Por P.A. David Nesher
Ayer, por mensaje privado recibí esta consulta: «¿Qué consecuencias tiene para la oposición venezolana haber confiado en la intervención extranjera?»
Debo primero decir que no soy un experto politólogo para lograr expresar una respuesta cercana a la objetividad que logran los entendidos en esta disciplina. Dicho esto, sí puedo responder desde lo que voy investigando a través de distintos medios confiables, y diré pues que la principal consecuencia para la oposición venezolana ha sido el desplazamiento total y la irrelevancia política ante los intereses económicos de Estados Unidos, transformándose en víctimas de un pragmatismo geopolítico que prioriza el petróleo sobre la democracia.
Durante años, gran parte de la oposición venezolana depositó su fe en una intervención extranjera, creyendo que el apoyo de Washington era una garantía inamovible de cambio democrático. Sin embargo, el análisis de los hechos recientes nos revela una verdad incómoda: en el tablero mundial, las voluntades democráticas suelen pesar menos que los recursos naturales estratégicos.
Discierno claramente que el haber confiado ciegamente en la intervención extranjera ha resultado en un escenario donde Donald Trump prefiere negociar la continuidad del chavismo a través de Delcy Rodríguez antes que apoyar a los líderes opositores que el mismo mandatario estadounidense ha dejado en desmedro. Un ejemplo es lo que expresó la «ganadora» del premio Nobel de la Paz, María C. Machado, quien, habiendo apostado todo a la carta de la intervención extranjera y solicitar una y otra vez durante años que Estados Unidos actuara, ha sido públicamente descartada por Donald Trump. En plena conferencia de prensa, tío Donald ha sugerido que la señora Machado no tiene el respeto del país y que sería muy difícil para ella gobernar, tirándola, por decirlo así, a la «basura» políticamente tras haberla utilizado como bandera mientras convenía.
Así mismo, y a pesar de que la oposición presentó actas que demostraban su supuesta victoria electoral en los últimos sufragios presidenciales, la administración de Trump y figuras como el antipático Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, han desestimado el triunfo de Edmundo González Urrutia colocando el derecho a duda a dicha documentación. El mismo Rubio ha llegado a declarar que González Urrutia no es un presidente legítimo bajo el argumento de que no fueron unas elecciones «correctas» o normales.
Con todo, y desde mi perspectiva, para Washington, la voluntad popular expresada en las urnas es irrelevante frente al objetivo de asegurar el acceso a los 300.000 millones de barriles de petróleo que posee el país.
Así pues, y para ir dando respuesta a lo planteado debo decir que lamentablemente oposición cometió el error de creer que la intervención estadounidense sería para restaurar la democracia, cuando en realidad la intervención ha llegado para apropiarse de los recursos petroleros sin importar quién gobierne. Por ello, Trump ha dejado claro que «nosotros estamos al cargo» y que la prioridad es arreglar el sector petrolífero y cobrar deudas a través de empresas como Exxon Mobil, dejando las elecciones o la democracia como un detalle menor o inexistente. De este modo queda bien claro que la promesa de «ayudar a la población venezolanas» ha sido desplazada por la urgencia de que las grandes petroleras recuperen sus activos.
Una de las consecuencias más irónicas es que el propio chavismo (representado por Delcy Rodríguez) está asumiendo el vergonzoso papel de socio de Estados Unidos que la oposición aspiraba a tener. El gobierno de Maduro, bajo amenaza y presión, se está sometiendo a Washington y entregando el acceso a los recursos, convirtiéndose en una especie de gestor colonial de los intereses estadounidense.
Esto deja a la oposición sin su principal valor estratégico, ya que Trump ha encontrado en la cúpula chavista a un actor dispuesto a venderse y cooperar con tal de mantenerse en el poder,.
En resumen, la oposición «paga el precio de su ingenuidad» al descubrir que Estados Unidos no tiene aliados, sino intereses. María Corina Machado pidió mano dura e intervención, y la obtuvo, pero esa intervención sirvió para apartarla a ella del camino y negociar directamente con el régimen que ella buscaba derrocar.
La Metáfora del Cerrajero
Para ilustrar esta traición geopolítica, podemos usar la analogía del cerrajero. Una familia (la oposición) llama a un cerrajero (la potencia externa, EE.UU.) porque ha perdido las llaves de su casa y no puede entrar. El cerrajero llega, analiza la situación, pero en lugar de abrir la puerta para la familia, termina negociando con quien está adentro para quedarse con una parte de los bienes a cambio de dejar las cosas como están. La familia queda fuera, observando cómo su esperanza de retorno se negocia en una mesa donde ellos no tienen silla.
Reflexión Final: ¿Dónde ponemos nuestra confianza?
Este escenario nos deja una lección profunda que trasciende lo político. Como comunidad que busca la verdad y la justicia, debemos preguntarnos: ¿En qué estructuras estamos confiando nuestro futuro? Cuando los movimientos sociales o espirituales dependen excesivamente de «salvadores externos» o de las mareas de la política global, quedan vulnerables a ser moneda de cambio. La verdadera soberanía —tanto de las naciones como del espíritu— nace de la resiliencia interna, de la identidad propia y de la conciencia clara de que los intereses del mundo rara vez coinciden con los valores de la justicia eterna.
Venezuela no es solo un punto en el mapa geopolítico; es un recordatorio de que, en un mundo de intereses líquidos, solo lo que se construye sobre cimientos éticos y una visión propia puede resistir el paso de las potencias.
Espero haber respondido acorde a la Verdad.
P.A. David Nesher
Te invito a mirar este resumen de lo que aquí hemos considerado juntos:

