david nesher

¿En qué consiste nuestro trabajo?

Por P.A. David Nesher

¿Hablas como un ateo? Fíjate que el Talmud comenta sobre los diez espías y su informe maligno diciendo: “El que difunde informes malignos casi niega la existencia de Dios”.

Los espías regresaron de Canaán con un racimo gigante de uvas. Las uvas deberían haber animado a los israelitas. La tierra era de hecho una buena tierra llena de generosidad, tal como el Eterno lo había prometido. Los diez espías, sin embargo, interpretaron las uvas gigantes de manera diferente. Los usaron como evidencia de que la tierra estaba habitada por gigantes invencibles. «¿Qué esperarías de los viñedos de los gigantes?» ¿No es extraño cómo dos personas pueden mirar lo mismo, como un racimo de uvas, y llegar a conclusiones opuestas? Para Josué y Caleb, las uvas gigantes eran algo bueno. Para los otros espías, las uvas gigantes eran un signo de desesperación.

El Eterno se reveló con su ira diciendo que escuchó las murmuraciones y las quejas de los hijos de Israel. Él también escucha nuestras quejas. El pecado de murmurar está relacionado con el pecado de chismear. Ambos son formas de malas palabras; ambos resultan de un espíritu crítico.

La Torah enseña que el Eterno escucha todas nuestras quejas y negatividad. Por eso los sabios enseñan que el quejumbroso equivale a un ateo. Sus quejas niegan la existencia de Yahvéh como si no hubiera Dios para escuchar sus amargas palabras.

Te invito a escuchar esta webinar:

https://youtu.be/Sa7_HAoHPJU

¿Cuál es el propósito de nuestro Trabajo Espiritual?… Respuesta: ¡Disminuir el poder del Mal!

Por P.A. David Nesher

En esta semana, nos tocó nuevamente ser sumergidos por el Espíritu de la profecía en la porción Shelaj Lejá y estudiar los códigos lumínicos escondidos en la historia de los doce espías. Una vez más, nuestras almas estudiaron acerca de la incapacidad espiritual de los diez espías para ver sólo el bien y la Luz. Justamente por esto, todos los miembros de aquella generación sólo se enfocaron en ver muerte, destrucción y caos, provocándose así un gran daño en su propósito y destino. Debido a que no lograron mantener esa conciencia, la Luz del Eterno no pudo ser revelada, y aquellos israelitas no pudieron entrar en la Tierra de Israel.

Hemos estudiado como aquellos diez espías caminaron por 40 días, y durante ese lapso no lograron ver más allá de la ilusión de la fisicalidad. En consecuencia, el trabajo que YHVH les entregó para corregir ese fracaso se manifestó en 40 años más de peregrinación en el desierto. Desde este castigo divino surge un cuestionamiento: ¿qué relación existe entre los 40 días y los 40 años?

Buscando respuesta a esto, me encontré con una obra titulada Kinat HaShem Tsevaot, polémica obra escrita por El Ramjal, un sabio kabbalista que revela en este escrito el secreto de los espías.

El Ramjal sostiene que primero que nada, debemos entender que el número que se corresponde con la totalidad de niveles de Tumá (impureza) o también llamados «los niveles de negatividad«, es 400. Es decir que existe un total de 400 fuerzas negativasobrando desde el Sitrá Ajrá (el «Otro Lado» o «Lado Negativo«) contra la humanidad. Esta es la razón por la que el Eterno permitió que los israelitas estuvieran bajo servidumbre en Egipto por 400 años con el propósito que aprendieran los métodos para librarse del control que el Lado Negativo tenía sobre ellos y el mundo. Así fue que cuando los israelitas abandonaron Egipto hace miles de años en Pésaj, lograron romper con la fuerza mayor del Lado Negativo, que es revelado con el número 400, de modo que nunca fuese reparado. Así es, tal como lo estás leyendo, partir de ese momento, el Lado Negativo, la Sitra Ajra, nunca más recuperó su fuerza original de 400; más bien, su poder fue disminuido a una fuerza menor llamada los 40 años.

Así pues, la reducción del Lado Negativo provocada por la salida de los israelitas de Egipto en Pesaj, convirtió a la fuerza destructiva de 400 años, en una fuerza menor que sólo podía atacar y oprimir 40 años. Por eso el trabajo de los espías era entrar en Kenaán por 40 días y si en cada uno de esos días hubiesen logrado ver sólo la Luz escondida en todas las tinieblas de la ilusión materialista que vibraba en ese último reducto del Mal, habrían logrado que la fuerza del Lado Negativo de 40 años se redujera ahora a una mucho más débil de apenas 40 días; esa disminución de las fuerzas negativas sería finalmente destruida cuando todo el Pueblo habitara Eretz Israel y guardara el Shabat.

Sin embargo, como sabemos, diez de aquellos doce espías cayeron. Caer, en la mentalidad hebrea, se refiere a una imposibilidad en la conciencia de los redimidos para ver más allá de la ilusión materialista de este mundo. Pero El Ramjal escribe su obra con la intención de explicar en modo aun más profundo cómo cayeron los espías. Este Sabio nos dice que el origen de su fracaso fue su pensamiento racional y las palabras que salieron de su boca. Él dice que cuando los espías regresaron con el reporte, dijeron: “Amalek, la fuerza de muerte y destrucción, es real. La Sitra Ajrá existe”. Y justamente esas palabras le dieron fuerza a la Sitra Ajrá para ir contra el avance de la nación de Israel . Es decir que si aquellos diez espías no hubiesen pensado, percibido las cosas, ni hablado de este modo, habrían logrado debilitar (y por ende, disminuir) la fuerza del Lado Negativo del nivel de 40 años al nivel de 40 días, y El Ramjal nos dice que, en ese caso, el Eterno habría hecho el resto a través de la manifestación del Mashiaj.

Por medio de esta explicación, sé que ahora lograremos discernir con mayor entendimiento la correlación entre los 40 días y los 40 años, aquellos 40 días de trabajo espiritual de los espías fueron concebidos en el propósito eterno de Dios para terminar con los 40 años de fuerza del Lado Negativo que se regían desde Kenaán. Pero como estos espías, en lugar de mantener la conciencia elevada al principio de Dios la perdieron, ellos mismos, como príncipes de Israel, le regresaron la fuerza de 40 años al Lado Negativo.

Por lo que hasta aquí estamos considerando, es importante que entendamos y aceptemos que cada vez que caemos en la ilusión materialista de este mundo y nos enfocamos sólo en la oscuridad, el dolor y el sufrimiento, pensando que es lo único real, y que tiene una esencia que podría durar para siempre, no sólo no nos elevamos ni nos conectamos en ese momento, en realidad le estamos concediendo fuerza al Lado Negativo, y lo autorizamos a continuar obrando contra el propósito eterno de Dios para cada ser humano.

Entonces, y para concluir, haré otra pregunta: ¿cuál es el propósito de todo nuestro trabajo espiritual? Debilitar a Amalek, debilitar el Lado Negativo, debilitar a las fuerzas de caos, muerte y destrucción en este mundo. Lo hacemos del mismo modo en el que les damos fuerza. Por eso necesitamos comprender que en la medida en la que veamos el dolor y el sufrimiento en el mundo o en nosotros y digamos que es real e imposible de cambiar, en esa misma medida fortalecemos a las fuerzas negativas. Esto no significa que no seamos conscientes de la realidad con respecto a lo que vemos, pero sí significa que nos dispongamos a ver más allá de lo evidente y digamos con certeza: “Sí, veo terrible oscuridad a mi alrededor; sin embargo, no es real y no permanecerá. No creo en ella. No la acepto. No le doy poder”. Ese es nuestro trabajo: debilitar la Sitra Ajra en el poder de nuestro Dueño y Maestro, Yeshúa HaMashiaj. Lo único que es real es la Luz del Eterno, y cuando activamos ese pensamiento, conciencia y manera de percibir las cosas, disminuimos la fuerza del Lado Negativo.

¿Qué significa ser Luz del Mundo?

Por P.A. David Nesher

Aunque la fiesta de Sukot (Enramadas) había terminado, Yeshúa se había quedado en Jerusalén y seguía enseñando en el Beit HaMikdash (Templo). No se desanimó por el hecho de que los judíos cuestionaran una y otra vez su persona y autoridad. Y como era de esperar, aquí volveremos a presenciar otra de las muchas controversias del Maestro con los fariseos.

La fiesta de Sukot se celebraba recordando también la nube y el fuego de la Shekinah que guiaban a los israelitas en el desierto (Éxodo 13: 21). En el atrio de las mujeres se encendían unos grandes candelabros de varios metros que iluminaban toda Jerusalén. Los sacerdotes y mucha gente del pueblo hacían procesiones de antorchas alrededor en un espectáculo de gran atracción. Todo esto para recordarle a Israel su vocación y compromiso mesiánico-sacerdotal: ser luz del mundo.

Vale la pena señalar, que en los días que Yeshúa caminó por Israel, tanto al Templo de Jerusalén, como a la Menorah que se encendía dentro del Lugar Santo del mismo, se los conocía como la “Luz del Mundo”. Por esto es que en el cuarto Evangelio (Juan) nos encontramos con la siguiente expresión de nuestro Maestro:

«Yeshúa les habló de nuevo, diciendo:  
Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” 
(Juan 8:12)

En Israel los Sabios siempre dijeron que la Shekinah (Presencia) divina, representada por la Menorah, existe dentro de las personas que configuran Israel y que por ello se reunen a estudiar la Torah. Pues bien, en los Escritos Mesiánicos (Nuevo Testamento) el único pasaje que se refiere a que la Shekinah (presencia de Elohim) está presente cuando dos o tres se reúnen mediante el Estudio de la Torah, es justamente aquel en el que Yeshúa afirma que es Él quien está presente cuando dos o tres están reunidos en Su Nombre, equiparándose así con la Shekinah (Mateo 18:20).

Con el fin de comprender ampliamente esta aseveración les comparto a continuación, un comentario hallado en un documento del Qumrán y que nos suman entendimiento a la hora de la interpretación de esta Escritura: «… él debe instruirlos acerca de todos los períodos de la historia para la eternidad y en los estatutos de la verdad. (…. dominio) que pasa de Belial y vuelve a los Hijos de la Luz … por el juicio de Dios, tal como está escrito acerca de él; “que dice a Sión: “Tu ser divino reina” (Isaías 52:7) “Sión” es la congregación de todos los hijos de justicia, que guardan el pacto y se apartan de andar en el camino del pueblo. “Tu ser divino” es Melquisedec, quien los librará del poder de Belial. Con respecto a lo que dice la Escritura, “Entonces harás sonar la trompeta con fuerza; en el séptimo mes …”  En pocas palabras, en Israel vibraba la esperanza de que cuando se manifestara el Mashiaj, el dominio retornaría a los hijos de la Luz.

Desde esta explicación podemos encontrar lineamientos de exégesis para entender las escrituras más que interesantes en los Evangelios:

Mientras tengáis la Luz, creed en la Luz, para que seáis Hijos de la Luz”. 
(Juan 12:36)

Así pues, de la misma forma en la que el Eterno había iluminado a los antepasados de Israel en el desierto, ahora era el mismo Hijo de Elohim encarnado quien les podía iluminar y dispersar las tinieblas de sus corazones. Y no sólo a ellos, porque lo que Yeshúa afirmó es que Él es la Luz «del mundo», indicando con esto la misión universal de su ministerio. El Mesías es la luz para todos los hombres, en todo momento y lugar. Él es la luz en el sentido absoluto. Cualquier otro hombre o movimiento religioso no tiene punto de comparación con él.

