para que el odio continuara.
El mal es simplemente la ausencia de Dios from Monte Santo on Vimeo.
Su tarea era muy sencilla. A cada uno de ellos se le adjudicó un sector del bosque. Aquel que talara más árboles entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde, sería el ganador.
A las ocho en punto sonó el silbato y los dos leñadores se pusieron manos a la obra con destreza. Iban talando intercambiando golpe tras golpe hasta que a las nueve menos diez el Canadiense oyó que el Noruego se detenía… Advirtiendo su oportunidad, ¡el Canadiense redobló sus esfuerzos!
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Reflexión:
Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos porque Dios trabaja en nuestras vidas aún en medio del dolor y el sufrimiento.
De pequeño nos hicieron repetir hasta el cansancio las tablas:
1. Su amor… lo seguí y le serví no por lo mucho que sabía, sino porque sabia que (mi siervo/a) me amaba.
2. La manera en que trababa a su cónyuge, nunca lo deje de ver enamorado.
3. Su enseñanza de la Palabra.
4. No tuvo miedo de hablarme de finanzas. Tuvo expectativas de que si era hijo de la Casa fuese diezmador y sembrador… no tembló al educarme en principios financieros.
5. Me enseñó la diferencia entre Reino versus Religión.
6. Cuando abrazó a mis hijos como si fueran los suyos.
7. El día en que sabia que estaba cansado y frustrado y me guiñó el ojo diciéndome «¡Vamos para adelante!«
8. La primera vez que me regañó… fue su primera disciplina y me dijo que lo hacia porque me amaba.
9. El día que descubrí que era tan humano como yo… el día que acepte que era otro ser humano.
10. El abrazo que me dio el día que perdí a mi ser mas querido…
Tú… ¿Cuál añadirías?
Autor: P. Zezinho
Aquella tarde José Ignacio estuvo triste en el colegio, temía de pronto haber sido poco delicado con su madre. El sólo había pretendido pedir algo con humor, pero ahora se maldecía por haber hecho una cosa semejante; hubiera deseado pedir perdón, explicarse con ella pero le dio vergüenza.
Cuando José Ignacio levantó los ojos, tras leer la última línea los tenía llenos de agua y Doña Luz le atrajo sonriendo contra el pecho “no llores hijo” le decía, “es porque soy tu madre, ¿no comprendes?
Tomado de: “Cincuenta Amigos” de José Luis Martín
Vigil
¡Que el Eterno realmente eleve tu alma desde aquí!
Shalom!