Códigos Sagrados

¿Conoció Abraham la Torah o Simplemente tuvo Fe en el Eterno?

Por P.A. David Nesher

 

“Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes…”

(Bereshit/Génesis 26:5)

Mientras más peregrino en este maravilloso Camino de Emunáh (Fe certera) revelado por la Instrucción (Torah) divina, me encuentro en mi día a día con voces de personas manipuladas por la programación dogmática de la Gran Ramera, Babilonia la Grande que me atacan con sus prejuicios mentales para que yo termine «arrepentido» del «error en el que he caído». Dichos varones (y mujeres), repiten cual cotorras lo que sus maestros religiosos le han implantado mediante el cruel adoctrinamiento reptiliano de las religiones anti-Mashiaj. Dichos líderes les han asegurado que los mandamientos dados por medio de Moisés se aplicaban únicamente a la antigua Israel, la que salió con Moisés de Egipto, y por lo tanto, no afectan a los creyentes en Cristo de la actualidad. Pero, lo lamentable de esto, es que para llegar a esta conclusión, la mayoría pasa por alto el significado de lo que el Eterno dijo acerca de la obediencia de Abraham cientos de años antes de que hablara con Moisés en el monte Sinaí, según está escrito en el Rollo de Bereshit (Génesis):

“…porque Abraham obedeció mi voz, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.» 
(Génesis 26:5).

A esta altura de nuestro peregrinar sabemos que la Torah existe desde antes de que el Mundo fuera creado. Es el diseño pre-existencial desde el que YHVH comenzó a crear todas las cosas, visibles e invisibles.

Lo que necesito aclarar de antemano es que en este caso que estamos considerando, no debemos entender por Torah lo que nosotros conocemos hoy como tal, con sus relatos y estructura, sino su médula, su esencia. Por lo que, entonces comprenderemos y aceptaremos que los patriarcas ya habían recibido del Eterno la parte ontológica (esencial) de la Torah, y eso era lo que estudiaban y aplicaban. Veamos con mayor detenimiento esto.

Las palabras hebreas que Yahvéh utiliza en este versículo son muy importantes, tal como lo explica el Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico del expositor”] donde se lee:

El Señor luego agregó un comentario muy relevante: Abraham ‘guardó mi precepto [mismarti], mis mandamientos [misvotay], mis estatutos [huqqotay] y mis leyes [vetorotay]’ (v. 5).
Lo impresionante es que esta es precisamente la forma en que se expresa la obediencia al pacto del Sinaí en Deuteronomio 11:1: «Amarás, pues, al Eterno tu Dios, y guardarás sus ordenanzas [mismarto], sus estatutos [jukotay], sus decretos [mishpatim] y sus mandamientos [misvotaym], todos los días . . . Así, Abraham es un ejemplo de uno que demuestra que tiene la ley escrita en su corazón (Jeremías 31:33). El escritor lo muestra como el ejemplo máximo de verdadera obediencia a la ley, aquel del cual el Señor pudo decir: ‘Abraham obedeció mi voz’ (v. 5). Al mostrarnos a Abraham como un ejemplo de alguien que ‘guardó la ley’, el escritor nos ha mostrado la naturaleza de la relación que existe entre la ley y la fe. Abraham, un hombre que vivió por fe, podría ser descrito como aquel que guardó la ley

(1990, 2:186-187, énfasis añadido).

Aquí aparecen cinco palabras diferentes.

  1. VozAbraham obedeció mi voz – En hebreo se dice shamá Avraham be-kolí. Esta expresión se utiliza para describir la obediencia a la voz del Eterno en los momentos de prueba. También podemos destacar su obediencia a la voz del Espíritu del Eterno en el caminar diario en la relación íntima con Él: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Romanos 8:14)
  2. Guardar y guardó mi ordenanza – En hebreo se dice va-yishmor mishmartí, literalmente “y guardó mi guardia”. Esto tiene que ver con decretos de prevención relacionados con las prohibiciones de la Torah. De esto aprendemos que Avraham tenía una actitud de vigilancia y cuidado en cuanto a las cosas del Eterno que había que guardar.
  3. Mandamientosmis mandamientos – Aquí se encuentra la palabra mitsvot que normalmente incluye todos los mandamientos del Eterno. Sin embargo Rashí le da aquí un significado limitado, refiriéndose a las leyes de carácter social que son naturales para el ser humano, como el no robar y no derramar sangre etc. Las leyes de carácter social normalmente son llamadas mishpatim en la Torá.
  4. Estatutosmis estatutos – En hebreo jukotai. Son aquellos mandamientos que no tienen explicación lógica, contra los cuales se revela la inclinación al mal más que contra los otros mandamientos.
  5. Leyesy mis leyes – En hebreo ve-torotai, y esta viene de la palabra torah, instrucción, enseñanza. Se refiere tanto a la Torah que luego fue escrita en Sinaí, como la Torah oral que también fue dada en Sinaí.

¡Muy interesante es todo esto para nuestra fe! Abraham es destacado por su obediencia a todo lo que el Eterno había establecido, tanto los mandamientos que fueron transmitidas desde Adam, como los  mandamientos que fueron dados a Noaj, como los mandamientos que le fueron revelados proféticamente. Y a esto se le añadía lo que Abraham aprendió de la obra de Yahvéh como modos correctos de vida, tales como el amor en justicia social, generosidad, amabilidad, hospitalidad, juicio, etc. Y por último, el empeño que tenía Abraham por compenetrarse con el Eterno, tanto en acción como en pensamiento, empeño apoyado en su grado de profecía, pues de lo contrario sería vanidad. Esto demuestra que si bien él no contaba con la Torah como guía escrita, si la contenía a través de la escritura que hacía Yahvéh con su Espíritu Santo en su mente y corazón.

Una cosa maravillosa se destaca en este primer libro del Pentateuco, y es que a pesar de que la Torah fue promulgada en el Sinaí es bien conocido que esta vigente desde el principio. Para dar solo algunos ejemplos, citaré que en Bereshit vemos que HaSatán (Satanás) comete el pecado de la codicia, desde antes de la caída de Adam; Caín infringe el mandamiento de «no mataras» desde antes que naciera Abraham. El rey de Egipto estaba por cometer el pecado de adulterio con la mujer de Abraham. En tiempo de los patriarcas se practicaba el levirato (Génesis 38:8), que sería uno de los mandamientos dados luego por escrito, (cf. Deuteronomio 25:5-6). Otro ejemplo es cuando Yehudá, como juez, ordena que sea quemada Tamar, por su relación fornicaria, (cf. Génesis 38:24). Según la tradición ella fue la hija de un sacerdote (este mandamiento luego se escribió en Levítico 21:9). También podemos mencionar el mandamiento del diezmo que fue practicado tanto por Avraham como por Yaakov, (cf. Génesis 14:20; 28:22. Ver también Levítico 27:30-32), y muchos otros ejemplos.  Podríamos ver otros pasajes más pero lo que sí o sí queda vibrando en nuestra mente es el hecho de que la Torah se observaba desde de la fundación del mundo. Vemos por lo tanto que varios de los mandamientos que luego fueron escritos, estaban rigiendo la vida de los patriarcas y sus generaciones (toldot).

Algunos líderes religiosos aseguran que la Torah fue «promulgada» en Sinaí lo que, según su interpretación, esta antes no existía, y por ende, el Eterno la entregó solamente para Israel, y para un determinado tiempo o dispensación. Sin embargo, el hecho de que haya sido promulgada en Sinaí no contradice el hecho de que ella ya existiera. Recordemos que el significado de la palabra promulgar es:»publicar oficialmente una ley u otra disposición.» Y que según la significación juridica «la promulgación tiene por finalidad autentificar la existencia de una ley y ordenar su ejecución.» Como podemos ver entonces, promulgar no es «inventarse algo en el momento«, sino dar a conocer de manera OFICIAL una ley existente y practicada.

Entonces es muy importante aceptar que la justicia de Abraham avinu no era una cuestión de fe sin obediencia. Cualquiera que enseña que observar las leyes de Eterno es contrario a la vida de fe, debe considerar este versículo. Las Sagradas Escrituras (Biblia) dicen que Yahvéh pasó las bendiciones y promesas a Isaac porque Abraham obedeció Sus leyes. Esto está en consonancia con lo que el apóstol Pablo enseña cuando dice:

“¿Es entonces la Torah contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo!”
(Gálatas 3:21)

Así mismo, Santiago, el hermano de nuestro Señor Yeshúa , demuestra que la vida de fe resulta siempre en obediencia a la Instrucción (Torah) de Dios :

“Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada”
(Santiago 2:22 )

En un encuentro con líderes religiosos de su época, nuestro amado Maestro Yeshúa les respondió acerca de la característica principal que tiene aquel que dice poseer linaje de Abraham:

“Le respondieron diciéndole:
Nuestro padre es Abraham.
Les dice Jesús:
Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías”
(Juan 8:39 )

Con esta respuesta, el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño y Maestro, está dejando bien en claro que Abraham conocía y guardaba la Torah de Yahvéh. Y además, deja también establecido que guardar los mandamientos de Yahvéh es una parte importante de la práctica de la fe de Abraham, y de aquellos que dicen tener su fe, y por lo tanto su linaje (Gálatas 3:29).

¡Anhelo que esto te fortalezca y logres soportar la lucha de todos los detractores de la Luz que te rodean en tu diario vivir!

La Oración de Fe y su Tiempo de Cumplimiento… (Isaac ora por la esterilidad de Rebeca)

Por P.A. David Nesher

«Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, arameo de Padán-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac a YHVH en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó YHVH, y Rebeca su mujer concibió… Isaac tenía sesenta años cuando ella los dio a luz.»

(Bereshit/Gén. 25:20-21, 26)

 

Mientras Isaac fue creciendo, tanto su madre Sara como su padre Abraham, le relataban una y otra vez la historia de nacimiento milagroso. Ellos le implantaron con su relato la perfecta conjunción que se da cuando el amor al Eterno alimenta la esperanza, que fortalece la fe (1 Corintios 13: 13). Así se marcó en su mente lo mucho que sus padres lo anhelaban y lo intensa que fue su oración por él, año tras año, para que Yahvéh lo enviara a ellos en el tiempo oportuno.

Isaac sabía que su madre Sara era estéril, pero Abraham oró por ella, y la maldición de la esterilidad desapareció. Por eso, Isaac también mantenía la certeza de que un acto de Yahvéh unió a Rebeca con Isaac. Por ello, vivía también convencido que vibraba sobre ellos Ahora otro acto de Yahvéh para vencer su esterilidad. Isaac había aprendido de sus padres que él era el hijo de la promesa, y que sería a través de él y sus descendientes que el Mesías vendría.

Así mismo, él había aprendido de su padre el dolor de tratar de dar al Señor una «ayuda» para tener un hijo con su esclava, y él había prometido dentro de sí mismo que no repetiría ese error.

¿Qué le quedó por hacer a él? Simplemente orar al Eterno en favor de su esposa, porque era estéril. Después esperar en Yahvéh. Por eso, el Eterno oyó su oración, y ella quedó embarazada (25:21).

Entonces Yitzjak oró a Yahvéh, en nombre de su mujer, que era estéril. Y, al igual que Sara y Abraham habían esperado 25 años para el nacimiento de Isaac; Rebeca e Isaac también esperaron 20 años. Pero entonces el Señor contestó su oración, y su esposa Rebeca quedó embarazada.

El esperar en Yahvéh por medio de la oración es uno de los actos más grande de la verdadera fe (emuná). Verdaderamente es lo más grande que se requiera de los seres humanos. No es la fe en el resultado de lo que estemos pidiendo al Eterno Dios, es la fe en Su carácter, la convicción en Él mismo. Esto es perfecta confianza en que Él le guiará en el camino correcto, en el momento adecuado, Él suplirá nuestras necesidades. Él cumplirá Su Palabra escrita. Él nos dará lo mejor si confiamos, creemos y tenemos fe en Él.

Este texto nos enseña que las promesas del Eterno no se cumplen sin la colaboración del ser humano. Aunque Yitzjak había heredado las promesas dadas a su padre de que su descendencia sería como las estrellas y como la arena, otorgando la simiente de la mujer anhelada por la humanidad, él no se quedó quieto esperando pasivamente el cumplimiento de esas promesas. Yitzjak se puso a orar para que se ellas se cumplieran. Él conocía el secreto. El Eterno ha creado la oración para poder colaborar con el hombre en el cumplimiento de su proyecto en la Tierra.

Por la misma Escritura Sagrada, sabemos que Yitzjak era un hombre de oración. Cuando Eliezer estaba volviendo de su misión de buscarle una esposa, la Escritura dice que Yitzjak estaba en el campo meditando (24:63). Esto nos revela que Yitzjak salió al campo por la tarde para estar sólo con el Eterno y pensar profundamente sobre las cosas importantes de la vida.

Justamente el hecho de que la Torah menciona que fue por la tarde revela la idea de que fue nuestro padre Yitzjak quien instituyó la oración de la tarde, llamada minjá. La Torah también relata que Avraham avinu se levantaba por la mañana (Gén. 19:27; 21:14) de lo cual viene la práctica de orar la oración de la mañana, llamada shajarit. Más adelante veremos cómo Yaakov al luchar con el ángel por la noche, compartió la disciplina de practicar la oración de la noche, llamada arvit.

Sabemos que la oración (tefilá) es la herramienta con la que cuenta el alma humana para comunicarse con el Creador. Sirve para desahogarse con Él, recibir nuevas fuerzas, entrar en equilibrio, interceder por otros, pedir ayuda etc. Por todo esto, entendemos que existen muchos tipos de oración. Por esa razón, debemos aprender a desarrollar una vida de oración multifacética para que el Eterno pueda cumplir, a través de nosotros, Su voluntad en la Tierra como se cumple en el cielo.

Nuestro padre Yitzjak es un ejemplo para nosotros de un hombre que sabía orar. Su esposa Rivká era estéril y, humanamente, era imposible que tuviera hijos. ¿Cómo las promesas a Avraham podrían ser cumplidas si el único hijo de la promesa tenía una mujer estéril? La única manera de poder resolver esta crisis era orar. Además, Yitzjak conocía que las oraciones de un marido por su esposa tienen un poder especial.

En lugar de sentarse con los brazos cruzados esperando el cumplimiento de la promesa, Yitzjak oró delante de su mujer. El texto hebreo usa aquí una palabra interesante: vayeatar (ויעתר)   que significa “y oró intensamente”. También puede traducirse: “oró insistentemente” ó “oró abundantemente”. Esto enseña que las promesas del Eterno no son fáciles de ver realizadas. Siempre hay un precio que pagar y un sacrificio para dar. Todo nacimiento en este mundo caído tendrá que pasar por dolores de parto. Los dolores en la oración intensa y la tentación para desesperar al no recibir la respuesta inmediata o a corto plazo, pueden abortar muchas intervenciones divinas (cf. Lucas 18:1-8; Hechos 12:5; Hebreos 5:7; Sant.5:15-16).

Las instrucciones y el ejemplo de nuestro Dueño Yeshúa sobre la oración nos enseñan que, para obtener respuesta desde el cielo, hay que orar con intensidad, entrega e, inclusive muchas veces, con dolores y angustias.

Como la oración enérgica y ferviente de un hombre justo puede lograr mucho (Sant. 5:16-18) la oración de Yitzjak tuvo éxito después de veinte años de insistencia. Empezó a orar a los cuarenta años, pero no vio el resultado hasta los sesenta. Aún al hijo de la promesa no le vino fácilmente el cumplimiento de la promesa. Es que siempre ésta viene solo a través de la oración y el esperar en Yahvéh.

Querido discípulo, no te desanimes en tu oración. Si oras según las promesas y la voluntad del Eterno, debes mantener la certeza que tendrás tu respuesta, aunque esta demore. No pienses que el Eterno no te ha escuchado. Mucho menos caigas en el error de creer que no desea ayudarte. Sigue insistiendo según lo que te ha revelado de su Palabra y finalmente obtendrás lo que has pedido, aunque tengas que orar veinte años, como nuestro padre Yitzjak.

¿»Camellos Humildes» o Discípulos Adoradores?

Por P.A. David Nesher

Y en las afueras de la ciudad, hizo arrodillar los camellos junto a un pozo de agua, al tiempo del atardecer, al momento en que salen las aguadoras… Entonces el hombre se postró y adoró a Yahveh.»

(Génesis/Bereshit 24:26)

Estudiando la parashá (porción) Vayerá, hemos visto que Eliezer, el siervo de mayor confianza de Abraham, se fue a Mesopotamia (a Aram Naharayim, a la ciudad de Nacor) para buscar esposa para Yitzjak (Isaac).

El relato nos dice que llevaba consigo diez camellos cargados de toda clase de bienes.

Necesito que entendamos que el damasceno Eliezer se había criado en el ambiente espiritual que había creado aquí en la Tierra, la emunáh (fe) de su amo. Es por eso que Abraham avinu tenía total confianza en él porque sabía que era completamente leal a la visión del llamado divino que sostenía su peregrinar.

Notamos que Eleazar como, buen siervo, no buscaba sus propios intereses cuando estaba sirviendo en su misión de shalíaj (emisario, apóstol). Lo único que le interesaba era cumplir la voluntad del que le había enviado y en este caso él sabía que no se trataba de una misión meramente humana. Su conciencia se movía en la certeza de que debía colaborar con un proyecto divino para la redención futura del mundo. Debido a esto, él entendía que era importantísimo que Yitzjak recibiera una esposa designada por el Cielo. Esta era la razón por la que el siervo no confiaba en sus propias capacidades de discernimiento, sino había aprendido de su amo a confiar absolutamente en el Eterno, y así actuar en fe.

El viaje habría tomado por lo menos 20 días, y había viajado más de 720 Km. Sus camellos habían recorrido un largo camino, probablemente no había tomado agua en varios días y estaban muy sedientos.

La caravana se detuvo junto a un pozo a las fuera de la ciudad, al atardecer cuando las mujeres salen a buscar agua. Él conocía que las mujeres pronto estarían saliendo, y este sería el mejor lugar para reunirse con ellas. Fue allí donde Eliezer confiaba que Yahvéh le daría una guía específica para cumplir con éxito su comisión.

El fiel servidor de Abraham avinu hizo arrodillar a los camellos junto a un pozo de agua (24:11). Este hecho de que Eliezer hizo arrodillar a los diez camellos no puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, ya que es una alegoría de lo que Abraham había estado enseñando a sus seguidores.

En primer lugar, el camello tiene una simbología encontrada, ya que representa la tozudez y la altanería, en tanto y en cuanto vive salvajemente. Pero, una vez domesticado, se convierte en el símbolo de la humildad, y el servicio paciente. En este sentido, tiene un simbolismo metafísico y antropológico: el ser humano que se lanza, humilde y pacientemente, a la búsqueda de lo trascendente y que logra así superar los distintos obstáculos que se le presentan en su camino.

Es sabido que los camellos necesitan arrodillarse para poder descansar. El hecho de que la Torah mencione este detalle natural nos desafía a investigar la enseñanza alegórica de la Luz Infinita escondida aquí.

Pues bien, primeramente les diré que la expresión hebrea para arrodillar que aparece aquí es baraj (ברך) ). La palabra baraj también significa bendecir (24:1). Es la palabra que se usa cuando bendecimos al Eterno: “Baruj Yahvéh” (Bendito Yahveh). Baruj significa bendito. Lo curioso de esto es que baraj tiene relación con berej (ברך)  ) rodilla. Esto último nos conduce a una codificación muy interesante, ya que aquí se revela que la bendición está íntimamente relacionada con la rodilla.

Esta verdad la había aprendido Abraham y la había transmitido a todos los discípulos que vivían con él. El secreto profético aquí escondido es que el que sabe humillarse, doblando sus rodillas, está apto para hacer descender las bendiciones celestiales y convertirlas en recompensas materiales. ¡El que se humilla será ensalzado!

De la misma manera como Eliezer hizo que sus siervos, los camellos, se arrodillaran, así Abraham avinu había estado enseñando a sus discípulos a humillarse y arrodillarse ante el Eterno. Abraham era amigo del Eterno, y por eso él conocía lo que le agrada al Eterno, y lo que más desea entre los humanos (Miqueas 6:8).

Abraham sabía qué es lo que el Eterno busca: adoradores en Espíritu y en Verdad. Es lo que nuestro amado Yeshúa revelará a la mujer samaritana:

“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.”

(Juan 4:23)

Abraham había ganado muchas almas (12:5) y a todas ellas había enseñado a ser adoradores del Nombre del Eterno. El único deseo de su alma era satisfacer los deseos de su Señor y por eso se dedicaba a enseñar a su pueblo a ser adoradores que sabían inclinar sus corazones y doblar sus rodillas ante el Eterno.

Habiendo decodificado esta alegoría, podemos entender por qué cuando el siervo de Abraham había recibido una respuesta clara a su petición (de una mujer para Yitzjak de una hija de sus familiares), se inclinó en tierra y adoró al Eterno.

Hoy, desde estos detalles proféticos de la Luz Infinita, te animo a que seas un adorador del Eterno. Acostúmbrate a inclinar, no solamente tus rodillas, sino también tu corazón, ante el Eterno. De esa manera serás un hijo seguidor de Abraham que imita fielmente su fe, porque los que son de fe, esos son hijos de Avraham (Rom. 4:12; Gal. 3:7).

Que seas bendecido junto con tu padre Abraham en el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño.

Llorar por los Muertos… ¿Correcto o Incorrecto?

Por P.A. David Nesher

 

«Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.»

(Bereshit/Génesis 23: 1-2)

 

No ha terminado Abraham de pasar por una difícil tribulación (la atadura de Itzjak), y ya está en otra. Sara, su esposa fallece, a los 127 años. Resulta interesante decir que Sara es la única mujer de las Sagradas Escrituras (La Biblia) de quien se relata la edad que tenía al momento de su muerte. Esto indica que ella tiene un lugar especial en la historia de la Salvación, y por lo tanto, es un ejemplo que seguir (Isaías 51:1-2). Sara vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (Gálatas 4: 31; Rom. 9:7; 1Pedro 3: 2-6), y los códigos lumínicos de su persona eran muy estudiados en las comunidades de talmidim de los primeros siglos.

Ella murió en Quiriat Arba, que significa “la ciudad de los cuatro”, y que con el tiempo llegó a ser conocida como Hebrón, que significa “amigo”, porque Abraham era amigo de Dios (14:13, 18:1). Ellos habían vivido allí muchos años antes. [Esta conexión entre Quiriat Arba y Hebrón se encuentra en otros lugares en la Biblia (Josué 14:15, 15:13 y 59, 20:7, 21:11; Jueces 1:10)].

