El Diluvio en la Cosmovisión de las Primeras Comunidades Mesiánicas

Por P.A. David Nesher

 

Estos IGNORAN VOLUNTARIAMENTE, que en el tiempo antiguo fueron hechos POR LA PALABRA DE DIOS, los cielos y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el MUNDO DE ENTONCES PERECIÓ ANEGADO EN AGUA”.

(2 Pedro 2: 5-6)

 

En los libros del, teológicamente  denominado, Nuevo Testamento encontramos muchas referencias al Diluvio universal. Esto nos obliga a considerar cuál era la cosmovisión que tenían las primeras comunidades de discípulos de Yeshúa respecto a este evento.

Evidentemente, tanto los apóstoles, como los discípulos que ellos hacían, tenían el mismo mensaje de proclamación a la hora de advertir.

Lo primero que encontramos es que en el mensaje escatológico del Mesías, este evento tenía mucha importancia a la hora de considerar los días postreros. Primeramente diré que al mencionar que sería como en los días de Noé, nuestro amado Señor estaba mostrando que el libro de Génesis es un relato histórico y genuino.

Nuestro Señor Yeshúa habló claramente sobre esta catástrofe cuando se refirió a su regreso a la Tierra. Podemos leer en lo que Él dijo:

 

«La venida del Hijo del Hombre será como en tiempos de Noé. Porque en los días antes del diluvio comían, bebían y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no supieron nada de lo que sucedería hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos. Así será en la venida del Hijo del Hombre«

(Mateo 24:37-39)

En segundo lugar, es evidente que en el mensaje de nuestro Amado estaba la conciencia de que al igual que en los días de Noé, Dios tiene preparado un día exacto para castigar eternamente a todos los impíos (Apocalipsis 20:11-15).

Por estos énfasis proféticos del mensaje mesiánicos, sus emisarios o apóstoles también mantuvieron estos lineamientos en el kerigma (proclamación) y la doctrina apostólica con la que guiaban a las primeras comunidades por el mundo conocido.

Podemos ver que la referencia al Diluvio que hacen los escritores neotestamentarios servía a sus lectores como advertencia de que el Eterno es el Justo (Tzadik) Juez de todo el mundo y que castigará inexorablemente el pecado y librará de la prueba a todos los piadosos de la Tierra (2 Pedro 2: 5-9).

Los apóstoles y sus discípulos aseguraban al proclamar que en el tiempo de Noé, Yahvéh destruyó al mundo prediluviano con agua, pero en el futuro lo hará con fuego (2 Pedro 3: 4-14). Ellos sabían que esto será el preludio para establecer un nuevo orden, en el que morará la Justicia.

Para la Asamblea de primogénitos de los primeros siglos el carácter repentino e inesperado del Diluvio ilustra la manera en que ocurrirá la Segunda Venida de Cristo, y enseña que el creyente debe estar preparado en todo momento para aquel día (Mateo 24: 36-42).

Interesante es también señalar que el apóstol Pedro vio un paralelo entre el bautismo en agua del neo-nacido en Cristo y la salvación de Noaj y su familia en medio de las aguas (1 Pedro 3:20-22). Los primeros discípulos interpretaban que el agua simboliza el juicio de Dios sobre el pecado como su resultado la muerte. El bautismo significa que el creyentes se une espiritualmente a Yeshúa en su muerte y resurrección. Al igula que Noaj en el arca, el creyente en el Mesías pasa ileso por las aguas de juicio y muerte para habitar en una nueva creación. En el Gólgota todas las fuentes del gran abismo fueron rotas, y las aguas del juicio subierno sobre el Mesías, ofrecido voluntariamente como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Por ello, ninguna gota de condenación alcanza al creyente pues el Eterno, en Su Hijo ha cerrado la puerta de la vieja naturaleza.

El arca era la única vía de escape que el Eterno proveyó para la humanidad contemporánea de Noaj,  y había solamente una puerta para entrar en dicha nave de salvación(6:16). Yeshúa utilizó la analogía de la puerta para enfatizar el hecho de que él es la única entrada en el Reino de Dios. Él dijo: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos» (Juan 10:9). Teniendo esto en mente el apóstol Pedro proclamo: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). Para las primeras comunidades de discípulos estaba bien claro que todos pueden venir al Eterno, pero sí o sí deben hacerlo a través de la única puerta de salvación: Yeshúa, el Mesías.

Interesante es conocer que en los primeros siglos de las comunidades del Mesías se interpretaba la palabra hebrea de Génesis 6:14 zettet, no como «calafatear» sino como «cubrir». Esto es porque en ninguna parte de los Libros del Antiguo Pacto está traducida «calafatear», sino que más bien en todos lados se traduce «hacer expiación.» Los discípulos de los primeros siglos entendía que el arca fue cubierta tanto adentro como afuera para quedar a prueba de agua. De igual modo los hijos del Eterno hemos sido protegidos de la ira de Dios por la perfecta cobertura que viene de Yeshúa, nuestra arca de Salvación. Nuestro abrigo de la ira de Dios se encuentra solamente debajo de la sangre del Mesías.  Tal y como el apóstol Juan lo dice:

«pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado«

(1 Juan 1:7)

También el apóstol Pablo asegura:

 «Él (Yeshúa) se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras..

(Tito 2:14)

Nosotros, debemos discernir que en nuestras días existe una urgencia celestial para que más seres humanos entren en el arca. Una vez que se cierre la puerta, nadie más puede entrar.

«Los que entraron eran macho y hembra de cada especie, como le había mandado Dios; y YHVH le cerró la puerta«

(Génesis 7:16)

Hoy, al igual que las primera comunidades tenemos que descansar en la certeza de que hemos sido redimidos «sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (I Pedro 1:19). Esa es la única cobertura que nos protege de la ira de Dios. Desde esta convicción debemos convertirnos como Noaj en pregoneros de justicia, tal y como los primeros discípulos procuraban día a día ser.

 

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El Nuevo Mundo y la Nueva Humanidad que Noé comenzó para preservar la Vida

Al salir del arca Noaj (Noé) entró en un mundo purificado por la Justicia divina; figurativamente era una nueva creación, y por lo tanto, él y su familia tenían la misión de iniciar una nueva humanidad que se conformara a los designios del diseño original de Yahvéh.

Al concluir el Diluvio, el proceso de juicio reveló cuál fue la intención del Eterno al actuar así sobre el planeta. Con la desaparición de lo Nefilim (clones surgidos de la mezcla de ángeles y mujeres cainitas), y de los héroes anti-Mesías, se reafirmó el dominio original de los seres humanos sobre la Tierra.

Por tal motivo, Noaj, al salir del arca, lo primero que hace es reconocer el favor inmerecido de Dios (Su Gracia benevolente) construyendo un altar y ofreciendo en él holocaustos (Gén. 9:20). El agradecimiento por la liberación redentora fluía de tal modo en los corazones de aquellos escogidos que consagraron en este acto de adoración sus vidas al Eterno para asegurarse éxito en el futuro que les esperaba.

El holocausto (hebreo olá) es la ofrenda totalmente dedicada a Dios. Lo que se ofrece, se pone en el altar y se quema en su totalidad convirtiéndolo en humo que sube hasta los cielos, simbolizando la Presencia de Dios. Esta ofrenda indica el reconocimiento del favor inmerecido de Dios y la dedicación total del ofertante al Eterno (Levítico 1: 1-17).

Por esto, el Eterno acepta con agrado la ofrenda de Noaj y decide hacer un pacto de nueva relación con la creación y particularmente con la humanidad, su representante ante aquella.

estableció el nuevo orden dando provisiones básicas por las cuales la vida del hombre se regirá en Tierra después del diluvio:

  1. Para dar seguridad a todos los humanos prometió que las estaciones del año quedarían restablecidas para siempre, asegurando, por medio de ellas, estabilidad y sustento (Hechos 14: 16-17).
  2. Instituyó la Ley de Siembre y Cosecha (Génesis 8:22)
  3. Reiteró el mandamiento de que el hombre se multiplicara.
  4. Confirmó el dominio sobre los animales  dándoles permiso de comer su carne pero no su sangre.
  5. Estableció la pena capital.
  6. Hizo pacto con el hombre prometiendo que jamás volvería a destruir la Tierra por medio de un Diluvio (Génesis 8:21).

El Eterno, a través de este pacto, tuvo la bondad de permitirles añadir la carne animal a su dieta. Sin embargo, tenían que reconocer que la vida de todo animal que mataran para comer pertenecía a Dios, y debían demostrarlo derramando la sangre en el suelo como agua. Este era un modo de devolverla a Dios y no utilizarla para propósitos personales. (Deuteronomio 12: 15- 16).

 

¿Por qué se prohibió comer la sangre?

«… Pero no deberán comer carne con su vida, es decir, con su sangre»

(Génesis 9:4)

Yahvéh aquí es bien claro al decir que la sangre debe ser drenada antes de comer. La sangre es el elemento físico contenedor o sede de la energía vital que la Vida confiere al ser humano y los animales. La sangre está tan enlazada con los procesos de la vida que en la Biblia asegura que el alma está en la sangre.

 

El Eterno es la fuente de la vida. (Salmo 36:9.) El hombre no puede devolver una vida que haya quitado. “Todas las almas… a mí me pertenecen”, dice Yahvéh. (Ezequiel 18:4.) Por lo tanto, quitar una vida es quitar la propiedad de Dios. Todo ser vivo tiene un propósito y un lugar en la creación de Dios.

 

Por ello, la sangre es tomada como símbolo de la vida, que solamente el Eterno puede dar. Esa es la razón por la que el ser humano debe entender que la sangre le pertenece a Dios y el hombre no debe tomarla. Esta prohibición permitió preparar la conciencia de la humanidad en el significado de la expiación mesiánica:

 

 «Porque la vida de toda criatura está en la sangre. Yo mismo se la he dado a ustedes sobre el altar, para que hagan propiciación (expiación) por ustedes mismos, ya que la propiciación se hace por medio de la sangre.»

(Levítico 17: 11)

La sangre representa así una vida entregada obedientemente a la muerte (Levítico 17: 10-14). Para ampliar este tema pueden ver también Deuteronomio 12:15-16 y 20-25). La vida de un animal derramada sobre el altar de los sacrificios, fue aceptada por Dios como una muerte sustitutiva por la vida de un pecador culpable, que merecía la muerte, pero que se le permitió vivir por el sacrificio. La sangre de un holocausto mesiánico cubre los pecados. Pero, claro está, que la sangre de los animales podría cubrir, por supuesto sólo figurativamente, los pecados. La realidad representada por la figura fue el sacrificio del Cordero de Dios, Jesús (Yeshúa) el Cristo (Mesías), que se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo (Hebreos 9:26).

 

Lo primero que Yahvéh señalará en su trato con esta nueva humanidad, establecida en Noaj y sus hijos, será el concepto de la santidad de la vida, y la responsabilidad de cada ser humano de trabajar por la valorización de la misma. Aquí el Eterno se le revelará al hombre como el principal defensor de la vida, y así le mostrará que todo ser humano debe ser un aliado divino en la defensa de la misma.

 

Toda sangre que es la vida le pertenece al Eterno, pero por sobre todo la sangre del hombre a quien hizo a Su imagen para que se conformen a Su semejanza (Génesis 1: 26; 9:6). Arrancar una vida humana es violar la imagen de Dio en el ser humano que debería ser respetada y reverenciada. La vida, aun la prenatal en todas sus faces, siempre es un milagro, y por lo tanto, nadie debe creer que tiene el derecho de derramar sangre de un semejante inocente. La vida es la herencia que el Eterno le dio al hombre, por lo tanto este está obligado a cuidarla y defenderla  en sí mismo y en su entorno.

 

No se puede derramar la sangre del ser humano impunemente, pues el Eterno pedirá cuenta al hombre o animal que que atente contra la vida de un ser humano:

 

«El que derrame sangre de hombre, por los hombres su sangre será derramada, porque a imagen de Elohim hizo Él al hombre»

(Génesis 9:5-6).

Así Yahvéh establece la pena capital (o de muerte) para el homicida y la ejecución de este la dejará en manos de las autoridades humanas competentes. Esta medida afirma la santidad de la vida y evita la violencia destructiva innata en el ser humano.

De este modo, el Eterno dejará claro que el hombre tenía el derecho de disfrutar de la vida que Dios le había concedido, y cualquiera que le privara de esa vida sería responsable ante Dios. Esto ya había quedado revelado cuando Dios dijo al asesino Caín: “La sangre de tu hermano está clamando a mí desde el suelo” (Gé 4:10). Debido a este punto de vista de Dios sobre el valor de la sangre, se sabía que la sangre de una persona asesinada contaminaba la tierra, una contaminación que solo podía expiarse si se derramaba la sangre del homicida. Tomando esto como base, la Biblia autorizaba la pena capital para el asesino, la cual se ejecutaba mediante la autoridad debidamente constituida. (Números 35:33; Génesis 9:5, 6.)

 

Esto prepara el escenario para los fundamentos del Gobierno Civil o humano. Bajo el pacto de Dios con Noaj, la pena de muerte era obligatoria por el delito de asesinato. El objetivo divino de esta pena será castigar al asesino. La gente de hoy se distrae en el debate de la rehabilitación. ¿En verdad, la prisión tiene que rehabilitar al asesino? Aquí, el Eterno revela  que esa no es la cuestión. En el Israel antiguo no estaba permitido aceptar ningún rescate para librar de la pena de muerte a un asesino deliberado. (Número 35:19-21, 31.)

 

En esencia, vemos que el nuevo orden que se estableció por medio de este pacto garantizaba la estabilidad de la naturaleza esencial de todas las cosa. Esto ayudó a garantizar el orden estable para el desarrollo de esa nueva humanidad que estaba comenzando.

Los descendientes de Noaj conocieron que el derecho civil o humano era necesario para la estabilidad de la vida y que la maldad no debe quedar impune, como fue antes que las aguas diluvianas destruyeran el viejo orden. Con este fundamento de lo civil el ser humano desarrolla una conciencia con sentido de responsabilidad total por el sistema y decide tener un interés mucho mayor en el mantenimiento de la justicia y hacer cumplir las leyes. En otras palabras, Yahvéh, nuestro Elohim ha decidido que el ser humano aprenda el valor y el ejercicio de la justicia. Él nos ha entregado pero la responsabilidad se ha dado a nosotros y somos libres de tener éxito o fallar.