Juan ya había anunciado esto al comenzar su evangelio: «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo» (ver Juan 1: 9). Y con su venida comenzó a cumplirse lo que había anunciado el profeta Malaquías:

 «Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá salvación…»
(Malaquías 4:2)

«El que me sigue, no andará en tinieblas»

Los fariseos entendieron perfectamente las implicaciones de lo que Yeshúa dijo y no les gustó nada. Para ellos el término Or («Luz») estaba íntimamente ligado a YHVH:

«Yahvéh es mi luz y mi salvación»
(Salmos 27:1) 

 «El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Yahvéh te será por luz perpetua«
(Isaías 60:19)

 «Aunque more en tinieblas, Yahvéh será mi luz«
(Miqueas 7:8)

Ellos entendieron que una vez más Yeshúa se estaba apropiando de atributos que son exclusivos del Eterno, y como era de esperar, reaccionaron de forma vigorosa. ¿Quién podía ser la «luz del mundo» sino solo Dios? Desde su punto de vista, Yeshúa era un blasfemo pretencioso que hacía afirmaciones que no podía demostrar. Y hay que decir que su lógica era totalmente correcta. Sólo si Yeshúa es el Hijo de Dios podría ser también la «luz del mundo». De otro modo, si únicamente fuera un hombre, entonces, hacer una afirmación como ésta carecería de todo sentido. Y como ellos no creían que Yeshúa fuera nada más que un hombre, entonces sus afirmaciones les parecían blasfemas.

Fue por causa de esta declaración que surge una gran polémica: y «le dijeron entonces los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido«. Así decía la ley en los juicios. Pero aquello no era un juicio, sino una manifestación de la Verdad divina misma. 

«Yeshúa les respondió:
Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido porque sé de dónde vengo y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo y adónde voy. Vosotros juzgáis según criterios humanos, yo no juzgo a nadie; y si yo juzgo, mi juicio es verdadero porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me ha enviado. En la Torah está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre, que me ha enviado, también da testimonio de mí«.
(Juan 8: 14-18)

En la Versión Hebraica del Código Real, leemos:

Bien, Yo doy solemne confesión de mí mismo PERO TAMBIÉN EL PADRE QUE ME ENVIÓ, da solemne declaración acerca de mí.

Es un momento clave de la Verdad: «Yo soy» y el Padre dan testimonio de Él, pero ¿dónde se da este testimonio?… En la conciencia y en las Sagradas Escrituras. Y…

 «…Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre?
Yeshúa respondió:
Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí conoceríais también a mi Padre«.
(v. 19)

Luz plena (hbr. Or) sólo es Elohim. Fuera del Eterno, y en el pecado, existen las tinieblas. Proclamarse Luz del mundo es una afirmación velada de su divinidad. Sus palabras no pueden ser tomadas como un testimonio más, sino como emanaciones de la luz que llega a todos los hombres. Los hechos anteriores muestran esta distancia –insalvable- entre la luz y las tinieblas.

Pero ahora bien, antes de continuar debemos preguntarnos a qué se refería el Maestro con la expresión «andar en tinieblas«. Y vemos que la palabra «tinieblas» denota distinta cosas en la mentalidad judía.

Se puede usar en un sentido físico para referirse a una persona que está ciega (Hch. 13:11), o al momento en que llega la noche y la oscuridad (Mt. 27:45), pero muchas más veces se emplea en un sentido espiritual acerca de aquellos que no conocen al Eterno y están a merced de las leyes de la fisicalidad. El apóstol Pablo habló de ellos como quienes «andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón» (Ef 4:17-18).

Pero estas tinieblas no sólo se encuentran en la mente, también conllevan una forma de vida materialista totalmente alejada de los principios divinos. Quienes así viven participan de «las obras de las tinieblas» (Romanos 13:12; Efesios 5:11).

Además, estas personas por este estilo de vida materialista, se encuentran bajo el poder de HaSatán (El Oponente) quien debido a la desobediencia del hombre ha conseguido establecer su gobierno en este mundo, que es descrito en la Palabra de Dios como «la potestad de las tinieblas» (Lc. 22:53), o la «potestad de Satanás» (Hch 26:18). Se trata de un sistema de cosas que gobierna sobre la Tierra en constante oposición con el Reino de Dios. Y el hecho de que este mundo está bajo el poder de HaSatán lo prueban sus obras: espiritismo, ocultismo, magia, horóscopos, supersticiones, idolatría, adulterio, fornicación, y todo tipo de perversiones…

Finalmente, todos aquellos que han rehusado andar en la luz con Yeshúa, no sólo viven en las tinieblas, sino que además terminarán en «las tinieblas de afuera» (Mt 8:12). Para ellos «está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas» (Judas 13).

De todo esto nos libra el seguir a Yeshúa como Rabeinu (Dueño y Maestro). Él, con su enseñanza de la Torah, ilumina nuestras mentes para que podamos conocer a Yahvéh y nos conduce en el Camino de la vida. Tal y como profetizó Zacarías, él venía «para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz» (Lc 1:79). Yeshúa nos libra «de la potestad de las tinieblas» y nos lleva al Reino de la Luz admirable del Eterno.

Yeshúa estaba hablando de su divinidad oculta. Aceptarlo era entrar en una nueva dimensión: el Emanuel («Dios con nosotros») era Aquel que estaba delante de ellos. La humanidad acababa de entrar en una nueva era divinizada. Si no se aceptaba, se seguía en las tinieblas, acusando a Yeshúa de blasfemo.

«Sino que tendrá la luz de la vida»

Yeshúa añadió otro detalle muy importante. La Luz a la que se refería no simplemente comunica iluminación externa, sino que se convierte en una posesión interna que ilumina nuestro espíritu y manifiesta a cada discípulo como Luz . Va mucho más allá del conocimiento intelectual, puesto que también nos da vida mesiánica-sacerdotal.

Una vez más, en la idea rectora de Juan, los conceptos de «luz» y «vida» vuelven a aparecer relacionados (Jn. 1:4) con la intención de mostrarnos que de la misma manera que las flores se marchitan y mueren cuando les falta la luz, así ocurre con todo aquel que no tiene al Mesías como Dueño, ya que Él es la luz que trae la vida eterna.

«Yeshúa enseñó a sus discípulos: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» 
(Mateo 5:16)

Yeshúa explica y se relaciona con la Luz (Or) por la manera en que está haciendo obras de justicia dentro del marco de la Torah, y por esto Él es la luz que nos ordena que brille Su luz desde cada uno de nosotros por medio de la Unción de Su Espíritu Santificador. Así es como los discípulos del Mesías lograban comprender con mayor altura lo ordenado por Moshé para proporcionar el aceite puro molido que la Menorah requería cada día para iluminar el Mishkán:

«Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.«
(Shemot/Éxodo 27: 20)

Por todas estas pautas proféticas reveladas por el Espíritu de la profecía, las primeras comunidades misionaban desde la conciencia que, por ejemplo, el apóstol Kefas (Pedro) recuerda en su segunda epístola:

«Sí, tenemos la Palabra profética hecha muy cierta. Haréis bien en prestarle atención como a una luz que brilla en un lugar oscuro y tenebroso, hasta que amanezca el Día y la Estrella de la Mañana se levante en vuestros corazones.»
(2 Pedro 1:19)

Esto era mencionado como parte de toda una hermenéutica mesiánica de la profecía del libro de Daniel:

«Pero los que saben discernir resplandecerán como el resplandor de la cúpula del cielo, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas por los siglos de los siglos.» 
(Daniel 12:3)

«Porque la mitzvá (el mandamiento) es una lámpara, y la Torah una luz; las reprensiones de la instrucción son el camino de la vida.» 
(Proverbios 6:23)

¡Qué importante es tener la Luz de la vida en un mundo que está hundido en las tinieblas! Aunque esto también implica una importante responsabilidad para cada creyente, que debe ser «Luz del mundo» (Mt 5:14). Pero para esto es necesario andar en la luz de Yeshúa HaMashiaj, viviendo en pureza moral y reflejando su luz.

Amados discípulos de Yeshúa, recuerden siempre que ustedes son la Luz del mundo. Donde quiera que vamos, reflejamos e imitamos a nuestro Dueño y Maestro Yeshua HaMashiaj. Aquel que logra verse representado en la Menorah, se sentirá diariamente levantado por la fuerza del sacerdocio celestial.

¡Deja que tus obras justas brillen bajo el mandato divino de Mashiaj ben Yosef, a fin de ser recompensado cuando Él se manifieste en Gloria como Mashiaj ben David!

¿Qué significa borrar el Nombre del Eterno dentro de un matrimonio?

Ésta es la ley de los celos, cuando una mujer se involucre con otro hombre que no es su marido y se impurifique, o cuando el hombre tenga celos de su mujer y le advierta a su mujer… y entonces el sacerdote aplicará a ella esta ley… Dios habló a Moshé diciendo: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: el hombre o la mujer que se aparte haciendo un voto de nazir de abstinencia para Dios, de vino nuevo o añejo se abstendrá…”

(Bamidbar 5:29 hasta el final del capítulo y Bamidbar 6:1 en adelante).

En la parasha Nasó estudiamos que el esposo de una mujer sospechada de adulterio era llevado junto con ella al Mishkán (Tabernáculo) [más tarde al Beit HaMikdash (Templo)]. Una vez allí, el sacerdote que oficiaba su turno ritual prepara un cóctel de agua y polvo del suelo del Tabernáculo. Hacía que la mujer pronunciara un juramento que traería una imprecación sobre ella si era culpable.

Entonces el sacerdote escribía las palabras del juramento en un rollo, lavaba la tinta del rollo en el agua y le daba el agua a la mujer para que la bebiera.

Una vez realizado este acto, el sacerdote escribía estas maldiciones en un rollo, y las lavaba en el agua de amargura. (Números 5:23).

La mujer bebía el agua, simbolizando la ingestión de la maldición para probar su culpabilidad o inocencia. Si era culpable, el agua la dañaría. Si fuera inocente, el agua no tendría ningún efecto maligno sobre ella. En cambio, aumentaría su fertilidad.

Sin embargo, al leer esto, notamos que el procedimiento planteaba una dificultad. Ordinariamente en el judaísmo está prohibido borrar el santo Nombre del Eterno. Por ejemplo, cuando un escriba está copiando las Sagradas Escrituras en hebreo, puede borrar cualquier error que cometa a menos que contenga el Nombre de Dios. Si se equivoca al escribir una línea de texto con el Nombre de YHVH, puede borrar el resto de la línea, pero no el Nombre de Elokim.

Por esta razón, los judíos practicantes no escriben el Nombre de YHVH en hebreo en una pizarra o pizarra blanca que pueda borrarse. Los documentos que contienen el Nombre del Eterno escrito en hebreo adquieren un estatus más preciado. No se tiran ni se destruyen por descuido, ni se tiran irreverentemente a la basura. Los libros sagrados que contienen el Nombre de YHVH ni siquiera se dejan boca abajo sobre una mesa o se colocan debajo de otros libros menos sagrados. Los libros sagrados nunca se llevan a los baños. Incluso las fotocopias que contienen el Nombre de YHVH adquieren un estatus sagrado. Cuando un pergamino, un libro o una hoja de papel que contiene el Nombre de D’s está listo para desecharse, se le otorga una especie de «entierro» apropiado en un depósito para escritos sagrados. Estas tradiciones nos enseñan a respetar y reverenciar el Nombre de YHVH.

Dado el respeto otorgado al Nombre del Eterno y la fuerte tradición en contra de borrar el Nombre de YHVH, ¿por qué la Torah le ordena al sacerdote que borre la maldición del rollo en el agua? El santo Nombre de YHVH aparece dos veces en la maldición. Los sabios enseñan que el Eterno está tan preocupado por la paz entre marido y mujer que incluso está dispuesto a que Su propio Nombre sea borrado para lograrlo ( Sifre 17).

En el judaísmo, la paz entre marido y mujer se conoce como shalom bayit, un término que literalmente significa «paz de la casa«. La paz entre marido y mujer tiene prioridad incluso sobre la santidad del Nombre de YHVH. Si ese es el caso, debemos tener cuidado de no permitir que la religión interrumpa el matrimonio. El Eterno está más interesado en el éxito de su matrimonio que en sus elecciones religiosas particulares. Él está tan comprometido con la santidad del matrimonio que incluso está dispuesto a que su Nombre sea borrado para preservar la paz en el hogar. Cuánto más debemos esforzarnos por llevar la paz a nuestros hogares.

