Moisés

El Becerro de Oro: Cortocircuitos Psíquicos del Hedonismo Sincretista (Ki Tisá)

Por P.A. David Nesher

¡Que gran contraste! Una vivencia celestial en la cumbre; un resultado inframundano a los pies del Monte Sianí. Esa es la síntesis del mensaje de este shiur (lección). Para el pueblo de Israel, Moisés se demoraba en el Monte y eso le hacía perder su confianza (emunáh). Sus percepciones sensoriales prevalecieron sobre toda certeza extrasensorial. El líder no regresaba, quizás había fallecido. En ausencia de Moisés, el pueblo se intranquilizó. Sin su líder, quedaron abandonados a sus propios recursos.

Es cierto que Moisés tardaba, pero Dios tenía un propósito maravilloso por la tardanza de Moisés, y muy pronto terminaría. El Eterno quería que ellos comprendieran que su relación con Él ya era directa, pues ya contaban Su Instrucción en sus mentes y corazones. Todo lo que ellos necesitaban era ser pacientes un día más y la preciada Torah sería de ellos para reparar o rectificar (tikún) el mundo entero. Pero debido a que el pueblo no pudo ver la razón de la tardanza, ellos permitieron que esto les fuera de tropiezo.

Aprende más de esto escuchando esta enseñanza:

También puedes leer esta BITÁCORA:

La “Shirá HaYam” o «Canción del Mar»… ¿Qué Misterio Tiene?

Por P.A. David Nesher

Az yashir-Moshe uveney Yisra’el et-hashirah hazot l’Adonay vayomeru lemor ashirah l’Adonay ki-ga’oh ga’ah sus verojevo ramah vayam.

«Entonces, al ver el milagro divino, Moshé, junto a los israelitas, entonó este cántico a YHVH, que declara:
“Cantaré a YHVH porque es sumamente exaltado, y al caballo con su jinete arrojó al mar.»


(Éxodo/Shemot 15: 1)

Si lo pensamos bien notaremos que la salida de Mitsrayim (Egipto) no garantizó la libertad, ya que a los pocos días el Faraón y su ejército persiguieron al pueblo de Israel y lo alcanzaron a las orillas del Yam Suf (Mar Rojo). Recién en este hecho, aquello que parecía una nueva desgracia se convirtió en la salvación definitiva. Y es que el paso del mar colocó a Israel fuera de las fronteras de Egipto, y la destrucción de ejército egipcio ponía el sello a la liberación total… (Aclaración: Israel quedó fuera de las fronteras de Mitsarayim pero, lamentablemente no se liberó de la influencia egipcia pues los paradigmas reptilianos de este imperio aún impregnaban su forma de pensar; como siempre lo expreso: «¡Ellos salieron de Egipto, pero Egipto nunca salió de ellos!»

Lo cierto es que el Eterno hizo cruzar al pueblo de Israel el mar Rojo ordenándoles que partieran las aguas y en el momento que los egipcios tomaron el mismo camino en la persecución, el Eterno hizo que las aguas a su curso normal ahogándolos.

En ese momento de inspiración, el pueblo de Israel entonó junto a Moshé uno de los cantos más bellos, el conocido «Shirá HaYam«, que se traduce como “El Canto del Mar”, expresando su agradecimiento a YHVH por la milagrosa salvación en la que les permitió participar.

Ningún suceso de la historia de Israel mereció una manifestación de alegría tan grande, que se conservará en la historia israelita como un modelo de inspiración divina para renovar a través de los siglos las victorias que el Eterno concederá a los suyos. Un ejemplo de ello lo vemos en el libro de los Jueces, en donde Débora celebra la victoria de Israel sobre los cananeos, surgiendo desde las pautas profética que marca el Shirá HaYam. Así será tan fuerte la Presencia del Espíritu de la Profecía que este cántico, traspasará las dimensiones geográficas de la historia universal, y se convertirá en un canto que, según la revelación divina, servirá incluso para alabar en el Olam Havá (Mundo Venidero).

Una Canción con Connotaciones Cósmicas.

En verdad, y desde una sencilla consideración, notamos que esta canción es una verdadera alabanza dirigida al Creador, que tiene como único propósito agradarlo a Él, exaltando Su Santo Nombre. Muestra al Eterno manifestándose en el plano de la historia factual en una lucha frontal contra el Faraón y su ejército, pero revelando una confrontación cósmica contra las fuerzas del mal que quieren conducir la existencia al caos, tal como quedará escrito en los Salmo y los profetas:

«Dividiste el mar con tu poder;
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.
Magullaste las cabezas del Leviatán,
Y lo diste por comida a los moradores del desierto

(Salmo 74: 13 – 14)

«En aquel día YHVH castigará con su espada dura, grande y fuerte al Leviatán serpiente veloz, y al Leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar«.
(Isaías 27: 1)

Entonces, debemos aceptar que estamos ante una poesía profética que canta la Gloria y Poder de Yahvéh, que se ha mostrado venciendo a los poderosos egipcios, y anegando al «caballo y al jinete» (v.1), símbolos de los engranajes astrales llamados Tanin (Dragón).

Considerado así, es claro que el texto del cántico describe que el pueblo participó corporativamente de una experiencia mística en la que vieron como el «sar» («príncipe» o «principado«) de Mitsrayim, que controlaba los mecanismos principales del sistema reptiliano, se vio bloqueado en su obra por la Gloria del Eterno que lo anuló dándole vuelta sus «carros«, imagen viva de las asignaciones astrológicas siendo tambaleadas por la Voluntad del que pelea por Israel.

¿Quién era ese «Sar» (Princípe) de Egipto?

Según los sabios, Samael, (en hebreo: סַמָּאֵל, que se traduce como «Veneno de Dios» o «Ceguera de Dios»; también conocido como «Samemel«, «Smil«, «Samil» , «Samiel«), el «rosh» (o «cabeza«) de todos los «Sarim» (principados) que supervisan al Sitrá Ajrá (que se traduce como «El Otro Lado» y es el defensor mismo de Esav).

Así pues, al volcar las ruedas de los carros egipcios, les fue revelado a los israelitas que este príncipe primordial del mal quedó derrumbado en todos sus planes celestiales astrológicos contra el Pueblo Escogido de YHVH, tal como más tarde lo reconocería el malvado hechicero Bilam en un oráculo:

«Porque no hay agüero contra Jacob, ni hay adivinación contra Israel.
A su tiempo se le dirá a Jacob y a Israel:
¡Ved lo que ha hecho Dios!«
(Números 23: 23)

Entonces el Shirá HaYam será un cántico en el que el Eterno es reconocido como el único responsable del acto de la Redención (hbr. «Guehuláh«), a tal punto, que no sólo Israel es mencionado en forma marginal (v. 19) sino que Moshé queda ausente en todo este cántico.

De este modo, al cantar todo Israel el Shirá HaYam, logrará conformar un himno profético que dará sentido cósmico al seder del Pesaj que hicieron la noche del 14 de Aviv, y fortalecerá el sentido mesiánico de esta festividad dando la impronta celestial que necesitarían las futuras generaciones al celebrarla. La historia conmemorada en el Pesaj se haría así vivencial cada vez que los descendientes de Yaakov se reunieran para celebrarla.

Así mismo, Israel comprendió por qué y para qué el Eterno los condujo por este camino. Él quería mostrar su gran y único amor a Israel llevándolos al Sinaí para revelarle los secretos del Esplendor (hbr. «Zohar«) de la Sabiduría (Jokmáh) de su propósito eterno. Por ello, necesitaba asegurar ese amor por medio de una Alianza Matrimonial que garantizaría Su Protección, tal como un esposo promete proteger a su esposa. Este pacto de amor quedaría sellado con un contrato (ketuváh) escrito que es la Torah (Instrucción) divina.

Por eso, toda aquella alma redimida que estudia los secretos del Cielo (codificados en la Torah) cada mañana al despertar, vincula su vida en una relación de alianza marital con el Boré Olam (Creador del Universo), quien como esposo vuelva a asegurarle provisión y protección sobreabundantes.

Teniendo en cuenta lo explicado hasta aquí, podemos entender por qué los midrashimestudios» o «comentarios«) registran que cuando los israelitas cruzaron el mar y entonaron la “Shirá HaYam”, los ángeles, que participaron desde los ámbitos celestes en este evento, también quisieron cantarlo, pero entonces Elohim les dijo: “…Los israelitas cantarán primero, y solo después lo harán ustedes…”.

Así, el “Cántico del Mar” (o también conocido como «Cántico de Moshé»), es el documento poético-profético más antiguo de la literatura hebrea. Está animado por una auténtica emoción que expresa lo que se conoce como el gozo de la salvación (Salmo 51:12). Desde esta sensación celestial, el alma redimida de cada israelita logra hacer que la emunáh (la fe) y la bitajón (confianza) en Yahvéh se manifestaran como fuerzas mesiánicas que produjeron la apertura de Yam Suf.

Vibrando en esta dimensionalidad de poder, Moshé supo expresar con palabras llenas de entusiasmo, todo lo que cada israelita sintió en su alma por este maravilloso acontecimiento. El Pueblo escogido de Yahvéh aprendió el gran secreto de la guerra espiritual: los hombres pueden vencer a sus enemigos en el campo de batalla. Pero no existe poder humano que sea capaz de aniquilar al adversario, hundiéndolo hasta el fondo del abismo, como se hunden las piedras o el plomo.

Discusiones literarias… ¿Pérdidas de tiempo?

Me veo obligado aquí ha comentarles que se ha discutido mucho acerca del género literario de este cántico. Algunos dicen que es un himno, otros aseguran que se trata de una letanía antigua, otros postulan que más bien se trata de un cántico de coronación al estilo de los Salmos 96 y 99.

En medio de todas estas discusiones de expertos, lo cierto es que la mayoría de ellos admite que estamos ante un texto bastante homogéneo, pero profundamente rico en matices estilísticos, que no admite ser clasificado en su totalidad. Ellos dicen que esto es lo que lo convierte en un poema misterioso con un mensaje poblado de encriptaciones (mensajes codificados que sólo pueden leerse aplicándose una clave).

Por eso, hay que decir algo importante en cuanto al recurso literario. En materia de poesía, los hebreos no usaban la versificación. El historiador Flavio Josefo escribe a este propósito que el canto, así como su bendición a las doce tribus, escrita al final del Pentateuco (c.f. Deut. capítulo 33), fueron escritos en forma hexamétrica. En cuanto al rey David, compuso algunos de sus salmos en trímetros y otros en pentámetros.

Desde esto, diré que el cántico de Moshé encierra una belleza insuperable, debido al mensaje cósmico que encierra. Por eso, su traducción a cualquier idioma hace que pierda gran parte de su majestuosidad y disminuya el magno sentido de sus palabras celestiales.

Para nosotros, y desde nuestra sencillez para acercarnos al texto divino, es importante saber que este Cántico tiene tres temas principales:

  • 1) La Grandeza del Eterno.
  • 2) La Liberación de los egipcios.
  • 3) La entrada futura en Eretz Israel con una sutil alusión al reino del Mashíaj.

Interesante será considerar aquí lo que El Zohar dice:

«… Se nos ha enseñado [desde la antigüedad misma de nuestra existencia como Pueblo] que cada uno que canta este himno diariamente con devoción verdadera será digno de cantarlo en la Redención que se acerca en el futuro, porque se refiere a la vez al mundo pasado y al mundo venidero; contiene confirmaciones de fe y misterios que se relacionan a los días del Mesías. …».

Al igual que el Zohar, el libro de las Revelaciones (Apocalipsis), nos explica que este cántico resonará en el tiempo de la redención final y la resurrección de los justos.

“… Vi en cielo otra señal, extraordinariamente grande y espeluznante: siete ángeles armados con siete plagas, las últimas, porque a través de ellas, la ira justa de Dios fue finalmente satisfecha.
Y vi algo parecido a un mar transparente, como el cristal pero mezclado con fuego, y a los vencedores de la bestia, y de su estatua, y del código secreto de su nombre, en pie, sobre el mar transparente como el cristal, teniendo en sus manos arpas dadas por Dios.
Y cantan el cántico de Moshé, siervo de Dios, que es también el cántico del tierno Cordero, introduciéndolo así:
«¡Grandes y maravillosas son tus obras, YHVH Dios, El Shaddai, justos y verdaderos tus caminos, Rey de todas las naciones!

¿Quién no te temerá YHVH y glorificará Tu Nombre?
Porque solo Tú eres el Santo, por lo cual, todas los gentiles vendrán, y te rendirán culto postrados ante Ti, porque tu justicia ha sido manifiesta a todos.«
(Apoc 15:1-4) [Código Real del NT].

En pocas palabras, el «Cántico de Moshé y del Cordero” (Mashiaj), son los cánticos del final de la redención. Al igual que Moshé y los hijos de Israel salieron del mar, así será también la resurrección de los muertos en el Mesías. Es decir, que todos los que pongan su confianza en Mashiaj y en la Torah de Moshé, serán redimidos de la muerte para poder cantar en el “otro lado” este cántico al Eterno.

Escucha con tu corazón esto:


Te invito a LEER también las siguientes BITÁCORAS RELACIONADAS:

¿Cómo Hallar Alivio y Consuelo?

por Rebetzin Esther Jungreis

Porción Vaerá (Éxodo 6:2-9:35)

Dios les habló a Moshé y a Aharón y les ordenó respecto a los hijos de Israel… 

(Éxodo 6:13)

A menudo nos encontramos en situaciones en las que tenemos que consolar y alentar a personas que atraviesan una situación difícil y sienten que ya no pueden seguir adelante.

Encontrar las palabras adecuadas en esas ocasiones nunca es fácil, pero ese fue el desafío que enfrentó Moshé cuando se dirigió a sus hermanos que sufrían la esclavitud en Egipto. Al comienzo de la parashá, Dios le encargó a Moshé la misión de anunciarle al pueblo judío que el momento de la liberación estaba cerca. YHVH usó cuatro expresiones diferentes para describir su redención:

«…Yo los sacaré de debajo de las cargas de Egipto; los liberaré del trabajo de ellos, los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. Los tomaré como pueblo para Mí y seré Dios para ustedes. Sabrán que Yo Soy YHVH, su Dios, quien los saca de debajo de las cargas de Egipto. Yo los llevaré a la tierra por la cual he alzado Mi mano para entregarla a Abraham, a Itzjak y a Iaakov, y la daré a ustedes en heredad. Yo soy YAHVH
(Éxodo 6:6-8).

A pesar de esta asombrosa promesa, el pueblo de Israel permaneció desanimado e incapaz de asimilar las buenas noticias. La explicación de esto revela la naturaleza del sufrimiento y la forma en que se puede consolar a quienes sufren.

Cuando alguien sufre, no tiene la paciencia ni la capacidad para entender lo que ocurrirá en el futuro. Su agonía es tan abrumadora que sólo puede concentrarse en el presente. Por eso Dios instruyó una vez más a Moshé y a Aharón y les ordenó que sacaran a los Hijos de Israel de Egipto,1 lo que nos enseña que cuando alguien sufre debemos brindarle ayuda de inmediato. Por lo tanto, al alentar a quienes perdieron las esperanzas no debemos contentarnos con visiones de futuro, sino que debemos hacer inmediatamente algo concreto para imbuirles fe y fortaleza.

PACIENCIA Y FORTALEZA DE CARÁCTER.

En el mismo pasaje, Dios también le instruye a Moshé que sea gentil y paciente con el pueblo, un ingrediente básico para cualquier líder. El Midrash enseña que YHVH les dijo a Moshé y a Aharón: «Mis hijos a menudo son obstinados y testarudos. Se enojan rápidamente y son fastidiosos. Ustedes deben aceptar ser sus líderes bajo estas circunstancias…». Esta enseñanza es relevante no sólo para los líderes, sino para cada persona. En cada familia hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. En esos momentos debemos ejercitar la paciencia y la tolerancia, permanecer en calma y responder con fortaleza y dignidad.

CONVERTIR EL SUFRIMIENTO EN BENDICIÓN.

El pasaje que acabamos de citar tiene también una tercera interpretación. Dice el Talmud que en ese momento de crisis del pueblo judío, Dios le dijo a Moshé que ordenara a la nación lo relativo a la emancipación de los esclavos, algo que ocurriría una vez que entraran a la Tierra Prometida. A primera vista, parece algo descabellado. En ese momento la nación estaba esclavizada, ¿qué importancia podían tener esas instrucciones? Pero la Torá nos enseña que precisamente cuando uno atraviesa un sufrimiento debe comprometerse a eliminar el sufrimiento, a convertir el dolor en una experiencia de curación… en una bendición. Con este propósito la Torá nos exige recordar nuestra esclavitud y el Éxodo de Egipto. Una y otra vez la Torá conecta nuestras mitzvot con ietziat Mitzráim, con nuestras experiencias durante el Éxodo de Egipto.

Un ejemplo de esta conexión la encontramos en el versículo: Amarás al extranjero, porque fuiste extranjero en la tierra de Egipto.Nuestro sufrimiento en Egipto nos permite sentir empatía con el dolor de los demás, llegar a Sinaí y convertirnos en «una nación de rajmanim benei rajmanim» – compasivos y descendientes de compasivos.

Quien nunca sufrió, quien nunca experimentó el dolor, no puede entender a alguien que llora de angustia. Quien nunca experimentó retorcijones de hambre no puede identificarse con los hambrientos. Sin embargo, todos tenemos opciones respecto a cómo responder a la adversidad. El sufrimiento puede volvernos crueles, amargos y cínicos, o puede volvernos sensibles, compasivos y afectuosos. Al aceptar la Torá en el Sinaí, escogimos lo segundo.

ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS TANTO EN LOS BUENOS COMO EN LOS MALOS TIEMPOS.

El Faraón vio que hubo un alivio [de la plaga de ranas] y continuó endureciendo su corazón .
(Éxodo 8:11).

La Torá nos enseña una lección sobre la naturaleza humana. Bajo estrés, nos sentimos obligados a clamar a Dios y pedir Su ayuda. Pero apenas pasa la crisis, volvemos a «la normalidad». De hecho, este es el «Síndrome del Faraón»: con cada plaga la aflicción se intensificaba, pero el Faraón se rehusaba a «entender» y retornaba a sus viejos hábitos.

¿No sería maravilloso si pudiéramos mantener las promesas que hicimos en los momentos de angustia: ser más dadivosos, más comprensivos, más compasivos, estar más comprometidos con la observancia de las mitzvot, con el estudio de Torá y rezar con mayor sinceridad? Suelen decir que «en la trinchera no hay ateos», pero el nivel de la persona se reconoce por su capacidad de hablar con Dios en momentos de plenitud, cuando la fortuna le sonríe, si reconoce que todas sus bendiciones son regalos de Dios. Nuestro objetivo es rezar desde la inspiración, en lugar de rezar desde la desesperación.


NOTAS

1. Éxodo 6:13.
2. Deuteronomio 10:19.


Tomado de: Aish Latino


Sobre la Autora

La Rebetzin Esther Jungreis fue fundadora y presidenta de Hineni, también fue una charlista, personalidad de radio y televisión, columnista de periodicos y autora de «Jewish Soul On Fire»«Vivir Comprometido»«Matrimonio con compromiso» y «La vida es una prueba» (Mesorah/Artscroll).

Las Claves para Reconocer las Siete Plagas Emocionales del Alma.

Por P.A. David Nesher

La Torah, más allá de relatar eventos históricos referidos a la relación redentora del Eterno hacia Israel, es una metáfora acerca de la lucha contra el dualismo del sistema reptiliano. En la Instrucción divina hayamos los códigos lumínicos que otorgan las claves para obtener la victoria en esa lucha diaria en la que el mundo de la materia no quiere dejar libre al alma para que manifieste su propósito esencial.

Justamente la palabra Mitsrayim (traducida como Egipto) en su raíz señala a aquellos pensamientos limitantes que por medio de la angustia paralizan al alma al hacerla producir miedos.

Las primeras plagas de Egipto, son ni más ni menos que mensajes divinos que nos permiten ver nuestro propósito más allá de lo que sensorialmente captamos. A través de una profundización en el simbolismo ontológico que cada una de estas plagas tiene, lograremos ingresar en un proceso curativo de nuestra alma intoxicada por las creencias y los paradigmas propios del sistema reptiliano de cosas, que impera en este mundo.

Sabemos, por la revelación divina que otorga la Torah, que el alma humana está compuesta en su esencia por la Tzelem Elohim (traducida como «Imagen de Dios«) que llena de las Sefirot (Virtudes) divinas, permite que el espíritu humano se conecte a su psiquismo a fin de lograr acciones de Luz Infinita que permitan el tikkun Olam (reparación del mundo).

Dichos actos de reparación y transformación del mundo físico se logra ejerciendo el don divino llamado libre albedrío que permite escoger entre el camino de la vida y el camino la muerte.

¿Qué significa elegir entre estos dos caminos (vida o muerte)?

Escoger por la vida, significa decidir ser refinado. Es decir elegir por el refinamiento psíquico que permite reparar el mundo físico. Escoger por la muerte, es elegir la perversión para ocasionar corrupción.

La parashá Vaerá, invita al alma redimida a trabajar a través de las primeras siete plagas para ver si se está pervirtiendo o refinando.

