Adoración

Sacrificio por la Culpa: El Poder de Practicar la Confesión

Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa; es cosa muy santa.
En el lugar donde degüellan el holocausto, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre alrededor sobre el altar. Y de ella ofrecerá toda su grosura, la cola, y la grosura que cubre los intestinos, los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar, ofrenda encendida a Jehová; es expiación de la culpa. Todo varón de entre los sacerdotes la comerá; será comida en lugar santo; es cosa muy santa. Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán; será del sacerdote que hiciere la expiación con ella. Y el sacerdote que ofreciere holocausto de alguno, la piel del holocausto que ofreciere será para él. Asimismo toda ofrenda que se cociere en horno, y todo lo que fuere preparado en sartén o en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere. Y toda ofrenda amasada con aceite, o seca, será de todos los hijos de Aarón, tanto de uno como de otro.

(Levítico/ Vayikrá 7: 1-10)

Lo maravilloso de investigar la Instrucción (Torah) es que al describir lo que se debía de hacer con los sacrificios, ella nos transmite mensajes y enseñanzas claramente aplicables para nuestra vida cotidiana hoy.

Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. El Eterno nos creó con una conciencia moral que nos permite discernir internamente entre el bien y el mal. Todos tenemos una naturaleza pecadora:

«Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros»

(I Juan 1:8).

En el pasaje de Vayikrá notamos que la cosmovisión divina primeramente nos llama a estar agradecidos por los sentimientos de culpa que aparecen después del pecar, porque éstos nos conducen a buscar el perdón y la restauración celestial.

Al establecer este korban (ofrenda o acercamiento) el Eterno desea que comprendamos que los sentimientos de culpa deben de ser elevados y ofrendados. Luego, y a través de ello, corregidos para generar una reparación transformadora (tikún).

Ante esto la pregunta práctica es: ¿cómo hacemos para elevar un sentimiento de culpa, ofrendarlo al Eterno y por ende corregirlo desde Su fuerza?

Primeramente, tomando consciencia de que lo elevamos a través de comprender y aceptar que ese sentimiento de culpa es algo que nos envió el mismo Yahvéh para que recapacitemos y corrijamos nuestras conductas.

Luego, una vez que recapacitamos, se produce en nosotros el arrepentimiento (teshuvá). Así corregimos nuestra conducta y hacemos aquello que está en nuestras manos poder hacer a fin de reparar los daños causado por el error (tikún). Por ello, debemos de «ofrendar» a Yahvéh dicho sentimiento de culpa, para que éste no nos impida vivir con alegría, mejorarnos y servir a Su Nombre, logrando por medio de ello, exactamente lo opuesto que el Eterno en realidad quiere cuando sentimos esta clase de sentimientos.

Y esto es así, sencillamente porque Yahvéh nos creó para que seamos exageradamente felices (bienaventurados), y así cumplir fielmente con nuestra misión de propósito en la vida, a fin de que realmente sintamos que con nuestro accionar estamos marcando una diferencia.

Sin embargo, los sentimientos de culpa, sino se elevan al Eterno, pueden ser una carga aplastante. El rey David se sintió muy abrumado por sus errores, por eso escribió: “Mi culpa pesa sobre mi cabeza como una enorme carga. Me estoy hundiendo.” (Salmo 38:4 – PDT). Algunos hermanos han llegado a deprimirse pensando que YHVH nunca los perdonará (2 Corintios 2:7).

La persona que se siente culpable tiende a practicar el autocastigo de diferentes maneras: negándose las bendiciones, induciendo enfermedades y dolencias (sin causa física) en su cuerpo. Por esta actitud errada, se obsesiona hasta caer en angustia, ansiedad, depresión y sobre todo no se siente en comunión con Dios pues teme a su juicio.

En los siguientes versículos bíblicos puedes ver como el pecador siente dolencias físicas a causa del sentimiento de culpa provocado por el pecado y el temor al juicio de Dios.

«Enmudecí y callé; guardé silencio aun acerca de lo bueno, y se agravó mi dolor«

(Salmo 39:2).

«Mira oh Señor, que estoy angustiado, hierven mis entrañas, mi corazón se revuelve dentro de mí, porque he sido muy rebelde. En la calle la espada mata, en la casa es como la muerte«

(Lamentaciones 1: 20).

Y si los sentimientos de culpa nos debilitan o nos paralizan y hacen que vivamos con tristeza constantemente flagelándonos, entonces sin lugar a dudas que dichos sentimientos se transformaron en algo detestable e impuro, que va en contra de la voluntad del Eterno.

El Eterno quiere que tú disfrutes de una conciencia limpia. Desea que cuando hables de él y de sus promesas a otras personas, lo hagas con gozo, buena conciencia y un corazón sincero (Salmo 65:1-4). Por eso YHVH nos invita de este modo:

“Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor”

(Hechos 3:19).

El olá (holocausto) de culpa nos recuerda que siempre debemos acudir al arrepentimiento (teshuvá) y confesión ante el Eterno para reconciliarnos con Él y estar en comunión con Su Presencia en medio de nosotros. Debe hacerse en oración directamente con el Señor o en unión con hermanos maduros espiritualmente.

El holocausto de culpa implantaba en cada hebreo la enseñanza de que la confesión es la forma de liberación del sentimiento de culpa. La misma tiene dos dimensiones: confesión ante Yavhéh y también ante los hombres que Él ha habilitado para ello por medio de su vocación pastoral.

«La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados. Por tanto confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho»

(Santiago 5: 15,16).

 

Este pasaje nos da la certeza de que la confesión del pecado en oración, da salud, paz interior y restaura la comunión con Dios. En una manifestación de la sabiduría vivencia, el rey Salomón escribió:

«El que encubre sus pecados no prosperará, más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia»

(Proverbios 28:13).

Estamos hablando de confesión y arrepentimiento verdadero y no un autoengaño como «permiso para seguir en el pecado«, porque al Eterno nadie le engaña (Gálatas 6:7).

Por consiguiente, lo que debemos de hacer cuando sentimos sentimientos de culpa que eventualmente nos paralizan y nos impiden cumplir nuestro propósito, es aconsejarnos con personas sabias que tienen experiencia en cómo corregir dicha clase de sentimientos, de modo tal que podamos continuar nuestro camino por la vida, con firmeza, alegría, vitalidad y plenitud. Y como está escrito que el preso no se libera a sí mismo de la cárcel, es sumamente importante consultar con una persona sabia que nos ayude a salir del terrible «calabozo» que representa el vivir con «sentimientos de culpa», para que podamos continuar «celebrando la vida» como idealmente deseamos; aprendiendo además de esto, para posteriormente poder ayudar a los demás.

Confesarle al Eterno los pecados y hablar con los presbíteros (ancianos pastorales)  puede parecer muy difícil, pero ayuda mucho a reconectarse con la fuente de la Vida. De hecho, a David también le costó. Las Sagradas Escrituras indican que durante un tiempo no le contó a nadie los pecados que había cometido (Salmo 32:3). Pero luego vio los beneficios de confesarlos y de corregir sus errores.

Uno de los beneficios más grandes fue que David volvió a ser exageradamente feliz (bienaventurado). Él escribió: “¡Bienaventurado el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!” (Salmo 32:1, El libro del Pueblo de Dios). También le pidió a Dios: “Abre mis labios, oh Señor, para que mi boca anuncie tu alabanza.” (Salmo 51:15). David se sintió muy aliviado y agradecido al Eterno, y eso lo impulsó a alabarlo delante de otras personas.

¿Por qué debía de degollarse el sacrificio de elevación, en el mismo lugar donde era degollado el sacrificio de culpa, y por que una vez que esto había sido hecho, la sangre debía de tirarse alrededor del altar?

Y la respuesta es, que lo que la Torah nos quiere enseñar, es que si realmente queremos crecer y elevarnos, debemos de eliminar previamente todos aquellos sentimientos de culpa que negativamente nos paralizan, impidiéndonos hacer aquellas cosas buenas que podríamos llegar a realizar. Y la eliminación de esta clase de sentimientos para poder servir al Señor con amor y alegría, dedicándonos a amar y beneficiar de ahora en más a nuestros semejantes, es la corrección más elevada y positiva que puede haber para dicha clase de sentimientos, siendo considerado esto, ¡santo entre lo santo!

 

En este holocausto la sangre debía ser rociada alrededor del altar codificando así un mensaje maravilloso y práctico.  Esa sangre, que como sabemos representa a nuestra energía vital, no debía de ser destruida ni quemada, sino que por el contrario, debía de ser tirada «alrededor del altar», para que, cuando llegue el momento indicado, podamos volver metafóricamente a utilizar nuevamente dicha energía, encausándola de la manera correcta para así podernos superar, en todo desafío que la vida presenta. Es decir que la corrección de nuestras malas cualidades no pasa por destrozarlas y destruirlas, sino por tomar la energía que antes utilizábamos negativamente en ellas, canalizándolas en la dirección correcta, otorgándoles un propósito que contribuya con nuestra elevación y nuestro crecimiento, en todos los ámbitos, y especialmente en el de nuestro lugar celestial (o espiritual) que tenemos en el Mesías.

Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento genuino, y ha sido perdonado; entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros que hemos venido a Yeshúa como nuestro Gran Sumo Sacerdote, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). Parte de las cosas “viejas” que “pasaron” es el recuerdo de pecados pasados.

Al meditar en este pasaje del libro Vayikrá nuestras conciencias se elevan en el regocijo de entender que nuestro Abba Celestial en su dinámica de salvación para cada uno de nosotros, hizo que Yeshúa, su Hijo, la Luz Primordial, pagara el precio por nuestras culpas.

Apreciado lector/a si verdaderamente has creído y aceptado que Yeshúa HaMashiaj pagó el precio por tus pecados debes asumir el derecho de sentirte limpio y sin mancha por su sangre en la cruz. Limpio de todo sentimiento de culpa, real o falso.

Los Cinco Sacrificios Mesiánicos

Por P.A. David Nesher

Al sumergirnos en el estudio del Sefer (Libro) Vayikrá, descubrimos que este comienza con las ordenanzas de los sacrificios y los tipos de ofrenda.

El hebreo usa la palabra korban y esta tiene que ver con una ofrenda presentada en el altar, ya sea animal o vegetal (Lev 1:3, 10; 2:1). Ya lo he explicado en otra bitácora que en el idioma español no existe una palabra que pueda expresar el significado de korban que se ofrecían en el Mishkán. Lamentablemente, la palabra «sacrificio» implica que renuncio a algo que para mí tiene mucho valor, para que pueda beneficiarse otra persona. Es obvio que el Eterno no puede beneficiarse con los «sacrificios», pues a Él nada le falta. La palabra «ofrenda» tampoco es adecuada, pues la «ofrenda» sirve para apaciguar o aplacar a la persona a quien se la trae. Es como «comprar a alguien«. Una especie de soborno espiritual. El motivo por el cual nos es tan difícil traducir la palabra «korbán» al castellano es que nuestras ideas de «sacrificio» y «ofrenda» derivan de culturas paganas. En efecto, en esas culturas, las expresiones «sacrificio» y «ofrenda» resultaban adecuadas y hasta aptas para los tratos rituales con sus múltiples y temibles divinidades. Cada dios necesitaba algo y los humanos podían evitar su ira dándoles lo que necesitaban.

El término «korbán« posee la misma raíz hebrea que la palabra karav  que significa «acercarse» o «cercano» (Gen 12:11; 20:4; Ex 12:48). Y es una palabra que se emplea en forma exclusiva para describir la relación del ser humano con Yahvéh. Por lo tanto korban, puede traducirse como «acercamiento«, de este modo, la ofrenda misma era vista como una manera de acercarse a Dios. Efectivamente, las ofrendas eran realizadas para acercar las santas virtudes divinas, a fin de que formaran una unidad perfecta con el alma del ser humano redimido y despertaran finalmente misericordia en lugar de juicio. La cosmovisión correcta del significado de korban es la idea de alguien que se acerca a otro para escucharlo y así generar confianza en la conexión. Este es el sentido práctico de la fe generada por el escuchar la Instrucción divina (Heb. 11: 4; Rom. 10: 17).

Con esta explicación vemos claramente que la única forma de acercarnos al Eterno es a través de las ofrendas traídas al altar, nadie se acerca sin nada (Ex 23:15; Deut 16:16). La razón de los sacrificios es poder acercarse al Eterno, en el sentido de subir a su presencia. El redimido que lo practicaba, lo hacía porque quería establecer un acercamiento sincero con Yahvéh a fin de tenerlo por padre. Y como al acercarnos no lo podemos hacer con las manos vacías, todo lo que le damos o hacemos, nuestras oraciones, ofrendas y actos son llevados a la presencia misma de nuestro Dios para así establecer una comunicación eficaz con Él.

Será conveniente agregar que este no era el inicio del sistema de sacrificios del Eterno. Adán conocía el sacrificio (Génesis 3:21), así como Caín y Abel (Génesis 4:3-4), y Noé (Génesis 8:20-21). Así vemos que desde el principio, los seres humanos siempre han presentado ofrendas al Eterno, porque la Torah fue conocida desde antes del Sinaí (Gen 26:5). De allí, que el estudio de esas ideas sirve para inspirarnos a esforzarnos para ascender y acercarnos al Eterno, y adquirir así su santidad en nosotros.

En los seis días de acción creativa que relata el Bereshit, la creación del hombre no sólo fue el acto final del Eterno sobre todo lo hecho por Él, sino que fue un resumen de todo lo que había sido creado antes que el ser humano. Por eso, es que la Torah, en todas sus líneas, procura dejar bien claro que el hombre es un microcosmos del mundo entero. A esa mezcla, de tierra y cielo, Yahvéh agregó al soplarle espíritu, la esencia misma de su divinidad: la Santidad. Y tal como el Eterno imbuyó Santidad en la parte física del hombre, el objetivo de todo ser humano será imbuir activamente Santidad en toda las áreas existenciales de la Creación. Una de las formas de lograr esto es utilizar el mundo físico al servicio del Eterno. Esta mayordomía también otorga el derecho de usar los objetos físicos para el propio placer del hombre, siempre y cuando dirija todos sus objetivos hacia el servicio divino. Si una persona usa las creaciones con un objetivo egoísta, está abusando de su cargo de fideicomiso sobre el mundo. Por eso, llevar un animal al Mishkán (más tarde al Templo) y elevar sus partes en el altar para Yahvéh declaraba el deseo de llevar su parte material más cerca de del Eterno.  La idea de las korbanot (ofrendas) nos enseña que debemos día a día tomar lo físico —el cuerpo y los bienes materiales— y santificarlo, reconociendo que todo es para la Gloria del Eterno.

Por todo esto decimos que los korbanot no influencian al Eterno, sino que son una expresión de nuestro anhelo interno de acercarnos a Él y activar así el amor perfecto que hecha fuera todo temor (1Jn 4: 18).

Los primeros siete capítulos de Levítico lidian con ofrendas personales, voluntarias. Los capítulos 1 al 5 son en su mayoría instrucciones hacia el pueblo que trae la ofrenda y los capítulos 6 y 7 son en su mayoría instrucciones hacia los sacerdotes en cuanto a las ofrendas y su administración. En Levítico capítulo 7 verso 37 está resumido en qué consistía el sistema de sacrificios que Moshé enseñó detalladamente en los siete primeros capítulos del libro:

“Esta es la Torah de la ofrenda de ascensión, de la oblación, de la ofrenda de pecado, de la ofrenda de culpa, de las ofrendas de consagración y del sacrificio de las ofrendas de paz”

Entonces, listando estos korbanot, podemos aprenderlos así:

  1. Olá – Ofrenda de ascensión, (Levítico 1:1-17; 6:8-13).
  2. Minjá – Oblación, (Levítico 2:1-16; 6:14-18).
  3. Shelamim – (Ofrendas) de paz, (Levítico 3: 1-17; 7: 11-36).
  4. Jatat – (Sacrifico) de pecado, (Levítico 4:1 – 5:13; 6:24-30).
  5. Asham – (Sacrificio) de culpa por la iniquidad, (Levítico 5:14 – 6:7).

La olá, la minjá y los shelamim son “hermanos” y el jatat y el asham son “hermanos”. Cuando hablamos de hermanos es porque son ofrendados por motivos muy similares y se parecen entre ellos en sus fines. Los tres primeros tipos de korbanot pueden ser traídos voluntariamente por un hebreo como regalo a Yahvéh. Los dos últimos tipos de korbanot deben ser ofrecidos por un hebreo después de cometer una averá (pecado). La enseñanza es bien clara: Yahvéh se siente especialmente complacido por los korbanot que son ofrecidos libremente, y no a causa de un pecado. Por esta razón se los menciona en primer término en la Torah.

Sobre cada uno de ellos, el Todopoderoso señaló como debían ser ofrecidos, en qué debían consistir y cómo debían ser quemados y consumidos. Veamos las características y los códigos de vida escondidos en cada uno de ellos:

Primer Korbán: El Olá (subir, ascender, escalar, remontar, crecer)

Se la denomina ofrenda de ascensión u ofrenda encendida. También conocida como “holocausto” que significa “todo quemado”. Es realizado con un animal o un ave que es quemado completamente en el altar.

Las razones para traer este tipo de ofrendas no son especificadas y podía traerse como señal de reverencia al Eterno, petición de algo, alabanza a Dios reconociendo su suprema autoridad y otras. Antes de la dádiva de la Torah por medio de Moshé, era la ofrenda por excelencia de los patriarcas y de los antiguos. Fue la ofrenda hecha por Noaj (Noé) al bajar del arca (ver Gn 8:20).

Este korbán es llevado por una persona que contempla la realización de un pecado, pero que no lo hace, razón por la que es quemado por completo en el altar y no se come nada de él. Esta característica representa la purificación de los pensamientos y la sublimación absoluta de uno a Yahvéh, incluso con todos los pensamientos. El significado de quemar toda la ofrenda es: “Todo mi ser está dedicado a ti. Así como todo este animal es quemado y sube en ascensión a las alturas en el altar, yo entrego todo de mi para tu servicio” (Rom. 12: 1). Era considerada una ofrenda de gran honra puesto que el oferente no obtenía nada de la carne para sí, sino que todo era hecho como alabanza al Eterno. Esta ofrenda no tiene que ver con pecados directamente. Busca la santificación de la vida a través de una consagración total.

La ofrenda era quemada enteramente sobre el altar, excepto la piel del animal. El perfume que subía de la misma era para Yahvéh un olor grato. El Olá (holocausto) es, según el apóstol Pablo, una figura del Mesías dándose a sí mismo como «sacrificio a Dios en olor fragante» (Efesios 5:2). Importante será notar que aquí no se contempla al Mesías llevando nuestros pecados, sino cumpliendo la voluntad del Padre, glorificándolo y vindicando la santidad y majestad de Su trono sobre todos los hombres. Este tema surge de manera prominente en el evangelio de Juan y en el Salmo 40.

Segundo Korbán: La ofrenda Minjá (Oblación u ofrenda de harina).

Es el holocausto que representaba lealtad.  Era la única, de entre todos los demás korbanot, que no consistía en traer un animal sino vegetal, y lo que debía ofrendarse era harina.

La palabra “minjá” significa regalo. En términos de llevarle algo valioso a Yahvéh, esta ofrenda es bastante insignificante. Es una pequeña cantidad de harina con un poco de aceite y especias. ¿Por qué esta ofrenda está listada segunda, inmediatamente después de la ofrenda básica de ascensión? Es más, la sección de la Minjá utiliza una inusual palabra para referirse a una persona, néfesh, la cual es también una de las palabras que se utiliza para referirse al alma. ¿Por qué? La respuesta yace en el entendimiento básico de qué significa acercarse a Yahvéh. Él no necesita nuestras ofrendas. Se trata más de quién soy yo, y lo que necesito en mi propósito, que de lo que pareciera necesitar Dios.

¿Qué tipo de persona llevaría una Minjá? Un ser humano pobre. Para alguien en esa condición, incluso una pequeña cantidad de harina es un gran costo. No puede engañarse creyendo que su ofrenda es tan magnífica que sirve de soborno a Yahvéh. Lo que él esta haciendo es acercarse al Eterno aceptando que Él no excluye a nadie, por lo que no existe excusa alguna para acercarse a Él.  Por ello, la palabra usada para describir a esta persona es nefesh. Esta ofrenda de harina es tan querida para una persona pobre que se considera como si estuviera ofreciendo su alma. El oferente manifiesta su deseo de buscar conocimiento para transformar correctamente las energías que el universo da. Asumía que incluso la acción de comer es una responsabilidad sacerdotal ya que es una dinámica de acercamiento al poder transformador del Eterno. De este korbán surge el paradigma de que sólo cuando seamos fieles administradores del mundo físico, dirigiéndolo hacia Yahvéh, se nos volverá a permitir tener ese poder supremo sobre las otras criaturas vivientes que se le concedió al primer Adán.

Tercer Korbán: El Shelamim (la ofrenda de la Amistad).

Es una ofrenda voluntaria. es la única en que una parte del animal es quemada en el altar, una porción la recibe el kohén y otra porción es comida por el dueño del korván.

¿Cuándo ofrece un hebreo shelamim? Cuando se siente dichoso y desea compartir un plato de carne con su familia y amigos — pero también desea santificar su comida compartiéndola con Yahvéh y con Sus sacerdotes (kohanim). Si alguien ofrece Olá o Minjá no le está permitido comer ninguna porción del korbán. De modo, pues, que puede ofrecer un buey o una vaca, un carnero o una oveja, o una cabra como korbán shelamim. En esta ofrenda el redimido está reconociendo que está muy bien gracias al Eterno.

Esta ofrenda se traía voluntariamente para expresar gratitud por algo recibido de Dios, por simplemente estar muy conforme sobre como la vida del oferente estaba marchando, como expresión de estar muy bien con su familia y con el Eterno. La ofrenda de paz no tiene que ver con pecados sino con regocijo y estar bien delante de Yahvéh.

De esta ofrenda, parte de la carne y las grasas eran quemadas sobre el altar, otra parte (la espaldilla) era del sacerdote y lo demás era para que el oferente y sus invitados comiesen delante de Yahvéh, con la condición de estar ritualmente puros (Levítico 7:12-20). Este tipo de sacrificio era también llamada ofrenda de agradecimiento (Korbán Todá), ofrenda de votos u ofrenda voluntaria: “El que sacrifica alabanza (Korbán Todá) me honra” (Salmo 50:23).

La palabra hebrea Shelamim viene de la palabra Shalom, paz o prosperidad. Como esta ofrenda es compartida por tres partes, simboliza la creación de paz y prosperidad en el mundo. De este modo, este korbán asegura los lazos de amistad y fraternidad entre los seres humanos.

Cuarto Korbán: El Jatat u ofrenda por el pecado.

La palabra jatat se origina en la raíz jet que significa “pecar” o «errar«.
Hasta ahora la Torah consideró tres korbanot : el Olá, el Minjá, y Shelamim. Estos eran traídos por el redimido que deseaba hacer un regalo a Yahvéh con el fin de acercarlo en amistad a sí mismo. Ahora la Instrucción trata del korbán que el hebreo debe traer por el averá (pecado que cometió).  Este korbán debía ofrecerse por cierto tipo de pecado que un redimido cometía por equivocación ¿Qué significa pecar “por equivocación”? Esto puede ocurrir de dos formas:

  1. La persona no conoce la halajá (mandamientos y preceptos) de la Torah. Por ejemplo, cocina en Shabat porque no sabe que está prohibido cocinar en Shabat.
  2. La persona está equivocada respecto de los hechos. Por ejemplo, sabe que está prohibido cocinar en Shabat, pero olvidó que hoy es Shabat y cocinó en Shabat.

En ambos casos la persona dice simplemente se equivocó. Sin embargo, en la Torah dice que cometió una falta, por lo tanto debe traer un korbán jatat para que Yahvéh le perdone su pecado.

Quinto Korbán: La Asham guezelot (la ofrenda por la culpa o iniquidad).

Este korban a diferencia de la mayoría, es obligatorio. Una persona está obligada a traer su consciencia delante del Eterno cuando tiene la necesidad de compensar el pecado que ha cometido contra la propiedad de su prójimo. Era traída por aquella persona que tenía duda de haber transgredido la palabra de Yahvéh respecto a la propiedad, o si había hecho un falso juramento para defraudad, o elaborado un falso testimonio.

La ofrenda de Asham enseña claramente que un pecado contra nuestro prójimo es también contra Yahvéh. Expresa también que el verdadero arrepentimiento debe buscar resarcir el daño cuando es posible y dar muestras de no volver a hacerlo otra vez. Por medio de esta ofrenda se obligaba al hebreo a reconocer el derecho de propiedad privada. Aquí el pecado es visto como una transgresión contra el gobierno del Eterno. Nuestro arrepentimiento para con el Eterno no anula nuestra necesidad de reparar el daño hecho si es necesario. Por lo tanto, el damnificado debía ser compensado por el total del daño recibido más una quinta parte.

Tanto el Jatat, como el Asham expían por quien peca con una acción. Actuar exclusivamente en base a los deseos y transgredir la voluntad de Yahvéh es un comportamiento inapropiado para un ser humano. Entonces, uno llevababa como ofrenda un animal, que también actúaba en base al pensamiento. Se mataba a ese animal como diciendo: “Me he equivocado y me arrepiento del daño que le causé a mi alma. Mi lado animal se impuso; no quiero repetir ese error. Entonces, prometo matar al animalismo como la fuerza dominante en mi vida”.

Al investigar la codificación de estas cinco ofrendas encontramos ciertos tipos y figuras de la persona y de la obra del Señor Yeshúa, el verdadero «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Las mismas nos ofrecen de manera didáctica un panorama completo del Mesías en misión y su sacrificio en la cruz del Gólgota (Calvario). Son como espejos dispuestos alrededor del Señor y de su obra redentora en la cruz, de manera que cada uno refleja un punto de vista particular de su persona y de su maravillosa obra mesiánica.

A continuación les comparto dos imágenes que esquematizan perfectamente los diseños de fe que se esconden en estos cinco recursos de la adoración verdadera en el Mesías:

 

Pero hay algo más que debemos entender y es que en estos sacrificios está siempre involucrado el fuego, ya que se trata de ofrendas presentadas en el altar. Este nos enseña que nuestros actos (ofrendas) deben tener ese fuego que sale del alma. Estoy hablando de la llama de vida (Prov. 20:27; Juan 1:4; 8:12). La luz de la vida que nos fue dada en nuestro templo del cuerpo no ha sido puesta en nuestro corazón, para alumbrar, desde ahí, delante del Eterno. Por es que nuestro acercamiento al Eterno debe salir del corazón.

La palabra hebrea para corazón es lev y para flama o llama es labah. Ambas expresiones derivan de la misma raíz, por lo que debemos entender que dado que las ofrendas son quemadas por completo en el altar, de la misma forma nosotros debemos entregarle nuestra vida a Yahvéh por completo. La totalidad de nuestro ser debemos rendírselo diariamente a Él:

«¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,
el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios,
y que no sois vuestros?,
Pues habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Elohim en vuestro cuerpo
y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios».

(1 Corintios 6:19-20)

 

Esta conciencia de corazón pleno de pasión por vivir es representada en una ofrenda. En ella, cada redimido, da testimonio a todos los planes existenciales que su acercamiento al Eterno se basa en la siguiente certeza: «aquello que tomo de mí y ofrezco al Bendito manifiesta mi deseo que Él me haga parte de su naturaleza santa«.

Los Trece Atributos de la Misericordia Divina

Por P.A. David Nesher

 

 

 

 «Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: 
«YHVH, YHVH, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable…»

(Éxodo. 34:6-7)

 

 

Mientras nuestras almas se someten a la decisión de entrar en 21 días de ayuno parcial, hallo conveniente compartir con todos ustedes uno de los más grandes secretos que el Eterno reveló y transfirió a su Pueblo Israel, para lograr transformar toda tragedia en alegría. Me estoy refiriendo a lo que el Señor proclamó acerca de Él, en cuanto a Su naturaleza benevolente, durante un episodio decisivo en la historia de nuestra salvación.

 

Después de su gran pecado con el ídolo de oro (Éxodo 32), Israel a los pies del Sinaí se había arrepentido, y por intercesión de Moisés, el Eterno los había restaurado otorgándoles una segunda oportunidad. Esta nueva temporada de la gracias del Eterno produjo en las generaciones venideras una conciencia que les permitió siempre mantenerse firmes en los momentos duros de la historia certeros de que el Misericordioso Dios sería propicio de ellos.

 

Desde los sacerdotes y hasta cada sabio de Israel se concuerda que estos dos versos contienen una lista de 13 atributos de la misericordia de Dios, por esta razón se lo denomina «las 13 misericordias del Señor«. Es tan poderoso el conocimiento divino que se recepciona en esta revelación que en Israel, desde los tiempos davídicos, y durante cada fiesta bíblica, los peregrinos recitan los 13 atributos de Dios en su peregrina hacia el Monte Santo.

 

Me gustaría conducirlos a sumergirse en el poder maravilloso que esta revelación divina nos entrega.

 

En los países occidentales, el número 13 a menudo se relaciona con la mala suerte. De hecho, muchos edificios multi-pisos no tienen un piso número 13 debido a las supersticiones.

Antes de hablar sobre el número 13, es necesario que se entiendan dos conceptos:

  • Primero, que cada letra en el abecedario hebreo, que se compone de 22 consonantes, posee un equivalente numérico.
  • Segundo, que tanto los sacerdotes, tanto como los profetas practicaban la «guematría». Ésta es la disciplina dedicada a encontrar significado más profundo o escondido en las Escrituras basado en el valor numérico de sus palabras. Eso produce resultados muy interesantes. Uno de los ejemplos más comunes es la palabra hebrea de jai (חי), o «vida,» que tiene un valor numérico de 18; leyendo de derecha a izquierda, la letra ח = 8 y la letra י = 10. Dado que esta palabra es tan importante, muchos donativos judíos monetarios vienen en múltiplos de 18.

Ahora bien es importante para nosotros notar que, desde la mentalidad hebrea, el número 13 no representa la mala suerte de acuerdo a la guematría profético-sacerdotal. Normalmente escrito como yod-guímel [יג], el 13 tiene el valor numérico de la palabra ahavá («amor,» con las letras alef-hei-bet-hei) [אהבה] y de ejad («uno,» como en la declaración diaria de que Dios es Uno, con las letras alef-jet-dalet) [אחד]. Trece es la edad de la responsabilidad, cuando un niño se convierte en «hijo del pacto» o bar-mitzvá. Clamamos por la misericordia del Eterno Dios al recitar lo que la Tradición Rabínica denomina como «shlosh Hesreh middot» (שלוש עשרה מדות), que traducimos como los Trece Atributos de la Misericordia de Dios según Éxodo lo revelado en el libro de Éxodo (Shemot) cap. 34, vv. 6-7.  Estos Atributos son los caminos de Bondad, Misericordia y Juicio, con los cuales Elohim conduce al mundo y a la humanidad.

 

La Torah nos relata que Moisés había pedido ver la gloriosa Presencia del Eterno (Ex. 33:18), así que aquí, Dios continúa respondiendo a su petición. La pregunta que se contesta aquí, tanto a Moisés, como a nosotros es: ¿Qué es la Gloria de Dios? Y la respuesta que el Señor da, rompe los paradigmas equivocados de toda religión. La Gloria de Dios es más que una visión y/o manifestación de poder y majestad divina. La Gloria de Dios incluye conocer su naturaleza, carácter y manera de relacionarse con todas sus criaturas. Por ello, debemos entender que la Gloria de Dios se revela por medio de Su Misericordia y Justicia, extendidas con gracia (favor inmerecido) sobre todos los hombres, llenándonos de beneficios diariamente.

 

El Eterno al atravesar a Moisés en la nube lo bendijo compartiendo una visión profética en la que Él mismo estaba envuelto en un manto (tal como el talit cubre a un líder de una plegaria pública) mientras recitaba estos trece Atributos de Misericordia. Haciendo esto Dios le dijo que cada vez que Israel errara debían decir estas palabras y Dios perdonaría. Desde entonces todos los hijos del Eterno contamos con una de las armas mas poderosas que tenemos: clamar con las trece cualidades de misericordia de Dios en las cuales mencionamos Su gran bondad y piedad, rogándole que se conduzca con nosotros con tolerancia y benevolencia. Así que si alguna vez están realmente en un caso de extrema urgencia y necesitan una salvación urgente ¡les recomiendo que se aprendan esta lista de memoria!

 

  1. YHVH – yud-hei-vav-hei (Esta mención al Tetragrámaton refiere en primer término a que el Nombre Inefable de Dios trasciende a la razón humana).
  2. YHVH – yud-hei-vav-hei. (Esta segunda mención del  Nombre YHVH da a entender que Él es quien origina todo lo existente y que implica «middat harahamim» (מדת הרחמים), es decir que la Misericordia de Dios es para con toda la creación.
  3. Dios – El. El Atributo  «El» (אל), significa en hebreo bíblico fuerza. Por lo tanto el Atributo Elohim (que incluye «El«) denota la plenitud; la fuerza y la idea de Dios Omnipotente, o la el que tiene la totalidad del poder para conducir todo lo creado por El.
  4. Misericordioso – Rajúm (רחום): esto indica que el Eterno sólo hizo bondades con todo ser humano durante su estado embrionario mientras permanecía en el seno materno, en su desarrollo y crecimiento. El mismo término רחמים («Rajamim«) traducido como Misericordia, deriva de la palabra hebrea רחם *»Rejem«, que quiere decir seno materno.
  5. Y Clemente – v’Janún (חנון): Indica la Bondad del Creador al dotar al ser humano con inteligencia y raciocinio.
  6. Tardo de ira – Erej Apayim: este Atributo divino, es el que acompaña al ser humano especialmente desde su nacimiento hasta su pubertad señalando que la persona humana no podría crecer ni desarrollarse si fuera juzgado únicamente con el atributo del rigor.
  7. Y grande en benevolencia – v’Rav Jesed
  8. Y Fidelidad – v’Emet
  9. Quien prodiga misericordia por miles de generaciones – Notzer Jesed l’Alafim
  10. Perdona la iniquidad – Nose Avon
  11. Y el pecado intencional – v’Fesha
  12. Y el error – v’Jataah
  13. Y purifica – v’Nakeh

 

Cuando terminamos de proclamar los 13 Atributos entonces declaramos audiblemente y desde nuestro corazón:

«Misericordioso y lleno de gracia, hemos pecado delante de Ti; ten misericordia de nosotros y sálvanos«.

Desde esta consideración de los Trece Atributos de la Misericordia, los invito a porofundizar el poder que se esconde en esta revelación:

Al meditar profundamente en los 13 atributos de la misericordia divina, descubrimos con asombros que son la forma en la cual el Creador se comunica con nosotros diariamente manifestándose como Abba (Papi). Esto significa que si el creador se comunica así con nosotros, cada uno de nosotros está obligado a comunicarse del mismo modo con su prójimo. Si así lo hacemos estos atributos nos protegerán como si fueran trece flechas (vectores) apostadas a nuestro favor, simplemente porque estamos siendo, en nuestro actuar, semejantes al Eterno.

Entonces analicemos cómo deberá ser nuestro carácter mesiánico una vez que Yeshúa nos penetra revelándonos al Padre en Su misericordia (Nota: al leer estos puntos compárelos paralelamente con lo puntuado en la descripción anterior):

 

  1. Todos nos equivocamos pero la Luz Infinita (Yeshúa) es misericordiosa y tiene la paciencia para que nosotros volvamos al camino, así debemos ser con los demás.
  2. Paciencia y tolerancia con los demás, nos obliga a no elaborar un juicio inmediato con nuestro prójimo.
  3. La Luz Infinita (Yeshúa) se olvida y deja pasar las cosas malas que hacemos. Esta es la esencia propia del perdonar.
  4. La Luz Infinita siente nuestro dolor. Así nosotros debemos sentir el dolor de los demás. Esto nos conduce diariamente a buscar el bien en los demás y para los demás.
  5. No guardar enojo ni rencor, ni a nosotros ni a los demás. La ira se hace positiva y constructiva.
  6. La Luz Infinita siempre busca lo bueno en nosotros, y nosotros debemos siempre encontrar lo positivo en las demás personas. Gracias a esto, realizamos solamente actos de bondad.
  7. Nosotros cambiamos y la Luz Infinita se olvida de nuestro pasado, así debemos ser. Esto significa que amamos y buscamos el bien para alguien que ha dañado y desea rectificar.
  8. La Luz Infinita con nuestra negatividad trata de ocultarla y no exponerla hasta que nos transformamos.  Nosotros debemos darle el tiempo al prójimo olvidando sus malas acciones.
  9. Cuando vemos que la gente hace cosas negativas nosotros queremos que sufran las consecuencias pero debemos inyectar misericordia y no desearle el mal. Debemos practicar la compasión.
  10. Actuar con honestidad. A veces tenemos que hacer juicio de otra persona, pero siempre debemos hacerlo con misericordia y mencionando en que.
  11. Actuar con bondad e indulgencia hacia los demás. La Luz Infinita da sin cálculos. Debemos tener la conciencia de dar y compartir. Estar en ese nivel de conciencia que YHVH anhela que tengamos.
  12. La luz siempre encuentra algo positivo en mi para darme misericordia. Nosotros siempre debemos buscar lo positivo en los demás. Debemos ayudarlos a llegar a hacer teshuvá (retorno) y no guardar rencor.
  13. Buscar maneras de mostrar misericordia y compasión a los demás. Recordar el pasado, nunca olvidarse de lo que hicieron por ti. Aunque ahora te hagan algo que no te guste, siempre recordar lo que alguna vez hicieron por ti o como te ayudaron a crecer. Desde allí obrar con ellos hacia hoy y hacia el mañana.

El pueblo de Israel, al recibir por medio de Moisés, este conocimiento, después de haber sido perdonado por el pecado del becerro de oro, captó la idea clara del propósito: así como el ser humano se comporta aquí abajo para el Eterno y su prójimo, igual será digno de abrir la calidad de esos atributos supremos desde arriba. Es decir que tal como él se comporta, así será la influencia de arriba y hará que esa calidad brille sobre su entorno. Esto conlleva el compromiso sabio de entender que no se trata simplemente de repetir oralmente estos trece atributos sino de representarlos fielmente en cuerpo y alma aquí en la Tierra.

 

Como podemos ver entonces, estos trece atributos no son tan solo ideas abstractas. Las mismas afectan los planos celestiales y los terrenales, fusionando, fusionándose y afectándose tanto desde «aquí abajo hacia arriba» como desde «allá arriba hacia aquí abajo».

 

Al considerar esta revelación no hay duda alguna que todos deberíamos alabar a Dios por esos maravillosos atributos, y pedirle que nos ayude a tratar a los demás con misericordia de la misma manera en que Abba nos trata a nosotros. Entonces, por favor, te pido que pienses en cada una de los atributos de la misericordia divina antes mencionadas y reflexiona en como poder imitarlos en cada uno de tus actos cotidianos.

 

 

¡Tzome Khal! (¡Espero que tengas un ayuno llevadero y fácil!)

 

 

A continuación les comparto una canción que podrán utilizar como fondo cada vez que clamen al Eterno invocando Su Misericordia.

 


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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Una oración por su matrimonio… (para orar juntos)

Padre, en Tu Palabra está escrito que estimemos nuestro matrimonio como digno, precioso, de gran valor, y especialmente apreciado. Estamos de acuerdo con Tu Palabra y actuamos conforme a ella.  

Por nuestra propia voluntad, alejamos la contienda al ser prontos para escuchar, tardos para hablar y lentos para la ira. Confesamos y creemos que no nos ofenderemos el uno al otro ni nos sentiremos ofendidos el uno con el otro.

En Tu Palabra se nos declara que nos has unido con propósito y con poder; por tanto, nos comprometemos a ser el instrumento poderoso que Tú diseñaste que fuéramos en la Tierra. Deseamos ser un ejemplo de Tu amor ante nuestra familia y amigos.

 Padre, ahora, tomamos la decisión de calidad de vivir en armonía. Nos ponemos de acuerdo en no entregarnos al egoísmo que causará división y destrucción. Declaramos que valoramos y honramos nuestro matrimonio, manteniendo nuestro lecho matrimonial puro; y confesamos que éste se vuelve más fuerte cada día, y así también es de incentivo para quienes nos rodean.

Nos comportaremos con honra y decoro —amables, bondadosos, compasivos, comprensivos y amorosos, el uno con el otro—. Siempre estamos listos para creer lo mejor de cada uno, y con libertad nos perdonamos el uno al otro.

Padre, declaramos y establecemos que vivimos en una morada pacífica, y en un lugar de tranquilidad y descanso. Gracias, Padre, por hacernos herederos de la gracia de vida. Hacemos este compromiso ante Tu trono en el nombre de Jesús y con la autoridad de Tu Palabra. Amén.

(Referencias bíblicas para hacer esta oración y estudiar: Hebreos 13:4; 2 Timoteo 2:24-26; Colosenses 1:10; Filipenses 2:2, 4:7; Efesios 4:32, Isaías 32:17-18; Jeremías 1:12; Santiago 1:19, 3:2; 1 Pedro 3:7; Marcos 11:23; Mateo 18:19; Filipenses 2:3)

¡Navidad NO es Jesús…!

Al investigar en las Sagradas Escrituras, notamos que no existe mención alguna sobre una fiesta que pueda asemejarse a la Navidad. En ninguna de sus líneas se insinúa que los hebreos fieles al Eterno o las iglesias del primer siglo conmemoraran celebración semejante.

 

 

La única conmemoración que vemos instituida en la Biblia como señal características de la Nueva Alianza fue la relacionada con la muerte de Jesús, no con su nacimiento. Estoy refiriéndome a la Cena del Señor o Eucaristía, establecida en la ocasión del Pesaj (Pascua), y en la que nuestro Mesías Salvador afirmó que el pan y el vino eran símbolos de Su cuerpo y Su sangre entregados por nosotros (Mateo 26:26-28). Él dijo: “haced esto en memoria de Mí” (Lucas 22:19). Dando a comprender que la única manera que el deseaba que se lo recordara estarías relacionada con su muerte redentora, y no con su nacimiento astrológico. Es más, la costumbre de conmemorar el nacimiento existía solo entre los paganos.

 

 

Para que esto quede claro los invito a escuchar esta pequeña catequesis al respecto:

 

“Adon Olam”, una canción para conectarse con el Dueño del Universo

“Adon Olam” es un himno incorporado a la liturgia hebrea, tanto de la plegaria sefardí como ashkenazi; atribuido al conocido poeta y filosofo judío que vivió en España Shlomo Ibn Gabirol (1020-1058) y quien supo unir al profundo sentimiento de amor a Dios con sus conocimientos de filosofía y astronomía del momento. Las palabras finales “El Señor está conmigo y nada he de temer” se encuentran en Tehilim (Salmos) 118:6.

Adon Olam, que puede traducirse como “Señor del Universo”, consta de tan solo diez estrofas rimadas y fue escrito en hebreo. Se lo incorporo en las sinagogas como uno de los cánticos de cierre o clausura en los rezos de Shabat o fiestas.

Existen muchas versiones y melodías de esta plegaria pero sin dudas la mas famosa es la que compuso en el año 1976 el israelí Uzi Hitman Z»l. En este video -que lo acompañan imágenes de Israel tomadas de You Tube- es cantada de una manera original por un coro de chicos de etiopia llamado Shebah.

El cantautor Shlomo Gronij fue invitado en el año 1991 a un programa de television y decidio traer a cantar a un grupo de chicos recien llegados de Etiopia (en la foto) para que conozcamos otras voces, otros acentos, otros tonos, algo diferente. La idea fue tan exitosa que decidieron juntarse y sacar un album de canciones en 1993 que es para mi, uno de los mejores jamas hechos en Israel.
El album trae canciones sobre el camino que hicieron los judios etiopes rumbo a Israel cuando llegaban caminando miles de kilometros atravezando el desierto de Sahara por Sudan y Egipto. Entre los mejores temas: «Jasida» (cigueña), «Adama Jama» (tierra caliente), «Shir Hamasah» (la cancion de la caminata), «Zijronot meafrica» (recuerdos de Africa), «Eli Ata» (Tu eres mi dios) o «Bakaravan» (en la casa rodante).

Esta version que escuchamos en el video es de aquel album y junta varias melodias de la misma cancion.

En otro momento tratare de compartirles otras versiones de esta misma canción que siempre nos acompaña como un himno de agradecimiento y respeto a nuestro dios. Nada mas adecuado para cantar esta tarde en las casas o donde nos toque recibir al bendito Shabat … espero que sea tranquilo y espiritual, lleno de paseos y familiar.

Adon Olam : canción para el Señor del UniversoAdon Olam, que puede traducirse como “Señor del Universo”, consta de tan solo diez estrofas rimadas y fue escrito en hebreo. Se lo incorporo en las sinagogas como uno de los cánticos de cierre o clausura en los rezos de Shabat o fiestas.

Posted by Mcms Web on Viernes, 6 de noviembre de 2015

«Dar lo imposible es lo que más ama Él»… ¡Pidamos cosas imposibles!

Podemos todo por la oración.

Si no recibimos nada es porque o nos falta fe o no hemos orado bastante, o porque no sería conveniente para nosotros lo que solicitamos nos sea concedido, o porque Dios nos quiera conceder otra cosa mejor que lo que pedimos.

Pero jamás no recibiremos lo que pedimos porque sea demasiado difícil de obtener; nada es imposible de obtener… No vacilemos en pedir a Dios aun las cosas más difíciles, tales como la conversión de los grandes pecadores, de naciones enteras; pidámosle más que todas, aquellas que son las más difíciles, con la confianza de que Dios nos ama apasionadamente…

Pero pidamos con fe, con insistencia, con constancia, con amor, con buena voluntad…, y estemos seguros de que si pedimos así y con suficiente confianza, seremos escuchados, recibiendo la gracia solicitada o una mejor.

Pidamos, pues, ardientemente a Nuestro Señor las cosas más imposibles de obtener, si ellas son para su gloria, y estemos convencidos que su Corazón nos las concederá, tanto más cuanto más imposibles parezcan humanamente, pues dar lo imposible es lo que más ama Él y le es más agradable a su Corazón, ¿y cómo nos ama Él?

Por  Carlos de Foucauld

Nada es imposible para Dios frase inglés

¡Toda Lengua y toda Nación adorarán al Abba!

Siempre he tratado de imaginarme cómo será la alabanza a Dios en el Cielo, cuando personas de toda lengua y nación, juntos, adoremos al Eterno Dios por habernos redimidos del pecado, dando así Gloria a Su nombre por siempre. Siempre salgo convencido de esa visión que aquellos «momentos eternos» serán gloriosos manifestando a los seres humanos en una verdadera y plena unidad en la que las personas no serán voloradas por su color de piel o su nacionalidad.

Hoy, encontré este video del cantante Chris Tomlin, que puede brindarnos hoy una idea de aquel glorioso momento. Es un concierto donde verán a personas de diferentes nacionalidades reunidas en un mismo sentir y adorando a nuestro Abba con todo el corazón:

Un Científico asegura que después de la Muerte existe el «Cielo»

El neurocirujano estadounidense Eben Alexander se ha desempeñado como profesor de la escuela de medicina de Harvard. Él estaba convencido que las experiencias extracorporales (separación cuerpo espíritu) eran alucinaciones causadas cuando el cerebro era dañado. Pero, tras su experiencia cercana a la muerte ha cambiado su opinión al respecto. Y es que estuvo en coma por siete días y al despertar contó que estuvo en el cielo y vio Dios.
Hace siete años (2008) despertó una mañana con un dolor de cabeza punzante. A las pocas horas, entró en un estado de coma. El neocórtex, la parte del cerebro que se encarga de todos los procesos de pensamiento que nos hace humanos, se había cerrado completamente.
Tras esa situación fue llevado al hospital, donde los médicos determinaron que había contraído meningitis y dijeron que no habían posibilidades de supervivencia.
«Yo estaba en estado de coma profundo, en estado vegetativo, y todas las funciones superiores de mi cerebro estaban desconectados. Mi cerebro no estaba funcionando pero mi yo interior todavía existía, desafiando todas las leyes conocidas de la ciencia«, cuenta Eben.
Mientras estuvo en esa situación, cuenta que su conciencia se fue en un viaje a través de una serie de reinos en un viaje más allá del mundo físico, llegando asegurar que  la conciencia existe más allá del cuerpo.
Relata que vio una luz que descendía lentamente desde arriba, arrojando una especie de cuerdas de plata con un resplandor dorado. Se oía una música hermosa y celestial. La luz se abrió como una rasgadura y me sentí subiendo a través de una grieta, en un valle lleno de vegetación exuberante y fértil, donde fluían aguas cristalinas.
También afirma haber visto a Dios durante esta experiencia, aunque no fue «el hombre con barba blanca«, como todos solemos imaginarlo. «Esta deidad está más allá de cualquier palabra, hay una sensación irresistible de aquella presencia amorosa e infinita«.
«Hay registros médicos de cada minuto de mi estado de coma, y ​​ninguno de ellos mostró ningún indicio de actividad cerebral. En otras palabras, en lo que la neurociencia puede decir que mi viaje no era algo que sucede dentro de mi cabeza«, enfatizó Eben.
«Muchos científicos tiene dificultades para aceptar estas afirmaciones. Mi experiencia socava su sistema de creencias. Pero el único lugar donde he encontrado aceptación es en la iglesia, donde mi historia a menudo coincide con las expectativas de la gente«. concluyó.
Por otra parte dice que esta experiencia le ha permitido ver la muerte desde la otra orilla y que somos más que un cuerpo biológico; habla de que se ha dedicado toda su vida estudiar el cerebro y que dedicara el resto de su vida a estudiar la conciencia para demostrar que hay algo más allá de la muerte.
El Dro. Eben dice que esta experiencia podrá dar una nueva visión científica de que en verdad el cielo existe. En base a todo esto escribió el libro llamado «Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife«,  que traducido dice: «La prueba del cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la muerte«, siendo un rotundo éxito  y causando gran controversia en el mundo científico. En su libro cuenta su experiencia extracorporal afirmando que la conciencia es independiente del cerebro, que la muerte al parecer es un espejismo y que la eternidad es la última frontera.A continuación pueden ver una entrevista del periodista, columnista de «The Miami Herald» y analista de CNN en Español, Andrés Oppenheimer al Dr. neurocirujano Eben Alexander, sobre su experiencia vivida en ese estado de muerte comatosa o cero actividad cerebral, cuando contrajo una meningitis bacteriana.

Watoto: Niños que alaban más allá de toda circunstancia

Les presento al coro infantil Watoto, de Uganda (África). Tiene la misión de ayudar y apoyar a los casi 50 millones de huérfanos en África. Estos niños dicen que cantar es solo parte de su propósito ya que actúan como embajadores del Eterno Dios para crear conciencia sobre la difícil situación de los niños vulnerables de África.

El videoclip que les comparto ahora con la canción: “Oh What Love – Be Exalted” ha causado sensación en las redes sociales.

 

 

Debo destacar que cada uno de los pequeños del coro ha sufrido la pérdida de uno o ambos padres. Ellos hoy viven en las Aldeas Infantiles Watoto (que significa “niño” en un dialecto africano). Con casas, una nueva familia y educación gratuita, reciben el cuidado y la crianza que necesitan para crecer como ciudadanos productivos de su propio país. Pero lo más importante es que todos aprenden el amor de Cristo presente en sus vidas. Con la música vibrante y original africana, las rutinas de baile y las historias de vida, sus cantos y danzas se convierten en un signo de esperanza para un pueblo marcado por  las dificultades y  los sufrimientos.

 

 

Este coro inició en 1994. Desde entonces ha viajado por todo el mundo para crear conciencia sobre la lucha de los huérfanos africanos. “Todos los niños han sufrido el dolor de una pérdida, un rechazo, un abandono o de perder a las únicas personas importantes en su vida: mamá y papá”, dice Edwin Smith, líder del equipo.
watoto dance

Quiénes mejor que ellos nos pueden enseñar que nuestro Eterno Abba (Dios) nunca deja solo a nadie y que Él tiene un perfecto diseño para nuestras vidas, a fin de que manifestemos Su propósito eterno. Por eso hay esperanza y alegría en este mundo…  algo que estos niños  desean compartir con todos alrededor del planeta.Mira el impresionante video donde estos niños alaban al Eterno Dios con tanto gozo sin importar su condición o situación:

Decálogo para Celebrar al Eterno en Asamblea

«… yo los llevaré a mi
santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus
sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada
casa de oración para todos los pueblos».
(Isaías 56:7)
 
A esta altura de la vida de nuestro Ministerio Internacional, hemos comprendido que la adoración de Yahvéh es santa, pura y excelsa. Dado que nuestras reuniones tienen por objeto el estudio de la Torah y la adoración al Rey Eterno, Yahvéh, nuestro Abba,  entendemos que debemos mostrar el debido respeto a tal alta dignidad; así manifestamos que nos adherimos al criterio divino sobre las cosas sagradas, y revelamos nuestra conciencia regia que entiende y manejas protocolos de nobleza celestial.
Es cierto que, en sentido literal, Yahvéh ya no tiene en la Tierra una ciudad santa ni un templo especial dedicado a su culto; pero no olvidemos que las reuniones donde lo adoramos son sagradas, tanto como que nuestras asambleas son el Templo de Su Presencia (Shekihah).
Tenemos bien claro que el Eterno nos bendice cuando nos congregamos para adorarlo, estudiar su Palabra y disfrutar de la grata compañía de los hermanos. Dondequiera que haya una reunión, podemos estar seguros de que es allí donde “ordenó Yahvéh que estuviera la bendición” (Salmo 133:1, 3). Pero para recibir esta bendición, debemos estar presentes y atender al programa espiritual siguiendo un protocolo de conducta digna de los hijos del Rey de los Cielos. Sin duda, las reuniones forman parte de nuestra adoración, por lo que durante ellas debemos mantener una actitud reverencial y atender respetuosamente.
En el capítulo 14 de su primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo da recomendaciones prácticas para llevar a cabo las reuniones, y concluye dando la siguiente norma: “pero hágase todo decentemente y con orden (con arreglo protocolar)” (1 Corintios 14:40). Dado que las reuniones constituyen una parte esencial de la actividad de la asamblea de los primogénitos, es nuestro deber comportarnos en ellas como es propio de los miembros de la casa de Yahvéh.
A continuación te dejaré diez consejos que te ayudarán a integrarte en cualquiera de las comunidades del Monte Santo y a vivir plenamente la celebración que en ellas se otorgan al Eterno.
1.-Llega siempre puntual, incluso antes de iniciar la santa asamblea festiva. 

 

Recordar que el primer precepto del Eterno para Su Iglesia es Shema, es decir «¡Escucha!», lo que obliga a que te dispongas a oír el mensaje completo que Él tiene para ti en cada oración, alabanza, testimonio, etc.  que se ofrecen a Su Nombre en cada celebración. Para esto es importante llegar a tiempo a la asamblea. ¿Para qué? Para prepararnos espiritualmente en oración haciendo nuestra oración personal.
2.- Entrando al santuario tu primera acción debe ser comulgar con el Señor. 
Nunca entres despistad/(a). Si la salud te lo permite arrodíllate completamente o al menos la rodilla derecha al suelo (genuflexión), como señal de adoración y respeto al estar frente al Señor de la asamblea.
Una vez haces tu acto de adoración busca el lugar que quieras, ojalá empezando a ocupar los primeros bancos.
3.- Si tienes que moverte dentro de la asamblea hazlo con respeto. 
4.-  Observa  y disfruta del silencio que todos los miembros de la asamblea crean con su reverencia.
Habrá personas orando en distintos signos corporales (de pie, sentados, de rodillas, etc.) Permanece en silencio u orando como preparación personal y para respetar el momento de los demás con el Eterno Dios.
Observar el silencio antes, durante y después de la celebración; a excepción cuando necesariamente se ha de cantar o responder a las acciones litúrgicas.
Considera que la celebración es algo sagrado; esto implica apagar o silenciar el teléfono móvil, no lo pongas con vibrador porque te distrae y te hace dependiente. Si por distracción olvidas apagar el teléfono móvil y te suena durante la misa, no salgas de la iglesia a responder; apágalo inmediatamente.
5.- Vístete con decencia y decoro como parte de la ofrenda que entregas al Eterno Dios. 
Vístete con lo mejor que tengas. Cuanto más elegantes, mostramos más respeto y amor. Viste bien, pero por la dignidad del lugar y del momento y no para que te luzcas ante la gente. No lleves vestimentas atrevidas aunque haga calor, ni ropa deportiva, ni shorts, chancletas,…
No es sólo cuestión de no usar prendas indecentes: hay cosas superdecentes que son demasiado deportivas: nadie se las pondría para una sesión de gala en un teatro, y mucho menos para una cita con alguien muy importante en el gobierno de una nación. Su traje es una muestra de respeto, la informalidad no debe llevar a asistir con minishorts, microminifaldas o escotes demasiado pronunciados; la iglesia no es una pasarela.
No es cuestión de si se puede o no: es cuestión de amor. Quien ama trata de dar lo mejor a quien ama.
6.- Cuida la limpieza de todo el recinto y evita el chicle antes y durante la celebración.
 
Es responsabilidad de todos los asistentes, cuidar los muebles y demás implementos de la iglesia que, con mucho esfuerzo se han conseguido con el aporte de todos. Por ello, rayar o escribir en las sillas y bancas constituye un acto reprochable.
El lugar que Yahvéh escogió para que lo adoraran los israelitas había de ser sagrado. Por eso, el tabernáculo y sus muebles y utensilios fueron ungidos y santificados para que llegaran “a ser santísimos” (Éxodo 30:26-29). Asimismo, las dos partes en que se dividía este santuario se denominaban “el Lugar Santo” y “el Santísimo” (Hebreos 9:2, 3). Y cuando el tabernáculo fue reemplazado por el templo en Jerusalén, esta ciudad se convirtió en el centro del culto a Yahvéh, razón por la que se llamó “la ciudad santa” (Nehemías 11:1; Mateo 27:53). Durante su ministerio terrenal, nuestro Mesías Yeshúa respetó el templo y se indignó por el descaro de quienes lo utilizaban como atajo y zona de negocios (Marcos 11:15, 16).
Observar esta norma es signo de máximo respeto de quien identifica la presencia real del Mesías en la celebración; es también la preparación y correcta disposición para recibir al Señor.
7.- Controla a tus hijos. 
A los niños más grandes es preciso irles creando conciencia sobre lo que significa el lugar dónde adoramos al Padre en espíritu y en verdad. Si los padres quieren que crezcan en la fe, deberán enseñarles lo que ello implica y a qué van; con su buen ejemplo irán aprendiendo.
Si son pequeños evita que jueguen molestando a los demás y edúcalos en el respeto que merecen el lugar y el momento; así sabrán la importancia que tiene.
Si son muy pequeños o de brazos, y no puedes encomendarlos a alguien, procura situarte en los bancos del final por sí es necesario salir de la asamblea a tranquilizarlos en el caso de que lloren.
Los padres deberán estar más atentos sobre el comportamiento de los niños para que no interrumpan el recogimiento, meditación y concentración de los demás. No es correcto regañarlos en medio de la celebración y tampoco que los dejen jugar entre ellos generando ruido e incomodidad.
8.- Dice Jesús, nuestro Mesías y Dueño: “Mi casa será llamada casa de oración” (Mt 21,13). 
No es que el santuario sea un lugar sombrío y severo pero tampoco es lugar para diversión ni para andar a las anchas. Es mas bien un lugar sagrado, diferente a todos los demás. ¡Es casa de oración! No es necesaria la rigidez pero no se debe andar como en el parque o en un centro comercial.
Por tanto el salón de gobierno, lugar dónde se realizan las celebraciones, no es un espacio para tertulias; no confundas la iglesia con una cafetería, no te sientes con las piernas cruzadas como en los actos o reuniones sociales.
La celebración no es momento de expresar afectos personales. Si estás con tu esposo (a) o novio (a), deja los cariños extravagantes para otro lugar y momento. Ahora son tú y tu pareja, cada uno con el Eterno Dios: vivan la misa como pareja, pero dirigidos al Eterno Dios.
El Salón de Gobierno, donde se convoca cada asamblea, es un sitio de recogimiento y oración. Deja las conversaciones para cuando salga de la celebración.
Toda nuestra actitud debe reflejar nuestra fe en la Presencia de Cristo.
9.- Participa activamente de la celebración en cada detalle de la misma.
Deja tus lecturas y devociones para otro momento, ya sea para antes o para después de la misma.
Participa en las oraciones y el canto congregacional; asistir a la asamblea no es solo cuestión de cumplir con un precepto, es la oportunidad para agradecer, reflexionar y acercarse a su Dios.
En cierta ocasión, los cristianos del siglo primero “levantaron la voz de común acuerdo a Dios” en fervorosa oración; como consecuencia, siguieron “hablando la palabra de Dios con denuedo” pese a la persecución (Hechos 4:24-31). ¿Nos imaginamos a alguno de estos fieles dejando vagar la mente mientras los demás oraban? Claro que no, pues todos oraron “de común acuerdo”. Las oraciones que se hacen en las reuniones expresan los sentimientos del auditorio; de ahí que merezcan nuestra atención respetuosa.
Aprovecha esos pocos minutos para orar y ratificar tus creencias.
Asiste con alegría y salgas con entusiasmo y un mayor compromiso para con tus semejantes y contigo mismo Recuerda que el principal compromiso de cada uno de los asistentes es hacer de este mundo que recibimos un lugar mejor para todos.
10.- No favorezcas la distracción. 
En la celebración, frente a la Mesa de Comunión, abandona todo otro asunto o pensamiento. No desvalorices la misa con un corazón dividido, pensando en tus asuntos fuera de misa.
No te ocupes en banalidades, ni mirando a los demás, mucho menos con malicia u obscenidad. Tampoco la pases mirando el reloj, como si tuvieras ganas de que la misa acabe cuanto antes.

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

 Por David Nesher

La Historia de la Salvación nos revela que la relación adecuada entre el ser humano y la divinidad es la adoración. En la relación de hijos que el Mesías nos da con el Padre, entendemos que hemos dado un paso significativo en nuestra vida de fe cuando nos encontramos con el hecho de que hemos aprendido a adorar al Eterno en Espíritu y en Verdad.
Entendemos que la adoración verdadera conlleva el reconocimiento de que Dios está en lo alto y nosotros estamos en lo bajo; de que Dios es santo y nosotros pecadores aceptos en Su gracia; de que Dios es inmensamente grande y sublime y que nosotros somos pequeños, casi insignificantes, un minúsculo grano en la inmensidad de la creación; de  que Dios es todo sabiduría y nosotros, la mayoría de las veces, necedad y vanidad. Ya sea por estas u otras razones, entendemos en el acto de la adoración que estamos inhabilitados para tratar a Dios directamente; es como si necesitásemos de un medio o algo que nos permita presentarnos ante Dios para ofrecer tan siquiera un humilde y tosco tributo.

Jamás hombre alguno ha podido acercarse al Dios verdadero basado y amparado en su propia virtud, sino que, desde los inicios mismos de la historia humana, el que en verdad se ha acercado a él, lo ha hecho apoyándose en una ofrenda por sus pecados, o un sacrificio sustitutivo a su favor, o en una promesa de perdón recibida de parte de Dios mismo. Y en este acercarse a Dios por parte de los hombres de la antigüedad, un elemento pleno de significados es el altar: una especie de estructura sobre la que se ofrecían a Dios ofrendas, generalmente de animales sacrificados, como un acto de adoración.

El primer altar que el hombre edificó fue levantado para adorar a Dios y esa es  la principal razón por la que nosotros también debemos edificar un altar al Señor en nuestra vida diaria. La primera vez que aparece la palabra altar en las Sagradas Escrituras es en el libro de Génesis (capítulo 8, versículo 20), cuando Noé edificó un altar y tomó de todo animal limpio ofreciéndolo en olor fragante a YHVH.
Desde ese momento, y a través de los tiempos antiguos, encontramos hombres como Noé, Abraham, Isaac, Moisés, David, Gedeón etc. construyendo altar al Señor. Entendemos que el altar era un símbolo de sacrificio, adoración y sabemos que muchas veces se construía para recordar la promesa de Dios. En el tabernáculo de reunión, y en el templo de Salomón, se construyo el altar de bronce y el altar del incienso en dónde se ofrecía el holocausto y se quemaba el incienso aromático respectivamente.
Al entrar en el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto, de acuerdo al diseño que se le reveló, el altar era lo primero con lo que el adorador se encontraba. Era lo que estaba a primera vista. Además era el objeto mas grande en el tabernáculo. De acuerdo a estos testimonios escriturales surge el siguiente cuestionamiento: ¿por qué YHVH demanda que se le haga altar? Porque el altar es un símbolo de restauración. Para los hombres de la antigüedad el altar traía el cielo a la tierra. ¡Altar es comunión con Dios!
Ahora bien, para poder entender mejor el altar, los invito a dar un vistazo a las palabras en hebreo y griego, utilizadas en la TaNaK (forma correcta de decir Antiguo Testamento) y los libros del Nuevo Pacto, para referirse a esta expresión.
En hebreo encontramos tres maneras para decir ALTAR:
  1. – MIZBEAJ: Significa «un lugar alto donde se hacen sacrificios«. Este vocablo se usa más de 400 veces en el Antiguo Testamento. Aparece por primera vez en Génesis: 8:20.
  2. – ZABAJ: significa «matar para comer» o «sacrificar«.
  3. – ZEBAJ: «Sacrificio que establece comunión entre Dios y los que comen el sacrificio«.

Innumerables son los altares que se registran en el Antiguo Testamento (TaNaK) en el devenir de la historia de la salvación: el «altar» de Noé (Gn 8:20); los de Abram en Siquem (Gn 12:7), en Bet-el (Gn 12:8) y en el monte Moriah (Gn 22:9); el de Isaac en Beerseba (Gn 26:25); de Jacob en Siquem (Gn 33:20); de Moisés en Horeb (Éx 24:4); de Samuel en Ramá (1 S 7:17); del templo de Jerusalén (1 R 6:20; 8:64); y los dos «altares» previstos por Ezequiel en el templo restaurado (Ez 41:22; 43:13–17).

altar ariel

Los hombres en la antigüedad tenían claro que el altar hablaba constantemente de la relación del ser humano con Dios, tuviese o no tuviese ofrenda sobre sí. El altar de por sí ya era una señal que proclamaba poderosamente todo un mensaje de parte de Dios para las personas. El altar era una forma de recordatorio para aquellos que estaban llamados a relacionarse con el Dios Eterno: recordaba constantemente que Dios se había manifestado a ellos, que les había dado sus palabras, que en momentos especiales se reveló a ellos comprometiéndoles para con él. Era una especie de testimonio perenne de que Dios había venido manifestándose a ellos desde hacía tiempo con fiel y santo amor.

Entendiendo que lo del Antiguo Testamento fue una sombra y figura de lo que habría de venir, hoy nosotros también somos llamados a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Al igual como eran ofrecidos los sacrificios en los tiempos antiguos (animales sacrificados), hoy somos nosotros invitados a subir voluntariamente al altar y presentar un sacrificio vivo a Dios. El Eterno Padre nos llama a edificar un altar para él en nuestras vidas. Es un llamado a invocar su nombre en la vida diaria, en nuestro lugar de permanencia (casa, sitio de trabajo, lugar de estudio, etc.). Es un llamado a reconocer nuestra vulnerabilidad y necesidad de su bendición. Es un llamado a establecer señales que tengan un real significado para las decisiones que tomamos en nuestro diario andar. Es un llamado a la fe, a la consagración, a reconocer su santidad y la necesidad de que nosotros también lo seamos, es un llamado a la esperanza y a la adoración.

A esta altura de nuestro estudio nos debemos preguntar: ¿Cómo se restaura el altar? ¿cuáles son los principios para hacerlo tal y como Abba lo revela? Para responder estas preguntas nos es necesario regresar a la consideración del significado de la palabra hebrea mizbeaj usada para altar.

En la palabra MIZBEAJ cada una de las letras  consonante que la forman tiene un significado especial (recuerde que el hebreo las vocales se suprimen) formando un acróstico que permite descifrar los códigos secretos escondidos en la palabra altar:

Cordero altar fuego

La letra M significa: Mejilá = Perdón;

La letra Z significa: Zejut = Justicia (buenas acciones);

La letra B significa: Beraka = Bendición;

La letra J significa: Jayim = Vida.

El mensaje oculto en los códigos que forma el altar nos da a entender que si nosotros restauramos cada uno de estos conceptos en nuestras vidas tendremos un altar que permitirá la activación diaria de nuestro gozo y el ejercicio excelente de nuestra fe.

Restaurar nuestro altar cada mañana, por medio de la oración matutina y el estudio de la Escritura, reactiva en nosotros Su gracia a través del poder del perdón en la sangre del Cordero. Esto manifiesta Su justicia que nos fortalece para realizar buenas obras. Por ellas, nos alcanzarán todas las bendiciones garantizadas por promesas divinas en Su Ley (Torah) y eso realmente garantiza Vida, y vida en abundancia, es decir, la que alcanza con la misericordia del Eterno, hasta la tercera generación.