Estudios Bíblicos

Malki-Tzédek… ¿un Ser Humano o una Entidad Celestial?

Por P.A. David Nesher

«Cuando Abram volvía de haber derrotado a Quedorlaómer y a sus reyes amigos, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el Valle del Rey. 
Allí Melquisedec, que era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y bendijo a Abram, diciéndole: «Abram,
que te bendiga el Dios altísimo,
creador del cielo y de la tierra.
El Dios altísimo
merece todas las alabanzas,
pues te dio la victoria
sobre tus enemigos».
De inmediato, Abram le dio a Melquisedec la décima parte de todo lo que había recuperado».

(Génesis 14: 17- 20)

Pocos asuntos en las Sagradas Escrituras han despertado tanto interés como la identidad real de Melquisedec. Un personaje que aparentemente salió de la nada al encuentro de nuestro padre Abraham después de que este participara en la guerra contra los reyes de oriente.

Abram tuvo una victoria sorprendente sobre los cuatro reyes enemigos, que habían raptado a su sobrino Lot. Como un guerrero cansado, agradecido de que su persecución del enemigo había tenido tanto éxito, regresó a su casa, junto al encinar de Mamré, en Hebrón (13:18). Sin embargo, el Eterno  le tenía reservada para él una sorpresa: un encuentro inesperado con Melquisedec, rey de Salem (posteriormente llamada Jerusalén) que era también el sacerdote de El Elyon, o el Dios Altísimo (mejor traducido como: «el Poderoso Supremo«). La verdadera prueba de carácter viene cuando tenemos éxito. La manera en que actuamos en un momento de triunfo a menudo revela nuestro verdadero carácter y madurez espiritual. Esto será cierto en el caso de Abram en el momento de su interacción con este rey-sacerdote.

Para comprender la envergadura de este varón con misión inter-cósmica nos sumergiremos en la investigación de los códigos de su nombre y propósito. Y como la tarea más noble para conocer la Verdad es la de investigar, para empezar, tomaremos nota, tanto de los libros de la Tanak (Antigua Alianza) como los Libros Mesiánicos del Pacto Renovado (Nuevo Testamento), de quién este personaje misterioso (Melquisedec). Todas la Sagradas Sagradas Escrituras (La Biblia) lo mencionan solamente tres veces:

  • Génesis 14:18;
  • Salmo 110:4;
  • y Hebreos capítulos 5 al 7.

El nombre Melquisedec (en hebreo Malki-Tzédek), significa «Rey de justicia», según la etimología corriente; pero podría ser un nombre teóforo cananeo: «Sadku es (mi) rey».

En las líneas mencionadas se dice que fue sacerdote del Dios Altísimo. Pero, ¿por qué él era el sacerdote único del Dios Altísimo en medio de las naciones de aquel tiempo cuando aún faltaba mucho tiempo para establecer los lineamientos y pautas del sacerdocio aarónico?

Leamos ahora el relato que se encuentra en Génesis 14. Mientras combatían varias naciones y pueblos en Palestina y Mesopotamia, Lot, el sobrino de Abram, juntamente con su familia y sus bienes, fueron capturados y llevados a otro lugar. Gen 14: 17-19 relata el regreso de Abram después de haber batido a los reyes que habían derrotado al de Sodoma (vv. 10-11) y a sus aliados y hecho prisionero a su sobrino Lot (v. 12). A su encuentro salió el rey de Sodoma y «Melquisedec, rey de Salém, presentando pan y vino; era sacerdote del Dios Altísimo, y le bendijo diciendo: Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador (Señor) de cielos y tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que puso a tus enemigos en tus manos». Hoy día está bien comprobado que Salém es el nombre primigenio de la santa ciudad de Jerusalén (Salmo 76: 3). Melquisedec aparece así como un rey cananeo de la época patriarcal y su nombre es semejante al de otro monarca de Jerusalén, Adonisedec, (capítulo 10, verso 1).

La palabra «Salem» viene de la raíz hebrea que significa «paz«. Esto hace a Melquisedec «Rey de paz«. El mismo nombre hebreo Melquisedec significa «Rey de justicia» (Hebreos 7:2).

Pero, justamente lo interesante de este extraño personaje es su sentido de espiritualidad y sus ritos sacerdotales con los que se manifiesta a Abrahm.

El Génesis lo presenta como sacerdote del Dios Altísimo (en hbero ‘El `elyón’). Esta expresión concordaba con la teología cananea donde «El» es el dios supremo, creador de los seres y padre de los hombres, como le llaman los textos arqueológicos de Ugarit. Gracias al descubrimiento de este texto, hoy sabemos que el nombre del dios cananeo Elyón, es traducido como Altísimo significa por sobre todos los dioses (Soncino). Por todo esto, se descubrió que las dos expresiones juntas (‘El `elyón’) se convierten en títulos descriptivos de YHVH y se constituyen en las pautas de una alabanza al Eterno y verdadero Dios que dicen:

«No hay nadie como tú, oh Señor, entre los dioses. No hay nada más alto o mayor que Tú en toda la tierra. Nosotros podemos confesar con nuestra boca, y reconocemos ante todo el pueblo, que sólo Tú eres El Elyon, Dios Altísimo (‘El `elyón’)«.

Interesante es notar que ante este detalle profético, nuestro padre Abram usa e identifica a esos nombres de divinidades cananeas con un título que designa dignamente atributos de Yahvéh, el Dios de Israel (v. 22), reconociendo así en Melquisedec un varón que ejercía la misma adoración monoteísta que él. Esta actitud concuerda bien con el proceder general de los patriarcas, que, siendo adoradores del Dios único, se mueven con libertad en el ámbito cananeo, utilizando sus lugares sacros y conviviendo religiosamente con sus moradores.

Esta es la primera mención bíblica de un sacerdote en las Escrituras. En la sociedad judía, el sacerdote debía representar al pueblo ante YHVH, como los profetas habían de representar a YHVH ante pueblo.  Malki-Tzédek aparece ser uno de los pocos fieles o tzadikim (justos) en ese lugar de Canaán; uno de los que ponen su confianza en el Dios único y verdadero. Por lo tanto, él era una conexión creyente de la línea sacerdotal del Nombre (Shem), en medio de la impureza de la línea de Canaán. La identidad de Melquisedec ha sido un enigma.

La época post-diluviana vio al mundo de un sólo lenguaje y bajo un sólo sacerdocio. La perspectiva hebrea era que este sacerdocio se centralizó en Salem bajo Melquisedec. De acuerdo al Midrash (una interpretación judía), Melquisedec era identificado con Shem (Sem) el hijo de Noaj (E.g., B. Talmud Nedarim 32b; Genesis Rabbah 46:7; Genesis Rabbah 56:10; Levitico Rabbah 25:6; Numeros Rabbah 4:8). En verdad esto no es imposible ya que debemos saber que, según las propias Sagradas Escrituras, Shem vivió incluso tras la muerte de Sara, la esposa de Abrahán. Además, debemos recordar que Noaj lo bendijo específicamente con el derecho de la primogenitura en lo sacerdotal (Génesis 9:26- 27).

También me es necesario aclarar que Malki-Tzedek en realidad un título y no un nombre personal. Es decir que esta expresión representa el ministerio doble de rey y sacerdote ejercitado a base de una vida indestructible. [Es más, según el Salmo 110:4 ese ministerio sería luego dado al Mesías, (cf. Hebreos capítulos 5 y 7)].

Él era llamado así porque era rey (melech) sobre un lugar afamado por su justicia (tzedek). Él regía sobre un lugar donde algún día el Templo habría de ser construido dentro del cual moraba la Divina Presencia que es llamada Tzedek, y desde donde la prometida Simiente de la Mujer sería manifestada como Mesías para Israel y las naciones. El Midrash aplica este término a Jerusalén en un todo tal como está escrito, «En ella habitó la equidad (tzedek)« (Isaías 1:21) (Soncino; Comentario sobre Génesis 14:18).

Shalem es la única referencia directa a la ciudad de Yerushalayim (Jerusalén) que se encuentra en el Jumash (Pentateuco). En el salterio (libro de los Salmos)  vemos que Shalem es lo mismo que Tsión, como está escrito:

“En Shalem está su tabernáculo, y en Tzion su morada.”

(Salmo 76:2)

Es más, si vamos al capítulo 10 del libro de Josué (vers. 1) vemos como en la ciudad de Yerushalayim había un rey llamado Adoni-Tzedek. Aquí reiteraré los siguiente: Malkisignifica “mi Rey” y Adonísignifica “mi Señor”; Tzedek significa Justicia. En base a estas significaciones, en los tiempos de la conquista de la tierra prometida, alrededor de 600 años después de Avraham, el rey de esa ciudad seguía teniendo un título muy similar. Algunos sostienen que estos, serían títulos que señalan a un mismo cargo y/o función.

Ahora veamos con atención el relato. Notamos que en el momento de encontrarse Avram con Melquisedec, este le trae pan y vino, primeramente como refrigerio para los soldados agotados por la batalla y los prisioneros liberados, en signo de amistad y congratulación, pero también como un sacrificio de acción de gracias al Todopoderoso Dios que permitía la comunión corporativa en la victoria otorgada por el Eterno.

Lo primero que se puede destacar aquí es que, mediante este acto, Malki-Tzédek (Shem)le mostraba a Avram que no le tenía resentimiento alguno por haber matado a sus descendientes por la línea de su hijo Arfaxad, es decir Querdorlaomer, y los otros reyes. Este aspecto es importante sin importar el linaje de los involucrados. Es aún más importante dado el linaje directo de las víctimas preservar el sacerdocio del Nombre (Shem) hasta que Él mismo se encarne en la prometida simiente de la mujer: el Mesías (Génesis 3:15).

Luego Melquisede procede a bendecir a Avram con estas palabras:

«Que El Elyon Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, bendiga a Avram» (14:19).

Es decir que Melquisedec reconoció a Avram como un hermano en la fe y siervo del Señor.

La mención del sacerdocio parece relacionarse más bien con la bendición que imparte a Avram. Éste reconoce dicho sacerdocio entregándole el diezmo del botín. El sabio rabino Nachmanides sostiene que: «… solo porque Abram sabía que Malki-Tzédek era sacerdote del Eterno le dio el diezmo«. Leemos claramente en el texto:

«Entonces Avram le dio el diezmo de todo«

(Génesis 14:20)

Avram fue el primero que la Torah menciona que dio el diezmo. Sin embargo el principio del diezmo estaba funcionando desde la creación del hombre. El principio del diezmo implica trabajar parte de su tiempo sin tener el derecho de comer de él. Este principio se encuentra en el árbol del conocimiento del bien y el mal. Recordemos que Adam tenía que labrarlo pero no podía comer de él.

Avram no solamente dio el diezmo de los despojos de la guerra, sino de todo lo que el Eterno le había dado.

Según el Sefer Yashar («Libro del Justo«), Avram había estudiado con Shem y Hever durante muchos años. Por eso ahora le entrega el diezmo de todo por ser su maestro de Torah. Es decir, que Avram entregó el diezmo a este varón porque sabía que Melquisedec tenía el punto de vista correcto en lo referente a los códigos de la Simiente de la Mujer (Mesías). Avram discernío que hacer conexión con este sacerdocio le garantizaba a él el cumplimiento de las promesas proféticas dadas por el Eterno en el momento de su llamado.

Por otra parte, el sacerdote de la ciudad de Salem sabía que la verdadera fuente del éxito de Avram era YHVH, como se ha dicho: «Bendito sea El Elyon Dios Altísimo, esta era Su obra, que entregó en tus manos a tus enemigos» (Génesis 14:20a) . La palabra entonces dio paso a la acción y le dio Avram el diezmo de todo lo que poseía (14:20b).

Pan y Vino: Símbolos de la Redención

El significado del pan y vino dados por  Malki-Tzédek a Avram, está relacionado directamente a la obra redentora de la simiente de la mujer.

La importancia del Pan y Vino como símbolos de la conjunción del fruto de la tierra (polvo) representado en el Pan, y el alma humana (sangre) representada en el vino, que vuelven a su diseño original mediante la acción del Espíritu Santo representado en la acción sacerdotal del Rey de Justicia: el Mesías. Es decir que Malki-Tzédek está sirviéndolo a Avram los emblemas que serían integrales  establecidos siglos después por el Mesías, en la Cena del Señor, como elementos sacramentales de su obra eficaz y eterno de redención. Este evento en la vida de nuestro padre Avram señalaba a la esperanza de la morada del Espíritu Santo, tal como fuera administrada bajo el nuevo sacerdocio de la Orden de Malki-Tzedek, introducida por el Mesías para todos los redimidos que se saben Israel en Él.

El escritor de la epístola a los Hebreos describe a Melquisedec así:

«… sin padre, ni madre, y sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad» (Hebreos 7:3).

Debido a este pasaje, algunos creen que Melquisedec es actualmente una aparición o teofanía de Yeshúa antes de nacer en Belén.

Para aclarar esto, comenzaré diciendo que el hecho que Melquisedec reflejaba anticipadamente este evento mesiánico-redentor, no demanda que él sea el Mesías, como algunos intérpretes ignorantes aseguran hoy. En realidad, si lo fuese, hay toda una serie de problemas en el concepto del sacrificio sin pecado del Mesías. ¿Nació? ¿Era un hombre? ¿Si así lo fue, nació entonces de una virgen? Malki-Tzédek no era por cierto de la línea de David. ¿Si era un Ángel, que implica esto para el gobierno de Salem en esa etapa? ¿Que era el sacerdocio allí? ¿Porqué no hay registro en otra parte de un sacerdocio angélico? ¿Que necesidad tiene un Ángel de los diezmos de guerra? Los problemas lógicos introducidos por un aspecto Mesiánico de Melquisedec de tal magnitud son enormes.

Si hay algo seguro a todo esto, aunque, Melquisedec parece ser una figura oscura, se presenta como una persona muy importante del Antiguo Pacto. Ejemplo de esto lo encontramos en el Salmo 110 (versículo 4) que dice que el sacerdocio del Mesías es un sacerdocio según el Orden de Melquisedec, en contraste de ser de la orden de Aarón. En la epístola de Hebreos capítulos 5 al 7 se pone mucho énfasis en esta idea que edificaba la esperanza escatológica de las primeras comunidades.

Entonces, Melquisedec, rey-sacerdote, es considerado como una figura profética del Mesías. El silencio insólito de la Escritura sobre la ausencia de sus antepasados y de sus descendientes, sugiere que el sacerdocio representado por él es eterno. La interpretación de Génesis 14, según la cual fue Avram quien pago el diezmo y no Melquisedec, era tradicional ya que Melquisedec recibió el diezmo de Avraham porque era superior a él y por ello también lo bendijo; asimismo Melquisedec fue superior a los descendientes de Avram, los levitas o hijos y descendientes de Leví, los únicos que podían acceder al sacerdocio.

El diezmo pagado a los sacerdotes levitas era, a la vez, el salario de su oficio sacerdotal y el homenaje tributado a la eminente dignidad de su sacerdocio. Por lo tanto, si el mismo Leví pagó por medio de la figura de Abram el diezmo a Melquisedec, fue porque Melquisedec prefiguraba un sacerdocio mas elevado.

En definitiva, el sacerdocio de Melquisedec era más escatológico y divino que terrenal, y por esto se le ha considerado como sacerdote del Dios Altísimo y Sumo Sacerdote. Debido a ello, un sacerdocio eterno a la manera de Melquisedec anuncia para los tiempos mesiánicos la sustitución del sacerdocio antiguo, considerado ya como inferior al sacerdocio de Melquisedec (Hebreos 7:11-14).

Por último, y entendiendo que Melquisedec es un tipo del Mesías, debemos aceptar que las acciones de Abrahan sirven como modelo de imitación para nosotros hoy. Tenemos que darle una décima parte de todo lo que ganamos a aquel que oficia como nuestro Sumo Sacerdote delante del Trono de la gracia divina: Yeshúa, nuestro dueño.


Bitácora Relacionada:

Abraham llamado en Separación y con Promesas para Bendición

El Señor le dijo a Abram:

«Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré.

»Haré de ti una nación grande,
    y te bendeciré;
haré famoso tu nombre,
    y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan
    y maldeciré a los que te maldigan;
¡por medio de ti serán bendecidas
    todas las familias de la tierra!»

Abram partió, tal como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él.

Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.

(Génesis 12: 1-4)

INTRODUCCIÓN:

Al introducirnos en la vida del Abraham, encontramos los inicios del nuevo trato mesiánico del Eterno con la historia humana. Descubrimos que nuestro Dios tratará a este patriarca únicamente en el marco de su Gracia. La presencia divina en la vida de Abraham no basará su manifestación en alguna cualidad meritoria que Abraham pudiera poseer; por el contrario todo proceder del Eterno se sustentará en la elección soberana que simplemente señala a un hombre para bendecir a la humanidad sin que este tenga que hacer otra cosa que ejercer su fe, es decir, creerle a Dios para gozar de Su justicia.

Al ir al capítulo doce del Bereshit nos encontramos con el llamamiento de Abram.  Dicho llamado esconderá la Intención del propósito eterno de Dios para redimir y salvar a la humanidad por medio de Su Código Sagrado: «la simiente de la mujer«, es decir el Mesías (Génesis 3: 15). Por medio de este llamado el Eterno se proponía tener a un hombre primogénito que lo conociera y le sirviera con fe. En el diseño divino estaba claro que de ese hombre saldría una familia que conocería y serviría con devoción a Su Nombre: Yahvéh. De esa familia saldría una nación escogida, compuestas de personas que se separarían de los malos caminos y de la inmoralidad fundamentada en Babel para ser canales de la bendición divina. De esta nación finalmente saldría Yeshúa, el Mesías salvador del mundo.

En el llamamiento de Abraham se esconden principios celestiales muy importantes que permiten a los escogidos descubrir los basamentos del supremo llamamiento de Dios en Jesús, el Cristo:

  1. EL LLAMAMIENTO DE ABRAHAM IMPLICABA EL PRINCIPIO DE “SEPARACIÓN” (Génesis 12:1)

Harán (en hebreo Jarán) significa «lugar seco» o «carretera desértica«, y justamente era una población totalmente infértil para el propósito eterno de Dios. Lo inmoral y las aberraciones de la idolatría llenaban las conciencias de sus habitantes.  Sus prácticas cotidianas fluían de las inmoralidades generadas del la religión astrológica de Babel. Estaba claro que mientras permaneciere en ese lugar Abram no podría avanzar en su vida espiritual y así manifestar la imagen divina de su esencia en la plenitud de Su semejanza mesiánica.

Después de cinco años en Harán el Señor le recuerda a Abram lo que originalmente le había dicho  en su ciudad natal: Ur, de la tierra de los caldeos: «deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré » (Génesis 12:1 y Hechos 7:3).

Convengamos que es difícil dejar el propio país donde uno tiene todas sus relaciones. Es muy complicado para el alma humana salir de su pueblo, y todavía más, salir de la casa del padre de uno. Pero eso es lo que le pidió el Señor a Abram.

A partir de estas palabras recordatorias del Eterno descubrimos un doble fracaso por parte de Abram.

Hay tres cosas que le fueron ordenadas por Dios.

En primer lugar, él tenía que dejar su tierra y a las personas que vivían allí. Con respecto al primer requisito Abram obedeció, pero en referencia a los dos últimos fracasó.

En segundo lugar, él tenía que separarse de su padre y de la casa de que él había forjado. Pero en lugar de dejar a su padre y a su familia,  se llevó a Taré y su sobrino Lot con él. En esto no fue obediente. Taré significa «retardo» o «el que retrasa o demora»; y justamente el Eterno le reprocha a Abram que estaba atascado en Harán por causa de los paradigmas que había recibido de su padre.

¿Por qué Yahvéh le pide a Abram que se separe de su padre y de la casa de su padre? Esto parecería una propuesta de insensibilidad y deshonra a la paternidad por parte del Eterno. Bien, el libro de Josué nos da la respuesta:

«Hace mucho tiempo, sus antepasados, Téraj y sus hijos Abraham y Najor, vivían más allá del río Éufrates y adoraban a otros dioses»

(Josué 24:3b).

Como vemos en este versíuclo, Téraj era un idólatra que adoraba al dios de la luna, Sin. Y es que tanto Harán como Ur de los caldeos eran centros de adoración a la luna. Solamente basta observar los nombres de la familia de Téraj y descubriremos en ellos la influencia de la adoración al dios luna. Veamos los ejemplos: el nombre Sarai viene de la palabra sharratu, y significa reina. Bien, esta fue la expresión acadia con la que se invocaba a Ningal,  la esposa del dios de la luna llamado Sin. El caso del nombre Milcá, la sobrina de Abraham, proviene del nombre acadio milkatu, y significa princesa con consejos divinos. Sonará a muchos lectores como un nombre muy bonito, pero es necesario entender que el mismo, en las religiones de misterio babilónico, era el título de la diosa Ishtar, la reina del cielo (título de la serpiente antigua) y esta divinidad era la hija del dios de la luna, Sin. Labán significa blanco y se usaba como una forma poética para invocar a Sin durante la luna llena. Por medio de este pequeño análisis del significado de estos diversos nombres como Sarai, Milca y Labán nos damos cuenta que todos muestran la influencia de la adoración del dios de la luna Sin, reafirmando lo que Josué relata en su discurso: Teraj era un idólatra, y toda forma de idolatría obstaculiza el peregrinar del alma hacia las dimensiones celestiales de la semejanza mesiánica que el Eterno anhela que los hombre alcancen por la fe y obediencia a Su Palabra.