Para saber cómo es esta técnica cósmica de sanación, te invito a escuchar esta shiur (lección) o catequesis mistagógica que impartí para los santos que buscan el Reino de Dios y Su Justicia


También, puedes profundizar esta enseñanza conociendo todos los detalles de las Diez Plagas en el siguiente estudio:

Señalar al Culpable

por Rav Ari Kahn

Vaerá (Shemot/Éxodo 6:2-9:35)

Ideas avanzadas basadas en el Midrash y la Kabbalah.

Tal como Dios le había prometido a Abraham cientos de años antes, los hebreos, sus descendientes, saldrían de Egipto, pero el éxodo no sería instantáneo sino que se desarrollaría lenta y deliberadamente. Moshé es enviado a «negociar» la liberación de los esclavos israelitas, pero el Faraón niega conocer al Dios de Israel (Shemot 5:2) y se mantiene firme. Desde el comienzo, el Faraón elige hacer las cosas «por las malas».

A Moshé y Aharón les ordenaron mostrar la fuerza y el poder del Dios que el Faraón afirma no conocer, y sus instrucciones son bastante específicas: deben usar la vara, un símbolo con el que Dios ya le mostró Sus milagros a Moshé. Debemos resaltar que la vara, el símbolo del pastor, se transforma en un cocodrilo,1 uno de los símbolos más importantes de Egipto.2 Cuando los hechiceros del Faraón logran imitar esta misma muestra de poder, el Faraón piensa que ese «milagro» no es nada más que un truco de magia. Pero cuando la vara de Aharón3 se traga la representación simbólica de Egipto, el Faraón comienza a preocuparse. Para él, la escena que acaba de presenciar es un presagio apocalíptico. Los hebreos, que llegaron a Egipto siendo pastores, fueron excluidos, menospreciados4 y eventualmente esclavizados. Ahora estaban allí, sugiriendo que los pastores esclavizados se tragarían a todo Egipto, que lo harían desaparecer. Sin embargo, pese a sus temores, el Faraón pone cara de malo y sigue adelante.

Poco después se convierte en sangre el Nilo, un pilar no sólo de la economía egipcia sino también de su teología.5 Ante los ojos egipcios, la deidad que adoran como una poderosa fuente de vida parece mortalmente herida. Una vez más los hechiceros del Faraón repiten el milagro y crean más sangre, dándole al Faraón una excusa para continuar con su comportamiento desafiante.

Si el Faraón hubiera analizado la situación con objetividad, la lógica le hubiera dictado un curso completamente diferente. Incluso en esta etapa temprana, el Faraón debería haber entendido que ya había perdido la guerra, aunque sus hechiceros lograron terminar cada batalla con un aparente empate. Cada uno de los pequeños y simbólicos ataques de los representantes de los hebreos se enfocó en un símbolo egipcio de poder, un símbolo de lo que hacía poderoso al Faraón. A medida que continúa el proceso de liberación de los judíos, se verán atacados más símbolos fundamentales de Egipto, incluyendo la oscuridad que eclipsará al dios sol, que es el Faraón mismo.

Pero el Faraón no efectúa un análisis desapasionado. La plaga siguiente, ranas, sigue rápidamente a la primera. Como si el descalabro generado por Moshé y Aharón no hubiera sido suficiente, casi cómicamente los hechiceros del Faraón crean todavía más ranas, incrementando el ruido y la destrucción.

Nuevamente el Faraón se envalentona cuando su equipo se mantiene a la altura del desafío. Sus hechiceros apuntalan su coraje lo suficiente para enfrentar el siguiente castigo: piojos. Aunque puede ser que esta no sea la peor de las plagas, sin dudas es molesta. Pero esta vez la plaga desciende sobre Egipto sin previo aviso. Los piojos simplemente aparecen, y todo el polvo de la tierra se transforma en piojos o es consumido por ellos. Esta vez, aunque los hechiceros intentan imitar la maniobra, no lo consiguen.

Los magos hicieron lo mismo con sus hechizos para producir piojos, pero no pudieron 
(Shemot 8:14)

Al fracasar, los hechiceros debieron ser particularmente cuidadosos: una palabra fuera de lugar podía llevar a un final dramático y repentino de sus carreras… y de sus vidas. Midiendo sus palabras, transmiten a su rey una declaración meticulosamente pensada:

Los magos le dijeron al Faraón:
«¡Este es el dedo de Dios!».
Pero el corazón del Faraón se endureció y no los escuchó 

(Shemot 8:15).

El texto hebreo de esta declaración es extremadamente breve, sólo tres palabras. Pero esas palabras tienen una importancia crítica. Si las leemos como se debe, entendemos que transmiten un mensaje muy fuerte. En primer lugar, es posible que los magos hayan intimidado al Faraón al decir que el Dios de los judíos existe y que es más poderoso que los dioses egipcios. Por otro lado, como señalan muchos comentaristas, los magos usaron una forma muy genérica para referirse a Dios. ¿Quizás se estaban refiriendo a una deidad egipcia y no al Dios de los judíos? ¿Trataban de impartir un nuevo escepticismo respecto al dominio continuo del Faraón sobre los judíos, o estaban atribuyendo los milagros a una fuente ajena al Dios de los judíos?

Los comentaristas debaten sobre la intención de las palabras de los hechiceros. Su declaración habla sobre el poder de un dios, ¿pero qué dios?6 Desde la primera confrontación con los nuevos líderes de los hebreos, el Faraón negó conocer al Dios de Israel. La pregunta respecto al nombre con el que Dios es conocido es un tema central del libro de Shemot. Moshé presenta este tema en su primer encuentro con Dios en la zarza ardiente. La respuesta de Dios fue muy precisa: el «Nombre Inefable«, con el que Moshé debía presentar a Dios tanto a los israelitas como a los egipcios. Sin embargo, los hechiceros no usaron este nombre, ni ningún otro apodo claramente identificable. El término que usaron, «Elohim«, es un nombre más genérico y no específico de Dios, uno que a menudo se usa para referirse a dioses de idolatría e incluso puede utilizarse para hablar de poderosos jueces o gobernantes humanos. ¿Cuál fue la intención de los hechiceros al usar el término que traducimos como «el Todopoderoso»? Quizás, tan importante como la pregunta anterior, ¿qué fue lo que entendió el Faraón?

Como dijimos, la plaga de los piojos llegó sin una advertencia previa, lo que dejó la puerta abierta para que la atribuyeran a causas naturales. Al parecer los magos no deseaban darle al Faraón el consejo que necesitaba escuchar: «Esta es la mano del Dios Inefable de los hebreos, que vino a castigarte por tus pecados en contra de Su pueblo«. En cambio, le restaron importancia al ataque describiéndolo como «el dedo de Dios«, un término poco claro que el Faraón podía elegir entender como una «fuerza de la naturaleza» o incluso como «el acto de un dios egipcio«.7

La falta de advertencia previa, que hace que la plaga de piojos parezca ser sólo un evento fortuito de la naturaleza, junto a la minimización de la responsabilidad de Dios en la plaga, le permitió al Faraón continuar con su negación. Sus «consejeros» resultaron ser empleados serviles que temían decir lo que sabían, lo que era obvio que su jefe no quería escuchar: que Egipto estaba perdido, y que enfrentaban un poder incomprensible e incomparable. En cambio, alentaron al Faraón a mantenerse firme y seguir abusándose.

De todas formas, la culpa de las malas decisiones del Faraón no yace exclusivamente en los hechiceros, sino que es compartida. Un jefe mejor hubiera tenido mejores consejeros. Si el Faraón hubiera creado una atmósfera de diálogo sincero, si hubiera permitido opiniones discrepantes, su equipo no habría sido tan reticente. Si el Faraón hubiese alentado la expresión y la discusión honesta, sus consejeros podrían haber expresado sus dudas o realizado sugerencias novedosas para enfrentar esa amenaza.

Por otro lado, en base a lo que sabemos del Faraón, el cruel asesino, tirano paranoico y xenófobo que esclavizó toda una nación y decretó el asesinato de los inocentes, no nos sorprende que no haya conquistado las mentes y los corazones de quienes lo rodeaban. Un hombre mejor hubiera tenido mejores amigos, pero un hombre mejor no hubiera esclavizado a otra nación ni hubiese llevado a su imperio a esa situación imposible.

Aparentemente el Faraón se merecía el abuso que recibió. Su propia tiranía ayudó a crear la atmósfera que eventualmente provocó su caída. Si bien mucho antes se había decretado que los israaelitas sufrirían el exilio y la esclavitud antes de su eventual redención, la crueldad y la obstinación del Faraón fueron sus propias decisiones. Si hubiera tomado un camino diferente, no necesariamente habría tenido que sufrir los horrores de las plagas. De una u otra forma los judíos iban a ser liberados. El Faraón, y sólo él, fue responsable de elegir cómo iba a ocurrir. Debería haber elegido el camino fácil, admitir que se había equivocado y escoger el camino de la reconciliación. Pero en cambio eligió el camino difícil.

Tomado de: Aish Latino


NOTAS:

1. Shemot 7:9-10.
2. Ver Iejézquel 29:3.
3. Una lectura cuidadosa del texto sugiere que fue la vara de Aharón la que se tragó a las otras, y no su vara en la forma de un cocodrilo.
4. Bereshit 46:34, y citado por Moshé en Shemot 8:22.
5. Ver Iejézquel 29:3.
6. Ver Ibn Ezra, Shemot 8:15.
7. Ver Malbim, Shemot 8:15.

¿Qué diferencias hay entre un profeta verdadero y uno falso?

Por P.A. David Nesher

«Entonces Elokim le dijo a Bilam:
“No vayas con ellos, no maldigas a ese pueblo, ¡es un pueblo bendito!”.
Bilam se levantó por la mañana y les dijo a los emisarios de Balak:
“Vuelvan a su tierra porque YHVH se niega a permitirme ir con ustedes.

(Números/Bamidbar 22:12-13)

Debo confesar que si existe una parashá (porción) de la Instrucción divina que realmente abarque la Luz de profecía, esa es Balak. Claro está que, a lo largo de la Torah tenemos al humilde Moshé quien fue el ejemplo primordial del diseño profeta, así como también podemos leer los Sefirot Nevaim (Libros de los Profetas) y así sumergirnos en cómo debe ser un profeta considerando la vida de estos importantes varones y sus oráculos. Pero esta semana que culminará en el Shabat Balak es que nos ofrece otro tipo de profeta, un ser humano con muy malas inclinaciones a la hora de usar la Profecía: Bilaam.

Por eso quiero meditar junto a ustedes acerca de la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam, y de ese modo establecer las diferencias que hay entre un profeta verdadero y uno falso:

Primeramente, deseo guiarlos a darse de cuenta de lo siguiente: Bilam conocía al Eterno, por ello lo llama “mi Dios” (cf. v. 18). Entonces, debemos aceptar que la fuente de su profecía no era demoníaca, sino del Espíritu de Dios (cf. 24:2). Para comprender mejor esto, convendremos que la adivinación viene de los espíritus impuros, y la profecía viene del Espíritu de YHVH, y esta última persigue dar testimonio del paradigma divino denominado Mesías (cf. Apoc. 19:10).

Por eso es que la revelación escritural deja bien en claro que la profecía no proviene de una fuente humana. Esto significa que por mucho que el profeta quiera dar un mensaje, no podrá hacerlo en sí mismo, porque la iniciativa de la profecía no viene del profeta sino de Yahvéh, tal como lo enseñaba el apóstol Pedro al escribir:

Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu de santidad hablaron de parte de Dios.”
(2 Pedro 1:20-21)

Pero cuando la profecía del Eterno se usa con motivos personales y manipuladores, se convierte en herramienta de brujería. Por eso, el sabio intérprete Maimónides dice lo siguiente en cuanto a la profecía:

  • Los profetas ostentan diversos grados. Al igual que en sabiduría hay sabios mayores que otros sabios, así en profecía hay profetas mayores que otros profetas. Pero todos ellos ven sus visiones proféticas sólo en sueños, de noche, o de día si han caído en trance, como está escrito: «En una visión me daré a conocer a él, en sueños le hablaré» (Número 12: 6). Cuando profetizan, sus miembros se estremecen, su cuerpo desfallece y sus pensamientos quedan confundidos, de modo que la mente queda libre para comprender lo que vea.­
  • Las cosas comunicadas al profeta en la visión profética llegan a él en forma de parábola. De inmediato queda grabada en su corazón la interpretación de la parábola contenida en la visión profética, de modo que sabe qué significa.­
  • Los profetas no profetizan cuando les place, sino tras concentrar sus mentes, lograr un ánimo alegre y benévolo y aislarse, pues la profecía no se posa sobre nadie que esté melancólico o indolente, sino sobre quien está alegre. Por eso los profetas jóvenes hacían tañer ante ellos laúdes, panderetas, flautas y liras cuando querían profetizar (1 Samuel 10: 5). La palabra mit­nab’imen este contexto, significa que estaban en tren de llegar a la profecía, como quien dice «Fulano se agranda».
  • Esos que tratan de profetizar son los denominados hijos de los profetas, y aunque se concentren puede ser que la Presencia Divina se pose sobre ellos, y puede ser que no se pose.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, comprendemos que, la línea divisoria entre un profeta verdadero y un profeta falso es a veces difícil de discernir. Todos los que tiene éxito en las prácticas ocultas tienen un don natural dado por el Eterno que les hace sensibles para recibir los impulsos que hay en el mundo espiritual. Cuando estas personas se vuelven al Eterno y se arrepienten de sus pecados, permanece su capacidad para ser sensible espiritualmente. Esto significa que podrán ser muy utilizados por el Espíritu del Eterno, pero también es cierto que pueden ser influenciados por los malos espíritus guías que tenían en su vieja vida, si no se cuidan.

El poder de una bendición y una maldición.

Antes de continuar considerando este asunto de las diferencias entre un profeta verdadero y uno falso, deseo considerar con ustedes el asunto del poder de una bendición y una maldición. Sabemos, por lo que revela el Eterno en Su (Instrucción) Torah, que la bendición y la maldición son fuerzas incompatibles. Esto significa que a una persona que ha sido bendecida por el Eterno no se le puede transmitir una maldición. La bendición misma actúa como un escudo de protección contra las fuerzas del mal.

Sin embargo, la Instrucción divina también revela que una persona que ha sido bendecida podrá ser alcanzada por la maldición en áreas de su vida en donde hay desobediencia. La bendición opera poderosamente en ciertas áreas de su vida, pero no aquellas áreas de su vida donde la Torah no es obedecida. Es en ellas en donde la maldición logrará su cometido.

Una profeta falso y tendencia al aislamiento social.

Considerando el relato, les diré que el nombre hebreo Bilam, se escribe con las letras: bet, lamed, ayin y mem. Como el texto original no tiene vocales es posible también entender su nombre como «bli am«, que significa “sin pueblo”. Este era uno de los problemas de Bilam, que no estaba en el pueblo de Israel. Él podía haber hecho como Yitró y unirse al pueblo del Eterno, pero prefirió no ser parte de Israel. Él escogió ser un profeta solitario. Yahvéh había dotado a este varón con una capacidad natural para poder recibir y transmitir palabras de profecía, pero él no usó ese don para el bien común, sino para sus propios beneficios. Bilam no dirigía ningún pueblo.

Los estudiosos expertos en los códigos hebreos de las Sagradas Escrituras, aseguran que Bilam podría haber llegado a ser para las naciones gentiles lo que Moshé fue para los hijos de Israel. Es decir, que hubiera sido uno de los personajes más influyentes en el mundo gentil revelando el Nombre del Eterno, por el don de profecía que tenía. Pero era un varón caído que, por su naturaleza infrahumana, solamente funcionaba proféticamente yendo detrás de ganancias monetarias, obsesionado por conseguir la honra de los hombres importantes de este mundo. Esta es la actitud que lo le llevó a la ruina, y es la que siempre ha hecho que varones y mujeres con manto profético terminen cayendo en los grados más bajo de la inmoralidad a lo largo de la historia de la Salvación.

Por esto, nuestro Maestro Yeshúa nos advirtió en los paradigmas fundamentales de su enseñanza lo que leemos en el evangelio de Mateo:

Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.”

(Mateo 7:15-20)

Con esto, nuestro Señor deja en evidencia que si los falsos profetas fueran fáciles de distinguir no haría falta una advertencia contra ellos. El hecho de que Yeshúa tenga que advertirnos de tener cuidado con ellos, nos enseña que no es fácil saber si un profeta está hablando de parte de Yahvéh o de parte de un espíritu engañoso, que lo influye para provocar fatalidad y caos.

Las Sagradas Escrituras enseñan que los mensajes de los falsos profetas aparentemente son buenos. Por eso, lo importante para nosotros será mirar el fruto de la influencia de ese profeta. Para esto debemos entrenarnos en analiza lo profético de un varón o una mujer, aprendiendo a respondernos estas preguntas cuando estamos delante de alguno de ellos:

¿Cómo es su conducta?

¿Cómo es su vida moral, sexual y económica?

¿Cómo habla en la intimidad?

¿Cómo viven sus seguidores?

¿Cómo está su familia, su esposa y sus hijos?

¿Qué dice su esposa de él?

¿Qué dicen sus hijos de su padre?

Todas estas cuestiones, y otras de igual tenor, son los frutos de la vida de ese profeta. Por eso Yeshúa dijo: “por los frutos los conoceréis”.

Ahora bien, también me es necesario aclarar que, según las Sagradas Escrituras, una cosa es probar la profecía, y otra cosa es probar el profeta. El profeta es probado por sus frutos y la profecía es probada por medio de dos varas: la Torah y el Espíritu de Yahvéh. Hay profecías que son dadas según la Torah, pero con un espíritu ajeno a lo que ella revela y exige. Tenemos un ejemplo relatado en el libro de los Hechos de los apóstoles:

Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo:
«Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación.»
Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu:
«¡Te ordeno, en el nombre de Yeshúa el Mesías, que salgas de ella!»
Y salió en aquel mismo momento.

(Hechos 16:16-18)

Si observamos con cuidad el relato, notaremos que el mensaje de la muchacha era verdadero, pero estaba dado bajo la influencia de un espíritu inmundo, llamado espíritu de pitonisa. El apóstol Pablo, que tenía el don de discernimiento de espíritus, supo inmediatamente en su propio espíritu que la fuente de esa profecía venía de un espíritu de pitón. Por eso, el apóstol Pablo atacó al espíritu de pitón en esta joven, y lo expulsó en el Nombre de Yeshúa HaMashíaj.

A esta altura de nuestro estudio les puedo enseñar un concepto de lo que es la profecía. Entonces les diré que la profecía significa esencialmente obtener una directriz del Creador. Por lo general, la mayoría de los seres humanos tiende a pensar que las profecías son para las almas elevadas, como Moshé, Shmuel o Yeshayahu, etc.,… pero en este Shabat Balak aprendemos que eso no es cierto; el don de la profecía también está presente en Bilaam, un ser humano muy bajo. Si ese don estaba disponible para Bilaam, por lo tanto, también debe estarlo hoy para nosotros. Y eso, en general, es en lo que consiste este Shabat: cómo ascender a un estado en el que más aspectos de nuestra vida sean dirigidos por la Luz del Creador.

Las palabras que salieron por la boca de Bilam son eternas, porque son del Eterno. Pero Bilam murió la muerte de los impíos y perdió su alma porque su vida no correspondía a sus palabras.

¡Qué el Eterno nos dé sabiduría para discernir entre una cosa y otra!

Moshé y Bilaam ¿Qué tipo de profecía utilizaba?

Ahora bien, queda un tema más para tratar con Uds., y lo abordaré por medio de una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre la profecía de Moshé y la de Bilaam? Ante este planteo, el gran Sabio Najmánides, conocido como el Rambán, explica que ellos tenían una experiencia profética totalmente diferente. Por eso, al principio, casi parecía que Bilaam estaba en un nivel superior de profecía que Moshé.

El mismo Bilaam nos explica, en la parashá Balak, el tipo de profecía que recibió y cómo la recibió. Una de las cosas que Bilaam dijo de sí mismo y su profecía es que notó la visión de la Luz del Eterno Lo que quiso decir con la expresión visión era que él poseía un estado de claridad tal que fuese totalmente obvio para él lo que el Creador deseaba que hiciera. Bilaam llegó a ese estado de claridad por lo que se dijo: “Esto es exactamente lo que el Creador quiere que haga”.

Sin embargo, el Rambán dice que había una diferencia entre la profecía que Bilaam recibió y la manera en la que Moshé la recibía. Moshé no tenía idea de cuándo el Creador le hablaría o sobre qué lo haría. No obstante, está escrito que Bilaam ya sabía con antelación lo que el Eterno le diría. Además, sin importar dónde estuviera Moshé, la profecía le llegaba de repente, mientras que Bilaam, por otro lado, sabía cuándo le hablaría el Eterno. Está escrito en los anales talmúdicos que Bilaam decía de sí mismo: “Conozco la mente del Creador; sé cuándo y qué me dirá Él”.

Pensemos en esto que dice Najmánides, el Rambán. Hay dos profetas, uno de ellos es Bilaam, quien sabe cuándo el Creador le hablará y qué le dirá. El otro, Moshé, no sabe cuándo le hablará el Creador ni qué le dirá. Si observamos objetivamente e intentamos decidir quién es el más grande profeta, podríamos decir que Bilaam; porque él sabe más, pues tiene más claro cuándo le hablará el Creador y sabe qué le dirá.

