Por P.A. David Nesher
La parashá Mishpatim suele generar un contraste impactante. Venimos de la espectacular revelación en el Monte Sinaí (Parashá Itró) y, de repente, la Torah nos sumerge en un manual legal detallado. La segunda aliyá (Éxodo 21:20 – 22:3) es el corazón de esta transición, donde la santidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en el estándar de cómo tratamos al empleado, al vecino e incluso al enemigo.
1. La Dignidad del Vulnerable: El Caso de los Esclavos
El texto comienza abordando leyes sobre el castigo a esclavos (v. 21:20-21, 26-27). Para el lector moderno, la sola mención de la esclavitud es difícil, pero los sabios explican que la Torah está operando una revolución moral gradual.
- La interpretación de Rashi: Rashi aclara que cuando el texto habla de un esclavo que queda libre si pierde un ojo o un diente por un golpe de su amo, se refiere a un esclavo cananeo. Esto era inaudito en el mundo antiguo: el esclavo no era una «cosa», sino un ser humano con derechos físicos inalienables.
- La justicia divina: A diferencia de otros códigos antiguos (como el de Hammurabi), la Torah impone sanciones al amo si abusa de su poder. El mensaje es claro: el poder no otorga impunidad.
2. «Ojo por Ojo»: ¿Venganza o Justicia Equitativa?
En esta sección encontramos la famosa Lex Talionis (v. 21:23-25): «vida por vida, ojo por ojo…».
La tradición oral (la Guemará en el tratado de Bava Kama) sostiene unánimemente que esto nunca se aplicó de forma literal. Por eso es que el Rambán (Najmánides) y otros comentaristas enfatizan que se trata de una compensación monetaria.
El texto utiliza este lenguaje extremo para enseñarnos el valor infinito de lo que se ha dañado: el agresor debería, en teoría, perder su propio ojo por el dolor causado, pero la justicia práctica exige un pago que cubra cinco aspectos: daño físico, dolor, curación, cese de lucro y vergüenza.
3. Responsabilidad Civil: El Buey y el Pozo
La segunda parte de la aliyá (21:28 – 22:3) se desplaza hacia los daños a la propiedad y por propiedad.
- El «Muad» (el animal advertido): Si un buey cornea por primera vez, el dueño paga la mitad. Pero si el dueño fue advertido y no cuidó a su animal, la responsabilidad es total.
- Lección ética: La Sabiduría de la Torah nos enseña que somos responsables no solo de lo que hacemos con nuestras manos, sino de lo que permitimos que suceda por negligencia. Un pozo abierto en la calle o un animal sin supervisión son extensiones de nuestra responsabilidad moral.
4. El Ladrón y la Restitución
La aliyá cierra con las leyes del robo. Aquí, la Torah muestra una psicología social profunda: el ladrón de un buey paga cinco veces su valor, pero el de una oveja paga cuatro.
Rashi cita al Talmud explicando que el ladrón de una oveja tuvo que cargarla sobre sus hombros, sufriendo una humillación física en el acto del robo, y el Eterno tiene «misericordia» incluso de la dignidad del pecador, reduciendo su multa.
Conclusión: Una Sociedad de Justicia
La segunda aliyá de Mishpatim nos recuerda que una religión que se queda en el cielo no sirve en la tierra. Las leyes de daños y perjuicios son la verdadera prueba de nuestra espiritualidad. Al cuidar el bienestar físico y económico de nuestro prójimo, estamos honrando la imagen de Dios (Tzelem Elokim) en cada ser humano.
La santidad no se mide por cuánto tiempo pasas en el templo, sino por cómo tratas a quienes no pueden defenderse de ti