Por alguna razón, Abraham no estaba presente en el momento de su muerte. Ella estaba en Hebrón, y él estaba en Bersheba (21:33-34; 22:19). Él podría haber ido a un viaje de negocios, o estaba supervisando su haciendo, pues es muy posible que a esta altura ellos tuvieron dos residencias. En cualquier caso, cuando Abraham se enteró de que ella había muerto, fue a llorar a Sara sobre el cuerpo sin vida de su compañera del alma (23:2b). Esta fue la muerte de su amiga y compañera de toda la vida. Esta es la mujer que lo acompañó en todo su peregrinaje de fe. La mujer que puso en peligro su integridad física y moral por salvaguardar a su esposo. Esta es la mujer que dejó a su parentela y tierra de comodidad porque comprendió y aceptó el llamado del Eterno al igual que su esposo. Por todo esto, y a pesar de los errores que su humanidad también cometió, Sara, por su fidelidad y fortaleza espiritual, figura en la lista de los grandes de la fe (Hebreos 11:11).

Por todo esto, Abraham amaba a Sara profundamente, y debe haberle dolido terriblemente no estar con ella cuando murió. Él es el primer hombre, registrado en la Torah, llorando que está de luto por la pérdida de su mujer.

En la expresión “… Y a llorarla…” aparece una letra en tamaño más pequeña, porque Abraham lloró poco. Abraham sabía que este mundo es temporal, y que pronto se reencontraría con Sara en el día de la resurrección de los muertos (Hechos 24:15), por tanto, no era una despedida definitiva y no cabía llorar con desgarro, sino de forma controlada.

Esta actitud concuerda bien con las palabras del apóstol Pablo:

Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Yeshúa murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Yeshúa. Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Mesías se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.”

(1 Tesalonicenses 4:13-18)

Por ello, debemos aceptar que, aunque Abraham avinu era un hombre de fe, no sintió que sus lágrimas fueran una manifestación de incredulidad. Llorar por alguien amado, es mostrar que hemos estado cerca, que sentimos mucho la pérdida, que la muerte es un enemigo, y que el pecado ha traído este castigo triste sobre la raza humana.

Durante mis años ministeriales, al asistir a un velatorio, he oído a menudo cómo gente bien intencionada pero ignorante ha dicho a familiares o amigos dolientes: «¡Ahora no llores!» Ese no es un buen consejo, porque Yahvéh nos creó con la capacidad de llorar a fin de que el alma humana se libere de toda angustia que causa una pérdida; por eso Él espera que lo hagamos cada vez que sea necesario. Aun Yeshúa lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:35). El dolerse es uno de los dones de Dios que ayudan a sanar corazones heridos cuando la muerte se ha llevado a seres amados.

Las lágrimas son un regalo del Eterno para poder vencer los efectos de la angustia. El rey y profeta David escribe:

Has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro”.

(Salmos 56:8  – NTV)

Esto revela que las lágrimas de los escogidos son muy valiosas y significativas para Yahvéh, nuestro Abba. Para quienes conocemos al Señor, nuestras lágrimas de dolor se entremezclan con gratitud. Las lágrimas son el precio que pagamos por las alegrías que compartimos. Son naturales, saludables y necesarias. El apóstol Pablo enseñando a los discípulos tesalonicenses acerca del momento de la pérdida de seres queridos, no les dice que no lloren; sino que les aconseja que no se entristezcan sumidos en depresión «como los otros que no tienen esperanza» (1 Ts. 4:13-18). Las Escrituras en sus líneas recalcan que el dolor del creyente ante las pérdidas debe ser diferente del que no conoce la Instrucción (Torah) del Eterno.

Encuentro oportuno compartirles aquí lo que dice el libro deuterocanónico (apócrifo) Eclesiástico o Sirácida con el objetivo que puedan discernir cuál era la cosmovisión hebrea a la hora del duelo por un muerto:

“Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza.

 

Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.

 

Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido.

 

¡No abandones tu corazón a la tristeza, échala y piensa en tu propio fin! No lo olvides: es sin vuelta. Tú te perjudicarías y no le harías ningún bien. Acuérdate de mi sentencia que un día podrás repetir: ¡ayer fui yo, hoy serás tú!

 

Desde el momento en que el muerto reposa, haz que también repose su recuerdo; consuélate desde el momento en que haya expirado..”

(Eclesiástico 38: 16 -23)

Abraham lloró, y nosotros también debemos entender que tenemos que pasar por el proceso de duelo sin intentar suprimirlo.

En efecto, la muerte no es natural. Es normal que cause dolor, y Yahvéh, nuestro Abba, no considera que llorar la pérdida de un ser querido sea una falta de fe en la resurrección. Como hemos visto en nuestro padre Abrahán y en Yeshúa, las expresiones externas del dolor de corazón no indican una carencia espiritual.

Dice el texto que después de hacer esto Abraham: “se levantó” y lo hizo solo. Este acto nos muestra que el duelo y las lágrimas tiene su parte en los momentos de tragedia pero que no nos podemos quedar así. Abraham no se muestra: apabullado, vencido, devastado, desanimado, confundido, arrasado o trastornado, su vida no se acabó porque su esposa hubiera muerto.

Abraham enterró a su esposa y siguió adelante. Finalmente, se volvió a casar, tuvo más hijos y vivió otros 38 años.

Por eso, también debemos entender y aceptar que cuando la tragedia nos visita no podemos quedarnos en el duelo y el lamento. Es nuestro deber levantarnos y seguir adelante por el Reino del Eterno, por aquellos que nos aman y por nosotros mismos. Piense, la otra opción es la desesperación y eso no es conveniente para el cumplimiento del propósito eterno de Dios en nosotros.

BeerSheva: Pacto ¿Con Quién?

Por P.A. David Nesher

“ Y él respondió: Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo. Por lo cual llamó aquel lugar Beer-Shava, porque allí juraron los dos. Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos.
Y plantó un tamarisco en Beer-Sheva, y allí invocó el nombre de Yahvéh, el Dios eterno. Y peregrinó Avraham en la tierra de los filisteos por muchos días.”

Habían pasado unos dos o tres años desde que Abimelec le había dado permiso a Abraham de vivir en cualquier lugar que él deseara de lo que se convertiría en territorio filisteo (20:13). Abraham estaba viviendo a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Gerar. Este pacto ocurre días después del momento en que Ishmael y Hagar fueron echados.

Sucedió en aquel tiempo que Abimelec y Ficol, capitán de su ejército, se dirigieron a Abraham diciendo: Elohim está contigo en todo lo que tú haces.
(21:22 BTX).

Yahvéh estaba bendiciendo materialmente a Abraham, y esto se había hecho evidente. Incluso los gentiles habían llegado a reconocer la presencia del Eterno en la vida de Abraham, y por lo tanto, Abimelec deseó proteger su propio futuro, tanto como el de su descendencia, mediante la formación de una alianza con Abraham. Era hora de que los dos hombres hicieran un pacto.

La Torah menciona ese lugar primero como Beer-Shava y más adelante como Beer-Sheva. La palabra hebrea beer significa «pozo«, la expresión shava viene de shevuáh, que se traduce como juramento, y de shevá que significa siete. La raíz de shava y sheva es la misma. Así que Beer-Sheva debe ser entendido como «Pozo del Juramento«, o el «Pozo de los Siete«, por lo que quedaría mejor el «Pozo del Juramento Séptuple«, y esto es porque cuando juraban, lo hacían repitiendo siete veces el pacto.

En este pacto debemos tener en cuenta que el agua no sólo es vital para el ser humano, sino también para el ganado y las cosechas. Dado que Canaán no tiene ríos que la alimenten, ellos dependían de la lluvia del cielo en invierno y de los pozos en verano.

Los pozos en las Sagradas Escrituras son símbolo de bendición espiritual afectando con sobreabundancia a la vida material. Por esto, los pozos en las Escrituras son figuras de Salvación y Gracia divina. Por ello, la esposa para Isaac será encontrada en el pozo (junto a aguas vivas); también la mujer samaritana (que representa las diez Tribus de Israel y la novia del Mesías) tiene su encuentro con Yeshúa en el pozo de Yaakov.

El Tamarisco y el Dios que conoce el Futuro.

Ahora bien, para sellar esta alianza consideraremos algo muy especial: Nuestro padre Abrahamlo hizo con un tamarisco, y aunque parece indescriptible este detalle, este acto tiene un hecho connotativo para el pacto.

El tamarisco es un árbol de larga vida. Tiene madera dura y sus ramas son espesas y se mantienen verdes todo el año. Es un árbol visualmente muy atractivo y de ramas finas. Se arraiga hasta la profundidad del suelo aprovechando las aguas subterráneas. Puede crecer en zonas áridas y dispersarse en el agua. Se utiliza para fijar suelos de arena y su hábitat original es cerca a los arroyos y el mar.

Por esto, el tamarisco simboliza la fortaleza de hacer pactos para invocar el Nombre del Eterno. Así es como a la vez se hace un símbolo de profundidad, firmeza y permanencia, tal y como el Pacto con Dios es. Esto significa que Abraham no plantó el tamarisco como señal del pacto con Abimelec, sino del pacto con Dios (Génesis 17:7-9). Es decir que con este acto, en verdad Abraham avinu, manifestó ante todos los ámbitos existenciales la intención de quedarse en esa tierra no porque los hombres lo permitían, sino porque el Eterno lo había establecido con promesas fundamentadas en Su voluntad que es buena, agradable y perfecta.

Los rabinos Rav y Shmuel discutieron sobre el significado de la palabra eshel, traducida aquí como tamarisco. El primero dijo que se trataba de un huerto de este tipo de árbol del cual se comenzaría a ofrecer los frutos a los viajeros durante su comida; y el segundo interprete dijo que, en verdad, Abraham construyó un albergue u hostería para poder recibir a los transeúntes y donde había muchos árboles frutales.

Lo cierto es que este lugar se convirtió en un centro de proclamación del nombre del Eterno. Según el Midrash, Avraham invitaba a los que pasaban para que comieran y se confortaran gratis. Después de haber comido les dijo: “Vengan y bendigamos al Rey Altísimo y Santo, Aquél que de los suyo ustedes han comido.» Les explicó que no habían comido de su comida sino de Aquél que habló y el mundo fue creado. Cuenta la historia que, de este modo, Abraham ganó muchas almas para el Reino de Yahvéh.

Lo evidente del relato es que este lugar se convirtió en un centro de adoración de referencia para todas las generaciones. En ese lugar, Abraham volvió a invocar el Nombre de Dios y esta vez, el Nombre de Yahvéh, conquistó un título más: el de “Dios eterno”. Esta expresión en hebreo El Olam. La expresión “El“ significa “Poderoso” y la palabra “olam” tiene varios significados: “larga duración”, “eternidad”, “siempre”, “futuro”, “tiempo indefinido”, “hace mucho”; “mundo”. También significa “universo”. Este nombre no sólo implica eterno en cuanto a “todos los tiempos”, sino también en cuanto a “todos los lugares y naciones”. Por eso, también se traduce como “Dios del universo”, que sería la forma más fiel a su significado.

Esto quiere decir que Abraham estaba inaugurando un centro de proclamación del Reino que revelaba a los hombres que Yahvéh tiene la calidad de ser el Amo del tiempo, por lo que toda circunstancia está bajo su control que persigue que todo evento sea de beneficio a su propósito eterno escondido en cada alma humana: alcanzar semejanza son Su divinidad.

Lo cierto est que con esto, Abraham avinu mostraba que, aunque él hizo un pacto con un rey terrenal, era Yahvéh quien en verdad había hecho un pacto de sangre eterno con él, y a su descendencia daría toda la tierra prometida para siempre. Isaac probablemente nació allí y creció hasta ser un hombre joven. Y justo cuando la vida de Abraham llegaba a la rutina, tomó un giro sorprendente.

Aun en este tiempo de conflicto en su familia y entre sus vecinos Abraham mantuvo un caminar vivo y profundo con el Eterno. Puede que todo conflicto en la vida tiende a alejarnos de Yahvéh, pero debemos permitir que el Eterno los use para acercarnos más a Él.

Abraham era como el árbol tamarisco, plantado en tierras difíciles y desérticas, pero Yahvéh bendijo a Abraham en tierra de nada, donde faltaba el agua. Allí abría pozos y hallaba agua para sí mismo, sus seres queridos y su ganado. Allí sus esperanzas no se apagaron por la contrariedad de la sequedad.

¿Te habla de algo el estudio de hoy? Árboles, pozos de agua, tierra seca. Nuestro caminar a veces no tiene mucho sentido, miramos el horizonte y vemos sequedales, pero allí nuestro Abba espera que «plantemos árboles», que, en los momentos más inhóspitos de la vida, plantemos vida y esperanza, no sólo para nosotros, sino para los que seguirán después de nosotros. Planta tu tamarisco e invoca a Yahvéh porque Él no te abandonará en tu » Beersheba«, allí estará para dar crecimiento a tu vida como árbol junto a corrientes de aguas.

Aprendiendo a encontrar la Repuesta a tus Problemas.

«Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.”
(Génesis 21:19)

Abraham se había separado de Hagar y la había enviado con provisión para el viaje junto con su hijo Ishmael, ya adolescente de diecisiete años. Quizá parezca despiadado que Abraham, nuestro padre, hiciera tal cosa, pero era exactamente lo que Yahvéh quería, y exactamente lo que tenía que suceder. Las Sagradas Escrituras revelan que carne y sangre no forman el vínculo más fuerte que Dios quiere que respetemos. Hay circunstancias de la vida en las que no podemos hacer más que poner nuestra familia a un lado por la Gloria del Nombre de Dios, y el cumplimiento de Su propósito eterno en nosotros. De la misma manera, Yahvéh quiere que seamos despiadados con la carne:

«…pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.»
(Gálatas 5:24)

En medio de su travesía en el desierto tuvieron problemas por no encontrar agua. Ishmael estaba a punto de morir porque no se encontraba bien. Hagar, de manera egocéntrica, se alejó de él porque no quería verlo morir. Los dos lloraron, pero el Eterno sólo escuchó la voz del muchacho y envió un mensaje a Hagar por medio de un ángel. El ángel no le dijo dónde había agua, sino que tenía que ayudar a su hijo porque él iba a ser una gran nación. En ese momento el Todopoderoso abrió los ojos de Hagar para que viera un pozo de agua y así pudieron sobrevivir la crisis mortal.

Yahvéh, condujo a Hagar e Ishmael, al punto en que ya no podían seguir en su propia fuerza. Ellos, al igual que Abraham, tendrían que aprender a confiar en Él como la Fuente de su vida.

Cuando Yahvéh oyó al joven sollozar, el Ángel de Elohim llamó a Hagar desde el cielo y le dijo:

«¿Qué te pasa, Agar? No temas, pues Dios ha escuchado los sollozos del niño.»
(21:17)

Esta es la segunda vez que el Mesías pre-encarnado había rescatado a Agar. Antes, cuando ella corrió hacia el desierto a causa de su maltrato a manos de Sara, Agar fue encontrada por el Ángel del Señor cerca de un manantial en el desierto (16:7a). Allí, Él fue llamado el Ángel del Señor, el redentor, porque ella todavía estaba bajo el techo y la protección de Abraham. Aquí, Él es llamado el Ángel de Elohim (Dios), porque Hagar era entonces una extranjera para el pacto de la promesa (Efesios 2:12). Pero Él es Dios de toda la humanidad, y le habló amablemente, diciéndole:

«Levántate y tómalo de la mano, que yo haré de él una gran nación. En ese momento Dios le abrió a Agar los ojos, y ella vio un pozo de agua. En seguida fue a llenar el odre y le dio de beber al niño.» (21:18-19)

Muchas enseñanzas fluyen para nuestras vidas desde esta narración de la Torah. Primero, Abraham despidió a Hagar y a su hijo Ishmael a pesar de que le pesaba en su alma. Lo hizo porque el Eterno lo había ordenado. No hay duda pues, que se debe obedecer al Eterno a pesar de que sea doloroso. El camino de la obediencia no es el camino más fácil. La mayoría de las veces nos cuesta y en muchas ocasiones hay que suprimir las emociones personales. Si el Eterno lo ha ordenado, es lo mejor, y simplemente hay que obedecer.

En segundo lugar, aprendemos que Hagar no se ocupó de implantar las promesas del Eterno en el corazón de Ishmael. Ella sabía lo que el Eterno había dicho sobre el futuro de su hijo (17:20), pero cuando vino la crisis no le importó la promesa. En lugar de confiar en lo que el Eterno había prometido, actuó y hablaba en dirección contraria pensando que su hijo iba a morir. Por ende, lo abandonó a que falleciera, pensando de una manera individualista y hedonista. Esa fue la razón principal por las que el Eterno no escuchó su llanto, sino sólo el del joven.

Ahora bien, también será muy importante considerar el hecho de que cuando el ángel le habló a Hagar no le dio la solución del problema. Al contario, él trató con algo más importante: revelar la razón por la que ella no había podido conseguir respuesta del Cielo. La manera de educar y tratar a su hijo impedía la intervención del Eterno en su vida. Su incredulidad y rechazo de la promesa divina obstaculizaba la mano del Eterno en la crisis.

Entonces, cuando ella aceptó lo que le dijo el ángel, de atender solidariamente a su hijo y enfocarse en la promesa divina para su futuro, entonces ella misma habilitó las condiciones para recibir respuesta a su circunstancia, más que solución a su problema. Fue en ese momento, cuando el Eterno abrió sus ojos para que viera que justamente en el lugar donde estaban, había un pozo.

¿Dónde se encontraba la respuesta que solucionó el problema?

En este texto aprendemos que:

✍ En el Eterno siempre están las soluciones para cualquier problema.
✍ Si no tratamos bien a los que nos rodean, el Eterno no puede enviar la ayuda.
✍ Si no creemos y obedecemos lo que nos ha dicho, Él no puede ayudarnos.
✍ Cuando nos arrepentimos de nuestra falta de amor al prójimo y hacemos caso a las palabras divinas, estaremos en condiciones para poder encontrar la solución del problema.
✍ La ayuda divina no está muy lejos. Siempre se encuentra muy cerca del lugar donde estamos, sólo necesitamos sentidos extrasensoriales abiertos para poder percibir lo que está a nuestro alcance.

Clama al cielo cuando estás en una crisis. Analiza primeramente que no hayas maltratado a tu prójimo. Actúa y suple las necesidades de los que están a tu cuidado y el Eterno estará contigo.

Confía en lo que el Eterno te haya dicho y obedece lo que te dice ahora.

Abre tus ojos y mira a tu alrededor. La ayuda está a tu alcance.

Que el Eterno nos haga sensibles para poder percibir los impulsos suyos y actuar según ellos y no según nuestros propios corazones.

La Expulsión de Ismael… ¿Justicia o Injusticia?

Por P.A. David Nesher

“Por eso dijo a Abraham:
—Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Itzjak.”

(Bereshit/Génesia 21:10)

Hemos aprendido, a través de nuestros viajes de investigación por la Torah, que sus leyes no permiten que los padres, ni siquiera las autoridades legales, expulsen a un hijo o hija de la casa por ningún motivo. Según la Torah, nadie puede ser despojado de su condición legal en el hogar al que pertenece. Entonces, un tema muy difícil de entender y de explicar es el que nos propone el pasaje que estamos aquí considerando.

Cabe decir también que esta no era una práctica entre otros pueblos del antiguo Cercano Oriente. Varios antiguos códices y documentos legales, algunos incluso anteriores a la época de Abraham, atestiguan que expulsar a la descendencia de la casa de los padres, es decir, despojar a un niño de su estatus legal en la casa de su padre, era un procedimiento legal legítimo solamente en casos de faltas cometidas contra los padres, es decir, no sujetarse a las normas éticas que estos establecieran en su hogar. Es el caso de lo que la Torah denomina hijo contumaz (Deuteronomio 21:18-21).

Teniendo en cuenta este contexto, el pasaje que estamos considerando nos trae un tema muy difícil de entender y de explicar: el maltrato recibido por Ishmael en la casa de su padre Abraham. Este texto nos presenta una anomalía llena de interrogantes ya que encontramos que Sara exige que Abraham arroje a Hagar e Ishmael del ámbito de su hogar.

Aunque Sara se refiere a Ishmael como “el hijo de esta sierva “, no puede haber duda de que Ishmael era considerado por todos, y aún por ella, un hijo legal de Abraham, como se evidencia en los siguientes versos:

Entonces Abraham tomó a su hijo Ishmael
(17:23);

Su hijo Ishmael tenía trece años cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio, y así Abraham y su hijo Ishmael fueron circuncidados en aquel mismo día
(17: 25-26)

Así mismo, si analizamos las propias palabras de Sara: “Echad a aquella esclava y a su hijo, porque el hijo de esa sierva no participará en la herencia con mi hijo Itzjak” (21:10), llegamos a la conclusión de que, en su cosmovisión, Ishmael tenía derechos a la herencia de Abraham en virtud de ser su hijo. Nuestro padre Abraham accedió a la demanda de Sara después de que le ordenó que lo hiciera y vemos que el Eterno le prometió que el futuro de Ishmael estaba salvaguardado:

«Entonces Dios dijo a Abraham:
—No te parezca mal lo referente al muchacho ni lo referente a tu sierva. En todo lo que te diga Sara, hazle caso, porque a través de Isaac será contada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque es un descendiente tuyo.»

 (versículos 12-13)

Primeramente, nos enfocaremos en las palabras del Eterno que le solicita a Abraham avinu que haga caso a Sara. En el hebreo no está escrito que Abraham solamente tiene que escuchar a Sara, sino “la voz” de Sara. Aquí es usada la palabra kol que significa voz, expresión que se usa para describir una voz profética. Por esto, la expresión hebrea de lo que Abba nuestro dice, literalmente es: “presta atención a la voz profética de Sara”, dándole así a entender a Abraham que la voz de su esposa era en este consejo palabras de Providencia divina. Es decir, que esta palabra no fue inspirada por el yetser hará (inclinación al mal) de Sara, sino por el Espíritu profético que vino sobre ella para prevenir el futuro de destino mesiánico escondido en Itzjak.

Desde esta consideración de lo dicho por el Eterno, la expulsión de Ishmael plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las razones por las cuales Sara exigió que Ishmael fuera despojado de su condición de hijo y heredero de Abraham? La respuesta a esta cuestión se encuentra en el siguiente relato:

“Sara vio al hijo de Agar la egipcia, que esta le había dado a luz a Abraham, que se burlaba (metzajek) de su hijo Isaac,…”

(Génesis 21:9)

La palabra metzajek puede ser traducida como “jugando” o “divirtiéndose”. Explica Rashi (intérprete póstumo de la Torah) que en este contexto “diversión” puede ser interpretado como alguien entregado a la idolatría, a la lujuria, y al crimen.

Entre las diversas opiniones para encontrar la explicación de esta expulsión, algunos comentaristas dicen que Sara estaba disgustada con la idea que Ishmael, el hijo de su esclava estaba jugando con Itzjak o incluso acercándose a él. Algunos comprenden que Sara, viendo a los hermanos en juego, veía esta situación como un peligro para el estatus de Itzjak como heredero de Abraham.

La palabra metzajek está relacionada con tzejok y por lo tanto se refiere sólo y exclusivamente a la herencia. De la respuesta de la matriarca Sara a Abraham, que este hijo de una esclava no heredará con su hijo, aprendemos que él [Ishmael] no heredará con su hijo Itzjak”.