Para explicar la diferencia entre los dos, el Rambán cita una metáfora del Midrash que compara la profecía de Moshé con la profecía de Bilaam, y así logra explicar esta diferencia. Dicha fábula compara a Bilaam con el cocinero del rey. Él, como cocinero, sabe qué plato está preparando, cuánto cuesta, cómo prepararlo y cuánto toma hacerlo. El Midrash dice que Moshé puede ser comparado con el amigo del rey que está sentado en la mesa y no tiene idea de cuánto cuesta la comida, cómo es preparada y demás; está allí simplemente para estar con el rey.

Así pues, el Midrash dice que si quieres entender el secreto de la profecía de Bilaam en oposición al secreto de la profecía de Moshé, compara la situación con un amigo del rey que va a comer con él y el cocinero que prepara la comida. Moshé, al igual que el amigo del rey, no tenía idea de cuál sería el tema general de la directriz del rey; él sólo estaba siempre preparado para lo que fuese. Moshé no se preocupaba por lo que iba a ser. Sólo quería hacer lo que el Creador quería que haga y quería recibir el mensaje que el Creador quería darle. Su enfoque y deseo particular era: “Sólo quiero saber”, a diferencia de Bilaam que se jactaba porque ya sabía lo que quería saber.

A menudo los seres humanos, desesperados por sus aflicciones, acuden a videntes porque necesitan tomar una decisión y quieren saber qué deben hacer. Bilaam era así. Él sabía lo que quería que pasara, o tenía una idea general de lo que quería que pasara, pero también quería tener la directriz. Por ejemplo, ocurre como cuando alguien pregunta si debe ir hacia la izquierda o hacia la derecha en el camino en el que está, ni siquiera considerando la posibilidad de voltear por completo e ir en sentido contrario. 

Sin embargo, Moshé no le estaba pidiendo al Creador que lo ayudara a tomar una decisión. Era una hoja completamente en blanco, siempre con la conciencia de: “Sea lo que fuere, no me interesa, sólo quiero saber”. Esa es la diferencia entre los dos.

Así pues, como vemos Bilaam ya había decidido lo que quería que ocurriera. ¿Cuántas veces hacemos esto? Verdaderamente sabemos lo que queremos hacer, pero pedimos ayuda al Eterno de todas formas, pero orando algo como: “Sé a dónde quiero llegar al final, así que, por favor, ayúdame a llegar de buena manera”. Mientras que el consejo verdadero o la directriz verdadera es: “No sé a dónde quiero ir, sólo quiero ir adonde la Luz del Creador quiera que vaya”. Ese tipo de apertura y deseo es lo que diferenció la profecía de Moshé de la de Bilaam.

Moshé dijo: “No quiero saber cuándo me hablarás, no quiero saber qué me dirás… No me interesa. Sólo hay algo que me importa. Quiero ser guiado por la Luz del Creador”. Y, debido a eso, el Creador se dirigía a él todo el tiempo y le decía exactamente a dónde ir y qué hacer; por lo tanto, toda la vida de Moshé fue guiada.

Bilaam tenía el poder de la profecía. Tenía el poder de la Luz del Eterno que le daba cualquier respuesta que necesitaba. Pero, como tenía una idea general de lo que quería hacer, el Eterno sólo podía guiarlo dentro de ese límite. Y seguramente por esto, tal y como sabemos, él se convirtió en el más bajo de los seres que jamás hayan vivido y fue asesinado de manera terrible.

De esa profecía aprendemos que estar conectado con la Luz del Eterno no le garantiza a un individuo terminar haciendo lo que vino a hacer en este mundo. Recuerda que tanto Moshé como Bilaam tenían la misma capacidad para ser guiados. La gran diferencia es que Moshé estaba completamente abierto a la Voluntad del Abba kadosh que es buena, agradable y perfecta (Rom. 12:2). Por eso el Rambán dice que es muy importante tener una conciencia expansiva de: “No me importa nada. Estoy abierto a absolutamente cualquier posibilidad de orientación”. Cuando tenemos esa conciencia podemos obtener la directriz divina exacta, y lograr alcanzar la meta: el premio del supremo llamamiento de Dios en Yeshúa HaMashiaj (Filip. 3:14).

Esto es muy importante para nosotros porque siempre estamos limitados, incluso cuando pedimos orientación de parte de la Luz del Creador. La limitamos, pedimos que el mensaje esté en los límites de lo que sea que queramos. No obstante, al hacerlo de este modo nunca obtendremos orientación real, sino que obtendremos la orientación como Bilaam. Sí, Bilaam recibió orientación de la Luz del Creador, le dijo qué hacer, pero como no estaba abierto a cualquier posibilidad de lo que el Creador podía haberle dicho, nunca llegó al propósito por el que su alma vino a este mundo. Este es un increíble entendimiento que nos da la parashá Balak a fin de llegar al Shabat revestidos de una conciencia abierta a todas las posibilidades celestiales, pero humildemente sujeta a la Voluntad del Eterno, nuestro Abba Santo.

¡Háblale a la Roca, porque el Eterno no hace un Milagro idéntico a Otro!

Por P.A. David Nesher

«Toma el bastón y reúne a la comunidad — tú y tu hermano Aharón — y háblale a la roca a la vista de ellos y ella dará sus aguas. De ese modo sacarás agua de la roca para ellos y le darás de tomar a la comunidad y a sus ganados”.
Moshé tomó el bastón ante Yahvéh, tal como se lo ordenara. Moshé y Aharón congregaron a la comunidad ante la roca. Moshé les dijo:
“¡Escuchen, rebeldes! ¿¡acaso de esta roca [que no fuera designada por YHVH] quieren que saquemos agua para ustedes!?”.
Moshé levantó su mano y golpeó dos veces con su bastón la roca y emergió abundante agua. Así, tomaron la comunidad y sus ganados

(Números/Bamidbar 20:8-11).

Al leer estos pasukim (versículos) nos encontramos con la narración de uno de los incidentes más conocidos de las Sagradas Escrituras, pero el que más códigos mesiánicos encriptados posee.

Primero, necesitamos recordar que la profetiza Miryam murió el día 10 de Aviv, a los 125 años. Inmediatamente después de su fallecimiento se secó el agua de la fuente. Según los datos dador por el Talmud y el Midrash, la fuente de agua que seguía a los hijos de Israel en el desierto fue dada por los méritos de Miryam. Ahora, con ella fallecida, la fuente estaba seca, y el pueblo pensó que se quedó sin agua.

Lo curioso de esto es que la Torah (Instrucción) divina no registra que la congregación haya llorado por la muerte de Miryam, como lo hizo por Aharón y Moshé (Deut 34:8). Por cierto, fue precisamente debido a que no derramaron lágrimas por la desaparición de Miryam que la fuente de su agua se agotó. Fue como si el mérito de Miryam no les hubiera importado. Por ello, el Eterno permitió que a la muerte de Miryam la roca que suministraba agua quedara oculta.

Resulta que, por causa de dicho insidente, el pueblo presionaba al profeta Moshé para que les diera agua. Ellos habían caminado cuarenta años por las arenas del desierto y ahora, que el manantial de la Roca que los seguía se había secado con el fallecimiento de Miryiam, ello temían morir de sed.

En segundo lugar, vemos que el Eterno manda a Moshé que le hable a la roca porque de ella brotará agua (Números 20:8). La instrucción de hablarle a la peña contrasta con el hecho de que, cuarenta años atrás, Moshé siguió la instrucción de Yahvéh de golpear la roca para que el agua fluyera. Esto es lo que llegó a recordar Moshé años antes:

“…Mira, Yo estaré parado ante ti en la roca, en Jorev. Golpearás la roca y de ella saldrá agua y el pueblo podrá tomar”. Y en efecto, así hizo Moshé a la vista de los ancianos de Israel…”,

[Éxodo/Shemot 17:6, Torat Emet (comparar con Núm. 20:8; 20:11)].

Pero esta vez, la orden había sido bien clara y muy específica, el Eterno le dijo a Moshé que tomara la vara, pero no que la usara. El agua seria proveída si Moshé tan solo hubiera hablado a la peña a la vista del Pueblo. En esta oportunidad, Moshé solamente debía hablar a la roca, aunque con la vara en su mano. Esta vara era sencillamente el símbolo de su autoridad de parte del Eterno.

Así pues, tal y como se le ordenó, Moshé tomó el cayado y fue con Aharón a convocar a toda la congregación para darles agua tal que se santificara el Nombre de Dios. Él comenzó haciendo exactamente lo que el SEÑOR le había dicho que hiciera: Tomar la vara, y reunir al pueblo de Israel.

No obstante, aunque sí logró hacer salir el agua de una piedra, no santificó el Nombre del Santo y Bendito, por lo menos no de la manera, ni al nivel que se le había ordenado. Y aunque la naturaleza exacta de su pecado es desconcertante y ha sido interpretada de diversas maneras por los exegetas, independientemente de su verdadera índole, lo que sí se hace evidente es que este pecado les costó a Moshé y Aharón el privilegio de entrar a la Tierra prometida.

¡Cuidado con el Uso de Tu Voz!

Ahora los invito a considerar códigos lumínicos que nos servirán para la praxis de nuestra emunáh.

Si lo observamos bien, notamos que en esta nueva ocasión, al Profeta se le ordena únicamente el uso correcto de la voz (“háblale a la roca”); sin embargo, él golpeó la roca, pero nada ocurre. En ese momento él tuvo la oportunidad de re-evaluar su enfoque y reflexionar más detenidamente acerca de la instrucción específica de Dios de “hablarle” a la peña, pero en lugar de ello, Moshé la golpea por segunda vez (vers 11), y entonces el agua comenzó a brotar.

Resulta obvio que Moshé debió haber hablado una y otra vez a la roca hasta lograr que esta proveyera agua, pero el tono insultante del pueblo lo condujo a que su ira se convirtiera en furia incontrolada. Justamente los sabios explican que una vez que se hubo enojado, se le ofuscó el juicio y golpeó la roca. Es evidente que fue una mala interpretación la de Moshé y Aharón, quizás por estar bajo una fuerte presión por parte del pueblo de Israel que solía murmurar por todo.

Dicen los sabios que en este lugar de endurecimiento, Moshé cometió un error muy importante que consistía en estas *cinco cosas*:

  • Actuó con ira.
  • Habló palabras fuertes contra los hijos de Israel, “rebeldes”. Dios no le mando que hablara a la nación, ni hablar tan severamente a la nación, sin embargo Moisés lo hizo.
  • Dudó de Yahvéh, no escuchando atentamente la nueva consigna.
  • Desobedeció la orden de hablar a la peña.
  • No santificó al Nombre del Eterno con su proceder.

Por cierto, hay muchas explicaciones para la frustración de Moshé aquí (el Salmos 106:32-33 describe como el pueblo provocó a Moisés aquí), pero ninguna de ellas es excusa.

Peor aún, Moshé no solo tomo la rebelión del pueblo contra el Señor muy personal, él también sobre-magnifico su propia asociación con Dios diciendo:

«¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?» 

Moshé habló como sí él y el Eterno harían el trabajo, como sí ellos dividieran el trabajo cincuenta-cincuenta; como si Dios no pudiera traer agua a menos que él estuviera cerca para hablarle a la peña. Su lapso en desprecio por el pueblo lo guió a un lapso de orgullo sutil. Por sus palabras se deduce que actuó con ira y hablo como si él mismo pudiera hacer milagros, cuando tenía que haber atribuido al Eterno esa capacidad.

Por eso fue que no solo la golpeó a la Roca, sino que la golpeó dos veces. Cuando él golpeó la peña al principio del viaje de Éxodo, él sólo debía golpearla una vez, pero ahora, de la ira y frustración, él lo hizo dos veces.

Quizás, a simple vista, Moshé no cometió un pecado aparentemente serio, pero en los ojos del Todopoderoso su desobediencia fue lo suficientemente grave como para negarle la entrada a la herencia de la tierra. En fin, los errores de estos dos gigantes espirituales fueron sumados con las palabras “vosotros no me creísteis para santificarme ante los hijos de Israel”.

La lección para nosotros aquí es bien clara. Hasta que no elevemos nuestra conciencia, nunca estaremos listos para aceptar los milagros en su forma más pura y se nos impedirá verlos siempre.

Cuarenta años antes (Exo 17:6), cuando el Eterno le mandó a Moshé que golpeara la piedra, el pueblo venía saliendo de una esclavitud brutal, por lo tanto «golpear» era un idioma que ellos conocían perfectamente. Sólo que esta vez, Moshé tiene enfrente a una nueva generación de israelitas que había nacido y crecido en libertad; una generación que requería de un enfoque más suave, la palabra hablada.

Sobre estos pasukim, el Midrash explica:

«…El Eterno dijo a Moshé: Reúne a los tzadikim (hombres justos), y a las grandes personas ante la roca de la cual el agua fluía mientras Miryam estaba viva. Mientras estés parado con la santa Congregación frente a la roca, enséñales una halajáh (ley) o un pasaje de Torah. Luego ordena a la roca manar agua…»,
[“Midrash Bemidbar”, pág 244, 245].

De todo esto aprendemos que la Santificación del Nombre del Eterno [– en hebreo Kidush HaShem (קידוש השם) –] tiene mucha prioridad para el Eterno. La forma de tratarlo es sumamente importante, y especialmente al ser un ejemplo para todo el pueblo, como lo era Moshé. No se puede tratar al Eterno de cualquier manera y pensar que no hay consecuencias de ello. Y cuánto más alto sea el cargo espiritual, más importante es tratar correctamente al Eterno para que el pueblo tenga un buen ejemplo a seguir.

¿De qué manera Moshé y Aharón no habían santificado al Eterno?

La Torah dice que no le habían creído – en hebreo lo heemantem(לא האמנתם). La raíz de la palabra creer – aman, (אמן) – tiene que ver con la construcción de un soporte, algo firme y estable. Por lo tanto, creer en el Eterno no solamente implica creer en lo que Él dice, sino ser fiel y ajustar toda su vida – pensamientos, actitudes y conducta – según lo que el Eterno indica en lo que dice. Creer en Yahvéh es confiar en Él. Creer en el Eterno es serle fiel. Moshé y Aharón no fueron fieles al Eterno en este momento, porque él había dicho que ellos hablaran a la peña y no lo hicieron, sino que la golpearon. Ser fiel es hacer exactamente lo que el Eterno ha dicho, ni más ni menos.

Así pues, al no ser fieles, ellos no santificaron Su Nombre. Al no hacer lo que Él había dicho dieron un ejemplo malísimo ante el pueblo de cómo uno debe comportarse ante el Eterno.

Alguno pensará que no importa tanto si hablaran o golpearan la peña, lo importante es que el milagro se haya hecho y que el pueblo haya sido salvado. Pero en el Reino de los Cielos las cosas no funcionan así, a medias. Lo que el Eterno dice es exactamente lo que quiere decir. Por eso hay que obedecerlo no más ni menos ni de otra manera ni de manera parecida ni a medias, sino exactamente como lo ha dicho. Toda otra cosa es no santificarle y no serle fiel.

¿Por qué hacer que esta Roca vierta agua de maneras distintas?

Al leer el “Midrash Bemidbar” (pág 245), encontramos la respuesta a este planteo y es que el Eterno no hace un milagro idéntico a otro.

Lo que más me impresiona de este relato es que a pesar del lapso de Moshé dentro de una actitud pecaminosa y acción, el Eterno aun así proveyó abundantemente para el pueblo. Es que el amor de Dios por su Pueblo es tan grande, que Él usará sus instrumentos imperfectos. De aquí surge otra enseñanza más: el hecho que Yahvéh use a alguien no es evidencia (para ellos mismos o para el pueblo) que ellos mismos están realmente bien con el Eterno, o que vibran con su ministerio de acuerdo al corazón pastoral de Yahvéh.

Desde esto, surge un lema de emunáh que ayudará a discernir ciertos «eventos milagrosos» que acontecen en el mundo de las denominaciones babilónicas con tintes «carismáticos»: ¡lo que funciona no es la mejor medida para lo que está bien delante del Eterno y Su propósito mesiánico!

Aprendamos de esta lección a estudiar bien lo que el Eterno realmente ha dicho para luego poder hacer exactamente lo que ha dicho y no otra cosa.


Bitácora Relacionada y Recomendada:

¿Cómo fue la Esclavitud en Egipto?

Por Rav Yosef Bitton

Creo que la mayoría de nosotros preservamos una imagen superficial, infantil o en el mejor de los casos incompleta de lo que nuestros padres sufrieron en Egipto; imágenes –que no supimos desarrollar– de los dibujos que pintábamos en el jardín de infantes. Y esto sucede a pesar de la obligación explícita de recordar, lo más seria y fielmente posible, lo que experimentaron nuestros padres en Egipto.

Durante el Seder de Pésaj debemos recrear y visualizar los detalles de la redención hasta sentir que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto. Parte de esta experiencia es rememorar el sufrimiento de la esclavitud y así poder valorar más plenamente el placer de la libertad e incrementar nuestro agradecimiento a Dios.

Los Sabios, los grandes maestros del Talmud, agregaron de lo que ellos conocían por la historia y la tradición, para hacer más real, y especialmente más visual, la experiencia del Seder.

Dijeron por ejemplo, que en el Seder debemos sentarnos reclinados como los nobles; que debemos continuar comiendo el maror, a pesar de que estas hierbas amargas eran dependientes del sacrificio de Pesaj, y al no haber ya sacrificio, dejan de ser obligatorias. Y también agregaron un precepto enteramente nuevo: el Jaroset, con el propósito de representar mas vivencialmente la esclavitud.

Soy muy consciente de que casi nadie se pone a pensar de una forma seria lo que este alimento representa, es decir, qué memorias se supone que debe despertar. Hasta este año, que me forcé a estudiar un poco más sobre este tema, yo también pensaba que el Jaroset era sólo una cuestión de recetas y que todo lo que se podía decir del mismo era cuánta canela, nueces o vino le agregamos….

Pero estudiar sobre el inocente Jaroset me ha llevado a valorar mucho más allá de mis expectativas originales su valor educativo y admirar, una vez más, la sofisticación de nuestros sabios, de bendita memoria.

Lo más importante que he aprendido es que el Jaroset abre una ventana al aspecto más terrible de la esclavitud en Egipto. Nos permite (o nos obliga) a ver la característica de los trabajos forzados a los cuales estaban sometidos nuestros ancestros.

La palabra clave para entender la naturaleza de esclavitud de los hebreos, y comprender por qué fue diferente, por ejemplo, de la servidumbre de los esclavos griegos, o romanos o incluso de los esclavos africanos en Estados Unidos hasta 1865, es “párej” (פרך), un término que curiosamente se repite dos veces en dos versículos seguidos: los pasukim 13 y 14 del primer capítulo de Shemot, el libro de Éxodo.

Comenzaremos por explicar que la esclavitud a la que sometió el Faraón a los judíos tuvo dos fases, con dos propósitos distintos.

«Entonces impusieron sobre ellos capataces para debilitarlos con duros trabajos. Y los judíos edificaron para Faraón las ciudades fortificadas de Pitom y Ramsés.»
(Éxodo 1:11)

En la primera fase de la esclavitud el Faraón hace trabajar a los hijos de Israel para construir Pitom y Ramsés. Los hebreos trabajaban “para el gobierno”. Esta esclavitud era un procedimiento “legal”. El monarca egipcio –irónicamente desde el tiempo de Yosef –era también el “Amo y Señor” de todos los egipcios. Los egipcios eran sus súbditos y el Faraón podía demandar de ellos cualquier tipo de servicio: sumarse a su ejército para defender su territorio o trabajar en los proyectos de construcción que el soberano consideraba necesario.

En esta primera fase, el trabajo de los hebreos consistía en construir las ciudades de Pitom y Ramsés, que según la interpretación más aceptada, eran fortificaciones posiblemente de uso militar. Este dato no es superfluo. Estas fortificaciones no eran construidas con ladrillos comunes (adobe) como las casas o templos, sino con piedras talladas. Podemos suponer que los hebreos trabajaban en las canteras extrayendo la roca, tallándolas (“los egipcios fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales”) y cargando las pesadísimas piedras, que a veces, como en el caso de las pirámides, pesaban varias toneladas, y montarlas una encima de la otra.

Por último, debemos comprender cuál era el verdadero propósito de la esclavitud en esta primera fase. Cuando el Faraón pronuncia su famoso discurso de propaganda denunciando el supuesto peligro que los hebreos representan para Egipto, propone un plan estratégico para afectar su procreación. Esclavizarlos y hacerlos trabajar en la construcción de día y de noche, era la manera de evitar que cuando regresaran a sus casas no tuvieran ni el tiempo ni la energía de procrear. Así, de una manera sofisticada, legal y no violenta ( הבה נתחכמה לו ) se reduciría significativamente la tasa de natalidad de los hijos de Israel. La construcción de estas fortificaciones, por lo tanto, no era el propósito de la esclavitud, sino la excusa para frenar el crecimiento demográfico de los hebreos. Pero, como la Torah lo dice explícitamente en el próximo versículo, el plan del Faraón no produjo los resultados esperados.

«Pero cuanto más oprimían a los hebreos con trabajos forzados, los hebreos más procreaban y más se multiplicaban. Y los egipcios se sintieron amenazados por los hijos de Israel.«
(Shemot/Éxodo 1:12)

El plan del Faraón falló. El pueblo de Israel no se debilitó sino que por el contrario, se fortaleció y siguió creciendo.

En este punto, el Faraón decide comenzar con la fase 2 de la esclavitud de los hebreos, los trabajos forzados que se consideran “párej”.