El Talmud dice: «Uno siempre debe tener cuidado de no hacer daño a su esposa, porque sus lágrimas son frecuentes y se lastima rápidamente«. El pasaje talmúdico continúa diciendo que el Eterno responde rápidamente a las lágrimas de una esposa y que sus lágrimas son más eficaces que sus oraciones. YHVH toma muy en serio las lágrimas de una mujer. El pasaje concluye diciendo: «Uno siempre debe ser respetuoso con su esposa porque las bendiciones descansan en el hogar de un hombre solo por el bien de su esposa«. (n. Baba Metzia 59a)

Cuando venimos a los Escritos Mesiánicos (o Pacto Renovado) encontramos que el apóstol Kefas (Pedro) exhorta a los esposos a amar a sus esposas basándose en la salvación común que disfrutan en el Mesías. En su primera epístola en el capítulo 3, versículo 7 dice:

«De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes 

(1 Pedro 3:7) 

El apóstol exhorta a tomar conciencia que somos herederos de la gracia de la vida. También somos herederos del don de la vida. Un esposo debe vivir con su esposa como compañeros de casa, de piso y de cama. Sin embargo, implica más que compartir domicilio, comer juntos y dividir los pagos de la hipoteca. El mandato implica intimidad física y sexual. Se desgarra el tejido de un matrimonio cuando el esposo y la esposa se privan mutuamente del amor físico. 

El sabio rey Salomón escribió:

«Disfruta de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida vana que te son dados bajo el sol; porque esta es tu parte en la vida y en tu trabajo con que te afanas bajo el sol».

Salomón concluyó que toda la vida es vanidad. Se vive, se trabaja y se muere. Sin embargo, afirma que esta vida vana cobra sentido si se ama a la esposa. Por eso, él también expresó:

«El que halla esposa halla el bien, y alcanza el favor del Señor».  

Por eso es que el apóstol Pedro recuerda que un esposo piadoso se compromete al trabajo importante de entender a su esposa. Al conocerla bien, él es capaz de demostrarle su amor por ella de una manera más efectiva. Cuando un esposo tiene este entendimiento, el Eterno lo dirige a usarlo, y eso es para que viva con su esposa sabiamente. Se supone que debe de tomar su conocimiento y aplicarlo en la vida diaria con su esposa. Aquí es donde muchos hombres batallan al llevarlo a cabo. Tal vez tengan conocimiento acerca de sus esposas, pero no lo utilizan para vivir con ellas.

Un esposo piadoso sabe cómo hacer que su esposa se sienta honrada. Aunque se someta a él, él se asegura de que ella no se sienta como una empleada o bajo el poder de un dictador. Esto fue una enseñanza radical en el mundo que Pedro vivía. En la cultura antigua, el esposo tenía derechos absolutos sobre su mujer y la esposa no tenía derechos en el matrimonio. En el mundo romano, si un hombre sorprendía a su esposa en el acto del adulterio, podía matarla en ese mismo momento. Pero si una esposa sorprendía a su marido, no podía hacer nada en su contra. Todos los deberes y obligaciones del matrimonio eran puestos sobre la esposa. La enseñanza radical de Pedro es que el esposo tiene deberes y obligaciones de parte de Dios para con su esposa.

La cláusula final del versículo 7 de la carta de Pedro es una advertencia que asume que los esposos son hombres de oración. Su vida de oración debe ser lo suficientemente intensa como para que no se sientan amenazados por el estorbo de sus oraciones.

  • Los esposos amorosos oran por sus esposas. 
  • Los esposos amorosos oran con sus esposas.

Si no amas, ni honras a tu esposa, esto obstaculizará tus oraciones. La expresión griega que se traduce como «estorbar» significa «impedido», «obstaculizado». Significa cortar o derribar. En la antigüedad era un término militar que describía a los soldados que cortaban un camino para impedir el avance del enemigo. El apóstol Pedro da a entender que las fuerzas del Oponente conspiran para obstaculizar tus oraciones. Esposo amigo: ¿Estás haciendo el trabajo del enemigo por él?

Por favor, no leas este versículo con superstición. Un desacuerdo matrimonial no te separa del Eterno. Pero no puedes ignorar a tu esposa y esperar que Dios te escuche. Charles Bigg dijo: «Los suspiros de la esposa ofendida se interponen entre las oraciones del esposo y la escucha de Dios». La forma en que tratas a tu esposa puede obstaculizar la práctica de la oración. Puedes mantener tus rutinas de oración, sin embargo tus oraciones perderán su poder espiritual si no amas a tu esposa.

Tu esperanza de un matrimonio mejor no está en que tu cónyuge cambie. Tu esperanza se encuentra en que el Eterno te sostenga y te cambie.

Los demonios saben y confiesan que Yeshúa es «el Santo de Dios»… ¿Qué significa eso?

Por P.A. David Nesher

«Y he aquí estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Yeshúa lo reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!…«

Evangelio de S. Marcos 1:23-25

De acuerdo a los Sabios del hebreo bíblico, se acepta que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan la santidad del Mesías. La Parashá (Sección) número 30 Kedoshim comienza con el mandamiento: Sed santos, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Elohim (Levítico 19:2) no tiene límite superior, pero la santidad del Mesías excede la de cualquier persona.

Es bien sabido pues, y así aceptado por toda escuela rabínica, que la santidad del Mesías supera incluso a la de Moisés. De esta manera, las palabras “seréis santos” se aplican únicamente al Mesías como Cabeza de un Cuerpo místico que irradia su esencia: Israel. Desde esto, siempre en Israel se entendía que el Mesías participa directamente de la santidad de Elohim. Este concepto explica por qué los Escritos Mesiánico se refieren al Mesías como “el Santo de Dios”. Tanto los apóstoles, como todos los discípulos aplicaron ese título a Yeshúa, y como podemos leer en el texto del Evangelio de Marcos que encabeza esta bitácora incluso los demonios lo reconocieron bajo este título: el Santo de Dios.

Yeshúa es llamado el Santo de Dios porque Su santidad se origina en el Eterno.

Si pensamos esto con respecto a Su persona física, la santidad de Yeshúa resulta de Su concepción y nacimiento. Ningún otro ser humano ha nacido de una mujer en virginidad.

Si lo reflexionamos en cuanto a Su poder espiritual, Su santidad fluye de la bendita Unción del Espíritu Santo que descansa sobre Él sin medida.

En lo que respecta a su conducta ética, sabemos que el Maestro derivaba su santidad de su enfoque diario de imitar al Eterno en una relación filial, y de la obediencia a los mandamientos que el Eterno había revelado en Su Torah. En la medida en que los mandamientos son las definiciones de la santidad, el Mesías también se define por los mandamientos porque Él los guardó. Por lo tanto, Él es el único capaz de cumplir el mandamiento “Sed santos, porque santo soy yo, Yahvéh vuestro Dios” (Levítico 19:2).

Yeshúa reveló con su vida que son los mandamientos de Dios los únicos que definen la conducta santa.

Regresando con nuestra mente a lo expresado al comienzo, sabemos y aceptamos que todos los mandamientos de la Torah, en un aspecto u otro, revelan al Mesías. Cada uno de los preceptos que conforman el Jumash revela algún elemento esencial de la persona y el carácter del Mesías. Los mandamientos son la voluntad y la sabiduría del Eterno. Yeshúa dice:

No se haga mi voluntad, sino la tuya.
(Lucas 22:42)

En otra oportunidad Él dice:

No hago nada por mi propia iniciativa, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.”
(Juan 8:28).

Nuevamente aseveró:

He guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor
(Juan 15:10).

Estos pasajes enfatizan la única Verdad: ¡existe una relación directa entre los mandamientos de la Torah y la persona del Mesías, porque los mandamientos son una revelación directa de Yahvéh. Todos ellos, tal como si fueran un cuerpo, revelan la piedad compasiva del Eterno, por eso es que Yeshúa dijo:

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
(Juan 14:9).

Es justamente con todo este conjunto de ideas celestiales en su mente que el Maestro se comparó con un hijo aprendiz del oficio de su padre:

El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, a menos que vea hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, esto también lo hace el Hijo de la misma manera.”
(Juan 5:19).

En el contexto de Israel, un hijo primogénito, al llegar a los trece años, se ofrecía como discípulo aprendiz a su propio padre con el objetivo de adquirir las habilidades del oficio que este tuviera. Esto lo lograba observando cotidianamente a su padre en su trabajo, e imitándolo cuidadosamente en cada detalle artístico que dicho oficio requería. En forma sujeta, dicho hijo se disponía diariamente y desde muy temprano a un aprendizaje riguroso en el que los trucos de la artesanía de su padre se iban transfiriendo a su mente. De ese modo, dicho hijo sabía que llegaría un día en el que estaría ya capacitado para hacer el mismo trabajo que aprendió de su padre, y causarle la complacencia que toda alma paternal anhela de su legado. Del mismo modo, Yeshúa aprendió Su oficio de Santo por la observación del Padre. Así alcanzó la santidad por imitación del Padre, como está escrito: «Santos seréis, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Dios.»

Shabat Shalom!

La Escalera Espiritual que permite comienzos de Amor (Ajarei Mot)

Por P.A. David Nesher

Comienzo con un planteo: ¿Qué significa verdaderamente haber progresado en la vida? ¿Qué es evolución real?

Quizás te ayude a encontrar tu respuesta la siguiente frase:

Nuestro más profundo entendimiento nos dice que un ser auténticamente evolucionado es aquel que valora a los otros más de lo que se valora a sí mismo, y que valora el amor más de lo que valora el mundo físico y todo lo que en él se encuentra”.

[Gary Zukav -«El asiento del alma«]

En la vida llegamos a aprender que no importa el tamaño de nuestra casa ni nuestra cuenta bancaria, sino el tamaño de nuestro corazón. Es el camino del amor el que nos lleva a evolucionar en seres santos. En los momentos que elegimos el amor, comenzamos a ascender en el camino vertical y a dar pasos hacia niveles superiores.

https://youtu.be/7RXUC6hFePk

¡Evita hacer lo que ellos hacen!

P.A. David Nesher

«No harás lo que se hace en la tierra de Egipto donde habitaste, ni harás lo que se hace en la tierra de Canaán adonde te llevo; no andarás en sus estatutos

(Levítico 18:3)

Al estudiar la parasha Ajarei Mot, nos encontramos con que Yahvéh nos ordena que seamos un pueblo apartado. Una nación santa fácilmente distinguible del contexto secular que nos rodea; y de acuerdo a este llamado divino, una de las formas más obvias en las que deberíamos ser diferentes es en el área de la sexualidad.

Mientras los hijos de Israel viajaban de Mitzrayim (Egipto) a la tierra de Canaán, el Eterno advirtió a Su amado pueblo Israel que no imitaran los caminos de los egipcios; Él los instó a que no se volvieran atrás, a la maldad de su pasado, y les dijo que no aprendieran el comportamiento de los cananeos, es decir que también los aconsejo para que no se dejasen seducir por nuevas tentaciones.

De acuerdo a los datos históricos, se sabe que tanto los egipcios, como los cananeos practicaban la inmoralidad sexual como si obedecieran un código legal; es por eso la Torah dice:

No andaréis en sus estatutos”
(Levítico 18:3)

El sabio Rashi explica que la expresión “sus estatutos” se refiere a asuntos grabados en el tejido de la sociedad, tan básicos para la cultura que se observan como si fueran leyes regidoras de una normalidad social. Este exégeta señala los entretenimientos que se encuentran en “teatros y estadios” como un ejemplo de estatutos paganos. En otras palabras, los estatutos del mundo son los que se reflejan en los valores de entretenimiento del mundo. No debemos caminar en ellos. Está bien claro en la revelación divina que el pueblo de Yahvéh es un linaje de personas completamente diferente, por eso que la Torah dice:

“… para que la tierra a la cual os llevo a vivir, no os vomite
(Levítico 20:22).

De igual modo, por medio de los datos históricos, se sabe que en el primer siglo, la inmoralidad sexual se entretejía en la urdimbre y la trama del mundo dominado por el imperio romano. Los devotos de los dioses seguían sus hazañas sexuales mitológicas e imitaban su comportamiento básico en los rituales del templo que, en algunos casos, incluso incorporaron la prostitución sagrada. La cultura romana, a pesar de ufanarse en un discurso filosófico austero de moderación, siempre se entregó a todo tipo de perversidad, lascivia y depredación.

Por causa de todo esto, los apóstoles aplicaron las leyes relativas a los extranjeros en medio del pueblo de Israel a los creyentes gentiles. Justamente el Sefer Vayikrá (Levítico), en el capítulo 18, incluye específicamente a los extranjeros en su jurisdicción:

“Ninguna de estas abominaciones cometerás, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros.” (Levítico 18:26).