Esta idea se puede ver en el comentario de Rashbam: “Él había crecido mucho, y ella no quería tenerlo por más, no sea que quiera tomar posesión de la herencia de su padre con Itzjak”. A medida que Ishmael crecía, se convertiría en un rival más difícil para Itzjak y, en última instancia, podría compartir la herencia con Itzjak. Sara decidió que Ishmael tenía que ser despojado inmediatamente del estatus de hijo y heredero.

Otra opinión sostiene que metzajek significa despreciar, burlarse (en nuestras expresiones “hacer bullying”). En otras palabras, Sara vio que Ishmael se burlaba de Itzjak, incluyendo en sus palabras de desprecio los nombres de Abraham o de Sara. Esto ocurrió el día que Itzjak fue destetado, y ella lo vio burlándose de Itzjak o de la gran fiesta que se estaba realizando en honor a esta nueva etapa en la vida de Itzjak. Por ello es que la Escritura dice, “el hijo que Hagar la egipcia había dado a Abraham” e “Ishmael burlándose”.

Otras autoridades de la exégesis de la Instrucción (Torah) como Rabí Akiva, sostienen que metzajek se refiere a relaciones sexuales ilícitas (lujuria) como en la descripción del momento romántico entre Itzjak y Ribka:

 “Y sucedió que después de haber estado allí largo tiempo, Avimelej, rey de los filisteos, miró por una ventana, y he aquí, vio a Isaac acariciando (tsajak) a Rivká su mujer.”

(Génesis 26:8)

Y también lo vemos en el caso de la esposa de Potifar acusando a José:

“… llamó a los sirvientes de su casa y les dijo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que se burle (tsajak) de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz… y entonces le contó esa misma historia. Le dijo: El hebreo Esclavo que tú trajiste a nuestra casa vino a mí a flirtear (letzajek bi) conmigo.”

(Génesis 39: 14, 17)

Es decir, que el significado llano demetzajek significa hacer algo prohibido en el ámbito de la conducta sexual. En el hebreo bíblico, el verbo tz-j-k significa tanto reír, bromear, jugar y divertirse, como disfrutar de sí mismo sexualmente. Por extensión, significa ser seductor, atraer a una persona a acciones sexuales que van en contra de la norma aceptada.

Esto estaría indicando que nuestra matriarca Sara vio a Ishmael haciendo algo sexual que aparentemente no era consistente con un comportamiento moral aceptable en la casa de Abraham. La expresión da a entender que observó que Ishmael estaba comportándose de manera vergonzosa, acosando a mujeres casadas del campamento de discípulos y abusando de ellas (aprovechando su condición de heredero de Abraham). En este sentido el uso de la palabra tzejok no se refiere a otra cosa que idolatría, como se dice, “Al día siguiente por la mañana se levantaron y ofrecieron holocaustos y sacrificios de reconciliación. Después el pueblo se sentó a comer y beber, y luego se levantaron a divertirse (Letzajek).” (Shemot7Éxodo 32: 6). Lo que también insinuaría este texto es que Sara observó algunas actitudes malintencionadas de Ishmael al niño Itzjak (¿posible intento de abuso incestuoso?).

Por todo esto, Sara discernió que Ishmael, en lugar de desarrollar amor entre hermanos, estaba despreciando al pequeño, por lo cual comenzó a perseguirlo, tal como el apóstol Pablo lo explica:

“Pero, así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora.”

(Gálatas 4:29)

Esta persecución podía tener un sesgo de mala intención lujuriosa. Por lo tanto, es muy posible que la burla que hizo Ishmael de Itzjak era una mezcla de violencia, sexo e idolatría, los tres pecados cardinales. Sará lo vio y le sentó muy mal. Esa influencia no era buena para su hijo. Además, Itzjak corría el peligro de morir por un “accidente”.

Esta fue la razón de su exigencia inequívoca de que Abraham expulsara a la esclava y a su hijo. La Torah, de hecho, no dice que Sara le dijo a Abraham que había visto a Ishmael haciendo esto, pero podemos razonablemente asumir que ella le dijo a Abraham acerca de esto, porque ella debió haberle dado justificación para exigirle que tomara tan cruel acción contra Ishmael.

Aquí debemos recordar que el Eterno le dio a Abraham el mandamiento de la circuncisión. Este acto quirúrgico, practicado en el miembro viril de los varones descendientes de Abraham, así como toda su casa, esclavos nacidos en el hogar y los comprados de forasteros, tenía la intención de servir como una marca del pacto entre Yahvéh y los hijos de Abraham y los que se unían a ellos. La circuncisión tenía la intención de distinguir de la manera más clara posible entre la descendencia de Abraham y los miembros de otras culturas. La distinción, simbolizada por la eliminación de la carne del prepucio, significaba observar costumbres sexuales diferentes.

El hijo de Abraham Ishmael fue circuncidado a la edad de trece años (Gén. 17:25). Como hijo de Abraham, su conducta sexual tenía que ser completamente diferente de la de los cananeos, sin embargo, Sara lo vio metzajek. Si esta palabra se toma como un eufemismo por un comportamiento sexual inaceptable, podríamos decir que Sara lo vio cometiendo una ofensa muy seria. Ishmael no había cumplido con las reglas de comportamiento que se esperaban de la descendencia de Abraham. A lo mejor Sara le dijo a Abraham lo que había visto e inmediatamente le exigió desterrar a la esclava y su hijo. En la cosmovisión profética de Sara, Ishmael, por su conducta sexual ilícita, había decidido dejar de ser el hijo de Abraham, y ser únicamente sólo “el hijo de esa esclava”.

Sara dijo que Agar e Ishmael debían ser echados. Este mismo verbo, garásh (echar, expulsar, enviar a otra dimensión), se utilizó para describir el momento en que Adam fue expulsado del Gan Edén (3:24), y cuando Caín fue expulsado de la presencia de Yahvéh(4:14). Por lo tanto, lo que había ocurrido en esta familia era algo muy serio que no permitía la benevolencia y el perdón.

Abraham era un hombre amable y generoso; sin embargo, este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de (Ismael) su propio hijo (21:11).  Abraham se enfrentó a una doble tragedia. Su hijo primogénito había cometido un terrible pecado, y además su esposa había pedido que le diera a Ishmael el castigo más severo que se conoce entre los pueblos del antiguo Cercano Oriente: despojar a un hijo de su condición filial y de su herencia. Mientras pasaba por esta terrible situación.  Fue entonces cuando Yahvéh se le apareció a Abraham y lo consoló instruyéndolo en lo que debía hacer.

Yahvéh dijo:
“…no te angusties por el muchacho ni por la esclava.
Dijo además:
Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.

(Génesis 21:12)

En todas las épocas el mensaje de nuestro Abba a su pueblo ha sido:

“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.”
(Juan 14:1 – BTX)

Sin lugar a duda, la presencia de Ishmael en la casa habría hecho extremadamente difícil que se cumplan los propósitos de Yahvéh para Isaac. No había ninguna duda al respecto, Ishmael tenía que irse. Ser discípulo implica siempre soportar el rigor de la disciplina, ya que esta es siempre necesaria para la bendición espiritual. Yahvéh estaba tomando los hilos enredados de la vida de Abraham, tejiéndolos en Su propio patrón divino, y guiando todo para bien del propósito eterno: el Mesías entre los hombres.

¡Maravillosa dicha tenemos al confiar en “la profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios” (Romanos 11:33)!

«¡Esposa Mía!… ¡Dí que eres mi Hermana!» (Historia de Abimelec y Abraham)

El vecindario había recibido un fuerte juicio divino, eso causaba disgusto en la mente de Abraham avinu. Ahora, quizá, ya no quería vivir en las montañas viendo la región destruida, y estar recordando a las personas y el juicio hecho sobre ellos. El Midrash cuenta que los rumores del incesto de Lot también le afectaban por ser su pariente y ya no quería estar cerca de allí. A eso se sumaba la necesidad de buscar mejores pastos para el rebaño. Lo cierto es que nuestro padre se vio obligado a salir del distrito de Mamré, y viajar en dirección sudeste hasta la región del desierto de Negev.  Allí se estableció entre Cades y Sur.

Durante un tiempo se quedó en Gerar, la ciudad capital de la tierra dominada por los filisteos, cerca de la frontera con Egipto. Esta era una ciudad próspera, según lo revelado por las excavaciones arqueológicas allí. Evidentemente Abraham estableció aquí algún tipo de negocio nuevo, ya que la ciudad controlaba una ruta lucrativa. Todo tipo de caravanas pasaban por esta ciudad y Abraham, que ya era un rico y poderoso líder que gozaba con gran fama en aquellas regiones.

En aquel tiempo, Abimelec, rey de Gerar, gobernó la tierra de los filisteos, que eran los descendientes de Cam (10:14). La palabra Abimelec (que significa «mi dios es rey») no es un nombre propio, puede haber sido un cognomento o título de reyes filisteos de Gerar, al igual que el término faraón no fue un nombre propio, solo el título (o cognomento) del rey de Egipto.

Cuando Abraham entró en la tierra, sabía poco sobre las personas que vivían allí, pero no pasó mucho tiempo hasta darse cuenta de que eran un montón de impíos. Los viejos temores que había experimentado en Egipto volvieron repentinamente.

Por eso, una vez más, acordaron que Sara pasaría por su hermana, en lugar de su esposa, por una razón diferente a la de antes. Esta vez, la preocupación de Abraham no radicaba en el hecho que Sara parecía una hermosa joven a los noventa años. Podemos suponer que aún a esa edad conservaba una belleza especial. Ella, hasta cierto punto había sido milagrosamente rejuvenecida físicamente, para concebir, dar a luz, y dar de pecho a Isaac, y es posible que esto también se haya manifestado en una renovación de su hermosura. Pero lo que es más importante esta vez es que estaba conectada a uno de los hombres más ricos y con más influencia de aquella región.

Para un reyezuelo como Abimelec, la amistad comercial con un jeque poderoso de la categoría de Abraham no era cosa despreciable, y para fortalecer esta relación económica podía bien servir el matrimonio con su hermana. En la perspectiva de Abimelec esto tenía un valor político incalculable, ya que Abraham era poderoso y rico. El rey ya tenía un harén y, como era costumbre en aquellos tiempos, los reyes tenían derecho a tomar a cualquier mujer que eligiesen para sus harenes, ya fuera por motivo sexual o político. Por esto, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa.

Esta es la misma mentira que Abraham usó en Egipto (Génesis 12:10-13). Esto nos muestra que es bastante fácil deslizarse y regresar a hábitos pecaminosos. Abraham tropieza en la misma piedra de antes, aunque ahora encontrara otro motivo para justificar la repetición del error. Una vez más, en vez de confiar que Yahvéh mantendría su familia juntos, el hizo su propio plan para hacerlo. Otra vez, su estrategia fallaría completamente.

Esto nos enseña que la edad no nos hace perfectos automáticamente. A menos, de que estemos sometidos al Espíritu de Yahvéh, se repetirán los mismos patrones de pecado en nuestra vejez que tuvimos en nuestra juventud.

Cientos de veces en las Sagradas Escrituras se nos dice que no permitamos que miedo paralizador nos domine. Pero, ¿cómo podemos evitarlo? Si alguien a quien amamos está en peligro, si horribles posibilidades de inseguridad constantemente se presentan, ¿qué vamos a hacer? El rey David nos da la respuesta: “…el día en que temo, yo confío en ti.” (Salmo 56:3). Él mensaje, en un solo versículo, revela dos poderes humanos en conflicto: emoción y voluntad. David es un adorador que es consciente de la realidad. No niega el sentimiento, pero él no permite que este rija y manipule su vida. No deja que el sentimiento negativo del miedo paralizador drene la energía que Yahvéh da a su obra. Él describe la lucha cotidiana de todo creyente: siente una cosa y hace otra. Pero el rey David conoce y se aplica el antídoto. Sabe que la mejor manera de hacerlo es simplemente ofrecerle al Eterno cada temor cuando viene, y orar por la gracia de seguir haciendo pacíficamente la obra que Él nos ha dado a realizar dentro de su propósito.

Repitiendo este pecado, Abraham puso en peligro el nacimiento de Isaac. Pero Yahvéh no fue sorprendido con la guardia baja, Él nunca es sorprendido. Independientemente del pecado de Abraham, el Eterno no permitiría que Su pacto de sangre con Abraham se rompiera. Debido a que el Pacto de sangre es incondicional, y aunque era Abraham quien pecó, aun así, Yahvéh todavía intervino en su favor.

Vimos como Yahvéh había hecho saber a Faraón quién era Sarai realmente enviando plagas. En este relato, Yahvéh se revela directamente a un rey pagano en un sueño. Esta es la primera de cuatro veces en que un desconocido recibe la revelación de Dios en un sueño (31:24, 40:5 y 41:1). Antes que Abimelec tocara a Sara, “…aquella noche Dios se le apareció a Abimélec en sueños y le dijo: Puedes darte por muerto a causa de la mujer que has tomado, porque ella es casada. Además, YHVH había hecho que todas las mujeres en la casa de Abimélec quedaran estériles” (20:18). Aquí es visto otra vez el aspecto de las maldiciones del Pacto de Abraham (12:3).

Puede ser que esto parezca drástico, pero había mucho en riesgo si todo esto continuaba hacia adelante.

Supongamos que Abimelec hubiera tomado a Sara y el Eterno no hubiera intervenido. Las simientes de dos diferentes personas hubieran estado a la puerta del vientre de Sara, y hasta el día de hoy habría una sombra de duda acerca del linaje de nuestro Señor de nuestro Señor. A pesar de la falla de Abraham de realmente confiar en Yahvéh en esta situación, Dios no lo iba a abandonar. Él no dejaría que Abimelec tocara a Sara. De aquel vientre saldría el hijo de la promesa, de quien eventualmente vendría el Mesías de Yahvéh. El Eterno no dejaría esto en las manos del hombre.

Abimélec se defiende diciendo que, como Abraham me dijo que ella era su hermana, y ella lo había confirmado, él hizo todo de buena fe y sin mala intención (20:5). Él se defiende diciendo que tanto su actitud interna como sus acciones exteriores han sido irreprochables. El rey dijo haber actuado con la conciencia tranquila. En otras palabras, no había ninguna intención de pecar contra Abraham o Yahvéh, y tenía las manos limpias. Él no la había tocado y por lo tanto no había cometido ningún pecado sexual. Entonces el Eterno respondió.

Un día o dos más tarde, Elohim le dijo en un segundo sueño: “Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases”. (20:6). Si el hijo de la promesa naciera, tendría que ocurrir por la gracia de Yahvéh. En última instancia, todo pecado es contra Dios. El rey David tomó a Betsabé y la dejó embarazada, mató a su marido y otros soldados, y deshonró a la nación y al puesto del rey. Pero cuando se arrepintió ante Dios, dijo: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51: 4a). ¿El pecó contra Betsabé, Urías, los soldados y la nación? Por supuesto que sí. Pero él se siente abrumado por el hecho de que su verdadero pecado fue en última instancia contra Dios.

Entonces Dios instruyó a Abimelec: “Pero ahora devuelve esa mujer a su esposo, porque él es profeta y va a interceder por ti para que vivas. Si no lo haces, ten por seguro que morirás junto con todos los tuyos” (20:7). Este es la primera vez que se usa la palabra profeta (navî) en el Tanak. La expresión navî señala a un tipo de varón que tiene relaciones privilegiadas con el Eterno, y que hacen de él una persona inviolable. En este sentido el salmista escribirá así refiriéndose a este momento en la vida de Abraham:

 

“El no permitió que nadie los oprimiera,

y por amor a ellos reprendió a reyes, diciendo:

No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.”

(Salmo 105:15)

 

En este pasaje del texto vemos que una de las tareas más importantes de un profeta es la intercesión por los necesitados (cf. Job 42:10; Deut. 34: 10; Nm. 11: 2; 21:7).

Abraham fue un profeta, porque recibió la revelación de Yahvéh. A pesar del propio pecado de Abraham, su posición delante de Yahvéh sigue siendo la misma. Avraham tenía que orar por un pueblo y un rey que había secuestrado a su esposa.

En la madrugada del día siguiente, Abimelec se levantó y llamó a todos sus servidores para contarles en detalle lo que había ocurrido, y un gran temor se apoderó de ellos (20:8). Vemos que Abimelec tomó al Eterno muy en serio expresando una actitud de arrepentimiento que lo condujo a confesar la reprensión de Yahvéh ante su clan. El rey da razones de todas las palabras (divinas) a su pueblo. Él sabe, y así lo reconoce públicamente, que como líder sus acciones traerían repercusión para bien o para mal. Él sabe, como buen líder, que todo pecado tiene responsabilidades sociales. Notamos aquí cómo la preocupación de Abraham que no había temor de Dios en Gerar ahora había desaparecido, porque se produjo gran temor cuando el rey les informó de su sueño.

Entonces Abimelec llamó a Abraham para reunirse con él y enfrentarlo con su grave pecado. Abimelec se defiende. Abraham es responsable y Abimelec se lo echa en cara y, algo más, le pide una explicación, un desagravio. Ante la ofensa, el ser humano no debe quedarse siempre callado. Sería cooperar con el agresor.

Abimelec regresa a Sara. No despide a Abraham, como lo había hecho el faraón de Egipto (12: 19-20), sino que lo invita a quedarse. Lo invita a cohabitar con ellos. Para él esto es posible. Además, le dice a Sara: “Fíjate, doy a tu hermano mil siclos de plata” (20: 16). Esto era una suma enorme si consideramos que la dote de matrimonio era de cincuenta siclos (Dt. 22:29). Abraham notaría ciertamente ese “hermano” dicho irónicamente por Abimelec. El rey se preocupa de que la honra de Sara no quede comprometida. La palabra antigua del hebreo para vindicada es “yakaj”, y conlleva la idea de “poner bien” así que, es posible que Sara fue “puesta bien”, es decir, que los ojos de los conocidos de Sara estarían ciegos a lo que pasó y por lo tanto no la criticarían.

La primera consecuencia es el dar cuenta, el comunicar, el decir las cosas que interesan al pueblo, tal cual son. El individualismo, una enfermedad de nuestro siglo, se ha apoderado de nuestra mente y actividad. Hemos privatizado también al pecado. Todo pecado tiene una carga social. No vivimos solos en el mundo. No hay un Dios particular.

Entonces, Abraham finalmente obra como profeta intercediendo por Abimelec (20: 17). Abraham fue el que mintió; sin embargo, tomó su oración para eliminar la maldición. El aspecto de la bendición y la maldición de la sangre del Pacto que el Eterno tuvo con Abraham, seguía en vigor a pesar de su desobediencia. Esa es la naturaleza de un pacto incondicional.

A pesar de que él era culpable, la oración de Abraham fue eficaz, y Yahvéh sanó a Abimélec permitiendo que su esposa y sus siervas volvieran a tener hijos (20:17). Evidentemente una plaga había caído sobre la casa de Abimelec, que consistía en una enfermedad que provocó la esterilidad. “Porque YHVH había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec por el asunto de Sara, mujer de Abraham” (20:18 BTX). Una vez más se cumplió la promesa que el Eterno había dado cuando lo llamó: «Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan» (12:3).

Cuando Abimélec, rey de Gerar, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa y la recibió en su harén, su acción podría haber dado lugar a que Isaac no hubiera nacido. Evidentemente, Satanás estaba haciendo todo lo que podía para evitar que la Simiente de la mujer se manifestara en la Tierra y fuera a la cruz para pisarle la cabez (3:15). Si Isaac no nacía, Jacob no nacería. Si Jacob no nacía, Judá no tendría existencia. Y si no hubiera nacido Judá, el Mesías no habría nacido. Sin embargo, Yahvéh está en control de todo, por lo que el principio de maldición por maldición visitó a Abimelec y a su casa para llamar su atención, y conocer así al propósito eterno de Dios. El castigo mostró con claridad que Abraham estaba en alianza con Yahvéh, el Dios todopoderoso (El Elyon). Este incidente produjo que Abimelec, respectara y temiera al Dios de Abraham.

El resultado final de esta experiencia desagradable fue que Abraham aceptó que “a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien, a los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28 BTX). Nunca más volvería a cuestionar a Yahvéh.

Bitácora Relacionada:

Temor de Dios: El Arma Perfecta que Frena el Pecado

El espíritu de Sodoma peregrinando hasta Roma

Por P.A. David Nesher

«Y llamaron a Lot, y le dijeron:
¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo:
Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
«

(Bereshit/Génesis 19:5)

El mismo Yahvéh, en su visita a Abraham avinu, decidió contarle al patriarca, el otro propósito de su venida: el final inminente de las ciudades de la llanura, y esto por dos razones; porque Abraham era el heredero de la promesa, y porque «mandaría a sus hijos y a su casa después de sí, y guardarán el camino de Yahvéh, para hacer justicia, y juicio«. Justamente por estas últimas palabras, se discierne que el final de Sodoma y sus ciudades aliadas (Gomorra, Admá, Soar y Zeboim — cf. Oseas 11: 8). fue comunicado al patriarca para que sirviera de advertencia a los hijos de Israel. Por lo tanto, no se debe considerar como un juicio aislado; sino que la escena de desolación que ocuparía para siempre los lugares de las ciudades de la llanura, también para siempre mostraría a Israel las consecuencias del pecado, y serviría para ellos como una figura del juicio futuro.

Recordemos que Moshé no está escribiendo el Bereshit como un simple historiador sagrado, sino más bien como un profeta. Por lo tanto, su principal propósito al narrarnos los hechos históricos es ponernos ante los ojos los atributos divinos. El vicio de Sodoma, pecado contra la naturaleza, es denunciado como una práctica que era comúnmente aceptada tanto en esta Pentápolis (cinco ciudades) como lo era en otros pueblos orientales. Documentación histórica demuestran que este espíritu de profanación de la sexualidad estaba extendida de varias maneras por Fenicia, Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot (o Astarté) será la divinidad femenina que programará desde sus ritos esta cultura en la mente de los habitantes de estas regiones. Desde estos puntos geográficos se propagó a los griegos, y desde la influencia cultural de estos terminará estableciéndose en Roma. Cabe aquí señalar que en las religiones de estos pueblos, la sodomía, tanto como la fornicación, formaba parte del culto.

Las Sagradas Escrituras muchas veces nos hablan de «los perros«, traducida de la expresión hebrea «keleb» (Deut. 23:17-18; Apoc. 22:15), refiriéndose despectivamente a los varones que se dedicaban a la prostitución. Esta perversión llegaba en dichos pueblos a tal extremo que se señalaba a sus adeptos como kadeshim (los sagrados), lo cual alude netamente a sodomía consagrada al propósito espiritual porque se consideraban a este estilo de sexualidad como los más sagrado que conseguía experimentar la virilidad humana, y por ello, siempre estaban vinculados a algún santuario idolátrico, y no necesariamente cobraban por su servicio.

Estos testimonios culturales nos muestran que Israel nunca estuvo exento de este vicio, y a condenarlo se dirige el relato del Juicio a Sodoma y Gomorra, y el resto de las ciudades de la Pentápolis.