«Y entonces los egipcios hicieron trabajar a los hijos de Israel con “párej”.
(Shemot/Éxodo 1:13)

Continurá…

Fuente: halaja.org

¡Del Salario a la Sobre-Abundancia! (¿Cómo Desarrollar Consciencia de Terumáh)

Por P.A. David Nesher

Di a los hijos de Israel que separen para Mí una ofrenda; de todo aquel cuyo corazón le mueva a hacerlo, tomaréis mi ofrenda.


(Shemot/Éxodo 25:2) 

Al leer el comienzo de la parashá (porción) Terumáh, notamos que la misma trata, en la lectura llana (nivel Peshat) de las donaciones que el Eterno le está pidiendo al pueblo de Israel, para construir el tabernáculo y el Arca de la Alianza (Aarón) que más tarde albergaría a las tablas de las Atzeret HaDivrot (10 enunciados). Aquí se describen todo los detalles, bien precisos, para estas construcciones. Ahora bien, cuando nosotros leemos sobre esto (que parece sin ninguna praxis para nuestra vida cotidiana), nos surge la pregunta: ¿Acaso Dios necesita donaciones? Sinceramente, ¿quién puede creer eso?

Entonces discernimos lo que los sabios exégetas de la Torah explican, y es que esta parashá no trata simplemente de donaciones. En ella, se esconde un mensaje divino atemporal, en el que se revela un medio cósmico para facilitarnos la elevación de las chispas de Luz que se esconden en nuestro espíritu. De hecho, la palabra Terumáh (traducida como “dádiva”, “presente”, “regalo”, “contribución”, “aporte”, “tributo”, “ofrenda”) proviene de la expresión Tarom He (o también “Taromhei”) que significa «Elevación hasta la Hei» (señalando a la primera letra Hei del Nombre divino YHVH). Considerado así, les diré que la segunda Hei es el aspecto de Malkut (Reino) del nombre de Dios Yud Hei Vav Hei; y es el único lugar en donde las chispas de Luz se elevan. Por eso, el Eterno sólo quiere aquellas chispas que sean dadas de corazón. Ya sabemos que el corazón se refiere a Zeir Anpin, que es en donde está nuestro trabajo espiritual (hebreo: avodáh), y que es el nivel del Ruaj (Espíritu) trabajando energéticamente sobre el espíritu por medio de su fuerza vital (neshamáh). Entonces, debemos aquí aceptar que la expresión «Tarom He» significa «tomar la Luz» escondida en Malkut, el Mundo de Abajo, y conectarla con Binah (representada por la primera letra Hei), a través del proceso de Zeir Anpin (las emociones controladas por el Espíritu). En este caso, alude a la elevación espiritual de los materiales que se donan para la construcción del Santuario: esto no es otra cosa que la «materia al servicio del espíritu» [Torat Emet].

El asunto es que, según lo hemos aprendido en Shovabbym (primeras seis parashot o porciones del libro de Éxodo), si para recibir la Luz de Binah (zona divina de leyes para proyectos creativos) tenemos que pasar por un proceso emocional (Zeir Anpin), también debería haber algo emocional que nos ayude, una herramienta que nos permita pasar por encima del proceso de Zeir Anpin e ir directamente a Binah, y así obtener sus beneficios de Inteligencia Emocional . ¿Cómo lo sé? Porque…: «de la misma manera que si existe una enfermedad, antes existe la planta que la cura…» (dice el Ari), «así mismo, sé que este sistema es misericordioso, y nos da miles de soluciones para que nos reconectemos con él«. En otras palabras, debemos creer y confiar que para todo problema, hay una solución; para toda enfermedad, hay una cura. Pues bien, esta herramienta cósmica se llama fe, pero no en el sentido dogmático de piedad, sino en la mentalidad hebrea de emunáh.

Los códigos secretos de la Sabiduría (Jojmáh) de la Torah divina explican que la fe (emunáh) es el atributo que permite al creyente conectar a Malkut (su nobleza psico-física) con Binah (su entendimiento). De este modo, cuando Binah y Malkut se unifican, la fe hace al alma redimida co-conductor de las leyes que gobiernan el mundo espiritual. A esta altura, necesito enfatizar que la fe de la que hablamos, no es la fe ciega de los devotos religiosos. Enfatizaré una vez más que en hebreo, fe es emunáh, un estado espiritual de absoluta convicción y certeza en aquello que los sentidos no pueden captar, y la razón explicar. La emunáh no se adquiere porque otro nos dice cómo son las cosas. La emunáh se consigue cuando la experimentamos al sujetarnos voluntariamente al señorío del Mesías.

De este modo, cuando adquirimos la emunáh, nos metemos bajo el manto de Binah: sin cuestionar si es verdad o no, lo sabemos más allá de lo que los otros puedan pensar y decir, y nada es más importante que sostener esta conexión. Es como si fuiste un bebé abandonado y, un día, encontraste a tu madre. Lógicamente, por nada del mundo, quieres volver a separarte de ella. Esto es estar bajo la guía del Espíritu de la profecía que es testimonio de Yeshúa (Revelación/Apoc. 19:10).

La emunáh, una vez en nuestro espíritu, desarrolla todos los mecanismos de percepción necesarios para la generación de milagros, ampliando nuestra vasija, pues es la persistencia en el deseo de dar, de elevarnos. La emunáh es un regalo divino que Binah nos dio para que, a través de ella, tuviéramos de qué agarrarnos para vencer todas las dificultades que pueden presentársenos. ¿Cómo se adquiere la emunáh? A través de la disciplina en el trabajo espiritual. Para comprender mejor, necesito que se fijen en esto: cuando uno quiere cambiar su vida, que despierta en lo espiritual, empieza a buscar su vía de evolución. Comienza a crear movimiento porque, instintivamente, se siente vacío, así que sale a buscar con hambre la Luz de la Palabra divina, pues llega un momento en que se da cuenta que ella no llega gratuitamente.

Este camino espiritual que tomamos como vía de ascensión, requiere una disciplina, porque la Luz tenemos que adquirirla, aprendiendo los cómo para hacerlo. Así, las experiencias que tenemos en nuestras conexiones y, sobre todo, los resultados de ese trabajo en nuestra vida cotidiana, van construyendo la emunáh. Hasta que llega el momento en que esa conexión se hace tan fuerte que, te digan lo que te digan, tú vas a hacer todo por buscar esa Luz escondida en tu interior. Sabes, a ciencia cierta, que la Luz te está esperando cada día y cada vez que haces esa conexión. No creas que ese momento de conexión sólo eres tú quien lo espera. De la misma manera como tú deseas recibirla, ella desea darte. Así, la Luz de la creación te espera todos los días. Por eso, Yeshúa enseñó que lo ideal es usar el mismo sitio para meditar y la misma hora (Mateo 6:6). Allí se va creando un puente que se abre todos los días. Es como si todos los días fueras a una cita amorosa (esto no es metafórico, sino literal). Ahora, les solicito que para captar mejor esto se sumerjan conmigo en la explicación que les compartiré a continuación.

De esto  se trata de vivir la vida cotidiana como el Mesías. Es vivir día a día, esta vida terrestre, conectado permanentemente con lo superior, y esto solo es posible a través de la conciencia en constante ascensión (aliyáh). La emunáh es un pilar sólido que se va construyendo cuando el pensamiento del Creador encaja con una emoción y la eleva por sobre toda circunstancia cósmica.

No obstante, que el título de esta porción se llama “Terumáh”, la Torah conduce a cada israelita a centrar sus ojos en el Mishkán (Tabernáculo) santo que, además de ser morada de la Conciencia Divina o Shekináh, será el centro espiritual donde los israelitas tendrán que presentar todos sus korbanot (sacrificios) que servirán para expiar sus transgresiones y manifestar su gratitud al Creador. Todos los tipos de korbanot quedarán englobados en el concepto de tzedakáh.

El diseño cósmico llamado Mishkán, proclamará la maravillosa Betzoráh (Buena Noticia) de que la Shekináh del Todopoderoso volvería a este mundo después de estar alejada; la Shekináh, es el reflejo de la Majestad Divina. En Bereshit Rabá leemos esta explicación:

«…La verdadera morada de la Shekináh estaba en este plano inferior de la Creación. Cuando Adam pecó, la Shekináh se fue, (ascendió) al primer firmamento; cuando Kaín pecó, ascendió al segundo firmamento; pero en contraposición a éstos surgieron siete tzadikim y ellos la trajeron de regreso haciéndola descender a la tierra. Moshé (el séptimo tzádik), la trajo hasta aquí mismo, al plano físico inferior…».

De acuerdo a esta porción llamada Terumáh, el Tabernáculo de YHVH sería construido para darle al pueblo de Israel una localización física donde pudieran conectar con el Creador. Pero profundizando en la codificación de toda esta sección bíblica, el Mishkán, no obstante, será solo un símbolo para el verdadero lugar de descanso de la Shekináh (la Divinidad), el corazón de todo hebreo redimido. ¿Cómo es posible hacer que el corazón de uno, sea un Mishkán para la Shekináh? Esto es, dedicando su corazón a la disciplina del estudio de la Torah y a la avodáh, servicio sacerdotal a YHVH, [Midrash].

Por eso, notamos que aquí hay dos preceptos en el arranque de esta sección:

  • (1) tomar una ofrenda y,
  • (2) construir el Tabernáculo con todos sus utensilios.

El Eterno ordena a Moshé designar recaudadores para recolectar la “terumáh” destinada a la construcción del Tabernáculo consagrado al Eterno. Toda la existencia es de YHVH, por lo que la expresión «Que tomen para Mí» parecería redundante. Más bien, el versículo viene a transmitir a los recaudadores y tesoreros a cargo de fondos comunitarios, que su trabajo debe ser para YHVH es decir, deben consagrarse a su tarea y hacerla en honor al Nombre del verdadero Dios; ellos se deben a Él, deben dejar de lado mezquinos intereses personales para aplicarse y ajustarse a la causa que tengan a su cargo.

A primera vista pareciera que la orden central es la de construir el Santuario (Mishkán), mientras que la donación es la cuestión relativamente secundaria. Sin embargo, leyendo con atención, notaremos que el orden de los versos nos muestra un cuadro diferente; primero viene el Precepto: «…Tomarás para Mí una contribución«, mientras que el orden para construir el Mishkán aparece después: «…Me harán un Santuario…”. Pues bien, en ese mismo orden estudiaremos este interesante capítulo.

El vocablo hebreo “terumáh” se menciona tres veces al comienzo de la sección homónima de la Torah:
1) “…Ellos tomarán para Mí una terumáh”;
2) “…De aquellos a quienes su corazón motive tomarán Mi terumá”; y
3) “…Y ésta es la terumá que tomarán de ellos: oro, plata y cobre…”.
Por este motivo, es que desde los días del nacimiento del pueblo de Israel, la noción de la idea de «Terumáh» formará parte de la vida cotidiana comunitaria judía.

La terminología hebrea que en este pasuk (versículo) se ha traducido “separen para Mí”, significa que esta ofrenda especial llamada terumáh debía ser consagrada a Su Nombre. En este sentido, «» se refiere a la letra “Yud” (י), primera del tetragrama YHVH. Ello significa que cuando alguien, con mentalidad hebrea, da tzedakáh (caridad o justicia social), debe tener sí o sí en mente el Nombre del Todopoderoso יהוה (YHVH), ya que el dinero que se dona representa la Yud (י). La mano con que se da, está en la primera Hei (ה), pues la mano tiene cinco dedos y esta letra es el equivalente al número cinco. El brazo extendido del donante está representado en la letra Vav (ו). Y finalmente la segunda Hei (ה), está simbolizada en la mano del pobre, o sea, aquel que recibe la tzedaká. Toda esta codificación nos enseña que el Eterno יהוה (YHVH), siempre estará del lado del necesitado, del débil y el pobre.

Los sabios de Israel nos enseñan que, el motivo por el cual el Eterno pidió de Am Israel su colaboración, no fue por necesidad, sino porque quería educar a los israelitas para que aprendieran los secretos de prosperidad material que se esconden en la actitud del dar, ya que por naturaleza a la persona le cuesta mucho trabajo tal ejercicio. Además, el rav Baal Haturim explica que el motivo por el cual antes de pedir la donación, el Eterno le mandó a Moshé: “Háblale a los hijos de Israel”, fue para que Moshé les hable de buena manera, sin ningún tipo de imperativo, para así despertar en ellos el deseo de donar. Esto era imperioso pues ésta era un mitzvá (mandamiento) difícil de cumplir ya que la persona tenía que entregar algo de valor alto de entre sus bienes para poder llevarla a cabo. Con ello, el Eterno Elokim los acostumbra a cumplir uno de los mitzvot más importantes de la Torah: la tzedakáh (caridad o justicia social).

Explican los sabios especialistas en codificación hebrea que cuando damos caridad o ayuda a algún necesitado, en realidad no estamos dando sino tomando, estamos recibiendo. Lo que el donante da al pobre es un bien limitado, temporal, que con el paso del tiempo desaparece. Sin embargo, la recompensa por haber sido piadosos es infinita e ilimitada; es un bien que perdura eternamente en el mundo venidero. Cuando damos caridad por amor al Cielo, estamos creando un espacio oportuno que activa a un malak (ángel) en su misión de abrir camino de prosperidad financiera.

Ahora bien, si todo esto ocurre con la donación hecha a un semejante mortal como nosotros, cuánto más sucederá si se dona para la construcción del Santuario de Dios. Luego entonces, cuando los israelitas presentan su “terumáh” para la construcción del Tabernáculo, en realidad no estaban dando sino…¡recibiendo!

Es preciso poner en relieve que tzedakáh, no solo es dar dinero, sino que más bien, es estar ahí acompañando empáticamente y siendo solidario con el prójimo en múltiples maneras. Sin duda alguna, la ofrenda más esencial, es la que citan los textos del Mishlé (Proverbios) 23:26, que es la de ofrecerle nuestros pensamientos y voluntad, leamos:

“…Tenah beni libejá li veeineijá derajai tirtzenah (…)

«Dame hijo Mío tu corazón, y tus ojos cuiden Mis caminos…”,

[Tanaj Katz].

De acuerdo con la opinión de varios sabios, no existe nada que glorifique tanto al Creador, y santifique Su Nombre, como traer almas en teshuváh convirtiéndolas a Su Camino de Luz. Esto es realmente transformar el mal en bien. Ellos aseguran que, según este versículo, a esto también se le llama “traer una ofrenda (terumáh) a Dios”.

En pocas palabras, el mandamiento de construir Mishkán (el Tabernáculo), significa desarrollar la capacidad de traer impíos a la actitud mental de teshuváh (arrepentimiento o regreso). El que trae en teshuváh a un impío y le hace tomar la decisión de alejarse del mal camino, consigue tres cosas:

  • Somete bajo sus pies al Sitra Hajara (traducido como «el Lado Oscuro«).
  • Contribuye a glorificar a HaKadosh Baruj Hu. («El Santo Bendito Sea«, forma de referirse al Nombre de YHVH)
  • Contribuye a llevar al mundo a la perfección hasta cumplir el Paradigma divino “Como es Arriba es Abajo”. Así cumplimos con lo que dice la plegaria del PadreNuestro: «HÁGASE TU VOLUNTAD, en la tierra como en el Cielo«.

Me identifiqué con este sentir de un estudioso de la sabiduría de la Torah:

«Este Justo verá a sus nietos, y será feliz en este Mundo y en el Mundo venidero; este Justo irá al Jardín del Edén sin encontrar obstáculos; su descendencia será poderosa, su posteridad estará compuesta de Justos, la gloria y la riqueza estarán en su casa, y la Justicia (la sabiduría de la Torah) perdurará en su familia

[“La Kabbalah de la vuelta al Edén”, Tomo 2].

Les aseguro que esta es la mentalidad correcta que se desarrolla cuando se comprende y acepta la propuesta mesiánica de amar la Torah de acuerdo.

Entonces, re-configurando nuestra visión de acuerdo a al Verdad: ¿Qué significado espiritual tiene el Mishkán y qué importancia tiene esta lectura en el tiempo presente? El Santo Bendito Sea, ama inmensamente al pueblo de Israel cuando estos cumplen Su Voluntad y se comportan de manera honorable. Esta relación de amor puede entenderse bajo la siguiente ilustración:

««…Había una vez un rey que tenía una hija. Mientras la hija aún era pequeña podía ir por donde quisiera, y cada vez que el rey la encontraba, le hablaba, incluso en público, en presencia de las demás personas. Pero cuando ella empezó a madurar y a desarrollarse, el rey le dijo:
“…Ahora debo proporcionarte una habitación especial. Ya no está a la altura de mi dignidad hablarte en público. Por eso debemos designar un lugar especial, de otro modo, cuando te hable, todos sabrán cuánta estima te tengo…

[Meam Lo’ez].

Esta era la realidad de la nación de Israel; hasta ese momento ellos no poseían sabiduría ni conocimientos. Se habían criado junto a los egipcios, fabricando ladrillos, es decir, dejándose esquematizar sus pensamientos por un sistema reptiliano. Pero cuando YHVH los redimió, luego de haber presenciado los grandes milagros del éxodo y de experimentar el fulgor de la Shehináh (Presencia Divina), el pueblo abrió los ojos reconociendo Su grandeza queriendo comulgar con su almas. Por eso, al erigir el Santuario (Mishkán) se generó una extraordinaria innovación en la manera de pensar de cada israelita, algo que no había antes; se construyó una “Casa Material” en este mundo, en la que mora y se enviste YHVH mismo, en Su Gloria y Esencia. La Esencia divina quería comenzar a morar y manifestarse desde las fibras más íntimas de cada corazón redimido de Israel.

Así pues, el Altísimo elige al pueblo de Israel de entre las naciones y hace de él un nuevo tipo de entidad dándole un elevado rango en comparación con el resto del mundo. YHVH tomó a seres humanos terrenales y los convirtió en un “reino de sacerdotes” y en una “nación santa” (Éxodo 19.6; cf. 1Pedro 2:9).

Mientras más meditemos en todo este maravilloso asunto, notaremos que el contribuir a una causa sagrada y justa, es por lo tanto, una manera de ascender, de escalar personalmente, porque uno transciende sus necesidades inmediatas y se enriquece espiritualmente al atender las solicitudes de otros. El poder de “dar” es muy superior al de “recibir”.

Pues bien, aquí está el secreto. El Gran Maestro dijo:

Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir.”
(Hechos 20:35)

Por eso, la persona más feliz no es la persona que recibe cosas, sino la que da cosas a otras personas. ¿Sabías tú eso?⁠ Explicaré esto. La cualidad primordial de YHVH es la de ser un dador ilimitado. Así pues, emular a Dios (por medio de dar a otros) es una de las expresiones espirituales más elevadas que existen. YHVH quería que todo Israel fuera parte del proceso realizando donaciones para ayudar a Su construcción. La ofrenda debía proceder de aquellas personas a quien voluntariamente mueva su corazón, sin compulsión ni coacción, así lo indica el pasuk:

“…Todo aquel que su corazón lo motive…”
(Éxodo 25:2)

El miedo a donar es en verdad ausencia de Fe verdadera (emunáh), porque el donar dinero cuando no te alcanza para pagar tus cuentas pareciera cosa de locos. Hacerlo requiere absoluta convicción de que estamos empleando una tecnología avanzada que trasciende la racionalidad humana. El asunto es que el resultado es inmediato, pero tenemos tanto miedo y estamos tan metidos en la carencia que nos negamos a nosotros mismos el derecho de experimentar.

Dice la Torah que YHVH eligió a Jacob como su propiedad, y por eso el libro El Zohar dice: “Cuán amados son los hijos de Israel por el Creador, quien los quiere, desea apegarse a ellos y conectarse con ellos y por eso considera a Israel  como su pueblo”.

Recordemos que fue Jacob quien descubrió la tecnología cósmica del diezmo, a través del sueño de la escalera, que prácticamente se ha convertido en una obligación. Sin embargo Terumáh no es obligación,  porque como bien dice la Torah, se trata de ofrendas dadas de corazón. Es decir,  se trata de usar una tecnología que tiene la capacidad de tomar el control de las emociones que contaminan la energía de nuestro sustento, que nos llega ya sea a través del salario o cualquier otro tipo de ingresos.

Es importante entender por qué donar, en esta sección, se traduce en elevación espiritual. El dinero es uno de nuestro mayores objeto de idolatría, es uno de los apegos más fuertes que tenemos a lo físico, porque podríamos decir que aparentemente, a nivel práctico, nuestra capacidad de hacer depende de cuánto dinero recibimos. Por tal razón se ha formado una egregora (“mente colectiva”) reptiliana alrededor del dinero que está cargada de muchos sentimientos negativos como el miedo, la culpa, la avaricia, el egoísmo, la victimización, la creencia de injusticia y otras creencias colectivas. Sin embargo, aprendemos en la sabiduría de la Torah que tenemos que desligar la idea de que el sustento solo proviene del salario que recibimos (por ejemplo la creatividad) también nos da capacidad de hacer, así que también es considerado sustento y además el sistema utiliza muchos otros conductos para hacernos llegar lo que se nos ha otorgado en la Fiesta de Yom Teruah.