Por lo tanto, las leyes que rigen la sexualidad se aplican por igual a los judíos y a los creyentes gentiles temerosos de Dios.

Los apóstoles reforzaron la regla en sus epístolas. En pasaje tras pasaje, los apóstoles exhortaron a los discípulos a vivir vidas apartadas del mundo gentil sexualizado y libres de inmoralidad sexual. Los creyentes gentiles adoptaron las normas judías de modestia, vestimenta y decoro. En medio de la atmósfera sexualmente cargada del primer siglo, los creyentes se destacaron como un pueblo apartado. El apóstol Pedro observó:

Los otros gentiles se sorprenden de que no corréis con ellos en los mismos excesos de disipación, y os calumnian
(1 Pedro 4:4)

Resiste la inercia de la imitación. No estás obligado a replicar sus actos ni a mimetizarte con su esencia. Tu diseño original no es un eco, sino una voz: fuiste creado para ser la luminiscencia que define el contraste en medio de las tinieblas.

Con frecuencia, permitimos que el ruido ajeno —críticas y juicios de valor— dicte nuestra frecuencia interna. Sin embargo, la libertad genuina no es la ausencia de opinión externa, sino la fidelidad innegociable a tu identidad y al propósito que Yahveh ha trazado para ti.

Por lo tanto, no sacrifiques tu tiempo intentando habitar moldes ajenos ni agotes tu vitalidad en el estéril ejercicio de la comparación. Tu única responsabilidad es el presente: honrar tu proceso y ejecutar con excelencia lo que el ‘hoy’ demanda de tu diseño.

Cara a cara

Por P.A. David Nesher


De acuerdo a lo revelado en la Torah (Enseñanza) divina, el Día de la Expiación es una jornada especial para encontrarse cara a cara con Elohim (Dios). En un sentido espiritual, debemos considerarnos en ese día como si estuviéramos en el Lugar Santísimo, cara a cara con el Todopoderoso.

En la porción Ajarei Mot, se nos revela que en el día de Yom Kippur, el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote) se encontraba cara a cara con Yah, nuestro Dios. Es por eso que lo primero que traía al Lugar Santísimo era el ketoret (incienso). El propósito del incienso era crear una nube de humo de tal densidad que permitiera que el Kohen Gadol no viera el arca del pacto y muriera. Esto nos sirve para comprender y aceptar que en este mundo, incluso nuestros encuentros más cercanos con Elohim (por medio de Yeshúa) están velados y oscurecidos. El apóstol Pablo se refería a esto al escribir:

«… ahora vemos por espejo, oscuramente»
(1 Corintios 13:12)

El apóstol estaba aquí refiriéndose a un espejo de latón tal como se usaba en aquella época. Aunque proporcionaba un reflejo, no era un reflejo nítido y claro como el que brindan los espejos modernos. Si el latón no estaba recién pulido, el reflejo en el espejo se iba haciéndose más tenue.

Recordar que no vemos al Eterno claramente debería ayudarnos a mantenernos humildes. Debería hacernos reacios a criticar las teologías de otras personas y sus experiencias con Dios. Es posible que hayan percibido un aspecto del Todopoderoso que nosotros no percibimos, o es posible que hayamos encontrado una revelación que les ha sido negada. Ninguno de nosotros debe ser culpado por no ver la imagen completa. En este mundo, la imagen completa no está disponible. Nuestro Dueño y Maestro Yeshúa les dijo a los teólogos de Su época:

«Nunca habéis oído Su voz, ni habéis visto Su forma»
(Juan 5:37)

Por eso, un verdadero aprecio por la grandeza de Dios excluye la arrogancia religiosa. El apóstol Pablo exclamó:

«Ahora conozco [sólo] en parte, pero entonces conoceré plenamente»
(1 Corintios 13:12).

Nadie de este lado del velo ha aprehendido la verdad absoluta.

Nadie ha visto a Dios jamás” (Juan 1:18), dijo el Apóstol Juan. Sin embargo, Juan continúa diciendo que el Hijo unigénito de Dios lo ha revelado.

Yeshua dice:

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»
(Juan 14:9).

Al aferrarnos a Yeshúa de Nazaret, somos llevados espiritualmente con Él (nuestro Sumo Sacerdote) al Lugar Santísimo. En Él tenemos la esperanza de participar en la resurrección de entre los muertos que Él experimentó. El apóstol Pablo nos recuerda que después de la resurrección de entre los muertos, nos veremos «cara a cara«. En ese día, entraremos al Lugar Santísimo del verdadero Santuario, el celestial, y no habrá una nube de humo que oscurezca nuestra vista. Nos veremos cara a cara.

Tenemos confianza para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Yeshua, por un camino nuevo y vivo que él nos inauguró a través del velo, esto es, de su carne
(Hebreos 10:19-20).

Sin embargo, esta poderosa verdad nos deja en la peligrosa posición de trivializar la asombrosa santidad y el terror del Dios Todopoderoso. No debemos permitir que este privilegio espiritual que tenemos de accesar directamente al Padre, disminuya nuestra reverencia por Él.

«Y pondrá el incienso sobre el fuego delante de Yahvéh, para que la nube del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el arca del testimonio, no sea que muera.»
(Levítico 16:13)

¿Es Pecado parir hijos? Tazría tiene la respuesta

P.A. David Nesher


Shalom amigos!

En esta semana estudiamos la parashá (porción) denominada Tazría. Al hacerlo no podemos evitar que aparezca en nuestra mente las siguientes cuestiones: ¿Por qué una mujer necesita traer una ofrenda por el pecado después de tener un bebé? ¿Dar a luz a un niño es algún tipo de pecado?

Leemos que después de dar a luz a un niño, se requería que una mujer trajera una ofrenda quemada y una ofrenda por el pecado al Eterno (Levítico 12:6). Bien, justamente esta ofrenda por el pecado es lo que conduce a una preocupación existencial. ¿Acaso pecó la mujer al tener un bebé? La respuesta es un rotundo ¡No!, al contrario, ella cumplió con el primer mandamiento de ser fecundos y multiplicarse. Entonces, ¿Por qué necesitaba traer una ofrenda por el pecado?

Me puse en la tarea de encontrar la respuesta justa a esto, y logré dar con la explicación que da el Talmud de que cuando una mujer tiene dolores de parto, sin darse cuenta puede maldecir a su esposo, o hacer un voto de no dejar que él la toque nunca más, entonces, y debido a eso, debe traer una ofrenda por el pecado para exonerarse de su voto precipitado, o sus pensamientos resentidos.

Sin embargo, y no satisfecho con esto, continué investigando en otros comentarios, y hallé una explicación más simple; y es que las ofrendas por el pecado a menudo se traían con fines de purificación. Cuando eso sucedía, la ofrenda por el pecado no se consideraba como un castigo por el pecado o una consecuencia de la iniquidad, era simplemente parte del ritual de purificación. De manera similar, una persona que sufría una descarga corporal antinatural y una persona que estaba siendo purificada de la lepra también traía ofrendas por el pecado.

Entonces, si ahora nos permitimos elevarnos a un nivel místico, el viaje de cuarenta u ochenta días de la madre a través de la incapacidad ritual es como un microcosmos de la propia odisea de su bebé a través de la vida. Antes de tener el bebé, la mujer se encontraba en un estado físico ritual. Ella disfrutó de la presencia de Yahvéh en Su santa morada y estaba apta para comer de Su mesa. Después del parto hubo un período de tiempo durante el cual no pudo entrar en la morada del Eterno. Al final de ese tiempo, la mujer fue readmitida al Mishkán (Tabernáculo) a través de la expiación de una ofrenda por el pecado. Esta progresión de eventos simboliza el propio paso del bebé por la vida. Su alma comienza en la morada eterna de Dios, pero su nacimiento en carne humana requiere una salida de ese lugar y una estancia fuera del tabernáculo celestial de Dios. Sin embargo, después de un período de tiempo asignado, el polvo volverá a la tierra como era, y el espíritu volverá al Eterno que lo dio (Eclesiastés 12:7).


A través de la expiación de la eterna ofrenda por el pecado del Mesías, el alma del creyente regresa a la comunión con su fuente. Podría decirse que la readmisión de la madre al Tabernáculo simboliza el eventual regreso de la nueva vida a Dios.

Para concluir, deberemos aceptar que los sacrificios posteriores al parto nos recuerdan que el acto de dar a luz es en sí mismo un encuentro milagroso con lo Divino. No debe ser considerado simplemente como una acción ordinaria de la vida, sino más bien, como una operación cósmica de bendición celestial, en el que una respuesta divina es dada al mundo para lograr encontrar soluciones a problemas que se están manifestando en él. Por ello, la Torah le otorga al evento calidad de Kedushá (santidad) y significado al requerir estos korbanot (acercamientos).

El nuevo bebé es una herencia de Yahvéh que debe ser administrado en amor, y la madre naturalmente quiere corresponder con un regalo. Ella trae una ofrenda quemada y una ofrenda por el pecado como sus regalos al Eterno, quien la bendijo con un hijo que desde ella, y junto al compromiso de ella de capacitarlo en la Torah, se manifestará al mundo con una misión plena y acorde al propósito divino que en vibra en su alma.

La Lepra tratada por Yeshúa según los Evangelios ¿Qué significa tiene para nosotros hoy?


P.A. David Nesher

(Conectando Parashah TAZRÍA con la Vida de Yeshúa)


Para comprender este tema es conveniente comenzar con un planteo: ¿Por qué se asocia la lepra con la inmundicia, y por qué la curación de los leprosos fue una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro Yeshúa?

Los síntomas descritos en la Torah que potencialmente podrían ser diagnosticados como lepra implican descomposición, decadencia y putrefacción: corrupción de la carne. Las leyes de los sacrificios enseñan que el Santuario del Eterno evita la muerte, la corrupción y la decadencia.

Entonces, el Santuario de Yahvéh representa la inmortalidad y la incorruptibilidad. En Su presencia, no hay muerte ontológica. En su Presencia no hay lugar para la decadencia ni descomposición. Por eso, Él proscribe de Su Santuario la enfermedad que representa una descomposición viva. La lepra implica una progresión continua y visible hacia la corrupción física. Es la antítesis del mundo inmortal e incorruptible representado en el Santuario divino.

Por lo explicado, podemos captar que la lepra actúa en las Sagradas Escrituras como un arquetipo de todas las enfermedades humanas. Tengamos en cuenta que la enfermedad resulta de la descomposición de la carne. La muerte sigue. La lepra representa gráficamente esa progresión.

La enfermedad, la muerte y la decadencia no tienen lugar en la presencia de Dios. Su Santuario en la tierra refleja ese Santuario celestial.

De pronto, aparece en Israel Yeshúa y proporciona la solución al problema de la lepra que hasta ese entonces no había hallado respuesta definitiva. Espiritualmente, Él no sufrió la infección del pecado parecida a la lepra. Físicamente, Su carne no sufrió corrupción: “Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol; ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción” (Salmo 16:10) Así pues, través de Su resurrección de entre los muertos, Su carne pasó de lo mortal a lo inmortal y de lo corruptible a lo incorruptible. Su cuerpo resucitado sigue siendo carne humana real, regenerada en un cuerpo espiritual imperecedero. Por lo tanto, Él es el sacerdote perfecto y eterno, capaz de servir para siempre en el Santuario incorruptible.

Tal vez esto ayude a explicar por qué la curación de los leprosos ocupó una preocupación tan central en el ministerio de nuestro Maestro y Dueño, Yeshúa HaMashiaj. No solo sanó Él mismo a muchos leprosos, sino que dio a Sus doce discípulos autoridad para sanar la lepra como evidencia ineludible del Reino de los Cielos. Volvamos a recordar lo hasta aquí visto: la lepra simboliza la condición humana cargada de pecado, destinada a la muerte y la decadencia. De ahí que cada vez que el Maestro sanaba a un leproso, presagiaba una reversión de ese estado mortal corrupto. Cada leproso sanado de su aflicción era testimonio de que el reino de los cielos estaba cerca.

Debido a esta actividad curativa característica de la misión del Mesías, el apóstol Pablo escribirá más tarde a los discípulos que vivían en Roma:

«¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios por medio de Yeshua el Mesías nuestro Maestro!»
(Romanos 7:24-25)

Censuran libros de George Orwell y otros autores en Universidades serviles a la Agenda.