Leyendo los libros históricos de la TaNaK (en el cristianismo: Antiguo Testamento) notamos que en muchas ocasiones, los israelitas se contaminaron con tales prácticas (1 Ry 14:24; 15.12; Job 36:14) llegando a su existencia en ciertas épocas idolátricas del pueblo israelita. Pero, a pesar de tanto alejamiento de Yahvéh en los días de los reyes de la TaNaK, hubo unos cuantos de estos soberanos que pusieron manos a la obra y limpiaron al país de semejante degeneración.  Por ejemplo leemos acerca del rey Asa:

“Asa hizo lo recto ante los ojos de Yahvéh, como David su padre.  Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho”
(1 Reyes 15:11, 12)

No sabemos qué hizo él con los sodomitas, pero nos basta la expresión “quitó del país a los sodomitas”.

Así mismo hay otra expresión bíblica sobre la política regia de Josafat en referencia al sodomismo que dice:

Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa
(1 R. 22:46)

El rey Josías que fue un monarca recto que hizo la voluntad de YHVH y expulsó toda esta casta de sodomitas que tenían lugares de preeminencia en el mismísimo templo dedicado a YHVH, el Dios de Israel:

“Además, derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Yahvéh, en las cuales las mujeres tejían pabellones para Asera.”
(2 Reyes 23:7)

Los Escritos Mesiánicos (mal llamados por el cristianismo Nuevo Testamento) describen este principado sexual dominando con su pecado la mente de todos los súbditos del Imperio que gobernaba desde Roma. El apóstol Pablo enseñará en su epístola a los romanos (Ro. 1: 18-32), que esta praxis es una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad que, practicando la idolatría, se pondrá contra el señorío del Eterno y Su Instrucción (Torah):

“Por esa razón, Dios ha dejado que esa gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres.Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer.”
(Romanos 1:26-28)

Es muy interesante considerar el hecho de que algunos de los practicantes de las religiones paganas que tenían estas prácticas en su vida, al convertirse al Evangelio del Reino que proclamaban los apóstoles habían abandonado dichos vicios profanos:

No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los afeminados, a los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios.Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesús el Cristo, y del Espíritu de nuestro Dios.”
(1Corintios 6: 9-11)

Vemos en este pasaje la enumeración de los pecados comunes (vistos como normales) en la cosmovisión greco-romana de los días paulinos, que predominaban en los santuarios y templos de centros comerciales como Corintios y ciudades populosas semejantes. Es muy importante tener en cuenta que la mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio  dos palabras para referirse a la homosexualidad: “los afeminados” y “los que se echan con varones”) están relacionadas con las prácticas idolátricas de los rituales paganos, lo cual naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los discípulos corintios (Romanos 8: 13; Gálatas 5: 19-20; 1Timoteo 1: 9-10; Tito 1: 12).

La palabra griega malakós (μαλακός), traducida por “afeminado”, es un adjetivo que literalmente significa “suave” o “flexible”, pero en este texto, es usado como sustantivo y su significado es polémico. Sucede que este término griego también era usado para referirse a aspectos morales, donde “flexible” significaría «inestable moralmente«, así como disoluto, cobarde, perezoso, débil, inestable, fácil de influenciar al mal… Quizás por esta significación, esta expresión se usaba para señalar no solamente al varón con praxis lasciva, sino también a aquel que tiene adicción general a los pecados de la carne en lo sexual, y se deja manipular por las «modas» o «tendencias» sociales de la misma. La Biblia de Jerusalén (en su versión al inglés) traduce la palabra malakós como catamitas, es decir, aquellos jóvenes impúberes que eran tenidos como “mascotas” sexuales. Particularmente se refería a los efebos o varones jóvenes que tenían la costumbre de ofrecerse a varones mayores como sus “queridas”, vestidos con atavíos de mujer. En la antigua Roma, y a lo largo de su Imperio, se denominaba así a un acompañante joven, generalmente un esclavo, apartado para uso sexual.

Sin embargo, el apóstol comienza el v. 11 con las palabras: “Y esto erais algunos” (gr. “Kai tauta tines”), en donde el neutro “tauta” es despectivo, por lo que debería traducirse: “esta abominación erais algunos de vosotros”. En esta palabra, Pablo encontró el equivalente griego de la expresión hebrea “toevá” que aparece en la Torah en el libro de Vayikrá (Levítico):

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”
(Levítico 18:22)

y también está escrito:

Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”
(Levítico 20:13)

Existen varias razones para explicar por qué el término “tohevá” es el más adecuado para describir esta depravación moral y espiritual. Primeramente aceptaremos que su significado no es el que habitualmente se usa (como el de “algo muy desagradable”). El significado básico de “tohevá” (abominación) es ‘detestar’, ‘odiar’, ‘aborrecer’. Es decir, es lo que es odiado y detestado por el Eterno, y es por lo tanto, degradante y ofensivo al sentido moral. Desde estas significaciones básicas tohevá  se referirá a todo aquello con «impureza ritual».

Pero la explicación que hace más comprensible esta palabra es entender a tohevá como un acróstico. Un acróstico es una composición poética o normal en la que las letras iniciales, medias o finales de cada verso u oración, leídas en sentido vertical, forman un vocablo o una locución. Para el caso de la expresión hebrea tohevá, el acróstico sería ‘Toe ata ba’  que traducido es: “tú te equivocas  grandemente”. Es decir, que no se trata de una equivocación, sino de “LA” equivocación. Es la peor equivocación. Pueden darse muchas equivocaciones de todo tipo, pero este es un error gravoso en la comprensión misma de la esencia del ser humano. Porque claramente el versículo dice: “Y creó Dios al hombre (adam)… varón y mujer los creó” (Bereshit 1:27). Más adelante, el hagiógrafo recordará mejor esto al escribir: “varón y mujer los creó, y los bendijo y llamó su nombre Adam” (Bereshit 5:2). Sólo varón y mujer juntos se llaman Adam. Sólo varón y mujer juntos manifiestan plenamente la correcta imagen (tzelem) para lograr conformarse a la Semejanza (demut) divina.

Esa es la peor equivocación, y por ello es considerada la peor abominación de todas las relaciones sexuales prohibidas, más aún que la prostitución o las relaciones con animales.

Es un agravio a la naturaleza espiritual del ser humano en sí, es decir, de la plenitud del varón y la mujer juntos, trabajando por la unidad. Es una unión estéril, sin frutos, sin continuación, sin provecho.

Es la anulación de la dignidad humana, es borrar la vocación a la plenitud mesiánica que la humanidad tiene en el propósito eterno de Dios.

Por último, debo agregar que la palabra abominación (toevá), en un sentido amplio y puramente conceptual, esta directamente relacionada con la idolatría. Yahvéh quería prevenir a su Pueblo de las practicas idolátricas que las naciones y tribus circundantes llevaban a cabo mediante los cultos de fertilidad, donde la prostitución cúltica era practicada por varones y mujeres… «Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza;  y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.  Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;…» (Romanos 1: 26 – 28).

Considerando todo lo hasta aquí expuesto, les solicito que abran su espíritu al discernimiento espiritual y noten como cada vez que en las Sagradas Escrituras se reporta y denuncia la existencia y tolerancia de la sodomía en Israel, seguramente dicha práctica ésta acompañada de la idolatría.  Leyendo entonces los lineamientos bíblicos con mayor profundidad entendemos que el Eterno denuncia los pecados de su pueblo, tales como la estafa, la explotación de los pobres, la injusticia social, la falta de imparcialidad por parte de los jueces, sacerdotes y reyes (líderes) que provienen de la decadencia que trae la idolatría como matriz de todo pecado parecido.  Pero, en todos los casos, la maldad de los hombres termina con la sodomía como la praxis más baja de las tinieblas que han entenebrecidos las mentes rebeldes, a tal punto que dicha perversión termina ingresando en la casa de Dios.

Hoy, notamos que esta situación ha llegado al seno mismo de la denominada Iglesia cristiana. Así llamados “cristianos”, especialmente los jerarcas que los manipulan, en lugar de proclamar el Evangelio del Reino en el Yugo que ofrece el Mesías, pierden el tiempo reuniéndose en cónclaves para discutir el lugar que los sodomitas merecen en su medio.  La única esperanza para detener la abominación de la sodomía es sin duda alguna generar una asamblea vigorosa y sana, desde un regreso a las sendas antiguas, es decir, al Camino que nuestro padre Abraham decidió transitar en la Instrucción (Torah) de Yahvéh. Pero, lamentablemente aquellos que pretenden representar a la “Iglesia de Cristo”, hacen día a día declaraciones desde sus dogmas ayornados a los lineamientos de del establishment reptiliano y su protocolo gay. De este modo tratan de evitar la menor condena de este horrible pecado.


Bitácoras Relacionadas:


Cuando Abraham trabajó como Abogado de Sodoma

Por P.A. David Nesher

“Y Avraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?…
No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.”

(Génesis 18: 23, 32)

Transcurrida la primera etapa de esta aparición profética y culminando con la nueva del nacimiento de un hijo de Abraham y Saráh, los varones que Abraham avinu hospedó, giran y cambian de dirección y de función, apuntando hacia Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra), que serán destruidas.

El Eterno, debido al Bein HaBetarim (traducido como Pacto de las Mitades) que estableció con Abraham avinu, consideró este su amigo así que no le ocultaría nada. Pero primero Él reforzó su promesa en Abraham de hacerle padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19). 

Entendemos que Abraham amaba a Yahvéh, y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama. Por ello el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.

Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sedom (Sodoma), Amorá (Gomorra) y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes. 

Esta decisión del Altísimo de revelarle a su amigo Abraham lo que tenía pensado hacer es fundamental, ya que indica su fidelidad de hacer posible la comunión del ser humano con Su Presencia. 

Abraham aparece aquí en toda su dimensión de profeta, compartiendo el conocimiento previo de la futura acción de Dios en cuanto a Sodoma y Gomorra se refiere. Desde este hecho en adelante, Yahvéh determina no hacer nada sin revelar a Su Pueblo, a través de sus profetas lo que Él ha de realizar en la historia humana (Amós 3: 7).

Desde aquí, y gracias a esta actitud virtuosa de Abraham, la nación de Israel (su descendencia) fue escogida como recipiente de la revelación de Dios y depositaria de las Sagradas Escrituras (Rom. 3: 1-2).

Interesante es destacar que antes de la ejecución del juicio, el Eterno decide comprobar personalmente la realidad del pecado, ofreciendo una último oportunidad a estas ciudades impenitentes.  Pero el mensaje de vida antecede al mensaje de destrucción. Hay una esperanza todavía, pues “Abraham iba con ellos, para despedirlos«, expresión que en sus códigos hebreos da a entender que nuestro padre iba con ellos para empezar a introducirse en su nueva función de “padre de multitud de gentes” que también abarca, por supuesto, a los habitantes de las ciudades arriba mencionadas, aunque sean perversas.

Y entonces dice Yahvéh a Abraham:

» El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré.»(Génesis 18: 20-21)

Este versículo es objeto de una profunda controversia entre los exégetas tradicionales del TaNaK (llamado en la teología Antiguo Testamento), ya que el versículo aparentemente reflejaría una limitación de la Omnisciencia Divina, cosa que nuestra fe rechaza por completo.

El sabio médico y filósofo judío Maimónides lo resuelve diciendo:

“El Santo, Bendito Él conoce Su verdad, tal como ella es, y no la conoce por medio de un conocimiento externo a Él, como en nuestro caso.’ ya que nosotros y nuestro conocimiento no somos uno”

(Mishné Toráh — Libro del Conocimiento — Hilijot Iesodé Toráh Cap. II Halajáh 10).

El comentarista Abarbanel sostiene que cuando el verbo ירד — descender — es usado en el TaNaK referido a el Eterno, debe ser entendido en una de estas cuatro acepciones:

  • Revelación de la Divinidad,
  • La Providencia Divina manifestándose en una tierra que no es consagrada a Él.
  • Cuando Yahvéh se relaciona con el ser humano a través de la profecía descendiendo el Verbo Divino hasta niveles de percepción humana.
  • Cuando el Eterno desciende para retribuir al hombre por sus acciones, con Su justicia.

Lo común a estas cuatro acepciones es, en palabras de Maimónides, “…el descenso del Pensamiento Divino hasta el hombre finito y limitado.”

En el caso de Sodoma y Gomorra, Yahvéh desciende para retribuir a sus habitantes de acuerdo a sus acciones y Él no necesita “inquirir e investigar” aun cuando la Toráh habla en términos inteligibles para el ser humano.

Abraham es informado para que su corazón de intercesor pueda empezar a realizar la misión de mediación.

Abraham permaneció ante el Eterno mientras los dos ángeles seguían su camino. Entones nuestro padre comenzó a rogar por amor de cualquiera que fuese justo, y residiese en alguna de estas ciudades. Él le recordó a Yahvéh su carácter justo para juzgar con imparcialidad.

 «Y Abraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?»
(Génesis 18: 23)

Nos encontramos aquí con la primera oración de intercesión clara que nos ofrece las Sagradas Escrituras, pero al mismo tiempo es tal vez la oración de mayor confianza que un intercesor humano dirige a Dios en la historia de la intercesión. 

Abraham estaba pensando en su sobrino Lot quien estaba viviendo en Sodoma. Abraham rogó al Eterno para salvar las ciudades por amor de cincuenta, cuarenta y cinco, cuarenta, treinta, veinte y diez personas justas. Yahvéh estaba agradado con la oración intercesora de Abraham y luego salvaría a Lot de la destrucción (19:29).

La palabra hebrea traducida como “se acercó” en hebreo es vayigash. Esta palabra es usada en tres sentidos:

  • · Guerrear, (cf. 2 Samuel 10:13).
  • · Humillarse, (cf. Génesis 44:18).
  • · Interceder, (cf. 1 Reyes 18:36).

Con todas estas intenciones Avraham se acercó al Eterno. Por ello el intérprete Abarbanel dijo:

«Abraham se acerca para luchar y orar por los habitantes de las ciudades perversas».

Abraham deberá sobreponerse y vencer su propia resistencia en cada frase de su oración. El inicia sus palabras no menos de seis veces, cautelosamente, preparando el próximo paso. Si su oración va a ser rechazada, él no quiere exponerse a ello prematuramente, y él también sabrá detenerse en el momento correcto. 

En los versículos 23-26 hay un desafío del Eterno, en los versículos 27-29 hay humillación y en los versículos 30-32 predomina la intercesión.

Abraham expresa dos ideas:

A) El justo, que seguramente debe existir en cada pueblo, no tiene que ser destruido junto con el impío. Esto es incompatible con la rectitud del Juez del Universo.
B) La existencia de un número determinado de hombres justos debe ser una razón para merecer la Misericordia Divina. Pero entiéndase bien, Abraham no intercede en favor de los impíos, como generalmente se cree. La justicia exige el castigo del culpable; así como la absolución del inocente.

Abraham empieza a hablar desde el sentido común y la razón. Ambos son dones que Yahvéh nos ha concedido para que los usemos. Él empieza a hablar a Yahvéh del mismo modo que hablaría un abogado ante un juez de la tierra. 

Con palabras llenas de una gran valentía, Abraham plantea a Yahvéh la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero (afirma nuestro padre en la fe) sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay justos, estos no pueden ser tratados como culpables. Yahvéh, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, al Eterno Dios.

La opinión de los exégetas es que Abraham en un acto de osadía no entiende la Justicia Divina y la invoca con vehemencia. Pero su sorpresa será grande cuando como respuesta a este pedido de justicia, el Eterno contesta no sólo con justicia sino con misericordia:

Entonces el Eterno dijo:
Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a toda la región por consideración a ellos.” (versículo 26)

La expresión tzadikim, traducido aquí por justos, quiere decir que si son temerosos de Dios en público. Como dice el profeta:

Deambulad por las calles de Ierushalaim y ved y conoced y buscad en sus calles; si habréis de encontrar hombre, si hay quien haga justicia, quien busca la fe, (entonces) Yo la perdonaré
(Jeremías 5:1). 

El hombre justo debe serlo especialmente en público. Los justos ocultos no salvan a la humanidad, según lo revelan las Sagradas Escrituras. Su influencia es beneficiosa cuando es ejercida. La ciudad que no permite a sus justos actuar en público y los obliga a una auto-reclusión no tiene derecho a ser salvada.

Deduzcamos, pues, que todo el ímpetu de la intervención de Abraham, si bien acompañado de reverencia y de profunda sumisión, terminará en el silencio de Abraham, y con sus argumentos de pedido de Justicia Divina, perdiendo significado ante la misericordiosa respuesta por parte del Eterno.

Después del silencio absoluto de Abraham y de la falta de recursos convincentes para sí mismo y sólo después de ésto, se interrumpe la revelación profética de Yahvéh para con él.

Qué grande y qué sublime la idea expresada por el pasuk (versículo):

Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar.”
(vers. 33)

En palabras de Rashí leemos esta explicación:

“Una vez que se hubo sumido en silencio el defensor, el Juez se retiró.”

El Eterno hizo cambiar a Abraham en su cosmovisión. El patriarca sabia que el Eterno es Justo y que castiga el pecado, pero quizás dudó de su misericordia. Parece ser que Abraham estaba probando al Eterno para saber lo misericordioso que era. Aquella conversación con Yahvéh lo convenció que era a la vez perfectamente Justo y riquísimo en misericordia (Jesed y Guevurá en equilibrio).

Esto muestra que la oración intercesora es el medio por el cual el ser humano escogido por el Eterno puede comprender mejor la voluntad divina que siempre es buena, agradable y perfecta.

Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿por qué permitió Yahvéh que Abraham cuestionara su justicia e intercediera por una ciudad malvada?

Bien, Abraham sabía que Yahvéh debía castigar el pecado, pero también conocía por experiencia propia que el Eterno es misericordioso con los pecadores. Yahvéh sabía que ni siquiera había diez hombre justo en la ciudad; sin embargo fue tan misericordioso, que envió a sus mensajeros para que los recibieran con hospitalidad, y además permitió que Abraham, su amigo, intercediera por estas ciudades. El Eterno no se goza en destruir a los malvados, pero sí o sí debe castigar las obras del pecado.

Una pregunta crucial: ¿Por qué Avraham no bajó más el número de su intercesión?

El texto en sí no explica por qué Abraham se detuvo en diez.

Leyendo el Midrash me encontré con la explicación de que, como el Eterno no salvó la generación del diluvio por causa de ocho personas justas, no valdría la pena intentar bajar más.

Lo cierto es que en las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad. En el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis) aparece la frase dijo Dios repetida diez veces, en relación con la creación de todo. Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom. Diez mandamientos representan toda la Torah. Diez espías representaban todo el pueblo en su actitud negativa e incrédula. El diezmo representa todos los ingresos etc.

En la cultura hebrea se necesita diez varones justos que amen la Torah para poder constituir un minyán, es decir, número que indica un núcleo comunitario mínimo para una asamblea legal representativa para todo Israel. Es el quórum necesario, tanto para la oración en la sinagoga, como para ciertos trámites legales.  En esta tierra diez justos se considera el número necesario para contar con el respaldo de Yahvéh. De todas maneras, se trata de un número escaso, una pequeña partícula de bien para salvar un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas.

La oración intercesora de Abraham servirá para finalmente demostrar que esta destrucción es necesaria. La oración intercesora de Abraham ha revelado la voluntad salvífica de Yahvéh. El Señor siempre estuvo dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban neciamente encerradas en un mal total y paralizante. Ellas ni siquiera valoraron la presencia de unos pocos justos residiendo en medio de ellas, de los cuales  se lograría la transformación del mal en bien. Porque es este precisamente el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que hay en nosotros. En el propósito eterno de Dios, no es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado. Es necesario acabar con ese rechazo al Eterno y Su Torah (Instrucción de amor perfecto), que ya lleva en sí mismo el castigo. Con el tiempo, el profeta Jeremías dirá al pueblo rebelde:

«En tu maldad encontrarás el castigo, tu propia apostasía te escarmentará. Aprende que es amargo y doloroso abandonar al Señor, tu Dios»
(Jeremías2: 19)

Los justos son necesarios dentro de las ciudades. Por ello, es que Abraham repite continuamente: «…quizás allí se encuentren…». Ese «allí» es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de justicia que puede sanar y devolver la vida y el bien a un territorio.

Son palabras que hoy también nos hablan a cada uno de nosotros. Nuestro Abba necesita que en nuestras ciudades post-modernas haya un germen de justicia mesiánica; Él anhela que sus hijos primogénitos hagan todo lo necesario para que no sean sólo diez justos.

Abba nuestro desea realmente que nuestras ciudades vivan y se salven de esta amargura interior que late en el corazón de sus masas, y que en las Sagradas Escrituras se denomina ausencia de Dios. De esta tristeza y amargura quiere Yahvéh salvar al ser humano, liberándolo del pecado. Por eso, es necesaria una transformación desde el interior, un inicio desde el cual partir para transformar el mal en bien, el temor paralizante en amor perfecto, la venganza en perdón.


Bitácoras Relacionadas:

La Esposa Disfrazada de Hermana… (Abram, Sarai y el Faraón)

Por P.A. David Nesher

«Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 

Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.»

(Génesis 12: 10 -13)

Nuestro padre Abram, habiendo aprendido a vencer las fronteras vinculares entre los seres humanos, cuando habitó en el Neguev, presionado por la hambruna que llegó a la región, decidió ir a Mitzraim (Egipto) sin medir las consecuencias dicha decisión. Justo cerca de los límites de Egipto Abram empezó a medir los peligros que asechaban adelante.

Sarai, su esposa, era una mujer muy bella. Abram, se nos dice que dejó Harán a la edad de 75 años (12:4). Sabemos que Sarai era diez años más joven (17:17), teniendo ella en ese momento 65 años. ¿Cómo podía ser tan bella a esa edad? Sabemos que Sarah murió a los 127 años (23:1). Por lo tanto, en esos días ella estaba simplemente en las fases iniciales de su media edad. Su belleza era así tan notable que ella aparecía mucho más joven de lo que era en realidad.

Lo cierto es que, por las costumbres que tenían los nobles de aquellas regiones, existían buenas razones para temer el destino de un extranjero cuya esposa era así de atractiva. El esposo era fácilmente eliminado en tales circunstancias, sin que el noble sufriera castigo alguno por tal homicidio. Cierto documento en papiro (PABH, p.55) perteneciente a este tiempo establece la legislación que permitía a Faraón mandar a matar al marido que pueda tener una mujer más hermosa.

Entonces, Abram, después de meditar en la realidad misma, apeló a Saraí para que aceptara una estrategia que traería solución frente al problema de su seguridad. Él le Propuso que Sarai dijera que era su hermana para no ser asesinado.

Abram pidió a su esposa simular como su (elegible) hermana, para que los hombres de la tierra le pidieran la mano, y Abram pudiera tener suficiente tiempo para hacerlos esperar y dejar la tierra. Esto fue un plan ingenioso. Cualquier hombre de la localidad se hubiera acercado a Abram a pedirle la mano de su hermana. Abram consentiría, pero insistiría en postergar el compromiso (tiempo suficiente como para que termine la hambruna). Durante ese tiempo Sarai permanecería en la casa de Abram donde su matrimonio continuaría secretamente y la seguridad de Abram estaría garantizada. Parecía que los beneficios eran grandes y los riesgos de tal esquema eran mínimos.