Pero bueno, la mayoría delos seres humanos aún no llegamos a ese nivel de conciencia y solo dependemos del salario. Entonces supongamos que es así, que el sustento se traduce solo en el dinero que recibimos cada mes de nuestro sueldo. Entonces la Torah nos enseña que todas estos sentimientos negativos que mencioné anteriormente están grabadas solo en el aspecto de Malkut del dinero que representa el 10% de lo que nos ingresa. En ese 10 % está pegado el HaSatán (Oponente) y por eso es de todo nuestro interés separarlo del resto. Sin embargo, no podemos dejarlo al azar, es nuestra obligación elevar el caos que está pegado en ese 10 % (maazer o «diezmo»). Así pues, debemos aceptar que cuando nuestra virtud Malkut (Nobleza) está desconectada de su lugar dentro del Árbol de la Vida (la imagen del Mesías), producto de estos sentimientos erróneos de los que hemos hablado, está desconectada de la vida, por lo tanto los aspectos de muerte ontológica la sobrepasan, e invaden nuestras áreas de vida (finanzas, familia, pareja, hijos, salud, profesión, etc.) procurando que caigamos en el caos.

En verdad estamos en este mundo para elevar todo el caos y sobre todo el que nos concierne personalmente, como el de nuestro árbol familiar, o este del dinero. El Mesías hoy nos está diciendo desde esta parashá (Terumáh) que la manera de elevar el caos de Malkut (nuestra nobleza) consiste en llevarlo hasta el nivel celestial de Binah, que traducido quiere decir entendimiento. Por eso es que al donar para la expansión de la sabiduría divina revelada en la Torah, logramos trepar por esferas superiores del árbol de la vida y pararnos frente a la Puerta que permite ingresar a todas las posibilidades (eso significa alcanzar la consciencia Binah), que dicho sea de paso se abre cada semana en Shabbat.

El Eterno reveló en esta porción a su Pueblo que hacer las cosas de corazón es la clave para ser exitoso en la vida. Cualquier acción que involucre el altruismo, el amor, el cuidado, la compasión y la sensibilidad, nos acerca a los mundos superiores, y ese es el secreto final de haber vivido con propósito. Cuando todo lo que hagamos posea una conciencia de Terumáh (amor perfecto en constante compartir) entonces habrá un flujo abundante entre los mundos superiores y los inferiores (Juan 7: 38). Esto es cuando conseguimos asimilar la frecuencia de Kedusháh (traducida como «Santidad«) en lo que hacemos: en el hogar que construimos, en nuestra familia, en nuestros negocios, etc. Cada quien decide cual es el espacio que va a santificar para que la divina Shekinah habite en él, y desde allí se manifieste arreglando el Planeta.

Nuestro Gran Maestro y Dueño Yeshúa sabe que si damos porque queremos hacerlo desde nuestro corazón, entonces seremos felices. Es por eso que nos dice: “Den a otros, y Dios les dará a ustedes” (⁠Lucas 6:38). Es decir, acostúmbrense a dar para que otras personas hagan teshuváh. Si hacemos eso, no nos sentiremos tristes por estar siempre esperando que otros hagan algo bueno por nosotros. Por el contrario, estaremos ocupados haciendo felices a los demás. ¡Y cuando hacemos eso, somos las más bienaventuradas de todas las personas!

Shalom!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Los mismos serán usados en las actividades sociales que la Fundación Monte Santo realiza con los más carenciados de nuestra sociedad. Si esta intención vibra en ustedes los invito a ponerse en contacto conmigo, a fin de conseguir los datos bancarios para llevar a cabo dichas donaciones.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

https://davidnesher.com.ar/contacto/

Definirme en los Límites Divinos.

Por P.A. David Nesher

Y YHVH dijo a Moisés:
Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana;…
Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo:
Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá. No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte…
Moisés dijo a YHVH:
El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo…

(Shemot/Éxodo 19: 10, 12-13; 23


Israel había sido sacado de la esclavitud de Mitzrayim (Egipto) y ahora tenía que pasar por un largo proceso pedagógico, bajo la Instrucción que da la Verdad Absoluta y que permitiera los cambios de paradigmas que garantizarían una mentalidad que los convirtiera en un pueblo verdaderamente libre.

El Eterno había decidido aparecerse a Israel de una forma espectacular, como nunca hombre alguno lo había palpado desde la caída del Gan Edén; y antes de que esto pudiera pasar, el pueblo se debería preparar espiritualmente para alcanzar grados de conciencia metafísica que les permitiera soportar tal esplendor de Su Gloria.

Cuando el Eterno los liberó de la servidumbre de Mitsrayim (Egipto) no los dejó en el aire, sin normas. Y es que la verdadera libertad tiene que ver con normas fijas y límites marcados. Ahora le tocaba al pueblo aprender esta lección.

Como ya se los he enseñado en otra bitácora, la raíz de la palabra “Torah” (traducida correctamente como “Instrucción”), es “yaráh”, que significa “lanzar”, “disparar”, “apuntar”, “marcar”, “señalaral blanco o propósito. Entender esta raíz de la palabra nos permite aceptar que la Torah pone al alma humana los límites necesarios para el bien de la humanidad y creación toda.

Tenemos que entender y aprehender que la Torah del Eterno marca dónde está la diferencia entre lo permitido y lo prohibido. Así aceptaremos que en la cosmovisión celestial pecar es cruzar los límites marcados por la Torah de Elohim, como está escrito:

“…Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la Torah, pues el pecado es infracción de la Torah…”
(1ª Juan 3:4)

Por ello, es necesario explicar que en hebreo la expresión “santificar”, significa «separar y aislar«, que en este caso específico alude a aislar al Monte Sinaí para que el pueblo no se acerque.

En hebreo “Santificar” se dice “lekadesh”, que viene de la misma raíz que “kadosh”, (santo). Esa es la razón por lo que a la Esencia de la divinidad se la denomina “Hakadosh Baruj Hu”, que se traduce: “El Santo, Bendito Es”, porque está aún separado y aislado de la existencia física.

Ahora entendemos bien el por qué, al dar comienzo el Shabat o las Festividades se lleva a cabo el “kidush”, literalmente “santificación”, que significa “separar” a ese día especial del resto de los días de la semana. Y de igual modo, la ceremonia de casamiento recibe la denominación de “kidushin” (“santificación”), porque a través de este acto la “novia” queda aislada, en el sentido de privada, de la posibilidad de contraer matrimonio con cualquier otro hombre, porque queda consagrada, santificada, para su esposo de manera exclusiva.

Es decir, que Yahvéh se aseguró que cada miembro de Israel entendiera y aceptara que lo que santifica son los límites. El monte fue santificado por los límites y la presencia del Eterno que estaba limitada dentro de esos límites (cf. Éxodo 29:43).

Volviendo a nuestro pasaje en cuestión, notamos que al poner estos límites y al traer la pena de muerte al quebrantarlos, YHVH le mostró a Israel que en las dimensiones celestiales, la obediencia es considerada más importante que los sentimientos de toda una masa humana. No dudo de que algunos intrépidos israelitas sintieron el ir más allá de los límites, pero ellos tuvieron que someter sus sentimientos a la obediencia. ¡Es sólo la obediencia la que atrapa la Unción de Dios y desata Milagros!… ¡Todo lo demás es solamente vanidad de vanidades!

Son muchas las persona que, influenciadas por el sistema reptiliano, creen que la libertad implica hacer lo que uno desea; lo que bien le parezca, y que además, le haga sentir bien. Pero para el Creador, la verdadera libertad es encontrar y mantenerse dentro de los límites que Él ha puesto para cada uno. Así entonces se debe aceptar que los límites y las normas estrictas no son para impedir el desarrollo de la libertad, todo lo contrario. La libertad auténtica que el hombre puede experimentar es cuando sepa cuáles son los límites dentro de los cuales puede moverse sin estar en peligro de ser castigado o dañado. Sólo entonces podrá decirse que es dignamente un ser humano.

A esta altura de nuestro peregrinar en la fe, entendemos y aceptamos que la carne del ser humano (lo que en hebreo se denomina el yetser hará = «inclinación al mal«), no quiere límites, como lo enseñara el apóstol Pablo a los creyentes que vivian en Roma cuando les escribió:

“Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.”
 (Romanos 8:6-8 )

También ya sabemos que el hombre espiritual, en cambio, no está dirigido por sus impulsos naturales y pecaminosos, sino por los principios que el Eterno ha marcado en su Torah. Un hombre espiritual es un hombre de principios y no de impulsos. ¿Por qué razón cumple los principios marcados por la Torah? ¿Por amor o para cumplir? El que cumple por amor ha llegado a la perfección.

Entonces, ¿está mal anhelar en vivir placenteramente?¿Se Opone Dios al Placer?

No, por el contrario, las mismas Sagradas Escrituras revelan que Dios nos creó con la capacidad de experimentar el placer. Varios textos bíblicos hablan de nuestro deleite y placer (por favor lean: Salmo 16; Proverbios 17:22; Proverbios 15:13).

Lo que el Eterno quiere es que a logremos discernir entre los diferentes tipos de «placeres» en este mundo físico, influenciado por HaSatán. Aceptemos que vivimos en un mundo caído donde lo mejor de Dios para nosotros, ha sido pervertido por una sociedad sometida al Sitrá Ajrá (el Otro Lado). Entonces, el hecho de que la sociedad considere una actividad como algo placentero, no significa que sea agradable a Dios. Así lo tenían en cuenta los discípulos de Yeshúa del primer siglo (por favor leer: Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:5-10; 1 Corintios 6:12-17). Cuando consideramos estos «placeres» del mundo, nos damos cuenta que en realidad no son saludables para nosotros o no nos favorecen a largo plazo. Nuestro Maestro Yeshúa, dijo que el hijo pródigo se deleitó en el pecado hasta que se le acabó el dinero; luego descubrió que los placeres del pecado son pasajeros (Lucas 15:11-17). Ellos son amigos falsos que nos dejan vacíos y deseosos.

También es importante darnos cuenta que el propósito de nuestras vidas no es el placer en sí mismo. El hedonismo (doctrina ética que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato) es una filosofía falsa. Fuimos creados para deleitarnos sólo en Dios (Salmo 37:4) y aceptar con gratitud las cosas buenas que Él provee en nuestro diario vivir. Es decir que lo más importante para nosotros es aceptar que fuimos creados para tener una relación personal con Dios.

Entonces, lo que debemos encarnar en nuestra mente y corazón, es que el placer permitido por Dios es un resultado de la obediencia a los principios marcados por Él en la Torah. El pecado ofrece placer sin límites, sin principios, sin obediencia. Ese placer se convierte a la larga en amargura. En cambio, el placer sometido a los principios de la Torah es duradero y no produce daño ni amargura. ¡Los límites que pone el Cielo permiten el placer de la verdadera libertad!

Si analizamos objetivamente nuestros días, notaremos que las culturas del mundo que se rigen por principios bíblicos son las más influyentes en el planeta. En cambio, los países pobres están en dicha calificación porque la gran mayoría de sus habitantes están traspasando los límites divinos y eso produce maldición que resulta en pobreza. Los países que tienen una población que ha aprendido a regirse por principios basados en la Torah, prosperan en todo sentido.

En el pasaje en cuestión, notamos que el Eterno enseñó al pueblo de Israel que hay límites importantes. Al cruzar los límites uno corre el peligro de ser dañado e incluso morir, como en este caso. El pueblo sólo se podía acercar cuando Elohim los invitara, y la trompeta (shofar yovel) señalaba que la invitación estaba abierta. Al sonar de la trompeta ellos podían llegar al límite de la barrera, pero no podían ir más allá.

Aquellos que hemos conducido en ruta, sabemos que en medio de una carretera hay una línea divisoria entre las dos vías. Al cruzar el límite uno corre mucho mayor peligro de tener un accidente. Solo cuando línea divisoria se vuelve trazos blancos, la ley vial nos permite traspasarla usando el criterio personal que garantiza la precaución. Con este ejemplo, entendemos que las divisiones son para proteger la vida y para dar libertad verdadera que garantice un buen destino. Al saber que no hay peligro dentro de los límites marcados, un siente seguridad y puede moverse libremente en el área marcada.

El pecado, es decir, el traspaso de los límites divinos, crea un desequilibrio en la creación, y esto sí o sí trae caos. Muchas de las cosas buenas se convierten en malas cuando son empleadas fuera de los límites marcados en la Torah.

Por ende, aceptemos que quitar los límites no crea libertad, sino confusión y peligro de muerte. Guardar los límites crea libertad y seguridad.

Un ser humano verdaderamente maduro es capaz de negarse un placer a corto plazo, para obtener un placer mayor a largo plazo, que permitirá la trascendencia de su entorno y sus generaciones.

Por lo tanto, mi querido discípulo de Yeshúa, acepta mi consejo: ¡sé celoso para no traspasar los límites en tu vida! ¡Sé una persona de principios celestiales y no de impulsos! ¡Así serás prosperado en todo!

Aquí me quedo, elevando mis plegarias para que el Eterno nos ayude a entender cuáles son los límites y mantenernos dentro de ellos, para nuestra libertad y seguridad.

¡Siempre en servicio de amor para que seas exaltado!

P.A. David Nesher

Ahora te invito a leer también los siguientes estudios para que puedas captar mejor esto que aquí hemos hablado:

“Levanta tu Bastón y Extiende tu Brazo”

Por P.A. David Nesher

Vayomer Adonay el-Moshe mah-tits’ak elay daber el-beney-Yisra’el veyisa’u. Ve’atah harem et-matja uneteh et-yadeja al-hayam uveka’ehu veyavo’u veney-Yisra’el betoj hayam bayabashah.

«Yahvéh le preguntó a Moshé: “¿Por qué sigues clamando a Mí? ¡Diles a los israelitas que sigan la marcha! Y tú levanta tu bastón y extiende tu brazo sobre el mar y pártelo en dos, para que los israelitas lo crucen en seco.»

Éxodo/Shemot 14:15-16

Moshé se encontraba en medio de la oración cuando, de repente, Yahvéh lo interrumpe y le dice que no era momento de orar pues un peligro en ciernes acechaba a Israel y Yahvéh ya había escuchado el ruego de los israelitas.

Era la noche del séptimo día del éxodo, el 21 de Nisán, y séptimo día de Pésaj cuando el Santo Bendito Sea, le dice a Moshé que extienda su vara y caminen hacia el mar.

Yosef Ben Mattityahu, más conocido como Flavio Josefo, nos narra así el acontecimiento:

«…Cuando llegaron a la orilla del mar, Moshé tomó su vara y suplicó a Dios que acudiera en su ayuda:
“…Tú no ignoras, ¡oh, Señor!, -dijo-, que está fuera de las fuerzas y posibilidades humanas eludir las dificultades en que ahora nos hallamos, y debe ser obra Tuya procurar la salvación de este pueblo que dejó Egipto por Tu orden. Desesperamos de recibir cualquier otra ayuda o recurso, y solo nos queda la esperanza que depositamos en Ti y de Tu Providencia confiamos recibir el medio para escapar. Que llegue pronto el socorro que pondrá de manifiesto Tu poder. Eleva el ánimo de este pueblo y hazle esperar la salvación, porque está profundamente hundido en el desconsuelo. Estamos en un sitio extraño, pero no deja de ser un sitio que Tú posees; el mar es Tuyo, las montañas que nos rodean son Tuyas. Si tú lo ordenas, las montañas se abrirán, y el mar, si Tú lo mandas se transformará en tierra seca. Y hasta podríamos escapar volando por el aire, si Tú resolvieras, que este fuera el medio de salvación. Después de hablar de este modo a Dios, Moshé golpeó el mar con su vara; al recibir el golpe se partió en dos, y recogiéndose las aguas quedó la tierra seca como un camino para que huyeran los hebreos…»,

[Antigüedades de los judíos, Vol I, pág 103].

Debemos reconocer que este es uno de los milagros más grandes que ha habido en la historia de la humanidad. Ahora bien, para comprender bienla codificación de fe que en este evento se esconde, será importante tener en cuenta lo que el libro de El Zohar dice. En las líneas que explican este hecho encontramos que, al contrario a las descripciones convencionales de este evento, no fue el Altísimo quien abrió el Mar, sino que fueron Moshé y los israelitas quienes llevaron a cabo este acto y al hacerlo superaron la naturaleza física.

Así pues discernimos que la Instrucción (Torah) divina nos enseñan que, es nuestro destino adoptar una postura activa y emular a Yahvéh en su carácter. Esto significa que no podemos esperar que nos lo hagan todo; estamos en este mundo para convertirnos en compañeros de la Creación.

Las aguas tenían que abrirse ante ellos y darles paso, pero cuando el pueblo llegó a los límites del agua, el agua no se abrió, esto se debe a que Yahvéh dijo que pasaría un pueblo de tzadikim (justos), y ellos llevaban consigo los 49 niveles de tumáh (impureza), así que la Shekináh misma bajó hasta el mar y el mar se abrió.

Ahora quiero invitarlos a considerar la siguiente expresión divina:

“… ¿Por qué clamas ante Mí?
«Pártelo» (divídelo)
…”.

El secreto se esconde en el vocablo «pártelo» que corresponde al término hebreo “bekahú”. La primera parte, beka, significa: «partir», pero la segunda parte de esa expresión (hú), es uno de los 72 Nombres del Santo y Bendito. Por ello, los sabios del hebreo bíblico enseñan que a la pronunciación de este Nombre sagrado, la mar se partió. Y no solo eso, el mar se dividió en doce pasajes formando 12 conductos, de modo que cada tribu pasara por uno independiente, como está escrito:

«…Dividió el mar en pasajes…»
(Salmos 136:13)

La superficie del mar, después de que pasó el pueblo de Israel se tornó fangosa, dificultando el paso de los egipcios. Lo acontecido a los israelitas en su travesía por el medio del mar es sorprendente; sin embargo, al apreciar todos esos prodigios que tuvieron lugar, surge la pregunta: ¿cómo lograron los hijos de Israel ameritarse que se les partiese el mar, y tuvieran lugar todos esos milagros maravillosos? ¿En mérito a qué se hizo acreedor Israel de este milagro? Entre diversas opiniones tenemos la del rebe de Lubavitch que nos explica:

«…Fue por los niños. Los niños que estuvieron presentes al salir de Egipto, ellos reconocieron a Dios primero que todos. Es verdad que estaban ahí Moshé, Yehoshúa y los Ancianos de Israel, pero quienes reconocieron antes que todos al Creador fueron los niños. Estos niños que se desarrollaron en el seno del exilio de Egipto, experimentaron con intensidad su condición de “pocos entre todos los pueblos”, sintieron cómo el estilo de vida egipcio se opone a una vida israelita, y a pesar de ello fueron leales a su mente hebrea y estaban orgullosos del mismo. Motivados por esta educación no dudaron en abandonar “la cacerola de la carne” y salir al gran y temible desierto, incluso carentes de provisiones suficientes, en un espíritu de absoluta confianza en el Altísimo. A eso se debe que se hicieran meritorios de ser los primeros en reconocer a Dios y que en aras de ellos se partiera el mar. Cuando hay niños como éstos, no hay motivo para alterarse porque “Egipto viaja atrás de ellos”, y del hecho que los hijos de Israel estén rodeados por todos lados, por el mar y el desierto. Con niños como estos se puede avanzar dentro del mar hasta que el propio mar se parta ante ellos. Ellos fueron los primeros en identificar al Altísimo y apuntaron con el dedo diciendo: “¡Este es mi Dios y he de embellecerlo!… ».

Otra interesante perspectiva de los sabios es que el mar se abrió por el mérito de Abraham, ya que 72 es la numerología de la palabra “jésed” (bondad), la cual corresponde a Abraham Avinu.

Fue esta la primera vez que se le entregaba a la humanidad las herramientas para generar milagros. El milagro de la apertura del mar fue por medio del uso de los 72 Nombres de Dios a cargo de Moshé. Todos los milagros anteriores a este momento habían sido generados por el Eterno.

A través de esta historia aprendemos y nos conectamos con el potencial de la realidad de «mente sobre materia» (la conciencia), tomando control sobre la fisicalidad.

Pero para que este poder sea desarrollado en el alma de un redimido, debemos primeramente estar bautizados en el Mesías, el agua y la nube. Por ello, debemos también aceptar que el cruce del mar Rojo es visto como una teviláh, un baño ritual o bautismo. Contiene el simbolismo de morir de la vieja vida y resucitar a una vida nueva. En este caso los hijos de Israel murieron de su dependencia tóxica de Egipto y el Faraón para depender del Eterno en todo sentido. Pasaron de un dueño a otro y de un señor a otro, tal como lo explica el apóstol Pablo a los creyentes de Corinto :

Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar; y en Moshé todos fueron sumergidos en la nube y en el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la roca era el Mesías.” 
(1 Corintios 10:1-4)

Se habla aquí de que fueron sumergidos en Moshé en la nube y en el mar. El pensamiento es que el pueblo pasó de un reino a otro, de la autoridad del faraón a la autoridad de Moshé. Pasaron por la mikvéh, acumulación de aguas, para estar sometidos a las órdenes de Moshé que era rey en Israel:

Una ley nos prescribió Moshé, una herencia para la asamblea de Yaakov. Él era rey en Yeshurún, cuando se reunieron los jefes del pueblo, juntamente con las tribus de Israel.” 
( Deuteronomio 33:4-5 )

De la misma manera la teviláh mesiánica implica que una persona muere y entierra su vieja vida bajo la esclavitud del HaSatán, el pecado y el sistema reptiliano que él gobierna, y resucita para una vida nueva bajo la autoridad del Mesías Yeshúa, la Torah y Reino de los Cielos:

¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en el Mesías Yeshúa, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como el Mesías resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue colgado en el madero con él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. Y si hemos muerto con el Mesías, creemos que también viviremos con él, sabiendo que el Mesías, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre él. Porque en cuanto él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en el Mesías Yeshúa.” 
(Romanos 6:1-11 )

Beshalaj: El Juego de la Restricción.

