Tevet

¡Primero Fue la Oscuridad, luego la Luz!

En los países del norte y en Ertez Israel (Tierra de Israel), el mes de Tevet representa el punto máximo del invierno, en el cual toda la existencia parece estar detenida, estancada, adormecida. Sin embargo, sabemos que aunque la naturaleza está dormida en la superficie, la actividad esta oculta en el interior de la tierra. Los árboles frutales están alimentando sus raíces de los minerales de la tierra para, muy pronto, comenzar a dar nuevas hojas y frutos. ¡En el interim, la acción que precede al florecimiento tiene lugar lejos de nuestra mirada!

Esto se aplica también al alma humana. Cuando nos hallamos adormecidos, nadie espera de nosotros que hagamos algo nuevo. Nuestra existencia continua, el cuerpo crece y se desarrolla, pero la inteligencia y la percepción permanecen estancadas. Están como selladas en un sueño profundo, y algunas veces es muy difícil despertarlas.

Si comparamos la situación del mundo físico y nuestro propio mundo espiritual, encontraremos la replica del mes de Tevet. A diferencia de Kislev, el mes precedente en el cual revivimos el milagroso tiempo de Januká, Tevet no es un mes de revelación. No tiene días de conmemoración, es decir que carece de jornadas de milagros abiertos. Por ello, es muy importante tener en cuenta que durante este mes prevalece el adormecimiento del alma, un adormecimiento invernal que amenaza con oscurecer todo lo que es revelado y claro. Por ello, el tema de este mes es el oscurecimiento de lo claro y evidente, el adormecimiento de la búsqueda, la posibilidad de que disminuya la claridad espiritual.

Pregunta el Talmud (Tratado de Shabat 77): “¿Por qué las cabritas siempre van adelante guiando al resto de los animales? Porque así fue el proceso de la Creación.
Primero fue la oscuridad y luego la luz.

En el siglo II a.E.C., los griegos quisieron oscurecer espiritualmente a Israel, y la luz de Januká, que se extendió del 25 de Kislev al 2 de Tevet pudo vencer la fuerza de la oscuridad que obraba en esa abominación desoladora impuesta por el Anti-Mashiaj Antíoco Epifanes.

A través de la vida y la emunáh de nuestros Patriarcas, Abraham, Isaac y Yaakov, la Torah también nos relata el problema del adormecimiento espiritual en el mundo material. Ellos nos enseñan cómo vivir en el mundo de la acción, en el mundo material, sin entumecerse, o paralizarse con todo lo que nos rodea.

Para expresarlo en forma muy resumida:

🕎 Abraham renovó la revelación de la soberanía de Dios en el mundo,
🕎 Isaac enseñó como la persona puede estar totalmente vinculada a Dios, ya que él lo dio todo, incluyendo potencialmente su vida.
🕎 Debido a que alcanzar semejante nivel de es casi irreal para la nación como un todo, la Torah nos muestra como actuó Yaakov. De la forma de vida de Yaakov, aprendemos cómo el hombre puede cumplir la voluntad del Creador en las actividades de todos los días, sin disminuir el propósito Divino de la Creación.

Así hemos estudiado como la confrontación entre las vidas de Yaakov y Esav pone al descubierto el conflicto entre lo espiritual y lo material que diariamente enfrenta el alma redimida.

Esav representa lo que se ve aquí y ahora, la no existencia de otra realidad. Yaakov, en cambio, nos demuestra lo pretensioso y falso de esta afirmación.

Si la materia y/o lo material prevalece en nuestra vida, entonces la oscuridad del invierno nos invade con su consigna natural, la sentencia de Esav…no existe otra forma de entender la realidad; no hay ley, juicio, ni otro mundo.

En cambio, Yaakov/Israel, enseña al mundo que, tal como la cabra puede dirigirse exactamente en la dirección contraria, lo espiritual puede emerger de lo material e iluminarlo.

Yaakov, es quien enseñó al mundo a renacer en un nuevo nivel de conciencia, luego de romper con la confusión y la oscuridad que representa Esav, es decir, la representación del invierno adormecido en su máxima expresión.

La materia que puede potencialmente adormecer al hombre es sólo el envoltorio, la vestimenta que cubre al hombre y le da forma. Ambos mundos, espiritual y material funcionan juntos, y es nuestra tarea unirlos y elevarlos.

“… La voz es la voz de Yaakov, pero las manos son las manos de Esav.”

¿Cómo puede el hombre vivir en ambos mundos?

Disfrazándose con astucia como alguien que pertenece a este mundo. En el mundo material, el hombre se disfraza como Esav, y en el interior permanece Yaakov; la voz de Yaakov emerge del camuflage iluminando y guiando la vida en el mundo de la acción. De esta manera prevenimos que el mundo material se oscurezca por el adormecimiento de la espiritualidad.

En el décimo mes, en el décimo día del mes, Nabucodonosor rey de Babilonia se levanto junto con su ejercito contra Jerusalem, y sitió la cuidad, y construyeron un sitio alrededor de ella.
(Jeremías 52:4; Reyes II 25:1).

El 10 de Tevet, es conocido a veces por ser el ayuno más “fácil” de cumplir en comparación con el resto de los ayunos que conmemoran la destrucción del Beit HaMikdash – Templo Sagrado de Jerusalem.

En un plano estrictamente físico, es verdad: el ayuno dura únicamente entre el amanecer hasta el anochecer. Y como por lo general concuerda con el solsticio de invierno, el día se hace muy corto. (Lo opuesto es verdadero para aquellos que viven en el hemisferio sur). Y a pesar de esto, en un plano espiritual, el ayuno del 10 de Tevet llega a ser el más difícil de todos, incluso de aquel del 9 de Av, el más conocido y observado a nivel mundial de todos los ayunos concernientes al Templo.
¿Por que?

Recordemos que el 10 de Tevet marca un comienzo: el comienzo del sitio que llevo a la destrucción del primer Beit HaMikdash – Templo Sagrado de Jerusalem – en el 586 AEC por los Babilonios; se trata del comienzo de un final.

Todos los comienzos se dirigen a algún lado, tienen un objetivo, un final. Y mientras avanzamos por el camino de la vida, cometemos errores, y también los superamos. Para la mayoría de nosotros, cometer y superar nuestras deficiencias, es parte de nuestra lucha diaria que nos ayuda a elevarnos, a acercarnos a Dios y cumplir mejor Sus preceptos. Pero cada error, cada paso en falso que damos es en sí mismo un nuevo comienzo. Si no se lo toma en cuenta, si no nos hacemos cargo del mismo, el error de esta mañana necesariamente se convertirá en parte de esa red de errores y oportunidades que perdimos. Al final del día, mientras reflexionamos y nos damos cuenta de estos errores, viene el remordimiento de conciencia. Asimismo, al final de nuestra vida, seguramente vamos a reflexionar sobre cómo nos fue, lo que hicimos y lo que no, y ese momento estará lleno de remordimiento. Pero, ¿es el final del día el momento correcto para llorar? ¿Es el final de nuestros días el momento para arrepentirnos?

Nuestros sabios nos enseñan que incluso antes de la creación del mundo, Dios creó la capacidad de teshuváh (- regreso o arrepentimiento -). De acuerdo con el Talmud, Dios ” creo la cura antes que la aflicción”. Es decir que Dios, en Su infinita sabiduría, sabía de antemano que nosotros aprendemos de nuestras experiencias: el mundo no puede avanzar sin teshuváh. El propósito Divino de la creación no se puede realizar sin la capacidad y el esfuerzo por la teshuváh, es decir, mejorarnos como personas; dirigirnos y acercarnos cada vez más a la voluntad Divina: hacer de Su voluntad nuestra voluntad.

✍🏼 📝 Tomado de la enseñanza de los rabinos Glazerson & Gad Erlanger 🗒️ ✡️

Ezrá haSofer y el Ayuno del 10 de Tevet

Autor: Rab Yosef Bitton

Mañana, martes 7 de Enero, conmemoramos el diez de Tebet, un día de ayuno que nos recuerda tres trágicos acontecimientos en la historia del pueblo de Israel. Uno de los eventos que recordamos en este día es la muerte de Ezrá haSofer.

Setenta años después de la destrucción del Bet haMiqdash, aproximadamente en el año 516 antes de la era común, el emperador persa Ciro permitió a los judíos regresar a Erets Israel.  Un total de 42.360 Yehudim volvieron a Israel, guiados por Zerubabel (ver libro de Ezrá 2:64).

