parasha nasó

Parashat Nasó: El Misterio de las Doce Ofrendas, el Sinaí Portátil y el Fuego de Shavuot

Tratado de Exégesis Mesiánica sobre Bamidbar capítulo 7: La Tipología de los Doce Nesiím (Príncipes), el Sinaí Portátil y la Pneumatología de Shavuot

Por P.A. David Nesher

Introducción: El Paradigma Literario y Cronológico de Bamidbar 7

La porción escritural de Nasó (נָשֹׂא) se distingue por ser la más extensa de todo el corpus de la Torah, abarcando ciento setenta y seis versículos. En su núcleo litúrgico e histórico se encuentra el capítulo séptimo del libro de Bamidbar (Números), el cual ostenta el récord de ser el capítulo más largo de toda la Biblia hebrea o Tanak con ochenta y nueve versículos. A primera vista, el lector moderno se enfrenta a lo que pareciera ser una árida enumeración ritual concerniente a la presentación de ofrendas por parte de los doce nesiím (נְשִׂיאִים, príncipes o líderes tribales) para la consagración del Mishkán (Tabernáculo).

Sin embargo, desde una perspectiva de hermenéutica teológica rigurosa, este documento no es una mera crónica administrativa, sino una tipología profunda del alma colectiva de Israel. El relato se ubica cronológicamente el primer día del mes de Nisán del segundo año, antecediendo a los eventos de los primeros seis capítulos de Bamidbar, marcando así la restauración plena de la relación pactual entre Yahveh y su pueblo tras el cisma del Becerro de Oro. Durante meses, la Tienda del Encuentro (hebreo: Ohel Moed) había permanecido fuera del campamento; con este evento litúrgico, el centro sagrado se instituye formalmente en el corazón estructural de la nación.

Las ofrendas se dividieron en dos fases:

  • un primer acto colectivo, consistente en carros y bueyes entregados a las familias levíticas de Guershón y Merari (excluyendo a los hijos de Kehat, cuyo servicio sagrado requería cargar los utensilios santos sobre sus hombros); y
  • un segundo acto individualizado, que se extendió a lo largo de doce días consecutivos.
El Problema Hermenéutico de la Redundancia Textual

El clímax literario del texto se halla en los versículos 12 al 83, donde la Torah repite palabra por palabra la lista exacta de ofrendas doce veces, detallando para cada líder: una fuente de plata de 130 siclos, una jofaina de plata de 70 siclos, una copa de oro de 10 siclos llena de incienso, y una batería idéntica de animales para sacrificio.

La tradición rabínica (Chazal) ha debatido profundamente el propósito de esta aparente redundancia, dado el laconismo característico del texto bíblico. Surgen así dos escuelas exegéticas complementarias:

  1. La Escuela de la Igualdad Absoluta (Peshat y Ética): Exegetas como Ramban (Najmánides) y Ralbag postulan que la uniformidad textual busca sofocar la Kinah (envidia). Al otorgar la misma extensión literaria a cada príncipe, la Torah proclama que ante los ojos de Dios cada tribu, cada líder, y cada acto de devoción tiene el mismo valor. Los príncipes, inspirados independientemente en las bendiciones del patriarca Yaacov, arribaron a una convergencia orgánica, declarando que el honor colectivo de la Klal Israel superaba cualquier jerarquía tribal.
  2. La Escuela de la Intención Única (Midrash y Kavaná): El Midrash Bamidbar Rabbah introduce una exégesis simbólica (Sod/Drash) donde los objetos, idénticos externamente, operaban como vehículos de una kavaná (intención espiritual) singular y cósmica. La fuente de plata de 130 siclos (cuya gematría en ke’arat kesef es 930) simboliza a Adam HaRishón y sus años de vida. La jofaina de 70 siclos alude a las 70 naciones del mundo y a los 70 descendientes de Yaacov. La copa de oro de 10 siclos (kaf zahav) refiere a la palma de la mano que entregó los 10 mandamientos, mientras que el incienso (ketoret) posee una gematría de 613, simbolizando la totalidad de la Torah.

El sentido literal y místico convergen para establecer un postulado teológico mayúsculo: cada ofrenda, idéntica en contenido, es única en intención. El Creador no subsume la devoción en un paquete colectivo, sino que demanda una voluntad totalmente entregada («lev shalem») por parte de cada individuo, integrando la multiplicidad en un altar unificado.

Bamidbar 7:89 y el Paradigma del «Sinaí Portátil»

El propósito ulterior de la consagración no fue la mera acumulación de metales preciosos, sino la reinstauración de la teofanía. El versículo final (Nm 7:89) relata que Moshé escuchó la kol medabér (la voz divina) hablándole desde encima del propiciatorio, entre los querubines.

Esta revelación es la confirmación teocrática de que la Presencia Divina (Shejiná) ha establecido su morada. Desde la erudición clásica, se comprende que el Mishkán funcionaba como un Sinaí democratizado y portátil. El midrash sostiene que, ante la incapacidad del pueblo de sostener la intensidad de la theofanía directa del Sinaí, el Tabernáculo replicó esa experiencia de un modo seguro. Resulta imperativo notar que la voz divina no descendió al presentarse los objetos por separado, sino únicamente cuando se completó la obra colectiva de los doce príncipes, indicando que la manifestación revelacional depende de la representatividad total de la nación.

Análisis Tipológico y Litúrgico: La Correspondencia con Shavuot

La lectura de la parashá Nasó mantiene un diálogo canónico intencional con el moed de Shavuot, leyéndose tradicionalmente en el Shabat adyacente a la festividad. Las correspondencias estructurales son formidables:

  • Unidad Perfecta: Así como en Sinaí Israel acampó «como un solo hombre con un solo corazón» (Éxodo 19:8), la consagración del Mishkán exigió la desarticulación del ego tribal en favor de la igualdad perfecta.
  • Numerología de la Plenitud: La festividad de Shavuot se alcanza tras contabilizar siete semanas (el Omer), y no es fortuito que esta consagración magna ocurra en el capítulo 7 de Bamidbar, ostentando el sello divino de la completitud.
  • La Yod Faltante y la Torah: Rashi y el Sifrei notan que en el caso de Netanel ben Tzuar (tribu de Isacar, custodios del calendario), el verbo hikriv («acercó») carece de la letra yod, una anomalía gramatical que apunta a la inicial del Tetragrámaton y a los Diez Mandamientos (Aseret HaDibrot) entregados en Shavuot.
  • Pneumatología y Eclesiología Mesiánica: El Vínculo con Hechos 2

Para la hermenéutica mesiánica, la teología del número doce en Bamidbar 7 no es meramente demográfica, sino la condición indispensable para el descenso de la Presencia Divina. Yeshúa estructuró su liderazgo eclesiológico estableciendo doce Shlijim (apóstoles) como correlato exacto de los doce Nesiím, requiriendo la restitución de la vacante de Judas por Matías antes de Shavuot para garantizar la integridad teológica del fundamento representativo.

El derramamiento del Espíritu en Hechos 2 replica y consuma el patrón de Bamidbar 7. El registro indica que los creyentes estaban «todos unánimes juntos» (Hechos 2:1), alcanzando el mismo pináculo de madurez espiritual (lev shalem) que los príncipes del desierto. En esa vasija de unidad perfecta, el Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) descendió con fenómenos que evocan deliberadamente el fuego y el viento del Sinaí original.

Se perfila así una soberbia progresión teológica en tres estadios respecto al descenso de la Presencia Divina:

  1. Sinaí (Shavuot histórico): La Torah revelada a nivel nacional en tablas de piedra.
  2. Mishkán (Nasó / Bamidbar 7): La Shejiná habitando en un santuario portátil en el centro de un pueblo unificado.
  3. Hechos 2: El cumplimiento de Jeremías 31:33, donde la Torah es inscrita «en sus interiores y sobre sus corazones». Cada creyente se transforma en un Mishkán individual, siendo partícipe de un acto corporativo análogo a las ciento veinte almas que recibieron «lenguas como de fuego» individualmente.

La escatología mesiánica proyecta esta misma lógica de completitud en la Jerusalén Celestial del Apocalipsis (Ap 21:12-22), donde las doce puertas llevan los nombres de las doce tribus, evidenciando la ofrenda final de la humanidad redimida ante el Trono.

Conclusión Teológica

La exégesis académica de Bamidbar 7 desafía la propensión humana a la jerarquización del mérito espiritual. La repetición exhaustiva de las ofrendas por parte del Creador dictamina de manera inequívoca que la devoción individual —representada en el silver bowl (cuenco de plata), símbolo de pureza, intuición, abundancia y protección espiritual— es insustituible. No obstante, su verdadero valor salvífico y revelacional se activa únicamente cuando se deposita en el contexto de la humildad y la fraternidad sin competencia.

Nasó y Shavuot convergen para instruir que la revelación divina absoluta no requiere uniformidad cognitiva, sino unidad en la entrega; que la unidad de intención puede coexistir con la pluralidad de caminos interiores. Es sobre el altar erigido por una comunidad que valora por igual cada contribución singular, donde la kol medabér resuena y el fuego del Ruaj HaKodesh encuentra su descanso ininterrumpido

El Efecto Nazir: La Psicología del Límite Voluntario y el Poder de la Consagración Radical

Una Lectura Mesiánica, Exegética y Existencial de Parashá Nasó y el Voto del Nazareato

Por P.A. David Nesher

Introducción: La paradoja de la libertad en la era de la hiperconectividad

Viviendo en una cultura contemporánea, de «modernidad líquida» (Bulman), que está cotidianamente obsesionada con la autonomía ilimitada y el consumo sin restricciones, la idea de imponerse barreras personales suele percibirse como un anacronismo medieval o una patología represiva. Lamentablemente, los diversos canales de comunicación e influencia, nos han vendido el mito de que a mayor cantidad de opciones y menor cantidad de restricciones, mayor es la felicidad del individuo. Sin embargo, la sociología y la psicología moderna están comenzando a notar los síntomas de lo que el filósofo Byung-Chul Han denomina la sociedad del cansancio: estamos en realidad en un ecosistema donde la ausencia de límites no libera, sino que satura, agota y atomiza el alma humana.

Es precisamente en este cruce de caminos existencial donde la antigua institución bíblica del Nazir (el nazareo), detallada en Bamidbar / Números 6:1-21, emerge no como un fósil legalista del desierto del Sinaí, sino como un manifiesto contracultural de una vigencia sociológica y espiritual apabullante.

El nazirato no era una imposición jerárquica ni un castigo; era un voto completamente voluntario. Representa la tecnología espiritual de la autolimitación: la comprensión profunda de que, para alcanzar la máxima altura del potencial espiritual, el ser humano no necesita acumular más libertades, sino aprender a restringir voluntariamente lo que le está permitido para encapsular su enfoque en lo eterno.

I. Anatomía exegética del voto: Las tres restricciones como campos de batalla

El texto de la Torah estipula que cualquier hombre o mujer que decidiera apartarse mediante el voto de nazirato debía someterse a una tríada de restricciones sumamente específicas. Lejos de ser caprichos rituales, cada una de estas prohibiciones atacaba una dimensión clave de la experiencia y la psicología humana:

                  [ EL VOTO DEL NAZIR ]
                            │
       ┌────────────────────┼────────────────────┐
       ▼                    ▼                    ▼
[ La Vid / El Vino ]  [ El Cabello Largo ]  [ La Inmunidad a la Muerte ]
  (Dominio propio)     (Identidad pública)    (Trascendencia afectiva)

1. La abscisión de la vid: el dominio sobre el entusiasmo artificial

«Se abstendrá de vino y de sidra… ni beberá jugo de uvas, ni comerá uvas frescas ni secas.«

(Bamidbar\ 6:3)

En el pensamiento hebreo, el vino no es un elemento intrínsecamente malo; al contrario, es la sustancia que «alegra el corazón del hombre» (Salmo\ 104:15) por ello es que corona las celebraciones del Shabat, las festividades del Eterno y nuestra Mesa de Comunión. Al prohibir no solo el vino, sino todo derivado de la vid (incluidas las pasas y las semillas), la Torah aplica un principio de barrera radical.

El vino amortigua la realidad, disuelve los filtros morales y genera un entusiasmo artificial. El Nazir decide transitar la vida con una lucidez implacable, con los sentidos completamente sobrios y despiertos. Al negarse el acceso al estimulante permitido, el nazareo demuestra que su fuente de gozo y estabilidad no proviene de un agente externo o de un escape químico, sino de la conexión directa con la Fuente de la Vida.

2. El cabello indómito: La renuncia a la aprobación social

«No pasará navaja sobre su cabeza… dejará crecer el cabello de su cabeza.«

(Bamidbar\ 6:5)

El cabello en el mundo antiguo —y en el moderno— es un vector fundamental de la estética, el estatus social y la proyección de la identidad. Al dejarse crecer el cabello de manera silvestre e intencional, el Nazir llevaba sobre su propia cabeza una señal pública e inconfundible de su estado de separación.

Este descuido estético planificado constituía una «corona de consagración» (Nézer). El nazareo se volvía un disidente visual: un recordatorio andante para toda la comunidad de que el diseño interior es infinitamente más valioso que la moda del campamento. Al renunciar a la «navaja», el Nazir se liberaba de la tiranía de la mirada ajena y del desgaste psicológico de encajar en los moldes estéticos y las expectativas de su entorno.

3. La inmunidad ante la muerte: La prioridad de la eternidad sobre el lazo biológico

«No se acercará a cuerpo muerto. Ni por su padre ni por su madre… se contaminará con ellos a su muerte.«

(Bamidbar\ 6:6-7)

Esta es, sin duda, la restricción más severa y difícil de procesar desde la perspectiva de la afectividad humana. Si un familiar directo fallecía, el israelita común tenía la obligación sagrada de participar en los ritos fúnebres. Sin embargo, el Nazir tenía prohibido el contacto con la muerte en cualquier circunstancia, alcanzando en este punto el mismo nivel de pureza exigido exclusivamente para el Sumo Sacerdote (Kohén Gadol).

Esta demanda no implica un desprecio por la familia, sino una declaración de principios jerárquicos: la lealtad al Creador de la vida antecede y trasciende a los lazos de la sangre y a las crisis del plano temporal. El Nazir habita en una atmósfera de vida perpetua; la muerte, el luto y la finitud no pueden quebrar el cordón umbilical de su consagración.

II. La conexión mesiánica: Yeshúa y la esencia del nazirato arquetípico

Para una comunidad de fe mesiánica como Ministerio Monte Santo, el voto del Nazir no es una simple meta de automejoramiento estoico, sino una tipología profética que halla su perfecta encarnación en Yeshúa HaMashíaj.

Es vital aclarar una confusión lingüística muy común en la cultura popular: Yeshúa no era nazareo por voto, sino nazareno (Natzratí) por su origen geográfico en la aldea de Nazaret —término asociado proféticamente a la raíz Nétzer (vástago o renuevo) en Isaías 11:1. De hecho, Yeshúa consumía vino y tocó féretros y cuerpos sin vida para devolverles la salud. Sin embargo, Él operó en la pureza y la potencia ontológica absoluta del arquetipo del Nazir:

  • Santidad Incorruptible: Yeshúa vivió en una separación total del sistema de pecado del mundo, no mediante el aislamiento físico en una cueva, sino mediante una inmunidad espiritual perfecta. Al tocar la muerte, la muerte no lo contaminaba a Él; Su vida absorbía y destruía la mortandad del otro.
  • La Abstención Profética: Durante la última cena de Pésaj (Pascua), Yeshúa pronunció una declaración de carácter marcadamente nazareo: «No beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios« (Marcos\ 14:25). En este acto cósmico, el Mashíaj se impone una restricción voluntaria: se priva del vino de la celebración nupcial definitiva, asumiendo un ayuno enfocado en el secreto, hasta que Su Novia desposada (la comunidad de redimidos) esté completamente purificada y lista para el banquete final en el inicio del Milenio.

III. Conclusión y aplicación existencial: activar «el Efecto Nazir» en el siglo XXI

¿Cómo se traduce la teología del nazirato a la cotidianidad de un creyente contemporáneo? No estamos llamados a dejarnos crecer el cabello hasta las rodillas ni a eliminar las uvas de nuestra dieta, pero sí a activar el principio dinámico del Nazir en nuestro diseño interior.

Cuando el entorno relacional y social se encuentra plagado de la «amargura» del cinismo, el egoísmo o la laxitud moral, la respuesta del seguidor del Mashíaj no debe ser la queja pasiva, sino la consagración proactiva.

La filosofía de la línea en la arena: Activar el «Efecto Nazir» significa identificar qué libertades legítimas de la vida moderna (el uso de redes sociales, el consumo de entretenimiento, la búsqueda de estatus o el confort material) están embotando nuestra sensibilidad espiritual, y trazar una línea voluntaria en la arena. Significa decir: «Esto me es lícito, pero para la temporada de diseño y enfoque que Dios ha puesto en mi alma, decido abstenerme».

El nazirato nos enseña que los límites que nos imponemos por amor a la Presencia Divina no actúan como una jaula, sino como un escudo de alta frecuencia. Al blindar nuestro tiempo, nuestros ojos y nuestras prioridades para el Eterno, la debilidad de la carne se disipa y damos paso a la manifestación del poder de la resurrección. En la economía del Reino, la verdadera libertad no consiste en hacer todo lo que queremos, sino en tener la estructura interior para negarnos a lo temporal con el fin de abrazar lo eterno.

La Voz en el Desierto: Sacerdocio, Fidelidad y el Eco Eterno de la Redención

Por P.A. David Nesher

Como ya lo he repetido muchas veces, el desierto no es un vacío geográfico; es un espacio teológico. Un lugar en nuestra alma donde el silencio ontológico permite escuchar al Verbo divino que allí reside. En las Sagradas Escrituras, la geografía siempre precede a la revelación, y es precisamente en la vastedad de Bamidbar («En el desierto») donde el Creador decide articular Su diseño más íntimo sobre la identidad, el servicio y la pertenencia.

Convengamos que a menudo tendemos a fragmentar la Instrucción divina, separando el llamado a la santidad práctica del escenario donde esta debe ser probada. Sin embargo, cuando conectamos el mandato de emor («habla») con la rigurosidad estructural de la cuarta aliyá (Números 3:1-13), descubrimos que el Altísimo no busca meros espectadores de Su gloria, sino una comunidad cuyo latido diario sea un eco consciente de su redención.

Para comprender el peso eterno de este pasaje, es imperativo descifrar el código de su inicio. El texto sagrado abre con una aparente paradoja literaria:

«Estas son las generaciones de Aarón y de Moisés»

(v. 1).

Sin embargo, las líneas subsiguientes solo enumeran a los hijos biológicos del Sumo Sacerdote: Nadav, Avihú, Eleazar e Itamar. Los sabios de Israel descifraron este enigma con una máxima que atraviesa los siglos y resuena con fuerza mesiánica: todo aquel que enseña Torah al hijo de su prójimo, la Sagrada Escritura se lo atribuye como si lo hubiera engendrado. Aharón otorgó a estos jóvenes la vida física y el linaje de la sangre, pero Moisés, a través de la instrucción y el pastoreo en el desierto, moldeó sus almas.

Este principio de paternidad espiritual cobra un significado cósmico a la luz del Pacto Renovado. Nosotros, que en otro tiempo caminábamos huérfanos de identidad en nuestros propios desiertos, hemos sido insertados en las generaciones del Verdadero Maestro. Yeshúa, la Torah viviente y el «primogénito de toda la creación» (Colosenses 1:15), no solo nos rescató de la simiente de muerte, sino que nos engendró espiritualmente a través de Su Palabra. Su instrucción nos convierte en Su linaje; Su discipulado nos define.

No obstante, el acceso a la presencia del Santo de Israel jamás debe confundirse con la presunción o la familiaridad descuidada. El mismo pasaje que detalla el censo sacerdotal arroja una sombra de advertencia al recordar la tragedia de Nadav y Aviú, quienes murieron tras presentar «fuego extraño» ante Yahveh. Su error no fue la falta de entusiasmo, sino la falta de reverencia; intentaron adorar bajo sus propios términos y dinámicas emocionales, olvidando que la devoción sin obediencia es solo arrogancia disfrazada de piedad. El fuego que consume el sacrificio debe descender del cielo, no ser encendido por el capricho humano.

Tras esta advertencia, el texto nos introduce al núcleo de una de las transiciones más radicales en la historia bíblica: la transferencia del servicio sagrado. Originalmente, el sacerdocio pertenecía a los primogénitos de cada hogar de Israel. Ellos habían sido marcados y santificados la noche del Éxodo en Egipto, cuando la sangre del cordero en los postes de las puertas los libró de la plaga destructora. Eran, por derecho de rescate, propiedad absoluta del Altísimo: «Míos son todos los primogénitos» (v. 13). Pero el colapso espiritual ante el Becerro de Oro alteró el curso de la historia. Cuando la nación se sumió en la idolatría y la asimilación cultural, solo la tribu de Leví respondió con firmeza absoluta al clamor de Moisés: «¿Quién está por Yahveh?».

Ante la claudicación de los primogénitos, Dios estableció un sistema de sustitución legal y espiritual. Los levitas fueron tomados en lugar de los primeros hijos de Israel. El texto hebreo describe a los levitas bajo el término de netunim («dados, entregados como don»), repitiendo la raíz para enfatizar que sus vidas ya no les pertenecían; eran un regalo divino otorgado para facilitar el servicio en el Tabernáculo.

Aquí radica la reflexión más poderosa y urgente para nuestros días. El desierto moderno —caracterizado por la inmediatez, el materialismo y lo que la filosofía contemporánea denomina la sociedad del cansancio y la licuación de los valores— presiona constantemente a la comunidad de fe para que adopte una mentalidad de mera supervivencia. Es fácil conformarse con buscar el «maná diario» y perder de vista el diseño macrocósmico de nuestra salvación.

La Torah nos confronta y nos recuerda que el rescate jamás tuvo como fin la pasividad. El Eterno no libró a los primogénitos en Egipto para que simplemente disfrutaran de una libertad sin propósito en la estepa; los rescató para que fueran Suyos. Hoy, bajo el sacerdocio perpetuo de Yeshúa, cada creyente ha sido constituido como parte de ese cuerpo de «levitas espirituales». No servimos para alcanzar la salvación; servimos porque ya hemos sido rescatados por la sangre del Cordero de Dios. Somos los netunim del Reino, un regalo de gracia puesto al servicio de la comunidad y del altar.

Cuando el entorno insista en levantar nuevos «becerros» de ansiedad, autosuficiencia o indiferencia, la voz de la instrucción divina nos desafía a dar un paso al frente, emulando la fidelidad radical de los levitas en el Sinaí. Nuestra vida cotidiana, nuestros dones y nuestro tiempo deben ser configurados como un espacio de orden, belleza y reverencia. Que en medio de la aridez del desierto actual, nuestra existencia no ofrezca el fuego extraño del egoísmo, sino la luz clara y constante de una vida enteramente consagrada a la presencia del Rey.

¿Qué significa borrar el Nombre del Eterno dentro de un matrimonio?

Ésta es la ley de los celos, cuando una mujer se involucre con otro hombre que no es su marido y se impurifique, o cuando el hombre tenga celos de su mujer y le advierta a su mujer… y entonces el sacerdote aplicará a ella esta ley… Dios habló a Moshé diciendo: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: el hombre o la mujer que se aparte haciendo un voto de nazir de abstinencia para Dios, de vino nuevo o añejo se abstendrá…”

(Bamidbar 5:29 hasta el final del capítulo y Bamidbar 6:1 en adelante).

En la parasha Nasó estudiamos que el esposo de una mujer sospechada de adulterio era llevado junto con ella al Mishkán (Tabernáculo) [más tarde al Beit HaMikdash (Templo)]. Una vez allí, el sacerdote que oficiaba su turno ritual prepara un cóctel de agua y polvo del suelo del Tabernáculo. Hacía que la mujer pronunciara un juramento que traería una imprecación sobre ella si era culpable.

Entonces el sacerdote escribía las palabras del juramento en un rollo, lavaba la tinta del rollo en el agua y le daba el agua a la mujer para que la bebiera.

Una vez realizado este acto, el sacerdote escribía estas maldiciones en un rollo, y las lavaba en el agua de amargura. (Números 5:23).

La mujer bebía el agua, simbolizando la ingestión de la maldición para probar su culpabilidad o inocencia. Si era culpable, el agua la dañaría. Si fuera inocente, el agua no tendría ningún efecto maligno sobre ella. En cambio, aumentaría su fertilidad.

Sin embargo, al leer esto, notamos que el procedimiento planteaba una dificultad. Ordinariamente en el judaísmo está prohibido borrar el santo Nombre del Eterno. Por ejemplo, cuando un escriba está copiando las Sagradas Escrituras en hebreo, puede borrar cualquier error que cometa a menos que contenga el Nombre de Dios. Si se equivoca al escribir una línea de texto con el Nombre de YHVH, puede borrar el resto de la línea, pero no el Nombre de Elokim.

Por esta razón, los judíos practicantes no escriben el Nombre de YHVH en hebreo en una pizarra o pizarra blanca que pueda borrarse. Los documentos que contienen el Nombre del Eterno escrito en hebreo adquieren un estatus más preciado. No se tiran ni se destruyen por descuido, ni se tiran irreverentemente a la basura. Los libros sagrados que contienen el Nombre de YHVH ni siquiera se dejan boca abajo sobre una mesa o se colocan debajo de otros libros menos sagrados. Los libros sagrados nunca se llevan a los baños. Incluso las fotocopias que contienen el Nombre de YHVH adquieren un estatus sagrado. Cuando un pergamino, un libro o una hoja de papel que contiene el Nombre de D’s está listo para desecharse, se le otorga una especie de «entierro» apropiado en un depósito para escritos sagrados. Estas tradiciones nos enseñan a respetar y reverenciar el Nombre de YHVH.

Dado el respeto otorgado al Nombre del Eterno y la fuerte tradición en contra de borrar el Nombre de YHVH, ¿por qué la Torah le ordena al sacerdote que borre la maldición del rollo en el agua? El santo Nombre de YHVH aparece dos veces en la maldición. Los sabios enseñan que el Eterno está tan preocupado por la paz entre marido y mujer que incluso está dispuesto a que Su propio Nombre sea borrado para lograrlo ( Sifre 17).

En el judaísmo, la paz entre marido y mujer se conoce como shalom bayit, un término que literalmente significa «paz de la casa«. La paz entre marido y mujer tiene prioridad incluso sobre la santidad del Nombre de YHVH. Si ese es el caso, debemos tener cuidado de no permitir que la religión interrumpa el matrimonio. El Eterno está más interesado en el éxito de su matrimonio que en sus elecciones religiosas particulares. Él está tan comprometido con la santidad del matrimonio que incluso está dispuesto a que su Nombre sea borrado para preservar la paz en el hogar. Cuánto más debemos esforzarnos por llevar la paz a nuestros hogares.

El Talmud dice: «Uno siempre debe tener cuidado de no hacer daño a su esposa, porque sus lágrimas son frecuentes y se lastima rápidamente«. El pasaje talmúdico continúa diciendo que el Eterno responde rápidamente a las lágrimas de una esposa y que sus lágrimas son más eficaces que sus oraciones. YHVH toma muy en serio las lágrimas de una mujer. El pasaje concluye diciendo: «Uno siempre debe ser respetuoso con su esposa porque las bendiciones descansan en el hogar de un hombre solo por el bien de su esposa«. (n. Baba Metzia 59a)

Cuando venimos a los Escritos Mesiánicos (o Pacto Renovado) encontramos que el apóstol Kefas (Pedro) exhorta a los esposos a amar a sus esposas basándose en la salvación común que disfrutan en el Mesías. En su primera epístola en el capítulo 3, versículo 7 dice:

«De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes 

(1 Pedro 3:7) 

El apóstol exhorta a tomar conciencia que somos herederos de la gracia de la vida. También somos herederos del don de la vida. Un esposo debe vivir con su esposa como compañeros de casa, de piso y de cama. Sin embargo, implica más que compartir domicilio, comer juntos y dividir los pagos de la hipoteca. El mandato implica intimidad física y sexual. Se desgarra el tejido de un matrimonio cuando el esposo y la esposa se privan mutuamente del amor físico. 

El sabio rey Salomón escribió:

«Disfruta de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida vana que te son dados bajo el sol; porque esta es tu parte en la vida y en tu trabajo con que te afanas bajo el sol».

Salomón concluyó que toda la vida es vanidad. Se vive, se trabaja y se muere. Sin embargo, afirma que esta vida vana cobra sentido si se ama a la esposa. Por eso, él también expresó:

«El que halla esposa halla el bien, y alcanza el favor del Señor».  

Por eso es que el apóstol Pedro recuerda que un esposo piadoso se compromete al trabajo importante de entender a su esposa. Al conocerla bien, él es capaz de demostrarle su amor por ella de una manera más efectiva. Cuando un esposo tiene este entendimiento, el Eterno lo dirige a usarlo, y eso es para que viva con su esposa sabiamente. Se supone que debe de tomar su conocimiento y aplicarlo en la vida diaria con su esposa. Aquí es donde muchos hombres batallan al llevarlo a cabo. Tal vez tengan conocimiento acerca de sus esposas, pero no lo utilizan para vivir con ellas.

Un esposo piadoso sabe cómo hacer que su esposa se sienta honrada. Aunque se someta a él, él se asegura de que ella no se sienta como una empleada o bajo el poder de un dictador. Esto fue una enseñanza radical en el mundo que Pedro vivía. En la cultura antigua, el esposo tenía derechos absolutos sobre su mujer y la esposa no tenía derechos en el matrimonio. En el mundo romano, si un hombre sorprendía a su esposa en el acto del adulterio, podía matarla en ese mismo momento. Pero si una esposa sorprendía a su marido, no podía hacer nada en su contra. Todos los deberes y obligaciones del matrimonio eran puestos sobre la esposa. La enseñanza radical de Pedro es que el esposo tiene deberes y obligaciones de parte de Dios para con su esposa.

La cláusula final del versículo 7 de la carta de Pedro es una advertencia que asume que los esposos son hombres de oración. Su vida de oración debe ser lo suficientemente intensa como para que no se sientan amenazados por el estorbo de sus oraciones.

  • Los esposos amorosos oran por sus esposas. 
  • Los esposos amorosos oran con sus esposas.

Si no amas, ni honras a tu esposa, esto obstaculizará tus oraciones. La expresión griega que se traduce como «estorbar» significa «impedido», «obstaculizado». Significa cortar o derribar. En la antigüedad era un término militar que describía a los soldados que cortaban un camino para impedir el avance del enemigo. El apóstol Pedro da a entender que las fuerzas del Oponente conspiran para obstaculizar tus oraciones. Esposo amigo: ¿Estás haciendo el trabajo del enemigo por él?

Por favor, no leas este versículo con superstición. Un desacuerdo matrimonial no te separa del Eterno. Pero no puedes ignorar a tu esposa y esperar que Dios te escuche. Charles Bigg dijo: «Los suspiros de la esposa ofendida se interponen entre las oraciones del esposo y la escucha de Dios». La forma en que tratas a tu esposa puede obstaculizar la práctica de la oración. Puedes mantener tus rutinas de oración, sin embargo tus oraciones perderán su poder espiritual si no amas a tu esposa.

Tu esperanza de un matrimonio mejor no está en que tu cónyuge cambie. Tu esperanza se encuentra en que el Eterno te sostenga y te cambie.

Los Secretos de la Birkat Kohanim (Bendición Sacerdotal)

Por P.A. David Nesher

 

 

«Y El Eterno habló á Moshé, diciendo:
Habla a Aharon y a sus hijos, y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciendo:
El Eterno te bendiga, y te proteja. Haga resplandecer El Eterno Su rostro sobre ti, y de ti tenga misericordia. El Eterno alce a ti Su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán Mi Nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré.»

(Bamidbar/Números 6:22-279)

Al llegar a este tramo del rollo de Bamidbar, notamos que la Torah establece un precepto positivo: que los kohanim (sacerdotes) bendigan al pueblo de Israel.  Lo que resulta interesante de este precepto, es que se debía aplicarse todos los días, perpetuamente. Era así tan importante, que todo kohen al que se le pida que suba a la tarima para bendecir al pueblo de Israel y se niega, si bien desde un estricto punto de vista halájico incumple con un precepto, se considera que incumplió tres mitzovot (mandamientos). Esto se debe a que de los versículos antes mencionados se desprende que Yahvéh desea bendecir al pueblo de Israel, razón por la cual ordena tres veces a los kohanim para que se apresuren a hacerlo

Por esto, la Bendición Sacerdotal o Bendición Aharónica es como la Corona y el Sello de lo que ahora es reconocido como un completo y organizado Pueblo del Eterno que a partir de la inauguración del Mishkán (Tabernáculo) marchó corporativamente hacia la Tierra Santa, la Tierra Prometida, Eretz Israel.

De acuerdo a la interpretación de exégetas hebreos, el santuario portable del desierto fue terminado un veinticinco de Kislev, pero que la inauguración fue el día primero de Aviv (Nisán). Desde esta aseveración, la mayoría de los comentaristas concuerdan que la primera vez que se expresa esta bendición fue en esta inauguración.

Por eso, quiero invitarlos a que imaginemos ese momento donde nuestros ancestros escucharon por primera vez estas frases tan especiales, momentos que nos dicen que existe un lugar que Yahvéh designó, para que disfrutaremos Su Presencia.

Permitamos que el Espíritu Santificante de nuestro Abba, nos guíe a reconstruir el sonido de esta berajah (bendición) en los tiempos del primer Templo y del Segundo.

¿Cuántas veces habrán salido de allí estas palabras? ¿Cuántas veces nuestro amado Dueño, el Mesías Yeshúa, las escuchó mientras transitaba por el patio del Templo?

Lamentablemente hemos perdido los Templos, pero lo que no hemos perdido es la berajah, ni el deseo profundo y estable del Bendito Eterno, nuestro Abba kadosh.

Por eso, si logramos revalorizar los códigos de Luz Infinita vibrantes en estas palabras, seguramente las volveremos a oír una vez mas cuando el Tercer Templo sea levantado, en la Segunda Venida del Mesías.

Esta Berajah y Su Historia.

Estas palabras llenas de energía divina, han trascendido el tiempo y la historia misma de Israel, vibrando sobre las distintas generaciones hebreas, más allá de sus avatares históricos. Durante el tiempo del Templo de Jerusalén la bendición sacerdotal fue parte del culto diario. Parados en una plataforma especial, los sacerdotes levantaron sus manos para dar la bendición sacerdotal. Esta tribuna era llamada «duján» (aunque es mas corriente el nombre de «dujanim«). Las palabras de esta berajah eran pronunciadas después del sacrificio de las ofrendas diarias de la mañana y de la tarde.

La Bendición Sacerdotal fue uno de los mas impresionantes elementos del servicio en el Santo Templo de Jerusalem. El Shulján Aruj (nombre por el que se conoce a la más importante recopilación de normas de conducta contenidas en la fe hebrea), enseña que aunque hoy en día el Templo no existe, permanece este mandamiento positivo, y se realiza por medio de birkat kohanim, pronunciado durante ciertas oraciones en la sinagoga. Incluso un kohén pecador puede decir birkat kohanim, puesto que la bendición proviene de Dios y los kohanim son sólo los intermedios que transmiten esa bendición. Sin embargo un kohén es excluido de birkat kohanim y pierde sus derechos de kohén si se casa con una mujer divorciada o toda otra mujer prohibida a los kohanim. También es parte del ritual casero, donde tradicionalmente es pronunciada por el padre para bendecir a sus hijos en la víspera del Shabat.

De igual manera, ante el mover del Espíritu de Yahvéh sobre las naciones para juntar a las ovejas perdidas de la casa de Israel, aquellas familias que hemos despertado a las raíces de la fe de Abraham, debemos otorgarle el lugar espiritual que estas palabras merecieron en las doce tribus de la Amada del Señor: Israel.

Desde la Reforma, la Bendición Sacerdotal hace parte constitutiva del servicio en muchas iglesias protestantes.

Análisis de los Códigos de Birkat Kohanim
1- La Ascención Gradual del Alma Bendecida

Comenzando el análisis de esta Bendición, nos encontramos que aun cuando la orden está dada en plural, pues dice “Así bendecirás a los hijos de Israel”, al ejecutarse se pronuncia en singular: “Que te bendiga”.

Así, lo primero que notamos en este análisis es que que esta expresión condiciona a los kohanim (sacerdotes) a dar una bendición con amor. ¿Por qué con amor? Porque Yahvéh quiere revelar que eso es lo que merece el pueblo de Israel por se solícito en el estar unido corporativamente. Porque el amor entre ellos ha hecho posible que se vea como un ejad [unidad], como un solo hombre. Por eso la bendición esta expresada en singular.

Además, la orden divina al kohen de que exprese esta bendición con amor, es para que quede bien claro que él el no es el dueño de la intención que esta tiene. El Dueño queda claramente expresado a través de las manos extendidas, símbolos del Eterno como Creador que aún trabaja a través de un hombre dispuesto a unir el Mundo de Abajo con el Mundo de Arriba. Esto es lo que quizo expresar nuestro amado Mesías al decir:

«Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo.»
(Juan 5:17 – NBD)

Así el Creador del mundo se dirige con estas palabras, con todo el amor hacia su pueblo, hacia lo que más ama. Es un amor que suena en todo el universo, que no ha dejado de estar presente en la vida de todos y cada uno de los que conforman el Pueblo Elegido.

Ahora sí, yendo a los detalles literarios, podemos observar que el texto hebreo consiste de tres (3) cortos versos de tres (3), cinco (5) y siete (7) palabras, respectivamente. A las vez el texto está montado sobre «estaciones graduales» desde la petición por bendiciones materiales y protección, como por la Divina Gracia de obtener bendiciones espirituales, culminando en un precioso clímax peticionario hacia el mas consumado regalo de Dios: Su Shalom, es decir, esa Paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Paz, que será el bienestar en la cual todo lo material y espiritual son bien comprendidos, contenidos y manifestados en vida plena.

Resultará muy importante saber que las quince (15) palabras que constituyen estos tres (3) versos contienen un mundo de confianza en en el Eterno, que aumenta el poder de la fe que nos fue dada una vez por herencia. Todas ellas están adornadas de una gran belleza rítmica, y caen en una solemne majestad sobre el oído de los adoradores que busca el Eterno:

v.23  «Así bendecirás a los hijos de Israel diciéndoles:»
(koh tevaraju et-beney Yisra’el amor lahem).

Lo importante para destacar aquí es que los kohanim (sacerdotes) no son de alguna manera super-especiales para conferir esta bendición, sino un vehículo que Yahvéh ha escogido para depositar sus bendiciones en su pueblo. Ellos no pueden bendecir al pueblo de una manera arbitraria «Así bendecirás«, quiere decir que deben ceñirse al patrón que Yahvéh les está dando y no salirse de allí tratando de hacer algo diferente como el pecado anterior de los otros dos hijos de Aaron cuando ofrecieron incienso no autorizado. Los kohanim tienen que seguir la fórmula ya que ellos son los ejecutantes, no los legisladores.

Durante los servicios los fieles no debían mirar las manos de los kohanim ya que la bendición no reside en sus manos, son un instrumento, mientras que la bendición viene del Eterno. Yahvéh es quien, por la obediencia absoluta de este precepta, confirma las palabras de los kohanim y los bendice igualmente a ellos .

Es costumbre que las manos de los kohanim se dirijan hacia los fieles juntándose ellas por sus dedos pulgares y abriéndose formándose dos (2) letras Shin (W), vale decir, los dedos indice y corazón van pegados el uno al otro y los dedos meñique y anular juntos también de la misma manera en ambas manos, lo que representaría doblemente la palabra «Shalom«.

Al pronunciar la bendición, debe hacerse primeramente en lengua hebrea y posteriormente traducirse al lenguaje en uso de la comunidad. Todas estas regulaciones tienen un profundo significado espiritual para todos los tiempos.

Un extraño NO debe bendecir. Para bendecir se necesita conocimiento y la comprensión de la persona que ha de ser bendecida. Además, bendecir a otros es una difícil tarea, que requiere prontitud para el sacrificio y para las oraciones. Por ello, quien bendice debe ser bastante sobrio y piadoso. El fanático o aquel que su juicio está siendo cegado por el odio o el prejuicio nunca debe bendecir a nadie. El lenguaje, como se dijo, debe ser en la Lengua Sagrada –Lashon Hakodesh- y pronunciarse con voz llena de vitalidad.

La Birkat Kohanim (Bendición Sacerdotal) se pronuncia así:

«YEVAREJEJÁ YAHVÉH VE-ISHMEREJA
YAER YAHVEH PANAV ELEJA VI-JUNEJA
ISA YAHVÉH PANAV ELEJA
VEYASEM LEJA SHALOM.»

2- La Protección Completa de Yahvéh
A. – Yahvéh te bendiga y te guarde (Yevarejejá Adonai veyishmereja)

Esta expresión quiere decir te otorgue vida, salud y prosperidad, pues para qué sirve vivir si no se tiene salud y no se prospera en los caminos que se emprenden. No quiere decir esto tampoco que la prosperidad sea «únicamente económica» como se acostumbra a malentender los versos bíblicos que hablan de «prosperidad»; porque se puede ser próspero económicamente y no gozar de buena salud. Así como también, se puede estar sano físicamente, y gozar de buen pasar económico, pero ser un fracasado en cualquier cosa que emprenda en el plano espiritual o emocional.

Yevarejeja: La pregunta es: ¿Por qué se utiliza solo el singular y no bendecimos en plural? La explicación mas corriente es que como prerrequisito para todas las bendiciones, Israel debe ser primero la UNIDAD que el Eterno demanda. Todo Israel debe sentirse como UN Solo Cuerpo, entonces las bendiciones serán para ese varón perfecto (Efesios 4:13).

Veyishmereja: Puede traducirse como «Te Guarde» o «Te Mantenga«. Al pronunciarse esta expresión se está declarando lo siguiente: «que Yahvéh te garantice su divina protección contra el mal, la enfermedad, la pobreza, la calamidad«. Esto es lo que desarrolla la consciencia de que es el Señor el que Guarda a Israel. Él guarda nuestras almas de la muerte, nuestros ojos de lágrimas y nuestros pies de tropezar.

Además, los exégetas del hebreo, han dado una amplia explicación sobre estas tres palabras hebreas, aduciendo que su literal traducción se aproximaría a esta declaración:

«¡Que el Eterno te bendiga con posesiones y sea Él que te las guarde. Que estas posesiones sean poseídas por ti. Pueda así el Eterno guardarte del pecado, y protegerte de todas las destructivas influencias que tan a menudo sigue tras las posesiones terrenales!«

Evidentemente, existe una fuerte conexión entre la bendición y la protección. ¿Para qué sirve una bendición si no la puedes guardar, o si pierdes la capacidad de aprovecharla? La bendición y la protección son necesidades básicas de la creación. Necesitamos bendición y protección para poder existir y desarrollarnos.

Adam tenía la tarea de labrar y guardar el huerto del Edén, con otras palabras, tenía que bendecirlo y protegerlo. Son dos funciones básicas de una administración correcta, no solamente producir, sino también guardar. No solamente guardar, sino también extender.

Una congregación que solamente está enfocada hacia el crecimiento sin guardar las almas de los que han sido cosechadas no será estable. Una congregación que sólo sirve para la auto conservación sin expansión está condenada a muerte. Ambas cosas son necesarias para que una congregación sea viva y sana.

En esto pensaba el salmista cuando escribió:

“Porque sol (bendición) y escudo (protección) es Yahvéh Dios; gracia y gloria da Yahvéh; nada bueno niega a los que andan en integridad.”
(Salmo 84:11)

Dos principios básicos para el éxito son: bendición y protección. Un tercer principio básico es: dirección. Si recibes bendición y protección y luego te desvías, ¿para qué te sirve? También necesitas dirección, consejo, para saber cómo hacer las cosas, necesitas mandamientos para cumplir para no desviarte del camino.

Según Rashí, la bendición de la cual se habla en birkat kohanim se refiere a los bienes materiales y cuando Yahvéh alza su rostro significa que subyuga su ira.

Un último comentario exegético asegura que esta parte de la bendición asegura al Pueblo oyente que Yahvéh lo protegerá para que otros no lo dominen.

 B.– Que Yahvéh haga que Su Presencia brille en ti y te garantice su gracia. (Ya’er Adonai panav eleyja vijuneja)

Cuando hablamos de LUZ en las Escrituras, no solamente es para referirnos al sentido literal, sino mas bien como símbolo de alegría y pureza como también de amistad. Causar que el Rostro resplandezca sobre alguien, es en el idioma hebreo significa ser amigable con alguien.

Por ende, cuando el Rostro de Yahvéh se dice que es vuelto hacia una persona y que brilla en esa persona, ello implica un derramamiento de su divino Amor y Salvación:

«Oh, YHVH de los ejércitos, restáuranos.
Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos
(Salmos 80: 19)

Teniendo esta cosmovisión en su mente, el salmista compuso esta estrofa:

“Restáuranos, oh Dios, y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos…
Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos…
Oh Yahvéh, Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro y seremos salvos.”
(Salmo 80:3, 7, 19)

Así es bien clara la idea: si el rostro de Yahvéh resplandece sobre alguien, hay salvación. La palabra salvación tiene un sentido muy amplio: liberación, ayuda en problemas, apoyo en momentos difíciles, liberación de apuros, protección contra peligros, sanidad de enfermedades etc.

Las palabras: «Haga resplandecer Su Rostro sobre ti«, deben ser interpretadas en el sentido puramente espiritual para implicar que es el regalo del conocimiento y la profundidad moral. La idea literal de esta frase sería:

«Pueda Yahvéh darte el brillo de los ojos y la luz de Su Shekinah;pueda el fuego de la Profecía arder en las almas de tus hijos; pueda la luz de la Torah iluminar tu casa» 

La palabra «vijuneja» tiene una significación mayor que la expresión «te guarde«. La idea primordial expresaría lo siguiente:

«Se convierta Yahvéh en tu benefactor y te llene de su Gracia y cumpliendo tu petición.»

Los exégetas del hebreo entienden «vijuneja» en el sentido de :

«Pueda Él darte Gracia en los ojos de tus compañeros«; vale decir, «pueda Él hacerte adorable y amado a los ojos de los otros

 C. – «Que Yahvéh levante su Presencia sobre ti.» (Yisa Yahvéh panav eleyja)

Esta expresión también podría expresarse así:

«Vuelva Su cara hacia ti. Vuelva Su atención a ti, y su cuidadoso amor lo extienda siempre hacia ti.»

C. – Te garantice («establezca para ti» o «arregle para ti») Shalom. (Veyasem leja Shalom).

La palabra Shalom, en hebreo, significa no solo libre de todos los desastres, sino también, salud, bienestar, seguridad y tranquilidad; la paz, aseguran los sabios hebreos, que la Shalom es uno de los pilares del mundo; sin ella, el orden social no puede existir.

«Paz en tu entrar y paz en tu salir, paz para con todos los hombres. Grande es la paz porque es el sello de todas las bendiciones» (Talmud)

Shalom es la palabra que el Eterno utiliza para describir la integridad, la bondad y la total satisfacción en la vida. ¡Esta es la vida abundante que Yeshúa prometió! (Juan 10:10)

Nosotros no solamente debemos ser pacíficos a nosotros mismos, sino ayudar a otros a serlo también. La Paz no es solamente una condición personal, sino nacional.

La Paz (Shalom) no es un concepto negativo y no es el equivalente a inactividad. Los profetas esperaron por una paz Mesiánica que debe fundar al universo y ello incluye a todos los hombres de todos los pueblos y eso también incluye a todas las bestias del campo (Isaias 11, 6-10).

«Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel»

El ser bendecido por el Eterno es tener Su Nombre sobre ti para ser identificado con quien es Él y toda Su naturaleza.

Aharón fue mandado a pronunciar esta bendición sobre el pueblo de Israel, no sobre las otras naciones. Aunque Yahvéh ama y bendice a toda la humanidad, hay un fuerte y definido sentido en el cual Él tiene bendición sólo para Su Pueblo de Alianza. Por lo tanto, nosotros tenemos que unirnos a Él para ganar esa bendición.

Por otra parte, vemos que el Eterno promete bendecir en respuesta a su bendición. ¡Qué apropiado para los líderes del Corazón Pastoral de Yahvéh el pronunciar estas palabras sobre su pueblo! Que tanto más apropiado para cada creyente el recordar que tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo que siempre vive para interceder por nosotros y para bendecirnos de acuerdo a Su misma bendición.

¡Vamos ahora reflexiona y alégrate!… ¡Qué gran regalo, el tener el nombre de Dios sobre ti! ¡Vive pues como un hijo primogénito que ya está bendecido con toda bendición espiritual en lo lugares celestiales!