Esto fue todo bien planeado y pensado. Saraí simularía como su hermana y él postergaría cualquier matrimonio hasta que la hambruna pasara y ellos se habrían ido de Egipto. Pero el plan de Abram solo consideraba a los hombres de Egipto:

Y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.”
(Génesis 12:12)

Nunca había entrado en la mente de Abram que Faraón podría estar interesado en Sarai. Mientras Abram podía postergar los planes de otros, Faraón no tomaría ni una sugerencia de este tipo. El la llevó a ella a su palacio, esperando el tiempo de la consumación de la unión.

No hay evidencia de la relación física entre Faraón y Sarai. Mientras el período de preparación normalmente habría sido en la casa de Abram, en este caso este período sería en el palacio. Sarai probablemente soportó un relativamente largo período de preparación para su presentación ante Faraón. Tal era la costumbre en esos días:

Cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de la mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Ella venía por la tarde, y a la mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres a cargo del Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas; no venía más al rey, salvo si el rey la quería y la llamaba por su nombre.”
(Ester 2:12 – 14)

Faraón siguió todas las costumbre de la época y pagó el precio de la novia. Las antiguas leyes decían que, si el padre había muerto, su hermano se convertía en el tutor legal de una hermana soltera. Gracias a ella trataron muy bien a Abram. Le dieron ovejas, vacas, esclavos y esclavas, asnos y asnas, y camellos (12:16). Entre los siervos adquiridos venía una mujer egipcia llamada Agar (16:1). Esto establecería el escenario para el conflicto entre Sarai y Agar (16:1-15), entre Isaac e Ismael (21:8-21), y entre los judíos y árabes hasta estos mismos días.

Entonces como podemos ver tal plan era malo por varias razones. Primero de todo, tendía a ignorar la presencia y el poder de Dios en la vida de Abram. El Eterno había prometido los fines, pero probablemente Abram pensó que Él era incapaz de proveer los medios. Yahvéh había prometido una tierra, una descendencia, una bendición. Ahora parecía como que Abram había dejado esto a sus propios criterios para procurarlos.

Todo esto nos lleva a preguntarnos si había aún rezagos de la religión de Mesopotamia, influyendo en las acciones de Abram. ¿Acaso Abram suponía, como todos los paganos, que cada nación tenía sus propios dioses? Una vez fuera de la tierra que Yahvéh había prometido a Abram, ¿no tenía su Dios más poder o capacidad para proveerle y protegerlo? Tales pensamientos entrarían en una mente pagana.

El plan de Abram estaba mal porque él arriesgaba la pureza de su esposa y la promesa de Yahvéh. Al entender el lugar que Abram y Sarai tienen en el propósito redentor de Yahvéh, nos damos cuenta lo serio que fue esto. El Eterno no quería que el vientre de Sarai fuera contaminado por un rey gentil, debido a que el Mesías vendría por su linaje de descendientes.

El Eterno había prometido hacer de él una gran nación. De Abram vendría una gran bendición a todas las naciones, el Mesías. Y ahora Abram estaba deseoso de correr el riesgo que otro hombre tomara a Sarai como su esposa. ¿Cómo podría entonces ella, ser la madre de la descendencia de Abram?

Abram también estaba equivocado porque el miraba que su esposa le trajera bendición a él, cuando Yahvéh había prometido que traería bendición a otros a través de Abram:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

(Génesis 12:2 – 3)

Abram estaba usando a su mujer para conseguir la protección y la bendición. Él estaba negándose a confiar en las promesas del Eterno para obtener estos dos beneficios.

El plan de Abram parecía funcionar bastante bien. Saraiestaba segura y no sólo estaba vivo, sino que se recibía regalos. Pero ¿qué pasaría si en realidad el Faraóntenía relaciones sexuales con Sarai? Sus propias mejores ideas los había puesto en una situación difícil. Ellos estaban indefensos, pero Yahvéh no lo estaba.

“Pero por causa de Sarai, la esposa de Abram, el SEÑOR castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.”
(Génesis 12:17)

Entendamos que con el acto mismo de llevarse a Sarai, el faraón había maldecido a Abram. El Eterno había dicho a Abram en sus promesas que quien lo tenga en poco será maldecido (12:3). Así que aquí Yahvéh castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.

«Entonces el faraón llamó a Abram y le dijo: «¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa?»
(Génesis 12:18)

El faraón llamó a Abram y le hizo tres preguntas:

  • Primero le preguntó: ¿Qué me has hecho? Faraón había sufrido mucho a causa de la mentira de Abram.
  • En segundo lugar, le preguntó: ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa? Esta fue la verdad que ocultó.
  • En tercer lugar, le preguntó: ¿Por qué dijiste que era tu hermana? ¡Yo pude haberla tomado por esposa! (12:19a)? La intención del faraón era hacerla su esposa, pero a través de la providencia del Señor, las grandes plagas golpearon antes de que la unión sexual se llevara a cabo.

Con estos cuestionamientos vemos como  tristemente, un rey pagano regañó a Abram, el llamado de Yahvéh. Abram fue confrontado por el Faraón y completamente amonestado. Abram no tenía excusa ni explicación. Él no declaró una palabra en su defensa. Sin duda alguna esa fue una actitud sabia de tomar a la luz de la ofensa de Abram.

Faraón no era cualquiera a ser retado o molestado innecesariamente. La ironía de la situación es obvia, aquí un pagano amonestando a un profeta (cf. 20:7). Ésta fue una amonestación real que Abram dolorosamente recordaría. Qué triste sin embargo que Abram no podía hablar, porque esto sin duda se oponía de cualquier manera a su fe en el Dios vivo quien lo había llamado. No hay duda que la conducta de un hijo primogénito del Eterno grandemente afecta su credibilidad. El rey, con sus preguntas, condujo a Abram a meditar y hacer teshuváh (regreso) de que si hubiese confiado en Yahvéh y dicho toda la verdad todo hubiera estado bien.

Faraón ahora temía hacerles daño a Saraio a Abram; pero reprendió fuertemente a Abram.Con esta exhortación, Yahvéh responsabilizó a Abram de lo que pasó entre él y su esposa. Faraón había perdido todo el respeto por ellos, y por supuesto, no fue atraído por su Dios. A causa de su temor y de su componenda, habían causado que la casa del faraón sufriera grandemente y los egipcios finalmente habían llegado a despreciarlos. La única cosa que podía hacer era decir que se vayan a su país, lo que hicieron, tomando ellos todas las posesiones que habían conseguido en Egipto.

Faraón dijo:

«¡Anda, toma a tu esposa y vete!»
(Génesis 12:19)

En circunstancias normales, el faraón podría haber mandado a ejecutar a Abram. Pero después de experimentar el poder que se encontraba respaldando a Abram, no fue más allá de lo que ya había hecho. Abramfue escoltado y expulsado de Egipto.

«Y el faraón ordenó a sus hombres que expulsaran a Abram y a su esposa, junto con todos sus bienes.»
 (Génesis 12:20)

Así que Abram salió de Egipto como un hombre rico a diferencia de cuando llegó. Pero las riquezas resultarían ser muy costosas. Evidentemente la prosperidad material no es jamás una bendición sin la paz que viene de estar bien con Yahvéh y Su Palabra. Ellos nunca deberían haber ido a Egipto. Pero, una vez allí, deberían haber mantenido su testimonio a toda costa.  Tal es así que, mientras residió en Egipto, Abram nunca construyó un altar o invocó el nombre del Eterno.

Sin embargo, Yahvéh bendijo a Abram aun cuando él no hizo lo que debía. Yahvéh los protegió a pesar de su solución carnal. El Eterno continuó proveyendo su cobertura benevolente a Abram, aun cuando él actuara como un mentiroso. Yahvéh no se retractó de la promesa que le había hecho a Abram porque la promesa dependía del Señor y no de Abram.

Es evidente que Yahvéh está obrando para hacer que Abram crezca como un hombre espiritual de fe pura y verdadera. Esto requiere que existan circunstancias en las cuales Abram tiene que confiar en Yahvéh. Bien viene aquí la frase que dice: La fe no es un hongo que crece en la noche en tierra húmeda; es un roble que crece por mil años bajo una ráfaga de viento y lluvia.(Barnhouse).

Yahvéh trabajó en la vida de Abram en una destacable manera. Abram supuso que las posibilidades de escape de los peligros en Egipto eran tan peligrosas como él los había considerado. Abram hizo la decisión en la presunción que él podía prever las consecuencias de sus acciones. El Eterno le enseñó a Abraham una dolorosa lección, al revelarle que las posibilidades para el futuro son más numerosas que las que podemos predecir. Y así Abram es enfrentado con un dilema que él nunca consideró.

Al escribir esta historia, Moshé persigue enseñar a Israel que todo este incidente presagió el futuro mismo del Pueblo Escogido:

Abram descendió a Egipto a causa del hambre. Los egipcios le robaron a su esposa pero fueron castigados con grandes plagas. Entonces Abram estaba lleno de regalos, y Faraón mandó a los hombres a que lo sacaran del país. Del mismo modo, los israelitas bajaron a Egipto a causa de la hambruna. Allí serian oprimidos y sus esposas tomadas por ellos; siendo este el propósito del edicto del Faraón sobre los hijos. Los egipcios serian castigados por grandes plagas (Éxodo 7:14-11:10), Finalmente, los israelitas partieron con gran cantidad de riquezas, y también apresuradamente fuera del país.

El objetivo pedagógico de Moshé es que los hebreos entiendan que mientras que la presencia de Israel en Egipto no puede haber sido placentera, la protección de Yahvéh proveyó allí todo el tiempo, y ellos fueron finalmente traídos con gran cantidad de despojos. Con esto Moshé quiere que también acepten que las hambrunas continuarían siendo parte de la vida del pueblo de Dios en la tierra a la que ellos estaban yendo. Pero ellos deben aprender que las hambrunas vienen del Eterno como una prueba de fe. Si el pueblo de Yahvéh no desea enfrentar hambrunas, ellos deben enfrentar al Faraón, no importa en que circunstancias ellos puedan estar inmersos, Yahvéh es más grande que cualquier hambruna y que cualquier Faraón. La pureza del pueblo de Dios nunca debe ser puesta en riesgo.

Seguramente, cuando leemos esta historia, nos surge de manera fácil la actitud de criticar a Abram por sus acciones. Pero, dadas las mismas circunstancias, probablemente habríamos hecho lo mismo. Sino, respondámonos: ¿Cuántas veces tomamos el camino fácil en nuestras vidas? ¿Cuántas veces nos hemos comprometidos y luego, hemos racionalizado nuestras acciones para no cumplir con la dicho?

También tenemos que aprender de la misma lección que él tuvo y, a menudo tenemos que aprender de la misma manera, al ser reprendido por los mismos incrédulos que nos gustaría ganar para el Mesías:

«Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer. Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.»
(1Corintios 10:12-13)

Abram fue tomado por sorpresa por una hambruna, suponiendo que el camino del Señor no debiera incluir adversidad. Pero Abram iba a aprender que Yahvéh es también el diseñador de las pruebas en nuestras vidas para desarrollar nuestra fe, no para destruirla.

Dejar Canaán para descender a Egipto, fue un intento de Abram de abreviar la prueba de la hambruna. El Eterno obligó entonces a Abram a enfrentar a Faraón en lugar de la hambruna. Pero más allá de esto, debemos ver que finalmente Abram tenía que regresar al lugar de donde había salido, lugar indicado por la palabra revelada de Dios. El último acto de fe de Abram y de obediencia había sido en el altar que él construyó entre Betel y Hai. El fin del viaje de Abram fue el regreso al mismo altar entre Betel y Hai. Betel significa «Casa del Poderoso» y Hai significa «el montón de ruinas«. Abram conocía el código de emuná (Fe) aquí escondido: «cuando tu alma sienta que está en medio de un montón de ruinas, la Casa del Poderoso está abierta, esperando tu regreso«.

¡Él supo regresar a los brazos de Abba!


Bitácora Relacionada:
Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

https://davidnesher.com.ar/contacto/

Noé y el Altar de la Ascensión Planetaria

Por P.A. David Nesher

«Y edificó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y Yavéh percibió el aroma agradable, y dijo YHVH para sí:
Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.
«

(Bereshit/Génesis 8: 20 – 22)

Al meditar en el relato del Diluvio (en hebreo mabul) notamos que la era noájica que se abre en la historia de la Salvación, es diseñada con gran precisión y sutileza divina. Por eso, y para lograr entender el espíritu pedagógico de este texto es esencial saber que Moshé al escribirlo no habla de cosas remotas concerniente a la historia (prehistoria de la humanidad primitiva), sino que responde a cuestiones elementales y con importancia actual para la fe del Israel que en el desierto se capacitaba para conquistar la Tierra Prometida.

Entonces, Moshé, por medio de este relato, se propone conducir a los hebreos a considerar el Diluvio Universal como un castigo purificador de la humanidad, y ahora, se abre una etapa de una Nueva Humanidad de la que Noaj había de ser el nuevo padre.

Los hombres, por el pecado antes del Mabul (Diluvio), habían alterado sus relaciones con el Eterno, y ahora es preciso normalizarlas, una vez que la justicia divina se ha realizado. Justamente, el discurso que Yahvéh tiene en este primer culto post-diluviano presupone como dato una grave perturbación, una degeneración profunda de la creación que había salido “perfecta” de Sus manos. Violencia y muerte caracterizan la vida colectiva de las criaturas, el estado de paz entre ellas había desaparecido.

Esta porción escritural contiene las respuestas que Israel necesita, y que le permitirán una reflexión sobre el tesoro de su fe desde todos los ángulos, y de las conclusiones que de esta historia lograra extraer a lo largo de los siglos y de sus generaciones. La doctrina surgida de la meditación de este texto será digna para la vida de un Pueblo llamado a construir un reinado de sacerdote (Éx. 19: 6).

Por eso, el primer acto de Noaj después de salir del arca fue un ritual de invocación para adorar a Yahvéh través del sacrificio. La gratitud y la admiración de la grandeza de Dios lo llevo a adorarlo a fin de santificar Su Nombre. El Midrash cuenta que Noaj se vistió con las prendas Celestiales que el Eterno había hecho para Adam y que Noaj llevó al arca. Ataviado con estas preciosas prendas, ofreció cuatro sacrificios Oláh (ígneos) sobre un altar construido por sus propias manos:

«Y construyó Noé un altar a YHVH, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos sobre el altar.«

(Génesis 8: 20)

Este fue un principio correcto. Durante un lapso mayor de un año Yahvéh había permanecido en silencio, pero ahora, esta actitud de búsqueda de Noaj produjo agrado a su corazón.

¿Por qué la construcción de un altar y la ofrenda en él ofrecida produjeron respuesta por parte de Yahvéh?

Interesante resultará saber para nuestra búsqueda que esta es la primera mención en la Torah de la palabra altar. En este punto, el huerto del Edén ha sido destruido por el Diluvio. Por lo tanto, los seres humanos ya no contaban con la presencia visible Shekináh a quien podían traer su ofrenda. Así que Noé establece el modelo que finalmente se registra en el libro de Vayikrá (Levítico) y construye un altar.

La palabra hebrea usada aquí para altar es mizbeaj. La misma viene de la raíz zavaj que significa sacrificar. En la mentalidad de los antiguos el altar es una mesa donde se ofrece una “comida” al Eterno. El altar es un lugar de encuentro entre el hombre y Dios. (Ver: Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios)

Numerosos pasajes de las Sagradas Escrituras muestran que el altar es una elevación de tierra construida por el hombre, lo que explica que el profeta Ezequiel lo califique de “monte de Dios”.

El altar debía ser construido con piedras, pero su característica fundamental era la de ser un promontorio levantado por el hombre y dedicado por éste a Yahvéh. Tomar una simple piedra y ofrecer los sacrificios en ella hubiera significado, para el hombre permanecer al nivel de la naturaleza. En cambio, un altar fabricado por sus manos expresa su deseo de elevarse por encima del estado de naturaleza para alcanzar el nivel del ser humano libre que se consagra al Eterno a partir de aquella base natural.

Noaj tenía que construir ese altar. Tenía que hacer un esfuerzo para poder mostrar al Eterno su amor y sometimiento. Con esto, la Torah deja en claro que cada persona humana tiene la responsabilidad de edificar un altar al Eterno. Cada alma redimida debe constituirse alrededor de un lugar de encuentro íntimo, un sitio donde pueda relacionarse con Yahvéh, como Padre Celestial, por medio de un sacrificio costoso.

Noaj sabía que al levantar un altar a Yahvéh en la Tierra restaurada, como el antepasado de la humanidad futura, estaba haciendo del planeta un lugar dedicado al SEÑOR donde los hombres habrían de colocar sus piedras, las unas sobre las otras, hasta convertir la Tierra entera en una montaña sagrada, el Monte Santo de Dios, símbolo de que la Tierra, por medio del ser humano en propósito, se constituía en el Reino de Elohim.

Recordemos que Noaj era plenamente consciente de la tradición oral que Adam había dado acerca del sistema de culto que con el tiempo sería escrito por Moshé en el libro de Vayikrá (Levítico). Por lo tanto, su ofrenda no fue sólo aceptable porque se utilizaron animales y aves puros, sino también porque Noé ofreció holocaustos sobre ese altar (8:20b). Las ofrendas quemadas eran un acto de adoración voluntaria y expiatoria por el pecado no intencional en general. Ellas eran una expresión de la devoción, el compromiso y la entrega total al Señor.

El holocausto consiste en quemar todo el animal. El animal que es sacrificado sobre el altar representa al ser humano que lo ofrece. De esta manera el sacrificio de holocausto constituye una simbología de entrega total al Eterno. Toda mi vida es tuya, es lo que dice el ofertante por medio de su ofrena. «Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece, proclama el adorador a los cuatro vientos. Mi vida no significa nada para mí mismo, confiesa el que ama a Yahvéh. «Lo único que me importa es agradarte, Yahvéh. Todo esto, se esconde en el mensaje de la ofrenda de ascensión (holocausto) cuando es ofrecido correctamente.

La palabra traducida aquí como holocausto es la palabra hebrea oláh, que viene de la raíz alá,  que significa “subir”. Así que una traducción literal sería “ofrenda de ascensión”.

Una vida entregada totalmente para cumplir los propósitos del Eterno es como un sacrificio cuando sube como un “olor fragante” al Cielo. La expresión hebreo «olor agradable” designa un goce de tipo espiritual. En efecto, el olfato es, de todos los sentidos, el que proporciona las sensaciones más puras e inmateriales.  La satisfacción espiritual que la ofrenda de Noaj proporcionó al Eterno se debía al concepto sustancial mismo de “sacrificio” u «holocausto«.

El aroma no vino de la carne quemada de un animal muerto. Nuestro Padre celestial no se deleita en el derramamiento de la sangre y la quema de la carne de un ser inocente. Lo que produce el aroma agradable es el corazón que está detrás de ese sacrificio. En este caso fue el corazón de Noaj. Él estaba dispuesto a sacrificar estos animales preciosos como representación de su propia devoción al Creador. Pero, al mismo tiempo estaba profetizando acerca del sacrificio del Cordero de Dios que iba a venir más adelante para quitar su pecado y los de todo el mundo.

Los animales sacrificados no expían el pecado, tal como el escritor de la epístola a los Hebreos lo expresa tan bellamente:

es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados
(Hebreos 10:4).

Sólo el Mesías, la Simiente de la Mujer, puede hacer eso. Así que antes de la venida del Mesías, los pecados de los creyentes del Tanak (Antiguo Pacto) se colocaron temporalmente a un lado cuando trajeron una ofrenda aceptable como lo hizo Abel.

¿Sobre qué base se puso su pecado a un lado? Fue su emunáh (fe). Cuando trajeron sus ofrendas demostraron su fe, sabiendo que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). La razón por la que el aroma del animal quemado era grato al Señor, era porque representaba la fe. Y entonces «Yahvéh dijo en Su corazón» (Binah o Inteligencia Emocional):

 Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.”

(Génesis 8:21-22)

Al repetir el Eterno las palabras “nunca más volveré” estas palabras se convierten en un juramento. Un juramento es parte de un pacto.

Esto era agradable para el Eterno y por eso pronunció un juramento, como también está escrito en:

Porque esto es para mí como en los días de Noaj, cuando juré que las aguas de Noaj nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé.”
(Isaías 54:9)

Así que aquí se instituye un Pacto con el Cielo y la Tierra, tal como lo dejara explicado el profeta Jeremías en su oráculo:

“Así dice el Eterno:
«Si pudierais romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no vinieran a su tiempo…
Así dice el Eterno:
«Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, y si no he establecido las leyes del cielo y de la tierra”

(Jeremías 33:20 y 25)

La expresión “Y Yahvéh dijo en Su corazón”, indica que se trataba de algo muy importante en que Él iba a comprometerse. Pero, tenía aspectos tanto negativos como positivos.

Negativamente, Yahvéh prometió esto:

aunque las intenciones del ser humano son perversas desde su juventud, nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa suya. Tampoco volveré a destruir a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo (8:21b).

Esta es la manera del Señor para revelar que la humanidad tiene la naturaleza de pecado. Esto se convierte en la fuente de la doctrina de la inclinación al mal (Yetser Hará) que da origen al ego (falsa identidad del hombre). Esta doctrina enseña que todo ser humano nace con una inclinación al mal y una inclinación a lo bueno. Pero la inclinación al mal a menudo gana dominio sobre la inclinación al bien. Pero a pesar del hecho de que toda inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud, Yahvéh prometió que Él nunca más volvería a destruiría todo ser viviente, como lo había hecho con el Diluvio. Ya con este evento, el Eterno había enseñado a la humanidad que el pecado inevitablemente trae juicio. La destrucción de la humanidad cada tanta generación no serviría a ningún propósito útil.

Ahora positivamente, mientras la tierra exista, habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, y días y noches (8:22). En primer lugar, la siembra y la cosecha; en segundo lugar, el frío y el calor; en tercer lugar, el verano y el invierno; y en cuarto lugar, el día y la noche. Mientras exista la tierra, el ciclo de la vida continúa (8:22).

Esto es lo que Jeremías llama el pacto con el día y la noche (Jeremías 31:35-37, 33:17-26). Esto enseña que este juramento sólo se aplica siempre y cuando la Tierra exista, y el ser humano se asuma responsable de todo lo que en ella acontezca.


Bitácora Relacionada:

Querido lector y seguidor, te sugiero que te esfuerces y estudies esto:

Noé y el Viñedo de la Auto-Profanación

Por P.A. David Nesher

«Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán. Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.
Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.
 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos.
Dijo más: Bendito por Yahvéh mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo.
Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.»

(Génesis 9.18-29)

De todo este pasaje hay un versículo que merece nuestra atención a fin de entender la acción de embriaguez de Noaj, y las consecuencias que la misma trajo a la humanidad.

Y comenzó (Vaiajel) Noaj, el hombre de la tierra, y plantó un viñedo”.

(Génesis 9:20)

Después del diluvio, Noaj y sus hijos salieron del arca para comenzar a repoblar el planeta Tierra estableciendo una Nueva Humanidad llena de esperanza mesiánica.

