Levítico

Cuarenta y Nueve Pasos para Alcanzar La Gloria… (Sefirat haOmer)

Por David Nesher

“Y contaras desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofreciste la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán”

(Vayikra/ Levítico 23:15)

Muchos de los nuevos talmidim (discípulos) que Abba nuestro me ha entregado para capacitarlos en el Yugo de Yeshúa, me preguntan ¿qué es y qué significa el ritual de la Cuenta del Omer?

En forma sintética y sencilla responderé que la Cuenta del Omer es una mitzváh (mandamiento) que conecta Pesaj con Shavuot, es decir, el Éxodo de Egipto con la Entrega de la Instrucción (en hebreo: Matán Torah) en el Monte Sinaí.

Ahora bien, profundizando la respuesta (y en verdad este ritual lo merece) diré que el denominado Conteo del Omer es un período de siete semanas en el que el Espíritu Santificador del Eterno nos conduce desde la festividad de Pesaj, la celebración de la libertad en la cual salimos cada año del diseño mental llamado Mitzrayim (la limitaciones de la esclavitud de Egipto), hacia la festividad de Shavuot (“Las Semanas”), celebración de la entrega de la Torah (Matán Torah), cuando recibimos año tras año el sello de Su Instrucción para enseñarnos acerca de nuestro derrotero en el mundo. Esto quiere decir que la libertad de Israel fue de un estado de conciencia de estreches y de conformidad a un estado de recuperación total del control de sus vidas, de sus emociones, purificando paso a paso, cada día su carácter, depositando toda su confianza en el Eterno y en las verdades fieles de la Instrucción (Torah).

Considerado el relato histórico de ese modo, descubrimos que la cuenta del Omer constituye el pasaje de la libertad hacia nuestro encuentro con el propósito eterno que tenemos en la vida. Es un proceso metodológico divino de transición del estado mental reptiliano en que  creemos que podemos hacer lo que queramos, de acuerdo a nuestras necesidades de supervivencia, a un estado en que sabemos lo que queremos hacer, en el cual estamos conectados a nuestro verdadero destino. Este proceso es totalmente voluntario, es decir, que cada redimido decide esforzarse para realizar esta auto-educación.

Para entender bien este ritual sacerdotal-profético, recordemos que Mitzrayim (Egipto, en hebreo) significa “limitaciones”, “estrechez” «fronteras» o “confinamiento”; por lo que puede traducirse como: «zona que me limita desde mis angustias«.

Mitzrayim representa el conformismo y la restricción que el propio ego del ser humano produce en el interior de un individuo. Es el símbolo de nuestra zona de confort, cuyos pensamientos cohíben e inhiben nuestro libre movimiento y expresión. Entonces, en cada Pesaj, el Eterno nos hace tomar conciencia que dejar Mitzrayim (Egipto) significa lograr la libertad de lasa restricciones.

Después de abandonar Egipto, los hebreos pasaron los siguientes cuarenta y nueve días en el desierto preparándose espiritualmente para la experiencia más monumental de todos los tiempos: la entrega de la Torah en el Monte Sinaí. Nosotros, al igual que los hebreos que salieron con Moshé, si deseamos realmente liberarnos de toda actitud negativa, y  hacer una introspección que lleve al cambio, necesitamos entrar en un proceso de refinamiento gradual de nuestra alma en su temperamento y carácter.

Para asegurarse el éxito de esta promoción psíquica, el Eterno nos acompaña guiando a controlar la ansiedad que provoca todo cambio, haciéndonos tomar conciencia de que este proceso, como todo cambio, tiene un lema: “un día a la vez”. Este lema es necesario tenerlo en cuenta, ya que es un error común, en los seres humanos, creer que un cambio puede ocurrir de la noche a la mañana, especialmente si el cambió que estamos buscando anhela obtener un resultado positivo de por vida, y especialmente si se trata de nuestro carácter…

Este proceso de auto-educación consiste en provocar que el alma ascienda en la escalera emocional de su misma estructura psíquica, guiada por preguntas del propio espíritu humano, que bajo la influencia del Espíritu de Yahvéh procura llegar a niveles celestiales mayores. En esta peregrinación el alma se mueve en un proceso liberador de la esclavitud que producen nuestros pensamientos, malos hábitos y distintas adicciones de la sociedad que nos rodea e intoxica.

Para esto se creó Sefirat haOmer. Para entender y valorar que en el peregrinar de nuestra fe, ¡cada paso tras Yeshúa es un paso a una mayor Gloria!

Bitácoras que ayudarán a entender mejor esta disciplina profética:

¿Qué es el Omer?… ¿Para qué sirve?

Los Ciclos del Eterno

¿Qué Significa Sefirá?

Los Siete Aspectos Mesiánicos de Nuestra Santidad

La Alimentación que Conecta con el Eterno

Por David Nesher

 

“No os hagáis abominables por causa de ningún animal que se arrastra; y no os contaminéis con ellos para que no seáis inmundos. “Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. “Porque yo soy el Señor, que os he hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy santo.”

(Levítico 11: 43-45)

 

Repasemos lo que hemos visto en esta semana:

Después de ocho días desde la iniciación de los rituales para ungir a Aarón y sus hijos como sacerdotes, asumieron sus cargos.  Toda la congregación estuvo frente al altar, mientras Aarón ofrecía sacrificios por sí mismo y por todo el Pueblo de Israel.  Luego Aarón alzó sus manos hacia el pueblo y los bendijo. Posteriormente, Moshé y Aarón entraron al Mishkán y los restos de sacrificios que aún había, fueron consumidos por un fuego divino.  Ante este hecho, el Pueblo se arrodilló, en actitud de adoración al Eterno.

Dos hijos de Aarón, Nadab y Aviú, tomaron inciensos nunca indicados por el Eterno para su uso, y los encendieron en el Santuario, presentando ante el Creador un fuego extraño.  Fue entonces, que apareció un gran fuego que les produjo la muerte.  Sus cuerpos fueron retirados por Mishael y Eltzafán, hijos de Uziel, tío de Aharón, y llevados fuera del campamento.  Este hecho conmovió a Aarón, pero Moshé le explicó que los kohanim (sacerdotes) tenían la responsabilidad de salvaguardar el nivel de santidad que Yahvéh requirió.  Aarón y sus dos hijos restantes, Eleazar e Itamar fueron instruidos por Moshé de no exteriorizar aflicción, siendo sumisos a la voluntad del Eterno.

El Todopoderoso le dijo a Aarón, que los kohanim no debían beber vino o licor antes de entrar al Tabernáculo, para cumplir con sus deberes en el Mishkán o al instruir al Pueblo.

Pues bien, hoy, nos toca considerar acerca de lo que el Eterno ordenó a Moshé y a Aarón para que instruyeran al Pueblo sobre su alimentación.    Podían comer carne de animales, pero debían observar que no fueran impuros, no kasher o kosher. Kosher es una palabra que deriva del hebreo Kashrut que significa “puro”. Por lo tanto, si aplicamos la palabra kosher al ámbito de la comida y la alimentación nos referimos a alimentos puros o mejor dicho aptos en cuanto a seguridad alimentaria y calidad, para ser consumidos por los hijos de Israel, y así fortalecernos en su espiritualidad.

Desde esta definición, me veo obligado a decir que si bien kashrut nos aporta muchos beneficios relacionados con la salud, como algunos argumentan como prioridad en la exégesis de este pasaje, en realidad estos son «beneficios» y no «razones«. Sin embargo, el Eterno, al dar las leyes del kashrut,  quiere que usemos nuestro intelecto y entendamos sus mandamientos primordialmente desde una sentido espiritual, para llevarlos a la praxis de la mejor manera que podamos. El kashrut debe ser visto como «nutrición espiritual«: de la misma forma que hay alimentos que son buenos para el cuerpo y alimentos que son dañinos, hay alimentos que nutren el alma hebrea y la refinan espiritualmente, y hay alimentos que afectan al alma redimida, intoxicándola con lo reptiliano.

En la cosmovisión divina de nuestro diseño original, nuestro cuerpo es visto como un instrumento de lo que el alma recepciona del espíritu. Según las Sagradas Escrituras nuestra alma desea hacer mitzvot, es decir cumplir con los mandamientos de la Instrucción (Torah) realizando las acciones correctas que la acerquen a la semejanza con Dios a través del Mesías (Romanos 7: 14-25). Para ayudar a nuestra alma, nuestro cuerpo debe participar también de esas acciones. Por ello, cuando comemos, el alimento deja de ser un elemento extraño y se asimila al organismo y también el componente espiritual (energía vital) de ese alimento es integrado al torrente de vida de la persona. Por lo tanto, nuestro cuerpo físico es modificado por lo que lo alimenta y el espíritu humano altera su condición con el mismo.

El kashrut es la dieta que el Eterno ofrece para desarrollar la espiritualidad de Su Pueblo. Este pasaje enseña que la comida no kosher bloquea el potencial espiritual del alma.  En cambio, los animales kosher, propiamente matados y preparados, tienen más «chispas de santidad» que serán incorporados a nuestro ser.

