Estudios Bíblicos

¿430 o 215?… ¿Cuántos Años en Egipto?

Por P.A. David Nesher

“Y los hijos de Kehat: Amram, Yitshar, Jevrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”

Shemot/Éxodo 6:18

Resulta que desde los ámbitos dogmáticos de la cristiandad se ha acostumbrado al «rebaño» a creer que el pueblo de Israel estuvo cuatrocientos años esclavizados en Egipto, construyendo ciudades para ellos, fabricando ladrillos de barro… Así pues, cuando hacemos un estudio acerca de lo que las Sagradas Escrituras nos hablan acerca de este hecho, descubrimos la realidad de los mismos, pero a la vez no podemos evitar la confrontación de nuestras mentes con la inexactitud del tiempo real de esclavitud que surge al cotejar en paralelo los datos que aparecen, por ejemplo en este pasaje (Ex. 6:18) y los que desde Bereshit se nos relata.

Por ello, para comenzar leeremos lo que encontramos en el siguiente relato:

“El tiempo que los hijos de Israel vivieron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. Y sucedió que al cabo de los cuatrocientos treinta años, en aquel mismo día, todos los ejércitos de Yahvéh salieron de la tierra de Egipto.”
(Éxodo 12:40-41 )

Por medio del material aquí presentado podemos buscar un adecuado entendimiento que nos permita conciliar de una manera lógica los 430 años que este libro dice que Israel fue esclavo (Éxodo 12:40) y los 400 años que le anunciara el Eterno a nuestro padre Avraham (Génesis 15:13). Analizaremos cuál fue el tiempo aproximado en años que los israelitas estuvieron en la esclavitud.

Lograremos esto estudiando las edades de los hombres que vivieron en este periodo de tiempo. El Eterno ha registrado sus edades en diversos momentos importantes para darnos una mejor apreciación de la continuidad e interacción de estas con su historia.

Si regresamos al libro de Bereshit (Génesis 46:11) leemos allí que Kehat (Coat) bajó con su abuelo Yaakov a Egipto. Ahora bien, si sumamos los años de vida de Kehat (130) más los años de vida de Amram (137 según el v. 20), más los 80 años de Moshé en ese momento obtenemos como resultado 347 años. Además hay que considerar que muchos de los años de los hijos están incluidos en los años de sus padres.

Allí mismo, en el libro de Génesis, leemos que Dios le dijo a Avram sus descendientes serían extranjeros y esclavos:

“Y dijo a Avram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”
(Génesis 15:13 )

Ante esto, la lógica mental cuestiona: ¿Cómo es posible que la profecía de Génesis 15:13 hable de 400 años de opresión y esclavitud cuando la genealogía de los levitas no muestran tantos años de estancia en la tierra de Egipto?

Para responderla, vamos a considerar algunas interpretaciones:

Según el intérprete Rashí, y otras muchas fuentes rabínicas, los 400 años empezaron a ser contados a partir del nacimiento de Yitzjak. Leamos el comentario de Rashí sobre Éxodo 12: 40:

“Es imposible decir que (estuvieron 400 años) en Egipto solamente, ya que Kehat (el abuelo de Moshé) fue uno de los que llegó (a Egipto) con Yaakov. Considerando su edad (133 años) y sumando los años de su hijo Amram (137) y los 80 años de Moshé (edad a la que condujo a los israelitas fuera de Egipto), sin duda, no obtendríamos cuatrocientos años. También, debemos considerar que Kehat vivió muchos años fuera de Egipto y muchos años de la vida de Amram son compartidos con los de Kehat, y lo mismo ocurre con los años de Moshé respecto de su padre. Por lo tanto, no podemos contar 400 años desde la llegada de los israelitas a Egipto”.

En tal caso Yitzjak es considerado como parte de los “descendientes” de Avraham que iban a ser esclavizados y oprimidos durante 400 años en tierra extranjera. Así pues la expresión «tierra extranjera» sería abarcativo, en este caso, tanto la tierra de Kenáan (Canaán), donde vivió Yitzjak durante toda su vida, como de la tierra de Egipto, donde bajó luego Yaakov con sus hijos. Puesto que Kenaán dependió económicamente de Egipto durante los días de Avraham e Yitzjak, y era también dependiente en el sentido político durante los reyes hicsos, en el tiempo de Yaakov y Yoséf, no es extraño encontrar que ambos países estaban incluidos en la forma singular «tierra extranjera«.

Ahora los invito a considerar dos expresiones del oráculo divino respecto a la descendencia de Avram: «serán esclavizados y oprimidos«. Para ellos, primeramente tendremos que manejar con claro discernimiento los términos «opresión» y «esclavitud» pues no son lo mismo:

a) OPRESIÓN: Sufrir abusos. Estar apretados por alguna situación (personas o cosas).

b) ESCLAVITUD: Sumisión a una autoridad o poder tiránico que suprime todo tipo de libertades.

Es justamente este el matiz que nos hace entender que la «dura servidumbre» no duró 400 años, sino mucho menos.

«Serán esclavizados»

Cuán extraño debe haberle parecido a Avram, en el momento de estar pactando con el Creador, que sus descendientes, acerca de los cuales se habían hecho tan maravillosas promesas, habían de ser esclavos de aquellos en cuyo medio vivirían.

Esta profecía se cumplió a su debido tiempo. Su nieto Yaakov fue siervo de Labán durante 20 años (Génesis 31:41). Su bisnieto Yoséf aún fue vendido como esclavo, y más tarde puesto en prisión (Gén. 39: 1; 40: 4). Finalmente todos los descendientes de Israel fueron esclavizados en Egipto (Ex. 1: 13, 14).

«Serán oprimidos.»

Esa etapa de la historia de Israel había de incluir no sólo servidumbre sino también aflicción y persecución.

El cumplimiento de esta profecía puede comprobarse prácticamente en cada generación durante cuatro siglos:

Yitzjak, el hijo de Avraham fue «perseguido» por Ishmael (Gál. 4:29; cf. Gén. 21:9).

Yaakov huyó de Esaú para salvar su vida (Gén. 27:41-43), y más tarde de Labán (cap. 31:2, 21, 29).

Yoséf fue vendido como esclavo por sus propios hermanos y más tarde injustamente arrojado en la cárcel (caps. 37:28; 39:20).

Finalmente los hijos de Israel fueron grandemente oprimidos por los egipcios después de la muerte de Yoséf (Éx. 1: 8, 12).

«Cuatrocientos años.»

Propongo hacer dos preguntas para encontrar la respuesta al cuestionamiento planteado al comienzo de esta bitácora. Ellas son:

  • (1) ¿Es éste el tiempo de aflicción,o el tiempo de permanencia en Egipto, o ambas cosas?
  • (2) ¿Cómo se relacionan estos 400 años con los 430 de Exo. 12:40, 41 y Gál. 3:16, 17?

La primera pregunta depende de la solución que se dé a la segunda.

Entonces, leamos con atención la declaración de Éxodo cap. 12 vers. 40:

«…el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años«,

A simple vista esto parece implicar que los hebreos estuvieron realmente 430 años allí, desde la entrada de Yaakov hasta el éxodo propiamente dicho.

Bien, sugiero que no nos apresuremos a sacar conclusiones. Necesito que ahora consideremos lo que nos enseña uno de nuestros principales mentores en la fe mesiánica, el apóstol Pablo:

“Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo. Lo que digo es esto: La Torah, que vino cuatrocientos treinta años más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.”

(Gálatas 3:16-17)

Es evidente, por la enseñanza paulina expresada en la carta a los Gálatas que la declaración del capítulo 12, verso 40, de Éxodo no puede ser literal, ya que Pablo dice que la Torah fue promulgada en el Sinaí 430 años después del pacto entre Dios y Avram.

Si el apóstol Pablo se refiere a la primera promesa hecha a Avram en Harán (Gén. 12:1-3), los 430 años comenzaron cuando Abram tenía 75 años (cap. 12:4). Entonces los 400 años de aflicción comenzarían pues 30 años más tarde, cuando Avram tenía 105 y su hijo Yitzjak 5 años de edad (cap. 21:5). Esto ocurriría por el tiempo cuando Ismael, que «había nacido según la carne«,»perseguía [a Yitzjak] al que había nacido según el Espíritu» (Gál. 4:29; Gén. 21:9-11).

El tiempo exacto desde el llamado de Avram hasta la entrada de Yaakov en Egipto fue de 215 años (ver Gén. 12:4; 21:5; 25:26; 47:9), lo que dejaría 215 años de los 430 como el tiempo que realmente pasaron allí los hebreos.

Por esta razón, los 430 años de Éxodo capítulo 12 ver. 40 deben incluir la permanencia en Kenaán tanto como la estada en Mitzrayim (Egipto), desde la vocación de Avram hasta el éxodo.

Interesante resulta saber que la traducción Septuaginta (Versión LXX) traduce a Éxodo 12, ver. 40, de la siguiente manera:

«Y la permanencia de los hijos de Israel, mientras habitaron en la tierra de Egipto y la tierra de Canaán, fue de cuatrocientos treinta años«.
(Ex. 12:40)

Como ya lo he señalado más arriba, la tierra de Kenaán dependía tanto de Egipto durante el período patriarcal, que los faraones egipcios en realidad la consideraban como suya y se referían a ella como tal.

Desde la Dinastía XVIII (conjunto de faraones que gobernaron Egipto entre los años 1550 y 1295 a. C) , tanto a Kenaán como Siria, estaban sometidos a estos faraones. Por lo tanto, Moshé podía incluir apropiadamente a Kenaán dentro de los términos de la expresión Egipto como lo hizo en Éxodo 12.

Si leemos bien la promesa-oráculo de Dios notaremos que no se refiere a Egipto específicamente, sino a “una tierra que no será suya”. Tan pronto como Avraham tuvo un hijo, su descendencia se vio forzada a vivir en tierras ajenas, incluyendo Kenaán la cual no era “de ellos” en ese momento.

Entonces debemos comenzar a buscar la conclusión a todo esto. Para ello es necesario que aceptemos que el punto inicial marcado en Éxodo 12:40 es resaltar a Israel como una familia completa conformada por los padres de familia (clanes). Dichas cabezas de familia tienen su punto de inicio en Avraham. Por ello, el relato está significando que este periodo de tiempo comenzó con Abraham, y no debe tomarse como el tiempo que los israelitas estuvieron en Egipto (recordemos en relato paulino de Gálatas 3:16-17).

Ahora debemos hacernos otras dos preguntas que nos permitan cerrar todos estos datos en una sola idea:

  • 1) ¿En qué punto de la vida de Abraham iniciaron los 430 años?
  • 2) ¿Cuándo comenzaron los 400 años?

La profecía de los 400 años se encuentra en Génesis 15:13:

“Y Dios dijo a Abram:
Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años.”

Hay dos puntos importantes que se deben notar aquí. Esta profecía pertenece a los descendientes de Avraham, no a él; y, ya que en ese entonces él no tenía descendientes, el inicio de los 400 años era para el futuro.

La Torah nos cuenta que Avraham tenía 75 años cuando l Eterno le dio la primera promesa (Gén. 12:4); y 100 años cuando nación Yitzjak (Gén. 21:5). Esto suma 25 años, aún nos faltan 5 años más, por lo tanto el inicio de los 400 años debe ocurrir en algún otro punto de su vida.

Los expertos en hebreo bíblico dicen que dicha ocasión se muestra en el banquete del destete de Yitzjak:

“Y el niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado.”
(Génesis 21:8)

Al llegar al versículo 12 de este mismo capítulo nos encontramos con el siguiente relato:

“Mas Dios dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por tu sierva; presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia.”

Este pasuk pone el sello de aprobación del Eternos sobre Yitzjak, eligiéndolo como la simiente mesiánica de Abraham al enviar a Agar (la egipcia) y su hijo Ishmael fuera de su casa. Así pues, descubrimos que es este el punto de la historia en el que comienza la profecía de los 400 años; cinco años después del nacimiento de Itzjak. En ese momento el Eterno le hace saber a Avraham que su simiente está en Itzjak, y que por medio de él se convertirá en padre la familia mesiánica que bendecirá la Tierra. Si sacaron bien las cuentas, verán que los 25 años más estos cinco años suman un total de 30 años; es decir, la diferencia entre los 400 y los 430 años.

Así nos debe quedar claro que los 400 años y los 430 años culminan en el mismo momento en Éxodo cap. 12 vers. 40. tal como el diácono Esteban lo recordara a sus oyentes en su discurso:

“Y Dios dijo así:
Que sus descendientes serian extranjeros en una tierra extraña, y que serian esclavizados y maltratados por cuatrocientos años.
”
(Hechos 7:6)

Ahora, contaremos los años transcurridos desde Génesis capítulo 12 vers. 4 hasta la muerte de Yoséf para determinar el paso del tiempo sujeto al oráculo divino y su perfecto cumplimiento. Para ello, les compartiré el procedimiento lógico-matemático que realiza el teólogo Don Roth:

Avraham tiene 75 años cuando el Eterno le da la promesa-oráculo (Génesis 12:4). A sus 100 años nace Yitzjak (Génesis 21:1-7).

Yitzjak tiene 60 años y nace Yaakov con su gemelo Esav (Génesis 25:26)

Yaakov tiene 130 años cuando desciende a Egipto (Génesis 47:9).

Yoséf tiene 30 años cuando le interpreta en sueño a Faraón acerca de los siete años de abundancia (Génesis 41:46-47).

Se registra que Yaakov tenía 130 años cuando llega a Egipto en el segundo año de hambruna. Yoséf entonces tenía: (30 años + 7 años de abundancia + 2 años de hambruna =) 39 años. Esto muestra que Jacob tenía 91 años cuando nació José. (Génesis 47:9)

Ahora, retomando desde que Avraham dejó Padán Aram para ir a la Tierra Prometida hasta que Yaakov llegó a Egipto, haremos el siguiente cálculo:

Abraham tenía 75 años cuando dejó Arán, y 100 años cuando nació Isaac. Un total de 25 años.

Yitzjak tenía 60 años cuando nació Jacob.

Yaakov fue a Egipto a sus 130 años

25 + 60 +130
Total: 215

Esto muestra el tiempo comprendido entre el inicio de los 430 años y la llegada de Jacob a Egipto.

Ahora bien, José muere cuando tenía 110 años (ver Génesis 50:22).

110 – 39 = 71 años en los cuales Israel vivió pacíficamente en Egipto mientras José estaba vivo.

Recordemos que tomó 215 años para que Israel llegara a Egipto. Ahora sumémoslo con los 71 años de paz en esa tierra pagana.

215 + 71 = 286

Si a 430 años le restamos esos 286 años, obtendremos como resultado 144 años de esclavitud en Mitzrayim (Egipto). Estos 144 años de esclavitud se asume que comenzaron con la muerte de Yoséf.

Tomando como base en el cálculo anterior, Don Roth se aventura a realizar las siguientes observaciones. Los israelitas salieron de Egipto en el año 430 del cumplimiento del oráculo divino dado a Avraham. La Torah relata que Moshé murió de 120 años (Deuteronomio 34:7). Si restamos los 40 años que estuvieron en el desierto, obtenemos que Moshé tenía 80 años de edad cuando Israel salió libre del exilio egipcio. Ahora bien, al restarle estos 80 años a los 430 años, se tienen 350 años después de que Yahvéh le dio la promesa-oráculo a Avraham. A estos 350 años se le restan 286 años que hay desde el inicio de la cuenta de los 430 años hasta que Yoséf murió, y se obtiene el dato certero de que Moisés nació 64 años después de la muerte de dicho patriarca.

Justamente tomando el versículo que encabeza esta bitácora, podemos vincular los últimos cálculos con la genealogía de Aharon y Moshé. Esto se puede ligar con el detalle de que la madre de Moshé era nieta de Leví, y no su hija.

“Y el nombre de la mujer de Amram era Jocabed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto; y ella dio a luz de Amram, a Aarón, a Moisés y a su hermana Miriam.”
(Números 26:59)

Hay dos escrituras que explican que Jocabed era nieta de Leví. Una de ellas es la que estamos considerando, que vale la pena volver a transcribir:

“Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años.”
(Éxodo 6:18)

Este versículo muestra que Amram, padre de Moshé, era nieto de Leví por parte de su padre Kehat (Coat), hijo de Leví.

La otra escritura dice que Amram se casó con Jocabed, hermana de su padre.

“Y Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella le dio a luz a Aarón y a Moisés; y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.”
(Éxodo 6:20)

Esto muestra que Jocabed era la nieta de Leví, no su hija. Cuando en Números 26:59 se dice que Jocabed era la “hija de Leví”, podía significar “nieta” (“hija o nieta”, TA; “descendiente” RH), como en tantos otros lugares en las Escrituras donde “hijo” se usa para referirse a un “nieto”. El exegeta Ferrar Fenton comenta en su traducción al inglés que la expresión ‘que le nació a Leví’, que aparece en este versículo, “es una locución hebrea que no significa que le naciera a Leví personalmente, sino a un descendiente de la tribu. Por el tiempo transcurrido es imposible que hubiese sido hija directa de Leví”.

Es más, algunos eruditos creen que Joacabed era la prima de Amram más bien que su tía, y eso es lo que indica la Versión de los Setenta griega, así como la Peshitta siriaca.

“Jocabed, la hija del hermano de su padre”
(Éxodo 6:20 – Versión LXX).

Finalmente, vemos que existe una diferencia de 30 años desde que Dios le dio la promesa a Avraham y cuando esta comenzó. Pero, una vez que los 400 años de la profecía comienzan, ambos periodos de tiempo concluyen de manera simultánea en lo que relata Éxodo cap. 12 vers. 40. La cantidad máxima de años que los israelitas fueron esclavos fue 144 años.

Genealogía, Linaje y Propósito…

Por P.A. David Nesher

«Éstos son los jefes de las familias de sus padres … «

(Shemot/Éxodo 6: 14)

¿Qué está pasando ahora!… ¡De repente una genealogía interrumpe la continuidad del relato histórico!… ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué significa esto en el Propósito eterno de Dios?

Todos los exégetas de la Torah recalcan su extrañeza ante la interrupción del relato cronológico de la Torah para intercalar la genealogía de Moshé y de Aharón.

Las razones aparentes que los exégetas hallan como respuesta a esta «interrupción» están basadas, generalmente, en los midrashim.

Entre tantos comentarios, encontré y elegí aquí la opinión de Rashbam (acrónimo hebreo para: RAbi SHamuel Ben Meir ), basada en lo que él mismo denomina el פשת («Peshat» o «interpretación literal» del texto bíblico):

«De acuerdo con el Peshat, ya he explicado en el libro de Bereshit (Génesis) que la Torah procedió a enumerar los años de la vida de las personas que existieron desde Noah hasta Abraham y después de Abraham enumera los años de Itzjak y después los de Yaakov y después los de Leví, su hijos y después los años de Kehat y después los de Hamram, sucediéndoles los años de Moshé, de Yehoshúah, de los Jueces, de los Reyes, de los setenta años del exilio babilónico y también los años del Segundo Templo de Yerushalaim, en Daniel.»

De este exegeta que las genealogías eran utilizadas para establecer credenciales y autoridad, al igual que para trazar la línea histórica del linaje de una familia. Por lo tanto, se infiere que la finalidad de este relato genealógico es elevar a Moshé y a Aharón al rango de importancia de los Patriarcas de Israel, como hombres de gran influencia profética que hicieron la historia del Pueblo Escogido en la época bíblica.

Es decir que el escritor (Moshé) introduce, inspirado por Dios, esta información con el fin de dejar claramente establecida la situación final antes de encarar el paso siguiente. Es decir que el Eterno quiere mostrar por medio de este pasaje quiénes son las personas a las que Él les ha asignado esta tarea de redención. Yahvéh quiere asegurar en la mente y corazón de cada israelita el linaje levítico de Moshé y Aharón, crucial para establecer la legitimidad de esta misión celestial.

Por otra parte, tengamos también en cuenta que, a pesar de la esclavitud que había situado a los hijos de Israel en el último peldaño de la escala social, los hebreos mantuvieron plena conciencia de su estirpe. Todos ellos eran descendientes de los Patriarcas, y seguían respetando sus cabezas de familia. En su angustia moral y social, su ascendencia familiar representaba su mayor bien, que preservaban con celo.

Además, la elección divina de Moshé y Aharón, hijos de la tribu de Leví, para esta misión libertadora, no será más que el preludio de la elección definitiva que se hará de la tribu de Leví para dedicarse exclusivamente al servicio de Yahvéh, primero en el Mishkán (Tabernáculo) que se construirá en el desierto, después de la salida de Egipto. Luego en los Santuarios de Israel y en los dos Templos de Yerushalaim.

En otro orden de cosas, en un comentario introductorio al Seder HaHavodah de Yom Kippur, esta idea queda plasmada en las palabras siguientes:

«De su estirpe (de Itzjak) elegiste a Yaakov, hombre íntegro, sellado por Tu Pacto.
Doce tribus a él diste por posteridad, amados por Ti, ¡oh, Dios! desde su nacimiento.
De entre las tribus elegiste a Leví para servirte; de entre todos sus hermanos. le concediste la corona del sacerdocio. Hamram fue elegido de la estirpe de Leví, y a Alzaron, su descendiente, consagraste para Tu culto»

( Majzor para Yom Kippur a la usanza de los judíos sefaraditas.
Versión castellana de Marcos Edery. Edición 1969.)

Así notamos que esta porción es importante debido a que el sacerdocio que eventualmente vendría por parte de la familia de Aharón pasaría a sus descendientes. Por lo tanto era primordial el saber exactamente quienes eran sus descendientes.

¿Qué nos enseña este registro?

Hay personas que se sienten pequeñas por no tener un título académico. Otros se sienten demasiado importantes, dado su extenso currículum. Pero la Torah no presenta a Sus emisarios conforme a títulos, sino de acuerdo a su linaje.

¿Queremos saber cómo es una persona? Miremos su familia o preguntemos cómo es su familia. El que la Torah haga énfasis en la ascendencia de Moshé y Aharón significa que nadie logra realizar el trabajo espiritual solo o en el vacío, Moshé y Aharón estaban sostenido sobre los hombros de sus antepasados.

Shalom!


Bitácora Relacionada:

Los Pasos de la Redención Mesiánica.

Por P.A. David Nesher

Lachen emor livney-Yisra’el ani Adonay vehotzetí etchem mitachat sivlot Mitsrayim vehitzaltí etchem me’avodatam vega’altí etchem bizroa netuyah uvishfatim gedolim.

Velakajti etchem li le’am vehayiti lachem le’Elohim vidatem ki ani Adonay Eloheychem hamotsi etchem mitachat sivlot Mitsrayim.

«Por tanto, dirás a los hijos de Israel:
Yo soy YHVH; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy YHVH vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo YHVH. » 

(Shemot/Éxodo 6: 6-7)

Yahvéh finalizará exclamando: “Vehevetí” (» Y os meteré», también traducido como “Y los llevaré” (6:8).

En este texto encontramos siete promesas:

  1. os sacaré – [primera copa llamada kidush, “santificación”]
  2. os libraré – [segunda copa llamada “juicio”]
  3. os redimiré – [tercera copa llamada “redención” o “bendición”]
  4. os tomaré – [cuarta copa llamada “alabanza”]
  5. yo seré vuestro Dios.
  6. os traeré.
  7. os la daré.


El teólogo experto en hebreo bíblico Kaiser explica que “cada uno de estos verbos hebreos, las cuales están en tiempo pasado (ejemplo, pasado perfecto), en lugar del tiempo futuro, tan cierto estaba Dios en su cumplimiento que fueron vistos como si ya se hubieran cumplido.”

Ahora bien, para un mejor entendimiento de nuestra emunáh (Fe) necesitamos concentrarnos en los pasos celestiales que el Eterno realiza siempre para redimir a Su Pueblo.

Como notarán en el listado de las promesas, los sabios intérpretes, basándose en las cuatro primeras expresiones de la Torah, fijaron la piadosa costumbre de beber cuatro copas de vino en la noche de Pésaj. Estas cuatro copas que marcan el esquema del Seder (Orden) de la Cena Pascual, estaban vigentes en los días del Señor Yeshúa, y aún persiste la costumbre hasta el día de hoy.

Aquí les comparto un texto de la tradición oral sobre el establecimiento de ellas:

«…El precepto de las cuatro copas de vino, que se beben en el Seder, es una ordenanza que la Torah no exigía originalmente. La acción principal del evento está solo en comer. La bebida no se prescribe. La cena de Pésaj no es un hecho mundano, sino una comida de mitzváh (mandamiento), por lo que la Torah nos exige que comamos ciertas comidas en particular, como son el sacrificio de Pésaj, la matzáh (pan sin levadura), el maror (hierbas amargas), para cumplir con el Alto Precepto (…)
Pero en la mesa también se debe beber, si bien la bebida es secundaria con respecto a la comida. Y así como la Torah estableció que se debía realizar una comida de mitzváh, los sabios en la época del exilio babilónico fueron un poco más allá y decretaron que también debería haber una «bebida de mitzváh», entonces establecieron las cuatro copas de vino. Pero ese acto de beber tampoco debería ser como el de todos los demás días…»

Detengámonos un instante a analizar estas cuatro expresiones, que son de gran profundidad. Ya dijimos muchas veces que los israelitas fueron sometidos de tres maneras:

  • 1) Al ser extranjeros,
  • 2) Al ser esclavos,
  • 3) Al ser torturados, donde cada aflicción es peor que la anterior.

Por eso, una vez que Yahvéh llegó para redimir a Israel, en primer lugar los libró de las torturas de los egipcios, luego los salvó de la servidumbre y el dominio, y finalmente, los redimió, poniendo término a su calidad de extranjeros. Pero si bien todos esos actos pusieron fin a la relación negativa con Egipto, no causaron en si nada positivo, hasta qué… “os tomaré como pueblo Mío”. Así Israel se convierte en la nación de Yahvéh.

El libro Bené Isajar (s. XVIII) explica que las cuatro copas representan los cuatro méritos que Israel tuvo en Egipto:

  • ellos no cambiaron sus nombres hebreos;
  • ellos conservaron su propia lengua;
  • ellos fueron cuidadosos en no tener relaciones ilícitas;
  • y no había delatores entre ellos.

El libro Méshej Jojmá (f. 1926) agrega que esto indica cuán importantes son estas medidas de autoprotección, porque a pesar de que Israel fue derrotado por todas las otras impurezas de Egipto, el hecho de que ellos fueron cuidadosos en estas cuatro áreas les hizo ganar el título de ser «distinguidos» en las esferas celestiales y por este mérito fueron redimidos.

Así mismo, Rabí Itzjak Abarbanel (s. XIV) nota que las cuatro copas representan las cuatro diferentes redenciones que Israel ha experimentado. La primera fue cuando Elokim eligió a Avraham y a sus descendientes, de quienes Él sembró la semilla de la nación de Israel. La segunda fue la liberación de Egipto. La tercera redención es el hecho de que Dios ha mantenido a Su Pueblo a través de prolongados exilios, liberándonos de los enemigos que quisieron destruirnos. La cuarta copa es la redención final que nos espera en el futuro.

Así pues, y explicado con otras palabras, las cuatro expresiones de redención son oráculos escatológicos expresado por la boca del Eterno, y se corresponden también a las cuatro redenciones del pueblo de Israel. La primera de ellas, del exilio egipcio, y las otras, del resto de las diásporas, a saber, del exilio babilonio, del exilio greco sirio, y del exilio causado por los romanos, siendo este último nuestro actual exilio. En este contexto, la cuarta expresión, “los tomaré”, alude a la Redención de la presente situación diaspórica que será efectuada por las manos del Mashiaj.

De lo antedicho se entiende, que la quinta expresión que señala el texto bíblico, “los llevaré”, refiere a un grado más de elevación espiritual una vez forjada la Redención futura, pues de modo general, la Era Mesiánica se divide en dos grandes épocas: “Yemot HaMashíaj” (los días del Mashíaj), y “Jad jaruv” (un milenio de desolación).

Según Sanedrín 97ª, el vocablo “desolación”, no significa destrucción. La Guemaráh explica que el séptimo milenio es análogo al séptimo día de la semana (el Shabat), en el que se prohíbe trabajar, y al Año Sabático (Shemitáh), en el que los trabajos de la tierra están prohibidos. “Jad jaruv” es interpretado como una época “desolada” de la normativa que rige la vida de hoy en día, es decir, se trata de un estado superior en la Era Mesiánica misma.

Aquí les comparto la enseñanza que di en la Mesa de Comunión de esta parashá… Espero que te atrevas a escucharlo y meditarlo:

“En Mi nombre YHVH (יְהוָָ֔ה) no me di a conocer”

Por P.A. David Nesher

Vayedaber Elohim el-Moshe vayomer elav ani YHVH.
Va’era el-Avraham el-Yitschak ve’el-Ya’akov be’El Shaday ushmi Adonay lo nodati lahem.

«Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.»

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

Moshé se encontraba desanimado por que él creía que el Eterno estaba corto en actuar y en ayudar. Su desánimo se debía a que él estaba muy impresionado por el Faraón y no tan impresionado por Dios.

La respuesta de Elokim muestra que Él quería que Moshé supiera que el Señor esta en control de todo.

«En Mi Nombre YHVH no me di a conocer»
(בְאֵֵ֣ל שַדֶָׁ֑י וּשְמִֵ֣י יְהוָָ֔ה לֵּ֥אֹ נוֹדִַ֖עְתִי לָהֶָֽם )

¿Qué clase de respuesta es ésta al planteo de Moshé?

Yahvéh intenta transmitirle a Moshé que el objetivo del exilio y la esclavitud en Mitzrayim (Egipto) es preparar al pueblo para una revelación superlativa a través de la entrega de la Torah, donde entonces les revelaría Su Nombre esencial, revelación que ni siquiera los patriarcas experimentaron. Y el sufrimiento que ahora estaban soportando los israelitas era a efectos de despertar su anhelo de liberación.

Esto no quiere decir que los patriarcas no sabían cuál era el nombre personal de Dios (YHVH es usada unas 160 veces en Génesis) .

Desde Génesis cap. 2 vers. 4 había sido conocido su Nombre YHVH y los patriarcas habían recibido la tradición oral desde Adam (cf. Génesis 4:1; 24:31).

Además encontramos que en Génesis cap. 4 vers. 26 los hombres empezaron a invocar el nombre de YHVH.

En el capítulo 15 vers. 2 de Génesis vemos que Avraham está mencionando el nombre YHVH en su oración. Luego está escrito que Avraham creyó a YHVH y le fue contado por justicia (Génesis 15:6). En el capítulo 17 de Bereshit leemos:

“Cuando Avram tenía noventa y nueve años, YHWH se le apareció, y le dijo: Yo soy El Shadai; anda delante de mí, y sé perfecto.” 
(Génesis 17:1)

Todo este testimonio escritural nos deja bien en claro que los patriarcas conocían el Nombre de YHVH (cf. Génesis 26:21-25; 28:10-16). Entonces ¿Cómo vamos a entender esta expresión que el Eterno le da como respuesta a Moshé?

Consideremos lo que el intérprete Rashí dice:

“Aquí no está escrito “no les di a conocer”, sino “no ME di a conocer”. Yo no era conocido por ellos con mi cualidad de veracidad, por la cual mi Nombre es llamado YHVH, Fiel para hacer que mi palabra se verifique. Así pues, les había hecho una promesa, pero no la he cumplido.”

La Torah asigna una gran importancia a la definición de los diversos Nombres de Dios, como se deduce de este pasaje y de otros más. Estos nombres, en efecto, hacen conocer al Ser Supremo bajo diferentes atributos: unos lo califican como Creador, Amo de los Destinos, Señor de los Ejércitos, Ser Absoluto, y los otros lo designan en su calidad de Dios de Amor, Juez Supremo, Fuente de Bendiciones y de la Santidad, de la Providencia y de la Omnipotencia.

Según Rashí, el texto quiere decir que las manifestaciones Divinas a los Patriarcas, anunciándoles promesas en el futuro, estaban sostenidas en el Nombre del “Dios Shaday”; (por ejemplo, Génesis 18: 1; 28:3 y 35:11). Pero el nombre YHVH no les era nada conocido, es decir, demostrado en su realidad. Ese Nombre es atributo de verdad, Él cumple Su Palabra y expresa que tiene el poder de cumplimiento. Aunque ese poder no fue jamás manifestado a los atriarcas, ninguno de ellos había expresado la menor duda sobre Su Omnipotencia. Su fe en las promesas Divinas era total.

Tenemos que entender que la revelación de uno de los nombres del Eterno implica, no solamente el conocimiento de la pronunciación o escritura del nombre, sino la revelación de una acción por medio de la cual el Infinito se relaciona con el mundo. El Eterno se revela mediante sus diferentes nombres. Cada nombre revela una acción que está de acuerdo al significado del nombre. De esta manera hay que entender este versículo. Hay una acción implicada en la revelación del nombre YHVH y esa acción todavía no había sido revelada en su totalidad a los Patriarcas. Pero sí les fue revelada la acción que está implícita en el nombre El Shaday.

El nombre El Shaday puede entenderse principalmente de dos maneras, como el Dios Todopoderoso y el Dios Todosuficiente. Los Patriarcas habían conocido al Infinito con ese nombre, que corresponde a esa manera específica de actuar hacia ellos y el resto del mundo.

Habían conocido la mano protectora de El Shaday cuando pasaban por peligros. Habían conocido sus milagros sobrenaturales en la creación. Habían experimentado que El Shaday les había dado todo lo que necesitaban para estar satisfechos. Está escrito que Avraham murió satisfecho (Génesis 25:8). Pero el Eterno no se había dado a conocer a ellos como YHVH.

¿Qué carácter y acción están implícitos en ese Nombre?

Ya hemos citado a Rashí que destaca en ese nombre la fidelidad para cumplir sus promesas. Hasta cierto punto Avraham había conocido esa acción del Eterno, al recibir a Yitzjak como hijo de una manera milagrosa por medio de una promesa, como está escrito en :

“Entonces YHVH visitó a Saráh como había dicho, e hizo YHVH por Sará como había prometido.”
 (Génesis 21:1 )

Sin embargo, existían varias promesas que el Eterno no cumplió en la vida de los patriarcas, por ejemplo la promesa de tener una descendencia como las estrellas del cielo, el polvo de la tierra y la arena del mar; la promesa de recibir la tierra de Kenáan en posesión perpetua. Esas promesas no fueron cumplidas en la vida de los patriarcas. Además ellos estaban esperando que viniera una ciudad celestial a la tierra de Kenáan:

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios…
Todos éstos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia. Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad…
Y todos éstos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros.”
(Hebreos 11:9-10, 13-16, 39-40 )

Así que el Eterno no se dio a conocer a los patriarcas con el nombre de YHVH en el sentido de cumplir todas las promesas. Los patriarcas solamente tenían las promesas, no las cosas prometidas.

De esta manera podemos sacar la conclusión de que los patriarcas no habían conocido el carácter y la manifestación de la misericordia del Eterno como ahora los hijos de Israel lo iban a experimentar.

Para nosotros, el Eterno quiere ser más que Dios Omnipotente (El Shaday). Él quiere que nosotros lo conozcamos personalmente, como al Dios que hace promesas y las cumple, en el cual podemos confiar para cualquier cosa.

La suprema necesidad en cada hora de dificultad y depresión es una visión de Dios. El verle a Él es el ver cualquier otra cosa en una proporción y perspectiva apropiada.

Los creyentes se debieran de preguntar a sí mismos si en realidad conocen a Dios por dichos nombres.

Bitácora Relacionada:

Nombres con Justicia y Redención

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás” (Parashá Vaerá)

Por P.A. David Nesher

Vayedaber Elohim el-Moshe vayomer elav ani YHVH.
Va’era el-Avraham el-Yitschak ve’el-Ya’akov be’El Shaday ushmi Adonay lo nodati lahem.

(Texto Original Hebreo)

«Yahvéh se dirigió a Moshé y le dijo: “Yo soy Yahvéh”. Yo me manifesté a Abraham, a Itzjak y a Yaacov como El Shaday, pero con Mi Nombre [esencial יְהוָָ֔ה ] Y-H-V-H-, no me di a conocer a ellos.»

(Shemot/Éxodo 6:2-3)

וָאֵרָָ֗א

Vaerá: significa «Y se apareció».

Después de haberle vaticinado Elohim al Profeta (Moshé) en atención a su protesta desesperada sobre lo que sucederá a Paróh (Faraón) una vez terminada la tarea de rescate, pasa a expresarle lo siguiente:

¡“YO SOY YHVH”!

Esto quiere significar que Yahvéh cumple lo que promete. Ésta expresión asegura al alma del escogido que el Eterno es fiel a Sus Pactos. De este modo, el Señor está actuando en la mente de Moshé para que comprenda la trascendencia e importancia de su misión.

Naturalmente, Moshé sin la guía de «HaKadosh Baruj Hu« (que se traduce: «El Santo Bendito Sea«), no podría llegar a ninguna parte. Al respecto hay un refrán que dice:

“Si no sabes a dónde vas, nunca llegarás”.

También hay otro semejante:

“Si no sabes a dónde vas, no encontrarás un camino que te lleve ahí”.

Esto nos enseña que sin dirección y sin saber hacia dónde nos encaminamos, estamos perdidos. Pero Moshé tendría como timonel y conductor al Santo Bendito Sea, cuyo Nombre es YHVH, marchando junto a él, y al frente de los clanes hebreos. ¡La victoria estaba de su lado!

En «Vaerá», Moshé refiere al pueblo maravillosas promesas de liberación y de introducción a la tierra prometida. Mientras los israelitas están esclavizados, las diez plagas constituirán el comienzo de la saga del éxodo. El envío de éstas, no era necesariamente para convencer al Faraón, su finalidad principal era la de seducir y convencer al pueblo de Israel. Las plagas servirían para su propia rehabilitación espiritual.

Fue por intermedio de estas plagas que se quebrará la soberbia del Faraón y de los egipcios.

La sección Vaerá hace referencia a la mayoría de las catástrofes que arribaron a Egipto estando el rey en un bucle temporal que él mismo se buscó. [Bucle: patrón, ciclo o acción repetitiva].

Faraón y su pueblo, sufrirán el azote de grandes calamidades, una seguida de otra. Él pudo haber evitado las plagas si tan solo hubiese aprendido lo que debía aprender y hubiese dejado ir a los israelitas, pero aún después de cada plaga, el rey no reconocía la autoridad del Omnipotente y seguía sintiendo que ese era su dominio y por ello no dejaba en libertad a los esclavos hebreos.

La Torah, a través de esta parashá, nos enseñará que cuando la persona rehúsa tomar responsabilidad por sus acciones, indudablemente certifica que no es capaz de tomar control de ellas; y una vez que la persona reconoce que es incapaz de escoger entre el bien y el mal, afirma de manera equívoca que su verdadera voluntad es repetir la transgresión.

La actitud de Paróh/ Faraón pareciera entonces tonta, pero ¿acaso no vemos este mismo comportamiento hoy en día en nuestra persona o en los demás creyentes?

A semejanza de la actuación del rey egipcio, la realidad es que nuestras experiencias dificultosas también tienen un patrón recurrente, pero a ese patrón nosotros podemos llamarle “oportunidad”. Faraón tuvo sus oportunidades para seguir siendo próspero y forjar un gran país, pero las rechazó y ello lo condujo a la ruina.

Recordar el Éxodo de Egipto constituye un mandamiento (mitzvah) que debe cumplirse todos los días, pues si bien en la realidad física éste tuvo lugar una única vez en la historia, en sentido figurado, esto quiere decir que la persona debe “salir de Egipto” todos los días.

El “Egipto interior” (que cada hombre posee), es muy poderoso, por lo que igualmente se le tiene que azotar con “plagas”, esto es, mediante el servicio a Yahvéh. Es con el servicio sagrado que el gobierno del “Egipto espiritual”, puede ser vencido. Para abandonar al “Egipto impuro” y librarse de él, la persona debe introducir calidez y vitalidad en todo lo que se relaciona con la santidad. Por lo contrario, la frialdad de la santidad llevará, eventualmente, a que el individuo se involucre en la “impureza egipcia”.

Los sabios nos enseñan que la opresión física fue tan desgastante que provocó que los hijos de Israel se “bloquearan” espiritualmente. Como se explicó en capítulos anteriores, la conciencia del pueblo había descendido hasta el nivel 49 de negatividad. La “Puerta 50ª”, sería el nivel del cual no había más retorno. Por eso, aun después de que Moshé transmitiera a los Benei Israel (hijos de Israel) el mensaje de redención, ellos no creían a sus palabras.

Quien estaba destinado a ser guía de los escuadrones hebreos era Moshé, sin embargo, Aharón también formó parte del propósito redentor. ¿Por qué el Eterno solicita a dos misioneros y no solo a uno? En las Escrituras vemos que el Eterno emprende los proyectos de Su Obra en sociedad con dos agentes, tenemos los ejemplos de: Mordejai (nombre que inicia con מ “mem” inicial, o letra “M”), y su sobrina Esther (cuyo nombre comienza con alef, א); Menashé y Efrayim (también con “mem” y “alef”); Mashiaj y Eliyahu (con “mem” y “alef”). Como podemos advertir, la fórmula «Mem (מ) – Alef (א)», aparece reiteradamente. Son las primeras letras de cada nombre -y personaje- que ha sido llamado a participar en los planes de Yahvéh.

El extraordinario rescate de los hijos de Israel en Mitzraim/Egipto, es una señal o anuncio para la gran redención de nuestro pueblo Israel en los últimos tiempos, redención que será operada por Mashiaj. En el libro del profeta Zejaryah (Zacarías) leemos:

“…Les silbaré y los juntaré, porque los habré rescatado (…)
Los haré volver de la tierra de Egipto y de Ashur los juntaré…”,
[10:8, 10 _ Tanak Katz].

A fin de entender los códigos escondidos en esta parashá y en las seis primeras del rollo que componen el acrónimo SHoVaBBiM, explicaré algunos secretos que necesitamos manejar para sanar nuestras almas de toda toxicidad reptiliana.

En el plano espiritual nuestro cuerpo es llamado “Egipto” y nuestra alma es llamada “Pueblo de Israel” (Am Israel). Por ello, la postura de Egipto/Mitzraim será buscar continuamente el dominio sobre Israel; esto es, que el cuerpo intentará subyugar al alma constantemente.

Por otra parte, “Paróh” (Faraón), es un código para “Ego”. El ego es la valoración desmedida de uno mismo. El ego, es la conciencia de sí mismo, el orgullo, la presunción y el “yoísmo”.

Pharó/Faraón se creía un dios que se hizo a sí mismo y que no necesitaba nada de nadie y que nadie estaba sobre él. ¡Qué equivocado estaba!

Ya lo he ensañado en otra bitácora, pero necesito nuevamente recordárles que la palabra Mitzrayim (Egipto) proviene del término “metzarim”, que significa “límites”, y este a su vez viene de la raíz hebraica “mitzrá” que significa “comprimir” o “encerrar”. Esto aplica a los condicionamientos, frenos y restricciones de movimiento que existen en cada persona. Por esta razón, cada día, el individuo debe llevar a cabo un símil de «salir de Mitzraim/Egipto», superar y librarse de esas limitaciones a fin de brindar a su alma la libertad de expresarse de acuerdo a sus verdaderas aspiraciones.

Para que los hijos de Israel pudieran ser liberados, el Eterno debía, primeramente, rescatarlos de su esclavitud interna. Este es también un mensaje para nosotros en esta época porque si queremos verdaderamente ser hombres y mujeres libres debemos quitarnos los grilletes de la servidumbre de nuestra propia mentalidad y rechazar todo aquello que sea opresivo y egoísta.

Los sabios que manejan el nivel «Sod» de interpretación aseguran que jamás se debe pelear contra un enemigo con la misma oscuridad de la que él se sirve, porque no se combate a la oscuridad con oscuridad; dar luz al opositor, es mejor que guerrear contra la oscuridad que proviene de él. ¿Pero cómo lidiamos contra la oscuridad? La respuesta es bastante simple: ¡encendiendo una luz!

En estos criterios celestiales peregrinaremos con nuestra mente y corazón en cada una de las ascensiones (aliyáh) que este maravillosa sección de Vaerá nos otorgará en impartición a nuestras almas.

¡Dispongámonos a elevarnos a grandes cosas de nuestro Dios!

Moisés Montó al Asno del Mesías y Alistó su Vara Redentora.

Por P.A. David Nesher

Vayikaj Moshe et-ishto ve’et-banav vayarkivem al-hajamor vayashov artsah Mitsrayim vayikaj Moshe et-mateh ha’Elohim beyado.

«Moshé tomó a su mujer y a sus hijos, los montó sobre el asno y se volvió a la tierra de Egipto. Moshé tomó en su mano el bastón de Elokim.»

Shemot/Éxodo 4:20

El Eterno le encomendó a Moshé llevar su vara con todo lo que ésta implica, es decir, la vara que identifica al gobernante y al conductor de una nación. Así también la vara da una prueba tangible del valor y coraje que deberá tener Moshé al presentarse delante de Parhóh y realizar todos los portentos, en nombre de Yahvéh y no como una suerte de sortilegio.

El Eterno le da a Moshé la vara que le acompañaría en su misión para persuadir al rey egipcio. Leyendo comentario de libro El Zohar encontré esta interesante explicación:

«…La vara de Moshé era especialmente sagrada porque el Nombre sagrado fue marcado sobre ella en las dimensionalidades del Gan Edén mismo (…) La vara de Moshé tenía por lado los 72 Nombres de Dios, y por el otro, el Nombre divino de 42 letras…»,
(Zohar Vaerá 15:17)

La vara en el Tanak (mal llamado Antiguo Testamento) representa a tres poderes:

  • el poder regio dado a los reyes (Génesis 49: 10)
  • el poder espiritual concedido a los sacerdotes (2Reyes 4:29)
  • el poder de la justicia Divina otorgado a los jueces (Isaías 10:5).

Por otra parte, la «serpiente» era símbolo mismo del poder real en Egipto (c.f. Ezequiel 29 :3). Por eso, el mensaje de Yahvéh era claro: el tiránico poder egipcio seria sometido por la justicia Divina anunciada por Moshé como profeta del Cielo.

Ahora bien, resulta interesante para fortalecer nuestra emunáh (fe), saber que la vara que Yahvéh entrega a Moshé tiene la Intención divina de representar al Mesías. Así lo dejará bien claro el contexto bíblico que Moshé mismo escribirá en la Torah:

“El cetro no se apartará de Yehudá, ni la vara de gobernante de entre sus pies, hasta que venga Shiló, y a él sea dada la obediencia de los pueblos.”
(Génesis 49:10 )

Así también en el rollo de Bamidbar/Números quedará escrito:

“Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Yaakov, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moav y derrumbará a todos los hijos de Shet.”
(Números 24:17 )

En una forma maravillosa, este pasuk (versículo) conduce al lector a decodificarlo sumergiéndolo en las características de la misión y el carácter del Mashiaj.

El «BURRO del MASHIAJ»

Encontramos a Moshé partiendo hacia Egipto, llevando a su familia montada en un asno. Este animal es el signo más fuerte del Mashiaj obrando a favor de Israel.

¿Qué se entiende por el «burro del Mashíaj»?

La expresión «burro del Mashíaj», aparece por vez primera mientras Abraham se dirige a cumplir con la “Akedá de Itzjak” (atadura de Isaac) que el Eterno le había ordenado. Cuenta la Torah que Abraham se levantó muy temprano de mañana y preparó su asno; lo cargó con los elementos necesarios para el sacrificio y para la caminata de tres días desde Jevrón (Hebrón) al monte Moriáh. Esta escena está plena de códigos mesiánicos.

Siete generaciones después, Moshé también es despachado por Elokim a una importante misión. Leíamos en el pasuk (verrsículo):

“…Saca al pueblo de Israel de Egipto y llévalo al monte Sinaí, donde Yo les comunicaré su misión en la vida como Mi pueblo elegido…”
(Éx. 3:10)

Así pues, las imágenes de Avraham y Moshé junto a un burro, son de un profundo contenido mesiánico y profético que se complementan para dejar bien claro los detalles de la misión de Mashiaj.

El intérprete Rashí explica que el «Rey Mashiaj», se revelará entrando a la Santa Yerushalayim (Jerusalén), montado en un pollino. Agrega Rashí que, la misma bestia que ensillaron Avraham y Moshé en épocas antiguas, será el mismo en que ha de cabalgar Mashiaj para manifestarse a Israel [Zejariá 9:9; Pirké d’Rabí Eliézer 31].

El profeta judío Zejaryah (Zacarías) lo predice de la siguiente manera:

“…Regocíjate mucho, hija de Tzión (Sión), da voces de júbilo, hija de Yerushalayim. He aquí tu rey vendrá hacia ti, justo, y salvador es él, humilde [pobre] y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asnas…”,
[Zejaryah 9:9, Tanaj Katz].

Al leer con atención notamos que el profeta Zejaryah describe a Mashíaj como “un pobre, cabalgando sobre un burro”. Explica el Rebe de Lubavitch que el significado simple de esta profecía es que Mashíaj, el más importante ser humano de la historia, es el epítome de la abnegación:

“…Será más grande que Abraham, más alto que Moshé, y más excelso que los ángeles supremos”
[Ialkut Shimoní sobre Isaías 52:13].

De hecho, la humildad es la marca de calidad de los justos: ellos reconocen que sus tremendos logros y talentos, y el poder investido en ellos como líderes, no son de ellos sino de su Creador. No viven para concretar y satisfacerse ellos mismos, sino para servir al propósito Divino de la Creación. En un nivel más profundo, el «burro del Mashíaj» representa la esencia misma del proceso mesiánico: un proceso que comenzó con el principio del tiempo y que constituye al alma misma de la historia.

El «burro del Mashíaj» tiene una larga y prestigiosa historia; una y otra vez hace su aparición en el curso de las generaciones, surgiendo en coyunturas claves del proceso mesiánico. Cada vez lo vemos cumpliendo la misma función, pero de una manera ligeramente diferente, reflejando los cambios que experimenta nuestro mundo a medida que evoluciona a su definitivo estado de perfección.

Jesús Montó un Asno y Entró en Jerusalén

Sabemos que Yeshúa montó un pollino cría de asna para entrar a la ciudad de Yerushalayim (Jerusalén). Ahora bien, al hacer él esto, ¿cumplió él la profecía de Zejaryah (Zacarias)? Para lograr responderlo, les pido que por favor leamos lo que el libro del Evangelio de Marcos dice:

«… Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, y les dijo: 
Id a la aldea enfrente de vosotros, y tan pronto como entréis en ella, encontraréis un pollino atado en el cual nadie se ha montado todavía; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: “¿Por qué hacéis eso?” decid: “El Señor lo necesita”; y enseguida lo devolverá acá. Ellos fueron y encontraron un pollino atado junto a la puerta, afuera en la calle, y lo desataron. Y algunos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos les respondieron tal como Jesús les había dicho, y les dieron permiso. Entonces trajeron el pollino a Jesús y echaron encima sus mantos, y Jesús se sentó sobre él. Y muchos tendieron sus mantos en el camino, y otros tendieron ramas que habían cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban:
¡Hosanna!
Bendito el que viene en el nombre del Señor;
Bendito el reino de nuestro padre David que viene;
¡Hosanna en las alturas!…”


(Marcos 11:1-10)

Montar un borrico era también una costumbre de los monarcas orientales, especialmente israelitas. Al menos así se aprecia en muy variados ejemplos, como el caso del rey Shelomó, (1Rey 1:32-38). De acuerdo a lo leído en las cartas apostólicas, Yeshúa ben Yosef, ben Miryam, que biológicamente desciende de reyes (David HaMélek y Shelomó), monta un asno y entra a Yerushalayim, en medio de un escenario de algarabía y júbilo -por parte de algunas multitudes-, de una forma muy apegada a como lo predijo Zejaryah (Zacarías), por favor leámoslo nuevamente:


“Da voces de júbilo (…)
Tu rey vendrá hacia ti, justo, y salvador es él, pobre y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asnas…”

(Zacarías 9:9)

También resulta para nosotros muy interesante saber que los sabios del hebreo siempre aseguraron que, en un futuro, el verdadero Mashiaj sería reconocido pues cumpliría la profecía del profeta Zejaryah entrando a Yerushalayim (Jerusalén) montado en un burro. Es así como prepararon al pueblo de la Casa de Judá a estar listos a reconocerlo cuando esto sucediera delante de sus ojos. Por ello, el pueblo en su bendita injenuidad reconoció en Yeshúa al verdadero Mashiaj tal como los maestros le habían enseñando.

Pero a pesar de esto, cada vez que los discípulos de Yeshúa afirmamos que Yeshúa de Nazaret cumplió la predicción de Zejaryah, los maestros judíos esgrimen algunas refutaciones como ésta:
“Muchas personas, desde los tiempos antiguos llegaron a entrar y salir por las puertas de la Ciudad de Jerusalem montados en un burro, lo cual era bastante cotidiano…”.

En verdad, esto es cierto, pero tal objeción tiene sus partes débiles, por ejemplo; que ninguna de “aquellas personas” era Mashíaj, ya que dicha personalidad debe ser… “más grande que Avraham, más alto que Moshé, y más excelso que los ángeles supremos”, según he referido líneas atrás de acuerdo a lo que los sabios mismos sostuvieron a lo largo de todos los tiempos pre-mesiánicos. Por lo tanto, la profecía sigue en pie. Es incontrovertible que nadie en la historia del pueblo judío puede encuadrar mejor para el cumplimiento de esta profecía que el nuestro Mesías, Yeshúa HaNotzrí (de Nazaret), no hay competidores serios que se le acerquen.

Pero ante tan fuertes evidencias, algunas opiniones en el judaísmo, cerradas en su orgullosa necedad, señalan al gobernador Nehemiyah Nehemías) como “aquel que entró a Yerushalayim montado en un asno” (Nehemías 2:11-13), y que, consecuentemente, la profecía se ha cumplido en él. Sin embargo, esta conclusión, no es compartida del todo por la gran mayoría de los sabios.

Al respecto podríamos preguntarnos: ¿llegó ya el establecimiento de la época mesiánica? No. El mundo judío aguarda con paciencia esta hermosa Era. En el Talmud, una de las tradiciones más conocidas e interesantes que nos habla de la Edad Mesiánica y que merece la pena comentar, señala así:

«…Seis mil años existirá el mundo: dos mil años de caos, dos mil años de Torah y dos mil años de la llegada del Mesías (…)
En el tercer milenio que le sigue a los 2.000 años mesiánicos, la resurrección de los muertos ocurrirá…»,
[Avodá Zará 9; Sanedrín 97 a y b].

De acuerdo con este aporte profético de los talmudistas y haciendo los correspondientes cálculos, podríamos afirmar que nos encontramos, sin ninguna duda, en los «Tiempos de Mashiaj».

Lo maravilloso de todo esto es que la referencia del Talmud, cronológicamente coincide con la aparición de Yeshúa en Eretz Israel [y no precisamente con Nehemiyah (Nehemías) el gobernador). Así pues, según el tratado talmúdico, estaríamos justamente dentro de los dos milenios de “Época mesiánica”. Dos milenios han transcurrido del inicio de la predicación del Maljut Hashem (Reino de Dios) por parte de Yeshúa; dos mil años atrás, él entró a Yerushalayim montado en un pollino cría de asna y muchos le aclamaron como el “Ben David” esperado [Mattityahu/Mateo 21:4-11; Yohanan/Juan 12:12-15]. Por estas razones, hoy no son pocos los eruditos del ámbito judío que creen que Yeshúa HaNotzrí ha cumplido, en parte, la profecía de Zejaryah (Zac. 9:9).

Ahora bien, en su contexto etimológico, “burro” en hebreo se dice “jamor”. Este el vocablo está vinculado con la palabra hebrea “jomer” que significa “materia” (o “materialismo”). Por eso notamos que “jamor” y “jomer”, poseen la misma raíz hebraica. Teniendo en cuenta esto, logramos discernir que el «burro del Mashíaj», es la “bestia material alistada”; es lo físico encaminado a fines superiores y más excelsos, por la autoridad de aquel que logró colocarse sobre él (montarlo y dominarlo).

De aquí que en el nivel interpretativo llamado «Sod» (Secreto), la expresión “montar un asno” significa tener dominio sobre las fuerzas del mal; estar en dominio sobre la fisicalidad o materialismo. Considerando esto, nos damos cuenta que el rey del que nos habla el profeta Zejaryah, ha de dominar no solo a las propuestas materialistas del sistema, sino que logrará esta posición de autoridad porque primeramente ha domado toda tendencia egoica en su naturaleza humana, es decir sus instintos y pasiones (su yétzer hará). De este modo, Mashiaj pues, recibirá poder del Cielo para someter a las fuerzas de la oscuridad que dirigen al mundo en la Redención final, ya que primeramente aprendió la obediencia (Heb. 5:8) como clave para dominar todo plano de la existencia.

En la obra jasídica Likutei Sijot se explica que Mashíaj es quien representa la máxima plenitud de la Torah, él mismo cabalga el burro de lo material, pues él anuncia un mundo en el que la materia ya no es más el elemento “inferior” o secundario, sino un recurso totalmente refinado, una fuerza en nada menos central e importante para el bien que la creación más espiritual, [Likutéi Sijot, Vol. I, págs. 70-72].

Concluimos que, juntos, Abraham avinu, Moshé y por último, Mashiaj Yeshúa, dan ejemplo de cómo depurar y santificar los aspectos mundanos de nuestras vidas, y cómo integrar nuestro ser y ambiente materiales a nuestras metas espirituales.

Un último comentario lo he extraído de la obra “El Rebe enseña”. La misma señala lo siguiente al hablar del burro del Mesías:

«…Abraham, Moshé y Mashíaj: tres personajes que emplean este antiguo burro en su cumplimiento de la voluntad de Dios. Pero el alcance con que el burro está involucrado en su misión difiere. Con Avraham, lleva sus pertrechos; con Moshé, su esposa y niños; mientras que Mashíaj es descripto como cabalgando él mismo sobre el burro…»,
[Rebe Lubavitch].

Una Tierra de la que Fluye… ¿Leche y Miel?

Por P.A. David Nesher

Va’ered lehatsilo miyad Mitsrayim uleha’aloto min-ha’arets hahi el-erets tovah urejavah el-erets zavat jalav udevash el-mekom haKna’ani vehaJiti veha’Emori vehaPrizi vehaJivi vehaYevusi.

«Y por eso he descendido, para salvarlo del poder de los egipcios y para hacerlo emigrar de aquella tierra hacia una tierra buena y amplia, tierra de la que fluye leche [de cabra] y miel [de dátiles e higos]; al lugar [donde habita el pueblo] kenaanita, el jitita, el emorita, el prizita, el jivita y el ievusita.»

Shemot/Éxodo 3:8

Los términos «Zavat halav udevash» (“que fluye leche y miel”), hacen alusión a la fertilidad de la tierra. La expresión «Leche» es la metáfora para riqueza ganadera, y «miel» la analogía ideal para frutos de la tierra.

Pero esto puede ser entendido también en otro nivel; la leche es el alimento primario y básico de todo ser humano en su primer período de vida. El lactante depende, inexorablemente, de la “halav” (leche) de su madre y recurre a ella, naturalmente, como fuente segura de nutrición.

Muy diferente es «devash» (miel), ya que es un alimento «externo» producido por la naturaleza después de una ardua intervención del hombre para obtenerlo, su importancia se debe, básicamente, a su sabor.

Estos dos alimentos representan, en el lenguaje simbólico, la nutrición espiritual que cada redimido por el Mesías debe recibir:

a) la leche: son las enseñanzas de la Torah que ha bebido desde sus primeros instantes de vida;

b) la miel, que es el sabor placentero de toda la peregrinación interpretativa que aprende a realizar cada hebreo peregrinando en las parashot, a través del método PaRDeS.

Ambas cosas en conjunto determinan un crecimiento armónico del alma hebrea.

Las Semillas de «Lo Hebreo» Se Multiplican… ¡A Pesar de Todo!

Por P.A. David Nesher

Vayamot Yosef vejol-ejav vejol hador hahu. Uveney Yisra’el paru vayishretsu vayirbu vaya’atsmu bime’od me’od vatimale ha’arets otam.

«Falleció Yosef, y también todos sus hermanos y toda aquella generación.
Los israelitas eran muy fértiles y prolíficos y se multiplicaban cual enjambres. Llegaron a ser tan numerosos que el país estaba colmado de ellos.»

(Éxodo/Shemot 1:6-7)

Al principio de su descender a Mitzrayim (Egipto), junto a su padre Israel, en tiempo de Yosef, los hebreos fueron fieles a su identidad mesiánica. Ellos, lejos de asimilarse a la sociedad egipcia dejándose encantar por su cultura progresista (en lo social, lo cultural y lo económico) permanecieron fieles a sus principios espirituales demostrándolo en sus vestimentas hebreas, a sus tradiciones familiares y sus nombres hebreos.

Sin embargo, al morir las cabezas de las tribus, hubo entre los nuevos descendientes hebreos, aquellos que ya no deseaban vivir aislados en Goshén. Estos nuevos hebreos, gustaban comer en la mesa con los egipcios entrando en sociedad con ellos con el propósito de llevar una vida más placentera, cómoda, pero lamentablemente también corrupta.

Los Midrashim nos relatan que la tendencia a mezclarse con los egipcios se dio a partir de la muerte de los hijos de Yaakov, además de las rivalidades y odios gratuitos (sin motivo alguno), que se fueron generando entre ellos. Poco a poco fueron adoptando las costumbres idólatras del país, por lo que Yahvéh se irritó contra ellos permitiéndole al faraón endurecer su mano contra esas nuevas generaciones de israelitas. Por ello subraya el pasuk (versículo) “vatimale ha’arets otam”, que se traduce: “la tierra se llenó de ellos”.

Justamente esta expresión encriptada de Luz (“Vatimalé haaretz otam”) ha ocasionado interesantísimos debates interpretativos entre los jajamím (sabios) intérpretes de la Torah.

Algunos aseguran que los verbos empleados en esta expresión para definir este crecimiento son comunes a la vida del reino animal. Por eso, quieren ver en esta sucesión de verbos, casi sinónimos entre sí, un indicio de alumbramientos múltiples por parte de las mujeres. Llama poderosamente la atención que, contrariamente a lo que sucede en casos de alumbramientos múltiples y simultáneos, los hijos de Israel nacen sanos y fuertes. Este hecho es el que realmente abrumará a los egipcios, de constitución débil.


Todos los sabios del Midrash que sostienen esta interpretación ven en esta proliferación la protección del Eterno a los hijos de Israel y el cumplimiento de la promesa formulada por Él a los patriarcas de Israel, asegurándoles descendencia, prolifera cual estrellas de los cielos y cual arena de la mar. (Basado en comentarios de Rashi, Rabbi Itshak Arama y S.R. Hirsh).

Para otros, la traducción de “vatimalé haaretz otam” debería decir: “la tierra los llenó”, o mejor traducido: “se llenaron del polvo de la tierra”, «se llenaron con el polvo de esa tierra«. Dicho así esto, el texto nos está revelando que los israelitas se impurificaron al involucrarse con los hábitos sociales de la vida egipcia. Así pues, en términos místicos, la fraseología apunta, en lo general, al apego por las cosas de este mundo; apego a las ilusiones físicas; apego a lo terreno (material), apego a las bajezas humanas; a la tendencia a enojarse, a la ira, etc.

¿Que es el apego?

El apego es una expresión de inseguridad. Cuando la conciencia humana vibra en el apego solo piensa en liberarse del sufrimiento lo más rápido posible y alcanzar la felicidad para la familia, amigos, parientes y otros cercanos.

Al apego lo consideramos negativo porque nos crea infelicidad, sufrimiento y problemas. La felicidad y la paz provienen de acciones positivas y la infelicidad, el sufrimiento y los problemas vienen de las acciones negativas.


En la cosmovisión de la Torah, existen una infinidad de formas de “llenarse de tierra”, o ensuciarse impurificándose, sin duda. En sus líneas leemos que nadie es inmune a estas situaciones. Sin embargo, la Torah revela que debemos hacer para que nuestra conciencia se desconecte de esos comportamientos y así no darle más “oxígeno” al « lado oscuro».

Por ello es que los sabios dicen que vivir en Egipto es vivir en el “mundo de la materia” o «el sistema de cosas de la fisicalidad«.

Una reflexión saludable debería ser: “¿Me estoy llenando de tierra?” o «¿me encuentro limpiando el caos de mi vida?»

Entonces, entendamos que la expresión “vatimalé haaretz otam” contiene la codificación de un llamado divino para que no descuidemos nuestro esfuerzo diario de elevar nuestra conciencia al compromiso de ser congruentes con nuestra misión redentora. “Vatimalé haaretz otam” nos dice que debemos tener cuidado, no importa donde estemos, de que nuestra conciencia no ceda a la tentación de apegarse a lo que la masa reptiliana se apega, pues es entonces cuando nuestra conciencia hebrea, automáticamente se irá para abajo. Entrando poco a poco al llamado del miedo paralizante que Mitzrayim (el sistema de cosas reptiliano) nos ha implantado con sus ideologías y dogmas materialistas, para lograr que los apegos se hagan nuestros dueños, produciendo que el ego, en todas sus formas permee nuestra vida, abandonando así nuestra misión de traer redención al mundo.

Esta bajada de guardia, impide nuestros momentos de introspección y esta condición espiritual permite darle paso al Satán, por medio de la transferencia de energía vital positiva que le hacemos a través de nuestras acciones egoístas que en hebreo se dice «averá» (עֲבֵרָה) que significa «transgresión«, «desconexión» «un cruce«, «una transferencia«… Entonces la pregunta es: ¿qué estamos transfiriendo cada vez que nos desconectamos?… Transferimos nuestra energía mesiánica al Sitrá HaRá (el Otro Lado de la Pureza), y lamentablemente sólo podremos rescatarla a través de las aflicciones que nos llaman al esfuerzo de retornar a nuestra posición de identidad y herencia.

Si todo Israel se hubiera juntado a comer en la misma mesa de los paganos, jamás habrían salido de Egipto. Pero gracias a que no todos compartieron el pan con los idólatras es que pudieron ser libres del yugo opresor.

Como ya se los he señalado en párrafos anteriores, los Benei Israel (hijos de Israel) en su mayoría se distinguieron de los egipcios por las siguientes características:

  • 1) _ Preservaron sus nombres en lengua hebrea.
  • 2) _ No dejaron de hablar su idioma (la lengua sagrada del Creador), el hebreo.
  • 3) _ No se vistieron conforme al uso egipcio.
  • 4) _ Practicaban diariamente el jésed (bondad).



El hecho de cuidar estas cuatro cosas le otorgó a los hijos de Yaakov una protección especial para que no se impurificaran a pesar de estar rodeados de los egipcios y para que mantuvieran su propia identidad.

Un Nombre con Limitaciones (Mitzrayim)

Por P.A. David Nesher

Ve’eleh shemot beney Yisra’el haba’im Mitsraymah et Ya’akov ish uveyto ba’u.

«Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegan con Yaakov a Egipto. Cada uno llegó con su familia.»

Shemot/Éxodo 1:1

La parashá Shemot, primera sección de estudio del segundo séfer (rollo o libro) de las Sagradas Escrituras (llamado Éxodo) nos obliga a pensar en la importancia de la identidad verdadera que se mantiene firme ante toda ofensiva de asimilación sistémica.

Por ello vemos que la palabra hebrea shemot se traduce «nombres«. Ahora bien, en la cosmovisión hebrea el nombre de un ser humano no conlleva la necesidad de simplemente otorgarle una identificación, sino que el nombre con el que una persona es llamado constituye su alma y fuerza vital. Es la identidad de su esencia de propósito que marca su misión y destino. Esto significa que cuando el alma habita el cuerpo, obtiene vitalidad a través de su nombre hebreo, y desde él se proyecta en méritos hacia el Olam Havá.

Sabemos que un nombre, en cualquier cultura, es tan inherente a la individualidad de una persona que es prácticamente imposible identificar a alguien sin nombre. Sin embargo, desde la visión celestial, hay un punto en lo más profundo del alma donde no hay un nombre ni un destino inevitable. En ese punto exacto el alma es una parte absoluta con su Creador, no hay manera de que pueda ser identificado.

Teniendo en cuenta esto, necesito ahora que hablemos de un nombre que contiene la encriptación de lo impuro que conlleva al caos. Estoy refiriéndome a Mitzrayim, que lamentablemente en las Biblias cristianas ha sido traducido como Egipto.

El nombre “Mitzrayim” ( מִצְרַ֙יִם֙ ), proviene de la raíz “mitzráh” que significa “comprimir” o “encerrar”.

Desde esta raíz se formará el término metzarím, que significa «límites», «límites de angustia«, refiriéndose a los condicionamientos y frenos que existen en el alma de cada persona programada por el sistema reptiliano imperante. Desde metzarím se conformará el nombre Mitzrayim.

Entonces, desde estas significaciones comprendemos que Mitzrayim es el concepto de la “restricción sin libertad de movimiento” que el sistema reptiliano que impera en la fisicalidad produce.

Esta fue la situación de los israelitas en Egipto, y a la vez, la condición limitada de nuestras vidas cuando somos gobernados por el caos que trae el Ketz (Inframundo).

Los sabios expertos en toralogía nos dicen que “Mitzrayim”, no se refiere solamente a la zona geográfica de Egipto en el NE africano, sino que es un código celestial que alude al “exilio” o «galut» en hebreo.

Por lo tanto, “Mitzrayim” se refiere igualmente a nuestro «exilio personal» que es el sufrimiento, el enojo, la enfermedad, la tristeza, el miedo paralizante y el dolor que se padecen en esta vida. Elementos de toda vida caótica. Así pues, el nombre Mitzrayim simbólicamente trasciende un lugar físico, y representa la esclavitud material y moral.

Entonces y tal como podemos apreciar, la historia de hoy es de un significado profundo ya que nos enseña sobre la penosa esclavitud de los israelitas en Mitzrayim que, en términos de mística, señalan los sabios, no es otra cosa que la relación existente entre el binomio cuerpo-alma, denominado “Egipto” y, el espíritu, que es llamado “Israel”. El simbolismo revelado aquí es que el cuerpo físico es la “prisión” de nuestra alma, y esta, por medio de la ignorancia, la cárcel del espíritu, y por ende, del Eterno, mismo.

Debemos aceptar que cada uno de nosotros, mediante programación sistémica, tenemos un “faraón interno”; cuando las letras que componen la palabra «Faraón» (en el idioma hebreo Parhó) las intercambiamos de lugar, encontramos que se nos forma el vocablo “haoref” que significa “nuca” (parte del cuello pegado a la espalda). El significado “haoref” (cuello o nuca), se comprende de la fraseología: “…Así ha dicho Yahvéh: deja ir a Mi pueblo…”. A lo que faraón se niega. Esta negativa es el “cuerpo” dándole la espalda (la nuca) al “alma”, que se interpreta también como una guerra entre la conciencia materialista contra el espíritu en plena supra-consciencia.

En hebreo, a la zona de unión del cuello y el pecho (parte de la garganta) es llamada: tzipor-hanefesh, es decir «el pájaro del alma«. Dicho esto, y considerando lo anterior, es muy fácil descubrir entonces qué relación «física» tiene Mitzrayim con la angustia.

Mitzrayim es lo que estrecha la garganta (tal como los collares que se les colocan a los esclavos), lo que provoca la angustia.

Mitzraim es angustia.

Durante 210 años lo hebreos padecieron la esclavitud angustiante. Los relatos históricos tradicionales cuentan que las vejaciones no tenían límite.


Entonces nos podemos preguntar, ¿por qué macabro designio el Eterno quiso esperar tantos decenios?
¿Él que es Todopoderoso, no podía liberar a los hebreos antes?
¿No quiso?
¿Qué pasó?

La Torá es muy clara al respecto (para el que sabe leerla con humildad y mansedumbre):

«Asimismo, Yo he escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto.«
(Shemot / Éxodo 6:5)

¿Cuándo se «acordó» el Eterno del pacto con los hebreos?


Obviamente que siempre, pero el relato revela que Él se puso en «campaña» para liberarlos, en el momento en que los hijos de Israel al menos pudieron «gemir» por causa del padecimiento, y a pesar del mismo.

Es decir, si los israelitas no hubieran reconocido su angustia, Dios no los hubiera redimido.

Por lo menos 210 años debieron sufrir lo «indecible», hasta que al menos un gemido colectivo y no egoísta brotó de sus estrechas gargantas:

«Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Elokim, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Elokim.«
(Shemot / Éxodo 2:23)

Y, como veremos, eso fue lo único que atinaron a hacer como colectivo, como personas hartas de la esclavitud, pues:

«De esta manera habló Moshé [Moisés] a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moshé [Moisés], a causa del decaimiento de ánimo y de la dura esclavitud.» 
(Shemot / Éxodo 6:9)

Entonces, si lo disciernen bien, notarán que la angustia es una enfermedad terrible para el alma humana, ya que es una dura esclavitud que conduce al ser humano a vivir con el ánimo decaído.

Es mortal la esclavitud, que frente a la perspectiva de la liberación, ninguna fibra se exalta, ningún júbilo se expresa, sino que, todo lo contrario.

El libro de El Zohar nos enseña que, a medida que nuestro cuerpo físico crece en edad, lo mismo hace el alma. Esto significa que la fuerza del alma entra en el cuerpo de manera gradual, es decir, por etapas; en la misma manera en que Israel, gradualmente se convirtió en esclavo en Egipto.

Pero la guerra espiritual, en un hebreo empieza a la edad del Bar Mitzvá, justo después de que el alma fue dotada de “fuerza espiritual” (yetzer hatov), para dar la batalla a todo lo que en su mente colocó durante 13 años el yetzer hará o tendencia al mal.

LA PUERTA 49 DE IMPUREZA

El Midrash, por medio de una pregunta, plantea lo siguiente:

«Si los israelitas en Egipto estaban en la llamada «Puerta 49 de la negatividad», ¿merecían la redención? Ellos estaban en lo más bajo de la impureza, tanto que, en el momento de la separación del mar rojo, las fuerzas negativas decían al Eterno:
“… ¿Cómo puedes dejar que los israelitas sobrevivan y los egipcios se ahoguen? ¡Israelitas y egipcios están en el mismo nivel espiritual!…”.

Entonces, ¿qué permitió que los israelitas fuesen redimidos aunque estuviesen en ese nivel tan degradado?

Al encontrar la respuesta, nos damos cuenta en qué yace la belleza de la enseñanza de esta primera parasháh del libro de Shemot. Lo que permitió la redención fue que el Creador vio la parte del alma de los israelitas, la parte que está en el interior de cada individuo, esa que nunca se deteriora, el lado que nunca se ensucia a pesar de las acciones negativas que cometemos.

Entonces, entendemos que la redención pudo llegar porque el Creador no se concentró en la persona que está en el «Nivel 49 de negatividad», sino en la parte del alma que no se corrompe: sus 12 nombres, manifestados en el diseño denominado «tribu».

En este sentido, la interrogante de los sabios que estudian los secretos de la Torah es: ¿cómo podemos despertar ese mérito para nosotros, la gente de este tiempo?

Y la respuesta surge de una hermosa y sabia conclusión: sabemos que la manera en la que se comporta una persona, es la forma en la que se comporta la Luz del Creador con ella; la manera en la que nos comportemos con los demás será la forma en la que la Luz del Creador se comportará con nosotros. Eso significa que si eres una persona que encuentra la chispa de bondad en alguien que se conduce negativamente, entonces el Creador te verá y, sin importar lo que hagas, solo se concentrará en la chispa de bondad que hay en tu interior.

Para ir concluyendo, diré que en el caso de Israel en Mitzrayim, se nos hace por completo comprensible que el diseño oscuro de «mitzrayim» los acompañara luego, durante 40 años de «liberación» en el desierto. Ellos tenían a ese abatimiento psíquico totalmente presente en sus alma.

Lo entendemos porque la angustia de los hebreos era inmensa, pues vivían bajo el peor régimen esclavista y angustiante de todas las épocas, que como bien lo describe los jajamim (sabios) intérpretes, no tenía escapatoria, y sólo merced a los numerosos milagros y maravillas realizados por Dios, pudieron liberarse.

Ellos, con sus propios medios, no hubieran sacado ni siquiera un gramo del pesado yugo de Mitzrayim de sus espaldas, de sus gargantas, de sus vidas.
Ellos tuvieron el auxilio de Yahvéh, que cumplía en la oportunidad con lo prometido a los patriarcas (Génesis 15:16), y elevaba (Salmo 145:14) de la desolación al hundido (el conjunto de los israelitas) en el más profundo barro de la inmoralidad que hunde en lo infrahumano.

Así lograremos ver, al estudiar Shemot, nos daremos nuevamente cuenta que tan sólo un quinto de todos los hebreos fueron redimidos de Mitzrayim. Pero ahora, entenderemos mejor el por qué la mayoría «prefirió» el sabor amargo de la esclavitud a la aventura del gozo de la libertad.

Es que los adultos (mayores de 20 años) que salieron del Mitzrayim «físico», no lograron reconstruir su vida como personas saludables y libres. Siempre he enseñado este slogan refiriéndome a esto: «¡Ellos salieron de Egipto (Mitzrayim) per Egipto (Mitzrayim) no salió de ellos!«

Por todo esto hoy, sobre nosotros, recae la responsabilidad de «salir de Mitzrayim», es decir, de esforzarnos por emerger de nuestros propios padecimientos que nos angustian desde la temprana infancia, para ser realmente libres.

¿Cómo lo podemos hacer?

Las respuestas (de los métodos terapeúticos «yahvistas»  que se encuentran en el Seder del Pesaj… Pero de eso hablaremos en otras bitácoras.

¡Objeto de Violencia Son Sus Armas! (Simón y Leví)

Por P.A. David Nesher

Shim’on veLevi ajim kley 8amás mejeroteyhem. Besodam al-tavo nafshi bikehalam al-tejad kevodi ki ve’apam hargu ish uvirtsonam ikru-shor. Arur apam ki az ve’evratam ki kashatah ajalkem beYa’akov va’afitsem beYisra’el.

«Shimón y Leví son camaradas, instrumentos de violencia son sus armas.
¡En su maquinación no entre mi alma, ni te ligues, oh mi honor, con su congregación Pues en su saña mataron hombres y en su capricho pretendieron mutilar un toro.
¡Maldita sea su ira, porque es fuerte; y su furia, porque es cruel! Los dividiré en Yaakov y los esparciré en Israel.»

(Bereshit/Génesis 49_5-7)

Los dos hijos mayores siguientes fueron Shimón y Leví. Como siempre ellos, estaban de pie uno al lado del otro delante de Yaakov su padre. El nombre Shimón proviene de la palabra hebrea shemáh (o shamáh), que significa «escuchar«, «oír hasta obedecer«. Su nombre sugiere que Yaakov lo nombró como un hijo que escucharía a Yahvéh, y quizás lo más importante, para obedecer Su Palabra. Así que cuando recitamos cantando: «Shemáh Israel, YHVH Eloheinu, YHVH ejad» («Escucha Israel, YHVH nuestro Dios, YHVH es Uno«), significa que queremos escuchar y obedecer lo que YHVH nos ha dicho y mandado. En la mente hebrea, usted realmente no ha escuchado nada hasta que usted no actúa en consecuencia; las acciones hablan más que las palabras. Así que aquí tiene un hijo con el nombre Shemáh (o Shamáh) construyéndose a sí mismo de una manera egoica («A mi manera»). Él era quien debía escuchar a Yahvéh, pero francamente, con demasiada frecuencia Shimón actuaba como si estuviera sordo a Su Voz.

El nombre Leví significa «unido» o «conectado«. Como espíritus afines ellos se unieron «como carne y uña» desde que ellos eran jóvenes, «son camaradas» los describirá su padre. Ellos eran los hermanos más cercanos, y en este caso eso no era tan bueno. Así como Reuvén había mostrado inestabilidad y lujuria, estos dos hermanos habían mostrado traición y crueldad. Estas cabezas calientes habían deshonrado y puesto en peligro a toda la familia cuando ellos mataron a los hombres de Siquem para defender el honor de su hermana Dina (34:1-31). No hay nada más terrible en la vida que la traición, especialmente cuando, como en el caso de Shimón y Leví, está envuelto en honor, haciendo el mal en el nombre del bien.

Eran dos hermanos e hijos de Lea, pero también eran hermanos en la violencia y en el furor (49:5). Por eso, insisto en esto: Shimón y Leví contrariamente a Reuvén no han sido impulsivos, ellos conspiraron en tranquilidad y con tiempo contra los habitantes de Shejem (Siquem). Justamente la expresión “son camaradas” (v. 5) alude a la unidad de criterio que ambos tenían cuando mataron a la gente de Shejem y cuando acordaron vender a Yosef. Shimón fue probablemente el cabecilla cuando José fue vendido como esclavo. Por esto, cuando Yosef puso a prueba a sus hermanos, pensó que Shimón necesitaba la instrucción de un tiempo en la cárcel más que cualquiera de los otros hermanos y tomando de entre ellos a Shimón, lo ató ante sus ojos (42:24).

Shimón y Leví representan a las personas cuyo carácter es opuesto al de Reuvén, empero Yaakov condena su acción destructiva.

El verdadero problema de Shimón y Leví era su ira incontrolada (en su furor mataron a un hombre). Su ira incontrolada era pecado porque se basaba en la voluntad propia (en su propia voluntad incapacitaron un buey), que se convertía en enojo que generaba la cascada de la muerte: furor, odio, venganza y homicidio.

En cuanto a la palabra mejerotehem que se ha traducido como «armas» es un término no demasiado claro.
El sabio Onkelos traduce: «tierra de sus moradas«. El exégeta Ibn Hezra recoge también esta versión. Rashbam traduce como: “por su hermana”.
Abarbanel sugiere: “pensamientos”. Nuestra versión trata de entender a esta palabra de acuerdo a su contexto.

“…Y CON PLENA VOLUNTAD HAN DESGARRADO TOROS…”

Esto hace alusión al saqueo de la ciudad de Shejem por parte de los hijos de Yaakov si bien estos detalles no aparecen en el texto citado (Gén. 34).
Onkelos traduce la palabra Shor como si figurara Shur que quiere decir: muralla, haciendo alusión a la muralla de la ciudad de Shejem. Para el significado de la palabra Shur como muralla, veáse 2 Samuel 22:30.
Abarbanel recoge esa versión.

Rabí Itshak Arama sugiere, que Shor, que traducimos como toro, puede hacer referencia a Yosef, quien en la bendición que le dirige Moshé es comparado al Shor (Toro) por su fuerza y su poder.
De acuerdo a esta interpretación de Rabbí Itshak Arama, Yaakov está incriminando veladamente a Shimón y Leví por haber arrojado a Yosef a “la cisterna en el desierto”.

“…HABRÉ DE DIVIDIRLOS ENTRE YAAKOV Y DISPERSARLOS ENTRE ISRAEL”.

Shimón y Leví se habían unido para cometer sus crímenes en Siquem, y como castigo, ellos se dispersarían entre las tribus de Israel.

Yaakov profetizó: «Los dividiré entre Jacob, Y haré que se dispersen en Israel» (49:7), para nunca recibir sus propios territorios. Se les niega una de las principales bendiciones del pacto prometidas por Dios (15:18-20). Creciendo inseparablemente, ellos sacaron lo peor uno del otro. Así que, por su propio bien, ellos estarían separados.

En efecto la tribu de Leví estará diseminada por entre todas las tribus de Israel. Sus cuarenta y ocho ciudades estarán situadas en todo el territorio de Israel de Norte a Sur, y de Este a Oeste. (Véase números 35:2, 7)

Nótese que la función de los levitas como servidores en el Tabernáculo aparecerá, únicamente, después del episodio del becerro de oro.
En esa oportunidad la tribu de Leví se consagrará al aliarse con Moshé para destruir la idolatría del pueblo de Israel. (Véase Éxodo 33:26 y ss). Efectivamente los levitas se alinearon con Moshé por el pecado del becerro de oro en el monte Sinaí. Pero notemos que incluso entonces usaron sus armas como instrumentos de injusticia en el sacrificio de unos tres mil ese día.

Sin embargo, Yahvéh dirá que debido a su fidelidad en el incidente del becerro de oro, toda la tribu de Leví serán los sacerdotes de la nación y representante del Eterno ante Su pueblo y de Su pueblo ante el Eterno:

«Pero he tomado a los levitas en sustitución de todos los primogénitos entre los hijos de Israel. Y de entre los hijos de Israel he entregado a los levitas como dones para Aarón y sus hijos, para que sirvan en la obra de los hijos de Israel en la Tienda de Reunión, y hagan expiación a favor de los hijos de Israel, así no les sobrevendrá plaga a los hijos de Israel cuando se acerquen al Santuario.»
(Números 8:18-19)

Por lo tanto, vemos un ejemplo de la gracia maravillosa de Yahvéh en Leví. Si bien es cierto que sus descendientes fueron esparcidos por todo Israel, también es cierto que se convirtió en una bendición disfrazada porque ellos se convirtieron en una tribu de sacerdotes encabezados por Aharón, hermano de Moshé.

En el capítulo uno de Números (vv. 22-23) aprendemos que después de que los israelitas habían recibido la Torá en la base del monte Sinaí había 59.300 hombres de la tribu de Shimón mayores de veinte años. Pero varias décadas después nos enteramos de que los descendientes de Shimón se habían reducido a 22.200 hombres mayores de veinte años (Números 26:12-14). Hagamos bien las cuentas, y nos daremos cuenta que esta tribu estuvo siempre bajo juicios de la Guevuráh divina. Justo antes de este segundo censo, el pueblo comenzó a fornicar y a apegarse a las hijas de Moab y lo convencieron de ofrecer sacrificios a Baal Peor que conducían a la idolatría (Números 25:1-3). Como resultado, la Torah nos dice que 24.000 israelitas murieron en una plaga (Números 25:9). Los rabinos enseñan que estos eran todos de la tribu de Shimón.

Así Shimón y sus descendientes resultaron ser la más pequeña de todas las tribus y se omite de las bendiciones tribales de Moshé en Deuteronomio capítulo 33.

Después de la conquista de Canaán por Josué, los simeonitas se dispersaron, estableciéndose en la parte sur del territorio de Judá (Josué 19:1-9, Jueces 1:3).

Consecuentemente, ellos perdieron mucho de su propia identidad y poco se oyó sobre ellos después de los días del rey Asa. Así que Jacob dijo que debido al enojo de Simeón y Leví y la actitud de obstinación, eligiendo hacer lo que querían, estarían dispersos.

En última instancia, los levitas tuvieron un cambio de corazón y desarrollaron un celo por el Eterno, mientras que los simeonitas continuaron su pasión por la violencia y la crueldad. Así, los simeonitas comenzaron a declinar en la oscuridad mientras los levitas ascendían a la prominencia de la tribu sacerdotal, y ellos serían los custodios del Tabernáculo y el sacerdocio.

Ahora bien, y más allá de toda la historia de estos dos tzadikim y sus tribus, sabemos que en el futuro escatológico lejano tanto Shimón como Leví recibirán territorio en el reino mesiánico.

» Simeón, tendrá otra porción junto al límite de Benjamín, desde el lado oriental hasta el lado del mar.»
(Ezequiel 48:24)

No sólo eso, sino que el apóstol Juan fue llevado en espíritu a la cima de un monte grande y alto y le mostró la ciudad santa, Jerusalén descendiendo del cielo, de Dios, que tenía la gloria de Dios: su fulgor es semejante a una piedra preciosísima, como piedra jaspe, transparente como el cristal. Tiene un muro grande y alto, el cual tiene doce puertas, y sobre las puertas, doce ángeles, y unos nombres inscritos, que son de las doce tribus de los hijos de Israel (Apocalipsis 21:10-12). Estas son las mismas puertas que se ven en Ezequiel 48:31-34. De la parte del oriente tiene tres puertas, del norte, tres puertas, el sur, tres puertas, y del poniente, tres puertas (Apocalipsis 21:13).Y en el lado del sur, será la puerta de Simeón.

Interesante resulta notar y aceptar que ninguna puerta se llamará Mateo, o Marcos, Lucas o Juan. Pero habrá una puerta llamada Shimón (Ezequiel 48:33), y habrá una puerta llamada Leví (Ezequiel 48:31). Por toda la eternidad las doce tribus de Israel serán recordadas. Cuando las naciones gentiles entren en la Jerusalén milenial, pasarán a través de las puertas con los nombres de los hijos de Israel.

Ahora bien, una sola y triste conclusión surge de esta bendición: los pecados de nuestro pasado pueden volver y nos acechan. Incluso cuando se perdonan, nos pueden llevar a consecuencias que debemos enfrentar para toda la vida.

Pero también la gracia de Dios muestra que puede transformar a todo pecador, como usted y yo, en un reino de sacerdotes. Por ello, a todos los creyentes en el Mesías se los llama sacerdotes hoy.

«Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, que vuestros padres os legaron, no con cosas corruptibles, como la plata o el oro; sino con la sangre preciosa del Mesías, como de un cordero sin mancha y sin defecto.»
(1 Pedro 1:18-19)

Entonces Pedro también nos dice:

«Vosotros también, como piedras vivas, estáis siendo edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesús el Mesías.»
(1 Pedro 2:5).

¿De quiénes está hablando? ¡De los que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Yeshúa HaMashiaj! ¡Aleluya!

«Acérquense y Escuchen a vuestro Padre» (dijo Jacob)

Por P.A. David Nesher

«Llamó Jacob a sus hijos y dijo:
—Acercaos y os declararé lo que ha de aconteceros en los días venideros. Acercaos y oíd hijos de Jacob;escuchad a vuestro padre Israel.»

(Bereshit/Génesis 49: 1-2)

Todas las palabras comprendidas entre los versículos 1 a 27 de este capítulo 40 de Bereshit (Génesis) son conocidas como «la bendición de Yaakov a los hijos de Israel«. Más tarde, Moshé (el escritor del Sefer Bereshit) dará el mismo estilo profético-mesiánico de bendición antes de su muerte (Deut. 33). Por ello, es que él escribe este pasaje a fin de que los benei Israel (Hijos de Israel) comprendan por qué y para qué él está bendiciéndolos.

Así pues, vemos como Yaakov, en lo que es su último y más significativo acto como patriarca y como heredero de Avraham y de Itzjak, bendijo uno por uno a sus doce hijos.

No obstante, en las palabras de Yaakov encontramos no solamente bendiciones sino también amonestaciones, reprimendas y vaticinios de futuro.
En la bitácora anterior, les comenté que leyendo el Midrash encontré que los sabios sostienen que “la intención del patriarca Yaakov en los últimos momentos de su vida había sido revelar a sus hijos el fin de todo el sistema babilónico. Empero se apartó de él la Divinidad (el espíritu de la Profecía) y continuó diciendo otras cosas” (Bereshit Rabbáh).

Lo primero que notamos al leer este capítulo es  que el orden de los hijos como él les profetiza no es el mismo que se encuentra en el capítulo 29 vers. 31 al cap. 30 vers. 25, o el cap. 35 vss. 16 al18 excepto, para los cuatro primeros.

Yaakov se dirige a sus hijos en este orden: Comienza con los seis hijos de Leah: Rubén, Shimeón, Leví, Yehudáh, Zebulón e Isajar (si bien Zebulón aparece antes que Isajar cuando correspondería lo contrario). 

Luego trata con el hijo de Bilháh, Dan, y luego con los dos hijos de Zilpáh, Gad y Aser, Luego con el otro hijo de Bilháh, Neftalí.

Después culminará tratando con los hijos de Raquel (Rajel), Yosef y Benjamín. Efraín y Manasés estaban también en ese momento junto al lecho de muerte de Yaakov. Así como la bendición de los hijos se convirtió en la bendición del padre, la profecía del padre se convirtió en la profecía de los hijos. Por lo tanto, Efraín y Manasés fueron profetizados, como podría decirse, a través de José.

El estilo idiomático de esta bendición es poético, arcaico y, con cierta frecuencia, poco claro. No fue una conversación común.

Cualquier cosa que un hombre diga en su lecho de muerte es importante porque generalmente, si alguna vez dice la verdad, lo dice en su lecho de muerte. Yaakov habló poéticamente y con gran imaginación. Sus expresiones sugieren que él estaba hablando en el Espíritu. Estaba en pleno uso de sus facultades, aunque estaba cerca de morir.

Como estaba hablando en lenguaje poético, los hijos no podían dejar de reconocer la importancia de las palabras de su padre.

Casi instintivamente, ellos al entrar en la habitación, se reunieron agrupados por subfamilia, en una posición circular alrededor de la cama. El resultado neto fue que catorce hijos se reunieron alrededor del lecho de muerte de su padre Israel. A medida que los oscuros ojos de Yaakov los reconocieron gradualmente, procedió a hablar a uno por vez, alrededor del círculo concéntrico del ahava (amor) de Yaakov.

Por eso conviene considerar aquí lo que el sabio intérprete Abarbanel dice refiriéndose a este pasaje:

“En cuanto a la intención de las palabras de Yaakov y las bendiciones, me inclino a pensar que Yaakov, en su lecho de muerte quiso aclarar de cuál de sus hijos surgirá la tribu que reinará y gobernará en su descendencia. Ya que él había visto y había vislumbrado, por el espíritu de profecía, que su descendencia iba a ser prolífica y, por lo tanto, quiso orientar acerca de la conducción de las tribus, para que no hubieren luchas ni disensiones entre sus hijos.
Por ello él calará profundamente en cada uno de sus hijos, de acuerdo a su naturaleza y carácter, buscando a quién corresponderá el reino o la conducción; ya que la naturaleza de los descendientes de sus hijos tenderá a parecerse a la de sus progenitores. Es por ello que Yaakov, en sus palabras, a veces hablará de las cualidades y caracteres de sus hijos y a veces vaticinará el futuro de su descendencia.
Ello no implicará, a veces, ni bendición ni reprimenda ni vaticinio de futuro ni lo que ocurrirá en la tierra de su asentamiento, sino que hablará de la cualidad de sus hijos para el reino y la conducción”.

Por último, veremos que el autor del libro de Crónicas sintetiza las palabras de Yaakov en lo referente a la conducción de las tribus de Israel con estas palabras:

“Y los hijos de Reuvén primogénito de Israel; ya que él era el primogénito. Empero al profanar el lecho de su padre le fue dada la primogenitura a los hijos de Yosef, hijos de Israel…»
(1 Crónicas 5:1)

El rabí Itzjak Aramáh entiende que en el versículo 1 de capítulo 49 se revela que la intención de Yaakov había sido develar el fin de los tiempos pero como “la profecía se apartó de Yaakov” él les hablará de otras cosas y por ello retorna y dice:

¡Congregaos y escuchad…!

“…y escuchad a Israel, vuestro padre.” Este fue un lugar de madurez espiritual, dándose cuenta de lo que tanto el Eterno lo hizo (Israel) y tenía que luchar contra (Jacob). Más tarde la Torah les pedirá la fe en el Eterno casi con las mismas palabras: “Shemah Israel” (— «Escucha Israel«).

Si bien esto es un paralelo estilístico frecuente en la poesía bíblica, Abarbanel descubre alguna insinuación cuando dice: “Escuchad a Yaakov porque es vuestro padre y porque es Israel, el que ha contendido ante Elohim y con los hombres.”

Es muy interesante notar como Yaakov habla en tercera persona (él cambiará a primera persona en el versículo siguiente cuando se dirige individualmente a un hijo). El patriarca se refiere a sí mismo como Yaakov y como tu padre Israel, y aparece como el sabio padre de Proverbios que aconseja a sus hijos a escuchar su instrucción:

«Escuchad, hijos, la instrucción de un padre, Y estad atentos para adquirir entendimiento, y no os apartéis de los dichos de mi boca: porque los que guardan mis caminos son bienaventurados.»
(Proverbios 4:1; 5:7b y 8:32b).

Abarbanel, considerando esta frase (… «congregaos y escuchad«) explica lo siguiente:

“También al decir congregaos, él está insinuando que ningún hijo quedará excluido de las bendiciones que él les otorgará, cosa que no ocurrió ni con los hijos de Abraham ni con los hijos de Itzjak, donde hubo exclusiones.”

En conclusión, y considerando todo lo que hasta aquí hemos hablado, en ese momento, previo a su muerte física, Yaakov llegó a entender proféticamente que el proceso de selección mesiánica ya había terminado. Yahvéh, nuestro Dios, no iba a elegir a uno de sus hijos y rechazar a otros. Por el contrario, a partir de ese momento, y por medio de esta bendición, todos iban a formar parte de la nación que el Eterno estaba formando para traer bendición a todas las familias de la Tierra, tal como lo había prometido a Avraham e Itzjak (Gen. 12:1-3; Gen. 26:3-4).

Yahvéh había reiterado las bendiciones de Avraham a Yaakov (Génesis 28:10-15) diciendo que los descendientes de Yaakov serían tan numerosos como “el polvo de la tierra” y ellos se esparcirían finalmente hasta las cuatro esquinas del mundo desde la región de la Tierra Prometida. Por esta razón, el nombre de Yakoov fue cambiado más tarde a “Israel” (Génesis 32:28), y él tuvo 12 hijos que llegaron a ser las “12 tribus de Israel”.

En las bendiciones registradas en Génesis 49, vemos que Israel dio profecías para cada una de las tribus designadas con los nombres de sus 12 hijos. Los 12 hijos de Israel son (en español): Rubén, Simeón, Leví, Judá, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí, José y Benjamín.

La tribu más reconocida por los lectores modernos es Judá. Los descendientes de Judá han sido llamados por mucho tiempo “judíos”. No obstante, Judá es tan sólo uno de los hijos de Israel. La gran mayoría de los descendientes de Israel vinieron de los otros hijos que no fueron llamados judíos. A estos se los debe llamar con el genérico de israelitas.

En el relato de la Historia Universal podemos notar, mediante muchas evidencias científicas, que las 12 tribus de Israel finalmente se convirtieron en grandes naciones e imperios tal como Yahvéh lo había predicho. Identificar estas naciones en la actualidad nos ayuda a entender lo que ocurrirá antes del regreso del Mesías.

Muchas son las personas que piensan erróneamente que, desde el establecimiento de la «Iglesia del Nuevo Testamento», las identidades de estos pueblos ya no tienen ningún propósito. Ellos creen lo que sus líderes religiosos les enseñan mediante los dogmas de la dibólica «Teología del Reemplazo».
Sin embargo, la verdad de todo es que Yahvéh tiene muchos planes más para las personas que han descendido de las 12 tribus de Israel después de que el Mesías regrese. Para mayo información les invito a continuar su investigación a través de lo diferentes artículos que en este Blog proclaman la pura Verdad de la Historia de la Salvación.

Judá y Efraín: Los Dos Ejes Principales de la Salvación.

Por P.A. David Nesher

“Y los ojos de Israel estaban tan débiles por la vejez que no podía ver. Entonces Yosef se los acercó, y él los besó y los abrazó.” 

(Bereshit/Génesis 48:10) 

Hemos visto como Efrayim, hijo menor de Yoséf, fue puesto sobre su hermano mayor por orden del Cielo y todas sus esferas. Lo más lógico hubiera sido que Menashé recibiera la primogenitura y por eso la mano derecha debería haber sido puesto sobre él. Pero el Eterno quiso cambiar el orden de lo natural para algo sobrenatural. Generalmente es muy fácil seguir el rumbo natural de las cosas y hacer lo que siempre se ha hecho, acorde a lo que hemos aprendido que se debe hacer, según los regímenes del sistema reptiliano. Sin embargo, cuando el Espíritu del Creador está en acción es muy posible que las cosas cambien de vez en cuando. Por esto hay que estar abiertos espiritualmente para toda clase de cambios en lo que debería ser normal. Cuando uno camina con el Eterno debe estar preparado para cualquier sorpresa que sale de lo común.

Por eso hemos también aceptado que nuestro padre Israel sabía muy bien lo que hacía al cruzar sus brazos. Él fue dirigido por el Espíritu del Eterno a hacer lo que hizo.  Israel podía ver algo que Yosef no podía ver. 

La mano derecha fue puesta sobre Efrayim que no solamente recibiría una doble porción de terreno en la tierra prometida, sino también se convertiría en la principal tribu de las diez que compondrían el Reino del Norte después de la división de la nación en épocas de Roboam, hijo de Salomón (1 Rey. 11).

De esa manera Efrayim llegó a tener un papel muy importante en Israel. Las dos tribus más importantes son Yehudá y Efrayim. Alrededor de estas dos tribus giran todo el plan de salvación que tiene el Eterno para el mundo. Efrayim es la tribu más importante de las diez tribus que constituyeron el reino del norte, la casa de Israel. Por eso Efrayim representa al resto de las diez tribus. 

Por eso, aunque la salvación venga de los judíos como lo enseñan Yeshúa mismo (Juan 4:22), Efrayim juega un papel muy importante en el proyecto de redención del mundo perdido. 

Con esta cosmovisión correcta (y sólo con ella) logramos comprender el espíritu profético-mesiánico que satura las palabras del salmista cuando canta:

«Cuando el Eterno haga volver los cautivos de TZion, Israel será como los que sueñan, no podrán ver bien.»
(Salmo 126:1) 

Así pues podemos decodificar la expresión «Yosef se los acercó”, que justamente está profetizando que el acercamiento de la Casa de Judá con la de Israel de los hijos de Ben Yosef en los últimos tiempos no se realizará bajo la intención y dirección de los rabinos que niegan a Yeshúa, sino bajo la dirección de Yeshúa HaMashíaj mismo, levantando hombres (varones y mujeres) con corazón pastoral que pedagógicamente enseñarán Su Yugo y diseño. Según la tipología que vibra en este pasaje, la Torah enseña que Yosef es el que acerca a sus hijos a Israel en los últimos tiempos, no Yehudá. Sólo el movimiento dirigido por Yeshúa resultará en el cumplimiento de estas profecías. Los que buscan el reconocimiento de los hombres serán avergonzados; (pienso en los muchos de los que por estar en el movimiento de raíces hebreas, se terminan convirtiendo en fanáticos judaizantes que niegan a Yeshúa en su esencia y misión). El que busca ser dirigido por Yeshúa llegará a Israel y será abrazado y besado.

Entonces, como lo dije más arriba, debemos aceptar que en la cosmovisión del Eterno, existen dos ejes principales en Israel, Yehudáh y Efrayim. Alrededor de estas dos tribus gira toda la Historia de Salvación. No solamente alrededor de los judíos, sino también alrededor de los descendientes de Efrayim que fueron totalmente asimilados entre los gentiles después de la invasión Asiria en el año 722 a.E.C.

En los últimos tiempos Efrayim será reunido con Yehudáh para ser un solo pueblo bajo el gobierno del Mesías, tal y como el oráculo del profeta Ezequiel lo anunciara:

“Y vino a mí la palabra del Eterno, diciendo: Y tú, hijo de hombre, toma una vara y escribe en ella:
«Para Yehudáh y para los hijos de Israel, sus compañeros.»
Toma luego otra vara y escribe en ella:

«Para Yosef, vara de Efrayim, y para toda la casa de Israel, sus compañeros.» 
Júntalas la una con la otra en una sola vara para que sean una sola en tu mano. Y cuando los hijos de tu pueblo te hablen, diciendo:
«¿No nos explicarás qué quieres decir con esto?», diles:
«Así dice el Señor Eterno:
‘He aquí, tomaré la vara de Yosef, que está en la mano de Efrayim, y las tribus de Israel, sus compañeros; las pondré con aquélla, con la vara de Yehudá, y las haré una sola vara, y serán una en mi mano.’
Y las varas en que escribas estarán en tu mano a la vista de ellos, y diles:
«Así dice el Señor Eterno:
‘He aquí, tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los recogeré de todas partes y los traeré a su propia tierra. Y haré de ellos una nación en la tierra, en los montes de Israel; un solo rey será rey de todos ellos; nunca más serán dos naciones, y nunca más serán divididos en dos reinos. ‘No se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus abominaciones, ni con ninguna de sus transgresiones; sino que los libraré de todos los lugares en que pecaron y los limpiaré. Y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. ‘Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; andarán en mis ordenanzas y guardarán mis estatutos y los cumplirán. ‘Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Yaakov, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será su príncipe para siempre. ‘Y haré con ellos un pacto de paz; será un pacto eterno con ellos. Y los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. ‘Mi morada estará también junto a ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. ‘Y las naciones sabrán que yo, el Eterno, santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.»

(Ezequiel 37:15-28)

Que el Eterno nos ayude a tener las mentes abiertas para cualquier cambio de lo rutinario para que su Espíritu pueda crear cosas nuevas en y a través de nosotros.

«¿Quiénes Son Éstos?»… Efraín y Manasés

Por P.A. David Nesher

Ve’atah shney-vaneycha hanoladim lecha be’erets Mitsrayim ad-bo’i eleycha Mitsraymah li-hem Efrayim uMenasheh kiR’uven veShim’on yihyu-li.

«Ahora, tus dos hijos Efraim y Menashé, que nacieron en Egipto antes de que yo viniese hacia ti, a Egipto, serán considerados míos, tal como son míos Reuvén y Shimón.»

(Bereshit/Génesis 48:5) 

Después de recibir el juramento de Yosef que lo llevaría fuera de Egipto para enterrarlo con Abraham e Itzjak (Isaac), Yaakov continuó postrado en la cama mucho tiempo más.

Un día, cuando Yosef vino a visitarlo con sus dos hijos mayores, el Eterno inspiró a Yaakov a profetizar sobre ellos. Esto dio lugar a la adopción de Efrayim y Menashéh (Efraín y Manasés) por Yaakov como hijos propios, elevándolos así a la categoría de tribus de Israel junto a los otros hermanos de Yoséf, con derecho a adjudicación territorial en la Tierra Prometida.

Yahvéh le había dado a Yaakov la tierra Sagrada, por lo tanto, al ser considerado Yoséf como primogénito en lugar de Reuvén, le corresponde doble porción o dos regiones geográficas en Eretz Israel; una parte sería para Menashé y la otra para Efrayim.

Al considerar Yaakov a Efrayim y Menashéh, hijos de Yoséf, como Reuvén y Shimón; él les está otorgando el derecho de primogenitura, ya que, de acuerdo a las normas vigentes y que más tarde serán sancionadas por la misma Toráh, el primogénito recibía dos parte de la herencia paterna.
[Este comentario está basado en lo que relata el primer libro de Crónicas capítulo 5 vers. 1, donde leemos que la primogenitura de Reuvén fue dada a los hijos de Yosef, hijo de Israel.]

Yaakov le explicó a Yosef lo que acababa de hacer sobre sus hijos mayores de la siguiente manera: Efrayim y Menashéh pasaron a ser hijos mis hijos, por medio de esta adopción, tomando el lugar de herencia territorial de Rubén y Simeón, «en cambio, la descendencia que habrás engendrado después de ellos, serán tuyos, y en nombre de sus hermanos recibirán su heredad» (48:6). Esto se refiere a la distribución territorial de la tierra de promisión. Es decir, que si Yoséf tuviere todavía descendencia, después de Efrayim y Menashéh, ellos no participarían, directamente, de la distribución de la tierra, como estos dos últimos, pero sí, indirectamente, bajo el nombre de Yoséf; ya que Yoséf, a partir de ahora, estará dividido en Efrayim y Menashéh. Estos dos últimos, si bien eran nietos de Yaakov se ven elevados ahora a la categoría de tribus, por este evento de adopción que el patriarca realiza. Yaakov evidentemente, está motivado en esta situación por el fuerte amor que siempre había profesado por Yoséf y que ahora transfiere a sus dos hijos.

Entonces, y para entenderlo bien, Reuvén y Shimón, los dos hijos mayores de Yaakov y Leah, se encontraban en un sentido descalificados de la posición de estatus y liderazgo en la familia de Israel a causa de su pecado (Génesis 34:25, 35:22). Yaakov le dice a Yosef que el resto de los hijos que tuvo después de Erayim y Menashéh, heredarían de él, no de Yaakov. Estos otros hijos de Yosef no se mencionan en ninguna parte de las Sagradas Escrituras, pero sus descendientes están incluidos dentro de las familias de Efraín y Manasés (Números 26:28-37 y I Crónicas 7:14-29).

Esta adopción que hace Yaakov a Erayim y Menashéh permite explicar el por qué hay a menudo diferentes combinaciones de las 12 tribus en distintos lugares de las Sagradas Escrituras. A causa de esta adopción, en realidad hay 13 hijos de Israel. Nacieron los 12, pero José se dividió en dos tribus. Así que, como las tribus se enumeran a través de toda la Tanak (mal llamado Antiguo Testamento), que pueden hacer trucos y seguir siendo las 12 tribus. Esto genera más de 20 formas diferentes para enlistar las tribus en la Tanak.

“Entonces Yosef los hizo salir de las rodillas de Yaakov, y se inclinó con su rostro en tierra.” (48:12) 

Los dos hijos de Yosef, que tenían más de 25 años en ese momento, fueron introducidos entre las rodillas de Yaakov y luego retirados. Esto constituía un acto oficial de adopción, como si los dos hubieran salido directamente de entre sus lomos. Así llegaron a ser legalmente sus hijos, con plenos derechos dentro de Israel, al igual que Reuvén y Shimón. Este acto impactó tanto a Yosef, que se inclinó y adoró al Padre celestial.

Los versículos 9-12 muestran la adopción de estos hijos dentro de Israel y los versículos 13-22 hablan de la bendición que estos dos hijos recibieron por su padre.

¿Qué significado profético hay en que Manashéh y Efrayim se acerquen a su abuelo Yaakov?

Quiere decir que, gente de todas las naciones vendrán para unirse al pueblo de Israel; fundamentalmente la descendencia de Yoséf, es decir, gentiles que tienen ADN hebreo que están mezclados entre los goyim (gentiles paganos). Efrayim y Menashéh vendrán de entre todos los países, tribus, pueblos y lenguas para sumarse al pueblo de Israel a recibir la bendición de Yahvéh (Zac 8:22-23). Por ello, el profeta habla específicamente de “10 hombres de las naciones”, que es muy probablemente una alusión a la Casa de Israel del Norte, las diez tribus asimiladas.

Les solicito que abramos nuestras consciencias y entendamos que aquí se revela una cosa muy importante: Israel estaba enfermo y cerca de morir. Sus ojos físicos estaban oscuros, pero sus ojos espirituales estaban bien abiertos. Lo profético estaba tan activo en él, que podía ver los acontecimientos de los últimos días, que nosotros aún no hemos visto. El Eterno le estaba revelando toda la Historia de Salvación hasta los últimos días de la Era Mesiánica.

Reflexionemos en este profundo misterio escatológico. Durante más de veinte años Israel pensó que Yosef estaba muerto. Sin embargo, en ese tiempo nacieron los dos hijos Efrayim y Menashéh en el mundo gentil por una madre procedente de los gentiles que había abrazado la fe de Israel.

El nombre Yosef significa “añadirá” o “agregará”, y por medio de él se añadirían más hijos a Israel en el tiempo de su ceguera y de su enfermedad.

Es interesante notar que cuando Israel estaba a punto de adoptar a los hijos de Yosef como sus propios hijos, preguntó quiénes eran, para estar seguro de lo que estaba haciendo. Él quería evitar que pasara lo mismo que ocurrió cuando él engañó a su padre Itzjak y se llevó la bendición. Luego le pidió a Yosef que los acercara para que los pudiera bendecir.

Todas estas cosas tienen una proyección profética para los últimos tiempos. Recordemos que Yosef representa al Mesías, que la Casa de Judá ha considerado muerto durante dos mil años. Sin embargo, durante estos dos milenios han nacido muchos hijos primogénitos en el Mesías entre los gentiles. Mayormente están en el mundo cristiano y por eso aprendieron tanto la vida gentil como parte de la fe de Israel. En los últimos tiempos estos hijos, al igual que Efrayim y Menashéh, serán acercados a la fe de Israel, aprendiendo las raíces de la fe de Avraham, el hebreo. Los ojos de la Casa de Judá se abrirán proféticamente para que pueda ver estos hijos y adoptarlos como sus propios hijos para el mundo venidero.

La pregunta que hace Yaakov “¿Quiénes son estos?” aparece en dos lugares más de las Sagradas Escrituras (Isa. 49:18-22 y Rev. 7:13-14). En estos pasajes proféticos se habla de los hijos nuevos que serán añadidos a Israel en los últimos tiempos, y especialmente en la gran tribulación, cuando Israel estará enfermo y a punto de morir. Pero la venida de Yeshúa HaMashiaj, esta vez como Ben David (Hijo de David) le dará a la nación santa del Eterno nueva vida.

El interés por las raíces hebreas que en nuestros días se está manifestando en el sistema cristiano ha sido despertado por el Mesías Yeshúa. Él está en el cielo intercediendo por todos los hijos de Yahvéh en la tierra para que despierten de su letargo babilónico, e investiguen las raíces de la verdadera emunáh. Es un movimiento profético que terminará abriendo los corazones de los hijos primogénitos del Eterno para que abracen la fe de Abraham y dejen el cristianismo, atreviéndose a ascender al diseño de Su Monte Santo.

Esto último, no significa que tendrán que convertirse y hacerse judíos, sino que más bien que decidan adoptar un estilo de vida y una teología y hermenéutica (interpretación) que estén afín con Israel para que ya no sean piedras de tropiezo para los judíos.

Entendámoslo bien, en el Mesías hay lugar para los dos pueblos sin que el uno tenga que convertirse en el otro. El judío no puede dejar sus tradiciones para poder unirse con los hijos del Mesías de entre los gentiles (la Casa de Efrayím o Israel). Son los no-judíos que tendrán que cambiar sus costumbres babilónicas para poder vivir con los judíos y formar un solo pueblo, multifacético pero unido.

La escena de este pasaje escritural revela el movimiento tierno de nuestro Abba en los últimos días. Justamente simboliza que aquellos que hoy son obedientes a Mashiaj Ben Yosef serán llevados por él hasta las rodillas de Israel para que este los pueda besar y abrazar y adoptar como sus propios hijos. Sólo cuando los hijos de Ben Yosef estén dispuestos a acercarse completamente a Israel y ser besados y abrazados por él podrán recibir su gran bendición.

Los hijos de Ben Yosef  de nuestros días serán introducidos en Israel y restablecidos como hijos con pleno derecho de herencia dentro de Israel. 

Que el Eterno nos otorgue dones proféticos a fin de que nuestros ojos espirituales puedan discernir qué es lo que nos toca hacer como Ministerio en este movimiento profético de acercamiento entre las dos Casas.

¡Bendito sea el Eterno!

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Yaakov vio al Mesías…, Cruzó sus Manos Adrede…, y la Historia Se Transformó….

“Pon tu mano bajo mi muslo”… ¿Qué Clase de Juramento es esto?

Por P.A. David Nesher

Vayikrevu yemey Yisra’el lamut vayikra liveno le-Yosef vayomer lo im-na matsati chen be’eyneycha sim-na yadecha tachat yerechi ve’asita imadi chesed ve’emet al-na tikbereni beMitsrayim.

«Se acercaron los días en que Israel fallecería, por lo que llamó a su hijo Yosef y le dijo:
“Si me he congraciado contigo, por favor, pon tu mano debajo de mi muslo y trátame con benevolencia y lealtad: ¡Por favor, no me sepultes en Egipto!»

“…Si me he congraciado contigo, por favor, pon tu mano debajo de mi muslo y trátame con benevolencia y lealtad: ¡Por favor, no me sepultes en Egipto!»


(Génesis/Bereshit 47:29) 

La expresión «pon tu mano bajo de mi muslo«, es un eufemismo para un toque de los genitales, que son la fuente de la vida. Israel había aprendido la importancia de jurar por la señal del pacto de circuncisión de su abuelo Avraham (cf. 24:2).

Debemos tener en cuenta que en la época patriarcal, esta práctica constituía el único objeto sagrado que poseían, y la costumbre de prestar juramento sobre él perduró hasta el día de la promulgación de la Torah.

Cuando Yaakov avinu siente que está próximo a morir manda por Yoséf y le pide que haga con él «merced y verdad«, y jure por su Brit miláh (es decir la circuncisión de Yaakov), que es el signo bendito del Pacto estampado en su cuerpo.  

Era un gesto que simbolizaba que si el juramento no se llevaba a cabo, entonces los otros descendientes de Israel vengarían la infidelidad de Yosef.

¿Por qué se juraba de esta forma?

Porque la “Brit miláh” fue el primer mandamiento dado a Abraham avinu; es la alianza de Yahvéh con Abraham y su descendencia.

La circuncisión, que es vista como un Pacto; no es solo una marca grabada en el cuerpo del varón, sino un recordatorio de que su comportamiento debe ser íntegro en todo momento y circunstancia; su moralidad, debe estar ligada a un comportamiento social apto.

Por causa de la circuncisión es que a ellos se les llama “tzadikim” (justos). No es sino el cuidado de esa parte del cuerpo del varón hebreo, que la abundancia fluye o deja de fluir al mundo.

El intérprete Rashí explica que un juramento no consistía solo en poner la mano en la Brit Miláh, sino en pronunciar las palabras del juramento tomando la circuncisión en la mano en señal de que se juraba por algo muy sagrado.

Israel sabía que Egipto no era su hogar. Él pertenecía a la tierra prometida; él y sus descendientes. Era evidente que creía y entendía que él era el heredero del pacto de Abraham. Por ello, las palabras de Yaakov a su bien amado hijo Yoséf en este pasuk quieren significar:
«….Júrame por esa bendita señal que ha traído simiente santa y fiel al mundo, júrame que no me sepultarás entre impuros que nunca guardaron Mi Pacto…», [El Zohar].

Le rogó a Yosef que no fuera dejado en Egipto (47:29). Continuó diciendo: «Que cuando descanse con mis padres, me lleves de Egipto y me entierres en el sepulcro de ellos» (donde Abraham e Isaac están enterrados en la cueva de Makpeláh) (23:3-18). Y Yoséf le respondió: «Yo haré según tu palabra» (47:30). 

Pero Yaakov necesitaba más seguridad, e insistió en que la palabra de Yoséf se fijara con un juramento. Yaakov le rogó: «júrame«. ¿Por qué fue necesario? Yosef acababa de prometer hacer lo que su padre había dicho. Sin embargo, Yaakov sabía que si Yoséf hacía un juramento, éste reforzaría en la memoria de Yoséf su promesa a su padre. No sólo eso, el juramento haría a Yoséf directamente responsable ante Dios y Su ira si no cumpliera su promesa. Entonces José le juró.

Yoséf le responde que cumplirá lo pactado. Explican los sabios que Yaakov tenía varias razones para pedir esto, primeramente, él esperaría la resurrección de los muertos en Eretz Israel juntamente con sus antepasados Abraham e Yitzjak. La más antigua tradición enseña que los que estén sepultados en Eretz Israel serán los primeros en ascender de la tierra a recibir a Mashiaj. Los santos de Elokim (pueblo de Israel), aguardan pacientemente los “días del Mesías”; una Era plena de amor y restauración.

También Yaakov pretende evitar que, en el futuro, su tumba sea idolatrada por los egipcios. No quería que hicieran de él un dios más, porque las deidades de Egipto serían azotadas más adelante por el Eterno a través de las plagas.

Una razón más para este juramento es que, de ser sepultado Yaakov en Egipto, ello causaría que sus descendientes permaneciesen ahí y considerarían a Egipto/Mitzraim como su propia patria, lo que les llevaría directo a la asimilación (convertirse en egipcios).

Otro motivo que también vale tener en cuenta es que Yakoov quería sus restos pudiesen descansar con sus antepasados los cuales eran de elevada santidad; es decir, quería resucitar en “buena compañía”, no quería estar sepultado con la gente pecadora de aquel país.

Registra el Midrash que antes de bendecir a sus hijos, dado el politeísmo egipcio, Yaakov les hizo una última pregunta a sus hijos:

«…Hijos míos, ¿estáis bien firmes en vuestra creencia en el único Dios? ¿Cómo puedo saber si sus corazones están puestos en Yahvéh?».

Como respuesta, ellos levantaron las manos al cielo y pronunciaron:
«…Shemá Yisrael; El Eterno nuestro Elokim, el Eterno es Uno! Nuestra fe es la tuya y nuestra confianza está en el Creador de los cielos y de la tierra…».

Reconfortado al oír esto, el patriarca les responde solemnemente:

«Baruj Shem kevod maljutó le olam va ‘ed!»
(¡Bendito sea el Nombre de Su glorioso Reino por siempre jamás!)…».

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¡Y Vivió! (Vayejí)

Por P.A. David Nesher

Como ya se los comenté Vayejí significa “ Y vivió”.

Comenzaré contándote que en realidad, esta parashá, debió haber empezado en el versículo anterior que dice:
“Se asentó Israel en la tierra de Egipto”… ya que el versículo 28 es la continuación directa e indivisible, pero el sabio Rashbam comenta que el hecho es que las congregaciones de Israel no quisieron concluir la parashá con el versículo que dice que toda la tierra pasó a ser propiedad de Paró (Faraón) y la concluyen con el versículo que dice: «Se asentó Israel en la tierra de Egipto”. De este modo, Rashbam pone de manifiesto aquí el sentido optimista que tiene la Historia de Israel.

Convengamos que en el orden técnico se notará que en el Sefer Toráh no aparece el espacio que debe separar una parashá de la otra, que tiene que corresponder, por lo menos, al que ocupan nueve letras. En nuestro caso sólo el espacio de una letra separa la parashá Vaigash de la parashá Vayejí.

De acuerdo a un Midrash citado por el sabio Rashí “Yaakov se disponía a develar el futuro de sus hijos, pero se le ocultó el espíritu de santidad y no pudo hacerlo, por eso la Parashá también está cerrada, no hay espacio«.

Otro Midrash, citado también por Rashí dice que “a partir del momento del fallecimiento de Yaakov se cerraron los ojos y los corazones de Israel, por el sufrimiento de la esclavitud en Egipto”, situación reflejada, gráficamente, en el texto, al cerrarse todo espacio entre ambas parashiot.

El sabio judío Abarbanel comenta que la Torah nos relata aquí los últimos días de Yaakov avinu rodeado por sus hijos y nietos. En definitiva, tal vez estos hayan sido los años de mayor quietud en la agitada existencia del patriarca. Si bien la intención de Yaakov había sido descender a Mitzrayim (Egipto) para ver a Yoséf (Gén. 45.28), la realidad es que él y su descendencia quedaron afincados en la tierra de Egipto, y no es que la muerte lo haya sorprendido en aquel país, ya que él permaneció en ese lugar los últimos diecisiete años de su vida.

Yaakov sabía perfectamente que nunca podría alcanzar sus metas sin la ayuda del Eterno. También concluirá si vida en paz con sus semejantes: Esav, Laván, Dináh y Yosef. ¡Qué acumulación de luchas, sufrimientos y penas ha supuesto para él cada uno de estos dramas!

Les comparto lo que el Midrash señala al respecto:
«…¿Dónde reside la diferencia entre la vida de un tzadik (justo) y la de un rashá (malvado)? El rashá puede disfrutar de una paz imperturbable al comienzo, pero su placer es seguido por interminables amarguras. El tzadik puede sufrir tribulaciones al comienzo, pero una vez superadas, su felicidad es eterna…»

[Midrash, Vayejí].

Desde luego, Yaakov no ha sido infalible, pero posee una virtud que muy pocos hombres tienen: la de ver en cada prueba enviada por el Cielo el bien que encierra de cara al futuro. Así pues, ha errado y tropezado, pero siempre ha vuelto a recuperar su nivel de perfección moral. Su admirable entereza se ha forjado en el yunque de la aflicción. Lo cierto es que, gracias a esta capacidad psíquica, Yaakov pasó en la tierra de Egipto los mejores años de su vida. Allí, libre por fin de preocupaciones, disfrutó de una existencia tranquila, de la paz familiar y de los homenajes que le tributaron los egipcios gracias al prestigio del que Yosef gozaba entre ellos.

Además, tuvo también el placer de ver a su familia “crecer y multiplicarse sobremanera”, así como ver feliz a todos sus hijos siguiendo el camino trazado por él.

La porción y todo el Séfer (Libro o Rollo) finalizan con este capítulo donde Yaakov prodiga bendiciones a las tribus.

Yaakov mira a con profunda dicha a su amado hijo Yoséf gobernando la principal potencia del mundo, Egipto. Pero durante más de dos siglos, los Benei Israel (hijos de Israel) serán forjados como hierro en aquel país a través del dolor y la agonía, hasta que estén listos para dejar el país y en el desierto recibir la Palabra de Yahvéh, la Torah, lo que les hará ser la más grande nación del mundo.

Yaakov, por su don profético, sabía que Egipto era el lugar más impuro del planeta, no obstante, el patriarca logró ser feliz ahí. El libro de El Zohar enseña que una persona espiritual sabe que los lugares oscuros que nos encontramos en la vida, son las mejores y más grandes oportunidades que tenemos para crecer y generar milagros.

¿Pero cuál era el motivo de la felicidad del patriarca?

Para responder esta pregunta, diré que el sabio Akedá sostiene que el uso que la Torah hace del término vivió ( vayejí ) en vez de residió ( que en hebreo se dice vayagar) nos indica que la Torah se refiere a la calidad de vida de Yaakov en Egipto. En el sentido más literal, lo que quiere decir es que tras una vida marcada por las dificultades (el odio de Esav, los engaños de Labán y la desaparición de Yosef), Yaakov avinu finalmente pudo disfrutar de la calma y la armonía que tanto había anhelado en Dios. Como reza el refrán: “Si el final es bueno, todo es bueno.”

El Zohar dice (I, 111b) que la mejor vida que tuvo Yaakov fue en Egipto, donde logró vivir con simjáh (alegría) y shalom (paz). En base a esto, el Rebe Najman pregunta: ¿Cómo es que en la Tierra Santa, Yaakov no alcanzó la paz y sí en Egipto, una tierra impura donde sus descendientes sufrirían bajo la esclavitud?» Y la respuesta que él mismo da es que el nivel más elevado de alegría surge cuando uno se hace cargo de la tristeza y de la depresión y las transforma en regocijo. El exilio corrresponde a la tristeza y a la depresió; la respuesta de Yaakov nos muestra cómo transformar sus efectos. Yaakov «vivió en la tierra de Egipto» significa que él sabía que el exilio continuaría hasta que fuesen recolectadas todas las chispas de santidad. Pero pudo encontrar paz e incluso alcanzar una gran alegría en Egipto, porque él y sus descendientes se fortalecieron con la regocijante promesa de Redención Futura (Likutey Halajot, II, p. 158a).

  En conformidad con el axioma de que los hechos de los Patriarcas sentaron una pauta para el futuro de sus descendientes, podemos afirmar que los últimos años de Yaakov -quien simboliza la Torah y la Verdad- ejemplificaron de la manera más vívida que los israelitas son capaces de sobrevivir y hasta prosperar en el exilio si mantienen su apego a los ideales que Yaakov encarnó.

Entonces, para cerrar esta respuesta, podemos decir que, primero que nada, él fue muy fecundo y vio que cada uno de sus hijos lo tenía todo. Yaakov era feliz porque pudo ver nuevamente a su hijo Yoséf HaTzadik, y ver a este hijo era como ver a su amada Rajel, la esposa que tanto amó, pues dice la tradición que la belleza del rostro de Yoséf era de un gran parecido con el de Rajel.

¿Por qué el pueblo de Israel es considerado “justo” y recibe esa especial herencia?

Los descendientes de Yaakov, los israelitas, serán favorecidos por Yahvéh para que sean los poseedores de una herencia eterna. ¿Cuál es esta herencia? Un destino feliz y una vida de delicias delante de HaKadosh Baruj Hu (el Bendito Sea). Esto va más allá de poseer una mera geografía en Eretz Israel (la tierra de Israel), estamos hablando del “Olam HaBá”, que es un mundo espiritual, el «Mundo Venidero».

La tradición judía enseña en Pirké Avot (traducido como «El Tratado de los Padres«) dice:

«…Un instante de teshuvá y buenas acciones en el Olam HaZé (mundo presente, o mundo en que vivimos), es más valioso que todo el Olam HaBá (Mundo Venidero), pero un instante de satisfacción Di-vina en el Olam HaBá es más valioso que todo el Olam HaZé…». (4:22)

Dice El Zohar que es porque ellos son circuncisos. Esto significa, que guardan y preservan el Pacto sagrado, el Pacto de la Procreación. Por eso cuando dice “todos son justos” (tzadikim), es porque quien se circuncida forma parte del pacto, forma parte del pueblo y por lo tanto son parte de ese todo. De esta forma, Israel heredará “el país” para siempre, este lugar es el “Olam Habá”

“Dios me ha puesto por padre del Faraón” (Parasháh Vayigash)

Ve’atah lo-atem shlajtem oti henah ki ha’Elohim vayesimeni le’av le-Far’oh ule’adon lekol-beyto umoshel bekol-erets Mitsrayim.

«O sea, no fueron ustedes quienes me enviaron acá, sino Elokim, que me puso como Gran Visir de Paró, como amo de toda su casa y como gobernador de todo Egipto.«

(Bereshit/Génesis 45:8) 

¿Cuál es el significado de “padre” en este pasuk?

La expresión “Le Av le Paró”, no está haciendo referencia a un “progenitor” (Av: padre), eso está claro. La Torat Emet traduce la palabra “Av” como “maestro”. Así mismo, por su parte, el maestro en hebreo Rashí explica que el vocablo debe entenderse según su contexto y no en su sentido literal. Por ende “Av” (padre), significa aquí “amigo y patrón”, o “consejero,” «asesor«, o «mentor«. Parhó (Faraón) le había dado a Yoséf el puesto más elevado de Mitzraim (Egipto), pero a la vez, por debajo de la autoridad del mismo monarca, pues aquel que instala a otro en un puesto de autoridad, siempre es superior. Yoséf era el “consejero íntimo” del rey, lo más cercano a un padre.

Todo esto es la tipología de un contenido mesiánico. 

Así Yeshúa ha recibido de Yahvéh, su Padre, el título de Av según está escrito en el libro del profeta Isaías 9:6:

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Fuerte, Poderoso, Padre (av), Eterno, Príncipe, Paz.”
(Isaías 9:6)

Desde esta interpretación del profeta Isaías, los discípulos de Yeshúa, interpretando los códigos de los tres cargos que Yosef recibió del Faraón, realizaron una pedagogía profética con la correspondencia de estos tres cargos del Mesías.

o       Le puso como av, amigo y patrón, (Isaías 9:6).

o       Le puso como Señor de toda su casa, (Hebreos 3:6).

o       Le puso como gobernador sobre todo el mundo, (Mateo 28:18).


Entonces queda claro que Mashíaj, en el Mundo Venidero, en su calidad de “Av”, será gobernador del mundo, en el sentido de “amigo íntimo” de Yahvéh durante la Era mesiánica. Esto significa que Mashiaj dirigirá los asuntos en el mundo en el Nombre de Yahvéh, nuestro Dios. Solo el Eterno estará por encima de la jerarquía de Mashíaj.

El Sentido Profético-Mesiánico de la Colisión Judá-José.

Por P.A. David Nesher

Hemos ya estudiado que fue Yehudáh quien en el pasado sugirió la “venta” de Yosef, por lo que a él le toca reclamar a Binyamín para de este modo cumplir su “tikun” (reparación total) y cubrir aquel yerro. Pero también debo decir que no todo es falta en las acciones de Yehudáh. Al leer comentarios de los sabios exégetas del hebreo, me he encontrado que ellos destacan que fue un mérito de Yehudáh el causar que Yosef mostrara sus signos hebraicos y se manifestara como el hijo “perdido” de Yaakov.

Meditando en la encriptación mesiánica del texto, logré enfocarme en algunos paralelismos y simbolismos de la vida de Yoséf con la vida de Yeshúa HaNotzrí (Jesús de Nazaret), encontramos que “Yehudáh”, representa a la autoridad judía del primer siglo. No habló del pueblo común, sino del Sanedrín, el máximo tribunal de Justicia de la Torah, entidad quien dio (o entregó) a su hermano Yeshúa a los gentiles (Mat 20:18-19. Así, y del mismo modo en que a Yosef se le vistió con ropas egipcias y luego lo “bautizaron” con un sobrenombre pagano, el Rabino Yeshúa recibió también un “alias” grecolatino, además de ser ataviado con una sotana religiosa con estampas de cruz.

Y también así como Yosef tuvo que vivir apartado de los suyos y rechazado por ellos viviendo entre los gentiles. Del mismo modo, Mashiaj Yeshúa fue rechazado e injustamente aborrecido por la mayoría de la Casa de Judá; no obstante, fue adoptado por la gente de las naciones y, como hemos señalado, le impusieron una identidad ajena a su cultura e idioma.

Por ello, Yeshúa quien hasta hoy lleva colocado un disfraz “egipcio” (greco romano), se ha convertido en sí mismo en el obstáculo que impide el reconocimiento y aceptación por parte de sus hermanos del pueblo de la Casa de Judá.

El texto, en su médula profética, anuncia que en un futuro escatológico el encuentro de estos dos reyes hebreos (Yehudáh y Yosef), traería finalmente la paz a todas las tribus hebreas y daría fortalecimiento al cansado espíritu de Yaakov avinu.

Por ello, encuentro importante para nuestra trascendencia considera lo que el Zohar registra sobre Yosef (Mashiaj) y la reconciliación con Yehudáh y el resto de las tribus:

«…Rav Yehudá dijo:

¡Felices son los justos, cuya llegada juntos trae paz al mundo, porque ellos saben cómo traer simultaneidad y se acercan uno al otro para aumentar la paz en el mundo! Porque hasta que Yosef y Yehudáh se acercaron uno al otro, no hubo paz. Una vez que se acercaron uno al otro, la paz aumentó en el mundo. La alegría abundó “arriba” y “abajo”, cuando Yosef y Yehudáh se aproximaron y todas las tribus se juntaron con Yosef…»,

[Zohar Vayigash 6:61].

Entonces, es necesario que el «Yehudáh moderno» complete su “tikún” (corrección), esto es:

  1. que la Casa de Yehudáh admita su falta por haber arrojado (vendido) a Yeshúa a los paganos y;
  2. que lo reconozcan como parte de ellos y no verlo como ajeno.

Sólo así, y a través de esta “cercanía”, los yehudim (judíos) podrán advertir más claramente la identidad mesiánica de Yeshúa como ocurrió cuando los hermanos se “acercaron” a reconocer los signos hebraicos de Yosef (45:4), y entonces creyeron.

Cabe en este momento señalar que dentro del rabinismo en todas sus divisiones (ortodoxos y liberales), y a lo largo de todos estos dos mil años, han aparecido quienes piensan que Yeshúa es el Mashiaj anunciado por todas las Escrituras del Tanak, pero sus compromisos religiosos y el temor al rechazo de la comunidad judía toda, les ha impedido decirlo.

Un Rebe jasídico enseñaba:

«…Lo que falta hoy para que venga Mashiaj es que realmente queramos que venga. La llave está en nuestras manos; usémosla…».

Luego pues, mucho aportará la confesión abierta y el reclamo osado de Yeshúa Hanotzrí como “patrimonio” judío por parte de aquellos yehudim que anhelan que Mashiaj Yeshúa gobierne “prontamente y en nuestros días”.

Así es, y tal cual lo están leyendo, para muchos eruditos (del mundo judío y gentil), Yeshúa es «Mashiaj Ben Iosef» quien, para los tiempos finales volverá a Eretz Israel como «Mashiaj Ben David», [recuerden lo visto en la sección «Mikets», acerca de “Mashiaj Ben Iosef-Mashiaj Ben David…”].

Así mismo, estudiamdp el encuentro entre Yehudáh y Yosef, los sabios del Talmud llegaron a la conclusión que existen dos tipos de Mashiaj:

«…Hay dos reinados, uno es el de Yosef y el otro el de Yehudáh, está escrito que van a venir dos Mashiaj, uno de la “Casa de Yosef”, y otro de la “Casa de David”. El Mashiaj que viene de la Casa de Yosef es el que va a preparar el mundo para la venida del Mashiaj de la Casa de David que es Yehudáh. A estos eventos profético-mesiánico aludían también las visiones de Yosef…».

[Tomado de Keter Le Israel]
Por todo lo dicho hasta aquí, el Eterno nos conduce a que estemos atentos a los tiempos y las señales de los mismos, ya que el reconocimiento del «hermano judío» Yeshúa, por parte de la Casa de Judá (Yehdáh) podría ocurrir de golpe de un momento a otro en esta época.

Por eso, existen testimonios varios en forma de reflexiones escritas de diferente tipos de pensadores judíos (rabinos, intelectuales y académicos de altos títulos) que después de haber analizado en sus mentes los dos mil años transcurrido hasta nuestros días, señalan cómo el tal “Jesús romanizado” de la Iglesia Cristiana, puede ser interpretado como el Mesías, si se lo examina y medita como lo que en realidad fue; un varón judío de obediencia estricta a la Torah cuyo nombre hebreo es Yeshúa Ben Yosef (nombre del varón que se casó con su madre Miriam).

“Judá se Acercó a José” (Parasháh Vayigash)

Por P.A. David Nesher

Vayigash elav Yehudah vayomer bi adoni yedaber-na avdeja davar be’ozney adoni ve’al-yijar apja be’avdeja ki kamoja keFar’oh.

«Entonces Yehudá se acercó a él [a Yoséf] y le dijo:
“Por favor, mi amo, permítame que yo, su servidor, le diga algo [sea receptivo a mi mensaje]; no se enoje contra mí, pues usted es como Parhó.»

(Bereshit/Génesis 44:18)

Sobre este pasuk (versículo), dicen los sabios del judaísmo que, al aproximarse a Yoséf, Yehudáh estaba dispuesto a todo, incluso a guerrear. Al igual que la sección «Miketz», esta lectura también está empapada del espíritu del Mashiaj y de la redención final del pueblo de Israel. Los invito a abrir vuestras mentes a fin de permitir al Espíritu del Eterno implantar en ella todos las segulot (energías mesiánicas) que nos permitirán cumplir con nuestra misión mesiánica: unir el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo.

¿Por qué se interpuso Yehudáh con tanta firmeza para interceder por Binyamín?

Las palabras del propio Yehudáh a Yoséf lo responden:

“…Porque tu servidor se constituyó en garante del muchacho…”.

Es decir, Yehudá había garantizado a su padre, Yaakov, que retornaría de Egipto, cueste lo que cueste, trayendo consigo a su hermano Binyamín. Al respecto, Itzjak Abarbanel comenta:

«…De acuerdo a la opinión de nuestros sabios, la intención de Yehudáh, con este discurso es poner en evidencia las falsas acusaciones que Yoséf ha armado contra él y sus hermanos. Sin embargo, yo pienso que, de acuerdo al sentido literal del texto, la intención ha sido despertar la misericordia de Yoséf, ofreciéndose Yehudáh como esclavo para que Binyamín quede libre, vuelva a su padre y no muera éste de pena y tristeza. Es para convencer a Yosef de la veracidad de sus argumentos que Yehudáh relata minuciosamente detalles acerca de la vida de su familia. Yehudáh cuenta con la benevolencia del Gobernador de la tierra, que ya había dicho: “A Elokim yo venero” y, por lo tanto, no podía endurecer su corazón ante la pena de un anciano ausente y en tierra lejana. Iehudáh se acerca e inicia una conversación privada, casi íntima….».

La defensa de Yehudáh se apoya en dos fuertes argumentos que, a la postre harán que Yoséf no resista más:

  1. Siendo consecuente con sus actitudes anteriores para con los hermanos, Yoséf no puede retener a Binyamín.
  2. Yehudáh no puede volver a casa de su padre sin Binyamín, el hijo menor. El estilo y las palabras empleadas por Yehudáh salen del corazón y llegan al corazón.

Como lo dije ya en un estudio anterior, en el libro de El Zohar los sabios se preguntan en un debate por qué en la Torah se emplea el vocablo וַיִּגַַּ֨שׁ (“Vayigash”), siendo que existen otras expresiones para indicar un “acercamiento”. La respuesta es que la raíz hebraica de “vayigash” es “nagsh” (Nun נ, Guimel ג , Shin ש), que es igualmente la raíz de la palabra “hitnagshut”, que significa “colisión”, o choque. Por eso es que vemos que un nudo dramático se forma aquí y un intenso debate surge entre dos grandes potencias.

Cuando en los Tehilim-Salmos (48:4) leemos: «Pues he aquí que los reyes se reunieron…”, es una alusión a Yehudáh y Yosef, que ambos fueron reyes y se juntaron en una disputa. Sigue diciendo El Zohar que la “proximidad” de los dos hermanos es un choque entre “dos mundos”, porque por un lado Yehudáh es un rey (es la tribu de los futuros reyes judíos), y Yosef HaTzadik en ese momento era el rey –ejecutivo- de Egipto. En medio de esta pelea se encuentra el menor de los doce hermanos, Binyamin. Ambos reyes lo disputan con todo su vigor.

Como lo dije en la bitácora anterior,  Yehudáh representa el “Mundo físico” y así mismo también simboliza al Brit Miláh (Pacto de Circuncisión), que no es simplemente una circuncisión o el corte de piel, sino el Pacto de la procreación biológica. En tanto que Yoséf representa el “Mundo de las visiones proféticas” (revelaciones). La expresión “Yehudáh se acercó a Yosef”, habla de dos mundos que colisionan pero que a la vez se unen; el “Mundo de Arriba” (que es Yoséf), con el “Mundo de Abajo” (Yehudáh).

Pero la motivación fundamental de Yehudáh estaba en su anciano padre, por lo que procuraba evitarle más tristezas de las que había ya sufrido; no quería que su padre muriera por el hecho de que Binyamín no volviera a casa. Cuando Rajel (Raquel) murió, fue Yoséf quien le dio consuelo a su padre. Después que Yoséf fue vendido, Yaakov aún tenía a Binyamín. Ahora sin Binyamín, sería como si los tres se fueran al mismo tiempo.

No obstante, la confrontación entre estos dos gigantes tuvo, en definitiva, resultados positivos. Pues lo que condiciona el establecimiento de relaciones armoniosas en el seno de la familia y de la sociedad es la unión del poder temporal representado por Yehudáh, fundador de la tribu real y, del poder espiritual representado por Yoséf Ha-Tzadik (José el Justo). En efecto, ninguna fuente de bendiciones es más generosa para los hombres que la que brota de la alianza entre la monarquía y los ideales religiosos.

ÓPTICA PROFÉTICA

“Yehudáh se acercó a Yoséf”, una expresión con profundos y múltiples códigos proféticos.

En relación al reencuentro de estos dos personajes, cabe precisar que, algo semejante ocurre en nuestros días: Yehudáh (pueblo judío moderno) se está “acercando” a Yoséf, está buscándolo, ya que se encuentra asimilado en “Egipto” (las naciones idólatras). En la actualidad podemos percatarnos que de poco en poquito, miembros de la Casa de Efrayím (descendiente de Yoséf), están volviendo a la unidad familiar y a sus raíces espirituales, tal como Yoséf volvió a sus costumbres hebreas al convivir nuevamente con su padre y hermanos.

La lucha que está desarrollándose aquí, solo cesará en los días de Mashiaj, como lo anuncia el profeta Ishayahu cuando evoca la venida del Redentor:

“…Entonces cesará el afán de rivalidad de Efrayím el representante de los descendientes de Yoséf y los odios de Yehudah desaparecerán; Efrayím dejará de envidiar a Yehudah y Yehudah dejará de ser enemigo de Efrayím”
(Isaías 11: 13)

En efecto, si enfocamos los hechos desde una perspectiva histórica, observamos que la reconciliación entre los dos hermanos no sobrevivió al pasar el tiempo: cuando, tras la muerte del rey Shelomó, el reino de Israel se escondió en dos partes antagónicas, una se llamó Yehudáh y la otra Efrayím. En cuanto a Binyamín, permaneció siempre junto a Yehudáh, su gran protector, y nunca se alió con Efrayím y Menashéh, hijos de Yoséf, cosa que éste presintió dolorosamente desde el principio.

LA VARA DE YEHUDÁH Y LA VARA DE YOSEF SE VUELVEN UNA SOLA.

Cuando se consideran los acontecimientos de la historia de Yoséf que provocaron el “acercamiento” entre éste y sus hermanos, podemos comprender la naturaleza monumental de las expectativas del profeta Yejezkel (Ezequiel) para la restauración definitiva del pueblo judío.

El libro de El Zohar enseña que, el hecho de que Yoséf se manifestara ante sus hermanos, es una descripción del nuevo tiempo cuando HaKadosh Baruj Hu (El Santo Bendito Sea) levante a todo Israel del polvo de la tierra “resucitándolos”, para fusionarse Él directamente con ellos. Y así como en el palacio de Yoséf retiraron a todos los extraños a fin de que solo estuviesen los 12 hijos de Yaakov desahogándose juntos, tampoco habrá naciones idólatras cuando Yahvéh habite en medio de Sus doce tribus (dos Casas) de Israel.

Por este motivo el profeta enseña sobre la resurrección de los muertos mediante la ilustración de unos “huesos secos” (Ezequiel 37), pero específicamente la «Haftaráh Vayigash» (Yejezkel/Ezequiel 37:15-28), nos habla de “dos varas” (o palos); uno representa al reino de Yehudáh y el otro al reino de Yoséf (o Casa de Efrayim).

Esta hermosa Haftará del profeta Ezequiel trata de lo que sucederá en los tiempos del Mashíaj.

El profeta anteriormente había tenido una visión de ensayo de resurrección de muertos. Inmediatamente después empezó a profetizar lo que sucederá después de esa resurrección, cuando llegue el Mashíaj. Uno de los efectos fundamentales del Mashíaj es la Unión Total del Pueblo de Israel que por causa de su dispersión, se dividieron en muchísimos grupos con diferentes costumbres y leyes.

La relación de la Haftaráh con la Parasháh es evidente, ya que en esta parashá se menciona la unión de los hermanos con Yoséf. Probablemente también se explica en esta parasháh porque Binyamím se unió al reinado de Yehudáh; quizá por el hecho que Yehudáh entregó su vida por Binyamím, como lo vemos en esta Parashá Vayigash.

La fusión de los dos palos representa la unidad de los reinos que transpirarán durante la Era Mesiánica, con Mashiaj, un descendiente del rey David al frente de este imperio unificado. Hasta el día de hoy, la re-patriación de las tribus perdidas de Israel sigue siendo un componente del sueño de la redención final. “Que ocurra pronto y en nuestros días”; reza el pueblo judío. Yo a esta declaración digo ¡Amén!

Colisionar para Fusionarse Reconciliados (Parashá Vayigash)

Por P.A. David Nesher 

 

Vayigash elav Yehudah vayomer bi adoni yedaber-na avdeja davar be’ozney adoni ve’al-yijar apja be’avdeja ki kamoja keFar’oh.

«Entonces Yehudá se acercó a él [a Yosef] y le dijo: “Por favor, mi amo, permítame que yo, su servidor, le diga algo [sea receptivo a mi mensaje]; no se enoje contra mí, pues usted es como Faraón (Parhó).

(Bereshit/Génesis 44:18)

 

En esta parashá continuamos con la historia de Yosef y su encuentro con sus hermanos. Vayigash (וַיִּגַַּ֨שׁ ) significa literalmente “Y se acercó”.

En el libro de El Zohar los sabios se preguntan en un debate por qué en la Torah se emplea el vocablo וַיִּגַַּ֨שׁ (“Vayigash”), siendo que existen otras expresiones para indicar un “acercamiento”. La respuesta es que la raíz hebraica de “vayigash” es “nagsh” (Nun נ, Guimel ג , Shin ש), que es igualmente la raíz de la palabra “hitnagshut”, que significa “colisión”, o choque. Por eso, también puede traducirse como «Y colisionó para fusionarse» (en otra bitácora ampliaré más esto).

Si la primera palabra de la porción es Vayigash («se acercó«) es porque allí se encierra la esencia de la lección de la semana.  En el clímax de la «Parashat Vayigash», Yosef revela su identidad a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo años atrás. A través de besos y lágrimas, Yaakov y sus 12 hijos volverán a ser una sola familia. Todos se reconcilian dejando a sus espaldas el difícil y desgarrador pasado. Pero antes de estos hechos, Yehudáh (Judá) confrontará a Yosef por la acusación que hizo sobre el robo de su “copa de la adivinación”. A fin de cuentas, ¿qué sentido hay en que Yosef desee tomar a Binyamín como siervo si supuestamente es un ladrón? ¿Para qué quiere el Virrey un mozo cleptómano? Esto no es coherente y Yehudá lo sabe. “Aquí hay gato encerrado”, diría Yehudáh usando una frase de nuestros días.

Así vemos que Yehudáh no soportó más y dio un paso adelante para explicar lo que había sucedido. Esto era peligroso pues Yoséf podría haber mandado que lo mataran. Pero Yehudáh defendió con valor su vida y la de sus hermanos e imploró misericordia. Y ofreció ocupar el lugar de Binyamín. Hay momentos en que debemos guardar silencio, pero hay momentos en que debemos hablar, incluso si esto tiene serias repercusiones. Cuando enfrente una situación que necesita una voz fuerte y una acción valerosa, acuérdese de Yehudáh y hable.

Esta es sin duda, una de las lecturas más emocionantes registradas en la Torah y el Tanak, ya que se narra el emotivo reencuentro de Yosef con sus once hermanos y su padre Yaakov. Por otro lado, resulta muy interesante que la Torah ocupe más pasukim para hablar de Yosef que de los mismos patriarcas Abraham avinu, Itzjak avinu y Yaakov avinu, especialmente teniendo en cuenta que Yosef solo representa a una de las 12 tribus de Israel (aunque en realidad son dos tribus las que provienen de él), mientras que los patriarcas son la fuente misma de toda la nación hebrea.

En esta sección Yehudáh representa a la sefiráh Malkut (Mundo Físico) y Yosef a la sefiráh Yesod (esfera celestial de vinculación con todos los ámbitos del Mundo de Arriba). Por tanto, el poder de la energía de esta semana se concentra en cerrar la distancia que hay entre Malkut y Yesod. No olvidemos entonces que Yesod representa al Cielo y Malkut a la Tierra.

La colisión mencionada en el segundo párrafo está detallada en el Midrash y se refiere a dos impulsos opuestos: nuestro deseo ontológico (esencial) de conectar con nuestro Creador y las necesidades, impulsos y deseos de nuestro cuerpo de someterse a los impulsos sensoriales que pugnan por dominar nuestras emociones.

Justamente Yesod es la esfera celestial donde la actividad sacerdotal del Mesías transfiere luz a Malkut (la Tierra), pero somos nosotros mismos los que determinamos con nuestras acciones cuanto recibiremos de Él desde esa dimensionalidad celestial (Yesod). Recordemos y aceptemos que nuestras acciones son las que hacen que la zona de Yesod se contenga o que fluya. Pues bien, la energía de esta semana nos ayuda a aprender a evitar que Yesod se contenga. Comprenderemos que estar asociados con Yeshúa HaMashiaj permite que el chorro de Yesod se abra y todo lo que suceda en consecuencia sea siempre milagroso. 

¿Qué más podemos pedirle a la vida? Todo lo que queremos es construir el Paraíso (Gan Edén) en la Tierra. Hacer descender el Cielo a nuestro mundo (Mateo 6:10). Pues bien, esta porción es la que nos da esa materia prima para que descienda el Cielo en todos los aspectos de nuestra vida (amor, familia trabajo, dinero, salud, etc.). Yesod es el almacén de todo lo que podemos desear, así que para cerrar la distancia que tenemos con él, tenemos que eliminar el caos de nuestra vida. ¿Cómo? Removiéndolo, y esto requiere mucho valor, porque a veces es muy doloroso. El dolor de esta lucha cotidiana de colisión para fusión lo describía el apóstol Pablo, cuando a los romanos les decía:

«¡Miserable de mí!

¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Gracias doy a Dios, por Jesús, el Cristo Señor nuestro.

Así que, yo mismo con la mente sirvo a la Torah de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.»

(Romanos 7:24-25)

Por ello, en esta semana estaremos conectados a la gratitud al Eterno por habernos dado a Yeshúa quien demostró en su propio cuerpo con unir los dos planes de la existencia desde el correcto uso de su esencia: ser Deseo. Así lograremos que nuestro cuerpo (instrumento propio de Malkut) sea utilizado por el Espíritu Santificador de Yahvéh para ascender todo lo material hasta sublimarlo con lo celestial.

Debemos saber y aceptar que en Malkut (el cuerpo) es donde nuestro mundo psicoemocional (hebreo Zeir Anpin) se materializa. Tenemos muchos rincones oscuros, muchas sombras del pasado que, consciente o inconscientemente, ocultamos en lo profundo de nuestra psiquis. Entendemos, por los experimentos de las neurociencias, que esto funciona como un mecanismo de protección, está bien, pero que saber y aceptar que no porque escondemos nuestros traumas y frustraciones, ellos no nos están corroyendo por dentro. Por ello, muchas disciplinas de las ciencias de la salud, en su apertura holística, aseguran que las enfermedades son la purga de esas emociones no sanadas. Arrastramos traumas infantiles toda la vida sin poder sanarlos conscientemente, y, a veces, eso desata una enfermedad mortal, como el cáncer. Yo sé que nadie quiere sufrir, pero el dolor debe salir a través del trabajo espiritual o por medio de una enfermedad.

Malkut es puro deseo egoísta (ratzón atzmut) y por cada deseo hay una vasija. Cuando un espacio de la vasija está ocupado con una situación no resuelta, esto es igual a una vasija cerrada como una nuez. La Luz Infinita no tiene manera de penetrar. Por tanto, esa nuez hay que romperla, y es eso lo que duele (en el idioma paulino, a esto se le llama «castigar el cuerpo» – ver 1 Corinitios cap. 9 vers. 27). Salir de un trauma duele porque para el subconsciente es como si fuera un hijo y ha vivido con él durante años (es lo único que conoce). Nos cuesta romperlo porque lo desconocido causa miedo.

Te invito, estimado lector, a que imagines que cada problema o dolor que se te presenta es una nuez que vas a romper. En cuanto se rompe, sentirás la tristeza, el dolor, llorarás… pero debes saber que estás en el proceso verdadero de acercarte a Yeshúa como Salvador. Ese proceso de sanación es la semilla de la nuez que te estás comiendo y digiriendo, pero una vez que termine, te queda el espacio para que la vasija se llene de Luz mesiánica. Ella es simple y tiene una sola programación: dar. No puede haber una vasija vacía, porque en cuanto el espacio esté disponible, enseguida se llenará de Luz.

Justamente de esto se trata el proceso de salvación que el Eterno ha realizado con sus llamados, tal y como lo describe el apóstol Pablo al escribir:

«Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó…»

(Romanos 8:30)

Es decir que a través de Yeshúa HaMashiaj hemos escapado del mundo sensoro-emocional en donde habita el miedo limitante, la ira y el sentimiento de ser una víctima (emociones estas que nos bajan la frecuencia), para ir a la cabeza, que son los niveles superiores intelectuales que conectan con las dimensiones de Yesod; las zonas donde todo le es posible al que cree (Marcos 9: 23).

En esta semana seremos capacitados por el Espíritu de la profecía (Apoc. 19:10) para entender que nuestra propia naturaleza reactiva que siempre busca detenernos, volvernos lentos o paralizarnos psíquica y emocionalmente, se vale del mecanismo de la víctima como la principal herramienta del cuerpo, para evitar los cambios que anhelamos a hacer, y que a ese nuestro satán no le gustan nada. La naturaleza corpórea rechaza los cambios porque ello incluye una actividad psíquica, emocional, química o celular nueva, que terminará produciendo un movimiento interno de conexión con la energía de la vida eterna (es decir, una vida con la calidad del Eterno); y el cuerpo, por causa del pecado, tiene implícito una memoria de muerte, porque constantemente se está regenerando, es decir, una parte nuestra muere y otra renace, por lo tanto debemos encontrar una manera diferente que nos llevará a un verdadero cambio y transformación, es por eso que se ha revelado públicamente el yugo de Yeshúa, que están provocando que cada día despierten más varones y mujeres, salgan de la zona de la Gran P… (Babilonia) y acepten hacerse sus discípulos a fin de sanar sus almas hasta lograr unir el Mundo de Arriba con el Mundo de Abajo. Así cuando los redimidos logran su misión en plenitud uniendo Cielo y Tierra, el Nombre de YHVH es santificado y se activa produciendo un flujo de milagros en la fisicalidad.

Anhelo que te interese caminar conmigo en estos seis días de ascensión y promoción mesiánica.

Shalom!