El significado del nombre Lot es «el que se envuelve en lo oculto«, «el que guarda secretos«, o «el que hace patinar«. Lot es el tipo del creyente de mente mundana, en su significado encontramos características que llevadas a lo espiritual manifiestan la naturaleza psíquica de alguien que dice conocer a Dios, pero que, con sus acciones, muestra que su prioridad no es Dios. Habla del creyente religioso que se siente cubierto, asegurado, respaldado por alguien más delante de Dios. Aquel creyente que cree que por estar apegado a un líder de fe, estará seguro y bien delante del Eterno.

Ese tipo de actitudes conducen siempre a una doble vida, pues actúa en secreto, en lo recóndito (muy escondido y oculto), en su naturaleza está latente la mundanalidad, envolviéndose en prácticas ocultas (no confundir con ocultismo), sino en amistad con las tinieblas, por ejercer una fe fundada en el pensamiento mágico.

El escritor de la epístola a los Hebreos nos dice:

«Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba.»

(Hebreos 11:8)

Es maravilloso descubrir que cuando llegamos al Nuevo Pacto, la Gracia divina no destaca la desobediencia de Abram en Jarán. Sino que por el contrario, lo que ella enfatiza es su entrada a la Tierra Prometida por la fe que le cree a Dios. Eso es lo que el Mesías hace para los que, como Abraham, creen en Él por la fe (Juan 5:24). Así mismo, Él hoy a cada uno de nosotros nos está afirmando: «Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados» (Isaías 43:25).

Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa (Hebreos 11:9). Notamos en las Sagradas Escrituras, que Najor, el hermano de Abraham, construyó una ciudad (24:10), pero nuestro padre Abraham hábito en tiendas de campaña, «… porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor»  (Hebreos 11:10). Él, por la fe, era consciente que este sistema de cosas reptiliano no era su casa; y así él vivió como extranjero y un extraño en el mundo (I Pedro 2:11). A pesar de que él era riquísimo (Génesis 13:2), se mantuvo apenas en contacto con las cosas de este mundo. Las únicas cosas que Abraham construyó con excelencia eran altares que proclamaban la adoración en Espíritu y en Verdad al único y verdadero Dios: YHVH (12:7-8, 13:18, 22:9).

Ante toda esta evidencia, no hay duda alguna, que en Abram, el Eterno estaba estableciendo el importante principio de separación que Él mismo ejerció en la restauración de la Creación que el escrito relata en el primer capítulo del Bereshit (Génesis). De este modo, el Señor se asegura de guardar en la conciencia del padre de la fe la idea de que su pueblo debe separarse de todo lo que sea un estorbo para el desarrollo de su vida espiritual.

El Eterno llegaría a todas las demás naciones de la tierra mediante el establecimiento de una reputación para Sí mismo a través de su pueblo escogido, Israel. Tendrían mandamientos especiales que viviendo con ellos los harían diferentes de todas las naciones vecinas. Su intención es que así  serían diferentes, santos, apartados para la Gloria de Su Nombre, viviendo una vida santa, totalmente apartada para Él. Pero al igual que Israel, cuando vivimos como el resto de la vida del mundo, hacemos que otros tropiecen y arrastren el nombre de Dios por el barro. Tenemos la responsabilidad esencial para que los demás vean a Jesús el Cristo a través de nuestras vidas.

Como hijos de Dios debemos ser reflexivos en cuanto a aquellas cosas que lejos de impulsarnos en la vida espiritual nos detienen y tomar la decisión de soltarlas.

 

2. EL LLAMAMIENTO DE ABRAHAM IMPLICABA “UNA PROMESA” (v. 1-2)

Así pues el Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré« (12:1). Los mandatos del Señor son raramente acompañadas de razones, pero siempre van acompañados de promesas. Y este fue el caso de Abram.

La promesa era: “… te mostraré…”. Con ella el Eterno implantaba la certeza en el alma del llamado, y su descendencia,  de que Él nunca abandona a sus elegidos dejándolos perdido en su peregrinación terrenal. Él siempre les proveerá Instrucción (Torah) como hoja de ruta, por medio de la que pautará los lineamientos del Camino que conduce a la contemplación de Su Majestuosa Paternidad.

Esta promesa implicaba también una obra exclusivamente divina:  “… haré de ti…”. Asegurando el obrar soberano y glorioso del Eterno en la vida de aquellos que se rinden a Su voluntad buena, agradable y perfecta.

 

3.  EL LLAMAMIENTO DE ABRAHAM IMPLICABA “BENDICIÓN”. (v. 2-3)

El Eterno nunca llama a alguien para que finalmente caiga en calamidades. Por el contrario, Yahvéh, nuestro Dios, tiene la Intención de conducir a su escogidos al éxito que permite alcanzar la calidad total de Su propósito. El Señor jamás elige para el fracaso.

La bendición sería primero para Abraham y para todas las naciones. El punto culminante es el siguiente:

«Y todos los pueblos de la tierra serán benditos en ti« 

(Génesis 12:3 y Hechos 3:25).

Abraham sería un canal de bendición para todo el mundo. Esto se extenderá a los gentiles (Romanos 11:11-24). En efecto, la Escritura, habiendo previsto que Dios justificaría por la fe a las naciones, anunció de antemano el bendito evangelio a Abraham:

“Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones”

(Gálatas 3:8)

Ellos son aquellos para los que Abraham será una bendición. Esta es la promesa que va más allá de Israel. Esto se reafirmó con todos los patriarcas, más tarde se reafirma a Abraham en 22:15 y 18, se reafirma a Isaac en 26:3-4, y a Jacob en 28:14. Esta bendición se lograría a través de la semilla de Abraham: el Mesías. Como los profetas señalaron, es a través de Él que los gentiles recibirán las bendiciones espirituales (Isaías 42:1 y 6, 49:5-6 y Amos 9:11).

Evidentemente el Eterno llama para bendecir a su escogidos y para que estos sean, en el Mesías, de bendición a millones.

 

 

 

CONCLUSIÓN:

Mientras vivía con su padre en Harán, Abraham recibió un mensaje del Señor, que lo llamaba a separarse de sus constelaciones familiares e ir a otro lugar. Se le prometió gracia divina, gran posteridad, y que se convirtiera en una bendición, para todas las familias de la tierra. Nuestro padre Abraham obedeció el llamado, y así se convirtió en un líder de esa innumerable compañía de creyentes que han visto una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Génesis 12:1-4 Hebreos 11:8-10).

Estos cuatro versículos que encabezan nuestro estudio, revelan como se originó la amistad de Abraham con el Eterno. Este es su único título y a él se refieren como: el amigo del Señor. Tres veces aparece en las Sagradas Escrituras (2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8 y Santiago 2:23). Él es el único que lo tiene y hasta la fecha los árabes, sus descendientes por el linaje de Ismael, lo llaman a Abraham El Khalil, el amigo de Dios. Yeshúa prometió a su discípulos que esa será la meta final de categorización celestial. Él los desafiaba: llamarlos amigos, sin hacían lo que Él les mandaba (Juan 15: 14-15)

¡Hoy, tú y yo podemos ser bendecidos por el Eterno si tan sólo obedecemos a su llamado para salvación y para servicio de todas las naciones. Por favor: ¡Búscalo con todo el corazón y serás bendecido y serás bendición!

 

El Monumento al Orgullo: La Torre de Babel

“Entonces se dijeron unos a otros:

«Venid, hagamos ladrillos, y cozámoslos al fuego».

Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de betún en vez de argamasa; y dijeron:

«Vamos a edificar una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; y hagamos célebre nuestro nombre antes de esparcirnos por toda la faz de la tierra”.

(Génesis 11: 3-4)

 

En este relato divino de la historia primigenia se nos revela un ser humano que, consciente de sus nuevas habilidades, se envanece y se prepara para glorificarse a sí mismo mediante el esfuerzo colectivo. Para dejar testimonio a las generaciones venideras, esta humanidad decide construir un monumento para sí. Por ello, vemos que los elementos de la historia son atemporales y característico del espíritu del sistema de cosas reptiliano que las primeras comunidades de discípulos de Yeshúa sabían que había que evitar (1 Juan 2:15-17).

Alrededor del año 3.000 a.C., Nimrod, coronado como el primer rey emperador, fundó la ciudad de Babel, desde donde comenzó a gobernar la tierra en abierto desafío al Eterno Dios.

Nimrod era hijo de Kus, nieto de Cam y bisnieto de Noé y pasó a la historia como un célebre cazador, gran guerrero y despótico opresor, que se opuso a Yahvéh (Génesis 10: 8-11).

Según la tradición histórica, Nimrod hizo la guerra a la descendencia de Jafet, la esclavizó y le arrebató todas sus tierras. Y desafiando con soberbia a Yahvéh, nuestro Dios, ordenó construir una gran torre con el propósito de alcanzar el Cielo e invadir la propia morada del Creador. Su intención era robarle al Eterno los lineamientos y las pautas del diseño de Su Proyecto Mesiánico y el Plan de Salvación que en él se escondía.

Es evidente que Nimrod pretendía llegar hasta la mismísima residencia de Dios, desplazar su autoridad y lanzarse a la conquista del mundo aduciendo ser la «simiente de la mujer«, o sea el Mesías prometido en Edén (Génesis 3; 15).

La gran torre pensada por Nimrod dominaría la ciudad, tanto arquitectónica como culturalmente. Serviría como centro de la vida política y religiosa de la población, y sería un símbolo de su unidad y poder.

Y así fue que comenzaron los babilonios la colosal edificación, levantando una torre como jamás había visto el hombre. La torre de Babel fue un gran logro humano, una maravilla del mundo post-diluviano.; pero era un monumento dedicado a la gente mismo y no al verdadero Dios. Por ello, hoy es el símbolo más puro del sistema de gobierno antagónico que el mundo escogió desde el principio. Este sistema de gobierno excluye siempre al Creador Eterno, procurando la constante rebelión del ser humano, que conduce a colocar todo lo que el hombre hace por encima de todo. Este es el inicio del humanismo. Todo el conocimiento cainita (simiente de la serpiente) resucitó aquí, pero esta vez organizado en un sistema totalmente anti-Cristo, que ni el mismo Dios podría derrocar si se le permitía continuar (Génesis 11: 6).

El humanismo se inicia con la humanidad poniéndose en el lugar del Señor, y eliminándolo a Él del centro de nuestras vidas. Los humanistas no creen en Dios; por el contrario, ellos se convierten en un dios para sí mismos. Ellos sostienen que todo el mundo tiene el derecho a determinar su propio destino. Ellos creen en la ética situacional y no tienen ningún concepto de autoridad absoluta. Su deseo es forzar al Eterno a plegarse a su voluntad. Las Sagradas Escrituras revelan que las personas que piensan así son sabios a sus propios ojos e inteligentes a su propia vista (Isaías 5:21). Por eso,  sin duda alguna, el proyecto de Nimrod era un desafío a la soberanía del Eterno y a Su propósito mesiánico para con la humanidad.

El texto relata que el Altísimo supo acerca del desafío que se le hacía y decidió bajar a la Tierra para castigar tanta insolencia.

“ Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de Adán, y dijo. ‘He aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, y no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo. Ahora, pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda el habla del otro.”

(Génesis 11: 6-7)

Cayó la ira de Dios sobre Babel y se desplomó la gran torre provocando indescriptible espanto. Y ocurrió que la gente, dejó de entenderse y se dispersó por todas las regiones llena de espanto y temor.

Por esto es que conviene saber que el nombre hebreo de Babilonia es Babel, que significa «la puerta de Dios». Pero, es interesante decir, que a su vez, la palabra Babel se deriva de la raíz hebrea balal, que significa «trastornado» o «confundido». Por ello, Babel significaría “puerta en donde Dios trastorna y confunde”. La mayoría de los especialistas vincula a esta ciudad con Babilonia, la cual se convirtió finalmente en sinónimo de la última ciudad malvada que persiguió al pueblo de YHVH.

Esto fue, por supuesto, un acto de rebelión contra Dios en oposición con Su pacto con Noé (9:1 y 7).

Este logro humano orgulloso era nada más que un retorno al esfuerzo de Adán y Eva de ser como Dios a su manera tal y como la serpiente les dijo (Génesis 3:5). Todas este conjunto de naciones, bajo la guía de Nimrod, en el orgullo de sus corazones, querían decir: «Yo soy un dios» (Ezequiel 28:2). Y al hacerlo ellos estarían emulando al  padre de mentira, el diablo. De este modo el hombre rebelde emerge en forma independiente de la voluntad divina, declarándose por sí mismo capacitado para transforma todo (Mesías) sin necesidad de comulgar con el Eterno, su Fuente de propósito. Nimrod, y todos sus súbditos, querían ser autónomos y apropiarse del poder divino para gobernar sin el menor vestigio del reinado de Yahvéh. Querían trascender sus limitaciones humanas sin la Instrucción (Torah) del Eterno. Así es como nuevamente se manifestó la apostasía, trayendo nuevamente al hombre de pecado como un anti-diseño del propósito del Señor. Así será descrito, en el siglo I, por el apóstol Pablo este tipo de espíritu anti-Cristo:

«Éste se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el punto de adueñarse del templo del Señor y pretender ser Dios.»

(2 Tesalonicenses 2:4)

Por eso es que el objetivo de Nimrod fue frustrado por el mismo Yahvéh, y todos aquellos seres humanos fueron obligados por el Eterno a dispersarse por toda la faz de la tierra (11: 4). Este fue el método que el Señor usó para dispersar a los seres humanos de manera que el reino que hombre reptiliano (simiente de la serpiente) estaba creando nunca excluyera la manifestación del Reino de Dios.

Al leer este relato notamos que la Torre de Babel no era un monumento al único y verdadero Dios, sino a la humanidad orgullosa de su fuerza política. Revela la arrogante actitud del hombre, desafiante, rebelde contra YHVH. Y porque querían excluir a Dios, notamos que Su Nombre está apropiadamente ausente de esta sección. La expresión «hagámonos un nombre» (en hebreo Shem), habla de hacer una falsa imagen de Sem, en quien se concentraba las promesas de la bendición mesiánica (simiente de la mujer). Es decir que con esta palabra Nimrod y sus súbditos expresaron el deseo de establecer por ellos mismos un anti-Mesías de poder mundano que dirigiera los designios del destino planetario. La expresión refuerza la pretensión humana, su apetito de gloria, y su rebeldía contra el Eterno.  Anhelaban fama, sin darle la gloria al Nombre del Señor.  Esto se refuerza cuando consideramos detenidamente las palabras del Eterno sobre dicho intento

«… y se dijo: «Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr.»

(leer nuevamente verso 6)

Con estas palabras el Eterno reveló que la construcción del sistema de Babel era únicamente el inicio de un camino mayor de rebelión jamás visto en la historia humana, incluso hasta nuestros días. La reunión de todas la fuerzas materiales en un centro común hubiera conducido al despotismo universal y al desarrollo pleno de lo que, como anticristo, se reserva para el juicio de los últimos días.

Este proyecto reptiliano, hoy llamado «Babilonia la Grande» (Apocalipsis 17:5), es una civilización apoyada sólo en la autonomía y recursos humanos que rehúsa al Creador y Su Instrucción (Torah) y pierde por lo tanto la capacidad de oír al Eterno. Es una sociedad totalmente secular y, reitero, humanista, de cualquier lugar y cualquier época, que ubica al hombre en el centro del universo y lo erige como un dios. Se constituye por tanto en la civilización desafiante del propósito eterno de Dios y enemiga de la manifestación de Yeshúa, el Mesías (Hechos 4: 25-27). Por eso, en la Venida del Señor, esta civilización anti-Dios será finalmente enjuiciada y destruida (Ap. 18).

Por lo tanto, la Babel de la Tierra se contrapone a la Jerusalén celestial; la ciudad del hombre se opuso a la ciudad de Dios.

Volviendo a releer el relato, diré que frente a esta actitud desafiante, el Eterno responde con justicia, pero usando la misericordia en fidelidad a Su naturaleza amorosa y a Su promesa de no destruir totalmente a la humanidad.

En primer lugar, el Eterno reconoce que el proyecto humano se debe a la unidad y al poder del acuerdo mutuo de desafío.

En segundo lugar, el Eterno, en su divinidad plena, decide truncar el proyecto que alejaría a la humanidad del propósito divino y causaría su autodestrucción. Dos acciones divinas logran este doble cometido: confunde el lenguaje que los hombres dominaban (el lenguaje del Uno) y los dispersa sobre la faz de la Tierra.

Diré aquí, que la confusión del lenguaje no es tan sólo la diversidad de idiomas que crea barreras a las naciones, sino más bien la diversidad de intereses y ambiciones que mantiene a las naciones desunidas y en constante conflictos y guerras.

Si ahora reflexionáramos rápidamente en la Historia Universal de la humanidad, notaremos que a través de las distintas épocas, grupos de naciones por decisión voluntaria o por imposiciones, con fundamentos políticos o religiosos, se han unido, se han engrandecido y han creado civilizaciones imperialistas que rechazan al Eterno y Su Instrucción, tal y como fue en Babel. Las mismas, volviéndose idólatras, rechazan y violan el propósito eterno de Dios para la humanidad. Las violaciones más comunes son las de opresión política y social, explotación comercial desequilibrada que enriquece a unos pocos, en la cima de la pirámide o torre, y empobrece a otros en su base. De ese modo aparecen sus expresiones más violentas, como la esclavitud, la depredación de recursos naturales, destrucciones de territorios, razas y culturas enteras, llegando finalmente al genocidio.

Por eso, hoy al estudiar este proyecto reptiliano llamado Babel o Babilonia, podemos rescatar dos principios importantes:

  • Primero: el hombre no redimido continuamente rechaza al Eterno y Su Torah (Instrucción) creando una civilización anti-amor, totalmente inhumana y explotadora.
  • Segundo: El Eterno no tolera dicho proyecto, llámense Imperios, Uniones de Repúblicas, o de Estados, Confederaciones, Ligas o Comunidades de naciones. Por eso siempre y cuando una civilización busca la unidad en arrogancia, cae bajo los juicios divinos y es totalmente desbaratada (Salmo 2: 1-5; Isaías 7; Romanos 2).

La ciudad primitiva, anti-Mesías, que no se llega a terminar, es hoy el símbolo de la inagotable y obsesionada búsqueda del hombre de la «religión perfecta», ecuménica o universal que permite un único gobierno y una sola economía mundial. Pero esto es una quimera, un imposible. Por más que nos empeñemos, ya nos advierte el Señor que no es ese Su camino y por esto el nombre de ella es Babel, que significa confusión espiritual para conocer a Dios. El mensaje está bien claro para todos los hombres. La verdadera unidad se basa únicamente en el Señor y en la vida espiritual que  en Él hay y que fluye hacia los hombres por medio del Mesías y Su Yugo bendito.

«Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos«.

(Efesios 4:4-6)
Cuando cualquier ser humano se revela contra el Eterno, Él viene, como Señor, para ver lo que está ocurriendo y lo confunde. El Señor castigará la arrogancia y la desobediencia.
Todo queda bien claro: ¡La confusión es, y será, siempre el destino inevitable de todos los planes hechos por el hombre sin Dios!

Sem, Cam y Jafet: Tres Nombres para Tres Culturas

Por P.A. David Nesher

“Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet (y Cam es el padre de Canaán).
Estos tres son los hijos de Noé, y de éstos se pobló toda la tierra”.

(Génesis 9:18-19)

 

Al leer el Bereshit en el capítulo noveno, nos encontramos con un mensaje trascendental para la humanidad de todos los tiempos, y en especial para nosotros hoy.

Sem, Cam y Jafet, los responsables de repoblar la Tierra, parecen haber impreso sus propias características en sus descendientes.

A los fines mismos del escritor (Moshé) inspirado por el Espíritu del Eterno, sus mismos nombres son simbólicos y proféticos. Y es que Sem, Jam y Jafet representan tres culturas.

Jam (Cam): significa “caliente”, o “calor ardiente”.

El calor en la mentalidad hebrea tiene que ver con los placeres. Por ende, Cam representa a la cultura que busca el placer por el placer en sí. Esto se llama hedonismo. El placer que es un medio a través de esta cultura se transforma en un fin.