Extrañamente, vemos que Noaj decidió que una forma apropiada de comenzar el nuevo asentamiento humano sería plantando un viñedo. A primera vista esto parece ser un hecho intrascendente, sin embargo, la Torah utiliza una palabra extraña para decir que Noaj comenzó ‘vaiajel’. Ciertamente, la palabra más apropiada habría sido vaiatjil. Ante esto surge una pregunta: ¿Qué nos quiere decir la Torah con esto?

Como todos sabemos, el hebreo es el idioma con el que se creó el mundo y, por lo tanto, en él se esconden un sinnúmero de significados ocultos. Por eso, nos conviene saber que este relato de la desgracia de Noaj comienza con el versículo que en español se pronuncia:

«Vaiajel Noaj, Ish HaAdamá, Vaitá Carem»

Este dicho puede traducirse de dos maneras:

  1. «Y Noaj comenzó a ser un hombre de la tierra, y plantó un viñedo.«
  2. «Y Noaj se profanó a sí mismo, un hombre de la tierra y plantó un viñedo.«

Según la primera explicación no hay mucho lugar a interpretar, pero según la segunda explicación, ¿qué significa auto-profanarse?

La raíz de la palabra vaiajel en hebreo es jol, que significa «profano» o «mundano«. De acuerdo a los comentaristas, la Torah nos quería decir que, con la acción de plantar un viñedo, Noaj se profanó a sí mismo y degradó su estado espiritual, afectando así a su familia y generaciones.

Ante esta explicación, surge otra pregunta. Si bien Noaj se emborrachó con el vino de su viñedo y actuó de manera irresponsable, el hecho de plantar un viñedo en sí mismo no es algo malo. ¿Por qué entonces la Torah dice que Noaj se profanó a sí mismo al plantar un viñedo? ¿Por qué no dice mejor que Noaj se profanó a sí mismo al emborracharse y actuar inapropiadamente? Y no sólo eso. Si analizamos el texto con detenimiento, veremos que en realidad dice que Noaj se profanó a sí mismo y luego plantó un viñedo.

¿Por qué la Torah hace esta afirmación?

La respuesta es que existe una regla general que vibra en las dimensiones de la espiritualidad: “Todo va de acuerdo con la intención (hebreo: kavaná) del que realiza la acción”. Es decir, la acción en sí no es determinante, sino que lo importante es la intención con la que se realiza la acción.

Entonces, en este caso de la vida de Noaj, lo importante es determinar cuál fue la intención que él tuvo al plantar el viñedo.

Si bien el vino tiene un aspecto espiritual, ya que puede servir para santificar el Nombre del Eterno, a través del ritual Kidush, por ejemplo, también tiene un aspecto puramente material, ya que puede servir para emborracharse y actuar de manera irresponsable.  El vino recién triturado representaba el nuevo comienzo de la fertilidad de la tierra. La Tanak (el Antiguo Testamento según el cristianismo) presenta el fruto de la vid como un símbolo de la alegría, la vida abundante y la prosperidad plena (Sal. 80: 8-16; Isaías 5: 1-7; Zac. 8: 12) pero también reconoce los efectos negativos que puede causar el abuso del fruto de la viña (Prov. 20: 1; 23: 29 -35). Lamentablemente, Noaj olvidó esos dos aspectos del vino y en su alegría, no se limitó a tomar una pequeña cantidad. Por ello, aparece aquí la expresión «vaiajel» («y profanó»), indicando que Noaj sacó el vino del ámbito de lo sagrado y lo puso dentro de lo profano, de donde salió toda la corrupción que afecto su vida, familia y generaciones.

Cuando Noaj quiso plantar el viñedo, su intención fue básicamente material, esto se aprende del pasuk (versículo) ya que está escrito “Y comenzó Noaj, el hombre de la tierra”, es decir, que antes de plantar el viñedo él estaba pensando principalmente en términos materiales, y por eso la Torah lo asocia aquí con la “tierra”. Él es llamado el hombre de la tierra, lo cual indica el descenso de un estado espiritual. Nóaj se involucró comprometidamente más con lo físico y menos con lo espiritual.

Ahora podemos entender por qué está escrito que él se profanó a sí mismo incluso antes de plantar el viñedo, ya que como dijimos anteriormente, “Todo va de acuerdo a la intención del que realiza la acción”. En este caso, el posterior comportamiento inapropiado de Noaj al utilizar el vino para emborracharse fue sólo la manifestación física de su intención inicial, ya que, desde un comienzo, él había plantado el viñedo con intenciones básicamente materiales, y es por eso que la Torah dice que en el preciso instante en el que decidió plantar el viñedo, él ya se había profanado a sí mismo.

Podemos aprender de acá que no sólo nuestras acciones importan, sino que debemos incluso preocuparnos de que cuando actuamos, nuestras intenciones deben ser siempre las apropiadas.

De esta manera la Torah está enseñando a todo integrante del Israel de Yahvéh, que el comienzo del descenso espiritual de un ser humano es el volverse mundano a través de las actividades diarias. Cuando los asuntos que en realidad son triviales se vuelven (a los ojos de la persona) las cuestiones más importantes en la vida, la persona se auto-profana, volviéndose un «Ish HaAdamá«, es decir «un ser humano de la tierra«. Aparece así una persona tan ocupada y preocupada por los asuntos terrenales y mundanos de la vida (familia, estudio, negocios, jefes, trabajo, academia, etc.), que se profana y se vuelve mundano él mismo… Entonces, según lo que relata la Torah, las desgracias más extrañas comienzan a ocurrir… y el entorno se vuelve un perverso enemigo.

La forma de salvarse de esta auto-profanación es la fijación de tiempos de estudio y meditación de la Torah, que en verdad es nuestra vida y la longitud de nuestros días. Los códigos lumínicos de ella elevan a toda persona humana por sobre sus propias limitaciones para conectarlo con Yahvéh, a través de Su Hijo Yeshúa HaMashiaj, que es la Fuente de todas las bendiciones espirituales.

Dios… ¿es Olvidadizo?

Por P.A. David Nesher

«Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.»

(Génesis 8:1)

Que sensación extraña provoca al lector sincero cunado llega a este versículo. Mientras Noaj y su familia se encontraban encerrados dentro del arca durante el diluvio; mientras las aguas prevalecían sobre la tierra y el arca era sacudida espantosamente de un lado para otro en medio de la tormenta,… Dios: ¿estaba distraído?… ¿se había olvidado de que en este planeta Él había enviado juicios?

Pues bien, para responder este planteo típico de todo lector, necesito considerar, una vez más, el famoso adagio italiano que dice “traduttore, traditore”. Esta expresión se traduce a nuestro idioma: “Toda traducción contiene una traición·. Esto siempre lo hago porque necesito que entendamos este proverbio italiano en el juego de palabras que es. El mismo está basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Acerca del versículo mencionado (Genesis 8:1 «y se acordó Dios de Noe…»), debo decir que no está correctamente traducido, ya que en el original hebreo tenemos al adverbio ”et» que significa «a» y que aquí fue erróneamente traducido como «de». O sea, debemos decir que el Eterno recordó «a Noaj«, por lo que debemos entender que No es posible decir «Dios se acordó «de Noaj», por ser esa interpretación incorrecta.

Por lo tanto, la traducción correcta del versículo sería «y recordó Di-s a Noaj, a todos los animales silvestres, y a todos los animales domésticos que estaban con él en el arca».

Pues bien, el planteo no está aun completamente respondido ya que el problema lo sigue presentando la expresión se acordó. Entonces, para continuar la explicación, diré que, en hebreo, la palabra para recordar aquí utilizada es Zakar (Strong AT 2142). Este verbo expresa el recordar algo, evocarlo o traerlo constantemente a la mente para su propósito.

¿Qué es lo que Yahvéh recordó?

Insisto en que la expresión no quiere expresar que Dios se había olvidado de Noaj y todos los seres vivientes que estaban con él en el arca. Por lo que expliqué anteriormente, “Se acordó…” en el hebreo no es recordar en la mente o refrescar la memoria un hecho olvidado. Por el contrario, significa otorgar un cuidado amoroso sobre alguien para intervenir en su favor en el tiempo de propósito (hebreo: et).

Por lo tanto, la expresión en realidad describe que el Eterno recordó el pacto previo que había hecho con Noé. Esto lo mantuvo providencialmente sobre el arca y todos sus tripulantes, hasta encontrar las circunstancias propicias para otorgarles su promoción a nuevos comienzos.

El tiempo transcurrió, y el tiempo de propósito (et) del Eterno llegó. Ahora era su turno para activar las promesas que había hecho a Noaj, su familia y las criaturas del arca. El Eterno les anuncia que el cumplimiento de su promesa finalmente está al alcance de la mano. Él está a punto de actuar sobre su Palabra.

El sabio intérprete judío Rash’i explica, que el Eterno les recordó la buena conducta llena de fe y esperanza que mantuvieron antes del diluvio, y también en el arca.

Por eso, a continuación, ese mismo versículo revela el premio de Yahvéh para ellos por la conducta paciente y llena de esperanza que mantuvieron:

«…e hizo pasar Elohim viento sobre la tierra, y cesaron las aguas».

Al leer esto, viene a nuestra memoria lo que en Génesis cap. 1: verso 2 leemos: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». De igual manera, este capitulo rescata el mismo obrar restaurador del Eterno haciendo que soplara un fuerte viento sobre la tierra, y las aguas comenzaron a bajar (8:1).

Ahora, para poder continuar profundizando esta idea, les solicito que abran bien sus mentes y disciernan perfectamente lo que aquí se revela en todos los detalles del texto.

Primeramente, notamos el uso que hace el escritor (Moshé) de los temas de la creación que ha tocado en los capítulos 1 y 2, cuando retrocede el agua, aparece tierra seca y la vegetación crece. El texto aquí hace notar la benevolencia (jesed) y la disciplina rigurosa (guevurá) del el Eterno usan el viento para evaporar el agua, aunque podría haber logrado el mismo resultado con sólo hablar, tal como Él lo revela en el rollo de Isaías:

“Yo mando que se seque lo profundo del mar, y ordeno que se sequen sus corrientes.”
(Isaías 44:27)

De igual modo, vemos como durante una fuerte tormenta en el mar de Galilea, Jesús reprendió a los vientos y las olas, y se volvieron a completa calma. No pudieron reconocer quién era él; y los discípulos dijeron: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?» (Mateo 8:23-27).

Es maravilloso notar el verdadero significado de la expresión Zakar, “se acordó”.  Yahvéh actúa para hacer desaparecer la masa de agua de sobre la Tierra, no de manera estruendosa o rimbombante, sino más bien con su providencia. Utilizando los elementos de la naturaleza para restaurar el medio ambiente, gradual y lentamente. El viento evapora el agua, entonces el suelo lentamente absorbe y dispersa el agua, cerrando las fuentes principales de este elemento (especialmente el abismo) asegurándose el cese de todo juicio:

Se cerraron las fuentes del mar profundo y las compuertas del cielo, y dejó de llover.” (8:2)

Una vez que se interrumpieron estas dos fuentes, poco a poco las aguas se fueron retirando de la tierra (8:3a). La palabra hebrea para retirar es shub (o shuv), lo que significa volverse a su lugar. Así se volvieron las aguas, tanto hacia abajo, como hacia arriba por medio de la evaporación (Salmo 104:6-9). El resultado fue que “… al cabo de ciento cincuenta días las aguas habían disminuido» (8:3b). Obviamente el agua no dejó de existir, sino que simplemente volvió a su antigua posición en los arroyos, ríos, lagos y océanos.

Esta es la primera vez que Yahvéh liberó a sus escogigos a través del agua: la próxima ocasión sería en el Mar Rojo (Éxodo Capitulo 14). Evidentemente, el rollo de Bereshit y sus historia fue escrito por Moshé con el objetivo de capacitar al Israel del desierto en su vocación sacerdotal. Este admirable líder pretendía que los hebreos apreciaran el mover del Eterno a través de la creación y sus circunstancia favoreciendo el cumplimiento de sus promesas hechas por medio de pactos.

Ante esto, y meditando el texto, entendemos que el mismo apunta a que el lector entienda que el “zakar” de Yahvéh tiene que ver con la sinergia de las acciones divinas y la humanas, ocurriendo en una complementación de fidelidad y espera paciente para llegar nuevamente a una restauración total de todas las cosas y así inaugurar la Nueva Humanidad.

Ahora, para comprender más profundamente este concepto de “se acordó Dios” (zakar) que encontramos en el texto, notemos la revelación escondida en la referencia escritural misma: capítulo ocho, versículo uno (8:1).

Ocho es el número de los nuevos comienzos. Uno es el número que habla de la naturaleza misma del Eterno (Deuter. 6: 4). Es evidente que el Eterno necesitaba que Noaj y su tripulación comprendieran que estaban ante el umbral de un nuevo comienzo que les permitiría ser los pioneros de una Nueva Humanidad que aprendería a aguardar con fe y esperanza la promesa del cumplimiento del Código Sagrado: la Simiente de la Mujer. Por eso, ellos debían aprender a vencer todo tipo de ansiedad, y contentarse con el proceso pedagógico del Eterno que acontece en cada circunstancia de la vida.

Las lluvias habían cesado y la tormenta había pasado. El arca tocó tierra de la cima del Monte Ararat y las aguas comenzaron a descender, mostrando finalmente que la esquina estaba allí y que podían alcanzar la promesa. Pero aún no pueden descender, hay que esperar un poco más en concordancia con la voluntad del Eterno.

Monte Ararat

Noaj, por su parte, se mantendrá con toda paciencia esperando y buscando una y otra vez las señales divinas (ocultas en cada situación) que comprueben el avance de la restauración que el Eterno le estaba encomendado.

Entonces, después de cuarenta días más, Noaj abrió la ventana y envió un cuervo y una paloma (Génesis 8:6-8). El cuervo iba y venía como quería, pero la paloma volvió al arca porque no había otro lugar donde descansar sus pies. Esto le decía a Noaj que no era el tiempo para dejar la seguridad del arca. Él pudo interpretar dichas señales inteligentemente pero nunca actuando de por sí, sino más bien sumiso a la indicación del Eterno.

De ese modo, sabia y pacientemente, Noaj esperó siete días más antes de enviar a la paloma por segunda vez (verso 10). Esta vez el ave regresó con una rama de olivo fresco en su pico, señalando que el portal de una nueva vida estaba mucho más cerca. Sin embargo, Noaj esperó otros siete días antes de enviar a la paloma por tercera vez (verso 12), pero esta vez la paloma no volvió; aun así, Noaj esperó hasta oír al Eterno hablándole para recibir la orden de abandonar el arca (verso 15). La paloma y el cuervo tienen un significado importante. Si seguimos el ejemplo del cuervo, volaremos en círculos, sin encontrar descanso para nuestra alma cansada. Sin embargo, la paloma, un símbolo del mover suave y pautado del Espíritu de Yahvéh, nos guiará hacia toda verdad mientras esperamos en Él (cf. Juan 16:13.)

Amado discípulo de Yeshúa, es muy frecuente encontrarnos en situaciones en las cuales sentimos como si estuviéramos “estancados dentro de nuestra arca”. Pues bien, debes aceptar que realmente es Yahvéh, nuestro Abba kadosh, quien nos está guardando para protegernos de algo.

Entiendo que el problema que se levanta durante el proceso de espera es que nuestras mentes comienzan a vagar y se ve tentada a cruzar la puerta de la duda para meterse en la zona de la incredulidad. Podemos decepcionarnos mientras esperamos una y otra vez, como si Dios nunca fuera a actuar. Incluso comenzamos a preguntarnos si lo oímos correctamente. Aún si somos hijos primogénitos entendidos en los tiempos, no quiere decir que seamos inmunes a las estrategias del adversario (HaSatán). Quizá no nos demos cuenta, pero es en esos tiempos donde somos más vulnerables que la serpiente susurra a nuestro corazón: “¿Con que Dios dijo…?” (Génesis 3:1b).

Yo te aconsejo que te aferres a estos dos pasajes:

Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!

(Salmo 46:10)

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”

(Isaías 49:15)

Ten siempre presente que, en verdad, el Eterno siempre recuerda, y está siempre trabajando para completar su destino de propósito en nuestra vida.

¡Anhelo que verdaderamente seas fortalecido!


Bitácora relacionada:

¿Dónde se fue el Agua del Diluvio?

Por P.A. David Nesher

 

«El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo á diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas;
… y las aguas aumentaron más y más sobre la tierra, y fueron cubiertos todos los altos montes que hay debajo de todos los cielos» 

(Génesis 7 :11, 19)

Una de las principales objeciones lógicas que presentan los detractores reptilianos de la fe verdadera, especialmente aquellos que, desde postulados científicos, pretenden refutar o ridiculizar la idea de un Diluvio de dimensiones asombrosas, es la que sostiene que con toda el agua que actualmente hay en los polos, de fundirse ésta, no se podría alcanzar a cubrir la cima de las actuales montañas más altas.

Sin embargo, y para el dolor del ego de aquellos, la creencia en un diluvio de alcance mundial, no solamente está claramente relatada en las Sagradas Escrituras, sin que también cuenta con el respaldo del Mesías mismo en sus enseñanzas y  distintas teoría nuevas de la ciencia, basadas en descubrimientos arqueológicos de los últimos años. Además, hay que recordar que este hecho fue tan impactante para la pupila humana de aquella humanidad que ha quedado sostenido a lo largo de los siglos, y se encuentra presente en las leyendas y mitos de todas las culturas del mundo por todos los continentes.

Por eso, necesitamos recordar primeramente que la intención de Moshé al recopilar documentos de su época y armar una síntesis histórica del mundo antiguo, no era la de ofrecer un conocimiento científico. Por el contrario, su objetivo descansaba en la intención de revelar a Israel como el Eterno había determinado desde antes de la fundación del mundo la elección que esta tendría como Pueblo especial que fundaría una nación de sacerdotes para bendecir con la Simiente mesiánica al resto de las naciones (Shemot/Éxodo 19: 6).

Luego de esto, es también importante que tomemos conciencia que el planeta Tierra previo al llamado «Diluvio Universal» no era como el mundo que actualmente conocemos con montañas de grandes alturas y grandes continentes separados por mares.

Las líneas de estos seis primero capítulos dejan entrever dice cosas tan sorprendentes sobre las condiciones de la Tierra anteriores al cataclismo del Diluvio como que, por ejemplo, no había sistema de lluvias (Génesis 2: 5-6). La palabra hebrea utilizada aquí para «vapor» no sólo sugiere un vapor con su humedad asociada, como lo entenderíamos hoy en día, sino también fuentes como geysers o manantiales. Después de todo había cuatro ríos que fluían del Gan Edén (Huerto del Edén), y si no existía lluvia entonces estos manantiales antes nombrados serian la fuente de agua que después iba en cuatro direcciones como ríos a través del Huerto. La importancia de estas fuentes en la Creación original o inicial se enfatiza de nuevo en el libro de Revelación, donde se nos dice que un ángel predicará el evangelio eterno con las palabras:

«… adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.»

(Apocalipsis 14:7)

Otro dato importante es no existían las estaciones tal como las conocemos hoy (Génesis 8:22). Científicos especializados en unir los descubrimientos y teorías actuales, analizando todos los datos obtenidos y cotejándolos con los que el relato bíblico ofrece lograron postular un modelo científico que encajaría perfectamente con lo que Bereshit cuenta en lo referente un diluvio que cubrió la superficie de la Tierra.

Tras los terremoto de Indonesia (diciembre de 2004), Chile (febrero 2010) y el de Japón (marzo de 2011) hemos escuchado a los científicos informar que la inclinación del eje de la tierra ha variado algunos centímetros.

Sabemos desde la escuela que las estaciones terrestres son el resultado precisamente de que el eje de la tierra esté inclinado poco más de 23 grados respecto a su plano de giro entorno al sol. Fue el gran astrónomo Edmund Halley que en 1690 sugirió que una causa inmediata e evidente del Diluvio pudo haber sido que su eje de rotación se desplazase de la perpendicular a la inclinación de 23º y medio que ahora presenta.

De este modo se ha postulado un modelo pre-diluviano donde las misteriosas «aguas de arriba» (Génesis 1:7) cayeron en el Diluvio produciendo junto a una Tierra sin eje de inclinación respecto a su giro entorno al sol, un clima cálido y constante y un efecto invernadero tal y como nos relata el Bereshit (Gén. 2: 5-6) que sucedía antes de la catástrofe del Diluvio.

Cuando se realiza este postulado científico con un modelo que encaja con los indicios, no se hace otra cosa que lo que hacen los científicos evolucionistas. Ellos realizan sus postulados y modelos a base de mucha imaginación, descreimiento, ideas preconcebidas, etc… Estos científicos teístas realizan sus teorías basados en la Palabra de Dios y en los hechos científicamente posibles y comprobables hoy.

EL MUNDO PRE-DILUVIANO ERA DIFERENTE AL ACTUAL.

Todos ya sabemos, mediante el entrenamiento académico recibido y la observación criteriosa y objetiva de un modelo a escala del globo terráqueo, que la tierra no siempre ha sido como es ahora.

En una antigüedad indeterminada (desde el punto de vista científico más literal no hay forma de demostrar una antigüedad de millones de años) se sabe que los continentes actuales formaban un único super-continente que en un momento determinado, por algún motivo catastrófico comenzó a separarse. Los científicos evolucionistas, que creen en una antigüedad extrema -cifrada en millones de años- de la Tierra, se refieren a este super-continente con el nombre de «Pangea«. Nosotros lo llamaremos el mundo prediluviano.

El libro de Bereshit nos otorga datos muy interesantes relacionados con esta Tierra anti-diluviana que los escépticos y muchos cristianos no conocen, y que sirven para explicar después la idea que quiero exponer en esta bitácora.

Al leer el libro de Bereshit (Génesis) en su relato del Diluvio Universal y los cambios que nuestro planeta, encontramos  mucha información sobre la procedencias del agua que provocó semejante catástrofe natural, y también deja en claro dónde fue a parar dicha cantidad.

Lo primero que debemos aceptar es que la Torah da a entender, por sus descripciones, que el Diluvio fue algo más que simple «lluvia» que provocó inundaciones en la región del Medio y Cercano Oriente. Para entenderlo, los invito a que sigamos con mucha atención a esas «aguas de arriba» que cayeron.

Hemos leído que la Escritura nos dice que se abrieron «las fuentes del Gran abismo«:

«...en ese mismo día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo fueron abiertas…«

(Génesis 7:11)

Vemos que la Torah (Instrucción) nos habla de dos fuentes de agua en esta devastación:

  • La primera proviene del cielo, de esas extrañas «Aguas de arriba» de las que nos habla el primer capítulo del Génesis: Posiblemente una capa de agua (diferente a las actuales nubes -que NO son vapor, sino gotas minúsculas-) que rodeaba la tierra de alguna forma. Aquí se mencionan como «Las compuertas del Cielo». ¿Cuánta agua había allí arriba? No lo sabemos pero podemos deducirlo sabiendo que en nuestros cielos una pequeña nube de tan solo 1 Km3 pesa más de ¡un millón de toneladas!
  • La segunda fuente de agua proviene de «las Fuentes del Gran Abismo«. Se nos habla que del manto de la Tierra o del propio mar. Posiblemente Tsunamis gigantescos a causa de una conmoción terrible en la corteza terrestre Según la idea del original hebreo brotaron tremendas cantidades de agua que se unieron a la inundación proveniente del cielo (Ver Aseguran que existe un Océano a 644 km por debajo de la superficie de nuestro planeta).

