Bereshit

Una Túnica con Códigos de Reino

Por P.A. David Nesher

 

 
«Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.» 

(Bereshit/Génesis 37:3)

 

José (hebreo Yosef) era el primogénito de Raquel (hebreo Rajel) la esposa favorita de Yaakov devenido ahora en Israel.

Es evidente que Israel reconoció, por medio de sus dones proféticos, las cualidades de liderazgo escondidas en Yosef. Por eso, lo puso a cargo de la supervisión del pastoreo del numeroso rebaño familiar, a pesar de que era más joven que todos los hermanos a excepción de Benjamín. Todo esto, seguramente ocurrió ya que los eventos en Siquem habían sacudido mucho a Israel y ahora nos damos cuenta.

Algunos intérpretes comentan que Israel fue probablemente imprudente en favorecer a Yosef. Pero, en verdad, él tuvo buenas razones para creer que Yosef era en quien mejor podía confiar para tener tal autoridad entre los hermanos. En pocas palabras; Israel vio espiritualmente cualidades en Yosef que no discernía en sus otros hijos. Fue debido a esto, que hizo a José una túnica de diversos colores.

Esta prenda no era la que llevaba un hombre de trabajo, más bien, era una prenda de vestir para los privilegiados y los que tenían un mayor estatus social. Por eso, los hermanos de Yosef entendieron los códigos del mensaje que su padre les estaba dando con esta acción. La misma otorgaba a Yosef el derecho de la primogenitura a pesar de que él era el undécimo hijo. Israel estaba reemplazando a Rubén como heredero de la primogenitura a causa de su pecado con Bilha (35:22). La túnica de colores era una señal de que Israel lo había marcado para el liderazgo. Cabe aquí recordar, que tiempo más tarde, de hecho, Yosef recibirá una doble porción a través de sus hijos, Manasés y Efraín (48:1-20).

 

Sus hermanos, al ver que su padre lo prefería entre todos ellos, lo aborrecían y no le podían hablar pacíficamente (37:4). El amor de Israel por Yosef era tan ofensivo para ellos como el regalo de la túnica de colores, el talit de oración de esos días. Entendamos este asunto: cuando Israel miró a sus hijos y los comparó con Yosef, vio en él cualidades que sus otros hijos no tenían. Aunque Yosef fuera impulsivo y, probablemente un poco engreído en su juventud, sus normas morales y los intereses espirituales que el poseía eran claramente superiores a los de sus hermanos. De hecho, una vez más Yahvéh había elegido al más joven para gobernar sobre el mayor. Los hermanos de Jacob odiaban a Yosef debido a su amor por su padre. Hasta ahora todo lo que Yosef había hecho (37:2b) y recibido (37:3), sólo sirvió para alejar a sus hermanos, pero cuando él compartió sus sueños con ellos, sólo empeoró las cosas.

Pero mi intención en este estudio no es hablar sobre meros hechos que reflejan actitudes o pensamientos que dividieron a una familia. Intentaré aquí estudiar sobre la raíz del asunto. El motivo que provocó los acontecimientos posteriores. Leamos de nuevo nuestro pasuk (versículo) en cuestión:

«Israel amaba a Yosef más que a todos sus hermanos, pues hijo de ancianidad él era para él, y le hizo a él una ketonet pasim« 

(37:3)

 

Antes de entrar de lleno en el tema conceptual de esta expresión analicemos el aspecto lingüístico del mismo. Por eso, los invito ahora a decodificar la verdadera idea detrás de la antigua frase hebreo para “túnica de diversos colores”.

Dice la Torah que Yaakov le hizo a Yosef una «ketonet pasim«. La palabra ketonet significa túnica en hebreo y aparece en varias oportunidades en el Tanak (Antiguo Testamento). Sin embargo, es bastante dificultoso precisar lo que significa el término pas del cual proviene la palabra pasim (plural de pas), y de hecho los comentaristas de la Torah están divididos respecto de la connotación de esta palabra. Citaremos algunas de las opiniones:

El Targum (versión en arameo) de Yonatán Ben Uziel y el Targum Yerushalmi traducen: túnica «con dibujos«. Rashí, basado en el Talmud, dice que significa: «de lana pura«. El Rashbam dice que es una prenda que se usa por encima de las demás. Rabí Abraham Ibn Ezra dice: «bordada con arte de telar«. El Radak explica que la túnica era rayada con rayas de distintos colores (pas: raya) semejantes a los del kashet (arco) del pacto (profanamente llamado arcoiris).

La raíz que conforma la palabra «pasim« sólo aparece en otras dos oportunidades en todo el Tanaj. La primera, en el segundo libro del profeta Shemuel (2Samuel 13:18 y 19); y en una segunda oportunidad, en el libro del profeta Daniel (5:5 y 24). De allí se puede entender que pas significa palma (de la mano). Basados en este dato podríamos decir tal vez, que «ketonet pasim« significa «túnica de manga larga rayada a colores» (que llega hasta las palmas de las manos).

Este dato nos puede enseñar que Yaacov Avinu mediante este regalo quiso distinguirlo a Yosef. Tal vez, las mangas de las ropas de los líderes o de las personas importantes que no trabajaban, eran un poco más largas que las del resto de las personas que, por tener la necesidad de trabajar, se acortaban un poco las mangas (que eran amplias en sus extremos) a través de cintas que las ajustaban un poco más arriba, para que no les molesten en su quehacer diario. Evidentemente, nuestro padre Yaakov vislumbró en Yosef al futuro líder y conductor del pueblo de Israel. Por esa razón, sintió designarlo como tal, antes de partir de este mundo.

Ahora bien, la clave en la túnica de Yosef es la palabra “RAYADA” o “A RAYAS”, y es aquí donde se encuentra u acróstico que reflejaba los detalles del destino profético de Yosef.

 

Por eso debemos aceptar que ningún detalle descripto en la Torah es por pura coincidencia o casualidad.

 

La palabra Rayas en hebreo es PASIM. La misma es un acróstico profético que contiene los códigos que detallan las personas que tendrían que ver con el destino de Yosef.

 

PASIM

P. Potifar (oficial de Faraón).

S. Sojarim (comerciantes, refiriendo a los midyanim-madianitas-medanim)

I. Ishmeelim (ismaelitas)

M. –Mitzrayim (Egipto).

 

Con esto en nuestra mente, leamos los siguientes pasukim (versículos) que muestran el cumplimiento de lo anunciado en la tunica que Israel confeccionó para Yosef:

 

«Entonces dijo Yahuda a sus ajim (hermanos):

¿Qué ganaremos si mataremos a nuestro aji y taparemos su sangre?

Vamos, lo venderemos a los ishmeelim, pero nuestra mano no éste sobre él. Y lo oyeron sus ajim.

Pasaron unos hombres midyanim (madianitas) COMERCIANTES (Sojarim), lo asieron, lo subieron a Yosef del pozo, y vendieron a Yosef a los ISMEELIM (ismaelitas), por veinte monedas de plata; y trajeron a Yosef a MITZRAYIM (Egipto)…

Mientras, los MEDANIM (madianitas) vendieron a Yosef en MITZRAYIM (Egipto), a POTIFAR, oficial del Faraón, jefe de los matarifes.«

(Bereshit 37:26-28, 36)

Por eso, cuando Yaacob se entera de la supuesta “tragedia” de Yosef, actuó de la siguiente manera:

“Entonces rasgó Yaacob su manto, colocó cilicio en su n cintura, y estuvo de duelo por su hijo muchos días.

Se levatarón todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero se negó a consolarse, y dijo: *Porque he de bajar en duelo por mi hijo a la tumba*.

Y LLORÓ POR ÉL SU PADRE ITZJAC

Bereshit 37:34-35

 

El libro (no canónico) de Jaser narra que Itzjak todavía vivía en ese tiempo, y lo que narra el texto de Bereshit sobre porque lloraba Itzjac era por el sufrimiento de su hijo Yaakov. Es decir, que que Itzjac no entró en duelo junto a Yaakov porque sabía (mediante profecía) que Yosef vivía, pero no podía revelarlo por orden divina.

 

En la Torah se revela el gran secreto: ¡En la vida de un escogido nada es por coincidencia o casualidad, todo es para el propósito eterno de Dios!


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

https://davidnesher.com.ar/contacto/

¿Qué significa «He sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel»?… (José busca a sus Hermanos)

Por P.A. David Nesher

 

 

“Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem. Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando. Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.”

(Bereshit/Génesis 37: 12-17) –

 

Yosef (José) fue enviado por su padre a supervisar a sus diez hermanos, los hijos de Israel. A simple vista, no parece nada extraño esta misión, con la excepción de que los hermanos de Yosef están en Siquem, el lugar donde esta familia fue influenciada y perjudicada por la cultura corrupta de los cananitas. Siquem será siempre un lugar que simboliza pecado, ya que fue la zona de desastres para la descendencia de Israel. Allí pecaron los hermanos, Dina fue violada, y se dividió el Reino (1Reyes 12:1).

Yosef estaba dispuesto a obedecer a su padre, aunque implicara el rechazo y el sufrimiento causado por sus hermanos. En este sentido la historia se hace un tipo de nuestro arquetipo Yeshúa, ya que esto es lo mismo que le pasó en su venida a la Tierra:

“Entonces el dueño de la viña dijo: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán.» Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: «Este es el heredero; matémoslo para que la heredad sea nuestra.» Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron.”

(Lucas 20:13-15)

Yosef fue enviado por su padre terrenal, al igual que Yahvéh, el Padre Celestial, envió a Su Hijo Yeshúa:

“En esto está el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.”

(1Juan 4:10).

Y vino a Su misión de amor: libre, voluntaria y alegremente. Al igual que Yosef, nuestro amado Mesías dijo:

» He aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. En la cabecilla del rollo está escrito acerca de mí.»

(Hebreos 10:7)

Debido a que Israel estaba preocupado por el bienestar de sus hijos, le dijo a Yosef:

Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo se encuentra el rebaño, y tráeme un informe. Así lo envió desde el valle de Hebrón, cerca de treinta y dos kilómetros al sur de Jerusalén.” (37:14)

Yosef fue enviado desde Hebrón, y Yeshúa, nuestro hermano mayor, fue enviado desde el Cielo de los Cielos. Hebrón significa comunión o amistad plena, lo que apunta a la relación que el Hijo tenía con el Padre en el cielo antes de su encarnación y venir a este lugar de pecado, sudor y dolor. Él vino a los que le odiaba sin causa y querían matarlo. Del mismo modo, Yosef vivió en comunión pacífica con su padre; estaba en casa, conocido, amado y comprendido. Pero fue a un lugar lejano, a los que le odiaban sin causa y querían matarlo.

La palabra hebrea que ha sido traducida como “cómo están” es shalom que significa paz, bienestar, prosperidad, salud. Esto está revelando que el Mesías fue enviado por el Eterno para buscar el shalom de Israel, es decir, su paz, su bienestar, su prosperidad y su salud. El Mesías es el mensajero de shalom para Israel, los que están cerca:

“Y vino, y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca.”

(Efesios 2:17)

Con toda esta decodificación, interesante es saber que Shejem (Siquem) significa “hombro”. El hombro habla de soportar una carga e implica servicio o sujeción, y aquí alude proféticamente a la viga puesta sobre los hombros de Yeshúa.

Teniendo en cuenta esto, debe llamarnos la atención leer que, al salir de la comunión con su padre terrenal, Yosef llegó a Siquem. Esto presagió el camino que el Mesías hizo al salir de la comunión con su Padre celestial y venir a la tierra, a un lugar de pecado y de sufrimiento. Él se convirtió en un siervo, es decir una persona de servicio y en constante sujeción a su padre Israel quien lo comisionó en dicha tarea. Así mismo fue la actitud que hubo en el Mesías, «quien existiendo en forma de Dios, no quiso por usurpación ser igual con Dios, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo.» (Filipenses 2:6-7).

En la búsqueda de sus hermanos israelitas, en la misión de shalom, Yosef tuvo que ir a Shejem, tipificando a Yeshúa que tuvo que ir a morir en el madero.

Yosef fue obediente: » y llegó a Siquem sin demora alguna» (v. 14). Le habría tomado por lo menos dos días hacer el viaje de unos ciento veinte nueve kilómetros al norte. Esta rapidez y minuciosidad caracterizan su vida. Yosef combina todos los mejores atributos de su familia: la capacidad de Abraham, la tranquilidad de Itzjak (Isaac), la capacidad de Yaakov y el atractivo físico de su madre (véase 29:17 y 39:6). Y por esta razón sus hermanos lo odiaban. Sin embargo, más allá de estas virtudes personales, Yosef era obediente a su padre, y fue en la búsqueda de sus hermanos todos modos. El amor de su padre era más bien la motivación que él tenía, por la cual podía enfrentar el odio de sus hermanos.

Yosef fue tras sus hermanos y los encontró” (v. 17). Después de haber estado en Shejem, que representa la muerte y resurrección, el Mesías se fue en búsqueda de los hijos de Israel hasta encontrarlos.

Al llegar en este día a esta investigación debemos atrevernos a desaprender para aprender lo correcto. Por lo tanto, los invito a deshacerse de todo dogma religioso y recepcionar la Luz que surge del texto sagrado.

Necesitamos aceptar que Yeshúa vino a la Tierra para buscar y salvar a lo que se había perdido, es decir, las ovejas perdidas de la casa de Israel (diez tribus del Reino del Norte), tal como Él mismo lo revela:

“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

(Mateo 15:24)

Nosotros hoy somos el resultado de esa búsqueda. Seguramente la gran mayoría de nosotros tenemos vibrando en nuestra genética los códigos de nuestro padre Israel repartido en esa diez tribus que se perdieron, pero que el Mesías está buscando.

La expresión: «y los encontró”, implanta la certeza de que todos los hijos de Israel (10 tribus perdidas) serán encontrados por el Mesías en los últimos días.

¡Oremos para que el Señor venga pronto con Su Reino!

El Fin… ¿Justifica los Medios?

Por P.A. David Nesher

 

 

Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.
Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo:
«He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Yahvéh antes que yo muera.
Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Vé ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.»

(Génesis 27: 5-10)

 

Seguramente que al leer este relato histórico del rollo de Bereshit (Génesis), las preguntas que surgen en vuestras mentes son:

  • ¿Es correcto lo que hicieron Rivkah (Rebeca) y Yaakov (Jacob) engañando a Yitzjak de esa manera?
  • ¿Estuvo bien Yaakov en tomar la bendición de Esaú disfrazado?
  • ¿Fue correcto que Rivkah concibiera el plan en primer lugar y alentara a Yaakov a llevarlo a cabo?
  • ¿Puede el fin justificar los medios?

Entiendo que estas son cuestionamientos fundamentales ya que lo que está en juego aquí no es solo la interpretación bíblica sino la vida moral en sí misma. Según cómo leamos y meditemos este texto, así será el tipo de persona ética en que nos convirtamos.

Desde el contexto completo del relato, entendemos que nuestra madre Rivka hizo bien en proponer lo que ella consideraba correcto que Yakoov hiciera. Rivka sabía que sería Jacob, no Esaú, quien continuaría el pacto que el Eterno había hecho con Abraham avinu, y llevaría la misión del padre de la fe al futuro internacional. Ella sabía esto por dos motivos diferentes:

En primer lugar, ella lo había escuchado de Yahvéh mismo en el oráculo que recibió antes de que nacieran los gemelos:

«Dos naciones están en tu vientre,

y dos pueblos de los que serás separada;

un pueblo será más fuerte que el otro,

y el mayor servirá al menor.»

(Gen. 25:23)

 

Esav era el mayor, Yaakov el menor. De esto, ella infería correctamente que era Yaakov quien emergería con gran fortaleza. Rivkah tenía claro en su mente y corazón que su hijo Yaakov había sido elegido por el Eterno.

En segundo lugar, Rivkah los vio crecer. Ella, como buena madre, sabía que Esav era cazador, expresión que en hebreo describe a un hombre que posee la misma violencia que desarrolló Nimrod (Gén. 10: 19). Ella había visto que él era impetuoso, mercurial (con repentinos giros de estado de ánimo y manierismo), un varón exageradamente impulsivo, de poca reflexión. En un momento determinado podía ser cálido y afectivo, pródigo en su afectuoso trato con todo el mundo pero, de repente, podía volverse frío y hostil, evitando el contacto, desvinculado y distante.

Ella lo había visto vender su derecho de nacimiento por un plato de lentejas. Ella había visto mientras él “comió, bebió, se paró y se fue. Entonces Esaú despreció su derecho de primogenitura” (Gen. 25:34). Nadie que desprecie su derecho de nacimiento puede ser el guardián confiable de un pacto pensado para la eternidad y todas las generaciones de la Tierra.

En tercer lugar, justo antes del episodio de la bendición leemos:

Cuando Esaú tenía cuarenta años, el se casó con Judith hija de Beeri el hitita, y también Basemath hija de Elón el hitita. Ellas eran una fuente de dolor para Isaac y Rivka.

(Gen. 26:34)

Esta también era una evidencia del fracaso de Esaú para entender lo que el pacto requiere. Casándose con mujeres hititas él se probó a sí mismo indiferente a los sentimientos de sus padres y al autocontrol en la elección de su pareja de matrimonio que era esencial para ser el heredero de Abraham.

Rivká era bien consciente que esto, después de todo, no sólo era un asunto de relaciones dentro de la familia. Era más bien un asunto profético que se enfocaba en la Intención divina y el destino y la vocación espiritual de su descendencia. Ella sabía que la impartición de Ytzjak versaría sobre el futuro de un pueblo entero desde que Yahvéh repetidamente le dijo a Abraham que él sería el ancestro de una gran nación, la que se transformaría en una bendición para la humanidad toda. Y si Rivká estaba en lo correcto, entonces Jacob debería seguir sus instrucciones.

Por favor, conviene a esta altura de la meditación, recordar que esta era la mujer a quien Eliezer, el sirviente de Abraham, había elegido, por guía de Yahvéh, para ser la esposa del hijo de su amo. Era la mujer que el Eterno reveló porque era servicial y bondadosa, porque en el pozo ella le había dado agua a un extraño y a sus diez camellos también. Rivka era la personificación del servicio que tipifica el alma de los redimidos de la Asamblea Mesiánica. Por esto, nos damos cuenta que ella no estaba actuando por favoritismo o ambición. Y si ella no tenía otra forma de asegurarse que la bendición fuera a quien la apreciaría y la viviría, entonces desde su cosmovisión, el fin justificaba los medios.

Parece que la única manera de entender esta situación es concluir que a pesar de que la forma en que Yaakov y Rivká actuaron para obtener la bendición de Ytzjak estaba mal, el pecado de Isaac y Esaú era aún mayor. El Eterno no aprueba la mentira; Yakoov y Rivká sabían esto. Ellos eran personas sensibles y espirituales, pero habían decidido que, a pesar de ser tan malo el engaño ante los ojos de Yahvéh, era necesario actuar así en este caso, con el fin de evitar un pecado mayor: transmitir la más santa de las promesas del Eterno a un hombre que no la quería ni habría de honrarla. Dijimos que Rebeca ya había recibido la revelación del Señor que el mayor serviría al más joven (25:23b). Entonces entendemos que aquí, ella tenía que confiar y esperar en que en el tiempo de Yahvéh se manifestara sobre su hijo Yaakov y recibiera la bendición patriarcal. Pero debido a no querer edificar la esperanza que sostiene a la fe, ella sintió que tenía que tomar el asunto en sus propias manos, ya que parecía que nada podía detener a Ytzjak en su determinación de bendecir al hijo desechado. Esav podía volver en cualquier momento, sólo podemos imaginar lo desesperados que ellos se sentían. Esta era una situación llena de riesgos para la historia de la humanidad.

Sin embargo, Yaakov albergaba sus justas dudas:

«Pero Jacob le dijo a su madre: Hay un problema: mi hermano Esaú es muy velludo, y yo soy lampiño.»

(Gen. 27:11)

Isaac podría haber perdido la vista, pero sus sentido de tacto y olfato permanecía indemne. «Si mi padre me toca, se dará cuenta de que quiero engañarlo, y esto hará que me maldiga en vez de bendecirme. Hijo mío, ¡que esa maldición caiga sobre mí! , le contestó su madre. Tan sólo haz lo que te pido, y ve a buscarme esos cabritos» (27:12-13). Debido a que Jacob era un hombre justo (25:27), y él sabía que no honrar a su padre era un pecado ante los ojos de Yahvéh, preguntó: ¿Qué pasa si mi padre me toca? puede pensar que me estoy burlando de su ceguera y esto hará que me maldiga en vez de bendecirme. Pero su madre le dijo: «Hijo mío, que la maldición caiga sobre mí. Asumo toda la responsabilidad, sólo haz lo que te pido; ve a buscar por mí«. Estaba tan segura de que esta era la voluntad del Eterno que ella creía que los fines justificaban los medios y no temía la posibilidad de una maldición. Yaakov también creía firmemente que era la voluntad de Yahvéh que él recibiera la primogenitura y esto fue lo que hizo que creyera conveniente seguir la estrategia de su madre. Después de todo, ¿no le había dicho Yahvéh a ella, «…el mayor servirá al menor» (25:23)?

Ahora bien, de acuerdo al plan trazado, Yitzjak avinu no se dio cuenta y no maldijo a Yaakov, y por lo tanto Rivká tampoco recibió maldición alguna.

Entonces ¿sólo hubo bendición en la vida de Yaakov por haber engañado a su padre? Cierta y obviamente no. Las consecuencias de ese engaño llegaron a ser muy graves para toda la familia. Primero despertó odio y planes de homicidio en Esav contra su hermano. Sembrar discordia entre hermanos es uno de los delitos más aborrecidos por el Eterno (Prov. 6:16, 19). La conspiración engañosa también causó veinte años de sufrimientos en la galut (diáspora en griego, destierro en castellano) para nuestro padre Yaakov. Yaakov no solamente tuvo que sufrir la experiencia traumática de quedarse sin contacto con su familia, para no hablar de la pena de sus padres, sino que durante esos veinte años fue engañado asombrosamente por su tío Labán, quien lo condujo a casarse con una mujer que no quería y le cambió el salario de su trabajo diez veces.

Es cierto que Yaakov se quedó con la bendición, pero tanto él como su madre tuvieron que sufrir las graves consecuencias por haber engañado a su padre. Sólo después de haber sido quebrantado sicológicamente, y marcado físicamente por un ángel, pudo reconciliarse con su hermano y obtener la bendición de manera lícita.

Pero si el Eterno no quiso que Esav recibiera la bendición, ¿no era correcto lo que hicieron Rivká y Yaakov? No, no era correcto. El Eterno es muy sabio y suficientemente poderoso para cambiar las circunstancias para que Su voluntad se cumpla en la tierra según su eterno propósito. Él hubiera podido arreglar la situación de otra manera para que Yaakov recibiera la bendición en lugar de Esav, lo cual era Su plan.