Años más tarde, más judíos hicieron Aliá inspirados por Ezrá y Nejemiá. Nejemiá fue el líder político que persuadió al emperador persa, Artajshasta, a que permitiera reconstruir las murallas de Jerusalem con el fin de proteger a la población judía de la ciudad y garantizar la seguridad del Bet haMiqdash (ver Nejemiá, capítulo 1-2). Y Ezrá cargaba con la enorme responsabilidad de reeducar a los judíos que habían llegado a Israel luego de haber vivido durante tres o más generaciones en el exilio en Babilonia, sin escuelas, sin sinagogas, y en medio de la población pagana local. Muchos judíos habían olvidado la Torá, sus leyes e incluso su lenguaje, y habían adoptado los valores de la cultura local.

Una vez en Yerushalayim, Ezrá estableció el Anshé Keneset haGuedolá, el primer Parlamento judío, compuesto por 120 miembros, sabios y profetas. Con ellos, Ezrá fijó un extenso número de resoluciones para revivir el estudio y el cumplimiento de la Torá, y reeducar al pueblo judío. Entre otras cosas, Ezrá incrementó los días de lectura pública de la Torá; compuso el texto de la Amidá (oración principal) porque la gente se había olvidado cómo orar correctamente; adaptó los nombres de los meses hebreos al araméo; modificó el tipo de letra (los «fonts») del texto bíblico (ketab ashurí) para facilitar el estudio de Torá, etc. 

Ezrá también tuvo que tomar decisiones muy dramáticas, como la exclusión de los samaritanos, una población mixta semi-pagana que vivía en Israel desde los tiempos del destierro de las 10 tribus (722 b.c.e.) y que pretendía ser aceptada como parte del pueblo judío.

Ezrá también tuvo que hacer frente a la cuestión de los matrimonios mixtos de muchos de los Yehudim que llegaron de Babilonia con sus esposas no judías. Este último dramático evento es narrado en los capítulos 9 y 10 del libro de Ezrá.

Gracias a la sabiduría de Ezrá, a su coraje y a sus principios no negociables, el pueblo judío fue capaz de sobrevivir y restablecerse nuevamente en Israel como la nación de HaShem.

Ezrá fue considerado por nuestros rabinos como el vínculo histórico entre la Torá escrita y la Torá oral. La Torá oral, los rabinos explicaron, fue olvidada en el largo cautiverio de Babilonia, y fue recuperada gracias a los esfuerzos de Ezrá haSofer.  Junto con Nejemiá, completaron la construcción del segundo Bet haMiqdash, construyeron los muros de protección alrededor de la ciudad y ayudaron a que los judíos se restablecieran en la tierra de Israel.Ezrá murió en un día como hoy, un 9 de Tebet. Fue considerado por nuestros sabios como un segundo Moshé.

La Energía del Mes de Tevet y la Historia

Autor: Daniel Ben Itzjak

Tres acontecimientos principales sucedieron durante el mes de tevet.

La Traducción de la Torah

Un día ocho de tevet el rey Talmai obligó a setenta ancianos de Israel a traducir la Torá, la Sabiduría de Moisés, al idioma griego. Pero, y como ya explicamos en el Calendario Cabalístico del mes de kislev, la raíz del idioma hebreo en ningún caso puede ser contenida por completo en otro idioma. Por consiguiente, traducir la lengua del Paraíso es tomar lo más superfluo y presentarlo falsamente como lo esencial. O, mejor dicho: es tomar al rey de la selva, al león, y encerrarlo en una estrecha jaula.

La muerte del último profeta.

Un día nueve de tevet murió Esdra, el escriba, el último profeta. Y si entendemos la profecía como la revelación de la voz celestial en el marco limitado del mundo físico, a partir de su muerte se genera la máxima desconexión entre los cielos y la tierra.

El sitio a Jerusalén

Un día diez de tevet Jerusalén fue asediada por el ejército enemigo. No fue destruida -esto sucederá más tarde, en el mes de av- sino sitiada. No se podía entrar en Jerusalén ni tampoco los habitantes de la ciudad podían abandonarla. La ciudad divina había sido desconectada.

Mas en este punto debemos tener sumo cuidado ya que al referirnos a la historia, y principalmente a acontecimientos negativos, solemos asociar al tiempo con lo sucedido. Es decir, un mes es peligroso porque en él sucedió tal o cual suceso. Sin embargo, en realidad sucede exactamente al revés: la esencia del mes no se establece sobre la base de los acontecimientos históricos sino que debido a la naturaleza del mes se originan tragedias de este tipo. E incluso una torre muy alta se tambalea y cae cuando soplan vientos demasiado fuertes. Los vientos provocan el derrumbe. De igual modo, los vientos espirituales de tevet provocaron los acontecimientos antes nombrados.

Comencemos el análisis de los mismos.

Tres modos de un mismo encierro
La traducción de la Torah

De acuerdo con el relato bíblico, la luz fue creada en dos oportunidades. La primera, al comienzo mismo de la historia, cuando el Creador determinó: «Que haya luz». La segunda en el cuarto día, al crearse las luminarias.
Los sabios nos enseñan que la naturaleza de estas luces es completamente diferente: la primera, consecuencia de la Palabra divina original, permitía al hombre observar de un extremo al otro del mundo. La segunda, consecuencia de las luminarias, es la luz que conocemos, la luz «física». Sin embargo, continúa la enseñanza mística, cuando el Creador observó que la primera luz maravillosa también sería aprovechada por los malvados, la guardó y la reservó para placer y goce de los justos en el Mundo Venidero. ¿Dónde guardó El Eterno esta luz? En la misma Torá. Esto explica por qué la Sabiduría de Moisés, la Torá, también es denominada «Luz» en el lenguaje de los sabios: «oraita» en idioma arameo.

Tal vez una de las experiencias más extrañas que atraviesa la persona que se inicia en la sabiduría de la Torá, es aceptar y adaptarse al método de estudio. ¿A qué nos referimos? Si tomamos por ejemplo el estudio de la Torá oral, el Talmud, encontramos que el mismo se basa en la repetición. Incluso la raíz hebrea de la palabra Mishná también señala la reiteración en el estudio. Significa: aspiramos a entender el texto hasta los niveles de máxima profundidad, pero aquí no termina la tarea del estudiante. Ahora debe repasar, y preferiblemente en voz alta, el texto aprendido. Y el hombre occidental, racional por naturaleza, se siente extraño ante este método de estudio, y entonces pregunta: si ya he entendido el texto ¿para qué debo repasarlo? Y si ahora ya lo se incluso de memoria y lo puedo repetir aunque me despiertan en mitad de la noche, ¿para qué me indican de todos modos repetirlo y repetirlo?

Rabí Moshé Jaim Luzzatto, el genial cabalista italiano, enseña que la repetición en el estudio de la Torá es similar al acto de una persona que raspa un objeto determinado con la intención de quitarle capas y acceder a su centro, a su núcleo, al sitio de los tesoros escondidos. Al repetir el texto una y otra vez vamos cavando, quitando estratos, liberándolo de cáscaras que encubren precisamente aquella luz original que fue escondida en el interior de la Torá. Y no sorprende entonces que el estudiante dedicado, aquel que ya ha aprendido el arte del estudio y la repetición, logra al hacerlo un nivel de placer proporcional únicamente al contacto con el Mundo Venidero, tiempo en el que la luz primigenia brillará en todo su esplendor.

La dura y penosa tarea de cavar en una tierra dura y seca se ve recompensada al toparse cara a cara con el tesoro más bello que alguna vez haya podido imaginar.

Y es precisamente esta luz de sabiduría la eclipsada durante el mes de tevet ya que al ser traducida al idioma griego, su resplandor queda aprisionado tras las rejas de un idioma extraño. Ahora podremos tal vez entender su mensaje, pero jamás lograremos experimentar el baño de su sagrada Luz.

La muerte del último profeta

Ante todo presentamos algunos pasajes de profunda sabiduría del cabalista Rabí Moshé Jaim Luzzatto extraídos de su obra El camino de Dios, los cuales se refieren específicamente a la profecía:

Este es un grado de inspiración donde un individuo alcanza el nivel donde se acerca a Dios, de tal manera que él siente verdaderamente su apego. Entonces él capta que está apegado a Dios… Esto lo siente con total claridad de forma consciente que no deja lugar a ninguna duda. El individuo está entonces seguro de esto, como si se tratase de un objeto físico percibido por sus sentidos.

El principal concepto de la profecía es, por lo tanto, que una persona viva llegue a una apego y cercanía completa con Dios. Esto en sí mismo es ciertamente un alto grado de perfección y es también a menudo acompañado de cierta información e iluminación; a través de la profecía uno puede ganar conocimiento de muchos aspectos muy elevados entre los misterios escondidos de Dios. Estos son percibidos muy claramente, como todo el conocimiento obtenido a través del proceso de iluminación.
Cuando Dios se revela y confiere Su influencia, un profeta se altera enormemente. Su cuerpo y sus extremidades comienzan a temblar inmediatamente y él siente como si fuera volteado.