Al leer este capítulo, notamos que solamente se puede ingerir carne de animales cuadrúpedos que tuvieran pezuñas partidas y rumiantes.  Por lo tanto quedó prohibido comer carne de camellos, conejos, liebres y cerdos.

De los animales que viven en el agua, sólo aquellos que tienen aletas y escamas.  Todos los demás quedaron prohibidos para consumir, como ser los moluscos.

De las aves, fueron prohibidas las de rapiña, como el águila, buitre, etc.  También son impuros los insectos y otros seres que se arrastran, como ratón, comadreja, lagarto, caracol, reptiles, etc.

Al investigar las razones esenciales de estos preceptos, se nos devela que la pureza y la santidad son bases en la vida de los hebreos. Así se entiende que prioritariamente Yahvéh le dio a Israel las leyes dietéticas para hacerlos santos. La palabra santo no se refiere necesariamente a una calidad moral o ética. Significa ser apartado para el Señor.  Los requisitos distintivos de las leyes dietéticas (kashrut) de la Torah lograban que los hebreos se obligaran a agruparse en comunidades de propósito celestial al tiempo que limitaban sus posibles interacciones con otras comunidades conectadas al sistema reptiliano. Es que el pueblo de Israel había sido llamado a ser una nación sacerdotal para el Eterno y por eso tenía la obligación de separarse de las cosas y los animales que producen impureza ritual, y que en las naciones cananeas era tan importante consumir para atraer el favor de sus dioses.

Hemos aprendido hasta ahora que los sacrificios son el pan del Eterno y él sólo podrá “comer” animales que son limpios. Por eso Él no permite que sus hijos que pueden vivir cerca de su morada, coman cosas que Él no puede recibir en sacrificio. Sus hijos tienen que imitar la conducta de su Padre (comparar con Deuteronomio 14:1-21).

Todo lo prescrito en la Instrucción (Torah) enseña que un hijo de Israel que come un animal impuro se vuelve ritualmente impuro, en hebreo tamé, (para un mejor entendimiento de esta idea divina los invito a leer el concepto de Perfeccionamiento),  y si come animales abominables se vuelve también abominable para el Eterno, como está escrito en Levítico 11:43-44. De este modo, la revelación de la Torah implantó en la mente de los hebreos que la Presencia del Eterno en medio de ellos exige una dieta más estricta para que el tabernáculo no sea contaminado por ellos a la hora de entrar en él (7:21).

Con estas leyes de santificación ritual en la alimentación (kashrut), Yahvéh dejó bien claro que cada integrante de Israel se encuentra espiritualmente conectado con Él como Creador del mundo. Él es la fuente de la vida y dispuso que su pueblo se conecte con Él sacerdotalmente a través de un sistema que sea apropiado para la vida espiritual. Si bien todo lo que Yahvéh creó en su mundo tiene una finalidad en lo espiritual, hay niveles de acercamiento al Creador y hay niveles de vida espiritual. En este capítulo de Vayikrá queda revelado que el pueblo de Israel se eleva a través de los preceptos a un nivel de conexión con la fuente de la vida según las capacidades y potencialidades que son parte de su propia esencia. Yahvéh, enseña así a sus hijos que la pureza es el instrumento que nos ayuda a conectarnos con este mundo espiritual y la diferenciación entre este mundo espiritual y aquello que no es tal, es el marco que nos marcará el ritmo de nuestra elevación como personas cada vez más espirituales.

Junto con el motivo de elevación espiritual, que enmarca la personalidad de Israel bajo un prisma de pureza, cuyo instrumento comienza a partir de lo que se consume, se desprende un elemento adicional en las conductas alimenticias del pueblo. El «kasher» es sin lugar a dudas una señal de identidad nacional, de una manera tajante por medio de sus normas se marca una diferencia clara entre el mundo de los hijos de Sión y el mundo externo. A través de este sistema nutricional, El Eterno impide que tanto los hijos primogénitos como aquellos que no lo son se sienten juntos en banquetes asimilatorios, haciendo una especial remembranza del pasado en Egipto: «Porque Yo, El Eterno, que te he hecho subir de la tierra de Egipto para ser para ustedes Dios, por lo tanto serán santos… y deberán diferenciar entre lo puro y lo impuro…» (Vayikrá 11: 41-47). Es decir, debido a que Israel es santo, separado, se le ha entregado un sistema de alimentos que tiene como consecuencia además una identidad como nación una separación de elementos morales extraños a la esencia del pueblo de Israel.

Mediante el kashrut el Pueblo Escogido se mantendrá consciente en que tiene una misión, la llamada «letakén et haolam» (לתקן את העולם), es decir reparar el mundo por medio de los códigos creativos revelados en la Torah. Entonces, descubrimos que este pasaje nos ofrece una dieta especial que nos recuerda nuestra misión y nos mantiene juntos como un solo pueblo para poder realizar esta Gran Comisión con excelencia.

Evidentemente la kashrut nos hace mejores personas, por lo que deberíamos respetar esta forma de alimentación, sin ponerla en duda, sin cuestionarla porque si proviene del Eterno, nuestro Dios, es bueno para nuestra vida.

Si logramos escoger nuestro alimento no solo a partir de necesidades materiales, sino que lo enmarcamos en una dimensión espiritual, habremos conseguido formarnos bajo una salud más espiritual y moral que física.

Por lo tanto, debemos entender que la dieta kasher es primordialmente espiritual. No promete hacer perder peso o a sentirse más saludable, sino que supone que cada uno de nosotros, practicándola, logrará refinar su alma, acorde a la imagen divina puesta por creación en nuestro espíritu, y activada por redención a través de la obra redentora de Yeshúa HaMashiaj.

Recuerda pues que, según nuestro Señor: ¡eres lo que comes!

Bitácora recomendable para completar este estudio:

Alimentos para una Personalidad Sana (Las Leyes Alimentarias)

Escamas y Aletas: Raíz y Base de la Verdadera Espiritualidad

8 RAZONES MÉDICAS POR LAS QUE YO NO COMO CERDO

¿Existen Los Alimentos Sagrados?

También te invito a ver esta EXPLICACIÓN de las Leyes Kashrut de la ALIMENTACIÓN:

Sacrificio por la Culpa: El Poder de Practicar la Confesión

Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa; es cosa muy santa.
En el lugar donde degüellan el holocausto, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre alrededor sobre el altar. Y de ella ofrecerá toda su grosura, la cola, y la grosura que cubre los intestinos, los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar, ofrenda encendida a Jehová; es expiación de la culpa. Todo varón de entre los sacerdotes la comerá; será comida en lugar santo; es cosa muy santa. Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán; será del sacerdote que hiciere la expiación con ella. Y el sacerdote que ofreciere holocausto de alguno, la piel del holocausto que ofreciere será para él. Asimismo toda ofrenda que se cociere en horno, y todo lo que fuere preparado en sartén o en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere. Y toda ofrenda amasada con aceite, o seca, será de todos los hijos de Aarón, tanto de uno como de otro.

(Levítico/ Vayikrá 7: 1-10)

Lo maravilloso de investigar la Instrucción (Torah) es que al describir lo que se debía de hacer con los sacrificios, ella nos transmite mensajes y enseñanzas claramente aplicables para nuestra vida cotidiana hoy.

Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. El Eterno nos creó con una conciencia moral que nos permite discernir internamente entre el bien y el mal. Todos tenemos una naturaleza pecadora:

«Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros»

(I Juan 1:8).

En el pasaje de Vayikrá notamos que la cosmovisión divina primeramente nos llama a estar agradecidos por los sentimientos de culpa que aparecen después del pecar, porque éstos nos conducen a buscar el perdón y la restauración celestial.

Al establecer este korban (ofrenda o acercamiento) el Eterno desea que comprendamos que los sentimientos de culpa deben de ser elevados y ofrendados. Luego, y a través de ello, corregidos para generar una reparación transformadora (tikún).

Ante esto la pregunta práctica es: ¿cómo hacemos para elevar un sentimiento de culpa, ofrendarlo al Eterno y por ende corregirlo desde Su fuerza?

Primeramente, tomando consciencia de que lo elevamos a través de comprender y aceptar que ese sentimiento de culpa es algo que nos envió el mismo Yahvéh para que recapacitemos y corrijamos nuestras conductas.

Luego, una vez que recapacitamos, se produce en nosotros el arrepentimiento (teshuvá). Así corregimos nuestra conducta y hacemos aquello que está en nuestras manos poder hacer a fin de reparar los daños causado por el error (tikún). Por ello, debemos de «ofrendar» a Yahvéh dicho sentimiento de culpa, para que éste no nos impida vivir con alegría, mejorarnos y servir a Su Nombre, logrando por medio de ello, exactamente lo opuesto que el Eterno en realidad quiere cuando sentimos esta clase de sentimientos.

Y esto es así, sencillamente porque Yahvéh nos creó para que seamos exageradamente felices (bienaventurados), y así cumplir fielmente con nuestra misión de propósito en la vida, a fin de que realmente sintamos que con nuestro accionar estamos marcando una diferencia.

Sin embargo, los sentimientos de culpa, sino se elevan al Eterno, pueden ser una carga aplastante. El rey David se sintió muy abrumado por sus errores, por eso escribió: “Mi culpa pesa sobre mi cabeza como una enorme carga. Me estoy hundiendo.” (Salmo 38:4 – PDT). Algunos hermanos han llegado a deprimirse pensando que YHVH nunca los perdonará (2 Corintios 2:7).

La persona que se siente culpable tiende a practicar el autocastigo de diferentes maneras: negándose las bendiciones, induciendo enfermedades y dolencias (sin causa física) en su cuerpo. Por esta actitud errada, se obsesiona hasta caer en angustia, ansiedad, depresión y sobre todo no se siente en comunión con Dios pues teme a su juicio.

En los siguientes versículos bíblicos puedes ver como el pecador siente dolencias físicas a causa del sentimiento de culpa provocado por el pecado y el temor al juicio de Dios.

«Enmudecí y callé; guardé silencio aun acerca de lo bueno, y se agravó mi dolor«

(Salmo 39:2).

«Mira oh Señor, que estoy angustiado, hierven mis entrañas, mi corazón se revuelve dentro de mí, porque he sido muy rebelde. En la calle la espada mata, en la casa es como la muerte«

(Lamentaciones 1: 20).

Y si los sentimientos de culpa nos debilitan o nos paralizan y hacen que vivamos con tristeza constantemente flagelándonos, entonces sin lugar a dudas que dichos sentimientos se transformaron en algo detestable e impuro, que va en contra de la voluntad del Eterno.

El Eterno quiere que tú disfrutes de una conciencia limpia. Desea que cuando hables de él y de sus promesas a otras personas, lo hagas con gozo, buena conciencia y un corazón sincero (Salmo 65:1-4). Por eso YHVH nos invita de este modo:

“Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor”

(Hechos 3:19).

El olá (holocausto) de culpa nos recuerda que siempre debemos acudir al arrepentimiento (teshuvá) y confesión ante el Eterno para reconciliarnos con Él y estar en comunión con Su Presencia en medio de nosotros. Debe hacerse en oración directamente con el Señor o en unión con hermanos maduros espiritualmente.

El holocausto de culpa implantaba en cada hebreo la enseñanza de que la confesión es la forma de liberación del sentimiento de culpa. La misma tiene dos dimensiones: confesión ante Yavhéh y también ante los hombres que Él ha habilitado para ello por medio de su vocación pastoral.

«La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados. Por tanto confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho»

(Santiago 5: 15,16).

 

Este pasaje nos da la certeza de que la confesión del pecado en oración, da salud, paz interior y restaura la comunión con Dios. En una manifestación de la sabiduría vivencia, el rey Salomón escribió:

«El que encubre sus pecados no prosperará, más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia»

(Proverbios 28:13).

Estamos hablando de confesión y arrepentimiento verdadero y no un autoengaño como «permiso para seguir en el pecado«, porque al Eterno nadie le engaña (Gálatas 6:7).

Por consiguiente, lo que debemos de hacer cuando sentimos sentimientos de culpa que eventualmente nos paralizan y nos impiden cumplir nuestro propósito, es aconsejarnos con personas sabias que tienen experiencia en cómo corregir dicha clase de sentimientos, de modo tal que podamos continuar nuestro camino por la vida, con firmeza, alegría, vitalidad y plenitud. Y como está escrito que el preso no se libera a sí mismo de la cárcel, es sumamente importante consultar con una persona sabia que nos ayude a salir del terrible «calabozo» que representa el vivir con «sentimientos de culpa», para que podamos continuar «celebrando la vida» como idealmente deseamos; aprendiendo además de esto, para posteriormente poder ayudar a los demás.

Confesarle al Eterno los pecados y hablar con los presbíteros (ancianos pastorales)  puede parecer muy difícil, pero ayuda mucho a reconectarse con la fuente de la Vida. De hecho, a David también le costó. Las Sagradas Escrituras indican que durante un tiempo no le contó a nadie los pecados que había cometido (Salmo 32:3). Pero luego vio los beneficios de confesarlos y de corregir sus errores.

Uno de los beneficios más grandes fue que David volvió a ser exageradamente feliz (bienaventurado). Él escribió: “¡Bienaventurado el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!” (Salmo 32:1, El libro del Pueblo de Dios). También le pidió a Dios: “Abre mis labios, oh Señor, para que mi boca anuncie tu alabanza.” (Salmo 51:15). David se sintió muy aliviado y agradecido al Eterno, y eso lo impulsó a alabarlo delante de otras personas.

¿Por qué debía de degollarse el sacrificio de elevación, en el mismo lugar donde era degollado el sacrificio de culpa, y por que una vez que esto había sido hecho, la sangre debía de tirarse alrededor del altar?

Y la respuesta es, que lo que la Torah nos quiere enseñar, es que si realmente queremos crecer y elevarnos, debemos de eliminar previamente todos aquellos sentimientos de culpa que negativamente nos paralizan, impidiéndonos hacer aquellas cosas buenas que podríamos llegar a realizar. Y la eliminación de esta clase de sentimientos para poder servir al Señor con amor y alegría, dedicándonos a amar y beneficiar de ahora en más a nuestros semejantes, es la corrección más elevada y positiva que puede haber para dicha clase de sentimientos, siendo considerado esto, ¡santo entre lo santo!

 

En este holocausto la sangre debía ser rociada alrededor del altar codificando así un mensaje maravilloso y práctico.  Esa sangre, que como sabemos representa a nuestra energía vital, no debía de ser destruida ni quemada, sino que por el contrario, debía de ser tirada «alrededor del altar», para que, cuando llegue el momento indicado, podamos volver metafóricamente a utilizar nuevamente dicha energía, encausándola de la manera correcta para así podernos superar, en todo desafío que la vida presenta. Es decir que la corrección de nuestras malas cualidades no pasa por destrozarlas y destruirlas, sino por tomar la energía que antes utilizábamos negativamente en ellas, canalizándolas en la dirección correcta, otorgándoles un propósito que contribuya con nuestra elevación y nuestro crecimiento, en todos los ámbitos, y especialmente en el de nuestro lugar celestial (o espiritual) que tenemos en el Mesías.

Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento genuino, y ha sido perdonado; entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros que hemos venido a Yeshúa como nuestro Gran Sumo Sacerdote, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). Parte de las cosas “viejas” que “pasaron” es el recuerdo de pecados pasados.

Al meditar en este pasaje del libro Vayikrá nuestras conciencias se elevan en el regocijo de entender que nuestro Abba Celestial en su dinámica de salvación para cada uno de nosotros, hizo que Yeshúa, su Hijo, la Luz Primordial, pagara el precio por nuestras culpas.

Apreciado lector/a si verdaderamente has creído y aceptado que Yeshúa HaMashiaj pagó el precio por tus pecados debes asumir el derecho de sentirte limpio y sin mancha por su sangre en la cruz. Limpio de todo sentimiento de culpa, real o falso.

Dios Hoy te dice: «¡Ponle Sal a tu Vida!»

Por P.A. David Nesher

 

“Todas las ofrendas de cereal las sazonarán con sal, y no dejarán que les falte la sal del pacto de su Dios. A todas las ofrendas deberán ponerles sal.”

Levítico 2:13 (NVI)

 

 

Al leer este versículo de Vayikrá surge la pregunta: ¿por qué la ofrenda tendría que llevar sal? 

Lo primero que debo decir en mi respuesta es que este versículo se refiere al pacto de la sal. En estas regiones de Oriente Medio, el uso de la asomo era símbolo de la comida tomada en común y de la estrecha amistad que se establecía entre el hospedero y sus convidados. El pacto de sal aseguraba la protección del que ha ofrecido hospitalidad.

Cuando el Eterno instituyó las ofrendas en el Mishkán (Tabernáculo) también ordenó el uso de la sal como recuerdo de Su pacto perpetuo con Israel. Al llamarlo un “pacto de sal” – brit melaj,(ברית מלך), Él estaba enseñando que Su pacto estaba sólidamente establecido y perpetuo. Pero además, se estaba asegurando que Israel protegería su Nombre y Presencia con reverencia. Razón de ello, encontramos que dos veces aparece esa expresión en las Escrituras:

«Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a Yahvéh, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Yahvéh para ti y para tu descendencia contigo.»

(Números 18:19)

«¿No sabéis vosotros que Yahvéh Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal?»

(2 Crónicas 13:5)

En las Sagradas Escrituras, la sal, por sus cualidades como elemento conservador, simboliza la duración y fidelidad (lo eterno) en la alianza y es usada como señal de pacto. Lo fundamental de un pacto es que sea perpetuo y por eso la sal es un buen símbolo para ello.

Por otro lado, en el Oriente, debido a que la sal evitaba el deterioro, llegó a ser un símbolo de estabilidad y permanencia de la amistad. De acuerdo a las costumbres antiguas un lazo de amistad se establecía a través de comer sal. El tomar la sal y colocarla en una comida entre dos persona es una garantía de amistad duradera, una promesa de fidelidad perpetua que aseguraba la permanente solidaridad de las partes. Dos personas compartían una comida que  sazonada con sal, los comprometía a no traicionarse, ni dañarse mutuamente. Se decía que una vez que alguna persona comía, por medio de una comida, la sal de un hombre, se hacían amigos de por vida. El Eterno quería que cada sacrificio fuera un recordatorio de la relación con Él.

 Cuando se hacían pactos, los protagonistas del mismo solían comer juntos (incluso comían sal), lo que denotaba lealtad y fidelidad perpetuas al pacto celebrado. Por lo tanto, se entendía que un “pacto de sal” había que cumplirlo sin falta. (Nú 18:19.)

La sal era parte importante de la ofrenda ya que hablaba de pureza, de preservación y de costo. El Eterno quería que sus hijos primogénitos entendieran que cada sacrificio ofrecido a Su Nombre debía ser puro, debía ser duradero y debía costar algo. En este versículo notamos que Yahvéh repite la idea en tres ocasiones.

De esta manera el pacto de sal tenía características específicas. Estas eran:

· Un pacto puro (la sal se mantiene pura como componente químico).

· Un pacto duradero (la sal hacía que las cosas se conservaran y duraran). Como un conservador, la sal aminora la acción hormonal en la carne. Es la naturaleza de la carne el echarse a perder pero la sal ayuda a que la carne se mantenga en buen estado.

· Un pacto de valor (la sal era cara).

La sal tenía que acompañar no solamente todas las ofrendas que subían al altar, sino también el incienso y el pan de la proposición. Incluso se usaba para la rampa del altar para que los sacerdotes no se resbalaran.

Creo necesario, aportar unos datos más, que permitirán entender el peso espiritual de este elemento en las ofrendas. La sal pertenece al reino mineral e inerte. Las ofrendas representan el acercamiento al Eterno, y lo que la Torah quiere revelar es que todo acercamiento debe ser con “sal”, es decir con plena sumisión, tal como lo mineral que no tiene voluntad propia. La persona puede acercarse al Eterno a través de su emoción, y esto es loable, pero nunca debe perder el nivel de subordinación a las normas estipuladas en la Torah.

Además, la sal tiene la particularidad de extraer la sangre de la carne. También la sal le da gusto a los alimentos. Del mismo modo, la “sal”, es decir la sumisión a los dictamines divinos, produce que la persona paulatinamente vaya sacando su “sangre”, osea la pasión por lo material, y vaya encontrando mayor “gusto” al servicio divino.

Para concluir, he resaltado que este texto nos enseña que el acercamiento al Eterno solamente se da a base de un pacto. Es imposible acercarse al Señor sin tener un pacto como fundamento. Vuelvo a recordarles que la palabra hebrea que normalmente se traduce como sacrificio es korbánקרבן – (que en este versículo fue traducida como ofrenda). La raíz de esa palabra es karav קרב – que significa acercar(se) o acercamiento. El sacrifico el medio para acercarse al Eterno. Ahora, sin sal el sacrificio no es acepto delante del Eterno. Con otras palabras sin pacto no hay cercanía a Yahvéh.

Todos los pactos entre el Eterno y el hombre sirven como plataformas para que el hombre pueda acercarse al Altísimo. ¡Bendito sea el Eterno por los pactos que ha hecho con Adam, Noaj (Noé), Avraham, el pueblo de Israel, David y el Mesías por medio de los cuales el hombre puede acercarse al Eterno y ser bien recibido!

El simbolismo del pacto de sal corresponde a la memoria activa. Generalmente se acepta que, cuando dos personas se hacen bien mutuamente, cuando actúa el amor entre ellas, no necesitan realizar ningún pacto. Sin embargo, podemos ver por medio de la Torah que, precisamente cuando actúa el amor perfecto entre dos personas, es el momento oportuno para realizar pactos que sellen esa relación, y permitan mantener una memoria en constante ejercicio de recordar ese amor perfecto, especialmente en medio de situaciones de crisis. Entonces el Eterno dijo, por medio de la sal, que el pacto entre Él e Israel es sellado para el futuro. De este modo, Yahvéh se aseguraba que cada varón o mujer de Su Pueblo recordara con amor y pasión lo que Él había hecho por ellos.

Hoy, contando diariamente con la ofrenda perfecta de Yeshúa, el Eterno nos alienta a que cumplamos con nuestra parte de ponerle la sal a lo cotidiano. Esto significa proponerse vivir diariamente con pasión. Por medio de este pacto de sal se nos llama a recordar que debemos manifestar un corazón que ama al Eterno que logra conservarse limpio (conectado a la Fuente) con el paso del tiempo. En todo lugar en donde estemos debemos de ser esa sal que anhela el Señor. Llevando sabor a todo aquel que tiene una vida insípida y hacer que todos nuestros seres cercanos pueda saborear el amor de Jesús en nosotros.

El Señor Yeshúa tenía en su mente este simbolismo presente cuando hizo esta famosa comparación:

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.”

(Mateo 5.13)

 

El Señor nos atribuyó las características y usos de la sal en un sentido espiritual que se usaba en los sacrificios descritos en el libro de Vayikrá. Con esto dejaba bien claro que una persona redimida y llena del Espíritu Santo es propensa a esparcir la vida en abundancia, mientras que otra, vacía de Él, tienen una vida inútil para sí y para los otros. Es decir, que un discípulo que ha tomado el yugo (interpretación de la Torah) de Yeshúa ejerce sí o sí una influencia conservadora en otros que evita la putrefacción espiritual y el deterioro moral. Así, el Mesías deja bien establecido que las buenas nuevas del Reino en la boca de un hijo primogénito conservaría la vida.

Las comunidades del primer siglo, comprendiendo perfectamente esta explicación que dio el Mesías del simbolismo revelado en el libro de Vayikrá, por lo que procuraban diariamente que el habla y la conducta siempre fueran de buen gusto, consideradas y saludables, y además trabajaban para que dichas palabras contribuyeran a conservar la vida de otras personas.

Yeshúa utilizó el mismo término para expresar esta idea cuando dijo: “Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros” (Mr 9:50). El apóstol Pablo lo utilizó de manera similar cuando dijo: “Que su habla siempre sea con gracia, sazonada con sal, para que sepan cómo deben dar una respuesta a cada uno” (Col 4:6).

Nosotros hemos sido llamados para preservar y guardar la Instrucción (Torah) hasta el fin (Juan 14:21, Apocalipsis 3:8). La Escritura Sagrada nos dice:

 

«Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma».

(Hebreos 10:39)

No hagas las cosas solo por hacerlas, ponle más sal a tu vida. Haz que todo lo que hagas sea un sacrificio agradable al Señor, poniéndole pasión. Jamás olvides que todo cuanto hoy tienes le has recibido del Eterno. Dale la honra y honor que Él merece. El mundo necesita mucha sal, sé alguien que les comparta del sabor de de Yahvéh.

 

Nota: 

Por último, recomiendo agregar la costumbre de poner sal sobre el pan cuando nos sentamos a comer y digamos la bendición alusiva al pan. Tengan en cuenta que nuestra mesa de comida se asemeja al altar y nuestro pan, al sacrificio minjá mismo, ya que es producto del trabajo. Así como se rociaba con sal el sacrificio ofrecido sobre el altar, nosotros rociamos el pan con la sal, en nuestra mesa.

 

 

Los Cinco Sacrificios Mesiánicos

Por P.A. David Nesher

Al sumergirnos en el estudio del Sefer (Libro) Vayikrá, descubrimos que este comienza con las ordenanzas de los sacrificios y los tipos de ofrenda.

El hebreo usa la palabra korban y esta tiene que ver con una ofrenda presentada en el altar, ya sea animal o vegetal (Lev 1:3, 10; 2:1). Ya lo he explicado en otra bitácora que en el idioma español no existe una palabra que pueda expresar el significado de korban que se ofrecían en el MishkánLamentablemente, la palabra «sacrificio» implica que renuncio a algo que para mí tiene mucho valor, para que pueda beneficiarse otra persona. Es obvio que el Eterno no puede beneficiarse con los «sacrificios», pues a Él nada le falta. La palabra «ofrenda» tampoco es adecuada, pues la «ofrenda» sirve para apaciguar o aplacar a la persona a quien se la trae. Es como «comprar a alguien«. Una especie de soborno espiritual. El motivo por el cual nos es tan difícil traducir la palabra «korbán» al castellano es que nuestras ideas de «sacrificio» y «ofrenda» derivan de culturas paganas. En efecto, en esas culturas, las expresiones «sacrificio» y «ofrenda» resultaban adecuadas y hasta aptas para los tratos rituales con sus múltiples y temibles divinidades. Cada dios necesitaba algo y los humanos podían evitar su ira dándoles lo que necesitaban.

