Por P.A. David Nesher
y le respondió Yahveh: «Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.
Bereshit | Génesis 25:23
La porción de la Torah que estudiamos esta semana se llama Toldot (abarca Génesis 25:19 al 28:9) y significa «Generaciones». Lo central de esta sección es que nos introduce en el drama fundacional de las dos naciones que surgen del vientre de una mujer: Rivka, la esposa de Itzjak (Isaac).
Como lo mencioné en el párrafo anterior la palabra Toldot se ha traducido de muchísimas formas, una de ellas es «generaciones», además también incluye «historia» o «genealogía». No obstante, su significado básico y literal es «los partos» en el contexto de Isaac, y más específicamente «el orden de nacimiento». Este capítulo examina cómo los eventos del nacimiento, el carácter de los mellizos y el controversial intercambio de la primogenitura no son meros relatos biográficos, sino un testimonio y una orientación divina que establece la venida del Mashíaj (Mesías o Cristo).
I. El contexto del nacimiento y la insistencia de Isaac
Sabemos que Isaac, el hijo de Abraham, era un hombre que, al igual que sus padres, experimentó el milagro de la concepción tardía. Él tomó a Rivka, hija de Betuel y hermana de Labán el arameo, por esposa cuando tenía 40 años. Rivka era estéril, un detalle crucial que prolongó la espera de la simiente prometida en la profecía de Génesis 3:15 y confirmada por Pacto a Abraham, su padre.
Si lo hemos notado, Isaac pasó veinte años clamando ante el Eterno por su esposa. Por esto, necesito aquí contarte que la acción de Isaac no fue descrita con la palabra hebrea común para «orar«, sino que el verbo utilizado en el texto indica que Itzjak «simplemente estuvo insistiendo e insistiendo en intercesión». Isaac esperaba y recordaba a Dios sobre este punto, pues él mismo era producto de un nacimiento sobrenatural y sabía que su madre, Sara, también había sido estéril. Finalmente, y ante este mérito de fe, Isaac tenía 60 años cuando nacieron los mellizos.
II. La Profecía en el vientre y la Elección del Mashíaj
El relato nos cuenta que ante el movimiento anormal y acelerado de los niños en su vientre, Rivka fue a investigar ante Adonai por el significado de esta inquietud. Yahveh mismo le reveló la división futura: «Dos naciones (goyim) están en tu vientre» y dos naciones se separarían, afirmándose una más que la otra.
Ahora bien, el punto profético que define la elección, sin embargo, se encuentra en la cláusula que ha sido objeto de mala interpretación tradicionalmente por haber sido traducida como «el mayor servirá al menor«. Entonces y para dejar bien en claro lo que el texto está aquí revelando a los redimidos debo destacar dos puntos:
• La traducción literal: Los expertos en hebreo admiten que el texto afirma literalmente: «el abundante trabajará pequeño». La palabra hebrea rab (רָב) no significa en este contexto «grande» o «mayor», sino más bien «abundante», un epíteto atribuido en el Tanak únicamente a Yah («abundante en Piedad y en verdad»). Por el otro lado la palabra traducida como «pequeño» (tzair -צָעִיר -) es la misma que usa el profeta Miqueas (cap. 5, vers.2) al referirse al Moshel (Gobernante) de Israel que habría de salir de la aldea de Belén: «Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.»
• La implicación mesiánica: La profecía, por lo tanto, no solo hablaba de las naciones de Jacob y Esaú, sino que se refería al Masía, indicando que Aquel que es «el Abundante» (Dios) vendría a trabajar como «el Pequeño». El propósito de esta revelación era establecer categóricamente a través de quién vendría esta figura.
III. Los caracteres contrastantes y el significado de la expresión Tam
Al nacer, la disparidad entre los mellizos fue evidente. Esaú salió pelirrojo y peludo («como una pelliza de pelo de cabra»), por lo cual lo llamaron Edom («el rojo» o «el hecho completo»). Jacob, que salió después, se aferraba al talón (aqev) de Esaú. Por ello, se le llamó Ya’akov, que puede significar «talón de Ya» o, más profundamente, «la huella de Yah».
La diferencia clave radicaba en su carácter espiritual:
• Esaú: Fue un hombre «sabedor de casa [caza], hombre de campo». Era una persona racional y terrenal que confiaba en su propia capacidad para proveerse.
• Jacob: Fue un hombre tam, habitante de tiendas. La traducción de tam como «quieto» (dando la idea de «flojo«, «quedado», «apalancado» o «casero/hogareño») en Génesis es una interpretación (en algunas biblias, se traduce como «entero» o «íntegro»). Por ello, necesito aquí aclarar que el significado bíblico de la expresión tam (como se usa en Job 1:1) es «perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal».
Esta distinción enfatiza que mientras la vida de Esaú era trivial, carnal y cotidiana, Jacob era dependiente de Dios y su sostenibilidad estaba fundada en el temor a Yah. Este enfoque espiritual hizo de Jacob el portador idóneo para la promesa profética.
IV. La Primogenitura: Un Hecho Legal y un Desprecio Categórico
El incidente de la primogenitura es crucial para desmantelar la idea errada y difundida de que Jacob era un «ladrón» o un «engañador».
Esaú regresó del campo «cansado» y, pensando en el corto plazo («voy a morir»), despreció su primogenitura. Jacob le exigió que jurara conforme a este día, y Esaú le juró y vendió su primogenitura a Jacob. Este fue un negocio totalmente legal de un derecho de herencia.
El acto final de Esaú es la prueba de su mentalidad carnal: «comió y bebió y se levantó y se fue y despreció Esaú la primogenitura«. Este desprecio demostró que él no le otorgaba valor futuro a la bendición ni a la elección de Dios. Si Esaú hubiese sido el elegido, no la habría despreciado.
La adquisición legal de la primogenitura por Jacob fue suficiente para mostrar la elección divina. Sin embargo, la historia de Jacob continúa con una falta de carácter, donde se deja mover por el miedo de Rivka, perdiendo la atención y el carácter necesarios para manejar lo que ya era legalmente suyo, y se enreda en el disfraz que, en última instancia, se convertiría en el sello de la profecía mesiánica.
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En resumen, la Parashá Toldot establece que la elección de Jacob fue un hecho legal y divino, basado en su carácter de tam (perfecto y temeroso de Dios), y sirvió para orientar el testimonio de que el Mashíaj, el Abundante, vendría a trabajar como el Pequeño a través de su linaje.
Finalmente, el entendimiento profético de que «el abundante trabajará pequeño» (el Mashíaj) nos recuerda que la humillación y el servicio son centrales en el diseño del propósito divino. Los desafíos que enfrentamos, incluso aquellos que parecen abusivos o antiéticos, pueden ser actos proféticos que nos enseñan a vivir como ungidos «vestidos de humanidad» y en cualquier condición humillante, sabiendo que la promesa y el honor final van más allá de nuestra circunstancia inmediata. No debemos enfocarnos en las maldiciones que los hombres nos digan, sino en que el Eterno es quien bendice.