Yefet (Jafet): signifiva «belleza» o «hermoso«.

Representa a la cultura que busca la belleza de las cosas como fin único. Esta es la base del humanismo. Esta cultura procura constantemente una ilimitada producción de belleza y goce de lo hermoso de las cosas materiales.

Shem: significa “El Nombre de Gloria”.

Esta es la cultura de la esencia. La que conduce al ser humano a investigar por la esencia de las cosas. Buscar la dimensión espiritual de todo, para poder conectarnos al Eterno.

¿ Cuál es el mensaje para nosotros en estos tres nombres ?

sem-cam-jafet

Moshé, persigue demostrar cómo, de este modo, la cultura hedonista sumada a los conceptos de la cultura humanista, reafirmaron el marco declarativo que permitió la resurrección del materialismo anti-Mesías que la serpiente había instalado en la mente de la humanidad del Edén. Fue de los descendientes de Cam y Jafet como la humanidad volvió a constituir un sistema opresor que quedó representado por la Torre de Babel.

Por ello, el Espíritu del Señor deja bien claro cuál es el secreto para vencer esta tendencia del hombre a irse tras la condenación. La sabiduría de la cultura de Shem es saber utilizar el placer y la belleza como medios que permitan glorificar el Nombre del Eterno. Con esta forma de vivir evitamos ser esclavo de la vida moderna que corre sujeta a los lineamientos de un humanismo relativista que ha convertido al hedonismo (buscar el placer por placer mismo) en el leitmotiv de la mayoría de los seres humanos actuales.


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer donativos a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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El Diluvio en la Cosmovisión de las Primeras Comunidades Mesiánicas

Por P.A. David Nesher

 

“Estos IGNORAN VOLUNTARIAMENTE, que en el tiempo antiguo fueron hechos POR LA PALABRA DE DIOS, los cielos y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el MUNDO DE ENTONCES PERECIÓ ANEGADO EN AGUA”.

(2 Pedro 2: 5-6)

 

En los libros del, teológicamente  denominado, Nuevo Testamento encontramos muchas referencias al Diluvio universal. Esto nos obliga a considerar cuál era la cosmovisión que tenían las primeras comunidades de discípulos de Yeshúa respecto a este evento.

Evidentemente, tanto los apóstoles, como los discípulos que ellos hacían, tenían el mismo mensaje de proclamación a la hora de advertir.

Lo primero que encontramos es que en el mensaje escatológico del Mesías, este evento tenía mucha importancia a la hora de considerar los días postreros. Primeramente diré que al mencionar que sería como en los días de Noé, nuestro amado Señor estaba mostrando que el libro de Génesis es un relato histórico y genuino.

Nuestro Señor Yeshúa habló claramente sobre esta catástrofe cuando se refirió a su regreso a la Tierra. Podemos leer en lo que Él dijo:

 

«La venida del Hijo del Hombre será como en tiempos de Noé. Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no supieron nada de lo que sucedería hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos. Así será en la venida del Hijo del Hombre«

(Mateo 24:37-39)

En segundo lugar, es evidente que en el mensaje de nuestro Amado estaba la conciencia de que al igual que en los días de Noé, Dios tiene preparado un día exacto para castigar eternamente a todos los impíos (Apocalipsis 20:11-15).

Por estos énfasis proféticos del mensaje mesiánicos, sus emisarios o apóstoles también mantuvieron estos lineamientos en el kerigma (proclamación) y la doctrina apostólica con la que guiaban a las primeras comunidades por el mundo conocido.

Podemos ver que la referencia al Diluvio que hacen los escritores neotestamentarios servía a sus lectores como advertencia de que el Eterno es el Justo (Tzadik) Juez de todo el mundo y que castigará inexorablemente el pecado y librará de la prueba a todos los piadosos de la Tierra (2 Pedro 2: 5-9).

Los apóstoles y sus discípulos aseguraban al proclamar que en el tiempo de Noé, Yahvéh destruyó al mundo prediluviano con agua, pero en el futuro lo hará con fuego (2 Pedro 3: 4-14). Ellos sabían que esto será el preludio para establecer un nuevo orden, en el que morará la Justicia.

Para la Asamblea de primogénitos de los primeros siglos el carácter repentino e inesperado del Diluvio ilustra la manera en que ocurrirá la Segunda Venida de Cristo, y enseña que el creyente debe estar preparado en todo momento para aquel día (Mateo 24: 36-42).

Interesante es también señalar que el apóstol Pedro vio un paralelo entre el bautismo en agua del neo-nacido en Cristo y la salvación de Noaj y su familia en medio de las aguas (1 Pedro 3:20-22). Los primeros discípulos interpretaban que el agua simboliza el juicio de Dios sobre el pecado como su resultado la muerte. El bautismo significa que el creyentes se une espiritualmente a Yeshúa en su muerte y resurrección. Al igula que Noaj en el arca, el creyente en el Mesías pasa ileso por las aguas de juicio y muerte para habitar en una nueva creación. En el Gólgota todas las fuentes del gran abismo fueron rotas, y las aguas del juicio subierno sobre el Mesías, ofrecido voluntariamente como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Por ello, ninguna gota de condenación alcanza al creyente pues el Eterno, en Su Hijo ha cerrado la puerta de la vieja naturaleza.

El arca era la única vía de escape que el Eterno proveyó para la humanidad contemporánea de Noaj,  y había solamente una puerta para entrar en dicha nave de salvación(6:16). Yeshúa utilizó la analogía de la puerta para enfatizar el hecho de que él es la única entrada en el Reino de Dios. Él dijo: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos» (Juan 10:9). Teniendo esto en mente el apóstol Pedro proclamo: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). Para las primeras comunidades de discípulos estaba bien claro que todos pueden venir al Eterno, pero sí o sí deben hacerlo a través de la única puerta de salvación: Yeshúa, el Mesías.

Interesante es conocer que en los primeros siglos de las comunidades del Mesías se interpretaba la palabra hebrea de Génesis 6:14 zettet, no como «calafatear» sino como «cubrir». Esto es porque en ninguna parte de los Libros del Antiguo Pacto está traducida «calafatear», sino que más bien en todos lados se traduce «hacer expiación.» Los discípulos de los primeros siglos entendía que el arca fue cubierta tanto adentro como afuera para quedar a prueba de agua. De igual modo los hijos del Eterno hemos sido protegidos de la ira de Dios por la perfecta cobertura que viene de Yeshúa, nuestra arca de Salvación. Nuestro abrigo de la ira de Dios se encuentra solamente debajo de la sangre del Mesías.  Tal y como el apóstol Juan lo dice:

«pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado«

(1 Juan 1:7)

También el apóstol Pablo asegura:

 «Él (Yeshúa) se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras...»

(Tito 2:14)

Nosotros, debemos discernir que en nuestras días existe una urgencia celestial para que más seres humanos entren en el arca. Una vez que se cierre la puerta, nadie más puede entrar.

«Los que entraron eran macho y hembra de cada especie, como le había mandado Dios; y YHVH le cerró la puerta«

(Génesis 7:16)

Hoy, al igual que las primera comunidades tenemos que descansar en la certeza de que hemos sido redimidos «sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (I Pedro 1:19). Esa es la única cobertura que nos protege de la ira de Dios. Desde esta convicción debemos convertirnos como Noaj en pregoneros de justicia, tal y como los primeros discípulos procuraban día a día ser.

 

Bitácoras Relacionadas:

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Relatos Antiguos del Diluvio

 

El Nuevo Mundo y la Nueva Humanidad que Noé comenzó para preservar la Vida

Al salir del arca Noaj (Noé) entró en un mundo purificado por la Justicia divina; figurativamente era una nueva creación, y por lo tanto, él y su familia tenían la misión de iniciar una nueva humanidad que se conformara a los designios del diseño original de Yahvéh.

Al concluir el Diluvio, el proceso de juicio reveló cuál fue la intención del Eterno al actuar así sobre el planeta. Con la desaparición de lo Nefilim (clones surgidos de la mezcla de ángeles y mujeres cainitas), y de los héroes anti-Mesías, se reafirmó el dominio original de los seres humanos sobre la Tierra.

Por tal motivo, Noaj, al salir del arca, lo primero que hace es reconocer el favor inmerecido de Dios (Su Gracia benevolente) construyendo un altar y ofreciendo en él holocaustos (Gén. 9:20). El agradecimiento por la liberación redentora fluía de tal modo en los corazones de aquellos escogidos que consagraron en este acto de adoración sus vidas al Eterno para asegurarse éxito en el futuro que les esperaba.

El holocausto (hebreo olá) es la ofrenda totalmente dedicada a Dios. Lo que se ofrece, se pone en el altar y se quema en su totalidad convirtiéndolo en humo que sube hasta los cielos, simbolizando la Presencia de Dios. Esta ofrenda indica el reconocimiento del favor inmerecido de Dios y la dedicación total del ofertante al Eterno (Levítico 1: 1-17).

Por esto, el Eterno acepta con agrado la ofrenda de Noaj y decide hacer un pacto de nueva relación con la creación y particularmente con la humanidad, su representante ante aquella.

estableció el nuevo orden dando provisiones básicas por las cuales la vida del hombre se regirá en Tierra después del diluvio:

  1. Para dar seguridad a todos los humanos prometió que las estaciones del año quedarían restablecidas para siempre, asegurando, por medio de ellas, estabilidad y sustento (Hechos 14: 16-17).
  2. Instituyó la Ley de Siembre y Cosecha (Génesis 8:22)
  3. Reiteró el mandamiento de que el hombre se multiplicara.
  4. Confirmó el dominio sobre los animales  dándoles permiso de comer su carne pero no su sangre.
  5. Estableció la pena capital.
  6. Hizo pacto con el hombre prometiendo que jamás volvería a destruir la Tierra por medio de un Diluvio (Génesis 8:21).

El Eterno, a través de este pacto, tuvo la bondad de permitirles añadir la carne animal a su dieta. Sin embargo, tenían que reconocer que la vida de todo animal que mataran para comer pertenecía a Dios, y debían demostrarlo derramando la sangre en el suelo como agua. Este era un modo de devolverla a Dios y no utilizarla para propósitos personales. (Deuteronomio 12: 15- 16).

 

¿Por qué se prohibió comer la sangre?

«… Pero no deberán comer carne con su vida, es decir, con su sangre»

(Génesis 9:4)

Yahvéh aquí es bien claro al decir que la sangre debe ser drenada antes de comer. La sangre es el elemento físico contenedor o sede de la energía vital que la Vida confiere al ser humano y los animales. La sangre está tan enlazada con los procesos de la vida que en la Biblia asegura que el alma está en la sangre.

 

El Eterno es la fuente de la vida. (Salmo 36:9.) El hombre no puede devolver una vida que haya quitado. “Todas las almas… a mí me pertenecen”, dice Yahvéh. (Ezequiel 18:4.) Por lo tanto, quitar una vida es quitar la propiedad de Dios. Todo ser vivo tiene un propósito y un lugar en la creación de Dios.

 

Por ello, la sangre es tomada como símbolo de la vida, que solamente el Eterno puede dar. Esa es la razón por la que el ser humano debe entender que la sangre le pertenece a Dios y el hombre no debe tomarla. Esta prohibición permitió preparar la conciencia de la humanidad en el significado de la expiación mesiánica:

 

 «Porque la vida de toda criatura está en la sangre. Yo mismo se la he dado a ustedes sobre el altar, para que hagan propiciación (expiación) por ustedes mismos, ya que la propiciación se hace por medio de la sangre.»

(Levítico 17: 11)

La sangre representa así una vida entregada obedientemente a la muerte (Levítico 17: 10-14). Para ampliar este tema pueden ver también Deuteronomio 12:15-16 y 20-25). La vida de un animal derramada sobre el altar de los sacrificios, fue aceptada por Dios como una muerte sustitutiva por la vida de un pecador culpable, que merecía la muerte, pero que se le permitió vivir por el sacrificio. La sangre de un holocausto mesiánico cubre los pecados. Pero, claro está, que la sangre de los animales podría cubrir, por supuesto sólo figurativamente, los pecados. La realidad representada por la figura fue el sacrificio del Cordero de Dios, Jesús (Yeshúa) el Cristo (Mesías), que se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo (Hebreos 9:26).

 

Lo primero que Yahvéh señalará en su trato con esta nueva humanidad, establecida en Noaj y sus hijos, será el concepto de la santidad de la vida, y la responsabilidad de cada ser humano de trabajar por la valorización de la misma. Aquí el Eterno se le revelará al hombre como el principal defensor de la vida, y así le mostrará que todo ser humano debe ser un aliado divino en la defensa de la misma.

 

Toda sangre que es la vida le pertenece al Eterno, pero por sobre todo la sangre del hombre a quien hizo a Su imagen para que se conformen a Su semejanza (Génesis 1: 26; 9:6). Arrancar una vida humana es violar la imagen de Dio en el ser humano que debería ser respetada y reverenciada. La vida, aun la prenatal en todas sus faces, siempre es un milagro, y por lo tanto, nadie debe creer que tiene el derecho de derramar sangre de un semejante inocente. La vida es la herencia que el Eterno le dio al hombre, por lo tanto este está obligado a cuidarla y defenderla  en sí mismo y en su entorno.

 

No se puede derramar la sangre del ser humano impunemente, pues el Eterno pedirá cuenta al hombre o animal que que atente contra la vida de un ser humano:

 

«El que derrame sangre de hombre, por los hombres su sangre será derramada, porque a imagen de Elohim hizo Él al hombre»

(Génesis 9:5-6).

Así Yahvéh establece la pena capital (o de muerte) para el homicida y la ejecución de este la dejará en manos de las autoridades humanas competentes. Esta medida afirma la santidad de la vida y evita la violencia destructiva innata en el ser humano.

De este modo, el Eterno dejará claro que el hombre tenía el derecho de disfrutar de la vida que Dios le había concedido, y cualquiera que le privara de esa vida sería responsable ante Dios. Esto ya había quedado revelado cuando Dios dijo al asesino Caín: “La sangre de tu hermano está clamando a mí desde el suelo” (Gé 4:10). Debido a este punto de vista de Dios sobre el valor de la sangre, se sabía que la sangre de una persona asesinada contaminaba la tierra, una contaminación que solo podía expiarse si se derramaba la sangre del homicida. Tomando esto como base, la Biblia autorizaba la pena capital para el asesino, la cual se ejecutaba mediante la autoridad debidamente constituida. (Números 35:33; Génesis 9:5, 6.)

 

Esto prepara el escenario para los fundamentos del Gobierno Civil o humano. Bajo el pacto de Dios con Noaj, la pena de muerte era obligatoria por el delito de asesinato. El objetivo divino de esta pena será castigar al asesino. La gente de hoy se distrae en el debate de la rehabilitación. ¿En verdad, la prisión tiene que rehabilitar al asesino? Aquí, el Eterno revela  que esa no es la cuestión. En el Israel antiguo no estaba permitido aceptar ningún rescate para librar de la pena de muerte a un asesino deliberado. (Número 35:19-21, 31.)

 

En esencia, vemos que el nuevo orden que se estableció por medio de este pacto garantizaba la estabilidad de la naturaleza esencial de todas las cosa. Esto ayudó a garantizar el orden estable para el desarrollo de esa nueva humanidad que estaba comenzando.

Los descendientes de Noaj conocieron que el derecho civil o humano era necesario para la estabilidad de la vida y que la maldad no debe quedar impune, como fue antes que las aguas diluvianas destruyeran el viejo orden. Con este fundamento de lo civil el ser humano desarrolla una conciencia con sentido de responsabilidad total por el sistema y decide tener un interés mucho mayor en el mantenimiento de la justicia y hacer cumplir las leyes. En otras palabras, Yahvéh, nuestro Elohim ha decidido que el ser humano aprenda el valor y el ejercicio de la justicia. Él nos ha entregado pero la responsabilidad se ha dado a nosotros y somos libres de tener éxito o fallar.

 

Con el tiempo, a través de Moshé, el Eterno reveló en Su Instrucción, que incluso si alguien odiaba a su hermano hasta el grado de desear verlo muerto, o lo calumniaba o daba un falso testimonio contra él con el objeto de poner en peligro su vida, se hacía culpable de la sangre de su prójimo. (Levítico 19:16; Dt. 19:18-21; 1Jn 3:15).

¿Cómo consideraron el Relato del Diluvio otros Escritores Bíblicos?

Por P.A. David Nesher

 

Cuando transitamos por una simple lectura de la Biblia notamos que aparte del relato de Génesis, las Sagradas Escrituras contienen muchas referencias a Noé y al Diluvio.

A continuación enumeraré los pasajes dónde esto ocurre:

  1. El historiador Esdras, importante sacerdote israelita, comprometido con la recopilación seria de documentación genealógica, alista a Noaj (Noé) y a sus hijos (Sem, Cam y Jafet) en la genealogía de la nación de Israel (1 Crónicas 1:4-17).
  2. El médico y evangelista Lucas incluye a Noé cuando enumera a los antecesores de Jesucristo (Lucas 3:36).
  3. El apóstol Pedro hace varias referencias al relato del Diluvio al escribir a sus hermanos cristianos (2 Pedro 2:5; 3:5, 6).
  4. El apóstol Pablo califica como un gran acto de fe de parte de Noé la construcción del arca para la salvación de su casa (Hebreos 11:7)

¿Existe alguna duda de que estos escritores bíblicos inspirados aceptaban el relato del Diluvio que aparece en Génesis? Indudablemente, ellos lo consideraron un acontecimiento real.

Para nuestro Mesías Yeshúa el diluvio (Génesis 6-9) fue un evento histórico. Él dice:

«Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre»

(Mateo 24:37,38)

Yeshúa nos explica aquí que el hombre coetáneo de Noaj se dedicaba sólo a disfrutar de la vida sin ofrecer al Eterno su respeto y su entrega, bebiendo todo el tiempo y sin más objetivos que tomar el diseño divino del matrimonio como un pretexto para justificar su hedonismo, no dándose cuenta de su error hasta que fue demasiado tarde.

Por eso, si alguno dice que el diluvio es ficción, niegan la palabra de Yeshúa, nuestro Señor mismo.

Bitácora Relacionada:

El Diluvio en la Cosmovisión de las Primeras Comunidades Mesiánicas

Códigos de una Generación Salvada

En otra bitácora los he capacitado acerca de quién es el escritor del libro Bereshit (Génesis) y cómo construyó la estructura literaria que constituye a la obra en sí (los invito a leer y repasar esto en: ¿Quién escribió el Bereshit (Génesis)?).

Desde esta enseñanza sabemos que Moisés editó y compiló doce genealogías en este libro. Justamente palabra hebrea estructural más importante que encontramos en el libro de Bereshit (Génesis) es toldot (plural de toldá). Significa: “el relato”, “el escrito de”, “descendientes”, “la historia”, “las memorias”, “la crónica”, o también se traduce: “esto es lo que pasó con estos hombres y sus descendientes”. El sustantivo se traduce a menudo como: las generaciones, las historias o descendientes. Un dato curioso para aportar es que la palabra toldot deriva el nombre de la ciudad de Toledo en España en referencia a los desdientes judíos que la poblaron y la desarrollaron.

Continuando con los códigos bíblicos que pretendo descifrar con ustedes notamos que después de la sección en el relato escrito de las «Generaciones de Adán» (cap. 5:1 al cap. 6:8), tenemos el cuarto toldot del libro: el relato escrito de las Generaciones de Noé.

Es muy importante reparar en el hecho profético de que el toldot anterior pasó de la bendición de Set a la maldición de los ángeles caídos y devenidos en demonio. En cambio, este toldot hace un camino inverso ya que irá desde la maldición del diluvio a la bendición de la Salvación del Eterno. Por lo tanto, lo que esta cuarta genealogía nos dice es qué fue de Noé. Y qué fue de Noé cuando Él lo salvó por medio del arca, que es un tipo de salvación por medio de el Mesías Yeshúa (I Pedro 3:20-21).

Será interesante resaltar aquí que el relato completo del diluvio sigue una estructura en oposición simétrica. Hay un paralelismo, en donde la primera letra es lo opuesto de la segunda letra, y así sucesivamente; y donde la letra F es el punto de inflexión o de cambio. Miremos esto en forma detallada:

A Dios decide destruir a la humanidad con un diluvio (6:11-13)

B Noé construye un arca (6:14-22)

C Dios ordena a Noé entrar al arca (7:1-9)

D El diluvio comienza (7:10-16)

E La inundación cubre la tierra durante 150 días cubriendo las montañas (7:17-24)

F  _ Dios se acuerda de Noé (8:1a) _

E La inundación termina después de 150 días, y las montañas son visibles (8:1b- 5)

D La tierra se seca (8:6-14)

C Dios ordena a Noé salir del arca (8:15-19)

B Noé construye un altar (8:20)

A Dios resuelve no tratar más a la humanidad destruyéndola con un diluvio (8:21-22)

 

 

Otra particularidad de este toldot tiene que ver con el valor profético del número siete. Este aparece bajo distintos lineamientos ofreciendo un mensaje lleno de espiritualidad a los que estudian esta porción. Importante será para nosotros entender que en las Sagradas Escrituras los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje (o sentido gemátrico). Por lo tanto, es muy importante, tomar un tiempo especial bajo oración, y profundizar en los detalles de dichos símbolos y el mensaje que nuestro Abba quiere darnos.

