Por P.A. David Nesher
Al estudiar la parashá de Ajarei Mot nos encontramos con Levítico capítulo 16, y vemos en la solemnidad (moed) de Yom Kipur, que la Torah nos regala una imagen visualmente impactante: dos chivos. Uno destinado a la conexión con lo Divino (suerte por Yahveh) y el otro, enviado hacia Azazel.
A menudo, hemos malinterpretado esta escena cayendo en el error de creer que que el animal, de «forma casi mágica», «absorbía» la culpa de todo el Pueblo escogido de Yah. Pero la sabiduría de nuestros maestros es mucho más terrenal y, por lo tanto, más profunda: ningún ser externo tiene el poder de gestionar nuestra responsabilidad. Por lo tanto, Yom Kipur, NO es magia; es psicología espiritual.
El Desierto como Metáfora
Para el exégeta judío Rashi, el nombre Azazel no es el de un demonio ni una entidad del otro lado, sino un «lugar áspero», un desierto inhóspito, que simboliza al alma humana en vaciedad. Desde esta opinión, el Sabio Najmánides lo define como ese espacio donde la Presencia Divina parece ausente. En términos modernos, Azazel es el vacío, el lugar donde lo que nos daña ya no puede echar raíces.
Entonces surge una pregunta: ¿qué nos intenta susurrar la Torah a través de este rito? Que la verdadera expiación (Teshuvah) no es un traspaso de culpas, sino un acto de conciencia y valentía.
Tres Pilares para una Vida Renovada
El ritual de enviar al chivo que representa a Azazel es la metáfora externa de un proceso íntimo que todos necesitamos atravesar y que podemos describir en estos tres puntos:
- Identificar sin juzgar: El error se reconoce. No se niega ni se justifica con excusas intelectuales. Se mira de frente.
- Externalizar la culpa: Lo que antes vivía dentro de nosotros, carcomiendo nuestra paz, ahora es «sacado fuera». Es el reconocimiento de que cometer un error no nos convierte en el error.
- Distanciamiento consciente: Como el ave que se libera en la purificación del metzorá, se trata de romper las cadenas con el estado anterior. Es elegir activamente que ciertas conductas ya no tienen sitio en nuestro presente.
Con estos puntos en mente podrás descubrir que no todo lo que forma parte de tu historia tiene que formar parte de tu identidad.
Una Reflexión para el Siglo XXI

En nuestra era postmoderna, donde cargamos con el ruido de las redes, las expectativas ajenas y los fracasos del ayer, la enseñanza de Azazel es un bálsamo: Teshuvá es el valor de soltar.
- Soltar el pensamiento que te sabotea.
- Soltar el hábito que te contamina.
- Soltar la versión de ti mismo que ya no te representa.
Como bien dice el profeta Miqueas, se trata de «arrojar al fondo del mar» (Miqueas 7:19) lo que nos pesa. Pero el mar no es un olvido pasivo; es la decisión activa de poner distancia entre quién fuimos y quiénes estamos llamados a ser.
El Eterno no solo borra una cuenta; nos ofrece una página en blanco. Porque perdonarse a uno mismo es, en última instancia, recuperar la libertad de empezar de nuevo, lejos de los desiertos del pasado.
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