Pero el que intenta ayudar al Eterno con medios sucios, mentirosos y engañosos, trae sobre sí su desagrado y tendrá que pagar un alto precio hasta que se humille y aprenda la lección de nunca más hacer algo semejante.

En la historia humana ya ha quedado demostrado: ningún fin podrá justificar medios ilícitos. Todo lo que el hombre siembre, también lo segará (Gálatas 6:7).

Sé honesto y ama la verdad y no intentes conseguir bendiciones espirituales a través de medios sucios. Así evitarás muchos años de exilio con engaños gravísimos y duro trabajo.

¿Conoció Abraham la Torah o Simplemente tuvo Fe en el Eterno?

Por P.A. David Nesher

 

“Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes…”

(Bereshit/Génesis 26:5)

Mientras más peregrino en este maravilloso Camino de Emunáh (Fe certera) revelado por la Instrucción (Torah) divina, me encuentro en mi día a día con voces de personas manipuladas por la programación dogmática de la Gran Ramera, Babilonia la Grande que me atacan con sus prejuicios mentales para que yo termine «arrepentido» del «error en el que he caído». Dichos varones (y mujeres), repiten cual cotorras lo que sus maestros religiosos le han implantado mediante el cruel adoctrinamiento reptiliano de las religiones anti-Mashiaj. Dichos líderes les han asegurado que los mandamientos dados por medio de Moisés se aplicaban únicamente a la antigua Israel, la que salió con Moisés de Egipto, y por lo tanto, no afectan a los creyentes en Cristo de la actualidad. Pero, lo lamentable de esto, es que para llegar a esta conclusión, la mayoría pasa por alto el significado de lo que el Eterno dijo acerca de la obediencia de Abraham cientos de años antes de que hablara con Moisés en el monte Sinaí, según está escrito en el Rollo de Bereshit (Génesis):

“…porque Abraham obedeció mi voz, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.» 
(Génesis 26:5).

A esta altura de nuestro peregrinar sabemos que la Torah existe desde antes de que el Mundo fuera creado. Es el diseño pre-existencial desde el que YHVH comenzó a crear todas las cosas, visibles e invisibles.

Lo que necesito aclarar de antemano es que en este caso que estamos considerando, no debemos entender por Torah lo que nosotros conocemos hoy como tal, con sus relatos y estructura, sino su médula, su esencia. Por lo que, entonces comprenderemos y aceptaremos que los patriarcas ya habían recibido del Eterno la parte ontológica (esencial) de la Torah, y eso era lo que estudiaban y aplicaban. Veamos con mayor detenimiento esto.

Las palabras hebreas que Yahvéh utiliza en este versículo son muy importantes, tal como lo explica el Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico del expositor”] donde se lee:

El Señor luego agregó un comentario muy relevante: Abraham ‘guardó mi precepto [mismarti], mis mandamientos [misvotay], mis estatutos [huqqotay] y mis leyes [vetorotay]’ (v. 5).
Lo impresionante es que esta es precisamente la forma en que se expresa la obediencia al pacto del Sinaí en Deuteronomio 11:1: «Amarás, pues, al Eterno tu Dios, y guardarás sus ordenanzas [mismarto], sus estatutos [jukotay], sus decretos [mishpatim] y sus mandamientos [misvotaym], todos los días . . . Así, Abraham es un ejemplo de uno que demuestra que tiene la ley escrita en su corazón (Jeremías 31:33). El escritor lo muestra como el ejemplo máximo de verdadera obediencia a la ley, aquel del cual el Señor pudo decir: ‘Abraham obedeció mi voz’ (v. 5). Al mostrarnos a Abraham como un ejemplo de alguien que ‘guardó la ley’, el escritor nos ha mostrado la naturaleza de la relación que existe entre la ley y la fe. Abraham, un hombre que vivió por fe, podría ser descrito como aquel que guardó la ley

(1990, 2:186-187, énfasis añadido).

Aquí aparecen cinco palabras diferentes.

  1. VozAbraham obedeció mi voz – En hebreo se dice shamá Avraham be-kolí. Esta expresión se utiliza para describir la obediencia a la voz del Eterno en los momentos de prueba. También podemos destacar su obediencia a la voz del Espíritu del Eterno en el caminar diario en la relación íntima con Él: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Romanos 8:14)
  2. Guardar y guardó mi ordenanza – En hebreo se dice va-yishmor mishmartí, literalmente “y guardó mi guardia”. Esto tiene que ver con decretos de prevención relacionados con las prohibiciones de la Torah. De esto aprendemos que Avraham tenía una actitud de vigilancia y cuidado en cuanto a las cosas del Eterno que había que guardar.
  3. Mandamientosmis mandamientos – Aquí se encuentra la palabra mitsvot que normalmente incluye todos los mandamientos del Eterno. Sin embargo Rashí le da aquí un significado limitado, refiriéndose a las leyes de carácter social que son naturales para el ser humano, como el no robar y no derramar sangre etc. Las leyes de carácter social normalmente son llamadas mishpatim en la Torá.
  4. Estatutosmis estatutos – En hebreo jukotai. Son aquellos mandamientos que no tienen explicación lógica, contra los cuales se revela la inclinación al mal más que contra los otros mandamientos.
  5. Leyesy mis leyes – En hebreo ve-torotai, y esta viene de la palabra torah, instrucción, enseñanza. Se refiere tanto a la Torah que luego fue escrita en Sinaí, como la Torah oral que también fue dada en Sinaí.

¡Muy interesante es todo esto para nuestra fe! Abraham es destacado por su obediencia a todo lo que el Eterno había establecido, tanto los mandamientos que fueron transmitidas desde Adam, como los  mandamientos que fueron dados a Noaj, como los mandamientos que le fueron revelados proféticamente. Y a esto se le añadía lo que Abraham aprendió de la obra de Yahvéh como modos correctos de vida, tales como el amor en justicia social, generosidad, amabilidad, hospitalidad, juicio, etc. Y por último, el empeño que tenía Abraham por compenetrarse con el Eterno, tanto en acción como en pensamiento, empeño apoyado en su grado de profecía, pues de lo contrario sería vanidad. Esto demuestra que si bien él no contaba con la Torah como guía escrita, si la contenía a través de la escritura que hacía Yahvéh con su Espíritu Santo en su mente y corazón.

Una cosa maravillosa se destaca en este primer libro del Pentateuco, y es que a pesar de que la Torah fue promulgada en el Sinaí es bien conocido que esta vigente desde el principio. Para dar solo algunos ejemplos, citaré que en Bereshit vemos que HaSatán (Satanás) comete el pecado de la codicia, desde antes de la caída de Adam; Caín infringe el mandamiento de «no mataras» desde antes que naciera Abraham. El rey de Egipto estaba por cometer el pecado de adulterio con la mujer de Abraham. En tiempo de los patriarcas se practicaba el levirato (Génesis 38:8), que sería uno de los mandamientos dados luego por escrito, (cf. Deuteronomio 25:5-6). Otro ejemplo es cuando Yehudá, como juez, ordena que sea quemada Tamar, por su relación fornicaria, (cf. Génesis 38:24). Según la tradición ella fue la hija de un sacerdote (este mandamiento luego se escribió en Levítico 21:9). También podemos mencionar el mandamiento del diezmo que fue practicado tanto por Avraham como por Yaakov, (cf. Génesis 14:20; 28:22. Ver también Levítico 27:30-32), y muchos otros ejemplos.  Podríamos ver otros pasajes más pero lo que sí o sí queda vibrando en nuestra mente es el hecho de que la Torah se observaba desde de la fundación del mundo. Vemos por lo tanto que varios de los mandamientos que luego fueron escritos, estaban rigiendo la vida de los patriarcas y sus generaciones (toldot).

Algunos líderes religiosos aseguran que la Torah fue «promulgada» en Sinaí lo que, según su interpretación, esta antes no existía, y por ende, el Eterno la entregó solamente para Israel, y para un determinado tiempo o dispensación. Sin embargo, el hecho de que haya sido promulgada en Sinaí no contradice el hecho de que ella ya existiera. Recordemos que el significado de la palabra promulgar es:»publicar oficialmente una ley u otra disposición.» Y que según la significación juridica «la promulgación tiene por finalidad autentificar la existencia de una ley y ordenar su ejecución.» Como podemos ver entonces, promulgar no es «inventarse algo en el momento«, sino dar a conocer de manera OFICIAL una ley existente y practicada.

Entonces es muy importante aceptar que la justicia de Abraham avinu no era una cuestión de fe sin obediencia. Cualquiera que enseña que observar las leyes de Eterno es contrario a la vida de fe, debe considerar este versículo. Las Sagradas Escrituras (Biblia) dicen que Yahvéh pasó las bendiciones y promesas a Isaac porque Abraham obedeció Sus leyes. Esto está en consonancia con lo que el apóstol Pablo enseña cuando dice:

“¿Es entonces la Torah contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo!”
(Gálatas 3:21)

Así mismo, Santiago, el hermano de nuestro Señor Yeshúa , demuestra que la vida de fe resulta siempre en obediencia a la Instrucción (Torah) de Dios :

“Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada”
(Santiago 2:22 )

En un encuentro con líderes religiosos de su época, nuestro amado Maestro Yeshúa les respondió acerca de la característica principal que tiene aquel que dice poseer linaje de Abraham:

“Le respondieron diciéndole:
Nuestro padre es Abraham.
Les dice Jesús:
Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías”
(Juan 8:39 )

Con esta respuesta, el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño y Maestro, está dejando bien en claro que Abraham conocía y guardaba la Torah de Yahvéh. Y además, deja también establecido que guardar los mandamientos de Yahvéh es una parte importante de la práctica de la fe de Abraham, y de aquellos que dicen tener su fe, y por lo tanto su linaje (Gálatas 3:29).

¡Anhelo que esto te fortalezca y logres soportar la lucha de todos los detractores de la Luz que te rodean en tu diario vivir!

La Oración de Fe y su Tiempo de Cumplimiento… (Isaac ora por la esterilidad de Rebeca)

Por P.A. David Nesher

«Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, arameo de Padán-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac a YHVH en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó YHVH, y Rebeca su mujer concibió… Isaac tenía sesenta años cuando ella los dio a luz.»

(Bereshit/Gén. 25:20-21, 26)

 

Mientras Isaac fue creciendo, tanto su madre Sara como su padre Abraham, le relataban una y otra vez la historia de nacimiento milagroso. Ellos le implantaron con su relato la perfecta conjunción que se da cuando el amor al Eterno alimenta la esperanza, que fortalece la fe (1 Corintios 13: 13). Así se marcó en su mente lo mucho que sus padres lo anhelaban y lo intensa que fue su oración por él, año tras año, para que Yahvéh lo enviara a ellos en el tiempo oportuno.

Isaac sabía que su madre Sara era estéril, pero Abraham oró por ella, y la maldición de la esterilidad desapareció. Por eso, Isaac también mantenía la certeza de que un acto de Yahvéh unió a Rebeca con Isaac. Por ello, vivía también convencido que vibraba sobre ellos Ahora otro acto de Yahvéh para vencer su esterilidad. Isaac había aprendido de sus padres que él era el hijo de la promesa, y que sería a través de él y sus descendientes que el Mesías vendría.

Así mismo, él había aprendido de su padre el dolor de tratar de dar al Señor una «ayuda» para tener un hijo con su esclava, y él había prometido dentro de sí mismo que no repetiría ese error.

¿Qué le quedó por hacer a él? Simplemente orar al Eterno en favor de su esposa, porque era estéril. Después esperar en Yahvéh. Por eso, el Eterno oyó su oración, y ella quedó embarazada (25:21).

Entonces Yitzjak oró a Yahvéh, en nombre de su mujer, que era estéril. Y, al igual que Sara y Abraham habían esperado 25 años para el nacimiento de Isaac; Rebeca e Isaac también esperaron 20 años. Pero entonces el Señor contestó su oración, y su esposa Rebeca quedó embarazada.

El esperar en Yahvéh por medio de la oración es uno de los actos más grande de la verdadera fe (emuná). Verdaderamente es lo más grande que se requiera de los seres humanos. No es la fe en el resultado de lo que estemos pidiendo al Eterno Dios, es la fe en Su carácter, la convicción en Él mismo. Esto es perfecta confianza en que Él le guiará en el camino correcto, en el momento adecuado, Él suplirá nuestras necesidades. Él cumplirá Su Palabra escrita. Él nos dará lo mejor si confiamos, creemos y tenemos fe en Él.

Este texto nos enseña que las promesas del Eterno no se cumplen sin la colaboración del ser humano. Aunque Yitzjak había heredado las promesas dadas a su padre de que su descendencia sería como las estrellas y como la arena, otorgando la simiente de la mujer anhelada por la humanidad, él no se quedó quieto esperando pasivamente el cumplimiento de esas promesas. Yitzjak se puso a orar para que se ellas se cumplieran. Él conocía el secreto. El Eterno ha creado la oración para poder colaborar con el hombre en el cumplimiento de su proyecto en la Tierra.

Por la misma Escritura Sagrada, sabemos que Yitzjak era un hombre de oración. Cuando Eliezer estaba volviendo de su misión de buscarle una esposa, la Escritura dice que Yitzjak estaba en el campo meditando (24:63). Esto nos revela que Yitzjak salió al campo por la tarde para estar sólo con el Eterno y pensar profundamente sobre las cosas importantes de la vida.

Justamente el hecho de que la Torah menciona que fue por la tarde revela la idea de que fue nuestro padre Yitzjak quien instituyó la oración de la tarde, llamada minjá. La Torah también relata que Avraham avinu se levantaba por la mañana (Gén. 19:27; 21:14) de lo cual viene la práctica de orar la oración de la mañana, llamada shajarit. Más adelante veremos cómo Yaakov al luchar con el ángel por la noche, compartió la disciplina de practicar la oración de la noche, llamada arvit.

Sabemos que la oración (tefilá) es la herramienta con la que cuenta el alma humana para comunicarse con el Creador. Sirve para desahogarse con Él, recibir nuevas fuerzas, entrar en equilibrio, interceder por otros, pedir ayuda etc. Por todo esto, entendemos que existen muchos tipos de oración. Por esa razón, debemos aprender a desarrollar una vida de oración multifacética para que el Eterno pueda cumplir, a través de nosotros, Su voluntad en la Tierra como se cumple en el cielo.

Nuestro padre Yitzjak es un ejemplo para nosotros de un hombre que sabía orar. Su esposa Rivká era estéril y, humanamente, era imposible que tuviera hijos. ¿Cómo las promesas a Avraham podrían ser cumplidas si el único hijo de la promesa tenía una mujer estéril? La única manera de poder resolver esta crisis era orar. Además, Yitzjak conocía que las oraciones de un marido por su esposa tienen un poder especial.

En lugar de sentarse con los brazos cruzados esperando el cumplimiento de la promesa, Yitzjak oró delante de su mujer. El texto hebreo usa aquí una palabra interesante: vayeatar (ויעתר)   que significa “y oró intensamente”. También puede traducirse: “oró insistentemente” ó “oró abundantemente”. Esto enseña que las promesas del Eterno no son fáciles de ver realizadas. Siempre hay un precio que pagar y un sacrificio para dar. Todo nacimiento en este mundo caído tendrá que pasar por dolores de parto. Los dolores en la oración intensa y la tentación para desesperar al no recibir la respuesta inmediata o a corto plazo, pueden abortar muchas intervenciones divinas (cf. Lucas 18:1-8; Hechos 12:5; Hebreos 5:7; Sant.5:15-16).

Las instrucciones y el ejemplo de nuestro Dueño Yeshúa sobre la oración nos enseñan que, para obtener respuesta desde el cielo, hay que orar con intensidad, entrega e, inclusive muchas veces, con dolores y angustias.

Como la oración enérgica y ferviente de un hombre justo puede lograr mucho (Sant. 5:16-18) la oración de Yitzjak tuvo éxito después de veinte años de insistencia. Empezó a orar a los cuarenta años, pero no vio el resultado hasta los sesenta. Aún al hijo de la promesa no le vino fácilmente el cumplimiento de la promesa. Es que siempre ésta viene solo a través de la oración y el esperar en Yahvéh.

Querido discípulo, no te desanimes en tu oración. Si oras según las promesas y la voluntad del Eterno, debes mantener la certeza que tendrás tu respuesta, aunque esta demore. No pienses que el Eterno no te ha escuchado. Mucho menos caigas en el error de creer que no desea ayudarte. Sigue insistiendo según lo que te ha revelado de su Palabra y finalmente obtendrás lo que has pedido, aunque tengas que orar veinte años, como nuestro padre Yitzjak.

¿»Camellos Humildes» o Discípulos Adoradores?

Por P.A. David Nesher

Y en las afueras de la ciudad, hizo arrodillar los camellos junto a un pozo de agua, al tiempo del atardecer, al momento en que salen las aguadoras… Entonces el hombre se postró y adoró a Yahveh.»

(Génesis/Bereshit 24:26)

Estudiando la parashá (porción) Vayerá, hemos visto que Eliezer, el siervo de mayor confianza de Abraham, se fue a Mesopotamia (a Aram Naharayim, a la ciudad de Nacor) para buscar esposa para Yitzjak (Isaac).

El relato nos dice que llevaba consigo diez camellos cargados de toda clase de bienes.

Necesito que entendamos que el damasceno Eliezer se había criado en el ambiente espiritual que había creado aquí en la Tierra, la emunáh (fe) de su amo. Es por eso que Abraham avinu tenía total confianza en él porque sabía que era completamente leal a la visión del llamado divino que sostenía su peregrinar.

Notamos que Eleazar como, buen siervo, no buscaba sus propios intereses cuando estaba sirviendo en su misión de shalíaj (emisario, apóstol). Lo único que le interesaba era cumplir la voluntad del que le había enviado y en este caso él sabía que no se trataba de una misión meramente humana. Su conciencia se movía en la certeza de que debía colaborar con un proyecto divino para la redención futura del mundo. Debido a esto, él entendía que era importantísimo que Yitzjak recibiera una esposa designada por el Cielo. Esta era la razón por la que el siervo no confiaba en sus propias capacidades de discernimiento, sino había aprendido de su amo a confiar absolutamente en el Eterno, y así actuar en fe.

El viaje habría tomado por lo menos 20 días, y había viajado más de 720 Km. Sus camellos habían recorrido un largo camino, probablemente no había tomado agua en varios días y estaban muy sedientos.

La caravana se detuvo junto a un pozo a las fuera de la ciudad, al atardecer cuando las mujeres salen a buscar agua. Él conocía que las mujeres pronto estarían saliendo, y este sería el mejor lugar para reunirse con ellas. Fue allí donde Eliezer confiaba que Yahvéh le daría una guía específica para cumplir con éxito su comisión.

El fiel servidor de Abraham avinu hizo arrodillar a los camellos junto a un pozo de agua (24:11). Este hecho de que Eliezer hizo arrodillar a los diez camellos no puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, ya que es una alegoría de lo que Abraham había estado enseñando a sus seguidores.

En primer lugar, el camello tiene una simbología encontrada, ya que representa la tozudez y la altanería, en tanto y en cuanto vive salvajemente. Pero, una vez domesticado, se convierte en el símbolo de la humildad, y el servicio paciente. En este sentido, tiene un simbolismo metafísico y antropológico: el ser humano que se lanza, humilde y pacientemente, a la búsqueda de lo trascendente y que logra así superar los distintos obstáculos que se le presentan en su camino.

Es sabido que los camellos necesitan arrodillarse para poder descansar. El hecho de que la Torah mencione este detalle natural nos desafía a investigar la enseñanza alegórica de la Luz Infinita escondida aquí.

Pues bien, primeramente les diré que la expresión hebrea para arrodillar que aparece aquí es baraj (ברך) ). La palabra baraj también significa bendecir (24:1). Es la palabra que se usa cuando bendecimos al Eterno: “Baruj Yahvéh” (Bendito Yahveh). Baruj significa bendito. Lo curioso de esto es que baraj tiene relación con berej (ברך)  ) rodilla. Esto último nos conduce a una codificación muy interesante, ya que aquí se revela que la bendición está íntimamente relacionada con la rodilla.

Esta verdad la había aprendido Abraham y la había transmitido a todos los discípulos que vivían con él. El secreto profético aquí escondido es que el que sabe humillarse, doblando sus rodillas, está apto para hacer descender las bendiciones celestiales y convertirlas en recompensas materiales. ¡El que se humilla será ensalzado!

De la misma manera como Eliezer hizo que sus siervos, los camellos, se arrodillaran, así Abraham avinu había estado enseñando a sus discípulos a humillarse y arrodillarse ante el Eterno. Abraham era amigo del Eterno, y por eso él conocía lo que le agrada al Eterno, y lo que más desea entre los humanos (Miqueas 6:8).

Abraham sabía qué es lo que el Eterno busca: adoradores en Espíritu y en Verdad. Es lo que nuestro amado Yeshúa revelará a la mujer samaritana:

“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren.”

(Juan 4:23)

Abraham había ganado muchas almas (12:5) y a todas ellas había enseñado a ser adoradores del Nombre del Eterno. El único deseo de su alma era satisfacer los deseos de su Señor y por eso se dedicaba a enseñar a su pueblo a ser adoradores que sabían inclinar sus corazones y doblar sus rodillas ante el Eterno.

Habiendo decodificado esta alegoría, podemos entender por qué cuando el siervo de Abraham había recibido una respuesta clara a su petición (de una mujer para Yitzjak de una hija de sus familiares), se inclinó en tierra y adoró al Eterno.

Hoy, desde estos detalles proféticos de la Luz Infinita, te animo a que seas un adorador del Eterno. Acostúmbrate a inclinar, no solamente tus rodillas, sino también tu corazón, ante el Eterno. De esa manera serás un hijo seguidor de Abraham que imita fielmente su fe, porque los que son de fe, esos son hijos de Avraham (Rom. 4:12; Gal. 3:7).

Que seas bendecido junto con tu padre Abraham en el Mesías Yeshúa, nuestro Dueño.

Llorar por los Muertos… ¿Correcto o Incorrecto?

Por P.A. David Nesher

 

«Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.»

(Bereshit/Génesis 23: 1-2)

 

No ha terminado Abraham de pasar por una difícil tribulación (la atadura de Itzjak), y ya está en otra. Sara, su esposa fallece, a los 127 años. Resulta interesante decir que Sara es la única mujer de las Sagradas Escrituras (La Biblia) de quien se relata la edad que tenía al momento de su muerte. Esto indica que ella tiene un lugar especial en la historia de la Salvación, y por lo tanto, es un ejemplo que seguir (Isaías 51:1-2). Sara vivió ciento veintisiete años (23:1). Como la madre del hijo de la promesa, se convirtió en la madre de todos los creyentes (Gálatas 4: 31; Rom. 9:7; 1Pedro 3: 2-6), y los códigos lumínicos de su persona eran muy estudiados en las comunidades de talmidim de los primeros siglos.

