Padre Eterno que nos amas;
estoy maravillada de portar en mi interior
a esta vida tan secreta y palpitante,
tan frágil y llena de promesas.
¡Gracias por haberme dado los ojos del corazón,
que me permiten ya ver a este niño
en un momento en que todavía no es visible!
Padre santo y lleno de ternura,
ayúdame a ser cada día lo que debo ser en tu Propósito Eterno
para que este niño sea feliz.
Te pido, Padre de toda gracia,
Sabiduría para transmitir a este niño,
toda la fe, la esperanza y el amor
que has puesto en mi corazón.
Por último, te pido, Padre, que nos guardes
bajo tu amparo, a mi hijo
que primero es tuyo, a mí y a mi esposo,
ahora y siempre.
Amen.

