evangelio

¡No Todo es Trabajar!

Por P.A. David Nesher

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
“El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”
Dijo también:
“¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

(Marcos 4:26-34)

Yeshúa revela que la semilla tiene un crecimiento irresistible que depende de las leyes misteriosas que rigen el mismo. Con esta parábola el Maestro revoluciona la mente de sus oyentes, y especialmente de sus discípulos, al hacerles comprender que la ley fundamental del Reino de Dios, es que el ser humano no trabaje por su destino, sino más bien que acoja el potencial que en su interioridad marca su vida con significado en el propósito eterno de Dios.

Te invito a escuchar esta catequesis que permitirá ir contra el “síndrome de la inmanencia” que la humanidad post-moderna sufre hoy:

La Creación de Adán de Miguel Ángel y su Mensaje Evangélico.

Por P.A. David Nesher

La Creación de Adán es el nombre de una obra de Miguel Ángel Buonarroti plasmada en el techo de la famosa Capilla Sixtina del Vaticano (Roma).

La representación está basada en una escena del Génesis. En ella, Dios da la vida a Adán, el primer hombre de la Tierra. Adán se ha situado a la izquierda, yaciendo sobre un montículo de tierra que simboliza su llegada a nuestra realidad. Dios se ha ubicado en la zona derecha surgiendo del cielo, rodeado de un grupo de ángeles desnudos y una especie de manto borgoña que los envuelve. Miguel Ángel lo ha representado como un anciano vestido con una túnica púrpura, con el pelo y la barba blanquecina. En la obra también aparece Eva, la primera mujer de la Tierra, situada bajo el brazo protector del creador, que la sostiene anunciando su futura creación. El grupo que rodea a Dios y el mismo personaje están envueltos en un torbellino de viento y velocidad, señalando el potente soplo de vida que insufla a Adán.

Ahora bien, ¿sabes por qué los dedos de Dios y Adán no se tocan?

El genio de Miguel Ángel, quizo representar el eterno dilema del alma humana de elegir la vida y el bien de su propósito, o escoger la muerte y la condenación a estar separado de las bendiciones que destilan del Amor eterno.

Si observas bien el detalle, notarás que el dedo de Dios está extendido al máximo, pero el dedo de Adán está con las últimas falanges contraídas.

El sentido del arte es explicar que Dios siempre está allí, con su benevolencia ilimitada a disposición del ser humano, pero la decisión es del hombre. Si el hombre quiere tocar a Dios necesitará estirar el dedo, pero al no estirar el dedo, podrá pasar toda su vida sin buscarlo.

La última falange contraída del dedo de Adán representa al libre albedrío.