El sonido del shofar no es el grito de una voz humana. Es el aullido del cuerno de un animal.
Es un grito tan primigenio, tan crudo, que la mente deja de reflexionar, el corazón suspende sus latidos.
Con la furia de una bestia encerrada en su jaula, la esencia desnuda del alma estalla, aullando, rasgando las cortinas del cielo, despertando la esencia primigenia de todo ser.
El núcleo crudo de tu alma, abajo, toca la Esencia Primigenia, arriba, y ahora su reencuentro puede comenzar.