 

Todas estas estuvieron fusionadas y activas en su misión destructiva durante 150 días durante el Diluvio, aún cuando las lluvias sólo duraron 40 días y 40 noches, mostrando así que había un límite de agua sobre la atmósfera (las cataratas de los cielos).

Si las fuentes del gran abismo fueron la mayor fuente de agua, funcionando durante los 150 primeros días del año del Diluvio, evidentemente existía un gran y voluminoso deposito de agua. Algunos sugieren que cuando Yahvéh hizo que la tierra apareciese de debajo del agua en el tercer día de la creación, parte del agua que cubría la tierra quedo atrapada debajo y en el interior de la tierra seca.

En cualquier caso, en cuanto a la erupción de estas fuentes el día en el que el Diluvio comenzó, la Torah nos dice que las fuentes del abismo «fueron rotas«, esto implica la aparición de grandes fisuras en la tierra. Así, las aguas que se habían mantenido bajo presión debajo de las profundidades terrestres reventaron trayendo consecuencias catastróficas. Es interesante resaltar el hecho de que el 90 % de lo que sale de los volcanes actualmente es agua, a menudo en forma de vapor. Y dado que en el registro morfológico (de las rocas) encontramos muchas rocas volcánicas mezcladas con los estratos fósiles – estratos depositados, obviamente, durante el Diluvio – se puede teorizar que esas fuentes del gran abismo podrían, perfectamente, haber involucrado una serie de erupciones volcánicas con prodigiosas cantidades de agua saliendo a través de la tierra.

De acuerdo a lo que Edmund Halley propuso, dos veces al día los océanos enviarían poderosas olas de aguaje alrededor del mundo, llegando a un máximo cada 150 días con una altura de agua de 10 km. en el ecuador. Etas olas hubieran viajado a 1.600 km/h… ¡era imposible encontrar tierra seca en ninguna parte! Las montañas más elevadas quedaron cubiertas. Esta inmensa ola comprimió el aire al frente de ella y provocó una depresión detrás de ellas. El aire que se precipitó allí, precedente de las regiones polares, provocó una pérdida de calor y una repentina helada en las zonas polares… formando las capas de hielo que traerían las glaciaciones, que terminarían determinando los polos actuales.

La inexistencia de estas grandes diferencias de temperaturas entre los polos y el ecuador significa que los grandes movimientos de viento del mundo actual no existían. Más tarde veremos que las montañas no eran tan altas como ahora antes del Diluvio. En nuestra Tierra actual, esos grandes vientos y las grandes cordilleras de montañas son una parte muy importante del ciclo que lleva la lluvia a los continentes. Antes del Diluvio, sin embargo, no hacían falta ni unas ni otras, dada la forma en que la tierra recibía el agua.

(Para comprender más acerca de esto los invito a leer la teoría de la hidroplaca que explico en esta bitácora).

«Las Cataratas de los Cielos.»

La Torah también nos cuenta que la otra fuente de agua del Diluvio Universal fue la apertura de las cataratas de los cielos. Se nos dice que llovió durante 40 días y 40 noches sin parar, implicando que la apertura de esas cataratas fue el comienzo de la primera caída de agua. Ya hemos dicho, que las afirmaciones del libro de Bereshit implican que no hubo lluvia hasta el Diluvio, cuando se abrieron las cataratas de los cielos y sus aguas cayeron. Esto también explicaría porqué Noaj predicó durante tanto tiempo que iba a llover y porque la gente no le creyó. Nunca habían tenido lluvias ni diluvios locales cuando él predicaba y por eso se burlaron de sus advertencias:

«Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.»

(Hebreos 11: 7)

¿Que son esas cataratas de los cielos y por que no llovió durante tanto tiempo antes del Diluvio?

Al leer el primer capítulo del Bereshit se nos dice que en el segundo día de la creación, Elohim (Dios) separó las aguas que había en la Tierra, de las que Él había puesto sobre la Tierra, y entre estas dos aguas puso una expansión a la que denominó Cielos (o atmósfera). Es en esa atmósfera donde más tarde puso los pájaros, así que sabemos que se refiere a la atmósfera que hoy respiramos. Esto significa que había agua sobre esta atmósfera. Una cantidad de agua que obviamente no se encuentra ahí hoy en día. No se puede referir a las nubes dado que estas producirían lluvias. Tampoco había arco iris. La Torah dice, que Dios estableció un pacto con Noé que consistía en que nunca más ocurriría un diluvio como el que acababa de ocurrir, y el arco iris en el cielo es la señal de este pacto o promesa (Génesis 9 :8-17). El Eterno afirma claramente: «Mi arco he puesto en las nubes…» (versículo 13), lo cual denota el hecho de que hacen falta nubes para producir el arco iris. Las nubes están hechas de gotas de agua, cuando los rayos de sol las atraviesan, estas actúan como prismas de cristal, de forma que la luz se divide en sus colores básicos y vemos un arco iris. Esta promesa o pacto era una cosa nueva que Dios hacia, era por lo tanto la primera vez que se veía un arco iris.

¿Que eran esas aguas sobre la atmósfera antes del Diluvio?

El término normalmente utilizado es una ‘bóveda de vapor de agua’, implicando una ‘sabana’ de vapor de agua alrededor de toda la Tierra. Muchos estudiosos consideran que era agua en forma de vapor, que atrapaba los rayos del sol con más efectividad que lo que lo consigue ahora nuestra atmósfera, y proveyendo un clima semitropical a todas las partes del mundo. Es difícil imaginar como podría el agua líquida mantenerse suspendida sobre la atmósfera, pero el vapor de agua, en cambio, es mucho más ligero que el agua.

El Dr. Joseph Dillow ha calculado cuanto vapor de agua seria físicamente posible que estuviera suspendido sobre la atmósfera como una sábana alrededor de la Tierra. Logró llegar a la conclusión de que seria el vapor de agua equivalente a alrededor de 12 metros (40 pies) de grosor de agua líquida. Eso no fue todo, con este dato, el Dr. Dillow logró también calcular que esta cantidad seria suficiente para generar 40 días y 40 noches de lluvia torrencial. De esta investigación, los científicos descubrieron que si en cambio estas aguas sobre la atmósfera se hubieran encontrado en forma de nubes, entonces si la humedad en la atmósfera se precipitase a la tierra en forma de lluvia, seria el equivalente de menos de cinco centímetros (dos pulgadas) de grosor de agua líquida, difícilmente suficiente para sustentar 40 días y 40 noches de lluvia en la época del Diluvio.

Por lo tanto parece claro que la frase en Génesis 7:11 que dice «...las cataratas de los cielos fueron abiertas...» es una referencia al colapso de esta bóveda de vapor de agua, que de alguna forma se hizo inestable y cayó en forma de agua líquida.

Entendamos bien, que aquellos que fueron testigos de esto, describieron dichos acontecimientos como la apertura de «las cataratas de los cielos«. Algunos sugieren que cuando las fuentes del gran abismo se rompieron y abrieron, presumiblemente en la forma de erupciones volcánicas, el polvo generado por estas erupciones se expandió entrando en contacto con la bóveda de vapor de agua, causando el aglutinamiento de partículas de agua con partículas de polvo, formando gotas de agua que entonces cayeron como agua de lluvia.

Cuando leemos los primeros capítulos de Génesis, descubrimos que los primeros patriarcas vivían durante mucho tiempo. Vivían una media aproximada de 900 años. Mucha gente no puede creer eso porque hoy en día sólo vivimos aproximadamente 70 años. Sin embargo  otra utilidad de la bóveda de vapor de agua hubiera sido el proteger a los habitantes de la Tierra de las dañinas radiaciones cósmicas, que son, en parte, responsables del proceso de envejecimiento. Otros han sugerido que una mayor presión parcial de oxígeno debajo de una bóveda de estas características también podría haber aumentado el tiempo de vida del hombre y de los animales. En las burbujas de aire atrapadas en ámbar (resina de árbol fosilizada) existe una concentración de oxígeno un 50 por ciento mayor que la actual. Por lo tanto el hecho de que los patriarcas anteriores al Diluvio vivieran durante tanto tiempo es una evidencia que corrobora la existencia de la bóveda de vapor de agua.

Teniendo en cuenta el colapso de la bóveda de vapor de agua en los tiempos del Diluvio (la apertura de «las cataratas de los cielos») no es sorprendente pensar que el tiempo de vida de los seres humanos se redujera drásticamente durante los años siguientes a ese acontecimiento. Los descendientes inmediatos de Noé vivieron menos de 900 años, y en unas pocas generaciones los tiempos de vida se redujeron a los 70 años de vida que aún hoy en día se mantienen.

Hay otras importantes implicaciones que derivan de la existencia de una bóveda de vapor de agua antes del Diluvio, y la evidencia de estas corrobora a su vez la existencia de tal bóveda. Aquellos que estén interesados en estudiar este tema más profundamente pueden consultar el libro del Dr. Joseph Dillow.

 

La Gran Pregunta: ¿A dónde se fue el agua ?

Toda la Tierra estaba cubierta con las aguas del Diluvio, y el mundo que entonces existía fue destruido por las mismas aguas de las cuales la Tierra emergió en un principio, a las órdenes de Dios (Génesis 1 :9 ; 2 Pedro 3 :5-6). Pero, muchos se pregunta ¿que pasó luego con todo ese agua ?

Bueno, las mismas Sagradas Escrituras tienen muchos pasajes que responden esta pregunta, identificando las aguas del Diluvio con los mares y océanos actuales (Amós 9 :6 y Job 38 : 8-11).

Ahora bien, el planteo que inmediatamente surge ante esta respuesta es el siguiente: si el agua todavía está aquí, ¿como es que las grandes montañas no están todavía cubiertas de agua como en el tiempo de Noaj?

El Salterio nos brinda la respuesta en el capítulo 104:

«¡Con las aguas del abismo la cubriste!
Las aguas se detuvieron sobre los montes,
pero las reprendiste, y huyeron;
al escuchar tu voz, bajaron presurosas.
Subieron a los montes, bajaron por los valles,
al sitio que les habías destinado. Les pusiste un límite, que no debían cruzar,
para que no volvieran a cubrir la tierra.«

(Salmo 104: 6-8)

El salmista dice que sobre los montes estaban las aguas (versículo 6), pero el Eterno las reprendió y estas huyeron (versículo 7); entonces las montañas subieron, los valles descendieron (versículo 8) y Yahvéh les puso límite, el cual no traspasarán ni volverán a cubrir la Tierra (versículo 9). Entonces nos asombramos al descubrir que las aguas planetarias actuales… ¡son las mismas aguas del Diluvio!

Por ende, las Sagradas Escrituras deja bien claro que Yahvéh alteró la topografía de la Tierra. Nuevas masas continentales de tierra con nuevas cordilleras montañosas de pliegues de estratos rocosos fueron levantadas de debajo de las aguas que cubrían la Tierra que había erosionado y nivelado la topografía pre-diluviana, mientras cuencas oceánicas muy profundas fueron formadas para recibir y acomodar las aguas del Diluvio que entonces abandonaron la tierra de los continentes emergentes.

Por eso los océanos son tan profundos y por eso hay cordilleras montañosas con pliegues. Es más, si hoy niveláramos toda la tierra suavizando la topografía no solo de la superficie continental sino también la superficie del fondo oceánico, el agua del océano cubriría toda la superficie terrestre con una profundidad de más de tres kilómetros (dos millas). Claramente, entonces, las aguas del Diluvio Universal están en las cuencas oceánicas actuales. Tenemos que recordar que cerca del 70 por ciento de la superficie de la Tierra está, aún hoy, cubierta por agua.

¿Un mecanismo ?

Si al final del Diluvio las montañas se levantaron, mientras los valles se hundieron, entonces esos movimientos de tierra tuvieron que ser sobretodo verticales, en marcado contraste con el movimiento horizontal propuesto por la teoría de la deriva continental y las placas tectónicas propuestas por la mayoría de científicos hoy en día. Pero de hecho hay un mecanismo para movimientos verticales de tierra, para el cual tenemos una evidencia indirecta muy buena y alguna evidencia directa.

¿El agua podría haber cubierto el Mt. Everest?

Ya hemos dicho que la altura máxima de las aguas del Diluvio sobre una Tierra teóricamente nivelada hubieran sido de alrededor de tres kilómetros (dos millas). Pero resulta que el Mt. Everest, por ejemplo, tiene más de ocho kilómetros de altura. ¿Entonces como pudieron las aguas del Diluvio cubrir todos los montes altos de debajo de los cielos?

Pues bien, ya hemos dicho que las montañas altas no eran necesarias para la lluvia en el mundo pre-diluviano, y que las montañas de hoy en día fueron formadas después del Diluvio a través de el mecanismo vertical antes citado. En apoyo de esto podemos observar que las capas que forman las partes más altas del Mt. Everest están compuestas de capas depositadas por agua que contienen fósiles. (ver: Hallan Fósiles Marinos en el Monte Everest).

Este proceso de levantamiento de nuevas masas continentales de debajo de las aguas del Diluvio conllevaría que, mientras las montañas se elevaban, los valles se hundían, y las aguas abandonasen rápidamente las nuevas masas continentales emergentes. Este rápido movimiento de grandes volúmenes de agua causaría una gran erosión. No es difícil contemplar la rápida ‘excavación’ de muchas de las formas rocosas que observamos hoy en día en la Tierra, incluyendo, por ejemplo, el Gran Cañón del Colorado en USA, y las rocas Ayers en Australia central. (La forma actual de este monolito es el resultado de un ladeo y levantamiento de los previamente horizontales lechos de arena dejada por el agua seguido de la erosión.

Es por esto que también vemos, en muchos casos, ríos en valles que son mucho mayores de lo que deberían ser si hubieran sido hechos por el mismo río, que es diminuto en comparación con el valle, que ahora fluye por el valle. En otras palabras, el volumen de agua responsable de crear esos valles tan grandes tiene que haber sido mayor que el volumen de agua de los ríos de hoy en día. Esto es consistente con la idea de grandes volúmenes de aguas diluvianas abandonando las masas de tierra emergentes al final del Diluvio, y yendo a parar a las nuevas y profundas cuencas oceánicas.

 

Biografía: 

«Mitos y Milagros» _ David C. C. Watson (Ed. Clie)

«El Enigma del Arca de Noé y el Diluvio» _ Claudio Soler & Mónica Quirón

Un Cambio de Deseo Originó la Guerra de los Sexos

Por P.A. David Nesher

«A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.«

(Bereshit(Génesis 3: 16)

Al investigar y sumergirnos en la Instrucción (Torah) del Eterno, poco a poco vamos desintoxicando nuestras mentes del dogmatismo babilónico-reptiliano con el que se nos programó desde el sistema de cosas imperante que la serpiente antigua ha establecido sobre los miles de millones que componemos la humanidad.

Entendemos por lo que Génesis revela en su tercer capítulo que la religión se hizo presente el día en que Adam Harishón (Primera Humanidad) escuchó la propuesta de una enseñanza totalmente anti-Torah. Así aquellos primeros regentes y padres de la humanidad (Adán y Javá) dieron lugar a una serie de paradigmas de tinieblas que comenzarón a tomar potestad destructora sobre el más grande diseño de la Luz: la sexualidad expresada en el binomio sacerdotal varón-mujer.

De este modo la mujer  han sido erróneamente devaluada, ignorada y omitida dentro la historia. Hasta la misma teología tradicional de la mujer en la Iglesia Romana y sus hijas (Ap. 17) ha sido marcada por una aversión a la mujer expresada en la  misoginia de sus prácticas, que ha producido el machismo que ha regido a occidente por siglos.

Ahora bien, ¿cómo comenzó esta degradación sexual?

Según el tercer capítulo de Bereshit, Adán y Javá desconfiaron de la benevolencia, la disciplina y la compasión del Eterno, y voluntariamente se apartaron de Él dependiendo de su propia opinión para encontrar cómo lograr la felicidad extrema. Ellos decidieron unánimemente rechazar Su Instrucción (Torah) y determinaron comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Poreesto, el Eterno los llamó a rendir cuentas y les describió la maldición que recaería sobre ellos y la vida humana que desde ellos descendería, a causa del pecado.

En este capítulo logramos ver como el mundo de la mujer, y por ende el de la familia, fue afectado lamentablemente por el pecado de la misma Javá (Eva). El relato de la caída humana revela que a causa del mismo yetser hará (tendencia al mal) de la mujer, las cosas que ya existían en pequeña escala fueron ahora aumentadas para convertirse en algo muy doloroso (el parir y la sujeción marital).

La palabra hebrea teshuqá, traducida en este texto como «deseo«, viene de la raís shuq que significa:

  • «voltearse para ir obsesivamente en pos de algo«,
  • «tener un intenso anhelo u obsesión de una cosa«,

Desde estas dos significaciones, la expresión «deseo» está implicando el uso de la lujuria de parte de la mujer para poder manipular al hombre y conseguir así sus anhelos egoístas de control y dominio. Por eso es que la Septuaginta o «Versión de los Setenta«, traducirá esta palabra en griego como “voltearse”. Visto así, el verdadero significado de teshuqá es de hecho “voltearse” cambiando el blanco del deseo.

Con este acto de desobediencia Javá se esta volteando o alejándose del señorío de Yahvéh y enfocándose hacia el varón, poniéndolo a él entre ella y el Eterno. Dios le advierte a Eva que esta decisión de voltearse hacia el varón para sentir significado de propósito traerá como resultado que ella venga a caer bajo el dominio del hombre. Esta expresión habla de un desafío inherente de querer adoptar el papel del marido como jefe del hogar y la familia.

Esta es una descripción de la maldición. Es una descripción de miseria, no un modelo para el matrimonio. Esta es la historia que se presentará siempre que el pecado prevalezca. Pero, ¿qué es lo que realmente se dice aquí? ¿Cuál es la naturaleza de esta relación que ha quedado en ruinas después del pecado?

El paralelismo clave en Génesis 4:7

La clave para comprender profundamente esta sentencia, está en aprender la conexión que existe entre las últimas palabras de este versículo (3:16b), y las últimas palabras de Génesis cap. 4 vers. 7. Aquí el Eterno está advirtiendo a Caín acerca de su resentimiento y enojo contra Abel, su hermano. Yahvéh le dice que el pecado está a punto de enseñorearse de su vida. Por favor, les solicito que observen con mucho discernimiento el final del versículo 7:

«… el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

El paralelo entre el cap.  3 vers. 16 y el cap. 4 vers. 7 es extraordinariamente cercano. Las palabras son prácticamente las mismas en hebreo, y también pueden verse en español. En 3:16 vemos que Elohim dice a la mujer: «Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti«. En el cap. 4 vers. 7 Elohim dice a Caín: «a ti será su deseo, y tú te enseñorearas de él«.

Ahora, la razón por la cual es importante ver esto, es porque nos muestra más claramente lo que se entiende por «deseo«. Cuando el versículo 7 de capítulo 4 dice que el pecado está a la puerta del corazón de Caín (como un león, -Génesis 49:9-) y que a él será su deseo, significa que el pecado quiere enseñorearse de Caín, quiere derrotarlo, someterlo y hacerlo esclavo del pecado.

Ahora, si volvemos al versículo 16 del capítulo 3, probablemente deberíamos ver el mismo significado en el pecaminoso deseo de la mujer. Cuando dice, «Tu deseo será para tu marido«, que significa que cuando el pecado se enseñorea de la mujer, su deseo será el de dominar, someter o explotar hombre. Y cuando el pecado de la mujer se enseñorea del varón, este va a responder de la misma manera y con mayor fuerza la someterá, o se enseñoreara sobre ella.

Entonces, lo que se describe realmente en esta maldición acontecida sobre la condición de ser mujer ( 3:16) es el conflicto de siglos entre varones y mujeres que ha marcado la historia de la humanidad. La masculinidad como el Eterno la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. De igual modo la feminidad como Yahvéh la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. La esencia del pecado es la autosuficiencia y la auto-exaltación. Primero en la rebelión contra el Eterno y luego, como consecuencia, en la explotación de unos a otros.

Por lo tanto, la esencia de la virilidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a las mujeres para sus propios deseos privados. Y la esencia de la feminidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta el poder dominar, controlar y explotar a los hombres para sus propios deseos privados. La diferencia la establecerán la distinción de debilidades que pueden  explotar el uno del otro.

La mujer con su acto de yetser hará (inclinación al mal) quebrantó su relación con el varón, señalado por los lineamientos del diseño divino original. En vez de ser una «ayuda idónea» (ezer kenegdó) para él, se iría convirtiendo en su seductora enemiga. Por eso Yahvéh advirtió que esto la conduciría a perder su condición de igualdad con el varón; él terminaría siempre «enseñoreándose» de ella como amo y señor. En el pasaje que nos tiene meditando durante todo este estudio, se describe a una esposa como que es «poseída» por su señor. Por eso, vemos que a lo largo de la historia, entre la mayoría de los pueblos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud.

Por esto será que Yahvéh liberará a Israel de Mitzraim (Egipto). Él quería que Su Pueblo se convirtiera en una nación sacerdotal (Éxodo 19: 6) para que el ser humano (tanto varón como mujer) aprendiera a rectificar, reparar y transformar el diseño de la sexualidad de acuerdo a los código de la Luz Infinita. Por eso, desde Israel aparecerá el yugo de Yeshúa quien colocará a la mujer en la misma plataforma que el varón en todo lo que atañe a las bendiciones del Evangelio del Reino de Elohim:

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

(Gálatas 3: 28)

Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios mesiánicos llevarán al varón y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de «enseñorearse» del otro:

«Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
(Colosenses 3: 18-19)

En conclusión, recordemos que lo que somos como varones y mujeres va al corazón de nuestra identidad personal. Si se confunden aquí, las repercusiones serán muy profundas y afectarán muchos aspectos.

Hoy, el pequeño remanente de los hijos de Sión están llamado a reconstruir a partir de la Instrucción divina, y con la mejor praxis posible, la imagen destruida del varón y la mujer a la imagen que Yahvéh les había asignado antes de la caída.

Hoy, el SEÑOR nos pide recuperemos al diseño matrimonial, invitando a cada pareja a aceptar la invitación mesiánica de recibir el yugo de Yeshúa. Por eso, solicito a los que leen oraciones intercesora a favor de mi vida y los miembros de mi ministerio, para que podamos llevar fiel y rápidamente todos estos misterios a las naciones del mundo. A la vez invito a cada lector a que que considere seriamente estas cosas, y decida sumarse a todos los hijos primogénitos que habitamos el  Monte Santo del Eterno.

https://davidnesher.com.ar/contacto/

Una Vasija para la Luz Infinita

Por P.A. David Nesher

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre con la imagen suya, con la imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

(Bereshit/Génesis 1:26-27)

Iniciaré esta bitácora mencionando que el teólogo Leupold ha hecho un excelente trabajo de investigación en los códigos hebreos que conforma la expresión «Y dijo Dios: Hagamos al hombre con nuestra imagen…”, mostrando que la pluralidad de hagamos no puede ser solamente la pluralidad de la realeza divina, ni tampoco puede ser Dios hablando con los ángeles, como otras interpretaciones aseguran. Es un indicio perfecto de la Unidad del Eterno, manifestada en tres persona aunque no declarada detalladamente.