Esto es la naturaleza de lo físico. No puede tolerar la revelación de lo espiritual, y esto es particularmente cierto cuando se trata de la revelación de la Gloria de Dios. Los sentidos del profeta cesan de operar y sus facultades mentales no pueden funcionar independientemente. Se han convertido en dependientes de Dios y del influjo que está siendo conferido.
Como resultado de este apego del alma, se obtiene un grado de iluminación completamente más allá del poder de la razón humana. Esta iluminación no llega por su propia naturaleza, sino como una consecuencia del hecho que las altas Raíces están rodeándola. El alma percibe las cosas de una forma más intensa que en ocasiones normales.

El poder de la profecía entonces es mayor que el del espíritu divino, aún con respecto al conocimiento obtenido. La profecía puede traer la más alta iluminación posible al hombre que se da como resultado de la unión con su Creador.

La revelación de la Gloria de Dios es lo que inicia todo lo que se transmite en una visión profética. Esto es entonces transmitido al poder de imaginación en el alma del profeta – nefesh – la cual a su vez forma imágenes de los conceptos forjados en ella por el poder de la alta revelación. La imaginación, sin embargo, no inicia nada por su propia cuenta.

Estas imágenes, a su vez, conducen hacia las ideas e información del profeta, cuya concepción viene del poder de la Gloria revelada. El asunto queda fijado en la mente del profeta y cuando él retorna a su estado normal, este conocimiento es retenido con perfecta claridad.

En resumen, la profecía implica la máxima cercanía de Dios con los mundos físicos y la posibilidad humana de conectarse con las Raíces superiores y obtener iluminación e información.

Con la muerte del último profeta, la Voz de Dios, la que rompía y se burlaba de toda distancia, es restringida y confinada a los ámbitos celestiales.

El sitio a Jerusalén

Los sabios griegos, en sus albores, investigaron acerca de lo que las cosas son. Tales de Mileto, por ejemplo, señala el agua como el principio de todas las cosas, otros propusieron el aire, la tierra, etc. Los hebreos, por su parte, apoyados en la certeza de que absolutamente todo proviene de Dios, no se interesaron en demasía por el origen de todo, aunque sin embargo se vieron atraídos por otra investigación filosófica, la cual denominaremos la búsqueda del centro: el centro de la persona, el centro del mundo. ¿A qué nos referimos? Muy sencillo: el centro, de acuerdo con el Maharal de Praga, es aquello que permanece intacto e inmutable debido a su importancia fundamental y porque no tiende a los extremos. No se dispersa, no recibe fricción alguna, no entra en contacto con lo circundante. Además, el centro esencial mantiene y nutre a toda la estructura que lo rodea. El corazón es el centro del hombre ya que es la fuente de vida de la cual se nutre el cuerpo.

¿Y el centro del mundo? Muy simple: Jerusalén.

Los mapas antiguos dibujan al mundo como una flor, con sus pétalos extendidos en las cuatro direcciones – los continentes – y Jerusalén en el centro. O para decirlo de un modo más exacto: el centro del mundo es la Tierra Prometida; el centro de ésta, Jerusalén; el centro de Jerusalén, el Templo, y el centro del Templo el Sanctasactorum, el kodesh hakodashím, sitio de tal nivel de santidad que sólo podía ingresar el Gran Sacerdote, una vez al año, el Día del Perdón.

El Talmud también señala que la persona debe dirigir sus plegarias en dirección a Jerusalén, lo cual refiere al lugar de máxima conexión entre los mundos físicos y los mundos espirituales.

Jerusalén es el centro del mundo porque a partir del Templo la espiritualidad llega a los ámbitos terrenales y los ilumina.

El diez de tevet fue sitiada la ciudad de Luz, Jerusalén. La morada de Dios entre los hombres y el sitio elegido por Su gloria quedó herméticamente cerrado por los enemigos.

* * *

Mas no debemos confundirnos: lo verdaderamente grave de todo encierro es su consecuencia directa, la desconexión. Independientemente de si se trata de la traducción de la Torá, la profecía o Jerusalén, la interioridad, el corazón, la luz, aquello que esencialmente fue creado para expresarse e iluminar, ahora queda encerrado, eclipsado y desconectado de su objetivo último.