Ella murió en Quiriat Arba, que significa “la ciudad de los cuatro”, y que con el tiempo llegó a ser conocida como Hebrón, que significa “amigo”, porque Abraham era amigo de Dios (14:13, 18:1). Ellos habían vivido allí muchos años antes. [Esta conexión entre Quiriat Arba y Hebrón se encuentra en otros lugares en la Biblia (Josué 14:15, 15:13 y 59, 20:7, 21:11; Jueces 1:10)].

Por alguna razón, Abraham no estaba presente en el momento de su muerte. Ella estaba en Hebrón, y él estaba en Bersheba (21:33-34; 22:19). Él podría haber ido a un viaje de negocios, o estaba supervisando su haciendo, pues es muy posible que a esta altura ellos tuvieron dos residencias. En cualquier caso, cuando Abraham se enteró de que ella había muerto, fue a llorar a Sara sobre el cuerpo sin vida de su compañera del alma (23:2b). Esta fue la muerte de su amiga y compañera de toda la vida. Esta es la mujer que lo acompañó en todo su peregrinaje de fe. La mujer que puso en peligro su integridad física y moral por salvaguardar a su esposo. Esta es la mujer que dejó a su parentela y tierra de comodidad porque comprendió y aceptó el llamado del Eterno al igual que su esposo. Por todo esto, y a pesar de los errores que su humanidad también cometió, Sara, por su fidelidad y fortaleza espiritual, figura en la lista de los grandes de la fe (Hebreos 11:11).

Por todo esto, Abraham amaba a Sara profundamente, y debe haberle dolido terriblemente no estar con ella cuando murió. Él es el primer hombre, registrado en la Torah, llorando que está de luto por la pérdida de su mujer.

En la expresión “… Y a llorarla…” aparece una letra en tamaño más pequeña, porque Abraham lloró poco. Abraham sabía que este mundo es temporal, y que pronto se reencontraría con Sara en el día de la resurrección de los muertos (Hechos 24:15), por tanto, no era una despedida definitiva y no cabía llorar con desgarro, sino de forma controlada.

Esta actitud concuerda bien con las palabras del apóstol Pablo:

Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Yeshúa murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Yeshúa. Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Mesías se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.”

(1 Tesalonicenses 4:13-18)

Por ello, debemos aceptar que, aunque Abraham avinu era un hombre de fe, no sintió que sus lágrimas fueran una manifestación de incredulidad. Llorar por alguien amado, es mostrar que hemos estado cerca, que sentimos mucho la pérdida, que la muerte es un enemigo, y que el pecado ha traído este castigo triste sobre la raza humana.

Durante mis años ministeriales, al asistir a un velatorio, he oído a menudo cómo gente bien intencionada pero ignorante ha dicho a familiares o amigos dolientes: «¡Ahora no llores!» Ese no es un buen consejo, porque Yahvéh nos creó con la capacidad de llorar a fin de que el alma humana se libere de toda angustia que causa una pérdida; por eso Él espera que lo hagamos cada vez que sea necesario. Aun Yeshúa lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn. 11:35). El dolerse es uno de los dones de Dios que ayudan a sanar corazones heridos cuando la muerte se ha llevado a seres amados.

Las lágrimas son un regalo del Eterno para poder vencer los efectos de la angustia. El rey y profeta David escribe:

Has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro”.

(Salmos 56:8  – NTV)

Esto revela que las lágrimas de los escogidos son muy valiosas y significativas para Yahvéh, nuestro Abba. Para quienes conocemos al Señor, nuestras lágrimas de dolor se entremezclan con gratitud. Las lágrimas son el precio que pagamos por las alegrías que compartimos. Son naturales, saludables y necesarias. El apóstol Pablo enseñando a los discípulos tesalonicenses acerca del momento de la pérdida de seres queridos, no les dice que no lloren; sino que les aconseja que no se entristezcan sumidos en depresión «como los otros que no tienen esperanza» (1 Ts. 4:13-18). Las Escrituras en sus líneas recalcan que el dolor del creyente ante las pérdidas debe ser diferente del que no conoce la Instrucción (Torah) del Eterno.

Encuentro oportuno compartirles aquí lo que dice el libro deuterocanónico (apócrifo) Eclesiástico o Sirácida con el objetivo que puedan discernir cuál era la cosmovisión hebrea a la hora del duelo por un muerto:

“Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza.

 

Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.

 

Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido.

 

¡No abandones tu corazón a la tristeza, échala y piensa en tu propio fin! No lo olvides: es sin vuelta. Tú te perjudicarías y no le harías ningún bien. Acuérdate de mi sentencia que un día podrás repetir: ¡ayer fui yo, hoy serás tú!

 

Desde el momento en que el muerto reposa, haz que también repose su recuerdo; consuélate desde el momento en que haya expirado..”

(Eclesiástico 38: 16 -23)

Abraham lloró, y nosotros también debemos entender que tenemos que pasar por el proceso de duelo sin intentar suprimirlo.

En efecto, la muerte no es natural. Es normal que cause dolor, y Yahvéh, nuestro Abba, no considera que llorar la pérdida de un ser querido sea una falta de fe en la resurrección. Como hemos visto en nuestro padre Abrahán y en Yeshúa, las expresiones externas del dolor de corazón no indican una carencia espiritual.

Dice el texto que después de hacer esto Abraham: “se levantó” y lo hizo solo. Este acto nos muestra que el duelo y las lágrimas tiene su parte en los momentos de tragedia pero que no nos podemos quedar así. Abraham no se muestra: apabullado, vencido, devastado, desanimado, confundido, arrasado o trastornado, su vida no se acabó porque su esposa hubiera muerto.

Abraham enterró a su esposa y siguió adelante. Finalmente, se volvió a casar, tuvo más hijos y vivió otros 38 años.

Por eso, también debemos entender y aceptar que cuando la tragedia nos visita no podemos quedarnos en el duelo y el lamento. Es nuestro deber levantarnos y seguir adelante por el Reino del Eterno, por aquellos que nos aman y por nosotros mismos. Piense, la otra opción es la desesperación y eso no es conveniente para el cumplimiento del propósito eterno de Dios en nosotros.

BeerSheva: Pacto ¿Con Quién?

Por P.A. David Nesher

“ Y él respondió: Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo. Por lo cual llamó aquel lugar Beer-Shava, porque allí juraron los dos. Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos.
Y plantó un tamarisco en Beer-Sheva, y allí invocó el nombre de Yahvéh, el Dios eterno. Y peregrinó Avraham en la tierra de los filisteos por muchos días.”

Habían pasado unos dos o tres años desde que Abimelec le había dado permiso a Abraham de vivir en cualquier lugar que él deseara de lo que se convertiría en territorio filisteo (20:13). Abraham estaba viviendo a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Gerar. Este pacto ocurre días después del momento en que Ishmael y Hagar fueron echados.

Sucedió en aquel tiempo que Abimelec y Ficol, capitán de su ejército, se dirigieron a Abraham diciendo: Elohim está contigo en todo lo que tú haces.
(21:22 BTX).

Yahvéh estaba bendiciendo materialmente a Abraham, y esto se había hecho evidente. Incluso los gentiles habían llegado a reconocer la presencia del Eterno en la vida de Abraham, y por lo tanto, Abimelec deseó proteger su propio futuro, tanto como el de su descendencia, mediante la formación de una alianza con Abraham. Era hora de que los dos hombres hicieran un pacto.

La Torah menciona ese lugar primero como Beer-Shava y más adelante como Beer-Sheva. La palabra hebrea beer significa «pozo«, la expresión shava viene de shevuáh, que se traduce como juramento, y de shevá que significa siete. La raíz de shava y sheva es la misma. Así que Beer-Sheva debe ser entendido como «Pozo del Juramento«, o el «Pozo de los Siete«, por lo que quedaría mejor el «Pozo del Juramento Séptuple«, y esto es porque cuando juraban, lo hacían repitiendo siete veces el pacto.

En este pacto debemos tener en cuenta que el agua no sólo es vital para el ser humano, sino también para el ganado y las cosechas. Dado que Canaán no tiene ríos que la alimenten, ellos dependían de la lluvia del cielo en invierno y de los pozos en verano.

Los pozos en las Sagradas Escrituras son símbolo de bendición espiritual afectando con sobreabundancia a la vida material. Por esto, los pozos en las Escrituras son figuras de Salvación y Gracia divina. Por ello, la esposa para Isaac será encontrada en el pozo (junto a aguas vivas); también la mujer samaritana (que representa las diez Tribus de Israel y la novia del Mesías) tiene su encuentro con Yeshúa en el pozo de Yaakov.

El Tamarisco y el Dios que conoce el Futuro.

Ahora bien, para sellar esta alianza consideraremos algo muy especial: Nuestro padre Abrahamlo hizo con un tamarisco, y aunque parece indescriptible este detalle, este acto tiene un hecho connotativo para el pacto.

El tamarisco es un árbol de larga vida. Tiene madera dura y sus ramas son espesas y se mantienen verdes todo el año. Es un árbol visualmente muy atractivo y de ramas finas. Se arraiga hasta la profundidad del suelo aprovechando las aguas subterráneas. Puede crecer en zonas áridas y dispersarse en el agua. Se utiliza para fijar suelos de arena y su hábitat original es cerca a los arroyos y el mar.

Por esto, el tamarisco simboliza la fortaleza de hacer pactos para invocar el Nombre del Eterno. Así es como a la vez se hace un símbolo de profundidad, firmeza y permanencia, tal y como el Pacto con Dios es. Esto significa que Abraham no plantó el tamarisco como señal del pacto con Abimelec, sino del pacto con Dios (Génesis 17:7-9). Es decir que con este acto, en verdad Abraham avinu, manifestó ante todos los ámbitos existenciales la intención de quedarse en esa tierra no porque los hombres lo permitían, sino porque el Eterno lo había establecido con promesas fundamentadas en Su voluntad que es buena, agradable y perfecta.

Los rabinos Rav y Shmuel discutieron sobre el significado de la palabra eshel, traducida aquí como tamarisco. El primero dijo que se trataba de un huerto de este tipo de árbol del cual se comenzaría a ofrecer los frutos a los viajeros durante su comida; y el segundo interprete dijo que, en verdad, Abraham construyó un albergue u hostería para poder recibir a los transeúntes y donde había muchos árboles frutales.

Lo cierto es que este lugar se convirtió en un centro de proclamación del nombre del Eterno. Según el Midrash, Avraham invitaba a los que pasaban para que comieran y se confortaran gratis. Después de haber comido les dijo: “Vengan y bendigamos al Rey Altísimo y Santo, Aquél que de los suyo ustedes han comido.» Les explicó que no habían comido de su comida sino de Aquél que habló y el mundo fue creado. Cuenta la historia que, de este modo, Abraham ganó muchas almas para el Reino de Yahvéh.

Lo evidente del relato es que este lugar se convirtió en un centro de adoración de referencia para todas las generaciones. En ese lugar, Abraham volvió a invocar el Nombre de Dios y esta vez, el Nombre de Yahvéh, conquistó un título más: el de “Dios eterno”. Esta expresión en hebreo El Olam. La expresión “El“ significa “Poderoso” y la palabra “olam” tiene varios significados: “larga duración”, “eternidad”, “siempre”, “futuro”, “tiempo indefinido”, “hace mucho”; “mundo”. También significa “universo”. Este nombre no sólo implica eterno en cuanto a “todos los tiempos”, sino también en cuanto a “todos los lugares y naciones”. Por eso, también se traduce como “Dios del universo”, que sería la forma más fiel a su significado.

Esto quiere decir que Abraham estaba inaugurando un centro de proclamación del Reino que revelaba a los hombres que Yahvéh tiene la calidad de ser el Amo del tiempo, por lo que toda circunstancia está bajo su control que persigue que todo evento sea de beneficio a su propósito eterno escondido en cada alma humana: alcanzar semejanza son Su divinidad.

Lo cierto est que con esto, Abraham avinu mostraba que, aunque él hizo un pacto con un rey terrenal, era Yahvéh quien en verdad había hecho un pacto de sangre eterno con él, y a su descendencia daría toda la tierra prometida para siempre. Isaac probablemente nació allí y creció hasta ser un hombre joven. Y justo cuando la vida de Abraham llegaba a la rutina, tomó un giro sorprendente.

Aun en este tiempo de conflicto en su familia y entre sus vecinos Abraham mantuvo un caminar vivo y profundo con el Eterno. Puede que todo conflicto en la vida tiende a alejarnos de Yahvéh, pero debemos permitir que el Eterno los use para acercarnos más a Él.

Abraham era como el árbol tamarisco, plantado en tierras difíciles y desérticas, pero Yahvéh bendijo a Abraham en tierra de nada, donde faltaba el agua. Allí abría pozos y hallaba agua para sí mismo, sus seres queridos y su ganado. Allí sus esperanzas no se apagaron por la contrariedad de la sequedad.

¿Te habla de algo el estudio de hoy? Árboles, pozos de agua, tierra seca. Nuestro caminar a veces no tiene mucho sentido, miramos el horizonte y vemos sequedales, pero allí nuestro Abba espera que «plantemos árboles», que, en los momentos más inhóspitos de la vida, plantemos vida y esperanza, no sólo para nosotros, sino para los que seguirán después de nosotros. Planta tu tamarisco e invoca a Yahvéh porque Él no te abandonará en tu » Beersheba«, allí estará para dar crecimiento a tu vida como árbol junto a corrientes de aguas.

Aprendiendo a encontrar la Repuesta a tus Problemas.

«Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.”
(Génesis 21:19)

Abraham se había separado de Hagar y la había enviado con provisión para el viaje junto con su hijo Ishmael, ya adolescente de diecisiete años. Quizá parezca despiadado que Abraham, nuestro padre, hiciera tal cosa, pero era exactamente lo que Yahvéh quería, y exactamente lo que tenía que suceder. Las Sagradas Escrituras revelan que carne y sangre no forman el vínculo más fuerte que Dios quiere que respetemos. Hay circunstancias de la vida en las que no podemos hacer más que poner nuestra familia a un lado por la Gloria del Nombre de Dios, y el cumplimiento de Su propósito eterno en nosotros. De la misma manera, Yahvéh quiere que seamos despiadados con la carne:

«…pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.»
(Gálatas 5:24)

En medio de su travesía en el desierto tuvieron problemas por no encontrar agua. Ishmael estaba a punto de morir porque no se encontraba bien. Hagar, de manera egocéntrica, se alejó de él porque no quería verlo morir. Los dos lloraron, pero el Eterno sólo escuchó la voz del muchacho y envió un mensaje a Hagar por medio de un ángel. El ángel no le dijo dónde había agua, sino que tenía que ayudar a su hijo porque él iba a ser una gran nación. En ese momento el Todopoderoso abrió los ojos de Hagar para que viera un pozo de agua y así pudieron sobrevivir la crisis mortal.

Yahvéh, condujo a Hagar e Ishmael, al punto en que ya no podían seguir en su propia fuerza. Ellos, al igual que Abraham, tendrían que aprender a confiar en Él como la Fuente de su vida.

Cuando Yahvéh oyó al joven sollozar, el Ángel de Elohim llamó a Hagar desde el cielo y le dijo:

«¿Qué te pasa, Agar? No temas, pues Dios ha escuchado los sollozos del niño.»
(21:17)

Esta es la segunda vez que el Mesías pre-encarnado había rescatado a Agar. Antes, cuando ella corrió hacia el desierto a causa de su maltrato a manos de Sara, Agar fue encontrada por el Ángel del Señor cerca de un manantial en el desierto (16:7a). Allí, Él fue llamado el Ángel del Señor, el redentor, porque ella todavía estaba bajo el techo y la protección de Abraham. Aquí, Él es llamado el Ángel de Elohim (Dios), porque Hagar era entonces una extranjera para el pacto de la promesa (Efesios 2:12). Pero Él es Dios de toda la humanidad, y le habló amablemente, diciéndole:

«Levántate y tómalo de la mano, que yo haré de él una gran nación. En ese momento Dios le abrió a Agar los ojos, y ella vio un pozo de agua. En seguida fue a llenar el odre y le dio de beber al niño.» (21:18-19)

Muchas enseñanzas fluyen para nuestras vidas desde esta narración de la Torah. Primero, Abraham despidió a Hagar y a su hijo Ishmael a pesar de que le pesaba en su alma. Lo hizo porque el Eterno lo había ordenado. No hay duda pues, que se debe obedecer al Eterno a pesar de que sea doloroso. El camino de la obediencia no es el camino más fácil. La mayoría de las veces nos cuesta y en muchas ocasiones hay que suprimir las emociones personales. Si el Eterno lo ha ordenado, es lo mejor, y simplemente hay que obedecer.

En segundo lugar, aprendemos que Hagar no se ocupó de implantar las promesas del Eterno en el corazón de Ishmael. Ella sabía lo que el Eterno había dicho sobre el futuro de su hijo (17:20), pero cuando vino la crisis no le importó la promesa. En lugar de confiar en lo que el Eterno había prometido, actuó y hablaba en dirección contraria pensando que su hijo iba a morir. Por ende, lo abandonó a que falleciera, pensando de una manera individualista y hedonista. Esa fue la razón principal por las que el Eterno no escuchó su llanto, sino sólo el del joven.

Ahora bien, también será muy importante considerar el hecho de que cuando el ángel le habló a Hagar no le dio la solución del problema. Al contario, él trató con algo más importante: revelar la razón por la que ella no había podido conseguir respuesta del Cielo. La manera de educar y tratar a su hijo impedía la intervención del Eterno en su vida. Su incredulidad y rechazo de la promesa divina obstaculizaba la mano del Eterno en la crisis.

Entonces, cuando ella aceptó lo que le dijo el ángel, de atender solidariamente a su hijo y enfocarse en la promesa divina para su futuro, entonces ella misma habilitó las condiciones para recibir respuesta a su circunstancia, más que solución a su problema. Fue en ese momento, cuando el Eterno abrió sus ojos para que viera que justamente en el lugar donde estaban, había un pozo.

¿Dónde se encontraba la respuesta que solucionó el problema?

En este texto aprendemos que:

✍ En el Eterno siempre están las soluciones para cualquier problema.
✍ Si no tratamos bien a los que nos rodean, el Eterno no puede enviar la ayuda.
✍ Si no creemos y obedecemos lo que nos ha dicho, Él no puede ayudarnos.
✍ Cuando nos arrepentimos de nuestra falta de amor al prójimo y hacemos caso a las palabras divinas, estaremos en condiciones para poder encontrar la solución del problema.
✍ La ayuda divina no está muy lejos. Siempre se encuentra muy cerca del lugar donde estamos, sólo necesitamos sentidos extrasensoriales abiertos para poder percibir lo que está a nuestro alcance.

Clama al cielo cuando estás en una crisis. Analiza primeramente que no hayas maltratado a tu prójimo. Actúa y suple las necesidades de los que están a tu cuidado y el Eterno estará contigo.

Confía en lo que el Eterno te haya dicho y obedece lo que te dice ahora.

Abre tus ojos y mira a tu alrededor. La ayuda está a tu alcance.

Que el Eterno nos haga sensibles para poder percibir los impulsos suyos y actuar según ellos y no según nuestros propios corazones.

La Expulsión de Ismael… ¿Justicia o Injusticia?

Por P.A. David Nesher

“Por eso dijo a Abraham:
—Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Itzjak.”

(Bereshit/Génesia 21:10)

Hemos aprendido, a través de nuestros viajes de investigación por la Torah, que sus leyes no permiten que los padres, ni siquiera las autoridades legales, expulsen a un hijo o hija de la casa por ningún motivo. Según la Torah, nadie puede ser despojado de su condición legal en el hogar al que pertenece. Entonces, un tema muy difícil de entender y de explicar es el que nos propone el pasaje que estamos aquí considerando.

Cabe decir también que esta no era una práctica entre otros pueblos del antiguo Cercano Oriente. Varios antiguos códices y documentos legales, algunos incluso anteriores a la época de Abraham, atestiguan que expulsar a la descendencia de la casa de los padres, es decir, despojar a un niño de su estatus legal en la casa de su padre, era un procedimiento legal legítimo solamente en casos de faltas cometidas contra los padres, es decir, no sujetarse a las normas éticas que estos establecieran en su hogar. Es el caso de lo que la Torah denomina hijo contumaz (Deuteronomio 21:18-21).

Teniendo en cuenta este contexto, el pasaje que estamos considerando nos trae un tema muy difícil de entender y de explicar: el maltrato recibido por Ishmael en la casa de su padre Abraham. Este texto nos presenta una anomalía llena de interrogantes ya que encontramos que Sara exige que Abraham arroje a Hagar e Ishmael del ámbito de su hogar.

Aunque Sara se refiere a Ishmael como “el hijo de esta sierva “, no puede haber duda de que Ishmael era considerado por todos, y aún por ella, un hijo legal de Abraham, como se evidencia en los siguientes versos:

Entonces Abraham tomó a su hijo Ishmael
(17:23);

Su hijo Ishmael tenía trece años cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio, y así Abraham y su hijo Ishmael fueron circuncidados en aquel mismo día
(17: 25-26)

Así mismo, si analizamos las propias palabras de Sara: “Echad a aquella esclava y a su hijo, porque el hijo de esa sierva no participará en la herencia con mi hijo Itzjak” (21:10), llegamos a la conclusión de que, en su cosmovisión, Ishmael tenía derechos a la herencia de Abraham en virtud de ser su hijo. Nuestro padre Abraham accedió a la demanda de Sara después de que le ordenó que lo hiciera y vemos que el Eterno le prometió que el futuro de Ishmael estaba salvaguardado:

«Entonces Dios dijo a Abraham:
—No te parezca mal lo referente al muchacho ni lo referente a tu sierva. En todo lo que te diga Sara, hazle caso, porque a través de Isaac será contada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque es un descendiente tuyo.»

 (versículos 12-13)

Primeramente, nos enfocaremos en las palabras del Eterno que le solicita a Abraham avinu que haga caso a Sara. En el hebreo no está escrito que Abraham solamente tiene que escuchar a Sara, sino “la voz” de Sara. Aquí es usada la palabra kol que significa voz, expresión que se usa para describir una voz profética. Por esto, la expresión hebrea de lo que Abba nuestro dice, literalmente es: “presta atención a la voz profética de Sara”, dándole así a entender a Abraham que la voz de su esposa era en este consejo palabras de Providencia divina. Es decir, que esta palabra no fue inspirada por el yetser hará (inclinación al mal) de Sara, sino por el Espíritu profético que vino sobre ella para prevenir el futuro de destino mesiánico escondido en Itzjak.

Desde esta consideración de lo dicho por el Eterno, la expulsión de Ishmael plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son las razones por las cuales Sara exigió que Ishmael fuera despojado de su condición de hijo y heredero de Abraham? La respuesta a esta cuestión se encuentra en el siguiente relato:

“Sara vio al hijo de Agar la egipcia, que esta le había dado a luz a Abraham, que se burlaba (metzajek) de su hijo Isaac,…”

(Génesis 21:9)

La palabra metzajek puede ser traducida como “jugando” o “divirtiéndose”. Explica Rashi (intérprete póstumo de la Torah) que en este contexto “diversión” puede ser interpretado como alguien entregado a la idolatría, a la lujuria, y al crimen.

Entre las diversas opiniones para encontrar la explicación de esta expulsión, algunos comentaristas dicen que Sara estaba disgustada con la idea que Ishmael, el hijo de su esclava estaba jugando con Itzjak o incluso acercándose a él. Algunos comprenden que Sara, viendo a los hermanos en juego, veía esta situación como un peligro para el estatus de Itzjak como heredero de Abraham.

La palabra metzajek está relacionada con tzejok y por lo tanto se refiere sólo y exclusivamente a la herencia. De la respuesta de la matriarca Sara a Abraham, que este hijo de una esclava no heredará con su hijo, aprendemos que él [Ishmael] no heredará con su hijo Itzjak”.

Esta idea se puede ver en el comentario de Rashbam: “Él había crecido mucho, y ella no quería tenerlo por más, no sea que quiera tomar posesión de la herencia de su padre con Itzjak”. A medida que Ishmael crecía, se convertiría en un rival más difícil para Itzjak y, en última instancia, podría compartir la herencia con Itzjak. Sara decidió que Ishmael tenía que ser despojado inmediatamente del estatus de hijo y heredero.

Otra opinión sostiene que metzajek significa despreciar, burlarse (en nuestras expresiones “hacer bullying”). En otras palabras, Sara vio que Ishmael se burlaba de Itzjak, incluyendo en sus palabras de desprecio los nombres de Abraham o de Sara. Esto ocurrió el día que Itzjak fue destetado, y ella lo vio burlándose de Itzjak o de la gran fiesta que se estaba realizando en honor a esta nueva etapa en la vida de Itzjak. Por ello es que la Escritura dice, “el hijo que Hagar la egipcia había dado a Abraham” e “Ishmael burlándose”.

Otras autoridades de la exégesis de la Instrucción (Torah) como Rabí Akiva, sostienen que metzajek se refiere a relaciones sexuales ilícitas (lujuria) como en la descripción del momento romántico entre Itzjak y Ribka:

 “Y sucedió que después de haber estado allí largo tiempo, Avimelej, rey de los filisteos, miró por una ventana, y he aquí, vio a Isaac acariciando (tsajak) a Rivká su mujer.”

(Génesis 26:8)

Y también lo vemos en el caso de la esposa de Potifar acusando a José:

“… llamó a los sirvientes de su casa y les dijo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que se burle (tsajak) de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz… y entonces le contó esa misma historia. Le dijo: El hebreo Esclavo que tú trajiste a nuestra casa vino a mí a flirtear (letzajek bi) conmigo.”

(Génesis 39: 14, 17)

Es decir, que el significado llano demetzajek significa hacer algo prohibido en el ámbito de la conducta sexual. En el hebreo bíblico, el verbo tz-j-k significa tanto reír, bromear, jugar y divertirse, como disfrutar de sí mismo sexualmente. Por extensión, significa ser seductor, atraer a una persona a acciones sexuales que van en contra de la norma aceptada.

Esto estaría indicando que nuestra matriarca Sara vio a Ishmael haciendo algo sexual que aparentemente no era consistente con un comportamiento moral aceptable en la casa de Abraham. La expresión da a entender que observó que Ishmael estaba comportándose de manera vergonzosa, acosando a mujeres casadas del campamento de discípulos y abusando de ellas (aprovechando su condición de heredero de Abraham). En este sentido el uso de la palabra tzejok no se refiere a otra cosa que idolatría, como se dice, “Al día siguiente por la mañana se levantaron y ofrecieron holocaustos y sacrificios de reconciliación. Después el pueblo se sentó a comer y beber, y luego se levantaron a divertirse (Letzajek).” (Shemot7Éxodo 32: 6). Lo que también insinuaría este texto es que Sara observó algunas actitudes malintencionadas de Ishmael al niño Itzjak (¿posible intento de abuso incestuoso?).

Por todo esto, Sara discernió que Ishmael, en lugar de desarrollar amor entre hermanos, estaba despreciando al pequeño, por lo cual comenzó a perseguirlo, tal como el apóstol Pablo lo explica:

“Pero, así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora.”

(Gálatas 4:29)

Esta persecución podía tener un sesgo de mala intención lujuriosa. Por lo tanto, es muy posible que la burla que hizo Ishmael de Itzjak era una mezcla de violencia, sexo e idolatría, los tres pecados cardinales. Sará lo vio y le sentó muy mal. Esa influencia no era buena para su hijo. Además, Itzjak corría el peligro de morir por un “accidente”.

Esta fue la razón de su exigencia inequívoca de que Abraham expulsara a la esclava y a su hijo. La Torah, de hecho, no dice que Sara le dijo a Abraham que había visto a Ishmael haciendo esto, pero podemos razonablemente asumir que ella le dijo a Abraham acerca de esto, porque ella debió haberle dado justificación para exigirle que tomara tan cruel acción contra Ishmael.

Aquí debemos recordar que el Eterno le dio a Abraham el mandamiento de la circuncisión. Este acto quirúrgico, practicado en el miembro viril de los varones descendientes de Abraham, así como toda su casa, esclavos nacidos en el hogar y los comprados de forasteros, tenía la intención de servir como una marca del pacto entre Yahvéh y los hijos de Abraham y los que se unían a ellos. La circuncisión tenía la intención de distinguir de la manera más clara posible entre la descendencia de Abraham y los miembros de otras culturas. La distinción, simbolizada por la eliminación de la carne del prepucio, significaba observar costumbres sexuales diferentes.

El hijo de Abraham Ishmael fue circuncidado a la edad de trece años (Gén. 17:25). Como hijo de Abraham, su conducta sexual tenía que ser completamente diferente de la de los cananeos, sin embargo, Sara lo vio metzajek. Si esta palabra se toma como un eufemismo por un comportamiento sexual inaceptable, podríamos decir que Sara lo vio cometiendo una ofensa muy seria. Ishmael no había cumplido con las reglas de comportamiento que se esperaban de la descendencia de Abraham. A lo mejor Sara le dijo a Abraham lo que había visto e inmediatamente le exigió desterrar a la esclava y su hijo. En la cosmovisión profética de Sara, Ishmael, por su conducta sexual ilícita, había decidido dejar de ser el hijo de Abraham, y ser únicamente sólo “el hijo de esa esclava”.

Sara dijo que Agar e Ishmael debían ser echados. Este mismo verbo, garásh (echar, expulsar, enviar a otra dimensión), se utilizó para describir el momento en que Adam fue expulsado del Gan Edén (3:24), y cuando Caín fue expulsado de la presencia de Yahvéh(4:14). Por lo tanto, lo que había ocurrido en esta familia era algo muy serio que no permitía la benevolencia y el perdón.

Abraham era un hombre amable y generoso; sin embargo, este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de (Ismael) su propio hijo (21:11).  Abraham se enfrentó a una doble tragedia. Su hijo primogénito había cometido un terrible pecado, y además su esposa había pedido que le diera a Ishmael el castigo más severo que se conoce entre los pueblos del antiguo Cercano Oriente: despojar a un hijo de su condición filial y de su herencia. Mientras pasaba por esta terrible situación.  Fue entonces cuando Yahvéh se le apareció a Abraham y lo consoló instruyéndolo en lo que debía hacer.

Yahvéh dijo:
“…no te angusties por el muchacho ni por la esclava.
Dijo además:
Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.

(Génesis 21:12)

En todas las épocas el mensaje de nuestro Abba a su pueblo ha sido:

“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.”
(Juan 14:1 – BTX)

Sin lugar a duda, la presencia de Ishmael en la casa habría hecho extremadamente difícil que se cumplan los propósitos de Yahvéh para Isaac. No había ninguna duda al respecto, Ishmael tenía que irse. Ser discípulo implica siempre soportar el rigor de la disciplina, ya que esta es siempre necesaria para la bendición espiritual. Yahvéh estaba tomando los hilos enredados de la vida de Abraham, tejiéndolos en Su propio patrón divino, y guiando todo para bien del propósito eterno: el Mesías entre los hombres.

¡Maravillosa dicha tenemos al confiar en “la profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios” (Romanos 11:33)!

«¡Esposa Mía!… ¡Dí que eres mi Hermana!» (Historia de Abimelec y Abraham)

El vecindario había recibido un fuerte juicio divino, eso causaba disgusto en la mente de Abraham avinu. Ahora, quizá, ya no quería vivir en las montañas viendo la región destruida, y estar recordando a las personas y el juicio hecho sobre ellos. El Midrash cuenta que los rumores del incesto de Lot también le afectaban por ser su pariente y ya no quería estar cerca de allí. A eso se sumaba la necesidad de buscar mejores pastos para el rebaño. Lo cierto es que nuestro padre se vio obligado a salir del distrito de Mamré, y viajar en dirección sudeste hasta la región del desierto de Negev.  Allí se estableció entre Cades y Sur.

Durante un tiempo se quedó en Gerar, la ciudad capital de la tierra dominada por los filisteos, cerca de la frontera con Egipto. Esta era una ciudad próspera, según lo revelado por las excavaciones arqueológicas allí. Evidentemente Abraham estableció aquí algún tipo de negocio nuevo, ya que la ciudad controlaba una ruta lucrativa. Todo tipo de caravanas pasaban por esta ciudad y Abraham, que ya era un rico y poderoso líder que gozaba con gran fama en aquellas regiones.

En aquel tiempo, Abimelec, rey de Gerar, gobernó la tierra de los filisteos, que eran los descendientes de Cam (10:14). La palabra Abimelec (que significa «mi dios es rey») no es un nombre propio, puede haber sido un cognomento o título de reyes filisteos de Gerar, al igual que el término faraón no fue un nombre propio, solo el título (o cognomento) del rey de Egipto.

Cuando Abraham entró en la tierra, sabía poco sobre las personas que vivían allí, pero no pasó mucho tiempo hasta darse cuenta de que eran un montón de impíos. Los viejos temores que había experimentado en Egipto volvieron repentinamente.

Por eso, una vez más, acordaron que Sara pasaría por su hermana, en lugar de su esposa, por una razón diferente a la de antes. Esta vez, la preocupación de Abraham no radicaba en el hecho que Sara parecía una hermosa joven a los noventa años. Podemos suponer que aún a esa edad conservaba una belleza especial. Ella, hasta cierto punto había sido milagrosamente rejuvenecida físicamente, para concebir, dar a luz, y dar de pecho a Isaac, y es posible que esto también se haya manifestado en una renovación de su hermosura. Pero lo que es más importante esta vez es que estaba conectada a uno de los hombres más ricos y con más influencia de aquella región.

Para un reyezuelo como Abimelec, la amistad comercial con un jeque poderoso de la categoría de Abraham no era cosa despreciable, y para fortalecer esta relación económica podía bien servir el matrimonio con su hermana. En la perspectiva de Abimelec esto tenía un valor político incalculable, ya que Abraham era poderoso y rico. El rey ya tenía un harén y, como era costumbre en aquellos tiempos, los reyes tenían derecho a tomar a cualquier mujer que eligiesen para sus harenes, ya fuera por motivo sexual o político. Por esto, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa.

Esta es la misma mentira que Abraham usó en Egipto (Génesis 12:10-13). Esto nos muestra que es bastante fácil deslizarse y regresar a hábitos pecaminosos. Abraham tropieza en la misma piedra de antes, aunque ahora encontrara otro motivo para justificar la repetición del error. Una vez más, en vez de confiar que Yahvéh mantendría su familia juntos, el hizo su propio plan para hacerlo. Otra vez, su estrategia fallaría completamente.

Esto nos enseña que la edad no nos hace perfectos automáticamente. A menos, de que estemos sometidos al Espíritu de Yahvéh, se repetirán los mismos patrones de pecado en nuestra vejez que tuvimos en nuestra juventud.

Cientos de veces en las Sagradas Escrituras se nos dice que no permitamos que miedo paralizador nos domine. Pero, ¿cómo podemos evitarlo? Si alguien a quien amamos está en peligro, si horribles posibilidades de inseguridad constantemente se presentan, ¿qué vamos a hacer? El rey David nos da la respuesta: “…el día en que temo, yo confío en ti.” (Salmo 56:3). Él mensaje, en un solo versículo, revela dos poderes humanos en conflicto: emoción y voluntad. David es un adorador que es consciente de la realidad. No niega el sentimiento, pero él no permite que este rija y manipule su vida. No deja que el sentimiento negativo del miedo paralizador drene la energía que Yahvéh da a su obra. Él describe la lucha cotidiana de todo creyente: siente una cosa y hace otra. Pero el rey David conoce y se aplica el antídoto. Sabe que la mejor manera de hacerlo es simplemente ofrecerle al Eterno cada temor cuando viene, y orar por la gracia de seguir haciendo pacíficamente la obra que Él nos ha dado a realizar dentro de su propósito.

Repitiendo este pecado, Abraham puso en peligro el nacimiento de Isaac. Pero Yahvéh no fue sorprendido con la guardia baja, Él nunca es sorprendido. Independientemente del pecado de Abraham, el Eterno no permitiría que Su pacto de sangre con Abraham se rompiera. Debido a que el Pacto de sangre es incondicional, y aunque era Abraham quien pecó, aun así, Yahvéh todavía intervino en su favor.

Vimos como Yahvéh había hecho saber a Faraón quién era Sarai realmente enviando plagas. En este relato, Yahvéh se revela directamente a un rey pagano en un sueño. Esta es la primera de cuatro veces en que un desconocido recibe la revelación de Dios en un sueño (31:24, 40:5 y 41:1). Antes que Abimelec tocara a Sara, “…aquella noche Dios se le apareció a Abimélec en sueños y le dijo: Puedes darte por muerto a causa de la mujer que has tomado, porque ella es casada. Además, YHVH había hecho que todas las mujeres en la casa de Abimélec quedaran estériles” (20:18). Aquí es visto otra vez el aspecto de las maldiciones del Pacto de Abraham (12:3).

Puede ser que esto parezca drástico, pero había mucho en riesgo si todo esto continuaba hacia adelante.

Supongamos que Abimelec hubiera tomado a Sara y el Eterno no hubiera intervenido. Las simientes de dos diferentes personas hubieran estado a la puerta del vientre de Sara, y hasta el día de hoy habría una sombra de duda acerca del linaje de nuestro Señor de nuestro Señor. A pesar de la falla de Abraham de realmente confiar en Yahvéh en esta situación, Dios no lo iba a abandonar. Él no dejaría que Abimelec tocara a Sara. De aquel vientre saldría el hijo de la promesa, de quien eventualmente vendría el Mesías de Yahvéh. El Eterno no dejaría esto en las manos del hombre.

Abimélec se defiende diciendo que, como Abraham me dijo que ella era su hermana, y ella lo había confirmado, él hizo todo de buena fe y sin mala intención (20:5). Él se defiende diciendo que tanto su actitud interna como sus acciones exteriores han sido irreprochables. El rey dijo haber actuado con la conciencia tranquila. En otras palabras, no había ninguna intención de pecar contra Abraham o Yahvéh, y tenía las manos limpias. Él no la había tocado y por lo tanto no había cometido ningún pecado sexual. Entonces el Eterno respondió.

Un día o dos más tarde, Elohim le dijo en un segundo sueño: “Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases”. (20:6). Si el hijo de la promesa naciera, tendría que ocurrir por la gracia de Yahvéh. En última instancia, todo pecado es contra Dios. El rey David tomó a Betsabé y la dejó embarazada, mató a su marido y otros soldados, y deshonró a la nación y al puesto del rey. Pero cuando se arrepintió ante Dios, dijo: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51: 4a). ¿El pecó contra Betsabé, Urías, los soldados y la nación? Por supuesto que sí. Pero él se siente abrumado por el hecho de que su verdadero pecado fue en última instancia contra Dios.

Entonces Dios instruyó a Abimelec: “Pero ahora devuelve esa mujer a su esposo, porque él es profeta y va a interceder por ti para que vivas. Si no lo haces, ten por seguro que morirás junto con todos los tuyos” (20:7). Este es la primera vez que se usa la palabra profeta (navî) en el Tanak. La expresión navî señala a un tipo de varón que tiene relaciones privilegiadas con el Eterno, y que hacen de él una persona inviolable. En este sentido el salmista escribirá así refiriéndose a este momento en la vida de Abraham:

 

“El no permitió que nadie los oprimiera,

y por amor a ellos reprendió a reyes, diciendo:

No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.”

(Salmo 105:15)

 

En este pasaje del texto vemos que una de las tareas más importantes de un profeta es la intercesión por los necesitados (cf. Job 42:10; Deut. 34: 10; Nm. 11: 2; 21:7).

Abraham fue un profeta, porque recibió la revelación de Yahvéh. A pesar del propio pecado de Abraham, su posición delante de Yahvéh sigue siendo la misma. Avraham tenía que orar por un pueblo y un rey que había secuestrado a su esposa.

En la madrugada del día siguiente, Abimelec se levantó y llamó a todos sus servidores para contarles en detalle lo que había ocurrido, y un gran temor se apoderó de ellos (20:8). Vemos que Abimelec tomó al Eterno muy en serio expresando una actitud de arrepentimiento que lo condujo a confesar la reprensión de Yahvéh ante su clan. El rey da razones de todas las palabras (divinas) a su pueblo. Él sabe, y así lo reconoce públicamente, que como líder sus acciones traerían repercusión para bien o para mal. Él sabe, como buen líder, que todo pecado tiene responsabilidades sociales. Notamos aquí cómo la preocupación de Abraham que no había temor de Dios en Gerar ahora había desaparecido, porque se produjo gran temor cuando el rey les informó de su sueño.

Entonces Abimelec llamó a Abraham para reunirse con él y enfrentarlo con su grave pecado. Abimelec se defiende. Abraham es responsable y Abimelec se lo echa en cara y, algo más, le pide una explicación, un desagravio. Ante la ofensa, el ser humano no debe quedarse siempre callado. Sería cooperar con el agresor.

Abimelec regresa a Sara. No despide a Abraham, como lo había hecho el faraón de Egipto (12: 19-20), sino que lo invita a quedarse. Lo invita a cohabitar con ellos. Para él esto es posible. Además, le dice a Sara: “Fíjate, doy a tu hermano mil siclos de plata” (20: 16). Esto era una suma enorme si consideramos que la dote de matrimonio era de cincuenta siclos (Dt. 22:29). Abraham notaría ciertamente ese “hermano” dicho irónicamente por Abimelec. El rey se preocupa de que la honra de Sara no quede comprometida. La palabra antigua del hebreo para vindicada es “yakaj”, y conlleva la idea de “poner bien” así que, es posible que Sara fue “puesta bien”, es decir, que los ojos de los conocidos de Sara estarían ciegos a lo que pasó y por lo tanto no la criticarían.

La primera consecuencia es el dar cuenta, el comunicar, el decir las cosas que interesan al pueblo, tal cual son. El individualismo, una enfermedad de nuestro siglo, se ha apoderado de nuestra mente y actividad. Hemos privatizado también al pecado. Todo pecado tiene una carga social. No vivimos solos en el mundo. No hay un Dios particular.

Entonces, Abraham finalmente obra como profeta intercediendo por Abimelec (20: 17). Abraham fue el que mintió; sin embargo, tomó su oración para eliminar la maldición. El aspecto de la bendición y la maldición de la sangre del Pacto que el Eterno tuvo con Abraham, seguía en vigor a pesar de su desobediencia. Esa es la naturaleza de un pacto incondicional.

A pesar de que él era culpable, la oración de Abraham fue eficaz, y Yahvéh sanó a Abimélec permitiendo que su esposa y sus siervas volvieran a tener hijos (20:17). Evidentemente una plaga había caído sobre la casa de Abimelec, que consistía en una enfermedad que provocó la esterilidad. “Porque YHVH había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec por el asunto de Sara, mujer de Abraham” (20:18 BTX). Una vez más se cumplió la promesa que el Eterno había dado cuando lo llamó: «Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan» (12:3).

Cuando Abimélec, rey de Gerar, mandó llamar a Sara y la tomó por esposa y la recibió en su harén, su acción podría haber dado lugar a que Isaac no hubiera nacido. Evidentemente, Satanás estaba haciendo todo lo que podía para evitar que la Simiente de la mujer se manifestara en la Tierra y fuera a la cruz para pisarle la cabez (3:15). Si Isaac no nacía, Jacob no nacería. Si Jacob no nacía, Judá no tendría existencia. Y si no hubiera nacido Judá, el Mesías no habría nacido. Sin embargo, Yahvéh está en control de todo, por lo que el principio de maldición por maldición visitó a Abimelec y a su casa para llamar su atención, y conocer así al propósito eterno de Dios. El castigo mostró con claridad que Abraham estaba en alianza con Yahvéh, el Dios todopoderoso (El Elyon). Este incidente produjo que Abimelec, respectara y temiera al Dios de Abraham.

El resultado final de esta experiencia desagradable fue que Abraham aceptó que “a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien, a los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28 BTX). Nunca más volvería a cuestionar a Yahvéh.

Bitácora Relacionada:

Temor de Dios: El Arma Perfecta que Frena el Pecado

El espíritu de Sodoma peregrinando hasta Roma

Por P.A. David Nesher

«Y llamaron a Lot, y le dijeron:
¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo:
Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
«

(Bereshit/Génesis 19:5)

El mismo Yahvéh, en su visita a Abraham avinu, decidió contarle al patriarca, el otro propósito de su venida: el final inminente de las ciudades de la llanura, y esto por dos razones; porque Abraham era el heredero de la promesa, y porque «mandaría a sus hijos y a su casa después de sí, y guardarán el camino de Yahvéh, para hacer justicia, y juicio«. Justamente por estas últimas palabras, se discierne que el final de Sodoma y sus ciudades aliadas (Gomorra, Admá, Soar y Zeboim — cf. Oseas 11: 8). fue comunicado al patriarca para que sirviera de advertencia a los hijos de Israel. Por lo tanto, no se debe considerar como un juicio aislado; sino que la escena de desolación que ocuparía para siempre los lugares de las ciudades de la llanura, también para siempre mostraría a Israel las consecuencias del pecado, y serviría para ellos como una figura del juicio futuro.

Recordemos que Moshé no está escribiendo el Bereshit como un simple historiador sagrado, sino más bien como un profeta. Por lo tanto, su principal propósito al narrarnos los hechos históricos es ponernos ante los ojos los atributos divinos. El vicio de Sodoma, pecado contra la naturaleza, es denunciado como una práctica que era comúnmente aceptada tanto en esta Pentápolis (cinco ciudades) como lo era en otros pueblos orientales. Documentación histórica demuestran que este espíritu de profanación de la sexualidad estaba extendida de varias maneras por Fenicia, Siria, Frigia, Asiria y Babilonia. Astarot (o Astarté) será la divinidad femenina que programará desde sus ritos esta cultura en la mente de los habitantes de estas regiones. Desde estos puntos geográficos se propagó a los griegos, y desde la influencia cultural de estos terminará estableciéndose en Roma. Cabe aquí señalar que en las religiones de estos pueblos, la sodomía, tanto como la fornicación, formaba parte del culto.

Las Sagradas Escrituras muchas veces nos hablan de «los perros«, traducida de la expresión hebrea «keleb» (Deut. 23:17-18; Apoc. 22:15), refiriéndose despectivamente a los varones que se dedicaban a la prostitución. Esta perversión llegaba en dichos pueblos a tal extremo que se señalaba a sus adeptos como kadeshim (los sagrados), lo cual alude netamente a sodomía consagrada al propósito espiritual porque se consideraban a este estilo de sexualidad como los más sagrado que conseguía experimentar la virilidad humana, y por ello, siempre estaban vinculados a algún santuario idolátrico, y no necesariamente cobraban por su servicio.

Estos testimonios culturales nos muestran que Israel nunca estuvo exento de este vicio, y a condenarlo se dirige el relato del Juicio a Sodoma y Gomorra, y el resto de las ciudades de la Pentápolis.

Leyendo los libros históricos de la TaNaK (en el cristianismo: Antiguo Testamento) notamos que en muchas ocasiones, los israelitas se contaminaron con tales prácticas (1 Ry 14:24; 15.12; Job 36:14) llegando a su existencia en ciertas épocas idolátricas del pueblo israelita. Pero, a pesar de tanto alejamiento de Yahvéh en los días de los reyes de la TaNaK, hubo unos cuantos de estos soberanos que pusieron manos a la obra y limpiaron al país de semejante degeneración.  Por ejemplo leemos acerca del rey Asa:

“Asa hizo lo recto ante los ojos de Yahvéh, como David su padre.  Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho”
(1 Reyes 15:11, 12)

No sabemos qué hizo él con los sodomitas, pero nos basta la expresión “quitó del país a los sodomitas”.

Así mismo hay otra expresión bíblica sobre la política regia de Josafat en referencia al sodomismo que dice:

Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa
(1 R. 22:46)

El rey Josías que fue un monarca recto que hizo la voluntad de YHVH y expulsó toda esta casta de sodomitas que tenían lugares de preeminencia en el mismísimo templo dedicado a YHVH, el Dios de Israel:

“Además, derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Yahvéh, en las cuales las mujeres tejían pabellones para Asera.”
(2 Reyes 23:7)

Los Escritos Mesiánicos (mal llamados por el cristianismo Nuevo Testamento) describen este principado sexual dominando con su pecado la mente de todos los súbditos del Imperio que gobernaba desde Roma. El apóstol Pablo enseñará en su epístola a los romanos (Ro. 1: 18-32), que esta praxis es una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad que, practicando la idolatría, se pondrá contra el señorío del Eterno y Su Instrucción (Torah):

“Por esa razón, Dios ha dejado que esa gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres.Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer.”
(Romanos 1:26-28)

Es muy interesante considerar el hecho de que algunos de los practicantes de las religiones paganas que tenían estas prácticas en su vida, al convertirse al Evangelio del Reino que proclamaban los apóstoles habían abandonado dichos vicios profanos:

No se dejen engañar. Ustedes bien saben que los que hacen lo malo no participarán en el reino de Dios. Me refiero a los que tienen relaciones sexuales prohibidas, a los que adoran a los ídolos, a los que son infieles en el matrimonio, a los afeminados, a los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, a los ladrones, a los que siempre quieren más de lo que tienen, a los borrachos, a los que hablan mal de los demás, y a los tramposos. Ninguno de ellos participará del reino de Dios.Y algunos de ustedes eran así. Pero Dios les perdonó esos pecados, los limpió y los hizo parte de su pueblo. Todo esto fue posible por el poder del Señor Jesús el Cristo, y del Espíritu de nuestro Dios.”
(1Corintios 6: 9-11)

Vemos en este pasaje la enumeración de los pecados comunes (vistos como normales) en la cosmovisión greco-romana de los días paulinos, que predominaban en los santuarios y templos de centros comerciales como Corintios y ciudades populosas semejantes. Es muy importante tener en cuenta que la mención de los pecados sexuales (fornicación, adulterio  dos palabras para referirse a la homosexualidad: “los afeminados” y “los que se echan con varones”) están relacionadas con las prácticas idolátricas de los rituales paganos, lo cual naturalmente, intensificaba el peligro contra el cual el apóstol advierte a los discípulos corintios (Romanos 8: 13; Gálatas 5: 19-20; 1Timoteo 1: 9-10; Tito 1: 12).

La palabra griega malakós (μαλακός), traducida por “afeminado”, es un adjetivo que literalmente significa “suave” o “flexible”, pero en este texto, es usado como sustantivo y su significado es polémico. Sucede que este término griego también era usado para referirse a aspectos morales, donde “flexible” significaría «inestable moralmente«, así como disoluto, cobarde, perezoso, débil, inestable, fácil de influenciar al mal… Quizás por esta significación, esta expresión se usaba para señalar no solamente al varón con praxis lasciva, sino también a aquel que tiene adicción general a los pecados de la carne en lo sexual, y se deja manipular por las «modas» o «tendencias» sociales de la misma. La Biblia de Jerusalén (en su versión al inglés) traduce la palabra malakós como catamitas, es decir, aquellos jóvenes impúberes que eran tenidos como “mascotas” sexuales. Particularmente se refería a los efebos o varones jóvenes que tenían la costumbre de ofrecerse a varones mayores como sus “queridas”, vestidos con atavíos de mujer. En la antigua Roma, y a lo largo de su Imperio, se denominaba así a un acompañante joven, generalmente un esclavo, apartado para uso sexual.

Sin embargo, el apóstol comienza el v. 11 con las palabras: “Y esto erais algunos” (gr. “Kai tauta tines”), en donde el neutro “tauta” es despectivo, por lo que debería traducirse: “esta abominación erais algunos de vosotros”. En esta palabra, Pablo encontró el equivalente griego de la expresión hebrea “toevá” que aparece en la Torah en el libro de Vayikrá (Levítico):

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”
(Levítico 18:22)

y también está escrito:

Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos”
(Levítico 20:13)

Existen varias razones para explicar por qué el término “tohevá” es el más adecuado para describir esta depravación moral y espiritual. Primeramente aceptaremos que su significado no es el que habitualmente se usa (como el de “algo muy desagradable”). El significado básico de “tohevá” (abominación) es ‘detestar’, ‘odiar’, ‘aborrecer’. Es decir, es lo que es odiado y detestado por el Eterno, y es por lo tanto, degradante y ofensivo al sentido moral. Desde estas significaciones básicas tohevá  se referirá a todo aquello con «impureza ritual».

Pero la explicación que hace más comprensible esta palabra es entender a tohevá como un acróstico. Un acróstico es una composición poética o normal en la que las letras iniciales, medias o finales de cada verso u oración, leídas en sentido vertical, forman un vocablo o una locución. Para el caso de la expresión hebrea tohevá, el acróstico sería ‘Toe ata ba’  que traducido es: “tú te equivocas  grandemente”. Es decir, que no se trata de una equivocación, sino de “LA” equivocación. Es la peor equivocación. Pueden darse muchas equivocaciones de todo tipo, pero este es un error gravoso en la comprensión misma de la esencia del ser humano. Porque claramente el versículo dice: “Y creó Dios al hombre (adam)… varón y mujer los creó” (Bereshit 1:27). Más adelante, el hagiógrafo recordará mejor esto al escribir: “varón y mujer los creó, y los bendijo y llamó su nombre Adam” (Bereshit 5:2). Sólo varón y mujer juntos se llaman Adam. Sólo varón y mujer juntos manifiestan plenamente la correcta imagen (tzelem) para lograr conformarse a la Semejanza (demut) divina.

Esa es la peor equivocación, y por ello es considerada la peor abominación de todas las relaciones sexuales prohibidas, más aún que la prostitución o las relaciones con animales.

Es un agravio a la naturaleza espiritual del ser humano en sí, es decir, de la plenitud del varón y la mujer juntos, trabajando por la unidad. Es una unión estéril, sin frutos, sin continuación, sin provecho.

Es la anulación de la dignidad humana, es borrar la vocación a la plenitud mesiánica que la humanidad tiene en el propósito eterno de Dios.

Por último, debo agregar que la palabra abominación (toevá), en un sentido amplio y puramente conceptual, esta directamente relacionada con la idolatría. Yahvéh quería prevenir a su Pueblo de las practicas idolátricas que las naciones y tribus circundantes llevaban a cabo mediante los cultos de fertilidad, donde la prostitución cúltica era practicada por varones y mujeres… «Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza;  y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.  Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;…» (Romanos 1: 26 – 28).

Considerando todo lo hasta aquí expuesto, les solicito que abran su espíritu al discernimiento espiritual y noten como cada vez que en las Sagradas Escrituras se reporta y denuncia la existencia y tolerancia de la sodomía en Israel, seguramente dicha práctica ésta acompañada de la idolatría.  Leyendo entonces los lineamientos bíblicos con mayor profundidad entendemos que el Eterno denuncia los pecados de su pueblo, tales como la estafa, la explotación de los pobres, la injusticia social, la falta de imparcialidad por parte de los jueces, sacerdotes y reyes (líderes) que provienen de la decadencia que trae la idolatría como matriz de todo pecado parecido.  Pero, en todos los casos, la maldad de los hombres termina con la sodomía como la praxis más baja de las tinieblas que han entenebrecidos las mentes rebeldes, a tal punto que dicha perversión termina ingresando en la casa de Dios.

Hoy, notamos que esta situación ha llegado al seno mismo de la denominada Iglesia cristiana. Así llamados “cristianos”, especialmente los jerarcas que los manipulan, en lugar de proclamar el Evangelio del Reino en el Yugo que ofrece el Mesías, pierden el tiempo reuniéndose en cónclaves para discutir el lugar que los sodomitas merecen en su medio.  La única esperanza para detener la abominación de la sodomía es sin duda alguna generar una asamblea vigorosa y sana, desde un regreso a las sendas antiguas, es decir, al Camino que nuestro padre Abraham decidió transitar en la Instrucción (Torah) de Yahvéh. Pero, lamentablemente aquellos que pretenden representar a la “Iglesia de Cristo”, hacen día a día declaraciones desde sus dogmas ayornados a los lineamientos de del establishment reptiliano y su protocolo gay. De este modo tratan de evitar la menor condena de este horrible pecado.


Bitácoras Relacionadas:


Cuando Abraham trabajó como Abogado de Sodoma

Por P.A. David Nesher

“Y Avraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?…
No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.”

(Génesis 18: 23, 32)

Transcurrida la primera etapa de esta aparición profética y culminando con la nueva del nacimiento de un hijo de Abraham y Saráh, los varones que Abraham avinu hospedó, giran y cambian de dirección y de función, apuntando hacia Sedom (Sodoma) y Amorá (Gomorra), que serán destruidas.

El Eterno, debido al Bein HaBetarim (traducido como Pacto de las Mitades) que estableció con Abraham avinu, consideró este su amigo así que no le ocultaría nada. Pero primero Él reforzó su promesa en Abraham de hacerle padre de una gran nación si él guardaba el camino revelado en Su Instrucción (Torah), y se la transmitía a sus generaciones (Gn. 18: 17-19). 

Entendemos que Abraham amaba a Yahvéh, y la norma es que el que ama devela sus cosas ocultas a la persona a quien ama. Por ello el Eterno develará sus propósitos de juicio a Abraham en esta oportunidad.

Así pues, Yahvéh compartió con Abraham Su Intención de ir a supervisar a Sedom (Sodoma), Amorá (Gomorra) y las ciudades aliadas. El Eterno revela además su propósito de juicio contra dichas ciudades por la extrema pecaminosidad de sus habitantes. 

Esta decisión del Altísimo de revelarle a su amigo Abraham lo que tenía pensado hacer es fundamental, ya que indica su fidelidad de hacer posible la comunión del ser humano con Su Presencia. 

Abraham aparece aquí en toda su dimensión de profeta, compartiendo el conocimiento previo de la futura acción de Dios en cuanto a Sodoma y Gomorra se refiere. Desde este hecho en adelante, Yahvéh determina no hacer nada sin revelar a Su Pueblo, a través de sus profetas lo que Él ha de realizar en la historia humana (Amós 3: 7).

Desde aquí, y gracias a esta actitud virtuosa de Abraham, la nación de Israel (su descendencia) fue escogida como recipiente de la revelación de Dios y depositaria de las Sagradas Escrituras (Rom. 3: 1-2).

Interesante es destacar que antes de la ejecución del juicio, el Eterno decide comprobar personalmente la realidad del pecado, ofreciendo una último oportunidad a estas ciudades impenitentes.  Pero el mensaje de vida antecede al mensaje de destrucción. Hay una esperanza todavía, pues “Abraham iba con ellos, para despedirlos«, expresión que en sus códigos hebreos da a entender que nuestro padre iba con ellos para empezar a introducirse en su nueva función de “padre de multitud de gentes” que también abarca, por supuesto, a los habitantes de las ciudades arriba mencionadas, aunque sean perversas.

Y entonces dice Yahvéh a Abraham:

» El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré.»(Génesis 18: 20-21)

Este versículo es objeto de una profunda controversia entre los exégetas tradicionales del TaNaK (llamado en la teología Antiguo Testamento), ya que el versículo aparentemente reflejaría una limitación de la Omnisciencia Divina, cosa que nuestra fe rechaza por completo.

El sabio médico y filósofo judío Maimónides lo resuelve diciendo:

“El Santo, Bendito Él conoce Su verdad, tal como ella es, y no la conoce por medio de un conocimiento externo a Él, como en nuestro caso.’ ya que nosotros y nuestro conocimiento no somos uno”

(Mishné Toráh — Libro del Conocimiento — Hilijot Iesodé Toráh Cap. II Halajáh 10).

El comentarista Abarbanel sostiene que cuando el verbo ירד — descender — es usado en el TaNaK referido a el Eterno, debe ser entendido en una de estas cuatro acepciones:

  • Revelación de la Divinidad,
  • La Providencia Divina manifestándose en una tierra que no es consagrada a Él.
  • Cuando Yahvéh se relaciona con el ser humano a través de la profecía descendiendo el Verbo Divino hasta niveles de percepción humana.
  • Cuando el Eterno desciende para retribuir al hombre por sus acciones, con Su justicia.

Lo común a estas cuatro acepciones es, en palabras de Maimónides, “…el descenso del Pensamiento Divino hasta el hombre finito y limitado.”

En el caso de Sodoma y Gomorra, Yahvéh desciende para retribuir a sus habitantes de acuerdo a sus acciones y Él no necesita “inquirir e investigar” aun cuando la Toráh habla en términos inteligibles para el ser humano.

Abraham es informado para que su corazón de intercesor pueda empezar a realizar la misión de mediación.

Abraham permaneció ante el Eterno mientras los dos ángeles seguían su camino. Entones nuestro padre comenzó a rogar por amor de cualquiera que fuese justo, y residiese en alguna de estas ciudades. Él le recordó a Yahvéh su carácter justo para juzgar con imparcialidad.

 «Y Abraham se acercó, y dijo:
¿En verdad destruirás al justo junto con el impío?»
(Génesis 18: 23)

Nos encontramos aquí con la primera oración de intercesión clara que nos ofrece las Sagradas Escrituras, pero al mismo tiempo es tal vez la oración de mayor confianza que un intercesor humano dirige a Dios en la historia de la intercesión. 

Abraham estaba pensando en su sobrino Lot quien estaba viviendo en Sodoma. Abraham rogó al Eterno para salvar las ciudades por amor de cincuenta, cuarenta y cinco, cuarenta, treinta, veinte y diez personas justas. Yahvéh estaba agradado con la oración intercesora de Abraham y luego salvaría a Lot de la destrucción (19:29).

La palabra hebrea traducida como “se acercó” en hebreo es vayigash. Esta palabra es usada en tres sentidos:

  • · Guerrear, (cf. 2 Samuel 10:13).
  • · Humillarse, (cf. Génesis 44:18).
  • · Interceder, (cf. 1 Reyes 18:36).

Con todas estas intenciones Avraham se acercó al Eterno. Por ello el intérprete Abarbanel dijo:

«Abraham se acerca para luchar y orar por los habitantes de las ciudades perversas».

Abraham deberá sobreponerse y vencer su propia resistencia en cada frase de su oración. El inicia sus palabras no menos de seis veces, cautelosamente, preparando el próximo paso. Si su oración va a ser rechazada, él no quiere exponerse a ello prematuramente, y él también sabrá detenerse en el momento correcto. 

En los versículos 23-26 hay un desafío del Eterno, en los versículos 27-29 hay humillación y en los versículos 30-32 predomina la intercesión.

Abraham expresa dos ideas:

A) El justo, que seguramente debe existir en cada pueblo, no tiene que ser destruido junto con el impío. Esto es incompatible con la rectitud del Juez del Universo.
B) La existencia de un número determinado de hombres justos debe ser una razón para merecer la Misericordia Divina. Pero entiéndase bien, Abraham no intercede en favor de los impíos, como generalmente se cree. La justicia exige el castigo del culpable; así como la absolución del inocente.

Abraham empieza a hablar desde el sentido común y la razón. Ambos son dones que Yahvéh nos ha concedido para que los usemos. Él empieza a hablar a Yahvéh del mismo modo que hablaría un abogado ante un juez de la tierra. 

Con palabras llenas de una gran valentía, Abraham plantea a Yahvéh la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero (afirma nuestro padre en la fe) sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay justos, estos no pueden ser tratados como culpables. Yahvéh, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, al Eterno Dios.

La opinión de los exégetas es que Abraham en un acto de osadía no entiende la Justicia Divina y la invoca con vehemencia. Pero su sorpresa será grande cuando como respuesta a este pedido de justicia, el Eterno contesta no sólo con justicia sino con misericordia:

Entonces el Eterno dijo:
Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a toda la región por consideración a ellos.” (versículo 26)

La expresión tzadikim, traducido aquí por justos, quiere decir que si son temerosos de Dios en público. Como dice el profeta:

Deambulad por las calles de Ierushalaim y ved y conoced y buscad en sus calles; si habréis de encontrar hombre, si hay quien haga justicia, quien busca la fe, (entonces) Yo la perdonaré
(Jeremías 5:1). 

El hombre justo debe serlo especialmente en público. Los justos ocultos no salvan a la humanidad, según lo revelan las Sagradas Escrituras. Su influencia es beneficiosa cuando es ejercida. La ciudad que no permite a sus justos actuar en público y los obliga a una auto-reclusión no tiene derecho a ser salvada.

Deduzcamos, pues, que todo el ímpetu de la intervención de Abraham, si bien acompañado de reverencia y de profunda sumisión, terminará en el silencio de Abraham, y con sus argumentos de pedido de Justicia Divina, perdiendo significado ante la misericordiosa respuesta por parte del Eterno.

Después del silencio absoluto de Abraham y de la falta de recursos convincentes para sí mismo y sólo después de ésto, se interrumpe la revelación profética de Yahvéh para con él.

Qué grande y qué sublime la idea expresada por el pasuk (versículo):

Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar.”
(vers. 33)

En palabras de Rashí leemos esta explicación:

“Una vez que se hubo sumido en silencio el defensor, el Juez se retiró.”

El Eterno hizo cambiar a Abraham en su cosmovisión. El patriarca sabia que el Eterno es Justo y que castiga el pecado, pero quizás dudó de su misericordia. Parece ser que Abraham estaba probando al Eterno para saber lo misericordioso que era. Aquella conversación con Yahvéh lo convenció que era a la vez perfectamente Justo y riquísimo en misericordia (Jesed y Guevurá en equilibrio).

Esto muestra que la oración intercesora es el medio por el cual el ser humano escogido por el Eterno puede comprender mejor la voluntad divina que siempre es buena, agradable y perfecta.

Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿por qué permitió Yahvéh que Abraham cuestionara su justicia e intercediera por una ciudad malvada?

Bien, Abraham sabía que Yahvéh debía castigar el pecado, pero también conocía por experiencia propia que el Eterno es misericordioso con los pecadores. Yahvéh sabía que ni siquiera había diez hombre justo en la ciudad; sin embargo fue tan misericordioso, que envió a sus mensajeros para que los recibieran con hospitalidad, y además permitió que Abraham, su amigo, intercediera por estas ciudades. El Eterno no se goza en destruir a los malvados, pero sí o sí debe castigar las obras del pecado.

Una pregunta crucial: ¿Por qué Avraham no bajó más el número de su intercesión?

El texto en sí no explica por qué Abraham se detuvo en diez.

Leyendo el Midrash me encontré con la explicación de que, como el Eterno no salvó la generación del diluvio por causa de ocho personas justas, no valdría la pena intentar bajar más.

Lo cierto es que en las Sagradas Escrituras el número diez representa la totalidad. En el primer capítulo del libro de Bereshit (Génesis) aparece la frase dijo Dios repetida diez veces, en relación con la creación de todo. Diez justos representarían toda la ciudad de Sedom. Diez mandamientos representan toda la Torah. Diez espías representaban todo el pueblo en su actitud negativa e incrédula. El diezmo representa todos los ingresos etc.

En la cultura hebrea se necesita diez varones justos que amen la Torah para poder constituir un minyán, es decir, número que indica un núcleo comunitario mínimo para una asamblea legal representativa para todo Israel. Es el quórum necesario, tanto para la oración en la sinagoga, como para ciertos trámites legales.  En esta tierra diez justos se considera el número necesario para contar con el respaldo de Yahvéh. De todas maneras, se trata de un número escaso, una pequeña partícula de bien para salvar un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas.

La oración intercesora de Abraham servirá para finalmente demostrar que esta destrucción es necesaria. La oración intercesora de Abraham ha revelado la voluntad salvífica de Yahvéh. El Señor siempre estuvo dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban neciamente encerradas en un mal total y paralizante. Ellas ni siquiera valoraron la presencia de unos pocos justos residiendo en medio de ellas, de los cuales  se lograría la transformación del mal en bien. Porque es este precisamente el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que hay en nosotros. En el propósito eterno de Dios, no es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado. Es necesario acabar con ese rechazo al Eterno y Su Torah (Instrucción de amor perfecto), que ya lleva en sí mismo el castigo. Con el tiempo, el profeta Jeremías dirá al pueblo rebelde:

«En tu maldad encontrarás el castigo, tu propia apostasía te escarmentará. Aprende que es amargo y doloroso abandonar al Señor, tu Dios»
(Jeremías2: 19)

Los justos son necesarios dentro de las ciudades. Por ello, es que Abraham repite continuamente: «…quizás allí se encuentren…». Ese «allí» es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de justicia que puede sanar y devolver la vida y el bien a un territorio.

Son palabras que hoy también nos hablan a cada uno de nosotros. Nuestro Abba necesita que en nuestras ciudades post-modernas haya un germen de justicia mesiánica; Él anhela que sus hijos primogénitos hagan todo lo necesario para que no sean sólo diez justos.

Abba nuestro desea realmente que nuestras ciudades vivan y se salven de esta amargura interior que late en el corazón de sus masas, y que en las Sagradas Escrituras se denomina ausencia de Dios. De esta tristeza y amargura quiere Yahvéh salvar al ser humano, liberándolo del pecado. Por eso, es necesaria una transformación desde el interior, un inicio desde el cual partir para transformar el mal en bien, el temor paralizante en amor perfecto, la venganza en perdón.


Bitácoras Relacionadas:

Bein Habetarim: Las Dos Mitades de Dios… (Pacto con Abrahán)

Por P.A. David Nesher

 

“Y le dijo: Yo soy Yahvéh que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra para que la poseas.
Y él le dijo: Oh Señor Eterno, ¿cómo puedo saber que la poseeré?
Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.»

(Génesis 15: 9-11)

Al comenzar este estudio diré que nos sumergiremos en la investigación de los códigos que conforman un pacto que confirma la perpetuidad de la promesa de la tierra para los descendientes de Avram. Notamos que, por medio de este Bein HaBetarim (traducido al español: Pacto de las Dos Mitades), la promesa de la Tierra de Kenaan para la descendencia singular de Avram es reforzada por el Eterno por medio de un pacto que erradicará toda duda en el alma del patriarca. El Midrash para explicar esto dice:

La razón por la cual Avram buscó una señal fue el temor que su descendencia pecara y HaShem no les permitiera seguir viviendo en Tierra Sagrada. HaShem le aseguró a Avram – “Aún si pecaran, he preparado un medio para perdonarlos, las korbanot (sacrificios)”. Entonces le demostró a Avram la naturaleza de las futuras korbanot, mediante la preparación de tres bueyes, tres chivos, tres carneros, una paloma y una tórtola en representación de varias ofrendas.«

El intérprete Rashí, en base a esto, dice: 

Tres becerras (bueyes) constituyen una alusión a tres novillos: al novillo ofrecido en el día de la expiación (Yom Kippur), al novillo de la comunidad a causa de un asunto oculto  por parte del Sanedrín (Lev. 4:13), y a la becerra desnucada (Deut. 21:1).
Tres cabras en alusión al macho cabrío cuyo servicio era realizado en el interior (Lev. 16:9-15), a los machos cabríos de las ofrendas adicionales (musaf) de las festividades (Núm. 28:22), y al macho cabrío en ofrenda de un pecado (jatat) de un individuo (Lev. 4:32).
Tres carneros en alusión a la ofrenda de culpa certera (asham vadai) (Lev. 5:15, 25; 14:12; 19:21; Núm. 6:12), a la ofrenda de culpa dudosa (asham talui) (Lev. 5:17-19), y a la oveja en ofrenda de pecado (jatat) de un individuo (Lev. 27:35).”

Claro que al leer nosotros el versículo 9 desde una mente postmoderna occidental, la imaginación se enciende más allá de lo real. Entonces nuestros pensamientos son tentados a ver más bien una especie de lista de compras de un hechicero afro-brasileño, en vez de elementos rituales que el verdadero Dios necesita en verdad. ¿Acaso Yahvéh va a cocinar una poción extraña que le quitará todas las deudas a Abram?

Más allá de lo que nosotros podamos imaginar o no, lo bueno es que Abram sí captó la intención del pedido. Él entendió que Yahvéh le estaba diciendo que preparara los elementos necesario de un contrato o alianza para que Él pudiera firmarlo. En aquellos días, y por aquellas regiones, los contratos se hacían partiendo sacrificios animales y poniendo los cadáveres partidos en el suelo. Después ambas participantes del pacto caminaban juntas entre las mitades de los animales, repitiendo los términos del contrato que recibía el nombre de pacto.

Ya he enseñado que un pacto es un acuerdo entre dos partes. Esencialmente un pacto es una alianza permanente entre dos partes, que sella una amistad tan cercana que son como un solo cuerpo, y cada uno es tan responsable del otro como de si mismo.

Según las Sagradas Escrituras existen dos tipos básicos de pactos: el condicional y el incondicional. Un pacto condicional o bilateral es un acuerdo obligatorio para ambas partes para su cumplimiento. Ambas partes se comprometen a cumplir ciertas condiciones. Si alguna de las partes no cumple con sus responsabilidades, el pacto se rompe y ninguna de las partes tiene que cumplir las expectativas del pacto. Un pacto incondicional o unilateral, es un acuerdo entre dos partes, pero solamente una de ellas tiene que hacer algo. No se requiere nada de la otra parte.

El pacto abrahámico es un pacto incondicional o unilateral. Por medio de él, Yahvéh, nuestro Dios, hizo promesas a Avraham avinu que no requerían que el patriarca hiciera algo. Pero, a fin de comprender la profundidad de esto, veamos los detalles de este pacto contados en el relato bíblico, y consideremos los códigos lumínicos que vibran proféticamente en él.

En la antigüedad, y especialmente en el oriente, los pactos se hacían con una ceremonia que consistía en los siguientes detalles:

Se mataban animales, partiéndolos a la mitad, desde la cabeza hasta la cola. Este corte dejaba un charco de sangre entre las dos partes. En la ceremonia del pacto, los participantes debían caminar en medio de las partes de los animales, manchando sus vestiduras con la sangre del sacrificio.

Luego de pasar una y otra vez entre las mitades, decían: “¡Que así me sea hecho, si no cumplo con mi parte del pacto!”.

Con estas características rituales, los pactos eran considerados compromisos jurídicos muy serios, se los consideraba un compromiso de vida o muerte, y para siempre. Utilizando esta costumbre, el Eterno quería asegurarle a Avram que su promesa era muy seria, y por eso lo llevó a hacer este tipo de alianza. A esta clase de pacto se lo conocía con el nombre de Bein Habetarim (Pacto de las mitades).

El cortar en dos partes un animal simbolizaba el hecho de que una enfermedad o lesión no solo afecta una parte sino a ambas, y la separación de ambas partes implica la muerte; de manera que los que pactan, se comprometen si fuese necesario a arriesgarse a si mismos con tal de librar al otro de cualquier peligro. Y sobre todo de evitar a toda costa la separación que seria como matar el cuerpo. Este pacto conducía a las partes a mostrar que se comprometían a que no existiera división, sino que lo que había sido partido sería considerado como una unidad perfecta entre ellos. 

Por ello, este tipo de pacto exigía tal intimidad entre las partes firmantes que todo el tiempo se veían obligados a buscarse y comulgar para compartir sus pensamientos, evitando así esconder información que pueda afectar la integridad del otro. Es por eso que incluso el Eterno más adelante le revela a Abraham lo que su descendencia sufriría antes de recibir la promesa. De igual modo el Eterno considerará oportuno contarle a Abraham su decisión de traer juicio destructor sobre la alianza de Sodoma y Gomorra.

Pero, al leer con mucha atención este texto, nos encontramos que al principio de este pacto no pasó ninguna parte del compromiso entre los sacrificios partidos. Durante todo el día, según parecía a Abram, estuvo él sentado mirando solitario, sólo ahuyentaba las aves de rapiña que acudían sobre los cuerpos muertos. Esto es lo que parecía al ojo del sentido común de nuestro padre en la fe. Ahora bien, tras la caída del sol, un sueño profundo y un terror de la gran oscuridad sobrecogieron a Abram. Es entonces cuando el Espíritu de la Profecía, que es el testimonio de Yeshúa, comenzó a realizar su magisterio en el alma de Avraham avinu.

La edad de cada animal sacrificado, el largo día de soledad, las aves de rapiña que descendían y el terror que le vino con la noche, todo se aplicaba a lo que Yahvéh le iba a predecir: que durante tres generaciones la descendencia de Abram sería afligida en Mitzrayim (Egipto); pero en la cuarta , cuando la medida de la iniquidad de los habitantes de momento de Canaán alcanzar su plenitud, volverían y entraría en la posesión  prometida de la tierra. En cuanto a Avram, iría «a sus padres en paz«.

Entonces fue cuando se realizó el pacto; no como de costumbre, pasando ambas partes entre el sacrificio partido, sino solo haciéndolo Yahvéh, porque el pacto era el de la gracia, en el el cual una sola parte (el Eterno) tomaba todas las obligaciones mientras la otra recibía todos los beneficios.

Yahvéh, para firmar este pacto, se representa a sí mismo con dos emblemas: Un horno humeando, y una antorcha de fuego. Los invito a analizar lo que simboliza cada uno de ellos:

  1. El horno humeando nos hace recordar la columna de nube que representa la presencia de Dios (Éxodo 13:21-22), el humo en monte Sinaí (Éxodo 19:18), y las nubes de la gloria Shekiná de Dios (1 Reyes 8:10-12).
  2. La antorcha de fuego nos hace recordar la columna de fuego que representa la presencia de Dios (Éxodo 13:21-22), nos hace recordar la zarza que quemaba sin consumirse, que demostraba la presencia de Dios ante Moisés (Éxodo 3:4), y nos hace recordar el fuego del cielo que, a veces, consumía holocaustos que agradaron a Dios (1 Reyes 18:38, 1 Crónicas 21:26, 2 Crónicas 7:1).

Por primera vez vio Abram el horno humeando y la antorcha de fuego que pasaban entre las mitades partidas; el resplandor divino envuelto en un nube, del mismo modo que lo vio Moshé en la zarza, y los hijos de Israel en su paso por el desierto, y tal cual como permanecería posteriormente en el santuario sobre el propiciatorio, y entre los querubines.

Todo los detalles de este pacto nos permite entender las razones que hicieron que Avraham fuera único para Yahvéh. Nuestro padre en la fe no sólo reconoció a Yahvéh, como único y verdadero Dios, sino que también entendió que esa verdad debía afectar a todo el mundo por medio de sus generaciones.

Para Avram la revelación celestial era bien clara: Yahvéh creó a la humanidad para que ésta tenga una relación especial de filiación con Él. Si el ser humano ignora al Eterno, se genera un defecto en el universo.

Entonces, Avraham salió y le enseñó a la gente sobre la existencia del Dios Ejad (Uno y Único). Por ello, erigió su tienda en medio de un cruce de las «autopistas internacionales» de aquellos días para que todo el que viajara entre esas dos ciudades pasara por ella, y entonces Avraham le enseñaba.

Después de esta experiencia mística, Avraham no se veía como un individuo que trataba de mejorarse a sí mismo, viviendo placenteramente una espiritualidad personal. Por el contrario, él se sabia el progenitor de un movimiento evangelizador que hará que la existencia del Eterno fuera absolutamente clara en cada detalle de la historia humana.

Entonces, notamos que cuando Avraham se expandió más allá de su ser, Yahvéh actuó de forma recíproca. El Eterno reconfortó a Abraham en el Brit HaBetarim (Pacto de las Mitades) al mostrarle toda la historia del pueblo hebreo.

Por medio de esta experiencia, Yahvéh le reveló incluso los diseños del Templo y la conexión única que este permitiría entre el pueblo y Yahvéh.

Avraham se dio cuenta que el compromiso era seguro: Si te preocupa el futuro del Nombre del Eterno, entonces Yahvéh se ocupará de tu futuro.

Pero Avraham no estaba satisfecho y anticipó la potencial caída del pueblo hebreo que podría llevar al exilio.

¿Puede existir una relación entre Yahvéh y Su pueblo en el exilio?

El Eterno respondió haciendo que Abraham cayese en un sueño profundo, en el cual le mostró que incluso cuando la historia del Pueblo Escogido fuese oscura y desalentadora, la conexión permanecería y eventualmente llevaría a la redención (Génesis 15:12-14).

Ahora necesito señalar el primer hecho yahvista que aquí se revela, y es que Yahvéh nuestro Dios, representado por el horno humeando y la antorcha de fuego, pasó entre las partes de los animales solo; mientras Avram simplemente miraba. El Eterno así mostró que este pacto era un pacto unilateral (incondicional). Avram nunca “firmó” el pacto porque Dios lo “firmó” por los dos. Así que, la seguridad del pacto que el Eterno hizo con Avram, no está basada en lo que Avram fuera o hiciera, sino que está basada en Yahvéh y quien es Él. El pacto no podía fallar porque Yahvéh no puede fallar.

El segundo hecho yahvista que se revela en este texto es que Avram no es capaz de caminar con Yahvéh entre las partes. Sin embargo aparecen un horno y una antorcha. Es decir, dos fuegos diferentes. Esto muestra que alguien está tomando el lugar de Avram para representarlo en este pacto. ¿Quién será? De acuerdo a la enseñanza profética, la antorcha es el Mesías (Isaías 62:1).

De esta misma manera, y para renovar y establecer su pacto incondicional con nosotros, Yahvéh nuestro Padre, caminó entre los pedazos del cuerpo quebrado y sangriento de Yeshúa, y Él mismo “firmó” el pacto por Su Nombre y por nosotros también. Por ello, será importante que aceptemos que un pacto divino no es un acuerdo mutuo entre dos personas, sino una promesa divina asegurada. Nosotros meramente entramos en el pacto por fe; nosotros no “hacemos” el pacto con el Eterno. ¡Somos salvos por gracia! (Efesios 2:8).


Bitácora Relacionada que te puede interesar también:

¿Cómo vencer con dignidad la manipulación materialista?

Por P.A. David Nesher

“Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram:
–Dame las personas y toma para ti los bienes.
Respondió Abram al rey de Sodoma:
–He jurado a YHVH, Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que ni un hilo ni una correa de calzado tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: “Yo enriquecí a Abram”; excepto solamente lo que comieron los jóvenes. Pero los hombres que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, sí tomarán su parte.»

(Bereshit/Génesis 14:21-24)

Tal y como hemos visto, Abram, con los 318 (trescientos dieciocho) soldados de su ejército personal, había vencido sobre los reyes más poderosos de aquella época. Nuestro padre en la fe, con la ayuda sobrenatural del Eterno había podido recuperar tanto los prisioneros de guerra (entre ellos su sobrino Lot), como los bienes materiales de las cinco ciudades de la llanura que habían sido atacados.

Como pareciera lógico y apropiado, vemos que el rey de Sodoma quizo recompensar a Abram por los esfuerzos que él hizo para recuperar todo lo que la alianza de los cinco reyes del oriente le habían quitado. Por eso, le ofreció a Abram una gran cantidad de aquel botín. Aparentemente este rey simplemente tenía la “buena intención” de cubrir los gastos de guerra, y entregar una recompensa a sus aliados por haberle devuelta sus bienes y su gente. Sin embargo, Abram no lo tomará.

Entonces, meditando en la negativa de Abram ante la propuesta del rey de Sodoma surge una cuestión: ¿por qué era tan importante para Abraham avinu (nuestro padre) no recibir nada del rey de Sodoma? ¿No era esta una oportunidad magnífica para aumentar sus riquezas?

Para otros (quizás para nosotros) esta oferta quizás hubiera sido una buena cosa y muchos la hubieran considerado como una gran bendición del Eterno. Pero Abram no pensaba así. Para nuestro padre en la fe era más importante el buen nombre que las buenas ganancias. Para él era más importante no ser manipulado por los hombres que obtener sus beneficios.

Abram rehusó ser recompensado, porque él no permitiría que ningún hombre dijera que una mano humana enriqueció a Abram. Él, como buen adorador, demandó que todo el crédito fuera hacia el Eterno y solamente a Él.

Con esta actitud Abram avinu mostró su fidelidad a Yahvéh dando a entender en esta respuesta que él no quería depender de ganancias que lo comprometieran con su vocación. Así, Abram afirmaba delante de los hombres (y aún los ángeles) que aceptaba incondicionalmente las condiciones divinas para lograr el cumplimiento de las promesas de Yahvéh. Abram rechaza de este modo, y pleno de dignidad, toda sospecha de que quisiese enriquecerse con bienes ajenos. ¡Abram demandó que todo el crédito fuera hacia Dios y solamente a Dios!

Sin embargo, al mismo tiempo, Abram dejará claro su sentido de justicia, al no imponer sus escrúpulos sobre sus aliados los amorreos Aner, Escol y Mamre (Génesis 14:13). Ellos tenían derecho al botín como les fuera apropiado.

Estas cosas, que parecen no tener mucha importancia, son en verdad primordiales para todos los que desean ser aprobados por el Eterno.

Nuestro padre Abram no amaba el dinero. El amor al dinero es la raíz de todos los males (1Timoteo 6:10). La verdad es que Abram amaba al que es el Poseedor del cielo y la tierra y por eso Él le podía confiar a Abraham tanta riqueza porque sabía que él no iba a convertir las riquezas en un dios falso.

Siempre debemos tener en cuenta que el dinero es un buen siervo, pero un mal señor. Si hacemos cosas sólo por el dinero somos esclavos e idólatras, porque la avaricia es una forma de idolatría (Colosenses 3:5). Avraham había limpiado su corazón de toda avaricia y toda idolatría.

Pero en este caso hay un punto mucho más importante que el tema de la avaricia. El punto era lo que el rey de Sodoma podía decir en cuanto a nuestro padre.

Abram conocía la maldad que había en el corazón del rey de Sodoma y de sus conciudadanos. Sabía que su lengua podía hacer mucho daño. Sabía que sus motivos no eran puros y por eso podía manipular la verdad de manera que su nombre corriese el riesgo de ser manchado. Por eso, él rehusó obtener todo provecho personal para que este rey (representante del Otro Lado) no fuera a presumir de que él era quien enriqueció a Abram en vez de Dios.

El sabio rey de Israel expresó:

Más vale el buen nombre que las muchas riquezas, y el favor que la plata y el oro.”
(Proverbios 22:1)

Abram discernía que el rey de Sodoma diría que era él quien lo había enriquecido, y así se jactaría a costa de un hombre justo. Seguramente su orgullo lo conduciría a decir: “Si no fuera por mí, Abram no sería tan importante. Yo soy el que le he hecho rico.” Esto sería muy dañino para el nombre de nuestro padre. Por sobre todo, profanaría el nombre del Eterno, lo cual es mucho peor. El Eterno era verdaderamente quien hizo prosperar a nuestro padre, no los hombres. La alabanza y gratitud de su riqueza tenía que llegar solamente al Poseedor del cielo y la tierra, no a un rey perverso.

Cuando estamos dispuestos a buscar lo que los hombres tienen por éxito en la carne, y por ende, usamos métodos del mundo, es imposible decir que fue Yahvéh quien concedió el éxito. Siempre lo mejor será dejar que sea el Eterno quien te eleve, para que Él reciba la gloria y que tú también sepas que fue Su trabajo.

Por eso, mi querido lector (o lectora) no digas sí a todas las ofertas que aparentan ser bendiciones. Piensa una y dos veces antes de recibir dinero de alguien. Ten siempre presente, que posiblemente, detrás de esas ofertas se esconden manipulaciones e intereses personales, especialmente si vienen de personas mundanas como el rey de Sodoma. Cuida tu nombre y el Nombre del Eterno que representas. Mejor es quedarte sin una buena paga que perder tu buena fama. El generoso siempre prospera.


Melquisedec Pan y Vino

Por P.A. David Nesher

«Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.
Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.»

(Génesis 14: 17 -20)

En el contexto de esos pocos versículos del Génesis que estamos considerando, se relata una guerra entre unos reyes del Medio Oriente en la cual se ve mezclado Abram, que resulta vencedor. Con los trescientos dieciocho soldados de su ejército personal, Abram había vencido sobre los reyes más poderosos de aquella época. Con la ayuda del Eterno había podido recuperar tanto los prisioneros de guerra, Lot incluido, como los bienes materiales de las cinco ciudades de la llanura que habían sido atacados.

Mientras el ejército de Abram volvía, entró en el valle de Save, cerca de los muros de la ciudad que posteriormente sería Jerusalén. En medio de esta marcha victoriosa, Malki-Tzedek (Melquisedec), rey y sacerdote de Salem, le sale al encuentro para homenajearlo y lo bendice en nombre de El-Elyón, (Dios Altísimo); ofrece en acción de gracias un sacrificio de pan y vino del cual participan los vencedores y recibe del patriarca, como reconocimiento, el diezmo del botín. La escena que se viviría aquí será tan diferente a todo lo que Abram ha vivido desde que salió de Ur de los caldeos, que su significación se interpretaría en los posteriores tiempos como la demarcación de una transición espiritual importantísima en la Historia de la Salvación que Yahvéh venía escribiendo en medio de los acontecimientos humanos.

Abram, pagó el diezmo de todo, pero se fue mucho más enriquecido con la alegría de haber escuchado, de boca de este extra, las palabras que confirman la bendición mesiánica del Eterno para su vida y su simiente.

«Ofreció pan y vino».

¡Que extraño el personaje de Malki-Tzedek! Este rey y sacerdote, que no hace sino atravesar el horizonte de Abram, ha excitado la curiosidad de los exégetas. El misterio que lo rodea, le ha permitido basto desarrollo a la exégesis alegórica que ha sabido sacar, ya en la Escritura, magnificas enseñanzas bajo la luz del Espíritu Santo. El Salmo 110 y, luego la carta a los Hebreos (cap. 5 y 7) ven es este hombre la figura del Mesías, el Sacerdote Único del Altísimo. El filósofo judío Filón de Alejandría ve en Malki-Tzedek un símbolo del Logos (Verbo de Dios), por la idea de justicia que su nombre implica y por la embriaguez que produce en las almas a través del vino de la sabiduría que el Verbo otorga.

Abram es consciente que la batalla que acaba de ganar no es la guerra completa a la que el Eterno lo ha llamado. Él sabe que para entrar en una lucha de naturaleza más seria que la que acaba de librar, necesita de una comunión con Yahvéh más profunda también en su naturaleza que le permita conocer las pautas y los lineamientos de los mundos superiores. El patriarca, por grande que fuera, está muy consciente que solamente trabajaba por preparar la venida del que conseguirá a todas las naciones la bendición prometida por el Eterno. El pan y el vino de Malki-Tzedek restauró el alma de Abram, después de la lucha, en tanto que la bendición fortalecería su corazón y su mente para la batalla que iba a sostener con el rey de Sodoma.. si el «poseedor de los Cielos y de la Tierra» ocupa su pensamiento y controla sus emociones, los bienes de Sodoma no podían tener sino poco atractivo para él. Aquí aparece veladamente el Mesías, sacerdote y rey, que consagra el pan y el vino, para impartir en los hombres la Luz de Su sabiduría con el objeto de vencer las propuestas materialistas del sistema reptiliano.

La ofrenda de pan y vino era en estas tierras un refrigerio que se daba a los soldados que regresaban de la batalla. En referencia a esta costumbre, podemos ver y  comprender que la maldición sobre los amonitas es terrible justamente por haber negado pan y agua a Israel cuando iban de camino después de salir victoriosos de Egipto (Dt. 23:4).

Ahora bien, más allá de esta costumbre, Abram aceptó del rey de Salem no solamente el pan y vino para el alimento de los guerreros agotados, sino que él sabía que este misterioso varón era, por medio de estos emblemas, el portador de una bendición sacerdotal que confirmaría las promesas mesiánicas que vibraban sobre sus lomos por parte del Eterno. Melquisedec era sacerdote y rey, Abram sólo un profeta; Melquisedec fue reconocido como el legítimo poseedor del país, el cual por el momento sólo había sido prometido a Abram. Es verdad que el futuro sería mayor que el presente, pero es verdad también que en ese momento las promesas divinas sobre Abram eran solo futuro. Melquisedec era el propietario de esa realidad bendiciendo a Abram, y transfiriendo su título a él; mientras que Abram reconocía el presente dando los diezmos de todo a Melquisedec, e inclinándose para recibir su bendición.

En verdad, nos encontramos frente a un «banquete cultual» en el que Melquisedec bendice y da gracias a Yahvéh por lo que ha realizado en medio de aquella guerra internacional, a través de la victoria de Abram sobre sus enemigos. Por lo tanto, este culto patriarcal estará compuesto por ritos y elementos que vendría a ser una anticipación profética de lo que el Mesías realizaría como nuestro goel («pariente redentor» o «vengador de sangre») al guerrear a nuestro favor liberándonos de la cautividad babilónica (reptiliana).

Por eso, al sacar pan y vino, Malki-tzédek le mostró a Abram lo que sus descendientes (los hebreos) harían en el futuro en el servicio cultual: incluir, además de los holocaustos de animales, ofrendas del reino vegetal (minjá -oblaciones, y nesajim -libaciones). Estos korbanot (sacrificios u ofrendas) servirían como oráculo para capacitar la mente de Israel en lo que sería la característica primordial de la era mesiánica. Ellos comprenderían que el vino de las libaciones y el pan de las oblaciones señalaban un tiempo especial en el que los hombres redimidos no lucharían solos para lograr la corrección de sus propios temperamentos y conductas intentando apegarse al Eterno. Por el contrario, en el Mesías, como Gran Sumo Sacerdote de Justicia (Tzedek) y Paz (Shalom) lograrían el acercamiento a Yahvéh, como Abba, solamente con el fruto de labios (teshuvá y tefilá).

Malki-tzédek era una persona «cultivada» en los aspectos de la interioridad, en el manejo de palabras, en pensamientos elaborados, en bellas filosofías provenientes de los códigos mismo de Or EinSof (Luz Infinita) por eso al ofrecer pan y vino, anunciaba a Abram que la bendición que le otorgaba, daría lugar a una mentalidad consciente de que cada redimido debe «sacrificar» su corazón y su deseo ante Yahvéh. De este modo, llegaría un día, en el que la sangre de los animales, los sacrificios sanguinarios, perderían su relevancia, pasando a ser las oblaciones y las libaciones excelentes vehículos para la adoración personal del Eterno.

Esa consciencia de adoradores en espíritu y en Verdad, permitiría la manifestación de siervos de Dios que aprendieron con fuerza en sus almas, por medio de la emuná (fe) lo que el profeta Oseas señalara:

«…en lugar de vacunos te ofrecemos [el fruto de] nuestros labios.»

(Oseas 14:3)

La Cosmovisión de Pan y Vino.

«… la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan,
y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.»

(Salmo 104: 14 -15)

En la cosmovisión hebrea siempre se ha considerado al cereal (cebada y trigo), y al vino como los productos agrícolas más importantes. Con esta valoración otorgada, les ha sido asignado también una significación muy especial tanto en la alimentación cotidiana como en el culto particularmente de las fiestas del Eterno. De este modo el pan y el vino, con sus correspondientes bendiciones, han sido a lo largo de la historia para los hebreos elementos esenciales de la comida cotidiana, y ocupan un lugar especialmente relevante en la liturgia de acogida y de despedida del Shabat, así como en las celebraciones familiares propias de algunas de las principales festividades del calendario litúrgico hebreo, de forma muy especial por lo que respecta a la celebración del séder de Pascua (Pésaj).

El Pan

El pan es un símbolo del alimento humano en general. El pan, era visto por los hebreos como un don de Yahvéh, otorgado al hombre como una fuente de fuerza. El pan es el que sustenta, el que sacia el hambre, el que da fuerza y vigoriza. Con esta cosmovisión, en la oración que Yeshúa enseña a sus discípulos (el Padrenuestro), el pan parece resumir todos los dones que nos son necesarios (Lc. 11: 3); más aún: fue tomado por signo del más grande de los dones (Mc. 14,22).

La alimentación con pan y los milagros relatados en las Sagradas Escrituras vinculados con ella, muestran que lo importante para Yahvéh es el hombre como una integralidad total. No es sólo una parte. No sólo es el cuerpo, y no sólo es el alma.

El pan, preparado en su forma más sencilla con agua y harina de trigo molido (a lo que se añade naturalmente el fuego y el trabajo del hombre) es el alimento básico. El pan se hacía de cebada (Jue. 7:13; Jn. 6:13) o de trigo (Ex. 29:2; etc.). Es propio tanto de los pobres como de los ricos, pero sobre todo de los pobres. Representa la bondad de la creación y del Creador, pero al mismo tiempo la humildad de la sencillez de la vida cotidiana.

Por esta razón, dentro del Servicio Divino (heb. abodá), el pan cumplía según la Torah una función importante: doce panes de la proposición se colocaban sobre una mesa  junto con los vasos destinados a las libaciones delante del velo del Lugar Santísimo (1Re. 7:48 2Cron. 13:11 Ex. 25:23-30). Cada día de reposo eran comidos por los sacerdotes y reemplazados por nuevos (Ex. 25:30). Es decir, que lo cotidiano del ser humano es muy importante para el Altísimo, a tal punto que creo un día especial para que el hombre repose y renueve sus fuerzas para continuar una semana más en su misión de promocionar a lo creado a nivelas de espiritualidad.

A causa de esta importancia, el pan era considerado símbolo mismo de la Sabiduría que creó todo lo existente, por lo que ella misma dice:

«Venid, comed mi pan, Y bebed del vino que yo he mezclado.»

(Proverbios 9:5)

Por todo esto, el pan era símbolo de la Torah. Esto será lo que motivará a las comunidades mesiánicas del primer siglo a encontrarse unos con otros en el rito del Partimiento del Pan, pues comprendían que la Torah se había hecho carne y habitó entre los hombres en la persona de Yeshúa HaMashiaj:

“También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:
este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí.”

(Lucas 22:19, NVI)

Yeshúa al tomar el Pan en la Cena de Pesaj como emblema, dio claramente a entender que, Él, en su persona y obra, resumía el código lumínico de la Alianza hecha en Sinaí con Israel. En otras palabras, la norma de vida para el discípulo es Yeshúa mismo, su vida y su actividad.

Por toda esta simbología Yeshúa dirá que el pan es símbolo de su cuerpo. El «cuerpo», en la mente hebrea, representa la manera en que una persona está presente en el mundo; a la forma como ésta vive, y, por tanto, al impacto que su manera de vivir genera en la historia. De esta forma, las intenciones de Yeshúa transformadas en actos son «cuerpo»; los gestos con los que comunica sus sentimientos son «cuerpo»; sus pensamientos exteriorizados en palabras son «cuerpo».

Yeshúa, invita a los discípulos a comer el pan. El acto de comer o masticar, adquiere, en el testimonio bíblico, un carácter simbólico. Es más que sólo consumir alimento. El comer, hace referencia al acto de apropiación de una determinada realidad, para asimilarla e interiorizarla de tal forma que ya sea parte indisociable de quien la come. En ese sentido, comer el pan en la Cena del Señor, significa que hacemos propias las ideas de Yeshúa, su voluntad, sus sueños y anhelos, los cuales, son del Padre, que cuando estuvo en la tierra, los tradujo en actos de amor, justicia y misericordia. Comer en la cena, significa entonces que asumimos la forma de vida del Resucitado, como paradigma de la nuestra, lo cual es todo un desafío.

Es Yeshúa, en ese sentido, el pan que nos sostiene, alienta y fortalece; Él es alimento y sostén espiritual para el pueblo de Yahvéh, que camina en la historia para expandir el Reino en el corazón de los hombres.

En resumen, al darles el pan a sus discípulos, Yeshúa les está diciendo: “¡Hagan suya mi vida, mi forma de pensar y actuar, anuncien, también con sus pensamientos traducidos en acciones, que el Reino de los cielos se ha acercado!” Al darnos el pan en la Cena del Señor, ese es su mensaje, ese es su deseo. Yeshúa, por medio de su cuerpo (la asamblea unánime) posibilita tikún (reparación y transformación) del mundo, conforme a los propósitos del Reino.

El Vino

El vino representa la vida como fiesta constante; permite al hombre sentir la magnificencia de la creación. Así, es propio de los ritos del sábado, de las Fiestas, de las bodas. En Israel, el vino también es el símbolo de la alegría y la salvación futura (Is. 55:1).

La simbología nos deja vislumbrar algo de la fiesta definitiva de Yahvéh con la humanidad, a la que tienden todas las esperanzas de Israel:

En este monte Yahvéh de los ejércitos ofrecerá un banquete a todos los pueblos. Habrá los manjares más suculentos y los vinos más refinados…”

(Isaías 25:6)

En el pensamiento hebreo, el vino también simboliza el amor (Cantares 1:2). Así, en las bodas, el signo del amor que unía a los esposos se expresaba mediante la abundancia del vino en el banquete. Por eso, cuando se termina el vino en las bodas de Caná, a las que Yeshúa asistió, parece ser un serio problema (Juan 2: 10).

En todas las Sagradas Escrituras, y especialmente en el contexto de las moadim (citas divinas) o Fiestas, el vino simboliza el amor de Yahvéh en la alianza matrimonial (ketuvá) con su pueblo.

“…tomó la copa después de la cena, y dijo: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.”
(Lucas 22:20, NVI).

En el testimonio de los evangelios sobre la última cena, el vino representa la sangre de Yeshúa HaMashiaj, precisamente porque fue derramada por amor. Es el Hijo, la manifestación máxima del amor del Padre, por eso la cruz es la expresión de todo lo que se opone a Él. La sangre, pues, simboliza el amor derramado, entregado hasta la muerte, y desde la muerte, ese mismo amor genera vida, y vida en abundancia.

El vino entonces es señal de amor y de perdón; pues es el perdón una de las expresiones más sublimes del amor. En la cruz, estará concretizándose todo lo nuestro que se opone a Dios, y en la sangre, se manifiesta el perdón a ese rechazo que nuestra forma de vida ha evidenciado. El perdón de nuestros pecados es posible por su sangre.

Beber el vino, en la Cena del Señor, significa asumir ese perdón que ha sido ofrecido de parte de nuestro Abba (Padre) a través de Yeshúa, Su Hijo unigénito. Representa la conciencia de que, por más terrible que hubiese sido la manera como nos opusimos a Él, nos perdona, si abrazamos a Yeshúa y su Yugo. Beber el vino, entonces, representa la disposición a amar de quien lo bebe; a amar, de la misma forma que Él, sin esperar nada a cambio. Tomar de la copa, evidencia también la disposición a perdonar las ofensas de los demás, así como Él ha otorgado el perdón.

El Sacerdocio de Melquisedec está relacionado con la Vida de la Era Mesiánica.

En este caso, Melquisedec presenta a Abram pan y vino, lo mismo que Yeshúa HaMashiaj presentaría simbólicamente a los suyos como memorial de su propio sacrificio, su cuerpo y de su sangre (Mateo 26:26; Marcos 14:22; Lucas 22:19).

Es el pan que expresa la plena reconciliación del ser humano con el Eterno y de los hermanos entre sí. El sacrificio pacífico de Melquisedec (Malki-Tzedek) es acción de gracias por el don de la paz (shalom) que ha llegado por la misión mesiánica de Yeshúa. En el banquete que ofreció a nuestro padre Abraham, le dio un anticipo de la presencia mesiánica de Yeshúa, nuestra paz.

Curiosa y significativa figura esta de Melquisedec, «rey de justicia», que reina en la «ciudad de paz»; sacerdote del Dios altísimo, que ofrece pan y vino y bendice a Abraham. Si nos pusiéramos a buscar una figura del Mesías, pocas tan redondas como Melquisedec.

Por eso, cuando el autor de la carta a los Hebreos quiso buscar una justificación del sacerdocio de Yeshúa, enseguida se acordó de este importante personaje.  Aquí tenemos una imagen perfecta de nuestro Gran Sumo Sacerdote Yeshúa. Con divina generosidad, el Mesías provee todo lo que necesita una fortaleza desgastada, un espíritu decaído o un corazón desmayado.

La batalla de la fe es dura; el sendero de la vida nos parece, con frecuencia, largo; pero a cada paso nos encontramos con salas de banquete abiertas con toda clase de deleites preparados. Tenemos el manjar sólido de la Instrucción (Torah) divina; las copas rebosantes de promesas; las fuentes abundantes de las ordenanzas; los símbolos, que son como el maná de la mano de Yahvéh; y tenemos también el aliento espiritual del cuerpo que él entregó y la sangre que derramó.

Malki-Tzedek es una figura misteriosa y llena de los códigos mesiánicos de la Luz Infinita. Es símbolo de las mejores aspiraciones y esperanzas de los hombres, encuentro vivo de la paz y la justicia. Su ciudad (Salem o Yerushalayim) parece abierta a las mejores relaciones humanas, donde se acoge al peregrino y se comparte el pan y el vino de la fraternidad. Ciudad en la que se ha olvidado el sentido de las armas, y todos los que la habitan están abierto a la trascendencia.

Todo el que acoge, bendice y comparte, será rey de justicia y de paz, y será sacerdote del Dios Altísimo o, mejor dicho del «Dios Cercanísimo».

Hoy, nuestro verdadero Melquisedec nos invita a que nos acerquemos. Y mientras nos regalamos con fe vivificante, aquella voz amorosa se deja oír diciendo: «Bendito seas del Dios Altísimo«.


Bitácora Relacionada:

La Esposa Disfrazada de Hermana… (Abram, Sarai y el Faraón)

Por P.A. David Nesher

«Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 

Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.»

(Génesis 12: 10 -13)

Nuestro padre Abram, habiendo aprendido a vencer las fronteras vinculares entre los seres humanos, cuando habitó en el Neguev, presionado por la hambruna que llegó a la región, decidió ir a Mitzraim (Egipto) sin medir las consecuencias dicha decisión. Justo cerca de los límites de Egipto Abram empezó a medir los peligros que asechaban adelante.

Sarai, su esposa, era una mujer muy bella. Abram, se nos dice que dejó Harán a la edad de 75 años (12:4). Sabemos que Sarai era diez años más joven (17:17), teniendo ella en ese momento 65 años. ¿Cómo podía ser tan bella a esa edad? Sabemos que Sarah murió a los 127 años (23:1). Por lo tanto, en esos días ella estaba simplemente en las fases iniciales de su media edad. Su belleza era así tan notable que ella aparecía mucho más joven de lo que era en realidad.

Lo cierto es que, por las costumbres que tenían los nobles de aquellas regiones, existían buenas razones para temer el destino de un extranjero cuya esposa era así de atractiva. El esposo era fácilmente eliminado en tales circunstancias, sin que el noble sufriera castigo alguno por tal homicidio. Cierto documento en papiro (PABH, p.55) perteneciente a este tiempo establece la legislación que permitía a Faraón mandar a matar al marido que pueda tener una mujer más hermosa.

Entonces, Abram, después de meditar en la realidad misma, apeló a Saraí para que aceptara una estrategia que traería solución frente al problema de su seguridad. Él le Propuso que Sarai dijera que era su hermana para no ser asesinado.

Abram pidió a su esposa simular como su (elegible) hermana, para que los hombres de la tierra le pidieran la mano, y Abram pudiera tener suficiente tiempo para hacerlos esperar y dejar la tierra. Esto fue un plan ingenioso. Cualquier hombre de la localidad se hubiera acercado a Abram a pedirle la mano de su hermana. Abram consentiría, pero insistiría en postergar el compromiso (tiempo suficiente como para que termine la hambruna). Durante ese tiempo Sarai permanecería en la casa de Abram donde su matrimonio continuaría secretamente y la seguridad de Abram estaría garantizada. Parecía que los beneficios eran grandes y los riesgos de tal esquema eran mínimos.

Esto fue todo bien planeado y pensado. Saraí simularía como su hermana y él postergaría cualquier matrimonio hasta que la hambruna pasara y ellos se habrían ido de Egipto. Pero el plan de Abram solo consideraba a los hombres de Egipto:

Y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.”
(Génesis 12:12)

Nunca había entrado en la mente de Abram que Faraón podría estar interesado en Sarai. Mientras Abram podía postergar los planes de otros, Faraón no tomaría ni una sugerencia de este tipo. El la llevó a ella a su palacio, esperando el tiempo de la consumación de la unión.

No hay evidencia de la relación física entre Faraón y Sarai. Mientras el período de preparación normalmente habría sido en la casa de Abram, en este caso este período sería en el palacio. Sarai probablemente soportó un relativamente largo período de preparación para su presentación ante Faraón. Tal era la costumbre en esos días:

Cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de la mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Ella venía por la tarde, y a la mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres a cargo del Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas; no venía más al rey, salvo si el rey la quería y la llamaba por su nombre.”
(Ester 2:12 – 14)

Faraón siguió todas las costumbre de la época y pagó el precio de la novia. Las antiguas leyes decían que, si el padre había muerto, su hermano se convertía en el tutor legal de una hermana soltera. Gracias a ella trataron muy bien a Abram. Le dieron ovejas, vacas, esclavos y esclavas, asnos y asnas, y camellos (12:16). Entre los siervos adquiridos venía una mujer egipcia llamada Agar (16:1). Esto establecería el escenario para el conflicto entre Sarai y Agar (16:1-15), entre Isaac e Ismael (21:8-21), y entre los judíos y árabes hasta estos mismos días.

Entonces como podemos ver tal plan era malo por varias razones. Primero de todo, tendía a ignorar la presencia y el poder de Dios en la vida de Abram. El Eterno había prometido los fines, pero probablemente Abram pensó que Él era incapaz de proveer los medios. Yahvéh había prometido una tierra, una descendencia, una bendición. Ahora parecía como que Abram había dejado esto a sus propios criterios para procurarlos.

Todo esto nos lleva a preguntarnos si había aún rezagos de la religión de Mesopotamia, influyendo en las acciones de Abram. ¿Acaso Abram suponía, como todos los paganos, que cada nación tenía sus propios dioses? Una vez fuera de la tierra que Yahvéh había prometido a Abram, ¿no tenía su Dios más poder o capacidad para proveerle y protegerlo? Tales pensamientos entrarían en una mente pagana.

El plan de Abram estaba mal porque él arriesgaba la pureza de su esposa y la promesa de Yahvéh. Al entender el lugar que Abram y Sarai tienen en el propósito redentor de Yahvéh, nos damos cuenta lo serio que fue esto. El Eterno no quería que el vientre de Sarai fuera contaminado por un rey gentil, debido a que el Mesías vendría por su linaje de descendientes.

El Eterno había prometido hacer de él una gran nación. De Abram vendría una gran bendición a todas las naciones, el Mesías. Y ahora Abram estaba deseoso de correr el riesgo que otro hombre tomara a Sarai como su esposa. ¿Cómo podría entonces ella, ser la madre de la descendencia de Abram?

Abram también estaba equivocado porque el miraba que su esposa le trajera bendición a él, cuando Yahvéh había prometido que traería bendición a otros a través de Abram:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

(Génesis 12:2 – 3)

Abram estaba usando a su mujer para conseguir la protección y la bendición. Él estaba negándose a confiar en las promesas del Eterno para obtener estos dos beneficios.

El plan de Abram parecía funcionar bastante bien. Saraiestaba segura y no sólo estaba vivo, sino que se recibía regalos. Pero ¿qué pasaría si en realidad el Faraóntenía relaciones sexuales con Sarai? Sus propias mejores ideas los había puesto en una situación difícil. Ellos estaban indefensos, pero Yahvéh no lo estaba.

“Pero por causa de Sarai, la esposa de Abram, el SEÑOR castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.”
(Génesis 12:17)

Entendamos que con el acto mismo de llevarse a Sarai, el faraón había maldecido a Abram. El Eterno había dicho a Abram en sus promesas que quien lo tenga en poco será maldecido (12:3). Así que aquí Yahvéh castigó al faraón y a su familia con grandes plagas.

«Entonces el faraón llamó a Abram y le dijo: «¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa?»
(Génesis 12:18)

El faraón llamó a Abram y le hizo tres preguntas:

  • Primero le preguntó: ¿Qué me has hecho? Faraón había sufrido mucho a causa de la mentira de Abram.
  • En segundo lugar, le preguntó: ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa? Esta fue la verdad que ocultó.
  • En tercer lugar, le preguntó: ¿Por qué dijiste que era tu hermana? ¡Yo pude haberla tomado por esposa! (12:19a)? La intención del faraón era hacerla su esposa, pero a través de la providencia del Señor, las grandes plagas golpearon antes de que la unión sexual se llevara a cabo.

Con estos cuestionamientos vemos como  tristemente, un rey pagano regañó a Abram, el llamado de Yahvéh. Abram fue confrontado por el Faraón y completamente amonestado. Abram no tenía excusa ni explicación. Él no declaró una palabra en su defensa. Sin duda alguna esa fue una actitud sabia de tomar a la luz de la ofensa de Abram.

Faraón no era cualquiera a ser retado o molestado innecesariamente. La ironía de la situación es obvia, aquí un pagano amonestando a un profeta (cf. 20:7). Ésta fue una amonestación real que Abram dolorosamente recordaría. Qué triste sin embargo que Abram no podía hablar, porque esto sin duda se oponía de cualquier manera a su fe en el Dios vivo quien lo había llamado. No hay duda que la conducta de un hijo primogénito del Eterno grandemente afecta su credibilidad. El rey, con sus preguntas, condujo a Abram a meditar y hacer teshuváh (regreso) de que si hubiese confiado en Yahvéh y dicho toda la verdad todo hubiera estado bien.

Faraón ahora temía hacerles daño a Saraio a Abram; pero reprendió fuertemente a Abram.Con esta exhortación, Yahvéh responsabilizó a Abram de lo que pasó entre él y su esposa. Faraón había perdido todo el respeto por ellos, y por supuesto, no fue atraído por su Dios. A causa de su temor y de su componenda, habían causado que la casa del faraón sufriera grandemente y los egipcios finalmente habían llegado a despreciarlos. La única cosa que podía hacer era decir que se vayan a su país, lo que hicieron, tomando ellos todas las posesiones que habían conseguido en Egipto.

Faraón dijo:

«¡Anda, toma a tu esposa y vete!»
(Génesis 12:19)

En circunstancias normales, el faraón podría haber mandado a ejecutar a Abram. Pero después de experimentar el poder que se encontraba respaldando a Abram, no fue más allá de lo que ya había hecho. Abramfue escoltado y expulsado de Egipto.

«Y el faraón ordenó a sus hombres que expulsaran a Abram y a su esposa, junto con todos sus bienes.»
 (Génesis 12:20)

Así que Abram salió de Egipto como un hombre rico a diferencia de cuando llegó. Pero las riquezas resultarían ser muy costosas. Evidentemente la prosperidad material no es jamás una bendición sin la paz que viene de estar bien con Yahvéh y Su Palabra. Ellos nunca deberían haber ido a Egipto. Pero, una vez allí, deberían haber mantenido su testimonio a toda costa.  Tal es así que, mientras residió en Egipto, Abram nunca construyó un altar o invocó el nombre del Eterno.

Sin embargo, Yahvéh bendijo a Abram aun cuando él no hizo lo que debía. Yahvéh los protegió a pesar de su solución carnal. El Eterno continuó proveyendo su cobertura benevolente a Abram, aun cuando él actuara como un mentiroso. Yahvéh no se retractó de la promesa que le había hecho a Abram porque la promesa dependía del Señor y no de Abram.

Es evidente que Yahvéh está obrando para hacer que Abram crezca como un hombre espiritual de fe pura y verdadera. Esto requiere que existan circunstancias en las cuales Abram tiene que confiar en Yahvéh. Bien viene aquí la frase que dice: La fe no es un hongo que crece en la noche en tierra húmeda; es un roble que crece por mil años bajo una ráfaga de viento y lluvia.(Barnhouse).

Yahvéh trabajó en la vida de Abram en una destacable manera. Abram supuso que las posibilidades de escape de los peligros en Egipto eran tan peligrosas como él los había considerado. Abram hizo la decisión en la presunción que él podía prever las consecuencias de sus acciones. El Eterno le enseñó a Abraham una dolorosa lección, al revelarle que las posibilidades para el futuro son más numerosas que las que podemos predecir. Y así Abram es enfrentado con un dilema que él nunca consideró.

Al escribir esta historia, Moshé persigue enseñar a Israel que todo este incidente presagió el futuro mismo del Pueblo Escogido:

Abram descendió a Egipto a causa del hambre. Los egipcios le robaron a su esposa pero fueron castigados con grandes plagas. Entonces Abram estaba lleno de regalos, y Faraón mandó a los hombres a que lo sacaran del país. Del mismo modo, los israelitas bajaron a Egipto a causa de la hambruna. Allí serian oprimidos y sus esposas tomadas por ellos; siendo este el propósito del edicto del Faraón sobre los hijos. Los egipcios serian castigados por grandes plagas (Éxodo 7:14-11:10), Finalmente, los israelitas partieron con gran cantidad de riquezas, y también apresuradamente fuera del país.

El objetivo pedagógico de Moshé es que los hebreos entiendan que mientras que la presencia de Israel en Egipto no puede haber sido placentera, la protección de Yahvéh proveyó allí todo el tiempo, y ellos fueron finalmente traídos con gran cantidad de despojos. Con esto Moshé quiere que también acepten que las hambrunas continuarían siendo parte de la vida del pueblo de Dios en la tierra a la que ellos estaban yendo. Pero ellos deben aprender que las hambrunas vienen del Eterno como una prueba de fe. Si el pueblo de Yahvéh no desea enfrentar hambrunas, ellos deben enfrentar al Faraón, no importa en que circunstancias ellos puedan estar inmersos, Yahvéh es más grande que cualquier hambruna y que cualquier Faraón. La pureza del pueblo de Dios nunca debe ser puesta en riesgo.

Seguramente, cuando leemos esta historia, nos surge de manera fácil la actitud de criticar a Abram por sus acciones. Pero, dadas las mismas circunstancias, probablemente habríamos hecho lo mismo. Sino, respondámonos: ¿Cuántas veces tomamos el camino fácil en nuestras vidas? ¿Cuántas veces nos hemos comprometidos y luego, hemos racionalizado nuestras acciones para no cumplir con la dicho?

También tenemos que aprender de la misma lección que él tuvo y, a menudo tenemos que aprender de la misma manera, al ser reprendido por los mismos incrédulos que nos gustaría ganar para el Mesías:

«Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer. Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.»
(1Corintios 10:12-13)

Abram fue tomado por sorpresa por una hambruna, suponiendo que el camino del Señor no debiera incluir adversidad. Pero Abram iba a aprender que Yahvéh es también el diseñador de las pruebas en nuestras vidas para desarrollar nuestra fe, no para destruirla.

Dejar Canaán para descender a Egipto, fue un intento de Abram de abreviar la prueba de la hambruna. El Eterno obligó entonces a Abram a enfrentar a Faraón en lugar de la hambruna. Pero más allá de esto, debemos ver que finalmente Abram tenía que regresar al lugar de donde había salido, lugar indicado por la palabra revelada de Dios. El último acto de fe de Abram y de obediencia había sido en el altar que él construyó entre Betel y Hai. El fin del viaje de Abram fue el regreso al mismo altar entre Betel y Hai. Betel significa «Casa del Poderoso» y Hai significa «el montón de ruinas«. Abram conocía el código de emuná (Fe) aquí escondido: «cuando tu alma sienta que está en medio de un montón de ruinas, la Casa del Poderoso está abierta, esperando tu regreso«.

¡Él supo regresar a los brazos de Abba!


Bitácora Relacionada:
Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

https://davidnesher.com.ar/contacto/

¡Para Enamorarse Bien Hay que Venir al Sur!

Por P.A. David Nesher

“Y viajó Abraham yendo y viajando hacia el Neguev.”

(Génesis 12: 9)

Viajar hacia el Sur, una expresión digna de ser decodificada. Cuando bajamos desde el norte hacia el Sur como Abraham, ¿cómo describe esto la Torah? ¿qué sucede cuando viajamos hacia el sur? ¿qué significado tiene para nosotros?

Es claro que Moshé, al escribir este relato, quiere presentar la marcha de Abram como una prueba paradigmática de una gran fe. Nuestro patriarca, en medio de la incertidumbre absoluta, se pone en el Camino trazado por el llamado y las promesas del Eterno, para averiguar una vez alcanzada la meta, que esa marcha hacia lo desconocido era en verdad un movimiento espiritual al encuentro de un bien salvífico más elevado que terminaría redimiendo a las generaciones de los milenios venideros (v.7).

Para gozar de más libertad, Avram prosiguió su camino hacia el mediodía de la Tierra Prometida, que se hallaba menos poblado, el Negueb ( que significa «región seca» o «región de sequedad«), una región semidesértica, que se extiende desde Gaza y llega hasta Cades.

Todo esto es revelado respecto a las fronteras de la tierra de Israel, yendo de norte a sur. Cada vez que se realiza esta trayectoria, la expresión en la Torah para describirla es “y bajó el límite”. La idea revelada en los códigos hebreos de este pasuk (versículo) es la tarea que tiene un escogido de retirar las fronteras. En este sistema reptiliano existen fronteras que separan a las personas; este fulano es así, el otro es de otra manera, este mengano pertenece a esta creencia o a esta religión, este otro pertenece a otra creencia u otra religión; uno tiene cierta costumbre, otro tiene otra costumbre; este ser humano es más religioso, este otro es menos religioso. Incluso, y lamentablemente, estas fronteras, están entre hermanos y familiares cercanos. Existe el más exitoso, el más pudiente, el más aplicado, el más exitoso, el más espiritual, y estas son fronteras que no solamente demarcan separación, sino que inducen a la construcción de murallas por medio de los perjuicios, que terminan acabando con los vínculos de amor que los seres humanos necesitamos para promocionarnos a mejores niveles del propósito eterno.

Abram comienza yendo al sur. Luego, más al sur,… y aún más. Al hacer este «Camino» eliminando estas fronteras existentes en su interior, y en la interioridad de los otros. De este modo, su viaje se destacará en tarea altruista que llevando la divinidad y su cualidades de Luz permitirá la unificación de las almas.

Hay dos atributos del alma humana redimida que permiten la eliminación de las fronteras.  Uno de ellos es el amor, y el otro atributo es la alegría.

Si el escogido del Eterno está muy alegre, todas las fronteras humanas existentes en su entorno también se caen, se anulan y/o desaparecen.

Si a esto se le suma también mucho amor entre las personas las diferencias son vencidas, y las faltas cubiertas (1Pedro 4:8). Si yo te amo y tú me amas, y no importa  lo que tengas o carezcas, nada importa, si hay amor todas las fronteras se anulan. Y esto es exactamente lo que quiere Yahvéh.

¿Qué sucede en la Torah cuando Abraham sigue bajando y anulando fronteras?

Dice el texto:

Y Abraham bajo a Egipto».

Es decir, Avram eliminó tantas fronteras que llegó a colocarse frente a la frontera más grande: Mitzrayim (Egipto).

Sabemos que cuando las Sagradas Escrituras hacen referencia a Egipto no es un código que describe simplemente un país para nosotros, sino que es el nivel de estrechez y/o límite que alcanza el alma humana. Avram fue tan capaz de eliminar las fronteras del Neguev (vínculos en sequía), que aún el nivel o la frontera más grande que es la estrechez de su alma y las limitaciones de su mente, no pudo resistir el obrar de la divinidad en su vida. Es así como logrará recibir la acción de la Divinidad logrando una conexión total con el Creador, por lo que fue llamado «amigo de Dios» (Isaías 42: 8; Sant. 2:23) convirtiéndose así en el padre de los que tienen fe.

Entonces, con nosotros, los del linaje de Abraham por la fe en el Mesías (Gálatas 3: 29), sucede exactamente lo que experimentó nuestro padre. Se eliminan las fronteras hasta el máximo necesario. Nuestra mente se eleva a la consciencia de que es correcto eliminarlas, y por ende caminamos diariamente eliminando las fronteras, buscando la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12: 14). Así, en el esfuerzo de acabar con la sequía vincular con nuestro prójimo, seguimos bajando aún más, y logramos llegar a la frontera más grande, la más asfixiante del alma: Mitzrayim (Egipto), que significa “zona que me limita con pensamientos de estrechez”.

Así, cuando alcanzamos con nuestro peregrinar diario la profundidad del sur, que es la profundidad del amor y la alegría que se encuentra en forma infinita en todo hebreo, nos manifestamos como amigos del Señor, que anhelan acercar a todo el mundo para servir al Eterno hombro con hombro, pero de la forma correcta, es decir, en obediencia a Su Instrucción (Torah).

Anhelo que, después de entender este secreto de la misión de fe que tenemos, podamos hoy eliminar las fronteras, entre nuestros amigos, familiares, compañeros y demás personas de nuestro entorno. Y que lleguemos a eliminar la frontera más grande, la de nuestra estrechez y limitaciones del alma que es Mitzraim pues de esa manera podemos hacer la transformación de la realidad que queremos vivir, cada día más cercana y fuerte, teniendo el principio del amor perfecto y alegría como fuente de ello.

Bendiciones en la Luz Infinita…

Lej Lejá!… Una Vocación y Tres Partidas (El llamado de Abraham)

Por P.A. David Nesher

 

Y Yahvéh dijo a Avram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

(Bereshit/Génesis 12:1-3)

 

Comenzaré esta bitácora recordándoles a todos los lectores de mi Blog que la Torah no nos sirve únicamente como un conjunto de cinco rollos llenos meros hechos históricos. Es un libro que nos enseña cómo vivir nuestras vidas, y así sumarle a la humanidad un poder transformador que beneficia los hechos históricos actuales, y en esto consiste nuestra enseñanza de hoy.

Por eso, quiero invitarlos a meditar en la esencia del llamado supremo del Altísimo: Lej Lejá!

Con esta vocación de Abraham empieza la historia israelita. El autor sagrado da a entender con el relato de la confusión de las lenguas en Babel, que la humanidad en su mayoría seguía alejándose del Eterno a pesar de la catástrofe del diluvio, y por eso Yahvéh se reserva una porción fiel, que se ala mantenedora del fuego sagrado de la fe que otorga Su Instrucción (Torah) y el vínculo de transmisión de sus revelaciones en orden a la salvación de la misma humanidad descarriada. Así da orden a Avram (Abram) de abandonar su parentela y encaminarse a una región nueva aislándose del ambiente idólatra de su familia y de los lazos de sangre, que podían crearle dificultades en su nueva vida con misión profética. El patriarca es desafiado a abandonar su pasado pagano y emigrar a la tierra que Yahvéh ha escogido para él.

Ahora bien, cuando leemos el discurso del diácono Esteban en el libro de los Hechos de los apóstoles nos encontramos con el curioso dato que Yahvéh, nuestro Dios, ya se había aparecido a Avram en Ur-Kasdim (Ur de los caldeo), dándole esta vocación:

“El Dios de gloria apareció a nuestro padre Avraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Jarán, y le dijo: «SAL DE TU TIERRA Y DE TU PARENTELA, Y VE A LA TIERRA QUE YO TE MOSTRARE.» Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Jarán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis.”

(Hechos 7:2-4)

 

Esto nos enseña que Avram ya había recibido este llamado en el país donde nació. Por lo tanto, podemos entender que el llamado a Avram en Jarán es más bien una repetición divina del aquel que había recibido ya estando en Ur, antes de que su padre tomara la decisión de salir de dicha ciudad, y terminar sus días en Jarán. Lo cierto y claro de este asunto es que este llamado del Eterno a Abram, la iniciativa no es del hombre, sino de Yahvéh, que lo eligió. Al darle su sí a Dios, Abram se lanza por fe (emuná) a un peregrinaje hacia un mundo mejor hecho por Yahvéh.

Yahvéh es el sujeto de la primera palabra que desencadena una acción, al comienzo mismo de la frase primera y por ende de toda la subsiguiente historia de la salvación. Este discurso de Yahvéh comienza exigiendo una ruptura total de todas las raíces naturales. La vinculación más amplia, la del país, es citada en primer lugar, vienen luego, reduciéndose paulatinamente, las de sippe, es decir, la parentela en sentido amplio, más la familia en sentido estricto. Esto tres conceptos indican que el Eterno sabe muy cuan cuán difíciles son tales separaciones; Avram tiene que dejarlo todo, pura y simplemente, y confiarse de la guía del Altísimo.

El secreto oculto de esta porción está en el movimiento, salir de la inercia y de la pereza, que imposibilitan que el propósito eterno de Dios se manifieste. Por eso, la interpretación más conocida de este pasúk (versículo), es “Ve hacia ti” o «Vete por ti«. Abram debe ir hacia el mismo. Encaminarse a su interior. Él debe buscar respuestas, y encontrar lo que no tuvo en la casa de sus padres, ni recibió por la influencia de la cultura de su región. El Eterno le está diciendo: “asume el desafío, libérate de todo aquello que te mantiene atado, y accede a un nivel espiritual superior».

A partir de las ideas que están ocultas en este versículo podemos aprender una regla fundamental para vivir una vida de fe. Las letras de Lej lejá forman también la palabra hebrea lijluj que significa suciedad. Con esto Yahvéh quiso insinuarle nuestro padre en la fe que el lugar en el cual se había criado estaba lleno de suciedad y de placeres mundanos. Estos placeres son suciedad para el alma humana y lo obstaculizaban a Abram en su camino hacia Eretz Israel, porque en ella hay luz (or). Como está escrito: “a la tierra que Yo te mostraré”. La expresión “Te mostraré” en hebreo está escrito “ereka”, que contiene las letras alef y reish, al igual que la palabra or (luz). Es decir que en la palabra “ereka” («te mostraré») está insinuada la luz de la Torah que hay en Eretz Israel. Cuando la persona está desconectada de todos los placeres de este mundo, que son equivalentes a la suciedad que hay en una casa, entonces puede recibir la luz de la Torah y de la Sagrada Tierra de Israel sobre la cual fue dicho: “Una tierra sobre la cual están permanentemente los ojos del Eterno, desde el principio del año hasta su fin” (Devarim/Deuteronomio 11:12). En ella hay todo lo que hace falta para completar la luz de la Torah.

Desde la consideración de estos códigos fundamentales de la vocación de Abram, surgen para nosotros los lineamientos que nos permiten realizar el mismo viaje espiritual que el Eterno le hizo vivir a nuestro padre. Notamos que Yahvéh le dice a Abram que, para ir a la tierra prometida, primero tiene que irse tres veces, es decir: irse de su tierra, irse del lugar de su nacimiento, e irse de la casa de su padre.

La Voz del Eterno llama a Abram y le exige que parta a otra tierra. Partir es también partirse. «Irse» hacia el ser de uno, hacia el ser más verdadero y profundo.

En pocas palabras esta vocación confronta. Hay que elegir, la rutina que se hace ignorancia y mediocridad o el Propósito Eterno de Dios que es aventura hacia la transformación que lleva a la Excelencia.

En el hebreo dice: “Vete de ti, para ti”, esto indica huye o exíliate de lo que hasta ahora eres. Para empezar a ser hay que irse. Pero este irse tiene que ver con exiliarse de si mismo. Huir de la comodidad y el conformismo de todos los días organizados. Vete de ti y para ti para empezar una nueva vida, una vida auténtica regida por los valores que te vienen de adentro y no de segunda mano.

Este “Vete de ti, para ti”. Vete para tu propio beneficio de propósito. Este llamado divino está indicando que estas tres huidas o tres abandonos que Yahvéh propone como diseño espiritual serían beneficiosos para Abram.

Veámoslo con nuestros espíritus bien abiertos:

 

  • PRIMER IRSE: ¡Vete de tu tierra!

 

Eretz ‘ es la palabra hebrea para tierra, y esta palabra deriva etimológicamente de la raíz hebrea ‘ratzon‘, cuyo significado es: ‘voluntad y deseo‘. Así, «tu tierra» se traduce también como «tus deseos naturales«. De este modo lo que Yahvéh estaba diciendo a Abram es:

“¡Abandona tu voluntad, tus deseos personales, renuncia a ellos!”

 Este es el primer paso que debe dar un creyente para poder entrar en la tierra prometida, la tierra de la bendición y de la prosperidad, la tierra donde todo es en abundancia. El mejor ejemplo de esto lo encontramos en la persona de Yeshúa, el Mesías:

‘Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la

voluntad del que me envió’.

 

(Juan 6:38)

 

‘Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad,

sino la tuya’.

 

(Lucas 22:42)

Muchas veces nosotros, como seres humanos, debemos abandonar nuestra voluntad, y tal vez sea esto ante nuestros ojos un acto humillante, ya que es reconocer que siguiendo nuestra propia voluntad vamos camino a la derrota, pero abandonándola y siguiendo la de Nuestro Padre celestial, obtendremos el triunfo y éxito que tanto deseamos.

 

  • SEGUNDO IRSE: ¡Vete de “Tu lugar natal”!

 

En hebreo la expresión es: ‘moladteja ‘.

Esta palabra se refiere a la influencia del hogar y la sociedad.

Con esto Yahvéh estaba diciendo a Abram que abandone sus ‘costumbres familiares‘, sus ‘tradiciones familiares’ las cuales eran paganas, que se vaya de lo que para la sociedad es bueno, y ponga sobre todas las cosas lo que Yahvéh estipula como mandato.

Hay costumbres que existen en nuestro país, o en nuestro pueblo que nosotros NO debemos de hacer, sino más bien guardarnos de hacerlas y con temor reverente debemos de hacer aquello que el Señor nos deja escrito en Su Instrucción (Torah). Hay ciertas fechas de conmemoración que no están de acuerdo a las celebraciones que Dios ha establecido en el diseño de su Palabra y Propósito.

“Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada. Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo YHVH vuestro Dios”.

(Levítico. 19:27 y 30)

Pero no son solamente las costumbres de los pueblos o naciones, sino las que quizás hemos heredado de nuestros padres, como está escrito:

‘sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación…’

(1 Pedro 1:18, 19)

  • TERCER IRSE: Vete de “La casa de tu padre”

 

Esta expresión se traduce del hebreo: “Y beit avíja”, y en su profundidad significa “El lugar de desarrollo de tu mente”. Se refiere al ser humano como un ser maduro y racional, forjando su marco mental, su carácter y comportamiento, con la trascendente objetividad del intelecto. El intelecto es llamado ‘padre’ porque de alguna manera es el progenitor de cada comportamiento del hombre, la autoridad de lo que se piensa.

Por último, Yahvéh le dice a Abram que abandone su ‘inteligencia babilónica‘, su forma de pensar de segunda mano.

El apóstol Pablo instará a los discípulos mesiánicos a realizar este “irse” escribiéndoles así:

‘renovaos en el espíritu de vuestra mente’.

(Efesios 4:23)

Esta escrito que, si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiara nuestra manera de vivir (Rom. 12: 2), puesto que todo lo que somos y todo lo que hacemos y haremos, pende y depende de cómo sea nuestra manera de pensar.

El que piensa que es pobre vive como pobre, habla como pobre, mira como pobre; el que piensa que es feo vive como si lo fuera; y así todo depende de como nosotros pensamos.

Por tal razón el Eterno nos dice que no solo abandonemos nuestra voluntad para hacer la de Dios, no solo que abandonemos las costumbres de nuestros países, pueblos y familiares, sino que abandonemos también nuestra manera de pensar y adoptemos su manera ilimitada de pensar. Esta es la mente que Yeshúa, reveló que se puede desarrollar, y es la que los apóstoles exhortaban a los discípulos del Mesías a desarrollar también:

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

(1 Corintios 2:16)

‘Haya, pues, en vosotros esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús’

(Filipenses 2:5)

‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos – dice el Señor’.

(Isaías 55:8)

En su viaje de descubrimiento y transformación, Avraham debe obviamente abandonar la «tierra, lugar natal y casa paterna» de su Mesopotamia nativa; debe obviamente rechazar la cultura pagana de Ur, y Jarán. Pero ésta no es la partida de la que hablamos en el versículo citado arriba. Pues Avraham recibió este llamado muchos años después de haber renunciado a las modalidades paganas de su familia y lugar de nacimiento, haber reconocido a Yahvéh, y ejercido un profundo impacto sobre su sociedad.

Con todo, se le dice: ¡Vete! (Lej lejá!) Parte de tu naturaleza, parte de tus hábitos, parte de tu ser racional. Después de rechazar tus orígenes negativos, idólatras, debes ahora también trascender tu pasado positivo y lucrativo, para dejar sitio a las buenas virtudes. a las midot tovot. Llega allende ti mismo, si bien un ser perfecto.

La perfección humana simplemente no basta. Pues cualquier cosa humana – incluso el objetivo y trascendente intelecto- es todavía parte de la realidad creada, siempre sujeta y definida por ella.

Sin embargo, Dios nos invita en esta primera ordenanza al primer varón de fe, a experimentar aquello que trasciende todo límite y definición: experimentarlo a El Mismo.  Aquellos que consigan abandonar su propia voluntad para hacer la de Dios, sus costumbres mundanas para guardar las ordenanzas de Dios y su antigua manera de pensar, para pensar como Cristo Jesús, los tales entraran a Canaán, a la tierra prometida, a la tierra de la SOBREABUNDANCIA de DIOS.

Al meditar en esta vocación la conclusión surge fácil: ¡Dios pide!

Pero, ¿qué pide?

Simplemente un cambio, siempre un cambio; un esfuerzo de transformación en nuestra manera de pensar para así lograr un cambio en nuestra manera de vivir.

 

A continuación les comparto la Conferencia en la que expuse estos códigos lumínicos en Lima (Perú):