El número siete es también muy importante en este toldot. Primeramente, diré que el número 7 (siete) siempre comunica la idea de perfección y plenitud en dones. Permítanme explicar esto. En hebreos, la palabra «siete» es «chevah» que viene de la raíz «Sabah«, que quiere decir lleno o satisfecho, tener suficiente. Por lo tanto, el significado de la palabra «siete» es denominado por esta raíz, y señala a aquello que está pleno y completo, bueno y perfecto. El siete, por lo tanto, sella con PERFECCIÓN y cabalidad aquello en relación a lo cual es usado.

Ahora veamos al texto del Bereshit y descubramos la mención de este número:

Siete días son mencionados (7:4 y 10 , 8:10 y 12).

  • Hay siete pares de animales puros y aves (7:2-3).
  • Dios habló a Noé siete veces (6:13; 7:1; 8:15; 9:1, 8, 2, 17).
  • La raíz hebrea asá: hacer o fabricar, se usa siete veces en 6:13-22, en relación con la construcción del arca.
  • La raíz de la palabra venir se usa siete veces desde 7:1-16.
  • La raíz de destruir, borrar o eliminar se usa siete veces en el relato del Diluvio.
  • La palabra pacto se usa siete veces desde 9:8-17.
  • Y, por último, el nombre de Noé aparece treinta y cinco veces (5X7) en el relato completo del Diluvio.

En este toldot (relato) el Espíritu del Señor revela que Yahvéh, nuestro Dios, está siempre activo en Su Gracia buscando conducir todo acontecimiento de la Historia Humana a los ámbitos de Su Salvación a fin de que la obra mesiánica de Yeshúa se manifieste salvando a los hombres que responde a Su llamado.

 

 

¿Reconoció Dios que cometió un Error?

Por P.A. David Nesher

«Y vio Yahvéh que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Y se arrepintió Yahvéh de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón«.

(Génesis 6: 5- 6)

Comencé citando literalmente el texto de la versión Reina-Valera 1960 que es la traducción que más permite el plantea de la pregunta con la que encabecé a esta bitácora.

Ahora haré lo que ya todos los discípulos de Yeshúa a quienes sirvo saben que hago, cuando un texto bíblico genera incógnitas por causa del sentido idiomático mismo.  Consideraré junto a ustedes el famoso adagio italiano: “traduttore, traditore”. Toda traducción contiene una traición. Esto lo hago porque este proverbio italiano es un juego de palabras basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Lamentablemente, existe una línea interpretativa, llamada teísmo abierto que insiste en creer que Dios se arrepintió con tristeza porque estaba sorprendido o desconocía la profundidad de la naturaleza pecadora del hombre en que cayó. Así, desde este versículo, se afirma que Dios desconoce lo que las personas escogerán hacer. Por ello, y bajo la sutil influencia de este pensamiento, incontables mentes humanas, al llegar a este texto se cuestionan lo siguiente:

¿Quiere decir que Dios  se arrepintió de crear a la humanidad en el sentido de reconocer que había cometido un error? ¿En verdad, se da a entender que Dios cambia de opinión?

Para poder aclarar estos planteamientos llenos de sinceridad, me corresponde decirles que todo texto bíblico debe ser considerado desde el contexto escritural general. Desde aquí acudiremos ahora a las Sagradas Escrituras y notaremos que estas dicen que YHVH no cambia. Esto significa que no cambia su naturaleza, ni tampoco sus decisiones, ni su manera de pensar, ni su voluntad.

“Porque yo YHVH no cambio;

por esto, hijos de Yacov (Jacob), no habéis sido consumidos»

(Malaquías 3:6)

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”

(Santiago 1:17)

“Por lo cual, queriendo Elohim mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”

(Hebreos 6:18)

Por todo este contexto general de la revelación escritural concluimos que nuestro Todopoderoso Abba es UNO y ÚNICO y que en Él no hay error ni imperfección.

Por eso, al regresar al texto del sexto capítulo de Bereshi (Génesis), debemos considerar algunos aspectos claves para la excelente interpretación del mismo.

En primer lugar, aceptemos que el relato que Moshé hace en los capítulos 4 al 6 pretende llevar a sus lectores a tomar conciencia de lo que produce en la historia la degradación humana en su descenso (yrida) a la bestialización (para entender esto invito a leer: ¿Hombre en señorío o humano bestializado?) Con estas líneas el Eterno quiere revelar cómo es el proceso de la precipitación humana hacia la degradación, y su necesidad absoluta de redención y restauración por medio de Su Gracia.

Antes de continuar, quiero dar gloria al Eterno por haberme conducido en Su bendita Unción a vivir en el convencimiento de la importancia de conocer las raíces hebreas de nuestra fe en Yeshúa. Cuan prioritario es para el sincero investigador de las Sagradas Escrituras ir al hebreo cada vez que estudiamos la TaNak (mal llamado Antiguo Testamento en la teología cristiana).

Por eso, veamos nuevamente lo que nos dice la versión Reina Valera 1960:

“Y se arrepintió YHWH de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.

(Génesis 6:6)

¿Qué nos dice el hebreo?

Veamos:

ו וַּיִּנָּחֶּם יְהוָּה , כִּי -עָּשָּה אֶּת -הָּאָדָּם בָּאָרֶּץ ; וַּיִּתְעַּצֵּב , אֶּל -לִּבו

Leído en nuestro idioma se pronuncia así:

“VAINAJEM” YHVH KI-ASAH ET-HA'ADAM BA'ARETZ VAIT'ATZEV EL-LIBO"

Traducido esto al español en forma correcta se debe leer:

«Y SE CONSOLÓ YHVH PORQUE HABÍA HECHO AL HOMBRE EN LA TIERRA Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN»

Primero la palabra hebrea que aparece ahí en el verso 6 del capítulo 6 de Bereshit (Génesis) que los “traductores” de la Reina Valera y de otras versiones vierten como “arrepentimiento” es “nakjám” y puede traducirse como “consolarse”, “suspirar fuertemente en exhalación” o “lamento”. “Nakjám” es una expresión hebrea que se usa para:

  • Sentir pena por algo o alguien
  • Sentir pesar por algo o alguien
  • Sentir dolor por algo o alguien
  • Entristecerse por algo o alguien
  • Sentir un corte hasta lo más profundo del corazón.

Por lo tanto, en este texto tiene la connotación de «haberse dolido» o “haberse consolado” por la situación infrahumana que la humanidad había alcanzado según el contexto de la historia del capítulo seis. No sólo la mayoría de los seres humanos se había corrompido por completo, además “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (v. 11). Es decir que la humanidad se había vuelto tan violenta que Dios se vio en la necesidad intervenir. El mundo había dejado de ser un lugar seguro en todos sus ámbitos existenciales.

No es que Dios se había equivocado al crear al hombre; pero sí le dolía ver los errores que el ser humano estaba cometiendo. La causa de su dolor era la humanidad en sí, no el hecho de haberla creado. En otras palabras, el comportamiento del hombre no fue una sorpresa o algo inesperado para Él.

El Eterno no se arrepintió de algo que hizo. Él es perfecto y por lo tanto nunca se equivoca (cf. Salmos 18:30). Bajo este entendimiento entendemos que YHVH se consoló asimismo por haber hecho al hombre en la Tierra, no por haber cometido un error en su creación, ni porque ésta fuera imperfecta, sino porque que las condiciones en las cuales el hombre estaba eran lamentables y tristes para él, me refiero a la ya habituada y constante inclinación al mal que los hombres y mujeres tenían (v. 5).  ¿Logra usted discernirlo?

Una clave para entender bien este pasaje se encuentra en el mismo polémico verso 6, que dice; “Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN”. O sea, que el asunto aquí no es una actitud de arrepentimiento por haber hecho algo mal, sino que una actitud de consuelo y tristeza por la condición del hombre quien estaba de continuo inclinado al mal habiendo así torcido su esencia a condicionamientos del inframundo (Sitrá AjRá) mismo.

La voluntad de Dios al crear al hombre fue que éste lo sirviera fielmente sujetándose a la Sabiduría de Su Instrucción. Cuando el hombre se volvió exageradamente pecaminoso, el Eterno sintió tristeza por los resultados de haber creado al hombre. Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Siguió siendo Su voluntad que el hombre le sirviera y procedió a eliminar a aquellos hombres que no aceptaban esta voluntad divina por medio de un terrible diluvio.

Otro ejemplo del uso de nakjám en el contexto del Eterno Dios está en 1 Samuel 15:35, cuando Dios se arrepentía [nakjám] de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. Una vez más, Yahvéh no se estaba lamentando de su decisión, sino de los errores de Saúl. La voluntad de Dios al escoger a Saúl como rey sobre Israel fue que Saúl le obedeciera y que sirviera de ejemplo a todo Israel como un siervo de Dios. Cuando Saúl le desobedeció, Yahvéh sintió el pesar por los resultados de la rebeldía de Saúl (1 Samuel 15:11). Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Él continuó en Su anhelo de poner como rey sobre Israel a un hombre fiel. Por tanto, anunció que haba quitado el reino de Saúl por su desobediencia y lo dio aun hombre más fiel (1 Samuel 15:28,29).

En otras palabras, Dios puede llegar a cambiar su actitud para con la humanidad con base al comportamiento humano (generalmente cuando hay pecado o error). Cuando nos equivocamos, Dios se lamenta profundamente viendo que insistimos en tomar decisiones que nos hacen daño. Esta es la diferencia entre el arrepentimiento humano (volverse del pecado para seguir a la Instrucción de Dios) y el arrepentimiento a nivel de Dios (cambiar su actitud hacia la humanidad con base a nuestro comportamiento).

Las Sagradas Escrituras describen muchas situaciones en las que Dios se ha lamentado o ha cambiado su curso de acción, y esto siempre es debido a errores humanos.

Por otra parte un ejemplo sencillo de esto es Cuando en Génesis dice «Y se acordó Elohim de Noaj (Noé)” (Génesis 8:1) como si se hubiera olvidado de él, es a mi parecer, un asunto de «lenguaje figurado» de las escrituras hebreas, donde nos encontramos con un «antropomorfismo», ósea, se le atribuyen características de hombre a Elohim, para hacerlo más cercanos a nuestra naturaleza. Es el hombre quien se arrepiente, olvida, peca, etc. y no YHVH. Para una sana «interpretación», es necesario considerar el lenguaje figurado, entre otras cosas. Recuerde «un texto fuera de contexto siempre sirve para un pretexto«.

Como dijimos, el Eterno se dolió al ver la profunda corrupción del camino de vida que la humanidad había escogido (Génesis 6:5). El relato deja claro que, con todo, Dios siente pesar cuando ve que la gente lo desprecia o lo desobedece. La Escritura está aquí describiendo a ese sentimiento que invade a todo padre cuando ve a sus hijos tomando malas decisiones que le llevan a errar y consecuentemente a sufrir. Esto experimentó el Altísimo cuando miró a Sus criaturas haciendo lo malo ante Sus ojos.

Pero esto no significa que se haya equivocado al crear al ser humano. Su dolor fue causado por el catastrófico estado al que la rebelde humanidad había llegado en la época pre-diluviana.  Pero la decisión estaba ya tomada, era momento de reemplazar a la humanidad, la gente de esa época sería arrasada.

Sin embargo, el dolor que los hombres le causaron no hizo que cambiara su forma de ver a la humanidad. El cambio de disposición de Dios hacia la humanidad pre-diluviana no le hizo en manera alguna abandonar Sus consejos eternos; de hecho, salvó a la raza humana al haber protegido a Noé y su familia del Diluvio (Génesis 8:21; 2 Pedro 2:5, 9).

Yahvéh conservó a este grupo de escogidos para formar un tronco de linaje nuevo, en un mundo purificado por el juicio, y en vista de introducir finalmente el Hijo del Hombre, nuestro Mesías, como cabeza de la creación y de todas las cosas.

Fue, pues, la desobediencia del hombre a la condición que Dios le puso para bendecirlo, lo que hizo cambiar a Dios tocante a Su disposición hacia aquél, y fue la inmutabilidad de la naturaleza de Sus consejos lo que preservó a Noé y su casa.

La corrupción del hombre no fue una sorpresa para el Eterno, ni sintió que crearlo hubiera sido un error. Es más, Dios siguió trabajando con los seres humanos después de esto, comenzando por Noé —quien “halló gracia ante los ojos del Eterno” (Génesis 6:8). A diferencia del resto de la humanidad, Noé era un hombre justo que caminaba con Dios (v. 9).

Entonces, ¿se equivoca Dios? Definitivamente No; Él es absolutamente perfecto. Los hombres son los que se equivocan y son inconstantes. Dios no se equivoca, su propósito es eterno y El mismo se encarga de que se lleve a cabo porque Él no comparte su gloria con nadie. Yahvéh no cambia de parecer, y lo más importante que debemos siempre tener en mente es que su voluntad es que los hombres se arrepientan, sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (2 Pedro 3:9, 1 Timoteo 2:4).

Por último, es necesario que entendamos que el Eterno se aflige por nuestro pecado; y los que quieren verdaderamente andar con Él, como lo hizo Enoc, sentirán también ese pesar que los conducirá al aposento de oración para compartir la aflicción de Dios, y experimentar en el ministerio de intercesión lo que el apóstol Pablo expresó:

«…como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo«. 
(2 Corintios 6: 10)


Bitácora Relacionada:

Caín y… ¿su Esposa?

Por P.A. David Nesher

Todo escéptico y agnóstico tiene la costumbre malintencionada de abordar a los creyentes con el siguiente planteo: si Adán y Eva fueron los únicos seres humanos que Dios creó milagrosamente, ¿de dónde vino toda la gente que fue de gran preocupación para Caín?

Al leer el relato del cuarto capítulo de Bereshit (Génesis) vemos que después que el Eterno sentenció al homicida Caín para ser un “errante y extranjero” en la Tierra (Génesis 4:12), él le dijo al Señor:

“Grande es mi castigo para ser soportado”
(v. 13)

Luego añadió:

“He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará”

(vs. 14)

Entonces Yahvéh le respondió a Caín, diciendo:

“Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado”. Entonces Yahvéh puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara”
(v. 15)

¿Sugieren las referencias a “cualquiera” en estos versículos que el Eterno creó a otros seres humanos aparte de Adán y Eva?

“Y salió Caín de la presencia de YHVH y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén”
(Génesis 4: 16)


La expresión hebrea «Vayetze Kayin” que aparece en las mayorías de las versiones traducida: “Y salió Caín”, en realidad debería ser traducida “Caín se retiró». Esto se debe a que la expresión hebrea “se retiró” da a entender que  Caín fingió sumisión a la disciplina dada por el Eterno, como uno que pretende engañar la Mente Suprema.

En verdad la frase «Vayetze Kayin» traducida literalmente «Caín salió  de la presencia del Eterno» es poco adecuada para indicar que se retiró una actitud hipócrita y engañosa, ya que sabemos que el Eterno es Omnipresente y no es posible «salirse» de Su Presencia. ¡Él no puede ser burlado! (Gálatas 6: 7) Lo cierto es que el texto original da la clara idea del carácter perverso que había adquirido este varón, y la actitud rebelde con la que decidió continuar viviendo sobre la Tierra.

Efectivamente, después de que Caín asesinó a su hermano, se retiró de la presencia del Señor y de sus padres y vivió un tiempo errante hasta que conoció a su esposa y formó su familia.

“Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad, del nombre de su hijo Enoc.”
(Génesis 4:17)

Ante esta parte del relato, la pregunta clásica que a lo largo de los siglos los hombres han hecho es:

¿Cómo consiguió Caín Su Esposa? ¿De dónde salió esta mujer? ¿Quién fue ella?

Como lo expresé al empezar esta bitácora, los escépticos de la Biblia han usado a la esposa de Caín una y otra vez para desacreditar el libro de Génesis como un registro fidedigno de la historia. Lamentablemente, la mayoría de los teólogos cristianos no han respondido adecuadamente a esta pregunta. Como resultado, el mundo los ve como incapaces para defender la autoridad de las Escrituras y por consiguiente de la fe que dicen profesar en Cristo.

Sin embargo, este cuestionamiento no es tan difícil de responder considerando muchos detalles del mismo texto que contiene dicho relato.

La respuesta clásica a esta pregunta trata de apoyarse en el texto mismo diciendo que Adán y Eva tuvieron muchos hijos e hijas y de entre ellas Caín escogió a su esposa. Esto significa que a Adán y Eva tuvo que haberles nacido una hija entre Caín y Abel, o después de Abel, para que unida a Caín, surgiera en el camino de Caín, un hijo o de su descendencia, que quisiera matarlo.

Diré que dicha solución es bien lógica e inteligente y se condice con el relato en cuestión. Pero, también diré que no deja de ser una especulación humana que por lo tanto ronda el relativismo racional que hay que evitar a la hora de defender la autoridad celestial de la Torah. Por lo tanto, nos conviene hacer una relectura del texto a fin de lograr captar secretos que los dogmas cegaron, y que, sin embargo subyacen vibrando debajo de las letras de la Escritura Sagrada.

Si analizamos detenidamente el Libro de Bereshit (Génesis),  notaremos que relata que Caín fue el primer ser humano nacido fuera del Gan Edén. Según la Biblia, Adán y Eva concibieron a Caín y su hermano Abel (¿gemelos?, v. 4) después de ser desterrados del Jardín por el Eterno, debido a que habían desobedecido su orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Tanto Caín, como su hermano gemelo Abel, nacieron en el ámbito de una humanidad caída. Fueron los primeros hijos nacidos fuera del Jardín, más no significa esto que hayan sido los primeros que aquella pareja hubiera tenido. En ningún renglón del capítulo cuatro se asegura que Caín haya sido el primogénito.

En el relato del tercer capítulo tenemos algunos indicios del idioma hebreo que nos dan un panorama en cuanto a que la primera pareja no eran los únicos humanos que habitan el huerto. Entiendo que a esta altura de la bitácora sus cabezas deben tener la sensación de estallar. Antes de continuar mi argumentación, iremos a escuchar la enseñanza apostólica de Pablo quien dice lo siguiente:

“No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”.
(Romanos 5:14)

La expresión “… aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán…”, aseguran los eruditos bíblicos que debería traducirse de esta manera:

“… los que no desobedecieron el mandamiento explícito de Dios como lo hizo Adán…”

Ante esto surge la pregunta: ¿Había entonces en el Huerto otros que no desobedecieron el mandamiento explícito del Eterno, pero que por ser hijos de Adán e Ishá tuvieron que salir excomulgados del Edén? Desde lo que aparentemente este texto dice, la respuesta sería sí.

Estoy convencido que la expresión: “Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes” (Génesis 3:20), nos permite dilucidar más claramente la respuesta al planteo hecho. Adán le cambió el nombre a su mujer de Ishá (Varona por ser la representación de su esencia) por el de Java (Eva) porque era la madre de todos los vivientes. Entiéndalo bien, de acuerdo al tiempo verbal utilizado, Adán no le cambió el nombre a Eva porque sería la madre de todos los vivientes, sino que ya era madre de todos los vivientes que hasta allí con ellos estaban.

Desde este planteo conviene entender lo que Yahvéh le dijo a la mujer:

“… Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y a tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti”.

(Génesis 3:16)

¿Multiplicaré?… Es decir que el Eterno le anuncia a Eva que aumentaría en una forma que ella no podría imaginar “…dolores y…preñeces”, términos de maternidad que evidentemente aquella mujer ya interpretaba por experiencia propia.

Pero lo que terminará confirmando lo acertado de esta interpretación será analizar la raíz hebrea de: “Y dio también a su marido” en el verso 6 del tercer capítulo de Bereshit:

«Vatiten gam le’ishah» –-

La expresión «Gam» que aquí se traduce por también, encierra la idea de incluir a muchos, después del primero.

la-familia-adan-eva

La frase «… dio también a su marido junto con ella…» implica que ella le dio del fruto inmediatamente después de haber comido de él. El término hebreo «Gam» (–también-) expresa la idea de incluir, agregar a muchos en una acción después de que uno la comience. O sea que el relato aquí implica que además de dar del fruto a su marido, Eva también procedió a dárselo a alguien más (¿los vivientes de los que ya era madre?).

Como lo he dicho más arriba, Caín fue el primer hijo de Adán y Eva nacido fuera del Edén que registra las Escrituras (Génesis 4:1). Él y sus hermanos, Abel y Set (Génesis 4,2, 25), fueron parte de la primera generación de hijos nacidos en la Tierra en condición de humanidad caída. Pero lo que también entendemos es que, aunque no se mencionan los nombres, Adán y Eva tuvieron un gran número de hijos e hijas (Génesis 5:4). Esta expresión abarca tanto a los que les nacieron en el huerto, como a los que fueron contemporáneos de Caín. Claramente, es difícil que alcancemos a comprender cómo era el mundo en un principio y el tamaño que pudo llegar a tener la primera familia, ¡pero debemos recordar que Adán vivió, después de ser expulsado del Gan Edén 930 años! (Génesis 5:5).

Vemos que Caín cambia su oficio de labrador de metales, por el de constructor de metrópolis, ya que edificó una ciudad y le puso el nombre de su hijo, la cual vino a ser la primera ciudad del mundo. Según esto, Caín no quería someterse a lo dicho por Dios, de que sería errante; construyendo una ciudad, para radicarse en ella.

El escritor de Bereshit no habla más de la vida de Caín, sino solo para hacer referencia de pecado; y no se sabe ni como vivió de ahí en adelante, ni como murió.

Es indudable que la intención del autor del libro (Yahvéh es Su Bendito Nombre) quiere revelar a Su Pueblo por medio de este relata cuál es el antidiseño por medio del cual las tinieblas se aseguraron siempre su injerencia en las naciones. Este antidiseño, denominado «hombre rebelde» ha contaminando la Tierra en todos y cada uno de sus estratos, a lo largo de toda la Historia Universal.

El Eterno, nuestro Abba, se aseguró en este relato mostrar cómo la creación gime cada día delante de Su Trono desde el día que la humanidad cayó en los ámbitos infrahumanos de las tinieblas, conocido como pecado. La creación clama y reclama al Eterno la manifestación de sus hijos, como un reinado de sacerdotes (Éxodo 19: 5-6). La Creación sabe que ellos y sólo ellos serán los que pueden colocarle el punto final a todo este sistema violento que atenta día a día contra el Propósito Eterno de Dios: una Nueva Humanidad llegando a la estatura plena del Varón Perfecto que por ella intercede día y noche a mi derecha. Un ser humano a la estatura y  plenitud de Yeshúa, el Mesías.

Con amor y en amistad:

P.A. David Nesher

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Nota Profética recomendada:

CONTRA EL HOMBRE REBELDE

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?

Por P.A. David Nesher

“Y fue cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijos; y vieron los hijos de los señores que las hijas del hombre eran hermosas, y tomaron para sí mujeres entre todas las que habían escogido. Y dijo el Eterno: no luchará para siempre conmigo mi espíritu por causa del hombre, porque él es también carne; y serán sus días (de vida) ciento veinte años. Los gigantes estaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando conocieron los hijos de los señores a las hijas del hombre y les parieron hijos; éstos fueron los valientes que siempre hubo, varones de fama. Y vio el Eterno que era grande la maldad del hombre en la tierra, y que todo el impulso de los pensamientos de su corazón era exclusivamente malo todos los días. Y se arrepintió el Eterno de haber hecho al hombre en la tierra, y se afligió en su corazón. Y dijo el Eterno: borraré al hombre que cree, de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el cuadrúpedo, hasta el reptil y hasta el ave de los cielos; porque estoy arrepentido de haberlos hecho. Más Noé halló gracia ante los ojos del Eterno”.(Bereshit / Génesis 6: 1-8)

Antes que nada, conviene que les exprese una realidad. Todos los hechos pre-diluvianos suelen ser oscuros e imposibles de abordar desde la documentación científica, pues el Mabul (Diluvio) fue una gran debacle que borró o alteró perpetuamente los rastros de épocas anteriores. Por lo cual, el único documento fiable y veraz con el que contamos es el relato que el Eterno hizo de los acontecimientos en el sexto capítulo del libro Bereshit (Génesis). Relato que se encuentra exclusivamente en la Torah (Instrucción), y que debe ser interpretado a la luz de las explicaciones que oralmente el Creador trasmitiera a Moshé (Moisés), y éste a los sacerdotes de la nación de Israel para ser transmitida a las generaciones de escogidos que formarían Israel por todos los siglos.

Recordemos que el relato de los documentos usados por Moshé en los diez primeros capítulos de este libro no persigue el objetivo de otorgar información científica (para eso está el trabajo humano), sino que buscan crear una concientización de características celestiales en las mentes de los Beney Israel (hijos de Israel) que estaban siendo entrenados por Moshé en el desierto a fin de convertirse en una nación de sacerdotes (Shemot 19:6).

Muchos comentaristas sostienen que estos ‘hijos de Dios’ (hebreo: Beney HaElohim) eran descendientes varones de Seth, el hijo de Adam que sustituyó a Abel en el sacerdocio de justicia (Malki-tzedek). Estos estudiosos de los códigos escriturales se basan en la premisa de que el fiel Noaj (Noé) procedía de la línea de Set, mientras que los demás linajes que descendieron de Adán —el de Caín y los de sus otros hijos (Gé 5:3, 4.)— perecieron en el Diluvio. Por ello alegan que el que los “hijos del Dios” tomaran por esposas a “las hijas de los hombres” (que bien interpretan como descendientes de Caín). Por ello, aseguran en sus comentarios bíblicos que hubo uniones matrimoniales entre los sethitas y las descendientes del malvado Caín.

Sin embargo,  no hay nada que muestre que en aquel tiempo Dios hiciera tal distinción entre los linajes humanos. El resto de las Escrituras no confirma esta conclusión, a saber, que las dos líneas hicieran enlaces maritales de los que nacieron los “poderosos” (hb. guibborim) de que habla el Génesis  6 versículo 4. Si bien es cierto que la fórmula “hijos de los hombres» [o “de la humanidad”] que los defensores de la postura antes indicada contrastan con el apelativo ‘hijos de Dios’, se suele emplear de manera peyorativa, no siempre es así. (Compárese con Sal. 4:2; 57:4; Pr 8:22, 30, 31; Jer 32:18, 19; Da 10:16.)

Los partidarios de la interpretación citada con anterioridad cuestionan que los “hijos del Dios verdadero” (de Génesis 6:2-4) sean criaturas angélicas, pues objetan que el contexto se refiere exclusivamente a la maldad humana. Sin embargo, no es una objeción válida, pues la interferencia malévola de espíritus en los asuntos del hombre podría contribuir o potenciar el aumento de la iniquidad humana. Aunque estos seres no se materializaron cuando Yeshúa HaMashiaj estuvo en la Tierra, fueron responsables de conducta humana sumamente degradada.

Estudiando sin prejuicio este pasaje, resulta lógico que Bereshit (Génesis) mencione la interferencia de algunos hijos angélicos de Dios en los asuntos humanos, ya que da cuenta a buen grado de la gravedad de la situación existente en la Tierra antes del Diluvio.

Al hablar de la expresión hebrea Elohim podemos notar que en Shemot o Éxodo (4: 16; 7:1), el nombre Elohim [plural de Eloha] en términos generales significa señorío, autoridad, y/o poder. Dependiendo del contexto, puede referirse a Dios mismo o a una autoridad terrenal. Cuando se refiere a Dios, indica un atributo (por oposición a  que es Su Nombre propio): el hecho de que Él es el «Señor» o máximo poder y autoridad en el mundo; por eso también esta íntimamente ligado al concepto de juicio.

Como vemos Elohim es una palabra que denota poder, autoridad y por eso también esta palabra se aplica al Eterno, pero no quiere decir que su significado sea solamente “Dios”. Al Eterno también se le llama el Gran Elohim, porque por su puesto Él tiene gran poder, tiene gran autoridad, es majestuoso.

La palabra por extensión, también es aplicada a los dioses de los idolatras.

Por lo tanto, el término hebreo Elohim puede referirse más bien a los que están en eminencia sobre muchas personas y ello puede ser para bien o para mal.

Entonces aquellos Beney HaElohim (“hijos de Dios”) no eran seres humanos, sino hijos angélicos de Yahvéh (compárese con Job 1:6; 2:1). Asimismo, no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38:4-7) eran hijos angélicos y no descendientes de Adán, que evidentemente por este relato del libro de Job, estaba recién siendo creado, por lo que los seres angelicales estallaron en ovación. Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

El escritor bíblico Judas (hermano de sangre de Yeshúa), dice acerca de algunos ángeles: “y además que a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada” (Judas 6). En otras palabras: dejaron su lugar de asignación jerárquica celestial prefiriendo vivir con mujeres hermosas en la Tierra.

Lo que nos resulta aún más interesante para nuestra consideración es que Judas añade que aquellos ángeles rebeldes fueron como los habitantes de Sodoma y Gomorra, que ‘que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, contra naturaleza,… (Judas 7).

De igual modo, el apóstol Pedro lo corrobora, pues hace referencia a “los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé” (1Pe 3:19, 20), así como a los “ángeles que pecaron”, a los que menciona en conexión con el “mundo antiguo” del tiempo de Noaj. (2Pe 2:4, 5).

Las mismas líneas de las Sagradas Escrituras nos revelan que en ciertas ocasiones hubo ángeles que materializaron cuerpos humanos y que hasta comieron y bebieron con hombres. (Génesis 18:1-22; 19:1-3.)

La declaración de nuestro Mesías de que los resucitados no se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como los “ángeles en el cielo”, muestra que entre tales criaturas celestiales no existe el matrimonio, pues no son seres sexuados. (Mt 22:30.)

Ahora bien, de esto no se infiere que no pudieran materializar cuerpos humanos y formar vínculos matrimoniales con mujeres, como los teóricos pro-setitas aducen. Cabe notar que la referencia de Judas a los ángeles que no guardaron su posición original y abandonaron su “propia morada” (entiéndase como lugar habitacional de propósito del ámbito de los espíritus) precede de manera inmediata a las palabras: “Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas —después que ellas de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido la carne extraña, (otra versión: “yendo en pos de carne para uso contranatural”) fueron puestas por ejemplo”. (Judas 6: 7).

La versión griega Septuaginta (o Versión de Los Setenta) usa el mismo término en Deuteronomio 32:8, y se refiere a los ángeles. Otra variación de esto es Beney HaElohim, que significa que los hijos de los poderosos (Salmo 29:1, 89:6, 82:6). Otra forma que está en arameo, bar Elohim, que significa un hijo de los dioses. Por lo tanto, en todas partes en que se utiliza, es una referencia a los ángeles.

Por lo tanto, las pruebas escriturales señalan de manera contundente a que en los días de Noaj algunos ángeles se descarriaron y cometieron actos contrarios a su naturaleza de espíritus. Por consiguiente, no parece que haya razones válidas para cuestionar que los ‘hijos de Dios’ de Génesis 6:2-4 fuesen ángeles.

Por lo tanto, y considerando también la opinión estudiosos de los dos primeros siglo de nuestra Era Común, como Filón, Flavio Josefo, Tertuliano, Justino, Clemente de Alejandría, (entre otros), aceptaremos que la expresión hebrea Beney HaElohim se refiere a los ángeles que son enviados en misión por el Omnipresente. En este contexto, esta expresión señala a los nobles y los dignatarios jueces de las dimensiones celestes que determinaron abandonar su puestos asignados en la organización celestial conocida como elohim, prefiriendo los ámbitos terrenales como lugar de habitación para poder tener conexiones carnales con las mujeres pecaminosas que los invocaban con sus ritos de maquillaje mágico.

Desde esta rebelión contra el diseño divino, estos seres se pervirtieron, y aprovechándose de la fuerza e inteligencia sobrehumanas de su naturaleza, estos ángeles caídos ejercieron una influencia nefasta sobre la humanidad. De hecho, es muy probable que controlaran y dominaran a toda la sociedad humana. No trabajaban en secreto, como lo haría un criminal que oculta su identidad para llevar a cabo sus fechorías en la sombra. Al contrario, actuaban abiertamente, en descarada rebelión contra Dios y sus mandatos.

Las Sagradas Escrituras no da todos los pormenores sobre lo que hicieron aquellos ángeles desobedientes. Pero eso será tema para otra bitácora. Por ahora, considero que tu mente, querido lector, ya acumuló lo suficiente para meditar.

¡Shalom!

Con amor y amistad en servicio: P.A. David Nesher


Bitácoras Relacionadas:

Las Garras de la Religión (Génesis 3)

Por P.A. David Nesher

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.

(Génesis 3:4-6) 

Hemos dicho que los ojos son el símbolo del conocimiento sensorial, es decir el conocimiento que se adquiere a través de la experiencia de los sentidos intentando descubrir y dominar todo el cosmos que está fuera del hombre.

Ahora, tenemos que señalar que desde allí (los ojos) comenzó la religión matriz («Simiente de la Serpiente«) que inspira los paradigmas anti-Dios de todas las demás formas religiosas. Su nombre es el Materialismo Práctico. Su sustancia reptiliana: el racionalismo que surge de las experiencias sensoriales y de acuerdo a ellas elabora opiniones relativas. La acción destructora del racionalismo se logra con el ejercicio autónomo del libre albedrío. De esta manera el materialismo se sostiene energizando a la serpiente antigua y su sistema de cosas.

En pocas palabras, el materialismo es la madre de toda “iniquidad”, que es la atadura con la que HaSatán logra mantener esclavizados a los seres humanos de las distintas generaciones.

¿Cómo consigue el materialismo que la iniquidad ate a las personas?

Por medio de sus tres garras:

  • 1º_ El Individualismo
  • 2º_ El Hedonismo, y
  • 3º_ El Utilitarismo

Estas tres garras la religión conducen al hombre a ser un consumista y este es el sentido del pecado.

En el capítulo tres del libro de Bereshit (Génesis) vemos al materialismo aparecer como la doctrina creada por “los ojos” de la humanidad caída.  Sus dogmas sostienen que está bueno «aquello» lo de «más allá» la persona humana. La dinámica de muerte de esta doctrina funciona así: todo lo que está fuera de mí es mejor que lo que yo mismo soy. Entonces se desarrolla en mi interior paradigmas anti-Dios que hace al objeto que miro agradable porque considero que me sirve para alcanzar sabiduría, es decir plenitud adquirida con la acumulación de mis experiencias.

La mujer vio que el árbol era bueno; lo que está afuera es mejor que lo que hay dentro del ser humano. Eso es materialismo. Entonces la mujer percibió que  su fruto era agradable, la podía llevar a experimentar placeres nunca antes vividos. Se produce así  el hedonismo, que es la búsqueda del placer por el placer mismo. El placer como fin máximo y absoluto de la existencia. El espíritu de la religión empieza así a expandirse en sus consecuencias. El fruto me permitirá sí o sí ser exageradamente feliz (bienaventurado). Entonces la cosa se convierte en útil y valiosa. Por lo tanto, yo comienzo a perseguir la utilidad de las cosas, e incluso las personas, para alcanzar esa plenitud que en mi interior no encuentro. Así surge entonces la tercera garra de la religión es  utilitarismo; entonces la utilidad se vuelve principio de mi moral.

Observando esta secuencia en el relato del hombre caído (Génesis cap. 3) notamos que aparece el individualismo.  El varón ya no la llama Ishá (Varona) a su compañera, tal y como lo hizo cuando la discernió con su espíritu (Gn. 2:23) Ahora, bajo la hipnosis reptiliana, la separa como alguien diferente a  él. Ella, ahora  es la que le provoca problemas y es digna de ser tenida en menos. La sexualidad se denigra a la mera y simple genitalidad sensorial. El materialismo ha provocado la primera guerra mundial: la de los sexos.

Con toda esta estructura mental anti-diseño divino, la misión del hombre convertirá en consumismo.

Por causa de esta desobediencia y esta auto-degradación, el Eterno Dios le advierte al hombre las características que tendrá el nuevo estilo de vida asumido:

“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”.

(Génesis 3:17-18)

La tierra no les va dar nada sino “cardos y espinos”. Para que el hombre pueda extraer de la tierra su alimento necesitaría luchar contra la tendencia natural de la tierra de producir espinos y cardos. Los espinos y cardos que produce la tierra son el símbolo de una tierra maldita por el pecado del hombre que escogió consumir desde dogmatismos carnales, en vez de producir desde su sacerdocio santo.

Por causa del materialismo, todo el interior del hombre se volverá un deseo obsesivo e insaciable por todo lo que está fuera de él.

idolatria-materialismo

¿Una Costilla con Forma de Mujer?  

Por P.A. David Nesher

Leamos primero el segundo capítulo del Bereshit (Génesis), se lee:

«Entonces YHVH Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas (mitsal’otav)  y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que YHVH Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre».

Bereshit (Génesis) 2: 21-22

mitsal’otav– “ de sus costillas” o «de sus costados«– Este término significa: «de sus costados«.

Para entender lo anterior es necesario remitirnos primeramente  al verso 27 del capítulo uno [zajar unekevah bara otam: “macho y hembra lo creó”-] Moshé aquí explica que el ser humano que fue creado [se está usando singular en el verbo bará] en una completa unidad de dos facetas o rostros. Los sacerdotes aarónicos explicaban este texto como que el hombre, inicialmente tenía dos rostros que más tarde fueron separados. Esto quiere decir que originalmente poseía Adam tanto la forma masculina como la femenina. De esta manera, la separación de Adam de la forma femenina fue lo que constituyó la creación de Ishá (Varona), [más tarde llamada Java (Eva)].

En el primer capítulo de Bereshit, el escritor relata cómo fue creado el ser humano revelando el propósito y la misión de este diseño divino. Ahora, en el segundo capítulo se nos ofrecen los detalles históricos de ese evento creativo. Es decir, que en el libro de Bereshit no existen dos creaciones del ser humano, sino que hay dos descripciones de un mismo hecho.

Al avanzar por el capítulo número dos, notamos que la vida del hombre se desarrolla en el jardín pero en soledad, sin ayuda idónea.

Al nombrar a la totalidad de los animales que viven en y sobre la Tierra, el hombre los integra a su vida y ejerce su vocación y dominio sobre ellos. Esta tarea lo lleva a una profunda conclusión: ninguno de los animales puede servirle de ayuda idónea. Es decir, no pueden permitirle desarrollar una relación social íntima y de importancia trascendental.

Ante esto, el Eterno responderá a esa necesidad, decidiendo proveer a esa necesidad de compañerismo esencial en el hombre. Es que la imagen divina misma empuja al hombre a darse cuenta que no puede vivir en la soledad de un individualismo. Por el contrario, el ser humano necesita trascender desde experimentar la comunión con otro que le permite valorar la unidad desde la diversidad.

La palabra hebrea tzelá (צֵלָע) traducida aquí como costilla, indudablemente significa también «costado, flanco, lado, banda”, pero también «ejes», y tiene también otros significados que se deducen según el contexto en que se encuentre. La traducción del término en el versículo citado es por tradición el de “costilla”, pero expresa más precisamente una parte colocada simétricamente respecto a otra igual. Por tanto se puede hablar más de “costado” o “flanco frontal” que de “costilla”.

Pero dado que, según se lee, este tselá (צֵלָע) debía ser algo que se encuentra bajo la carne, pues Dios debió practicar una abertura (Gen 2; 21), un poco como sucede en una operación quirúrgica (y durmió a Adán antes de la “operación”), el significado del término podría declinarse al de “costilla”.

En la mente de los traductores, pero quizás también de quienes narraron originalmente el episodio, esta “parte” debía por tanto ser la “costilla”. El texto griego de la Biblia, los Setenta, traducen la palabra tselá (צֵלָע) como “pleurá«, que significa tanto “costilla” como “flanco frontal”, como sucede con el hebreo.

Lo cierto es que tselá (צֵלָע) significa una porción del costado medio frontal del hombre y no una costilla.

El relato dice que Yahvéh tomó el hueso y la carne del costado (tselá – צֵלָע) de Adam para hacer a la mujer. Entonces ella surgió a existencia de la propia vida del varón, estableciéndose así el principio de “Vida engendra vida”.

La mujer fue hecha de uno de los huesos del costado, para que puedan compartir la vida juntos en mutua protección, preocupación, amor y cuidado. Como veremos en otra bitácora, fue el pecado el que cambió la intención original de Dios en esta relación (Gen. 3:16).

De la costilla que le había quitado al hombre, Yahvéh nuestro Dios hizo (baná) una mujer y se la presentó al hombre (2:22). La palabra hebrea baná significa construir. Esto proporciona la maravillosa revelación de que Yahvéh en realidad construyó a una mujer del costado de Adán. La costilla de Adán formó el material básico del cual fue «construida» su compañera. La mujer fue formada para tener una unidad inseparable y compañerismo de toda la vida con el hombre, y la forma en que fue creada sirvió para establecer el verdadero fundamento del estatuto moral del matrimonio.

