Quinta aliyah de Parashat Behaaloteja
Por P.A. David Nesher
El texto de la quinta sección de la parashá Behaaloteja (Bamidbar 10:11-34) nos sitúa en un punto de inflexión sociológico y espiritual absoluto. Tras casi un año de estabilidad estática al pie del Sinaí —donde el pueblo de Israel recibió la Torah, construyó el Mishkán (Tabernáculo) y organizó su estructura comunitaria—, la Nube de la Shekinah se eleva. El orden cronológico y militar que describe minuciosamente esta aliyá (el estandarte de Judá liderando, seguido por los portadores del Santuario) no es un mero capricho logístico; es la transición de una comunidad de instalación a una comunidad en movimiento.
Para el hombre contemporáneo, atrapado en lo que el sociólogo Zygmunt Bauman denominó las estructuras rígidas e ilusorias de la modernidad, este pasaje ofrece una bofetada de realismo pragmático. El Sinaí representa el espacio del aprendizaje, de la teología yahvista teórica, de lo predecible. Pero la espiritualidad que la Torah propone no está diseñada para el sedentarismo místico. El Eterno, nos convoca como Pueblo elegido a habitar el desierto, que es, por definición, el territorio de lo líquido, de la incertidumbre y de la vulnerabilidad.
La Trampa del «Confort Sagrado».
Lo primero que quiero destacar es que el mayor peligro de una comunidad —o de un individuo— es sacralizar el campamento. Nos acostumbramos tanto a la comodidad de nuestras rutinas y a las certezas institucionales que, cuando la «Nube» de Gloria comienza a moverse en medio de las circunstancias de la cotidianeidad, nos resistimos al desmantelamiento.
Nótese que lo primero que se desarma y se transporta es el Tabernáculo (Mishkán). Esto encierra una verdad pragmática fundamental: las estructuras deben estar al servicio del propósito, y no el propósito al servicio de las estructuras. En otras palabras, esto significa que si tu mentalidad es rígida, el movimiento te romperá; si tu fe es móvil, el desierto te transformará.
El «Factor Jovab»: La necesidad de la mirada estratégica
En medio de este despliegue divino, ocurre un diálogo fascinante y profundamente humano. Moshé (Moisés) se dirige a su suegro, Jovab (Jetró), y le ruega:
«Por favor, no nos dejes; porque tú conoces los lugares donde acamparemos en el desierto, y nos serás por ojos»
(Bamidbar 10:31)
Desde una perspectiva académica, este fragmento ha desconcertado a muchos comentaristas: ¿Por qué Moshé, teniendo la Nube de Gloria, el Arca de la Alianza y la guía directa del Boré Olam (Creador del Mundo), le pide a un ser humano que sea sus «ojos» en el desierto?
Aquí radica la genialidad del pragmatismo de la Sabiduría de la Torah:
- La guía divina no anula la competencia humana. Tener fe no significa caminar con los ojos cerrados esperando milagros repentinos que resuelvan la negligencia estratégica.
- La experiencia territorial es un don. Jovab conocía el desierto, sabía dónde encontrar agua, cómo identificar las tormentas de arena y cómo lidiar con las tribus locales. Moshé, en su rol de líder integrador, entiende que la revelación espiritual (la Nube de Gloria) y la sabiduría práctica (Jovab) no son excluyentes, sino complementarias.
En nuestra gestión diaria, ya sea en proyectos profesionales, educativos o comunitarios, este principio es vital. Podemos tener una visión clara y un propósito noble, pero si descartamos el análisis de datos, la experiencia de los que conocen el terreno y el diseño estratégico, estamos destinados al fracaso operativo. El liderazgo maduro no sufre de hybris (orgullo desmedido); sabe delegar y valorar la mirada del experto.
Síntesis Práctica para el Liderazgo Actual
La quinta aliyá de Behaaloteja nos deja un mapa de ruta muy claro para gestionar los tiempos de cambio:
- Acepta la transitoriedad: Ningún éxito o estabilidad presente es permanente. Debemos entrenar nuestra mente para estar listos para «levantar el campamento» cuando el contexto lo exija.
- Mantén el orden en el caos: El desierto es caótico, pero el avance de Israel es ordenado. Ante la crisis y la incertidumbre, la disciplina y el orden estratégico son las únicas herramientas que preservan la integridad del equipo.
- Integra lo sagrado con lo práctico: Busca la dirección de los principios perennes (la Nube), pero no camines sin «ojos» en el terreno (la estrategia y la sabiduría humana).
Por último, te recuerdo que el desierto no es un castigo que te viene desde las circunstancias de tu exterior, es el escenario de tu interioridad en donde la teoría del Sinaí se convierte en músculo, carácter y vida manifestada, gracias a que el Davar (Verbo) divino tiene Sabiduría para revelarte.
Con amor y a tu servicio: David Nesher