Cuando la Torá es traducida, y por consiguiente desconectada de su raíz de Luz, el sentido más profundo de la Sabiduría queda encerrado entre palabras y frases que dicen poco o nada.
Cuando la profecía es anulada la Presencia Divina y la claridad de su mensaje sólo logran expresarse a través de señales confusas y equívocas.
Y cuando Jerusalén es sitiada, la maravillosa Luz de la ciudad del Templo queda oculta y velada entre las callejuelas de una ciudad que ahora se presenta como cualquier otra.

En resumen: la tribu de Dan, esencialmente conectada al mes de tevet, se inclina a la idolatría y en este mismo mes Moisés es ocultado por su madre, la Torá traducida al griego, la profecía anulada y Jerusalén sitiada por lo enemigos.


Extraído de «El Calendario Cabalístico» de Ben Itzjak. Editorial Edaf. Este libro pertenece a la colección del Club Hebreo del Libro.


Bitácora Relacionada:

El Ayuno del Décimo Mes (10 de Tevet) y Sus Características

El Ayuno del Décimo Mes (10 de Tevet) y Sus Características

Por P.A. David Nesher

En la conciencia mesiánico-hebrea, un día de ayuno es un tiempo ideal para llamarse a la reflexión; un tiempo oportuno para corregir un error pasado, y re-configurar la forma de pensar para pautar un destino de calidad total.

El 10 de Tevet es considerado tan severo e importante que su ayuno es observado en la Casas de Judá incluso si cae en viernes.

¿Qué pasó el diez de Tevet que tenemos que corregir?

Para responder correctamente esta pregunta, primeramente es necesario que nuestro entendimiento se informe acerca de los hechos históricos que determinaron la costumbre de ayunar en este fecha particular del 10º mes. 

El ayuno de Asara Betevet, (traducdio 10 de Tevet) conmemora el sitio de Jerusalén en el año 589 A. E. C. por medio de Nebucodonosor, rey de Babilonia, que terminó treinta meses después en la destrucción del primer Templo de Jerusalén, seguida por 70 años del exilio babilónico.

Para entender bien la historia de este sitio o asedio, necesito retroceder unos años antes, y compartirles los hechos más importante que permitirán la comprensión de todo estos acontecimientos.

Después del asedio de 597 d.C, el rey Neo-Babilónio Nabucodonosor confirmó a Sedequías, con tan solo 21 años, como rey tributario del Reino de Judá (Sur). Aun así, Sedequías se rebeló en contra de Babilonia, y realizó una alianza con el Faraón Jofrá, el rey de Egipto.

Nabucodonosor enfurecido por esta traición, respondió por medio de la invasión de Judá​ y empezó el asedio de Jerusalén en diciembre 589 a.E.C. Durante este asedio, cuya duración varió entre los 18 o 30 meses, “cada mal golpeo a la ciudad, la cual bebió la taza de la furia de Dios” (por favor, leer 2Reyes 25:3; Jeremias 4:4). ​ 

En el 586 a.E.C., después de la conclusión del undécimo año del reinado de Sedequías, Nabucodonosor penetró a través de las paredes de Jerusalén, conquistando así la ciudad.  Sedequías y sus seguidores intentaron huir pero fueron capturados en las llanuras de Jericó y llevados a Ribla. Allí, después de ver a sus hijos ser muertos, Sedequías fue cegado, atado, y tomado cautivo a Babilonia, donde permaneció prisionero hasta su muerte.
Lo triste es que los babilonios rodearon Jerusalén y comenzaron un sitio de tres años que terminó en la destrucción del Templo y en el comienzo del exilio que aún no ha terminado. Incluso durante el tiempo de Ezra, que fue lo más cercano que estuvimos de una redención nacional, la mayoría de los judíos nunca volvieron a casa. Hicimos nuestra vida en Babilonia, Persia, Grecia y otros lugares para estar cómodos, ser aceptados y, aún peor, ser normales.

Comprendido ahora el contexto histórico, volvamos a remarcar que en el día diez de Tevet, el rey Nabucodonosor comenzó el sitio de Jerusalén. En realidad, hubo poco daño en ese primer día y ningún judío fue asesinado. ¿Entonces, por qué es tan trágico este día? Porque el estado de sitio fue un mensaje, para que el pueblo judío se despertara y solucionara sus problemas. Sin embargo, su orgullo fue más fuerte y así fallaron una vez ante la Instrucción de Yahvéh, por lo que el estado de sitio los terminó  llevando a la destrucción del Sagrado Templo construido por el rey Salomón.

Por esto, durante el exilio babilónicos, los profetas y los sabios instituyeron un ayuno el diez de Tevet. 

Hoy también estamos en estado de sitio.  Los constantes embates del sistema reptiliano oprimiéndonos al materialismo neoliberal actual, persigue que olvidemos y hasta ignoremos nuestro precioso legado. Los resultados son catastróficos: asimilación en las modas y tendencias hedonistas, y falta de claridad en nuestros objetivos como pueblo dentro de Israel. ¿Entonces, cuál es el mensaje para nosotros? Despertar y entender. ¿Qué es lo que quiere Yahvéh? Si hay un estado de sitio, escucha el mensaje ahora. No esperes que llegue la destrucción.

Si el problema hoy es la falta de apreciación por nuestro legado, entonces la solución es clara: aumentar el amor por la Torá, el amor por los judíos, y el amor por Israel y Jerusalem. Dios nos está diciendo: el estado de sitio no será levantado hasta que corrijan el error.

La solución es bien clara, y es la misma que el Eterno propuso en aquella ocasión de asedio babilónico:

  • Aumentar el amor por la Torah, combatiendo la ignorancia de sus códigos lumínicos. Debemos darnos cuenta de que la enfermedad más destructiva, dolorosa y contagiosa es la ignorancia. La ignorancia es la prisión para Dios. La ignorancia provoca vidas desperdiciadas y sufrimientos inexplicables. Por todo esto, tienes una obligación para con tus compañeros de tu cotidianidad. ¡Si sabes algo, enséñalo!
  • Desarrollar el amor al prójimo, proclamándole el Camino y la Verdad de la Vida. ¿Ves seres humanos caminando por ahí deprimidos, muertos en sus delitos y pecados? Entonces ofréceles  algo de alegría. Si tienes la habilidad, debes ayudar. Si no, siempre cargarás en la conciencia “lo que podrías haber hecho”. No te menosprecies. Tienes la habilidad de tener un impacto dramático en los demás. No debes ser el senador de una provincia o estado para hacer una diferencia. Con una sola cosa de sabiduría puedes ayudar a la humanidad. ¡Entonces si sabes la clave para la felicidad, enséñala!
  • Aumentar en nuestras conciencias el amor por Israel y Jerusalén. Interceder por Jerusalén y sus defensores, es también una muestra de amor al prójimo, no importa cuanto el o ella difieran de ti. Porque si hay una virtud redentora de estar bajo sitio, es la oportunidad de darnos cuenta que, en esto, estamos todos juntos.

Entonces debemos entender que observamos el 10 de Tevet como un día de ayuno, arrepentimiento y retorno, en el sentido que aceptamos que es un día dedicado a salvaguardar las murallas de nuestra identidad, reparando sus brechas, y asegurándonos que sus puertas funcionen apropiadamente.

El ayuno tiene el objetivo de ser un momento para preguntarnos si deberíamos transitar la historia como viajeros tranquilos mirando por la ventana mientras somos conducidos a lugares desconocidos, o si deberíamos hacer algo para determinar en qué dirección nos encaminaremos. Hoy, más que nunca, todas las puertas están abiertas. Podemos elegir el camino de permitir que otros definan quiénes somos y luego vivir según esa definición. 

Yahvéh, nuestro Dios, nos está diciendo: el estado de sitio no será levantado hasta que corrijamos el error.

Tevet es un tiempo de retorno y redefinición. Espero que todos seamos capaces de utilizar el poder de este mes para descubrir quiénes somos en el Mesías y quiénes queremos ser por medio de Él, bajo el Yugo de su Instrucción. Ésta es la clave de la redención personal, la cual a su vez es la clave de la redención nacional.

¿Cambiaremos? ¿Despertaremos a la realidad?

Tenemos que ocuparnos de cumplir con la misión de nuestro propósito mesiánico. Si no hacemos el esfuerzo, es porque no nos interesa lo suficiente. Tenemos poderes espirituales para lograrlo. ¿Los  utilizaremos?

¡Es urgente que escuchemos el mensaje divino antes de la destrucción! ¡El momento es ahora!