Por P.A. David Nesher

La expresión hebrea Beshalaj significa “Cuando envió”.

De forma diferente a la mayoría de los Shabat del año, el de esta semana lleva un nombre especial, se le conoce como “Shabat Shiráh”, que significa “el Shabat de la Canción”, porque en la Torah leemos la canción Shirát HayamCanción del Mar«) que cuenta historia de la liberación definitiva de los hijos de Israel. Muchas congregaciones destacan este Shabat al crear servicios llenos de música extraordinaria para celebrar a Moshé (Moisés) y Miryam (María), que guían a los israelitas a través del Mar de Cañas (Mar Rojo) y fuera de Mtizrayim (Egipto).

En el relato de esta sección semanal encontraremos la asombrosa apertura del Mar Rojo. También aquí aparecen revelados los 72 nombres de Dios que son la vedette de la porción. Así mismo, en esta sección aparecerá el Maná, que se describe como el pan caído del cielo, y que determinará esta disciplina de estudiar la Torah por porciones (parashot) y ascensiones (aliyot).De igual modo, veremos aparecer el omer por primera vez, que era una medida de peso como decir kilo. Aparece el episodio del agua amarga que se convierte en agua dulce; y por último la guerra de Amalek, el enemigo perpetuo del pueblo de Israel.

De esta manera, hemos llegado a la más extraordinaria parasháh de la Torah, porque cuando leemos el episodio de la apertura del Mar Rojo percibimos que se concluye con la salida o éxodo de Egipto.

Entonces, la primera pregunta que tenemos que hacernos es, ¿porque la salida de Egipto esta divida en 3 parashot (porciones)?.

La Torah quiere enseñarnos que cada cambio es un proceso, y que dentro de él hay etapas que transitar. Por lo tanto cuando un cambio se ha producido en nuestras vidas es porque hace ya un momento que venimos transitando etapas emocionales e intelectuales para que este cambio opere en nuestras vidas.

«Beshalaj» es una porción que contiene relatos prodigiosos y grandes fenómenos sobrenaturales en donde lamentablemente existe un patrón recurrente; después de cada milagro, los israelitas olvidaban que habían sido salvados y comenzaban a quejarse, a temer lo que proseguía y a querer regresar al cautiverio.

Siete días después de la salida de Egipto los hijos de Israel llegaron Yam Suf (Mar de los Juncos). Allí el relato nos dice que los israelitas en lugar de estar contentos, ellos estaban realmente asustados.

¿Cómo es posible que, al poco tiempo de su salida hacia la libertad, el pueblo quisiera continuar en el maltrato y la explotación? Esto es bastante incomprensible.

Tenemos que saber que este es un paradigma que continúa repitiendose hasta hoy; la esclavitud existe y se expresa de muchas maneras.

Después de generaciones de ser esclavos en Egipto, no tenían memoria ni sentido de libertad. Ignoraban en qué consistía esta preciosísimo bien de la dignidad humana. Así mismo sucede con nosotros cada vez que encontramos una oportunidad de hacer algo nuevo en nuestra vida. Aun cuando sufrimos en la situación en la que estamos, algo interno nos hace amar el dolor de esa zona de confort. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, será el refrán que resonará en nuestra boca para llamarnos a la «cautela» que impide todo cambio.

Sucede que para cambiar tenemos que estar dispuestos a salir de nuestro supuesto lugar seguro. Nos gusta nuestra vieja realidad, incluso si esta nos hace infeliz, y siempre encontramos excusas para preferirla en lugar de intentar una nueva aventura. Miramos hacia la libertad, pero al mismo tiempo le tememos, por lo que nos encontramos paralizados, tal y como se describe en esta historia.

Luego pues, independientemente de lo que hagamos, si nuestras acciones están basadas en la servidumbre de una idea, de una persona, de un objeto o situación, significa que seguimos “esclavizados en Mitzrayim (Egipto)”. Es necesario recordar que Mitzrayim (Egipto) es en realidad un código lumínico que nos ayuda a identificar nuestro ego (todo aquello que nos impide crear un puente entre nosotros y la luz del Creador). Salir de ese estado de esclavitud (o “salir de Egipto»), requiere entender y recordar que cada reto, situación incómoda y dolorosa, proviene de lo Alto.

El capítulo describe la milagrosa apertura del “Mar de Suf”. Ahora bien, contrario a las descripciones convencionales de este evento, debemos saber y aceptar que no fue el Eterno quien abrió el Mar. Fueron Moisés y los Israelitas quienes llevaron a cabo este acto y al hacerlo superaron a la naturaleza. Esta fue la primera vez que se le dio a la humanidad las herramientas para generar un milagro. Aquí aprendemos a apreciar a Moshé por haber empleado una tecnología celestial conocida en el libro del Zohar como los 72 Nombres de Dios.

Así pues, el “mar que se abre”, es también una metáfora del poder para “abrir el cielo” y derramar milagros, esto es, bajar el “poder divino» a la Tierra a fin de que esta se transforme y sea promocionada a las alturas lumínicas de las esferas divinas. Mediante esta lectura nos conectamos con la realidad potencial de la mente sobre la materia; que es la conciencia en control de lo físico.

Ahora, en la era del Mesías, nosotros como asamblea de hijos primogénitos, nos encontramos muy cerca de eliminar el caos de nuestro universo produciendo pruebas del poder de la emunáh o verdadera fe. Estamos listos para recrear milagros que son igual de grandiosos que la apertura del Mar Rojo. Sin embargo, tal como lo revela esta historia, todavía depende de nosotros eliminar el caos de nuestra vida personal. El verdadero problema es nuestra naturaleza como seres humanos, y su tendencia a lo malo (yetzer hará) lo cual ha sido algo que hasta el momento no hemos sido capaces de cambiar.

Estas herramientas divinas (los 72 Nombres de Dios) son solo efectivas para aquellos de nosotros que siendo proactivos seguimos el camino de la fuerza creadora de Yahvéh. Pero nunca podremos lograr un estado proactivo de conciencia si no ejercitamos la restricción con cada paso del camino.

Muchos de nosotros, enfocados en nuestras debilidades, sucumbimos al juego de HaSatán (el Oponente), tan claramente demostrado en esta historia.

Vivimos en el juego del Oponente, convirtiéndonos en los detectives del después, si tan solo no hubiera hecho esto u aquello todo estaría perfecto. Siempre somos brillantes después de que las cosas sucedieron, esto es HaSatán. Una vez que caemos en esto, el Oponente nos proveerá todo el material que necesitamos para continuar con nuestro caos. El validara todo para nosotros sin importar que tan estúpido sea, pues HaSatán nos dirá cuan brillantes somos. Nos dice como a ese ultimo desastroso error solo le falto una «cosita» de nada que si hubiéramos hecho no habría resultado en error.

La historia de Beshalaj relata que faraón se despertó un día después de que los israelitas dejaron la tierra de Egipto y se dijo algo así: «¿Qué he hecho? ¿Por qué los deje ir? Hay que regresarlos, no pueden sostenerse solos allá afuera.»

Sus consejeros le dijeron que seria un error, pero a pesar de esto los persiguió. ¿Era faraón estúpido? No. Simplemente estaba siguiendo el juego de HaSatán.

Igual acontece muchas veces con nosotros. ¿Cuántas veces nos dice nuestra voz interna o aquellos a nuestro alrededor que no hagamos algo? Pero aún así lo hacemos por que creemos que sabemos más y mejor. Lo hacemos porque vivimos en el juego reactivo de HaSatán sin ejercitar la única conexión que puede vencer al adversario en su propio juego; la restricción.

La restricción es el único juego que nos queda. Cualquier otro juego en donde desciframos y manipulamos es jugado por las manos de HaSatán.
Sin restricción no hay forma que estas herramientas (os 72 Nombres de Dios), que son el puente entre la realidad no física y la física puede ser actualizada. Podemos hablar y estar convencidos de mente sobre materia pero no podremos llegar a experimentarlo sin la implementación de los 72 Nombres de Dios.

Choque con Hombres Postes (Plaga de Oscuridad)

Por P.A. David Nesher

«Vayet Moshe et-yado al-hashamayim vayehi joshej-afelah bejol-erets Mitsrayim shloshet yamim. Lo-ra’u ish et-ajiv velo-kamu ish mitajtav shloshet yamim ulejol-beney Yisra’el hayah or bemoshevotam.

«Moshé levantó su mano hacia el cielo y hubo una densa oscuridad en toda la tierra de Egipto, durante tres días. Nadie pudo ver a nadie, ni nadie pudo levantarse de su lugar durante tres días seguidos.»

(Éxodo/Shemot 10:22-23)

Yahvéh ataca así al dios “Ra”, dios sol de los egipcios. Todos los ciudadanos de Mitzrayim lo consideraban el dios del cielo, del sol y del origen de la vida. Sus creencias afirmaban que, todas las noches, Ra luchaba con la serpiente Apofis y, al vencerla, la luz derrotaba a las tinieblas y un nuevo día comenzaba.

La plaga de las tinieblas duró seis días, pero el pasuk (versículo) alude al segundo trío de días. En el primer trío de días murieron los perversos entre los israelitas que no querían salir de Egipto; Yahvéh les confirió el honor de morir en la oscuridad para que los egipcios no se deleitaran de su desgracia. Todas las plagas duraron siete días, excepto esta que duró seis, porque el 7º día de dicha plaga Yahvéh lo reserva para castigar a los egipcios cuando estos salgan a perseguir a los israelitas hasta el Yam Suf (Mar Rojo – Éx. 14:20).

La oscuridad física afectó a los egipcios de dos formas. La primera era que «ninguna persona podía ver a su hermano» y la segunda era que «ninguna persona podía elevarse de su lugar«. Enfocado en esto, el Midrash enseña que esta plaga duró seis días. Los primeros tres días los egipcios no podían verse uno al otro pero podían levantarse y moverse. Durante los últimos tres días la oscuridad se intensificó tanto hasta el punto que paralizó hasta el movimiento más simple. No podían levantarse de sus lugares. Ni por medio de luz natural ni por medio de luz artificial, ya que la densidad de la oscuridad era impenetrable. Los egipcios quedaron totalmente inmóviles.

Las tinieblas no eran del tipo que conocemos ya que, aunque los egipcios encendían fuego, este no emitía luz. Eran tinieblas tan compactas de manera que nadie se podía mover de un lugar a otro. Pero los hijos de Israel tenían luz al interior de sus hogares. No sabemos si esto era debido a que el Eterno los libró de esta plaga o porque Él les permitió palpar un anticipo de Su Presencia única (Shekináh), la cual les trajo una luz sobrenatural.

El sabio Rambam sostiene que esta oscuridad era un fenómeno peculiar y que no necesariamente era la oscuridad que provoca la ausencia de luz diurna. Él cita en su apoyo el versículo de Salmos 105: 28 que dice con respecto a esta plaga:

«Él envió oscuridad y sumió al país en oscuridad … «

Lo cierto es que, de acuerdo con los códigos del texto, la densidad de la oscuridad en Egipto era impenetrable. En lenguaje metafórico está dicho que esas tinieblas “casi se podían palpar”, y con dificultades se podía respirar a raíz de esta densidad.

Los egipcios habían quedado inmóviles. Era sumamente angustioso no saber lo que había a su alrededor. Debido a las tinieblas, ahora eran los egipcios quienes estaban siendo separados de sus familias. Por su parte, los hijos de Israel se regocijaban, comían y bebían sentados y tranquilos.

Este azote fue como castigo por haber encerrado a los israelitas en oscuros calabozos mientras estaban cautivos. También, apenas poco tiempo atrás, los hebreos trabajaban sosteniendo fijamente las veladoras de los egipcios sin moverse mientras aquellos disfrutaban alegremente la cena. Los egipcios castigaban con dureza a los benei Israel cuando hacían algún movimiento en falso con las lumbreras. Un ejemplo le leemos en el Midrash:
« … Sostén esta vela encendida sobre tu cabeza mientras yo ceno, pero tenla derecha, un movimiento que hagas, y te cortaré la cabeza con mi espada…».

Leyendo el libro apócrifo denominado “La Sabiduría de Salomón” en el capítulo 17, encontré una descripción elocuente de los tormentos, de los peligros y de las angustias provocadas por la plaga de las tinieblas que… “se extendió sobre los egipcios como una noche profunda, mientras que los santos estaban inundados de una luz resplandeciente…”.

El propósito del Eterno de Israel con esta nueva plaga fue demostrar Su Poder ante una de las divinidades más adoradas y, supuestamente poderosas, de la mitología egipcia. Los faraones se consideraban a sí mismos “hijos de Ra”, e incluso sus reencarnaciones, por lo que permanecer tres días en la más absoluta oscuridad fue un duro golpe para las creencias del pueblo.

Ahora bien, leyendo en la traducción del sabio Ibn Hezra encontré que en el versículo 21 el término hebreo וימש («Veiamesh«) debe ser traducido así:

» … Y que se palpe oscuridad».

Este exegeta asegura que el significado real de esta plaga adquiere una mayor magnitud cuando leemos en Devarim:

«Te castigará Yahvéh … con confusión de la mente. Y palparás al mediodía, como palpa el no vidente en la tiniebla y no prosperarás en tus caminos … «
(Deuteronomio 28: 28-29).

Según Ibn Hezrá, estas palabras parece insinuar que la oscuridad en Egipto no tenía por finalidad simplemente paralizar el país, sino cambiar la mente de los egipcios y llevarlos a la reflexión. Así pues, con esta descripción, el sabio asegura que este evento en la historia se convierte en un hecho contemporáneo y actual para cualquier humano que lo lee.

La plaga de la oscuridad se hizo parte de la historia atemporal del hombre, símbolo de aflicciones análogas que no admiten inmunidad. Oscuridad física simple de la noche se convierte en una enfermedad del individuo, del alma. No hay ceguera como el egoísmo que mancha a otros hombres en nuestro punto de vista, la oscuridad que previene a uno de ver a su hermano. Esta es la plaga dirigida hacia el exterior.

Es que en un sentido alegórico, la peor oscuridad es aquella en la que uno «no puede ver a otro», esto es, negándole la atención que aquel pudiera requerir. El que «no puede ver a otro» tampoco puede «levantarse de su lugar», es incapaz de despegarse de su chatura (mediocridad) humana y espiritual para crecer y evolucionar [Torat Emet].

La oscuridad tiene dos peligros:

  • 1) La oscuridad trae consigo confusión: un poste puede ser confundido con una persona.
  • 2) La oscuridad trae temor de chocar contra una pared. Una persona puede paralizarse en un estado de shock.

La plaga física de la oscuridad tiene su raíz en la oscuridad espiritual, que puede ser definida como ausencia de la presencia revelada de Yahvéh.

Por ello, debemos reconocer que vivimos en una época de gran oscuridad espiritual en la cual las personas chocan unas con otras en su ceguera. No pueden diferenciar entre un poste y un hombre. Si están parados no pueden sentarse y si están sentados no pueden pararse. Por ello, la gran mayoría de los que integran las masas de la Gran Ramera van de aquí para allá, tratando de encontrar un «gurú» para obtener una elevación espiritual instantánea. Prefieren la actividad mágica de esto líderes escrupulosos que esforzarse en alcanzar méritos personales en la búsqueda de la Luz que da la Instrucción (Torah) divina en su interior, por medio del Mesías.

En estos tiempos de oscuridad, es el esplendor y la pureza de cada casa hebrea y todo lo que hay en ella, el que continúa brillando como un faro en un oscuro mundo… «Y para todos los hijos de Israel hubo luz en sus moradas…”, cita la Escritura. Esto nos enseña que los hijos de Dios andamos en Luz y los hijos de las tinieblas están esclavizadas por la oscuridad de sus mentes y corazón. 

Lo maravilloso de esto es que aquellos que se encuentran bajo las tinieblas podrán pasar de allí al Reino de Su Luz Admirable:

Moradores de tinieblas y de sombra de muerte, prisioneros en miseria y en cadenas, porque fueron rebeldes a las palabras de Dios y despreciaron el consejo del Altísimo; humilló pues, sus corazones con trabajos, tropezaron y no hubo quien los socorriera. Entonces en su angustia clamaron a Yahvéh y Él los salvó de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte y rompió sus ataduras. Den gracias a Yahvéh por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos de los hombres.
(Salmo 107:10-15 )

Es por esto, que al leer los Escritos Mesiánicos notaremos que la pasión de los discípulos de las primeras comunidades mesiánicas era proclamar con denuedo el Evangelio del Reino divino a todas las naciones:

“ …para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.”
(Hechos 26:18 )

De este modo, con los paradigmas lumínicos de su mensaje, impactaban en los corazones y las mentes de sus oyentes, produciendo que multitudes salieran de la tinieblas y fueran promocionadas por el Espíritu del Eterno a la posición de hijos primogénitos en el Mesías:

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable
(1 Pedro 2:9 )

Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.”
(Colosenses 1:13 )

“…porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.”
(1 Tesalonicenses 5:5 )

Por todo esto, los exhorto e incentivo a que no teman en predicar este evangelio a tiempo y destiempo, ya que no serán avergonzados. Por el contrario, el Señor los respaldará con señales y maravillas, provocando que multitudes de varones y mujeres se sometan a los principios mentales de Su amor.

¿Yahvéh endureció el Corazón del Faraón?… ¿Cómo es Eso?

Por P.A. David Nesher

«Más Yo endureceré el corazón de Parhóh e incrementaré Mis señales y Mis portentos en la tierra. Empero, no escuchará a vosotros Parhóh e impondré Mi poder en Egipto y sacaré a Mis ejércitos; a Mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con juicios punitivos, magnos.« 

[Shemot | Éxodo 7:3-4]
«Porque la Escritura dice al faraón:
«Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder y para que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra». De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece..»

(Romanos 9:17-18)

Comenzaré diciendo que el Eterno no endureció el corazón de Faraón en contra de la voluntad de este. El endurecimiento del corazón del Faraón no es debido a una decisión predeterminada del Eterno, porque violaría el principio de la libertad para elegir o libre albedrío.

En verdad, el Eterno confirmó con Su Palabra que el Faraón tenía una inclinación malvada en contra de Israel. El «Santo Bendito Es» sabía desde el principio que el Faraón no estaría de acuerdo con la petición de Moisés. No era una sorpresa para YHVH que el Faraón no escuchara a Moisés.

Sin embargo, al leer con mayor detenimiento el relato notamos como el Eterno no endurece el corazón del Faraón sino hasta después de haber pasado las cinco primeras plagas. Durante dichas plagas será el mismo faraón quien fortaleció su corazón para no hacer caso a la palabra del Eterno. Según el midrash, las cinco primeras plagas duraron cinco meses.

Es valioso aquí citar lo que el célebre intérprete Rambam escribe refiriéndose a este tema:


“No pienses lo que dicen los necios de las naciones del mundo, como también la mayoría de los indoctos de Israel, que el Santo, bendito es, decreta desde el principio de su creación si el hombre va a ser justo o malvado, así no es… No hay nadie que le obligue, que le imponga o que lo arrastre hacia cualquiera de estos dos caminos, sino que él mismo y por su propia decisión se inclina hacia el camino que desee.”

Así pues, lo que Yahvéh simplemente hizo fue darle fuerza a Faraón en la maldad que él ya había elegido ejercer en contra de Moisés y el Pueblo de Israel.

Por favor, recordemos que Yahvéh había dicho que Él fortalecerá el corazón del Faraón (Éxodo 4:21). La palabra hebrea que aquí se utiliza es jazak, que significa “hacerse fuerte» «ser fuerte”, “tener valor”, y/o “endurecerse”. El Eterno prometió fortalecer el corazón del faraón para que él siguiera en su decisión rebelde y no perdiera esa fuerza para resistir al Eterno. Si Yahvéh no hubiera fortalecido su interior, no podría haber hecho los últimos grandes milagros ante todo el mundo. Así que Yahvéh se aprovechó de la obstinación del faraón cuando él ya había tomado la decisión de ir por el camino rebelde.

Ahora bien, cuando llegamos al capítulo siete de Shemot notamos como el Eterno dice que endurecerá el corazón del faraón (7:3). La diferencia aquí es que la palabra hebrea usada es kashá, que significa “ser duro”, “difícil”. Es la única vez que la palabra endurecer aparece en relación con el faraón.

La llave para comprender el tema se encuentra en el comentario de Rashí. El mismo explica que el término «kasháh» debe traducirse como «está pesado» (como un sustantivo calificativo y no como verbo). Es decir, el corazón del Faraón «está pesado» por sí mismo y no (sólo) producto de una acción, porque Yahvéh lo endureció. El corazón del Faraón «estaba pesado» de por sí, poseía una testarudez natural que generaba que se oponga a la voluntad de Yahvéh; (además de ello, Yahvéh lo hizo más pesado aún, para endurecerlo más allá de su naturaleza testaruda).