El término «korbán« posee la misma raíz hebrea que la palabra karav  que significa «acercarse» o «cercano» (Gen 12:11; 20:4; Ex 12:48). Y es una palabra que se emplea en forma exclusiva para describir la relación del ser humano con Yahvéh. Por lo tanto korban, puede traducirse como «acercamiento«, de este modo, la ofrenda misma era vista como una manera de acercarse a Dios. Efectivamente, las ofrendas eran realizadas para acercar las santas virtudes divinas, a fin de que formaran una unidad perfecta con el alma del ser humano redimido y despertaran finalmente misericordia en lugar de juicio. La cosmovisión correcta del significado de korban es la idea de alguien que se acerca a otro para escucharlo y así generar confianza en la conexión. Este es el sentido práctico de la fe generada por el escuchar la Instrucción divina (Heb. 11: 4; Rom. 10: 17).

Con esta explicación vemos claramente que la única forma de acercarnos al Eterno es a través de las ofrendas traídas al altar, nadie se acerca sin nada (Ex 23:15; Deut 16:16). La razón de los sacrificios es poder acercarse al Eterno, en el sentido de subir a su presencia. El redimido que lo practicaba, lo hacía porque quería establecer un acercamiento sincero con Yahvéh a fin de tenerlo por padre. Y como al acercarnos no lo podemos hacer con las manos vacías, todo lo que le damos o hacemos, nuestras oraciones, ofrendas y actos son llevados a la presencia misma de nuestro Dios para así establecer una comunicación eficaz con Él.

Será conveniente agregar que este no era el inicio del sistema de sacrificios del Eterno. Adán conocía el sacrificio (Génesis 3:21), así como Caín y Abel (Génesis 4:3-4), y Noé (Génesis 8:20-21). Así vemos que desde el principio, los seres humanos siempre han presentado ofrendas al Eterno, porque la Torah fue conocida desde antes del Sinaí (Gen 26:5). De allí, que el estudio de esas ideas sirve para inspirarnos a esforzarnos para ascender y acercarnos al Eterno, y adquirir así su santidad en nosotros.

En los seis días de acción creativa que relata el Bereshit, la creación del hombre no sólo fue el acto final del Eterno sobre todo lo hecho por Él, sino que fue un resumen de todo lo que había sido creado antes que el ser humano. Por eso, es que la Torah, en todas sus líneas, procura dejar bien claro que el hombre es un microcosmos del mundo entero. A esa mezcla, de tierra y cielo, Yahvéh agregó al soplarle espíritu, la esencia misma de su divinidad: la Santidad. Y tal como el Eterno imbuyó Santidad en la parte física del hombre, el objetivo de todo ser humano será imbuir activamente Santidad en toda las áreas existenciales de la Creación. Una de las formas de lograr esto es utilizar el mundo físico al servicio del Eterno. Esta mayordomía también otorga el derecho de usar los objetos físicos para el propio placer del hombre, siempre y cuando dirija todos sus objetivos hacia el servicio divino. Si una persona usa las creaciones con un objetivo egoísta, está abusando de su cargo de fideicomiso sobre el mundo. Por eso, llevar un animal al Mishkán (más tarde al Templo) y elevar sus partes en el altar para Yahvéh declaraba el deseo de llevar su parte material más cerca de del Eterno.  La idea de las korbanot (ofrendas) nos enseña que debemos día a día tomar lo físico —el cuerpo y los bienes materiales— y santificarlo, reconociendo que todo es para la Gloria del Eterno.

Por todo esto decimos que los korbanot no influencian al Eterno, sino que son una expresión de nuestro anhelo interno de acercarnos a Él y activar así el amor perfecto que hecha fuera todo temor (1Jn 4: 18).

Los primeros siete capítulos de Levítico lidian con ofrendas personales, voluntarias. Los capítulos 1 al 5 son en su mayoría instrucciones hacia el pueblo que trae la ofrenda y los capítulos 6 y 7 son en su mayoría instrucciones hacia los sacerdotes en cuanto a las ofrendas y su administración. En Levítico capítulo 7 verso 37 está resumido en qué consistía el sistema de sacrificios que Moshé enseñó detalladamente en los siete primeros capítulos del libro:

Esta es la Torah de la ofrenda de ascensión, de la oblación, de la ofrenda de pecado, de la ofrenda de culpa, de las ofrendas de consagración y del sacrificio de las ofrendas de paz

Entonces, listando estos korbanot, podemos aprenderlos así:

  1. Olá – Ofrenda de ascensión, (Levítico 1:1-17; 6:8-13).
  2. Minjá – Oblación, (Levítico 2:1-16; 6:14-18).
  3. Shelamim – (Ofrendas) de paz, (Levítico 3: 1-17; 7: 11-36).
  4. Jatat – (Sacrifico) de pecado, (Levítico 4:1 – 5:13; 6:24-30).
  5. Asham – (Sacrificio) de culpa por la iniquidad, (Levítico 5:14 – 6:7).

La olá, la minjá y los shelamim son “hermanos” y el jatat y el asham son “hermanos”. Cuando hablamos de hermanos es porque son ofrendados por motivos muy similares y se parecen entre ellos en sus fines. Los tres primeros tipos de korbanot pueden ser traídos voluntariamente por un hebreo como regalo a Yahvéh. Los dos últimos tipos de korbanot deben ser ofrecidos por un hebreo después de cometer una averá (pecado). La enseñanza es bien clara: Yahvéh se siente especialmente complacido por los korbanot que son ofrecidos libremente, y no a causa de un pecado. Por esta razón se los menciona en primer término en la Torah.

Sobre cada uno de ellos, el Todopoderoso señaló como debían ser ofrecidos, en qué debían consistir y cómo debían ser quemados y consumidos. Veamos las características y los códigos de vida escondidos en cada uno de ellos:

Primer Korbán: El Olá (subir, ascender, escalar, remontar, crecer)

Se la denomina ofrenda de ascensión u ofrenda encendida. También conocida como “holocausto” que significa “todo quemado”. Es realizado con un animal o un ave que es quemado completamente en el altar.

Las razones para traer este tipo de ofrendas no son especificadas y podía traerse como señal de reverencia al Eterno, petición de algo, alabanza a Dios reconociendo su suprema autoridad y otras. Antes de la dádiva de la Torah por medio de Moshé, era la ofrenda por excelencia de los patriarcas y de los antiguos. Fue la ofrenda hecha por Noaj (Noé) al bajar del arca (ver Gn 8:20).

Este korbán es llevado por una persona que contempla la realización de un pecado, pero que no lo hace, razón por la que es quemado por completo en el altar y no se come nada de él. Esta característica representa la purificación de los pensamientos y la sublimación absoluta de uno a Yahvéh, incluso con todos los pensamientos. El significado de quemar toda la ofrenda es: “Todo mi ser está dedicado a ti. Así como todo este animal es quemado y sube en ascensión a las alturas en el altar, yo entrego todo de mi para tu servicio” (Rom. 12: 1). Era considerada una ofrenda de gran honra puesto que el oferente no obtenía nada de la carne para sí, sino que todo era hecho como alabanza al Eterno. Esta ofrenda no tiene que ver con pecados directamente. Busca la santificación de la vida a través de una consagración total.

La ofrenda era quemada enteramente sobre el altar, excepto la piel del animal. El perfume que subía de la misma era para Yahvéh un olor grato. El Olá (holocausto) es, según el apóstol Pablo, una figura del Mesías dándose a sí mismo como «sacrificio a Dios en olor fragante» (Efesios 5:2). Importante será notar que aquí no se contempla al Mesías llevando nuestros pecados, sino cumpliendo la voluntad del Padre, glorificándolo y vindicando la santidad y majestad de Su trono sobre todos los hombres. Este tema surge de manera prominente en el evangelio de Juan y en el Salmo 40.

Segundo Korbán: La ofrenda Minjá (Oblación u ofrenda de harina).

Es el holocausto que representaba lealtad.  Era la única, de entre todos los demás korbanot, que no consistía en traer un animal sino vegetal, y lo que debía ofrendarse era harina.

La palabra “minjá” significa regalo. En términos de llevarle algo valioso a Yahvéh, esta ofrenda es bastante insignificante. Es una pequeña cantidad de harina con un poco de aceite y especias. ¿Por qué esta ofrenda está listada segunda, inmediatamente después de la ofrenda básica de ascensión? Es más, la sección de la Minjá utiliza una inusual palabra para referirse a una persona, néfesh, la cual es también una de las palabras que se utiliza para referirse al alma. ¿Por qué? La respuesta yace en el entendimiento básico de qué significa acercarse a Yahvéh. Él no necesita nuestras ofrendas. Se trata más de quién soy yo, y lo que necesito en mi propósito, que de lo que pareciera necesitar Dios.