Eva fue el regalo de Dios a Adán, una ayuda idónea hecha para él. Por eso, el varón al verla expresará perfectamente su naturaleza a través de tres declaraciones:

Primera: Reconoce la igualdad del nuevo ser. Ella también es humana y constituida con la misma materia del varón (“Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne*, v.23).

Segunda: Le concede el derecho de identidad propia. (“será llamada Ishá”, v. 23) Aceptando así la sexualidad en lo femenino, como instrumento divino que completa y complementa la plenitud de la humanidad. He señalado que la palabra hebrea para la mujer es ishá, y la palabra hebrea para el hombre es ish. El juego de palabras es el siguiente: la isha viene del ish. Esto sólo tiene sentido en hebreo, demostrando una vez más que fue la primera lengua. Por lo tanto, la mujer procede del hombre, es regalo divino para el hombre, ella fue dada al hombre, y luego es nombrada (adquiere significado) por el hombre.

Tercera: Por su origen, el varón mismo, la mujer es el único ser compatible que puede al varón hacerlo sentir completo y pleno. El varón le da vida a la mujer; la mujer le da vida a la humanidad. La humanidad en constante legado, será la plenitud de todo varón.

Con estas declaraciones el varón, ahora con nombre propio Adán, expresa delante del Eterno su aceptación y satisfacción completa, asumiendo así delante de todos los testigos presentes (huestes celestiales) el compromiso de proteger a la mujer como su propio cuerpo.

Esto nos deja bien claro que en el antiguo Israel, al menos de cuanto resulta de las fuentes bíblicas, no existe declaración alguna de inferioridad de la mujer respecto al varón, y por tanto el versículo en cuestión no debe ser forzado en ese sentido como algunos religiosos machistas pretenden.

Al terminar, me parece oportuno hacerlo con la famosa explicación que Matthew Henry dio acerca de la costilla de Adán:

“Que la mujer fue formada de una costilla (es decir, del costado) de Adán; no fue hecha de su cabeza, como para tener dominio sobre él; ni de sus pies, como para ser pisoteada por él; sino de su costado, para ser igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto al corazón para ser amada”.

Matthew Henry, Comentario Bíblico De Matthew Henry (trad. Francisco Lacueva; Barcelona: CLIE, 1999), 20.

Igual de poética es la explicación que nos proporciona el erudito bíblico, el rabino Umberto Cassuto:

“Tal como la costilla se encuentra al lado del hombre y está unida a él, aun así la buena esposa, la costilla de su esposo, se encuentra a su lado para ser su ayudante-contraparte, y el alma de ella está ligada a él”.

[Umberto Cassuto, A Commentary on the Book of Genesis: Part I, From Adam to Noah (Genesis I-VI 8) (trad. Israel Abrahams; Jerusalem: The Magnes Press, The Hebrew University, 1998), 134].

En amistad y amor en servicio: P.A. David Nesher


Bitácora Relacionada:

El Huerto que YHVH plantó en Edén

Por P.A. David Nesher 

“Y plantó YHVH Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado.”

(Bereshit/Génesis 2:8)

En los dos relatos creativos de la Instrucción (Torah) notamos que las Sagradas Escrituras pasan rápidamente de la creación del universo (cosmogonía del capítulo 1) al jardín del Edén (antropogonía del capítulo 2)

Si colocamos toda nuestra atención en este pasaje y le permitimos al Espíritu de Dios discernir sus detalles, descubriremos que hubo tres áreas principales en la tierra:

  • por un lado una dimensión llamada Edén,
  • por otro lado el huerto o jardín (hebreo gan) colocado bajo la jurisdicción de Edén.
  • y el resto del mundo terrestre.

Estas tres jurisdicciones del gobierno humano corresponden a las tres áreas que luego Yahvéh determinará en el Tabernáculo de Moisés y posteriormente Templo de Jerusalén: el Lugar Santísimo, el Lugar Santo y el Atrio.

Todo esto demuestra una sola cosa: que el hombre fue puesto en este planeta para vivir en plena intimidad con el Eterno en el lugar santísimo, para servirlo en espíritu y verdad como sacerdote, y desde allí oficiar como pontífice (puente) entre las dimensiones celestiales y las terrenales.

Notamos por lo revelado en estas líneas que toda la creación se había puesto bajo la autoridad del hombre, y esto, para Dios, era extremadamente bueno (Génesis 1: 31). Pero, este relato muestra que una región en particular se preparó como un lugar especial donde Adán fue a hacer su hogar, y desde donde transformaría el planeta promocionándolo a mayor calidad de propósito. Esta región se llamó Edén y fue en el este de la zona de Mesopotamia donde estuvo ubicada según la descripción escritural. La forma en que el hebreo lo dice significa plantado en la parte este del Edén (2:8).

 

Así Edén era una gran región geográfica con algunas características especiales en el ámbito celestial. Dios plantó árboles frutales de todo tipo en el jardín. La siembra la realizó directamente el Señor Dios, tal como Él lo formó a Adán. La imagen es que Adán fue creado al oeste del Edén y luego puesto al este del mismo. «Y puso allí al hombre que había formado» (2:8). Este iba a ser su hogar  para desarrollarse hasta la plenitud de su propósito. Adán es creado en el Edén y luego será colocado en el Gan Edén (huerto o jardín). Esto significa que él fue creado y posicionado en una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo.

La palabra empleada para jardín es gân que significa «lugar cerrado» o «jardín frondoso«. La versión latina llamada Vulgata, traducirá este término con la palabra paradisus (de donde se origina la palabra española paraíso) que significa jardín.

Gracias a esto, lo primero que conocerá Adán de Elohim (Dios) será acerca de Su amor perfecto (jesed) y Su provisión pre-existencial. ¡El Eterno lo había amado primeramente antes de que viniera a existencia!

 

“Y Yahvéh Dios hizo brotar de la tierra (VayatsmaJ YHVH Elohim min-ha’adamah) todo árbol agradable a la vista y bueno para comer; asimismo, en medio del huerto, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo”.

(Bereshit 2:9)

El nombre Edén pudo haber tenido dos orígenes: la palabra sumeria edén, la cual significa “estepa” o “campo abierto” o la palabra hebrea idéntica, qué significa “lujo”, “ternura” o “deleite”. En base a esto el significado de la expresión Edén sería “Ámbito de delicias y ternuras lujosas”. Desde estas pautas notamos que Edén era toda una jurisdicción geográfica que tenía la particularidad de oficiar en dos planos existenciales: el terrenal y el celestial. Para que este propósito cumpla su misión, el Eterno planto el huerto o jardín que oficiaría como portal a través del que lo celestial descendería a lo material acorde a lo que Adán declarara como representante del gobierno divino en la Tierra (en hebreo: mashiaj).

También se conoce como el «huerto del Señor» (Isaías 51:3), el jardín de Dios (Ezequiel 28:13; 31:9), y el paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7). Todos estos pasajes dejan en evidencia que este huerto o jardín tenía una funcionalidad totalmente celestial para que el propósito eterno de Dios se llevara a cabo en la Tierra: el Eterno podría habitar con los seres humanos y desde este planeta bendecir los demás planos existenciales con el resplandor de Su Luz Infinita (hebreo Or EinSof).

 

Como la mayoría de las cosas que son hermosas, el jardín del Edén tenía el potencial para el bien y para el mal.

 

El versículo 9 habla específicamente sobre el Jardín del Edén. No habla acerca de los demás árboles de la Tierra, ya que ello no tendría relación con el contexto.

Así que todo tipo de maravillosos árboles que dan fruto delicioso crecieron en el jardín, pero añadió dos árboles que no se encuentran en otro lugar. En el centro del huerto había dos árboles, uno cerca del otro: el árbol de la vida (Etz HaJaim) y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Etz HaDaat Tov Verá).

 

El árbol de la vida representa la Torah, que es llamada “árbol de vida” por el rey Salomón en el libro de Proverbios:

“Es árbol de vida para los que de ella echan mano, y felices son los que la abrazan.”

(Proverbios 3:18)

Por medio de la decodificación de las letras hebreas que componen la expresión, es muy probable que el árbol de vida haya estado donde hoy en día está el lugar del templo en Yerushalayim (Jerusalén) y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo haya estado en el monte de los olivos o Getsemaní.

El árbol de la vida estaba plantado en medio del jardín para promover y preservar la vida (Gn. 2:9). Era obviamente deseable en todos los sentidos y era la fuente de la vida misma. Si el hombre comía de este árbol sería preservado por toda la eternidad (Proverbios 3:18, 11:30, 13:12, 15:4). Por ejemplo, en el libro de Apocalipsis, el Señor dice a los creyentes en la iglesia de Éfeso:

«Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.» 

(Apocalipsis 2:7)

Más adelante en el mismo libro, se menciona una vez más que sus hojas y frutos son para los justos:

«El árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para que tengan derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad.» 

(Apocalipsis 22:2 y 14)

Sin embargo, otro árbol fue plantado cerca del árbol de vida en medio del huerto, aparentemente uno cerca del otro para la prueba que vendría.

 

El segundo árbol era el árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:9). Ahora, por primera vez, Adam tiene la posibilidad del mal. Su propio nombre es siniestro, produciendo el bien o el mal al que come de su fruto. La palabra hebrea para conocimiento significa el conocimiento por la experiencia. Así el fruto de este árbol siempre da a la persona el conocimiento por experiencia del bien y del mal en el sentido de tener el poder de decidir por uno mismo. Pero el simple conocimiento del bien y el mal, ¡no daba el poder de elegir el bien y rechazar el mal! Por lo tanto, Elohim (Dios) predice que al final sólo habrá un resultado para el que come de este fruto: la muerte espiritual y condenatoria (2:17, 3:3). Este era el árbol de la muerte. Cuando tomamos el volante de nuestra propia vida, sacamos a Yahvéh de la escena. Esto es un motín moral. Todo lo que Adán y Eva tenían que hacer era obedecer la palabra de ADONAI (2:17). Una vez que se rechaza la Palabra de Dios, que es lo mejor para nosotros, quedamos a nuestra suerte. Cuando tomamos y comemos, de repente nos encontramos fuera mirando hacia adentro con el Señor. Los rabinos enseñan que el árbol de la ciencia del bien y del mal era una vid porque ninguna otra fruta causa tanta miseria y sufrimiento. Así que los dos árboles más importantes que hizo crecer en el jardín fueron el árbol de la vida, que trajo la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal, que provocó la muerte.

El posible acceso del ser humano al «árbol del conocimiento del bien y el mal»indica que el Eterno había permitido al hombre la posibilidad de elegir el mal, precisamente en virtud de un bien mayor: la libertad. El ser humano, mediante su razón y a través de su conciencia, puede descubrir lo que es bueno y malo; pero no puede establecerlo con su decisión. Pretender decidir lo que es bueno y malo por su cuenta, independientemente de la bondad impresa por el Eterno al crear, sería querer ser como Dios, sin considerar Su voluntad en este asunto. El «árbol de la ciencia del bien y del mal» debía expresar, y constantemente recordar al hombre, el límite insuperable para un ser creado.

 

El mal encuentra arraigo en el hombre cuando éste se centra en sí mismo y en sus propios deseos en lugar de centrarse en Yahvéh y en Sus deseos (o en un nivel más profundo, cuando se considera independiente o separado del Eterno como Fuente). Cuando se encamina en esa dirección, evalúa toda experiencia sólo en términos de su propio sentido del bien subjetivo.

La Torah revela que el bien mancillado por el egoísmo es representado por el árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que el bien no adulterado es representado por el árbol de la vida. Al ordenarle a Adán que no comiese del fruto del árbol del bien y del mal, Yahvéh le estaba advirtiendo que no mezclara el bien y el mal eligiendo el camino del egoísmo y el egocentrismo.

El único desafío de Adam era “no comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal”, al realizar la acción justa hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado infinito que la imagen divina que tenía le otorgaría.

 

Los Ríos del Edén

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Ahora continuemos analizando la extensión de este ámbito llamado Edén.

 

Convengamos que, debido a que estamos hablando de un momento protohistórico, resulta muy difícil determinar la ubicación precisa del Edén convirtiéndose para la humanidad actual en un misterio. Es naturalmente obvio comprender que el diluvio en tiempos de Noé produjo cambio en la superficie terrestre desapareciendo así algunos ríos que hoy en día no son identificados con certeza.

Lo que sí tenemos en el mismo relato escritural es al asociación de esta región con cuatro ríos: el Pisón, el Guijón, el Tigris y el Éufrates (vv. 10-14). Por causa de este detalle descriptivo, Yahvéh nos permite deducir que la ubicación exacta del Edén bíblico del tiempo de Adán de acuerdo a la ubicación geográfica de esos ríos estaba situada en alguna parte de lo que actualmente se conoce como Irak y sus regiones colindantes. La palabra Mesopotamia significa “entre dos ríos”, y se refiere al hecho que la tierra yace entre el Río Tigris y el Río Éufrates. El nombre, Irak, significa “país con raíces profundas”.

Entonces veamos la descripción y el significado de estos ríos descritos por la revelación escritural.

“El nombre del primero es Pishón; éste es el que rodea toda la tierra de Javilá, donde hay oro.”

(Bereshit/Génesis 2:11)

Pishón significa “desbordar”, “extenderse”, “abundar”. Según Flavio Josefo y el erudito judío Rashí este sería el río Nilo, el rio principal de Mitzraim (Egipto); y debido a que sus aguas se incrementan y suben  y riegan la tierra es llamado «Pishon» (lo que hace brotar y surgir), término relacionado con las crecidas que permiten la producción de lino (hebreo «pishtan«), como se declara con respecto a los mitzrim (egipcios): Los que urden lino…se avergonzaran»  (Isaías 19:9)

“Y el nombre del segundo río es Guijón; éste es el que rodea la tierra de Cush.”

(Génesis/Bereshit 2:13)

Guijón significa estruendo. Es llamado así porque fluía atronadoramente y su estruendo era muy grande.

“Y el nombre del tercer río es Jidekel; éste es el que corre al oriente de Ashur. Y el cuarto río es el Perat.”

(Bereshit 2:14)

Jidekel expresión hebrea conformada por dos palabras. Este río es llamado así porque sus aguas son punzantes («hadyn«) y ligeras («kilyn»). En español recibe el nombre de Tigris.

El cuarto río es llamado Perat porque sus aguas fructifican (hebreo:«parin»), se multiplican y proporcionan salud al hombre. En español se le conoce como Éufrates palabra que se deriva originalmente del hebreo: Perat.

Desde estas descripciones y siguiendo a comentaristas de gran peso, podemos decir que probablemente este relato del Bereshit se refieren a los ríos que nosotros conocemos como:

  • Indo,

  • Nilo,

  • Tigris, y

  • Eufrates.

Lo cierto es que el Edén actualmente no existe. El Eterno lo desapareció junto con el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de bien y del mal, porque el hombre ya no podía entrar al Edén ni tener acceso a lo que había en él por haber desobedecido (Génesis 3:22-24). En cambio, en nuestros días, Dios promete que el ser humano volverá a participar sólo del árbol de la vida que existe actualmente en el paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7) y luego será colocado en los cielos nuevos y la Tierra nueva que el Eterno tiene preparados para sus herederos (Apocalipsis 22:2).

 

El Gan Edén (huerto del Edén) representa el lugar que se escoge para adorar y alabar a Dios, el río representa la fuerza del Espíritu Santo que salta para vida eterna (Juan 7:38,39). Por todo esto, el mensaje para nosotros es dejar al Espíritu Santo fluir en ese lugar libremente, para que nos enseñe la Torah (Instrucción) del Padre y así Él pueda hace con nosotros lo que desee, según lo trazado en su diseño original.

La Creación de las Huestes Celestiales (Ángeles)

Por P.A. David Nesher

[VayeJulu hashamayim veJa’arets veJol-tseva’am.]

«Y acabaron (de ser creados) los cielos y la tierra, y todas sus huestes«.

(Bereshit / Génesis 2:1)

Debo decir al comenzar esta bitácora que disfruto mucho proclamar en mi alabanza cotidiana que solamente el Eterno ha existido desde siempre y para siempre; ¡que sólo Él es sin principio ni fin! Siempre sumo a mi corazón y declaro con mis labios lo que dice el salmista:

“Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.»
(Salmos 90:2)

Pero a la vez debo confesar mi consciencia certera de la existencia de seres incorpóreos y superpoderosos creados por Yahvéh, nuestro Dios, para hacer conocer Su voluntad perfecta y cumplir Sus órdenes. Y es que no puedo callar que mi vivencia de fe en el Mesías, iluminada por las Sagradas Escrituras, me ha permitido  experimentar, a lo largo de mi peregrinar, la verdad sobre la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por el Eterno.

Ha sido así como he comprendido que hay una relación muy estrecha entre los seres humanos y los ángeles.  Siempre me inspiró y llenó de confianza lo que el autor de la epístola a los Hebreos escribe al decir que los ángeles son “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1.14). He disfrutado de seguridad al dejar a mis cuatro hijos bajo la revelación que mi amado Maestro y Dueño otorga  al referirse a los niños, dice:

“Sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”
(Mateo 18.10)

Por esto, afirmo que la existencia de los ángeles, una verdad de nuestra emunah (certeza) en Yahvéh.

Hoy, desde las teologías judeo-cristiana, a estos seres se los  identifica de otra manera, señalándolos con el nombre genérico de su misión: «mensajeros» (en hebreo: «malakim» o en griego «ángeles«), ya que son los portadores de ordenes del Eterno. El teólogo y filósofo Agustín de Hipona dice respecto a ellos: «El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel«. Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan «constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18: 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra» (Sal 103: 20).

Según las Escrituras Sagradas (La Biblia), los ángeles son espíritus, tal como Dios es un Espíritu (Salmo 104:4; Juan 4:24). Ellos forman una gran familia compuesta de millones de miembros, todos los cuales son “poderosos en potencia” _ hebreo gibbor koakj_ [Salmo 103:20; Revelación (Apocalipsis) 5:11].  En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf. Dn 10, 9-12).

Entendemos que por medio del Mesías, el Eterno creó millones y millones de ángeles en el cielo:

“… porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles: tronos, dominios, principados, potestades; todo fue creado por Él y para Él,…»

(Colosenses 1:16)

Acerca de estos, el Tanak (A. T.) señala que:

“….millares de millares lo servían, y millones de millones estaban de pie ante su presencia…»
(Daniel 7:10).

Ahora me interesa que ustedes sepan que estas numerosas criaturas espirituales están tan bien organizadas en jerarquías de misión guerrera. Por eso es que se las llama “los ejércitos”  (tseba-am) de Yahvéh» (Sal. 103:21).

¿Cuál es el origen de los ángeles? ¿Relata el Libro del Bereshit su creación?

A simple vista, en una lectura superficial y rápida, resulta curiosamente raro que en el Libro de Bereshit (en griego Génesis) que nos habla de toda la creación se nos omita directamente este gran detalle para referirnos claramente cuándo fue que YHVH creó a los ángeles. Sin embargo, esto no es así. Sin profundizamos en Bereshit (Génesis) capítulo 2 verso 1 vemos que expresa «los cielos y la tierra fueron acabados y todas sus HUESTES».  Esta última palabra (HUESTES) ¿Se está refiriendo a los ángeles celestiales?

Para poder descubrir la respuesta correcta los invito a que leamos por un momento lo que nos relata el Primer Libro de Reyes:

» …Yo vi al Altísimo sentado en su trono y todo el ejército de los cielos (tseba-am) estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda…»
(1 de Reyes 22:19)

Este relato de Micaías, el profeta, nos muestra la situación en los cielos, en donde uno de sus ángeles se convierte en «espíritu de mentira» para hablar por la boca de todos los falsos profetas del malvado Rey Acab, esposo de la malvada Jezabel. ¡Interesante, ¿no? que la mentira venga directamente desde el trono del Eterno! Pero, sigamos con nuestro tema central.

Al leer a Nehemías también encontramos una referencia similar, cuando nos advierte:

«¡Tú solo eres YHVH! Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos y todas sus huestes (tseba-am)…»

(Nehemías 9: 6)

El Rey David en uno de los Salmos también nos refiere de la creación de estos seres:

«Por la palabra de YHVH fueron hechos los cielos; todo el ejercito (tseba-am) de ellos fué hecho por el soplo de su boca«

(Salmo 33:6)

El profeta Yeshayahu (Isaíaas) también toma parte en esta discusión aportándonos su relato:

«Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién ha creado estas cosas. El saca y cuenta al ejército (tseba-am) de ellas; a todas llama por su nombre…»

(Isa. 40:26).

Asimismo, este profeta nos da una breve semblanza de lo que hizo el Creador:

«…Son mis propias manos las que han desplegado los cielos, y soy yo quien ha dado órdenes a todo su ejército (tseba-am)«.

(Isa.45:12)

Con esta breves referencia ya entendemos que Yahvéh, nuestro Dios, fue quien creó a las «Huestes» o «Ejércitos» (tseba-am) celestiales.