 

Con el tiempo, a través de Moshé, el Eterno reveló en Su Instrucción, que incluso si alguien odiaba a su hermano hasta el grado de desear verlo muerto, o lo calumniaba o daba un falso testimonio contra él con el objeto de poner en peligro su vida, se hacía culpable de la sangre de su prójimo. (Levítico 19:16; Dt. 19:18-21; 1Jn 3:15).

¿Cómo consideraron el Relato del Diluvio otros Escritores Bíblicos?

Por P.A. David Nesher

 

Cuando transitamos por una simple lectura de la Biblia notamos que aparte del relato de Génesis, las Sagradas Escrituras contienen muchas referencias a Noé y al Diluvio.

A continuación enumeraré los pasajes dónde esto ocurre:

  1. El historiador Esdras, importante sacerdote israelita, comprometido con la recopilación seria de documentación genealógica, alista a Noaj (Noé) y a sus hijos (Sem, Cam y Jafet) en la genealogía de la nación de Israel (1 Crónicas 1:4-17).
  2. El médico y evangelista Lucas incluye a Noé cuando enumera a los antecesores de Jesucristo (Lucas 3:36).
  3. El apóstol Pedro hace varias referencias al relato del Diluvio al escribir a sus hermanos cristianos (2 Pedro 2:5; 3:5, 6).
  4. El apóstol Pablo califica como un gran acto de fe de parte de Noé la construcción del arca para la salvación de su casa (Hebreos 11:7)

¿Existe alguna duda de que estos escritores bíblicos inspirados aceptaban el relato del Diluvio que aparece en Génesis? Indudablemente, ellos lo consideraron un acontecimiento real.

Para nuestro Mesías Yeshúa el diluvio (Génesis 6-9) fue un evento histórico. Él dice:

«Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre»

(Mateo 24:37,38)

Yeshúa nos explica aquí que el hombre coetáneo de Noaj se dedicaba sólo a disfrutar de la vida sin ofrecer al Eterno su respeto y su entrega, bebiendo todo el tiempo y sin más objetivos que tomar el diseño divino del matrimonio como un pretexto para justificar su hedonismo, no dándose cuenta de su error hasta que fue demasiado tarde.

Por eso, si alguno dice que el diluvio es ficción, niegan la palabra de Yeshúa, nuestro Señor mismo.

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Relacionarse Escuchando: Características de un Circunciso de Corazón (Nacido de Nuevo)

Circuncidar el corazón significa en verdad despojarme del “Yo” (ego) para que reine el Eterno desde Su Instrucción (Torah). Cuando corto el egocentrismo en mí, tengo que sanar mis heridas con su imagen puesta en mí. Yeshúa vino a revelar la imagen del Padre y nosotros tenemos que ser conforme al corazón de Yahvéh, para que dicha imagen se desarrolle en nosotros hasta alcanzar Su semejanza, tal como nuestro Mesías la alcanzó.

La circuncisión (o nuevo nacimiento), en su enfoque espiritual  tiene dos fines: vencer a nuestra manera carnal de pensar, en el sentido de la mente humana sin el Mesías, y por otra parte poner fin al sectarismo religioso, al fanatismo dogmático de Babilonia la Grande de tal manera que el ser humano se sienta en libertad para conocer y pertenecer al Dios Vivo Yahvéh, a través de Su Hijo Yeshúa, y defender así la verdadera causa del Evangelio del Reino.

¿Qué quiere decir «circuncidar el corazón»?

Entendemos, por lo que el Espíritu de Dios revela a través de la enseñanza paulina, que «la circuncisión es la del corazón» es decir, que al nacer de nuevo, creemos con el corazón y somos salvos.
Desde ese momento comenzamos a vivir de tal manera que todos los pensamientos y sentimientos se hacen compatibles con el deseo de la Intención que Dios tiene para cada uno en su propósito eterno.

Entre las características que se activan por medio del Nuevo Nacimiento en el Mesías, hay dos que hoy me interesan destacar:

  • el saber relacionarse con el entono,
  • y el escuchar al prójimo con el corazón.

Ambas son habilidades que el Eterno otorga a sus hijos en la primogenitura que nos comparte por medio del Espíritu santificador de Yeshúa. Ejercitarlas cotidianamente,  garantiza que la vida se hace mucho más amena, y así, ellas se convierten en las herramientas que garantizan el éxito y la felicidad en todos los aspectos de la misma (personal, familiar, laboral, social).

Al nacer de nuevo en el yugo del Mesías, comprendes inmediatamente que llevarse bien con tus semejantes requiere alejarte de tus propias críticas y hacer un esfuerzo para entender a la persona sin prejuicios. El Espíritu Santo te hace comprender que llevarte bien con una persona tiene el potencial de hacer que ambos se sientan más felices y plenos.

Si esto te cuesta, te recomiendo que busques oportunidades para hablar con personas de diferentes ámbitos de la vida, y utiliza los siguientes consejos para aprovechar al máximo estas oportunidades.

  • Separa un tiempo privado. Si tienes problemas para llevarte bien con alguien cercano a ti, procura pasar tiempo a solas para que sea más fácil centrarte en esa persona.
  • Utiliza la escucha activa. Dale tiempo a la otra persona para hablar de sus problemas, sus sentimientos, o cualquier otra cosa que lo esté agobiando. Haz un esfuerzo concertado para evitar distracciones y presta atención a lo que te expresa hasta el final. Esto se conoce como la escucha activa con el corazón, y puede tomar un poco de práctica el poder desarrollarlo. Apaga el teléfono, colócate frente a la persona que está hablando, y de vez en cuando asiente con la cabeza para mostrar que estás escuchando. Practica enfocándote en lo que está diciendo, y no en cómo reaccionar ante sus palabras o cómo planear responder. Es posible que tu prójimo no esté listo para hablar de temas personales, al mismo tiempo en el que estés listo para concentrarte en ellos. Deja que esa persona tenga una conversación más informal si eso es lo que quiere, pero sigue practicando estas técnicas de cómo escuchar y llevarte bien.
  • No interrumpas. Escucha hasta asegurarte que tu prójimo coloque su punto final de su relato. El interrumpir revela una falta de aprecio por la otra persona. De hecho, le estamos diciendo que lo que nosotros tenemos que decir es más importante que lo que ellos están compartiendo. Tan importante pareciera ser lo nuestro que ni siquiera podemos darle a la otra persona la oportunidad de completar sus propias ideas.
  • Escucha mostrando respeto por el otro e interés por lo que dice. No avasalles, por mucha razón que creas tener. Y permite que el otro tenga siempre una salida digna, no cierres puertas al diálogo. Procura ser siempre asertivo. Ten presente que nadie necesita enemigos y a todos nos viene bien contar con gente que nos aprecie y respete y que se preste, en un momento dado, a defendernos o a colaborar con nosotros.
  • Haz preguntas refiriéndote a lo que la otra persona dijo. Establece una conexión y muestra que estás escuchando refiriéndote al punto que acaba de decir. Una pregunta es una excelente manera de hacer esto a medida que involucras a la otra persona y aclaras cualquier cosa que no haya quedado claro.
  • Haz una pausa para reflexionar sobre el punto de vista de la otra persona. Resiste la tentación de responder con lo primero que se te venga a la mente. En su lugar, toma un momento para imaginar cómo se siente esa persona. Incluso si piensas que su interpretación de la situación está mal, simula que estás en su posición y tienes la misma idea de lo que está pasando. ¿Podrías verte respondiendo de una manera similar, o al menos sentir la tentación de responder de esa manera?
  • No expreses cada desacuerdo que tengas. Llevarse bien no se trata de ganar una pelea, o incluso comunicar cada opinión que tengas. Sé honesto, pero no vocalices de forma automática todos los argumentos o reacción negativa que tengas. Respeta a tu prójimo, permitiéndole mantener una opinión distinta a la tuya.
  • Admite tus errores y equivocaciones. Seras más estimado y querido.

 

A continuación les comparto un Cuadro Comparativo en el que el Lic. Santiago Moll nos muestra las diferencias entre un buen oyente y uno malo:

 

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Por último, destacaré lo que el escritor del Santiago (hermano de Yeshúa) subraya la importancia de escuchar cuando escribe «deberíamos estar prontos para oír, tardos para hablar» (Santiago 1:19). Evidentemente los verdaderos hijos de Dios necesitamos ser alumbrados interiormente e invertir un tiempo considerable para aprender a escuchar a otros y ser capaces de percibir sus sentimientos. Si no aprendemos bien esta lección, encontraremos dificultades en nuestro servicio. Tenemos que hacer lo posible por escuchar.

 

Es una tragedia que muchos hermanos y hermanas, que leen mis bitácoras y me escriben en consulta, no sólo estén interiormente en tinieblas, sino que además sean incapaces de sentarse a escuchar a otros. Tenemos que aprender a estar calmados y a escuchar lo que otros nos dicen. Tenemos que abrirnos a ellos, permitiendo que sus asuntos entren en nuestro corazón. Debemos primero tener una percepción aguda antes de poder discernir los verdaderos problemas de otros. Sólo entonces podremos brindarles la ayuda apropiada.

 

Desde todo lo dicho, puedo finalizar diciendo que, cuando estamos circuncidados del corazón, la comunicación con el prójimo es mucho más compleja de lo que asumimos. Descubrimos que escuchar va mucho más allá de esperar tu turno para hablar. Por eso, sellaré esto con una frase que oí a un conferenciante y desde entonces marcó mi estilo ministerial:

 

«Dos monólogos no hacen un diálogo»

 

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Arqueólogos descubren cómo era la serpiente del Edén antes de la maldición divina

La Biblia, en el relato de Bereshit, dice que Dios le dijo a la serpiente:

“Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.”

(Génesis 3:14 – RVR 1960)

 

Muchos piensan que la frase “sobre tu pecho andarás” significa que la serpiente cuando fue creada por Dios, podía erguirse, y que después de tentar a Eva, Dios la maldijo a arrastrarse sobre su pecho.

Esa teoría no tuvo asidero ni base científica que la comprobase hasta hace un tiempo atrás, cuando un equipo de investigadores halló en Brasil un fósil de de una serpiente de cuatro patas.

La BBC realizó un informe en el que publicó las fotografías del fósil. Aunque no es la primera vez que se encuentra un fósil de serpiente con extremidades, los científicos aseguran que éste es el ancestro directo de las serpientes modernas.

Éste es el fósil de serpiente más primitivo que se conoce, y es muy claro que no es acuática”, señaló Nick Longrich, investigador de la Universidad de Bath, en Reino Unido, y uno de los autores del estudio.

Parte posterior de la serpiente muestra dos pequeñas patas

Parte posterior de la serpiente muestra dos pequeñas patas

Según le dijo Longrich a la BBC, la forma de la cola de la criatura no es apta para nadar y no hay signos de la presencia de aletas.

En cambio, su tronco largo y hocico corto son los rasgos típicos de un animal que excava.

Fotografía del fósil completo

Fotografía del fósil completo

 

Sus extremidades traseras y delanteras (de 4 mm y 7 mm respectivamente) son muy pequeñas y altamente especializadas, con dedos muy delgados y garras en la punta.

Bruno Simoes, especialista en serpientes del Museo de Historia Natural de Londres, quedó sorprendido por el buen estado de preservación del fósil y por lo bien desarrolladas que están sus extremidades.

Es una sorpresa, sobre todo por su cercanía con las serpientes actuales”, le dijo a Simoes a la BBC.

Nos da una idea clara de cómo era el ancestro de las serpientes”.

 

Fuente: Diario Cristiano

Códigos de una Generación Salvada

En otra bitácora los he capacitado acerca de quién es el escritor del libro Bereshit (Génesis) y cómo construyó la estructura literaria que constituye a la obra en sí (los invito a leer y repasar esto en: ¿Quién escribió el Bereshit (Génesis)?).

Desde esta enseñanza sabemos que Moisés editó y compiló doce genealogías en este libro. Justamente palabra hebrea estructural más importante que encontramos en el libro de Bereshit (Génesis) es toldot (plural de toldá). Significa: “el relato”, “el escrito de”, “descendientes”, “la historia”, “las memorias”, “la crónica”, o también se traduce: “esto es lo que pasó con estos hombres y sus descendientes”. El sustantivo se traduce a menudo como: las generaciones, las historias o descendientes. Un dato curioso para aportar es que la palabra toldot deriva el nombre de la ciudad de Toledo en España en referencia a los desdientes judíos que la poblaron y la desarrollaron.

Continuando con los códigos bíblicos que pretendo descifrar con ustedes notamos que después de la sección en el relato escrito de las «Generaciones de Adán» (cap. 5:1 al cap. 6:8), tenemos el cuarto toldot del libro: el relato escrito de las Generaciones de Noé.

Es muy importante reparar en el hecho profético de que el toldot anterior pasó de la bendición de Set a la maldición de los ángeles caídos y devenidos en demonio. En cambio, este toldot hace un camino inverso ya que irá desde la maldición del diluvio a la bendición de la Salvación del Eterno. Por lo tanto, lo que esta cuarta genealogía nos dice es qué fue de Noé. Y qué fue de Noé cuando Él lo salvó por medio del arca, que es un tipo de salvación por medio de el Mesías Yeshúa (I Pedro 3:20-21).

Será interesante resaltar aquí que el relato completo del diluvio sigue una estructura en oposición simétrica. Hay un paralelismo, en donde la primera letra es lo opuesto de la segunda letra, y así sucesivamente; y donde la letra F es el punto de inflexión o de cambio. Miremos esto en forma detallada:

A Dios decide destruir a la humanidad con un diluvio (6:11-13)

Noé construye un arca (6:14-22)

C Dios ordena a Noé entrar al arca (7:1-9)

D El diluvio comienza (7:10-16)

E La inundación cubre la tierra durante 150 días cubriendo las montañas (7:17-24)

F  _ Dios se acuerda de Noé (8:1a) _

E La inundación termina después de 150 días, y las montañas son visibles (8:1b- 5)

D La tierra se seca (8:6-14)

C Dios ordena a Noé salir del arca (8:15-19)

Noé construye un altar (8:20)

Dios resuelve no tratar más a la humanidad destruyéndola con un diluvio (8:21-22)

 

 

Otra particularidad de este toldot tiene que ver con el valor profético del número siete. Este aparece bajo distintos lineamientos ofreciendo un mensaje lleno de espiritualidad a los que estudian esta porción. Importante será para nosotros entender que en las Sagradas Escrituras los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje (o sentido gemátrico). Por lo tanto, es muy importante, tomar un tiempo especial bajo oración, y profundizar en los detalles de dichos símbolos y el mensaje que nuestro Abba quiere darnos.

El número siete es también muy importante en este toldot. Primeramente, diré que el número 7 (siete) siempre comunica la idea de perfección y plenitud en dones. Permítanme explicar esto. En hebreos, la palabra «siete» es «chevah» que viene de la raíz «Sabah«, que quiere decir lleno o satisfecho, tener suficiente. Por lo tanto, el significado de la palabra «siete» es denominado por esta raíz, y señala a aquello que está pleno y completo, bueno y perfecto. El siete, por lo tanto, sella con PERFECCIÓN y cabalidad aquello en relación a lo cual es usado.

Ahora veamos al texto del Bereshit y descubramos la mención de este número:

Siete días son mencionados (7:4 y 10 , 8:10 y 12).

  • Hay siete pares de animales puros y aves (7:2-3).
  • Dios habló a Noé siete veces (6:13; 7:1; 8:15; 9:1, 8, 2, 17).
  • La raíz hebrea asá: hacer o fabricar, se usa siete veces en 6:13-22, en relación con la construcción del arca.
  • La raíz de la palabra venir se usa siete veces desde 7:1-16.
  • La raíz de destruirborrar o eliminar se usa siete veces en el relato del Diluvio.
  • La palabra pacto se usa siete veces desde 9:8-17.
  • Y, por último, el nombre de Noé aparece treinta y cinco veces (5X7) en el relato completo del Diluvio.

En este toldot (relato) el Espíritu del Señor revela que Yahvéh, nuestro Dios, está siempre activo en Su Gracia buscando conducir todo acontecimiento de la Historia Humana a los ámbitos de Su Salvación a fin de que la obra mesiánica de Yeshúa se manifieste salvando a los hombres que responde a Su llamado.

 

 

¿Reconoció Dios que cometió un Error?

Por P.A. David Nesher

«Y vio Yahvéh que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Y se arrepintió Yahvéh de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón«.

(Génesis 6: 5- 6)

Comencé citando literalmente el texto de la versión Reina-Valera 1960 que es la traducción que más permite el plantea de la pregunta con la que encabecé a esta bitácora.

Ahora haré lo que ya todos los discípulos de Yeshúa a quienes sirvo saben que hago, cuando un texto bíblico genera incógnitas por causa del sentido idiomático mismo.  Consideraré junto a ustedes el famoso adagio italiano: “traduttore, traditore”. Toda traducción contiene una traición. Esto lo hago porque este proverbio italiano es un juego de palabras basado en el hecho de que traición y traducción tienen una raíz latina similar; forman parte de un conglomerado de ideas que incluye también la palabra tradición. Y es justamente esta última (la tradición) la que estamos obligados a juzgar, y hasta desechar si es necesario, de nuestra tarea interpretativa del texto sagrado.

Lamentablemente, existe una línea interpretativa, llamada teísmo abierto que insiste en creer que Dios se arrepintió con tristeza porque estaba sorprendido o desconocía la profundidad de la naturaleza pecadora del hombre en que cayó. Así, desde este versículo, se afirma que Dios desconoce lo que las personas escogerán hacer. Por ello, y bajo la sutil influencia de este pensamiento, incontables mentes humanas, al llegar a este texto se cuestionan lo siguiente:

¿Quiere decir que Dios  se arrepintió de crear a la humanidad en el sentido de reconocer que había cometido un error? ¿En verdad, se da a entender que Dios cambia de opinión?

Para poder aclarar estos planteamientos llenos de sinceridad, me corresponde decirles que todo texto bíblico debe ser considerado desde el contexto escritural general. Desde aquí acudiremos ahora a las Sagradas Escrituras y notaremos que estas dicen que YHVH no cambia. Esto significa que no cambia su naturaleza, ni tampoco sus decisiones, ni su manera de pensar, ni su voluntad.

“Porque yo YHVH no cambio;

por esto, hijos de Yacov (Jacob), no habéis sido consumidos»

(Malaquías 3:6)

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación

(Santiago 1:17)

Por lo cual, queriendo Elohim mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros

(Hebreos 6:18)

Por todo este contexto general de la revelación escritural concluimos que nuestro Todopoderoso Abba es UNO y ÚNICO y que en Él no hay error ni imperfección.

Por eso, al regresar al texto del sexto capítulo de Bereshi (Génesis), debemos considerar algunos aspectos claves para la excelente interpretación del mismo.

En primer lugar, aceptemos que el relato que Moshé hace en los capítulos 4 al 6 pretende llevar a sus lectores a tomar conciencia de lo que produce en la historia la degradación humana en su descenso (yrida) a la bestialización (para entender esto invito a leer: ¿Hombre en señorío o humano bestializado?) Con estas líneas el Eterno quiere revelar cómo es el proceso de la precipitación humana hacia la degradación, y su necesidad absoluta de redención y restauración por medio de Su Gracia.

Antes de continuar, quiero dar gloria al Eterno por haberme conducido en Su bendita Unción a vivir en el convencimiento de la importancia de conocer las raíces hebreas de nuestra fe en Yeshúa. Cuan prioritario es para el sincero investigador de las Sagradas Escrituras ir al hebreo cada vez que estudiamos la TaNak (mal llamado Antiguo Testamento en la teología cristiana).

Por eso, veamos nuevamente lo que nos dice la versión Reina Valera 1960:

Y se arrepintió YHWH de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”.

(Génesis 6:6)

¿Qué nos dice el hebreo?

Veamos:

ו וַּיִּנָּחֶּם יְהוָּה , כִּי -עָּשָּה אֶּת -הָּאָדָּם בָּאָרֶּץ ; וַּיִּתְעַּצֵּב , אֶּל -לִּבו

Leído en nuestro idioma se pronuncia así:

“VAINAJEM” YHVH KI-ASAH ET-HA'ADAM BA'ARETZ VAIT'ATZEV EL-LIBO"

Traducido esto al español en forma correcta se debe leer:

«Y SE CONSOLÓ YHVH PORQUE HABÍA HECHO AL HOMBRE EN LA TIERRA Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN»

Primero la palabra hebrea que aparece ahí en el verso 6 del capítulo 6 de Bereshit (Génesis) que los “traductores” de la Reina Valera y de otras versiones vierten como “arrepentimiento” es “nakjám” y puede traducirse como “consolarse”, “suspirar fuertemente en exhalación” o “lamento”. “Nakjám” es una expresión hebrea que se usa para:

  • Sentir pena por algo o alguien
  • Sentir pesar por algo o alguien
  • Sentir dolor por algo o alguien
  • Entristecerse por algo o alguien
  • Sentir un corte hasta lo más profundo del corazón.

Por lo tanto, en este texto tiene la connotación de «haberse dolido» o “haberse consolado” por la situación infrahumana que la humanidad había alcanzado según el contexto de la historia del capítulo seis. No sólo la mayoría de los seres humanos se había corrompido por completo, además “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (v. 11). Es decir que la humanidad se había vuelto tan violenta que Dios se vio en la necesidad intervenir. El mundo había dejado de ser un lugar seguro en todos sus ámbitos existenciales.

No es que Dios se había equivocado al crear al hombre; pero sí le dolía ver los errores que el ser humano estaba cometiendo. La causa de su dolor era la humanidad en sí, no el hecho de haberla creado. En otras palabras, el comportamiento del hombre no fue una sorpresa o algo inesperado para Él.

El Eterno no se arrepintió de algo que hizo. Él es perfecto y por lo tanto nunca se equivoca (cf. Salmos 18:30). Bajo este entendimiento entendemos que YHVH se consoló asimismo por haber hecho al hombre en la Tierra, no por haber cometido un error en su creación, ni porque ésta fuera imperfecta, sino porque que las condiciones en las cuales el hombre estaba eran lamentables y tristes para él, me refiero a la ya habituada y constante inclinación al mal que los hombres y mujeres tenían (v. 5).  ¿Logra usted discernirlo?

Una clave para entender bien este pasaje se encuentra en el mismo polémico verso 6, que dice; “Y SE ENTRISTECIÓ SU CORAZÓN”. O sea, que el asunto aquí no es una actitud de arrepentimiento por haber hecho algo mal, sino que una actitud de consuelo y tristeza por la condición del hombre quien estaba de continuo inclinado al mal habiendo así torcido su esencia a condicionamientos del inframundo (Sitrá AjRá) mismo.

La voluntad de Dios al crear al hombre fue que éste lo sirviera fielmente sujetándose a la Sabiduría de Su Instrucción. Cuando el hombre se volvió exageradamente pecaminoso, el Eterno sintió tristeza por los resultados de haber creado al hombre. Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Siguió siendo Su voluntad que el hombre le sirviera y procedió a eliminar a aquellos hombres que no aceptaban esta voluntad divina por medio de un terrible diluvio.

Otro ejemplo del uso de nakjám en el contexto del Eterno Dios está en 1 Samuel 15:35, cuando Dios se arrepentía [nakjám] de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. Una vez más, Yahvéh no se estaba lamentando de su decisión, sino de los errores de Saúl. La voluntad de Dios al escoger a Saúl como rey sobre Israel fue que Saúl le obedeciera y que sirviera de ejemplo a todo Israel como un siervo de Dios. Cuando Saúl le desobedeció, Yahvéh sintió el pesar por los resultados de la rebeldía de Saúl (1 Samuel 15:11). Pero Yahvéh no cambió Su voluntad. Él continuó en Su anhelo de poner como rey sobre Israel a un hombre fiel. Por tanto, anunció que haba quitado el reino de Saúl por su desobediencia y lo dio aun hombre más fiel (1 Samuel 15:28,29).

En otras palabras, Dios puede llegar a cambiar su actitud para con la humanidad con base al comportamiento humano (generalmente cuando hay pecado o error). Cuando nos equivocamos, Dios se lamenta profundamente viendo que insistimos en tomar decisiones que nos hacen daño. Esta es la diferencia entre el arrepentimiento humano (volverse del pecado para seguir a la Instrucción de Dios) y el arrepentimiento a nivel de Dios (cambiar su actitud hacia la humanidad con base a nuestro comportamiento).

Las Sagradas Escrituras describen muchas situaciones en las que Dios se ha lamentado o ha cambiado su curso de acción, y esto siempre es debido a errores humanos.

Por otra parte un ejemplo sencillo de esto es Cuando en Génesis dice «Y se acordó Elohim de Noaj (Noé)” (Génesis 8:1) como si se hubiera olvidado de él, es a mi parecer, un asunto de «lenguaje figurado» de las escrituras hebreas, donde nos encontramos con un «antropomorfismo», ósea, se le atribuyen características de hombre a Elohim, para hacerlo más cercanos a nuestra naturaleza. Es el hombre quien se arrepiente, olvida, peca, etc. y no YHVH. Para una sana «interpretación», es necesario considerar el lenguaje figurado, entre otras cosas. Recuerde «un texto fuera de contexto siempre sirve para un pretexto«.

Como dijimos, el Eterno se dolió al ver la profunda corrupción del camino de vida que la humanidad había escogido (Génesis 6:5). El relato deja claro que, con todo, Dios siente pesar cuando ve que la gente lo desprecia o lo desobedece. La Escritura está aquí describiendo a ese sentimiento que invade a todo padre cuando ve a sus hijos tomando malas decisiones que le llevan a errar y consecuentemente a sufrir. Esto experimentó el Altísimo cuando miró a Sus criaturas haciendo lo malo ante Sus ojos.

Pero esto no significa que se haya equivocado al crear al ser humano. Su dolor fue causado por el catastrófico estado al que la rebelde humanidad había llegado en la época pre-diluviana.  Pero la decisión estaba ya tomada, era momento de reemplazar a la humanidad, la gente de esa época sería arrasada.

Sin embargo, el dolor que los hombres le causaron no hizo que cambiara su forma de ver a la humanidad. El cambio de disposición de Dios hacia la humanidad pre-diluviana no le hizo en manera alguna abandonar Sus consejos eternos; de hecho, salvó a la raza humana al haber protegido a Noé y su familia del Diluvio (Génesis 8:21; 2 Pedro 2:5, 9).

Yahvéh conservó a este grupo de escogidos para formar un tronco de linaje nuevo, en un mundo purificado por el juicio, y en vista de introducir finalmente el Hijo del Hombre, nuestro Mesías, como cabeza de la creación y de todas las cosas.

Fue, pues, la desobediencia del hombre a la condición que Dios le puso para bendecirlo, lo que hizo cambiar a Dios tocante a Su disposición hacia aquél, y fue la inmutabilidad de la naturaleza de Sus consejos lo que preservó a Noé y su casa.

La corrupción del hombre no fue una sorpresa para el Eterno, ni sintió que crearlo hubiera sido un error. Es más, Dios siguió trabajando con los seres humanos después de esto, comenzando por Noé —quien “halló gracia ante los ojos del Eterno” (Génesis 6:8). A diferencia del resto de la humanidad, Noé era un hombre justo que caminaba con Dios (v. 9).

Entonces, ¿se equivoca Dios? Definitivamente No; Él es absolutamente perfecto. Los hombres son los que se equivocan y son inconstantes. Dios no se equivoca, su propósito es eterno y El mismo se encarga de que se lleve a cabo porque Él no comparte su gloria con nadie. Yahvéh no cambia de parecer, y lo más importante que debemos siempre tener en mente es que su voluntad es que los hombres se arrepientan, sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (2 Pedro 3:9, 1 Timoteo 2:4).

Por último, es necesario que entendamos que el Eterno se aflige por nuestro pecado; y los que quieren verdaderamente andar con Él, como lo hizo Enoc, sentirán también ese pesar que los conducirá al aposento de oración para compartir la aflicción de Dios, y experimentar en el ministerio de intercesión lo que el apóstol Pablo expresó:

«…como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo«. 
(2 Corintios 6: 10)


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Caín y… ¿su Esposa?

Por P.A. David Nesher

Todo escéptico y agnóstico tiene la costumbre malintencionada de abordar a los creyentes con el siguiente planteo: si Adán y Eva fueron los únicos seres humanos que Dios creó milagrosamente, ¿de dónde vino toda la gente que fue de gran preocupación para Caín?

Al leer el relato del cuarto capítulo de Bereshit (Génesis) vemos que después que el Eterno sentenció al homicida Caín para ser un “errante y extranjero” en la Tierra (Génesis 4:12), él le dijo al Señor:

Grande es mi castigo para ser soportado
(v. 13)

Luego añadió:

He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará

(vs. 14)

Entonces Yahvéh le respondió a Caín, diciendo:

Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado”. Entonces Yahvéh puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara
(v. 15)

¿Sugieren las referencias a “cualquiera” en estos versículos que el Eterno creó a otros seres humanos aparte de Adán y Eva?

“Y salió Caín de la presencia de YHVH y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén”
(Génesis 4: 16)


La expresión hebrea «Vayetze Kayin” que aparece en las mayorías de las versiones traducida:Y salió Caín, en realidad debería ser traducida “Caín se retiró». Esto se debe a que la expresión hebrea “se retiró” da a entender que  Caín fingió sumisión a la disciplina dada por el Eterno, como uno que pretende engañar la Mente Suprema.

En verdad la frase «Vayetze Kayin» traducida literalmente «Caín salió  de la presencia del Eterno» es poco adecuada para indicar que se retiró una actitud hipócrita y engañosa, ya que sabemos que el Eterno es Omnipresente y no es posible «salirse» de Su Presencia. ¡Él no puede ser burlado! (Gálatas 6: 7) Lo cierto es que el texto original da la clara idea del carácter perverso que había adquirido este varón, y la actitud rebelde con la que decidió continuar viviendo sobre la Tierra.

Efectivamente, después de que Caín asesinó a su hermano, se retiró de la presencia del Señor y de sus padres y vivió un tiempo errante hasta que conoció a su esposa y formó su familia.

Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad, del nombre de su hijo Enoc.”
(Génesis 4:17)

Ante esta parte del relato, la pregunta clásica que a lo largo de los siglos los hombres han hecho es:

¿Cómo consiguió Caín Su Esposa? ¿De dónde salió esta mujer? ¿Quién fue ella?

Como lo expresé al empezar esta bitácora, los escépticos de la Biblia han usado a la esposa de Caín una y otra vez para desacreditar el libro de Génesis como un registro fidedigno de la historia. Lamentablemente, la mayoría de los teólogos cristianos no han respondido adecuadamente a esta pregunta. Como resultado, el mundo los ve como incapaces para defender la autoridad de las Escrituras y por consiguiente de la fe que dicen profesar en Cristo.

Sin embargo, este cuestionamiento no es tan difícil de responder considerando muchos detalles del mismo texto que contiene dicho relato.

La respuesta clásica a esta pregunta trata de apoyarse en el texto mismo diciendo que Adán y Eva tuvieron muchos hijos e hijas y de entre ellas Caín escogió a su esposa. Esto significa que a Adán y Eva tuvo que haberles nacido una hija entre Caín y Abel, o después de Abel, para que unida a Caín, surgiera en el camino de Caín, un hijo o de su descendencia, que quisiera matarlo.

Diré que dicha solución es bien lógica e inteligente y se condice con el relato en cuestión. Pero, también diré que no deja de ser una especulación humana que por lo tanto ronda el relativismo racional que hay que evitar a la hora de defender la autoridad celestial de la Torah. Por lo tanto, nos conviene hacer una relectura del texto a fin de lograr captar secretos que los dogmas cegaron, y que, sin embargo subyacen vibrando debajo de las letras de la Escritura Sagrada.

Si analizamos detenidamente el Libro de Bereshit (Génesis),  notaremos que relata que Caín fue el primer ser humano nacido fuera del Gan Edén. Según la Biblia, Adán y Eva concibieron a Caín y su hermano Abel (¿gemelos?, v. 4) después de ser desterrados del Jardín por el Eterno, debido a que habían desobedecido su orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Tanto Caín, como su hermano gemelo Abel, nacieron en el ámbito de una humanidad caída. Fueron los primeros hijos nacidos fuera del Jardín, más no significa esto que hayan sido los primeros que aquella pareja hubiera tenido. En ningún renglón del capítulo cuatro se asegura que Caín haya sido el primogénito.

En el relato del tercer capítulo tenemos algunos indicios del idioma hebreo que nos dan un panorama en cuanto a que la primera pareja no eran los únicos humanos que habitan el huerto. Entiendo que a esta altura de la bitácora sus cabezas deben tener la sensación de estallar. Antes de continuar mi argumentación, iremos a escuchar la enseñanza apostólica de Pablo quien dice lo siguiente:

No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”.
(Romanos 5:14)

La expresión “… aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán…”, aseguran los eruditos bíblicos que debería traducirse de esta manera:

“… los que no desobedecieron el mandamiento explícito de Dios como lo hizo Adán…”

Ante esto surge la pregunta: ¿Había entonces en el Huerto otros que no desobedecieron el mandamiento explícito del Eterno, pero que por ser hijos de Adán e Ishá tuvieron que salir excomulgados del Edén? Desde lo que aparentemente este texto dice, la respuesta sería sí.

Estoy convencido que la expresión: “Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes” (Génesis 3:20), nos permite dilucidar más claramente la respuesta al planteo hecho. Adán le cambió el nombre a su mujer de Ishá (Varona por ser la representación de su esencia) por el de Java (Eva) porque era la madre de todos los vivientes. Entiéndalo bien, de acuerdo al tiempo verbal utilizado, Adán no le cambió el nombre a Eva porque sería la madre de todos los vivientes, sino que ya era madre de todos los vivientes que hasta allí con ellos estaban.

Desde este planteo conviene entender lo que Yahvéh le dijo a la mujer:

“… Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y a tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti”.

(Génesis 3:16)

¿Multiplicaré?… Es decir que el Eterno le anuncia a Eva que aumentaría en una forma que ella no podría imaginar “…dolores y…preñeces”, términos de maternidad que evidentemente aquella mujer ya interpretaba por experiencia propia.

Pero lo que terminará confirmando lo acertado de esta interpretación será analizar la raíz hebrea de: “Y dio también a su marido” en el verso 6 del tercer capítulo de Bereshit:

«Vatiten gam le’ishah» –-

La expresión «Gam» que aquí se traduce por también, encierra la idea de incluir a muchos, después del primero.

la-familia-adan-eva

La frase «… dio también a su marido junto con ella…» implica que ella le dio del fruto inmediatamente después de haber comido de él. El término hebreo «Gam» (–también-) expresa la idea de incluir, agregar a muchos en una acción después de que uno la comience. O sea que el relato aquí implica que además de dar del fruto a su marido, Eva también procedió a dárselo a alguien más (¿los vivientes de los que ya era madre?).

Como lo he dicho más arriba, Caín fue el primer hijo de Adán y Eva nacido fuera del Edén que registra las Escrituras (Génesis 4:1). Él y sus hermanos, Abel y Set (Génesis 4,2, 25), fueron parte de la primera generación de hijos nacidos en la Tierra en condición de humanidad caída. Pero lo que también entendemos es que, aunque no se mencionan los nombres, Adán y Eva tuvieron un gran número de hijos e hijas (Génesis 5:4). Esta expresión abarca tanto a los que les nacieron en el huerto, como a los que fueron contemporáneos de Caín. Claramente, es difícil que alcancemos a comprender cómo era el mundo en un principio y el tamaño que pudo llegar a tener la primera familia, ¡pero debemos recordar que Adán vivió, después de ser expulsado del Gan Edén 930 años! (Génesis 5:5).

Vemos que Caín cambia su oficio de labrador de metales, por el de constructor de metrópolis, ya que edificó una ciudad y le puso el nombre de su hijo, la cual vino a ser la primera ciudad del mundo. Según esto, Caín no quería someterse a lo dicho por Dios, de que sería errante; construyendo una ciudad, para radicarse en ella.

El escritor de Bereshit no habla más de la vida de Caín, sino solo para hacer referencia de pecado; y no se sabe ni como vivió de ahí en adelante, ni como murió.

Es indudable que la intención del autor del libro (Yahvéh es Su Bendito Nombre) quiere revelar a Su Pueblo por medio de este relata cuál es el antidiseño por medio del cual las tinieblas se aseguraron siempre su injerencia en las naciones. Este antidiseño, denominado «hombre rebelde» ha contaminando la Tierra en todos y cada uno de sus estratos, a lo largo de toda la Historia Universal.

El Eterno, nuestro Abba, se aseguró en este relato mostrar cómo la creación gime cada día delante de Su Trono desde el día que la humanidad cayó en los ámbitos infrahumanos de las tinieblas, conocido como pecado. La creación clama y reclama al Eterno la manifestación de sus hijos, como un reinado de sacerdotes (Éxodo 19: 5-6). La Creación sabe que ellos y sólo ellos serán los que pueden colocarle el punto final a todo este sistema violento que atenta día a día contra el Propósito Eterno de Dios: una Nueva Humanidad llegando a la estatura plena del Varón Perfecto que por ella intercede día y noche a mi derecha. Un ser humano a la estatura y  plenitud de Yeshúa, el Mesías.

Con amor y en amistad:

P.A. David Nesher

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CONTRA EL HOMBRE REBELDE

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?

Por P.A. David Nesher

Y fue cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijos; y vieron los hijos de los señores que las hijas del hombre eran hermosas, y tomaron para sí mujeres entre todas las que habían escogido. Y dijo el Eterno: no luchará para siempre conmigo mi espíritu por causa del hombre, porque él es también carne; y serán sus días (de vida) ciento veinte años. Los gigantes estaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando conocieron los hijos de los señores a las hijas del hombre y les parieron hijos; éstos fueron los valientes que siempre hubo, varones de fama. Y vio el Eterno que era grande la maldad del hombre en la tierra, y que todo el impulso de los pensamientos de su corazón era exclusivamente malo todos los días. Y se arrepintió el Eterno de haber hecho al hombre en la tierra, y se afligió en su corazón. Y dijo el Eterno: borraré al hombre que cree, de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el cuadrúpedo, hasta el reptil y hasta el ave de los cielos; porque estoy arrepentido de haberlos hecho. Más Noé halló gracia ante los ojos del Eterno”.(Bereshit / Génesis 6: 1-8)

Antes que nada, conviene que les exprese una realidad. Todos los hechos pre-diluvianos suelen ser oscuros e imposibles de abordar desde la documentación científica, pues el Mabul (Diluvio) fue una gran debacle que borró o alteró perpetuamente los rastros de épocas anteriores. Por lo cual, el único documento fiable y veraz con el que contamos es el relato que el Eterno hizo de los acontecimientos en el sexto capítulo del libro Bereshit (Génesis). Relato que se encuentra exclusivamente en la Torah (Instrucción), y que debe ser interpretado a la luz de las explicaciones que oralmente el Creador trasmitiera a Moshé (Moisés), y éste a los sacerdotes de la nación de Israel para ser transmitida a las generaciones de escogidos que formarían Israel por todos los siglos.

Recordemos que el relato de los documentos usados por Moshé en los diez primeros capítulos de este libro no persigue el objetivo de otorgar información científica (para eso está el trabajo humano), sino que buscan crear una concientización de características celestiales en las mentes de los Beney Israel (hijos de Israel) que estaban siendo entrenados por Moshé en el desierto a fin de convertirse en una nación de sacerdotes (Shemot 19:6).

Muchos comentaristas sostienen que estos ‘hijos de Dios’ (hebreo: Beney HaElohim) eran descendientes varones de Seth, el hijo de Adam que sustituyó a Abel en el sacerdocio de justicia (Malki-tzedek). Estos estudiosos de los códigos escriturales se basan en la premisa de que el fiel Noaj (Noé) procedía de la línea de Set, mientras que los demás linajes que descendieron de Adán —el de Caín y los de sus otros hijos (Gé 5:3, 4.)— perecieron en el Diluvio. Por ello alegan que el que los “hijos del Dios” tomaran por esposas a “las hijas de los hombres” (que bien interpretan como descendientes de Caín). Por ello, aseguran en sus comentarios bíblicos que hubo uniones matrimoniales entre los sethitas y las descendientes del malvado Caín.

Sin embargo,  no hay nada que muestre que en aquel tiempo Dios hiciera tal distinción entre los linajes humanos. El resto de las Escrituras no confirma esta conclusión, a saber, que las dos líneas hicieran enlaces maritales de los que nacieron los “poderosos” (hb. guibborim) de que habla el Génesis  6 versículo 4. Si bien es cierto que la fórmula “hijos de los hombres» [o “de la humanidad”] que los defensores de la postura antes indicada contrastan con el apelativo ‘hijos de Dios’, se suele emplear de manera peyorativa, no siempre es así. (Compárese con Sal. 4:2; 57:4; Pr 8:22, 30, 31; Jer 32:18, 19; Da 10:16.)

Los partidarios de la interpretación citada con anterioridad cuestionan que los “hijos del Dios verdadero” (de Génesis 6:2-4) sean criaturas angélicas, pues objetan que el contexto se refiere exclusivamente a la maldad humana. Sin embargo, no es una objeción válida, pues la interferencia malévola de espíritus en los asuntos del hombre podría contribuir o potenciar el aumento de la iniquidad humana. Aunque estos seres no se materializaron cuando Yeshúa HaMashiaj estuvo en la Tierra, fueron responsables de conducta humana sumamente degradada.

Estudiando sin prejuicio este pasaje, resulta lógico que Bereshit (Génesis) mencione la interferencia de algunos hijos angélicos de Dios en los asuntos humanos, ya que da cuenta a buen grado de la gravedad de la situación existente en la Tierra antes del Diluvio.

Al hablar de la expresión hebrea Elohim podemos notar que en Shemot o Éxodo (4: 16; 7:1), el nombre Elohim [plural de Eloha] en términos generales significa señorío, autoridad, y/o poder. Dependiendo del contexto, puede referirse a Dios mismo o a una autoridad terrenal. Cuando se refiere a Dios, indica un atributo (por oposición a  que es Su Nombre propio): el hecho de que Él es el «Señor» o máximo poder y autoridad en el mundo; por eso también esta íntimamente ligado al concepto de juicio.

Como vemos Elohim es una palabra que denota poder, autoridad y por eso también esta palabra se aplica al Eterno, pero no quiere decir que su significado sea solamente “Dios”. Al Eterno también se le llama el Gran Elohim, porque por su puesto Él tiene gran poder, tiene gran autoridad, es majestuoso.

La palabra por extensión, también es aplicada a los dioses de los idolatras.

Por lo tanto, el término hebreo Elohim puede referirse más bien a los que están en eminencia sobre muchas personas y ello puede ser para bien o para mal.

Entonces aquellos Beney HaElohim (“hijos de Dios”) no eran seres humanos, sino hijos angélicos de Yahvéh (compárese con Job 1:6; 2:1). Asimismo, no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38:4-7) eran hijos angélicos y no descendientes de Adán, que evidentemente por este relato del libro de Job, estaba recién siendo creado, por lo que los seres angelicales estallaron en ovación. Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

El escritor bíblico Judas (hermano de sangre de Yeshúa), dice acerca de algunos ángeles: “y además que a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada” (Judas 6). En otras palabras: dejaron su lugar de asignación jerárquica celestial prefiriendo vivir con mujeres hermosas en la Tierra.

Lo que nos resulta aún más interesante para nuestra consideración es que Judas añade que aquellos ángeles rebeldes fueron como los habitantes de Sodoma y Gomorra, que ‘que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, contra naturaleza,… (Judas 7).

De igual modo, el apóstol Pedro lo corrobora, pues hace referencia a “los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé” (1Pe 3:19, 20), así como a los “ángeles que pecaron”, a los que menciona en conexión con el “mundo antiguo” del tiempo de Noaj. (2Pe 2:4, 5).

Las mismas líneas de las Sagradas Escrituras nos revelan que en ciertas ocasiones hubo ángeles que materializaron cuerpos humanos y que hasta comieron y bebieron con hombres. (Génesis 18:1-22; 19:1-3.)

La declaración de nuestro Mesías de que los resucitados no se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como los “ángeles en el cielo”, muestra que entre tales criaturas celestiales no existe el matrimonio, pues no son seres sexuados. (Mt 22:30.)

Ahora bien, de esto no se infiere que no pudieran materializar cuerpos humanos y formar vínculos matrimoniales con mujeres, como los teóricos pro-setitas aducen. Cabe notar que la referencia de Judas a los ángeles que no guardaron su posición original y abandonaron su “propia morada” (entiéndase como lugar habitacional de propósito del ámbito de los espíritus) precede de manera inmediata a las palabras: “Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas —después que ellas de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido la carne extraña, (otra versión: “yendo en pos de carne para uso contranatural”) fueron puestas por ejemplo”. (Judas 6: 7).

La versión griega Septuaginta (o Versión de Los Setenta) usa el mismo término en Deuteronomio 32:8, y se refiere a los ángeles. Otra variación de esto es Beney HaElohim, que significa que los hijos de los poderosos (Salmo 29:1, 89:6, 82:6). Otra forma que está en arameo, bar Elohim, que significa un hijo de los dioses. Por lo tanto, en todas partes en que se utiliza, es una referencia a los ángeles.

Por lo tanto, las pruebas escriturales señalan de manera contundente a que en los días de Noaj algunos ángeles se descarriaron y cometieron actos contrarios a su naturaleza de espíritus. Por consiguiente, no parece que haya razones válidas para cuestionar que los ‘hijos de Dios’ de Génesis 6:2-4 fuesen ángeles.

Por lo tanto, y considerando también la opinión estudiosos de los dos primeros siglo de nuestra Era Común, como Filón, Flavio Josefo, Tertuliano, Justino, Clemente de Alejandría, (entre otros), aceptaremos que la expresión hebrea Beney HaElohim se refiere a los ángeles que son enviados en misión por el Omnipresente. En este contexto, esta expresión señala a los nobles y los dignatarios jueces de las dimensiones celestes que determinaron abandonar su puestos asignados en la organización celestial conocida como elohim, prefiriendo los ámbitos terrenales como lugar de habitación para poder tener conexiones carnales con las mujeres pecaminosas que los invocaban con sus ritos de maquillaje mágico.

Desde esta rebelión contra el diseño divino, estos seres se pervirtieron, y aprovechándose de la fuerza e inteligencia sobrehumanas de su naturaleza, estos ángeles caídos ejercieron una influencia nefasta sobre la humanidad. De hecho, es muy probable que controlaran y dominaran a toda la sociedad humana. No trabajaban en secreto, como lo haría un criminal que oculta su identidad para llevar a cabo sus fechorías en la sombra. Al contrario, actuaban abiertamente, en descarada rebelión contra Dios y sus mandatos.

Las Sagradas Escrituras no da todos los pormenores sobre lo que hicieron aquellos ángeles desobedientes. Pero eso será tema para otra bitácora. Por ahora, considero que tu mente, querido lector, ya acumuló lo suficiente para meditar.

¡Shalom!

Con amor y amistad en servicio: P.A. David Nesher


Bitácoras Relacionadas:

Relatos Antiguos del Diluvio

«Estos tres son los hijos de Noaj, y de ellos fue llena toda la Tierra.»

(Génesis 9: 19)

La historia de Noaj (Noé) y el diluvio (Génesis capítulo 6) es el ejemplo clásico que usan los detractores del Eterno para acusar a la Escritura Sagrada (La Biblia) de copiar de los mitos de otros pueblos de la antigüedad. Muchos escépticos seudocientíficos, junto a sus acólitos, suelen decir que el relato bíblico del diluvio sería un plagio de los mitos sumerios; a veces de Zuisudra y otras de Utnapishtim. Sin embargo, un examen detallado nos muestra que las similitudes no van más allá de un tema común. Ni siquiera se puede sostener que la Biblia haya adaptado un relato mítico, mucho menos hablar de un plagio.

Lo cierto es que haciendo una investigación minuciosa por las distintas civilizaciones, encontraremos que las tradiciones de los antiguos en todo el mundo comparten en común la inclusión de historias de diluvios. Descubriremos que en las leyendas del mundo, es común encontrar relatos sobre una gran destrucción producto de las aguas. Es evidente que todos esos mitos, que provienen de pueblos separados por grandes barreras geográficas, lingüísticas y culturales, no podrían simplemente haberse copiado unos de otros. La explicación de esta coincidencia temática debe encontrarse en otra parte.

Entendamos que si el diluvio fue la primera catástrofe natural que la humanidad conoció. Un cataclismo como el Diluvio, que eliminó de la existencia a todo el mundo de aquel tiempo, sería algo que jamás olvidarían los sobrevivientes. Hablarían de ello a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Desde esto, entonces no es difícil ver cómo llegó a convertirse en un tema recurrente en los distintos pueblos de todas las civilizaciones. Los desastres debido a la fuerza de las aguas, son enormes, imprevisibles, imposibles de resistir y parecen provenir de los cielos. Estas características explican que los hombres de diferentes partes del mundo, sin importar su cultura y sin estar en contacto entre sí, pensaran que un diluvio era un castigo divino.

A su vez, los factores que definen este arquetipo, la destrucción por las aguas de origen divino, bastan para explicar los elementos que se repiten entre todos los mitos (la molestia de los dioses, la advertencia previa, escapar usando algún tipo de navío). Más allá de esos elementos, los relatos del diluvio alrededor del mundo presentan notables diferencias (motivo del diluvio, su duración, tipo de embarcación, número de humanos salvados).

Los relatos mesopotámicos han acaparado la mayor discusión debido a que están culturalmente más cerca del material bíblico que cualquiera de las otras narraciones no bíblicas. El relato del diluvio mesopotámico más famoso es la versión babilónica que se encuentra en la biblioteca del rey asirio Ashurbanipal (siglo VII a.EC) como parte de la extensa epopeya de Gilgamesh.

En esta epopeya, Gilgamesh busca a un hombre llamado Utnapishtim (el equivalente del Noé bíblico), cuya historia es contada de nuevo. Cuando uno de los dioses más altos, Enlil, se enoja por causa del ruido cacofónico que proviene de los seres humanos, decide inundarlos y destruirlos en un diluvio catastrófico. Enkil, el dios de las aguas, revela el intento de Enlil, al mortal Utnapishtim, y lo dirige para que construya una enorme arca para que la llene con parejas de animales. Le ordena no revelar la razón de este proyecto de construcción fabuloso; además, en un punto crítico, Utnapishtim recibe órdenes de subir a bordo a su esposa con él. Durante siete devastadores días, Utnapishtim y su esposa son zarandeados en esta arca mientras la inundación se traga la tierra. Cuando finalmente las aguas decrecen, el arca queda acomodada en una punta de un del alto monte. Utnapishtim envía una paloma, una golondrina y un cuerpo, el cual no regresa, aparentemente al haber encontrado alimento.

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Luego, el hombre desembarca y ofrece sacrificios abundantes a los dioses, quienes a su vez le conceden a él y a su esposa la vida eterna por haber salvaguardado el futuro de los seres humanos y los animales.

Un relato acadio que data aproximadamente del año 1600 a.EC. Vuelve a narrar básicamente la misma historia como incrustada en la épica babilónica de Gilgamesh, excepto en el personaje de Noé se llama atra-Hasis. Una versión sumeria aún más antigua, conocida como Eridu Génesis, contiene la historia de la creación y el desarrollo de las primeras ciudades, junto con un relato del gran diluvio. Aquí el héroe es Ziusudra.

Al asumir una fecha posterior para composición bíblica, algunos eruditos han sugerido que las narraciones mesopotámicas pudieron haber servido como un prototipo para las narraciones de Génesis. Pero la mayoría de los investigadores creen que el relato bíblico no es simplemente una modificación de las historias mesopotámicas, sino una de las varias versiones de una historia común. las diferencias pueden atribuirse a una revelación especial que Dios les dio a los escritores de las Escrituras Sagradas (Biblia), incluyendo a Moshé, el autor del Bereshit (Génesis), a través de quien dio a conocer Su Plan de Redención las otras versiones proporcionan confirmación extra-bíblica de la historia, en vez de demostrar, cómo algunos han sugerido, que la narración bíblica es un mito.

Los griegos también tenían un relato del diluvio, donde se observan las mismas coincidencias temáticas con diferencias fundamentales. Esta vez es Zeus quien decide castigar a los hombres porque el rey Licaón faltó a la hospitalidad, y Prometeo advierte a su hijo, el rey Deucalión, sobre el diluvio. Deucalión y su mujer Pirra construyen una nave, la llenan con provisiones, y luego de flotar por nueve días hacen tierra en el monte Parnaso. En ese lugar, y por consejo del oráculo, reconstituyen la raza humana arrojando piedras a sus espaldas. Es más, el dato curioso es que los griegos hasta hoy se llaman helenos por su legendario antecesor, Heleno, hijo de Deucalión y Pirra.

Realizando todo un tours histórico por las creencias mundiales, veremos que los egipcios, los griegos, los chinos, los druidas de Bretaña, los polinesios, los esquimales y groenlandeses, los africanos, los hindúes y los indios americanos, todos ellos tienen sus propias leyendas sobre el Diluvio.

Aún en la América precolombina aparece el relato de este Diluvio. Ixtlilxoxhitl, el historiador nativo de los aztecas, afirma que el primer mundo duró 1716 años antes de ser destruido por un diluvio. Es muy interesante destacar que esta cifra solamente difiere en 60 años de la que nos da la Torah, por adición de las edades del quinto capítulo de Bereshit.

Los hotentotes de Sudáfrica creen que descienden de un tal «Noh» que se salvó con su familia de la invasión de muchas aguas; y el relato mítico de Hawai habla también de un diluvio del que solamente «Nu-u» y su familia se salvaron.

Los lectores de las Sagradas Escrituras reconocerán inmediatamente las similitudes entre los relatos mesopotámicos, griegos, amerindios y bíblicos. Pero también hay diferencias significativas. De acuerdo a la Biblia, el Eterno no estaba simplemente irritado con estrépito de la humanidad; la Escritura narra que estaba profundamente afligido, hasta el punto de que “le dolió el corazón” por la magnitud de la iniquidad, la rebelión y el pecado que la humanidad había alcanzado (Gén. 6: 5-7). Tampoco la astucia de otra deidad frustró su plan; Dios mismo escogió preservar tanto la humanidad como la vida animal a través de Noaj (vv. 13-22). Génesis también declara acerca de un periodo de diluvio más largo y, aunque Dios hizo un pacto con Noé, no le concedió la inmortalidad.

El análisis profundo de todos estos relatos populares del Diluvio nos permiten notar que están en armonía con algunos rasgos importantes del registro bíblico:

  • 1) un lugar de refugio para unos pocos sobrevivientes,
  • 2) una destrucción universal por agua para el resto de los seres vivos y
  • 3) la conservación de personas humanas.

La obra The International Standard Bible Encyclopedia (edición de G. Bromiley, 1982, vol. 2, pág. 319) dice a este respecto: “Se han hallado relatos de un Diluvio en casi todas las naciones y tribus del mundo. Aunque más comunes en el continente asiático y sus islas meridionales, así como también en América del Norte, estos relatos se han hallado en todos los continentes. La cantidad de relatos conocidos se cifra en unos doscientos setenta […]. En conjunto, se toman como prueba de que la humanidad sufrió una destrucción mundial en un gran diluvio, y que luego la raza humana se multiplicó a partir de una sola familia y desde un mismo lugar. Aunque puede que no todas las tradiciones se refieran a un mismo diluvio, parece que una gran parte de ellas coincide. Si bien se ha dicho que muchos de estos relatos se deben a la influencia de los misioneros, la afirmación no se sostiene, pues han sido los antropólogos quienes, sin un particular interés en la vindicación del testimonio bíblico, han recogido la mayoría de estas narraciones, que tienen un alto componente de fantasía y paganismo, resultado obvio de la transmisión oral por largos períodos de tiempo en una sociedad pagana. Además, algunos de esos relatos antiguos los escribieron personas que estaban manifiestamente en contra de la tradición hebreo-cristiana”.

Ante todo esto entendemos que hay un par de explicaciones posibles para la existencia de múltiples relatos de inundaciones.

Una explicación – que Génesis fue una copia de Gilgamesh – ya se ha discutido y no parece encajar con los datos disponibles.

La otra explicación posible es que la inundación fue un acontecimiento verdadero en la historia del género humano que fue heredado a través de las generaciones de diferentes culturas. Si es así, el relato de Gilgamesh parece haber experimentado algunas transformaciones más bien radicales. La historia es un mito más bien absurdo que tiene poco gran parecido a la realidad. En el contraste, el relato del Génesis es un relato lógico, aparentemente objetivo de un acontecimiento histórico. Carece de los aspectos mitológicos obvios de la Epopeya de Gilgamesh.

Terminemos esta bitácora permitiéndole a nuestra lógica realizar conclusiones correctas sumergiéndose en las líneas del relato en Bereshit.

Sabemos que el Diluvio puso fin a la rebelión que estalló tiempo atrás entre los ángeles. Influenciados por el egoísmo de Satanás, muchos de ellos habían dejado su posición en el cielo para vivir en la Tierra con mujeres, con quienes tuvieron hijos híbridos llamados nefilim (Judas 6; Génesis 6:4). Satanás tuvo que haber estado feliz, pues dicha rebelión degradó aún más a la humanidad, la obra maestra de la creación terrestre del Eterno.

Ya en los días del justo Enoc, casi siete siglos antes del Diluvio, Yahvéh había advertido que destruiría a los malos (Génesis 5:24; Judas 14, 15). Pero la gente empeoró, al punto de arruinar la Tierra y llenarla de violencia. Finalmente llegó el momento de la ejecución. ¿Se alegraron Noé y su familia por lo que estaba sucediendo?

De ningún modo. Y tampoco su compasivo Dios (Ezequiel 33:11). Entendamos que Yahvéh hizo todo lo posible por salvar a cuantos pudiera. Envió a Enoc a advertir a la gente y ordenó a Noé construir un arca. Noé y su familia pasaron décadas en esa labor monumental a plena vista de sus contemporáneos. De hecho, Dios nombró a Noé “predicador de justicia”, y este, al igual que Enoc, informó a las personas sobre el juicio que se avecinaba (2 Pedro 2:5). ¿Qué respuesta obtuvo? Yeshúa, nuestro Mesías, dijo siglos más tarde:

“…y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre…

(Mateo 24:39)

Interesante será notar que Sem, el hijo de Noé, que después del Diluvio vivió quinientos años, pudo relatar el acontecimiento a muchas generaciones. Murió tan solo diez años antes del nacimiento de Jacob. Moisés conservó el relato verdadero en Génesis. Algún tiempo después del Diluvio, cuando la gente que desafiaba a Dios construyó la Torre de Babel, Jehová confundió su lenguaje y los dispersó “sobre toda la superficie de la tierra”. (Gé 11:9.) Lo más lógico era que estas personas llevasen consigo historias del Diluvio y las pasasen de padres a hijos. El hecho de que no solo haya algunos, sino tal vez cientos de relatos diferentes sobre aquel gran Diluvio y que tales relatos se hallen entre las tradiciones de muchas razas primitivas por todo el mundo, es una fuerte prueba de que todas estas personas tuvieron un origen común y de que sus antepasados primitivos compartieron la experiencia de aquel Diluvio.

Numerosos escritores bíblicos corroboran que el Diluvio ocurrió en realidad. (Isaías 54:9; 2Pedro 3:5, 6; Hebreos 11:7.). Pero la prueba más contundente la da nuestro propio Señor Yeshúa, quien aseguró que las características proféticas de los últimos días serían semejantes a los de los «días de Noé» (Lucas 17:26, 27).

En conclusión, vemos que las Santas Escrituras, proporcionan numerosas pruebas que apoyan la autenticidad del relato del Diluvio. Éste no depende de meras tradiciones de hombres, del folclor de pueblos primitivos o de hallazgos geológicos y arqueológicos.

Las Escrituras Sagradas son tan claras como su autoridad misma. Aunque fue escrita por muchos diferentes hombres, el Espíritu Santo del Eterno es el verdadero autor de cada una de sus líneas. La Segunda Epístola de Pablo a Timoteo (3:16-17), nos dice que toda la Escritura es inspirada por Dios, lo cual significa que fue literalmente «espirada por Dios«. Él la escribió, Él la ha preservado a través de los siglos, Él vive dentro de sus mismas páginas y su poder es manifiesto en nuestras vidas a través de ella.

Las Garras de la Religión (Génesis 3)

Por P.A. David Nesher

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.

(Génesis 3:4-6) 

Hemos dicho que los ojos son el símbolo del conocimiento sensorial, es decir el conocimiento que se adquiere a través de la experiencia de los sentidos intentando descubrir y dominar todo el cosmos que está fuera del hombre.

Ahora, tenemos que señalar que desde allí (los ojos) comenzó la religión matriz («Simiente de la Serpiente«) que inspira los paradigmas anti-Dios de todas las demás formas religiosas. Su nombre es el Materialismo Práctico. Su sustancia reptiliana: el racionalismo que surge de las experiencias sensoriales y de acuerdo a ellas elabora opiniones relativas. La acción destructora del racionalismo se logra con el ejercicio autónomo del libre albedrío. De esta manera el materialismo se sostiene energizando a la serpiente antigua y su sistema de cosas.

En pocas palabras, el materialismo es la madre de toda “iniquidad”, que es la atadura con la que HaSatán logra mantener esclavizados a los seres humanos de las distintas generaciones.

¿Cómo consigue el materialismo que la iniquidad ate a las personas?

Por medio de sus tres garras:

  • 1º_ El Individualismo
  • 2º_ El Hedonismo, y
  • 3º_ El Utilitarismo

Estas tres garras la religión conducen al hombre a ser un consumista y este es el sentido del pecado.

En el capítulo tres del libro de Bereshit (Génesis) vemos al materialismo aparecer como la doctrina creada por “los ojos” de la humanidad caída.  Sus dogmas sostienen que está bueno «aquello» lo de «más allá» la persona humana. La dinámica de muerte de esta doctrina funciona así: todo lo que está fuera de mí es mejor que lo que yo mismo soy. Entonces se desarrolla en mi interior paradigmas anti-Dios que hace al objeto que miro agradable porque considero que me sirve para alcanzar sabiduría, es decir plenitud adquirida con la acumulación de mis experiencias.

La mujer vio que el árbol era bueno; lo que está afuera es mejor que lo que hay dentro del ser humano. Eso es materialismo. Entonces la mujer percibió que  su fruto era agradable, la podía llevar a experimentar placeres nunca antes vividos. Se produce así  el hedonismo, que es la búsqueda del placer por el placer mismo. El placer como fin máximo y absoluto de la existencia. El espíritu de la religión empieza así a expandirse en sus consecuencias. El fruto me permitirá sí o sí ser exageradamente feliz (bienaventurado). Entonces la cosa se convierte en útil y valiosa. Por lo tanto, yo comienzo a perseguir la utilidad de las cosas, e incluso las personas, para alcanzar esa plenitud que en mi interior no encuentro. Así surge entonces la tercera garra de la religión es  utilitarismo; entonces la utilidad se vuelve principio de mi moral.

Observando esta secuencia en el relato del hombre caído (Génesis cap. 3) notamos que aparece el individualismo.  El varón ya no la llama Ishá (Varona) a su compañera, tal y como lo hizo cuando la discernió con su espíritu (Gn. 2:23) Ahora, bajo la hipnosis reptiliana, la separa como alguien diferente a  él. Ella, ahora  es la que le provoca problemas y es digna de ser tenida en menos. La sexualidad se denigra a la mera y simple genitalidad sensorial. El materialismo ha provocado la primera guerra mundial: la de los sexos.

Con toda esta estructura mental anti-diseño divino, la misión del hombre convertirá en consumismo.

Por causa de esta desobediencia y esta auto-degradación, el Eterno Dios le advierte al hombre las características que tendrá el nuevo estilo de vida asumido:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”.

(Génesis 3:17-18)

La tierra no les va dar nada sino “cardos y espinos”. Para que el hombre pueda extraer de la tierra su alimento necesitaría luchar contra la tendencia natural de la tierra de producir espinos y cardos. Los espinos y cardos que produce la tierra son el símbolo de una tierra maldita por el pecado del hombre que escogió consumir desde dogmatismos carnales, en vez de producir desde su sacerdocio santo.

Por causa del materialismo, todo el interior del hombre se volverá un deseo obsesivo e insaciable por todo lo que está fuera de él.

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¿Una Costilla con Forma de Mujer?  

Por P.A. David Nesher

Leamos primero el segundo capítulo del Bereshit (Génesis), se lee:

«Entonces YHVH Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas (mitsal’otav)  y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que YHVH Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre».

Bereshit (Génesis) 2: 21-22

mitsal’otav– “ de sus costillaso «de sus costados«– Este término significa: «de sus costados«.

Para entender lo anterior es necesario remitirnos primeramente  al verso 27 del capítulo uno [zajar unekevah bara otam: “macho y hembra lo creó-] Moshé aquí explica que el ser humano que fue creado [se está usando singular en el verbo bará] en una completa unidad de dos facetas o rostros. Los sacerdotes aarónicos explicaban este texto como que el hombre, inicialmente tenía dos rostros que más tarde fueron separados. Esto quiere decir que originalmente poseía Adam tanto la forma masculina como la femenina. De esta manera, la separación de Adam de la forma femenina fue lo que constituyó la creación de Ishá (Varona), [más tarde llamada Java (Eva)].

En el primer capítulo de Bereshit, el escritor relata cómo fue creado el ser humano revelando el propósito y la misión de este diseño divino. Ahora, en el segundo capítulo se nos ofrecen los detalles históricos de ese evento creativo. Es decir, que en el libro de Bereshit no existen dos creaciones del ser humano, sino que hay dos descripciones de un mismo hecho.

Al avanzar por el capítulo número dos, notamos que la vida del hombre se desarrolla en el jardín pero en soledad, sin ayuda idónea.

Al nombrar a la totalidad de los animales que viven en y sobre la Tierra, el hombre los integra a su vida y ejerce su vocación y dominio sobre ellos. Esta tarea lo lleva a una profunda conclusión: ninguno de los animales puede servirle de ayuda idónea. Es decir, no pueden permitirle desarrollar una relación social íntima y de importancia trascendental.

Ante esto, el Eterno responderá a esa necesidad, decidiendo proveer a esa necesidad de compañerismo esencial en el hombre. Es que la imagen divina misma empuja al hombre a darse cuenta que no puede vivir en la soledad de un individualismo. Por el contrario, el ser humano necesita trascender desde experimentar la comunión con otro que le permite valorar la unidad desde la diversidad.

La palabra hebrea tzelá (צֵלָע) traducida aquí como costilla, indudablemente significa también «costado, flanco, lado, banda”, pero también «ejes», y tiene también otros significados que se deducen según el contexto en que se encuentre. La traducción del término en el versículo citado es por tradición el de “costilla”, pero expresa más precisamente una parte colocada simétricamente respecto a otra igual. Por tanto se puede hablar más de “costado” o “flanco frontal” que de “costilla”.

Pero dado que, según se lee, este tselá (צֵלָע) debía ser algo que se encuentra bajo la carne, pues Dios debió practicar una abertura (Gen 2; 21), un poco como sucede en una operación quirúrgica (y durmió a Adán antes de la “operación”), el significado del término podría declinarse al de “costilla”.

En la mente de los traductores, pero quizás también de quienes narraron originalmente el episodio, esta “parte” debía por tanto ser la “costilla”. El texto griego de la Biblia, los Setenta, traducen la palabra tselá (צֵלָע) como “pleurá«, que significa tanto “costilla” como “flanco frontal”, como sucede con el hebreo.

Lo cierto es que tselá (צֵלָע) significa una porción del costado medio frontal del hombre y no una costilla.

El relato dice que Yahvéh tomó el hueso y la carne del costado (tselá – צֵלָע) de Adam para hacer a la mujer. Entonces ella surgió a existencia de la propia vida del varón, estableciéndose así el principio de “Vida engendra vida”.

La mujer fue hecha de uno de los huesos del costado, para que puedan compartir la vida juntos en mutua protección, preocupación, amor y cuidado. Como veremos en otra bitácora, fue el pecado el que cambió la intención original de Dios en esta relación (Gen. 3:16).

De la costilla que le había quitado al hombre, Yahvéh nuestro Dios hizo (baná) una mujer y se la presentó al hombre (2:22). La palabra hebrea baná significa construir. Esto proporciona la maravillosa revelación de que Yahvéh en realidad construyó a una mujer del costado de Adán. La costilla de Adán formó el material básico del cual fue «construida» su compañera. La mujer fue formada para tener una unidad inseparable y compañerismo de toda la vida con el hombre, y la forma en que fue creada sirvió para establecer el verdadero fundamento del estatuto moral del matrimonio.

Eva fue el regalo de Dios a Adán, una ayuda idónea hecha para él. Por eso, el varón al verla expresará perfectamente su naturaleza a través de tres declaraciones:

Primera: Reconoce la igualdad del nuevo ser. Ella también es humana y constituida con la misma materia del varón (“Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne*, v.23).

Segunda: Le concede el derecho de identidad propia. (“será llamada Ishá”, v. 23) Aceptando así la sexualidad en lo femenino, como instrumento divino que completa y complementa la plenitud de la humanidad. He señalado que la palabra hebrea para la mujer es ishá, y la palabra hebrea para el hombre es ish. El juego de palabras es el siguiente: la isha viene del ish. Esto sólo tiene sentido en hebreo, demostrando una vez más que fue la primera lengua. Por lo tanto, la mujer procede del hombre, es regalo divino para el hombre, ella fue dada al hombre, y luego es nombrada (adquiere significado) por el hombre.

Tercera: Por su origen, el varón mismo, la mujer es el único ser compatible que puede al varón hacerlo sentir completo y pleno. El varón le da vida a la mujer; la mujer le da vida a la humanidad. La humanidad en constante legado, será la plenitud de todo varón.

Con estas declaraciones el varón, ahora con nombre propio Adán, expresa delante del Eterno su aceptación y satisfacción completa, asumiendo así delante de todos los testigos presentes (huestes celestiales) el compromiso de proteger a la mujer como su propio cuerpo.

Esto nos deja bien claro que en el antiguo Israel, al menos de cuanto resulta de las fuentes bíblicas, no existe declaración alguna de inferioridad de la mujer respecto al varón, y por tanto el versículo en cuestión no debe ser forzado en ese sentido como algunos religiosos machistas pretenden.

Al terminar, me parece oportuno hacerlo con la famosa explicación que Matthew Henry dio acerca de la costilla de Adán:

Que la mujer fue formada de una costilla (es decir, del costado) de Adán; no fue hecha de su cabeza, como para tener dominio sobre él; ni de sus pies, como para ser pisoteada por él; sino de su costado, para ser igual a él, de debajo de su brazo para ser protegida, y de junto al corazón para ser amada”.

Matthew Henry, Comentario Bíblico De Matthew Henry (trad. Francisco Lacueva; Barcelona: CLIE, 1999), 20.

Igual de poética es la explicación que nos proporciona el erudito bíblico, el rabino Umberto Cassuto:

Tal como la costilla se encuentra al lado del hombre y está unida a él, aun así la buena esposa, la costilla de su esposo, se encuentra a su lado para ser su ayudante-contraparte, y el alma de ella está ligada a él”.

[Umberto Cassuto, A Commentary on the Book of Genesis: Part I, From Adam to Noah (Genesis I-VI 8) (trad. Israel Abrahams; Jerusalem: The Magnes Press, The Hebrew University, 1998), 134].

En amistad y amor en servicio: P.A. David Nesher


Bitácora Relacionada:

El Huerto que YHVH plantó en Edén

Por P.A. David Nesher 

“Y plantó YHVH Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado.”

(Bereshit/Génesis 2:8)

En los dos relatos creativos de la Instrucción (Torah) notamos que las Sagradas Escrituras pasan rápidamente de la creación del universo (cosmogonía del capítulo 1) al jardín del Edén (antropogonía del capítulo 2)

Si colocamos toda nuestra atención en este pasaje y le permitimos al Espíritu de Dios discernir sus detalles, descubriremos que hubo tres áreas principales en la tierra:

  • por un lado una dimensión llamada Edén,
  • por otro lado el huerto o jardín (hebreo gan) colocado bajo la jurisdicción de Edén.
  • y el resto del mundo terrestre.

Estas tres jurisdicciones del gobierno humano corresponden a las tres áreas que luego Yahvéh determinará en el Tabernáculo de Moisés y posteriormente Templo de Jerusalén: el Lugar Santísimo, el Lugar Santo y el Atrio.

Todo esto demuestra una sola cosa: que el hombre fue puesto en este planeta para vivir en plena intimidad con el Eterno en el lugar santísimo, para servirlo en espíritu y verdad como sacerdote, y desde allí oficiar como pontífice (puente) entre las dimensiones celestiales y las terrenales.

Notamos por lo revelado en estas líneas que toda la creación se había puesto bajo la autoridad del hombre, y esto, para Dios, era extremadamente bueno (Génesis 1: 31). Pero, este relato muestra que una región en particular se preparó como un lugar especial donde Adán fue a hacer su hogar, y desde donde transformaría el planeta promocionándolo a mayor calidad de propósito. Esta región se llamó Edén y fue en el este de la zona de Mesopotamia donde estuvo ubicada según la descripción escritural. La forma en que el hebreo lo dice significa plantado en la parte este del Edén (2:8).

 

Así Edén era una gran región geográfica con algunas características especiales en el ámbito celestial. Dios plantó árboles frutales de todo tipo en el jardín. La siembra la realizó directamente el Señor Dios, tal como Él lo formó a Adán. La imagen es que Adán fue creado al oeste del Edén y luego puesto al este del mismo. «Y puso allí al hombre que había formado» (2:8). Este iba a ser su hogar  para desarrollarse hasta la plenitud de su propósito. Adán es creado en el Edén y luego será colocado en el Gan Edén (huerto o jardín). Esto significa que él fue creado y posicionado en una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo.

La palabra empleada para jardín es gân que significa «lugar cerrado» o «jardín frondoso«. La versión latina llamada Vulgata, traducirá este término con la palabra paradisus (de donde se origina la palabra española paraíso) que significa jardín.

Gracias a esto, lo primero que conocerá Adán de Elohim (Dios) será acerca de Su amor perfecto (jesed) y Su provisión pre-existencial. ¡El Eterno lo había amado primeramente antes de que viniera a existencia!

 

Y Yahvéh Dios hizo brotar de la tierra (VayatsmaJ YHVH Elohim min-ha’adamah) todo árbol agradable a la vista y bueno para comer; asimismo, en medio del huerto, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo”.

(Bereshit 2:9)

El nombre Edén pudo haber tenido dos orígenes: la palabra sumeria edén, la cual significa “estepa” o “campo abierto” o la palabra hebrea idéntica, qué significa “lujo”, “ternura” o “deleite”. En base a esto el significado de la expresión Edén sería “Ámbito de delicias y ternuras lujosas”. Desde estas pautas notamos que Edén era toda una jurisdicción geográfica que tenía la particularidad de oficiar en dos planos existenciales: el terrenal y el celestial. Para que este propósito cumpla su misión, el Eterno planto el huerto o jardín que oficiaría como portal a través del que lo celestial descendería a lo material acorde a lo que Adán declarara como representante del gobierno divino en la Tierra (en hebreo: mashiaj).

También se conoce como el «huerto del Señor» (Isaías 51:3), el jardín de Dios (Ezequiel 28:13; 31:9), y el paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7). Todos estos pasajes dejan en evidencia que este huerto o jardín tenía una funcionalidad totalmente celestial para que el propósito eterno de Dios se llevara a cabo en la Tierra: el Eterno podría habitar con los seres humanos y desde este planeta bendecir los demás planos existenciales con el resplandor de Su Luz Infinita (hebreo Or EinSof).

 

Como la mayoría de las cosas que son hermosas, el jardín del Edén tenía el potencial para el bien y para el mal.

 

El versículo 9 habla específicamente sobre el Jardín del Edén. No habla acerca de los demás árboles de la Tierra, ya que ello no tendría relación con el contexto.

Así que todo tipo de maravillosos árboles que dan fruto delicioso crecieron en el jardínpero añadió dos árboles que no se encuentran en otro lugar. En el centro del huerto había dos árboles, uno cerca del otro: el árbol de la vida (Etz HaJaim) y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Etz HaDaat Tov Verá).

 

El árbol de la vida representa la Torah, que es llamada “árbol de vida” por el rey Salomón en el libro de Proverbios:

Es árbol de vida para los que de ella echan mano, y felices son los que la abrazan.”

(Proverbios 3:18)

Por medio de la decodificación de las letras hebreas que componen la expresión, es muy probable que el árbol de vida haya estado donde hoy en día está el lugar del templo en Yerushalayim (Jerusalén) y el árbol del conocimiento de lo bueno y de lo malo haya estado en el monte de los olivos o Getsemaní.

El árbol de la vida estaba plantado en medio del jardín para promover y preservar la vida (Gn. 2:9). Era obviamente deseable en todos los sentidos y era la fuente de la vida misma. Si el hombre comía de este árbol sería preservado por toda la eternidad (Proverbios 3:18, 11:30, 13:12, 15:4). Por ejemplo, en el libro de Apocalipsis, el Señor dice a los creyentes en la iglesia de Éfeso:

«Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.» 

(Apocalipsis 2:7)

Más adelante en el mismo libro, se menciona una vez más que sus hojas y frutos son para los justos:

«El árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para que tengan derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad.» 

(Apocalipsis 22:2 y 14)

Sin embargo, otro árbol fue plantado cerca del árbol de vida en medio del huerto, aparentemente uno cerca del otro para la prueba que vendría.

 

El segundo árbol era el árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:9). Ahora, por primera vez, Adam tiene la posibilidad del mal. Su propio nombre es siniestro, produciendo el bien o el mal al que come de su fruto. La palabra hebrea para conocimiento significa el conocimiento por la experiencia. Así el fruto de este árbol siempre da a la persona el conocimiento por experiencia del bien y del mal en el sentido de tener el poder de decidir por uno mismo. Pero el simple conocimiento del bien y el mal, ¡no daba el poder de elegir el bien y rechazar el mal! Por lo tanto, Elohim (Dios) predice que al final sólo habrá un resultado para el que come de este fruto: la muerte espiritual y condenatoria (2:17, 3:3). Este era el árbol de la muerte. Cuando tomamos el volante de nuestra propia vida, sacamos a Yahvéh de la escena. Esto es un motín moral. Todo lo que Adán y Eva tenían que hacer era obedecer la palabra de ADONAI (2:17). Una vez que se rechaza la Palabra de Dios, que es lo mejor para nosotros, quedamos a nuestra suerte. Cuando tomamos y comemos, de repente nos encontramos fuera mirando hacia adentro con el Señor. Los rabinos enseñan que el árbol de la ciencia del bien y del mal era una vid porque ninguna otra fruta causa tanta miseria y sufrimiento. Así que los dos árboles más importantes que hizo crecer en el jardín fueron el árbol de la vida, que trajo la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal, que provocó la muerte.

El posible acceso del ser humano al «árbol del conocimiento del bien y el mal»indica que el Eterno había permitido al hombre la posibilidad de elegir el mal, precisamente en virtud de un bien mayor: la libertad. El ser humano, mediante su razón y a través de su conciencia, puede descubrir lo que es bueno y malo; pero no puede establecerlo con su decisión. Pretender decidir lo que es bueno y malo por su cuenta, independientemente de la bondad impresa por el Eterno al crear, sería querer ser como Dios, sin considerar Su voluntad en este asunto. El «árbol de la ciencia del bien y del mal» debía expresar, y constantemente recordar al hombre, el límite insuperable para un ser creado.

 

El mal encuentra arraigo en el hombre cuando éste se centra en sí mismo y en sus propios deseos en lugar de centrarse en Yahvéh y en Sus deseos (o en un nivel más profundo, cuando se considera independiente o separado del Eterno como Fuente). Cuando se encamina en esa dirección, evalúa toda experiencia sólo en términos de su propio sentido del bien subjetivo.

La Torah revela que el bien mancillado por el egoísmo es representado por el árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que el bien no adulterado es representado por el árbol de la vida. Al ordenarle a Adán que no comiese del fruto del árbol del bien y del mal, Yahvéh le estaba advirtiendo que no mezclara el bien y el mal eligiendo el camino del egoísmo y el egocentrismo.

El único desafío de Adam era “no comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal”, al realizar la acción justa hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado infinito que la imagen divina que tenía le otorgaría.

 

Los Ríos del Edén

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Ahora continuemos analizando la extensión de este ámbito llamado Edén.

 

Convengamos que, debido a que estamos hablando de un momento protohistórico, resulta muy difícil determinar la ubicación precisa del Edén convirtiéndose para la humanidad actual en un misterio. Es naturalmente obvio comprender que el diluvio en tiempos de Noé produjo cambio en la superficie terrestre desapareciendo así algunos ríos que hoy en día no son identificados con certeza.

Lo que sí tenemos en el mismo relato escritural es al asociación de esta región con cuatro ríos: el Pisón, el Guijón, el Tigris y el Éufrates (vv. 10-14). Por causa de este detalle descriptivo, Yahvéh nos permite deducir que la ubicación exacta del Edén bíblico del tiempo de Adán de acuerdo a la ubicación geográfica de esos ríos estaba situada en alguna parte de lo que actualmente se conoce como Irak y sus regiones colindantes. La palabra Mesopotamia significa “entre dos ríos”, y se refiere al hecho que la tierra yace entre el Río Tigris y el Río Éufrates. El nombre, Irak, significa “país con raíces profundas”.

Entonces veamos la descripción y el significado de estos ríos descritos por la revelación escritural.

El nombre del primero es Pishón; éste es el que rodea toda la tierra de Javilá, donde hay oro.”

(Bereshit/Génesis 2:11)

Pishón significa “desbordar”, “extenderse”, “abundar”. Según Flavio Josefo y el erudito judío Rashí este sería el río Nilo, el rio principal de Mitzraim (Egipto); y debido a que sus aguas se incrementan y suben  y riegan la tierra es llamado «Pishon» (lo que hace brotar y surgir), término relacionado con las crecidas que permiten la producción de lino (hebreo «pishtan«), como se declara con respecto a los mitzrim (egipcios): Los que urden lino…se avergonzaran»  (Isaías 19:9)

Y el nombre del segundo río es Guijón; éste es el que rodea la tierra de Cush.”

(Génesis/Bereshit 2:13)

Guijón significa estruendo. Es llamado así porque fluía atronadoramente y su estruendo era muy grande.

Y el nombre del tercer río es Jidekel; éste es el que corre al oriente de Ashur. Y el cuarto río es el Perat.

(Bereshit 2:14)

Jidekel expresión hebrea conformada por dos palabras. Este río es llamado así porque sus aguas son punzantes («hadyn«) y ligeras («kilyn»). En español recibe el nombre de Tigris.

El cuarto río es llamado Perat porque sus aguas fructifican (hebreo:«parin»), se multiplican y proporcionan salud al hombre. En español se le conoce como Éufrates palabra que se deriva originalmente del hebreo: Perat.

Desde estas descripciones y siguiendo a comentaristas de gran peso, podemos decir que probablemente este relato del Bereshit se refieren a los ríos que nosotros conocemos como:

  • Indo,

  • Nilo,

  • Tigris, y

  • Eufrates.

Lo cierto es que el Edén actualmente no existe. El Eterno lo desapareció junto con el árbol de la vida y el árbol del conocimiento de bien y del mal, porque el hombre ya no podía entrar al Edén ni tener acceso a lo que había en él por haber desobedecido (Génesis 3:22-24). En cambio, en nuestros días, Dios promete que el ser humano volverá a participar sólo del árbol de la vida que existe actualmente en el paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7) y luego será colocado en los cielos nuevos y la Tierra nueva que el Eterno tiene preparados para sus herederos (Apocalipsis 22:2).

 

El Gan Edén (huerto del Edén) representa el lugar que se escoge para adorar y alabar a Dios, el río representa la fuerza del Espíritu Santo que salta para vida eterna (Juan 7:38,39). Por todo esto, el mensaje para nosotros es dejar al Espíritu Santo fluir en ese lugar libremente, para que nos enseñe la Torah (Instrucción) del Padre y así Él pueda hace con nosotros lo que desee, según lo trazado en su diseño original.

La Creación de las Huestes Celestiales (Ángeles)

Por P.A. David Nesher

[VayeJulu hashamayim veJa’arets veJol-tseva’am.]

«Y acabaron (de ser creados) los cielos y la tierra, y todas sus huestes«.

(Bereshit / Génesis 2:1)

Debo decir al comenzar esta bitácora que disfruto mucho proclamar en mi alabanza cotidiana que solamente el Eterno ha existido desde siempre y para siempre; ¡que sólo Él es sin principio ni fin! Siempre sumo a mi corazón y declaro con mis labios lo que dice el salmista:

“Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.»
(Salmos 90:2)

Pero a la vez debo confesar mi consciencia certera de la existencia de seres incorpóreos y superpoderosos creados por Yahvéh, nuestro Dios, para hacer conocer Su voluntad perfecta y cumplir Sus órdenes. Y es que no puedo callar que mi vivencia de fe en el Mesías, iluminada por las Sagradas Escrituras, me ha permitido  experimentar, a lo largo de mi peregrinar, la verdad sobre la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por el Eterno.

Ha sido así como he comprendido que hay una relación muy estrecha entre los seres humanos y los ángeles.  Siempre me inspiró y llenó de confianza lo que el autor de la epístola a los Hebreos escribe al decir que los ángeles son “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1.14). He disfrutado de seguridad al dejar a mis cuatro hijos bajo la revelación que mi amado Maestro y Dueño otorga  al referirse a los niños, dice:

Sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos
(Mateo 18.10)

Por esto, afirmo que la existencia de los ángeles, una verdad de nuestra emunah (certeza) en Yahvéh.

Hoy, desde las teologías judeo-cristiana, a estos seres se los  identifica de otra manera, señalándolos con el nombre genérico de su misión: «mensajeros» (en hebreo: «malakim» o en griego «ángeles«), ya que son los portadores de ordenes del Eterno. El teólogo y filósofo Agustín de Hipona dice respecto a ellos: «El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel«. Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan «constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18: 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra» (Sal 103: 20).

Según las Escrituras Sagradas (La Biblia), los ángeles son espíritus, tal como Dios es un Espíritu (Salmo 104:4; Juan 4:24). Ellos forman una gran familia compuesta de millones de miembros, todos los cuales son “poderosos en potencia” _ hebreo gibbor koakj_ [Salmo 103:20; Revelación (Apocalipsis) 5:11].  En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf. Dn 10, 9-12).

Entendemos que por medio del Mesías, el Eterno creó millones y millones de ángeles en el cielo:

“… porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles: tronos, dominios, principados, potestades; todo fue creado por Él y para Él,…»

(Colosenses 1:16)

Acerca de estos, el Tanak (A. T.) señala que:

….millares de millares lo servían, y millones de millones estaban de pie ante su presencia…»
(Daniel 7:10).

Ahora me interesa que ustedes sepan que estas numerosas criaturas espirituales están tan bien organizadas en jerarquías de misión guerrera. Por eso es que se las llama “los ejércitos”  (tseba-am) de Yahvéh» (Sal. 103:21).

¿Cuál es el origen de los ángeles? ¿Relata el Libro del Bereshit su creación?

A simple vista, en una lectura superficial y rápida, resulta curiosamente raro que en el Libro de Bereshit (en griego Génesis) que nos habla de toda la creación se nos omita directamente este gran detalle para referirnos claramente cuándo fue que YHVH creó a los ángeles. Sin embargo, esto no es así. Sin profundizamos en Bereshit (Génesis) capítulo 2 verso 1 vemos que expresa «los cielos y la tierra fueron acabados y todas sus HUESTES».  Esta última palabra (HUESTES) ¿Se está refiriendo a los ángeles celestiales?

Para poder descubrir la respuesta correcta los invito a que leamos por un momento lo que nos relata el Primer Libro de Reyes:

» …Yo vi al Altísimo sentado en su trono y todo el ejército de los cielos (tseba-am) estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda…»
(1 de Reyes 22:19)

Este relato de Micaías, el profeta, nos muestra la situación en los cielos, en donde uno de sus ángeles se convierte en «espíritu de mentira» para hablar por la boca de todos los falsos profetas del malvado Rey Acab, esposo de la malvada Jezabel. ¡Interesante, ¿no? que la mentira venga directamente desde el trono del Eterno! Pero, sigamos con nuestro tema central.

Al leer a Nehemías también encontramos una referencia similar, cuando nos advierte:

«¡Tú solo eres YHVH! Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos y todas sus huestes (tseba-am)…»

(Nehemías 9: 6)

El Rey David en uno de los Salmos también nos refiere de la creación de estos seres:

«Por la palabra de YHVH fueron hechos los cielos; todo el ejercito (tseba-am) de ellos fué hecho por el soplo de su boca«

(Salmo 33:6)

El profeta Yeshayahu (Isaíaas) también toma parte en esta discusión aportándonos su relato:

«Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién ha creado estas cosas. El saca y cuenta al ejército (tseba-am) de ellas; a todas llama por su nombre…»

(Isa. 40:26).

Asimismo, este profeta nos da una breve semblanza de lo que hizo el Creador:

«…Son mis propias manos las que han desplegado los cielos, y soy yo quien ha dado órdenes a todo su ejército (tseba-am)«.

(Isa.45:12)

Con esta breves referencia ya entendemos que Yahvéh, nuestro Dios, fue quien creó a las «Huestes» o «Ejércitos» (tseba-am) celestiales.

Después de estar seguros de que fueron creados en esos primeros días de la Creación nos toca ahora conocer cuándo fueron creados exactamente.

El tiempo exacto de su creación no está específicamente definido, pero por la evidencia bíblica entendemos que lo más probable es que hayan sido creados en el momento en que también fueron hechos los cielos, como se narra en Génesis 1:1. Esto significaría que posiblemente el Eterno haya creado los ángeles inmediatamente después de haber creado los cielos y antes de crear la tierra.  Para demostrar esto, necesito remitirme al libro de Job en donde no cabe duda de que los “hijos de Dios” que ‘gritaron en aplauso’ cuando Él ‘colocó la piedra angular’ de la Tierra (Job 38: 4-7) eran seres angélicos y no descendientes de Adán (ya que este aún no había sido creado). Del mismo modo, es evidente que los “hijos de Dios” o «hijos de los potentados» mencionados en el Salmo 89:6 también son criaturas celestiales, no humanos.

Es interesante mencionar que uno de los Rollos encontrados en la Cueva No. 11 de Qumram nos dice al respecto: «Dividiendo la luz de las tinieblas El estableció el amanecer en Su decisión mental. Cuando todos los ángeles vieron esto ellos se regocijaron en gran manera porque Él les mostró lo que ellos no previamente no habían conocido. El coronó las colinas con cosechas, abundante alimento para todos los vivientes» [(11QPsª) Rollo: «Himno al Creador»].

El testimonio de la obra seudoepigráfica llamada «Libro de los Jubileos» dice:

 «Porque en el primer día El creó los cielos que están arriba y la tierra y las aguas y todos los espíritus los cuales sirven delante de El -los ángeles de la Presencia, los ángeles de Santidad, y los ángeles de los espíritus de fuego y los ángeles de los espíritus de los vientos, y los ángeles de los espíritus de las nubes, y de las tinieblas, y de la nieve y del granizo y del hielo, y los ángeles de los sonidos, los truenos y los rayos, y los ángeles de los espíritus del frío y del calor y del invierno y de la primavera y del otoño y del verano y de todos los espíritus de Sus criaturas las cuales están en los cielos y en la tierra«

(Jubileos 2:2)

Ante toda evidencia escritural ofrecida se evidencia que todos los ángeles fueron creados de una vez. Ningún ángel ha sido añadido desde entonces. Los ángeles no están sujetos a la muerte o a ninguna forma de extinción, por lo tanto, su número no decrece.

Es importante al terminar remarcar que estas criaturas celestiales se sintieron felices cuando se fundó la Tierra y realizaron con alegría sus tareas mientras Yahvéh preparaba esta extraordinaria joya del universo para que fuera el hogar de la humanidad, la máxima creación a la que los ángeles deberían servir (Job 38:4, 7). Sabemos que el Eterno creó al ser humano para reflejar sus sublimes cualidades (Heb. 2:7; Gén. 1:26). Si Adán y Eva hubieran usado bien el don del libre albedrío, podrían haber vivido junto con sus descendientes en un paraíso como parte de la familia universal de criaturas inteligentes de Yahvéh. Ellos podrían haber permitido que la presencia de las huestes celestiales se manifestaran visiblemente en todas las esferas del cosmos material que nos rodea.

De todos modos y más allá de la naturaleza pecadora del ser humano. Los ejércitos celestiales siempre han estado en actividad al servicio de la Salvación (en hebreo Yeshúa) del Eterno.

Desde la creación y a lo largo de toda la Historia de la Salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (Gn. 3: 24), protegen a Lot (Gn. 19), salvan a Agar y a su hijo (Gn. 21: 17), detienen la mano de Abraham (Gn. 22: 11), la Torah (Instrucción) es comunicada por su ministerio (Hch. 7:53), conducen el pueblo de Dios (Ex. 23: 20-23), anuncian nacimientos (Jueces 13) y vocaciones (Jc. 6: 11-24; Is 6: 6), asisten a los profetas (1 R 19: 5), por no citar más que algunos ejemplos.

Finalmente, y transitando los días de la Nueva Alianza, vemos al ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Yeshúa (Lc 1: 11.26).  Por ello, y  desde la Encarnación a la Ascensión del Mesías, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: ‘adórenlo todos los ángeles de Dios‘ (Hb. 1: 6). Desde entonces su cántico de alabanza en el nacimiento del Mesías no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: «Gloria a Dios…» (Lc. 2: 14). Protegen la infancia de Yeshúa (Mt. 1: 20; 2: 13.19), sirven a Yeshúa en el desierto (Mc. 1: 12; Mt. 4: 11), lo reconfortan en la agonía (Lc. 22: 43), cuando Él habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (Mt. 26: 53). Son también los ángeles quienes «evangelizan» (Lc. 2: 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (Lc. 2: 8-14), y de la Resurrección (Mc. 16: 5-7) de nuestro Maestro y Dueño. Con ocasión de la segunda venida de Yeshúa HaMashiaj, anunciada por los ángeles (Hb. 1: 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (Mt. 13: 41; 25: 31 ; Lc. 12: 8-9).

Por todo esto, hoy creo y aseguro que los poderosos ángeles siguen más activos que nunca en su misión y propósito. Estoy más que convencido que estos ejércitos (tseba-am) celestiales protegen al pueblo de Dios, sobre todo de las cosas que ponen en peligro su espiritualidad. La Escritura dice: “El ángel de YHVH está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7).

Por último, sé que dentro de muy poco, el malvado sistema de Satanás será destruido y nosotros seremos liberados y manifestados como hijos del Eterno. Sé que los ángeles desempeñarán un papel muy importante en estos trascendentales sucesos, que harán posible la vindicación de la soberanía de nuestro Abba y la realización de su propósito para la Tierra y la humanidad a través de Su Mesías. Los ángeles realmente son espíritus enviados para servir a favor de los que van a heredar la salvación.

¡Alabemos al Eterno porque usa a sus ejércitos (los ángeles) para ayudarnos a cumplir su voluntad que es buena, agradable y perfecta!

Por último, confirmemos la Palabra de Verdad con la que comencé esta bitácora:

«Así fueron terminados los Cielos y la Tierra y todos sus ocupantes«

(Bereshit / Génesis 2:1)

Bitácoras Relacionadas:

Beney HaElohim… ¿Hombres o Ángeles?


Nota:

Seguramente varios de ustedes vienen considerando hacer contribuciones a este ministerio de enseñanza que el Eterno me ha encomendado. Para aquellas personas que deseen hacer donaciones para la expansión de nuestra pag web y para la ejecución de nuevos proyectos de ayuda social, aquí les dejo el link que les permitirá hacerlo.

¡Desde ya muchas gracias y que el Eterno recompense esta consciencia de Terumáh!

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¿Hombre en Señorío o Humano Bestializado?

 

«Entonces dijo Dios:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y que señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»

 

(Génesis 1: 26)

 

Si meditamos en este diálogo interno de la Divinidad, entendemos que, de acuerdo al diseño original, todo ser humano ha sido colocado como representante de Dios (Elohim) sobre los órdenes de los seres inferiores. Éstos últimos no pueden comprender ni reconocer la soberanía del Eterno; sin embargo, fueron creados con la capacidad instintiva de ver la Gloria divina a través del ser humano posicionado mesiánicamente. Desde aquí cada uno de estos animales está apto para amar y servir al hombre que en propósito cumple la misión de promoverlos como criaturas, garantizándoles las mejores condiciones de vida.

Pero, para que este diseño divino del ser humano sea manifestado a la perfección en las áreas materiales de la animalidad, nos urge comprender la enseñanza de este pasaje desde los códigos hebreos en que vibran sus palabras.

Al leer este versículo del primer capítulo de las Sagradas Escrituras notamos que al terminar de hacer al ser humano (adam) el Todopoderoso dijo:

«…y que señoree en los peces del mar …»

Dicho imperativo surgirá de traducir la siguiente expresión hebrea: «veyirdu bidegat hayam«. Interesante resultará para la edificación de nuestra alma, entender que el verbo hebreo veYirdu usado aquí connota dos implicaciones para la vida humana. Por un lado, significa dominio (ridui), pero por otro lado puede significar descenso (yrida). Por lo tanto, el peso de la revelación divina es muy grande y necesitamos reflexionarla profundamente. El Eterno está señalando que si el hombre (varón o mujer) es obediente a la Instrucción (Torah) será digno de dominar toda fiera salvaje y a los animales domésticos; pero si no escucha la Torah, se convierte en un ser indigno del propósito por lo que descenderá más bajo que todo animal existente y entonces las fieras lo dominarán. 

La conclusión es que de acuerdo a su actitud ante el propósito eterno de YHVH el hombre puede ser un co-regente regio con Dios sobre toda bestia existente, o descender al estrato infrahumano en el que se degrada a los estándares bestiales, y se someterse así a las leyes naturales de la selva: sobrevivir. Esta última y enajenada condición es la que alcanza el alma humana cuando se hace sensorial a causa de la desobediencia. Es lo que el libro de Bereshit llama “hombre polvo” (Génesis 3: 19) y el apóstol Pablo llamará hombre natural que no acepta las cosas del Espíritu de Yahvéh, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente (1 Corintios 2:14). 

Esta condición de «animalidad» de la humanidad la conduce a ser controlada por la enseñanza de la serpiente que conduce un sistema de cosas basado en el poder del temor. Por esto, es mi costumbre designar a esta mentalidad y sistema de vida con el término de reptiliano. En dicho estado la humanidad no vive, sino que sobrevive, ya que toda acción que realiza es en pro del instinto destructivo del ser humano, que busca soluciones urgentes desde el placer inmediato sin pensar en las consecuencias para su destino y generaciones.