Así pues debemos entonces destacar que en las primero cinco plagas vemos como el faraón fortalece su propio corazón en su rebeldía. Durante este lapso encontramos que se usa la palabra jazak, “fortalecer» . Luego, aparece la palabra kasháh (que deriba de kavad), y significa “estar pesado”, “ser pesado”, “ser una carga”; “recibir honores” (7:13, 22; 8:19; 9:12, 35; 10:20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17). Lo interesante de esto es que en la mayoría de las veces el hebreo usa la palabra  kasháh  para referirse cuando Faraón endurece su corazón voluntariamentey usa jazak cuando el Eterno fortalece el corazón de Faraón en su actitud rebelde. Es decir, que el Paróh estaba lleno de vanagloria, lleno de orgullo, y decidió no escuchar u obedecer la advertencia amorosa del Eterno. Así logramos apreciar que el Eterno que ha otorgado libre albedrío al hombre para escoger, simplemente fortaleció y reforzó el hecho que Faraón había rehusado oír. 

De todos estos textos surge una maravillosa enseñanza mesiánica: cuando una persona se empeña en rebelarse contra la voluntad del Eterno llegará a un punto donde la gracia del Eterno se retira y ya no habrá más posibilidad de arrepentimiento. Ya pasó la raya y es juzgada para ser un vaso de ira preparado para la destrucción, tal como le enseñara el apóstol Pablo a los creyentes del Camino residente en Roma:

«¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?”
( Romanos 9:22 )

Está entonces bien claro, después de ese punto decisivo, el Eterno fortalece la persona en su rebeldía con un triple propósito:

  • Primero, para fortalecer la decisión de la persona y así darle el derecho de vivir según su propia decisión libre. Escogió ese camino y por ese camino tendrá que caminar y sufrir las consecuencias de su decisión.
  • Segundo, para mostrar a todo el mundo que el aparente arrepentimiento que la persona pueda mostrar hacia fuera no era sincera (cf. 9:27), para que cuando venga el castigo, nadie diga que Dios castigó a los arrepentidos. Su rebeldía es evidente a todos y por lo tanto nadie se equivocará pensando que el castigo divino vino por una injusticia del Eterno.
  • Tercero, para así mostrar su poder mediante los fuertes castigos que son manifestados de modo que el pueblo de Israel y las demás naciones conozcan su tremendo poderío (cf. Éxodo 7:3-5; 9:15-16).

En base a esto, notamos que el malvado rey nunca hizo nada para quebrantar su orgullo. El endurecimiento del corazón de Faraón se muestra cuando él ni siquiera quería escuchar el análisis de sus propios consejeros. No había ninguna razón lógica por la cual él insistía en resistir y rechazar a Yahvéh, como verdadero Dios. El Paróh rechazó voluntaria y tozudamente al Dios vivo y verdadero, y por eso, Yahvéh lo usó para Su propósito eterno.

Si el Faraón hubiera querido someterse a Yahvéh después de un sincero arrepentimiento, nada se lo habría impedido. Recordemos que la »teshuváh» (arrepentimiento o regreso), es la base principal sobre la cual descansa la relación del ser humano con el Creador. Justamente los sabios y entendido en códigos hebreos, aseguran que el Eterno había dicho a Moshé:

«…Yo daré a Paróh una oportunidad de hacer teshuvá por la duración de las primeras cinco plagas. Si él después de eso persiste en su iniquidad Yo detendré de Mi mano auxiliante que está lista para asistir a aquéllos que hacen teshuvá…».

Es claro entonces que a Paróh se le dio en las esferas celestes un tiempo para hacer teshuvá. El mismo abarcó hasta la quinta plaga a fin de no castigarlo; luego Yahvéh endureció su ser.

En Yejezkel/Ezequiel 18:23 encontramos esta cualidad de la acción misericordiosa del Eterno:

«¿…Acaso deseo la muerte del malvado, dice el Señor, el Eterno, ¿acaso no (deseo) que vuelva de sus caminos (malos) y viva?…”,
[Ezequiel 18:23 – Tanaj Katz].

Pero el rey no rectificó, por lo que la destrucción para Egipto era inminente; los idólatras se encontraban ya dentro de lo que se llama la «espiral involutiva», esto es, una progresión (o hélice), que los haría girar de una desgracia hacia otra. Dicho de otro modo, los egipcios “saltarían de la olla al sartén”, o viceversa.

Pensando en este tema, los sabios comentan que, cuando se ve al individuo afectado por enfermedad, se entiende que la negatividad (por mano de Satán), está actuando en una pequeña escala. Pero cuando se desatan de manera extendida las más grandes y temibles enfermedades, una tras otra, es porque al HaSatán se le ha concedido un espectro más amplio para sembrar caos [Torah Kabalística, pág 76].

Con esta idea en mente, si hacemos una lectura cuidadosa del libro de Yov (Job), quedará claramente ilustrado esto que estamos considerando (Job 1:6-22).

Respecto de Yov el libro de El Zohar registra:

«…R. Judá respondió:
_ ¡Efectivamente, hablas verdad! Pero también está escrito que Satán dijo:
“Pero tiende tu mano y toca su hueso y su carne”, y que el Santo Mismo dijo a Satán:
“Y tú me persuades contra él”.
Lo que prueba que se dio a los poderes del “otro lado” permiso para que pudiesen levantarse contra el hombre por causa de los actos que efectuó en este mundo (…)
R. Eleazar discurrió entonces sobre el versículo:
_ Y hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a estar ante el Señor y entre ellos vino también Satán.
_ Este “día” —dijo— era Día de Año Nuevo, en el cual el Santo juzga al mundo.
“Los hijos de Dios” son los seres superiores designados para vigilar las acciones de la humanidad (…)
Así se le dio a Satán permiso de perseguir a Yob y mostrar que sus motivos no eran realmente puros. Pues tan pronto como se lo sometió a prueba abandonó el camino recto y no permaneció firme:
“El no pecó con sus labios” pero pecó en su mente, y después también con su lenguaje. Pero no fue tan lejos como para ligarse al “otro lado”, como Satán había dicho. Y como Yob no se apegó al “otro lado”, “el Señor bendijo el postrer estado de Yob más que al primero»

[Zohar Bo].

Evidentemente, para poder actuar, HaSatán requiere el permiso de lo Alto. Un pasaje que nos ayuda a clarificar esto es el que leemos en los escritos apostólicos con Mashiaj Yeshúa expresándole a uno de sus talmidim lo siguiente:

“…Shimón, Shimón, he aquí ha Satán busca con diligencia cómo zarandearte como a trigo; pero ya rogué por ti, que tu emunah no sea destruida. Y tú, a su tiempo, harás teshuváh y traerás gran consolación a tus hermanos»,
(Lucas 22:31-32. – Código Real del NT)

Si Faraón hubiera aceptado la evidencia del poder de Yahvéh dada en la primera plaga, se hubiera ahorrado todos los juicios que siguieron. Pero su marcada tozudez pedía aún mayores demostraciones del poder divino, y las plagas cayeron una tras otra hasta que finalmente fue llamado a mirar el rostro sin vida de su propio primogénito y de los primogénitos de su connacionales, mientras que los hijos de Israel, a quienes él tenía como esclavos, no sufrieron daño de las plagas, ni fueron tocados por el ángel destructor.

Faraón endureció su corazón y después Yahvéh lo endureció más. Dios puede hacer lo mismo hoy. En nuestra rebelión, podemos alcanzar el lugar donde Dios nos fortalecerá en nuestro deseo malvado:

«Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones … Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.»
(Romanos 1:24, 28).

A lo largo de mis años ministeriales, he visto a muchas personas volverse a Dios en un tiempo de calamidad, y cuando las cosas se ponen mejor, ellos casi inmediatamente cambian su corazón de nuevo endureciéndolo hacia Dios. Evidentemente, Faraón no fue un ejemplo inusual de la humanidad; él es la codificación escritural que describe la mayoría de los seres humanos, modernos o antiguos.

La tendencia es siempre la misma. Al continuar en pecado e ir rechazando simultáneamente las oportunidades del Eterno para nosotros, para que nos arrepintamos y volvamos a Él, el endurecimiento continua. Esto se ve comúnmente en todo lugar del mundo. Un varón no comienza apostando su paga semanal en el casino de la ciudad; se iniciará al aceptar una apuesta amistosa entre sus amigos, mientras observan un partido de fútbol; y su corazón empezará a endurecerse. Un varón no empieza con una perversión vergonzosa; comienza con unas pocas revistas, un par de vídeos rápidos por Internet, y su corazón se endurecerá poco a poco, hasta ya no regresar. Una mujer no empieza adicta al alcohol; comienza a beber dentro de los círculos sociales, y su corazón se endurecerá hasta la condenación.

Yahvéh le dio muchas oportunidades al Faraón para arrepentirse de su pecado, tanto como hoy lo está haciendo con la humanidad rebelde:

“El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”
(2 Pedro 3:9 )

“… el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.”
 (1 Timoteo 2:4 )

El mensaje aquí es que tú no debes endurecer tu corazón ante el llamado del Eterno. Humíllate y pídele un corazón blando. Es peligroso cuando el corazón de alguien se cierra o endurece. Que el Santo y Bendito nos libere de eso.

El Poderoso Bastón de Moisés

Por P.A. David Nesher

Lech el-Par’oh baboker hineh yotse hamaymah venitsavta likrato al-sfat haYe’or vehamateh asher-nehepach lenachash tikach beyadecha.

«Por la mañana preséntate ante Paró, él saldrá hacia el río [Nilo] y tú ponte delante de él junto a la orilla del río.»

(Shemot/Éxodo 7:15)

Presumir, dice el diccionario de la RAE (Real Academia Española) que significa vanagloriarse, tenerse en alto concepto. Y justamente Paróh (Faraón) presumía de deidad, y como tal aparentaba no tener necesidades fisiológicas. A tal punto llegaba su presunción (y la de cada faraón egipcio) que a la madrugada, mientras el pueblo aún dormía, él iba al río a hacer sus necesidades. Sí, tal como lo han leído… ¡madrugaba para defecar! De ese modo, el rey preservaba su “imagen divina”, y mantenía la admiración de las masas que lo valoraban como la encarnación del dios Horus (hijo de Osiris e Isis) sobre la Tierra. 

Así es. Faraón (y cada uno de los soberanos egipcios a lo largo de la historia, aseguraba que se había creado a sí mismo, y que luego había creado el río Nilo. Por eso él, al ser él un “dios”, no requería satisfacer necesidad alguna, sino solamente sumergirse en el Nilo en la madrugada, para permitir que el Sol (Ra) tuviera libre su camino para amanecer y brindar sus luz cada día. ¡Imagínense… con una mentira de tal magnitud vibrando en la cabeza ancestralmente, no había forma de que un corazón humano sea sensible al amor perfecto del Eterno!

Los Midrashim siguen relatando que Moshé cuestionó a faraón diciéndole que resultaba extraño que un dios defecara igual que un simple humano:

«… – ¿Quién ha dicho que soy divino? –Preguntó faraón-.
Moshé responde con pregunta: ¿No le dices eso a los egipcios?
–¿Y quiénes son los egipcios? –Replicó faraón-. ¡Esos tontos no son seres humanos, sino asnos! ¡Qué importa lo que yo les diga a ellos!
…»

[Midrash, Pág 54]

En contraste con esta cosmovisión humana presuntuosa, nos encontramos con Moshé, un hombre muy humilde. En él nunca hubo ningún deseo de mostrar que era el mejor; los motivos de su corazón estaban muy por encima de esas actitudes de los carnales.

En la bitácora de ayer vimos que a pesar de que la vara (et) de Aharón tenía más fuerza que las varas/dragones de los magos egipcios y las devoró, no hubo cambio de actitud ni en los magos, ni en el Faraón. Moshé no ganó la batalla mostrando que su poder era superior al otro, ya que el corazón del faraón estaba endurecido. Este relato contiene la Intención divina de revelarnos un secreto importantísimo para ejercer con plenitud el liderazgo profético. Lo acontecido en esta historia es muy común en las discusiones; el que ha ganado la discusión ganó con su argumento, pero no ganó el corazón de su oponente, lo cual es lo más esencial.

No necesariamente se considera como ganador de una discusión a aquella persona que ofreció los argumentos más fuertes. Es posible que, en efecto, gane la discusión en sí, pero no ante el Eterno; el enfrentamiento de poderes entre Moshé y los magos de Egipto es un ejemplo de ello.

Por ello, es mejor perder una discusión que perder un corazón. Es mejor perder un argumento pero ganar el corazón y la apreciación del oponente cuando ve que no estás interesado en apoderarte de él ni tomar control sobre su mente ni jactarte y elevarte por encima de tu prójimo. Que el Eterno nos ayude a ser humildes en todo para no buscar nuestra propia exaltación en ninguna área de nuestra vida. “…Bienaventurados los humildes porque ellos heredarán la tierra…”, dijo un sabio de la Torah (Yeshúa Melej HaMashiaj – Mateo 5:5).

Ante estas consideraciones, logramos una mejor comprensión de por qué el Eterno hizo que Moshé pareciera «como Dios» al faraón (7:1), es decir, una persona poderosa que merecía ser escuchada. Al Paróh se lo consideraba un dios, así que Moshé estaría a su mismo nivel. Sin embargo, el hecho de que el Paróh se negara a ceder ante las demandas de Moshé demuestra que no estaba dispuesto a considerarse inferior en autoridad a nadie.

Entonces, el Eterno que mira lo que hay en los corazones de los hombres, sabiendo que el corazón de Paróh es pesado por naturaleza, pero que además se ha tornado más pesado y que permanece obstinado sin conmoverse ante lo que ven sus ojos, ordena a Moshé:

» y tú ponte delante de él junto a la orilla del río ,…»


El sabio intérprete Abarbanel dice que esto «quiere decir: «preséntate ante él de forma que no pueda escurrirse de ante ti, por acá o por allá …».

Por otra parte, Ibn Hezra sugiere que Paróh (además de hacer sus necesidades fisiológicas) aprovechaba para constatar en cuántas gradas había crecido el río Nilo. Cabe recalcar que la primera de las plagas consistirá en transformar el agua del Nilo en sangre, por lo que la idea parecería ser presionar a Paróh en su vulnerabilidad, ya que su economía era agrícola y, por ende, su país dependía exclusivamente de la calidad de las aguas del Nilo.

Moshé primeramente habría de tomar la misma vara que se había convertido en serpiente/cocodrilo, en sus manos, y luego se la habría de entregar a Aharón, para que viera Paróh que desde el mismo instante en que Aharón golpeara el río, éste se convertida en sangre. Así demostrarían a los testigos presenciales que hubiere allí, que es Yahvéh el que cambia la naturaleza, y maneja soberanamente todas las leyes físicas.

Así es como el Eterno habilitará la vara (et) que le otorgó a Moshé en Sinaí, como representante simbólica de su esencia redentora, con la siguiente orden:

«… he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano…  Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto…»
(vv. 17, 19)

El sabio exegeta Ibn Hezra explicando estos versículos (pasukim) dice:

«De acuerdo con mi opinión, el sentido literal del versículo dice que Aharón extendió su mano y golpeó el río Nilo y tendió su mano hacia todos los puntos cardinales de la tierra de Egipto para trocar el agua en todo el país. »

En realidad, de acuerdo con el versículo 17, era Moshé quien había advertido a Paróh que él mismo golpearía las aguas del río, para trocarlas en sangre. Mientras que en el versículo 19 se le atribuye este acto a Aharón. Esto lleva a Rashí a decir:

«Ya que el río había protegido a Moshé cuando éste había sido arrojado al mismo y, por ende, le había salvado la vida, no será el mismo Moshé el que castigará a la fuente de su salvación. «

Entonces el sabio Rashbam, conciliando las dos opiniones, dice que Aharón golpeaba con su vara como emisario del mismo Moshé.

Es importante recordar aquí, que el río Nilo también era considerado un dios y por esto fue juzgado por el Dios de los hebreos. Yahvéh dice que Él golpeará las aguas del río, no Moshé. Es decir, que la vara de Moshé estaba también en la mano del Eterno. Vemos que hubo una colaboración íntima entre lo que estaba haciendo Moshé y lo que estaba haciendo el Eterno. El Eterno estaba golpeando las aguas del río por medio de su shalíaj, emisario, Moshé.

Por último, resulta muy interesante considerar lo que el Midrash cuenta acerca de la vara o bastón de Moshé. Parece ser que las plagas con las que el Eterno golpearía a Egipto estaban grabadas en el bastón de Moshé en forma de acróstico en tres palabras: Datzaj, Adash y Beajav.

Y este es su significado:

  • DaTzaJ: (dam=sangre, tzefardea=rana y jinim=piojos).
  • AdaSh: (arov=mezcla de animales, déber=epidemia, y shejin=llagas).
  • BeAJaV: (barad=granizo, arvé=langosta, jóshej=oscuridad, vejorot=primogénitos).

Con ese poderoso instrumento, Moshé traería a Egipto la ira de Yahvéh Elokim.

Ahora, lo que queda es considerar el relato de las plagas con las cuales el Eterno Eloah arrasará a aquel Mitzrayim opresor. Cada una de ellas correspondería al castigo que los benei Israel sufrieron de parte de sus esclavizadores.

La Vara (Et) de Aarón y Su Poder contra el Caos.

Por P.A. David Nesher

Ki yedaber alechem Par’oh lemor tnu lachem mofet ve’amarta el-Aharon kach et-matcha vehashlech lifney Far’oh yehi letanin.

Vayavo Moshe ve’Aharon el-Par’oh vaya’asu chen ka’asher tsiva Adonay vayashlech Aharon et-matehu lifney Far’oh velifney avadav vayehi letanin.

Vayashlichu ish matehu vayihyu letaninim vayivla mateh-Aharon et-matotam


(Shemot 7: 9-12)
“Cuando Paró les diga: ‘Hagan alguna señal milagrosa, entonces le dirás a Aharón: ‘Toma tu bastón y arrójalo ante Paró’, y se convertirá en serpiente.
Moshé y Aharón se presentaron ante Paróh e hicieron como YHVH había ordenado. Aharón arrojó su bastón ante Paró y ante sus sirvientes, y se convirtió en una serpiente…
Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos.

(Éxodo 7:9-10; 12)

Moshé tenía ochenta años y Aharón ochenta y tres cuando partieron a cumplir su misión. Sabiendo que Paróh se impresionaría con un acto mágico, Aharón arrojó un bastón al suelo, que se convirtió en una serpiente.

Tras ser convertida la “et” (vara) de Aharón en serpiente, ¿cuál es la respuesta del rey egipcio? El Midrash cuenta el detalle de que el Faraón no se sorprendió del milagro, pero sí se mofó diciendo: ¡”…Bien hecho! Egipto está lleno de hechiceros. En este momento llama a sus jóvenes quienes también convierten bastones en serpientes…!”.

Se vio a la vara de Aharón convertirse en una culebra, pero una palabra hebrea diferente es usada aquí, ella es: תנין («Tanin«). El problema es que esta palabra se ha traducido como serpiente sólo en este capítulo, ya que en el resto del TaNaK se traduce como «cocodrilo» o «dragón» (así es la opinión de especialistas como Ibn Hezra, Abarbanel y los comentarios de Iahel Or y Karne Or). Después de todo el cocodrilo, era el símbolo de Egipto en sí mismo (Salmos 74:13).

Así mismo, Yehezkel (Ezequiel), el profeta, denomina a Paróh «el monstruo grande el que yace en medio de sus arroyos» (Ezequiel 29:3); en hebreo התנים הגול «Hatanim hagadol«. Por ende, la vara de Aharón se transformó, pues, en un cocodrilo.

Nos detendremos a meditar en el hecho de que en la Torah, la serpiente es el símbolo del caos (recordemos a la primera pareja en el Edén). Al respecto el Targum Yom señala: «…Para que así todos los habitantes de la tierra escuchen el grito de rabia de Egipto cuando se desplome; así como todas las criaturas oyeron el silbido de la serpiente (en el paraíso) cuando ésta fue expulsada…».

La palabra תנין («Tanin«) incluye un significado satánico, y por este motivo los traductores cristianos utilizaron en sus paradigmas dogmáticos la palabra «serpiente». Pero en verdad en esta ecena se esconde un interesante mensaje del Mundo de Arriba: ¡No hay Dios como YHVH!

Justamente el motivo de esta señal se fundaba en el hecho de que los egipcios adoraron al cocodrilo, que ocupó un lugar importante en la adoración y religión de Mitzrayim (Egipto).

La deidad del mal era Sebak y tenía una cabeza de cocodrilo. Es dios, tenía un representante en los cielos inferiores cuyo nombre era Apepi (tambien llamado Apep o Apofis), el gran enemigo de los dioses solares, que personificaba el caos, aparecía siempre bajo la forma de un cocodrilo gigante o «dragón«. Por esto, Apepi era visto como una serpiente gigante con títulos como «Serpiente del Nilo» y «Lagarto Malvado de las Tinieblas«.

Los sacerdotes y magos egipcios se dedicaban a los rituales mágicos que se celebraban en el templo de Amón-Ra, en la ciudad de Tebas. Estos ritos perseguían realizar conjuros estratégicos que trazaran una raya a Apepi y Sebak, impidiéndoles así que acabarán con la influencia beneficiosa de Ra y todo su séquito de divinidades solares que los egipcios invocaban para ser bendecidos con prosperidad plena.

Apepi vivía en la región más baja de los cielos. Desde esa posición, procuraba cada día evitar la salida de Ra, el dios del sol. Para logar este cometido, provocaba los relámpagos, truenos, tempestades, tormentas, huracanes, lluvias y trataba de obscurecer la luz del sol llenando el cielo de nubes, bruma, niebla y obscuridad.