¿Qué tipo de persona llevaría una Minjá? Un ser humano pobre. Para alguien en esa condición, incluso una pequeña cantidad de harina es un gran costo. No puede engañarse creyendo que su ofrenda es tan magnífica que sirve de soborno a Yahvéh. Lo que él esta haciendo es acercarse al Eterno aceptando que Él no excluye a nadie, por lo que no existe excusa alguna para acercarse a Él.  Por ello, la palabra usada para describir a esta persona es nefesh. Esta ofrenda de harina es tan querida para una persona pobre que se considera como si estuviera ofreciendo su alma. El oferente manifiesta su deseo de buscar conocimiento para transformar correctamente las energías que el universo da. Asumía que incluso la acción de comer es una responsabilidad sacerdotal ya que es una dinámica de acercamiento al poder transformador del Eterno. De este korbán surge el paradigma de que sólo cuando seamos fieles administradores del mundo físico, dirigiéndolo hacia Yahvéh, se nos volverá a permitir tener ese poder supremo sobre las otras criaturas vivientes que se le concedió al primer Adán.

Tercer Korbán: El Shelamim (la ofrenda de la Amistad).

Es una ofrenda voluntaria. es la única en que una parte del animal es quemada en el altar, una porción la recibe el kohén y otra porción es comida por el dueño del korván.

¿Cuándo ofrece un hebreo shelamim? Cuando se siente dichoso y desea compartir un plato de carne con su familia y amigos — pero también desea santificar su comida compartiéndola con Yahvéh y con Sus sacerdotes (kohanim). Si alguien ofrece Olá o Minjá no le está permitido comer ninguna porción del korbán. De modo, pues, que puede ofrecer un buey o una vaca, un carnero o una oveja, o una cabra como korbán shelamim. En esta ofrenda el redimido está reconociendo que está muy bien gracias al Eterno.

Esta ofrenda se traía voluntariamente para expresar gratitud por algo recibido de Dios, por simplemente estar muy conforme sobre como la vida del oferente estaba marchando, como expresión de estar muy bien con su familia y con el Eterno. La ofrenda de paz no tiene que ver con pecados sino con regocijo y estar bien delante de Yahvéh.

De esta ofrenda, parte de la carne y las grasas eran quemadas sobre el altar, otra parte (la espaldilla) era del sacerdote y lo demás era para que el oferente y sus invitados comiesen delante de Yahvéh, con la condición de estar ritualmente puros (Levítico 7:12-20). Este tipo de sacrificio era también llamada ofrenda de agradecimiento (Korbán Todá), ofrenda de votos u ofrenda voluntaria: “El que sacrifica alabanza (Korbán Todá) me honra” (Salmo 50:23).

La palabra hebrea Shelamim viene de la palabra Shalom, paz o prosperidad. Como esta ofrenda es compartida por tres partes, simboliza la creación de paz y prosperidad en el mundo. De este modo, este korbán asegura los lazos de amistad y fraternidad entre los seres humanos.

Cuarto Korbán: El Jatat u ofrenda por el pecado.

La palabra jatat se origina en la raíz jet que significa “pecar” o «errar«.
Hasta ahora la Torah consideró tres korbanot : el Olá, el Minjá, y Shelamim. Estos eran traídos por el redimido que deseaba hacer un regalo a Yahvéh con el fin de acercarlo en amistad a sí mismo. Ahora la Instrucción trata del korbán que el hebreo debe traer por el averá (pecado que cometió).  Este korbán debía ofrecerse por cierto tipo de pecado que un redimido cometía por equivocación ¿Qué significa pecarpor equivocación”? Esto puede ocurrir de dos formas:

  1. La persona no conoce la halajá (mandamientos y preceptos) de la Torah. Por ejemplo, cocina en Shabat porque no sabe que está prohibido cocinar en Shabat.
  2. La persona está equivocada respecto de los hechos. Por ejemplo, sabe que está prohibido cocinar en Shabat, pero olvidó que hoy es Shabat y cocinó en Shabat.

En ambos casos la persona dice simplemente se equivocó. Sin embargo, en la Torah dice que cometió una falta, por lo tanto debe traer un korbán jatat para que Yahvéh le perdone su pecado.

Quinto Korbán: La Asham guezelot (la ofrenda por la culpa o iniquidad).

Este korban a diferencia de la mayoría, es obligatorio. Una persona está obligada a traer su consciencia delante del Eterno cuando tiene la necesidad de compensar el pecado que ha cometido contra la propiedad de su prójimo. Era traída por aquella persona que tenía duda de haber transgredido la palabra de Yahvéh respecto a la propiedad, o si había hecho un falso juramento para defraudad, o elaborado un falso testimonio.

La ofrenda de Asham enseña claramente que un pecado contra nuestro prójimo es también contra Yahvéh. Expresa también que el verdadero arrepentimiento debe buscar resarcir el daño cuando es posible y dar muestras de no volver a hacerlo otra vez. Por medio de esta ofrenda se obligaba al hebreo a reconocer el derecho de propiedad privada. Aquí el pecado es visto como una transgresión contra el gobierno del Eterno. Nuestro arrepentimiento para con el Eterno no anula nuestra necesidad de reparar el daño hecho si es necesario. Por lo tanto, el damnificado debía ser compensado por el total del daño recibido más una quinta parte.

Tanto el Jatat, como el Asham expían por quien peca con una acción. Actuar exclusivamente en base a los deseos y transgredir la voluntad de Yahvéh es un comportamiento inapropiado para un ser humano. Entonces, uno llevababa como ofrenda un animal, que también actúaba en base al pensamiento. Se mataba a ese animal como diciendo: “Me he equivocado y me arrepiento del daño que le causé a mi alma. Mi lado animal se impuso; no quiero repetir ese error. Entonces, prometo matar al animalismo como la fuerza dominante en mi vida”.

Al investigar la codificación de estas cinco ofrendas encontramos ciertos tipos y figuras de la persona y de la obra del Señor Yeshúa, el verdadero «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Las mismas nos ofrecen de manera didáctica un panorama completo del Mesías en misión y su sacrificio en la cruz del Gólgota (Calvario). Son como espejos dispuestos alrededor del Señor y de su obra redentora en la cruz, de manera que cada uno refleja un punto de vista particular de su persona y de su maravillosa obra mesiánica.

A continuación les comparto dos imágenes que esquematizan perfectamente los diseños de fe que se esconden en estos cinco recursos de la adoración verdadera en el Mesías:

 

Pero hay algo más que debemos entender y es que en estos sacrificios está siempre involucrado el fuego, ya que se trata de ofrendas presentadas en el altar. Este nos enseña que nuestros actos (ofrendas) deben tener ese fuego que sale del alma. Estoy hablando de la llama de vida (Prov. 20:27; Juan 1:4; 8:12). La luz de la vida que nos fue dada en nuestro templo del cuerpo no ha sido puesta en nuestro corazón, para alumbrar, desde ahí, delante del Eterno. Por es que nuestro acercamiento al Eterno debe salir del corazón.

La palabra hebrea para corazón es lev y para flama o llama es labah. Ambas expresiones derivan de la misma raíz, por lo que debemos entender que dado que las ofrendas son quemadas por completo en el altar, de la misma forma nosotros debemos entregarle nuestra vida a Yahvéh por completo. La totalidad de nuestro ser debemos rendírselo diariamente a Él:

«¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,
el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios,
y que no sois vuestros?,
Pues habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Elohim en vuestro cuerpo
y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios».

(1 Corintios 6:19-20)

 

Esta conciencia de corazón pleno de pasión por vivir es representada en una ofrenda. En ella, cada redimido, da testimonio a todos los planes existenciales que su acercamiento al Eterno se basa en la siguiente certeza: «aquello que tomo de mí y ofrezco al Bendito manifiesta mi deseo que Él me haga parte de su naturaleza santa«.

Seis Características de la Comunicación Mesiánica

Por: P.A. David Nesher

 

“Y Él llamó a Moshé y Dios le habló desde la Tienda de Reunión, diciendo…”

Levítico/Vayikrá 1: 1

 

 

Estudiando el Libro de Bereshit (Génesis) hemos aprendido que el Eterno nos creo a su imagen a fin de que llegáramos a ser semejantes a Él en Su plenitud. Este proceso mesiánico se lograría, de acuerdo con el diseño divino, por medio del ejercicio de la comunión con Yahvéh. La praxis misma de dicha comunión es una relación íntima con Él caracterizada por una excelente comunicación que le garantice al ser humano eficacia en todo lo que hace. Esta comunión con el Eterno, considerada desde esta perspectiva, se torna esencial en la adoración en Espíritu y en Verdad que Yahvéh, como Padre, busca en sus hijos. Se hace entonces fundamental en la vida humana, pues se vuelve el centro de toda área de la misma. De aquí es clara la deducción de que cuando la comunión con el Eterno se rompe, estamos incompletos y necesitamos ser restaurados.

Por tales motivos, el Eterno otorgó a Moshé la revelación de un rollo (libro) completo dedicado a la esencia misma de la adoración que permite la manifestación de Su propósito eterno en la humanidad.

