

 

El orgullo motiva la murmuración y la crítica.

Ataca la obediencia y  lleva a la rebeldía Ezequiel 2:6

«Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.»

Las Tradiciones

Principios sin contexto bíblico.

La Palabra del Evangelio Colosenses 2:8

«Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.»

Codicia Piedad y contentamiento 1 Timoteo 6:9

«Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;»

 

Si nuestra jornada espiritual se caracteriza por el andar en lectura y meditación de la Torah (Instrucción) divina y en la santidad podemos identificar las serpientes y escorpiones (tentaciones, dudas y acusaciones) y pisarlos, exterminándolos antes que aniden en nuestro corazón.

¿En qué Consiste la Circuncisión del Corazón?

Yeshúa HaMashiaj vino a traer la circuncisión del corazón tan anunciada por Moshé y los profetas (Dt. 10: 16).
Nuestro espíritu es un estado esencial y eterno: es AMOR al estado puro… 
El ser humano, en su estado impuro, tiene al espíritu  encarcelado en el MIEDO del alma.
Circuncidar el corazón es pues quitar el miedo del alma y dejar fluir el amor al estado puro.
Es necesario aceptar que no se puede circuncidar el corazón sin un proceso de aprendizaje que se realiza a través del estudio y la meditación de la Torah.
Hay que hacer desparecer el miedo de la faz de la tierra a través de la manifestación del perfecto amor.
¡Esa es la circuncisión del corazón!
¡Esa es la liberación del espíritu, nuestra luz!