Se creía que la victoria de Ra cada noche era asegurada por conjuros de los sacerdotes y los rezos de los creyentes egipcios en los templos. Los egipcios practicaban varios rituales y supersticiones que creían que alejarían a Apep y ayudarían a Ra a continuar su viaje por el cielo. Generalmente, los sacerdotes al pronunciar sus palabras mágicas, movían sus bastones en el aire con el fin de trazar los límites a esta divinidad del inframundo.

El ritual egipcio, que constituía un intento de destruir a Apepi, era prominente en en todo aquel imperio, y por eso fue el primer objetivo contra el cual Yahvéh asestó un golpe.

La pregunta que el Eterno hacía a Mitzrayim era: ¿Cómo haría el Faraón y su supuesta naturaleza divina para detener el obrar de Aquel que es el Padre de todos los espíritus?

El “et” (vara de madera seca), es la respuesta frente al caos. En general, en los ambientes dogmáticos, se tiene la idea que la serpiente de Aharón engulló las serpientes de los brujos egipcios, esto va más allá de dicha percepción porque el pasuk no dice que la serpiente de Aharón devoró las otras serpientes sino que; “el bastón (madero) de Aharón se tragó a los otros maderos”. El caos no puede dominar al caos, (o sea, serpiente versus serpiente), pero el “et” sí puede destruirlo, según apreciamos en los pasukim:

“…Cada uno de ellos arrojó su bastón, que se convirtieron en víboras; pero el bastón de Aharón se tragó los bastones de ellos…”,
[Exo 7:12 _ Torat Emet].

Es común que una serpiente se coma a otra. Luego pues, esto no es una señal auténtica de lo Alto. Aquí está el poder infinito de Dios: después de regresarse las varas a su estado normal, y creyendo los encantadores egipcios haber igualado el poder del Omnipotente, para su sorpresa vieron cómo la madera (bastón) de Aharón deglutió los palos de ellos. Esto es lo que aterrorizó a los egipcios y la Torah da fe de este hecho. Esto revela la superioridad del poder del Eterno sobre el poder mágico que viene de los demonios que aquellos magos invocaban.

Enseñan los intérpretes de códigos hebreos que el “et” (madero), es un elemento muy modesto cuya naturaleza es la de “compartir” (la madera nos es útil para nuestra vida cotidiana), y solo algo con un propósito de “compartir” puede tragarse la negatividad de lo egoico.

El Zohar ve también en el bastón de Aharón un antecedente de la resurrección de los muertos en la Era Mesiánica, pues si una simple y seca madera puede transformarse en una criatura viviente como una serpiente, ¡cuánto más una criatura humana, que consiste de un cuerpo y un alma, será nuevamente llamada a vivir!

La Torah no menciona los nombres de los hechiceros de la Corte faraónica, sin embargo, los Midrashim señalan que Janes (Yujani) y Jambres (Jmamré), eran los nombres de los brujos que pretendían ridiculizar a Moshé, pero que vez tras vez fueron vencidos.

Siguen explicando los sabios que estos brujos eran hijos de Bilam, los cuales al final de las plagas llegarían a unirse a los israelitas. Ellos formarían parte de los “Erev rav” (multitudes mixtas) que irían marchando tras los israelitas.

Una de las cartas evangélicas, basándose en la tradición judía cita a los brujos de Egipto:

“…Y de la manera que Yanés y Yambrés resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe…”
(2 Timoteo 3:8, Código Real del NT)

Según todo esto el Faraón debería haber compredndio, cuando la vara de Aharón devoró las demás, que se estaba indicando la subyugación de Mitzrayim (Egipto) y la ejecución de juicios «contra todos los dioses de ese sistema de cosas». Pero, deseando cerrar sus ojos ante dicha evidenciay considerando a Moshé y Aharón como simples magos amateurs cuyo poder era igualado por los suyos, el Faraón prefirió endurecer su corazón convirtiéndose así en un imán de todas las fuerzas del rigor celestial que anhelan ejecutar los juicios divinos sobre los hombres.

El Eterno revelaría que Su Nombre era el único soberano sobre todo otro nombre que se invocare en la Tierra.

¿430 o 215?… ¿Cuántos Años en Egipto?

Por P.A. David Nesher

“Y los hijos de Kehat: Amram, Yitshar, Jevrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”

Shemot/Éxodo 6:18

Resulta que desde los ámbitos dogmáticos de la cristiandad se ha acostumbrado al «rebaño» a creer que el pueblo de Israel estuvo cuatrocientos años esclavizados en Egipto, construyendo ciudades para ellos, fabricando ladrillos de barro… Así pues, cuando hacemos un estudio acerca de lo que las Sagradas Escrituras nos hablan acerca de este hecho, descubrimos la realidad de los mismos, pero a la vez no podemos evitar la confrontación de nuestras mentes con la inexactitud del tiempo real de esclavitud que surge al cotejar en paralelo los datos que aparecen, por ejemplo en este pasaje (Ex. 6:18) y los que desde Bereshit se nos relata.

Por ello, para comenzar leeremos lo que encontramos en el siguiente relato:

“El tiempo que los hijos de Israel vivieron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. Y sucedió que al cabo de los cuatrocientos treinta años, en aquel mismo día, todos los ejércitos de Yahvéh salieron de la tierra de Egipto.”
(Éxodo 12:40-41 )

Por medio del material aquí presentado podemos buscar un adecuado entendimiento que nos permita conciliar de una manera lógica los 430 años que este libro dice que Israel fue esclavo (Éxodo 12:40) y los 400 años que le anunciara el Eterno a nuestro padre Avraham (Génesis 15:13). Analizaremos cuál fue el tiempo aproximado en años que los israelitas estuvieron en la esclavitud.

Lograremos esto estudiando las edades de los hombres que vivieron en este periodo de tiempo. El Eterno ha registrado sus edades en diversos momentos importantes para darnos una mejor apreciación de la continuidad e interacción de estas con su historia.

Si regresamos al libro de Bereshit (Génesis 46:11) leemos allí que Kehat (Coat) bajó con su abuelo Yaakov a Egipto. Ahora bien, si sumamos los años de vida de Kehat (130) más los años de vida de Amram (137 según el v. 20), más los 80 años de Moshé en ese momento obtenemos como resultado 347 años. Además hay que considerar que muchos de los años de los hijos están incluidos en los años de sus padres.

Allí mismo, en el libro de Génesis, leemos que Dios le dijo a Avram sus descendientes serían extranjeros y esclavos:

“Y dijo a Avram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”
(Génesis 15:13 )

Ante esto, la lógica mental cuestiona: ¿Cómo es posible que la profecía de Génesis 15:13 hable de 400 años de opresión y esclavitud cuando la genealogía de los levitas no muestran tantos años de estancia en la tierra de Egipto?

Para responderla, vamos a considerar algunas interpretaciones:

Según el intérprete Rashí, y otras muchas fuentes rabínicas, los 400 años empezaron a ser contados a partir del nacimiento de Yitzjak. Leamos el comentario de Rashí sobre Éxodo 12: 40:

“Es imposible decir que (estuvieron 400 años) en Egipto solamente, ya que Kehat (el abuelo de Moshé) fue uno de los que llegó (a Egipto) con Yaakov. Considerando su edad (133 años) y sumando los años de su hijo Amram (137) y los 80 años de Moshé (edad a la que condujo a los israelitas fuera de Egipto), sin duda, no obtendríamos cuatrocientos años. También, debemos considerar que Kehat vivió muchos años fuera de Egipto y muchos años de la vida de Amram son compartidos con los de Kehat, y lo mismo ocurre con los años de Moshé respecto de su padre. Por lo tanto, no podemos contar 400 años desde la llegada de los israelitas a Egipto”.

En tal caso Yitzjak es considerado como parte de los “descendientes” de Avraham que iban a ser esclavizados y oprimidos durante 400 años en tierra extranjera. Así pues la expresión «tierra extranjera» sería abarcativo, en este caso, tanto la tierra de Kenáan (Canaán), donde vivió Yitzjak durante toda su vida, como de la tierra de Egipto, donde bajó luego Yaakov con sus hijos. Puesto que Kenaán dependió económicamente de Egipto durante los días de Avraham e Yitzjak, y era también dependiente en el sentido político durante los reyes hicsos, en el tiempo de Yaakov y Yoséf, no es extraño encontrar que ambos países estaban incluidos en la forma singular «tierra extranjera«.

Ahora los invito a considerar dos expresiones del oráculo divino respecto a la descendencia de Avram: «serán esclavizados y oprimidos«. Para ellos, primeramente tendremos que manejar con claro discernimiento los términos «opresión» y «esclavitud» pues no son lo mismo:

a) OPRESIÓN: Sufrir abusos. Estar apretados por alguna situación (personas o cosas).

b) ESCLAVITUD: Sumisión a una autoridad o poder tiránico que suprime todo tipo de libertades.

Es justamente este el matiz que nos hace entender que la «dura servidumbre» no duró 400 años, sino mucho menos.

«Serán esclavizados»

Cuán extraño debe haberle parecido a Avram, en el momento de estar pactando con el Creador, que sus descendientes, acerca de los cuales se habían hecho tan maravillosas promesas, habían de ser esclavos de aquellos en cuyo medio vivirían.

Esta profecía se cumplió a su debido tiempo. Su nieto Yaakov fue siervo de Labán durante 20 años (Génesis 31:41). Su bisnieto Yoséf aún fue vendido como esclavo, y más tarde puesto en prisión (Gén. 39: 1; 40: 4). Finalmente todos los descendientes de Israel fueron esclavizados en Egipto (Ex. 1: 13, 14).

«Serán oprimidos.»

Esa etapa de la historia de Israel había de incluir no sólo servidumbre sino también aflicción y persecución.

El cumplimiento de esta profecía puede comprobarse prácticamente en cada generación durante cuatro siglos:

Yitzjak, el hijo de Avraham fue «perseguido» por Ishmael (Gál. 4:29; cf. Gén. 21:9).

Yaakov huyó de Esaú para salvar su vida (Gén. 27:41-43), y más tarde de Labán (cap. 31:2, 21, 29).

Yoséf fue vendido como esclavo por sus propios hermanos y más tarde injustamente arrojado en la cárcel (caps. 37:28; 39:20).

Finalmente los hijos de Israel fueron grandemente oprimidos por los egipcios después de la muerte de Yoséf (Éx. 1: 8, 12).

«Cuatrocientos años.»

Propongo hacer dos preguntas para encontrar la respuesta al cuestionamiento planteado al comienzo de esta bitácora. Ellas son:

  • (1) ¿Es éste el tiempo de aflicción,o el tiempo de permanencia en Egipto, o ambas cosas?
  • (2) ¿Cómo se relacionan estos 400 años con los 430 de Exo. 12:40, 41 y Gál. 3:16, 17?

La primera pregunta depende de la solución que se dé a la segunda.

Entonces, leamos con atención la declaración de Éxodo cap. 12 vers. 40:

«…el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años«,

A simple vista esto parece implicar que los hebreos estuvieron realmente 430 años allí, desde la entrada de Yaakov hasta el éxodo propiamente dicho.

Bien, sugiero que no nos apresuremos a sacar conclusiones. Necesito que ahora consideremos lo que nos enseña uno de nuestros principales mentores en la fe mesiánica, el apóstol Pablo:

Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo. Lo que digo es esto: La Torah, que vino cuatrocientos treinta años más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.”

(Gálatas 3:16-17)

Es evidente, por la enseñanza paulina expresada en la carta a los Gálatas que la declaración del capítulo 12, verso 40, de Éxodo no puede ser literal, ya que Pablo dice que la Torah fue promulgada en el Sinaí 430 años después del pacto entre Dios y Avram.

Si el apóstol Pablo se refiere a la primera promesa hecha a Avram en Harán (Gén. 12:1-3), los 430 años comenzaron cuando Abram tenía 75 años (cap. 12:4). Entonces los 400 años de aflicción comenzarían pues 30 años más tarde, cuando Avram tenía 105 y su hijo Yitzjak 5 años de edad (cap. 21:5). Esto ocurriría por el tiempo cuando Ismael, que «había nacido según la carne«,»perseguía [a Yitzjak] al que había nacido según el Espíritu» (Gál. 4:29; Gén. 21:9-11).

El tiempo exacto desde el llamado de Avram hasta la entrada de Yaakov en Egipto fue de 215 años (ver Gén. 12:4; 21:5; 25:26; 47:9), lo que dejaría 215 años de los 430 como el tiempo que realmente pasaron allí los hebreos.

Por esta razón, los 430 años de Éxodo capítulo 12 ver. 40 deben incluir la permanencia en Kenaán tanto como la estada en Mitzrayim (Egipto), desde la vocación de Avram hasta el éxodo.

Interesante resulta saber que la traducción Septuaginta (Versión LXX) traduce a Éxodo 12, ver. 40, de la siguiente manera:

«Y la permanencia de los hijos de Israel, mientras habitaron en la tierra de Egipto y la tierra de Canaán, fue de cuatrocientos treinta años«.
(Ex. 12:40)

Como ya lo he señalado más arriba, la tierra de Kenaán dependía tanto de Egipto durante el período patriarcal, que los faraones egipcios en realidad la consideraban como suya y se referían a ella como tal.

Desde la Dinastía XVIII (conjunto de faraones que gobernaron Egipto entre los años 1550 y 1295 a. C) , tanto a Kenaán como Siria, estaban sometidos a estos faraones. Por lo tanto, Moshé podía incluir apropiadamente a Kenaán dentro de los términos de la expresión Egipto como lo hizo en Éxodo 12.

Si leemos bien la promesa-oráculo de Dios notaremos que no se refiere a Egipto específicamente, sino a “una tierra que no será suya”. Tan pronto como Avraham tuvo un hijo, su descendencia se vio forzada a vivir en tierras ajenas, incluyendo Kenaán la cual no era “de ellos” en ese momento.

Entonces debemos comenzar a buscar la conclusión a todo esto. Para ello es necesario que aceptemos que el punto inicial marcado en Éxodo 12:40 es resaltar a Israel como una familia completa conformada por los padres de familia (clanes). Dichas cabezas de familia tienen su punto de inicio en Avraham. Por ello, el relato está significando que este periodo de tiempo comenzó con Abraham, y no debe tomarse como el tiempo que los israelitas estuvieron en Egipto (recordemos en relato paulino de Gálatas 3:16-17).

Ahora debemos hacernos otras dos preguntas que nos permitan cerrar todos estos datos en una sola idea:

  • 1) ¿En qué punto de la vida de Abraham iniciaron los 430 años?
  • 2) ¿Cuándo comenzaron los 400 años?

La profecía de los 400 años se encuentra en Génesis 15:13:

“Y Dios dijo a Abram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”

Hay dos puntos importantes que se deben notar aquí. Esta profecía pertenece a los descendientes de Avraham, no a él; y, ya que en ese entonces él no tenía descendientes, el inicio de los 400 años era para el futuro.

La Torah nos cuenta que Avraham tenía 75 años cuando l Eterno le dio la primera promesa (Gén. 12:4); y 100 años cuando nación Yitzjak (Gén. 21:5). Esto suma 25 años, aún nos faltan 5 años más, por lo tanto el inicio de los 400 años debe ocurrir en algún otro punto de su vida.

Los expertos en hebreo bíblico dicen que dicha ocasión se muestra en el banquete del destete de Yitzjak:

Y el niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado.
(Génesis 21:8)

Al llegar al versículo 12 de este mismo capítulo nos encontramos con el siguiente relato:

“Mas Dios dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por tu sierva; presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia.”

Este pasuk pone el sello de aprobación del Eternos sobre Yitzjak, eligiéndolo como la simiente mesiánica de Abraham al enviar a Agar (la egipcia) y su hijo Ishmael fuera de su casa. Así pues, descubrimos que es este el punto de la historia en el que comienza la profecía de los 400 años; cinco años después del nacimiento de Itzjak. En ese momento el Eterno le hace saber a Avraham que su simiente está en Itzjak, y que por medio de él se convertirá en padre la familia mesiánica que bendecirá la Tierra. Si sacaron bien las cuentas, verán que los 25 años más estos cinco años suman un total de 30 años; es decir, la diferencia entre los 400 y los 430 años.

Así nos debe quedar claro que los 400 años y los 430 años culminan en el mismo momento en Éxodo cap. 12 vers. 40. tal como el diácono Esteban lo recordara a sus oyentes en su discurso:

Y Dios dijo así:
Que sus descendientes serian extranjeros en una tierra extraña, y que serian esclavizados y maltratados por cuatrocientos años.

(Hechos 7:6)

Ahora, contaremos los años transcurridos desde Génesis capítulo 12 vers. 4 hasta la muerte de Yoséf para determinar el paso del tiempo sujeto al oráculo divino y su perfecto cumplimiento. Para ello, les compartiré el procedimiento lógico-matemático que realiza el teólogo Don Roth:

Avraham tiene 75 años cuando el Eterno le da la promesa-oráculo (Génesis 12:4). A sus 100 años nace Yitzjak (Génesis 21:1-7).

Yitzjak tiene 60 años y nace Yaakov con su gemelo Esav (Génesis 25:26)

Yaakov tiene 130 años cuando desciende a Egipto (Génesis 47:9).

Yoséf tiene 30 años cuando le interpreta en sueño a Faraón acerca de los siete años de abundancia (Génesis 41:46-47).

Se registra que Yaakov tenía 130 años cuando llega a Egipto en el segundo año de hambruna. Yoséf entonces tenía: (30 años + 7 años de abundancia + 2 años de hambruna =) 39 años. Esto muestra que Jacob tenía 91 años cuando nació José. (Génesis 47:9)

Ahora, retomando desde que Avraham dejó Padán Aram para ir a la Tierra Prometida hasta que Yaakov llegó a Egipto, haremos el siguiente cálculo:

Abraham tenía 75 años cuando dejó Arán, y 100 años cuando nació Isaac. Un total de 25 años.

Yitzjak tenía 60 años cuando nació Jacob.

Yaakov fue a Egipto a sus 130 años

25 + 60 +130
Total: 215

Esto muestra el tiempo comprendido entre el inicio de los 430 años y la llegada de Jacob a Egipto.

Ahora bien, José muere cuando tenía 110 años (ver Génesis 50:22).

110 – 39 = 71 años en los cuales Israel vivió pacíficamente en Egipto mientras José estaba vivo.

Recordemos que tomó 215 años para que Israel llegara a Egipto. Ahora sumémoslo con los 71 años de paz en esa tierra pagana.

215 + 71 = 286

Si a 430 años le restamos esos 286 años, obtendremos como resultado 144 años de esclavitud en Mitzrayim (Egipto). Estos 144 años de esclavitud se asume que comenzaron con la muerte de Yoséf.

Tomando como base en el cálculo anterior, Don Roth se aventura a realizar las siguientes observaciones. Los israelitas salieron de Egipto en el año 430 del cumplimiento del oráculo divino dado a Avraham. La Torah relata que Moshé murió de 120 años (Deuteronomio 34:7). Si restamos los 40 años que estuvieron en el desierto, obtenemos que Moshé tenía 80 años de edad cuando Israel salió libre del exilio egipcio. Ahora bien, al restarle estos 80 años a los 430 años, se tienen 350 años después de que Yahvéh le dio la promesa-oráculo a Avraham. A estos 350 años se le restan 286 años que hay desde el inicio de la cuenta de los 430 años hasta que Yoséf murió, y se obtiene el dato certero de que Moisés nació 64 años después de la muerte de dicho patriarca.

Justamente tomando el versículo que encabeza esta bitácora, podemos vincular los últimos cálculos con la genealogía de Aharon y Moshé. Esto se puede ligar con el detalle de que la madre de Moshé era nieta de Leví, y no su hija.

Y el nombre de la mujer de Amram era Jocabed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto; y ella dio a luz de Amram, a Aarón, a Moisés y a su hermana Miriam.
(Números 26:59)

Hay dos escrituras que explican que Jocabed era nieta de Leví. Una de ellas es la que estamos considerando, que vale la pena volver a transcribir:

Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”
(Éxodo 6:18)

Este versículo muestra que Amram, padre de Moshé, era nieto de Leví por parte de su padre Kehat (Coat), hijo de Leví.

La otra escritura dice que Amram se casó con Jocabed, hermana de su padre.

Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella le dio a luz a Aarón y a Moisés; y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.
(Éxodo 6:20)

Esto muestra que Jocabed era la nieta de Leví, no su hija. Cuando en Números 26:59 se dice que Jocabed era la “hija de Leví”, podía significar “nieta” (“hija o nieta”, TA; “descendiente” RH), como en tantos otros lugares en las Escrituras donde “hijo” se usa para referirse a un “nieto”. El exegeta Ferrar Fenton comenta en su traducción al inglés que la expresión ‘que le nació a Leví’, que aparece en este versículo, “es una locución hebrea que no significa que le naciera a Leví personalmente, sino a un descendiente de la tribu. Por el tiempo transcurrido es imposible que hubiese sido hija directa de Leví”.

Es más, algunos eruditos creen que Joacabed era la prima de Amram más bien que su tía, y eso es lo que indica la Versión de los Setenta griega, así como la Peshitta siriaca.

Jocabed, la hija del hermano de su padre
(Éxodo 6:20 – Versión LXX).

Finalmente, vemos que existe una diferencia de 30 años desde que Dios le dio la promesa a Avraham y cuando esta comenzó. Pero, una vez que los 400 años de la profecía comienzan, ambos periodos de tiempo concluyen de manera simultánea en lo que relata Éxodo cap. 12 vers. 40. La cantidad máxima de años que los israelitas fueron esclavos fue 144 años.