Después de estar seguros de que fueron creados en esos primeros días de la Creación nos toca ahora conocer cuándo fueron creados exactamente.

El tiempo exacto de su creación no está específicamente definido, pero por la evidencia bíblica entendemos que lo más probable es que hayan sido creados en el momento en que también fueron hechos los cielos, como se narra en Génesis 1:1. Esto significaría que posiblemente el Eterno haya creado los ángeles inmediatamente después de haber creado los cielos y antes de crear la tierra.  Para demostrar esto, necesito remitirme al libro de Job en donde no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38: 4-7) eran seres angélicos y no descendientes de Adán (ya que este aún no había sido creado). Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” o «hijos de los potentados» mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

Es interesante mencionar que uno de los Rollos encontrados en la Cueva No. 11 de Qumram nos dice al respecto: «Dividiendo la luz de las tinieblas El estableció el amanecer en Su decisión mental. Cuando todos los ángeles vieron esto ellos se regocijaron en gran manera porque Él les mostró lo que ellos no previamente no habían conocido. El coronó las colinas con cosechas, abundante alimento para todos los vivientes» [(11QPsª) Rollo: «Himno al Creador»].

El testimonio de la obra seudoepigráfica llamada «Libro de los Jubileos» dice:

 «Porque en el primer día El creó los cielos que están arriba y la tierra y las aguas y todos los espíritus los cuales sirven delante de El -los ángeles de la Presencia, los ángeles de Santidad, y los ángeles de los espíritus de fuego y los ángeles de los espíritus de los vientos, y los ángeles de los espíritus de las nubes, y de las tinieblas, y de la nieve y del granizo y del hielo, y los ángeles de los sonidos, los truenos y los rayos, y los ángeles de los espíritus del frío y del calor y del invierno y de la primavera y del otoño y del verano y de todos los espíritus de Sus criaturas las cuales están en los cielos y en la tierra«

(Jubileos 2:2)

Ante toda evidencia escritural ofrecida se evidencia que todos los ángeles fueron creados de una vez. Ningún ángel ha sido añadido desde entonces. Los ángeles no están sujetos a la muerte o a ninguna forma de extinción, por lo tanto, su número no decrece.

Es importante al terminar remarcar que estas criaturas celestiales se sintieron felices cuando se fundó la Tierra y realizaron con alegría sus tareas mientras Yahvéh preparaba esta extraordinaria joya del universo para que fuera el hogar de la humanidad, la máxima creación a la que los ángeles deberían servir (Job 38:4, 7). Sabemos que el Eterno creó al ser humano para reflejar sus sublimes cualidades (Heb. 2:7; Gén. 1:26). Si Adán y Eva hubieran usado bien el don del libre albedrío, podrían haber vivido junto con sus descendientes en un paraíso como parte de la familia universal de criaturas inteligentes de Yahvéh. Ellos podrían haber permitido que la presencia de las huestes celestiales se manifestaran visiblemente en todas las esferas del cosmos material que nos rodea.

De todos modos y más allá de la naturaleza pecadora del ser humano. Los ejércitos celestiales siempre han estado en actividad al servicio de la Salvación (en hebreo Yeshúa) del Eterno.

Desde la creación y a lo largo de toda la Historia de la Salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (Gn. 3: 24), protegen a Lot (Gn. 19), salvan a Agar y a su hijo (Gn. 21: 17), detienen la mano de Abraham (Gn. 22: 11), la Torah (Instrucción) es comunicada por su ministerio (Hch. 7:53), conducen el pueblo de Dios (Ex. 23: 20-23), anuncian nacimientos (Jueces 13) y vocaciones (Jc. 6: 11-24; Is 6: 6), asisten a los profetas (1 R 19: 5), por no citar más que algunos ejemplos.

Finalmente, y transitando los días de la Nueva Alianza, vemos al ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Yeshúa (Lc 1: 11.26).  Por ello, y  desde la Encarnación a la Ascensión del Mesías, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: ‘adórenlo todos los ángeles de Dios‘ (Hb. 1: 6). Desde entonces su cántico de alabanza en el nacimiento del Mesías no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: «Gloria a Dios…» (Lc. 2: 14). Protegen la infancia de Yeshúa (Mt. 1: 20; 2: 13.19), sirven a Yeshúa en el desierto (Mc. 1: 12; Mt. 4: 11), lo reconfortan en la agonía (Lc. 22: 43), cuando Él habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (Mt. 26: 53). Son también los ángeles quienes «evangelizan» (Lc. 2: 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (Lc. 2: 8-14), y de la Resurrección (Mc. 16: 5-7) de nuestro Maestro y Dueño. Con ocasión de la segunda venida de Yeshúa HaMashiaj, anunciada por los ángeles (Hb. 1: 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (Mt. 13: 41; 25: 31 ; Lc. 12: 8-9).

Por todo esto, hoy creo y aseguro que los poderosos ángeles siguen más activos que nunca en su misión y propósito. Estoy más que convencido que estos ejércitos (tseba-am) celestiales protegen al pueblo de Dios, sobre todo de las cosas que ponen en peligro su espiritualidad. La Escritura dice: “El ángel de YHVH está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7).

Por último, sé que dentro de muy poco, el malvado sistema de Satanás será destruido y nosotros seremos liberados y manifestados como hijos del Eterno. Sé que los ángeles desempeñarán un papel muy importante en estos trascendentales sucesos, que harán posible la vindicación de la soberanía de nuestro Abba y la realización de su propósito para la Tierra y la humanidad a través de Su Mesías. Los ángeles realmente son espíritus enviados para servir a favor de los que van a heredar la salvación.

¡Alabemos al Eterno porque usa a sus ejércitos (los ángeles) para ayudarnos a cumplir su voluntad que es buena, agradable y perfecta!

Por último, confirmemos la Palabra de Verdad con la que comencé esta bitácora:

«Así fueron terminados los Cielos y la Tierra y todos sus ocupantes«

(Bereshit / Génesis 2:1)

Bitácoras Relacionadas:

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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¿Hombre en Señorío o Humano Bestializado?

 

«Entonces dijo Dios:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y que señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»

 

(Génesis 1: 26)

 

Si meditamos en este diálogo interno de la Divinidad, entendemos que, de acuerdo al diseño original, todo ser humano ha sido colocado como representante de Dios (Elohim) sobre los órdenes de los seres inferiores. Éstos últimos no pueden comprender ni reconocer la soberanía del Eterno; sin embargo, fueron creados con la capacidad instintiva de ver la Gloria divina a través del ser humano posicionado mesiánicamente. Desde aquí cada uno de estos animales está apto para amar y servir al hombre que en propósito cumple la misión de promoverlos como criaturas, garantizándoles las mejores condiciones de vida.

Pero, para que este diseño divino del ser humano sea manifestado a la perfección en las áreas materiales de la animalidad, nos urge comprender la enseñanza de este pasaje desde los códigos hebreos en que vibran sus palabras.

Al leer este versículo del primer capítulo de las Sagradas Escrituras notamos que al terminar de hacer al ser humano (adam) el Todopoderoso dijo:

«…y que señoree en los peces del mar …»

Dicho imperativo surgirá de traducir la siguiente expresión hebrea: «veyirdu bidegat hayam«. Interesante resultará para la edificación de nuestra alma, entender que el verbo hebreo veYirdu usado aquí connota dos implicaciones para la vida humana. Por un lado, significa dominio (ridui), pero por otro lado puede significar descenso (yrida). Por lo tanto, el peso de la revelación divina es muy grande y necesitamos reflexionarla profundamente. El Eterno está señalando que si el hombre (varón o mujer) es obediente a la Instrucción (Torah) será digno de dominar toda fiera salvaje y a los animales domésticos; pero si no escucha la Torah, se convierte en un ser indigno del propósito por lo que descenderá más bajo que todo animal existente y entonces las fieras lo dominarán. 

La conclusión es que de acuerdo a su actitud ante el propósito eterno de YHVH el hombre puede ser un co-regente regio con Dios sobre toda bestia existente, o descender al estrato infrahumano en el que se degrada a los estándares bestiales, y se someterse así a las leyes naturales de la selva: sobrevivir. Esta última y enajenada condición es la que alcanza el alma humana cuando se hace sensorial a causa de la desobediencia. Es lo que el libro de Bereshit llama “hombre polvo” (Génesis 3: 19) y el apóstol Pablo llamará hombre natural que no acepta las cosas del Espíritu de Yahvéh, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente (1 Corintios 2:14). 

Esta condición de «animalidad» de la humanidad la conduce a ser controlada por la enseñanza de la serpiente que conduce un sistema de cosas basado en el poder del temor. Por esto, es mi costumbre designar a esta mentalidad y sistema de vida con el término de reptiliano. En dicho estado la humanidad no vive, sino que sobrevive, ya que toda acción que realiza es en pro del instinto destructivo del ser humano, que busca soluciones urgentes desde el placer inmediato sin pensar en las consecuencias para su destino y generaciones.

El Sagrado y Bendito Reposo (Shabat)

Por David Nesher

Al Shabat, según las Sagradas Escrituras, se le debe llamar tanto sagrado como bendito. Esto está íntimamente ligado al Shabat de la creación y al concepto de descanso. De este modo, el cuarto mandamiento dice:

«Porque en seis días hizo Dios los cielos, la Tierra y el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; Por tanto El Señor, bendijo el día del Shabat y lo santificó«

(Ex. 20:11)

Para entender un significado más profundo del Shabat, debemos entender primero al Shabat de la creación. ¿Por qué descansó Dios después de seis días? ¿Por qué apartó Dios un día en el cual específicamente cesó de trabajar?

Esto se vuelve como un rompecabezas cuando vemos el relato de la restauración divina de la Creación. Mientras avanzamos por los seis días, encontramos que cada uno nos ofrece un nivel creativo más alto. Primero hay la materia inerte, después las plantas, después los animales y finalmente el hombre. Nosotros supondríamos que en el séptimo día esta secuencia continuaría y se crearía algo aún más elevado. En cambio, encontramos nada…

Refiriéndose a la creación, la Torá dice (Gen. 2:2): «Y terminó Dios en el séptimo día«.

Si el Eterno Dios descansó en el séptimo día, ¿cómo pudo terminar exactamente el mismo día?, y si Él no hizo nada durante el Shabat, entonces ¿obviamente terminó en el sexto día?

En el Shabat, Yahvéh creó el descanso.

Para entender esto, tenemos que introducir un concepto aún más fundamental:

Entre más se parece algo a Dios, más cerca está y más comparte de Él. De hecho, el principal propósito del discipulado de Yeshúa es la imitación de Dios.

Dios mora en la eternidad, en una dimensión por encima del cambio y del tiempo. Él le dijo a Sus profetas: «Porque Yo soy El Señor, Yo no cambio» (Malaquías 3:6). La serenidad y la tranquilidad son entonces una réplica de los atributos Divinos.

En el Séptimo Día, Dios añadió esta dimensión de tranquilidad y armonía al mundo ya que éste ya no se encontraba en un proceso de cambio. Por lo tanto estaba capacitado para compartir la serenidad de Dios y convertirse en sagrado y divino.

Así el Shabat se convirtió en el día de la eternidad, permitiendo al mundo compartir la infinidad de Dios.

De cierta forma, Dios descendió al mundo en el Shabat de la Creación. Es interesante señalar que la palabra Shabat está relacionada con la palabra Sheves que significa “habitar en medio de”. En Shabat Dios hizo del mundo, Su residencia. Y es que Su templo ya estaba hecho: el hombre en plena actividad mesiánica.

Por consiguiente, el Shabat trajo consigo una armonía integral entre el Eterno Dios y Su mundo. En vez de seguir cambiando al universo, Yahvéh lo armonizó consigo mismo a través de Adam, su representante legal en la Tierra.

El misterio del Shabat es la Unidad. En Shabat, Yahvéh creó la armonía entre Él y el universo.

Cuando un hombre cuida el Shabat, también comparte la eternidad de Dios. Entra en un estado de armonía tanto con Yahvéh como con el mundo y se encuentra en un estado de paz con toda la creación.

Esto explica inmediatamente porqué el concepto de paz es tan importante en el Shabat. De allí que uno de los saludos más comunes en Shabat es Shabat Shalom, ya que la idea principal del Shabat es la paz, no solamente la paz entre el hombre y sus semejantes, sino la paz entre el hombre y toda la creación. El saludo Shabat Shalom, traducido al español declara lo siguiente: ¡”Que Su Paz otorgue Su Reposo a tu espíritu”!

Por todo esto, discernimos que Shabat es un poderoso recordatorio que nos devuelve al diseño del principio. Es una reunión con nuestra propia esencia. Es un retorno a la perfección que existió después de los seis días de Creación, antes del pecado.

En Shabat nos resistimos a hacer uso de las energías y fuerzas del mundo. Suspendemos nuestros esfuerzos por dominar y transformar. Reflejando el modelo original de Dios, cesando después de seis días de invención e innovación, corremos el velo y estamos cara a cara con nuestra esencia (espíritu) y nuestro Abba Dios. Por lo tanto, el Shabat es un día de total deleite que permite ascender en la santidad y ser así transformados a su semejanza. En Shabat nos convertimos en luminares para el mundo según el propio Yeshúa lo aseguró al decir:

“Ustedes son la luz del mundo.

Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija (un almud), sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.

Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”.

(Mateo 5:14-16)

Con amistad y servicio en Yeshúa: David Nesher (P.A.)

NOTA:

Puede ayudar leer y estudiar esta bitácora: ¿Qué es Shabat?

¿Quién escribió el Rollo de Bereshit (Génesis)?

Por P.A. David Nesher

Es bien aceptado en la fe del pueblo hebreo el hecho de que la Torah, entre ella el libro de Bereshit (en griego Génesis) fue escrito por Moshé (Moisés), quien recibió dicha revelación directamente del Eterno, en una manifestación pública, teniendo a todo el pueblo por testigo.

“Entonces ordenó a Josué ben Nun, y dijo:
¡Esfuérzate y sé valiente, porque tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré, y Yo estaré contigo!
Y sucedió que al terminar Moisés de escribir las palabras de esta Torah sobre el Rollo, hasta finalizarlas, Moisés mandó a los levitas que llevaban el Arca del Pacto de YHVH, diciendo:
“Tomad este Rollo de la Torah y ponedlo al lado del Arca del Pacto de YHVH vuestro Dios, para que quede allí como testigo contra ti .
Porque yo conozco tus rebeliones y tu dura cerviz. He aquí, estando yo aún vivo con vosotros, habéis sido rebeldes a YHVH, ¿cuánto más después de mi muerte?”

(Deuteronomio 31:23-27)

Además del testimonio vivo y verdadero que las mismas Escrituras nos acaban de dar, sabemos que es seguro que Moshé pudo haber escrito el denominado Jumash (en gr. Pentateuco) porque fue educado en el palacio del Faraón de Egipto, y «… enseñado en toda la sabiduría de los egipcios…» (Hechos 7:22) la cual incluía la profesión literaria.

Por este privilegio de crianza Moshé era probablemente uno de los hombres que más sabía de la historia del mundo hasta entonces, que ningún hombre de nuestra época maneja, ya que tuvo acceso a las bibliotecas más grandes y los anales más completos de aquel entonces.

Entendemos también que aquella expresión bíblica nos revela que él fue entrenado en las artes del liderazgo organizador que caracterizaba a los egipcios. Debido a esto él era consciente que su llamado celestial lo estaba convirtiendo en el dirigente de un movimiento espiritual que él sabía encerraba una importancia trascendental para todas las generaciones. Por lo tanto, surge una cuestión: ¿es posible que haya sido tan necio como para confiar los anales y los principios de su movimiento a la tradición oral y los mitos religiosos?

De que Moisés hacía uso del arte de escribir nos lo constatan los siguientes pasajes bíblicos: Éxodo 17:14; 24:4; 34:27; Números 17:2; 33:2; Deuteronomio 6:9; 24:1-3; 27:3-4; 31:19-24.

Es bien aceptado, y está bien testimoniado por las líneas de la Torah que Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, son obras de su pura pluma, con algunas porciones escritas bajo su dirección personal. Él fue el autor humano y el origen de estos libros. Él fue testigo de casi todo en el Éxodo, y todo en Levítico, Números y Deuteronomio. Sin embargo, en lo que se refiere a Bereshit o Génesis, él fue un compilador y editor, porque no fue un testigo presencial de los acontecimientos de Génesis, ya que no había nacido todavía.

En cuanto a Bereshit o Génesis (en griego), se sabe que usó relatos provenientes de la tradición oral de aquel tiempo, algo de la información escrita en “El Libro de Yashar” o “Libro del Justo” (Jos. 10: 12-13; 2 Sm. 1: 19-27 y 1 Re. 8: 12-13); y especialmente la influencia de once documentos antiguos existentes en sus días.

El asunto es sencillo de explicar. El libro de Bereshit (Génesis) termina su relato aproximadamente unos 200 años antes de la época de Moisés, y solamente pudo haber obtenido los informes que contiene por revelación directa del Eterno o de anales históricos recibidos de sus antepasados. Por supuesto, en la fe de Israel no se descarta la perfecta conjunción de los dos orígenes. Es que no hay duda alguna que para elaborar este material fue necesario una instrucción directa por parte del Eterno para con Moshé de que se escribiera y que formara parte de la Torah que se entregó en el Monte Sinaí.

Ampliando lo que vengo explicando, le diré que después del denominado «Himno de la Creación«, con el que configura el capítulo primero del Bereshit, Moshé colocará diez libros más, conocidos como «Libros de Generaciones» (hebreo Toledot) con los que logrará trazar los lineamientos del Libro de Génesis o Bereshit. Los eruditos aseguran que estos documentos fueron incorporados íntegros por la pluma de Moisés con la adiciones y explicaciones que el mismo Dios le haya movido a hacer; o también, tal como otros entendidos aseguran, puede que él haya compuesto el relato bajo la misma dirección de las materias históricas que haya tenido a su disposición.

Estos once documentos son los siguientes:

  1. «Himno de la Creación» o «Hexamerón» (cap.1: 1 al cap. 2: 3)
  2. «Generación del Cielo y de la Tierra» (cap. 2: 4  al cap. 4: 26)
  3. «El Libro de las Generaciones de Adán» (cap. 5: 1 al cap. 6:8)
  4. «Las Generaciones de Noé» (cap. 6: 9 al cap. 9: 28)
  5. «Las Generaciones de los Hijos de Noé» (cap. 10: 1 al cap. 11:9)
  6. «Las Generaciones de Sem» (cap. 11: 10-26)
  7. «Las Generaciones de Taré» (cap. 11:27 al cap. 25:11)
  8. «Las Generaciones de Ismael» (cap. 25: 12-18)
  9. «Las Generaciones de Isaac» (cap. 25: 19 al cap. 35:29)
  10. «Las Generaciones de Esaú» (36: 1-43)
  11. «Las Generaciones de Jacob» (cap. 37: 2 al cap. 50: 26)

Estos once documentos primitivos, originalmente eran anales genealógicos de la familia escogida por el Eterno y de otras relacionadas con ella, que forma el libro de Génesis, abarcan los primeros 2000 años de la historia humana, desde la caída del hombre hasta la estadía de la familia de Jacob en Egipto, como germen del Pueblo escogido: Israel.

Este trabajo de recopilación y edición que Moshé, inspirado por el Eterno, realiza tiene la primera intención de demostrar que el pueblo de Israel desciende en línea directa de Adán, el primer hombre creado por Dios. Moshé persigue concientizar a los israelitas liberados de la opresión egipcia que son vástagos y rama principal de esta línea genealógica escogida para manifestar la Luz mesiánica a las naciones.

Por ello, elaborará el relato uniendo la toledot (generaciones) en los puntos centrales representados por Adán, Noé, Sem, Heber, Abraham e Isaac, demostrando así la legitimidad divina del propósito y la misión de Israel para las naciones.

Entonces debemos decir que si bien Moisés hizo uso de la vía oral, así como, las tradiciones escritas, fue en verdad la inspiración del Eterno quien lo guió a editar y compilar estos once documentos genealógicos que fueron sometidos a los lineamientos del Espíritu del Mesías que se ha movido sobre las aguas desde los comienzos a fin de conducir a los hombres a el objetivo final de Su Intención: llegar a la estatura y plenitud de su semejanza (Génesis 1: 26-27; Efesios 4:12-13).

Con amistad y servicio David Nesher (P.A.)


Bitácora Relacionada:

¡Que acontezca la Luz!… ¡Y la Luz aconteció!

P.A. David Nesher

 

«Vayomer Elohim yehi-or vayehi-or«.

«Y dijo Elohim: Hágase la Luz y fue la Luz«

(Bereshit 1:2)

Desperté con la Luz aconteciendo en mi interior. Sus ideas fluían empujándome a escribir. Decidí que cada una de ellas, como chispas de esa Luz Infinita se convirtieran en las líneas de esta bitácora.