Después de la dramática, y a la vez milagrosa, salida de Israel de Mitzraim (Egipto), la nación acampó al pie del monte Sinaí durante dos años con un solo fin: entrenarse en el don de escuchar a Yahvéh (Éxodo 19 a Números 10). Fue un tiempo especial de descanso de la servidumbre egipcia, que Yahvéh aprovechó como plataforma pedagógica con el objetivo de enseñar y edificar a Su pueblo en la práctica de encontrarse con Él cara a cara. De este modo, la redención que Él logra en Egipto será el fundamento en sí para la limpieza, la adoración y el servicio del oficio sacerdotal que el Eterno otorgaría a Israel como vocación y misión.

¿Cómo podría un pueblo programado por siglos en un sistema de pecado acercarse a un Dios santo?

La respuesta la encontraremos en los distintos códigos de un libro tan lleno de misterios como es Vayikrá. En sus líneas vibrará todo el tiempo la clara propuesta de Yahvéh para acercarse a Él: la santidad. Esta característica de sus virtudes solamente Israel la puede lograr, permitiendo que la Instrucción (Torah) de Yahvéh vaya realizando una sanidad integral en cada uno de sus integrantes, desde adentro hacia afuera.

Por ello, Vayikrá dejará en seis lecciones las seis características claves del obrar comunicacional del Eterno sobre su primogénito: Israel. A continuación les comparto las mismas:

LLAMAMIENTO.

El libro comienza con la expresión hebrea Vayikrá: «Él llamó...». Una frase que revela lo esencial de la intención divina. El Mishkán ya está terminado, el Eterno ya está en él, pero aún la pasión divina por comulgar con el ser humano sigue encendida. Está más ardiente que nunca.

«Y Él llamó a Moshé«: Hemos notado que cada vez que el Eterno se comunicó con Moshé, ya sea mediante la expresión «Y Él habló«, o «Y Él dijo», o «Y Él ordenó«, siempre estuvo precedido por (Dios) dirigiéndose a Moshé por su nombre, pero a la vez marcando una clara distancia entre su divinidad y la humanidad del caudillo. Aquí la expresión «llamar» es utilizada de manera afectuosa. Será la primera vez que aparece describiendo la relación del Eterno con un ser humano. Es la misma expresión utilizada por el profeta para describir como se comunican los ángeles cuando dicen «Y se llamaron unos a otros…» (Isa. 6:3). Vayikrá, significa ser llamado con amor a participar de una unidad para una tarea o misión especial. Este es el origen de una de las ideas claves del pensamiento occidental, el concepto de vocación o llamado, que es la elección de una carrera o una forma de vida, no sólo porque es lo que quieres hacer o porque te da ciertos beneficios, sino porque has sido convocado a hacerlo. Tienes la sensación de que este es tu sentido y tu misión en la vida. Es para esto que has sido puesto en la tierra para hacer.

«Él llamó...» implica que Yahvéh le habló a Moshé con afecto muy particular, extendiéndole una invitación especial a vivir mayores niveles de comunión de las que ya había vivenciado; y Moshé fue.

Con esto, quedó registrado el llamamiento divino para todos los hijos primogénitos. Israel comprendía el mensaje de Su Amado: «¡Estoy disponible…, totalmente a tu servicio! Si vienes a mí, y escuchas mi Voz en intimidad, todo estará bien, todo se pondrá bien, discerniendo así que yo estaré contigo para siempre«.

Esta lección enseña que en la voluntad buena del Abba Kadosh el libre acceso comunicacional es un deseo constante en Él, y una vocación esencial en el ser humano.

 

ACERCAMIENTO

El libro de Vayikrá trata sobre sacrificios (korbanot). Es que la vocación es de sacrificio.  Estamos dispuestos a hacer sacrificios cuando sentimos que son parte de la misión que hemos sido llamados a hacer. Esta actitud permite siempre el verdadero acercamiento a Dios y al prójimo.

Destacaré aquí que en castellano no existe una palabra que pueda expresar el significado de los korbanot (plural de korban) que se ofrecían en el Mishkán. Lamentablemente, la palabra «sacrificio» implica que renuncio a algo que para mí tiene mucho valor, para que pueda beneficiarse otra persona. Es obvio que el Eterno no puede beneficiarse con los «sacrificios», pues a Él nada le falta. La palabra «ofrenda» tampoco es adecuada, pues la «ofrenda» sirve para apaciguar o aplacar a la persona a quien se la trae. Es como «comprar a alguien«. Una especie de soborno espiritual. El motivo por el cual nos es tan difícil traducir la palabra «korbán» al castellano es que nuestras ideas de «sacrificio» y «ofrenda» derivan de culturas paganas. En efecto, en esas culturas, las expresiones «sacrificio» y «ofrenda» resultaban adecuadas y hasta aptas para los tratos rituales con sus múltiples y temibles divinidades.

En hebreo, el término «korbán« posee la misma raíz que la palabra «cercano«. Y es una palabra que se emplea en forma exclusiva para la relación del ser humano con Yahvéh. Por lo tanto korban, puede traducirse como «acercamiento«. Es la idea de alguien que se acerca a otro para escucharlo y así generar confianza en la conexión. Este es el sentido práctico de la fe generada por el escuchar la Instrucción divina (Heb. 11: 4; Rom. 10: 17)

Según Vayikrá existen tres formas para lograr el acercamiento divino:

  • Gritando: Rogándole a gran voz para que dé pasión.
  • Llamando: Para procurar su socorro.
  • Invocando: Para que Su Presencia descienda y presida la marcha de la misión.
PERFECCIONAMIENTO

Por medio de la codificación del libro de Vayikrá, los israelitas recibieron el secreto de la reverencia, actitud que permite valorar el propósito de la vida humana, y estimula a cada individuo a buscar el perfeccionamiento y la plenitud de la misma.

Esta lección se aprendería por medio de los distintos preceptos que enseñan a separar lo puro de lo impuro. Solamente personas en estado de pureza estaban habilitadas para el ingreso y participación en los distintos ritos y cultos festivos del Mishkán. Para ello, todo se resumía en lo dicho por el Eterno: «tendréis en reverencia Mi santuario. Yo soy el Eterno» (Vayikrá / Levítico 19:30) y que las personas no tomaran como algo corriente y banal el hecho de entrar al Mishkán (más tarde al Templo) y ser parte de las tareas que allí se cumplían. Por ello cada redimido tenía que tomar conciencia de su estado, de su motivo para presentarse ante Dios. Cada miembro de Israel debía entender que existía con un sentido de vida: ser perfeccionado día a día a través de sus actos. Es así que está dicho acerca del impuro:

«No tocará ninguna cosa santa, ni vendrá al santuario»

(Vaikrá / Levítico 12:4)

Debido a que no siempre la persona estaba alerta a su estado de pureza, o adrede concurría al Mishkán sabiendo que no debía, es que se instituyó en la Torah sacrificios públicos de animales para corregir por estas infracciones:

«…y purificará (al Santuario) y lo santificará de las impurezas de los Hijos de Israel«

(Vaikrá / Levítico 16:19)

 

Debo decir que “Tahor” (puro) y “Tamhé” (impuro) son conceptos que refieren a un estado espiritual y no a aspectos físicos, emocionales, sociales o mentales. Puede resultar difícil de comprenderlos, pues muy frecuentemente han sido traducidos como “limpio” y “sucio” respectivamente, o ideas similares que llevan a asociar la impureza con algo manchado, echado a perder, mugriento o inmundo.

Para poder entender esto, es necesario saber que en el contexto de la Torah puro e impuro no guardan relación con higiene corporal, ni limpieza, ni cosas aborrecibles, ni nada que podamos calificar como “limpio” o “sucio”. Tampoco tiene relación con pecar o no hacerlo. Según la cosmovisión divina revelada en este libro, una persona llega al estado de impureza (tumhá) a causa de:

  • algún cambio en su cuerpo (ciertos flujos corporales, menstruación, la mujer luego de dar a luz, una enfermedad llamada tzaraat -lepra-) o,
  • al entrar en contacto con algún objeto o cuerpo que trasmite la impureza.

Es decir, algo en el sistema espiritual del impuro está en desbalance a causa de la influencia de la serpiente y su sistema de cosas.Es decir, algo en el sistema espiritual del impuro está en desbalance a causa de la influencia de la serpiente y su sistema de cosas.

Por ello, la más acertada definición de “puro” que podemos ofrecer sería “lo que está conectado con la Fuente de la Vida”. En tanto que “impuro” es lo que en algún grado está desconectado de la Fuente de Vida, y ha comenzado a errar su blanco. Éste precisamente es su desequilibrio, que repito, no es un pecado, ni una enfermedad ni una suciedad. Es una situación o posición espiritual.

Por medio del simbolismo de cada acción estipulada en Vayikrá un israelita tenía la oportunidad de discernir que cosas hacer para promover la vida y vigorizar el sentido de su propósito en su persona. Esto lo hacía y mantenía puro, con una sola fuerza en su interior continuar la carrera hacia adelante, hacia el premio del supremo llamamiento del Eterno en el Mesías.

 

ACCESIBILIDAD

El punto clave de Vayikrá es que el redimido entienda que el Eterno puede estar para siempre con nosotros por medio del ejercicio de un oficio especial: el sacerdocio.