Ahora sí, sumergiéndonos en los versículos considerados en el encabezamiento, el texto aquí nos permite adquirir un entendimiento claro de quién es el ser humano frente a la perspectiva divina. Las líneas del mismo vibran en una codificación que implanta en nuestra mente y nuestro corazón, la certeza de saber que somos hechos a la Imagen de Dios ( lat. Imago Dei, según el término teológico cristiano). Queda de este modo revelado por el mismo Dios, que el ser humano, como creación divina, es diferente a cualquier otra clase de criatura porque ha sido creado, formado y hecho de una manera consistente con la naturaleza del Eterno.

El significado de estas palabras nos exhorta a aceptar que existe una cima intransitable entre la vida humana y la vida animal. En ningún lado de la revelación escritural se insinúa siquiera que los animales son hechos a la imagen de Dios. Por eso, el ser humano que es humilde ante la verdad, debe aceptar que aunque los seres humanos nos asemejamos biológicamente a ciertos animales, somos distintos en nuestras capacidades morales, intelectuales, y espirituales.

Este relato también nos conduce al hecho de que también existe una brecha insalvable entre la vida humana y la vida angelical. Los ángeles no pueden tener el mismo tipo de relación de amor y convivencia con el Eterno como nosotros. Ellos fueron creados y formados en una posición de intimidad inferior, a la que el hombre puede adquirir por la fe. Por ello, debemos aceptar que los seres humanos jamás pueden convertirse en ángeles ya que son de posición superior a ellos en cuanto a poder. Sin embargo, en la posición de filiación y herencia que el Eterno nos ha entregado en el Mesías, si debemos entender que dichos seres celestiales fueron creados en una funcionalidad de servicio para los escogidos (Hebreos 1: 14).

Ahora bien, considerar la doctrina del Imago Dei (o Tzelem Elohim según el hebreo) significa aceptar que la encarnación del Mesías fue verdaderamente posible. El Eterno (en Su segunda persona de Su Unidad) verdaderamente podía venir a ser hombre, porque aunque la deidad y la humanidad no son lo mismo, sí son compatibles en cuanto a la Intención.

La palabra “imagen” que aparece en estos versículos en hebreo es צֶלֶם (tzelem), es un bello ejemplo de cómo funciona el hebreo, el cual es un idioma con raíces. La palabra צֶלֶם se relaciona con la palabra “sombra” en hebreo: צֵל (tzel). Una sombra es una imagen imperfecta que se asemeja a la cosa real que proyecta. La “imagen de Dios”, tzelem Elohim, también puede ser entendida, por lo tanto, como tzel Elohim, “sombra de Dios”, en el sentido en que es una copia imperfecta de la imagen real perfecta.

Esto significa que la vida humana tiene valor intrínseco, muy aparte de la “calidad de vida” experimentado por un individuo, porque la vida humana es hecha a la imagen de Dios.

Existen ciertas cosas específicas en el ser humano que demuestran que es hecho a la imagen de Dios:

? Solo el hombre tiene un rostro que naturalmente mira hacia arriba.
? Solo el hombre tiene una variedad tan grande de expresiones faciales.
? Solo el hombre tiene un sentido de la culpabilidad que se muestra con un sonrojeo.
? Solo el hombre habla.
? Solo el hombre posee personalidad, moralidad, y espiritualidad.

Hay tres aspectos significativos de la idea de que somos hechos a la imagen de Dios:

✍? Significa que los humanos poseen personalidad: El ser humano es el único que posee conocimiento, emociones, y una voluntad. Esto aparta al hombre de todos los animales y de las plantas
✍? Significa que los humanos poseen moralidad: Somos capaces de hacer juicios morales y de tener una conciencia
✍? Significa que los humanos poseen espiritualidad: El hombre está hecho para tener una comunión íntima con Dios. Es a nivel espiritual que podemos comunicarnos con Dios.

Considerando todo esto, debemos entender que la expresión Imagen de Dios no significa que el Eterno tiene un cuerpo físico semejante al humano. Sabemos, por lo que el Maestro Yeshúa enseña, que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Pero, aunque Dios no tiene un cuerpo físico, él diseño el cuerpo físico del hombre como vasija de la imagen que lo representa para que pudiera hacer muchas de las cosas que hace el Eterno como Ver, oír, oler, tocar, hablar, pensar, planear, etc., pero conectado corporalmente a todo el cosmos físico, con el fin de elevarlo a la plenitud. Por ello es que el ser humano es un microcosmos que contiene coincidentemente todos las estructuras de diseño del macrocosmos.

El Destino de un Hijo Idolatrado por sus Padres… (Caín y Abel)

Por P.A. David Nesher

 

 

«El hombre se unió íntimamente a su mujer Javá, y ella concibió y dio a luz a Kayin. Y dijo: «¡Con la ayuda de YHVH, he tenido un hijo varón!«

(Bereshit/ Génesis 4:1)

Al estudiar Bereshit comprendemos que la actitud desobediente de Adán y Eva fue la causal de sufrimiento a sus hijos (Romanos 5: 14). La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

En esta oración, el objeto es la concepción, seguido de la palabra Caín. La preposición «a» que aparece en esta traducción en realidad no está en el texto original hebreo (este dato de la traducción será importante tenerlo en cuenta para la segunda parte de este versículo).

Continuando ahora con el relato, será interesante considerar el juego de palabras entre la expresión hebrea para Caín  (es decir Kayín –Gen. 4:1a-), y la palabra hebrea para «tenido» que es el hebreo Kaná (4:1b). El nombre Kayín viene de la raíz kayín, que significa comprar adquirir. Pero la palabra para tener proviene de la raíz kin, que significa tenerdar forma (Salmo 139:13; Proverbios 8:22). Por lo tanto, el juego de palabras entre Caín y tener no se basa en las raíces de palabras similares, pero si únicamente en la pronunciación en hebreo. En otras palabras, suenan igual. Una vez más, esto apunta al hecho evidente de que el idioma original de la humanidad era el hebreo.

Entonces, el nombre de Kayín, básicamente, significa, “¡lo tengo!”, “¡lo logré adquirir!” o ”¡Aquí está por fin!”. Desde esto, queda evidenciado que el pensamiento de Javá era que Kayín fue la simiente que Yahvéh prometió. Ella estaba convencida que el Libertador Celestial (Mashiaj) vendría de su vientre (Génesis 3:15). Por eso tiene sentido en que ella dijera: “¡Tengo al varón del Señor!” Justamente aquí debemos tener en cuenta un dato importante. La frase «con la ayuda del …» (NVI), o «de parte…» (RV), no está en el texto hebreo. Fue el sacerdote agustino y reformador Martin Lutero quien tradujo este versículo de esta manera, y desde entonces todos los traductores bíblicos han incorporado este error en sus traducciones. Literalmente, según las raíces hebreas, Génesis 4:1 debe leerse:

“He adquirido un varón- YHVH”.

¡Caín fue el primer hijo varón que nació fuera del huerto del Edén! Por ende, Javá (Eva) supuso que este niño era el Dioshombre.

Entonces el texto continúa diciendo:

«Después dio a luz a Abel, hermano de Caín»
(4:2)

La palabra hebrea para Abel es Hével, que significa soplovanidad o vaciedad (transitorio). Literalmente, significa «un soplo que dura poco» y hace hincapié en la brevedad de la vida humana (Job 7:16; Salmo 144:4). Al nombrar a su hijo Abel, discernimos que la maldición de la caída había comenzado a hacerse sentir en la vida de Adam y Javá. Cuando Abel nació, se dieron cuenta todo lo que él no iba a ser. Desde su punto de vista, él no sería un Dioshombre.

En circunstancias normales, los padres quieren las mejoras cosas para sus hijos. Se preguntan si sus hijos están destinados a la grandeza. Adam y especialmente Javá, tenían estas expectativas por Kayín, pero la esperanza de los padres fue más allá de las expectativas. Adam y Javá esperaban que Kayín fuera el Mesías prometido de Dios.

Javá pensó que tenía en sus brazos al Mesías, el Salvador de todo el mundo, pero lo que en realidad sostenía en sus brazos era un Anti-Mesías homicida. Obviamente, ella estaba equivocaba. Pasaría un largo tiempo hasta que el Salvador vendría.

Pero, ¿quien fue Kayín en realidad?

Pues las Sagradas Escrituras lo describe como un instrumento homicida de HaSatán (1 Juan 3:12), por lo que fue utilizado por el maligno para intentar destruir a la simiente prometida. Sí, Kayín fue el instrumento en las manos de Satanás para destruir a los hijos del Eterno, a los adoradores verdaderos del único y verdadero Dios. La sorpresa que se llevó Javá cuando supo de lo que Kayín había hecho a su hermano fue probablemente increíble. ¿Cómo destruiría Yahvéh ahora a la serpiente, si su simiente se había implantado en su hijo idolatrado? ¿Cómo haría Yahvéh para acabar con el peor enemigo de la humanidad?

Más allá de todo error humano, Yahvéh es un Dios que cumple Sus promesas. Las Sagradas Escrituras lo describe como un Dios que no se arrepiente como los hombres, ¿por qué? Porque todo está bajo su soberanía. Él tiene el perfecto control de la historia. Yahvéh había prometido a Adam Harishom (la primera humanidad) una Simiente (el Mesías) que derrotaría a HaSatán y libertaría a la humanidad de la muerte espiritual. El Código Sagrado estaba por lo tanto establecido en pacto, por lo tanto, el Eterno lo cumpliría en tiempo y forma.

Por ello es que el hagiógrafo nos relata en los versos finales del cuarto capítulo lo siguiente:

“Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín. Y a Shet también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de YHVH.”
(Génesis 3: 25 -26)

Javá (Eva) reconoció tarde quien de sus hijos, Kayín y Hevel (Caín y Abel), era el verdadero adorador del Eterno. Kayín fue un asesino, un instrumento del enemigo para borrar la promesa divina de Yahvéh acerca del Mesías. Sin embargo, el Eterno, cumpliendo su palabra le dio otro hijo a Javá.

El nombre Shet significa “puesto”, “sustituto”, y por lo tanto habla proféticamente de varias cosas dadas en el ministerio del Mesías. El Mesías iba a ser un sustituto para el hombre que ha muerto. El Mesías también representa al hombre y puede hacer un intercambio de manera que su muerte pueda dar nuevamente vida al hombre muerto. La fe en una muerte y resurrección representativa del Mesías está escondida en la declaración de Javá.

Esta vez Shet, restauraría la línea sacerdotal de justicia (los conocidos com Malki Tzedek) que conduciría a los hombres a invocar el nombre de YHVH, y a través de quien vendría el Mesías victorioso anunciado en Gan Edén.

Caín y su Rostro Caído

Por P.A. David Nesher

 

Por P.A. David Nesher

Y aconteció que, al transcurrir el tiempo, Káyin trajo a YHVH una ofrenda del fruto de la tierra. También Hevel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y YHVH miró con agrado a Hevel y a su ofrenda. Pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo. Entonces YHVH le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.”

(Bereshit/Génesis 4: 3-4)

En el tercer capítulo de Bereshit (Génesis) hemos apreciado como apareció en el mundo la raíz del pecado. Pues bien, al llegar al cuarto capítulo de Bereshit podemos percibir cómo se manifiesta el fruto del pecado.

Recordemos que el Eterno le había anunciado a Adam HaRishón (primera humanidad) acerca de un conflicto que vendría entre la Simiente de la Serpiente y la Simiente de la Mujer (3:15). Pues bienAdam y Java (Eva) no tardarían en experimentar la realidad de este conflicto en la trágica historia de sus dos hijos.

Este pasaje persigue enseñar que Adam y Java, con su desobediencia también trajeron sufrimiento a sus hijos. La muerte era una amenaza constante para sus intentos de ser fecundos y multiplicarse. El apetito de la tumba no tiene fin. El dolor del parto no se limita al dolor del trabajo de parto. Ahora, en vez de ser el feliz acontecimiento que debería haber sido el nacimiento de un niño, con el tiempo se convirtió en la fuente del dolor inevitable para todos. Un niño arruinado en un mundo arruinado. Los padres también sufren porque son incapaces de proteger a sus hijos de la angustia y la naturaleza caída del mundo.

La historia de Kayin y Hevel (Caín y Abel), se debe entender, en todo sentido, como la historia real de las relaciones humanas, también es una imagen del viejo conflicto de las dos semillas.

Kayin pensó en ofrecer simbólicamente un sacrificio al Eterno. Sin embargo, razonó que, dado que Dios de todas maneras no comería, él podía ofrecer aquello que consideraba oportuno para el rito, según sus propios razonamientos. Hevel, en cambio, observó a su hermano, pero lo llevó un paso más allá: si simbólicamente estamos proclamando nuestra gratitud y amor a Yahvéh, debemos llevar lo mejor del ganado, para simbolizar nuestra esperanza mesiánica.

Hevel ofreció generosamente lo mejor que poseía, corderos que nunca habían esquilado o trabajado y que no tenían defectos. Yahvéh había revelado a Adam y Javá cuáles eran los animales limpios que valían para los sacrificios, (cf. Génesis 7:2), y por eso Hevel sabía qué clase de animales el Eterno podía recibir. Por medio de los códigos gemátricos, se interpreta que es muy probable que el animal que fue sacrificado en el huerto antes de la expulsión haya sido un cordero (cf. Revelación 13:8; 1 Pedro 1:19-20), por lo que se explica que Hevel se basara en la revelación que el Eterno había dado mediante ese sacrificio. Según el Midrash, los sacrificios de Káyin y Hevel fueron dados el 14 de Nisán, el mismo día que el sacrificio de Pesaj (pascua) iba a ser ofrecido más adelante.

El  escritor de la epístola a los Hebreos escribió explicando esto:

“Por la fe Hevel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Káyin, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.”
(Hebreos 11: 4)

Hevel sacrificó por la fe. No dice “por fe”, sino “por la fe”. No era por cualquier fe, sino la fe, la de siempre, la única que fue dada desde el principio, la fe de los hebreos. Es evidente que Hevel tenía fe en el sacrificio futuro del Mesías, según lo que el Eterno había revelado anteriormente en la promesa mesiánica del Proto-Evangelio (cf. 3:15, 21). Y fue por esa fe fue que fue justificado, es decir declarado inocente y libre de la culpa de su pecado.

El Eterno miró con agrado a Hevel, en primer lugar, y luego su ofrenda. Vio la actitud de su corazón de amor, entrega y fe, y esa actitud fue recompensada con la manifestación de su agrado. El Midrash cuenta que cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. ¡Sí!,… ¡así es!… bajó un fuego y consumió el sacrificio de Hevel, pero no el de Kayin. Esto dejó a Kayin preso de sentimientos negativos. Entonces vemos que Yahvéh lo consoló y le explicó como la nueva serpiente (también conocida como “la inclinación al mal” – yetser hará-) está en cuclillas para atacar al hombre. Pero el hombre tiene el poder de vencerla si así lo desea y decide.

Kayin, el primogénito de Adam y Javá, pasó por una crisis muy profunda. Su ofrenda para el Eterno no había sido bien recibida. El problema no era que al Eterno no le gustase lo que él ofreció, sino los motivos de su corazón cuando lo ofreció. El Eterno ve lo que hay en el corazón y la intención ( en hebr. kavaná) que hay detrás de las acciones humanas. Para Él no es lo más importante lo que hagas, sino por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Caín dio una ofrenda, pero no fue bien recibida.

El texto que nos ocupa dice que el Eterno no miró a Kayin y su ofrenda. Notemos que para Yahvéh, primero se trata de Kayin, y luego de su ofrenda. Es decir, que el Eterno no miró con agrado a Kayin y por eso no pudo recibir su ofrenda.

Entonces: ¿Cuál fue el problema de Kayin? Sus motivos no eran correctos. Su corazón no estaba entregado al Eterno. Buscaba sus propios intereses y no los de Yahvéh. Presentó una ofrenda por causa de sí mismo o por causa de lucir ante los demás, pero no por tener un corazón recto ante el Eterno. El Eterno no se impresiona por las acciones exteriores sin kavaná (intención adecuada). (Aquí, haré un parate y elevaré una exhortación: ¡Acuérdate de esto, querido discípulo: no es lo que hagas lo más importante delante del Eterno sino el POR QUÉ lo estás haciendo!)

Ahora bien, sabemos que el Eterno, que no puede ser engañado (Gálatas 6: 7), por eso aprovechó esta ocasión para enseñar amorosamente a Kayin una lección importantísima que pudo haber salvado su vida y la de su hermano. El Eterno le expresó, de alguna manera a este varón, por qué no se agradó de él ni de su ofrenda. Pero, Kayin, en lugar de revisar su corazón y de cambiar su actitud (hacer teshuvá), optó por seguir su inclinación al mal (el yetser hará) y así dejar lugar para la emoción ira que tenía, se convirtiera en enojo, y este produjera un odio que lo quemaba de tal manera que su rostro cayó.

¡Un momento!… ¡No vayamos tan rápido!… ¿Qué quiere significar el texto hebreo con la expresión “cayó su rostro”? Bueno, primero, da a entender que la cara cae por causa de un cambio de postura de los músculos faciales; segundo, se produce una mirada hacia abajo o desviada; tercero, se ofrece una cabeza inclinada hacia abajo.

En pocas palabras, cuando la ira llenó el alma de Kayin, ya no pudo tener una cara alegre. Toda su expresión corporal comenzó a hablar acerca de lo que había en su interior. El Eterno le pregunta por qué está ardiendo de enojo y por qué su rostro está caído. De esta manera le concedía una oportunidad para reflexionar y cambiar de actitud (hacer teshuvá). Pero en lugar de hacer caso a las correcciones del Eterno, Caín decidió continuar el camino de maldad que estaba formándose en su alma.

El Eterno le dio una palabra muy precisa para no tener que seguir en su camino a la muerte y escoger la vida. Con esa palabra Kayin hubiera podido elegir por la alternativa correcta: el Camino de la Vida. ¿Cómo? Por medio de hacer una elección interior de cambio de actitud. El Eterno dijo que Kayin tenía la posibilidad para dominar el mal que estaba deseando tomar control de todo su ser. Caín podía haber dominado la ira. Kayin podía haber impedido que su rostro cayera. Kayin había sido creado para ejercer dominio en este mundo y también en su mundo interior donde había una guerra entre el bien y el mal. Yahvéh le entregó la llave para salir de su cárcel de pecado. ¿Cómo podría haberlo hecho? Por medio de escoger lo correcto y decir no al enojo, la envidia y el deseo de dañar al hermano. Se trataba simplemente de una decisión. En eso consistía el poder que tenía Kayin en su interior. De este modo, Yahvéh le dio autoridad a Kayin para dominar el pecado en ese mismo momento cuando el mal estaba invadiendo su alma. Siempre esa será la clave para trazar destino: tomar una decisión determinante. Pero, lamentablemente, vemos que Kayin no quiso cambiar, y las consecuencias fueron desastrosas.

Por eso esta historia, nos permite ver claramente el simbolismo expresado por Yahvéh. Por un lado, Kayin tipifica la simiente de la Serpiente, mientras que Hevel  es un tipo de Mesías, la Simiente de la Mujer. Similarmente hoy en día, Caín y Abel representan a las dos familias del mundo. Caín representa a aquellos fuera de la fe que siguen a su padre el diablo, y son, en un sentido espiritual, la simiente de la serpiente, y Abel representa a aquellos de la fe que están en el Mesías (Efesios 1:4) y por lo tanto, en un sentido espiritual, representan a la Simiente de la mujer.  Kayin cedió ante el mal agazapado en su interior y, finalmente, el pecado lo desbordó.

Una vez que la inundación del pecado fue liberada en el mundo no había forma de detenerlo. Todo el mundo en la tierra fue ahogado por él y tiñendo todo lo que entrara en contacto. Siguiendo el ejemplo de Adán y Eva, sus hijos se rebelaron abiertamente contra el Señor. Puesto que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios. Por ello, el Eternos los entregó a una mente reprobada, para hacer lo que no se debe hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; inventan maneras de hacer el mal, desobedientes a los padres, que son sin sentido, desleales, sin afecto y despiadado (Romanos 1:28-31).

El denominado “camino de Caín” (Judas 11) es la falta de fe que se manifiesta en estos actos terribles, en la negación de la responsabilidad y la negativa a aceptar los justos castigos de un Dios justo. Y el primer ejemplo que vemos de esto es cuando Caín mata a su hermano Abel.

Dos lecciones podemos sacar de esta trágica historia familiar. Primero, si el pecado quiere dominar nuestra alma, tenemos la capacidad dada por el Eterno para decir NO y optar por lo correcto y conveniente. Si pecamos no podemos echar la culpa a nada ni nadie, porque somos nosotros los responsables por haber dejado lugar al mal en nuestra alma. En cambio, si optamos por lo justo, aunque nuestras emociones estén ardiendo en nuestro interior, el Eterno nos ayudará a dominar nuestra mente y superar el pecado y sus consecuencias desastrosas. Recordemos que el reya Salomón, refiriéndose a esto, enseñaba que hace falta un poder muy grande para dominar la mente humana, más que para la conquista de una ciudad:

“Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.”
(Proverbios 16:32)

Ese poder está en el interior de cada ser humano. Es el poder de la decisión. El Eterno dijo a Kayin que podía dominar el pecado. Por eso sólo él era responsable por haber decidido negar la justicia, y haber optado por el mal y sus consecuencias. Recordemos que el mal siempre comienza en nuestro interior, y es en el interior dónde diariamente tenemos que vencer la batalla entre el bien y el mal.

La segunda lección que podemos aprender de esto es que al Eterno no le agrada un rostro caído. Él nos creó para estar alegres y no deprimidos, ni amargados. Nosotros podemos optar por no dejar caer nuestros rostros en los momentos de lucha y de adversidad en la vida. NOSOTROS podemos optar por otra cara y levantarla utilizando la gratitud constante o alabanza.

Kayin Hevel tuvieron que tomar una decisión, al igual que usted y yo tenemos que tomar una decisión. Podemos elegir ser como Kayin o como Hevel. Por un lado, de la misma manera que luego lo haría nuestro padre Abraham, Hevel creyó a Yahvéh, y le fue contado por justicia (Gén. 15:6). Pero Kayin decidió por su propio derrotero, y así generó «el camino de Caín» que condujo desde entonces a la civilización humana a estar tan enemistada contra el Espíritu de Yahvéh, que el mismo Dios verdadero tuvo que traer un diluvio sobre todo el planeta, y empezar de cero con los de la fe. ¿Cuál es tu elección?

¡Que hoy tu decisión sea la correcta para que tu rostro siempre esté levantado!


Bitácoras Relacionadas y Recomendadas: