Una Lectura de Mishpatim (Éxodo 21)
Por P.A. David Nesher
Voy a comenzar esta bitácora invitándolos a reconocer que la lectura de la Parashá Mishpatim suele incomodarnos. Cuando leemos los versículos 21:20-21 y 26-27, descubrimos que la Torah legisla sobre el castigo a los esclavos. Para el varón y la mujer del siglo XXI, la existencia misma de estas leyes parece un anacronismo oscuro. Sin embargo, si rascamos la superficie legalista, descubrimos una revolución moral que tiene mucho que decir a nuestra «modernidad líquida» (según la llama Zygmunt Bauman), donde las relaciones son transaccionales y los seres humanos a menudo son tratados como recursos descartables.
1. El Límite a la Omnipotencia del «Amo»
El texto de la Torah establece algo inaudito para el Cercano Oriente Antiguo: si un amo golpea a su esclavo y este muere, el amo debe ser castigado (v. 20). Más adelante, si el maltrato resulta en la pérdida de un diente o un ojo, el esclavo obtiene su libertad inmediata (v. 26-27).
Reflexión para hoy: En nuestro mundo moderno, ya no tenemos (legalmente) «amos», pero tenemos estructuras de poder. La modernidad líquida se caracteriza por la precariedad. A menudo, el «jefe», el «algoritmo» o el «mercado» actúan como amos invisibles. La Torah nos enseña un principio eterno: ninguna jerarquía otorga el derecho de deshumanizar al otro. Si el poder daña la integridad del subordinado, ese poder pierde su legitimidad. Desde esto surge una pregunta para el alma: ¿Cómo tratamos hoy a quienes dependen económicamente de nosotros?
2. El «Diente y el Ojo»: La Fragilidad del Vínculo
El hecho de que un esclavo fuera liberado por la pérdida de un diente —el órgano más pequeño y «prescindible»— es una declaración de principios. Nos dice que el daño físico, por mínimo que sea, rompe el contrato de autoridad.
Reflexión para hoy: El filósofo Bauman decía que en la modernidad líquida los vínculos se rompen fácilmente porque buscamos la satisfacción inmediata. La Torah, curiosamente, propone que el vínculo se rompa para proteger al vulnerable. En una sociedad donde a menudo «canibalizamos» el tiempo y la salud mental de los demás por productividad, la ley del «diente y el ojo» nos recuerda que la integridad física y emocional de una persona es el límite infranqueable de cualquier contrato.
3. De la Posesión a la Responsabilidad
Aunque el texto menciona que el esclavo es «propiedad» (v. 21), las leyes de los versículos 26 y 27 destruyen la noción de propiedad absoluta. Una «cosa» no tiene derechos; un ser humano sí. La Torah estaba, en su contexto, moviendo a la humanidad desde la «esclavitud total» hacia una forma de «contrato laboral» con derechos básicos.
Reflexión para hoy: Hoy vivimos en la era del personal branding (la marca personal) y el capital humano (Potencialidad productiva de las personas de una empresa en función de su educación, formación y capacidades). Desde estos paradigmas del sistema, a veces, nosotros mismos nos tratamos como objetos de consumo, vendiendo nuestra privacidad y nuestra esencia al mejor postor. La parashá mishpatim nos invita a recuperar la noción de dignidad intrínseca. Si un esclavo en la antigüedad tenía un límite que su amo no podía cruzar, ¿cuáles son los límites que nosotros mismos nos ponemos frente a las exigencias de un mundo que nos pide ser «productivos» 24/7?
Conclusión: La Santidad en lo Cotidiano
Mishpatim nos enseña que la espiritualidad no se queda en el humo del incienso o en la altura del Sinaí. La verdadera espiritualidad se pone a prueba en la tensión del trato diario, en el manejo del poder y en el respeto por el cuerpo del otro.
En una modernidad donde todo fluye y nada parece sólido, la responsabilidad por el prójimo —especialmente por aquel que está en una posición de vulnerabilidad— debe ser nuestra roca firme. La libertad no es solo «hacer lo que uno quiere», sino construir una sociedad donde nadie sea lo suficientemente «dueño» de otro como para herirlo sin consecuencias.
Pregunta para mis lectores: En un mundo de empleos volátiles y redes sociales, ¿quiénes son los «invisibles» a los que hoy deberíamos otorgarles la libertad y el respeto que Mishpatim exigía hace milenios?