Las Universidades Internacionales financiadas por la élite globalista no quieren que leas la novela de GEORGE ORWELL 1984, pues si lo haces te darás cuenta que están implantando un Estado Totalitario para antes de 2030. Justamente la agenda globalista de esta élite genocida persigue instaurar la DICTADURA GLOBAL DEL GOBIERNO MUNDIAL ÚNICO dirigido por la élite de banqueros del CLUB BILDERBERG desde sus filiales mundialista con apariencia filantrópicas (ONU/OMS).

Un ejemplo de ello es la Universidad de Northampton que emitió un aviso de advertencia a la lectura de la novela «1984» de George Orwell y sostuvo que incluye «material explícito» que algunos estudiantes pueden considerar como «ofensivo y molesto». Este gesto generó una gran polémica entre los críticos, quienes argumentaron que precisamente la novela, considerada una de las más importantes del siglo XX, es una crítica a ese tipo de acciones.

Los estudiantes que cursan la materia «Identidad bajo construcción» fueron prevenidos por el programa de que la materia «aborda temas desafiantes relacionados con la violencia, el género, la sexualidad, la clase, la raza, los abusos, el abuso sexual, las ideas políticas y el lenguaje ofensivo».

En esa advertencia, señalan la obra de Orwell y, además, otros libros que también puede resultar «ofensivos y molestos», como «Final de partida» de Samuel Beckett o la novela gráfica «V de vendetta» de Alan Moore.

La obra de Orwell, publicada en 1949, aborda la esencia del estado totalitario, que persigue el pensamiento individual, manipula la información y reprime a sus ciudadanos e inauguró conceptos como «Gran Hermano», «Policía del pensamiento» y «Neolengua».

¿Cuál es la Verdadera Iglesia?

P.A. David Nesher

La porción de la Instrucción divina llamada Vayakhel permite que los que estamos investigando la Verdad de acuerdo a los códigos espirituales que enseñó Yeshúa.

El verbo hebreo kahal significa «congregar«, «reunir«, y como todo verbo permite el origen al sustantivo kehilá que significa «asamblea» o «congregación«…

Te invito a desarrollar estos conceptos desde tu disposición a escuchar esta enseñanza:

https://youtu.be/2p2Fhd-iBkU

Bitácora Relacionada:

Te invito también a estudiar esto:

El Shabat: La Herramienta Divina para que te conectes con tu Luz Interior

Por P.A. David Nesher

«Shabat es nuestra caja de herramientas que cada semana se renueva… Lo queramos o no, lo sepamos o no, Shabat es un estado que no podremos evitar porque aun cuando no lo guardemos, este el estado en el que YHVH se asienta sobre nuestras emociones. Si haces el trabajo de los seis días, la luz te llegara fácil y armoniosamente, pero si no lo haces, la luz desplazará las fuerzas del caos de cualquier manera
(Rafi Ben Eli)

«Shabat es cuando nos recordamos que somos seres espirituales con un propósito espiritual, y lo alcanzamos en Shabat.»
(Rabbi Dovid Green)

El Shabat también fue creado para que el hombre descanse y renueve sus fuerzas para la siguiente semana. Esto es lo que significa la expresión «Shabatot» («dos sábados«) que vibra dentro de un mismo día (cada shabat). Esto es la doble porción que el alma alcanza en cada séptimo día: descanso y renuevo. Estas son las aptitudes mesiánicas que permiten la liberación, expiación y transformación del mundo, por medio de la melajá que el alma redimida ejerce durante los seis días laborables de la semana.

Kohanim, sacerdotes, sí,… pero de otro tipo


Por P.A. David Nesher

Comencemos haciendo la siguiente pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre los sacerdotes (kohanim) de la Torah y los «sacerdotes» de las denominaciones cristianas que utilizan este título como cargo clerical? Te aseguro que es más de lo que piensas; ni siquiera están relacionados. Te invito pues a considerar las diferencias, y así comprender el Plan de Salvación de nuestro Elohim en Su Mesías (Ungido).

Sabemos por los distintos historiadores que, no mucho después de separarse del judaísmo, el cristianismo comenzó a desarrollar una clase clerical responsable de pastorear a la gente, oficiar los servicios y administrar los sacramentos en el culto dominical. De este modo, la clase de servidores de presbíteros pasó a constituir una casta clerical llamada sacerdotes. Sin embargo, los diversos sacerdocios que originó la cristiandad son diferentes del sacerdocio de las Sagradas Escrituras. En otras palabras el sacerdocio bíblico no está relacionado con el sacerdocio que opera dentro del cristianismo actual.

La palabra hebrea para «sacerdote» es kohen . Si eres judío y tienes un apellido como Cohen, Kowen, Kahan o Koen, Kogan, probablemente seas descendiente del hermano de Moisés, Aarón, y sus hijos. Tus antepasados sirvieron como sacerdotes en el Tabernáculo y en el Templo de Jerusalén.

«Entonces acerca a ti a Aarón, tu hermano, y a sus hijos con él, de entre los hijos de Israel, para que me sirvan como sacerdotes:
Aarón, Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.«
(Éxodo 28:1)


En la Torah, solo los descendientes de Aarón podían ser sacerdotes. Es decir que ellos nacieron ya en el puesto. Ante esto, notamos una importante diferencia: los sacerdotes de Israel no hacían votos de celibato; sino que más bien, el sacerdocio se transmitía a través de las familias. Así pues, y hasta nuestros días, Los descendientes de Aarón han intentado preservar su linaje familiar a través de las generaciones. Los sacerdotes son un grupo familiar especial dentro del pueblo judío. La mayoría de las comunidades judías tienen varias familias que pertenecen al sacerdocio aarónico.

Cabe aquí también aclarar que los sacerdotes y los rabinos no son lo mismo. Un rabino es alguien que asistió a una escuela rabínica (en hebreo: Yeshiváh) y recibió la ordenación rabínica por parte de un organismo de ordenación oficial dentro del judaísmo. Cualquier judío puede convertirse en rabino, y una sola comunidad judía a menudo tiene muchos rabinos.

Hasta el día de hoy, los sacerdotes conservan su condición sacerdotal en el judaísmo. Los descendientes de Aarón todavía están sujetos a restricciones especiales y leyes de la Torah que se aplican al sacerdocio según las Escrituras Santas. Además, los sacerdotes disfrutan de privilegios especiales en la sinagoga y sirven en ciertas funciones rituales. Por ejemplo, si un sacerdote está presente en Shabat, se le da la primera oportunidad de leer el rollo de la Torah. Al final de las oraciones del Shabat, es llamado para ofrecer la bendición sacerdotal sobre la congregación. Los sacerdotes también son responsables de funciones rituales en la comunidad como la redención de los hijos primogénitos.

A pesar de estas funciones modernas, el sacerdocio aarónico ya no es lo que solía ser. En los días cuando el Tabernáculo (o Templo) estaba en pie, el sacerdocio era un componente crucial en el servicio de Elohim. Eran responsables de los servicios de adoración. Ellos manejaban los sacrificios y cuidaban los fuegos del altar, encendían la menorah, quemaban el incienso sagrado, horneaban el pan de la Presencia y hacían todo el servicio del Tabernáculo. Llevaron a cabo el servicio divino en nombre de toda la nación de Israel. Además, eran responsables de enseñar Torah a la gente.

El sacerdocio ilustra nuestra relación con Elohim.

Como el israelita común en los días del Tabernáculo, no podemos entrar directamente a la presencia de Dios. En cambio, necesitamos un intermediario, que oficie como pontífice (puente). En el Tabernáculo y el Templo, los intermediarios se llamaban sacerdotes. Facilitaron la relación entre YHVH y el pueblo de Israel. De manera similar, nosotros, los discípulos de Yeshúa, consideramos a nuestro Salvador como nuestro intermediario con el Eterno. Él es el intermediario que actúa como sacerdote para nosotros en el Templo celestial. Sin embargo, el sacerdocio de nuestro Maestro es espiritual y no reemplaza el sacerdocio mundano y eterno prometido a los hijos de Aarón.

Los sacerdotes han estado sin trabajo desde la destrucción del Templo, pero podrían volver a trabajar si el Templo alguna vez fuera reconstruido. Los sacerdotes esperan hoy la reconstrucción del Templo Sagrado en Jerusalén, cuando serán llamados al servicio. Un día lo serán. Según el profeta Jeremías, la promesa de el Eterno de restaurar el sacerdocio aarónico está inseparablemente unida a su promesa de enviar al Mesías davídico:

«Así dice el SEÑOR:
Si podéis quebrantar mi pacto del día y mi pacto de la noche, de modo que el día y la noche no lleguen a su tiempo señalado, entonces también mi pacto con mi siervo David será quebrantado para que él no tenga hijo que reine sobre su trono, y con los sacerdotes levitas, mis ministros.«
(Jeremías 33:20-21)

ADAPTADO DE: Torah Commentary Set.

Bitácora Relacionada:

Te recomiendo leer y meditar en: Los asistentes divinos: Aarón y sus hijos… ¿Un Sacerdocio Hereditario?

Los asistentes divinos: Aarón y sus hijos… ¿Un Sacerdocio Hereditario?

Por P.A. David Nesher

Una suposición básica subyace, de principio a fin, en todas las ascensiones de nuestra presente parasháh de TETZAVEH. Dicha suposición es que los asistentes que conducen la vida diaria del Mishkán (la Casa Favorita de Dios), sobre cuyas actividades diarias (ropa y día de juramentación leemos con tanto detalle), no serán otros que Aarón y sus hijos.

Así, a lo largo de nuestra parasháh, todo el enfoque está puesto en Aarón y sus hijos, sus actividades, vestimentas y funciones. De hecho, es un dato no menor que el nombre de Moisés no aparece en ninguna parte de nuestra parasháh de principio a fin, aunque se le dirige directamente en sus palabras iniciales, VE-ATAH TETZAVEH, traducida como: «Y TÚ ordenarás…»; y además, él fue el actor central en la inducción de los sacerdotes. [Los Sabios dicen que una de las razones por las que el nombre real de Moisés se dejó fuera de la parasháh de esta semana es porque Moisés clamaría más tarde, en la parasháh de la próxima semana (Ki Tisá): — “borrame de tu libro” (Éxodo 32:33). Sin embargo, esa oración ya había sido respondida antes de que fuera dicha, ¡ya que Dios “borró” el nombre de Moisés al no escribirlo en ninguna parte de la parashá de esta semana!]

Ahora bien, abordando la suposición central: que será Aarón y sus hijos quienes desempeñarán el papel de ministros en la Casa de la morada de la Santa Presencia, debe entenderse el principio de interpretación hebrea que dice: EIN MUKDAM O ME-UJAR BATORAH (“No hay un ‘antes’ y un ‘después’ en la Torá”). 

Partiendo de dicho principio hermenéutico, diré entonces que la razón para el nombramiento de Aarón y sus hijos y nadie más para ser los sacerdotes que ministran en la Casa no se hace evidente en la narración de la Torah sino hasta la parashá de KI TISA (de la próxima semana), con el relato del pecado del Becerro de Oro. Sin embargo, incluso antes de que la razón se hiciera manifiesta, su designación ya estaba concebida en la mente y voluntad del Eterno antes de ese evento, como vemos en la parashá de TETZAVEH que estamos estudiando esta semana.

Hemos ya estudiado que a los primogénitos de los Benei IsraelHijos de Israel«) se les ofreció originalmente la oportunidad de convertirse en los que servirían como sacerdotes. De hecho, en la Matán TorahEntrega de la Instrucción«), notamos que eran los primogénitos, traducido también como los «jóvenes«, o los “muchachos” de los Hijos de Israel quienes oficiaban en los sacrificios, como leemos en MISHPATIM (Éxodo 24:5).

Sin embargo, con el pecado del Becerro de Oro (relatado la próxima semana en KI TISÁ), cada uno de los primogénitos de los Hijos de Israel falló la prueba crucial. A partir de ese momento, el sacerdocio se le dio a Aarón y su descendencia como un regalo hereditario para siempre.

¿QUÉ ES ESTO DE UN SACERDOCIO HEREDITARIO?

En una era en la que los cargos públicos en prácticamente todos los países «avanzados» están teóricamente abiertos a todos los ciudadanos, el papel de un sacerdocio hereditario, que está en el centro mismo del sistema de penitencia de la Torah, los rituales del Santuario y el Templo, requiere alguna explicación. .

Gran parte de Génesis se ocupa de disputas sobre quién debe servir en el papel de «sacerdote». Caín luchó con Abel. Ismael peleó contra Isaac. Esaú peleó contra Jacob. Reuven fue el primogénito, pero Levi tomó la iniciativa, Judá, el cuarto en la línea, se convirtió en el líder, mientras que fue el justo José (contra quien lucharon todos los hermanos) quien recibió una doble porción de primogénito de dos tribus. Y entonces Efraín tuvo prioridad sobre el primogénito Menashé.

Estudiando Shemot (Éxodo) hemos visto que Kehat, el segundo hijo de Leví, tuvo prioridad sobre el primogénito Gershón. Amram fue de hecho el primogénito de Kehat, sin embargo, mientras que el sacerdocio fue para el hijo mayor de Amram, Aarón, este último fue secundario en la profecía a su hermano menor, Moisés. Los primogénitos de los Hijos de Israel probaron brevemente el sacerdocio en el momento de la entrega de la Torah, cincuenta días después de haberse salvado de la plaga que mató a todos los primogénitos egipcios. Sin embargo, los primogénitos israelitas fueron desplazados de su “derecho de nacimiento”, el sacerdocio hereditario para siempre, debido al pecado del becerro de oro.

Esto plantea la cuestión de la naturaleza del sacerdocio en la emunáh (fe) hebrea de Israel, que es relevante para nuestra parashá de TETZAVÉH, toda la cual está dedicada a los deberes diarios de los sacerdotes, sus vestiduras y su servicio de inducción.

En primer lugar, enseñaré que es cierto que la tribu de Leví (que no participó en el pecado del becerro de oro) y los Kohanim (Sacerdotes) son en muchos aspectos castas hereditarias separadas. Sin embargo, sigue siendo cierto que la estructura social ideal de los israelitas, tal como se contempla en la Torá, está notablemente libre de las jerarquías sociales y las desigualdades que caracterizan incluso a las sociedades más “democráticas”.

Entendemos, según lo revelado por la misma Torah, que la sociedad israelita se concibe como una que debe estar libre de cualquier tipo de red jerárquica extensa de funcionarios religiosos que actúan como únicos intermediarios entre el pueblo y Dios, y cuyo servicio ante sus feligreses pasivos toma el lugar de la vida personal del individuo (relación con Dios).

Esto es cierto, a pesar del hecho de que solo los Kohanim (descendientes masculinos de Aarón) y los miembros de la tribu de Leví podían servir en el Templo, y solo los Kohanim podían realizar ciertas funciones rituales vitales (como la purificación de la lepra). Sin embargo, el Templo en sí tenía un número relativamente pequeño de funcionarios sacerdotales permanentes que eran responsables del mantenimiento de la Casa. Los servicios de sacrificio reales en la Casa fueron realizados por diferentes sacerdotes todos los días. Cada uno de los 24 contingentes de sacerdotes en que se dividían los Kohanim servía durante dos semanas al año y en festivales, dedicando el resto de su tiempo a enseñar Torah entre la gente de las localidades donde vivían. La única excepción destacada a esta regla, además del pequeño núcleo del personal permanente del Templo, era el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote).

Ciertamente es correcto que los Kohanim eran una casta sacerdotal hereditaria, que recibía TERUMÁH, el primer regalo de las cosechas de todos (Bikurim), así como porciones de carne, lana y varios otros regalos. De esto vivían. El propósito de proveer a los miembros de esta casta con sus necesidades materiales era permitirles dedicarse a un nivel de devoción más alto que el promedio (como se expresa al comer Terumah y porciones de sacrificio en pureza ritual) y al estudio de la Torah. Se esperaba que los Kohanim pudieran desempeñar el papel de jueces de la Torah en casos de disputas (ver Deuteronomio 19:17). También iban a desempeñar un papel central en el «diagnóstico» y la «purificación» de la lepra y otras enfermedades (Levítico Cap. 13 y ss.)

Sin embargo, sigue siendo cierto que a pesar de su papel exclusivo en los servicios de sacrificio del Templo y en la purificación de la lepra, los Kohanim no eran intermediarios religiosos que en algún sentido REEMPLAZARON la conexión personal del individuo con YHVH.

Los Hijos de Israel fueron concebidos como una nación de pequeños terratenientes libres e independientes, cada uno cultivando lo suyo y sentándose bajo su vid e higuera. Sólo en circunstancias extremas, uno sería vendido como esclavo a otro (como se instituye en MISHPATIM). Incluso uno que cayera en la esclavitud finalmente saldría libre al final de los siete años o en el año del jubileo. En el séptimo año, todas las deudas debían ser canceladas. Los que habían vendido su tierra la recuperarían en el Yobel (Año del Jubileo). Claramente quedaba revelado que la visión divina no era la de un país donde la mayor parte de la riqueza se concentra permanentemente en manos de una pequeña élite.

Así como todos los Hijos de Israel escucharon el Primer Mandamiento, a todos se les ordenó servir al Único Dios, cada uno a través de sus propias oraciones y actos de servicio. La Torah ordena que todos los Hijos de Israel deben ser santos (Levítico 19:2). Todos y cada uno deben esforzarse por seguir los caminos del Eterno. Convertirse en nazareo se considera un exceso: ¡el nazareo debe traer una ofrenda por el pecado! No hay monjes en la fe de Avraham, Itsjak y Yaakov.

Fuera del Templo mismo, la vida israelita estaba destinada a estar libre de una élite de funcionarios religiosos. Aunque Kohen y Levita tienen el honor de ser llamados en primer y segundo lugar a la lectura pública de la Torah, la sinagoga real y sus servicios están a cargo de sus miembros, la mayoría de ellos israelitas. El servicio sólo puede tener lugar si está presente un quórum de 10 israelitas (minyán). No hay necesidad de un rabino oficial siempre que alguien presente, cualquier israelita, sepa cómo dirigir el servicio y leer la Torah. Los “funcionarios” en la sociedad israelita son los “capitanes de decenas”, “capitanes de cincuenta”, “capitanes de centenas” y “capitanes de millares”. Estos deben ser “hombres de valor, temerosos de Dios, hombres de verdad, que aborrecen las ganancias” (Éxodo 18:21), pero no tienen que ser kohanim. 

¿Cuál es entonces el papel de los Cohanim hereditarios, cuyo servicio en el Templo, vestiduras e inducción son el tema de nuestra parashá de TETZAVEH?

El concepto clave necesario para entender el papel del Kohen, particularmente el del Kohen Gadol (Sumo Sacerdote), es el concepto de KAPARAH (traducido como «expiación«). Este y otros conceptos relacionados se repiten varias veces en nuestra parasháh. El propósito de las piedras preciosas que estaban adheridas a los hombros del Sumo Sacerdote y que llevaban los nombres de las tribus de Israel era que el Eterno las «recordara» con favor. El uso de la TZITZ, la placa de la cabeza con la inscripción «Santo a YHVH«, era para asegurar la expiación por la impureza. El verso final de nuestra parasháh habla de cómo el Sumo Sacerdote debe rociar anualmente el Altar de Incienso dorado con la sangre de la ofrenda por el pecado del Día de la Expiación para lograr KAPARAH (la expiación).

Entonces, la institución del sacerdocio no pretendía reemplazar el apego individual a YHVH por parte de cada persona a través de sus propias devociones. Si bien los Kohanim están encargados de mantener el Templo Sagrado como el foco central de la vida religiosa israelita y, de hecho, mundial (porque está escrito: «Mi casa es la Casa de oración para todas las naciones«), su papel en la vida devocional del individuo es de importancia principalmente cuando el “ciudadano” individual e independiente SE DESVÍA del camino y cae en el pecado. Entonces es incapaz de ayudarse a sí mismo. Si es probable que traiga un sacrificio, necesita un Kohen que lo ofrezca por él. Si tiene lo que cree que es un parche de lepra en la piel (un signo de una deficiencia personal), necesita un Kohen para tomar la determinación y un Kohen para purificarlo.

El Kohen puede desempeñar su papel como funcionario en los servicios del Templo y como portador de la EXPIACIÓN solo manteniéndose al margen del resto de las personas y exigiéndose más a sí mismo. Los Kohanim se distinguieron por su herencia genética única como descendientes masculinos directos de Aarón, y protegieron esta herencia adhiriéndose a niveles más altos de santidad personal (como que un Kohen no puede casarse con una divorciada, etc.).

Las ricas y coloridas vestiduras rituales del Sumo Sacerdote encarnan este concepto de separación, santidad y expiación. Así también, la ceremonia de juramento de los sacerdotes durante sus siete sías de Iniciación se caracterizó por la separación, la santidad y la expiación lograda mediante la ofrenda del buey como ofrenda por el pecado (expiación por el pecado del Becerro de Oro) y la ingestión de ofrendas de paz.

La expiación depende de las vestiduras sacerdotales y del consumo de las porciones de sacrificio por parte de los sacerdotes. El pecado original de Adán, del cual el pecado del becerro de oro fue una «repetición», se produjo al comer. Después de que Adán y Eva pecaron, YHVH Elohim les dio ROPA para cubrir su desnudez y comenzar el proceso de expiación. Los sacerdotes continúan este proceso de expiación vistiendo sus vestiduras únicas mientras comen su porción del sacrificio del pecador.

La herencia hereditaria del sacerdocio — SERVICIO del Templo — por parte de los hijos de Aarón se justifica por el hecho de que Aarón se unió a la herencia de la Torah mediante la elección de una esposa para ser madre de sus hijos. Porque “Aarón tomó a Elisheva, la hija de Aminadav, hermana de Najshon como su esposa, y ella le dio a luz a Nadav y Avihu, Elazar e Itamar” (Ex. 6:23). El padre de Elisheva, Aminadav, era el Príncipe de Judá, la tribu a la que Jacob confió la custodia de la Torah, mientras que su hermano Najshon fue el primero en saltar al Mar Rojo. El conocimiento de la Torah es indispensable para el buen funcionamiento del sacerdocio. Sin la Torah, el sacerdote está indefenso: un sacerdote ignorante necesita un estudioso de la Torah que le enseñe cómo tomar la decisión correcta en casos de lepra.

¡Anhelo que a través del mérito de nuestro estudio de la Torah, según el yugo de Yeshúa nuestro Maestro y Dueño, que podamos ver el Templo Sagrado reconstruido rápidamente en nuestros tiempos!

Bitácora Relacionada:

Recomiendo leer: El Uno Penetrando al Dualismo Cambiante

¿Qué Significa Vestirse con la Armadura de Dios?

Por P.A. David Nesher

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” 

Efesios 6:11 – 12

El apóstol Pablo recomiendo a los discípulos de Yeshúa que habitaban la ciudad de Éfeso que presentaran diariamente batalla al Oponente, vistiéndose con la armadura divina, confeccionada en la Justicia y la Verdad.

Por siglos, en el cristianismo, se ha enseñado que este consejo paulino surgía del hecho de que el apóstol escribía la epístola inspirándose en la guardia romana que lo vigilaba en la cárcel.

Ahora bien, ¿cree usted que Pablo representaría la armadura del creyente con un soldado romano?

Lo invito a sentarse a escuchar este SEMINARIO y tomar nota de toda la Verdad que se esconde en dicho consejo apostólico:

La Verdadera Armadura de Dios: El Sacerdocio Espiritual y las Vestiduras de Luz en la Parashá Tetzavé

El estudio de las Escrituras desde su raíz original hebrea nos invita constantemente a despojarnos de los dogmas heredados y a renovar el entendimiento de nuestra fe. Durante siglos, el cristianismo dogmático ha enseñado que la «armadura de Dios» descrita por el apóstol Pablo en Efesios 6 es una alegoría inspirada en el uniforme de un soldado romano. Sin embargo, a la luz de la Parashá Tetzavé (Éxodo 27 y 28), descubrimos una revelación mucho más profunda y trascendental: la armadura de Elohim no es un equipo militar de guerra humana, sino las gloriosas vestiduras sagradas del sumo sacerdote (Kohen Gadol) Aarón. Estas vestimentas constituyen un estatuto eterno y representan el arquetipo de la luz con la que todo creyente debe cubrir su alma para vencer en las batallas espirituales cotidianas.

Para comprender este profundo misterio, primero debemos desmantelar la falacia del soldado romano. El apóstol Pablo, instruido a los pies de Gamaliel, poseía una mente profundamente arraigada en la Torah. Cuando escribía sus epístolas a congregaciones que estudiaban las Sagradas Escrituras, su intención era que los creyentes de origen gentil abandonaran el paganismo y la conducta corrompida de la gentilidad. Roma representaba el espíritu de Esaú, un sistema opresor, por lo que resulta totalmente contradictorio imaginar que Pablo usaría a un soldado del Imperio —gente conocida por su profunda injusticia— como modelo para ilustrar la «coraza de justicia». Además, siglos antes de que existieran el Imperio Romano o sus legionarios, el profeta Isaías ya había hablado de vestirse «de justicia como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza» (Isaías 59:17).

La evidencia definitiva de que Pablo describe al sumo sacerdote se encuentra en el orden mismo de las vestiduras. Si el apóstol estuviera describiendo a un soldado que lo custodiaba, la lógica visual indicaría que comenzaría desde la cabeza hacia abajo, partiendo por el yelmo. Sin embargo, Pablo inicia la descripción diciendo: «ceñidos vuestros lomos con la verdad», refiriéndose al cinturón. Este es exactamente el orden en el que el sumo sacerdote se colocaba sus vestiduras en el tabernáculo celestial. De hecho, tanto Éxodo 28 como Efesios 6 enumeran exactamente seis piezas fundamentales.

Analicemos detenidamente la correspondencia profética y espiritual de cada una de estas seis piezas:

1. La Coraza de Justicia: Lo que Pablo llama coraza corresponde al Josen Mishpat, el pectoral de juicio o de justicia que se colocaba sobre el efod. Lejos de ser un arma de guerra, el pectoral representa la perfecta armonía y el equilibrio entre la benevolencia ilimitada de Dios y su amor riguroso, lo cual da como resultado una profunda compasión (tiferet). Dentro de este pectoral se encontraban el Urim (las luminarias) y el Tumim (la guía perfecta), dos piedras que contenían el Nombre Sagrado de Elohim. Hoy, Yeshúa es nuestro Urim y Tumim celestial, cumpliendo la profecía de Jeremías al ser llamado «Yahvé justicia nuestra», quien nos justifica delante del Padre.

2. El Escudo de la Fe: Sobre el pectoral de juicio había doce piedras preciosas que representaban a las tribus de Israel. La antigua tradición enseña que estas piedras funcionaban como un memorial para que, al verlas, la misericordia divina protegiera al pueblo y anulara a los acusadores. En nuestra guerra espiritual, los «dardos de fuego del maligno» no son flechas literales, sino las acusaciones constantes que el adversario (Ha-Satán o el sistema del sitra ahra) lanza contra los creyentes de día y de noche (Apocalipsis 12:10). Al confiar en Yeshúa como nuestro gran sumo sacerdote intercesor, nos cubrimos con un escudo de fe que apaga esas acusaciones.

3. El Yelmo de Salvación: Esta pieza no es un casco metálico romano, sino la mitra o turbante sagrado (mitznefet o coba). Sobre este turbante se colocaba una placa de oro con la inscripción «Santidad a Yahvé». Su función era sellar la cabeza del sumo sacerdote para proteger la mente, asegurando que los pensamientos no fueran interferidos por las impurezas o la mentalidad hedonista del sistema mundial.

4. La Espada del Espíritu: Ningún soldado romano usaría su espada en la boca, pero Hebreos 4:12 y Apocalipsis 11:16 nos revelan que la verdadera espada de doble filo es la Palabra de Dios que sale de la boca del sumo sacerdote. Esta espada representa la poderosa voz del Kohen Gadol proclamando el Nombre Sagrado en el Día de Expiación (Yom Kipur), trayendo perdón y derrota a las fuerzas del mal.

5. El Calzado de Paz: Pablo nos exhorta a calzar los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sin embargo, los textos hebreos originales no hablan de pesadas botas militares. Por mandato divino, los sacerdotes debían lavarse y ministrar completamente descalzos en el santuario (Éxodo 30:19-21), al igual que se le ordenó a Moisés y a Josué. El pie descalzo simboliza el despojarse y desligarse de las ataduras materiales, ligando el alma únicamente a la tierra para caminar anunciando las buenas noticias de salvación y paz, tal como lo declara Isaías 52:7.

6. El Cinturón de la Verdad: Es el elemento fundacional que reordena el cuerpo y mantiene unido el efod, simbolizando una vida ceñida por la instrucción de la Torá y la veracidad del carácter.

Entender esta tipología transforma por completo nuestra visión de la guerra espiritual. El apóstol Pablo exhorta repetidamente a los creyentes a vestirse con «las armas de la luz» o a «vestirse del Señor Yeshúa el Mesías» (Romanos 13:12-14). Antes de la caída en el Edén, la humanidad primigenia estaba «vestida de luz», irradiando esplendor desde su alma hacia el exterior, y la piel actual es solo una vestidura básica que capta el dolor de las leyes físicas. Las aflicciones y el rigor entrópico de este mundo material son utilizados por el sistema de impureza (sitra ahra) para bombardear la mente, generando opresión, actitudes negativas y acciones incorrectas que le roban al individuo su energía espiritual.

Para defendernos, debemos cubrir nuestra alma con el ropaje celestial del Mesías. Estas vestiduras sagradas no están tejidas con hilos físicos, sino con las virtudes divinas de la santidad, descritas en Colosenses 3:12-13 como profunda compasión, amor, misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón. Es mediante la ofrenda del incienso continuo (ketoret) y el encendido de nuestras luminarias interiores que logramos unir nuestra fisicalidad con el ámbito más elevado de la santidad, anulando la fuerza de la impureza.

Como discípulos del León de la tribu de Judá, somos llamados a ser un «reino de sacerdotes» (Apocalipsis 1:6). Dado que hoy no contamos con el tabernáculo físico, la instrucción de la Parashá Tetzavé se convierte en nuestro manual pedagógico para aprender a oficiar como el sumo sacerdote de nuestro propio «templo interno». Esto requiere un genuino liderazgo lumínico y una profunda inteligencia emocional para gobernar nuestro temperamento, transformar nuestras características negativas y forjar un carácter acorde al del Mesías. Al reordenar el sistema emocional, permitimos que la sabiduría del cielo baje al corazón, se traduzca en pensamientos correctos, se exprese a través del habla y culmine en acciones congruentes que traen como resultado el tikún o reparación del mundo.

En conclusión, la victoria en nuestras batallas espirituales no se obtiene mediante fuerzas o estrategias humanas, ni mediante una «moralina» o ritualismos religiosos basados en el ego, el cual actúa como nuestro propio «Amán» interior causando tumultos y dudas. La victoria se alcanza cuando permitimos que Yeshúa se active en nuestra alma desde el inicio del día a través de la oración íntima y la obediencia a los mandamientos. Cuando logramos vivir una santidad moral genuina y nos revestimos de la compasión y la justicia del Mesías, evitamos que nuestras energías sean consumidas por el adversario y logramos elevar las chispas de luz ocultas en la creación. Es entonces, al manifestar el verdadero esplendor y santidad de nuestro Sumo Sacerdote, cuando el Sitra Ajrá (סִטְרָא אָחֳרָא) y los espíritus inmundos reconocen esa luz divina y se ven obligados a huir aterrorizados de nuestra presencia. Que el Eterno nos conceda la gracia de caminar siempre firmes, revestidos con las hermosas y gloriosas vestiduras sacerdotales de Su Luz.

¿Para qué el Mashiaj tuvo Alma humana?

Por P.A. David Nesher

«Y que me hagan un Santuario, para que yo habite entre ellos.

 – Éxodo 25:8

En los estudios de la semana pasada, Mishpatim, vemos muchas listas de «mandamientos civiles» que también definen las relaciones entre el Hombre y Dios, el Hombre y el Hombre, el Hombre y la Tierra, y el Hombre y la Propiedad.

Esta semana, hemos aprendido los mandamientos relacionados con el Tabernáculo ( Mishkan) , y los conceptos profundamente ocultos involucrados en los que se pueden explorar los misterios de Dios y Su creación. 

La palabra Terumah significa «Ofrenda alzada» y describe la elevación de la Shekinah hacia los cielos , especialmente la unión con el novio.

Aquí necesitamos enfocarnos con todo nueestro corazón en el concepto de Shekinah (Gloria):

“…para que pueda habitar [sh’kan como en Sh’kinah] entre [en] ellos”. 

Es que el principal concepto importante es sobre la construcción del Mishkan y el Templo Sagrado se fundamenta en una sola razón: que la Sagrada Presencia del Altísimo esté entre nosotros. Sin duda, sería un lugar donde se hicieran ofrendas, se realizaría la purificación y donde se enseñaría la Torah a las naciones. Y el resultado final es que el Altísimo moraría entre nosotros, sus hijos primogénitos, los Benei Israel. Es por eso que los primeros seguidores de Yeshúa, nuestro Mesías, se refirieron a sí mismos como Ha-Derekh [el Camino]. Es por eso que las imágenes del Camino al Árbol de la Vida [Derekh etz ha-Jaim, Gen 3:24] eran evidentes tanto en el Mishkán como en el Templo Sagrado de Jerusalén.

Ahora bien: ¿Qué significa realmente Terumah? 

La raíz de terumah es rum [letras: resh-vav-mem]. Esta raíz verbal significa “levantar”. 

El primer uso se encuentra en Bereshit (Génesis): 

«Y el diluvio estuvo sobre la tierra cuarenta días. Las aguas crecieron y alzaron (teruma) el arca, y se elevó sobre la tierra.«
(Génesis 7:17)

Terumah, (griego: aparche), se trata de levantar, para que podamos experimentar la Presencia del Altísimo morando entre nosotros. En aquellos días embriagados de simjah (alegría) al pie del Monte Sinaí, levantamos los materiales usados ​​para construir el Mishkan (Tabernáculo), de YHVH. Después de que nos levantamos, Moisés contó fielmente el patrón. Betzalel, lleno del Espíritu de Sabiduría, construyó el Arca y el mobiliario. Aarón y sus hijos fueron ungidos. El Mishkan y todo su mobiliario fueron ungidos. Y entonces… la Presencia del Altísimo descendió y llenó ese lugar.

El Dios Infinito llenó una dimensión de la fisicalidad: el espacio-tiempo. ¡El Santo, Bendito sea, descansó entre los hombres y finalmente Su Shekinah (Gloria) habitó físicamente entre nosotros!

Por ello, los primeros discípulos de Yeshúa comprendieron que todoa esta manifestación gloriosa del Eterno había sido lograda en la vida del Maestro, tal como lo expresara el apóstol Juan en sus escritos:

«El Verbo se hizo carne y habitó con nosotros, y vimos su Sh’khinah (Gloria)…»
— Juan 1: 14

«Y como está escrito:
Oí una gran voz desde el trono que decía: 
“¡Mira! La Shekhinah de Dios está con la humanidad, y vivirá con ellos. 
Ellos serán su pueblo, y él mismo, Dios-con-ellos, será su Dios»
 – Apocalipsis 21:3

Así mismo el apóstol Pablo escribía:

«Porque el Templo de Dios es santo, y ustedes mismos son ese Templo.» 
– 1 Corintios 3: 17

«¿O no sabes que tu cuerpo es un templo para el Ruach HaKodesh que vive dentro de ti, a quien has recibido de Di-s? El hecho es que ustedes no se pertenecen a sí mismos.» 
– 1 Corintios 6:19

Entonces, lo que en la porción Terumáh se revela de acuerdo a nuestra emunah, es que nuestro Maestro y Dueño Yeshúa es la Terumah del Altísimo. Él fue levantado, para que el Santo de Israel, Bendito sea, pudiera habitar entre nosotros, y manifestarse desde nuestro interior. ¡Yeshúa es nuestro Mishkan actual, y nosotros mismos debemos levantarlo! 