Quiero hoy compartirles evidencias. Testimonios de distintos documentos que son Fuentes de Información de mucha credibilidad dentro de los Círculos de Estudios de la Torah. Ellas prevalecieron en el tiempo en forma de papiros o rollos de cuero que un día, de manera «accidental», permitió que fueran encontrados en el Mar Muerto y que nos dan luces históricas sobre la vida de nuestros antepasados en la zona de Oriente Medio. Las Fuentes testimoniales a tener en cuenta en este espacio de reflexión son:

  • El Talmud
  • Filón de Alejandría
  • Flavio Josefo
  • El Targum
  • Aristóbulo
  • Sabiduría
  • Rollos de Enoch
  • La Septuaginta (Versión de los Setenta)
  • Efraim

Hoy, seguramente al igual que yo, ustedes han despertado prestando mucha atención en esto: El Eterno dijo en el yom rishon )primer día): «…¡hágase la luz!…» En base a esta declaración, alguien me preguntó ayer: ¿cómo es posible que la luz que conocemos como la luz que genera nuestro astro mayor el sol o la que se reflecta mediante la Luna, no sea la misma luz? ¿Acaso es que existe la oscura posibilidad de que haya sido otra clase de LUZ?

Recordemos bien que el Sol, la Luna y las estrellas, «fueron creados» (en realidad fueron percibidos y discernidos desde el planeta, como fuentes de luz) solo en el Día Cuarto –yom revi’l. Entonces ¿Cómo desenredamos esta madeja de hilos lumínicos celestiales?

Por siglos, Israel, el Pueblo de Yahvéh, supo los que los sacerdotes y los distintos escritores antiguos de sabiduría yahvista han dicho: la Luz del Primer Día fue una luz especial que Dios permitió para restaurar con visión el mundo que Él ya había creado con perfección en todos los detalles, y que había sido llevado al caos por el primer movimiento de rebelión cósmica.

Veamos qué dice el 4º Libro de Ezra (Esdras):

«Entonces Tú ordenaste que un rayo de Luz brotara desde tus tesoros para que tus trabajos pudieran entonces reaparecer».
(Esdras 6:40)

Así, pues, de acuerdo a estas líneas del sacerdote re-constructor, fue una luz como ninguna otra que iluminaba toda la creación de una sola vez.

Qué nos dice Aristóbulo de Paneas, un sabio y escritor judío que vivió en Egipto hacia el siglo II antes de la Era Común:

«…el primer dia en el cual la luz nació por la cual todas las cosas pueden ser vistas juntas».

-Aristóbulo, Fragmento 3 (citado en Eusebio Preparatio Evangeliza 13.12.9)

El más más renombrado escritor judío de la antigüedad, Josefo, nos manifiesta:

«Dios ordenó que debía haber la luz y cuando esto vino, El consideró todo asunto».

Josefo, «Antigüedades Judías» 1:27

Uno de los más famosos Libros de Qumram, mencionado en la carta de Judas, el Libro de Enoch también nos cuenta sobre el particular:

(Después de convocar la luz, Dios dice:) «Y Yo estaba en medio de la luz. Y la luz fuera de la luz es llevada asi. Y la gran era vino y fue revelada toda la creación la cual Yo habia pensado crear. Y Yo vi que esto fue bueno”.

– Enoch (I) 25:3

Otra cita más referente al Targum (traducción al arameo de los Libros del Antiguo Pacto) expresa:

«Dios dijo: Hagase la luz para iluminar el mundo, y de una vez fue la luz.”.

-Targum Pseudo Jonathan Génesis 1:3

Uno de los más grandes sabios judío, Rabbi Eliecer dijo:

«Con la luz que Dios creó en el primer día uno podía ver desde una punta del mundo hasta la otra punta».

Una posibilidad que nos sugiere el estudioso de la Torah, James Kugel, es que la luz que vino más tarde a los cuerpos celestiales (sol, luna, estrellas), fueron creados o concebidos en el primer día, y aun así, los cuerpos celestiales no fueron percibidos desde la superficie terrestre sino hasta el Día cuarto.

Otro famoso Rollo de Qumram, llamado El Libro de los Jubileos nos presenta la siguiente opinión:

«Y El creó el abismo y las tinieblas -tarde y noche-, y la luz -amanecer y luz del día-, lo cual El preparó en el conocimiento de su corazón”.

Jubileos 2:2

Efraim, uno de los más prolíficos autores comentaristas de Torah, de comienzos del siglo cuarto, nacido en Siria, nos dice sobre el particular:

«Ha sido dicho que desde esta luz primaria, ahora difusa y del fuego, -los cuales fueron creados en el primer día- el sol fue ideado, el cual fue hecho en el firmamento y así como la luna y las estrellas, ha sido dicho que fueron hechos desde la misma primera luz».

-Efraim, comentario sobre Génesis 9:2

Filón de Alejandría, otro de los filósofos y grandes autores judíos de la antigüedad nos relata de una manera más poética su punto de vista:

«Ahora la luz invisible, perceptible solo por la mente, fue creada como a imagen de la Palabra de Dios (Logos) quien hizo toda la creación conocida. Fue una luz más grande que las estrellas, la fuente de la luz de las estrellas que se puede ver.».

– Filón Sobre la Creación 31 (también 55)

Considerando todos estos aspectos de las interpretaciones antiguas, estaremos concluyendo que de la misma manera que la Luz fue manifestada al principio, en el primer día, como movimiento divino de restauración, asimismo la Torah, haya sido manifestada en ese mismo día. Por ello, David HaMelej -El Rey-, comprendiendo esta verdad, nos canta en una de sus más conocidas melodías:

» Lámpara (Luz) es a mis pies tu palabra y Lumbrera (Luz) a mi camino.»
(Salmo 119:115)

Y no podríamos dejar pasar por el alto el concepto del Mesías que acontece en nuestra mente a la luz de lo creado en este primer día. Entendemos que el Espíritu de Dios que se movía sobre las aguas (v.2) vino con los siglos a manifestarse como el «Espíritu del Mesías«. De este modo Yeshúa, aconteciendo en la revelación como el primogénito de toda la creación, se manifestará con su mensaje de ser Él mismo el reflejo de la Torah, por lo que se proclama a sí mismo como «La Luz del Mundo» (Juan 8:12).

El apóstol Juan, tomó un antiguo himno que las primeras comunidades entonaban en su liturgia profética y lo colocó como la Introducción (capítulo 1) de su evangelio. En dicho capítulo, Juan escribió respecto del Mesías Yeshúa, lo siguiente:

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella«

(Juan 1:1-5)

En este pasaje Juan identifica claramente a Yeshúa como un ser que existió mucho antes de su concepción en la Tierra, y lo presenta como la Luz espiritual de la humanidad de la quién todo lo creado procede.

Será importante destacar que la palabra «Luz» en estos pasajes, del griego antiguophos, significa literalmente «resplandor original«, “luz originadora” o incluso «iluminación spiritual» en ciertos casos. Se deriva de la raíz pha, que significa «hacer manifiesto«. Juan dijo que cuando esta Luz brilló contra la oscuridad, o tinieblas [la ignorancia y el desvarío del sistema de cosas del dragón (Romanos 1:20-22)], las tinieblas no pudieron prevalecer contra ella.

Como vemos, esta Luz es muy poderosa. Ella no fue creada el Primer Día. Ella fue la creadora desde el primer instante creativo de todo lo que desde ella vino a existencia. Esta Luz, en el Primer Día, vino a acontecer como diseñadora de todo lo creado para iniciar así la Historia de la Salvación que en verdad es la verdadera historia de la humanidad.

Por todo esto, necesito llevarlos a un cuestionamiento que anhelo que cada uno pueda respondérselo así mismo:

¿De qué forma iluminas la vida de tu entorno y despejas así las tinieblas con la Luz del Mesías (Cristo) y el conocimiento de los caminos del Eterno revelados en Su Instrucción (Torah)?

Con amistad y servicio David Nesher (P.A.)

Yeshúa: El Bereshit, la Torah y la Creación

Por P.A. David Nesher

בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת הָאָרֶץ

«En  (un) principio creó Elohim los Cielos y la Tierra.«

(Génesis 1: 1)

Hay un dato importantísimo que no podemos pasar por alto a la hora de estudiar las Sagradas Escrituras, especialmente el Pentateuco. El mismo es que la totalidad de la Instrucción (Torah) divina está contenida en el primero de los cinco libros: el Bereshit (o Génesis). Así mismo, el primer libro, en su totalidad, está contenido en el primer capítulo, que a su vez está contenido en la primera sentencia; la misma se haya íntegramente en la primera palabra, y esta se resume en la primera letra: beth.

La Torah hubiera podido comenzar con la primera letra del alefato hebreo, con la letra Alef _ א _, pero Boré Olam (el Creador del Universo), decidió entregárnosla de esa manera porque quería guardarnos un mensaje que está oculto en ella.

Para entender la parte fundamental de toda la codificación de esta primera palabra de las Sagradas Escrituras, debemos saber que el término hebreo Bereshit, es traducida en Génesis capítulo 1 verso 1 como «En el Principio…«. Ahora bien, de haber querido el Eterno indicar que la Torah nos relataría un orden cronológico hubiera entonces utilizado la expresión «Bereshoná» que traduce «en el principio»,  o «al inicio«, en vez de «Bereshit«. Analizado así, es evidente que en esta palabra están encerrados todos los misterios de la creación.

De acuerdo a su origen es una palabra compuesta de dos vocablos hebreos, Be y Reshit (בראשית = ראש + בית). Ante este detalle lingüístico necesito que nos concentremos con un espíritu muy abierto en la explicación que a continuación desarrollaré. Analizaremos cada una de estas palabras, recordando que el hebreo es una lengua santa que merece ser considerada en su características espirituales.

Lo primero que quiero resaltar es que el hebreo es una lengua polisemántica. Esto quiere decir que cada una de las palabra que lo componen pueden significar muchas cosas. Además del detalle mismo de que cada palabra tiene muchas lecturas tanto en “significancia” como en “esencia”. Establecidas estas pautas, ahora los invito a considerar lo siguiente:

Dijimos que la primera expresión que compone a Bereshit es Be.La mismasignifica “en”, “dentro de”, “con”, “por medio de”, “por causa de”, “en aras de”, etc. (Aquí aportaré que la primera letra de la esta palabra que es Bet significa casa, es importante que recuerde esto).

Continuando con la conformación de Bereshit, dijimos que la segunda expresión que la compone es Reshit. Esta palabrasignifica “primero» (en lugar, tiempo, orden o rango)”, “primicia”, “inicio”, “principal”, “lo mejor”. Esta palabra tiene la misma raíz que la palabra hebrea “ROSH” que significa “cabeza”, “parte superior”, “comienzo”, “jefe”, “principal”, “gobernante”, etc. Esta significación se muestra claramente en la pictografía paleohebrea haciendo referencia a una cabeza humana.

Este pictograma implica la idea de «lo primero«, «en primer lugar«, «el que tiene la prominencia«. La pictografía de la cabeza de un hombre demuestra la inteligencia de una mente con ingeniería infinita escondida detrás de la creación. Nada podría resumir la perfección detrás del Cosmos y nuestro hermoso hogar llamado «Tierra», sino percibimos la insondable inteligencia de una Mente superior detrás de la obra creativa.

Como dijo el físico Albert Einsten:

«Cuanto más observo el universo más se parece a un gran pensamiento …»

Por estos asombrosos detalles de codificación, particularmente creo que la letra Bet es la más importante del alefbeto, pues ella resume lo que es realmente «crear» según la cosmovisión yahvista. La pictografía de la cabeza de un hombre demuestra también la inteligencia, la mente detrás de la creación. Nada podría resumir la perfección detrás del cosmos y nuestro hermoso hogar llamado «Tierra». Percibimos inteligencia, una Mente superior detrás de la obra creativa.

Insisto en que debemos poner atención y profundizar en estas palabras ya que su uso en todas las Kitvei HaKodesh (Escrituras Sagradas) nos dará mucha más luz con respecto a lo que quiere decir el texto que estudiamos hoy. Por ello, debemos saber que la palabra “Reshit” aparece casi 20 veces en el Jumash (Pentateuco), y en más de 50 ocasiones en todo la Tanak (Antiguo Testamento); veamos algunos ejemplos;

  • Se usa en relación con el inicio de un reinado, Bereshit/Génesis 10:10;
  • Con un hijo primogénito, Bereshit/Génesis 49:3; Devarim/Deuteronomio 21:17;
  • Con los primeros frutos de la tierra, las primicias, Shemot/Éxodo 23:19; 34:26

A todo esto debemos considerar que en el libro del profeta Yermiyahu (Jeremías 2:3), el pueblo de Israel es llamado “la primicia (Reshit) de sus frutos”. Si esto último quedó claro, ahora agregaremos  lo expresado en Proverbios 8:22, que describe a la Sabiduría divina, que es la Torah, como “el principio (Reshit) de su Camino”.

Así pues, juntando todos estos elementos idiomáticos del hebreo, podríamos también como primera instancia traducir el primer versículo (pasuk) del capítulo uno del Bereshit (Génesis), de estos dos posibles modos:

  • a – “En la Torah creó Elohim los cielos y la tierra.”
  • b – “Con la Torah creó Elohim los cielos y la tierra.”

De este modo, y al considerar al texto en su sustancia original logramos expandir nuestro entendimiento en la correcta cosmovisión del espíritu que inspiró estas líneas. Lo que el texto sagrado comienza confirmando es la idea de que la primera Intención de Elohim, fue la Torah y que con ella (y desde ella) creo todo lo existente.

Ahora bien, leyendo la enseñanza del apóstol Pablo, encontramos una visión mucho más clara e impresionante donde el uso de la palabra “reshit”, (sustituida en sus cartas por el término griego prototokos = primogénito), nos revela algo muy grandioso, que nos tomará un tiempo más dentro de nuestro comentario. Con esta codificación celestial en nuestra mente consideremos lo que él le escribe a los discípulos de Colosas:

«Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el Primogénito (Prototokos) de toda criatura.
Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él.
Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él;
y él es la cabeza, del cuerpo de la Iglesia, principio y primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga el primado».

(Colosenses 1:15-18)

¿Que está diciendo el apóstol en este texto? Es sencillo deducirlo: que nuestro Mesías también es señalado por el término primogénito (griego Prototokos o hebreo “Reshit”). Por ende aceptamos y creemos que Él, Yeshúa, es el “Reshit” de todas las cosas.

Es decir que el Mesías es el diseño original de la Intención del Eterno desde quién se proyectó todas las cosas creadas. Él está en el interior del Padre eterno desde la eternidad

“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

( Juan 1:18)

Si ponen atención aquí, el texto dice que Él (Mesías/Cristo) está en el Padre, es decir que desde la eternidad misma el Mesías existió, existe y existirá. Él está esencialmente unido al Padre por siempre porque la esencia del Mesías es la Torah, que como sabemos estuvo desde siempre en la mente de YHVH y fue lo primero que surgió de Él para ser motor de la creación.

En este texto Juan, menciona al “Verbo de la Vida”. Dicha expresión en hebreo se dice Davar HaJayim  ( החיים _ דבר ), o sea «la palabra que da a origen y propósito a la vida«. Esta es una de las cuantas insinuaciones de que la esencia del Mesías, es también llamada “Davar” (hebreo) o «Logo» (griego), ambas expresiones traducidas como “Verbo”.

Los sacerdotes de la Antigua Alianza entendían que el Verbo, manifestado en tiempos de la creación de la materia, existía antes bajo la forma de pensamiento divino, ya que si la palabra es capaz de expresar todo lo material, le es del todo imposible lo inmaterial.

Precisamente por esto está escrito en el primer capítulo del Bereshit (Génesis) “y dijo Elohim (Dios)”. Es decir Elohim, se manifiesta por medio de la forma del “davar”, produciendo un sonido audible desde fuera (de Él). Añade la Torah, “…que sea la luz…”, pues toda la luz procede del misterio del Verbo.

Por tal razón el verbo fue llamado “reshit” (principio), por cuanto fue el origen de toda la creación.

Entonces, de acuerdo a lo que las Escrituras Sagradas revelan, todo fue creado por medio del Mesías y por causa del Mesías, como también está escrito:

“En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de ella, y sin ella nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

(Juan 1:1-3)

Esta Palabra o Torah (Instrucción); este proyecto Mesías, el propósito eterno de la Intención misma de Yahvéh, fue luego materializado poco a poco por medio de la creación de todas las cosas. Pero aunque el Mesías no había sido manifestado como hombre, todas las cosas fueron preparadas por causa de él, y por causa de que él iba a venir y ser puesto como gobernante sobre todas las cosas creadas. Por esto el primer versículo de Génesis puede también traducirse de esta manera:

“Por causa del Principal creó Dios los cielos y la tierra.”

Al inicio de esta bitácora les solicite que se acordaran de la primera letra de la Torah: bet, (ב / Bet) significa «casa«, «tienda de campaña«, «vivienda«, «dentro» (בֵּית). Justamente en la pictografía paleohebrea la letra ב Bet es un plano de una casa (tienda), mostrando su importancia:

Entonces, teniéndola en cuenta y sumándola a todas las especificaciones que hemos considerado hasta ahora podríamos entender el primer versículo también de esta manera:

“Una casa de Reshít creó Dios los cielos y la tierra”.

La casa de la creación es entonces la vida del universo. La letra ב  (Bet) también sugiere la intención de Dios de permanecer dentro del ámbito de la creación, hasta manifestarse como Padre benevolente por medio de sus hijos.

Esto nos enseña que los Cielos (el 99% de la existencia) y la Tierra (el 1% de la existencia) son la casa de Reshít, que es el Mesías. Aquí casa y ropa es esencialmente lo mismo. Por lo tanto, la creación es la ropa del Mesías, como está escrito en el Salmo 102:25-27 y Hebreos 1:10-12:

“Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin”.

(LBLA)

¿Por qué el Creador no empezó su historia consigo mismo? ¿No es Él quien precede todas las cosas y por lo tanto debería estar puesto en primer lugar? ¿Por qué no escribió “Dios creó en el principio…”? Él no comenzó a hablar de sí mismo, sino de lo que ha hecho por medio de Reshít. Esto nos enseña dos cosas, primero, que Dios es muy modesto en relación con la Creación. No se presenta primero a sí mismo, sino se coloca detrás de Su Reshít.

La segunda cosa que aprendemos de este hecho es que nadie puede conocer al Creador directamente, sino sólo por medio de las cosas que él ha creado. Así es como lo enseñaba el apóstol Pablo a sus destinatarios de Roma, al escribir :

“…porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.”

(Romanos 1:19-20)

La enseñanza recalca que el Creador es invisible e inalcanzable para las cosas creadas. Sólo es posible conocerle por medio de lo que Él revele de sí mismo. En este texto, el apóstol Pablo nos enseña que el camino para conocer al Eterno pasa a través de la Creación y Su Reshít. De esta manera el Hijo, el Mesías, nuestro amado Yeshúa, es revelado como el principal agente por medio del cual el Invisible se manifiesta en el mundo:

“Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su esencia, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.” (Hebreos 1:1-3)

Así es como el mismo Mesías se revelaba a sus discípulos la noche en que sería entregado:

“Jesús le dice:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”

(Juan 14:6, 9)

El Padre se manifiesta en este mundo a través de su Hijo. Ahora, no podemos caer en la trampa de pensar que el Eterno sea como los hombres o los animales de manera que se pueda reproducir y tener hijos como nosotros. Este pensamiento se encuentra en las religiones paganas entre personas que no conocen la verdad de Torah. Cuando habla del Hijo, se refiere a la función de ser el seguidor y el representante, al igual que un hijo imita y representa a su padre en una familia.

El Hijo es el que representa al Padre en la creación. El concepto hebreo de Hijo tiene que ver con discipulado, representatividad y delegación de autoridad. Desde esta idea, en las Escrituras hebreas los discípulos son llamados hijos, a pesar de no haber sido engendrados biológicamente por su maestro (cf. 1 Reyes 2:12; 20:35; 2 Reyes 2:3ss; Juan 8:39, 41; Efesios 5:1). Estos “hijos” luego reciben la autoridad delegada para actuar como representantes de su maestro.

Por lo tanto, cuando las Escrituras hablan de los “hijos de Dios” se está refiriendo a ángeles u hombres que han recibido poder del Creador para juzgar y gobernar sobre alguna área de la creación, se trata de autoridad delegada (cf. Job 1:6; 38:7; Salmo 82:6; Juan 10:34-38). Por esto a todos los que reciben a Yeshúa les es concedido el poder, es decir la autoridad, de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).

Ser hecho hijo de Dios, significa recibir una posición de liderazgo y un puesto de autoridad en alguna área de la creación.

Con amistad y servicio David Nesher (P.A.)


También te invito a leer, y meditar en tu corazón la siguiente enseñanza: