Códigos Sagrados

LA BENDICIÓN TRIPARTITA DE JOSÉ

«…por el Dios de tu padre que te ayuda, y por el Todopoderoso que te
bendice con bendiciones de los cielos de arriba, bendiciones del abismo que
está abajo, bendiciones de los pechos y del seno materno.”
(Génesis 49:25)
Hoy, mientras meditaba en las Sagradas Escrituras con el fin de alimentar mi espíritu de oración en las pautas de la bendición de José (hebreo Yosef), hijo de Jacob (Israel), me encontré con estas maravillosas líneas que testifican las palabras de bendición que el patriarca diera a su hijo. Repentinamente una intensa expectativa de fe llenó mi alma impulsándome a conocer los códigos revelados en esta bendición tripartita. Después de un fuerte tiempo de quebrantamiento delante de nuestro Abba Kadosh, decidí compartirles las cosas que Su Espíritu implantó en mi mente y corazón.
 I. José: representante de los primogénitos mesiánicos (Hb. 12:23).
 Recordemos que José obtuvo la primogenitura de Israel porque Rubén, el primogénito de la primera esposa de Jacob (Lea), perdió ese privilegio a causa de su transgresión (1 Cr. 5:1–2). José, siendo el primogénito de la segunda esposa de Jacob (Raquel), y debido a su dignidad, era quien tenía derecho a recibir la bendición. José también recibió una bendición de su padre poco antes de que éste muriera (Gn. 49:22–26).
 Si observamos con atención, y abrimos bien nuestro entendimiento, se nos revelará que en el versículo citado Israel está bendiciendo y profetizando sobre su hijo José, y lo hace (y en él a su descendencia) con tres tipos de bendiciones:
  1. De los cielos de arriba.
  2. Del abismo que está abajo.
  3. De los pechos y la matriz
1. Las Bendiciones del Cielo.
Las Sagradas Escrituras llaman bendiciones del cielo al rocío y la lluvia. Tanto el rocío como la lluvia son símbolos de las bendiciones del Eterno Dios (Os. 14:5), y su ausencia se consideraba una pérdida (2 Sm. 1:21). Esto era considerado así, ya que estos dos fenómenos naturales son los que hacen que se fertilicen los suelos y sean muy fructuosos, permitiendo la germinación y crecimiento exitoso de toda semilla sembrada.
Israel (Jacob) le desea una bendición muy grande a José, su hijo, expresándole en estas pocas palabras que todo lo que había sembrado daría frutos abundantes. Él sabia, por su fe vivencial, que solo el Eterno Dios Todopoderoso podía bendecir de esa forma, y estaba convencido que su hijo sería blanco de esta experiencia celestial en cada área de su vida.
Aplicando este concepto hebreo a nuestras vidas, comprendemos que las bendiciones del cielo son todas aquellas que nosotros no podemos hacer, pero sí podemos provocar por medio de nuestra siembra de fe. Entendemos así, que nosotros podemos sembrar una semilla, pero quien la hace germinar y crecer es Yahvéh, nuestro Dios.
En el pensamiento hebreo el tener abundantes cosechas y tener los graneros llenos solo pueden venir del Eterno Dios Todopoderoso. Esta manifestación es la única señal de tener la Verdad Divina respaldando nuestra realidad cotidiana. Todo lo demás, es solamente palabrería religiosa.
2. Bendiciones del abismo que está abajo.
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”
(Mateo 13:44)
Nuestro padre Israel también profetiza sobre su hijo José las bendiciones del abismo que está abajo. Esta bendición seguramente es la que más llama nuestra atención ya que entendemos que en las Escrituras el abismo está relacionado con las profundidades controladas por las tinieblas.
En la Torah la palabra “tehom” es generalmente traducida como “el abismo”, y se piensa en ella meramente como otro término poético para el mar de las profundidades de la Tierra.
La primera vez que aparece esta expresión hebrea la encontramos en el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis):
«Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo»
(Génesis 1:2 _ Biblia de las Américas)
Todo era tohu va-bohu, amorfo y vacío, y lo único que existía era el caos primigenio. Ese caos es descrito por la palabra tehom, que suele traducirse por «abismo» (griego, abyssos; latín, abyssus), la idea es que este tiene forma líquida, por lo que se ha interpretado como las profundidades terrestres con sus depósitos de aguas subterráneas y también, de modo más general, como el océano primordial a partir del cual se creó el mundo. En realidad tiene asociaciones mucho más siniestras. Está etimológicamente relacionada con Tiamat, el nombre de un gigantesco monstruo marino del mito acádico-babilónico, identificado en el hebreo con Leviatán o Rahab, la serpiente tortuosa o serpiente antigua (Ap. 12: 9).
Ante esto, entendemos que cuando nuestro padre Israel está profetizando y le deseo a José las bendiciones del abismo, él sabia bien de que lo que se trataba.  El patriarca quería que el Eterno Dios bendijera a José, y su descendencia, con todo lo que sale de las profundidades del mar, los ríos subterráneos, y las minas de la Tierra. Él le auguraba riquezas provenientes de todos los minerales enterrados, poseedores de gran valor. Está soltando la bendición que da derecho a obtener y poseer todo lo que el Eterno Dios creó y los dejó escondidos en lugares profundos (oro, plata, bronce, cobre, petróleos, piedras preciosas, etc.).
Basado en esta idea patriarcal nuestro amado Mesías comparó al Reino de los Cielos como un tesoro escondido en un campo el cual fue hallado, Jesús dice que el tesoro en este caso es una bendición encontrada en el campo y fue hallado por un hombre.
A diferencia de las bendiciones del cielo que se originan como respuesta a una acción sembrada por un justo, las bendiciones del abismo que está abajo son reveladas por el Eterno a aquel redimido que las busca mediante oración y consejo escritural. Son bendiciones que Yahvéh dirá dónde están, ya que sólo pueden ser halladas.
«…y te entregaré los tesoros de las tinieblas».
(Isaías 45:3)
 
 
3. Las bendiciones de los pechos y del seno materno.
 
“Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas”.
(Deuteronomio 28:4)

Según el sabio intérprete Rashí, la palabra que ha sido traducida como “pechos”, shadayim, debe traducirse en verdad como “lanzamientos” en referencia a la emisión del semen apto para concebir. El Targum (versión aramea de la Torah) tradujo: “bendiciones de padre y de madre”. Es decir, que estas son las bendiciones relativas a las generaciones.  José sabía que esta expresión significaba augurios celestiales de fecundidad tanto en hombres como en rebaños.

En la visión profética del patriarca Israel estaba la certeza de que las generaciones de José se destacarían por la multiplicación y la tendencia constante a la expansión. Y es que en la mentalidad hebrea estaba la conciencia de que la bendición puede ser transmitida de generación en generación hasta millares de ellas (Éxodo 20:6).

En los días de José era una tremenda bendición multiplicarse a través de la simiente de sus antepasados para aumentar la familia del Eterno. Cuando una mujer daba a luz más israelitas, se consideraba como una señal de fructificación que la Justicia del Eterno otorgaba.

Estas pautas revelan que, en el Mesías, accedemos a la herencia de estos lineamientos proféticos que en los lugares celestiales el Eterno ha otorgado a los que estamos en Cristo Jesús, nuestro Dueño.
A los descendientes de José se les prometieron estas bendiciones. Hoy, entendemos que son las bendiciones vastas y eternas que vienen sobre la simiente espiritual de Abrahan a través del Mesías Yeshúa (Efesios 1:3). Jacob bendijo a todos sus hijos, pero especialmente a José, “quien fue separado de sus hermanos”. No sólo se separó en Egipto, sino por poseer una dignidad eminente y por ser más devoto hacia el Eterno Dios.
II. ¿Por qué José tuvo el privilegio de recibir una Bendición Tripartita?

La bendición que recibió Yosef de parte de Yaakov consta de 61 palabras en el texto hebreo. Este detalle la convierte en la bendición más grande e importante, pues la bendición de Yehudá contiene 55 palabras. Cuando vamos al quinto rollo de la Torah (Devarim) notamos que en la bendición que dio Moshé a las doce tribus la de Yosef también es la mayor de todas (cf. Deu. 33).

¿Por qué esto? Pues bien, existen dos razones:

Primero, porque sufrió más que todos.

Segundo, porque se había consagrado más que sus hermanos. La palabra hebrea que ha sido traducida como “consagrado” es nazir (– נזיר –) cuya raíz nazar (– נזר –) significa distanciar,  o abstener. Es la misma palabra que se usa para el voto de nazareato descripto en Números 6.

La enseñanza aquí es clara. Aquel que por la justicia es afligido, y se aparta del pecado, la impureza y lo mundano recibirá la mayor bendición en esta vida y en la resurrección.

Amados discípulos del Monte Santo, he discernido que estamos ingresando en una temporada en la que se manifestará la plenitud de las bendiciones de Yahvéh, nuestro Dios, mientras abandonamos los dolores de las elecciones pobres que hicimos en el pasado. Sé que experimentaremos el refrigerio de las bendiciones de José fluyendo en nuestras vidas. Estas se manifestarán, luego que el Espíritu de Yahvéh nos renueve y restauren nuestras relaciones interpersonales, y nos vuelva a conducir a una profunda intimidad personal con nuestro Padre. De hecho, en este día, he discernido que la plenitud de la bendición tripartita de José ya está fluyendo. Lo que dijo Jacob acerca de él es tanto historia como profecía. ¡Hoy, nuestras vidas están vibrando frente a este maravilloso umbral de tres niveles celestiales! ¡Que el Eterno nos dé fuerzas para estar gozosos en las aflicciones de este mundo por causa de la justicia y la verdad, sabiendo que producen un buen resultado con bendición tripartita!
NOTA RELACIONADA Y RECOMENDADA:

La Biblioteca del Eterno

Por P.A. David Nesher

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis 20:15)

 

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. El apóstol Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar al Mesías del Eterno, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Yeshúa. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen del Mesías y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Yeshúa, HaMashiaj…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Mesías divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.

Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Yeshúa dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre del Mesías como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia del Mesías y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.

La Biblioteca del Eterno Dios

«Y vi a los muertos grandes y pequeños de pie ante Dios y los libros fueron abiertos: y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras… Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego» 
( Apocalipsis20:15)

Es muy interesante, especialmente en este día tan importante de Yom Kippur o Día del Perdón, ver en las Sagradas Escrituras esta mención de los libros que el Eterno abre en los días de juicios y que en las congregaciones babilónicas se omite a causa de la ignorancia.

¿Qué significa que hayan libros en el Cielo? Entendemos que cuando alguien, aquí en la Tierra, quiere recordar algo, porque anhela que no se olvide, se asegurará de dejarlo registrado a través de la anotación en un libro. Todo ser pensante sabe que siempre lo que está escrito en un libro tiene mayor seguridad, mayor firmeza, que aquello que simplemente se dice y después se puede olvidar.

Aquellos que son categorizados bajo el título de los Libros del Cielo, son registros en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres, especialmente los justos. Estos son los que determinarán los fallos del juicio final. El profeta Daniel dice: «El Juez se sentó, y los libros se abrieron«. Juan, describiendo la misma escena en el Apocalipsis, agrega: «Y otro libro fue abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras» (Apocalipsis 20:12).

Nos esforzaremos en la tarea de escudriñar las Escrituras con el objetivo de encontrar en ellas cuáles son estos libros que son abiertos delante del Trono del Eterno.

El «Libro del Diseño Divino»: los códigos del verdadero Yo.

El rey y profeta de Israel David salmodiando profeticamente reveló lo siguiente:
«Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumerara, serían más que la arena. Despierto, y aún estoy contigo.»
(Salmos 139:13-18).
David nos muestra lo que sucedió con nosotros antes de nacer; en el período de gestación en el vientre de nuestra madre. Él habla en este salmo de un libro, y de que en ese libro estaban escritas aquellas cosas, de cada ser humano, que fueron formadas en el útero materno. Podríamos llamarlo el ‘libro del diseño‘. En este libro estaban escritas las características de nuestra personalidad, de nuestro cuerpo, de nuestro carácter. Estaban escritas las características íntimas y las características externas de nuestra persona. La ciencia denomina a una parte de este libro código genético. Una de las pruebas más grande de la existencia del Eterno Dios es el ADN (el código genético hereditario) en el que está concentrada toda la información única de cada ser humano como si fueran 80 enciclopedias británicas en cada una de nuestras células. Esta información organizada en códigos requiere de un diseño inteligente ya la información asombrosa que el ADN tiene no puede surgir de la nada.
Quisiera destacar que este libro que menciona el Salmo 139, que denominado el libro de diseño, fue escrito antes de que nuestros padres se conocieran; se confeccionó antes de la Creación, y en este libro el Eterno Dios dejó codificado todo lo que nosotros seríamos. En este libro quedó evidenciado que el Creador diseñó para cada uno de nosotros una conformación psicológica y física única e irrepetible. Todo lo que nosotros hemos llegado a ser después en nuestras vidas estaba escrito en ese libro de diseño, sin faltar nada. ¿Por qué unos somos altos, otros bajos, por qué tenemos una conformación estilizada, o menos estilizada, o por qué tenemos ojos claros u oscuros, o la forma de la nariz, la boca, o la mirada, por qué somos lo que somos?

Todo eso estaba escrito en ese libro y este libro lo escribió Yahvéh, nuestro Dios. Él determinó las características que habíamos de tener; y tan perfecto es su diseño y tan maravillosa es la capacidad creativa del Eterno, que no hay ningún diseño igual a otro. No hay ninguna persona igual a otra; todos nosotros somos únicos. Un ejemplo rápido y muy práctico de esto, son las huellas digitales de cada uno de nosotros. Ellas son absolutamente únicas y revelan el diseño característico peculiar y único que nosotros tenemos, y eso estaba escrito en el libro de diseño de Dios.A continuación me permitiré contarles una historia que de alguna manera les ayudará a entender esto:

«Había cierta vez un pastor predicando un mensaje, y hablaba sobre el Juicio Final. Estaba describiendo en forma muy detallada el momento en que los hombres tendrían que comparecer ante el Gran Trono Blanco. Detrás del Eterno Dios había una cortina y delante, parados en línea, estaban los que serían juzgados. Entonces Yahvéh hace una señal con la mano y de detrás de la cortina aparecen seres de una belleza indecible, radiantes de esplendor. Cada uno de ellos se para frente a los que estaban siendo juzgados, uno con cada uno. Los que estaban siendo juzgados nunca habían visto seres como esos, tan preciosos, tan refulgentes. Entonces le preguntan a Dios: ‘¿Quiénes son estos?’. Y Dios les dice: ‘Estos son ustedes, tal como hubiesen sido si hubiesen escuchado mi voz’. En ese momento ellos se dan cuenta de lo que han perdido, y, avergonzados, y son echados al Lago de Fuego siendo conscientes de la oportunidad que perdieron por rechazar la voz del Eterno Dios«.

Cuando leí esta historia quedó perfectamente ilustrada la idea bíblica de que existe un ‘yo real‘ (ego) y un ‘yo ideal‘. Es decir, que en la historia de cada ser humano, existe la persona que cada hombre llegará a ser y que será cotejada con la persona que el Eterno Dios concibió y se propuso que yo fuese. Esto significa que cada ser humano tiene la opción cotidiana de vivir la vida diaria a nivel de lo inmediato, no mirando más allá, o puedo proseguir a la meta, mirando lo que está delante, al yo ideal, al yo perfecto, que el Eterno de antemano diseñó para que fuera.

¿Cómo será el yo ideal de cada ser humano? Necesariamente es un yo muy parecido al modelo original, el Mesías (Cristo). El «yo ideal», de cada hombre, fue pensado para manifestar a Cristo, al mostrar las características peculiares y únicas de cada persona humana.

El «Libro de Memoria»: un acta celestial para el recuerdo eterno.

Los invito a leer en el libro del profeta Malaquías (3:16), donde dice:
«Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero; y Yahvéh escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahvéh, y para los que piensan en su Nombre«.

Aquí el profeta está revelando la existencia celestial de lo que se denomina el libro de memoria donde se registran los hechos, las cosas que suceden a los que temen al Señor; un libro de memoria para que el Eterno Dios pueda recordar las cosas que hicimos. Evidentemente, este no es un libro para condenar. El profeta revela que es para los que temen al Señor y para los que piensan en Su Nombre. Se entiende entonces que este es un libro de recompensas. Malaquías vivió en días de profunda crisis, en los cuales el pueblo se había apartado de los códigos que el Eterno Dios revela en Su Torah (Instrucción). Sin embargo, aun en esas circunstancias, Dios está atento a lo que hace su remanente fiel, para tomar nota de su fidelidad. Igual ocurre hoy en día. El pueblo de Israel se encontraba en una situación espantosa. Los sacerdotes habían descuidado sus deberes, y la gente se había entregado a prácticas que manchaban el nombre de Dios, tales como la hechicería, el adulterio y el fraude (Malaquías 2:8; 3:5). Sin embargo, en medio de esa corrupción moral y espiritual, un pequeño grupo de israelitas se mantuvo leal a Yahvéh. ¿Qué hicieron para lograrlo?El profeta nos lo explica: “Entonces los que temían a Yahvéh hablaron cada uno a su compañero”. El temor del Eterno Dios es una cualidad muy deseable. Aquellos israelitas fieles sentían un profundo respeto por Yahvéh y concentraban sus mentes en no desagradarlo. Además, dice el pasaje que “hablaron cada uno a su compañero”. Esto pudiera indicar que llegaron a reunirse para alabar a Yahvéh y animarse mutuamente, lo cual los ayudó a mantener su fidelidad y pureza. Por causa de esta actitud mental corporativa, el Eterno, oyó sus conversaciones y abrió un libro de actas dónde se escribió lo suyo para recuerdo celestial. Ese libro contiene los nombres de todos los que han servido lealmente a Dios. El hecho de que se le llame un “libro de memoria” indica que Yahvéh nunca olvidará a sus siervos fieles ni lo que han hecho para glorificarlo: sus buenas obras, palabras y pensamientos. Él quiere recompensar con vida eterna a todo aquel cuyo nombre esté escrito de forma imborrable en ese libro (Salmo 37:29).

Así pues, el Señor lleva un libro de memoria exacto, perfecto y completo de toda la obra de amor que los hijos de Dios hacen por causa de Su Nombre. Desde esto, nos damos cuenta que cada una de las palabras de fe dicha por un santo, cada uno de sus actos de amor, están registrados en el Cielo. Hay un libro de actas divino que registra todo pensar y obrar de los justos. A esto se refiere Nehemías cuando dice: «¡Acuérdate de mí, oh Dios mío, . . . y no borres mis obras piadosas que he hecho por la Casa de mi Dios!» (Nehemías 13:14). En el «libro de memoria» del Eterno Dios, todo acto de justicia está inmortalizado. Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufridos por causa de Cristo. El salmista dice: «Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?» (Salmo 56:8).

Este libro de memoria es un registro en el cual figuran los pecados de los hombres. «Pues que Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala» (Eclesiastés 12:14). Yeshúa mismo se refirió a este libro al decir: «…de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, darán cuenta en el día del juicio«… «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en este registro infalible, pues Dios «sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones» (1 Corintios 4:5). «He aquí que esto está escrito delante de Mí: . . . vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente dice Yahwéh» (Isaías 65:6, 7).

Evidentemente la obra de cada ser humano, especialmente la de aquellos que temen a Yahvéh, pasa bajo la mirada del Eterno Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en este libro de actas o memoria, aparecen, con terrible exactitud, cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades desperdiciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador, que oficia en la confección de este libro.

El Señor dice que ni un vaso de agua dado a uno de sus discípulos, por pequeño que sea, quedará sin recompensa. Hay recompensa de justo a quien recibe a un justo y hay recompensa de profeta a quien recibe a un profeta (Mateo 10:41-42). Estas distinciones, tan sutiles a nuestro entender, nos indican que todo lo que el Señor hace es perfecto, y que todo está consignado a cabalidad. Nadie podrá decir en aquel día: ‘Señor, a ése le estás dando más recompensa de lo que merece’, o ‘A mí me estás dando menos de lo que merezco’. El Señor tendrá el detalle de todas las cosas que hicimos por amor de Su Nombre.

Sin lugar a dudas, es animador saber que Yahvéh valora todo lo que hacemos a fin de adorarlo de la manera correcta. Ahora bien, las palabras de Malaquías 3:16 nos deben impulsar a hacernos una importante pregunta: “¿está mi nombre escrito en el ‘libro de memoria’ del Eterno Dios?”. Lo estará si procuramos que nuestras obras, palabras y pensamientos sean algo que Yahvéh quiera recordar.

Libro de la Predestinación: el Acta de la Elección Divina.

Yendo a la Escritura para conocer lo referente a este libro, leeremos la epístola paulina a los Romanos que dice:
«Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)

Aquí se habla de un conocimiento anticipado. «…a los que antes conoció» se refiere a un período anterior a la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice»…los predestinó», eso significa que antes de que nosotros, los escogidos, naciésemos ya estábamos considerados en el corazón del Eterno Dios, ya estábamos predestinados para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que fuésemos dibujados, diseñados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Todos nosotros fuimos diseñados para ser hechos según la imagen de Cristo y esto está escrito en los códigos de un libro que podríamos denominar el «libro de la predestinación«.Haber sido predestinado no significa que ya se es salvo o que algunos «vienen o nacen salvos«. Aunque en el sentido objetivo si se es escogido se es salvo desde antes de la fundación del mundo no es así en el sentido subjetivo. Todos los hombres nacen condenados y todos son hijos de ira y necesitan la salvación que es por medio de Cristo…

 

«…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),… «
(Efesios 2:1-5)

 

Eso es lo que dicen las Sagradas Escrituras claramente. Y si la Palabra revela la Verdad, entonces las otras interpretaciones tienen que ser falsas por obligación.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó«.
( Romanos 8:28-30)

El ser escogidos y predestinados no significa que ya se es salvo automáticamente y no se necesita arrepentimiento de pecados. El hombre que escucha el mensaje necesita:

  1. Creer al Evangelio del Reino de Dios en Yeshúa el Mesías para ser salvo,
  2. Recibir a Yeshúa como el Cristo Divino y Dueño de su vida por medio de la fe (es sellado con el Espíritu Santo recibiendo la Torah de la promesa para el día de la redención) .
  3. Permanecer en la fe hasta el fin.

Aunque delante del Eterno Dios esto es un hecho seguro que tuvo lugar desde antes de la fundación del mundo, y fueron perdonados los pecados en la cruz, el proyecto escrito debe de ser desarrollado a totalidad.

El Libro de la Vida: el Acta que se escribe con la Sangre del Cordero.


Al leer Apocalipsis 13:8 y 21:27, encontramos referencias al “Libro de la Vida del Cordero,” llamado también, en su forma simple, el «Libro de la Vida«. En él están los nombres de todos aquellos que han sido lavados por la Sangre del Cordero de Dios, Yeshúa, el Mesías divino. De la misma manera, Apocalipsis 3:5 se refiere al Libro de la Vida, en el cual se encuentran los nombres de los creyentes en el Señor. Este verso también pone en claro que, una vez que un nombre es escrito en el libro de la vida, Jesús promete que nunca lo borrará, respaldando una vez más la doctrina de la seguridad eterna. El Señor Jesús, quien está hablando a las iglesias en esta parte del Apocalipsis, promete reconocer a los Suyos ante Su Padre. Por el contrario, Apocalipsis 20:15 revela el destino de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida – la eternidad en el lago de fuego (Salmo 69:28).

El Cordero “que fue inmolado desde el principio del mundo” tiene un libro en el cual están escritos los nombres de todos aquellos que han sido redimidos por Su sacrificio. Ellos son los que entrarán en la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:10), y quienes vivirán para siempre en el cielo con Dios. Estos son aquellos que superaron las pruebas de la vida terrenal, demostrando que su salvación fue genuina.

El Libro de la Vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios. Jesús dijo a sus discípulos: «Gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, «cuyos nombres están en el libro de la vida» (Filipenses 4:3), nuevamente, identificando el Libro de la Vida como un registro de los nombres de aquellos que tienen la salvación eterna. . El profeta Daniel, vislumbrando un «tiempo de angustia, cual nunca fue«, declara que el pueblo del Eterno Dios será librado de vivir esto, al decir, «todos los que se hallaren escritos en el libro» (Daniel 12:1). Y el apóstol y profeta Juan dice en el libro de Revelación (Apocalipsis) que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres «están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe el poder redentor de la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la Torah (Instrucción) del Eterno, sus pecados han sido borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara por el profeta Isaías: «yo, yo Soy aquel que borro tus transgresiones a causa de Mí mismo, y no Me acordaré más de tus pecados» (Isaías 43:25). Jesús dijo: «A todo aquel, pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32, 33).

De acuerdo a lo revelado por las Sagradas Escrituras, aquellos seres humanos que no han sido salvos tendrán que dar cuentas por cada acto pecaminoso que han cometido. Todas y cada una de las cosas que han hecho saldrán a la luz delante del Eterno Dios y delante de millones y millones de personas que van a ver como en una pantalla enorme de cine todo lo que han hecho a la luz, y todo lo que han hecho en secreto desde el día que nacieron hasta el día que murieron. El libro de Apocalipsis dice: “los libros fueron abiertos” y todas las obras de los hombres que estén escritas en esos libros serán expuestas. El Eterno Dios lleva la cuenta de todo y aunque muchos piensen que las cosas que hacen a escondidas nadie las sabe, está equivocado de lleno. Él lo ve todo y cada acción está quedando grabada en los libros celestiales con el nombre de cada uno. En Su día, El Eterno juzgará a cada hombre que ha rechazado el regalo de la salvación en Su Mesías y la gracia divina en Su Hijo Jesús, de acuerdo a las cosas escritas en esos libros.

FIESTA de las TROMPETAS: ¡Yom Teruah no es Rosh HaShanah!

En el tiempo profético de transición que los discípulos de Yeshúa que están a mi cargo, y yo, hemos experimentado en estos doce años, aprendimos que celebrar las Fiestas del Señor es el acto más efectivo que la única y verdadera Esposa del Ungido (Mesías/Cristo) está necesitando para lograr su misión: llevar a los santos a su plena manifestación como hijos primogénitos del Eterno.
 
 
En este peregrinar profético a las sendas antiguas de nuestra fe, hemos aprendido que en el libro de Vayikrá o Levítico (capítulo 23, en el versículo 24), se usa la palabra conmemoración, (mejor traducida como memorial) al traducir expresión hebrea mo’ed:

 «Habla a los hijos de Israel, y diles: las fiestas solemnes (mo’ed) de YHVH…»

 
 
Ahora bien, en su sentido más completo y esencial la palabra mo’ed significa:
  • «una cita»,
  • «un tiempo señalado»,
  • «un ciclo o año»,
  • «una asamblea»,
  • «un tiempo determinado»,
  • «un tiempo preciso«.
 
Considerando todas estas acepciones que permite el significado de la palabra hebrea mo’ed (fiesta), podemos ver que el Eterno está precisando «un tiempo determinado o un tiempo señalado en el cual Él está haciendo una cita con la humanidad para cumplir ciertos aspectos prioritarios de la redención, y que deben mantener nuestra memoria activa a fin de evitar el letargo reptiliano«.
 
 
Desde el texto del capítulo 23 de Levítico se desprende que una de esas citas especiales es la denominada Fiesta de las Trompetas o en su expresión hebrea: Yom Teruah.
 
 
La Fiesta de Yom Teruah celebra el hecho profético del inicio de la recuperación de los reinos de la Tierra sujetos a Aquel que ha de sentarse por la eternidad sobre el Trono de David: Yeshúa el Mesías.
 
 
Yom Teruah es una fiesta profética relacionada con hechos que ocurrirán en cualquier momento. Por lo tanto, es una celebración  con características escatológicas, por lo que hemos comprendido y aceptado que no debe ser usada para celebrar una supuesta y mitológica creación de la Tierra, en un pasado remoto, como la actual Casa de Judá asegura. Más bien, esta celebración, permite a la Esposa del Mesías celebrar su anhelo constante de que Su Amado venga pronto y la siente junto a Él para reinar sobre las naciones por mil años ( ver Apocalipsis/Revelación 22:17).
 
 
Considerando esta exhortación los invito a disfrutar de los siguientes estudios bíblicos y entender las diferencias entre Yom Teruah y su deformación judía denominada Rosh HaShanah. Solamente deberán trasladarse a los siguientes enlaces de bitácoras que ampliarán más el conocimiento del sentido que tiene para un discípulo de Yeshúa esta celebración:

(más…)

Pastor-Maestro: Un mismo Don con dos Expresiones Diferentes

«…Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice:
    Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
    Y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros»… 
(Efesios 4:7-11)
En un tiempo en el que innumerables creyentes escogidos nadan desesperados en ese mar de confusión que es hoy la teología evangélica, creo muy necesario contribuir a la reflexión acerca de una palabra usada (y hasta abusada) en la historia del cristianismo protestante-evangélico. Considero justo y oportuno que la misa debe ser conducida a un análisis escritural y desde allí colocada en las funciones  más nobles de su propósito de acuerdo al diseño original que el Señor le asignó. Estoy hablando del término «pastor«.
El uso que el término “pastor” ha tenido siempre ha sido en un contexto extra-bíblico. Es decir, que a lo largo de la historia de la iglesia evangélica, se le dio a la palabra “pastor” una significación sinónimo de máximo dirigente eclesiástico. La misma cobró este matiz cuando alcanzó vigencia después de la Reforma Protestante. Y obviamente, eso debe conducirnos hoy a un examen exhaustivo de este título o cargo pero a la luz del texto neo-testamentario de tal manera que nos permita  el redimensionamiento del ministerio pastoral en estos tiempos de reforma mesiánica que estamos viviendo.
Al considerar el texto de la epístola a los Efesios notamos que todo el argumento que el apóstol san Pablo trae desde el versículo 7 es para recordarles a los escogidos que el Señor sufrió la muerte, resucitó y subió a lo alto en un desfile de victoria llevando el botín, para de él sacar y dar dones a la Iglesia, Su Esposa y por lo tanto Su Cuerpo. Estos dones (gr. doma) realmente son personas, seres humanos, que él mismo compró con su sangre preciosa, a los cuales designó o constituyó para un servicio específico.
Estos servicios u oficios que Yeshúa (Jesús) ha designado para la Iglesia son variados, pero, como hemos dicho anteriormente, no contradicen la Unidad de Su cuerpo, sino que han sido dados para mantener el vínculo del amor que sostiene al mismo.
Antes de entrar a estudiar en detalle el servicio de pastor-maestro dado por Cristo a la Iglesia, me es necesario analizar junto a Uds. la primera parte del versículo 11: «…Él mismo constituyó…«. Siendo Yeshúa (Jesús) el Señor y Soberano de la Iglesia, quien lo llena todo con su autoridad, solamente, queda bien claro que Él tiene la facultad y el derecho de designar los servicios, dones, o ministerios, que se necesitan para la edificación de la misma. ¡Nadie puede tomarse esta prerrogativa!
En el caso del uso del término “pastor”, primero es necesario realizar una comprobación del sentido que tienen los diferentes usos del término a lo largo del Nuevo Testamento, revisando las ocurrencias en cada uno de los libros. Gracias a ese estudio se puede descubrir que si se quiere aclarar la naturaleza del “ministerio pastoral” en los días apostólicos, sólo es posible centrarse en el estudio exegético de Efesios 4:11, ya que es el único texto neotestamentario en que claramente habría una connotación de “oficio” en el uso de la palabra, ajeno al uso más bien metafórico que se impone en las escrituras griegas cristianas.
De manera que esclarecer su uso en el texto griego del Nuevo Testamento iluminará la comprensión de dicho pasaje y permitirá utilizarlo con propiedad y respeto a la sana hermenéutica en el planteamiento eclesiológico.
Lamentablemente, y debido al caos que ha causado el movimiento de la falsa reforma apostólica, hay muchas personas que creen que Pastor y maestro son dos Dones Espirituales que se encuentra en Efesios 4:11. Pero aquí  presenta las razones por las cuales realmente no son dos Dones Espirituales sino uno solo: pastor – maestro.
La exégesis de ese pasaje necesita, primero, lo que en la crítica textual se llama “establecer el texto”, es decir, decidir a partir de todos los manuscritos existentes, usando criterios muy precisos, cuál pudo ser el texto exacto escrito de puño y letra por el apóstol Pablo.
El Nuevo Testamento Griego publicado por Nestle-Aland presenta el siguiente texto para Efesios 4:11:
Kai autos edoken tous men apostolous
tous de profetas, tous de euangelistas,
tous de poimenas kai didaskalos
Considerando el griego koiné original del texto se interpreta que en realidad no se mencionan “cinco” sino “cuatro” ministerios en este pasaje.
  1. Apóstoles
  2. Profetas
  3. Evangelistas
  4. Pastor-Maestro

 

Resulta aún más interesante destacar que el último oficio mencionado no está dividido en dos aquí, sino que es una referencia a uno y mismo oficio.
Si analizamos bien el texto notaremos que cada uno de los ministerios mencionados tiene un articulo que le separa del otro, por ejemplo:  (1) “a unos… apóstoles”, (2) “a otros… profetas ”, (3) “a otros… evangelistas”, (4) “a otros… pastores y maestros”.  El último ministerio presentado no separa el oficio de ‘pastor’ y ‘maestro’ sino que son atribuidos a la misma persona.
No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. En el texto original griego el versículo  dice, “δέ ποιμένας  καί  διδασκάλους”  [tous de poimenas kai didaskalous] (otros los pastores y maestros). La conjunción kai es la que tiene el secreto de la correcta traducción. No se trata de dos clases de personas, ya que en el original, los dos vocablos van unidos por un mismo artículo. Si sólo el primer sustantivo tiene el artículo entonces tanto en el primero y segundo sustantivo se refiere a la misma persona o cosa. Los dos sustantivos son plurales masculinos acusativos. El segundo sustantivo no tiene un articulo enfrente entonces los dos sustantivos son un Don Espiritual = el pastor-maestro. Por lo que entendemos que se trata de un mismo don con dos modos distintos de expresarse. Desde esta explicación, entendemos que la construcción griega indicaría la siguiente traducción: «pastores que son maestros» o también «pastores que enseñan» (comp. con 1Timoteo 3:2 “apto para enseñar”).
Es muy interesante agregar que a mayoría de los comentaristas bíblicos ponen a los pastores-maestros como un solo oficio debido a que en el original griego no aparecen separados como dos títulos distintos, sino como dos funciones relacionadas con un solo oficio. Esto debe ser así ya que el pastor tiene como principal función enseñar. A través de la exposición de la Palabra pastorea a las ovejas (Hch. 20:17,28; Jn. 21:15-17). Uno de los principales requisitos para el pastor es que sea diestro y diligente en la enseñanza. (1 Tim. 5:17; 3:6; 4:13; 2 Ti. 2:15;Tit. 1:9).
La razón por la que esto ocurre es que la manera de “pastorear” es por medio de la enseñanza ya sea de forma didáctica por medio de la Palabra (Hechos 13:1; 1 Tim. 3:2; 1 Tim. 4:5-6, 11,13, 5:17; 2 Tim. 2:24; Tito 1:9; Tito 2:1, 7; Hebreos 13:7, 17) o por ejemplo como mentores (Fil. 3:17; 2 Tes. 3:9; 1 Tim. 1:16, 4: 12; Tito 2:7; 1 Pedro 5:2-3).
La iglesia es edificada de esta manera espiritual y emocional por medio de las enseñanzas de sus pastores-maestros.  La tarea de enseñar debe ser hecha ‘sobre’ el fundamento que ha sido establecido por los “apóstoles y profetas” y se requiere que se haga con esmero, dedicación y mucho cuidado.
Pastores-maestros son un don que el Cristo resucitado concede a su Iglesia para el ministerio de su edificación cualitativa. En relación con el rebaño, los pastores-maestros llevan a cabo varias tareas, que son propias de su llamamiento y servicio.
  1. Alimentan a la grey (1 Co. 3:2; Jn. 10:9; Ez. 34:23).
  2. Dirigen a la congregación, como líderes responsables (Jn. 10:3, 4; Sal. 23:3b).
  3. Protegen a los hermanos, especialmente en términos morales y espirituales (Jn. 10:11–15; Hch. 20:28, 29; Sal. 23:4, 5).
  4. Restauran a los creyentes, ejerciendo una disciplina positiva (Sal. 23:3; Ez. 34:4)
Una conclusión aparece de todo esto: los ministerios mencionados en la epístola a los Efesios (4:11) son dones y no cargos jerárquicos….y además son cuatro (4) y no cinco (5) como enseñan los fraudulentos «congresos quíntuples«que la masonería, disfrazada de apostólica-profética, ha promocionado por las naciones trayendo confusión y caos que ha provocado tanta incertidumbre y divisiones.
Son cuatro tipos de hombres-dones (doma) que nuestro amado Esposo Yeshúa (Jesús) nos ha dado como dones de servicio que son necesarios para el ministerio de todos los santos.

 

El dios Maozim: espíritu que inspirará al Anti-Cristo

Hoy, mientras escudriñaba las señales proféticas que están documentadas en el Manual de la Vida (La Biblia), fui impactado por el Espíritu del Señor al posar mi atención en lo dicho por el profeta Daniel acerca del anti-Cristo. Leía en el verso 38 del capítulo 11, que este hombre de pecado (como lo llama el apóstol Pablo) tendrá una adoración específica:

«En su lugar honrará al dios de las fortalezas, un dios a quien sus
padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, piedras preciosas y
cosas de gran valor».
Si acudimos a las Sagradas Escrituras, versión Vulgata latina, dice Daniel XI, 38: “Deum autem Maozim in loco suo venerabitur”, es decir, «Y adorarán en su lugar al dios Maozim«.
Investigando me enteré que en la tradición cristiana primitiva Maozim era asociado al  dios del Anti-Cristo.
En el contexto original los estudiosos aseguran que el profeta usó un gentilicio. Es decir que es muy probable que Daniel estuviera describiendo a  toda una etnia o pueblo representada por una sola figura, el nombre de su dios. Vemos, como ejemplo de esto, las sucesivas alusiones bíblicas a Gog y Magog, nombres que con el tiempo fueron adquiriendo tintes sobrenaturales. Dado el contexto de la parte del Libro de Daniel en que aparece, es posible que con «dios Mauzim» se quisiera aludir al culto helenista, que Antíoco Epífanes intentó imponerles a los judíos intertestamentarios.
Escudriñando el texto, averigüé que en el hebreo original el pasaje dice que honrará al dios Mauzim. Este nombre proviene del plural de la palabra «maoz«, que quiere decir «fortaleza«, «torre«, o «minarete«.
Añadir leyenda
Entonces, los ojos de mi entendimiento vieron en lo espiritual al culto religioso que hoy tiene, como principal característica adorar desde torres o minaretes. ¡Sí, tal como Uds. lo dedujeron, estoy hablando del Islam!
Dicen los que saben que la expresión «a quien sus padres no conocieron» es de traducción incierta, y muchos estudiosos aseguran que debería decir «por entonces» en lugar de «a quien sus padres«. Considerando esto último, sabemos por la Historia Universal que el Islam es una religión que nace y se propaga por las naciones desde el siglo VII de nuestra era común, cuando un ángel (de origen bien discernido según 2Corintios 11:14) apareció con el nombre de Gabriel a Mahoma, el Profeta de los musulmanes, trayendo consigo un nuevo evangelio o doctrina: el Corán (Gálatas 1:8).
El profeta Daniel, ya había afirmado lo siguiente:
«Y por su astucia hará que el engaño prospere por su influencia. Él se engrandecerá en su corazón, y destruirá a muchos que están confiados. Aun se levantará contra el Príncipe de los príncipes, Pero será destruido sin intervención humana».
(Daniel 8:25)
El Islam se llama a sí mismo la «la religión de paz«. Usando este paradigma como lema, sus seguidores se presentan a lo largo de las naciones como una propuesta pacificadora de cambios. Sin embargo, cuando se estudia detenidamente sus estrategias proselitistas, encontramos que este lineamiento justifica al engaño respaldándolo como un medio útil para lograr más fieles. Desde esto, el Islam, usando el mismo Corán, autoriza a sus fieles a mentir, fingir y aparentar la paz delante de aquellos que son tildados como paganos respecto a sus creencias.

A modo de ejemplo, los invito a ver este video y escuchando con atención notarán que el contenido esencial del mensaje islámico está lejos de la paz entre los hombres. Las palabras corresponden a un clérigo de Kuwait, Tareq Al-Auwaidan, quien le pidió al grupo terrorista Hamas que no acepte un cese del fuego:

Con todo esto, y observando las distintas noticias de nuestros días, no cabe en el corazón y la mente de los hombres duda alguna: ¡El fin de la ira del Señor contra su pueblo se acerca, así es como el final de su paciencia para con sus enemigos! Si queremos escapar de la ruina de los infieles e idólatras, la persecución supersticiosa y cruel, así como de todo lo profano que hoy inunda las naciones, hagamos de los oráculos del Eterno Dios, nuestro estándar de la verdad y de Su Torah (Instrucción), el fundamento de nuestra esperanza, y la luz de nuestro camino a través de este mundo de tinieblas. De ese modo aseguraremos con fundamentos nuestra peregrinación a la herencia gloriosa que tenemos en Yeshúa HaMashiaj.

¿Existen los «libros perdidos» de La Biblia?

Todos los santos escogidos de Yahvéh sabemos que las Sagradas Escrituras (La Biblia) de por sí son una recopilación de los libros redactados por aquellos siervos llamados por el Eterno Dios para que Su llamado de Salvación pueda llegar a todos los seres humanos y así reposicionarlos en Su Propósito Eterno.
Últimamente, se está haciendo común oír hablar de los famosos “libros perdidos” de la Biblia. Dicha expresión se aplica a un conjunto de escritos que, al parecer, existían antes de que ésta se compusiera, y en los que se basaron los autores bíblicos para redactar sus obras. Hoy, lamentablemente, dichas obras han desaparecido, y resulta imposible saber qué es lo que decían. Sin embargo, sabemos de la existencia de estos libros porque la misma Biblia los menciona. El Antiguo Testamento nombra 21 de ellos, en un total de  más de 50 citas bíblicas.
Muchos grupos esotéricos de la actualidad, han salido por el mundo, a través de los distintos medios a aprovechar la mención de estos libros para causar confusión en las masas y sembrar en los seres humanos la duda en cuanto a la inspiración divina de Las Escrituras bíblicas. Estas diversas sectas especulan con que tales libros escondían información sobre civilizaciones secretas, ciudades misteriosas y culturas fantásticas, información que hoy, según dicen, puede descubrirse oculta en el trasfondo de los relatos bíblicos. Otros, en cambio, se valen de estos “libros perdidos” para desacreditar la Biblia; como es el caso de Orson Pratt, uno de los fundadores de los mormones, que en 1852 denunciaba que la Escritura “no contiene la verdad completa, porque varios de sus antiguos libros sagrados se han extraviado”.
¿Existieron estos “libros perdidos”? 
Primeramente, debemos entender que no hay “libros perdidos” de la Biblia, ya que dicha expresión permite el equívoco que conduce a pensar en la existencia de libros que fueron quitados de la Biblia. Entendemos que hay muchas leyendas y rumores sobre libros “perdidos,” pero ninguna de estas historias es verdadera.
Cada libro que el Eterno Dios designó e inspiró para estar en la Biblia, está hoy en ella. Hay literalmente cientos de libros religiosos que fueron escritos en el mismo período de tiempo que los libros de la Biblia. Algunos de estos libros contienen relatos verdaderos sobre cosas que realmente ocurrieron (1 Macabeos por ejemplo). Algunos de ellos contienen buena enseñanza espiritual (La Sabiduría de Salomón por ejemplo). Sin embargo, estos libros no fueron inspirados por el Espíritu de Dios. Si leemos cualquiera de estos libros, los apócrifos por ejemplo, debemos tratarlos como libros históricos falibles, no como la inspirada e inerrante Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17).
Entendiendo todo lo hasta aquí explicado, veamos cuáles eran algunos de estos libros y dónde se les menciona.
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El primero y más antiguo es el llamado «Las Guerras de Yahvé» (Núm 21: 14). Es el único que figura en el Pentateuco. Parece que fue una antigua colección de poemas sobre diversas batallas de los israelitas contra sus enemigos. También sería la fuente de algunos poemas como «La Canción del Mar» (Ex 15: 1-18), la «Canción de Miriam» (Ex 15: 21), la Canción de Moisés (Dt 32) y la Canción de Débora (Jue 5).
En la historia deuteronomista (Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes), se citan otros cuatro libros perdidos: «El Libro de Yashar» o «Libro del Justo» (Jos. 10: 12-13; 2 Sm. 1: 19-27 y 1 Re. 8: 12-13); «Los Hechos de Salomón» (1 Re. 11: 41); «Las Crónicas de los Reyes de Israel» (1 Re. 14: 19); y «Las Crónicas de los Reyes de Judá» (1 Re. 14: 29).
En la llamada historia cronista (Crónicas, Esdras y Nehemías), se nombra: «Los Hechos del vidente Samuel» (1Sam. 10:25; 1 Cro. 29: 29; 2 Cro. 9: 29); «El Libro de las Palabras de Jehú» (2Cro. 20:34); «El registro de las Crónicas del rey David» (1Cro. 27:24);   «Los Hechos del vidente Gad» (1 Cro 29: 29); «Las Profecías de Ajías de Silo» (2 Cro. 9: 29); «Las Visiones del vidente Idó» (2 Cro 9: 29; 2 Cro. 12: 15); «Los Hechos del profeta Shemaías» (2 Cro. 12: 15); «El Comentario del profeta Idó» (2 Cro. 13: 22); «El Comentario del libro de los Reyes» (2 Cro. 24: 27); «El Libro de los Hechos del Rey Uzías» (2 Cro. 26: 22); «Los Hechos de Jozay» (2 Cro. 33: 19); «Las Lamentaciones» (2 Cro. 35: 25); «El Libro de las Crónicas» (Neh. 12: 23); «Las Palabras de los Videntes» (2Cro. 33:19); «El Libro de las Memorias de las Cosas de los Tiempos» (Ester 2:23; 6:1); «El Libro de los anales de los reyes de Media y de Persia» (Ester 10:2).

Finalmente, podemos agregar como dato temático que en los libros de Los Macabeos se mencionan los dos últimos libros perdidos de la Biblia. El primero es «Las Memorias de Nehemías» (2 Mac. 2: 13) y «Las Cartas de los Reyes sobre las Ofrendas» (2 Mac. 2: 13). No sabemos si eran «libros» en el sentido moderno de la palabra, o simplemente colecciones orales transmitidas de generación en generación por los israelitas.

Lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento. San Pablo cita el libro «Fenómenos«, del poeta griego Arato (Hch. 17: 28). En su Carta a los Corintios (1 Cor 15, 33) menciona la famosa comedia Tais, del escritor ateniense Menandro (siglo IV a.C.). La Carta a Tito (Tt 1: 12) hace referencia a los Oráculos, del poeta cretense Epiménides (siglo VI a.C.). Y san Lucas menciona que el gobernador Festo escribió una carta al emperador romano acusando a san Pablo de criminal (Hch 25: 26).Sabemos que el apóstol Pablo escribió epístolas que no fueron colocadas en el canon escritural. Por ejemplo, existió una epístola anterior de Pablo a los corintios. Aparentemente esta carta contenía instrucciones de cómo comportarse con la gente de mala voluntad. A esta epístola se la menciona en 1Corintios 5:9, en dónde leemos: «Os escribí en carta que no os mezclarais con los fornicarios«.

Otra epístola de Pablo a los efesios. Esta carta es mencionada, aparentemente en Efesios 3:3, cuando el apóstol les dice: «que, según revelación, se me manifestó el misterio, según antes he escrito en breve«.

Existe una carta de Pablo a los laodicenses. Ésta es mencionada en Colosenses 4:16, cuando el apóstol expresa: «Y cuando hayáis leído esta epístola, haced que sea también leída en la iglesia de Laodicea, y la que recibiréis de Laodicea, leedla también vosotros«.

En la epístola de Judas encontramos la mención al libro «Las profecías de Enoc«. Este libro profético, es citado brevemente por el hermano de nuestro Señor cuando escribe: «De ellos también profetizó el séptimo desde Adán, Henoc, cuando dijo: “He aquí que viene el Señor con sus santas miríadas para ejercer un juicio contra todos y convencer a todos los impíos de todas las impiedades que cometieron y de todas las crudezas que contra El hablaron los pecadores impíos” (Jd. 1:14-15).Ahora bien, ninguno de estos libros mencionados ha sido nunca un libro «bíblico», que tuviera una relevancia cultural en las comunidades de creyentes, sino literatura que los autores bíblicos conocían y citaban, porque tenía datos que les resultaban útiles o interesantes para sus obras, pero no los consideraban inspirados por Dios. Si hubiesen creído que estos libros eran sagrados, los hubieran preservado completos y no solo la referencia fragmentada de algunas frases o párrafos.Por lo tanto, entendemos que cuando la Biblia cita un libro antiguo, no es para canonizarlo, ni porque reconozca en él una inspiración divina, sino simplemente para referir una idea que en él había, y que era oportuna para los lineamientos inspirados, nada más. Otras veces lo hace para contarnos de dónde tomó el autor el material de su obra.

En consecuencia, el hecho de que no se hayan conservado hasta hoy no significa que la Biblia esté incompleta. La Escritura, tal como la conocemos, está completa. No le falta ninguna obra. Ella tiene el poder, la fuerza, el vigor y la energía capaz de transformar a cualquier persona. En todo caso, lo único que le falta a la Biblia es que nosotros la leamos, creamos en ella y vivamos sus enseñanzas.

¡El Nombre de Dios por fin Revelado!

 Por David Nesher

«Por eso, he aquí que en este tiempo les mostraré y les daré a conocer mi mano y mi poderío. Entonces sabrán que mi nombre es Yahvéh». 
(Jeremías 16:21 _ Versión de la Biblia “Peshitta en español”, traducción de los antiguos manuscritos arameos)

Es importante recordar que cada promesa profética era dada por el Eterno Dios refiriéndose, la mayoría de las veces, a la temporada que el Mesías inauguraría. El versículo citado arriba, testifica, según Jeremías, menciona un tiempo en el que el pueblo de Israel conocería el poderío completo de Yahvéh contemplando su mano. ¿Qué significaba proféticamente esto? ¿Qué relación tiene con la misión del Mesías de revelar plenamente al Eterno Dios?La palabra SEÑOR (LORD), representa toda en mayúscula en la mayoría de las Biblias en inglés, es conocido Como el “Tetragramaton”, y expresa la combinación de estas letras hebreas  Este nombre tiene incontables miles de años de antigüedad,  es nombre más sagrado del Eterno Dios dado a Moisés en el arbusto llameante, el que la mayoría de traducciones al inglés ponen como YO SOY,  las letras hebreas suenan así:  Yud, Heih, Vav y nuevamente Heih (YHVH)

Yud, Heih, Vav, Heih es además el Nombre olvidado de Dios, el cual los estudiosos judíos y los investigadores dicen, tiene un significado y una pronunciación que se perdió,  porque sus ancestros rechazaron pronunciarla en voz alta desde más o menos una generación antes de la destrucción romana del templo de Jerusalén.

Hoy, Yud, Heih, Vav, Heih es más a menudo pronunciado como Yahvéh cuando es dicho o escrito por cristianos y otros. Es interesante agregar que con todo este conocimiento actual y certero, todavía no es pronunciado en voz alta por los judíos ortodoxos.
Sepan que la pronunciación “Jehová” es una forma más antigua y totalmente incorrecta de estas letras, originada con los primeros traductores alemanes del idioma hebreo y sus sonidos, de ahí el sonido más dramático de “Jehová

Investiguemos el significado ideográfico de las letras hebreas YudHeihVavHeih. El ideograma es un símbolo que representa una idea, como los símbolos masculino y femenino que se pueden ver en las puertas de los baños públicos. Las letras hebreas han tenido significados ideográficos desde tiempos ancestrales.

Existen varios significados ideográficos para cada una de las letras. Aleph, por ejemplo, la primera letra del alfabeto hebreo, puede significar “Buey o “Toro”. Bet, la segunda letra del alfabeto hebreo representa la palabra “Casa”o “Tienda”, pero en cada caso,  las ideas representadas por cada una de las letras, están íntimamente emparentadas,

Con todo esto en mente, usando los significados ideográficos de “YudHeihVavHeih”, aceptados más comúnmente por estudiosos judíos a través de los siglos, la traducción de las letras “YudHeihVavHeih”, (YHWH) del nombre sagrado del Eterno Dios, simbólicamente hablando pueden traducirse exactamente como:
  • Yud = la mano,
  • Heih =  una ventana o significa “contemplar o mirar«, y
  • Vav el clavo,

Teniendo esto en cuenta puede verse que simbólicamente hablando, la combinación de estas letras puede ser traducida exactamente y con toda seguridad como: “Contemple la mano, contempla el clavo” o “Mire la mano, mire el clavo”.

Cuando consideramos que Yeshúa o “Jesús”, en hebreo este nombre significa: “Yahvéh es nuestra salvación”, entonces el significado es incluso más rico, a través de Jesús,  pues Yahweh facilitó nuestra salvación,  si no lo creéis, “Contemple la mano, contemple el clavo” cuando crucificaron a Jesús de Nazaret el hijo de Dios, el Mesías prometido.

Por último, estudiaremos la señal que Poncio Pilato hizo colocar por encima de la cruz de Jesús:

 «poner sobre su cabeza su acusación escrita contra él «
(Mateo 27:37)

 El cartel se escribió en tres idiomas (hebreo, griego y latín) Lo escrito en hebreo era leído así: « Yeshua HaNatzerat VaMalech Hayehudim«, o «Yeshúa de Nazaret, Rey de los Judios«. Consideraremos la primera letra de cada estas cuatro palabras hebreas:

YODY – eshua,
HEIHH-aNatserat
VAVV-aMealech
HEIHH-aYehudim

Descubrimos en ellas a el Nombre de Dios (YHVH) y notamos que son parte de un acróstico escondido en la acusación en contra de Jesús son los mismos = YOD, HEY, VAV, HEY – YHWH, el nombre revelado de Dios a Su Pueblo Israel.

¡YHVH reveló su poderío en la obra mesiánica de la redención sobre la cruz del Gólgota!

A continuación los invito a ver un VIDEO que permitirá compartir esta enseñanza:

El Nombre Secreto de Dios revelado from Monte Santo on Vimeo.

¿Qué es un Pacto para el Eterno Dios?

Las Sagradas Escrituras revela que al Eterno Dios le ha placido establecer Pactos con los hombres.

 Si consultamos una concordancia bíblica, se verá que la palabra pacto ocurre con frecuencia tanto en los libros de la Antiguo Alianza como en el Nuevo Pacto. Se usa para indicar las relaciones entre el Eterno Dios y el hombre, entre el hombre y hombre, entre nación y nación. Algunos ejemplos los hallamos en los siguientes pasajes: (Gén. 21:31-32; Gén. 26:28;1 Sam. 18:3-4; Oseas 12:1).

 Existe un modelo con respecto a los Pactos hallados en la Biblia. Básicamente, tal modelo es como sigue:
  1. La parte que toma la iniciativa se describe a sí misma y lo que ha hecho.
  2. Posteriormente viene una lista de obligaciones mutuas entre las partes que intervienen.
  3. Finalmente, está la sección que trata de las recompensas y castigos relacionados con el cumplimiento o el quebrantamiento del Pacto.

Los pactos son la forma como Dios se comunica con nosotros, nos redime y garantiza la vida eterna en el Mesías.

 Naturaleza de los pactos.

 Hay ciertos hechos que deben observarse en relación con los pactos en los cuales Dios ha participado.

1. Primero que todo, estos pactos son pactos literales y deben interpretarse literalmente.
2. En segundo lugar estos pactos son eternos. Todos los pactos de Israel son llamados eternos, excepto el pacto Mosaico que se declara temporal, esto es, que continuaría sólo hasta la venida de la simiente prometida (Gál. 3:19, 23-26).

El Pacto Abrahámico se llama «eterno» en Génesis 17:7,13,19; 1 Cró. 16:16-17; Sal. 105:8-11; el Pacto Davídico se llama «eterno» en 2 Sam. 23:5; Isaías 55:3; y Ezeq. 37:25; y el Nuevo Pacto se llama «eterno» en Jer. 32:40; 50:5; y Heb. 13:20. Estos pactos fueron hechos con un pueblo de pactos, Israel. En Romanos 9:4, Pablo declara que la nación de Israel había recibido pactos del Señor. En Efesios 2:11-13, él declara, a la inversa, que los gentiles no han recibido ninguno de tales pactos y por consiguiente no gozan de las relaciones de esos pactos con Dios. Estos dos pasajes nos muestran negativamente que los gentiles no gozaban de las relaciones de esos pactos y, positivamente, que el Eterno Dios había entrado en relaciones de pactos con Israel. Pero en Cristo, los gentiles han llegado a ser participantes del Nuevo Pacto (Pacto Renovado), y por consiguiente; de las bendiciones del mismo.

La palabra Pacto se traduce en los libros de la Antigua Alianza del término hebreo Berit comparable al del vocablo legal moderno de «Contrato»y «Alianza» o bien un compromiso, un acuerdo.

Dicha palabra hebrea para pacto proviene de una raíz que significa «él cortó». Al parecer Berit viene de la costumbre antigua del cercano oriente de cortar o dividir un animal en sacrificio para ratificar un pacto. Era costumbre cortar al animal en dos o tres partes. Una parte se quemaba en honor del dios, y otra parte se consumía en una comida en celebración del pacto. El libro de Génesis (Bereshit), en su capítulo 15, describe un rito de este tipo. También se menciona el mismo rito en el capítulo 24 del libro de Éxodo (Shemot). En este caso se describe con toda claridad el sacrificio y la comida celebratoria. En ciertos tratados celebrados con vasallos en el antiguo Cercano Oriente se establece que el vasallo está obligado a visitar al gran Rey anualmente con el fin de renovar el pacto. Aunque las Escrituras Hebreas no son claras en cuanto a esto, es muy probable que la misma costumbre prevaleciera en Israel. Es posible que los israelitas se juntaran en ocasión de cierta fiesta (de año nuevo) para renovar el pacto.

La práctica de cortar el animal en trozos se menciona en Jeremías 34:18 y 19 en estas palabras: «Haré que los hombres que traspasaron mi alianza y que no han cumplido las palabras del convenio que hicieron en mi presencia, [sean] como el becerro que cortaron en dos partes para pasar en medio de las mitades: A los oficiales de Judá y de Jerusalén, a los funcionarios, a los sacerdotes y a todo el pueblo del país que pasaron entre las partes del becerro».

El Diccionario de Vine dice sobre «Pacto»: El verbo más común es «cortar» [hebreo karat] un pacto, que siempre se traduce como en Gn. 15:18 «YHWH hizo un pacto (una alianza) con Abraham». Este uso parece derivarse de la ceremonia descrita en Gn. 15:9-17 (cf. Jer. 34:18), en la que YHWH se aparece como «una antorcha de fuego que pasaba por entre las mitades» (Gn. 15:17). Todos estos verbos aclaran que en todos los casos la iniciativa es de YHWH; Él es quien establece y cumple los pactos. «Pacto/alianza» es un término paralelo o equivalente a los vocablos hebreos dabar palabra»), joq estatuto»), piqqudpreceptos», Sal. 103:18 lba), edahtestimonios» Sal. 25:10), torahley» Sal. 78:10) y jesed («misericordia» Dt. 7:9). Estos términos enfatizan la autoridad y la gracia de YHWH en establecer y cumplir con el «pacto», a la vez que señalan la responsabilidad humana bajo el.

 Clasificación de los Pactos.

Los Pactos de Dios contenidos en la Biblia se clasifican en dos clases: aquellos que son condicionales y los que son incondicionales.

Un Pacto Condicional es uno en el cual la acción de Dios es en respuesta a alguna acción de parte de aquellos a quienes va dirigido el Pacto, lo cual garantiza que Dios hará su parte con absoluta certeza cuando se satisfacen los requisitos humanos. Pero si el hombre fracasa, Dios no está obligado a cumplir con su parte del Pacto.

Un Pacto Incondicional, mientras que no puede incluir ciertas contingencias humanas, es una declaración de cierto propósito del Eterno Dios, y las promesas de un Pacto Incondicional serán ciertamente cumplidas en el tiempo y a la manera de Dios. Un Pacto Incondicional se distingue de uno condicional por el hecho de que su cumplimiento esencial es prometido por Dios y depende del poder y la soberanía del propio Dios.

Desde todo esto podemos estar seguros y convencidos de que todo lo que el Eterno Dios se ha comprometido a hacer por medio de dichos Pactos, Él lo hará con toda la perfección de su infinito Ser.

En todos los casos Yahvéh toma la iniciativa: no se trata de un acuerdo entre partes iguales; el Eterno establece los términos. Los da a conocer y sólo Él garantiza su cumplimiento. Los seres humanos disfrutan de las bendiciones del Pacto en tanto obedezcan y cumplan los mandatos del Eterno Dios.

«Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos»

 

(Salmo 119:173)

Daniel, las bestias y el rastro de la Serpiente en la Historia Humana

P.A. David Nesher
Comenzaré haciéndole a Ud., amigo lector, una pregunta: ¿le gusta resolver enigmas? Si su respuesta ha sido positiva, seguramente su gusto, si es que no es pasión, se fundamenta en que para ello hay que buscar pistas que conduzcan a la solución escondidas en los distintos códigos y símbolos del enigma. Y esta sí que es la misión única y propia del espíritu humano.
Seguramente Ud. debe saber que desde tiempo inmemorial, el hombre ha observado las características y costumbres de los animales y las ha aplicado en un sentido figurado o simbólico a personas, pueblos, gobiernos y organizaciones. Así ha usado a las bestias como analogías de enigmas muchos más profundos escondidos en dichas estructuras humanas. La Biblia, considerando esta pasión humana por solucionar enigmas desde metáforas con animales, también usa este eficaz medio de ilustración.
Bestias usadas como símbolos de gobiernos a lo largo de la Historia Humana. 
La forma aramea (jêwâz) usada en Daniel describe las bestias -como representaciones de los poderes mundiales en conflicto con el pueblo de Dios (v 17)- cuyas características servían como identificaciones efectivas de las actitudes y del papel de los poderes civiles y eclesiásticos (Dan. 7.17, 23; Ap. 13.1).
En el registro bíblico se mencionan algunas destacadas potencias mundiales de la historia, y todas ellas, al igual que otras naciones, han usado animales como símbolos de sus gobiernos. En Egipto, la serpiente ocupó un lugar relevante. Por ejemplo, el ureus, el áspid sagrado, aparecía en el tocado de los faraones. Sin embargo, también se usó el toro para representar a Egipto, así como a Asiria. Medo-Persia empleó el águila (los escudos de los medos llevaban el águila dorada; los persas llevaban un águila fijada a la punta de una lanza). El mochuelo representó a Atenas, y a Roma, el águila. Hoy se representa a Gran Bretaña con un león, y a Estados Unidos, con un águila. Desde los tiempos más remotos, se ha simbolizado a China con el dragón. También resulta familiar el “oso” ruso y el “águila bicéfala” alemana.
VISIONES DE LAS CUATRO BESTIAS (Daniel 7:1-3)
El libro bíblico de Daniel contribuye mucho a descifrar el significado de las bestias simbólicas.
El capítulo 7 contiene una gráfica descripción de “cuatro enormes bestias”: un león, un oso, un leopardo y un monstruo espantoso con grandes dientes de hierro (Daniel 7:2-7). Daniel nos dice que representan “reyes”, o gobiernos políticos, que se suceden unos a otros en la dominación de grandes imperios (Daniel 7:17, 23).
Los distintos hermeneutas y exégetas bíblicos afirman que las bestias descritas representan reinos o gobiernos políticos en el ejercicio de su poder y autoridad. (Da 7:6, 12, 23; 8:20-22; comparar con Ap.16:10; 17:3, 9-12.) Un examen de los pasajes bíblicos revela que mientras que estas ‘bestias salvajes’ políticas difieren en su apariencia simbólica, tienen, no obstante, ciertas características en común. Todas se oponen al Gobierno de Yahvéh sobre la humanidad por medio del reino mesiánico. También se las representa en oposición a los “santos” de Dios, es decir, su pueblo: primero la nación de Israel (y sus dos casas) y después la congregación de primogénitos de Sión (la Nueva Jerusalén). Los reinos mencionados específicamente por nombre (Medo-Persia y Grecia) fueron potencias mundiales importantes. Los otros reinos tampoco debieron ser de menor importancia, como se infiere del tamaño que se les atribuye o de los hechos que se les imputan. (Ha de notarse que los reinos subordinados se simbolizan en algunos casos con cuernos.) A todas las bestias se las representa muy agresivas, buscando la posición dominante sobre las naciones o pueblos que se hallaban a su alcance. (Compárese con Dan. 7:17, 18, 21; 8:9-11, 23, 24; Ap. 13:4-7, 15; 17:12-14.)
Algunos intérpretes intentan limitar el cumplimiento de las visiones de las bestias del libro de Daniel de tal manera que no se extienda más allá del tiempo en que Jesucristo estuvo en la Tierra, cuando el Imperio romano era la potencia mundial dominante. No obstante, las mismas profecías indican con claridad que su cumplimiento se extiende más allá de esos días históricos. Por ejemplo, se dice que las últimas bestias siguen en existencia hasta la ‘llegada del tiempo definido para que los santos de Dios tomen posesión del Reino’ en el “señalado tiempo del fin”. Es entonces cuando el Mesías destruye para siempre esta oposición bestial (Dan. 7:21-27; 8:19-25; compárese también con Ap. 17:13, 14; 19:19, 20.)
Para finalizar, señalaré que Cristo Jesús predijo de manera explícita que la oposición al reino mesiánico continuaría hasta el tiempo del fin, de modo que los discípulos que entonces predicaran ese Reino serían “objeto de odio de parte de todas las naciones”. (Mt. 24:3, 9-14.) Es obvio que esto no da lugar a que ninguna nación quede excluida, y menos las potencias mundiales, de una posible identificación con las formas o expresiones finales que adopten estas bestias salvajes simbólicas.
Es una aventura de fe maravillosa dejarse  guiar por el Santo Espíritu de Yahvéh en el descifrado de los códigos proféticos que se encuentran bajo el enigmas de estas bestias proféticas. Lo invito a meterse diariamente en esta búsqueda sagrada.
Su Paz (Shalom) sea con Ud., su vida y su familia.

La Biblia y sus exactitudes científicas

«Toda escritura es la palabra de Dios»
(2Timoteo 3:16)
Entendemos claramente que la Biblia no es un tratado científico, pero cuando toca aspectos de este tipo se destaca no solo por lo que dice, sino también por lo que no dice.
Aunque se trata de un libro antiguo y toca muchos temas, la Biblia no contiene inexactitudes científicas.
La Biblia no es un libro de Ciencia, sino un libro de fe, para fortalecer la fe. Por lo tanto, la Biblia jamás es confirmada por la Ciencia, mas bien, la ciencia es confirmada por algunas declaraciones de la Biblia.
Numerosas declaraciones encontradas en el Libro de Dios han sido halladas científicamente exactas. Si esto sucede así, ¿Qué debiéramos pensar? ¿Fue la Biblia  escrita por un conjunto de científicos? ¡Absolutamente No!. Los aproximadamente cuarenta hombres que tomaron parte en su composición, escribieron bajo diferentes periodos de tiempo, todos ellos con notable antigüedad. El más reciente escribió su porción entre el año 95 o 100 D. C. Todavía muy lejos de nuestra era científica-espacial-cibernética. Ellos no tomaron una educación formal académica de ninguna clase. Ni la mejor de su propio tiempo. Sus ocupaciones incluyen el pastoreo, la pesca rudimentaria, el único mas destacado fue médico. Pero nadie absolutamente alcanzó la “cumbre” intelectual de las famosas universidades de nuestro tiempo. ¿De donde, pues, estos hombres sencillos obtuvieron la percepción y claridad mental para escribir lo que la Ciencia moderna ha alcanzado a revelar después de cientos de años de duro esfuerzo e investigación.
La única respuesta que puede ser lograda después de un razonamiento sobrio es que la Mente que les guío a escribir la Palabra escrita revelada (2 Cor.2:16; 2 Ped.1:21). es la misma mente que les reveló el anticipado conocimiento de estas numerosas afirmaciones las cuales podemos leer en las páginas de la Biblia:
Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Dan.2:28)
“Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mi no hay Dios… Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir… No hay Dios sino yo, No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isa.44:6-8).
Cómo vemos solo un Ser auto-existente, trascendente y omnisapiente puede ser la causa de estas verdades. Las siguientes y asombrosas declaraciones son puestas para nuestra consideración. La exactitud con relación a los descubrimientos científicos es una evidencia mas de la validez de la Revelación e Inspiración de la Biblia como Palabra expresa de nuestro Creador.
Volvemos pues a recordar lo dicho al principio: la Biblia no es un libro científico, sino que es el libro de la fe, pero también es cierto que cuando trata asuntos científicos es exacta y acorde a la ciencia probada. Veamos algunos ejemplos en el cuadro que a continuación se publica:
exactitud científica de la Biblia

Las Tres Reglas de la Fe (Emunah)

La fe (en hebreo: emunah) es una convicción innata que el Eterno otorga en Su gracia benevolente a sus hijos (Efesios 2: 8; Heb. 11:1). Es una percepción extrasensorial de la verdad que trasciende la razón, más que evadirla. Así, la sabiduría, el entendimiento y el conocimiento pueden mejorar la genuina emunah, pero jamás conformarla.
 

Pero la más grande vitamina que uno puede proveerle a la emunah es simplemente el ejercicio. De hecho, en hebreo, la palabra “artesano” se dice umán (que deriva de la misma raíz que emunah), porque esta persona practicó su artesanía una y otra vez hasta que se volvió para ella algo natural. De la misma manera, la emunah crece y se profundiza a medida que uno se va acostumbrando a ver todos los fenómenos de la vida como manifestaciones de la presencia y la gloria del Creador. Sin embargo, la emunah se fortalece muchísimo más cuando es puesta a prueba y logra pasar esas pruebas y, mucho más, al sacrificar cosas en la vida en aras de tu emunah.

 
La expresión emunah (fe obediente) en verdad debe traducirse como certeza o convicción que produce confianza (hbr. Bitajón).En el concepto hebreo no existe ni la «fe ni el creer«, como se entiende en el occidente greco-romano, sino solo la lealtad, fidelidad, o firmeza en la verdad.
 
 
Desde esta concepción hebrea se entiende que la fe obediente se divide en tres niveles principales que denominamos las “Tres Reglas de la Fe”:
 
 
1) El nivel básico de la fe – Siempre asegura: “Así el Creador quiere”. Se trata de la firme creencia que todo lo que al hombre le sucede proviene del Creador quien ejerce Su perfecta Supervisión sobre cada una de las circunstancias, inclusive en el más pequeño y aparentemente insignificante acontecimiento.
 
 
2) El nivel intermedio de la fe – Siempre confiesa: “Todo es para bien”. Se trata de la firme creencia que la Supervisión del Creador es siempre y sólo dirigida hacia el bien, y de por sí, todo lo que le sucede al hombre y todo lo que le sucederá – “Todo es para bien” tal como lo asegura Romanos 8:28.
 
 
3) El nivel superior de la fe – Siempre consulta: “¿Qué quiere el Creador de mí?”. Se trata de la firme creencia que hay un objetivo específico en cada cosa que el Creador hace, y por lo tanto, el hombre debe buscar cómo conocer y conectarse al Eterno y Todopoderoso Dios en todo lo que le sucede.
 
 
Estos tres niveles son realmente una sola cosa ya que la fe es una totalidad. Simplemente, la fe es la convicción que “No hay nada más fuera de Él” (Deuteronomio 4:35), y todo lo que sucede en el Universo está bajo Su Supervisión Individual. Debido a que la razón principal del Creador al crear el universo es otorgar Su Bondad a todas Sus criaturas, todo lo que Él hace es para bien. El Creador no hace nada arbitrariamente, cada una de Sus obras tiene una específica razón fundamental y un objetivo: enseñar a las criaturas a conocerlo y conectarse a Él por medio de un ser humanos redimido y mesiánico.

https://youtu.be/OCpFFVJTItY

¿Qué era el Atrio de los Gentiles?

Primeramente señalaré que el término «gentiles/paganos» proviene del latín gens, de donde proviene la expresión «gentil«. Esta palabra, usada por los patricios de Roma, daba la idea de «nación extranjera» en contraposición al pueblo romano, (populus romanus). También añadiré que «gentil» o «pagano» es la traducción del hebreo goi/goyim, que aparece 561 veces en el Antiguo Testamento, y del griego ethnos/ethnê, que aparece no menos de 162 veces en el Nuevo Testamento. Ambas expresiones (la hebrea y la griega) significan «los que son del mar de gente«.
Ahora, los invito a considerar la estructura y disposición del Templo de Jerusalén, particularmente en los tiempos de Yeshúa, que es cuando el atrio de los gentiles funcionaba.
Todos ustedes saben que el primer Templo, construido por Salomón en el año 950 a.C., fue destruido por los babilonios en el año 586 a.C.
A su regreso del exilio en Babilonia, los judíos levantaron otro más pequeño, entre el 520 y el 516 a.C.
En estos dos momentos del Templo de Yahvéh no había ningún atrio de los gentiles en los planos arquitectónicos que el Eterno Dios suministró para el templo de Salomón ni en el de la visión de Ezequiel; tampoco había ninguno en el templo que reedificó Zorobabel.
El atrio de los gentiles fue edificado por Herodes el Grande, un rey edomita (descendiente de Esaú o Edom), que pretendía glorificarse y ganarse el favor de Roma, la autoridad imperial que lo había colocado como rey de los judíos por imposición.
Entre los años 20 o 19 a.C., el rey Herodes dio inicio a los grandes trabajos de renovación, casi de reestructuración, del Templo de Jerusalén, el segundo, el que fue construido después del exilio.
El historiador judío Josefo nos cuenta en su libro «Antigüedades«, que al comienzo de la obra fue necesario contratar a 10.000 obreros laicos (canteros, carpinteros, plateros, orfebres, fundidores de bronce…) y 1.000 sacerdotes adiestrados en albañilería para encargarse de los trabajos de construcción de los recintos sagrados ya que para los laicos estaba prohibido pisar esos lugares.
 El nuevo Templo resultaba grandioso. Tenía la misma estructura básica del Templo de Salomón, pero era mucho más grande era la grandeza indescriptible de mármol y oro. Construido sobre los planos del primero, de piedra blanca, realizado con placas de oro, se erguía en el centro de una explanada de 480 metros de largo por 300 metros de ancho, cubierta de mosaicos de colores, desde la que se domina toda la ciudad con sus pórticos de soberbias columnas de mármol, despertaba la admiración de todo el Mediterráneo.
Su estructura básica fue concluida después de diez años. El Templo de Herodes era tolerado por los judíos, dado que tenía señales visibles de la presencia pagana. A la fortaleza Antonia , en su esquina noroeste, era donde los sacerdotes iban a buscar sus vestimentas sagradas. Allí residía el procurador romano, y se alojaba también la guarnición romana. Además de eso, su construcción de estilo helenístico no ayudaba a su plena identidad judaica. El Templo, como veremos, se había convertido en un instrumento ideológico-religioso de la dominación económica, social y política romana.
Además de las áreas reservados a los miembros del pueblo de Israel (hombres, mujeres, sacerdotes) en este templo había un espacio en el que todos podían entrar, judíos y no judíos, circuncisos e incircuncisos, miembros o no del pueblo elegido, personas educadas en la Ley y personas que no lo eran. Aquí se reunían rabinos y maestros de la Ley dispuestos a escuchar las preguntas de la gente sobre el Eterno Dios, y a responder en un intercambio respetuoso y misericordioso. Este espacio era el atrio  de los gentiles o paganos, en latín el atrium gentium, un espacio que todos podían atravesar y en el que podían permanecer, sin distinciones de cultura, lengua o profesión religiosa, un lugar de encuentro y diversidad. Era una zona que Herodes hizo construir para congraciarse con los romanos.
Había que pasar por varios atrios o terrazas para llegar al edificio central, que era el santuario en sí. Cada uno de esos sucesivos atrios tenía un mayor grado de santidad. Entonces las terrazas incluían tres atrios:
  • El primero accesible a todos se llamaba el Atrio de los Gentiles contaba con hermosos pórticos que se llamaban Pórtico de Salomón y Pórtico Real. El primer pórtico era el lugar dónde el Mesías, y más tarde la comunidad apostólica de Jerusalén, acostumbraban a juntarse para adorar al Eterno Dios:  “Y Jesús andaba en el templo por pórtico de Salomón”(Jn. 10:23). “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (Hechos 3:11). Lo utilizaban los muchos gentiles incircuncisos que deseaban hacer ofrendas al Eterno Dios de Israel.
  • El segundo atrio, llamado Atrio Interior era reservado para los judíos que se congregaban para adorar en las distintas convocaciones divinas. SE se dividía en dos partes: El Atrio de las mujeres y el Atrio de los israelitas o judíos.
  • El tercer atrio, llamado el Atrio de los Sacerdotes era el espacio donde estaba el altar de los holocaustos. En la parte recóndita del edificio estaba el Templo o Santuario con las tres partes tradicionales: el vestíbulo, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.
Cómo podrán notar este Templo en su interior, (a diferencia del Tabernáculo que sólo disponía de un atrio), disponía de «falsos espacios comunes»: el atrio de los gentiles, el atrio de las mujeres y el atrio de los judíos. Estos servían sólo para manejar y contener a las masas, ya que el Eterno Dios había dado instrucciones precisas a Israel de cómo debían tratar a los extranjeros. Si ellos aceptaban formar parte del pueblo de Dios, aceptando las Leyes y mandamientos que les había dado, debían contarlo como uno de ellos (Exodo 12:48; 22:21 y Levítico 19:33-34).
La construcción nos muestra ya una estructuración ideológica, pues el pasaje hacia cada una de estas partes del Templo se hacía subiendo cada vez más peldaños, hasta llegar al santuario, al igual que al Santo de los Santos, lugar de acceso al Sumo Sacerdote, quien en la época de Jesús era puesto y depuesto en diferentes momentos, tanto por Herodes como por los romanos. Con esto el Templo perdió la dignidad del período asmoneo, cuando los sumos sacerdotes eran sucedidos hereditaria- mente.
Aún más. Veáse que la estructura ascendente indicaba que los sacerdotes estaban más próximos a Dios, y por eso ejercían el poder. Se trata de una mitificación religioso-ideológica que legitimaba el statu quo .
Al cruzar el atrio de los gentiles, había un muro de 1,3 m. de alto con espacios abiertos para pasar.
En la parte superior había grandes piedras que llevaban una advertencia en griego y en latín. La inscripción en griego decía: “A ningún extranjero se le permite estar dentro de la balaustrada y del terraplén en torno al santuario. Al que se le encuentre será personalmente responsable de su propia muerte”.
Cuando una chusma atacó en el templo al apóstol Pablo, se debió a que los judíos rumoreaban que había introducido a un gentil dentro de la zona prohibida.
En sentido estricto, este atrio exterior no formaba parte del templo. Su suelo no era sagrado, y cualquiera podía entrar en él. Una serie de columnatas rodeaban el atrio de los gentiles. (Juan 2:13-17; Mt 21:12, 13; Marcos 11:15-18). En el sector del atrio de los gentiles estaba el mercado de animales para el sacrificio y el cambio de monedas para las ofrendas del templo.
Los ciegos, los cojos y los gentiles incircuncisos podían entrar en el atrio de los gentiles y se colocaban preferentemente en este lugar (Mateo 21:14, 15).
Además, fue en este lugar donde Jesús en diversas ocasiones se dirigió con sus enseñanzas a las muchedumbres, y dos veces expulsó a los cambistas y a los comerciantes diciendo que habían deshonrado la casa de su Padre (Mateo 21:12, 13; Juan 2:13-22).Justamente, la purificación del Templo, con la expulsión de los vendedores y cambistas, debe ser vista en el evangelio de Mateo dentro de un orden muy intencional:
1) Mt. 21, 1-11: Jesús, el Rey y Mesías, entra y es aclamado en Jerusalén por el pueblo. Jesús, el Mesías, toma posesión de la ciudad;
2) Mt. 21, 12-17: Jesús, como Mesías y Rey, toma posesión del Templo. La purificación es un acto de posesión, pues un nuevo orden se inicia.El clima es el del Día del Señor, dado que la purificación es seguida de la curación en el recinto sagrado de los ritualmente impuros. En efecto, los ciegos y los cojos son curados, en un verdadero clima apocalíptico; es como si la revelación del Día del Señor ya comenzara a ocurrir.

Lo que era sustentado por la oligarquía religioso-política como puro tiene que ser purificado, por cuanto no lo era. Los hijos de Israel ciegos y cojos, eran clasificados como impuros por los mismos religiosos, y por eso tenían prohibido entrar en el santuario. Ahora ingresan en él y son purificados por el verdadero Señor, Jesús. Es, de hecho, el día de la visitación de Israel, de Jerusalén y del Templo, por el Señor.
El mensaje profético del Mesías es bien claro: el reino de los sacerdotes se ha apropiado de lo sagrado y de la causa del Eterno Dios para servir a sus intereses. Ellos, en nombre de Yahvéh perpetuaron la opresión y el engaño contra el pueblo al que debían servir.

El amado Señor conservará, en esta actitud purificadora y profética,  la plena vigencia la palabra de lo profetizado por Oseas:

 

“Aprende lo que significa: misericordia quiero y no sacrificio”. 

 

Los ojos de Yahvéh sobre sus siervos

“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; el que ande en el camino de la perfección, éste me servirá”. 
Salmo 101:6
Si David habló de esta manera, podemos estar seguros de que el Hijo de David piensa de la misma forma. Jesús busca hombres fieles, y fija Sus ojos en ellos, para observarlos, para sacarlos adelante, para animarlos, y para recompensarlos. Ningún hombre de corazón sincero debe pensar que no es tomado en cuenta; el propio Rey tiene puestos Sus ojos en él.
Hay dos resultados que se derivan de esta noticia real. Primero leemos, “para que estén conmigo.” Jesús lleva a los fieles a Su casa, los coloca en Su palacio, los hace Sus compañeros y se deleita en su compañía. Hemos de ser fieles a nuestro Señor, y Él mismo se manifestará luego a nosotros. Cuando nuestra fidelidad nos cueste más, será más recompensada; entre más furiosamente nos rechacen los hombres, más gozosamente nos recibirá el Señor.
Además, Él dice del hombre sincero, “éste me servirá”. Jesús usará para Su propia gloria a aquellos que desprecian los ardides de la política, y le son fieles a Él, a Su Palabra, y a Su Cruz. Estos estarán en Su séquito real, y serán los honrados siervos de Su Majestad. La comunión y la utilidad son la paga de la fidelidad. Señor, hazme fiel, para que habite contigo y te sirva.

Tomado de «La Chequera del Banco de la Fe». Traducción de Allan Román

La Misericordia divina y su significado en Hebreo

 Será muy beneficioso para nuestra fe comprender el alcance espiritual que tiene la misericordia de Yahvéh cuando se renueva cada mañana (Lm. 3: 22- 23).
Para ello, me remitiré a una nota que leí, escrita desde Israel por el Dr. Eli Lizorkin-Eyzenberg, en el que de una manera sintética explica el alcance significativo de esta palabra en hebreo y las connotaciones espirituales que la misericordia tiene de acuerdo a su etimología hebrea.
Cuando Moisés vio al Eterno Dios por la espalda, oyó también una voz que definió al Dios de Israel como misericordioso:

«Oh Eterno, oh Eterno, Dios piadoso y clemente, lento de ira y grande en misericordia y en fidelidad«

(Ex.34:6)
Necesitamos observar las raíces de esta palabra en hebreo, y de ese modo valorar los vínculos asombrosos que tenemos con Yahvéh.
Por ejemplo, el verbo LeRajem (לרחם), que significa tener piedad o compasión, está relacionado con otras palabras tales como “querido/a, adorable” o “amado/a” (רחים), lo que significa que en el medio semítico, alguien a quien amas es al final caracterizado con misericordia. ¡No se puede amar sin ser misericordioso!
Pero lo más fascinante es que la raíz de la palabra misericordia está relacionada con el embarazo. La palabra hebrea para «útero«, el cual alberga y protege el embrión, desde la concepción hasta el nacimiento, es – Rejem (רחם). Aquí, igualmente, el milagro de la concepción y protección del embrión puede ser definido como misericordia.
Estoy convencido que después de leer esto te atreverás cada mañana al despertar elevar tus plegarias al cielo agradeciendo por aquel poder virtuoso que el Eterno activa cada mañana: Su misericordia.

La Violencia tratada a la Luz de la Biblia

Hacia dónde quiera que nuestra atención apunte, notamos una sola cosa, la agresividad manifestada cada vez más fuerte en los seres humanos de las sociedades actuales y de cualquier sustrato social. Los habitantes de este planeta salen, día a día, a sus actividades cotidianas con una constante actitud defensiva. Esta errada actitud sólo produce un fruto: la violencia. Ésta lo primero se manifestará en las calles de las distintas ciudades y se infiltrará sin permiso en las distintas instituciones que conforma y hasta fundamentan una sociedad: familia, Estado, escuela, etc.
Si acudimos a la Biblia en busca de respuesta este tema nos encontraremos que registra una gran cantidad de textos que señalan la oposición del Eterno Dios a la violencia, ya sea en la familia (doméstica), en la escuela (bullying), o en el trabajo (mobbing).
¿De dónde viene la violencia, según la Escritura?
No viene de Dios. La Creación es un acto de poder, no de violencia. El hombre tiene como misión, entre otras, poner orden en este mundo inacabado, imperfecto. Su dominio sobre el mundo creado tiene por objetivo que reine la paz. Pero la serpiente, HaSatán, el maligno adversario, sugiere al hombre que comiendo del fruto prohibido se hará capaz de rivalizar con el Eterno Dios. Marido y mujer no se ayudan a resistir a la tentación. Al contrario, se arrastran el uno al otro. Se dejan engañar: es el pecado.
La primera consecuencia del pecado es la violencia. Sobre un fondo de rivalidad, Caín mata a Abel. El Eterno Dios quiere parar el ciclo infernal de la violencia: protege a Caín. Pero esta se mantiene viva.
Y llega hasta tal punto que, dice la Escritura, Dios se arrepiente de haber creado al hombre. “La tierra está llena de violencia a causa de los hombres”, le dice a Noé. ¡Que la humanidad tenga un nuevo comienzo, a partir del único justo que Dios encuentra, Noé y su familia! El diluvio engulle pecadores y pecados. Dios no se venga pero no puede dejar indefinidamente que se propaguen el mal, la injusticia, la violencia, el pecado.
Al final, como signo de una nueva alianza con la humanidad, Dios suspende en el cielo un arco que reúne a la humanidad de un extremo de la Tierra al otro. El arco, arma de guerra, se convierte en símbolo de paz. Anuncia una inversión aún más radical: la muerte de Jesús en la cruz como fuente de salvación.
Israel no ha nacido en la violencia. Ha nacido de una llamada de paz: el Eterno Dios llama a Abraham y le hace salir de su país para que se desplace, con su familia y su ganado. Él mismo es un hombre de paz. Intercede ante el Eterno a favor de Sodoma, ciudad gravemente pecadora. En caso de conflicto por la utilización de un pozo en Beerseba, llega a una solución con su rival. Concluye incluso una alianza con él. Es saludado por Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), palabra que significa “paz”.
Pero si Abraham es más bien pacífico, ¿qué decir de Dios? Dios impidió a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio y esta prohibición permanecerá. En Jerusalén, el valle de Gehena está maldito porque reyes impíos creyeron atraer los favores divinos sacrificando a sus hijos e hijas. Dios condena esto, en el profeta Jeremías, “lo cual yo no mandé” (Jeremías 7:31).
El significado de la violencia en las Escrituras y su clasificación.
 

Observaremos, primeramente, que la palabra violencia en hebreo es hamas, interesante dato en días específicos en los que una organización que supuestamente lucha por los derechos palestino ostenta dicho nombre. Notaremos que este término hebreo también puede traducirse como “agravio” o “mal”, según la situación. La idea que esta expresión daba era la de «violencia, injusticia, agresión, brutalidad, atropello«.
En los libros del Antiguo Pacto, la expresión hamas aparece 60 veces y siempre connota algo negativo. Por ejemplo, en Job 16:17 y 19:7 la violencia es revelada como contraria a la pureza y a la
justicia.
Los agentes de hamas son siempre los opresores, los poderosos y privilegiados (Am. 3:10; Miq 6:11-12; Ezq 7:11,19,23-34.).
En los libros de sabiduría todo tipo de agresor será considerado como “malvados” (Prov 24:2), “enemigos” (2 S 22:49; Sal 14:48), “instigadores” (Prov 16:29) y abundantes en “transgresiones” (Prov 29:22); por esta razón, se recomienda no asociarnos con ellos (Prov 22:24). En este contexto, se aconseja no imitar esta clase de actitud (Prov 3:31).
En los libros que conforman el Nuevo Testamento (Pacto) encontramos que para hablar de violencia se usa la palabra griega bía. Con ella se señalará todo tipo de conducta violenta. Ésta únicamente aparece tres veces en Hechos (5:26; 21:35; 27:41).
En todos estos casos bíblicos, “la violencia se manifiesta como amenazadora para la vida del hombre”. Por este motivo, la agresión tendrá un fin (Is 29:20; cf. Ap 21:1-4).
Un elemento muy interesante que registra la Biblia, aplicado en nuestros días en relación al fenómeno social llamado bullying, es el insulto. Cuando el Mesías caminó en la tierra aseveró lo
siguiente:
«Habéis oído que se dijo a los antepasados: “NO MATARÁS” […]
Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y
cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable delante de la corte
suprema; y cualquiera que diga: “estúpido”, será reo del infierno de fuego
«
(Mt. 5:21-22)
Es evidente, al meditar en estas palabras, que el Señor no sólo estaba en contra de la agresión física, sino también de la agresión verbal. Para él, el insulto es un asesinato, un delito. ¡Es la transgresión del sexto mandamiento! (Éx 20:13). Aquella persona que diga algún apodo, magullando a su compañero, recibirá el castigo divino.
Por otra parte, si bien es cierto existe el maltrato, el Eterno Dios promete cuidar de los débiles. Él aborrece al que ama la violencia (Sal 11:5), pero ama a quienes son objetos de agravio (Sal 118:13). En pocas palabras, el Señor protegerá a los desvalidos y castigará a los agresivos. Lo que él desea que hagamos es confiar en él y hablar con las autoridades terrenales. El resto, él lo hará.
Para ir concluyendo este estudio, diremos que la Biblia encuentra su respuesta definitiva al problema de la violencia en el punto central de toda la historia de la Salvación divina: el Mesías en la cruz del Calvario.  Al fin de cuentas, la respuesta del Eterno Dios a la violencia fue la de asumirla en sí mismo y así derrotarla para siempre.  Cristo mismo se insertó dentro de la paradoja del mal y de la violencia y la convirtió en la paradoja de la gracia y la vida.  En la cruz él absorbió la violencia para liberarnos de su fatalidad.  Por eso el león vencedor del Apocalipsis resulta ser un Cordero inmolado (Ap. 5:5-6).  Cuando Cristo rechazó el uso de la espada y le dijo a Pilato que su reino no procedía de ese «mundo», quiso enseñarnos que el reino de Dios no viene por la fuerza sino por la vía de la mansedumbre que Él mismo manifestaría en Su Pasión.
Por eso, hoy día también, la idea que da la obra mesiánica en la cruz tiene que modelar toda nuestra vida, incluso nuestra respuesta básica a la violencia.  Después de todo, y de acuerdo a al llamado que el mismo Mesías nos hace para seguirlo, nuestro vivir es por su propia naturaleza una existencia cruciforme.  El que quiere venir en pos de mí, dijo Yeshúa, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga, porque «el que pierde su vida la hallará» (Mt 16:24-25).  Mientras los dos testigos de Apocalipsis 11 trataban de lograr el reino de Dios soplando fuego y matando gente, para responder a la fuerza con mayor fuerza y a la violencia con más violencia, fracasaron totalmente (Apoc 11:3-10), pero cuando murieron y resucitaron con Cristo, muchos glorificaron a Dios (11:11-13).  La iglesia que busca el poder está traicionando al Siervo Sufriente que se despojó de sí mismo y fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
El Cordero de Dios venció entregando su vida en la cruz, venciendo al mal con el bien, a la violencia con el sacrificio del amor.  Eso es central al mensaje del Apocalipsis y del NT en general.  Y aunque no da una explicación final ni una fórmula mágica para determinar de antemano todas nuestras decisiones ante la violencia y la maldad, sí nos orienta desde la óptica de Dios y nos da la orientación cristológica (podriamos decir «corderológica») para decidir y actuar hoy y mañana conforme a la verdad del Reino que él trajo desde Su victoria en la cruz.

BITÁCORAS RELACIONADAS:

Jerusalén, el Trono del Mesías

Por: P.A. David Nesher

«Pero yo (Yeshúa) les digo que no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el Trono de YHVH; ni por la tierra, porque es la tarima de sus pies; ni por Yerushaláyim (nombre hebreo de Jerusalén), porque es la ciudad del Gran Rey
Mateo 5:34-35 (VIN)

Leyendo detalladamente estas palabras de nuestro amado Mesías, llegamos a la conclusión de que el Señor, en los postreros momentos de sus días, hará de  su ciudad real… ¡Su Trono!Entonces, notamos que la mayoría de los creyentes evangélicos han estado adormecidos por las fábulas de los líderes dispensacionalistas progresivos que enseñaron que cuando Cristo subió a la mano derecha del Eterno Dios, Él se sentó en el trono de David. Así ellos aseguran que:

  • (1) El Mesías ya está sentado en el trono de David; y que por lo tanto, el reino de David ha sido ya inaugurado;
  • (2) por esto, aseguran que el Trono de David está localizado ahora en el tercer cielo.

Busquemos ahora las Escrituras para ver lo que Yahvéh, nuestro Dios, dice sobre el trono de David, dónde está localizado y cuándo se sentará el Mesías en él.

“En verdad juró Yahvéh a David, y no se retractará de ello:
De tu descendencia pondré sobre tu trono Si tus hijos guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, Sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre”.
(Salmo 138:11-12)

Este pasaje del salterio habla claramente del trono de David. La pregunta que nos haremos es ¿dónde estará localizado el trono de David?

Las Sagradas Escrituras aseguran:

“Porque Yahvéh ha elegido a Sión; la quiso por habitación para sí.

Allí haré retoñar el poder de David; He dispuesto lámpara a mi ungido” 

(Salmo 132:13,17)

Es evidente que el trono de David, de acuerdo al diseño profético del Eterno, estará localizado en Sión (Jerusalén), no en el tercer cielo. Es allí, en Sión, que Dios hará que el cuerno de David aparezca.

Necesitamos primeramente comprender que, según las Sagradas Escrituras, Jerusalén es el lugar que Yahvéh la eligió para que estuviese su Nombre. (2 Cr 6:6.) Además de ser el centro de la adoración pura, también era la sede del gobierno de Israel. Se sabía y decía de los reyes que gobernaban en Jerusalén que se sentaban “sobre el trono de Yahvéh”. (1Cr 29:23.)

Continuando con nuestro estudio, iremos ahora hacia los profetas del Antiguo Pacto. Nos encontramos con lo que el profeta Jeremías dice acerca del tiempo de la restauración del Reino («en aquel tiempo«): a Jerusalén Trono de Yahvéh.

 «En aquel tiempo llamarán a Jerusalén:
«Trono del SEÑOR; y todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, a causa del nombre del SEÑOR;
y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazón».
 (Jeremías 3:17)
Es muy importante entender que el Reinado mesiánico de Dios es un proyecto que ha de concretarse en la Tierra. Nos es necesario desaprender el falso concepto de que el Reino de los Cielos es solamente espiritual. Al leer el salterio, notamos que el mismo rey David, en el Salmo 67:4, dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. Es decir, que en la mentalidad hebrea es claro que el Reinado de Yahvéh dominará también los lineamientos políticos y económicos de todo el planeta.
Al venir a los Escritos de la Nueva Alianza, encontramos que las comunidades mesiánicas del primer siglo no habían abandonado esta idea escatológica. En Revelación 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.”  Así, mismo en Revelación 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con El Mesías mil años en la tierra.
En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Dicen así estos versículos:
«Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá subieron las tribus, las tribus de Yah, conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Yahwéh. Porque allá están las sillas del juicio, LOS TRONOS de la casa de David».
 Por lo tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Yeshúa dijo que Jerusalén es la ciudad del gran Rey
(Mateo 5:34,35).
Insisto en hacer notar que hoy, muchos creyentes enseñan que el reinado de nuestro Mesías es desde el cielo, y que este ya comenzó cuando él ascendió inmortalizado al “reino de los cielos” para sentarse en el Trono de Su Padre, a su misma diestra. Sin embargo, las misma Palabra de Dios nos dice que Yeshúa se sentará también en su propio trono, y no tan sólo en aquel que se sienta Su Padre. He aquí el pasaje clave:
«Al que venciere, le daré que se siente conmigo EN MI TRONO, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre EN SU TRONO».
(Apocalipsis 3:21)
Al leer este versículo hay una pregunta que surge inmediatamente: ¿Y dónde se sentará Jesús en su propio trono?¿En el Cielo o en la Tierra?
He aquí unos pasajes importantes que nos hablan del reino de David que será restaurado por su hijo, el Señor Jesucristo:
“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre EL TRONO DE DAVID Y SOBRE SU REINO, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Yahwéh de los ejércitos hará esto”.
(Isaías 9:7)
En esta profecía de Isaías, se nos dice que Jesús se sentará en el trono y el reino de DAVID
Fue teniendo en cuenta esta profecía, que el ángel Gabriel predijo la misión y función regia del Mesías, en el momento que se lo anunciara a María:
 “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID su padre” 
(Lucas 1:32)
El evangelio de Lucas, remarca perfectamente en esta anunciación angelical que Yeshúa recibirá el trono de David su padre. Pero si el trono de David su padre es aquel que está localizado en el cielo, entonces debemos concluir que David reinó en el cielo y no en la Tierra, más precisamente en Jerusalén. Por supuesto, todos ustedes dirán que una conclusión semejante es una locura inaceptable. Por todo esto, debemos entonces aceptar que Apocalipsis 3:21 está refiriéndose a un trono que es propiamente del Mesías y no del Padre Eterno. Además, este pasaje apocalíptico no nos dice nada de que dicho trono del Hijo está en el cielo, al lado del Padre, o en algún otro sitio. No queda duda alguna de que ese trono estará en el mismo lugar donde se sentó el legendario rey David, es decir en Jerusalén. Y para cumplir esta profecía, Jesús deberá dejar el cielo y venir a la tierra para sentarse en el trono de su padre David en Jerusalén.
Esta es una de las doctrinas proféticas fundamentales: el trono de David será restaurado sobre Israel, en la ciudad de Jerusalén. Es decir que un descendiente de David, volverá a gobernar literalmente sobre Israel y desde Jerusalén en la tierra de Canaán.
Los invito a leer 2 Samuel 7: 10-16. Notemos que aunque David reinaba en ese tiempo, la promesa era para  el futuro, es decir que el reino del que se habla acá no estaba establecido sino que sería establecido en el futuro. Además, hace muchos años que ningún descendiente de David se sienta en ningún trono, aún en estos nuestros días es así. Dios prometió: «sera afirmada tu casa y tu reino para siempre«. Entendemos que esta promesa de reinar para siempre no era para Salomón, sino que el trono sobre el cual Salomón reinaría, sería establecido para siempre en un futuro. Esta promesa hecha a David se repite en el Salmo 89:3,4,28-37. El trono de David estaba en Jerusalén, y es allí donde el Mesías lo restablecerá de nuevo. Notemos que tanto en el vers. 29 como en el 36, nos dice que ese trono durará como los cielos y como el sol. La promesa de que el Eterno Dios establecerá a uno del linaje de David en su trono para siempre está claramente expresada en la Biblia; y todo creyente de las Sagradas Escrituras debe recibirlo y gozarse ya que el pacto es incondicional, por lo que Yahvéh no lo romperá bajo ninguna circunstancia, aunque los descendientes de David rompieran la ley de Dios y sus estatutos.
Notemos que la biblia siempre relaciona la restauración de Israel a su tierra con la instauración del trono de David: 2 Samuel 7:10-16,;Jeremías 23:3,5; Ezequiel 37:21,22,24,25. No hay duda de que Israel como nación tiene una doble promesa del Eeterno Dios, una acerca de su tierra y otra acerca de su reino: el trono de David para siempre. Estas dos promesas están unidas entre si. Israel deberá ser restaurado en su tierra, y su rey y su reino deberá ser restaurado. Estos dos eventos acontecerán al mismo tiempo. En Isaías 11:1, se describe el reino de un descendiente de David. La idea acá es de que el árbol fue cortado pero brotará un «renuevo», ahora solo queda el tronco seco y sin ramas, pero el árbol retornará en el futuro, de la casa de Isaí, el padre de David. Una rama nacerá del árbol que fuer cortado, y crecerá como un árbol mas grande de lo que antes fue, ya que sera restaurado el reino para siempre.
Una de las escrituras más importantes acerca de la restauración de Israel se encuentra en Hechos 15:13-16. Notemos que Santiago aquí, está citando a los profetas, para comprobar y afirmar que el tabernáculo o el trono de David será restaurado de nuevo. Notemos también, que esto acontecerá después que «Dios visite a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre«, lo que esto quiere decir es que la restauración del reino de David será después del conocido tiempo de los gentiles.
Ante este tema, no queda la menor duda de que la Iglesia de Cristo necesita hoy día conocer, cuál es en el plan perfecto del Eterno Dios, la realidad profética acerca del reino prometido a «la casa de Jacob«, (el Israel natural) la restauración del reino davídico, y el gobierno fuerte y de paz que Yahvéh Dios les prometió y que ellos tanto han esperado, es decir que hablamos aquí de los mil años proféticos o como se conoce: el milenio.
Es bueno, y muy importante, que conozcamos que en verdad tendremos un Reino de Paz sobre la Tierra, y que su gloria cubrirá la tierra (Habacuc 2:14; Isaías 11:9). La maldición del pecado será removida de la tierra cuando nuestro Mesías reine. (Isa.11:6-9; Isa. 35;1,6,7).
También es muy importante que entendamos que nuestro Eterno Dios no ha olvidado a Israel y su pacto con ellos; un día, todos los judíos vivos sobre la tierra serán reunidos en Canaán, y se convertirán todos al Señor, su nación será restaurada, tal y cual se les promete en una tras otra de las muchas profecías dadas a ellos.
Es bueno que sepamos también que cuando Cristo reine aquí en la tierra sobre el trono de David, en Jerusalén, los santos de Cristo de todas las edades reinaremos con Él.
Abraham y otros que murieron sin recibir la promesa, verán allí sus promesas cumplidas. En efecto, un cielo literal y glorioso se asentará sobre la tierra.
Estas son profecías gloriosas que es bueno que conozcamos perfectamente. Debemos conocer lo que la palabra nos dice sobre ese reino milenial sobre el trono de David en Jerusalén y sus maravillosas promesas y profecías. Estoy convencido de que usted le cree a la Palabra, concerniente a las profecías que de manera literal nos anuncian el reino milenial de Cristo sobre el trono de David en Jerusalén. Estas profecías se cumplirán luego de que Cristo ejecute el rapto de la iglesia, y se realicen las bodas del cordero en el cielo, y una luna de miel de siete años con su Señor en los cielos, Él descenderá y con Él, también su Esposa, para reinar sobre toda la tierra.
Veamos las palabras de Cristo hablando de ese reino: Lucas 22:15-18; Mateo 19:28, Cristo les prometió a sus discípulos doce tronos para «juzgar«, es decir gobernar sobre las doce tribus de Israel. Cristo reinará sobre Jerusalén y sus santos reinarán con Él juntamente. En Deuteronomio 30:1-6, leemos que Israel será vuelto de su cautividad y juntado en Palestina, y dice el ver. 3, que allí se convertirá Israel, el vers. 5, dice que la tierra será suya y la heredarán. En Mateo 25:31, el mismo Cristo nos dice claramente que Él se «sentará en su trono de gloria«. Su entronamiento espera su segunda venida en gloria. Entonces establecerá su reino sobre el trono de David y sobre Jerusalén.
Debemos tener la certeza, y desde ella vivir expectantes, de que estas profecías se cumplirán literalmente así como se cumplieron las de su nacimiento en Belén de Judea, de la tribu de Judá, de la descendencia de David, nacido de una virgen, que entraría a Jerusalén sobre un asno, su crucifixión, la suerte sobre sus vestimentas, y aún sus palabras: «Padre, por qué me has desamparado«. Todas estas profecías fueron cumplidas en su primera venida a la Tierra; es por esto que también debemos creer que las promesas de su segunda venida y su subsiguiente reino milenial también se cumplirán literalmente y fielmente como las primeras.

El Evangelio, solamente es buena noticia del Rey cuando se lo acepta en su mensaje completo. Por ello, simplemente cree, dejando que tu fe te llene de esperanza.

En amistad, y con amor en servicio: P.A. David Nesher

La Biblia y sus 18 Versículos de la Amistad para homenajear a tus Amigos

He aquí algunos versículos de la Biblia acerca de amistad, ideal para compartir y bendecir a tus amigos y reflexionar acerca del compañerismo como beneficio que tenemos en el Mesías. (Todos los versos son Reina Valera Contemporánea).

  1. El justo sabe guiar a su prójimo; el impío le hace perder el camino. (Proverbios 12:26)
  2. Quien se junta con sabios, sabio se vuelve; quien se junta con necios, acaba mal. (Proverbios 13:20)
  3. El que es perverso provoca contiendas; el chismoso aparta a los mejores amigos. (Proverbios 16:28)
  4. El que perdona el pecado, busca afecto; el que lo divulga, aleja al amigo. (Proverbios 17:9)
  5. El amigo ama en todo momento; en tiempos de angustia es como un hermano.  (Proverbios 17:17)
  6. Hay amigos que no son amigos, y hay amigos que son más que hermanos. (Proverbios  18:24)
  7. No tengas nada que ver con gente violenta, ni te hagas amigo de gente agresiva, para que no imites su conducta y tú mismo te tiendas una trampa. (Proverbios 22:24-25)
  8. El bálsamo y el perfume alegran el corazón; los consejo del amigo alegran el alma. (Proverbios 27:9)
  9. El hierro se pule con el hierro, y el hombre se pule en el trato con su prójimo. (Proverbios 27:17)
  10. Dos son mejor que uno, porque sacan más provecho de sus afanes. Si uno de ellos se tropieza, el otro lo levanta. (Eclesiastes 4:9-10)
  11. Éste es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado.  Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos.Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo los he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, se las he dado a conocer a ustedes. (Juan 15:12-15)
  12. Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados. (Lucas 6:31)
  13. No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres.  (1 Corintios 15:33)
  14. Amémonos unos a otros con amor fraternal; respetemos y mostremos deferencia hacia los demás. (Romanos 12:10)
  15. Cuando no hay buen guía, la gente tropieza; la seguridad depende de los muchos consejeros. (Proverbios 11:14)
  16. Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7)
  17. ¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía! (Salmo 133.3)
  18. Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo. (Gálatas 6:2)