Yeshúa es la Terumah de Elohim, tal como lo afirmara el apóstol Pablo al escribir:

«… pero ahora el Mesías ha resucitado de entre los muertos y se ha convertido en las primicias [aparché] de los que durmieron. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.«
 (1 Corintios 15:20-21)

Y aquí encontramos la buena pieza de información paulina:

«Así que de ahora en adelante no consideraremos a nadie desde un punto de vista mundano . Aunque una vez consideramos al Mesías de esta manera, ya no lo hacemos. Así que hemos dejado de evaluar a los demás desde un punto de vista humano. Hubo un tiempo en que pensábamos en el Mesías simplemente desde un punto de vista humano. ¡Cuán diferente lo conocemos ahora!«
 2 Corintios 5:16

«De hecho, el Tanaj lo dice: Adán, el primer hombre, se convirtió en un ser humano viviente; pero el último «Adán» se ha convertido en un Espíritu vivificante (es decir, Espíritu vivificante / Torá del alma).»
 – 1 Corintios 15:45

Para captar todo esto, y lograr una correcta conclusión de todo este mensaje divino, les contaré que existe un paradigma que los Sabios de Israel siempre han dicho al describir la misión del Mesías entre los hijos de Israel:

«Y quien respira el temor de Yahvéh está participando del Espíritu del Mashiaj

¿Qué secreto esconde esta frase para todo Talmidim que estudia Torah y espera desde Su guía al Mashiaj?

Para explicarlo, los maestros citan lo que el salmista dice del Mesías:

«Tu Trono, Dios es eterno… amas la justicia y rechazas la maldad, por eso Elohim, tu Elohim, te ha ungido ; aceite de alegría por encima de tus compañeros»
(Salmos 45:7)

Como está escrito:

«Sopló en su nariz»
(Génesis 2:7)

Aquí es donde encontramos una muy buena conexión entre la «Nariz» y el «Mesías«.

Esta conexión revela que la Kedushá (Santidad) divina viene sí o sí por los méritos del Alma del Mesías, pues está escrito:

«El Aliento de nuestras Narices es el Mesías de YHVH»
(Lamentaciones 4:20).

Con este oráculo, se revela a Israel que sólo con y a través del Mesías se logrará la conexión plena con el Creador; pues está escrito en el profeta Isaías:

«Él respirará el temor de Dios»
(Isaías 11:3).

Así mismo de Él está escrito en los Salmos:

Su Nombre es para siempre,
ante el Sol [Yinon] es su Nombre
(Salmo 72:17).

El salmista está expresando que el Mashiaj es más elevado que el Orden de la Creación (cf. Ohr haTorah, Mikets p. 2202). Ante esta concepción es que el apóstol Juan expresó:

«… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…»
(Juan 1:14b)

Y también lo describe en el libro de Revelación así:

«Llevaba una túnica empapada en sangre, y el nombre por el que se le llama es:
«LA PALABRA DE DIOS (es decir, el Davar YHVH).»
(Apocalipsis 19 : 13)

Nosotros también somos Su Terumah. Somos Sus primicias (aparche). Somos Su ofrenda elevada. Podemos, en Él, ser una especie de Primicias de Sus Criaturas.

«Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces, con quien no hay variación ni sombra de cambio. De su propia voluntad nos hizo nacer por la palabra de la verdad, para que fuéramos una especie de primicias [aparché] de sus criaturas
(Santiago 1:17-18)

Del Templo a tu Mesa


¿Qué conexión hay entre los Panes de la Presencia, con los que Yeshúa alimentó a las multitudes y el Pan del Shabat?

Por P.A. David Nesher

Sabemos ya que los doce panes de la presencia simbolizaban las doce tribus de Israel. De acuerdo a lo ordenado por el Eterno, los sacerdotes horneaban doce panes frescos cada Shabat y los ponían delante de YHVH. Los sacerdotes quitaban el pan viejo y lo comían en Shabat. En este sentido, el pan simbolizaba una comida compartida entre los sacerdotes (que representaban a las doce tribus) y el Eterno, era un memorial de la comida del Pacto en la que participaron los sacerdotes y los jefes de las doce tribus en el Monte Sinaí. El ritual de la jalá fresca el pan en nuestras mesas del Shabat nos recuerda este aspecto del servicio del Templo.

Ahora bien, sabemos también que en los días de Yeshúa y los apóstoles, el sacerdocio había crecido tanto que los doce panes no eran suficientes para alimentar a todos los sacerdotes de turno en un Shabat determinado. Cada sacerdote recibió sólo un pequeño bocado de los panes. Cuando el favor de Dios descansó sobre la nación, sucedió un milagro y el bocado satisfizo por completo al sacerdote, aunque apenas había comido más que una miga. Una vez que todos los sacerdotes hubieron comido de los doce panes y se hubieron saciado, encontraron que aún les quedaban sobras. El Talmud dice:

Cada sacerdote que recibía un trozo de pan del tamaño de una aceituna lo comía y quedaba satisfecho, y algunos lo comían y sobraban”.

Fue por este milagro que los rabinos asociaron los doce panes de la presencia con la prosperidad de la nación. Ramban explica que el Eterno bendijo a la nación con prosperidad a través del pan de la presencia. Desde que creó el universo, el Eterno no introduce algo ex nihilo, sino que cuando quiere producir algún tipo de aumento, lo hace brotar de algo que ya existe. Por ejemplo, el profeta Eliseo realizó un milagro de multiplicación cuando hizo que una sola jarra de aceite llenara numerosas jarras más grandes.

Ramban dice que el Señor usó la mesa de la presencia para realizar un milagro de multiplicación similar en nombre de la prosperidad de la nación. Mientras los sacerdotes colocaban el pan sobre la mesa, la prosperidad fluía para toda la nación.

Por todo ello, la alimentación milagrosa de nuestro Maestro con los cinco panes a las multitudes alude al Pan de la Presencia. La primera vez, partió cinco panes y alimentó a miles, y los discípulos juntaron las sobras. La segunda vez, partió siete panes y alimentó a miles. Nuevamente los discípulos juntaron las sobras. En total, partió doce panes. El milagro indica que el Mesías marcará el comienzo de una era dorada de prosperidad espiritual y material: el Reino de los Cielos manifestándose en medio de los hombres.


¿Qué Significó el Rasgado del Velo?

P.A. David Nesher


Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo de Israel y el Templo, pero la tradición judía apunta a otro significado.

«Colgarás el velo debajo de las hebillas, y meterás el arca del testimonio allí dentro del velo; y el velo os servirá de separación entre el lugar santo y el Lugar Santísimo.

(Éxodo 26:33)

El Eterno mandó que se hiciera un velo para separar el «Kodesh HaKodashim» (Santo Sanctórum o Lugar Santísimo) del Lugar Santo. Según los Evangelios, el velo se rasgó en dos pedazos cuando Yeshua expiró sobre la cruz:

Y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo
(Marcos 15:38).

Los maestros de la Biblia suelen interpretar el rasgado del velo del Templo como una señal del descontento de Dios con el pueblo y el Templo, pero según el libro de Hebreos (leer 10:19-20), el velo simboliza el cuerpo del Mesías. ¡Él es el velo! Como la vida fue arrancada de Su cuerpo, la cortina fue rasgada con el resultado de que pudiéramos tener acceso al trono de gloria en el Templo Supremo a través de Él. Esto no es lo mismo que abrogar o anular el sistema de adoración del Templo; más bien, la rasgadura del velo dramatizó vívidamente lo que la muerte del Mesías logró para nosotros: el acceso a Dios a través del sufrimiento del Mesías.

Sobre el velo estaban bordados dos querubines. Los querubines invocan la imagen del Jardín del Edén y el camino hacia el Árbol de la Vida, como dice el relato de Bereshit (Génesis):

Y al oriente del jardín del Edén colocó los querubines y la espada encendida que giraba en todas direcciones. para guardar el camino al árbol de la vida.”
(Génesis 3:24)

Los querubines sobre el velo estaban de centinela frente al Lugar Santísimo como los dos querubines que guardan el camino al árbol de la vida (la inmortalidad) y el Jardín del Edén (el Paraíso). Cuando la cortina se rasgó en dos pedazos, la rasgadura creó un camino entre los dos querubines, simbolizando el camino de regreso al Edén.

El biblista David Daube interpreta el rasgado del velo como una expresión del dolor de Dios. Rasgar las vestiduras es un rito de luto judío. Cuando Eliseo vio partir a su maestro Elías, “tomó sus propios vestidos y los rasgó en dos partes” (2 Reyes 2:12). Por esto, algunos manuscritos de Marcos 15:38 hacen una alusión explícita a 2 Reyes 2:12 al leer: “el velo del templo se rasgó en dos partes”.

Los sabios comentaron la historia de Eliseo rasgando sus vestiduras y enumeraron varias tragedias por las cuales uno debe rasgar sus vestiduras en dos partes y dejarlas para siempre sin remendar. Incluyen la muerte del padre o la madre, la muerte del maestro, la quema de un rollo de la Torah y la destrucción del Templo o la misma ciudad de Jerusalén.

El Talmud también establece que si uno es testigo de que alguien “exhala por última vez”, debe rasgar sus vestiduras:

Rabí Shimon ben Eleazar dice:

Aquel que está cerca del moribundo, en el momento en que respira por última vez, tiene el deber de rasgar sus vestiduras”.

(n. Bava Meitzá 25a)

El Evangelio de Marcos presenta la misma secuencia en el mismo tipo de lenguaje:

Expiró, y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo
(Marcos 15:37-38).

La cortina del Templo se puede comparar con el manto de Dios:

Si no estuviera escrito en la Escritura [Lamentaciones 2:17], nadie se atrevería a pronunciarlo:

YHVH ha hecho lo que se propuso, lo que mandó desde tiempos antiguos; Él ha rasgado Su vestido de púrpura.
(Pesikta Rabbati 27:2)

¿Qué Significa ser Dador Alegre? (Terumah)

El verdadero dador no piensa que su dinero y sus recursos le pertenecen. Considera todo lo que tiene como perteneciente al Eterno.


Un verdadero dador no está motivado para dar simplemente porque anticipa cosechar un retorno próspero de su inversión. Una persona generosa da para la obra del Reino de Dios porque su corazón desea dar. Él ama a YHVH y quiere hacer todo lo posible para promover la obra de Elohim en la Tierra.

Leemos en el libro de Shemot (Éxodo), que el Eterno le pidió a Moisés que recolectara donaciones sólo de aquellos donantes que deseaban dar:

«De todo hombre cuyo corazón lo mueva, levantarás Mi ofrenda»
(Éxodo 25:2).

La colecta debía ser una contribución voluntaria, no un impuesto o incluso un diezmo. Los diezmos son importantes, pero se supone que la terumá se da simplemente desde el corazón.

Esto se puede comparar con un esposo y una esposa que amaban a su hijo y querían verlo triunfar en la vida. Aunque agotaron sus ahorros para enviar a su hijo a la universidad, no se arrepintieron en absoluto de la pérdida. En cambio, deseaban ayudar a su hijo a tener un buen comienzo en la vida y se regocijaban de poder hacerlo. De la misma manera, una persona que ama a Yahvéh debe estar deseosa y anhelanta

e por hacer todo lo que pueda para que la obra de Elohim tenga éxito pleno. Cuando invierte en el Reino, no se arrepiente de la pérdida. Lo ve como una oportunidad para cumplir sus esperanzas.

Un verdadero dador quiere honrar a Su Padre devolviéndole los recursos que se le otorgan. El verdadero dador no piensa que su dinero y sus recursos le pertenecen. Considera todo lo que tiene como perteneciente al SEÑOR. Por eso, cuando da para la obra del Reino de Elohim, no se arrepiente.

Esto se puede comparar con un hombre rico que se iba de viaje. Antes de irse, le confió a su vecino un saco de dinero para que lo guardara. Al regresar del viaje, pidió que le devolvieran el saco de dinero. El vecino no sintió rencor por devolver el dinero porque solo fue su custodio por un corto tiempo. De la misma manera, debemos considerar todo lo que tenemos como perteneciente a Yahvéh.

Una persona que da para la obra del Reino debe hacerlo de buena gana y con gusto. El apóstol Pablo dice:

«Cada uno haga tal como se propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre»
(2 Corintios 9:7).


ADAPTADO DE: Torah Commentary Set