Por medio del oficio sacerdotal, el alma humana se hace consciente de que Yahvéh es alguien amable, que está siempre disponible y con quien resulta fácil hablar. Normalmente se percibe que es accesible escuchándolo en Su Instrucción (Torah) y discerniendo su lenguaje profético en medio de la Historia de la Salvación.

Con el ejercicio diario de el sacerdocio se adquiría la certeza que aunque es el Creador del inmenso universo, nos asegura que no solo está dispuesto a escuchar y contestar nuestras oraciones, sino que lo está deseando (lea Salmo 145:18 e Isaías 30:18, 19). Podemos hablarle con calma en todo momento y lugar, y acercarnos a él con franqueza sabiendo que nunca nos lo echará en cara (Sal. 65:2; Sant. 1:5). Su Instrucción lo describe con términos humanos para indicar que desea que acudamos a él.

Ante la revelación de un Dios tan accesible, cada hebreo se veía en la obligación de preguntarse: «¿cómo puedo imitarlo en este aspecto?»

 

REPARACIÓN 

El libro de Vayikrá sugiere en todas sus líneas la responsabilidad compartida de cada integrante de Israel para curar, reparar y transformar el mundo (Tikún).  A través de la codificación de su pedagogía este libro indica que una práctica debería ser seguida no porque es exigida por la Torah, sino porque ayuda a evitar la falta de armonía social.

Vayikrá indica que le corresponde al Pueblo de Israel alabar al Eterno y enuncia la esperanza de que algún día el mundo entero abandone la idolatría, reconozca a Yahvéh como único y verdadero Dios y acepte Su soberanía sobre toda la humanidad. Cuando todos los seres humanos abandonen los falsos dioses e ideologías y reconozcan al Eterno, el Dios de Abraham, de Yitzhak y Yaacob, el como único Dios, el mundo estará perfeccionado.

 

PASIÓN

El énfasis final de Vayikrá (Levítico) es la idea de celebrar. Este rollo se especializará en los detalles de las distintas festividades yahvistas, especialmente el Yom Kippur. Dichos eventos serían ocasiones especiales que la comunidad celebraría con regularidad para recordar los actos de Dios, darle gracias y renovar su compromiso de vida con el estilo que Él propone en la Torah (Instrucción).

Los festivales mesiánicos serán la herramienta divina que el Eterno usará para que Israel se mantenga vibrante en la consciencia de vivir con pasión. Justamente el libro de Vayikrá asegura que la Comunicación Eficaz con el Eterno garantiza el combustible diario de la pasión por vivir.

En todo el rollo encontramos que los ritos sacerdotales y sus holocaustos se realizan en el altar. El altar representa a la vida misma.

La vida misma es un altar que nosotros tenemos que aprovechar para elevarnos, contribuir a elevar a nuestros semejantes, santificando a través de ello su Santo Nombre.

Y la manera de hacer esto, no es viviendo una vida «light», fría (o «templada») y vacía, sino poniendo todas nuestras ganas, fuerza y pasión en todas las cosas -buenas- que hacemos.

Y cuando vivimos la vida de esta manera, disfrutamos y nos llena mucho más cada cosa que hacemos, iluminando y trayendo calidez a nuestras vidas, irradiando de dicha luz para beneficio de todos los demás.

Y como el grado de disfrute en la vida es directamente proporcional al grado de ganas que ponemos en las cosas que hacemos, cuando ponemos todo nuestro ser en algo, es proporcionalmente también cuando más disfrutamos …

Y como se popularmente «mientras hay vida, hay esperanza«, no debemos permitir que las circunstancias de la realidad nos hagan debilitarnos y flaquear. Para  esto es imprescindible que alimentemos nuestras almas con el «oxígeno del Reino» que la oración y la meditación profunda de la Torah tienen el poder de proporcionarnos, avivándose así constantemente el fuego y la pasión de nuestra luz interior; haciendo que permanezca encendida con fuerza e intensidad hasta los 120 años; pasando luego a seguir iluminando, pero ya desde otra dimensión …

Sefer Vayikrá o el Libro de la Comunicación Eficaz

Por P.A. David Nesher

Al leer la Buena Noticia (en griego evangelio y en hebreo besorá) del SEÑOR notamos que cuando el Mesías Yeshúa cumplió cuarenta días de nacido fue presentado por sus padres en el Templo «según la Ley (Torah) de Moisés» (Lc. 2: 22)., y ofrendaron por él «un par de tórtolas según está escrito en la Ley (Torah)» . 

Más tarde al sanar a un leproso, Yeshúa lo manda a los sacerdotes para presentar «ofrenda prescrita por la Torah» (Mc. 1: 44 comp. Lv. 14: 10).

Yeshúa también utilizó lo expresado en el capítulo 19 de Levítico. verso 18, para dejar bien claro cuál es el Gran Mandamiento, anexándolo como la segunda parte del mismo, lo que da evidencia de la influencia que tenían las enseñanzas de este libro. Y así, podríamos multiplicar ejemplos semejantes en la vida y ministerio del Señor, demostrando que Yeshúa nació, creció y se movió en un pueblo que tenía una cultura organizada en todos los detalles que el Eterno había ordenado por medio de Moisés, especialmente en el libro conocido con el nombre de Levítico.

Vale la pena destacar que el nombre Levítico no es el original del libro, sino que se lo comenzó a llamar así después de la traducción Septuaginta. Levítico significa «de los levitas» y considerado así parecería entonces que no es un libro adecuado para todos aquellos que no pertenecemos a esta categoría tribal (Leví). Sin embargo, y por la evidencia que ofrece la misma lectura del libro, notamos que todas las instrucciones y lineamientos aquí revelados eran para todo el pueblo de Israel.

El nombre original era el de las primeras palabras con las que inicia el rollo: «Y Yahvéh llamó…», es decir Vayikrá… Y considerado desde esta expresión descubrimos que el libro se hace totalmente universal ya que responde a la inquietud de muchos seres humanos que, desde su lucha con la soledad, se preguntan: «¿Será que Dios está cerca de mí?«

Por ello, este rollo se escribió para consolar al alma redimida en la certeza de que el Eterno quiere tener comunión con sus hijos a través de una comunicación eficaz, que permite acabar con la soledad y la vaciedad que produce una vida apartada del propósito eterno de Dios.

Vayikrá se trata de un rollo codificado que contiene los secretos divinos para comunicarse con el Eterno con el fin de alcanzar la santidad. Por ello, entendemos que es un libro para toda la congregación de Israel, pues leemos:

«Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Yahvéh vuestro Dios.»
(Levítico/ Vayikrá 19: 2)

La cosmovisión divina es que Israel entienda que la alianza que ha hecho con Yahvéh, es un pacto matrimonial que persigue compartirle la misma característica de la naturaleza que Él tiene: la SANTIDAD como clave para el éxito del peregrinar sobre la Tierra como sacerdotes (Ex. 19: 6; 1Pe. 2: 9). Por medio de todos los lineamientos codificados de este libro, el Eterno vincula la santidad con cada área de la vida cotidiana. Por ello, es que trasciende la cuestión de los ritos sacrificiales, abordando en ellos la pedagogía celeste de la praxis de la adoración en espíritu y en verdad.

Hoy, los especialistas en las distintas ciencias sociales coinciden en decir que un matrimonio logra permanecer si fortalece las siguientes áreas:

  1. Comunicación
  2. Sexualidad
  3. Dinero
  4. Familia

De igual modo, Yahvéh, al establecer una alianza matrimonial con Israel, quiere que Su Pueblo entienda que debe existir una comunicación eficaz tal entre ellos, que permita una intimidad plena que produzca sobreabundantes beneficios para desarrollar un gran pueblo sacerdotal al estilo de lo que el Eterno quiere.

Por todo esto, debemos entender que este libro revela cómo comunicarnos correctamente con el Eterno, aprendiendo a escuchar Su Voz y así discernir si lo que estamos haciendo en nuestra cotidianidad es correcto o no.

Entendido esta cosmovisión correcta de Vayikrá, sólo me queda decir que el énfasis final de este rollo será: ¡Celebrar la Vida! Las distintas secciones de este libro terminan revelando que la vida es para celebrar, como una fiesta permanente y personal, pero se tiene que saber cómo hacerlo bien. Para ello, está la santidad como un componente prioritario del carácter humano que facilita acciones convenientes en los distintos «rituales» diarios del buen vivir. Vayikrá hace entender que la Vida es un don del Eterno. Por eso el mismo Espíritu de la profecía dice:

Hacedlo todo para la gloria de Dios
(1 Corintios 10.31).

Al concluir, podemos decir entonces que, según la revelación de Vayikrá, los redimidos en el Mesías debemos celebrar la vida, y vivirla “en abundancia”, dejando los problemas en las manos del Eterno, mientras gozamos de todas las bendiciones ya otorgadas en los lugares celestiales (Ef. 1: 3), que en el aquí y ahora deben hacerse recompensa.

«¡Celebra la Vida!
¡Y deja en la Tierra tu mejor semilla!»
(Axel)

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